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Predicción de la acción moral prosocial, a partir de las emociones morales

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Academic year: 2020

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(1)Predicción de la acción moral prosocial, a partir de las emociones morales.. Trabajo de grado para optar por el título de psicóloga. Presentado por: Cristina Correa Laverde. Directora: María Cristina Villegas de Posada Ph.D.. Departamento de Psicología Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Los Andes. Bogotá, Agosto de 2005.

(2) Emociones y acción moral 2. Tabla de contenido Resumen…………………………………………………………………………………….6 Predicción de la acción moral a partir de las emociones morales…………………………..7 Acción moral. 9. El “self” como motivación para la acción moral. 12. Lo cognitivo y lo emocional como motivadores de la acción moral. 13. Teoría social-cognitiva para explicar la motivación de la acción moral. 14. Mecanismos de desconexión moral: una alternativa frente a la acción moral. 15. Evaluación de costos y beneficios como motivación para la acción moral. 15. Conducta prosocial. 18. La Conducta de“ayuda” Altruismo como motivador de la conducta de ayuda. 19 19. El pensamiento y el “self” como motivadores de la conducta de ayuda. 20. Empatía y responsabilidad como motivadores de la conducta de ayuda Etica del cuidado. 21 22. Componentes o virtudes de la ética del cuidado descrita por Gilligan. 23. Etica del cuidado (lo afectivo) vs. ética kantiana (lo racional). 24. Las emociones Perspectivas. 25 26.

(3) Emociones y acción moral 3. Perspectiva evolucionista-biologicista. 27. Perspectiva socio-constructivista. 27. Perspectiva cognitiva. 28. Perspectiva sociológica. 28. Emociones Morales. 29. Moralidad de las emociones. 30. Emociones morales: emociones auto-evaluativas. 31. Teoría cognitivo-atribucional de las emociones auto-evaluativas. 32. La culpa. 33. El orgullo. 35. Emociones prosociales. 36. La empatía. 37. La compasión. 38. Diferencias entre empatía y compasión, a partir de los procesos psicológicos implicados. 39. Emociones como motivadoras de la conducta moral. 41. Las emociones morales en los niños. 43. Determinantes situacionales de las emociones. 44. Determinantes situacionales y causales de las emociones. 46. Planteamiento del problema Hipótesis Método Participantes. 50 52 53 53.

(4) Emociones y acción moral 4. Instrumentos. 53. Procedimiento. 58. Resultados. 60. Análisis descriptivos. 60. Análisis inferenciales. 66. Discusión. 70. Referencias. 76. Apéndice A. 83. Apéndice B. 85. Apéndice C. 90. Apéndice D. 92.

(5) Emociones y acción moral 5. Lista de Tablas. Tabla 1. Estadísticos descriptivos de expresión, atribución y motivación emocional en las categorías de otros y de sí mismo………………………………………………………61 Tabla 2. Estadísticos descriptivos de las variables de costo y beneficio……………………….63 Tabla 3. Estadísticos descriptivos de las variables de auto-evaluación y decisión…………….64 Tabla 4. Frecuencias de las variables razón de ayuda y conducta de ayuda…………………...65 Tabla 5. Resumen de análisis de regresión por pasos hacia atrás para variables que predicen la conducta de ayuda, con control de sexo y colegio……………………………………..67.

(6) Emociones y acción moral 6. Resumen El objetivo de este estudio era evaluar si las emociones morales y el análisis de costobeneficio predicen la conducta moral, concretamente la ayuda. Las emociones morales evaluadas fueron la culpa, la compasión y el orgullo. Se aplicó un cuestionario para evaluar la atribución de estas emociones, en función de diversas historias hipotéticas de índole moral, y se adaptó una situación de prueba para evaluar la conducta de ayuda como tal. La muestra estuvo compuesta por 101 niños y niñas entre los 10 y los 11 años, de los cuales 47 eran de estrato socio-económico alto, y 54 de estrato bajo. Los resultados señalan que las emociones predicen la conducta moral cuando la atribución se hace en función de las emociones de sí mismo y no de otras personas. Igualmente señalan que la culpa, la compasión y el orgullo concretamente no predicen la conducta de ayuda, sino que es una emocionalidad global la que lo hace. Los resultados también señalan que además de las emociones, variables de tipo motivacional como el análisis de costo y beneficio también explican la conducta de ayuda, análisis que se hace en función de los costos más que de los beneficios. Por último, se encontraron diferencias de género y de estrato en función de la conducta de ayuda. Las mujeres de estrato bajo tienden a ayudar más que los hombres de su mismo estrato y más que hombres y mujeres de estrato alto. Sin embargo, en cuanto a la motivación para ayudar, tanto hombres como mujeres de estrato bajo tienden a ser más instrumentales y menos morales que hombres y mujeres de estrato alto. Por último, la conducta de ayuda depende también de las habilidades individuales para la ejecución de las tareas implicadas, aspecto que favoreció al grupo de estrato alto. Se concluyó que la conducta moral está determinada no solo por variables de tipo emocional, sino psicológico, cognitivo, motivacional y cultural..

(7) Emociones y acción moral 7. PREDICCION DE LA ACCION MORAL PROSOCIAL, A PARTIR DE LAS EMOCIONES MORALES. La relevancia de estudiar el comportamiento moral puede verse tanto en lo individual como en lo social. Desde que nacemos estamos inmersos en un contexto marcado por parámetros que definen lo que podrían llamarse comportamientos deseables y comportamientos indeseables, desde el punto de vista individual y relacional. Aquellos que nos rodean tienen una expectativa sobre nuestra conducta y esa expectativa obedece a esos parámetros que son en parte fruto de un consenso social, por lo tanto debemos interiorizarlos y hacerlos propios para relacionarnos y comportarnos de manera moralmente adecuada. Desde un principio estamos sujetos a aprender a relacionarnos de una determinada manera y se nos está mostrando cuál es el camino correcto y cuál no lo es. Si hacemos algo “malo”, por lo general somos castigados o penalizados, mientras que si hacemos lo correcto podemos ser premiados o alabados. Sin embargo, el comportamiento moral no es tan simple, ya que hay acciones que pueden ser más sutiles, si así puede decirse, como la conducta de ayuda por ejemplo porque, si bien es un comportamiento esperado desde el punto de vista moral y social porque indica que hay una preocupación por el bienestar de los demás y porque permite una mejor convivencia entre seres humanos, el hecho de no ayudar a alguien no es algo castigable como sí lo es el hecho de agredir o asesinar a alguien..

(8) Emociones y acción moral 8. ¿Qué motiva a alguien a ayudar a otra persona? ¿Qué aspectos psicológicos están implicados en tal comportamiento? Esta y muchas otras preguntas se pueden formular si se quiere comprender este tipo de comportamiento moral. Algunos estudios señalan que son las emociones las que mejor explican la conducta moral, aspecto que paradójicamente fue dejado de lado por filósofos y teóricos durante mucho tiempo, al menos en el campo de lo empírico. Debido a la estrecha relación encontrada entre acción moral y emociones, la presente investigación planteó la idea de centrar la atención en el papel de las emociones morales como posibles predictoras de la conducta moral, concretamente de la conducta moral prosocial. La relevancia del presente estudio podría justificarse desde varios aspectos. En primer lugar, la Psicología, como ciencia y disciplina que estudia el comportamiento humano, considera valiosa la predicción de conductas, en este caso de conductas morales. Sería valioso, sobre todo para la psicología del desarrollo, específicamente dentro del contexto del desarrollo moral, encontrar respuestas acerca del desarrollo de la conducta prosocial en los niños, en la medida en que estas respuestas pueden permitir la implementación de enseñanzas y valores orientados a generar una sociedad “más moral”. Otra justificación puede ser el hecho de que al abordar la relación emoción-conducta, no solamente se sabrá más acerca de la conducta moral como tal, sino que igualmente se conocerá más acerca de las emociones, de cómo es su influencia sobre la acción moral, de la experiencia fenomenológica que generan en las personas, y de lo que representan al interior de un contexto social y culturalmente normatizado, entre otros aspectos. Adicionalmente, teniendo en cuenta el estudio de Rodríguez (2003), en el cual se evaluó la influencia del desarrollo moral, de la identidad y de las emociones sobre la acción.

