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TítuloViolencia de género y cultura

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Academic year: 2020

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TESIS DOCTORAL

FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA

VIOLENCIA DE GÉNERO Y CULTURA

AUTORA

Antonia F. San Martín García

DIRECTOR

Dr. D. Miguel Clemente Díaz

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Antonia F. San Martín García Página 3 AGRADECIMIENTO

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Antonia F. San Martín García Página 4 RESUMO:

Neste estudo preséntase unha breve descrición do problema que se investigou: ata que punto as variables culturais mediatizan o comportamento de malos tratos; nel tratouse o problema dos malos tratos ás mulleres, que xera gravísimas consecuencias para a súa saúde e o seu benestar e as dimensións culturais.

O concepto Cultura da Honra ten gran importancia como variable que pode explicar ou incidir na violencia contra as mulleres; esta Cultura da honra xustificaría e empregaría a violencia como forma de defender a honra e dominar a relación. As dimensións culturais, están asociadas a variables ecolóxicas, económicas e sociodemográficas, así como a indicadores macrosociais; nas variables socioeconómicas, o índice de desenvolvemento humano (IDH), combina 3 compoñentes básicos: lonxevidade, educación e nivel de vida; o IDH, é a mellor medida de desenvolvemento. As sociedades con menor desenvolvemento económico, menor educación, menor esperanza de vida e menores ingresos, menos urbanizadas e con grandes diferenzas sociais entre ricos e pobres, comparten valores máis xerárquicos e autoritarios.

Neste estudo participaron 100 mulleres, vítimas de violencia de xénero, procedentes de distintas localidades de Galicia, que completaron un cuestionario no que se mediu a cultura da honra, o sexismo, a violencia, as dimensións culturais e o nivel de estudos. A metodoloxía foi fundamentalmente descritiva. O material que se empregou, foi un cuestionario, ao cal, as mulleres respondían de forma individual, que contiña as seguintes escalas: Entrevista Semiestructurada, Escala da Cultura da Honra (Lòpez-Zafra, 2007a), Escala de Ideoloxía do Rol (Moya e Expósito, 2000), Cuestionario Internacional VSM-94 (Hofstede, 1994) e Escala de Individualismo/Colectivismo Horizontal e Vertical (Singelis e Triandis, 1995). O procedemento, é un estudo transversal, aplicouse nunha soa ocasión, anónimo e sín dar seguimento á enquisa. A observación do fenómeno que se considera a causa, serían as variables independentes: distancia do poder, masculinidade-feminidade; individualismo-colectivismo; tolerancia á incertidumbre; orientación a longo/corto prazo; sexismo e aspectos legais da Cultura da honra, e as variables dependentes serían: maltrato físico e maltrato psicolóxico.

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Antonia F. San Martín García Página 5

variables analizáronse as relacións entre as diferentes circunstancias de malos tratos nas mulleres da mostra.

Buscouse atopar unha relación significativa entre os malos tratos, as dimensións culturais, o sexismo e a percepción que se ten da cultura da honra, na poboación obxecto de estudo. A cultura é o predictor máis importante da conduta agresiva.

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Antonia F. San Martín García Página 6 RESUMEN:

En este estudio se presenta una breve descripción del problema que se ha investigado: hasta que punto las variables culturales mediatizan el comportamiento de maltrato; en él se ha tratado el problema de los malos tratos a las mujeres, que genera gravísimas consecuencias para su salud y su bienestar y las dimensiones culturales.

El concepto Cultura del Honor tiene gran importancia como variable que puede explicar o incidir en la violencia contra las mujeres; esta Cultura del honor justificaría y emplearía la violencia como forma de defender el honor y dominar la relación. Las dimensiones culturales, están asociadas a variables ecológicas, económicas y sociodemográficas, así como a indicadores macrosociales; en las variables socioeconómicas, el índice de desarrollo humano (IDH), combina 3 componentes básicos: longevidad, educación y nivel de vida; el IDH, es la mejor medida de desarrollo. Las sociedades con menor desarrollo económico, menor educación, menor esperanza de vida y menores ingresos, menos urbanizadas y con grandes diferencias sociales entre ricos y pobres, comparten valores más jerarquicos y autoritarios.

En este estudio han participado 100 mujeres, víctimas de violencia de género, procedentes de distintas localidades de Galicia, que han completado un cuestionario en el que se ha medido la cultura del honor, el sexismo, la violencia, las dimensiones culturales y el nivel de estudios. La metodología ha sido fundamentalmente descriptiva. El material que se ha empleado, ha sido un cuestionario, al cual, las mujeres respondían de forma individual, que contenía las siguientes escalas: Entrevista Semiestructurada, Escala de la Cultura del Honor (Lòpez–Zafra, 2007a), Escala de Ideología del Rol (Moya y Expósito, 2000),

Cuestionario Internacional VSM 94 (Hofstede, 1994) y Escala de

Individualismo/Colectivismo Horizontal y Vertical (Singelis y Triandis, 1995). El procedimiento, es un estudio transversal, se ha aplicado en una sola ocasión, anónimo y sín dar seguimiento a la encuesta. La observación del fenómeno que se considera la causa, serían las variables independientes: distancia del poder; masculinidad-feminidad; individualismo-colectivismo; tolerancia a la incertidumbre; orientación a largo/corto plazo; sexismo y aspectos legales de la Cultura del honor y las variables dependientes serían: maltrato físico y maltrato psicológico.

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Antonia F. San Martín García Página 7

sufridas y en función de la magnitud de las variables se analizaron las relaciones entre las diferentes circunstancias de maltrato en las mujeres de la muestra.

Se ha buscado encontrar una relación significativa entre los malos tratos, las dimensiones culturales, el sexismo y la percepción que se tiene de la cultura del honor, en la población objeto de estudio. La cultura es el predictor más importante de la conducta agresiva.

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Antonia F. San Martín García Página 8 ABSTRACT:

This study presents a brief description of the problem has been investigated: the extent to which cultural variables mediate the abusive behavior, it has addressed the problem of ill-treatment of women, which creates serious consequences for their health and welfare and cultural dimensions.

Culture of Honor The concept is of great importance as a variable that can explain or influence the violence against women is justified and Culture of honor would use violence to defend the honor and dominate the relationship. The cultural dimensions are associated with ecological variables, economic and demographic, as well as macro-indicators, in the socioeconomic, human development index (HDI) combines 3 basic components: longevity, education and standard of living, the HDI is the best measure of development. Companies with less developed, less education, lower life expectancy and lower income, less urbanized and social gaps between rich and poor, shared values hierarchical and authoritarian.

This study involved 100 women victims of violence, from different localities of Galicia, who completed a questionnaire that has medidola culture of honor, sexism, la violencia, cultural dimensions and el nivel studies. The methodology has sido fundamentalmente descriptive. El material that has been used, has side UN questionnaire, to which women responded individually, which contained the following scales: semi-structured interview scale Culture of Honor (Lopez-Zafra, 2007a), Role Ideology Scale (Moya and Expósito, 2000), International Survey VSM 94 (Hofstede, 1994) and Scale of Individualism /Collectivism Horizontal and. Vertical (Singelis and Triandis, 1995). The procedure is a cross sectional study was applied only once, anonymous and without giving up the survey. The observation of the phenomenon that is considered the cause would be the independent variables: power distance, masculinity-femininity, individualism-collectivism, tolerance to uncertainty; orientation long/short time sexism and legal aspects of the culture of honor and the variables dependents are: physical abuse and psychological abuse.

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Antonia F. San Martín García Página 9

It has sought to find a significant relationship between abuse, the cultural, sexism and perceptions about the culture of honor, in the study population. Culture is the most important predictor of aggressive behavior.

