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7^3
ESPAÑA Y ESTADOS UNIDOS
PROGRAMA DE LA FUNCIÓN
PRIMERA PARTE 1.° HimnoNacional Argentino.
2.°Marcha Real Española.
3.°CONFERENCIA DEL Dr.ROQUES.ÍENZPEÑA.
SEGUNDAPARTE 1.° La Marsellesa.
2.° Pot-pourri de airesEspañoles,«Maiquez».
3.° Conferencia delSr. PaulGrocssac.
tercera parte
1." Marcha Real Italiana.
2.°Jota de «La Dolores».
3.° Conferencia del Dr. José Tarnassi.
Final: Marcha de Cádiz
ESPAÑA
ESTADOS UNIDOS
FoncióndadaenelTeatro delaVictoriael2de
Majode189S
bajoelpatrociniodelClub
EspañoldeBuenosAires,ábeneficiodela
SuscripciónNacionalEspañola
CONFERENCIAS
DELOS SEÑORES
Dr.
ROQUE
SÁENZ PEÑA,PAUL
GROUSSACY
Dr.
JOSÉ TARNASSI
Prólogodel Dr. SEVERIANOLORENTE
1/
BUENOS AIRES
CompañíaSud-Americana de Billetes de Banco Chile263y SanMartín156
1898
PRÓLOGO
PROLOGO
Satisfaccióngrandísimaconstituiráparanos-
otros,mientras vivamos,elrecuerdo de esanoche memorable, al considerar que,cuandola adver- sidadacumulaobstáculosformidablesen nuestro camino, hay al lado nuestro voces amigas que nos
animan
á desbaratarlosy manos
leales dis- puestas á enjugar nuestrasfrentes inundadas por elsudor del esfuerso.Una serie de convencionalismos hipócritas
y
absurdos impide á lospueblos su intervención en la contiendaarmada
de dos paísesquesere- suelven á despedazarse: los gobiernos no in- quieren de quéparte está el derechoy
de cuálotra la temeridad. Espectadores impasibles de un
drama
de fuersa, seproclaman neutralesy
prohiben á sus subditos toda participación enel cruento duelo: pero la presión de las leyes,
Tin
PROLOGO
que sonobradeloshombres, nobastaráá sofocar nunca ladifusión de los sentimientos, que son atributo legítimo de la naturaleza;
y
poco importaque lospoderes intenten comprimirlos sienelalma delos pueblos hay lafuerza ex- pansiva suficientepara manifestarlos.Oficialmente, la República Argentina, Fran- cia éItaliason neutralesen la inicuaguerra á que se nos ha provocado; pero, efectivamente, la opinión de esas naciones está con nosotros.
El
doctor Sáenz Peña, el señor Groussacy
eldoctor Tarnassi, dignísimos heraldos de esos afectos, lo han demostrado,
y
su participación enla velada del2
demayo
obliga dulcemente nuestrorespeto,nuestrocariñoy
nuestra grati- tud. Tratárasedeotros ciudadanos cualesquie- ra,y
nuestro reconocimientoseríamuy
grande;tratándose de tan conspicuoscampeones, tiene quesermayor. Porque, á despecho delaforzada nivelación que á las multitudes quieren impo- ner las democracias, violentando designios in- mutables, siempre existirán diferencias entre loshombres,
y
loshombres superioresconstitui- ránuna clase escogida,que en unos pueblos las leyes ó la tradición, en otros la conciencia pú-blica,calificarándearistocracia. Puesbien; los colaboradores de nuestra patriótica velada no son representantes anónimos de otras tantas naciones:sonunadiputación dela nobleza latí-
PROLOGO
nadelpensamiento, unos verdaderostítulosde laaristocraciaintelectual congrandesa depri-
mera
clase, cuyos nombres constan en la Guía de forasteros dela culturasuramericana.Y
no solamente representan su voluntady
supensamiento:son también laexpresióndelpen- samiento
y
la voluntad delospueblos enque han nacido, que, ásu ves, constituyen la aristocra- ciadelasnaciones.Ya sé que no ostentan actas ni credenciales, pero no importalaausencia de tantrivialesfor- malidades.