(9) Emociones y acción moral 9. moral, y se encontró que solo las emociones correlacionaron positivamente con la acción moral, el estudio cobra una mayor importancia, en la medida en que sólo considera la relación entre las emociones y la conducta moral.. Acción Moral. Desde Sócrates, Platón y Aristóteles se ha planteado la pregunta acerca de qué es una acción “buena” o “virtuosa”. Para Kohlberg (1992), hay dos aspectos básicos que se deben tener en cuenta para definir una acción moral. El primero es la relatividad, puesto que se debe mirar si el parámetro moral obedece al actor, a la sociedad o a algún estándar universal que establece lo que es correcto y lo que no lo es. El autor, sin embargo, hace énfasis en aclarar que la primera opción, es decir la del parámetro moral del agente es imprescindible para que una acción sea moral porque la acción moral implica consistencia entre el juicio y la conducta. El segundo aspecto básico tiene que ver con si la moralidad de una acción está dada por la conducta acorde con la norma, por la intención, juicio o principio que motiva a la acción, o por las consecuencias que la persona anticipa según la situación y sus intereses. Según lo anterior, Kohlberg define la acción moral como la acción que es consistente con el juicio que la persona hace sobre la acción, además de considerar su propia responsabilidad al poner en práctica dicha acción. Villegas de Posada (2004) hace una revisión teórica que explica las raíces filosóficas que han influenciado a la psicología en su explicación acerca de la moralidad, concretamente acerca de la acción moral. Kant por un lado, y Hume por el otro, dieron pie.

(10) Emociones y acción moral 10. a dos grandes corrientes opuestas -la internalista y la externalista- las cuales, desde un punto de vista práctico, reflejan la divergencia que ha trascendido y que sigue vigente dentro de la psicología, en cuanto a la motivación moral. Unos autores e investigadores le otorgan el crédito al juicio racional como motivador de la acción moral, otros se lo otorgan a las emociones, y algunos se lo otorgan a una combinación de ambos. La postura internalista, derivada de los postulados kantianos, contempla la acción moral como el resultado de un juicio racional que motiva a actuar según los deberes morales establecidos. En este sentido, se puede relacionar directamente esta postura con la de Kohlberg (1984) quien, aunque introdujo elementos que se apartan de la explicación internalista racional como son los juicios de responsabilidad y de justicia, de todas maneras considera que el elemento motivador primordial de la acción moral es el racional. La postura externalista por su parte, derivada de los postulados de Hume, considera que las pasiones humanas (emociones) son las que motivan a las personas a actuar de manera moral. Los postulados modernos de Hoffman (1978, 2000) y de Eisenberg (2000), entre otros, se relacionan directamente con este planteamiento, en la medida en que contemplan a las emociones morales como la empatía y la compasión como motivadoras de la acción moral. Aunque Eisenberg no desconoce la influencia de lo cognitivo en sus explicaciones, lo concibe como secundario a lo emocional y no necesariamente como modificador de la conducta moral, por lo cual esta autora representa esta postura externalista derivada de Hume. Por último, autores contemporáneos como Bandura (1991) se pueden ubicar en la postura intermedia que contempla tanto lo emocional como lo cognitivo, en la medida en que asumen que las emociones motivan a actuar de manera moral, pero que la anticipación de estas emociones puede ser determinante en la decisión acerca de cómo actuar. Esa.

(11) Emociones y acción moral 11. anticipación hace alusión a lo cognitivo como elemento influyente en el curso que tome la conducta moral. Según esta postura, la mezcla de elementos emocionales y de elementos cognitivos es la que motiva al agente a la acción, en función de la situación y de las consecuencias sociales que este anticipa. Si bien las posturas internalista y externalista respecto a la acción moral son evidencia del esfuerzo que filósofos y psicólogos han hecho por comprender y explicar por qué las personas tienden a actuar de manera congruente con los estándares morales, de todas maneras ambas presentan limitaciones importantes. En cuanto a la internalista, el mayor inconveniente que presenta es que asume que las personas somos solamente racionales y que nuestras creencias por sí solas son las que nos motivan a actuar de manera moral. La externalista, por otra parte, tiene el inconveniente de no contemplar la influencia de elementos cognitivos en nuestras emociones y sentimientos. Aceptar que solo los sentimientos y las emociones nos invitan a actuar de una u otra manera, sin que medie ninguna representación cognitiva para ello resulta inadecuado. Por el contrario, una postura intermedia como la de Bandura resulta ser una mejor alternativa, en la medida en que integra ambos aspectos para explicar la motivación moral. La de Zajonc (1980, 2000) también. puede. verse. como una. postura. intermedia. pues,. aunque. contempla. primordialmente elementos afectivos en su explicación de la motivación moral, también tiene en cuenta los cognitivos. Su explicación se detallará más adelante. Las limitaciones que presentan las posturas vigentes y lo escasos que resultan los estudios acerca de la motivación moral parecen ser una clara consecuencia del apogeo que durante mucho tiempo tuvo la postura internalista en el estudio de la moralidad. Los investigadores del desarrollo moral no abordaron la acción moral en sus estudios, debido a.

(12) Emociones y acción moral 12. que se pensaba que ésta era el resultado directo de diferentes tipos de razonamiento, así que consideraban mejor estudiar estos razonamientos y no la conducta como tal (Villegas de Posada, 1994). Es por esta razón que, aparte de las variables relacionadas con lo cognitivo, no se estudiaron otras variables que también pudieran ser determinantes de la conducta moral. Pero esto ha cambiado en la actualidad y, como lo muestran la postura externalista y la postura que contempla la mezcla entre lo cognitivo y lo emocional, hoy psicólogos e investigadores han volteado la mirada hacia variables motivacionales que integran aspectos afectivos, personales, ambientales, culturales y cognitivos, entre otros, como elementos determinantes de la acción moral. A continuación, Villegas de Posada (1994) señala algunos modelos que intentan explicar la conducta moral a partir de diferentes elementos como motivadores de la conducta moral.. El “self” como motivación para la acción moral Blasi (1980) argumenta que la motivación moral reside en aspectos cognitivos, y cita un estudio realizado por Rubin & Schneider (1973), en el que encontraron una relación significativa entre el juicio moral y la conducta de ayuda en los niños. El estudio, compuesto por 56 sujetos (27 niños y 28 niñas) de aproximadamente 7 años y nivel sociocultural medio-bajo, concluyó que el juicio moral explica en un 16% la conducta de ayuda. Blasi (1984) afirma que la necesidad de una consistencia del “self” explica la motivación de la conducta moral, y Rest (1984), desde un abordaje similar al de Blasi, propone la necesidad de una integridad del “self” como motivación de la acción moral. Es decir que la necesidad de mantener una consistencia o una integridad entre el “self” y los.