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Antonia F. San Martín García Página 10

ÍNDICE: Página

I. REVISIÓN TEÓRICA 17

1. Conceptos principales de Violencia de género 18

1.1. Definición y concepto de violencia 19

1.2. Tipos de violencia 35

1.2.1. Clasificación según Informe Mundial sobre Violencia 35

1.2.2. Clasificación clásica de Violencia 36

1.2.3. Indicadores según tipo de Violencia 37

1.2.4. Factores que incrementan riesgo de violencia 38

1.2.5. Círculo de la Violencia 39

1.3. Consecuencias para la salud 42

1.4. Reacciones de la mujeres a corto y a largo plazo 43

1.5. Recursos sanitarios y no sanitarios 45

1.5.1. Recursos sanitarios 45

1.5.2. Recursos no sanitarios 45

1.6. Medios de comunicación y Violencia 46

1.6.1. Estudios medios de comunicación y violencia 46

1.6.2. Teorías medios de comunicación y violencia 51

1.7. Legislacción sobre violencia 53

1.7.1. Legislación Europea 53

1.7.2. Legislación en España 54

1.7.3. Legislación en Galicia 63

2. Concepto de Cultura y dimensiones culturales 69

2.1. Definición y concepto de cultura 70

2.2. Componentes de la cultura 73

2.3. Dimensiones de la cultura 74

2.4. Concepto Cultura del honor 83

2.4.1. Teoría Cultura del Honor 85

2.4.2. Estudios y trabajos 85

3. Concepto de Rol de género 89

3.1. Rol de género 90

(11)

Antonia F. San Martín García Página 11

II. INVESTIGACIÒN EMPÍRICA 105

4. Problema, objetivo e hipótesis 106

6.1. Fiabilidad de instrumentos 126

6.1.1. Fiabilidad Escala de la Cultura del Honor (López-Zafra, 2007a) 126 6.1.2. Fiabilidad Escala Idelogía del Rol (Moya y Expósito, 2000) 127 6.1.3. Fiabilidad Cuestionario Internacional VSM-94 (Hofstede, 1994) 128 6.1.4. Fiabilidad Escala Individualismo/ Colectivismo Horizontal y Vertical

(Singelis y Triandis, 1995) 129

6.2. Validez de instrumentos 130

6.2.1. Validez Escala de la Cultura del Honor (López-Zafra, 2007a) 130 6.2.2. Validez Escala Idelogía del Rol (Moya y Expósito, 2000) 134 6.2.3. Validez Cuestionario Internacional VSM-94 (Hofstede, 1994) 137 6.2.4. Validez Escala Individualismo/Colectivismo Horizontal y Vertical

(Singelis y Triandis, 1995) 146

6.3. Caracterización de la mujer maltratada 156

6.3.1. Análisis descriptivo sociodemográfico mujer maltratada 156

6.3.2. Análisis descriptivo variables relativas al maltrato 170

6.3.3. Análisis descriptivo variables relativas a tratamiento psicológico 180 6.3.4. Análisis descriptivo variables relativas a problemas de salud 183

6.4. Caracterización del maltratador 187

6.4.1. Análisis descriptivo maltratador 187

6.5. Caracterización cultural 196

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Antonia F. San Martín García Página 12

6.6. Caracterización Sexismo y Rol de género 197

6.6.1. Análisis descriptivo caracterización sexismo y rol de género 197

6.7. Caracterización cultural de la violencia de género en función del tipo

de abuso 198

6.7.1. Análisis según tipo de abuso: físico o psicológico 198

6.8. Caracterización de los roles sexuales y sexismo en función del tipo

de abuso 200

6.8.1. Análisis según tipo de abuso: físico o psicológico 200

6.9. Perfil de mujer maltratada. 202

7. Conclusiones y Discusión 203

III. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 226

IV. ANEXOS 254

1. Pruebas utilizadas 255

1.1. Entrevista semiestructurada 256

1.2. Escala de la Cultura del Honor (López-Zafra, 2007a) 258 1.3. Escala de la Ideología del Rol (Moya y Expósito, 2000) 259 1.4. Cuestionario Internacional VSM-94 (Hofstede, 1994) 260 1.5. Escala de Individualismo/Colectivismo Horizontal y Vertical

(Singelis y Triandis, 1995) 262

1.6. Cuestionario 264

2. Tablas y Figuras 271

2.1. Tablas 272

Tabla 1. Lugar de residencia 272

Tabla 2. Edad 274

Tabla 3. Alfa de Cronbach Global Escala Cultura del honor (ECH) 276

Tabla 4. Alfa de Cronbach Factor 1: honor individual 276

Tabla 5. Alfa de Cronbach Factor 2: sociedad y leyes en torno al honor 276 Tabla 6. Alfa de Cronbach Factor 3: legitimidad uso de la violencia 276

Tabla 7. Alfa de Cronbach Escala Ideología del Rol (EIR) 276

Tabla 8. Alfa de Cronbach Global Cuestionario VSM-94 277

Tabla 9. Alfa de Cronbach Individualismo/Colectivismo (IDV) 277

(13)

Antonia F. San Martín García Página 13

Tabla 11. Alfa de Cronbach Masculinidad/Feminidad (MAS) 277

Tabla 12. Alfa de Cronbach Evasión de la incertidumbre (UAI) 277 Tabla 13. Alfa de Cronbach Orientación largo/corto plazo (LTO) 277 Tabla 14. Alfa de Cronbach Global Escala Individualismo/Colectivismo H. V. 278

Tabla 15. Alfa de Cronbach Individualismo Vertical (IV) 278

Tabla 16. Alfa de Cronbach Individualismo Horizontal (IH) 278

Tabla 17. Alfa de Cronbach Colectivismo Vertical (CV) 278

Tabla 18. Alfa de Cronbach Colectivismo Horizontal (CH) 278

Tabla 19. Varianza Total Explicada Escala Cultura del Honor (ECH) 279 Tabla 20. Matriz Componentes Rotados Escala Cultura Honor (ECH) 280 Tabla 20.a. Matriz Componentes Rotados ECH. Rotación Convergente 281 Tabla 21. Varianza Total Explicada Escala Ideología del Rol (EIR) 282 Tabla 22. Matríz componentes rotados Escala de Ideología del Rol (EIR) 283

Tabla 22.a. Matríz componentes rotados EIR 284

Tabla 22.b. Matríz componentes rotados EIR. 2 Componentes 285

Tabla 22.c. Matríz componentes rotados EIR. Rotación Convergente 286 Tabla 23. Total Varianza Explicada Cuestionario Internacional VSM-94 287

Tabla 24. Matriz de Componentes Rotados Cuestionario VSM-94 288

Tabla 24.a. Matriz de Componentes Rotados VSM-94 289

Tabla 24.b. Matriz de Componentes Rotados VSM-94 290

Tabla 25. Total Varianza Explicada Escala Individualismo/Colectivismo H. V. 291 Tabla 26. Matriz componentes rotados Escala Individualismo/Colectivismo H.V. 292 Tabla 26.a. Matriz componentes rotados Escala Individual./Colectivismo H.V. 294 Tabla 26.b. Matriz componentes rotados Escala Individual./Colectivismo H.V. 295 Tabla 26.c. Matriz componentes rotados Escala Individua./Colectivismo H. V. 297

Tabla 27. Estado civil 298

Tabla 28. Nº de hijas/hijos 298

Tabla 29. Nº de hermanas/os 299

Tabla 30. Con quién vive actualmente 300

Tabla 31. Nivel de estudios 300

Tabla 32. Profesión de la mujer 301

Tabla 33. Tipo de trabajo actual 301

Tabla 34. Nivel socioeconómico 302

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Antonia F. San Martín García Página 14

