Curso 2010-2011 Profes: Carmen Trujillo y Raquel Santos12 3. TRASTORNOS DEL LENGUAJE
3.1. Introducción a otros modelos lingüísticos: Bilingüismo y Diglosia
Bilingüismo y diglosia son términos que se refieren a la presencia de dos lenguas y las implicaciones individuales y sociales de este hecho. La diferencia entre una y otra se encuentra en el hecho de que mientras el bilingüismo se refiere a utilizar más de una lengua, la diglosia estudia el papel diferente de cada lengua con una jerarquía claramente diferenciada. Es decir, una persona diglósica, a diferencia de una bilingüe, no tiene la misma facilidad para expresarse en las dos o más lenguas que conviven en el territorio que habita.
Bilingüismo
Capacidad que tiene un individuo de utilizar alternadamente dos lenguas.
En el caso de niñas y niños que nacen en un entorno bilingüe del que forma parte su lengua materna pueden sufrir alteraciones lingüísticas.
Un niño o una niña de población inmigrante, cuya lengua materna es otra y no per- tenece al nuevo entorno al que se ha trasladado no suele sufrir alteraciones.
Diglosia
La Diglosia es la coexistencia desequilibrada de dos lenguas, porque una cuenta con mayor prestigio social cultural y económico. Las circunstancias políticas y sociales tienen un papel determinante en su aparición.
La principal tiene gramática, se aprende en la escuela, aparece en los medios...
¿Es aconsejable la introducción de lenguas es la escuela infantil?
Las niñas y los niños totalmente bilingües viven en contacto con las dos antes de los tres años, las incorporan ambas de manera natural a su repertorio lingüístico...
Sobre la introducción temprana de una 2ª lengua -o una 3ª en el caso de comunidades bilingües: no suponen una sobrecarga en el ámbito cognitivo, al contrario, parece que contribuyen a estimularlo.
Sobre la confusión entre las lenguas: parece que la incorporación temprana de una nueva lengua favorece el desarrollo lingüístico.
En cuanto a la edad en la que hay que introducir esta nueva lengua, algunas propuestas son que el momento óptimo es a partir de los tres años cuando la lengua natal está bien consolidada, aunque otras piensan que se puede hacer antes.
Estas decisiones se recogen en el Proyecto Lingüístico de Centro, que formará parte del PEC
Curso 2010-2011 Profes: Carmen Trujillo y Raquel Santos13 3.2. Trastornos en el Lenguaje
3.2.1 La detección del trastorno
La detección de alteraciones en el lenguaje verbal consiste, esencialmente, en comparar el estado actual de las conductas verbales con las cuales deberían presentarse de acuerdo con la edad. De todas maneras, esto es mucho más complejo de lo que parece a simple vista, dado que muchas veces es difícil distinguir entre una desviación de la norma sin gravedad y una desviación patológica.
Las cuestiones más delicadas se plantean cuando el trastorno aparece tardíamente o cuando se descubre por accidente. El descubrimiento tardío puede significar, por lo menos, dos cosas: que el trastorno existía desde el principio pero no había sido detectado, o bien, que se sospechaba su existen- cia pero no se creyó conveniente intervenir. En ambos casos los efectos sobre la niña o el niño afectado pueden ser importantes, pues se habrá retardado o no se habrán iniciado las estrategias de intervención temprana, imprescindibles para solucionar los problemas derivados de estas alteraciones.
3.2.2 Categorías de trastornos en el lenguaje
Si tenemos en cuenta la dimensión temporal, se pueden distinguir tres categorías
Regresiones
Las regresiones consisten en la reaparición de comportamientos pertenecientes a estadios anteriores de desarrollo. Para que tal diagnóstico sea posible, el niño o la niña debe haber estado en nivel más evolucionado del lenguaje y volver atrás.
Son representativos casos como la existencia de un trauma, el nacimiento de una hermanita, una enfermedad, etc
Retrasos
Los retrasos se basan en la no adquisición de determinados aspectos del lenguaje a una edad cronológica dada. A veces el retraso se presenta desde un determinado momento, cuando anteriormente no se había presentado ningún síntoma anormal, aunque en otras ocasiones el retraso evolutivo aparece desde el principio.
