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La evolución de la estructura social en las sociedades campesinas del sur peninsular. El mundo funerario del IV y III milenio a.C.

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EL MUNDO FUNERARIO DEL NEOLÍTICO RECIENTE- CALCOLÍTICO

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INDICE

PRESENTACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN 5

CAPÍTULO I 10

INTRODUCCIÓN: PLANTEAMIENTOS GENERALES. 10

I.1. PRESENTACIÓN.

I.1.1. El Tema de investigación. 10

I.1.2. Objetivos. 14

I.1.3. Esquema del trabajo. 17 I.2. APUNTES SOBRE LA INVESTIGACIÓN DE LAS SOCIEDADES CAMPESINAS

JERÁRQUICAS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA. 18

I.2.1. Introducción. Avance de los estudios en las últimas décadas. 18 I.2.2. Síntesis de conocimientos actuales sobre las primeras sociedades

campesinas en la Península Ibérica. 19

I.2.3. Principales líneas de investigación sobre el mundo funerario de las primeras sociedades campesinas en las distintas regiones de la Península

Ibérica: 30

CAPÍTULO II

CONCEPTO Y MÉTODO 52

II.1. ENFOQUE EPISTEMOLÓGICO. 52

II.1. 1. General. 52

II.1. 2. El materialismo histórico en arqueología. 53 Síntesis de sus características y evolución de subcorrientes. 53

Corrientes internas: 57

II. 2. EL ESTUDIO DE LA MENTALIDAD EN LA PREHISTORIA. UNA REFLEXIÓN SOBRE LOS ENFOQUES TEÓRICOS PARA LA INTERPRETACIÓN DEL MUNDO

FUNERARIO Y SIMBÓLICO. 64

II. 2. 1. Enfoque Postprocesual: (neopositivismo y postmodernismo) 64

II. 2. 2. Enfoque Neomarxista. 69

II. 3. METODOLOGÍA. 78 II. 3. 1. El papel de las llamadas “Teorías de Alcance medio”: 78

II. 3. 2. La Arqueología de la Muerte. 79

II. 3. 3. La Etnoarqueología. 86

II. 3. 4. La Arqueología Espacial. 89

CAPITULO III

LA PROBLEMÁTICA EN TORNO AL CONCEPTO DE SOCIEDAD COMPLEJA 97 III. 1. Dificultades derivadas de la variabilidad terminológica. 98 III. 2. Discusión sobre el empleo de los términos.

III.2.1. Terminología referente a la “complejidad”. 99 III.2.2. Terminología referente a los sistemas de organización social y política.

100 III. 3. Propuesta de definición alternativa a los términos de “sociedad compleja” o

“sociedad de jefaturas”. 113

III. 4. Distintas propuestas de organización del proceso histórico de incremento

de la complejidad social. 116

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CAPITULO IV

EL ORIGEN DE LAS ÉLITES. LA APARICIÓN DE LA DIVISIÓN SOCIAL EN GRUPOS

CON ACCESO DIFERENCIAL AL PODER 128

IV. 1. TEORÍAS EXPLICATIVAS DE LAS CORRIENTES DEL ÁMBITO NEOLIBERAL.

128

IV. 2. TEORÍAS EXPLICATIVAS DESDE LAS CORRIENTES MARXISTAS. 136

CAPITULO V

TEORÍAS SOBRE LA MENTALIDAD, LA RELIGIÓN Y LAS PRÁCTICAS FUNERARIAS EN LAS SOCIEDADES CAMPESINAS JERÁRQUICAS (IV-III MILENIOS A.C. EN EUROPA)

147 V.1. PROBLEMÁTICA CONCEPTUAL GENERAL ACERCA DE LA MENTALIDAD EN LA

PREHISTORIA RECIENTE EUROPEA. 148

V. 1. 1. La ideología en las formaciones sociales campesinas jerarquicas. 148 V. 1. 2. Un aspecto específico de la mentalidad: la construcción de la identidad

individual y colectiva. 151

V. 1. 3. Las creencias de tipo religioso. 156

V. 1. 4. Las creencias específicamente relacionadas 161 con la muerte y las expresiones asociadas a ellas: ritos y espacios funerarios.

161 V. 2. EL MUNDO FUNERARIO DE LAS PRIMERAS SOCIEDADES CAMPESINAS JERÁRQUICAS EN EUROPA: EL IV Y III MILENIOS A.C. Y EL “MEGALITISMO”. 164

V. 2. 1. El concepto de “megalitismo”. 164

V. 2. 2. Síntesis de las principales evidencias arqueológicas y

etnoarqueológicas. 166

V. 3. LA INTERPRETACIÓN DE LAS EVIDENCIAS.LA MENTALIDAD DE LAS

SOCIEDADES JERARQUIZADAS CAMPESINAS Y SUS CREENCIAS RELIGIOSAS. 219 V.3.1. Teorías sobre el significado de los monumentos y los ritos megalíticos:

La “Religión Megalitica”. 221

V. 3. 2. El uso ideológico de la “religión megalítica”: La relación entre la

ideología del orden social y la del orden del Universo. 226 CAPÍTULO VI

LOS TERRITORIOS SACRO-POLÍTICOS DEL SUR PENINSULAR. TEORÍAS DE PUNTO DE PARTIDA E HIPÓTESIS EXPLICATIVAS

VI.1. INTRODUCCIÓN. 234

VI. 2. MODELOS DE INTERPRETACIÓN DE LOS ESPACIOS CONSTRUIDOS POR LAS PRIMERAS SOCIEDADES JERARQUIZADAS EN EL SUR PENINSULAR. 235

VI. 2. 1. La organización de la ocupación del territorio: la evolución del

poblamiento en el proceso de jerarquización del sur peninsular desde el IV al II

milenios a.C. 236

VI. 2. 2. Síntesis y valoración de las aportaciones a la comprensión de la

organización del territorio. 250

VI.3. Hipótesis de trabajo: El Modelo de las Agrupaciones Funerarias que

definen Territorios sacro-políticos autónomos. 255

CAPÍTULO VII

ANÁLISIS DE LOS DATOS 258

VII.1. YACIMIENTOS ANALIZADOS. RESUMEN DE LOS DATOS. 258

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VII. 2. INFERENCIAS INICIALES. 260

VII. 2. 1. Agrupaciones Funerarias. 260

VII. 2. 2. Territorios “sacro-políticos”. 297

VII. 3. CONCLUSIONES PRELIMINARES. 334

VII. 3.1. Síntesis de resultados y discusión sobre la hipótesis departid. 334 CAPÍTULO VIII

CONCLUSIONES GENERALES 350

VIII.1. SOBRE LOS TERRITORIOS SACRO-POLÍTICOS DEL SUR PENINSULAR Y EL MODELO

DE ORGANIZACIÓN SOCIAL SUBYACENTE. 350

VIII. 2. SOBRE EL TRABAJO DE INVESTIGACIÓN: VALORACIÓN. 364

BIBLIOGRAFÍA 369

INDICE DE IMÁGENES 412

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PRESENTACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN

Para mis padres.

Y para los que se formulan preguntas y buscan respuestas;

por si este modelo de explicación de la realidad pasada pudiera serles útil para transformar la realidad presente e imaginar la futura.

Toda investigación, como cualquier otro trabajo que emprendamos los seres humanos, tiene su propia historia. Comienza en un momento determinado y como respuesta a una, o varias motivaciones y se desarrolla en el tiempo siguiendo la estela que marque la dificultad del trabajo, sus condicionantes, sus cambios de orientación, las ayudas recibidas, etc. hasta que acaba dando unos frutos concretos. En este caso, el fruto sería este texto que ahora presentamos y al hacerlo, definimos.