Tabla 36. Actos cometidos en el abuso 302

Tabla 37. Medio coercitivo empleado 303

Tabla 38. ¿En alguna ocasión ha sentido que su vida estaba en peligro? 303

Tabla 39. Denuncias 303

Tabla 40. Salidas del hogar 304

Tabla 41. Asistencia médica por lesiones 304

Tabla 42. ¿Ha contado el abuso a alguien? 304

Tabla 43. ¿Ha sufrido anteriormente algún otro tipo de delito? 305 Tabla 44. ¿Ha habido experiencias de maltrato en su familia de origen? 305 Tabla 45. ¿Ha recibido algún tratamiento psicológico anteriormente por la

experiencia de abuso? 305

Tabla 46. ¿Ha tenido algún tipo de trastorno psicológico anteriormente? 306

Tabla 47. ¿Ha recibido tratamiento psicológico? 306

Tabla 48. ¿Mantiene relaciones sexuales actualmente? 306

Tabla 49. ¿Tiene problemas de salud importantes? 307

Tabla 50. ¿Ha tenido o tiene problemas de abuso de drogas o alcohol? 307 Tabla 51. ¿Ha tenido algún intento o pensamientos persistentes de suicidio? 307

Tabla 52. Edad maltratador 308

Tabla 53. Actividad laboral maltratador 309

Tabla 54. ¿Ha tenido o tiene problemas de abuso de drogas o alcohol? 309 Tabla 55. ¿Ha tenido o tiene algún tipo de trastorno psiquiátrico? 309

Tabla 56. ¿Tiene algún problema relacionado con los celos? 310

Tabla 57. ¿Ha tenido o tiene problemas de tipo laboral? 310

Tabla 58. ¿Ha habido experiencias de maltrato en su familia de origen? 310 Tabla 59. ¿Ha maltratado física o psicológicamente a hijas/hijos? 311 Tabla 60. Estadística descriptiva VSM-94 y Escala Individual./Colectiv. H. V. 312 Tabla 61. Estadística descriptiva Escala Cultura del Honor (ECH) y Escala de

Ideología del Rol (EIR) 313

Tabla 62. Grupo estadístico Cuestionario Internacional VSM-94 y

Escala Individualismo/Colectivismo H. V. 314

Tabla 63. Test de muestras independientes 315

Tabla 64. Grupo estadístico Escala Cultura Honor (ECH) y Escala

Ideología del rol (EIR) 316

(15)

Antonia F. San Martín García Página 15

Tabla 66. Matríz de componentes 318

Tabla 66.a. Comunalidades 319

Tabla 66.b. Varianza total explicada 320

Tabla 66.c. Matriz de componentes rotados 321

Tabla 66.d. Matriz de transformaciones de los componentes 322

Tabla 67. Varianza total explicada 322

2.2. Figuras 323

Figura 1. Lugar de residencia por provincia. 324

Figura 2. Lugar de residencia por localidad. 324

Figura 3. Intervalos de edad 325

Figura 4. Intervalos de edad de 20 a 65 años 325

Figura 5. Resultado tota Escala Cultura Honor (ECH) 326

Figura 6. Resultados totales y por factores de Escala Cultura del Honor (ECH) 326

Figura 7. Resultados 3 factores Escala Cultura Honor (ECH) 327

Figura 8. Resultados totales Escala Ideología del Rol (EIR) 327

Figura 9. Resultados Galicia 5 Dimensiones culturales de Hofstede (VSM-94) 328 Figura 10. Resultados dimensión Distancia del poder (PDI) en Galicia 329 Figura 11. Resultados dimensión Individualismo/Colectivismo (IDV) en Galicia 329 Figura 12. Resultados dimensión Masculinidad/Feminidad (MAS) en Galicia 330 Figura 13. Resultados dimensión Evasión de incertidumbre (UAI) en Galicia 330 Figura 14. Resultados dimensión Orientación largo/corto plazo (LTO) Galicia 331 Figura 15. Resultados España 4 dimensiones de Hofstede con datos 332 Figura 16. Resultados totales Escala Individualismo/Colectivismo H. V. 333

Figura 17. Resultados Individualismo Horizontal (IH) 334

Figura 18. Resultados Individualismo Vertical (IV) 334

Figura 19. Resultados Colectivismo Vertical (CV) 335

Figura 20. Resultados Colectivismo Horizontal (CH) 335

Figura 21. Estado civil 336

Figura 22. Nª de hijas/hilos 336

Figura 23. Nª de hermanas/hermanos 337

Figura 24. Con quién vive actualmente 337

Figura 25. Nivel de estudios de las mujeres 338

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Antonia F. San Martín García Página 16

Figura 27. Tipo de trabajo actual 339

Figura 28. Nivel socioeconómico 339

Figura 29. Tipo de abuso experimentado 340

Figura 30. Actos cometidos en el abuso 340

Figura 31. Medio coercitivo empleado 341

Figura 32. ¿En alguna ocasión ha sentido que su vida estaba en peligro? 341

Figura 33. Denuncias 342

Figura 34. Salidas del hogar 342

Figura 35. Asistencia médica por lesiones 343

Figura 36. ¿Ha contado el abuso a alguien? 343

Figura 37. ¿Ha sufrido anteriormente algún otro tipo de delito? 344 Figura 38. ¿Ha habido experiencias de maltrato en su familia de origen? 344 Figura 39. ¿Ha recibido algún tratamiento psicológico anteriormente por

la experiencia de abuso? 345

Figura 40. ¿Ha tenido algún tipo de trastorno psicológico anteriormente? 345

Figura 41. ¿Ha recibido tratamiento psicológico? 346

Figura 42. ¿Mantiene relaciones sexuales actualmente? 346

Figura 43. ¿Tiene problemas de salud importantes? 347

Figura 44. ¿Ha tenido o tiene problemas de abuso de drogas o alcohol? 348 Figura 45. ¿Ha tenido algún intento o pensamientos persistentes de suicidio? 348

Figura 46. Edad del maltratador 349

Figura 47. Actividad laboral del maltratador 349

Figura 48. ¿Ha tenido o tiene problemas de abuso de drogas o alcohol? 350 Figura 49. ¿Ha tenido o tiene algún tipo de trastorno psiquiátrico? 350

Figura 50. ¿Tiene algún problema relacionado con los celos? 351

Figura 51. ¿Ha tenido o tiene problemas de tipo laboral? 351

Figura 52. ¿Ha habido experiencias de maltrato en su familia de origen? 352 Figura 53. ¿Ha maltratado física o psicologicamente a hijas/hijos? 352

ADVERTENCIA:

En todo momento, cuando se utiliza un sustantivo indicativo de género, salvo que se indique explícitamente, se hace referencia por igual a mujeres y a hombres.

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Antonia F. San Martín García Página 19 1. 1. Definición y concepto de violencia de género

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente como la ausencia de enfermedades o dolencias.

Según Resolución de la Asamblea de la OMS de 1996, la violencia es un importante problema de salud pública en todo el mundo.

En su Informe sobre la violencia y la salud de 3 de octubre de 2002, la OMS recomienda que se promuevan respuestas de prevención primaria, se refuercen las respuestas a las víctimas de la violencia y se incremente la colaboración y el intercambio de información sobre la prevención de la violencia.

La violencia de género, constituye un importante problema de salud pública y una violación de los derechos humanos.

Las Naciones Unidas, en el artículo 1 de la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, definen lo que debe considerarse como violencia contra la mujer:

“Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública o privada (Naciones Unidas, 1994)”.

La violencia de pareja se refiere a los comportamientos que tienen lugar en el ámbito de una relación íntima y causan daños físicos, sexuales o psicológicos, tales como la agresión física, la coerción sexual, el maltrato psicológico o los comportamientos controladores.

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historia y en el espacio; y que, por tanto, no existe un antes ni un después de un evento, es decir un continuo; sino un objeto (la violencia), construido socialmente en un lugar y un momento específicos (espacio-tiempo). No hay una causa para la violencia, ni tampoco múltiples causas para múltiples tipos de violencia; y no las hay, porque ese determinismo unívoco no existe.

