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Bárbaros y héroes: recepción de la Iberia prerromana en la España moderna

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BÁRBAROS Y HÉROES

RECEPCIÓN DE LA IBERIA PRERROMANA EN LA ESPAÑA

MODERNA

Tomás Aguilera Durán

Director: Eduardo Sánchez Moreno

TESIS DOCTORAL

Universidad Autónoma de Madrid

Facultad de Filosofía y Letras

Departamento de Historia Antigua, Historia Medieval y Paleografía y Diplomática

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Imagen de cubierta: «El valiente lusitano», grabado de José Garrido sobre el diseño de Tomás López Enguídanos, para la adaptación española del Compendio de historia de España de Louis- Pierre Anquetil (1806, 96).

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ÍNDICE DE CONTENIDO

ÍNDICE DE CONTENIDO 3

AGRADECIMIENTOS 5

RESUMEN / ABSTRACT 7

INTRODUCCIÓN 9

PARTE 1 – IDEAS Y PALABRAS: CUESTIONES PRELIMINARES 17 Nota sobre el sistema de citación, referencia y abreviaturas 19 1. Una tela de araña: reflexiones metodológicas 21 1.1. La exégesis del discurso grecolatino 25 1.2. La recepción cultural del mundo antiguo 31 1.3. El devenir ideológico de la historiografía 36 1.4. La identidad nacional antes del nacionalismo 44

1.5. Buscar las conexiones 50

PARTE 2 - CONTEXTOS Y DISCURSOS: EL DEVENIR DEL PASADO PRERROMANO 59 2. Bárbaros conquistados: visiones grecolatinas 61 2.1. Imaginar el Extremo Occidente 66 2.2. Inventar al bárbaro hispano 70 2.3. La guerra, sus razones y sus héroes 77 2.4. La reflexión filosófica y el juego de opuestos 85 2.5. El modelo etnográfico imperial 91

2.6. Hispania como tópico 98

2.7. La mirada tardoantigua y cristiana 118 3. Antepasados evanescentes: ausencias y reencuentros medievales 125 3.1. El pasado remoto y la expansión cristiana 128 3.2. Los orígenes de al-Andalus y la legitimación omeya 143 3.3. Mitología, hispanismo e imperialismo 149 3.4. Historias de discordia y frontera 163 4. Nuevos héroes: la reinvención renacentista y barroca 183 4.1. Hacia una historia nacional 187 4.2. Construir una epopeya hispana 217 4.3. Escenarios y protagonistas heroicos 227 4.4. América, el teatro y los discursos alternativos 256 5. Salvajes civilizados: el racionalismo en el siglo XVIII 267 5.1. El nuevo patriotismo y la modernidad incompleta 270 5.2. El criticismo desmitificador 304 5.3. La civilización y el ingenio nacional 309 5.4. Repensar la colonización de Iberia 313 5.5. La epopeya imperecedera 328

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PARTE 3 – TÓPICOS Y PARADOJAS: TEMAS DE LA ETNOGRAFÍA HISPANA 347 6. La niñez de la nación: paradojas de civilización y barbarie 349 6.1. Una vida miserable y extraña 352 6.2. El inocente y los invasores 374 6.3. El bárbaro y los civilizadores 385 6.4. Revisitar al buen salvaje 400 6.5. El aprendiz predispuesto y sus maestros 413 6.6. La nación y sus caudillos 427 7. Belígera Hispania: la guerra como esencia 443 7.1. La ferocidad de una guerra de fuego 446 7.2. Contra el caos y la rebeldía 459 7.3. Los guerreros más bravos 467 7.4. Guerrero bárbaro, guerrero instruido 475 8. Esa inquietud natural: la lacra del bandidismo 489 8.1. Una tierra poblada de bandidos 492 8.2. Los salteadores y el orden 499 8.3. La racionalización del latrocinio 507 9. Víctimas de su constancia: reflexiones sobre la lealtad 513 9.1. Entre la perfidia y la fides 515 9.2. Los guerreros más leales 529

9.3. Fidelidad y legalidad 536

10. La ceguedad antigua: el desafío de la religión 547 10.1. Ritos sangrientos y aborrecibles 550 10.2. La idolatría y sus atrocidades 561 10.3. Una religión simplicísima 575 11. Morir por la patria: la sublimación del suicidio 585

11.1. El clímax barbárico 589

11.2. Los pormenores del sacrificio 596 11.3. Suicidio y canibalismo de Estado 607

CONCLUSIONES / CONCLUSIONS 617

EPÍLOGO. Sin héroes, sin bárbaros 645

ANEXO. Tabla de fuentes 653

BIBLIOGRAFÍA 669

ÍNDICE DE FIGURAS 751

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AGRADECIMIENTOS

Llega el momento de agradecer a aquellos que, de uno un otro modo, han contribuido a componer estas páginas. En lo que se refiere a las instituciones, en general, mi formación como historiador tiene dos lugares a los que me siento personalmente ligado, la Universidad de Salamanca y la Universidad Autónoma de Madrid; que esta tesis vea la luz el año en que ambas cumplen aniversarios significativos —una 800, otra 50— es una coincidencia que me gusta. Más concretamente, este proyecto doctoral ha sobrevivido gracias el respaldo institucional y económico de la Universidad Autónoma de Madrid, primero con la Ayuda para el Inicio de Estudios de Posgrado y después con el contrato para la Formación del Personal Investigador. Gracias a ello, el marco esencial en el que desarrollar mi trabajo ha sido su Facultad de Filosofía y Letras y su Departamento de Historia Antigua, Historia Medieval y Paleografía y Diplomática, así como quienes lo componen —personal, administración, estudiantes y profesores—. Ese mismo apoyo hizo posible dos estancias externas: una en la Durham University, bajo la dirección del prof. Richard Hingley (2014), y otra en la University of Chicago, con el prof. Frederick de Armas (2016). Previamente, una Subvención para la Movilidad de Estudiantes en Doctorados con Mención hacia la Excelencia del Ministerio de Educación me brindó otra estancia en la University of Oxford bajo la tutela del prof. Chris Gosden (2012). Asimismo, quiero mencionar otras instituciones con cuyos recursos he contado más o menos puntualmente: Universidad Complutense de Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, Biblioteca Nacional de España y Real Academia de la Historia. Es obligado el agradecimiento a las personas que realmente hacen funcionar esas instituciones y que, con ello, han posibilitado que en esta etapa disponga de un lugar, un tiempo y unos medios con los que poder pensar y trabajar.

Sobre las aportaciones intelectuales a esta tesis, las influencias han sido variadas como la propia naturaleza del estudio y mi recorrido en los últimos años. Desde luego, ninguna deuda es tan importante como la debida al director de este proyecto, el prof. Eduardo Sánchez Moreno. A esta tesis ha aportado la inspiración de la idea en sus clases, la confianza en una propuesta difícil de asumir, el exhaustivo trabajo académico y el ánimo siendo mi amigo en el trayecto. Todas estas contribuciones han sido absolutamente imprescindibles y necesarias.

De entre los integrantes de esta Universidad, quiero mencionar los nombres de ciertas personas que de alguna manera concreta han contribuido al desarrollo de esta

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Antigüedad me descubrieron un campo de estudio nuevo sobre el que querer aprender; con Alberto Pérez Rubio he hablado mucho y escrito algo sobre el sentido de nuestro trabajo más allá de la torre de marfil; Alicia Viaña Gutiérrez ha compartido conmigo los frutos de su minucioso trabajo y agudas reflexiones sobre la identidad; celebro las conversaciones sobre América con la profª Carolina Valenzuela Matus, las mantenidas y las pendientes; agradezco sinceramente a Jorge Elices Ocón su ayuda sobre el desconocido mundo andalusí; asimismo, Marina Solís de Ovando me ha enseñado mucho sobre literatura, ideas y rocknroll en general. Más allá de la tesis, todos los compañeros, tanto de la Universidad Autónoma como de la Universidad Complutense de Madrid, con los que he pasado tiempo de despacho, cafetería, congresos y otras cosas, han marcado un periodo que solo puede ser visto como un privilegio.