Pero dado que la historia (incluso la pequeña historia interna de esta investigación) se rige por pautas temporales, empezaremos a definir y presentar siguiendo el orden cronológico de los acontecimientos.

Desde mi adolescencia sentí un profundo interés por comprender las causas de la desigualdad, el origen de las relaciones de poder entre los seres humanos y por ello, me incliné por el estudio de la Historia de forma vocacional.

Pero para encontrar las raíces de la idea motriz que guía esta investigación hay que remontarse al primer año que cursé en la carrera de Geografía e Historia, en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid.

Aquél año tuve la fortuna de encontrar dos profesores que marcaron mi futuro profesional al despertar en mi el interés específico por la Prehistoria en general y por el del intrincado y complejo mundo de las transiciones y procesos de transformación social, en concreto.

Con el profesor A. Domínguez Monedero inicié mi acercamiento a la problemática de las formaciones estatales, su origen y su formación. Con la Profesora Isabel Rubio de Miguel, me adentré en la Prehistoria peninsular, recibiendo de sus explicaciones la guía hacia el tema que centra esta investigación. Dicha orientación se mantuvo hasta el presente, por el hecho de volver a encontrarnos en otros cursos de la especialidad y durante el doctorado, pero fundamentalmente, por encontrar en ella un punto de encuentro en el enfoque epistemológico y por su capacidad para enseñar.

Todo ello me lleva a considerarla mi maestra.

En uno de los cursos de doctorado a los que aludo, impartido por la profesora Isabel Rubio, se concretó definitivamente el tema de mi trabajo de investigación: El origen, significado y consecuencias de la llamada

“complejidad Social” y la enorme problemática conceptual que existe en torno a ella comenzaron a conformarse como eje central de las primeras

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fases de mi inmersión en uno de los aspectos más apasionantes de nuestra prehistoria.

Desde este momento comencé a agradecer la capacidad docente de la profesora Isabel Rubio, quien ya como mi directora de tesis, se convirtió en principal referente de mi aprendizaje de las grandes ideas, el concepto y el método en primer lugar y después de los pequeños detalles que hacen que un trabajo de investigación sea riguroso y científico.

Ella me puso también en contacto con los otros maestros a quienes debo el conocimiento y la motivación para adquirirlo, pues a través de la lectura de sus artículos fui ampliando, completando y enriqueciendo mis ideas sobre la complejidad de la estructura social de las primeras formaciones campesinas del IV y el III milenios a.C.

Tras la maduración de la idea inicial presenté el proyecto de tesis en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la UAM, dirigido entonces por la Profesora Rosario Lucas Pellicer, quien jugó un importante papel en el desarrollo de la misma, al apoyarme decididamente en la tarea de buscar y conseguir la beca de Formación de Personal Investigador con la que pude empezar mi trabajo.

Sus consejos y sus ánimos están aún en mi memoria y la preciosa carta de recomendación que escribió para la Fundación Oriol (promotora de la beca que me fue concedida al año siguiente), está guardada junto a las cosas que conservo con más cariño. Sirvan estas palabras de agradecimiento a una profesora a la que nunca podré olvidar.

Siguieron varios años de formación continua para profundizar en el tema de investigación, en los que tuve la oportunidad de escuchar personalmente a los maestros ya leídos, en congresos y cursos de Arqueología, Prehistoria, Antropología, etc. Esta segunda fase del proceso de maduración fue larga, llegando a extenderse excesivamente en el tiempo por diversas causas.

La idea motriz de la investigación se fue modificando, ampliando su marco geográfico desde el sureste a todo el sur peninsular y se reorientó hacia el enfoque de la Arqueología Espacial gracias a la inestimable ayuda del Profesor Fernando Molina, de la Universidad de Granada. Con él tuve la oportunidad de hablar sobre el trabajo a raíz del contacto que establecimos en un curso de verano, y en sucesivas conversaciones posteriores me proporcionó la reorientación que precisaba en un momento crítico en que el trabajo se encontraba paralizado.

Una vez reconducida la investigación, comencé a encontrar la luz a través de los trabajos de otros prehistoriadores, como J. M. Vicent, J. A. Cámara, F. Criado o A. Hernando, cuyas aportaciones fueron fundamentales, pese a no conocerlos más que desde la perspectiva del lector y del oyente de conferencias. De todos ellos me siento admiradora y seguidora, dado el peso que su influencia ha tenido en el resultado final de esta tesis doctoral.

Así mismo, fue también fundamental para el avance en este trabajo la estancia de investigación que tuve oportunidad de desarrollar en el Departamento de Antropología y Arqueología de la Universidad de

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Cambridge, bajo la tutela del Profesor C. Holtorf, a quien agradezco su apoyo y su acogida.

Pero el proceso de trabajo en esta tesis se apoyó también en ayudas de otra índole, económica e institucional principalmente, puesto que este factor es, pese a todo, crucial.

Las becas de ayudas al Doctorado de la Universidad Autónoma de Madrid y la de Formación de Personal Investigador de la Fundación Oriol me permitieron avanzar sin interrupciones durante los primeros años, pero fueron escasas, en términos temporales.

Al no poder terminar el trabajo en el tiempo que estas duraron, me vi obligada a tener que compatibilizar la investigación con otras ocupaciones, tanto formativas como laborales, lo que implicó la ralentización del trabajo.

De entre aquellos que me ayudaron a mantener abiertas las puertas de la investigación doctoral apoyándome con trabajos relacionados con la Arqueología, debo mencionar a profesores del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la UAM, como Juan Blánquez y Raquel Castelo.

De estos años de dura y forzada convivencia entre el interés por avanzar en la tesis doctoral y el de mantener opciones laborales abiertas en los campos de la docencia, la difusión del patrimonio y la didáctica de la Arqueología, guardo los buenos recuerdos que me proporcionó el entusiasmo por la formación autodidacta en la labor de acercar el conocimiento arqueológico a la sociedad para acelerar e incrementar su potencial de cambio. Al fin y al cabo, este es también uno de los objetivos de mi trabajo de tesis doctoral, en esencia.

Los cursos de formación a que asistí en este período y el trabajo de campo y de gestión del yacimiento de El Saucedo, junto al trabajo en otros yacimientos durante los veranos, me permitieron completar el punto de vista bibliográfico adquirido. A los profesores Raquel Castelo y Manuel Bendala les debo el constante apoyo y comprensión recibido durante todo este tiempo, un apoyo que es tanto más valioso por cuanto supone de valoración y reconocimiento profesional.

Pero también fue esta una fase de cierta angustia, por ver cómo se retrasaba el momento de empezar a redactar y ordenar las ideas fruto de la investigación bibliográfica previa. Hubo años en los que tuve que paralizar mi estudio sobre los constructores de megalitos del sur peninsular para poder atender otras tareas, como la realización del Master en Educación en los Museos que la concesión de la Beca Fulbright del Departamento de Estado de los EEUU me permitió llevar a cabo en la ciudad de Philadelphia, en el curso 2003-2004.

No obstante, el tiempo transcurrido en los EEUU no fue del todo infructuoso, pues la preparación de un artículo sobre la tesis me mantuvo vinculada con el trabajo de investigación y me permitió madurar el enfoque final de la misma.

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La fase de redacción y por tanto de definición final del trabajo, de corrección y presentación que se produjo en los últimos dos años transcurrió entre Madrid y Mérida, donde me trasladé a trabajar en la didáctica de los museos y exposiciones. La estabilidad económica me proporcionó la necesaria estabilidad intelectual para afrontar la consecución de la investigación doctoral, pese a implicar el mantenerme alejada de los círculos de debate universitarios y profesionales de los congresos y cursos.