La violencia es más que un hecho delictivo por varias razones: porque hay violencias que no están tipificadas legalmente, porque hay una “masa de eventos” (Sozzo, 2008) indiferenciada y porque la criminalidad aparente es un poderoso sentimiento, que no sólo incide en la violencia real, incrementándola, sino que es parte de la misma. Ese temor, a la manera de un imaginario, se convierte en una marcada percepción, que organiza la vida cotidiana, sea como mecanismo social (senderos, solidaridad) o individual (armarse, defensa personal), así como el tiempo y el espacio de la ciudad. La violencia no es una patología social que viene de ciertos atributos (factores de riesgo o causas), sino una relación social específica del conflicto, que es plural, que tiene historia y que es histórica. En otras palabras, si la violencia no se puede entender a partir de la etiología (Carrión, 2008), la ciudad menos será una de las causas de las violencias; lo cual no debe llevar a desconocer que sí hay una importante relación de la violencia hacia la ciudad y de la ciudad a la violencia (Carrión, 2008).

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Antonia F. San Martín García Página 21

La Psicología social, comparte con las Teorías del impulso, el interés por estudiar los instigadores motivacionales de la conducta agresiva; y postula “la existencia de mecanismos psicosociales que median entre los estímulos y la manifestación final de la agresión; además la Psicología social, coincide con las Teorías Biológicas que destacan la confluencia de factores sociales y biológicos en el origen y desarrollo de la agresión. La concepción biológica, se centra en el perfil de violencia de los agresores, en la que estos, reflejan una escalada de la violencia iniciada en la infancia y adolescencia y que culmina en la manifestación de conductas antisociales y violentas en la edad adulta”. La Psicología social, analiza las diferencias en la tendencia a agredir, coincide con interpretaciones alternativas a la escalada de la violencia, como la que “la agresión es una consecuencia conductual de la maduración biológica y social característica de la infancia y que con frecuencia , se van reduciendo estas conductas en los adolescentes al ir incorporando nuevas habilidades físicas y sociales con que enfrentarse a los estímulos aversivos que se encuentran” (Tremblay, 2002; Nagin y Tremblay, 1999).

La Teoría del Aprendizaje Social, considera que las conductas agresivas son susceptibles de adquirirse y mantenerse a través de aprendizaje social; la “Teoría del Aprendizaje Social“ explica los mecanismos por los que se produce el aprendizaje social; también se afirma que “la cultura regula el uso de la agresión en las relaciones sociales y aporta significados compartidos a estas acciones”.

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Antonia F. San Martín García Página 22

como consecuencia de su agresión y un modelo castigado o no reforzado, reduce la frecuencia de la imitación, a pesar de que la conducta se haya podido aprender.

Womens´s Health and Domestic Violence Against Women (O. M. S., 2007), es el primer estudio sobre la violencia doméstica realizado por la OMS, e informa que la violencia doméstica está muy extendida y tiene graves consecuencias sanitarias. Este estudio, pone de manifiesto que la ejercida por la pareja es la forma de violencia más común en la vida de las mujeres, mucho más que las agresiones o violaciones perpetradas por personas extrañas o conocidas. En el estudio se describen las gravísimas consecuencias para la salud y el bienestar de las mujeres que tiene en todo el mundo la violencia física y sexual ejercida por el marido o la pareja, y se expone el grado de ocultación que sigue rodeando este tipo de violencia. Este estudio demuestra que las mujeres están más expuestas a la violencia en el hogar que en la calle, lo que tiene graves repercusiones para la salud femenina. Es importante sacar a la luz la violencia doméstica y tratarla como un grave problema de salud pública.

En un estudio multipaís sobre violencia realizado por la OMS en 2011, entre un 15% y un 71% de las mujeres refirieron haber sufrido en algún momento violencia física o sexual por parte de su pareja. Estas formas de violencia producen problemas de salud física, mental, sexual, reproductiva y de otra índole, y pueden aumentar la vulnerabilidad a la infección por el VIH (Aguayo, Correa y Cristi, 2011).

Entre los factores de riesgo de perpetrar estos actos de violencia se encuentran el bajo nivel educativo, la exposición al maltrato en la infancia o a actos de violencia entre los padres, el consumo nocivo de alcohol, las actitudes de aceptación de la violencia y la desigualdad de género. La mayoría de ellos son también factores de riesgo de ser víctima de violencia de pareja o de violencia sexual.

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Antonia F. San Martín García Página 23

Los estudios poblacionales sobre la violencia en las relaciones entre los jóvenes (“violencia en el noviazgo”) indican que afecta a una proporción considerable de la población joven; en Sudáfrica un estudio realizado en el grupo de 13 a 23 años reveló que el 42% de las mujeres y el 38% de los hombres referían haber sido víctimas de violencia física en el noviazgo.

Las situaciones de conflicto y desplazamiento pueden exacerbar la violencia y generar nuevas formas de violencia contra la mujer.

En este estudio de la OMS sobre la salud de la mujer y la violencia doméstica contra la mujer, (WHO Multi-Country Study on Women’s Health and Domestic Violence against Women) (OMS, 2005), realizado en 10 países, en su mayoría en desarrollo, se observó que en las mujeres de 15 a 49 años:

 Entre un 15% en Japón y un 70% en Etiopía y Perú referían haber sufrido violencia física o sexual perpetrada por su pareja.

 Entre un 0, 3% y un 11, 5% referían haber sufrido violencia sexual perpetrada por alguien que no era su pareja.

 Muchas mujeres refirieron que su primera experiencia sexual había sido forzada (24% en el Perú rural, 28% en Tanzanía, 30% en el Bangladesh rural, y 40% en Sudáfrica).

La violencia de pareja y la violencia sexual son perpetradas mayoritariamente por hombres contra mujeres y niñas. No obstante, la violencia sexual contra los niños también es frecuente. Estudios internacionales revelan que aproximadamente un 20% de las mujeres y un 5-10% de los hombres refieren haber sido víctimas de violencia sexual en la infancia.

Estudio de Pérez, Páez y Navarro, 2002. En estudios hechos en España (Pérez, Páez y Navarro, 2002), proponen el conflicto de mentalidades para explicar el reciente aumento de los casos de violencia ejercida por los “hombres de la familia”, esposos, novios, padres y hermanos, contra sus esposas, novias, hijas o hermanas, explican que es el resultado del conflicto que se produce en el ejercicio de una mayor autonomía de las mujeres y la reputación familiar o el honor de los hombres, como se entendía en la cultura tradicional.

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rumores que ponen en duda su honor sexual (Yubero y Navarro, 2006). Estos estudios, sugieren que la amenaza a la reputación sexual de las mujeres sigue siendo un elemento relevante en las reacciones agresivas y en la conceptualización del honor. Parece ser que en los centros educativos existe un código que regula la violencia en las relaciones entre alumnado y profesorado (Beynon, 1989); este estudio confirma al menos tres tipos de agresión: la agresión fingida entre maestro y alumna/o, la real, que en un momento determinado puede producir daño y la agresión justa-injusta con la que se califica los comportamientos del profesorado hacia el alumnado. De estas tres formas de agresión, se considera ilegítima la agresión injusta protagonizada por el profesorado.

Es frecuente que la cultura del honor, en las bandas juveniles, se concrete en torno a un “mito” y que implique rituales compartidos de violencia.

Van de Vliert, Schwartz, Huismans, Hofstede y Daan, 1999. Los antecedentes ambientales relacionados con la agresión son de naturaleza aversiva; los más estudiados son el ruido, el hacinamiento, la temperatura ambiental y el dolor. Es la experiencia subjetiva que desencadenan, lo importante; el ruido es un estímulo aversivo que por su incontrolabilidad e impredictibilidad, puede ser irritante y favorecer la agresividad; la percepción de hacinamiento se ha relacionado con la agresividad más que la propia densidad; el dolor es un antecedente relevante de la agresión aunque modulado por procesos atributivos y tal y como postulaba la Teoría de la ley térmica de la delincuencia, a medida que sube la temperatura ambiente, también aumenta la agresión, aunque actualmente parece que la relación es curvilínea, no lineal. En países fríos, como Finlandia, la agresión es menor y en países con clima cálido, la violencia es mayor (Van de Vliert, Schwartz, Huismans, Hofstede y Daan, 1999).