Fuera de este campus las deudas académicas son igualmente numerosas. Es de agradecer infinitamente la confianza depositada en mi al incorporarme como miembro de equipo del Proyecto de I+D «Diplomacia y comunicación política en Occidente (III-I aC)» (HAR2015-66232-P), especialmente en lo que respecta a su investigador principal, el prof. Enrique García Riaza. Asimismo, las colaboraciones con la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea han hecho que surjan unos vínculos que espero sean duraderos con el prof. Antonio Duplá Ansuategui, Jonatan Pérez Mostazo y Oskar Aguado Cantabrana. Por otro lado, de las estancias en el extranjero guardo un aprendizaje irremplazable: a los profs. Barry Cunliffe (Oxford), Chris Gosden (Oxford) y Richard Hingley (Durham) les debo lecciones magistrales sobre los fundamentos históricos de la britishness; por su parte, de Chicago me llevé estimulantes conversaciones sobre cómo los estudios literarios podían abrir mi perspectiva, lo que agradezco profundamente al prof. Frederick de Armas, así como al prof. Miguel Martínez y Manuel Olmedo Gobante.

Prefiero que lo estrictamente personal no sea tan explícito en estas páginas, aunque forme parte esencial de la experiencia que las ha acompañado. Mis padres siempre han querido y sabido compartir mis inquietudes, me han seguido atentamente, me han ayudado cuando lo he permitido y todo ha sido sin condiciones. Mis amigos son sagrados y sin ellos sería imposible. El mundo es habitable por la gente a la que quiero, la que permanece en todas mis realidades: la de Candelario y Béjar, que existe desde siempre, la que marcó mi vida en Salamanca y el mosqueteril grupo de Madrid. Todo ello forma parte de esta investigación porque, con ella, han marcado unos años, una etapa de vida.

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RESUMEN

Esta tesis analiza la recepción de los pueblos de la Iberia prerromana (celtíberos, lusitanos, cántabros, turdetanos, etc.) entre la Antigüedad clásica y finales del siglo XVIII. Desde un enfoque histórico-cultural de larga duración, se estudian las distintas formas de representación de aquellas culturas (literatura, arte, filosofía, etc.), incidiendo particularmente en la historiografía y atendiendo sobre todo a sus implicaciones ideológicas e identitarias. Por un lado, se aborda la manera en que la intelectualidad grecolatina caracterizó a las sociedades hispanas como una realidad periférica y barbárica en el contexto de su incorporación colonial por Roma. Por otro, se analiza cómo los estereotipos resultantes fueron interpretados, readaptados y asumidos en el proceso de definición de la identidad nacional en la España moderna.

Estos planteamientos se desarrollan desde dos enfoques complementarios. En un bloque se presenta la cuestión de manera global y diacrónica, exponiendo en cuatro capítulos cronológicos (Antigüedad, Medievo, siglos XVI-XVII y siglo XVIII) los procesos de recepción generales en su contexto político y cultural. En el siguiente bloque la cuestión se desgrana en seis temas clave a través de sendos capítulos monográficos y transversales (dualidad civilización-barbarie, fidelidad, belicosidad, bandidismo, religión y sacrificio); se profundiza así en los elementos específicos esenciales que han caracterizado a la visión etnográfica de aquellas culturas, explorando cómo sus respectivas potencialidades, complicaciones y contradicciones fueron tratadas en cada momento. En general, el análisis se guía por dos premisas fundamentales: por una parte, que la definición etnohistórica de los pueblos hispanos ha estado predeterminada por una serie limitada de tópicos recurrentes y duraderos, adaptables, no obstante, a los distintos discursos; por otra, que el análisis del papel que ha cumplido la recepción de esa parte del pasado resulta muy revelador para comprender el proceso de construcción cultural de la identidad española, en tanto que atañe a la búsqueda de sus anclajes históricos ancestrales y su particularismo esencialista.

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ABSTRACT

This dissertation analyses the reception of pre-Roman peoples of Iberia (Celtiberians, Lusitanians, Cantabrians, Turdetanians, etc.) between classical antiquity and the late 18th century. It examines diverse means of representation (literature, art, philosophy, etc.), particularly historiography, from the perspective of cultural history and longue durée. That review emphasizes the identitary and ideological implications. On the one hand, it deals with the Graeco-Latin characterization of those societies as a peripherical reality. This discourse is contextualized in the process of colonial domination by Rome. On the other hand, it studies how the resulting stereotypes were interpreted, adapted, and assumed in the construction of Spanish national identity.

This approach is tackled from two complementary points of view. One part contains four chronological chapters (Antiquity, Middle Ages, 16-17th centuries and 18th century). They present the general dynamics of reception in their political and cultural context. Another part is divided in six ethnographic themes (civilization-barbarity, loyalty, bellicosity, banditry, religion, and sacrifice). They focus on the specific elements of the image of those cultures, as well as their potentials, challenges, and contradictions. In general, the analysis leads two main guidelines: firstly, that the ethnohistorical definition of pre-Roman Iberia has been conditioned by a limited set of commonplaces, enduring but adaptable to different discourses; secondly, that the reception of those cultures is revealing to understand the construction of Spanish identity, since the appropriation of this part of the past deals with the search for ancestral roots and essentialist definition.

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INTRODUCCIÓN

«Es verdad que el ensayo aspira a la verdad; pero al igual que Saúl, que salió a buscar las asnas de su padre y encontró un reino, así también el ensayista, que es verdaderamente capaz de buscar la verdad, alcanzará al final de su camino la meta no buscada, la vida. ¡La ilusión de verdad!»

György Lukács, 1910, Carta a Leo Popper (trad. de Sacristán 1975).

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El camino hacia la verdad suele complicarse, de modo que parece apropiado empezar por ofrecer unas coordenadas que faciliten el punto de partida.

El propósito fundamental de esta tesis es analizar la recepción de los pueblos de la Iberia prerromana en la Antigüedad, el Medievo y la Edad Moderna, esto es, en las representaciones culturales concebidas entre el período clásico y el cambio del siglo XVIII al XIX. Se estudian de ese arco temporal ejemplos significativos de la plasmación cultural de los temas de aquella realidad histórica en un sentido amplio (arte, literatura, retórica, etc.), con especial énfasis en el ámbito académico y atendiendo particularmente a sus implicaciones simbólicas, identitarias e ideológicas. Se trata, en primer lugar, de comprender la manera en que la intelectualidad grecolatina percibió y caracterizó a las sociedades hispanas como una realidad periférica, ajena y barbárica en su proceso de integración colonial dentro de la ecúmene romana. Se analiza, por otro lado, cómo los constructos historiográficos y etnográficos establecidos entonces fueron interpretados, readaptados e incorporados como parte del proceso de autodefinición de la identidad nacional a lo largo de las Edades Media y Moderna. Dichos planteamientos generales se desarrollan desde dos enfoques complementarios que ocupan, respectivamente, los dos bloques principales de este trabajo. En el primero (Parte 2), se presenta la cuestión de manera global y diacrónica, esto es, analizando en capítulos cronológicos las características generales de ese proceso en cada etapa, encuadrándolas en sus principales circunstancias políticas y culturales. En el segundo (Parte 3), la cuestión se fragmenta en temas clave mediante capítulos monográficos y transversales (cronológica y disciplinarmente), para estudiar en profundidad y de forma específica cada uno de los componentes concretos de esos mecanismos de recepción. De todo ello derivan dos propuestas esenciales: por una parte, que la definición etnohistórica de los pueblos prerromanos de Iberia ha estado predeterminada por una serie limitada de tópicos recurrentes y duraderos; por otra, que el análisis del papel que han cumplido esos estereotipos básicos y sus transformaciones en los discursos históricos a lo largo del tiempo resultan muy significativos para comprender el proceso de construcción cultural de la identidad española.