Las
sociedades políticas se lacen representarenelextranjeroporagentes diplo- máticos; elgenio delospueblosseacredita me- dianteembajadores intelectuales.Mientras Francianecesitasosteneren
Europa
quincelegaciones, VíctorHugo
larepresentaba áun
tiempo en dos continentes; mejor que to- das lasembajadas, nos ha representado Eche- garaycon suteatrotriunfanteen mediomundo
;mejor,
mucho
mejorquetodoslosministros en- viados á laCasa
Blanca, representó en Was- hington áSur
América el doctor Sdens Peña, cuando en el Congresopanamericano opuso al codiciosoy
groseroestribillodeMonroeelgene- roso conceptode 'América paralahumanidad
».No, no son medianías vulgares los conferen- ciantes del l'ictoria: son los escogidos de la intelectualidadlatinoamericana;
y
si la causaPR
OLOGO
que han defendido era digna de ellos, ellos se
hanmostrado dignos de la causa.
No
hanhecho lo que ciertos espíritus eclécticos, catedráticos en el arte cisoria de los afectos humanos, que con pereza dejuicio ó devoluntad para exami- narun problema de derecho internacional sim- plicísimo, hanpreferidoproceder con injusticia distributiva, repartiendo por igual sus simpa- tíasentre lasparteslitigantes, inventando una monstruosidad repulsivay
absurda: el herma- frodismo del corazón. Nuestros paladines se han portado con varonil entereza: pensadores serenos, observadoresdesinteresados, han visto bien elasunto,y
en su sentenciase han inclina-do proindiviso, con todo elcorazón, con el alma
entera, al campo de la justicia
y
del derecho, ofreciéndonos el calor de sus ideas, el aliento de su pecho amigo, las vibraciones de su cere- broy
loslatidos desu corazón.Sifuéramos
y
ankees, si hiciésemos laguerra infamede la expoliación violenta, si nos entre-gásemos al robo geográfico en cuadrilla, el con- curso de los ilustres talentos no merecería la
pena de nuestra estimación,yaqueninos traen millones de dollars, ni miles de hombres, ni baterías de cañones, nipuñados de telegramas mendaces. Pero somos españoles; no peleamos por laadquisición de miserables riquezas; nos batimospor tino de esos estímulos que elpoeta
PROLOGO
frailees llamócon intencionadaironía prejuicios góticos; luchamospara
mayor
esplendor de un lirismoquesólocomprendenlospueblos de nues- tra noble rasa; cedemos á las sugestiones del honory de lagloria; vivimos la vida del espí- ritu, demostrando que el hombre es algomás
que un animal mamífero, y quienes asípiensan y obran sin vacilaciones ni arrepentimientos, agradecen
mucho más
que el concurso de los factores materiales,la contribución insuperable del pensamiento, nervio del almay
alma de la humanidad.La
participación de nuestros hermanos de rasa en las ansias que íios devoran, no es el efectode una consigna pasada entre asociados queseagrupan
con sórdida adhesión para de- fenderinteresesmaterialesamenazados;supre- sencia en la arena dondeseluchaporeltriunfo de las ideas, es el resultado inmediato delpeli- gro queamaga
losprestigios deunafamilia en desgracia,y
ante cuyo soloanuncio acuden to-dos los consanguíneos, dispuestos á velarporel esplendor
y
la honra desucomún
estirpe.Porque la guerra suscitada por los apetitos de unpuebloconcupiscente
y
codicioso, no esun fenómeno aislado en que se revela elantagonis-mo
ocasional de convenienciasconcretas,produ- cido de buena feentre litigantes queseconside- ran con igual derecho á la posesión de la cosaPR
OLOO
Oapetecida.
