El acompañamiento personal del docente: expresión de autoridad que previene el conflicto
Por: Esteban Ocampo Flórez1
Acompañamiento, Autoridad y Conflicto. Tres palabras que se encuentran y se cruzan para dar cuenta de una misma realidad: el encuentro en espacios y tiempos para alcanzar fines formativos en ambientes educativos. Con el ánimo de hacer más fácil el abordaje del tema, quisiera proponer que sea considerado el ambiente educativo como toda oportunidad que se tiene para establecer interacciones con sentido entre distintos sujetos, fenómenos y contextos, con el fin de propiciar la formación.
En la anterior definición, que es más bien la descripción del ambiente propiamente dicho, se está haciendo alusión a que tal ambiente es una construcción; es decir que no se da solamente por la existencia del espacio y del tiempo, sino por la intervención de unos sujetos que establecen interacciones consigo mismo (por ejemplo en la construcción de pensamientos, o en la toma de conciencia), con otros sujetos a los cuales reconoce (en los juegos o el trabajo en equipo), pero todos ellos interactuando con fenómenos (narraciones, sentimientos, procesos sociales) y contextos (económicos, políticos, territoriales, naturales), que son organizados de tal manera que hacen posible la vida de esos sujetos. La fuerza de este ambiente está en la condición de que es una construcción, es decir, que se constituye en una realidad posible y cambiante, conforme las circunstancias creadas por las interacciones le van configurando. Pero además que su centro, casi se podría afirmar que sin él no sería posible, es el Sujeto. Se entiende por sujeto2 aquel que es capaz de situarse frente a sí mismo, superando la fragmentación, pero además con capacidad para trascenderse, es decir, romper sus propios límites. El sujeto se descubre en su corporeidad, la cual relaciona con su conciencia para descubrir su singularidad. Es alguien que se reconoce como un ser con conciencia de su deseo de ser actor de su vida en interacción con otros sujetos como él. La sola consideración de esta condición para los ambientes educativos, nos está poniendo como premisa básica, el reconocimiento del otro, de los otros y sus condiciones, pero sobre todo de su papel protagónico en todos los procesos que les atañen.
1
Decano Académico de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana
2
En otras palabras, se puede afirmar que en toda situación educativa, puede construirse diversos ambientes en los cuales las interacciones tendrán posibilidad de desarrollarse en cualquier sentido.
El sentido de las interacciones es otro de los elementos que hacen parte de la definición a la que se ha hecho alusión. Los seres humanos, más en las condiciones que nos demanda un mundo cambiante, vertiginoso, en el que las pausas y los silencios, son apenas una posibilidad remota, establecemos múltiples relaciones y encuentros. Pero muchos de ellos permanecen en el plano de la “función” de tal encuentro. Esto se expresa en los saludos formales que hacemos a otros sin ningún interés por ser escuchados y muchos menos por ser contestados. Palabras vacías, relaciones frías. Frente a esto está la intención de construir interacciones con sentido, en las que se refleje la historia de los sujetos interactuantes, la conciencia de la mutua construcción en virtud de ese encuentro y en fin el reconocimiento del otro como alguien importante para la estructuración de redes de sentido.
Una condición que se le ha puesto al Ambiente Educativo, es la de propiciar la formación. Esto tiene varias implicaciones. Una de ellas es la consideración de que todo proceso educativo debe llevar a la formación. Esta formación supera el mero desarrollo de las capacidades, pues su intención está cercana más bien a permitir que el ser se despliegue conforme a unos valores e ideales3, que son aceptados por una cultura y una sociedad en una época determinada. En segundo lugar que, a pesar de que la formación hace relación a “dar forma”, esta forma no es impuesta, sino construida en la misma interacción, con una importante participación de los distintos actores, pero de manera especial por las culturas en las cuales acontece la vida de las personas. De allí aquella famosa frase de Freire “nadie educa a nadie, todos nos educamos entre sí, mediatizados por el mundo”, cobre especial vigencia en este contexto, pues se parte de la realidad de que la construcción del sujeto no puede darse por la imposición de alguien, sino que pasa por la conciencia del “formado” para lo cual hace explícitas sus propias convicciones, valores y principios, que a su vez entran en diálogo con los de sus interactores y de esta manera construir esas nuevas realidades de formación.
