C ENTRO C ULTURAL DE LA C OOPERACIÓN F LOREAL G ORINI
I E NCUENTRO HACIA UNA PEDAGOGÍA EMANCIPATORIA EN N UESTRA A MÉRICA
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IRECTORES DE LA PUBLICACIÓN:
PABLO IMENPABLO FRISCH
NATALIA STOPPANI
Publicación Anual - Nº 1
ISSN: 2347-016X
Título de la publicación: I Encuentro hacia una Pedagogía Emancipatoria en Nuestra América
Directores de la publicación: Pablo Imen, Pablo Frisch, Natalia Stoppani
Título del artículo: “Por los caminos de la emancipación: repensando las formas de hacer y decir”
Autor/es del artículo: Débora Ermosi
Director del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini: Prof. Juan Carlos Junio Subdirector: Ing. Horacio López
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Secretario de Ediciones y Biblioteca: Jorge C. Testero Secretario de Investigaciones: Pablo Imen
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De los autores
POR LOS CAMINOS DE LA EMANCIPACIÓN: REPENSANDO LAS FORMAS DE HACER Y DECIR
Débora Ermosi. Profesora Universitaria en Historia / Profesora Universitaria en Filosofía - U.N.G.S. (Universidad Nacional de General Sarmiento).
Resumen
El ensayo que Ranciere escribió en su libro El Maestro Ignorante, sobre la experiencia educativa de Joseph Jacotot a principios del siglo XIX cuestiona fuertemente la tarea de quienes han sido formados en la tradición pedagógica cuyo trabajo consiste en la transmisión de saberes. Jacotot rompe con el modelo del “maestro explicador” aquel que lejos de liberar, embrutece porque su acción supone la desigualdad, refuerza la diferencia entre el que sabe y el que no. Y en su lugar, propone la emergencia de un “maestro emancipador” que, no enseña su propio saber, sino que muestra al otro que es capaz de aprender lo que quiera, sólo basta proponérselo.
Ahora bien, ¿cómo nos posicionamos frente a estas ideas?, ¿cómo seguimos con nuestra tarea después de semejante denuncia? Son tres las premisas propuestas por Ranciere sobre las que nos proponemos reflexionar en este trabajo y ellas son
“cualquiera puede enseñar”, “la explicación embrutece”, “lo que se transmite es una voluntad”. El maestro ignorante provoca. Plantea interrogantes sobre el funcionamiento de la escuela actual y sobre los roles de los sujetos que participan en ella que merecen ser puestos en discusión, para que todos los sujetos que participan de esta práctica, tengan la posibilidad de proponer y promover, nuevas formas de hacer y de decir.
Emanciparse: toda una cuestión de actitud
El ensayo que Rancière escribió sobre la experiencia educativa de Joseph Jacotot
a principios del siglo XIX cuestiona fuertemente la tarea de quienes han sido
formados en la tradición pedagógica cuyo trabajo consiste en la transmisión de saberes.
Son tres las premisas propuestas por Rancière sobre las que me interesa reflexionar y ellas son “cualquiera puede enseñar”, “la explicación embrutece”, “lo que se transmite es una voluntad”.
Comencemos por la primera. “Cualquiera puede enseñar.” Para Rancière cualquiera puede ser maestro porque si de lo que se trata no es de transmitir el propio saber, entonces no es necesario tenerlo. Se podría concluir entonces, que no tendría sentido estudiar una carrera para conseguir un título que habilite a un sujeto a “enseñar” a otro, a formar a otros sujetos. No es necesario poseer un conocimiento para poder enseñar, dice Rancière, por eso cualquiera puede ser maestro. Pero esto ¿es realmente así?, ¿cualquiera puede enseñar?