En estos últimos meses he de agradecer también la ayuda prestada por el Departamento de Geografía (Servicio de Cartografía) de la UAM con la obtención de la imagen del sur peninsular que sirve de base a todos los mapas elaborados para este trabajo.

En otro orden de cosas, es imprescindible dedicarle ahora la atención a la otra fuente inestimable de apoyo en este largo proceso: las amistades y sobre todo, la familia. Sin ellos, dudo que hubiera podido encontrar las fuerzas necesarias y la motivación para superar los baches y para afrontar las necesidades surgidas año tras año.

A Ofelia Jiménez, Elena Veiga, Ana Torrecilla y Ana López les agradezco su constante apoyo y ánimo. Con ellas he compartido cursos, congresos, viajes a yacimientos y especialmente a Ofelia le agradezco el haber leído y valorado partes del texto en momentos trascendentes del trabajo de redacción.

Quiero mencionar también a Teresa Hernández (a quien también debo ayuda especial con la tabla de apéndices) y a Mónica Rodríguez quienes me han prestado su apoyo en los últimos meses de trabajo. A Francisco Prados le agradezco igualmente el diseño gráfico de este documento.

Por último, tampoco quiero dejar de agradecer a las personas con quien compartí varios años de duro trabajo en ONGs el haber comprendido mis necesidades de seguir con la tesis y el haber mantenido viva mi motivación principal para la realización de la misma: contribuir a cambiar el mundo construyendo la utopía.

Con mi familia acumulo una incalculable deuda de gratitud, no sólo por ayudarme económicamente, aportándome seguridad y estabilidad anímica, sino también por su aportación intelectual a mi formación, a mi proceso de maduración de la idea y a la resolución de las dudas que sobre al proceso de transformación de la sociedad aldeana de los IV-III milenios fueron surgiendo año tras año.

Con mis padres he compartido valoraciones, lecturas de artículos, reflexiones decisivas, etc. y tanto ellos como mis hermanos, Maite y Jesús, han leído el texto y aportado al resultado final del manuscrito.

Pero mi deuda es todavía más profunda, pues de su mano me introduje en el análisis del pasado a través del materialismo histórico y su sabiduría y capacidad de motivación intelectual me han guiado siempre en la labor de encarar los problemas de la realidad actual desde la óptica del conocimiento del pasado.

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A nuestros padres les debemos ser quienes somos. Yo debo a los míos también escribir lo que escribo, pues la convicción profunda de que el mundo es mejorable que ellos me han transmitido y de que mi trabajo de tesis doctoral podría aportar un grano de arena en este empeño es lo que me ayudó a encontrar las fuerzas para culminar un trabajo cuyo proceso de elaboración ha sido largo y duro. Un proceso en el que a veces me he sentido sola, a veces desorientada, a veces insatisfecha y dubitativa, a veces desanimada por las dificultades..., pero también ilusionada por la trascendencia de su contenido.

Con la esperanza de que esta trascendencia sea real con el paso de los años he escrito este texto.

Mérida, bajo los arcos del puente romano, en las orillas del Guadiana, 1 de Octubre de 2006.

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CAPÍTULO I

INTRODUCCIÓN: PLANTEAMIENTOS GENERALES.

I.1. PRESENTACIÓN.

I.1.1. El Tema de investigación.

En el presente trabajo de tesis doctoral se lleva a cabo un estudio del proceso que llevó a las primeras formaciones sociales campesinas del sur peninsular a transformarse para avanzar en la organización de su estructura social hacia un modelo de tipo jerárquico, en el que las relaciones entre los diferentes grupos que las constituyeron se establecieran verticalmente y bajo condiciones de dominación.

El ámbito cronológico en el que nos situamos es el de los milenios IV y III a.C. correspondientes, en la periodización cronocultural tradicional, al Neolítico final-Calcolítico y al Calcolítico pleno.

El estudio se ha desarrollado a partir de los vestigios arqueológicos de los pobladores del área de Andalucía: el Sureste almeriense, la serranía de Granada, la Subbética y costa granadina y de Málaga y Cádiz, la campiña del Valle del Guadalquivir y las llanuras de Huelva y el sur de Portugal (Algarbe), así como la región de Murcia.

Se profundiza en las transformaciones que las formaciones sociales en las que domina un sistema de organización interna basado en la diversificación de las funciones entre grupos y la relación horizontal de éstos, realizan para modificar sus propias condiciones de organización dando lugar a las primeras relaciones de poder entre ellos y al asentamiento de una estructura jerárquica, o de clases.

Es éste un proceso largo y complejo, que no termina en el punto en el que se corta el presente trabajo de investigación, pues la carrera hacia la consolidación y ampliación de las diferencias sociales entre grupos de personas de una misma comunidad continuará desde el Calcolítico Final, hasta nuestros días. Este estudio recoge tal variabilidad cronoespacial presentando un análisis global y una síntesis abarcante sobre el tema, al tiempo que una sistematización exhaustiva de los yacimientos por regiones y sus estudios específicos.

La sistematización a la que hacemos referencia se concreta en los yacimientos de carácter funerario de esta área. Los elementos de cultura material funerarios son los que ofrecen, en general, una información más completa acerca de los sistemas de organización social de las formaciones sociales de la Prehistoria, aunque también los análisis de ubicación de los hábitats están contribuyendo a ello en la actualidad. Los recientes avances en la reconstrucción del esquema de ocupación del territorio por parte de una o varias formaciones sociales en un período cronológico específico, se están revelando como uno de los elementos fundamentales para la construcción científica de teorías interpretativas del proceso histórico. Por

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esta razón, el estudio complementario de ambos tipos de yacimientos se presenta como la vía idónea para alcanzar el objetivo indicado arriba.

La sistematización de yacimientos ha debido abordarse desde la investigación sobre la bibliografía publicada exclusivamente, dado que la realización de prospecciones y /o excavaciones estaba fuera de nuestro alcance. Debido a la extensión geográfica y a la reducida disponibilidad de medios, optamos por este tipo de investigación que, por otro lado, ofrece la posibilidad de actualizar y presentar en forma de síntesis la producción intelectual existente hasta la fecha, acercándola a toda la comunidad científica bajo un mismo prisma.

La enorme heterogeneidad que caracteriza el registro arqueológico en este ámbito geográfico y cronológico y que caracteriza, por tanto, la bibliografía conocida ha supuesto un obstáculo para la realización de este trabajo, pero también le otorga un mayor sentido.

Por otro lado, el carácter bibliográfico de la investigación ha obligado igualmente a mantener una actitud crítica con los textos elaborados por los demás investigadores, dado que se trata de Historia Producida (en terminología de J.C. Vera, y A. Sánchez Lizcano, 1999). Todo trabajo de corte histórico está condicionado por el contexto social en el que se produce, la historia colectiva y personal de su autor, su nivel de formación académica y cultural, los procedimientos de investigación empleados en el mismo y el enfoque epistemológico subyacente. Nunca es un trabajo

“inocente” y ello aporta una complejidad enorme a un estudio de corte bibliográfico que se asume conscientemente. Las valoraciones críticas efectuadas a cada obra consultada conforme a lo expuesto arriba no cabrían en esta tesis, pero han sido tenidas en cuenta a la hora de recoger sus conclusiones para integrarlas o no en ella con coherencia.

Por último, se plantea en este trabajo el análisis (aunque sólo a modo de propuesta de investigación para el futuro) de las posibles causas de la transformación de una estructura social con diferenciación de grupos por criterios funcionales y acceso paritario al poder, en otra más compleja, con grupos diferenciados por su desigual acceso a la riqueza y el poder, en el área antes mencionada.