El párrafo anterior requiere muchas aclaraciones, pero no las voy a hacer ahora. El desarrollo de la Parte 1 me libera aquí de afinar el planteamiento, establecer genealogías académicas y hacer precisiones terminológicas o metodológicas. Por el momento solo quiero anticipar algunas reflexiones preliminares, muy breves, sobre los puntos clave que considero más problemáticos y urgentes de explicar. Por cierto, durante todo el estudio evitaré los extractos literales de la bibliografía secundaria utilizada; considero que el texto ya está lo suficientemente enmarañado con los fragmentos de las fuentes, las menciones

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a sus autores y las referencias cruzadas. Solo en esta introducción me voy a permitir ese lujo de dejar hablar.

«Mi proyecto era estudiar un particular sistema de ideas y, en ningún caso reemplazarlo por otro»1, escribió Edward Said, uno de los intelectuales más influyentes

y en una de las obras más fundamentales del siglo XX. Se pueden discutir y matizar muchos aspectos de ella, pero difícilmente se puede negar la brillantez de su análisis sobre la percepción de Oriente desde la cultura occidental. Aun así, sintió la necesidad de justificar su trabajo de esa manera. Más tarde ubicaré el lugar entre disciplinas en el que se sitúa mi enfoque, pero, en general, tiene que ver con ese tipo de deconstrucción historiográfica e histórico-cultural de la que Said y otros fueron pioneros. En efecto, como él advirtió, de ese tipo de aproximación suele esperarse una justificación adicional, pues siempre está en riesgo de ser considerada como un apéndice menor, indefinido e incompleto de las disciplinas serias, que en este caso serían la historia antigua, medieval o moderna. Periódicamente, sus resultados van a encontrarse, en un frente, con el estigma de ser anecdotarios eruditos y superficiales y, en otro, con la acusación de caer en un relativismo postmoderno yermo y paralizante. En general, se transmite la impresión de estar elucubrando sobre categorías intangibles que, en realidad, no aportan nada concreto al progreso del conocimiento, ese otro «sistema de ideas» sustitutivo que se pedía a Said. Ahora bien, ¿hay algo con más consistencia histórica que estudiar la percepción del pasado y la manera que esta se incardina en su contexto? El análisis del discurso historiográfico no debe subordinarse al objetivo último de proponer un nuevo modelo que reemplace al que se ha estudiado, entre otras cosas, porque ese discurso y lo que nos dice de su época y del funcionamiento de la conciencia histórica ya es lo suficientemente valioso por sí solo. Esto atañe también a la consideración de las fuentes, pues marca la diferencia entre valorarlas en función de su utilidad para alcanzar esa verdad definitiva que deberíamos estar buscando o entenderlas simplemente en su propia historicidad. Insistiré en esta idea a menudo: no se trata de analizar la producción historiográfica o literaria con el objetivo de calibrar su grado de veracidad o su distancia respecto a los paradigmas académicos actuales, sino por la importancia que tiene en sí misma como artefacto cultural. La deconstrucción de un discurso histórico, tal y como aquí se plantea, es un ejercicio de autorreflexión sobre el papel de la intelectualidad, así como una forma de posicionamiento crítico respecto de los engranajes que le unen a la realidad. No parece una tarea tan vacía, pero aún caben itras utilidades.

«Cuando hablamos, igual que cuando escribimos, al elegir cada palabra no estamos haciendo solo una elección estética o técnica, sino moral»2. Se ha hablado mucho sobre

la función social del historiador y, en concreto, de su papel en la desnaturalización de los grandes sistemas identitarios, como el colonialismo o el nacionalismo, al evidenciar su

1 Said 1990 (1978), 381. 2 Lukacs 2011, 90.

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de su tarea deconstructiva. En todo caso, conviene recordar que esas visiones esencialistas e irracionales, que a menudo se creen exóticas y obsoletas, están en realidad muy vigentes en la actualidad, aunque muchas veces pasen desapercibidas, camufladas por la cotidianeidad. Por otro lado, es evidente que en el caso español asistimos a un momento de intensificación identitaria en el que una parte importante de la controversia se dirime, precisamente, en la arena del debate histórico.

Igualmente, por mucho que también se haya hablado, cabe reincidir en la idea de que nuestra propia producción historiográfica —incluido el tema que elegimos, el enfoque que le damos y el lenguaje que empleamos— forma parte del mundo que nos rodea y actúa sobre él, que nuestras recreaciones del pasado construyen realidad presente. Siendo más concreto, creo sinceramente que el estudio de la percepción de la Antigüedad, en su complejidad multifacética y su coyuntura histórica, social e ideológica, puede servir para reflexionar críticamente sobre los modelos en los que se asienta el presente y se plantea el futuro. Por otra parte, creo que, si se descarta la posibilidad de la objetividad absoluta, el acto de explicitar la propia postura ideológica se convierte en un ejercicio sano de honestidad intelectual. Desde estas premisas, este trabajo se sitúa, desde una postura antinacionalista, como una contribución a la desmitificación sistemática de las identidades históricas, particularmente en sus versiones más injustas, excluyentes y agresivas, desde su comprensión racional y compleja, como herramienta para el fomento de concepciones sociales solidarias, progresistas y críticas acerca del pasado.

He mencionado el nacionalismo, pero me ciño a la cultura antigua, medieval y moderna. La cuestión de la terminología en torno al fenómeno nacional y sus restricciones es un asunto complejo en la que entraré después. Ahora bien, simplificando, en este estudio voy a tratar sobre identidades previas al nacionalismo, en algunos casos más difusas, pero en otros muy potentes, nítidamente delimitadas. Además, me centro en el referente prerromano, con las connotaciones que ello comporta como horizonte indígena y ancestral; todo ello sugiere asociaciones automáticas con el romanticismo y las ideologías decimonónicas. De hecho, ese es uno de los principales obstáculos con los que me he encontrado, pues la inmensa mayoría de las aproximaciones a la recepción cultural de aquellos pueblos han mirado hacia la Contemporaneidad. Si bien el nacionalismo contemporáneo, sus condicionantes, temas y formas de expresión, es de alguna manera el elefante en la habitación de esta tesis, eso no significa que mi análisis se conciba como un rastreo de sus antecedentes. En mi opinión, eso sería un grave error de planteamiento. Pretender la comprensión de un fenómeno cultural buscando en él los elementos que consideras que luego han de desarrollarse plenamente conlleva proyectar retroactivamente un esquema preconcebido demasiado restrictivo y forzado. En realidad, esos elementos tienen sentido solamente en su propio contexto, no como bocetos predestinados a ser otra cosa en el futuro; además, ese sentido ya es completo en relación con sus circunstancias históricas, no necesita ser acabado. En esta línea, los procesos de

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intensificación del discurso identitario respecto de la Antigüedad que se dieron en los siglos XIII, XVI y XVIII, por ejemplo, son lo suficientemente significativos, complejos, interesantes y comprensibles en su propia realidad como para cometer el error de imaginarlos como el ensayo preparatorio de algo más importante. Eso no impide que los fenómenos estudiados se conciban como procesos de larga duración múltiples e interconectados, pues lo que se intenta, efectivamente, es rastrear esas conexiones a lo largo de un arco temporal de unos dos milenios, y contemplando tanto la historiografía como el arte y la literatura; de hecho, podría pensarse que el planteamiento es demasiado amplio.

«No reconozco valor absoluto al monocultivo intelectual, menos si da en cerrazón empobrecedora, ni creo tampoco que la profundidad sea consecuencia necesaria y dependa en exclusiva de la limitación ultraespecializada de los saberes»3. En efecto, como

también desarrollaré, considero que la manera más estimulante de enfrentarme a este tema es, por un lado, desde una visión panorámica en el tiempo, lo que permite vislumbrar las inercias coyunturales con mayor perspectiva, y, por otro, desde una concepción orgánica de las producciones culturales, lo que lleva a comprender de una forma más poliédrica la interacción entre diferentes niveles sociales, medios de expresión y esferas intelectuales. Desde luego, es cierto que el planteamiento es muy amplio, de manera que las fuentes susceptibles de análisis son potencialmente infinitas. Con ese marco se pierde necesariamente precisión y exhaustividad: sin duda muchos autores, obras y cuestiones que son cruciales para este asunto han quedado sin analizar o no lo han sido con el detenimiento que merecen. Sin embargo, en contrapartida, el estudio gana en apertura de miras, permite rastrear dinámicas de largo recorrido y establecer conexiones entre polos temporales y culturales más lejanos.