Dollard, Doob, Miller, Mowrer y Sears, 1939. Según la hipótesis de la frustración-agresión, cualquier estímulo que obstaculiza la consecución de una meta genera frustración y a su vez, la frustración desencadena una reacción agresiva (Dollard, Doob, Miller, Mowrer y Sears, 1939); la activación que provoca la frustración es lo que causa la respuesta agresiva (Berkowitz, 1969) y el afecto negativo, es otro mecanismo más por el que indirectamente la frustración lleva a la agresión, la frustración produce una reacción de cólera, con sus manifestaciones expresivo-motoras y es esta reacción emocional la que activa en la memoria las cogniciones, las experiencias pasadas y guiones de acciones relevantes para la agresión (Berkowitz, 1983).

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motivación para dañar y que puede instigar la agresión; el Modelo del cálculo emocional de la agresión, explica la relación entre cólera y agresión (Blanchard, Blanchard y Takahashi, 1977b) y propone que existe una conexión cerebral cólera-miedo, que se relacionarían con el ataque ofensivo y defensivo; este modelo predice que la agresión será más probable, si se llega a la conclusión, ante una situación que produce cólera, de que esta conducta es eficaz para enfrentarse a ella y ante una situación que produce miedo, los pros y los contras de la huida y los de ataque defensivo, determinaran que se opte por una opción o por otra. Pero, aunque la cólera está estrechamente relacionada con la agresión, de la activación puede derivarse el efecto instigador de los antecedentes físicos y ambientales, ya que la activación aporta energía para realizar la conducta más probable.

Estudio de Christhy, Gefland y Hartmann,1971, en el que los participantes observaban a un modelo que golpeaba a un muñeco hinchable, confirma el efecto de la activación (Christhy, Gefland y Hartmann, 1971). En otro estudio posterior, se constató que la cólera y la activación, podían contribuir conjuntamente al proceso de agresión. Algunos autores, piensan que una provocación que desencadena cólera o ira en la persona, no es suficiente para que la transferencia intervenga en el proceso; la teoría del etiquetaje, dice, que para que se produzca la transferencia de la activación, es necesario ignorar la fuente de excitación residual y que se etiquete como una emoción negativa; otros autores han propuesto que la transferencia de la activación, puede producirse en ausencia del etiquetaje cognitivo; la cólera puede expresarse en forma de reacción física, cognitiva y comportamental (Berkowitz, 1983) y los efectos del etiquetaje cognitivo y de la cólera en la transferencia de activación no son incompatibles entre si, sino complementarios (Zillmann y Bryant, 1994).

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daño y a la vez crea que vengarse es posible y le permitirá conseguir sus objetivos (Topalli, 2003).

El incumplimiento de las normas, es un factor que puede animar a reacciones de ira y agresión, ya que las normas son fundamentales en las relaciones y en el funcionamiento social. Las normas establecen un marco común de reglas que guían las interacciones y determinan las consecuencias de su incumplimiento y además tienen un valor moral prescriptivo, con el que se concretan las obligaciones, derechos y privilegios que dirigen una conducta y al compartirlas, actúan como marco común de referencia para todas y todos. La importancia de la violación de las normas, como factor instigador de la agresión interpersonal e intergrupal, se apoya en las funciones que cumplen para el individuo y los grupos.

La Psicología Social, tiene especialmente en cuenta, las manifestaciones de rechazo y exclusión social, ya que estos pueden instigar sentimientos duraderos de agravio y humillación, que perjudican la salud y además obstaculizan la integración social y alientan conflictos prolongados y reacciones agresivas extremas. Las formas de exclusión social más comunes, son: Acoso laboral (mobbing), Acoso escolar (bullying) y la Exclusión social.

El acoso laboral, es el rechazo ejercido en el ámbito laboral y es toda conducta no deseada, realizada en el ámbito del trabajo, que tiene como objetivo o consecuencia atentar contra la dignidad de la persona y crear un entorno humillante y ofensivo. Implica la repetición de este tipo de acciones, una relación asimétrica entre agresoras/es y víctima; en general, atenta contra el derecho a la intimidad de las personas, el derecho a la igualdad de trato y no discriminación y el derecho a la dignidad en el trabajo. La víctimas sufren un intenso sentimiento de humillación, se avergüenzan de la experiencia y de no poder resolverla y se sienten culpables por lo sucedido; se deterioran las relaciones con las/os demás compañeras/os, la confianza en si misma/o y en la/o demás, se pierde la motivación y aparece el estrés, la ansiedad y la irritabilidad y se acaban manifestando trastornos psicosomáticos. Este acoso laboral, perjudica la salud física y psicológica de la persona, deteriora sus relaciones laborales y esto perjudica el desempeño de su trabajo y puede ocasionar el despido o el abandono del trabajo. En Europa, el 2% de las personas empleadas sufren esta violencia laboral.

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los valores que se transmiten explícitamente, de no-violencia y los que se transmiten a través de los comportamientos diarios en el centro, como son las repetidas y consentidas prácticas de exclusión y acoso. (“Curriculum oculto” de Jackson, 1968). Algunas características del contexto educativo reflejan esta contradicción y contribuyen a que se produzca la violencia entre iguales, por ejemplo, la tendencia a minimizar la gravedad de las agresiones entre iguales, considerándolas como habituales e inevitables, actuar como si la diversidad no existiera y la insuficiente intervención del centro escolar, cuando se producen estas acciones, dejando indefensas a las víctimas (Díaz-Aguado, 1996).

La exclusión social, que es el que se practica institucionalmente; hay un sentimiento de injusticia, de humillación o de agravio, en torno al que se organizan reacciones agresivas y deseo de venganza de las personas afectadas (Morales, 2003). La exclusión social prolongada y cierta indiferencia institucional, son elementos comunes a otras acciones violentas; esta tolerancia institucional permite la exclusión social (Morales, 2003). El término “La espiral del silencio”, se usa para referirse al proceso por el que la no intervención de las instituciones ante situaciones de exclusión o violencia se interpreta como conformidad con la situación, como consecuencia de esto, los y las disconformes, tienen cada vez mas difícil intervenir, con lo que la espiral del silencio y el curriculum oculto intervienen de manera central, aunque pueden añadirse otros mecanismos cognitivos y emocionales, como la creencia en un mundo justo y los procesos de culpabilidad y estigmatización de las víctimas. Se debería promover una sociedad más justa, que no humille, ni aliente sentimientos de injusticia; sería preciso promover la gestión creativa de conflictos mediante la difusión del valor de la pluralidad (Morales, 2003) y promocionar una cultura de no violencia, una cultura de paz, sería una estrategia de prevención de la violencia.

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de identificación con la violencia. Cuando estos grupos se aíslan en comunidades cerradas, se agrava la situación, rompen vínculos afectivos y sociales ajenos al grupo; en estas comunidades cerradas predomina una fuerte cohesión del grupo, despersonalización, hermetismo y compromiso total con la ideología compartida y con la comunidad (Javaloy y cols., 2001). Las relaciones que con mayor frecuencia pueden derivar en conflictos violentos, son las relaciones competitivas del tipo “suma-cero”; la situación consiste en la competición por unas metas que sólo uno de los grupos puede alcanzar; en estas condiciones, el miedo y la percepción de amenaza al bienestar del propio grupo o de uno mismo como miembro, estimulan enfrentamientos más violentos (Teoría del conflicto realista, Sherif y Sherif, 1953). Otros autores, sugieren también, mecanismos desencadenantes de conductas agresivas, prejuiciosas y diferenciadoras entre los miembros del propio grupo y los otros, aquí la Teoría de la identidad social y la Teoría de la categorización social (Tajfel, 1970, Tajfel y Turner, 1986), predice que los mecanismos que promueven la cohesión grupal pueden llevar a la exclusión y a la agresión intergrupal.

Desde otra perspectiva, se han señalado los mecanismos emocionales que se relacionan con la adopción de acciones colectivas violentas, como son los sentimientos de ilegitimidad, injusticia y frustración (Teoría de la comparación social, Festinger, 1950). Los procesos de comparación social, se han integrado en las Teoría del conflicto realista y en la Teoría de la identidad social.