Tanto el análisis del proceso histórico como el acercamiento a sus posibles causas poseen una clara orientación hacia la interpretación histórica en clave sociológica. Este enfoque general lleva implícito, no obstante, el estudio de variables económicas e ideológicas, por supuesto imprescindibles para acercarnos a una comprensión más precisa de los modelos de organización colectiva de las comunidades de nuestra Prehistoria, así como a la formulación de explicaciones más completas respecto de los procesos de transformación de las mismas.

Es éste un estudio generalista en determinados aspectos de la teoría interpretativa, por lo que cabe plantear que las propuestas formuladas no son sustitutivas de las que han sido ya publicadas y que se corresponden con enfoques epistemológicos diferentes. Podría entenderse más bien como un estudio complementario, que matiza o amplía otros de corte, o bien más economicista o bien centrados en el papel de la ideología del ritual

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funerario, haciendo aportaciones a una línea de investigación a la que merece la pena prestar atención.

1. Dólmen pirenaico (Huesca)

El interés del tema:

El proceso histórico que condujo al desarrollo de las diferencias sociales entre grupos, con la consiguiente conformación de clases sociales y a las consiguientes relaciones de dominación y explotación entre los seres humanos encierra un enorme interés a varios niveles:

En primer lugar, a nivel humano, pues resulta fundamental conocer, con la mayor veracidad y profundidad posible, las raíces del modelo de relaciones interpersonales e intergrupales que, de entre todos los posibles, ha alcanzado mayor auge y se ha convertido en el dominante en el mundo actual.

Vivir en la sociedad del presente de forma responsable y constructiva precisa del conocimiento de sus orígenes. Pero si además de vivir, se pretende transformar dicha sociedad para orientar nuestro futuro colectivo hacia un modelo de relaciones menos injusto y desequilibrado, en el que el sufrimiento derivado de la dominación y explotación pueda ser superado, precisa de un debate intelectual previo. Un debate surgido del análisis crítico del pasado, en este caso, del proceso que dio lugar al asentamiento de las condiciones necesarias para el avance del sistema social en el que hoy vivimos todos.

Plantear que el sistema de organización social capitalista es fruto de la evolución de los sistemas anteriores no es un postulado de tipo evolucionista, es la constatación de un hecho histórico. Ello no tiene por qué implicar el aceptar la existencia de líneas de evolución marcadas o explicar el devenir de los procesos históricos en base a evoluciones automáticas de los propios sistemas sociales (más adelante argumentaremos en contra de estos planteamientos y otros similares).

Por esta razón, podemos encontrar explicaciones para determinados comportamientos sociales del presente en la reconstrucción histórica de los comportamientos de aquellos que vivieron hace ya más de 6000 años. Los modos de vida de estos primeros grupos de humanos que crearon los conceptos de privilegio, poder, servidumbre y dependencia (no ya de los capricho de la naturaleza, sino de los de otros humanos), etc. se revelan en

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nuestro tiempo como una fuente potente y exclusiva de información para la reflexión y la crítica.

Saber cómo se llegó a establecer un modelo de organización jerárquica entre los seres humanos, puede ayudar a avanzar en la respuesta al por qué, aunque sólo sea a través de la especulación teórica. Y si consideramos que la explotación y la apropiación desigual del trabajo de otros para la creación de riqueza es uno, si no el mayor problema al que podemos enfrentarnos hoy, hacer preguntas y aportar teorías que respondan sobre este tema de investigación es, no sólo idóneo, sino necesario.

En segundo lugar, aunque no por ello secundariamente, se trata de un tema interesante a nivel científico. Éste es un proceso crucial en la historia de la humanidad que suscita la atracción de numerosos investigadores y genera polémica en el plano intelectual. Por ello, posee un enorme potencial de discusión teórica, de generación de hipótesis y de aplicación del método científico para contrastarlas.

Bien es cierto que también se encuentra con enormes dificultades a la hora de llevar a cabo dichas contrastaciones empíricas, debido a la parcialidad del registro arqueológico. Pero el dinamismo que posee el campo de estudio de los procesos de “complejización social” está permitiendo que los intentos por demostrar diferentes teorías conduzcan al establecimiento de nuevos métodos de trabajo y que todo ello se traduzca en la creación de nuevos campos teóricos específicos para el trabajo de campo, el análisis de materiales, etc. Es ampliamente admitido que la arqueología de la muerte, arqueología espacial, etnoarqueología, etc., están experimentando fuertes impulsos al ser utilizadas para adentrarse en este campo de investigación.

Pese a todo el interés que ha suscitado este tema en los últimos años, traducido en proyectos de investigación y en publicaciones, aún no está agotado. Las hipótesis explicativas acerca del proceso de aparición de las élites son abundantes, pero todavía insuficientes. A los estudios referentes a los grupos de campesinos incipientes (“neolíticos”) y de campesinos aldeanos estables (“calcolíticos”) (las tradicionalmente denominadas

"Cultura de Las Cuevas", "Los Millares"), se han sumado en la década de los 90 y los primeros años de la del 2000 estudios sobre procesos de larga duración, como la “neolitización”, el desarrollo de los primeros estados en la Península Ibérica, etc. avanzándose, con ello, en el ámbito del conocimiento de los procesos de cambio en la Prehistoria.

Pero todavía hay grandes lagunas en la explicación del modo y las causas por las que las comunidades de cazadores recolectores y agricultores incipientes optaron por modificar su relación con el medio y entre sí para configurar un nuevo modelo de sociedad. Los análisis efectuados suelen ser regionales, quedando territorios sin abarcar aún, se detecta cierta desigualdad en los grados de profundización de los mismos y cierta disparidad en los enfoques, lo que dificulta la extracción de conclusiones globales. Faltan estudios comparativos entre yacimientos, entre espacios culturales, análisis macro espaciales de ocupación del territorio que

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incorporen explicaciones diacrónicas del mismo, y sobre todo, hay pocas teorías explicativas que además de mostrar la evolución de las sociedades del “Neolítico-Calcolítico”, se planteen cómo surgen las élites.

Los procesos dinámicos de transformación social no han gozado, hasta nuestros días, de la atención debida en relación a su importancia para la profundización en el conocimiento y por tanto, la comprensión de nuestra historia y de nosotros mismos.

2. Dibujo de un dólmen de Gorafe (M. Góngora)

I.1.2. Objetivos.

Así pues, son muchos los interrogantes que aún se pueden plantear y a los que pretendemos acercarnos en esta tesis doctoral:

¿Se podría hablar de situaciones de superioridad y por lo tanto, de control de unos grupos sobre otros en las formaciones sociales neolíticas del sur peninsular?

¿Se desarrollaron en primer lugar, las relaciones de poder entre miembros de una misma comunidad y en segundo lugar, las relaciones de competencia entre diferentes comunidades de una misma área, o bien fueron dos procesos simultáneos?

¿En qué nivel se habrían generado dichas relaciones desiguales: en el ideológico - religioso (control de los modos de actuación colectivos), en el económico (organización de la cadena productiva), o bien en el control o posesión exclusiva de la capacidad de decidir sobre el colectivo?

¿De qué modo se podría constatar esto en el ámbito de la cultura material, concretamente en el de los elementos funerarios?

El intento de responder a todo ello nos ha llevado a escoger una orientación de trabajo que concretamos a continuación, a través de los objetivos establecidos:

Objetivos Generales:

 Proponer una teoría explicativa del proceso de surgimiento de los primeros grupos sociales con acceso diferencial al poder, desigualdades sociales internas y relaciones de dominación (interna y

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externa), mostrando su relación con la explotación económica y con la configuración de una construcción ideológica destinada a justificar el nuevo orden social: el culto funerario colectivo a los antepasados.