(13) Emociones y acción moral 13. estándares morales internalizados, hace que las personas se cuestionen acerca de la conducta moral a seguir, en términos de si es “buena” o “mala”, y en términos de qué tan necesaria o pertinente resulta esa conducta. Sin embargo, según señala la autora, estos dos modelos presentan limitaciones porque solo contemplan las variables del “self” como motivadoras de la acción moral, es decir las variables de tipo cognitivo, sin tener en cuenta otras fuentes de motivación para la conducta.. Lo cognitivo y lo emocional como motivadores para la acción moral Teniendo en cuenta las falencias de los modelos anteriormente mencionados, la autora cita a Zajonc (1980), quien afirma que una acción moral, además de depender del juicio que haga la persona respecto a la necesidad de llevarla a cabo, también puede depender de la anticipación que la persona haga acerca de las emociones asociadas a dicha conducta, en la medida en que si se anticipa una emoción negativa, se puede evitar tal conducta o se la puede sustituir por otra para evitarse una experiencia emocional negativa. Con relación a la consistencia del “self” propuesta por Blasi (1984), este planteamiento de Zajonc (1980) sugiere dos conclusiones diferentes. Una sugiere que, además del dominio de lo cognitivo, el dominio de lo emocional y lo afectivo puede estar también implicado en el modelo de consistencia del “self”, puesto que una persona puede tratar de mantener esa consistencia al evitar emociones dolorosas. La otra sugiere, por el contrario, que la consistencia cognitiva del “self” no siempre se mantiene y se puede violar en los casos en que la persona anticipa una emoción negativa o displacentera..

(14) Emociones y acción moral 14. Teoría social-cognitiva para explicar la motivación de la acción moral Bandura, Barbaranelli, Gian & Concetta (1997) proponen una teoría denominada social-cognitiva que también señala aspectos cognitivos y afectivos como motivadores del comportamiento moral de las personas. Las personas, en su proceso de socialización, comprenden y se apropian de los estándares morales establecidos, los cuales les generan expectativas concretas sobre su propia conducta y sobre la de los demás, en relación con el contexto social en el que viven. La acción moral según esta teoría, se basa en un sistema de auto-regulación que realizan las personas en función de las consecuencias de su conducta, el cual opera a través de tres funciones: el auto-monitoreo de la conducta, el juicio acerca de la conducta y las funciones afectivas auto-reactivas. El auto-monitoreo es un primer paso hacia la regulación y el control de la propia conducta; el juicio de la misma, por su parte, es el que la evalúa en función de los estándares internos y de las circunstancias de la situación; y las funciones afectivas auto-reactivas, finalmente, son las que le permiten a la persona actuar en función de dos tipos de sanción que operan de manera anticipatoria: la sanción social y la sanción personal que se hace en función de los estándares internalizados. Es decir que con base en las expectativas sociales y esos estándares personales, las personas pueden anticipar la respuesta de los demás frente a sus acciones, en función de las consecuencias, lo que las lleva a regular su conducta moral y a buscar satisfacción, orgullo y sentimientos de propia valía (Bandura et. al, 1997)..

(15) Emociones y acción moral 15. Mecanismos de desconexión moral: una alternativa frente a la acción moral. Las funciones de auto-regulación, sin embargo, no operan de manera automática, sino que debe ser la persona la que las pone en marcha si su pretensión es actuar de manera que concuerde con sus estándares internos y con la expectativa social. De no ser así, la persona puede actuar mediante mecanismos de desconexión moral que selectivamente le permiten conductas discordantes con sus estándares morales internos, sin que afectivamente le generen reacciones negativas, gracias a la posibilidad de justificarlas, de evadir la responsabilidad, o de atribuir la culpa a otros desde lo cognitivo y lo racional. Respecto a la desconexión en la acción moral, Bandura et. al., (1997), reportaron hallazgos que muestran que tal desconexión se relaciona positivamente con un detrimento en la conducta moral porque genera una disminución en la capacidad para anticipar una sanción personal por la propia conducta (culpa), y una disminución en la tendencia a actuar de manera prosocial.. La evaluación de los costos y los beneficios como motivadores para la acción moral Villegas de Posada (1994) expone los fundamentos de un nuevo modelo motivacional que integra lo cognitivo, lo afectivo y lo conductual como una nueva alternativa que pretende explicar la acción moral. Este modelo concibe la acción moral como un tipo particular de conducta que se explica a partir de variables denominadas motivos, expectativas e incentivos. Los motivos tienen que ver con la tendencia personal a actuar según los estándares morales interiorizados; las expectativas se refieren a la percepción subjetiva que se tiene acerca de la probabilidad de alcanzar lo que se desea, en función de los costos y los beneficios implicados para sí mismo y para los demás en la conducta moral;.

(16) Emociones y acción moral 16. y por último, los incentivos se relacionan directamente con las expectativas que se tienen sobre los resultados de la acción moral, en la medida en que si se anticipan consecuencias negativas (costos), los incentivos para la acción disminuyen, pero si se anticipan consecuencias positivas (beneficios), los incentivos suben, no obstante los costos implicados para la persona. Respecto a la evaluación de costos y beneficios como aspecto que influye en la acción moral, Eisenberg & Fabes (1998) dicen que la conducta prosocial en los niños se da en función de estos dos conceptos. Los autores señalan que, por un lado los niños más pequeños tienden a abstenerse de actuar de manera prosocial por los costos implicados, y por otro, los niños mayores tienden a reconocer mejor los beneficios que pueden recibir al ayudar a otra persona. Según hallazgos, los niños pequeños en edad escolar y los adolescentes frecuentemente ayudan a alguien que previamente los ha ayudado o que ha compartido algo con ellos, siendo la reciprocidad un elemento determinante en la tendencia de ayudar o de compartir con otros. Sin embargo, los resultados muestran que la reciprocidad como condición varía según la edad y según factores culturales como el estrato socio-económico, entre otros. Shafir & LeBoeuf (2002) hacen un interesante análisis acerca de la relación entre el razonamiento, el juicio y las decisiones en el cual, a pesar de que parten de una perspectiva cognitiva, tienen en cuenta la función de las emociones en la toma de decisiones. En primer lugar, los autores abordan el tema de las decisiones señalando que las personas tienen preferencias, y que estas preferencias dependen del análisis subjetivo que antecede a la acción, en el cual se pesan las probabilidades que hay en torno a los posibles resultados de la situación. No obstante, dicen, las decisiones generalmente no obedecen a.

(17) Emociones y acción moral 17. un proceso lineal de preferencia-decisión en el que las personas tienen de antemano definidas sus preferencias, sino que estas últimas se construyen en el proceso mismo de decisión, influenciadas fuertemente por el contexto. Por esta razón, respecto a la teoría de la decisión se han propuestos recientemente bastantes hallazgos, entre los que se encuentra la teoría del prospecto descrita por Tversky y Kahneman (1992) como una de las más influyentes. Su propuesta afirma que las probabilidades no influyen de manera lineal sobre las decisiones, sino que las decisiones obedecen a la influencia de dos aspectos: la primera es que la evaluación de los resultados de la situación se hace en términos de las ganancias (beneficios) y las pérdidas (costos) y no de la suma de ambas; y en segundo lugar, que el valor que se le da a los costos es mayor que el que se le da a los beneficios, por lo que la evaluación se hace generalmente en función de las posibles pérdidas asociadas a los resultados de la situación. Los autores señalan que si bien se ha mantenido a las emociones por fuera del análisis racional, recientemente los estudios empíricos se han orientado a explorar el papel de las emociones en los juicios y en las decisiones. Según afirman, parece que los estados emocionales afectan los juicios y las decisiones de formas que ni lo racional ni la intuición pueden predecir. Por ejemplo, añaden, los estados emocionales negativos aumentan en las personas la percepción de los riesgos (costos) y de las consecuencias indeseables (como la insatisfacción) fruto de los resultados de las situaciones, mientras que los estados emocionales positivos actúan de manera contraria, es decir que aumentan la percepción de los beneficios y de las consecuencias agradables. Según Damasio (1994), una buena decisión o elección requiere de una señal visceral que le permita a la persona anticipar tanto el dolor como el placer que pueden resultar de los eventos. Igualmente, se ha señalado que las imágenes, marcadas por afectos positivos y negativos, generalmente.