Desde la Teoría del conflicto realista, los procesos de comparación social, predicen agresión social cuando los miembros de una sociedad experimentan discrepancia entre los bienes o las condiciones de vida que consideran deberían tener y los que tienen o piensan que podrán alcanzar (Gurr, 1970); la percepción de discrepancia se ha llamado “privación relativa” y el mecanismo para explicar su efecto en la agresión social de distinto tipo como revueltas, golpes de estado y otras acciones contra el sistema o las instituciones, serían el malestar o “frustración sistémica” que produce esa discrepancia; ese malestar actúa como factor motivacional que predispone a la agresión”.

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Algunos/as autores/as, han identificado factores instigadores de agresión que confluyen sobre una misma persona, aumentando el riesgo de agresividad; por un lado, los vínculos familiares y los patrones de socialización, pueden poner en peligro la adquisición de habilidades comportamentales, cognitivas y emocionales, que resulten adaptativas para afrontar el estrés y establecer vínculos afectivos. Por otro lado, la experiencia de violencia en el núcleo familiar, altera el desarrollo normal de la niña o del niño en etapas muy críticas y amenaza el contexto de apoyo y cuidado que se espera proporcione la familia. Las niñas y los niños, debido a su indefensión, su capacidad de aprendizaje, su atracción innata por los estímulos sociales, desde que nacen, están en condiciones para iniciar el proceso de socialización. Además tienen una serie de necesidades básicas, como son la protección de los peligros contra la vida y la salud, los cuidados básicos de alimentación, higiene, la posibilidad de establecer vínculos afectivos estrechos con algunos adultos, la exploración del entorno físico y social y la actividad lúdica con objetos y personas. Estas necesidades motivan biológica y socialmente a la niña y al niño, para incorporarse socialmente; la sociedad donde nace la niña y el niño, necesita también de esta incorporación para mantenerse y sobrevivir. La niña y el niño asimilan los valores, normas y formas de actuar del grupo social donde nace y que este intentará transmitirle, por el proceso de socialización; este proceso es una interacción entre el niño y su entorno y depende de las características del niño y la forma de actuar de los agentes sociales.

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moral, el razonamiento sobre la utilidad social de ciertas conductas, el miedo al castigo o el miedo a perder el amor que recibe de los demás. Este proceso se inicia desde el momento del nacimiento y permanece a lo largo de todo el ciclo vital.

Durante los dos primeros años de vida, un aspecto crucial del desarrollo social, es el desarrollo afectivo; los niños y las niñas nacen con una gran capacidad de aprender, buscan y prefieren estímulos sociales y necesitan de vínculos afectivos con algunos/as miembros/as de su especie. El apego y la amistad son los vínculos afectivos básicos, jugando el apego un rol fundamental en estos primeros años de vida. Los afectos, que impulsan a las personas a vincularse de una u otra forma con los demás son: deseo, atracción, enamoramiento, empatía, apego y amistad.

El apego es un vínculo afectivo que establecen las niñas y los niños con las personas que interactúan de forma privilegiada con éllos y ellas, y son, por una parte, conductas, que intentan conseguir o mantener la proximidad con la persona a que se está apegado y conductas de interacción privilegiada, como llamadas (lloros, vocalizaciones, gestos), contacto íntimo (contacto táctil, abrazos), vigilancia y seguimiento perceptivo de las figuras de apego (visión a distancia), conductas motoras de aproximación y de seguimiento; por otra parte, un modelo mental de la relación con las figuras de apego, en la que los contenidos más importantes de esa relación son los recuerdos que deja, el concepto que se tiene de la figura de apego y de sí mismo, y, por último, las expectativas sobre la propia relación. Los más decisivos, son, el grado de accesibilidad (disponibilidad de las figuras de apego) e incondicionalidad (toma de conciencia de que la figura de apego no puede fallar cuando se la necesita). Este modelo mental, está estrechamente relacionado con el desarrollo intelectual del niño y de la niña, al principio más experiencial o sensoriomotor y, después, representacional; y por otra parte, un conjunto de sentimientos asociados a las personas con las que el niño y la niña están vinculados/as. Una buena relación con las figuras de apego, supone sentimientos de seguridad, bienestar y placer, asociados a la proximidad y contacto con ellas, y de ansiedad, cuando tienen lugar separaciones o dificultades para restablecer el contacto.

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momentos, en especial en el momento de la succión, las personas adultas actúan por turnos, adaptándose a la niña o al niño; son íntimas, frecuentemente hay contacto piel a piel y sentimientos de pertenencia y son desformalizadas, porque los adultos usan gestos exagerados, palabras inexistentes, y miradas sostenidas al rostro. Pasa por diferentes etapas, el proceso de formación y desarrollo del apego:

1ª etapa: Dos primeros meses de vida: el niño y la niña se comportan como un/a activo/a buscador/a de estímulos sociales, se siente atraído/a por el rostro, la voz, el tacto y la temperatura de las personas que le rodean, pero no hay pruebas seguras de que llegue a reconocer a las personas en cuanto tales. De hecho, acepta los cuidados de personas desconocidas de forma similar a los prestados por sus progenitores, si se los ofrecen siguiendo las pautas que éstos.

2ª etapa: Desde el segundo al sexto mes: Discrimina claramente entre unas personas y otras, y acepta mejor las atenciones y cuidados de quienes le cuidan habitualmente. Estas conductas preferenciales, sin embargo, no implican que se rechacen los cuidados ofrecidos por otras personas, incluso aunque sean desconocidas.

3ª etapa: Entre los seis y doce meses: En este período, los niños y las niñas no sólo ponen de manifiesto conductas de preferencia por determinadas personas, sino que, como se ha dicho, ante las personas desconocidas reaccionan con cautela, recelo, miedo o, incluso claro rechazo.

A partir de este período, cuatro grandes sistemas interactúan entre sí y mediatizan las relaciones del niño y de la niña con el entorno, como son la exploración (presente desde el nacimiento, pero, a partir de este período, en interacción con los otros sistemas); el apego, que sirven de base de seguridad desde la que se explora el entorno físico y social; la afiliación (tendencia a interesarse y establecer relaciones con otras personas) y el miedo a personas extraños. La afiliación y el miedo a extraños hacen que el niño y la niña esté interesado en establecer relaciones con los y las demás, a la vez que se alarma si éstas no tienen lugar en situaciones adecuadas.

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consecuencia de ello, suele sentir deseos de participar de la intimidad de la relación que viven su padre y su madre y, si nace un/a nuevo/a hermano/a, celos de éste/a. Pero estos fenómenos, que pueden iniciarse en este período, son prototípicos del siguiente. Los niños y las niñas toman conciencia de que los padres y las madres comparten ciertas formas de intimidad en las que ellos y ellas no pueden participar. Eso provoca deseos de participar en ella y resistencia a abandonarlos en determinados momentos. Los celos fraternales tienen su origen en la reestructuración del sistema familiar que supone el nacimiento de nuevo/a hermano/a, y las consecuencias que ello provoca: descenso de las atenciones que se prestaban anteriormente, aumento de las exigencias, prohibiciones y castigos, cambio en la consideración del niño y de la niña, que pasa a ser visto/a como mayor. Los celos son probablemente inevitables y han de ser considerados como protesta ante estos cambios y como alarma ante el miedo a perder la disponibilidad y dedicación de las figuras de apego. Si se desea que los niños y las niñas adquieran conductas socialmente deseables y a la vez sean felices, es inevitable que estén sujetos a determinadas normas de disciplina. La transmisión de éstas debe basarse más en la inducción que en la imposición o en la amenaza de retirarles nuestro afecto. De esta forma, además, la persona adulta se ve obligada a razonar sus propias imposiciones y, probablemente, éstas serán más razonables.