A pesar de la amplitud, puede haber, por tanto, profundidad en los argumentos. En todo caso, el manejo de esa extensión cronológica y variedad de fuentes, incluyendo además capítulos transversales, comporta una evidente dificultad en la ordenación de las ideas y los datos. Desde el punto de vista práctico más básico, recurriré sistemáticamente a las referencias cruzadas entre epígrafes, con el cometido de visibilizar lo más claramente posible esas múltiples relaciones entre periodos y temas. Desde una perspectiva más profunda, desde luego este enfoque conlleva sortear obstáculos añadidos a la hora de proponer interpretaciones más o menos delimitadas.

«Si por doquier encontramos conexiones, ¿por qué nos empeñamos en convertir fenómenos dinámicos e interconectados en cosas estáticas y desconectadas? Parte de esto se debe, probablemente, a la forma en que hemos aprendido nuestra propia historia»4.

Obviamente, la cuestión es complicada. En primer lugar, como defenderé al hablar de la teoría de la recepción, una idea esencial en este trabajo es que la transmisión de temas,

3 García Iglesias 1998, 11.

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transferencia sencilla y unidireccional, sino una red de vínculos entre autores, intermediarios y referencias, en la que aportan tanto significado los emisores como los receptores. En segundo lugar, como comentaré al hablar de la perspectiva premodernista, las identidades deben ser entendidas como constructos flexibles, multifacéticos y fluidos, sometidos a diversas transformaciones, intensificaciones y adaptaciones, deliberadas e inconscientes. El resultado es una verdadera tela de araña de conexiones, en la que, necesariamente, surgen las divergencias y las fricciones entre conceptos, en la que cualquier intento de sintetizar una interpretación será fácilmente desafiado por incongruencias y contradicciones.

Voy a insistir mucho en la contradicción, lo hago desde el propio título. Me recreo en la paradoja de manera que buena parte del análisis va a pivotar en torno a dicotomías como unión/desunión, colectivismo/personalismo, imperio/independencia, civilización/barbarie, difusionismo/autoctonismo o tradicionalismo/modernidad. No es un juego estético gratuito, pues considero que contemplar las ambivalencias y tensiones discursivas en el estudio de las percepciones del pasado es precisamente la mejor manera de desarticular preconcepciones y desechar interpretaciones cerradas. Esto que está relativamente asumido en los estudios literarios y artísticos es perfectamente aplicable al estudio historiográfico, pues el texto académico nunca es plenamente coherente en sus afirmaciones y también permite múltiples lecturas posibles. No se invalida con ello la propuesta de interpretaciones generales, pero estas bien pueden formularse como un problema paradójico, pues matizando y explicando la relación entre sus dos términos hay una comprensión más profunda del proceso de fondo. ¿Es la Numancia de Miguel de Cervantes una obra imperialista o antiimperialista? ¿Pudo identificarse el catolicismo contrarreformista con el paganismo primitivo? ¿Cómo el canibalismo se convirtió en un signo de legalidad civilizada en la Ilustración? Las respuestas no son simples porque los fenómenos que hay tras las preguntas tampoco lo son; ya veremos si, al menos, tienen algún sentido.

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PARTE 1

IDEAS Y PALABRAS

CUESTIONES PRELIMINARES

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Nota sobre el sistema de citación, referencia y abreviaturas

En el presente estudio se citan fragmentos de fuentes de muy variada cronología, tipo y procedencia, con lo que conviene hacer ciertas advertencias sobre la manera en que van a ser referenciadas con el fin de facilitar el acceso e identificación de las mismas. En lo que concierne a las transcripciones, cuando se esté citando la obra en su versión original, impresa o manuscrita, sin la intermediación de ninguna edición reciente, la trascripción es propia, y se hace respetando la ortografía y puntuación original y desarrollando las abreviaturas entre paréntesis; por el contrario, si se maneja una edición y/o traducción reciente, se respetará el sistema seguido en esta, indicándose en todo caso cuando se introduzca alguna modificación.

En lo que respecta al sistema de referencias, cuando se trate de fuentes modernas publicadas de manera convencional, utilizo el mismo sistema empleado para la bibliografía secundaria (autor-fecha-localizador). No obstante, cuando se trate de manuscritos, documentos sin publicar o no utilice la edición original, empleo un sistema de citación abreviado para facilitar la localización del pasaje en cualquier edición existente. Estas abreviaturas siguen en general los convencionalismos académicos de las áreas correspondientes; en lo concerniente a los autores y obras clásicas se ajustan, con pequeñas adaptaciones, al sistema del Diccionario Griego-Español del CSIC (http://dge.cchs.csic.es). En todo caso, dada la variabilidad de las propias fuentes y los sistemas posibles, explicito todas las abreviaturas de las fuentes en la tabla del Anexo.

Las demás abreviaturas institucionales, tipográficas y bibliográficas que utilizo son las siguientes:

§ = epígrafe

AAVV = autores varios

ACIP = Ancient Coinage of the Iberian Peninsula (Villaronga y Benages 2011) AHMS = Archivo Histórico Municipal de Soria

a. e. c. / e. c. = antes de la era común / era común BAV = Biblioteca Apostólica Vaticana

BNE = Biblioteca Nacional de España ca. = circa

cap. / caps. = capítulo / capítulos cfr. = confer

CIL = Corpus Inscriptionum Latinarum (AAVV 1853-2016) cm. = centímetros

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CSIC = Consejo Superior de Investigaciones Científicas et al. = et alii

ed. = edición / editor e. g. = exempli gratia e. p. = en prensa esc. = escena fin. = finales fol. = folio ibid. = ibidem inc. = incunable inv. = inventario km. = kilómetros lám. = lámina ms. / mss. = manuscrito / manuscritos n. = número p. / pp. = página / páginas princ. = principios

RABASF = Real Academia de Bellas Artes de San Fernando RAE = Real Academia Española

RAH = Real Academia de la Historia

RIC = Roman Imperial Coinage (Mattingly et al. 1923-1994) RRC = Roman Republican Coinage (Crawford 1974)

s. / ss. = siglo / siglos s. e. = sin editorial

SEEC = Sociedad Española de Estudios Clásicos s. l. = sin lugar

s. p. = sin página trad. = traducción v. / vv. = verso / versos vol. = volumen

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Capítulo 1

UNA TELA DE ARAÑA

REFLEXIONES METODOLÓGICAS

«Podemos ilustrar el camino que el pensamiento ha andado hasta aquí asemejándolo a una tela tejida [...]. Una luz débil y vacilante ilumina a lo lejos el principio del tejido. Nubes y tinieblas ocultan la otra extremidad»

James G. Frazer, 1900, La rama dorada: un estudio de magia y religión, vol. 3, 461 (trad. de Fraser 2011).

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Parece ineludible en cualquier investigación hacer un primer repaso historiográfico que ubique el trabajo en el estado de la cuestión, reconozca la deuda intelectual heredada y presente las líneas esenciales de su concepción teórica. Es recurrente también que su contenido se restrinja a un mero listado cronológico de obras y autores inflexivos, tras el que muchas veces se adivina una cierta necesidad de justificar la propia solvencia académica. Con ánimo de evitar esto último, creo que este capítulo merece alguna explicación.

Más allá del cumplimiento del canon académico, me parece positivo explicitar los principios metodológicos sobre los que se ha estructurado un estudio; independientemente de lo que aporte al trabajo que preludia, siempre informará al lector sobre las motivaciones e inquietudes del autor y su trabajo, lo que tiene aún más sentido tratándose de un trabajo con un enfoque tan historiográfico. A esta consideración se añade el hecho de que la propuesta tenga mucho contenido metodológico, básicamente como respuesta a una necesidad: la carencia de modelos preestablecidos claros desde los que partir, temática y teóricamente, que obligan a plantear una serie de consideraciones con las que encauzar la idea.