(18) Emociones y acción moral 18. orientan las decisiones (p. 499). Por otro lado, Loewenstein, Weber, Hsee & Welsh, (2001) sugirieron que la anticipación de las emociones no solo influye en las valoraciones cognitivas que se hacen acerca de los posibles resultados de los eventos, sino que se encuentran a la misma altura de esas valoraciones cognitivas y también pueden ser determinantes de las respuestas y decisiones.. Conducta prosocial Eisenberg (1999) define la conducta prosocial como un comportamiento voluntario que pretende beneficiar a otro, y señala también que los psicólogos consideran que muchos comportamientos prosociales están motivados por factores egoístas como la esperanza de recompensas concretas, la aprobación social o el deseo de aliviar los propios estados internos negativos como la culpa, entre otros. Pero las conductas prosociales también incluyen los comportamientos altruistas, motivados por valores morales o por la preocupación por los demás, manifestada en un sentimiento de compasión. Aunque en los niños pequeños se ha encontrado una relación positiva entre el malestar personal y la conducta prosocial en los casos en que los pequeños son los que han causado el malestar a otras personas (Eisenberg 2000), en general se ha demostrado el enlace entre la disposición a la compasión y la conducta prosocial, y se ha encontrado consistencia en los resultados que indican que la compasión se asocia positivamente con comportamientos prosociales como ayudar y compartir, mientras que las reacciones de malestar personal se asocian negativamente con el comportamiento prosocial..

(19) Emociones y acción moral 19. La Conducta de“ayuda” Staub (2002) sostiene que Batson & Shaw (1991) hicieron un gran aporte al indagar sobre los posibles motivos que pueden desencadenar la conducta de ayuda de una persona hacia otra, aunque considera que su teoría es insuficiente para explicar esos posibles motivos porque solo se basa en la empatía como motivadora de la conducta de ayuda. A continuación se explican dos posturas que han abordado el tema de la conducta de ayuda de manera diferente. Una señala al altruismo y la otra señala variables cognitivas para explicar la motivación para la ayuda.. Altruismo como motivador de la conducta de ayuda. Batson & Shaw 1991 (cit. en Cialdini et. al., 1997) sostienen, basados en su teoría de empatía-altruismo, y en hallazgos empíricos, que “la ayuda altruista existe y se da cuando quien está potencialmente en posición de ayudar experimenta una preocupación empática por la persona en necesidad” (p. 510). Estos autores distinguieron entre una respuesta empática orientada hacia los demás y una respuesta empática orientada hacia sí mismo, frente a una persona en estado de necesidad. La diferencia yace en el tipo de motivación a la que obedecen. La respuesta empática orientada hacia los demás obedece a una motivación altruista y le permite a la persona responder de manera compasiva frente al estado emocional de otra persona, mientras que la respuesta empática orientada hacia sí mismo es una respuesta de malestar personal que obedece a una motivación egoísta porque no moviliza a la persona a aliviar a la otra sino a aliviar su propio malestar. Tangney (1991) dice que esta distinción que se ha hecho entre la empatía orientada hacia si mismo y la empatía orientada hacia los demás ha sido de gran utilidad, en la medida en que un.

(20) Emociones y acción moral 20. número significativo de estudios ha encontrado que la empatía orientada hacia los demás se relaciona positivamente con la conducta altruista de ayuda.. El pensamiento y el “self” como motivadores de la conducta de ayuda. Cialdini et. al., (1997) critican la postura de Batson & Shaw porque, según afirman, la motivación para ayudar a otros obedece a la relación entre el pensamiento y el “self” que algunas teorías recientes plantean. Estas afirman que hay componentes del “self” que la persona puede situar fuera de sí y depositarlos en otra persona, lo que lleva a quien experimenta la respuesta empática a ver una parte de sí en otros. De ser así, la conducta de ayuda resultante tendría como objetivo ayudar a esa parte de sí que ve en el otro, y no obedecería al altruismo del que hablan Batson & Shaw. Así que según estos autores, la empatía asociada a las conductas de ayuda no puede contemplarse como una motivación altruista, porque a medida que la empatía aumenta, también lo hace la presencia del “self” depositado en la otra persona. Añaden que si bien la empatía puede ser un primer paso para que se generen conductas de ayuda, tal conducta no necesariamente obedece a una motivación altruista. Las personas también tienen en cuenta los costos personales implicados cuando van a ayudar a alguien, de tal manera que “el interés empático es secundario a variables como el “self” percibido en la persona, el bienestar de esa parte del “self” y el análisis de los costos y los beneficios resultantes de la ayuda” (p. 513). Si bien las dos posturas anteriormente descritas representan puntos de vista opuestos en relación con las variables motivacionales de la acción moral, especialmente de la conducta de ayuda, el estudio que se describe a continuación parece ubicarse en un punto intermedio.

(21) Emociones y acción moral 21. entre ambos planteamientos, en cuanto a que contempla la relación entre elementos cognitivos y emocionales como determinantes de esa conducta.. Empatía y responsabilidad como motivadores de la conducta de ayuda. Chapman et. al., (1987) investigaron la relación de la empatía y la responsabilidad como motivadoras de la conducta de ayuda en niños entre pre-escolar y sexto grado. La empatía tiene que ver con lo emocional, mientras que la responsabilidad implica la participación de procesos cognitivos. Los investigadores encontraron que, como lo habían predicho, la conducta de ayuda correlacionó positivamente con atribuciones de empatía, altruismo y culpa. De estos tres constructos, la culpa fue la que más correlacionó con la ayuda, tanto en los niños más pequeños como en los mayores. Sin embargo, contrario a la predicción de los investigadores en cuanto a que el malestar personal generado por la experiencia empática ante una persona en necesidad de ayuda es el que motiva a dicha ayuda, encontraron que la conducta de ayuda tendió a correlacionar positivamente con emociones positivas y negativamente con emociones negativas o neutras en los niños, hallazgo que interpretaron diciendo que la sola activación emocional en respuesta a la necesidad de ayuda de otras personas, o la presencia o ausencia de emociones positivas o negativas no bastan para motivar la conducta de ayuda. La conducta de ayuda implica también el significado que tiene para quien ayuda el hecho de hacerlo y el sentido de responsabilidad que se siente por la persona en apuros. Es decir que la conducta de ayuda, según este planteamiento, implica una motivación altruista orientada hacia el bienestar de la otra persona. Esta motivación trasciende a la simple activación empática frente al estado emocional de esa otra persona,.

(22) Emociones y acción moral 22. pues también implica la comprensión de su estado emocional y el interés por su bienestar (Eisenberg, 2000).. La ética del cuidado El tema de la conducta prosocial, especialmente lo referente a la conducta de cuidado, se ha abordado generalmente en función de la empatía y de la compasión como resultado de la primera, pero es poco lo que se ha hablado acerca de lo que realmente significa “cuidar” a alguien, y de sus implicaciones a la luz de las emociones, de la acción moral y de la moralidad en general. A continuación se hará referencia a lo que dos autoras (Gilligan y Noddings) han considerado acerca del cuidado. Vreeke (1991) hace referencia a la postura de Gilligan acerca del cuidado. Esta autora, aunque aborda el tema de la ética del cuidado como una dimensión de naturaleza exclusivamente femenina, hace aportes importantes a esta noción. Si bien su postura se puede identificar con la de Kohlberg en cuanto a que ambos abordan el tema de la moralidad desde una perspectiva de razonamiento cognitivo, y a que ambos abordan el tema de la justicia en su explicación de los aspectos centrales que definen la moralidad, ella le critica a este último el no haber abordado el tema del cuidado como parte de su explicación de la moralidad. Según Gilligan, la moralidad se basa en dos componentes: la justicia y el cuidado, y la diferencia entre ambos reside en la manera en que las personas conciben los dilemas morales. Mientras que la justicia tiene que ver con el concepto de “equidad”, el cuidado tiene que ver con el concepto de “responsabilidad” o de “conexión” entre personas, es decir que ambos componentes obedecen a estructuras diferentes de las relaciones humanas, por lo cual obedecen a diferentes moralidades..