Uno podría decir que en el caso de los oficios, una persona puede aprender de otra a través de la observación y de la imitación. Este hecho se sustenta en la idea de que cualquier persona ya “sabe algo”, y precisamente este “saber”, obtenido en la vida diaria, es lo que les permite imitar, crear o reproducir prácticas o conductas varias. Pero en la escuela, la corroboración de lo que uno aprende está a cargo de un maestro que pone en juego todos sus “conocimientos” no sólo para que sus alumnos aprendan sino también para garantizarlo. El maestro es el que enseña.
Por lo tanto, siguiendo el planteo de Rancière en la escuela, los docentes lejos de liberar, embrutecen a sus alumnos debido a que la adquisición y la transmisión de saberes no permiten alcanzar la emancipación. Ahora bien, ¿cómo se puede hacer efectiva esta idea de que para enseñar no es necesario poseer algún conocimiento si precisamente el sistema prepara a los docentes para eso, es decir, los prepara para transmitir un saber y un legado cultural establecido?
Rancière aclara que no está pensando en una escuela sin docentes sino en otro
tipo de docente, en un “maestro emancipador”. Entonces, ¿qué significa ser un
maestro emancipador?, ¿cómo llega a constituirse?, ¿qué lo hace diferente del
maestro explicador? Lo que lo diferencia, según Rancière, es que el maestro
emancipador debe partir de la idea de que cualquiera “ya” sabe algo, debe
enseñar a cada uno de sus alumnos a utilizar su propia inteligencia; debe
mostrarles que ellos son capaces de aprender lo que quieran y además debe tener en claro que en ese camino él también va aprendiendo.
Maestro ignorante es aquel que no ve lo que sus alumnos si pueden ver, pero
¿cómo puede el maestro enseñar a que sus alumnos vean algo que él no ve, algo nuevo que no percibe? Lo que cabría preguntarse es ¿qué estrategias debe poner en práctica el docente para lograr la emancipación de sus alumnos? Algunos podrán interpretar que se está reclamando a Rancière una “receta” que nos permita convertirnos en “maestros emancipadores”. Nada más lejos de eso.
Simplemente es un llamado de atención. En su planteo Rancière no niega la función del maestro pero instala la idea de un maestro desligado de los saberes. Y va todavía más lejos al afirmar que cualquier saber impide la emancipación, es un obstáculo a la educación. En este sentido, podría interpretarse que con un Maestro Ignorante no hay transmisión, pero tampoco construcción conjunta del conocimiento.
La educación entendida como un proceso de producción, circulación y apropiación de saberes no promueve la emancipación, según Rancière ya que la transmisión de saberes no es compatible con la emancipación. Pero también es cierto que así como la educación no tiene el “poder mágico” de realizar la igualdad social tampoco tiene el “poder mágico” de embrutecer. Es por esto que consideramos que para lograr la emancipación, docentes y alumnos juntos deben construir conocimientos, deben poner en acto todos los “saberes” que poseen, debe haber reciprocidad. Transmitir a los alumnos conocimientos, experiencias, los legados culturales, dejarlos a su disposición no asegura la reproducción de estos. Por el contrario, asegura el reconocimiento de un derecho: el derecho a recibir el conocimiento acumulado, como caja de herramientas para plasmar el pensamiento propio, para hacer la propia experiencia, pero sin quedar excluído.
Aquí aparece la segunda cuestión que me interesa analizar. El modelo de
enseñanza proclamado por Jacotot y adoptado por Rancière, rompe con el modelo
del “maestro explicador”, aquel que refuerza la diferencia entre el que sabe y el
que no. Para Jacotot, la institución educativa se nutre de esta distinción. Y
justamente, el que explica algo y luego controla lo “aprendido” es un
“embrutecedor”, alguien que no emancipa. De este modo, el Maestro ignorante, ataca fuertemente el recurso por excelencia empleado por todo sistema educativo:
la explicación. Deja de ser una herramienta útil para conducir a los alumnos hacia el conocimiento y se convierte en un arma de dominación, de subordinación.