Es
algomás
quetodo eso: es el epi- sodio de una lucha gigantesca que se propone afectar al porvenir delmundo
; es un combate aislado en la guerra secular que se hacen dos rasas incompatibles; es el ataquepor sorpresa ála seguridad de unafamilia á quien se odia porquese la envidia; es la escaramuza deuna campaña
incesante sostenida por los pueblos á quienes entristece la niebla, contralospueblosá quienes alegra elsol; es la competencia brutaly
cínica de una rasaá quien Dios nególas deli-cias del suelo, entablada contra la rasa d quien Dios entregó los mejores pedasos de este
mun-
do; es la lucha tenas de los que se aburren en latitudes desesperadaspor la desolación desus ingratosyermos, contra losquesedivierten go- saudo las dulsuras de una uaturalesapróvida, bondadosa y risueña; es el combate de los que amenizansus melancolíasemborrachándose coneljugo de las gramíneas substraídas á la ali-
mentación de las bestias, contra los que subli-
man
sufelicidadaspirando elsumo
de las uvas arrebatadas á los dioses; es la lucha delalcohol amílico, destructory
pousoñoso, que degraday
embrutece predisponiendo al crimeny
al suici-dio,conelalcoholetílico,generadordelaalegría sana, inspirador de la poesía meridional, del bullicio inocente
y
de lasexpansionesmás
rego-cijadasdelánimo; es la rivalidad celosa man-
PROLOGO
tenida entre los hombresá quienes la atracción fisiológica que perpetúa la especie condena d
amar
estatuas de carney
hueso, en cuyas venas se deslizaimpávidotodoelhielo del septentrión,y
los hombres d quienes elamor
se lo brinda elencanto de mujeres esbeltas, morenas
y
apasio- nadas, en cuya mirada brilla toda la luz meri- dianay
en cuyas arteriaslatetodoelardor, toda la vehemencia, todoelfuegodelmediodía; esla envidia de las tierrasqueocultan lahulla, á los jardines donde la chispa de la primavera pro- duce la explosiónlujosadesuscalientesmaticesy
sus embriagadores aromas; es la animadver- sión de los hombresquetrabajany
los hombres que imaginan, de lasactividadesque organizany
las actividades creadoras; es la acción delantagonismo existente entre la fuerza
y
la in-teligencia; es la representación del conflicto eternamentesuscitado entre aquellaparte de la humanidad, todo espíritu, que se avecina á lo divino,
y
aquella otra, pura materia, que des- ciende á los bajos confines de la expresión zoo- lógica; es el duelo desesperado entre el oro á cualquier precioy
la honra que no admite coti- zación.Y
esa lucha incesantey
eterna,porquesus tre- guas sólo son aparentes, hoyse libra en territo- rios hispanos,mañana
se renovará en otroscampos;
y
todos nuestros hermanos de causaPROLOGO
quetienen la conciencia del peligro, se aprestan á la lucha como pueden. Unos derramarán su sangre al lado nuestro; otros nos ofrecen ese dineroporelquetanto despreciosentimos;otros nos traen el apoyo de sus sentimientos, débil basepara levantarcasas dedieciocho pisos,pero sólido cimiento para elevar el alcasar magni-
fico é indestructible de nuestra solidaridad de rasa... que será tan duradera como el inundo, como el concepto del honor, como el ideal de la justicia en la tierra, ya que asílo ha dispuesto Dios,y Dios no es ningún Mackinley para que despreciemos lo que dispone.
Sielpueblo español pereciese en la
demanda
(extremo inaceptable, porque el pueblo español es inmortal), el genio de la equidad humana, encarnado en varones de la talla de nuestros conferenciantes, se encargaría de vindicarnos ante la posteridad. Loemos,pues, á esos nues- tros ejecutores testamentarios, quese encarga- rían de referir á las generaciones veniderasla historia, un tantofabulosa en estostiempos, de un pueblo que áfines del siglo XIX, cuando elmundo
habíaperdido lospapeles, cuando los le-gisladores yaukees rezaban
y
bebían antes de ponerse á hacer infamiasy
disparates,tenía hu-mor
suficientepara batirsepor elconcepto de la dignidad.PROLOGO
Cuando seconstruye un túnelinternacionaly
los obreros que han emprendido la obra desde puntos opuestos ven caer la última porción del obstáculo que los separaba, seproduce una es- cena de alegría conmovedora.
No
se conocen;quisa no se entienden;pero la solidaridad del esfuerso
común
les ha ligado con robustosvín- culos;y
al verse,les invadeesejúbiloque acom- paña átodos loséxitosdifícilesy
honrados. Asíes que unos caen en brasos de otros y se es- trechan entusiasmadospor la magnitud de la
victoria alcanzada en las entrañas mismas de la tierra que tantas veces había amenazado tra- gárselos.
Los hermanos nuestros de rasa, que vienen trabajando desde sus posiciones respectivas en
el
mismo
túnel que nosotros fraguamos, se han encontrado anteanoche con nosotros. Al ver quela causa españolase ha abierto una amplia vía bajolapesada montaña de calumnias
y
prejui- cios que quería aplastarla; al ver que los tra- bajadoresdelpensamiento nos han ayudado enestetriunfo moral,quees un signodeprogreso, nosotroslos saludamos con efusión de cariño
y
les tendemos los brasos abiertos... tan abiertos
como loestánnuestroscorasonesátodoslossen- timientos de lealtad,de gratitudy dejusticia.