(23) Emociones y acción moral 23. Componentes o virtudes de la ética del cuidado descrita por Gilligan Maughn (2000) señala que en su explicación acerca de la ética del cuidado, Gilligan hace referencia a seis componentes que denomina virtudes, los cuales parecen obedecer a un continuo ascendente en complejidad y compromiso moral, o a unas etapas que secuencialmente llevan a una persona a ser “cuidadosa” de los demás en términos morales. En primer lugar está un componente que parece bien elemental que es la “identificación”, mediante la cual las personas se dan cuenta o son conscientes de que su conducta puede afectar a los otros de alguna manera. En segundo lugar está la “relevancia”, la cual implica algo más que una simple identificación de que la propia conducta puede afectar a los demás, pues tiene que ver con el hecho de interesarse por cómo o de qué manera es que la propia conducta puede afectar a los demás. El componente siguiente, la “relevancia moral”, va todavía un poco más adelante en cuanto a que orienta esa primera “identificación” y ese interés o “relevancia” iniciales hacia un objetivo moral concretamente, y es el esfuerzo por ser empático con las otras personas, a pesar de sus peculiaridades particulares. La siguiente etapa, la cual implica la práctica de la “identificación” y la “relevancia” (las dos primeras etapas) es la “solidaridad”, la cual tiene que ver con la ayuda que se le presta a los demás para alcanzar las metas y deseos vitales de su existencia. En quinto lugar está la “tolerancia”, la cual obedece a una virtud negativa, en la medida en que tiene que ver con la represión que la persona debe hacer de las propias acciones para no ser discriminativa y no impedir a los demás el logro de esas metas y deseos vitales que se tienen en cuenta en la cuarta etapa. Por último, está el “cuidado de sí mismo”, el cual se refiere al hecho de que para cuidar de los demás en un sentido moral, las personas deben también cuidar de sí mismas, deben cuidar su autonomía, y deben cuidar su relación con los demás, por lo cual.

(24) Emociones y acción moral 24. es importante que equilibren sus necesidades, deseos e intereses con las necesidades, deseos e intereses de los demás. Nel Noddings (1992, 2002), por su parte, ha hecho un gran aporte a la educación concretamente. Si bien la aplicación a la educación no es el tema de este estudio, los planteamientos de la autora sirven para comprender en qué consiste la ética del cuidado y cuáles son sus principales postulados.. Etica del cuidado (lo afectivo) vs. (lo racional) Según Noddings (1992), una relación de cuidado consiste, desde lo más elemental, en la conexión o el encuentro entre dos seres humanos, en donde uno es quien cuida y el otro es quien recibe el cuidado. Pero para que esta relación obedezca a una relación de cuidado real en términos morales, ambas personas deben contribuir a ella de una manera característica. La persona que cuida debe ser conciente de que se siente motivada de manera abierta y sin reservas a cuidar del otro, y sus pensamientos deben ser cuidadosos y orientados exclusivamente a obedecer y velar por las necesidades de ese otro. Por otro lado, la persona que es cuidada debe concientemente recibir, reconocer y responder a esa conducta, de manera que su respuesta retroalimente al cuidador acerca del efecto que tiene sobre ella el hecho de ser cuidada, y este último pueda completar su acción. Según Noddings (1992), es una característica humana querer ser cuidados por alguien y cuidar a alguien, no en términos de ser “mimados” o acariciados, sino en términos de ser recibidos y de recibir, de ser respetados y de respetar, de ser tenidos en cuenta y de tener en cuenta a alguien, de que los demás respondan a las necesidades y deseos propios y de responder a las necesidades y deseos de los demás; es decir que el cuidado se refiere a una manera de.

(25) Emociones y acción moral 25. estar en relación con, y no a un tipo de conductas específicas. Ese “estar en relación con” implica una responsabilidad para con quienes entran en relación con nosotros, pero esa responsabilidad no obedece a un deber que surge de lo racional, sino que obedece a un sentimiento, a un deseo o una inclinación. En este sentido la ética del cuidado difiere de la ética kantiana en cuanto a que la primera considera que son los sentimientos por los demás los que motivan a las personas a cuidarlos y ser cuidados, mientras que la segunda insiste en que solo la razón puede ser motivadora de una acción moral.. Las emociones. A pesar de la clara importancia que tienen las emociones en la vida cotidiana y en el comportamiento de las personas, su estudio es más o menos reciente debido a que anteriormente se daba todo el protagonismo al razonamiento como factor determinante del comportamiento moral. Durante la primera mitad del siglo XX, los psicólogos, en particular, se centraron en el estudio de la razón, del pensamiento, de la resolución de problemas y del comportamiento, ignorando lo emocional, lo impulsivo, lo irracional (Carlson y Hatfield 1991). Pero esto ha cambiado porque, tanto filósofos como psicólogos se han concentrado en elevar la posición de las emociones. Según estos autores, un claro ejemplo de ello se ve en Lazarus (1984) quien afirma que “hasta el proceso más alto y complejo de pensamiento o de razonamiento no supera a las emociones” y que “las emociones son una fusión de cogniciones apreciativas muy desarrolladas, acompañadas de impulsos que llevan a la acción, así como de cambios fisiológicos” (p.17). No obstante el intento por estudiar las emociones, estos.

(26) Emociones y acción moral 26. autores afirmaron que por ahora no existe una teoría sobre las emociones bien consolidada, sino que se cuenta con una variedad de “mini-teorías” evolucionistas, motivacionales, cognitivas, neuroquímicas y sociales, y que aún sigue habiendo controversia entre científicos acerca de qué tan importantes son las emociones en nuestras vidas y de cuáles son sus determinantes.. Perspectivas Las diversas teorías psicológicas sobre las emociones difieren en cuanto a su concepción del evento psicológico que representan y en cuanto a los fenómenos que se deben incluir bajo ese término (Blasi 1999). Sin embargo, resalta el autor, “hay tres generalizaciones que se pueden hacer acerca de lo que se entiende por emoción, a pesar de la gran variedad de posturas al respecto” (p 2.). En primer lugar, las emociones implican procesos fisiológicos y corporales que les dan el carácter involuntario y espontáneo. En segundo lugar, se entiende que las emociones tienen propiedades motivacionales, en la medida en que generan tendencias a actuar o son, en sí mismas, la respuesta conductual. Por último, las emociones son objeto de procesos de regulación del organismo que operan automática e inconscientemente, y no son el resultado de una conducta intencional o planeada” (Blasi 1999). A continuación se caracterizan algunas de las teorías que, basadas en alguna de las generalizaciones anteriores, han liderado el estudio de las emociones en el campo de la psicología..