Consecuentemente con lo dicho, lo que se presenta a continuación es en buena medida un estado de la cuestión al uso, pero con un sentido fundamentalmente reflexivo. En el repaso que se realiza de las diferentes vías de investigación no se pretende ninguna sistematicidad en el listado ni se extrema la precisión en cuanto a sus etapas. Por el contrario, lo que me interesan son las ideas de fondo fundamentales y, particularmente, las vías de revisión crítica que en mi opinión resultan más adecuadas y estimulantes para el planteamiento específico de este trabajo. En ningún caso se trata de circunscribirlo a ninguna corriente o metodología concreta y bien delimitada; las múltiples tendencias que confluyen en él se entienden en un sentido laxo, cuyo aprovechamiento es selectivo y flexible. Este capítulo trata sobre cómo articular dicha confluencia.

En síntesis, podría decirse que manejo cuatro grandes líneas de investigación en un sentido amplio que se comentarán en los próximos cuatro apartados: la interpretación de la literatura grecolatina, el estudio de la recepción clásica, la historiografía moderna y el análisis de las identidades nacionales. Entre la filología, la historiografía y la ciencia política, sus antecedentes y evoluciones son necesariamente plurales y heterogéneos, en tanto que pertenecen a tradiciones disciplinares relativamente diversas; no obstante, sí tienen en común el hecho de que, en todos los casos, en mayor o menor medida, tuvo un fuerte impacto en los años 80 la corriente renovadora propiciada desde múltiples frentes (nueva historia cultural, postestructuralismo, postcolonialismo, etc.). Se abrió entonces

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un amplio espacio para la revisión y la diversificación de enfoques, tendentes precisamente a la interdisciplinariedad, que son los que aquí me interesan particularmente.

Por último, cabe tener en cuenta otra consideración general: desde el punto de vista temático, no existe ninguna tradición mínimamente consolidada. En este sentido es pertinente precisar mejor el objeto de estudio. Cuando hablo de la Iberia prerromana me estoy refiriendo al conglomerado de pueblos que habitaron la Península Ibérica antes de que culminase su incorporación al Imperio romano, esto es, turdetanos, íberos, lusitanos, celtíberos, cántabros, galaicos, etc. Especifico que trato sobre los pueblos indígenas o nativos, siendo consciente de las connotaciones e imprecisión de estos conceptos; o bien, dicho de otra manera, excluyo del foco de análisis a otras realidades prerromanas que son obviamente coloniales, es decir, fenicios, griegos y cartagineses. A propósito de esto, advierto que no manejo esa categoría como una realidad estanca y aislada: Iberia adquirió sentido histórico precisamente como entidad inmersa en diversos procesos coloniales que implicaron a las citadas potencias y a la propia Roma durante siglos; en ese sentido, estudiar a sus pueblos autóctonos conlleva analizarlos en su relación con esos otros pueblos foráneos, con sus guerras, colonizaciones, interacciones y transformaciones. Asimismo, por último, me centro en las sociedades cuya representación en los textos grecolatinos tuvo una cierta consistencia histórica, es decir, básicamente, aquellas con las que se encontró y enfrentó Roma; descarto, por tanto, aquellas otras realidades fundamentalmente míticas situadas en los periodos más remotos —ya sean de confección antigua o moderna—, aunque puedan surgir apuntes colaterales sobre ellas. Ese es el horizonte histórico, más o menos difuso pero con cierta coherencia conceptual a lo largo del tiempo, del que estudio su recepción antigua y moderna.

Pues bien, dejando a un lado lo que concierne a las fuentes grecolatinas, no hay, particularmente en el caso español, una línea de estudio que se haya ocupado de estudiar específicamente la recepción de ese mundo prerromano de manera global, y menos aún en lo que respecta al periodo medieval y moderno; hay algunos trabajos interesantes y útiles, pero dispersos en aproximaciones puntuales. Esa circunstancia convierte a esta tesis en un trabajo difícil de encuadrar y definir, por no encajar unívoca y plenamente en ninguna línea preestablecida. No es propiamente historia antigua, aunque se valga de las herramientas de análisis de las fuentes grecolatinas; no es un estudio de recepción de la Antigüedad al uso, pues no se centra en la cultura clásica, aunque utiliza su conceptualización sobre la representación cultural del mundo antiguo; no es historiografía en un sentido restrictivo, al diversificar las fuentes, aunque aquella constituya su eje central; no puede encuadrarse en la ciencia política sobre el nacionalismo, usualmente contemporaneísta, pero me interesa sus modos de aproximarse a las identidades nacionales. En definitiva, la especificidad del tema, el arco cronológico y la

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heterogeneidad de las fuentes, complican particularmente la tarea de encuadrar este estudio; sirvan las reflexiones siguientes para ofrecer alguna guía al respecto5.

1.1.La exégesis del discurso grecolatino

Es una obviedad la afirmación de que las fuentes grecolatinas han sido determinantes en la configuración de la imagen que a lo largo del tiempo se ha tenido de los antiguos hispanos —como de cualquier realidad dentro de su órbita—, pero no por eso deja de ser pertinente una cierta reflexión al respecto. De la literatura clásica deriva la narrativa histórica, la reconstrucción geográfica y la caracterización etnográfica fundamental de aquellos pueblos básicamente ágrafos. En realidad, puntualizaciones aparte, podría decirse que no existió ningún otro medio de conocimiento más allá de ese repertorio literario hasta el siglo XX, antes de que la arqueología se constituyese como una fuente alternativa verdaderamente viable para ese ámbito. Incluso entonces su posición continuó siendo hegemónica, pues el papel exclusivo que habían ejercido durante dos milenios hizo que fraguasen tan sólidamente sus tópicos que ni la evidencia material pudo contradecirlos sin dificultades, por muy discordante que resultase su contrastación. En cierto modo, y particularmente para el arco cronológico del que aquí se trata, podría decirse que la propia existencia de aquellos pueblos en la Historia ha dependido inseparablemente de esas presencias textuales. Ese legado, por tanto, no puede concebirse como una etapa más en el devenir de la representación cultural de aquellas sociedades, sino como un estadio germinal, el repositorio básico de información al que se recurrió siempre que se quiso imaginar y entender la Iberia antigua. Desde este punto de vista, tratar sobre la recepción de los pueblos prerromanos a lo largo del tiempo conlleva considerar los distintos modos en que esas noticias, desde la propia Antigüedad, han sido manejadas una y otra vez en términos de credibilidad, autoridad, criticismo o escepticismo, pues ese ejercicio continuamente ensayado ha constituido el fundamento esencial de los múltiples discursos que se han elaborado en torno a aquel periodo.

En consecuencia, si las fuentes grecolatinas han resultado tan esenciales, la comprensión de las características de esos textos resulta fundamental para entender plenamente cualquier constructo posterior; ciertamente su naturaleza específica conlleva ciertas particularidades que han sido absolutamente condicionantes en el tiempo. En este sentido, quizá el aspecto general más evidente y trascendental es el hecho de que se trate de una documentación de tipo colonial; esto es, que fue concebida, elaborada y transmitida en origen en un contexto de encuentro, aprehensión, sometimiento e

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integración de una realidad geopolítica ajena, pero en proceso de ser dominada. Las consecuencias de esto son bien conocidas, pero no por ello deben dejar de ser seriamente consideradas. La más inmediata es que dichos textos son el fruto de una observación exógena, esto es, se produjeron desde un prisma mental y cultural externo a la realidad descrita, por lo que necesariamente se encuentran codificados por categorías de representación relativamente extrañas a esta, excéntricas6. Por otro lado, cabe tener en

cuenta su carácter excepcional y coyuntural, en tanto que, más allá de su esencia colonial en general, es el reflejo de un proceso concreto y delimitado en el tiempo, la expansión romana en Hispania, con todos los condicionantes, inconscientes y deliberados, dependiendo del caso, que ello conllevó. Esto determinó insoslayablemente cada uno de los rasgos de aquellas representaciones por mucho que se haya pretendido reconstruir, necesariamente a partir de ellas, mediante la extrapolación y la generalización sistemáticas, la realidad de los pobladores antiguos de Iberia en un sentido laxo. En definitiva, esa literatura grecolatina que predefinió la imagen de los hispanos a lo largo de los siglos es el producto cultural específico de un proceso colonial complejo y, como tal, su comprensión debe acometerse con las herramientas de análisis adecuadas7.