Dejaré hasta acá el tema del ambiente educativo, aunque se puede suponer la complejidad del mismos que daría para muchas más páginas y el
importante papel que juega en lo relacionado al tema central de esta charla. Tal como se ha indicado en un comienzo, nos enfrentamos a tratar de establecer las relaciones entre tres conceptos que se ponen en juego en ambientes educativos como el descrito anteriormente que son:
1. Conflicto. Este concepto ha sido ampliamente estudiado desde la sociología, la psicología y las mismas ciencias de la educación y aunque
3
existen múltiples definiciones, se pueden reconocer algunos aspectos comunes en la definición y consideración como parte de los procesos humanos. Se entiende el conflicto como “una situación de enfrentamiento provocada por una contraposición de intereses en relación con un mismo asunto o el convencimiento de que los objetivos de las distintas partes (cuando el conflicto es interpersonal) no pueden lograrse simultáneamente”4 También se indica que el conflicto puede ser “una respuesta a situaciones cotidianas de la vida social y escolar, en la que se dan enfrentamientos de intereses, discusión y necesidad de abordar el problema”5
. Es importante hacer una aclaración. El conflicto es considerado como un elemento normal de la vida de todas las personas, inclusive ha sido entendido como facilitador del desarrollo6 y por ello no debe confundirse con la violencia, la cual puede ser una de las respuestas (no adecuada, podríamos decir) al conflicto.7.
El conflicto, así entendido, entonces debe ser considerado como parte del proceso normal de la vida del aula y de la escuela. No debe temerse a su emergencia, aunque si debe considerarse para establecer diversas maneras de afrontamiento, algunas de las cuales serán mencionadas en la última parte de este escrito, a propósito del acompañamiento.
Lo que si se puede hacer es reconocer las diversas formas que asume el conflicto en el aula y ponerlo en consideración para establecer conjuntamente con los miembros de ésta, las formas de resolver o asumir tales conflictos. Existen muchas clasificaciones del conflicto (Hernández, 2004). Es común encontrar entre los conflictos aquellos que se relacionan con el maltrato físico tales como la amenaza con armas, los golpes, el esconder, romper o hurtar las cosas. Otros son los relacionados con el maltrato verbal como insultar, poner apodos o hablar mal de otros. Los conflictos asociados a maltratos mixtos (físicos y verbales) como amenazar con el fin de intimidar, chantajear y acosar sexualmente. Finalmente están los conflictos asociados a una de las más grandes fuentes de conflicto en la actualidad como es la exclusión social8 que se manifiesta en no permitir la participación o simplemente ignorar (la presencia, los productos, los comentarios, las ideas…) de alguien.
4
García, R. y Martínez, R. (2001) Los conflictos en las aulas de ESO. Un estudio sobre la situación en la Comunidad Valenciana. Valencia: Ullal-FECCOO-PV, p.15
5
Etxeberría, F.; Esteve, J.M. y Jordán, J.A. (2001) La escuela y la crisis social, p. 82. En Ortega, P. Conflicto, violencia y Educación. Actas del XX Seminario Interuniversitario de Teoría de la Educación. Murcia. Cajamurcia.
6
Véase por ejemplo la teoría del Desarrollo de Erik Eriksson.
7
Por su misma naturaleza, la violencia no debe ser permitida en ningún ámbito, menos en la escuela. En ésta la violencia no debe ser regulada, sino erradicada.
8
Como se puede deducir de la anterior enumeración, pueden existir innumerables fuentes de conflicto en el aula y quienes hacen parte de ella deben estar atentos a su presencia y manifestaciones, con el fin de afrontarlas en el momento adecuado y no permitir que trasciendan el límite de condición normal de las interacciones humanas hasta llegar a convertirse en respuestas de violencia o provocación de consecuencias insospechadas.
2. Autoridad. Esta palabra, que al parecer tiene su origen en Roma, está relacionada en sus comienzos con aquellas personas que por su posición o su rol en la sociedad están llamadas a hacer cumplir y por esta misma vía pueden sancionar9 a quienes incumplan normas, mandatos o leyes en general. En algunos casos la autoridad se ha asumido como atributos o cualidades que tienen las personas, o también adquiridas en virtud del cargo desempeñado, por lo cual dicha persona tiene derecho a dar órdenes.