El problema se complica más cuando se trata de diferenciar entre un retraso simple de un retraso persistente (disfasia), ya que entonces se requiere el tratamiento de un especialista.
Trastornos adquiridos
Hacen referencia a la aparición más o menos repentina de conductas verbales anormales que no pueden asimilarse a una regresión o a un retraso. Pueden indicar una situación patológica subyacente. No hay que alarmarse más de la cuenta, ya que ciertos trastornos de este tipo son recuperables y de rápida solución.
Curso 2010-2011 Profes: Carmen Trujillo y Raquel Santos14 3.2.3 La Intervención Precoz
Detectar un trastorno desde el inicio supondrá numerosas consecuencias positivas, como la de prevenir las reacciones inadecuadas del medio (negligencia, exceso de ansiedad) y permitir al niño o la niña iniciar la reeducación antes de que desarrolle una larga historia de fracasos escolares, de que ge- nere sentimiento de inferioridad frente a los demás, de cogerle horror a los aprendizajes pedagógicos de lo oral y de lo escrito, de consolidar comportamientos inadecuados y, por último, de que las estructuras cerebrales pierdan la plasticidad relativa al lenguaje.
Las terapias preventivas pueden conseguir importantes éxitos, aunque es difícil saber cuáles son los trastornos recuperados gracias a ellas y cuáles se habrían reabsorbido por sí mismos sin necesidad de ellas.
El proceso de intervención precoz no plantea vacilaciones si se trata de trastornos procedentes de afecciones orgánicas, neurológicas o físicas evidentes, que impiden o atrasan el desarrollo del len- guaje, como la sordera congénita, la parálisis cerebral, el retraso mental, etc.
3.3. Trastornos específicos en la adquisición del Lenguaje.
Son varios los trastornos que pueden afectar a la adquisición y competencia del lenguaje.
Algunos son específicos de la propia elaboración del lenguaje, como las dislalias, las disfemias o las disfasias. Otros trastornos o problemas tendrán su origen en otras dolencias, y entre las más importantes se consideran la sordera, la parálisis cerebral infantil, el autismo y el retraso mental Todos ellos los estudiaremos en esta unidad didáctica.
3.3.1. Dislalias
¿Qué es la dislalia?
La dislalia es un trastorno de articulación de los fonemas, ya sea por ausencia o alteración de algunos sonidos concretos, o por la sustitución de unos por otros. Puede afectar a uno o a varios fonemas y supone una clara alteración de la conducta de la articulación.
Las articulaciones incorrectas son normales en una etapa del desarrollo del lenguaje en la que el niño o la niña no es capaz de repetir por imitación, de modo correcto, las palabras que escucha. Sólo si persisten más allá de los cuatro años se deben considerar patológicas.
Esta dislalia evolutiva no requiere un tratamiento especial, aunque es necesario mantener con la niña o el niño un comportamiento adecuado que ayude a su maduración, para evitar una fijación defectuosa de su esquema articulatorio. En este sentido, la única norma que se debe
Curso 2010-2011 Profes: Carmen Trujillo y Raquel Santos15 seguir con un niño o una niña antes de esta edad es hablarle claramente, repitiendo de modo correcto las palabras que él pronuncie mal y evitando siempre hablarle en su lenguaje infantil.
Alteraciones más frecuentes
En nuestra lengua, las alteraciones más frecuentes se producen en las consonantes: /b/, /d/, /g/, /k/, /r/, /rr/, /l/, /ll/, /s/, /z/ y /j/.
Cuando una consonante no se puede articular, hay una tendencia a suplir el déficit mediante sustitución de un fonema por otro, omisión del fonema, distorsión del sonido o inserción de un fonema que no entra en la palabra (arraton por ratón).
Exploración y Reeducación
Desde la escuela infantil se puede observar y anotar:
El fonema o los fonemas que pronuncia mal o no pronuncia
Si el fonema alterado lo sustituye por otro, lo omite o lo distorsiona
Si la articulación incorrecta depende de la posición en la palabra (inicial, media o final).