Seyeriaxo Lorexte.
Discurso del Dr. R. Sáexz Peña
Dr. roque sáexz peña
DISCURSO
DEL
Dr. Roque SÁENZ PEÑA
Señoras y señores :
El debate internacional de nuestrosdías,no gravita,en su actualidad conmovedora, sobre
la independencia de
una
Antilla.La
inter- vención,ha transformadolacausa,el ultimá-tum ha
desgarradolabandera,confundiendo enuna
injuria á lasdos soberanías: á la que aspira á nacer,y
á la que exige para su ho- nor tradicional,elreconocimientoy
los res- petos del universo cristiano.El
Congreso
FederaldelosEstadosUnidos, desconoce lajurisdicción deEspaña
sobre laDISCURSO
Gran
Antilla; pero no para que nazcan las autonomías nativas, ni paraanimar
la vida deuna nueva
nación, sino para demoler toda existencia política,sepultando enlosabismos deuna
intervención armada,á los peninsula- res,y
á los insurrectos: á laRepúblicay
á laMonarquía
; todo se desconoce, todoseamen- gua y
todo se destruye, borrando hasta los vestigios delorganismo
político que se de- clara caduco, sin reconocer principio de au- toridad que le suceda, ni gobierno alguno enejercicio, que no sea el provisoriato de la fuerza, bajo el fierrodeextranjeros ejércitos, ajenosal litigio
y
al territorio, exóticos y ex- traños á larazade los dos beligerantes. Esta terceríasin título, estas reivindicaciones sin dominio, constituyen, señores, el hechomás anormal y
lausurpaciónmás
subversivacon- tra losbasamentos
del derecho públicoy
contra el orden de las soberanías; violenciay
usurpación tantomás
improcedente é in-justificada, cuanto
más
gratuitay menos
ne- cesaria.Cuba
ha podido ser libre;y
lo habría sido ciertamente, por genial desprendimiento dela
madre
patria, por convencimiento propio de sushombres
de estado y por oficial pro-R.
SAEXZ PENA
mesa, contenida en el último mensaje que
la
Corona ha
dirigido al Parlamento, anun- ciandocomo un
hechocierto y próximo, queuna nueva
personalidadiba ásurgir,queuna
entidad política se incorporaría á lafamilia de los pueblos independientesy
libres.Ese
documento, que denuncia la visióndeun
por- venir cargado de peligros, que previene los conflictos y presagia el infortunio que agita elalma
nacional,—
porque la guerra esun
infortunio
—
esedocumento,digo,modelo
defirmeza
y
de moderación, de honor sinmen-
gua, de sacrificio yde valor sin tasanireser- vas, es, á la vez, revelación y denuncia del plan capitolino.Cuba ha
debido ser libre, lo repito, si esalibertad no se buscara en estemomento
histórico,porelcamino
de lahumi- llación y del ultraje á la nación española:ultraje que no le infieren las disensiones internas, entre insurgentes
y
peninsulares, sino los actos insólitos deuna
políticainva- sora, que acecha desde la Florida los anchu- rosos senos del golfo de Méjico, para nutrir en ellos sensuales expansiones territorialesy políticas; sueños de predominio, que aspi-
ran á gravitar
pesadamente
en la vasta ex-tensión de este hemisferio. Pero habré de
DISCURSO
repetir lo que
ya
he dicho: si lo infinito no cabe enlo finito,tampoco
lo universal entraen
lohumano. Las
fronteras son la prosadel idealhegemónico,como
los hitos son agujas punzadoras que erizan el lecho del ensueño.Esa
líneainvisible é imaginaria,que dividey
fragmenta la especiehumana,
se convierte por creación del derecho, en poderosomuro
de contención, sostenido por naciones bien dispuestas ádefender su independencia bajoel escudo impenetrable de las soberanías;
estetérmino, designalas proteccionesjurídi- cas, con que el derecho de gentes confundeá débiles
y
áfuertes;y
no previene tansólo la invasión material delterritorio,sinoque aus- piciaderechos de orden políticoy
moral,queemergen
de lasoberaníamisma,
de esa mez-clade honor
y
de interés, dedogma
y fe, deamor y
religión, que no admite depresión ni vilipendio, porque tiene resuelto, de antema- no, suproblema
de ser ó no ser.Ese
fuero intangible é inmaculado, que enciende los excesos del estado deguerray
hace olvidarel ego del nativo para
sucumbir
al nos de la individualidadnacional,gozade protecciones definidas que secondensan
en otra fórmulalegal, bajoel principio de la no intervención.