Existen igualmente diversos niveles de autoridad, como por ejemplo los que se desprenden del lugar que se ocupa en una organización (relación jefe subordinado), en la administración del estado (el caso de los jueces, los alcaldes…) o como en el caso del mundo de la academia, la autoridad derivada del conocimiento, preparación o competencia que posea la persona. Precisamente este último concepto es el que ha permitido presentar una clasificación ampliamente utilizada en el ámbito de la educación10, por medio de la cual se habla de la autoridad deontológica, la cual hace referencia a aquella que es otorgada en virtud del puesto que se ocupa en una determinada organización y que se relaciona fundamentalmente con las normas, órdenes y reglas que han sido prescritas. De otro lado está la autoridad epistemológica, la cual está basada en el conocimiento que se tiene sobre algo y la competencia profesional expresada en la posesión de saberes teóricos y prácticos. La escuela debería fortalecer, tal como se ha indicado, este último tipo de autoridad, que se mueve alrededor de la argumentación, más que de la imposición y por ello mismo es un tipo de autoridad que es reconocida y aceptada por los demás, con libertad y tranquilidad, pues les asiste la consideración de que existe la búsqueda de la verdad o por lo menos la aceptación de razones que escapan al capricho o la imposición de la norma por la norma.
Se habla entonces de la autoridad en la escuela y en el aula, cuando las interacciones en ésta se basan en el respeto y la aceptación por
9
Sartori, G. (1989) Teoría de la democracia. Alianza, México.
10
considerar que quienes hacen parte de ella poseen las competencias para proponer y desarrollar procesos de formación, atendiendo al valor de todos los actores y haciendo uso de las mejores consideraciones derivadas de las teorías, los conocimientos y las experiencias, para tal fin.
3. Acompañamiento. Durante muchos años la asimetría propia de los procesos educativos, estuvo realmente marcada por las diferencias que se establecían entre el profesor y los estudiantes. Todo esto mediado por el autoritarismo del primero y la sumisión del segundo. Se daban unas falsas relaciones de respeto, por las cuales el estudiante no podía tener unas interacciones más estrechas con sus profesores, pues la distancia entre unos y otros era suficiente para que solamente se escuchara la voz del profesor y la vida personal de sus estudiantes (y la del profesor) estaban ausentes por completo de la vida del aula. En los últimos años, en la medida en que se han posicionado las pedagogías activas, personalizadas y democráticas, tales realidades han ido cambiando hasta llegar a permear efectivamente los currículos, con el establecimiento de los llamados currículos paidocéntricos, por medio de los cuales los estudiantes se convierten en centro del proceso educativo y con ellos, toda su realidad (subjetiva e intersubjetiva).
En la medida en que se posicionan estas perspectivas, el papel del maestro sufre también cambios importantes. Seguramente todos recordamos maestras y maestros centrados en la norma y la disciplina. No importa cuánto aprendan sus estudiantes siempre que se comporten de acuerdo con lo que él o la escuela ha establecido como deseable. Es más importante la buena caligrafía que el contenido escrito, el orden que los conocimientos, los buenos modales que el acogimiento a los otros. Para ellos una manera de superar los conflictos que se presentan en el aula (entre otras cosas considerados como indeseables) es a través de la aplicación inflexible de los reglamentos o los llamados manuales de convivencia. Los gritos, el castigo físico, el aislamiento, el ridículo, se constituyen formas de control, evitación y extinción del conflicto, el desorden y la indisciplina. Hoy en día es más difícil encontrar este tipo de profesores. A cambio se identifica un mayor número de maestros que son cercanos a los estudiantes y que establecen relaciones de diálogo y comprensión con sus estudiantes, todo esto sin perder el rigor y la exigencia a la que están llamados, por ser facilitadores de procesos de formación.
En este último grupo de características en la función del maestro se ubica el concepto de acompañamiento.