 Centrar las aportaciones de dicha teoría explicativa en los aspectos sociológicos e ideológicos. La estructura socioeconómica de una formación social suele contemplarse desde el Materialismo Histórico como una entidad única, diferenciada en todo caso, de la estructura ideológica. Conforme a este enfoque epistemológico, todas las estructuras están interrelacionadas, consistiendo en una abstracción conceptual de una realidad en la que no son evidentes las diferencias entre unas y otras. En los estudios actuales que recogen este enfoque suelen enfatizarse los aspectos económicos en las interpretaciones del proceso histórico: las relaciones de producción, las relaciones de propiedad sobre el territorio, y demás mecanismos económicos que rigen las relaciones humanas son los pilares sobre los que se apoyan las explicaciones del proceso de jerarquización social. Pero los mecanismos específicamente sociales (interdependencia personal y familiar, asociación y solidaridad, atribución de funciones y desempeño de papeles, adscripción a un grupo, etc.), también tienen su peso. Pretendemos demostrarlo a través del análisis del registro funerario megalítico. Veremos qué tipo de organización de las relaciones sociales y de la estructura política se deducen del mismo y si se corresponde con el que caracteriza una formación social jerárquica y con acceso diferencial al poder.

 Corroborar con todo el registro de yacimientos funerarios de Andalucía, la teoría que establece que el ritual del colectivismo y la monumentalización funeraria del megalitismo es una expresión material de una ideología política encaminada a mantener el orden social emanado de la desigualdad en las relaciones sociales mediante su negación sistemática. Esta construcción ideológica, ya en el Calcolítico, sería controlada por la élite, a quien beneficiaría, además de cumplir otras funciones de carácter religioso. (J. A. Cámara Serrano, 2001).

 Analizar el proceso desde sus orígenes, en el seno de las comunidades neolíticas de Andalucía. Dicho proceso comenzaría antes de que se construyan sus manifestaciones materiales más evidentes (grandes tumbas megalíticas y poblados fortificados). Dado que las cronologías conocidas hoy día para los primeros megalitos rondan el final del VI Milenio a. C., se puede pensar, a modo de especulación, que los mecanismos que dan paso a la diferenciación social y las jerarquías se pudieron haber generado anteriormente, durante el mismo proceso de “neolitización”.

Objetivos específicos:

 En primer lugar, llevar a cabo una sistematización de los yacimientos funerarios de Andalucía correspondientes a los tradicionalmente

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denominados períodos Neolítico Final/Calcolítico: catálogo de megalitos y cuevas funerarias con enterramientos colectivos.

 En segundo lugar, hacer un estudio comparativo de los yacimientos de tipo funerario de la zona, tanto a nivel temporal (los de similares cronologías entre sí), como espacial (los de cada ámbito geocultural).

Contemplar en dicho estudio las características de las estructuras funerarias (morfología-tipología, restos de ajuares y enterramientos donde los haya y evidencias cultuales), analizando a través de ellas los datos que ofrezcan información sobre la evolución de las formas de expresión del poder y, al tiempo, los elementos que permiten establecer las relaciones de asociación entre tumbas para constituir conjuntos que respondieran, lo más certeramente posible, a las agrupaciones originales. Presentaremos así una propuesta de Agrupaciones Funerarias para el Sur peninsular.

 En tercer lugar, llevar a cabo un estudio de las necrópolis o agrupaciones funerarias para establecer los posibles patrones de ubicación espacial que presenten a nivel regional o comarcal y proponer las líneas de evolución temporal de las mismas. A continuación, plantear las relaciones de cada conjunto o necrópolis con los asentamientos cercanos y su vinculación y dependencia jerárquica con ellos. Aplicar el modelo teórico de Centro-Periferia para su contrastación y realizar una propuesta concreta de territorios Sacro-políticos.

 Acompañar este trabajo con el estudio del marco teórico en el que se han desarrollado los modelos explicativos del proceso de complejización social y en concreto del de aparición de las élites en el área meridional de la Península. Prestar atención, al hacerlo, a las deficiencias en la investigación, mediante un análisis crítico de los estudios realizados hasta la fecha y de las propuestas explicativas vigentes.

3. Vista interior del tholos 40 de los Millares

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I.1.3. Esquema del trabajo.

La Organización de los contenidos del mismo queda definida a través de cinco grandes Bloques Temáticos que se corresponden con diversos capitulos:

Introducción: Bloque coincidente con el Capítulo I, que incluye una presentación de los planteamientos generales, del tema de investigación, los objetivos y la estructura del estudio y un apartado dedicado a la valoración crítica del estado en que se encuentra la investigación sobre este tema en la Península Ibérica.

Concepto y Método: Bloque coincidente con el Capítulo II, que incluye una definición del enfoque epistemológico escogido y la metodología empleada: una definición a nivel genérico de las Arqueología de la Muerte, del Paisaje y de la Etnoarqueología, que sustentan el acercamiento a la realidad arqueológica más directa en este caso concreto de estudio.

Planteamientos Teóricos Generales: Reflexiones acerca de los conceptos de Sociedad Compleja y Megalitismo: Bloque que destina el capítulo III a la reflexión en torno a los problemas epistemológicos y terminológicos característicos del estudio de la “Complejidad Social” en la Prehistoria y la síntesis de las diferentes teorías acerca de su origen publicadas hasta la fecha. Se añade a todo ello, en el capítulo V, la presentación de los conocimientos actuales acerca del papel que jugaron las prácticas funerarias en el contexto de la religión y más ampliamente, de la mentalidad de las primeras sociedades aldeanas, centrándose en concreto, en las prácticas englobadas bajo el epígrafe de “megalíticas” en la Europa de los milenios IV y III a. C.

Análisis de datos: Bloque en el que se recogen las interpretaciones regionales específicas del sur peninsular y las hipótesis sujetas a contrastación en esta tesis doctoral, en el capítulo VI. En el siguiente, el capítulo VII, se presenta la propuesta de Agrupaciones Funerarias y la de los Territorios Sacro-políticos, así como el análisis de los mismos conforme a los criterios establecidos. Se completa este bloque con las conclusiones preliminares del estudio y la discusión sobre las hipótesis de partida.

Conclusiones: Bloque que se concreta en el capítulo VIII y recoge, no sólo las conclusiones generales acerca del análisis de los datos, incluyendo las propuestas de interpretación histórica que se puedan desprender del mismo, sino también las derivadas de las valoraciones críticas acerca del estado de la investigación sobre el tema y las relativas al propio trabajo de investigación.

Apéndices: La tabla de síntesis de información (Apéndice 1) y la del catálogo de yacimientos (Apéndice 2), en el que quedan recogidos los datos disponibles a nivel bibliográfico, organizados por agrupaciones funerarias, se encuentran al final del trabajo.

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I.2. APUNTES SOBRE LA INVESTIGACIÓN DE LAS

SOCIEDADES CAMPESINAS JERÁRQUICAS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA:

I.2.1. Introducción. Avance de los estudios en las últimas décadas.

En los últimos 25 años se ha producido el principal desarrollo de los trabajos de campo y los análisis interpretativos de corte arqueológico en general en la Península Ibérica, y en particular en el ámbito de estudios que nos ocupa.

Desde que la arqueología científica arrancara a comienzos de la década de los 80, se observa un incremento constante, primero en las excavaciones de yacimientos, después en las prospecciones sistemáticas de grandes áreas y en la publicación de los resultados de las mismas, con avances en cuanto a la precisión de las dataciones, las reconstrucciones paleoambientales, modelos de doblamiento, etc.