R.
SÁENZ
PEXAEs
estala doctrina que el derecho interna- cionalha
consagrado, cimentando sobre an- chay
sólida base la coexistenciainmune
de razasy
de pueblos en la vida de relación delos Estados; y son estos los principios que
el
Congreso
Federalha
demolido, no con fundamentos, ni con razones legales quepuedan
tener acceso áuna
discusión cientí- fica,sino con actos de podery
de fuerza, im- puestosy
transmitidos almundo
civilizado por la voz de los cañones.Considerados estos actos á la luz de los principios del derecho degentes,nos ofrecen la intervención
como
premio, por actualidadel
bombardeo, y
por solución apetecida la anexión, que es el trámite artero de la con- quista: vocablo incomprensible para la civi- lizacióncontemporánea y
para el derechopúblico, quees,ensuesencia,racional yjurí- dico.
La
conquista es la fuerza, ley delbruto é ignominia del hombre,cuando
no lacom-
primen
el derechoy
la moderación, que esla hidalguía de la fuerzamisma
; es el bandole- rismo delas naciones, es el asalto á lassobe- ranías, despojo sin proceso, crimensinjuez, que insulta al cieloy
enrojece la tierra con sangrey
con rubor!DISCURSO
II
Desde
luego, la intervenciónnoesun
dere- cho, sinoun
hecho de aplicación inaceptable en nuestros días.¿Por
qué?Porque
en larelación política de los Estados,
como
en la relación civil de las personas, todo derecho es correlativo deun
deber;y cuando
seha
reconocido la inviolabilidad de los Estados,cuando ha
sidoproclamado
el principio de su igualdad política,el derechoá gobernarse porsus leyesy
dirimirporsímismo
los con-flictosque nazcan ó se
propaguen
en su sue-lo, esos derechos, esas prerrogativas, esos atributos,
comportan
la obligación y los de- beres recíprocosdelosdemás
Estados áres- petar el fuero interno de la soberaníay
delterritorio, que es el hogar infranqueable de lospueblos.
La
legislación no crea derechos en oposi- ción á las accionesjurídicas: nohay
derecho contra el derecho,como
decían los publicis- tas del siglo xvn, al combatir el principiodela intervención. ¿
Para
qué crear el vínculo legal y la entidadjurídica de las naciones, siR.
SAEXZ PENA
sincrónicamente ha de nacer la interdicción que la deroga ó el poder interventor que
ha
de destruirla? ¿Para qué consagrar princi- piosy derechos quehan
defenecerensuejer-cicio, por el desconocimiento de los otros Estados, en uso de
una
acción legal pertur- badora y deprimente? No; ó la intervención no existecomo
derecho, ó no existe la sobe- raníacomo
verdad.Cuando
los tratadistas estatuyen las rela- ciones del derecho público, dividen las obli- gacionesy
deberes en perfectos é imperfec-tos, incluyendo en la primera de estas dos categorías, losque forman, segúnVattel,
una
obligación imperativa (stricti juris),com-
prendiendo dentrode sus términos, el deber de respetary
observarla justicia, laindepen- dencia, laigualdad,lapropiedady
lajurisdic- ción de los otros Estados; figuran
como
deberes imperfectos, las simples relaciones de equidad, de cortesíay
de conveniencia(comitas gentium), deberes que se derivan de relaciones voluntarias, diplomáticas ó co- merciales
y que
se inspiran en disposiciones deequidad, dehumanidad y
debuena
armo-nía. Esta nomenclatura de los deberes polí-
ticos, reprueba y desautoriza el desconoci-
10
DISCURSO
miento de
una
obligación stvictiJuris, por consideraciones subalternas deun
orden im- perfecto,como
son, á no dudarlo, las queemergen
deun
interés comercial, ó las que nacen demero
sentimiento;—
sentimiento, señores, queva
consideraremos en su opor- tunidad.El principio de la nointervención,
ha
con- tado en suapoyo y
en su favor á los publi- cistasmás
notables.Sea
quetomemos
á Grotius, para quien las intervenciones no proceden sino en el caso de agresión, en uso del derecho de propiadefensa, seaque tome-mos
á Pufendoríf, Vattel ó Fiore, quecom-
parten, con pequeñasreservas, esaopinión; á Rossi, que
recomienda
á las potencias ex- tranjeras, en el caso deuna
guerra interior,los deberes
más
estrictos de la neutralidad,demostrando
que el concurso que se lleva áuno
ú otro de lospartidos en la lucha, obs- truye la expresión cierta de la voluntad na- cional.Sea
quetomemos
á Wolf, que noad- mite ni consiente excepción en caso alguno, contra la no intervención, asegurando quelos Estados que la violan, obran por el dere- cho del
más
fuerte, conculcando la libertad natural de las naciones, que nodepende
enR. SAEXZ
PENA
su ejercicio,delavoluntadde las
demás
; por último, Casanova, para quienel principio delanointervención,representalalibertad per- sonalde las naciones: el derecho, la justicia, la filosofía,
condenan y
reprueban esafacul-tad,
aún
en los casos demayor
desprendi- miento y de piadosahumanidad.