El acompañamiento a la formación de la persona “surge de una relación personal, vivida en primer lugar entre el docente y el estudiante, entre el profesor que conoce a sus estudiantes, se interesa por ellos con todo el respeto y la discreción requerida”11
En este sentido éste tiene que ver con la capacidad de estudiantes y profesores para construir una cultura de responsabilidad en relación con el otro. Se trata de la toma de conciencia de que el acompañamiento es un constante “dar” y “recibir” entre el profesor y el estudiante, por lo que además de tener una onda significación en la vida de las personas implicadas, supone una absoluta libertad de quienes interactúan y particularmente de quien es acompañado, pues en últimas no recibirá más de lo que desea recibir y no se le pedirá más de lo que esté dispuesto a entregar. Por eso el ambiente debe estar conformado por la mutua confianza y un ejercicio de autoridad epistemológica, aquella que es reconocida y por tanto adjudicada al otro.
Para un adecuado acompañamiento es necesario en primer lugar que el maestro conozca plenamente a sus estudiantes, tal como ya se insinuaba. Este conocimiento acerca del estudiante implica a la persona misma de éste, sus gustos, sus maneras de tomar decisiones, sus formas de aprendizaje, sus gustos y en fin todo lo que más pueda conocer acerca de su mundo, sin traspasar los límites, esto es, respetando la intimidad de sus estudiantes y sólo llegando hasta donde el estudiante mismo y en casos especiales, hasta donde sus padres o apoderados lo permitan. Pero no basta con ello. Es necesario también conocer el contexto en el que se desarrolla la vida de éste. Sus relaciones familiares, su círculo de amigos, sus actividades extra escolares y extra familiares, la calidad y el tipo de interacciones que establece con órdenes establecidos por fuera de su propia condición de persona (la autoridad, la iglesia, el estado, las normas, la misma escuela).En fin, todo aquello que pueda ayudar a comprender el mundo subjetivo, intersubjetivo y todos los grupos, instituciones y personas de referencia para la vida de los estudiantes. Lo anterior debe acompañar la experticia del profesor en el reconocimiento y manejo de los desafíos a los que se enfrenta en virtud de la diversidad de realidades que se reúnen en el aula de clase y que son susceptibles de generar una gran posibilidad para la vida del mismo o ser una incontenible fuente de conflicto, a veces no bien asumidos.12 Por ello se espera entonces que el profesor se esfuerce por formarse y
11
Kolvenbach, P.H. (2007) Lectio Inauguralis en la Universidad Alberto Hurtado de Santiago de Chile
12
poner en práctica en las aulas elementos esenciales para generar un mejor acompañamiento, entre los que se encuentran13:
Mantener un optimismo pedagógico, a partir del cual el profesor es capaz de adelantarse a ciertos acontecimientos considerados como disruptivos en el aula, pero ser consciente de la inmensa potencialidad que posee para enfrentarlos y favorecer transformaciones positivas en los mismos.
Conservar el entusiasmo. Se trata de que el profesor comunique y entusiasme a sus estudiantes. Cuando hay pasión por aprender, la convivencia tiene mayores posibilidades de darse en el aula.
Finalmente, mantener el liderazgo que se deriva de sus propias cualidades y de habérsele otorgado una autoridad epistemológica. El liderazgo es ejercido por el profesor cuando sus estudiantes le reconocen un valor moral, un prestigio académico, dedicación e interés. Pero además cuando propicia que en su clase se abran horizontes, se descubran perspectivas, se alienten proyectos personales y se desafíe la inteligencia de los estudiantes. Y si lo anterior se acompaña de una capacidad para hacer explícitos los límites, las normas, las pistas, las reglas de juego que permiten construir una manera de proceder y de comportarse en el ambiente educativo, entonces será mucho más claro y más benéfico este liderazgo.
Se puede entonces afirmar que el acompañamiento es un proceso complejo que parte del conocimiento que acompañante y acompañado tienen sobre diversos aspectos de su vida personal y comunitaria, con el fin de ofrecer una ayuda para trazar los mejores caminos en el proceso de formación de las personas, por lo que se puede decir que el acompañamiento debe valerse de un muy especial trabajo en la enseñanza y el aprendizaje de la toma de decisiones.
El acompañamiento está conformado de acciones educativas que le sirven de “andamiaje” (en el sentido vygotskyano del término), que le permiten a un estudiante apropiar las competencias cognitivas, personales y de conocimiento, para hacer realidad sus sueños de construirse como persona en la doble dimensión, personal y comunitaria, que le permiten ser él, en interacción con comunidades y grupos de referencia.