Trazar aquí una historia de los métodos interpretativos aplicados sobre las fuentes grecolatinas sería inviable e innecesario, pero me parece importante señalar algunas de las premisas esenciales de las aproximaciones a la cuestión que he utilizado y aprovechado al plantear esa parte del estudio, ideas de fondo que pretenden caracterizar el espíritu que hay tras el tratamiento de esa parte del material analizado.

Para empezar, podría decirse que a lo largo de toda esa historia de la interpretación que no voy a trazar ha habido un punto de partida fundamental que se ha mantenido vigente: el texto conservado, por lo general escaso, tardío e incompleto, además está contaminado por defecto, es el resultado de un largo devenir en el que las copias, interpolaciones, síntesis y destrucciones han cercenado y alterado la forma y contenido de aquella primera noticia que, por su cercanía cronológica a los hechos descritos, era presumiblemente más veraz; en consecuencia, tradicionalmente, la gran tarea del filólogo-historiador ha sido desentrañar esa maraña, rastrear el texto original, su cronología y su autor, en tanto que encontrarlos era sinónimo de acercarse a la verdad; el resultado ideal de ese trabajo es la edición fiel y crítica, así como la recopilación totalizadora que ofrezca el corpus completo de fuentes conocidas para ser analizado y contrastado sin intermediarios ni omisiones. Esta inercia radicada en el Renacimiento y que la filología alemana sistematizó y etiquetó (Quellenforschung) ha constituido un

6 Es la manera en que han sido definidas para este caso por García Quintela 1999a, 30-51.

7 Sobre estas premisas generales para el caso hispano, en general, vide García Quintela 1990; 1991a; Gómez

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principio aparentemente ineludible en la aproximación al texto clásico8. En lo que

concierne a la documentación sobre Iberia, ninguna obra representa tan bien este enfoque como las Fontes Hispaniae Antiquae, entre otras9. Ni las posturas más críticas con el

positivismo pueden obviar la esencial utilidad de los corpora o el rastreo genealógico de los textos; ahora bien, dichos cuidados eruditos no dan respuesta a esa problemática sobre los prejuicios y los condicionantes culturales que definieron aquellos textos en su concepción más profunda.

Hace ya tiempo que se impuso la necesidad de enriquecer y renovar este enfoque, de manera irrefrenable desde el último tercio del siglo XX, y desde frentes muy dispares, como la historia intelectual, la antropología o la crítica literaria. Básicamente, de lo que se trataba era de comprender el texto como discurso, como producto literario, cultural e histórico en sí mismo, con sus predeterminaciones narrativas, ideológicas y sociales más allá de las disquisiciones sobre su transmisión textual. Esto que es aplicable a cualquier producción literaria, resulta particularmente pertinente en este campo, pues no solo sirve para comprender mejor las obras clásicas en sí mismas, sino también para proponer los códigos con los que extraer la información histórica y etnográfica que contienen sobre las realidades representadas en ellas.

Sin duda una de esas vías más influyentes en ese sentido fue la aplicación de la teoría de la percepción estética10, que desde la década de 1980 tuvo una incidencia

fundamental en el replanteamiento de la etnografía griega y latina11. La asunción de este

enfoque, derivado de premisas del postestructuralismo y postfuncionalismo de la sociología francesa12, daba un verdadero giro a la interpretación de las fuentes al desechar

la identificación positivista entre texto original y verdad objetiva. Desde esta perspectiva se entiende el discurso etnográfico antiguo en su inherente historicidad, como un producto cultural que solo adquiere sentido pleno si se analiza en su contexto, desde la comprensión de la mentalidad tanto de los autores que lo concibieron, como del público al que se dirigía. Con ello se pone el énfasis en los prejuicios culturales presentes en esas producciones, de forma más o menos implícita, y especialmente en lo concerniente a las dinámicas de representación y autorrepresentación, exclusión e inclusión, identidad y

8 Sobre la Quellenforschung, sus revisiones y límites, vide Most 2016.

9 Impulsado por Adolf Schulten y Pere Bosch i Gimpera en 1922 y finalizado, con distintos editores, en

1987. En esa línea de edición positivista de fuentes también fue esencial el trabajo de Antonio García y Bellido (1945a; 1947a); vide Sánchez Moreno e. p.

10 Desarrollada en la Universidad de Constanza por Hans R. Jauss y Wolfgang Iser en los años 60, esta

teoría se erigió como el hito metodológico contra el dogmatismo positivista en los estudios literarios; vide

Mayoral 2015 (1987).

11 Con propulsores indiscutibles en las figuras de François Hartog, para la tradición griega (Hartog 2003

(1980); 1999 (1996); 2005) y Yves A. Dauge (1981).

12 Han sido esenciales los referentes teóricos de Michel Foucault (2007 (1966); 1988 (1969)) y Pierre

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alteridad. Consecuentemente —y con especial relevancia en lo que aquí nos ocupa— se han identificado en esos discursos ciertos estereotipos recurrentes en la caracterización de los pueblos periféricos al mundo grecolatino como proyección especular de aquellos elementos que se interiorizaron como definitorios de la propia autopercepción de la cultura helenística. Este planteamiento general, de manera más radical o matizada, han tenido un impacto inflexivo en las distintas aproximaciones que se han hecho a la etnografía clásica con posterioridad13.

Paralelamente, alrededor de esa misma problemática sobre la representatividad del Otro en las fuentes clásicas, se desarrolló una corriente interesada en la dimensión geopolítica de la cuestión, especialmente en lo que se refiere a las fuentes directamente ligadas al proceso de expansión romana. Este otro foco revisionista ha tenido un trasfondo propiciatorio fundamental en la llamada teoría postcolonial, que desde los años 70 ha estimulado la reflexión sobre los mecanismos que rigen las diferentes formas de proyección intelectual del colonialismo en sus más variadas ramificaciones14. Desde este

punto de vista, aquellas digresiones de corte cultural e identitario se han combinado con la idea de que el discurso grecolatino debe ser entendido además como la expresión de una agenda ideológica y estratégica íntimamente vinculada con el proyecto imperialista de Roma. De esta manera, se admite que los tópicos en la representación de las sociedades periféricas a través de la etnografía, geografía e historiografía grecolatina son efectivamente una proyección de prejuicios culturales, pero también propaganda premeditada, racionalización y justificación del expansionismo militar y económico15.

De manera heterogénea y diversa, estas corrientes internacionales han tenido una representación decisiva en la historiografía española, especialmente volcada sobre las fuentes referidas a la Península Ibérica. Desde una perspectiva metodológica tradicional, desde el ejercicio del Quellenforschung pero con un posicionamiento revisionista, ha habido desde los años 80 y 90 contribuciones referenciales16, entre las que destaca la serie

Testimonia Hispaniae Antiqua, que reemprendió el proyecto de las Fontes pero con los nuevos métodos e interpretaciones críticas17; en todo caso, en los últimos tiempos, las

13 Thollard 1987; Hall 1989; Boulogne y Sys 1995; Jacob 2008 [1991]; Isaac 2004; Mitchell 2007; Marein

et al. 2009; Raaflaub y Talbert 2009; Adler 2011; Gruen 2011; Woolf 2011; Skinner 2012; Almagor y Skinner 2013; Vlassopoulos 2013, e. g.

14 A partir de autores clave como Edward Said (1990 (1978); 1993), Huomi Bhabha (1994), Gayatri Spivak

(2010 (1999)) o Dipesh Chakrabarty (2008 (2000)). Un buen estado de la cuestión en Mellino 2008.