(27) Emociones y acción moral 27. Perspectiva evolucionista-biologicista Eigen y Winkler (cit. en Plutchik) afirman que gracias al estudio de Darwin sobre la evolución de las especies, se considera hoy que las emociones tienen la función de alertar acerca del peligro y de preparar al organismo para la acción. Darwin sugirió que la evolución de las especies no solo sucede en las estructuras anatómicas de los organismos, sino también en su mente y su comportamiento animal, y que los comportamientos expresivos tienen una función adaptativa, con la supervivencia como objetivo final, Esta postura evolucionista situada en un contexto biologicista, en la medida en que considera que la mayoría de las respuestas emocionales no son aprendidas sino que son patrones de respuestas fisiológicas genéticamente programadas para permitir la adaptación y supervivencia de los organismos, da origen al concepto de especificidad de algunas emociones -alegría, tristeza, rabia, asco y miedo- denominadas emociones primarias o básicas. Esa especificidad se refiere a la respuesta fisiológica y a las expresiones faciales que indistintamente presentan cada una de estas emociones, sin que medie una evaluación cognitiva o una comprensión de la situación.. Perspectiva socio-constructivista La investigación sobre las emociones desde una perspectiva socio-constructivista es relativamente reciente. Hace parte de un programa que involucra a la psicología, la antropología, la sociología y otras disciplinas relacionadas, y que considera que las emociones no solo están influenciadas por la cultura sino que son producto de la misma. Averill (1980) uno de sus precursores, considera que las emociones no son solo sentimientos y tampoco solo bases biológicas, sino síndromes complejos o disposiciones.

(28) Emociones y acción moral 28. episódicas para actuar de una cierta manera. Además, dice que las emociones son un rol social transitorio que implica la percepción que la persona tiene acerca de la situación. La idea central es que la experiencia y la expresión de las emociones dependen de consensos sociales y de reglas que se aprenden, por lo tanto esa experiencia y esa expresión pueden variar entre una y otra cultura, planteamiento que ha llevado a los teóricos a encontrar diferencias importantes entre culturas en cuanto a la conceptualización y aparentemente en cuanto a la experiencia de las emociones.. Perspectiva cognitiva Ortony y Turner (cit. en Izard 1992) señalan que las emociones se dan como un proceso enteramente conciente, que dependen de las cogniciones, y que implican componentes cognitivos inmersos y determinados por la cultura como apreciaciones, deseos e intenciones. Para Lazarus (cit. en Plutchik), las emociones son respuestas a lo que percibimos del entorno, respuestas que nos preparan y nos movilizan a actuar de una manera adaptativa según las contingencias que hayamos apreciado en la situación. El autor plantea un modelo que conjuga lo cognitivo, lo motivacional y lo relacional porque, según su postura, las emociones implican apreciaciones que hace la persona de su entorno, de sus relaciones con los demás, y de su disposición para afrontar todo ello.. Perspectiva sociológica Saarni (1999), afirma que “la experiencia emocional se halla sumergida en la experiencia social y que, por lo tanto, ambas instancias se influencian de manera recíproca, enmarcadas dentro de la cultura y sus parámetros” (p…). Expresamos nuestras emociones,.

(29) Emociones y acción moral 29. dice, con la intención de comunicar algo que lleva consigo un significado para los demás, y es en este contexto cultural que desde niños aprendemos a expresar nuestras emociones según la expectativa social. Plutchik (cit. en Lewis 1993) afirma que no hay dudas acerca de que las relaciones sociales producen emociones. De hecho, agrega, las emociones tienen una función evolutiva precisamente porque le permiten al individuo adaptarse a las contingencias del ambiente, contingencias que en una gran proporción tienen que ver con relaciones sociales. En conclusión, se puede ver un gran cambio entre las perspectivas tradicionales como la evolucionista-biologicista y la cognitiva, y las más recientes como la socioconstructivista y la sociológica, en cuanto al abordaje de los fenómenos humanos como el de las emociones. Las más recientes parecen contemplar de manera holística el fenómeno emocional, en cuanto a que pretenden integrar variables psicológicas, cognitivas, afectivas y culturales para explicar tal fenómeno, evitando planteamientos radicales basados en uno solo de los aspectos que influencian el comportamiento, en este caso, el comportamiento moral.. Emociones Morales Haciendo una revisión de los principales aportes teóricos respecto a las emociones morales, se encontraron cuatro diferentes aproximaciones que pueden explicar las emociones desde una perspectiva moral:.

(30) Emociones y acción moral 30. Moralidad de las emociones Oakley (1992) considera que las emociones son fundamentales para nuestra vida moral, y las define como “un fenómeno complejo que implica cogniciones, deseos y una dimensión afectiva” (p.40). El autor se refiere a la moralidad de las emociones, y considera que el significado moral de las emociones depende de que los pensamientos, los deseos o motivaciones y los afectos estén integralmente orientados hacia lo que, en términos aristotélicos, implica la búsqueda del bienestar propio y de los demás. La distinción entre esos tres componentes no es entonces una distinción meramente lingüística, dice el autor, puesto que es en función de ellos que encontramos el significado moral de nuestras emociones. Hay emociones moralmente significativas como la compasión porque, en palabras del autor, “al experimentar tales emociones es que podemos hacer un juicio apropiado de las necesidades de los demás, lo cual es en sí algo moralmente bueno, y podemos actuar de una manera apropiada” (p. 39). El afirma que para que una emoción sea moralmente buena no basta con determinar solamente su aspecto racional o cognitivo, o su aspecto afectivo, pues esta sería una postura reduccionista frente a la naturaleza compleja de las emociones. Algunas emociones consideradas moralmente buenas pueden ser inadecuadas en algunas circunstancias, y algunas emociones consideradas malas pueden ser adecuadas también en algunas circunstancias. De esta manera, lo que el autor asegura que se debe hacer para que nuestras emociones sean moralmente buenas es seguir la premisa aristotélica que dice: “tened las emociones adecuadas hacia el objeto adecuado y en la intensidad adecuada” (p. 189)..

(31) Emociones y acción moral 31. Stark (2004), quien también hace alusión a la filosofía aristotélica, asegura que la las personas que actúan moralmente deben experimentar las emociones adecuadas según la situación” y considera que las emociones son moralmente significativas en tres sentidos: “en que sintonizan a la persona con las características morales que sobresalen de la situación, en que invitan a la persona a conductas que van más allá de responder a las normas morales establecidas, como es el hecho de preocuparse por los demás y, por último, en que la motivan a actuar moralmente bien” (p. 31, 32). La posición de Stark (2004) parece coincidir con la de Oakley (1992) en el sentido en que ambos consideran que el significado moral de las emociones depende de variables como el pensamiento, el contexto cultural y la afectividad, y que para actuar conforme a una moralidad positiva, estas variables deben desencadenar pensamientos adecuados, emociones adecuadas y conductas también adecuadas según la situación.. Emociones morales: emociones auto-evaluativas Montada (1993) señala que “las emociones morales se relacionan directamente con el conocimiento de cada quien acerca de sus propias reglas morales, y ese aspecto cognitivo es el que le permite a la persona conocer su propia moralidad” (p. 300). Eisenberg (2000) se refiere a las emociones morales auto-evaluativas, entre las que se encuentran la pena y la culpa, entre otras, como emociones que implican tanto la comprensión como la evaluación del “self”. Al respecto, Lewis (1993), además de la culpa, resalta también los celos, la envidia, la vergüenza, la empatía y el orgullo, y añade que a este tipo de emociones denominadas auto-evaluativas se les ha prestado poca atención porque, entre otros aspectos, no parece haber claridad acerca de qué estímulos específicos.