Así mismo, es destacable el auge, a partir de la década de los 90, de los Proyectos de investigación interdisciplinares con orientación hacia la interpretación del proceso histórico global en determinados espacios regionales. En el plano teórico, las grandes corrientes de pensamiento que han marcado la orientación de estos estudios han sido en primer lugar, el neopositivismo de la Nueva Arqueología (el procesualismo o el ecologismo ambiental de tradición anglosajona son enfoques característicos de nuestra prehistoria desde los 80 a la actualidad), el funcionalismo y estructuralismo, la corriente de la Arqueología contextual y simbólica (la influencia de la escuela de I. Hodder es también evidente en los últimos trabajos de diferentes autores) y finalmente, el Materialismo Histórico en sus múltiples variantes: Materialismo Dialéctico (A. Gilman), Cultural (A. Ramos Millán), Neomarxismo, Marxismo Estructuralista (F. Nocete, O. Arteaga, F. Criado), la Arqueología Social y las corrientes radicales (J. M. Vicent, Mª P. Román), etc.

Las mencionadas arriba pueden considerarse como las grandes líneas de evolución de la investigación en la arqueología de la prehistoria reciente, pero pese a que han marcado tendencias fundamentales, en el desarrollo de todas ellas encontramos lagunas que podrían resumirse en los siguientes puntos:

- los problemas metodológicos que todavía lastran la excavación y conservación de yacimientos y dificultan la obtención de estratigrafías y cronologías absolutas de referencia en todos los casos

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- la necesidad de trabajar aún con datos procedentes de excavaciones antiguas

- la aplicación de los nuevos enfoques teóricos que se van desarrollando, unas veces con poca coherencia, y otras con escasa efectividad (A.

Hernando, 1987-88)

- la utilización aún de conceptos tipologístas muy restrictivos (Mª Paz Román, 1996)

- la regionalización de los estudios y la consiguiente fragmentación de sus conclusiones y sobre todo la enorme heterogeneidad de los trabajos de investigación, con problemas de uniformidad teórico-metodológica entre los diferentes proyectos, así como la constatación de que en muchos de ellos, no se contempla, ni siquiera se pretende concluir con interpretaciones del proceso de cambio histórico.

J. M. Vicent (citado por Mª P. Román, 1997), coincide con esta valoración advirtiendo acerca de las notables lagunas que aún hoy existen en el conocimiento sobre el Neolítico peninsular, debido a los “agujeros negros” del registro arqueológico y de la investigación: vacíos de información en importantes áreas geográficas, parcialidad en los estudios, interpretaciones crono-culturales basadas en secuencias regionales muy restrictivas, etc. Todo ello, redunda en las dificultades para definir los pasos de un período a otro y en el cuestionamiento de la entidad del Neolítico Medio en los últimos tiempos, hasta el punto de que muchos autores ya ni siquiera lo contemplan como fase cultural (A. Mª. Muñóz Amilibia, 2004, Pérez Bareas et al. 1999).

La conjunción entre los avances y las lagunas de la investigación sobre las primeras sociedades campesinas de la Península Ibérica conforman un panorama de conocimientos amplio pero aún por completar y mejorar, del que hacemos una síntesis a continuación.

I.2.2. Síntesis de conocimientos actuales sobre las primeras sociedades campesinas en la Península Ibérica.

Situación General:

En primer lugar, nos centraremos en los aspectos terminológicos y cronológicos. El establecimiento de categorías de clasificación es fundamental para la organización sistemática del conocimiento científico y en los últimos años, la preocupación por renovar dichas categorías ha presidido diversas obras de referencia. Ya desde los años 90, son frecuentes las continuas llamadas a la reflexión conceptual sobre la utilización acrítica de las periodizaciones clásicas en Prehistoria.

Diversos autores, como J. Alcina (1989), A. Hernando (1992, 1993, 1994), Mª Paz Román (1996), J.M. Vicent (1990, 1991 a y b), J. A. Cámara,

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(2001), etc., han mostrado en obras recientes el anacronismo que supone emplear una secuencia de clasificación tripartita, tomada de una excavación concreta situada fuera de la Península Ibérica (Arene Cándide, Italia) para definir nuestro Neolítico y ajustar a ella las evidencias materiales del registro arqueológico artificialmente.

El mero uso de los términos Neolítico o Calcolítico (de origen más antiguo aún) da lugar a inconsistencias conceptuales importantes, pues obliga a adscribir grupos humanos, ya hoy día estudiados siguiendo enfoques que tienen en cuenta modos de vida (actividades económicas, tecnología, relaciones sociales, formas de organización política, sistemas de intercambio, mentalidades y creencias) a dos categorías con una significación tecnofuncional muy restrictiva.

¿Qué se puede hoy día considerar como Neolítico? ¿Y la diferencia con respecto al Calcolítico? Esta sigue siendo una de las cuestiones que crea confusión en los debates científicos actualmente y sobre la que los autores mencionados, y otros muchos no nombrados, suelen llamar la atención en dichas reuniones. La propuestas alternativas de caracterización de estas comunidades de campesinos estables se suceden, pero aún no existe un consenso suficientemente amplio para que podamos hablar de una revolución conceptual a este nivel en la Prehistoria Reciente peninsular, ni europea. Así pues, en muchos trabajos se sigue utilizando el Neolítico y el Calcolítico, con sus respectivas divisiones internas, como clasificación de referencia.

Junto a lo dicho, A. Hernando (1999) plantea una interesante reflexión sobre la asociación del Neolítico con el concepto de cambio trascendental en los modos de vida, con el inicio de la domesticación de la naturaleza y la contraposición (inconsciente, pero subyacente aún al discurso) entre “civilización” frente a “salvajismo”, que parece estar todavía presente en nuestros estudios sobre esta etapa histórica.

Y en lo que respecta a las cronologías, el principal avance de las últimas décadas ha sido el incremento del número de dataciones absolutas por C 14 calibradas y las modificaciones a las que éstas han dado lugar en las secuencias tradicionales: la cronología general de los inicios de la neolitización y de los primeros monumentos megalíticos están siendo retrotraídas en casi un milenio de antigüedad, y por ende, las de toda la prehistoria peninsular se están viendo afectadas. (A. Gilman, 1992, I.

Rubio, 1995, P.V. Castro et al, 1996, etc.).

La sistematización de cronologías para establecer secuencias de desarrollo histórico es una tarea igualmente compleja y que no ha alcanzado aún un desarrollo uniforme para toda la Península.

Desde que en los años 80 se procediera a establecer las secuencias cronológicas de las prinicipales regiones conocidas (en el caso del Neolítico, por ejemplo: Cataluña y Aragón, Andalucía, Valencia, Portugal, País Vasco), se ha podido avanzar en la depuración y corrección de las misma a nivel

“local”, pero la perspectiva global que ofrecería una sistematización única de todo el período en la Península Ibérica en conjunto está aún por lograrse (I. Rubio, 1995).

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Características de cada período:

En este apartado y en el que sigue mantendremos la terminología convencional que los autores consultados emplean para facilitar la comprensión de la síntesis y la identificación de los períodos citados en ella.

Según Ana Mª Muñóz Amilibia (2004), el Neolítico Inicial o Antiguo se daría en la Península Ibérica en cronologías del VI-V milenios a. C.

(disponiendo ya para hacer tal afirmación de numerosas dataciones C14 calibradas). No obstante, otros autores, como Pérez Barreas et al. (1999), mantienen su datación final a mediados del IV.

Los asentamientos más relevantes del VI milenio en el Levante serían: Les Cendres, Cueva de L’Or y Cova Fosca, y en la Costa del Sol, Nerja y La Dehesilla.