Pero, desgraciadamente, las conclusiones del derecho público, carecen de poder coer-
citivo, porque no las
acompaña
la sanciónpenal, porque no existe
un
juzgador que en- cauce los excesos de la fuerzay
proteja por igual á los débiles y á los poderosos.Es
por eso que la verdad jurídica, nodomina
con rigor elmundo
teórico internacional,y
quela opinión delos legistas,
como
las aspiracio- nes de la justiciahumana,
nohan marchado
de acuerdo con la historia bien siniestra delasintervenciones.
A medida
que nos aleja-mos
de losusosy
las prácticas del derecho moderno,encontramos más
arbitrarioy más
frecuente, esa
desnuda
demostración de la fuerza, que ejercieron losPapas y
losEmpe-
radores, dilatando territorios
y
jurisdiccio- nes, hastadonde
llegaba el alcance de susarmas
ó el poderde sus ejércitos.La
paz deWestfalia pareció morigerar aquellas prác-
12
DISCURSO
ticas, para recaer en ellas con igualintensi-
dad
; la Revolución francesa, queconmovió
los tronos de la
Europa y
provocó la alianza de losreyes, bajo el pacto llamado Perpetuo, inspiró las decisionestomadas
en los Con- gresos deTroppau y
de Laybach, hasta queel
Congreso
deVerona
motivó los descon- tentos de Inglaterra, bajo el ministerio de lord Castlereagh,y
produjo el retiro de lord Wellington,delasientode susdeliberaciones.«Estado alguno, decía el gabinete britá- nico, tiene el derecho de exigir á otrosEsta- dos, el
cambio
de sus instituciones, nimenos
amenazarlo con recurrir á la fuerza.La
no intervención esla regla,y
la excepción no sejustifica,sino á la doble condición, de que la seguridad delosEstadosestérealmente
ame-
nazaday
queexistauna
necesidadimperiosay
urgente.»Es, á cortas diferencias, el principio que
comentan y
sostienen los tratadistasya
cita-dos.
La
intervención no procede sino en elcaso de agresión ó de
amenaza
positiva á la seguridaddel propio Estado;pero, entonces, deja de ser intervención, para constituir el derecho inalienable de la propia defensa; pudiera pensarsemás
bien, que los términosR.
SAENZ PENA
13quedan
invertidosy
que es el Estado agre- sor ó la revolución perturbadora, el que traela complicación efectiva de sus
armas
enconflicto.
Es
digna de observación la actitud de losEstados Unidos en la relación política de la Inglaterra con laSanta Alianza. El Capitolio de
Washington apoyó
la política dela Ingla- terray
protestó de las intervenciones, ofre- ciendo los prospectos deuna
contrainterven- ción,silaligadelosreyes,seproponíadilatar su acción política sobre este hemisferio. El mensaje de 2de diciembre de 1823 contiene declaraciones que serían inatacables si hu- bieran sido universales; plausibles, áser des-nteresadas.