Dicho acompañamiento puede ser individual (personal, íntima), grupal (para el desarrollo de trabajos colectivos, búsqueda de metas comunes, elaboración de proyectos y planes), técnico o especializado (en el caso
13
del acompañamiento para el aprendizaje, o en aspectos psicológicos, o en la elección de carrera) o general (orientada a diversos aspectos del sentido de vida)14.
Ahora bien. Supuesto el conocimiento de cada uno de los elementos y conscientes de que ellos interactúan para hacer posible una mayor o una menor convivencia, producto de la emergencia de conflictos más o menos complejos y considerando la manera como estos son resueltos, vale la pregunta: a qué debe orientarse un acompañamiento así entendido, basado en la autoridad antes descrita, para que efectivamente pueda ser considerado como parte del proceso educativo que previene el conflicto?.
Pues tal como se insinuara en las primeras páginas, es necesario que el acompañamiento ofrecido en el aula (y en la escuela en general) tenga en cuenta aspectos como los que se enuncian a continuación:
A la hora de establecer los elementos que deben ser tenidos en cuenta para el acompañamiento al estudiante, deben ser vistos, además de los aspectos psicológicos, los ambientes familiares, los aspectos sociales o de contexto en los que se desempeñan los estudiantes, el ambiente de la escuela misma y las percepciones que el estudiante tiene sobre su futuro.15 Dentro de ello intentar identificar los factores de riesgo tales como la exclusión social, la ausencia de límites, la exposición a la violencia y de factores protectores tales como modelos sociales positivos, solidarios, interacciones positivas entre la familia y la escuela, contextos de ocio y amistades constructivos y en general presencia de otros en actitud de apoyo permanente16.
Aprovechar el acompañamiento para la fijación de normas claras que permitan establecer reglas de juego que hagan posible la superación de los conflictos. Según Stenhouse17 las normas son “criterios que subyacen a las pautas consistentes de juicio de la calidad y valor del trabajo de clase”. Estas pueden ser normas de disciplina para la clase, normas de resultados esperados, normas sobre las actitudes frente a la formación ofrecida a través de los currículos y normas sobre la calidad del trabajo escolar18. Esto quiere decir que las normas deben ser estables en el tiempo y para garantizarlo, es necesario hacer uso del acompañamiento grupal, por medio del cual se haga una permanente reflexión en torno a la aplicación y cumplimiento de las mismas. Su
14
Ariza, G.I. y Ocampo, H.B. (2004) El acompañamiento tutorial como estrategia de la formación personal y profesional: un estudio basado en la experiencia en una institución de educación superior. En: Universitas Psicológica. Bogotá. Vol. 4 (1) enero-junio- de 2005
15
Marhuenda, F.; Navas, A. y Pinazo, S. Conflicto, disciplina y clima de aula.
16
Díaz-Aguado, M.J. (2005) Revista Iberoamericana de Educación. N°37, pp.17-42
17
Stenhouse, L. (1997) Cultura y Educación. Morón: MCEP
18
conservación permitirá que todos conozcan los límites, pero sobre todo la explicitación en torno a lo que es considerado o no como conflictivo. Muchas veces se presentan conflictos, no por el comportamiento mismo, sino porque previamente no se han definido pautas que permitan diferenciar los comportamientos entre sí.
Exploración de las condiciones en las que se desarrollan los procesos formativos o lo que hemos denominado al comienzo del escrito como “ambiente educativo”. Para ello se pueden emplear diversas estrategias como pueden ser el diálogo abierto, las puestas en común, los consejos de clase, los grupos focales, o utilizar instrumentos de amplia difusión a la manera de escalas (como pueden ser las escalas Lickert). En general estos Instrumentos intentan indagar sobre las percepciones que los estudiantes y los profesores tienen sobre el clima del aula explorando aspectos como las relaciones entre los miembros del grupo, las cuales pueden ser de afiliación, implicación y apoyo al profesor. De igual manera la búsqueda de las orientaciones del grupo hacia el logro de metas, el desarrollo de trabajos de calidad, la terminación de las actividades o propuestas iniciadas, la búsqueda del orden, la organización, para lo cual la claridad sobre las normas (descritas anteriormente) son de capital importancia y la disposición para la innovación19, son condiciones que favorecen la creación de ambientes educativos positivos.