4. Ejemplo de cerámica cardial simbólica

Pese a la disparidad y el localismo de los estudios sobre comunidades de primeros agricultores, parecen detectarse en el registro arqueológico dos grandes grupos con diferencias ergológicas: los que usaron cerámicas con decoración cardial y los que la usaron con engobe a la almagra e incisiones.

La agricultura como tecnología de producción se generalizaría durante el VI milenio, pudiendo constatarse, ya a fines del V, una economía de producción agrícola plenamente asumida. Igualmente, destaca la dualidad característica de los tipos de asentamiento en este período: asentamientos al aire libre y en cueva, aunque los patrones poblacionales estarían conformados por ambos tipos en interrelación, pues formarían parte de un mismo modelo de explotación del territorio. De hecho, tal y como destaca Mª P. Román (1996), la dicotomía en los modelos poblacionales que se defiende en la actualidad es la establecida entre el patrón diversificado (múltiples asentamientos estacionales) y el concentrado, por lo que la distinción no estribaría en la tipología del asentamiento, sino en la duración de su uso (P. Aguayo et al., 1989-90, B. Gavilán, 1991, J.M. Vicent, 1990).

Un patrón de población de un territorio puede ser complejo y basarse en la integración de lugares funcionalmente dispares incluso cuando la base económica que lo sustenta es sencilla, de amplio espectro y no implica sedentarismo total (Mª P. Román 1996).

B. Gavilán (1997) destaca a este respecto que los primeros agricultores no debieron ser totalmente sedentarios hasta adentrado el neolítico medio, sin que ello implique asumir que su desarrollo económico y social fuera “retardatario” sino que se basaba en una explotación de

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distintos medios y ecosistemas. Esta autora insiste también en la existencia de contactos, tanto de intercambio de productos como de ideas, entre áreas alejadas, como evidencian los brazaletes de mármol, las cuentas de variscita, las conchas o el cinabrio usado como colorante en yacimientos del interior.

Por otro lado, gracias a las prospecciones sistemáticas, podemos descartar ya la existencia de áreas despobladas en el Neolítico y además se están incrementando notablemente los asentamientos al aire libre, como constata en el último congreso de Neolítico de la Península, J. Zilhâo (2005).

Finalmente, son características de esta fase histórica las manifestaciones simbólicas de las pinturas macroesquemáticas y esquemáticas, aunque aún no hayamos explicado su función y significado específico en el contexto del modo de vida neolítico.

Al tiempo, se construían los primeros megalitos en la costa atlántica y cantábrica. En determinadas zonas de la Atlántica se han publicado dataciones de tumbas megalíticas de fines del VI milenio, lo que pone sobre la mesa la cuestión de la vinculación de este tipo de construcciones (y los conceptos a ellas asociados) con comunidades Mesoliticas (concheros) de cazadores recolectores especializados.

Los sistemas de enterramiento característicos de las fases iniciales de este período, en general, habrían sido las inhumaciones individuales (o dobles) en entornos domésticos, bajo cabañas o en cuevas. Pueden aparecer restos de ajuares cerámicos, conchas o cuentas de collar de piedra y evidencias de ritos presepelio, como la impregnación con colorante ocre de los huesos e incluso algún caso de antropofagia ritual. Sin embargo, las investigaciones más actuales muestran una mayor complejidad aún de las tipologías de ritos de enterramiento neolíticos, como evidencia I. Rubio en un artículo reciente (2001-2002): hay restos constatados de auténticas necrópolis de enterramientos individuales en fosa, de mediados del V milenio a inicios del IV a.C. (Los Cascajos, Navarra), así como otras fosas con cadáveres aislados bajo estructuras tumulares de carácter colectivo ya del IV milenio y tipología megalítica (en la meseta, por ejemplo).

El Neolítico peninsular ha pasado por diversas etapas de estudio desde que comenzara a individualizarse como período con identidad propia en el s. XIX. Las grandes etapas de la investigación que distinguen autores como D. Martín, Mª D. Camalich y P. González (2004) muestran la evolución desde el interés por la caracterización de los útiles y las estructuras, así como la evolución tecnológica de la fase anterior a la Guerra Civil, con Siret a la cabeza de un importante elenco de investigadores extranjeros, a la localización de yacimientos y la determinación de su antigüedad en la fase del franquismo. A continuación, se produciría la fase de renovación conceptual, que ellos ubican a finales de los años 60, con la irrupción del enfoque antropológico de la Nueva Arqueología. Ya en los 80 y 90 asistiríamos a la influencia del procesualismo y el materialismo histórico, con la consiguiente apertura a nuevos marcos teóricos y metodológicos que darían cabida a la arqueología espacial o a los procedimientos analíticos del tipo de los traceológicos, los paleobotánicos, etc. El interés por la

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reconstrucción de los procesos de desarrollo socioeconómico empieza a marcar el horizonte de la investigación y ello llevaría a centrar el debate, ya desde finales de los 90 y hasta la actualidad en la cuestión de la

“neolitización”.

Dicho debate se establece aún hoy día ente dos grandes propuestas de modelo explicativo: la difusionista y la autoctonista. Ambas han sido largamente analizadas, dando ello lugar a la aparición de propuestas alternativas que matizan sus presupuestos.

Así, de entre los partidarios de considerar que la tecnología de producción alimentaria llegó a través de influencias exógenas a la Península Ibérica, los hay que plantean una influencia a través de colonización física (llegada de gentes procedentes del Mediterráneo con un conjunto completo de técnicas agrícolas y ganaderas y los agriotipos de especies), como Bernabeu y Badal o Gavilán Ceballos, por ejemplo. El “modelo dual” que éstos defienden define, tanto el proceso de “aculturación” en tierras de la Península, como la supuesta llegada de las novedades neolíticas siguiendo los patrones del principio de la difusión démica y la creación de “fronteras agrícolas” (A. Hernando, 1999). Pero también hay autores que defienden una influencia de tipo ideológico, llegada a través de los intercambios y las relaciones a larga distancia, un difusionismo “no colonial”, dependiente de las teorías basadas en la aplicación del “modelo percolativo o capilar” (J. M.

Vicent, 1988), como Arribas, Molina, Fernández Miranda, Jiménez Muñóz, etc. E incluso otros autores, como Fortea o Guilaine, Aparicio, etc. apuestan por un difusionismo mixto, que adoptaría una estructura de colonización o no según la región de la Península Ibérica analizada.

Por otro lado, son también numerosos los partidarios de la explicación del proceso en términos de desarrollo interno y autóctono de sistemas de organización social con almacenamiento a partir de modelos económicos de recolección intensiva (como los mesolíticos), que habrían dado lugar a otros de tipo aldeano de forma progresiva. Olaria, Pellicer y Acosta, Asquerino, Muñóz, Hernando y Vicent, e incluso los representantes del Materialismo Histórico en la investigación sobre el Neolítico Peninsular, como Ramos Millán, Cámara, Gilman, Lizcano y Nocete, son más proclives a entender el proceso de neolitización como una transformación interna de las comunidades mesoliticas que se centraría, en principio, en el desarrollo de estrategias de control del territorio, aprovisionamiento planificado y gestión estructurada por funciones, a la que se añadiría la técnica de domesticación de animales en primer término y después la de producción de cereales, con sus útiles asociados, esta última, ya por efecto de la influencia y por transmisión de conocimientos, vía contactos con otras comunidades mediterráneas. Así, el proceso de transformación de las sociedades recolectoras y cazadoras en aldeanas se podría haber producido sin necesidad de entender que la tecnología de producción llegó antes o constituyó el arranque de dicho proceso.