(32) Emociones y acción moral 32. las generan. Sin embargo, el autor afirma que para que se generen emociones autoevaluativas, se requiere de ciertas situaciones específicas, así como de procesos cognitivos que impliquen una noción acerca del “self”. Estos procesos cognitivos se explican a continuación.. Teoría cognitivo-atribucional de las emociones auto-evaluativas En su teoría cognitivo-atribucional sobre las emociones auto-evaluativas, Lewis (1993) resalta tres procesos cognitivos que, según él, sirven como estímulos para que se desencadenen tales emociones. Estos procesos son: los parámetros, reglas y metas que gobiernan nuestra conducta, la evaluación de nuestras acciones, pensamientos y emociones, y la atribución que implica al “self”. Los parámetros, reglas y metas son constructos o consensos culturales que gobiernan nuestra conducta y sobre los cuales se basan las emociones auto-evaluativas. Desde el primer año de vida los niños se van apropiando de estos constructos, de tal manera que desde muy pequeñas las personas podemos evaluar nuestro comportamiento y responsabilizarnos por él. La evaluación que hacemos de nuestras acciones, pensamientos y emociones, en términos de los parámetros, reglas y metas culturales apropiados, dice el autor, corresponde al segundo proceso de evaluación cognitiva que sirve como estímulo para las emociones auto-evaluativas. Sin embargo, esa evaluación puede implicar una atribución interna o una externa, lo cual depende tanto de los factores específicos de la situación, como de características propias de la persona. Es decir que no siempre que alguien viola un parámetro, regla o meta se atribuye a sí mismo la culpa, sino que puede atribuirla a causas.

(33) Emociones y acción moral 33. externas, y solo cuando la atribución es interna, la persona asume la responsabilidad de su conducta. La atribución que implica al “self” es relevante en la medida en que esta puede ser global o específica, lo que depende de factores de personalidad. Cuando la atribución es global, la persona se enfoca en todo su “self”, por lo que cuando viola algún parámetro, regla o meta por ejemplo, piensa que debido a que hizo algo mal, es una mala persona. Por el contrario, si la atribución es específica, todo su “self” no se verá involucrado en tal violación sino solo la parte a la que le corresponde hacer la evaluación. En este caso se juzgan los comportamientos específicos como, por ejemplo, juzgar que lo que se hizo estuvo mal hecho.. La culpa. Lewis (1993) se refiere a la culpa como al estado emocional que se produce cuando las personas evalúan su conducta como fracaso, y que implica generalmente sensaciones de tensión y remordimiento frente a la conducta negativa. Sin embargo, añade, esta emoción parece experimentarse de manera menos intensa que la pena, en la medida en que las personas que sienten culpa se enfocan en las acciones específicas del “self” que desencadenan tal fracaso, y no en el “self” global como sucede en el caso de la pena. Además, la culpa generalmente implica acciones correctivas mientras que la pena no. En este sentido, Eisenberg (2000) coincide con Lewis (1993) en cuanto al planteamiento acerca del “self” y de la tendencia reparadora, y añade que la culpa es una emoción más moral que la pena porque, si bien ambas pueden surgir de una misma situación, el hecho de.

(34) Emociones y acción moral 34. querer reparar las acciones negativas implica que hay preocupación por el bienestar de los demás, lo cual parece coincidir con los objetivos señalados por la moralidad. Menesini, Sánchez, Fonzi, Ortega, Costabile, & Lo Feudo, (2003) sostienen que la culpa, la pena, la indiferencia y el orgullo son emociones que se relacionan con el comportamiento moral, y que juegan un papel importante en la regulación del sentido de responsabilidad de las personas en relación con los demás. En cuanto a la culpa específicamente, mencionan que es una emoción que se ha relacionado positivamente con la conducta prosocial, especialmente con la ayuda, y añaden que los niños que manifiestan altos grados de culpabilidad son los que muestran una mayor intención de reparar su conducta negativa. Estos hallazgos también los confirmaron Williams & Bybee (1994) en un estudio que realizaron para evaluar las diferencias en la manifestación de la culpa, en función del desarrollo. Según estos autores, si bien hay evidencia de que la culpa se ha relacionado positivamente con buenos niveles de conciencia en las personas, con la conducta prosocial, y con un mejor rendimiento académico, entre otros, pocos estudios se han concentrado en evaluar el desarrollo de la culpa en los niños. Por esta razón su investigación se basó en planteamientos como el de Hoffman (1978) quien afirmó que los cambios en la experiencia de la culpa se dan en función del desarrollo cognitivo. Según afirmó, la culpa aparece de manera temprana en el desarrollo debido a que no implica un proceso cognitivo complejo, no obstante, su anticipación sí es más compleja porque la persona, además de tener que anticipar una situación que no ha ocurrido aún, también debe anticipar el resultado de dicha situación. Los resultados del estudio confirmaron estos planteamientos, lo que significa que en la medida en que las habilidades cognitivas se desarrollan, las personas pueden experimentar la culpa de manera cada vez más compleja y.

(35) Emociones y acción moral 35. en un mayor número de situaciones, incluso de manera anticipatoria, aspecto que puede influenciar su conducta.. El orgullo. El orgullo es la emoción que se experimenta como consecuencia de la evaluación que se hace sobre una acción específica. La experiencia fenomenológica que resulta es de alegría, y el foco, al igual que en la culpa, es sobre la parte del “self” que tiene que ver con la conducta o la acción que generó tal emoción, y no sobre el “self” global como ocurre en el caso de la pena (Lewis, p. 570). Lazarus (1991), por su parte, se refiere al orgullo como a una emoción positiva que se manifiesta de manera similar a la felicidad, pero que difiere de esta última en cuanto a que el orgullo realza en la persona su propia valía. Según su postura, tanto las emociones positivas como las negativas implican elementos de tipo cognitivo, relacional y motivacional, y su valoración se puede caracterizar por cuatro componentes característicos. Estos son: la relevancia del objetivo, la congruencia del objetivo, la dirección hacia la que se dirige la responsabilidad del objetivo, y los resultados de tal objetivo. La primera se refiere al alto valor que la persona le da a la situación o al objeto que le genera orgullo; la segunda se refiere a que el objetivo de la situación es de beneficio para la persona y no de perjuicio; la tercera, por su parte, se refiere a la dirección hacia la que la persona dirige la atribución de responsabilidad y de control del objetivo, la cual en este caso es hacia sí misma; y finalmente, los resultados del logro se refieren a la experiencia fenomenológica que implica para la persona el realce del valor de sí misma..

(36) Emociones y acción moral 36. Emociones prosociales Roebben (1995) afirma que a pesar de que las emociones morales no se pueden agrupar conceptualmente en una clase específica, sí se pueden distinguir dos subclases: la de emociones basadas en las reglas y la de emociones altruistas. La primera se refiere a las emociones que se experimentan cuando se sigue o se transgrede una regla que se ha interiorizado en la experiencia social, lo que parece coincidir con la moralidad negativa, el seguimiento de normas y reglas, o con los deberes perfectos. La segunda, por su parte, tiene que ver con el interés por el otro, con el hecho de que a pesar de que no hay reglas concretas que obligan a actuar de alguna manera frente al malestar de alguien, se siente compasión, generosidad y el deseo de ayudar a quien sufre, lo que parece coincidir con las emociones prosociales o con los deberes imperfectos, imperfectos porque esas conductas no se encuentran delimitadas o pautadas como las normas y reglas morales sociales. Podría pensarse entonces que las emociones que se relacionan con la conducta prosocial son morales en sí mismas porque implican que se tiene en cuenta el bienestar integral de las otras personas como fin último, lo cual parece coincidir con lo dicho por Oakley (1992) en cuanto a la moralidad de las emociones, cuando señala que hay emociones que son moralmente significativas como la compasión, que, en palabras de Roebben (1995) y de Batson 1998 (cit. en Eisenberg et al. 2000) serían emociones altruistas, o en palabras de Eisenberg (2000) y Hoffman (2000) serían emociones prosociales, porque implican pensamientos, deseos y afectos adecuados para la situación particular, y llevan a la persona a una acción moralmente buena..