15 Webster y Cooper 1996; Clarke 1999; Ferris 2000; Dueck 2000; 2009; Dueck et al. 2005; Woolf 2011, e.

g.

16 En este sentido abrió una senda fundamental Luis A. García Moreno (1987; 1989a; 1989b; 2002, e. g.,

algunos de estos trabajos recopilados y reeditados en García Moreno 2001).

17 Mangas Manjarrés y Alvar Ezquerra 1994; Mangas Manjarrés et al. 1998; Mangas Manjarrés y Plácido

Suárez 1999; Mangas Manjarrés y Myro Martín 2003; sobre el proyecto, vide López Barja de Quiroga 1995-1996.

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ediciones y traducciones comentadas de dichas fuentes, sobre todo de las más usuales, son relativamente prolíficas y variadas18. Al mismo tiempo, la aplicación de los principios

de la sociología cultural a la etnografía de los hispanos sirvió para romper de una forma muy contundente con las lecturas positivistas, identificando las preconcepciones discursivas que debían ser consideradas19. Esta crítica pronto se entrecruzó con la

reinterpretación de las fuentes como proyección de las dinámicas geográficas coloniales en su sentido más político20. En último término, todo ello ha propiciado que se generalice

la idea de que esas consideraciones de tipo cultural y geopolítico sobre las fuentes literarias son básicamente insoslayables, y que deben formar parte importante en su combinación ecléctica con los aportes de la arqueología, la antropología o la religión comparada21. En general, entiendo que esta aproximación abierta, crítica, heterogénea y

flexible es la más estimulante y fértil, además de la más coherente con el momento historiográfico actual.

En todo caso, cabe hacer una reflexión que atañe de manera muy directa a la parte sobre las fuentes grecolatinas que comprende este estudio. Si bien esos planteamientos sobre la faceta sesgada de la literatura antigua y la inoperancia del positivismo filológico están ya generalmente aceptados, el otro extremo del péndulo también comporta algunos problemas. Ciertamente, sobre ese enfoque crítico se cierne siempre el riesgo del hiperescepticismo, la inercia a interpretar las obras antiguas como un producto meramente retórico, por lo tanto, básicamente vacío de contenido veraz. Si todo en los textos es prejuicio e invención interesada, entonces se les niega gran parte de su validez como documento histórico, lo que supone desaprovechar de una manera demasiado reduccionista su potencialidad como fuente. Una de sus consecuencias ha sido el desarrollo de un cierto neopositivismo arqueológico tan limitante como el positivismo tradicional: siendo los textos vanos y engañosos, solo lo material serviría para reconstruir fidedignamente las realidades antiguas. En un razonable término medio, los acercamientos transdisciplinares de los historiadores hacia la arqueología y la antropología se han concebido a menudo como la búsqueda de un anclaje empírico con el que evitar esos excesos de la elucubración histórico-cultural, al tiempo que el

18 Por accesibilidad y actualización, tiendo a utilizar aquí las más recientes, especialmente las de las

editoriales Gredos y Alianza; de todos modos, en el anexo especifico la edición utilizada en cada caso.

19 Fueron pioneros en esa línea Bermejo Barrera 1986a; Gómez Espelosín 1993a; Gómez Espelosín et al.

1995, e. g.

20 Domínguez Monedero 1984; 1988a; Plácido Suárez 1987; 1995-1996; Montero Barrientos 1995; Cruz

Andreotti 1999; 2014; Santos Yanguas y Torregaray Pagola 2003, e. g.

21 Sirvan de muestra significativa, entre otros muchos, García Fernández-Albalat 1990; Ciprés 1993a;

Marco Simón 1993; 2007; Salinas de Frías 1999; 2010a; García Quintela 1999a; 2007; 2012; Pérez Vilatela 2000; Sánchez Moreno 2001; 2002a; 2005a; 2006; 2015-2016; Pelegrín Campo 2003; Sánchez Moreno y Aguilera Durán 2013.

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aprovechamiento cauteloso de la literatura abría las posibilidades interpretativas de los nuevos hallazgos22.

Desde luego, creo que el tipo de análisis que voy a aplicar sobre ellas obliga a hacer esa advertencia previa, aunque este trabajo no tiene como objetivo calibrar ese punto de equilibrio ideal entre criticismo y verosimilitud respecto de las fuentes grecolatinas. En cambio, su motivación es analizar el devenir de los distintos discursos que se han construido sobre los pueblos de la Iberia prerromana a lo largo del tiempo; desde esta premisa, en lo que respecta a este periodo, mi interés se centra en esas líneas de investigación enfocadas en la deconstrucción de la literatura antigua como expresión de percepciones culturales y propaganda ideológica, pues son las que mejor me permiten profundizar en esa dimensión discursiva que es la que me interesa. Eso no significa que descarte su validez como fuente ni que infravalore la potencial información histórica que sin duda contienen. Es una cuestión de enfoque y el mío se centra ahora en los condicionantes culturales que influyeron en la conformación de la imagen de los hispanos por parte de los autores grecolatinos; me interesa lo que sus tópicos y recursos retóricos nos enseñan acerca de sus intencionalidades y esquemas mentales, dejando a otros la tarea de determinar su grado de verosimilitud y sus posibilidades de contrastación empírica.

Como he comentado al principio de este subapartado, las obras grecolatinas son esenciales en este estudio porque representan la génesis de los temas sobre Iberia que luego han sido reformulados durante siglos. Sin embargo, esto no significa que vaya a considerarlas como un mero repositorio estanco e inerte de textos cuyo único sentido fue el de ser revisitado por los intelectuales modernos. Por el contrario, y de acuerdo con las líneas de análisis descritas, las abordo como el reflejo de realidades culturales dinámicas, complejas y cambiantes en el tiempo. Por eso le dedico al material antiguo un espacio particularmente extenso y compartimentado en el bloque cronológico, la Parte 2, y por eso también cada capítulo del bloque temático, la Parte 3, comienza con un subapartado en el que se estudia la manera en que las fuentes grecolatinas trataron cada una de esas cuestiones en concreto. Sin duda, de las varias perspectivas disciplinares que confluyen en esta tesis, precisamente esta —el estudio de los discursos grecolatinos— es la que cuenta ya con unos precedentes más maduros y sólidos; no obstante, acometer el reto de aproximarse a la cuestión de una manera global y explorando sistemáticamente los espacios de interrelación con sus formas de recepción moderna me parece una propuesta que puede aportar elementos interesantes a un campo que no debe dejar de ser repensado.

22Vide García Quintela 1990; 1991a; 1999a; 2009, con un planteamiento especialmente explícito en esta

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1.2.La recepción cultural del mundo antiguo

Otra gran línea de investigación fundamental en la que podría enmarcarse este trabajo es el conocido como estudio de la tradición o recepción clásica, esto es, simplificando, el análisis de las distintas maneras en las que los elementos de la cultura grecorromana han sido percibidos, reinventados y reproducidos a lo largo del tiempo (Edades Media, Moderna y Contemporánea) en las distintas esferas de la cultura (filosofía, política, literatura, arte, etc.). Si, como he afirmado, la literatura grecolatina es la fuente de conocimiento prácticamente única sobre la Iberia prerromana en el periodo que nos ocupa, entiendo entonces que el estudio de la percepción de esa realidad a lo largo del tiempo pasa necesariamente por el análisis de la percepción de los textos y autores que la definieron. Es cierto que ese planteamiento se acomete de una manera peculiar y específica, ya que el interés aquí no es la recepción de los autores y obras grecolatinos en sí mismos, ni la de los aspectos formales de sus producciones, sino la recepción de los datos, conceptos y valoraciones que transmitieron sobre aquellas sociedades hispanas. En cualquier caso, considero que este enfoque abre un abanico de posibilidades muy interesante para trascender los aportes de la perspectiva puramente historiográfica, desde luego para enfrentarme a las fuentes literarias y artísticas, pero también como manera de complejizar el propio análisis de la historiografía. En definitiva, en tanto que este campo tiene un peso específico en el estudio, parece pertinente trazar las pautas teóricas y metodológicas desde las que se va a manejar23.