En la primera etapa de la Escuela Infantil (0-3 años), ésta debe enriquecer el mundo social del niño y de la niña y ofrecerle la oportunidad de recibir asistencia educativa más planificada y profesional que la recibida en la familia. En casos de déficit familiar, pertenencia a una familia nuclear sin otros niños y niñas o hábitat doméstico inadecuado, la asistencia a la Escuela Infantil nos parece extremadamente necesaria y beneficiosa. En otros casos, la asistencia a la Escuela Infantil también puede ser beneficiosa para el niño y para la niña y para quien tendría que estar encargado/a de sus cuidados, pero no parece estrictamente necesaria. La vida de niños y niñas normales menores de tres años, nacidos en familias normales que pueden dedicarle atenciones y cuidados, puede también organizarse adecuadamente de otras formas. En la incorporación a la escuela debe cuidarse especialmente el período de adaptación (familiarizándoles previamente con el lugar y las educadoras, aumentando progresivamente el tiempo de estancia, incorporando poco a poco los niños nuevos y a las niñas nuevas), apoyar y vigilar las interacciones de niños y niñas con otros niños y otras niñas, y planificar, de forma muy flexible, experiencias adecuadas que favorezcan el desarrollo físico, motor, cognitivo, lingüístico y social.

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vínculos, el modelo seguro, se logra cuando madre y padre son sensibles a los estados emocionales de las niñas y los niños responden a esos estados y los modelos inseguros (evitativo, ambivalente y desorganizado), son consecuencia de conductas parentales erráticas, intrusivas e inconscientes con las necesidades de las niñas y los niños (Morales, 2007). El modelo seguro, permitirá a niñas y niños, enfrentarse eficazmente a las situaciones estresantes, desarrollando una alta autoestima y una visión positiva del mundo y al contrario, si se sienten rechazadas/os, son golpeados o tratados con lenguaje sarcástico, humillante o negligente, se convertirán en personas adultas que actúan con hostilidad, insensibles, inestables y dependientes, desarrollando baja autoestima y visión negativa del mundo. La consistencia de la conducta de madre y padre, es la variable más importante, ya que permite al niño desarrollar cierto control sobre el entorno y aprenderlos límites entre los que varía la conducta aceptable (McCord, 1991).

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que la cultura marca lo que debe aprenderse, ofreciendo normas y modelos a imitar (Segall, Lonner y Berry, 1998).

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Antonia F. San Martín García Página 35 1. 2. Tipos de Violencia

La definición más aceptada de violencia de género, es la propuesta por la ONU en 1995 e indica que en ese marco, conceptualizamos la violencia, cómo “la coacción física o psíquica ejercida sobre una persona para viciar su voluntad y obligarla a ejecutar un acto determinado”. Puede adoptar formas diferentes: física, verbal, psíquica, sexual, social y económica. Unas formas de coacción que se han ejercido, en mayor o menor medida, a lo largo de la historia (Expósito, 2011). Con el tiempo la violencia de género ha ido impregnándose de significado social, adulterando la definición inicial basada en el binomio inseparable de violencia y género. Y pasó de satisfacer una necesidad de supervivencia a convertirse en una conducta instrumental que introduce desigualdad en una relación interpersonal o mantiene una desigualdad subyacente y estructural. En este sentido, la violencia y el género se convierte en un binomio inseparable, ya que la primera se usa como mecanismo para conseguir un plus de presencia o influencia respecto a lo segundo (Expósito, 2011).

Se usa el término Violencia de Género, porque se sabe que la violencia contra las mujeres va más allá del ámbito doméstico extendiéndose a todos los ámbitos en los que las mujeres se desenvuelven traspasando el espacio privado. La violencia de género es un problema de salud como indica el Informe mundial sobre violencia y salud elaborado por la Organización Mundial de la Salud (O. M. S. / W. H. O.) en el año 2002.

La violencia contra la mujer reviste muchas formas, desde la violencia doméstica, existente a todos los niveles de la sociedad, hasta las prácticas tradicionales nocivas relacionadas con el ejercicio de violencia física contra la mujer, como la mutilación genital y los crímenes relacionados con el honor, que constituyen una forma específica de violencia contra la mujer (Decisión Nº 779/2007/CE).

1. 2. 1. Clasificación segúnInforme mundial sobre violencia y salud

La clasificación utilizada en este informe, divide a la violencia en tres grandes categorías según el autor del acto violento: Violencia dirigida contra uno mismo, Violencia interpersonal y Violencia colectiva.

Estas tres amplias categorías, a su vez, se subdividen para reflejar tipos de violencia más específicos.

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búsqueda de medios para llevarlo a cabo, el intento de matarse y la consumación del acto. Muchas personas que abrigan pensamientos suicidas no atentan nunca contra sí mismas, e incluso las que intentan suicidarse pueden no tener la intención de morir; las autolesiones, como la automutilación.

Violencia interpersonal, se divide en dos subcategorías: Violencia intrafamiliar o de pareja: en la mayor parte de los casos se produce entre miembros de la familia o compañeros sentimentales, y suele acontecer en el hogar, aunque no exclusivamente. Abarca formas de violencia como el maltrato de los niños y de las niñas, la violencia contra la pareja y el maltrato de las personas ancianas; Violencia comunitaria: se produce entre personas no relacionados entre sí y que pueden conocerse o no; acontece generalmente fuera del hogar. Se incluyen la violencia juvenil, los actos violentos azarosos, las violaciones y las agresiones sexuales por parte de personas extrañas, y la violencia en establecimientos como escuelas, lugares de trabajo, prisiones y residencias de personas mayores.

Violencia colectiva, es el uso instrumental de la violencia por personas que se identifican a sí mismas como miembros de un grupo frente a otro grupo o conjunto de personas, con objeto de lograr objetivos políticos, económicos o sociales. Adopta diversas formas: conflictos armados dentro de los Estados o entre ellos; genocidio, represión y otras violaciones de los derechos humanos; terrorismo; crimen organizado.

Esta clasificación tiene también en cuenta la naturaleza de los actos violentos, que pueden ser físicos, sexuales o psíquicos, o basados en las privaciones o el abandono, así como la importancia del entorno en el que se producen, la relación entre el autor y la víctima y, en el caso de la violencia colectiva, sus posibles motivos.

1. 2. 2. Clasificación clásica de tipos de violencia

Violencia Física, Violencia Psicológica y Violencia Sexual; convendría señalar la Violencia Económica y/o Material, como otro tipo de violencia contra las mujeres por parte de los hombres.

La violencia psicológica, es la única que se puede infligir de forma aislada y, directa o indirectamente, siempre acompañará a los otros tipos de violencia.

Violencia Física: todo acto no accidental que provoque o pueda provocar daño físico o enfermedad (heridas, fracturas, golpes, quemaduras, bofetadas).

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salidas, descalificaciones públicas y el control del dinero. El empleo de este tipo de violencia conduce a la destrucción del equilibrio psicológico.

Violencia Sexual: toda conducta que atenta contra la libertad sexual de la mujer mediante el empleo de la fuerza o la intimidación, o que valiéndose de una posición de poder impone a la mujer una relación sexual contra su voluntad. Este tipo engloba las agresiones y abusos sexuales, los incestos y también el acoso sexual, entendiéndolo como todo comportamiento sexual ofensivo y no deseado, impuesto valiéndose de una situación de superioridad laboral, docente o similar que genera un entorno hostil y humillante repercutiendo negativamente en sus condiciones de vida y estabilidad psíquica.

Violencia Económica y/o Material: que incluye la privación intencionada, y no justificada legalmente, de recursos para el bienestar físico o psicológico de la mujer y de sus hijas e hijos o la discriminación en la disposición de los recursos compartidos en el ámbito de la convivencia de pareja.

1. 2. 3. Indicadores según el tipo de violencia

Indicadores Físicos: hematomas en: rostro, labios, boca, torso, espalda, muslos, cuello; fracturas en: cráneo, nariz, mandíbula; quemaduras de cigarros/puros en: manos, pies, por cuerdas en: piernas, cuello, torso, por objetos: señales definidas; cortes y/o pinchazos; mordeduras humanas; lesión de órganos internos; heridas; arañazos; problemas físicos o necesidades médicas no atendidas (heridas sin curar, infectadas); perforación del oído; problemas dentales: lesiones en tejidos blandos del área de la boca.