I. Rubio (1989) y Mª Paz Román, (1996) plantean la evidencia de continuidad entre epipaleolítico y neolítico inicial, en el plano económico y a tenor de las similitudes entre los útiles (en cuanto a técnica de fabricación y tecnología) y entre los patrones de asentamiento de ambos períodos. Se han documentado restos cerámicos en contextos epipaleolíticos (A.

Hernando, 1999), y viceversa, restos de animales domésticos en contextos

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acerámicos, más similares a los del Epipaleolítico que a los neolíticos clásicos. Igualmente, es bastante probable la protodomesticación de las leguminosas localmente, así como del buey y el cerdo (A. Hernando, 1999).

Así pues, sólo restaría por demostrar la existencia de agriotipos de animales domésticos en la Península Ibérica para confirmar las teorías autoctonistas de la neolitización, y por tanto, el carácter continuo del proceso de desarrollo del modo de vida neolítico. I. Rubio defiende expresamente este carácter gradual, rechazando el planteamiento del difusionismo total, aunque plantea que aún es excesivo defender el modelo del autoctonismo como alternativa. Y pese a la fuerza que cobra esta tendencia, todavía se encuentran publicaciones en las que se defiende la discontinuidad entre las poblaciones mesolíticas y neolíticas en determinadas zonas, como Cantabria (A. Díez Castillo, 2005) o País Vasco.

Las características del Neolítico Reciente, datado ahora según A. M.

Muñóz Amilibia (2004) desde fines del V milenio a fines del IV a.C. (aunque otros autores mantengan cronologías más modernas: 3500-2700 según Pérez Bareas et al. 1999) serían las siguientes:

-Se detectan, a través del registro arqueológico, nuevas estrategias de poblamiento (agregación poblacional y sedentarización), consistentes en la generalización de asentamientos estables con carácter de Lugar Central en territorios que serían explotados con ritmos estacionales desde otros asentamientos semi-permanentes, dependientes de los primeros. Para J.

Zilhâo (2005), los estudios regionales muestran la existencia de redes de organización jerarquizada incipiente en territorios como Andalucía, Alicante, Sur de Portugal, etc.

-Se afianzan las estrategias de explotación secundaria de los recursos, con almacenamiento y obtención de productos secundarios o derivados, al tiempo que se desarrollan nuevas tecnologías como la minería (minas de Can Tintoré, por ejemplo) y la metalurgia (ya desde la segunda mitad del IV milenio). Se manifestaría igualmente el inicio de la definición de identidades colectivas por oposición entre comunidades, observándose una diferenciación jerárquica también entre clanes.

-Igualmente, se generalizan prácticas funerarias que responden a una mentalidad religiosa nueva: los espacios de los vivos y los muertos se separan y alcanza un gran auge el culto a los antepasados, expresado a través de los hipogeos/panteones megalíticos y del rito colectivo de enterramiento. Los megalitos se complementan con cuevas sepulcrales y los sepulcros de fosa en Cataluña (éstos con enterramientos individuales). La ideología del colectivismo funerario comienza a expresarse también como ideología justificadora del orden social (Pérez Bareas et al., 1999).

-Las manifestaciones simbólicas alcanzan también una gran dimensión al expresarse mediante pintura y grabado rupestre esquemático en espacios sacros y funerarios. Para J. M. Vicent (ver Mª P. Román 1996), es destacable la evidente continuidad entre el Neolítico Final y el Calcolítico, hasta el punto de que es difícil establecer una separación entre ambas

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fases: no habría transito de una a otra, sino transformación paulatina de las estructuras en el marco de un proceso de sedentarización y complejización social de larga duración.

Hoy día, el énfasis de la investigación está puesto en el análisis de la dinámica interna de cambio de las sociedades neolíticas. De hecho, las últimas investigaciones apuntan a que el cambio más relevante se producirían entre el neolítico antiguo y el reciente, a inicios del IV milenio.

Este punto parece confirmarse incluso al nivel de los patrones evolutivos de las manifestaciones simbólicas, no sólo de las de tipo económico. J.

Martínez (2004) identifica dos etapas en dicho patrón de evolución de las pinturas y grabados, coincidentes con estas fases en su cronología.

Pero, en opinión de Mª P. Román (1996), la cual compartimos, este tipo de análisis requiere la mejora, en determinados aspectos, de la investigación actual. Así sería necesario:

- reflexionar con seriedad acerca de la diferencia que existe entre las discontinuidades arqueológicas documentables en los yacimientos y las históricas. Ambas tienden a confundirse, extrapolándose las secuencias arqueológicas locales a las interpretaciones globales.

- interpretar adecuadamente el funcionamiento de las relaciones sociales de producción, algo necesario para explicar estrategias económicas y de organización social.

- incrementar nuestro conocimiento sobre el grado de sedentarización de las comunidades del neolítico final, pues ésta juega un importante papel en el proceso de complejización de las estructuras sociales, aunque habría que precisar aún más cómo influye sobre los mecanismos de presión política-territorial de unas comunidades sobre otras.

- comprobar hasta dónde llegaban en realidad las posibilidades de almacenamiento de estas comunidades, pues también es un factor crucial en el proceso de aparición del estatus y la propiedad.

- afinar los diferentes grados de control del territorio (económico e ideológico) en el espacio y en el tiempo, incidiendo aún más en los estudios espaciales.

- analizar si existen evidencias o no de competencia por la tierra en el Neolítico Final.

- definir la relación entre el enterramiento colectivo y el modelo del parentesco y de organización social clánica.

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5. Detalle de calco de pinturas levantinas del Cingle de la Mola Remigia, Barranco de la Gasulla (Obermaier)

En cuanto al Calcolítico, la caracterización de esta fase ha recibido nuevas aportaciones, fundamentalmente a partir de mediados de los 90 a nivel de estudios peninsulares en general. Las teorías que explicaban el calcolítico del Sureste en los 70 y 80 (R. Chapman, A. Gilman, etc.) también se han visto corregidas, completadas o integradas en nuevos marcos teóricos a partir de esa fecha y gracias a los avances en el conocimiento e interpretación del registro arqueológico que han proporcionado los Proyectos de Investigación que más adelante comentaremos.

A modo se síntesis, podemos decir que el final del IV y III milenio a.

C. supuso el mantenimiento de las líneas de desarrollo iniciadas en el Neolítico Final, con un especial avance de aquellas que marcaban el incremento progresivo de la complejidad, en clave de jerarquización, de las estructuras de organización social y política en cada territorio y del afianzamiento del modo de vida aldeano (campesinos sedentarios) y de las tecnologías metalúrgicas. (A. Mª. Muñóz, 2004).

J. Clemente Martín de la Cruz, acuñaba en 1990 (publicado en 1995) el término “calcolitización”, para equiparar este proceso al de Neolitización. Se trata de un concepto poco utilizado posteriormente, pero que contribuyó en su momento a generalizar la idea de proceso derivado del primero y que daría lugar en el Bronce a otro período de cambio histórico, a su vez. Este autor también destacaba entonces el valor, como elemento de identificación más que de promoción, del factor del desarrollo metalúrgico en el cambio cultural del Calcolítico, cuestión que hoy día ya no se discute, así como el carácter autóctono del proceso de calcolitización en la Península Ibérica (aunque tuviera en consideración los otros dos posibles marcos teóricos de explicación del cambio histórico: el aloctonismo y la aculturación).

Nuevamente, hay que constatar que esta discusión ha quedado zanjada en el marco de los estudios sobre el Calcolítico peninsular y ningún autor considera actualmente las influencias exteriores más que como consecuencias del tráfico de productos a larga distancia y de los contactos culturales establecidos a través de ellas, como factor de homogeinización entre comunidades y como evidencia de la existencia de intercambios de tipo paritario (entre miembros de una misma clase social) de productos de

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