III
La
doctrinadelpresidenteMonroe,conteni- da en el mensaje de diciembre, se pronunció contra la intervención; pero ese pronuncia- miento hizo reservas mentales, que vuelven dudosos sus propósitos
y
perniciosos sus efectos ;condena
en principio las interven- ciones europeas,pero sereservadehecholasDISCURSO
americanas,loquevalesignificarydecir, que noes
una
doctrina general y científica, con unidad deconcepcióny
de principio, sino un hecho nacional ypropio,que se notifica á las nacionescomo
la idiosincraciadeun
gobier- no fuertey
de un poder incontrastable,—
porque es de recordar, que las arrogancias dela
Casa
Blanca las sustentaban en el caso las escuadras británicasyelapoyo
delminis-terio de Canning.
Esa
doctrina, enmi
opinión, es la causay
el origen de las actuales desviacionesdel de- recho público.
La
doctrina de Mackinley es simplemente el epílogo de la deMonroe
y dela de Polk; no son tres doctrinas, son tres actos consagrando
una
sola usurpación: la intervención de los Estados Unidos, en los destinosy
en la vida de los pueblos ameri- canos.Cuando
los gobiernos teocráticos de Eu- ropaamenazaban
extender su sistema sobre este continente, la declaración de los Esta- dos Unidos tuvo su razón política, pormu-
cho que careciera de razónjurídica: fué lo arbitrario resistiendo lo ilícito. Pero, en las actuales relaciones del derecho, de la diplo-macia y
dela humanidad, debe desaparecerR.
SAEXZ PENA
15lo ilícito con lo arbitrario; no existe, no
ha
existido
nunca una
nación americana, con capacidad política é internacional, para asu- mirlarepresentacióndelcontinentey
hablar ánombre
de pueblos idénticamente libres;no existe
una
soberaníadel hemisferio,como
noha
existidonunca una
cancillería delNue- voMundo.
Los
poderes del presidente Monroe, eranmás
que discutibles: eran apócrifos, porque Estado alguno americano delegó ni enajenó en ningúnmomento,
la facultad de reglar las relaciones desu vida exterior con el resto delacristiandad.
Las
conminaciones dirigidas á laEuropa, nofueronratificadasporlasnuevas nacionalidades, en cuyonombre
se hablaba3' de cuyos destinos se disponía; la titulada doctrina nosalió del recinto de
un
parlamen-to,
como
acto interno, de poder á poder, sin exteriorización diplomáticani internacional.El fondo de esa doctrina, se vuelve, por otra parte, inaceptable,no
ya
paralaEuropa,don- de motivó las protestas de la Rusiay más
tarde lasde la
Gran
Bretaña, sino para los Estados libres de este continente.Condenar
las intervenciones europeas en el
mismo
do-cumento
en que se reservan las americanas,16
DISCURSO
y en que ellas se ejercitan por acto propio é inconsulto, no es, en efecto, reprobar la intervención, sino gestionar su monopolio.
Lawrence ha
dichomuy
acertadamente: «No hay un
derecho público para laEuropa
y un derecho particular para laAmérica
: el de- recho de gentes es deuna
aplicación univer- sal en toda la cristiandad,y
los actos que se inspiran en el interés individual deuna
na- ción,como movimiento
unipersonaly
propio, nison principios ni constituyen doctrina.»La
posición de los Estados latinoamerica- nos, si no resulta deprimente, escuando me-
nosanormal
con relación á los actos deuna
cancillería,
que ha tomado
ante laEuropa
la gestión oficiosa del
Nuevo Mundo. ;De dónde
se deriva su personería? ;De dónde
arranca su facultad policialy
sus poderes pesquisantes, sobre el recinto cerrado de las fronteras americanas, nomenos
inviolables quelas deEuropa
? ;Habremos
debuscarlos en el derecho deprimogenitura, que es acci- dente de gestación y no derecho? ; Habre-mos
de encontrarlos enla razón devecinda- je geográfico, que es acaso de la naturalezay
no razón?Tendremos
que decidirnos por motivosR.
SÁENZ PEÑA
más
terminantes y fuertes, ya, que la fuerza hace doctrina,ya
que lagendarmería
funda derechos.Las
repúblicas hispanoamericanas, tienen quereivindicarcon honray
título, elesfuerzo generoso de lanueva
doctrina, que fuécon- sagrada porBolívar,alconvocary
constituirel
Congreso
dePanamá.