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Manifestaciones somáticas; intentos de suicidio; alto índice de tratamiento psiquiátrico o psicoterapéutico; dificultad para resolver problemas; escasas habilidades sociales.

Indicadores Sexuales: hematomas y/o heridas: interior del muslo; sangrado anal y/o genital; fisuras anales; dolor en genitales; contusiones/ hematomas en: monte de Venus, vulva y mamas; traumatismos en la vulva.

Existe una completa relación de signos y síntomas de maltrato:

Los síntomas psíquicos: depresión, confusión, ansiedad, comportamiento disociado, anorexia/bulimia, somatizaciones, síndrome de estrés postraumático, intentos de suicidio, sentimientos de culpabilidad, baja autoestima.

Los síntomas físicos: patologías mal definidas (dolor de cabeza, torácico, espalda, abdominal, pélvico, insomnio, ahogos), lesiones agudas en múltiples puntos en forma de magulladuras, erosiones y cortes, discapacidades permanentes.

La actitud de la víctima: temor, mirada huidiza, sensación de vergüenza, sentimientos de culpa, explicaciones vagas, contradictorias, confusas.

La actitud de la pareja: excesivamente preocupado, solícito, excesivamente despreocupado, despectivo y/o irónico (es habitual que el culpable acompañe a la víctima a la consulta para controlarle), hay que invitarle a salir de la consulta.

1. 2. 4. Factores que incrementan el riesgo potencial de maltrato dentro de la familia

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Antonia F. San Martín García Página 39 1. 2. 5. Círculo de la Violencia

Se utiliza el término “violencia de género” como concepto que engloba los distintos tipos de violencia que sufren las mujeres por el hecho de ser mujeres y que se produce en cualquiera de los ámbitos en los que están presentes.

Lenore Walker definió el Ciclo de la violencia a partir de su trabajo con mujeres, y actualmente es uno de los modelos más utilizado por las/los profesionales. El ciclo comienza con una primera fase de “Acumulación de la Tensión”, en la que la víctima percibe claramente cómo el agresor va volviéndose más susceptible, respondiendo con más agresividad y encontrando motivos de conflicto en cada situación; la segunda fase supone el “Estallido de la Tensión”, en la que la violencia finalmente explota, dando lugar a la agresión; en la tercera fase, denominada de “Luna de Miel” o Arrepentimiento, el agresor pide disculpas a la víctima, le hace regalos y trata de mostrar su arrepentimiento. Esta fase va reduciéndose con el tiempo, siendo cada vez más breve y llegando a desaparecer. Este ciclo, en el que al castigo (agresión) le sigue la expresión de arrepentimiento que mantiene la ilusión del cambio, puede ayudar a explicar la continuidad de la relación por parte de la mujer en los primeros momentos de la misma (Walker, 1979).

Con este ciclo se pretende explicar la situación en la que se da violencia física, ya que la violencia psicológica no aparece de manera puntual, sino a lo largo de un proceso que pretende el sometimiento y control de la pareja (Walker, 1979).

El Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer estima que al menos una de cada tres mujeres en todo el mundo será golpeada, violada o maltratada de alguna manera durante su vida. En la mayoría de casos, el maltratador será un miembro de su propia familia.

Los datos disponibles de las macroencuestas realizadas en España y en Galicia encargados respectivamente por el Instituto de la Mujer e Igualdad Servicio Gallego, el porcentaje de las mujeres que son maltratadas, 3,6% (España) y 3,2% (Galicia). Además de los datos obtenidos del total de mujeres entrevistadas, 32.426 mujeres que viven en España con más de 18 años, se ha concluido que el porcentaje de mujeres maltratadas se aumenta a 9,6% y 8,5%, respectivamente (España/Galicia) para ser consideradas “técnicamente” las mujeres maltratadas como si no se identifican como tales (Lameiras, Failde, Saco y Rodriguez , 2006)

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intervención de un conjunto de factores diversos, incluyendo factores individuales, sociales y del contexto concreto de la relación de pareja (Bosch, y Ferrer, 2002).

Para la American Psychological Association, “La violencia de género ahonda en sus raíces en las normas socioculturales y las expectativas de rol que apoyan la subordinación de la mujer y perpetúan la violencia del varón” (American Psychological Association, 1999). Ya que la diferenciación de género no es un producto natural, debe reconocerse que son las culturas las que “nutren” de contenido los estereotipos de género y condenan a la mujer a un papel subordinado e injusto.

Todas las culturas usan las diferencias biológicas (físicas) entre sexos como base para hacer distinciones sociales que suponen la asignación de valores, cualidades y normas en función del sexo al que pertenecemos. Así a través de los estereotipos de género “descriptivos” se determinan como “deben ser” los hombres y las mujeres (características intelectuales y de personalidad), y a través de los estereotipos de género “prescriptivo” se establecen las conductas o roles que “deben llevar a cabo” cada una/o (conducta). En función de los estereotipos “descriptivos” se especifican los aspectos intelectuales y los rasgos de personalidad. De hecho que a los hombres les “corresponde” la ciencia, la razón y la lógica; y, a las mujeres la estética, la sensibilidad y la intuición. En segundo lugar, en relación a los rasgos de personalidad, los hombres se les describe a través de la independencia, asertividad y dominancia; y, a las mujeres se les describe desde la dependencia, la sensibilidad y el afecto (Eagle, 1995). Y son los estereotipos “prescriptivos” los que condicionan el tipo de actividades y distribución de las ocupaciones (Pastor, 2000). De modo que los roles o los papeles asignados para cada sexo se proyectan desde los estereotipos descriptivos.

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Es muy difícil establecer las causas concretas de la violencia de género, pero se debe señalar: la posición desigual de la mujer en el plano personal social y el uso injusto de la violencia para resolver conflictos.

La violencia de género tiende a iniciarse en los primeros años de la relación, y en muchos casos durante el primer embarazo; pero la mujer tarda una media de 8 años hasta que le plantea a la persona profesional su problemática.

Las cifras de denuncias por maltrato solo representan el 5-10% de los casos que se producen. A menudo pasan de 5 a 10 años desde que ocurre el primer episodio de violencia hasta que se denuncia. Las causas que se proponen para explicar este retraso en la denuncia son: la esperanza de que la situación cambie, el miedo a represalias contra ella o sus hijos, o incluso contra sus animales de compañía, los sentimientos de vergüenza, fracaso o culpa, la habituación a los comportamientos violentos, la dependencia psicológica o económica respecto a su pareja, los sentimientos de ambivalencia o inseguridad, el miedo al aparato judicial, el no saber a quién dirigirse o a qué servicios acudir y la falta de apoyo familiar, social o económico.

Las niñas y los niños que viven en familias violentas, sufren graves consecuencias: pueden acarrear déficits de autoestima a lo largo de toda su vida y pueden presentar múltiples patologías graves, desde trastorno por estrés postraumático hasta trastornos psiquiátricos de cualquier otro tipo.

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Antonia F. San Martín García Página 42 1. 3. Consecuencias para la salud

La violencia es causa de lesiones en la mujer. Los distintos tipos de violencia se interrelacionan y producen efectos en todas las facetas de la salud.

Entre las consecuencias que se derivan para la Salud física se encuentran las lesiones: pueden encontrarse en cualquier localización y revestir diversos grados de gravedad; enfermedades de transmisión sexual VIH/SIDA, embarazo no deseado, problemas ginecológicos, cefaleas, hipertensión; discapacidad parcial o permanente; abuso de alcohol y sustancias tóxicas; oras conductas nocivas para la salud; consecuencias para el feto o el recién nacido cuando la agresión se produce en una mujer embarazada: abortos, partos prematuros, muerte fetal, lesiones en el feto o en el recién nacido.

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Figura 1. Lugar de residencia por provincia
Tabla 2. Edad  Edad
Figura 3. Intervalos de edad
Figura 6. Resultados totales  y  por Factores de la Escala Cultura Honor (ECH)
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Referencias

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