(37) Emociones y acción moral 37. La empatía. Eisenberg (cit. en Eisenberg 2000) define la empatía como una respuesta afectiva que surge de la comprensión del estado o condición emocional de otra persona, y que es similar a lo que la otra persona siente o se espera que deba sentir. La empatía por sí sola no es concebida por estos autores como una emoción orientada hacia el otro, no obstante, una respuesta empática generalmente se traduce en compasión, malestar personal o una mezcla entre ambos, gracias a los procesos cognitivos que le siguen a la activación empática frente al estado emocional de la otra persona. Tangney (1991) dice que la distinción que han hecho algunos autores como Batson (1990) entre la empatía orientada hacia si mismo y la empatía orientada hacia los demás ha sido de gran utilidad, en la medida en que un número significativo de estudios han encontrado que la empatía orientada hacia los demás se relaciona positivamente con la conducta altruista de ayuda. Por su parte, Hoffman (2001) sostiene que la empatía y el malestar empático son motivaciones prosociales que se asocian con la conducta de ayuda porque, según su definición, la empatía obedece al estado emocional de la otra persona y no al estado emocional personal. Según este autor, la empatía se experimenta desde el mismo nacimiento, en la medida en que los infantes responden a las emociones de los otros, primero en forma de contagio y luego en forma de imitación de las emociones percibidas en las personas con quienes interactúan, lo cual sugiere que hay una predisposición genética para ello. El autor tiene en cuenta diversos estudios que le permiten afirmar que a partir de los dos años de edad, los niños son concientes de que los demás presentan estados emocionales.

(38) Emociones y acción moral 38. diferentes a los propios, lo que el autor asume como la transición hacia una empatía real que le permite al niño empatizar con personas que se encuentran enfermas, desesperanzadas, etc… Finalmente, más adelante los niños pueden experimentar, además del malestar empático, la compasión, es decir que pasan de experimentar la necesidad de aliviar su propio malestar personal frente a la persona necesitada, a querer ayudarla, a sentir lástima por ella, lo que representa una verdadera motivación prosocial según el autor.. La compasión. Eisenberg et al. 1994 (cit. en Eisenberg 2000) definen la compasión como una respuesta emocional que surge de la comprensión del estado o condición emocional de otra persona, lo que no es equivalente a lo que esa persona siente o se espera que sienta, sino que consiste en sentimientos de pesar o preocupación por ella. La compasión también implica el tener en cuenta la información relevante acerca de la situación de la otra persona. Por el contrario, los autores se refieren al malestar personal derivado de la empatía como una reacción afectiva que surge en una persona ante la percepción de una situación de malestar o de necesidad en otra persona. Es una reacción que no es orientada hacia los demás sino hacia sí mismo, porque la prioridad para la persona se convierte en eliminar su propio malestar y no el ajeno. Los autores señalan que el malestar personal solamente se relaciona con la conducta prosocial cuando ésta resulta ser la manera más fácil para la persona de aliviar su propio malestar. Batson 1998 (cit en Eisenberg et al. 2000) señaló que la compasión está asociada a una motivación orientada hacia los demás, y que se trata de una emoción moral que fomenta el altruismo, mientras que el malestar personal está asociado con motivos para aliviar los.

(39) Emociones y acción moral 39. propios estados afectivos aversivos, y se trata de una reacción que parece resultar de una conducta motivada por el egoísmo. Ortega & Míngues (1999, 2001) le dan al concepto de compasión un carácter más complejo que permite elevarlo a una dimensión más moral y diferenciarlo más fácilmente de lo que se entiende por malestar personal y por empatía. Estos autores definen etimológicamente la palabra compasión a partir del significado del verbo “paticum” en latín que significa “sufrir o aguantar junto a alguien o con alguien” (p. 163). Es decir que la compasión se refiere al sentimiento de solidaridad que se siente por alguien necesitado, por alguien que sufre, y solo gracias a la dignidad, dicen los autores, es que los seres humanos podemos ser compasivos y recibir compasión de otros. Según los autores, la compasión es una emoción, pero es una emoción mediada por la razón, y solo gracias a la razón se puede concebir como una emoción moral. Es la razón la que nos permite reconocer al otro, reconocer nuestra responsabilidad personal frente al destino de ese otro, juzgar a quien sufre como alguien merecedor de nuestra compasión, y juzgar según parámetros de justicia, de equidad y de dignidad, entre otros.. Diferencias entre empatía y compasión a partir de los procesos psicológicos implicados. Gruen & Mendelsohn (1986) adelantaron una investigación para examinar las diferencias entre la empatía y la compasión en función de los procesos psicológicos que las desencadenan, y no en función de sus consecuencias como cuando se habla de la conducta altruista, por ejemplo, como consecuencia de la compasión..

(40) Emociones y acción moral 40. Según afirman estos investigadores, debido a que ambos conceptos no se han operacionalizado por separado, no hay claridad de si representan fenómenos diferentes o de si reflejan procesos paralelos dentro de las situaciones. Muchas veces se reseñan ambos términos bajo el concepto de empatía, y es posible que debido a esta ambigüedad entre ambos conceptos no se haya reconocido el importante papel de la compasión en la conducta de ayuda. Si bien la empatía implica que el estado emocional del observador y de la persona observada sea el mismo, la compasión no implica la correspondencia entre ambos estados emocionales puesto que quien experimenta la compasión responde con un interés intencional ante la necesidad de la otra persona. Los investigadores señalan que la compasión es en sí misma un estado emocional específico, mientras que la empatía puede manifestarse casi en cualquier emoción. Los hallazgos confirmaron que la empatía y la compasión representan categorías de respuesta diferentes frente a la emoción manifestada por otra persona. La compasión se manifestó en función de la relación que hay entre la percepción que tiene el observador de la situación y su manera habitual de percibir y de actuar frente a ese tipo de situación particular, mientras que la empatía se manifestó como una disposición general del observador de responder con la misma emoción que experimenta la persona que se observa. Según los investigadores, aunque es necesario adelantar más estudios al respecto, estos hallazgos sugieren que ambos constructos obedecen a procesos psicológicos diferentes, en la medida en que la respuesta compasiva implica variables de personalidad del observador, mientras que la empática no..

(41) Emociones y acción moral 41. Estos resultados parecen contradecir la postura de Hoffman (2001) expuesta anteriormente bajo el concepto de empatía, la cual concibe la empatía, el malestar personal y la compasión como constructos que pueden ser parte de una secuencia ligada al desarrollo social, cognitivo y moral de la persona desde su nacimiento. Según Hoffman, una misma situación podría desencadenar cualquiera de las tres condiciones emocionales citadas, dependiendo del momento del desarrollo en el que se encuentre el observador. Por el contrario, según Gruen & Mendelsohn (1986), los procesos psicológicos que llevan a una respuesta empática y a una respuesta compasiva son diferentes, en cuanto la segunda implica variables de personalidad del observador que la primera no implica.. Emociones como motivadoras de la conducta moral Blasi (1999) señala que en la psicología ha resurgido el interés por estudiar las emociones morales, en parte porque no son satisfactorias las explicaciones de tipo cognitivo con que se cuenta. Sin embargo, señala el autor, posturas anteriores a la del desarrollo cognitivo, influenciadas por el psicoanálisis y por teorías del aprendizaje, de corte objetivista y funcionalista, habían señalado ya que la explicación moral reside en las emociones. No obstante, esta postura es hoy poco funcional para la psicología porque, gracias a la influencia de enfoques interpretativos en las ciencias sociales, los fenómenos sociales y la moralidad implican el significado que representan para la persona y la interpretación que esta hace acerca de tales fenómenos. A la psicología actual, dice el autor, no le sirve de nada preguntarse si las emociones generan un comportamiento moral en las personas, sino que le sirve más preguntarse cómo es que se deben entender las emociones morales, con el fin de generar explicaciones aceptables sobre la motivación emocional..

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