En la perspectiva de Jacotot, explicar es “embrutecer” al otro, someterlo a una jerarquía, reproducir una subordinación. La explicación, al poner como natural la desigualdad, originada en quienes saben y quienes no, se convierte en un obstáculo para lograr la “emancipación intelectual”, objetivo político explícito de Rancière.
La tarea del maestro, entonces, consiste en transmitir una voluntad, en instalar la confianza en el otro de que si se lo propone puede aprender lo que desee. Y aquí se hace presente la tercer idea que se pretende analizar. La función del maestro podría reducirse al de un “acompañante”, el maestro acompaña, guía, orienta el aprendizaje de sus alumnos. Ahora bien, ¿cómo puede el docente ayudar a sus alumnos a superar los obstáculos que surjan en este proceso sin caer en el método explicativo, sin embrutecerlos? En otras palabras, ¿es posible enseñar sin explicar? Rancière –al igual que Jacotot- respondería con un si rotundo porque si alguien quiere aprender puede hacerlo de una forma original y propia porque sólo debe tener voluntad para hacerlo. Pero, ¿Cómo se transmite esa voluntad que le va a permitir emanciparse? Es más, ¿el alumno tiene la voluntad de emanciparse / de aprender, en todo momento, a toda hora? En definitiva, ¿qué se aprende en la escuela?, ¿se aprende lo que se desea o por la fuerza lo que no nos gusta? En este caso, ¿puede reducirse todo a una cuestión de voluntad? ¿Puede el alumno tener la voluntad de no aprender “algo” que no quiere o siempre está “obligado” a aprender? ¿Qué pasa si el alumno no quiere “emanciparse”?.
Muchos teóricos de la educación, podrían decir frente a esto que si el alumno no tiene la “voluntad” de aprender es porque no está motivado, el docente no supo
“enganchar” al alumno y esto no haría otra cosa que reducir todo a una cuestión
de “método”. En este caso, el docente debería replantearse todas sus estrategias
y sus actividades para lograr la motivación de sus alumnos y promover su
aprendizaje.
Afirmar que el aprendizaje depende de la voluntad del sujeto, presupone que toda práctica educativa -y su eficacia- dependen del sujeto, en este caso del alumno, depende de su voluntad y de su coraje, sin tener en cuenta que esta práctica se define también por el contexto temporal y espacial en la que está inmersa.
1Pero, por otra parte, también es cierto que “nadie puede tomar por otro la decisión de aprender porque aprender es hacer algo que no se sabe hacer para aprender a hacerlo”
2. Esto pone en evidencia que el aprendizaje deriva de una decisión que sólo el “otro” puede tomar y como se trata de una decisión, es totalmente imprevisible. No hay como dominar la voluntad del alumno. No tenemos poder sobre la decisión del alumno a aprender, por eso, como docentes, sólo debemos acompañarlo en su camino de aprendiz.
Jacotot y Rancière resisten. Y al hacerlo, nos desafian a reinventarnos siempre, a ser de otro modo, a devenir alguien diferente cada día. Y educar –o educarnos- consiste precisamente en eso: pensarnos a nosotros mismos a partir de pensar con otros. Emanciparse significa superarse, creer que se puede y esto depende de una decisión, que tiene que ver con la manera en la que me posiciono frente a los demás. La escuela es un ámbito propicio para poner en acto este reconocimiento del otro y de mi mismo, es el lugar donde docentes y alumnos pueden develar la realidad juntos y vivenciar el mundo con otra mirada, una mirada superadora y, por lo tanto, emancipadora.
Bibliografía.
Gadotti, M. y Torres, C. (Comp.) Educación Popular. Crisis y perspectivas, Miño y Dávila editores, Argentina, 1993.
Meireu, P. Frankenstein Educador, Ed. Laertes, Barcelona, 2003.
Rancière, J. El maestro ignorante. Cinco lecciones para la emancipación intelectual, Laertes, Barcelona, 2003.
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