Bolívar tuvo, sin duda, lapercepción exactadel futuro, ypudo comprender
ála distancia, queelmensaje de diciembre tenía su talón de Aquiles,como
tenía fauces troyanas, la solidaridadprocla-
mada
por el Capitolio.La
nota-programa con que Bolívar convo- có aquel Congreso, consagraba la doctrina de la no intervención, pero no contra laEu-
ropa, sino contra todapotencia extranjera;
esa era la doctrina, en su carácterjurídico y universal; eraesa la verdad política á que aspiraban lospueblos americanos, para sen-
tirse soberanos
y
libres, no sólo ante laEuropa,sino ante la universalidad de las na- ciones. Pero esa doctrina redentora de las autonomías, que despuntaba las alas á las águilas del Capitolio, provocólos desconten- tos del Gabinete de Washington, á punto de no hacerse representar en
Panamá
;uno
de18
DISCURSO
los delegados de los Estados Unidos, llegó tarde
y
enfermo...y
el otro...no llegó nunca, porque semurió
en el camino. Bolívar se proponía, no sólo restablecer la verdadera doctrina, sino también la representación de estas Repúblicas, rectificando la inerte plas- ticidad áque quedaran reducidasporelmen-
saje de 2 de diciembre ; quiso darles capaci- dad política para hacer acto de asentimiento y de presencia, allí
donde
se decidíade sus destinos,donde
se hablaba ánombre
de laAmérica,
cuando
se obraba por cuenta delos Estados Unidos.
El
Congreso
Federal desestimó las propo- siciones de aquella conferencia, rechazando toda solidaridad política con los Estados del Sud, que no fueron admitidos áapoyar
ni ácontrolar,
una
política que loscomprometía como
Estados libres.Los
actos posteriores de los Estados Uni- dos nohan
sidomás
amistosos nimás
consi- derados conlos puebloslatinos ; la conferen- ciadeWashington
de 1890, llamada á crear felices intimidades en las naciones deAmé-
rica, sólo
ha
servido para acentuar distan- ciamientoS;cuando
no antagonismos; ellas no fueron llamadas para modificar ó perfec-R.
SAEXZ PENA
19cionar las bases del
Derecho
Público; allíno se
mencionaron
los intereses políticos continentales, ni los ideales generosos que debían sernoscomunes
; los gobiernosy
loshombres
vivieron sobre la desconfianzay
actuaron sobre laventaja ; no se trataba de derechos ni siquiera de fraternidad: se bus- cabanmercados
consumidores para produc-tos protegidos,
cambiando
cueros por petró- leoy
manufacturas por gutapercha ó porcafé.
Roto
el eslabón comercial, por el fracaso del bloqueo continentalmaquinado
contrael comercio europeo, el americanismoha
vuel- to á caer bajo el diafragma de las cordille-ras, las
montañas y
los ríos.He
dichomal
: él renacey
se complica con intervenciones arbitrarias,como
lo fué, sinduda
alguna, la ejercida en Venezuela,y
la quehubo
de imponerse en 1879, para hacer cesarlaguerraentre el Perú, Chiley
Bolivia.La
bala del asesino Guiteau, al apagar la existencia del presidente Garfield, detuvoy
cambió
losrumbos
de la escuadra interven- toraque se dirigía á Pisagua paraimponer
una
solución de fuerza.20
DISCURSO
IV
Examinaré
ahora, no sin sobriedad,para no abusar de la atención queme
prestáis, elfundamento
oportunista delmensaje del pre- sidente Mackinley, al decretar la interven- ción contra laEspaña y
contra la autonomía dela revolución.La
razóny
lajusticia deuna
causa, deben acompañar, á no dudarlo, áuno
ú otro de los beligerantes; pero,dada
laforma
de laactual intervención, parece que la razón se dene- garaá losdos, desde elmomento
que el ter-cero se la adjudica á sí
mismo,
haciendo desaparecer causay
efecto por la razón su-prema
de lafuerza. ¿Por
qué no reconocerla beligerancia
y
el gobierno de la revolu-ción, si los Estados Unidos buscan tan sólo la emancipación de
Cuba? ¿Por
qué no les acordaronpersonalidad jurídica, paraevitarla intervención
y
celebrar derechamente la alianza?Las
explicaciones del mensaje se exceden en franqueza, pero sequedan
cortas en respeto por los beligerantesy
por su te-rritorio.