Tanto el concepto en sí mismo (tradición/legado/herencia clásico/a), como su consideración como objeto de estudio es relativamente reciente: nació como un apéndice de la filología clásica en el último tercio del siglo XIX24, consolidándose como línea de

estudio a mediados del XX25. Su evolución en este período fue desde el estilo puramente

enciclopédico, a modo de recopilación o catálogo de las referencias modernas a autores grecolatinos26, hasta la aplicación del modelo de historia literaria, ya en forma de obra

narrativa, unificada y organizada por períodos y procesos históricos. Entre los años 50 y 70 se desarrolló un período de maduración en el que se asentó una de sus tendencias más interesantes aquí: el desarrollo de un planteamiento más abierto e integral, trascendiendo

23 Para un estado de la cuestión vide García Jurado 2016a, y, complementariamente, Molino García 2006;

García Jurado 2007; 2013; 2016b. Como muestra de enfoques diversos en este campo, sirvan obras colectivas como las de Martindale y Thomas 2006; Kallendorf 2007; Hardwick y Stray 2008; Butler 2016.

24 Laguna Mariscal 2004; García Jurado 2007. Se considera la de John E. Sandys 1903-1908) como la

primera gran obra totalizadora al respecto.

25 Con las obras referenciales de Ernst R. Curtius (1948) y Gilbert A. Highet (1949).

26 En el caso de España representado por Marcelino Menéndez Pelayo, con su monumental Bibliografía

hispano-latina clásica, como desarrollo de su obra previa, Biblioteca de traductores españoles (Menéndez Pelayo 1952-1953 (1874-1878); 1902).

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el enfoque específicamente literario y abriéndose a dimensiones coyunturales, ideológicas y culturales más amplias27.

En general, podría decirse que por entonces se habían sentado unas bases metodológicas y terminológicas básicas que hacían de este un campo de estudio reconocible definido por una serie de características comunes. Desde el punto de vista profesional, se consideraba indisociablemente como una rama secundaria de la filología clásica. Desde una perspectiva ideológica, se abordaba con una vocación fundamentalmente conservadora: el estudio de la transmisión de la cultura grecolatina se planteaba como una exaltación de la fecundidad del modelo clásico en la génesis, esencia, unidad y continuidad de la civilización occidental. Su puesta en valor se concebía entonces como prevención ante la amenaza de las intrusiones culturales heterodoxas y subversivas (tecnificación, orientalismo, folklore romántico, vanguardias, fascismo, comunismo, existencialismo, etc.)28. Estas notas previas parecen pertinentes, en primer

lugar, porque esos planteamientos tradicionales siguen definiendo de un modo significativo gran parte de la investigación en este ámbito; por otro lado, son esenciales para explicar el sentido, metodológico y teórico, de las reformulaciones recientes a las que se adhiere este trabajo.

La renovación fundamental en este campo ha derivado del impacto del nuevo marco teórico de la estética de la recepción, esa misma propuesta crítica que también incidió en la interpretación de los propios textos clásicos (§ 1.1). En este ámbito, la propuesta esencial consiste en alterar la dinámica unidireccional en el análisis de los referentes literarios, en este caso grecolatinos. Si en la perspectiva tradicional la obra clásica era entendida como fuente que influía sobre el receptor moderno (A en B), esa relación pasa a considerarse en un sentido multidireccional, de forma que se reconoce en los receptores (autor, lectores e intermediarios) una función creadora fundamental en la reinvención de esas referencias antiguas, desechando la idea de la simple transmisión (A y B, B y A). Desde la perspectiva tradicional se privilegiaba el lugar de la obra clásica y su (supuesto) significado original y la investigación se centraba en valorar el grado de influencia y fidelidad de sus usos modernos; la teoría de la recepción, en cambio, se focaliza en el papel activo del receptor para comprender los mecanismos mentales y culturales que han actuado en su visión sobre el referente antiguo. Así, con cada

27 Destacan Robert R. Bolgar (1954) y Elisabeth D. Rawson (1969). La monografía de Bolgar fue el germen

de una serie de congresos en la Universidad de Cambrigde fundamentales en la historia de la disciplina (Bolgar 1971; 1976; 1979). En lo concerniente a las letras hispánicas, destaca la argentina María Rosa de Lida, que reivindicó la influencia de otras tradiciones no grecolatinas en la literatura occidental, criticando duramente las limitaciones de Highet y Curtius (Lida de Malkiel 1975).

28 No por casualidad nació en el cambiante fin del siglo XIX (García Jurado 2013, 4-6) y se consolidó en

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interpretación del texto su sentido es reconstruido con nuevas significaciones que tienen que ver con la coyuntura del momento, la percepción estética e ideológica del autor y lector/espectador. En el fondo, el sentido original de la fuente no podrá entenderse nunca de una manera plena, verdadera e inequívoca, pues en la comprensión que tenemos de ella hay tanto del contenido original como del que le aporta nuestra propia realidad. De hecho, ni siquiera esa relación es casi nunca un diálogo simple entre fuente y receptor, sino todo un juego múltiple de lecturas intermedias. Ediciones, interpretaciones y reproducciones anteriores y coetáneas sobre el mismo texto o idea antigua aportan sentidos añadidos al material estudiado, de manera que la relación objeto e intérprete se difumina y complejiza en lo que se ha denominado cadena de recepciones. Todo ello ha tenido consecuencias terminológicas: conceptos como tradición, legado o herencia han quedado asociados con ese planteamiento de la cuestión enfocado en la pervivencia histórica del referente antiguo en un sentido lineal; de manera alternativa, complementaria y no excluyente, se ha propuesto el uso de recepción para definir ese otro tipo de planteamientos multidireccionales más complejos29.

Esa problematización de los viejos estudios sobre la tradición clásica ha venido acompañada por una nueva vocación interdisciplinar, una tendencia a combinar el estudio de las distintas formas de proyección del referente antiguo como un todo orgánico e interrelacionado. En este sentido, probablemente lo más interesante de la renovación de ese campo en los últimos tiempos haya sido su replanteamiento cercano a la historia cultural en un sentido amplio, abriéndose caminos de encuentro con disciplinas, fuentes y temas muy diversos. Esta inquietud ha supuesto, por ejemplo, establecer nuevos vínculos con la historia del arte y sus propuestas acerca de las continuidades y reinterpretaciones de los temas y la estética antigua en el mundo moderno, ya no solo como una mera pervivencia, sino como fenómenos culturales complejos cargados de simbolismo30. Asimismo, la teoría de la recepción ha favorecido la apertura del espectro

de fuentes susceptibles de análisis, transgrediendo los ámbitos tradicionales de la literatura, el arte y la academia, para considerar elementos antes inexplorados, como las formas de expresión popular o los medios de masas31.

29 Ejemplos y reflexiones sobre esta tendencia en los estudios clásicos se desarrollan en Martindale 1993;

Martindale y Thomas 2006; Hardwick 2003; Hardwick y Stray 2008; Brockliss et al. 2012; Butler 2016, e. g. Es de destacar también la revista especializada Classical Receptions Journal, editada en la Universidad de Oxford y dirigida por Lorna Hardwick desde 2009.

30 En particular redescubriendo la visión de Aby Warburg (2005 [1932]; 2010 [2003]), desarrollada por sus

discípulos (como Fritz Saxl y Erwin Panofsky) en torno a la biblioteca y el instituto que llevan su nombre; sobre ese legado y sus posibilidades vide Gombrich 1992; Settis et al. 2010; Levine 2013.

31 Lo que incluye cine, cómic, videojuegos, etc.; vide Lowe y Shahabudin 2009; Kovacs y Marshall 2011;

España 2009; Duplá Ansuategui 2011; Pomeroy 2017, e. g. De interés en este sentido es el proyecto internacional Imagines, dedicado a la recepción de la Antigüedad en los medios audiovisuales, con encuentros periódicos y su propia serie editorial (http://www.imagines-project.org/; accedido: 17/02/2018).

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