Por supuesto un acompañamiento que favorezca el diálogo, la argumentación y la organización democrática del aula. Esto implica un tipo de adecuación en los procesos de la toma de decisiones, de ejercicio de la autoridad, de vivencia de los valores, de establecimiento de normas. La misma distribución de responsabilidades y la manera como se pide la rendición de cuentas sobre las mismas. La planeación conjunta de proyectos, planes y programas, donde son tenidas en cuenta todas las opiniones e iniciativas.
Con igual importancia una preocupación para que toda actividad asumida en el acompañamiento esté orientada hacia la formación en valores. Que los grupos tengan la oportunidad de clarificar cuáles son los valores sobre los que vale la pena construir las relaciones y el establecimiento de las normas, pero también para que sirvan de filtro para el análisis de las situaciones potencialmente generadoras de conflicto. Estos valores deben trascender la “buena vida” del aula y considerar los aspectos éticos que les hacen miembros de una sociedad más amplia y de una ciudadanía responsable.
Aprovechamiento de los encuentros para ofrecer elementos que les permitan a los estudiantes un buen conocimiento y manejo de las
19
emociones. Muchas veces las expresiones exageradas de las emociones (irascibilidad injustificada, p.e.) son producto de un desconocimiento acerca de sí mismo, de la dinámica de sus estados internos y del reconocimiento de los factores desencadenantes o inhibidores de los mismos. De la misma forma, se hace indispensable el desarrollo de capacidades para hacer lecturas en los estados emocionales de los otros (como en la inteligencia interpersonal de Gardner). El saber ponerse en la condición del otro es un importante factor protectivo para el buen manejo de los conflictos en el aula.
Un acompañamiento que permita la construcción en los estudiantes de un pensamiento flexible que permita reconocer que existen otros puntos de vista, un pensamiento pragmático para identificar mejor las situaciones que deben ser consideradas como de riesgo para la vida del aula y finalmente un pensamiento conciliador que permita encontrar acuerdos, renuncias y ganancias en un proceso de interacción20.
El acompañamiento ofrecido debe orientarse también a fortalecer algunas capacidades en los estudiantes, tales como: la capacidad para establecer vínculos de calidad en diversos ambientes, ser efectivos en el desarrollo de tareas (estudio- trabajo), integrarse a grupos de pares facilitadores de la formación basada en valores y construcción de una identidad propia que permita la búsqueda de sentido, la apropiación de sí y del espacio que habita y la previsión de un futuro.
Cuando se acompaña debidamente, el maestro puede identificar tempranamente, para alcanzar a tratar en el momento preciso, ciertos comportamientos individuales que pueden desencadenar situaciones de riesgo en la clase. Para ello deberá dedicar más tiempo al acompañamiento de los estudiantes que presentan una situación social negativa, escasa o nula relación afectiva con padres y allegados, tendencia a abusar de la fuerza, impulsividad, pocas habilidades sociales, baja tolerancia a la frustración, dificultad para cumplir normas, relaciones negativas con los adultos, bajo rendimiento y escasa autocrítica21.
Favorecimiento del aprendizaje cooperativo, entendido éste como aquel que se logra con el concurso de varias personas, en la medida en que para que uno logre los resultados, todos los demás deben alcanzarlo también y el aprendizaje colaborativo, a través del cual todos los sujetos hacen posible el logro de una misma meta, aportando cada uno su parte y sin requerir un logro igual para cada uno.
Favorecer la vivencia de un acompañamiento que se esfuerce por lograr que la escuela, la educación y la misma vida familiar se adapten a los
20
Beltrán, J. op.cit.
21
nuevos procesos de la sociedad y la cultura, para que de esta manera pueda afrontar sus retos.
Procurar mejorar la calidad del vínculo educativo, es decir, la creación de climas afectivos que permitan expresarse con libertad y ser tenidos en cuenta, pero a la vez generar las condiciones para que cada persona asuma las riendas de su propia vida.
Permitir que los estudiantes vivencien distintas maneras de asumir los conflictos y permitirles construir múltiples maneras de resolverlos o afrontarlos.
Ofrecer un acompañamiento en el que todas las personas puedan vivir en carne propia los derechos humanos, como un don preciado y respetado.