Es preciso anotarlo en un informe que, si se cree conveniente, se debe derivar a un especialista, que realizará una exploración más profunda y llevará a cabo la recuperación de las ar- ticulaciones alteradas.
La edad más favorable para comenzar es alrededor de los cinco años.
3.3.2. Disfemias
¿Qué es la disfemia?
La disfemia, también llamada tartamudez, es un trastorno en la fluidez del habla que se caracteriza por una expresión verbal interrumpida en su ritmo de un modo más o menos brusco.
La disfemia se inicia normalmente en la primera infancia, pero resulta difícil de diagnosticar antes de los seis años, porque a estas edades suelen presentar cierta disfluencia verbal en el aprendizaje de la lengua. Por ello se requiere una observación y un seguimiento en la escuela para permitir la obtención de datos durante un proceso relativamente prolongado de su evolución.
Categorías:
Los niños y las niñas que tienen una disfluencia verbal normal, es decir, cuya expresión contiene características de la disfemia fisiológica, típicas de la edad entre los tres y los cinco años.
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Los niños y las niñas que puedan tener riesgo de desarrollar un trastorno disfémico (existencia de antecedentes familiares de tartamudeo, disrupciones del habla más o menos bruscas o interacciones verbales conflictivas con el entorno). Antes de iniciar ningún tratamiento, estos niños y niñas deben ser sometidos a sesiones de observación, las cuales deben repetirse al cabo de unos meses.
Los niños y las niñas que presentan una clara sintomatología de tartamudez. En estos casos se requerirá un tratamiento que va a necesitar una intervención directa por parte de las familias y la escuela, siempre guiados por un especialista.
Los tratamientos en la etapa infantil son muy complejos, ya que requieren cierta conciencia en el dominio de los mecanismos de corrección e incorrección lingüística, y los niños y las niñas adquieren gran parte de ellos a partir de la lectura. Además, el tratamiento exige técnicas de relajación que son muy difíciles de aplicar a menores de ocho años.
Consejos para tratar con un niño afectado de disfemia
La ansiedad y el conflicto aumentan la tartamudez, que a su vez genera ansiedad. Por esta razón, es importante que familias y educadores aprendan a no reaccionar mal ante la niña o el niño que tartamudea, procurando no manifestar ningún signo de impaciencia o ansiedad.
Deben evitarse situaciones de tensión, y no se le debe reñir, criticar, censurar o ridiculizar.
Nadie debe hacerle observaciones sobre su manera de hablar, y se evitará el contacto con personas que pudieran perjudicarle en este sentido.
Es preferible no hacerle repetir palabras o frases, ni tampoco decirle que hable tranquilo o despacio.
Se le tiene que dar tiempo para que termine la frase, no interrumpirle adivinando lo que quiere decir, a no ser que manifieste evidentes signos de esfuerzo brusco al hablar, y cuando se le interrumpa deberá hacerse suavemente y facilitando la buena comunicación.
Es bueno darle conversación y animarle a hablar en situaciones de no tensión, así como leer cuentos junto a él y hablarle de cosas que le interesen, haciéndolo despacio, con pronunciación clara y sencilla. Es importante que cada noche se acueste contento y relajado.
Actuaciones en el aula
Actitud del grupo hacia el tartamudeo: hacerles ver que las burlas producen dolor. Con- seguir que en el grupo se cumplan las reglas del diálogo, respetando rigurosamente el turno de habla. Para evitar, la huida psicológica del niño o la niña de su grupo, un camino utilizado es responsabilizarle de distintos quehaceres de la clase, no abusivamente.
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Educación Respiratoria: El tartamudeo no tiene que comportar problemas respiratorios, pero su dificultad reside en la falta de coordinación entre los movimientos respiratorios y los movimientos laríngeos responsables de la fonación. Se pueden realizar ejercicios respiratorios específicos, como entrenamientos diversos en inspiración y espiración nasal y bucal, a diferente velocidad, emitiendo sonidos o palabras, etc.
Educación Corporal: Ya hemos hablado de la importancia de la relajación en la recuperación de personas tartamudas. La tensión que se manifiesta en los distintos seg- mentos corporales y los movimientos asociados son fruto de la ansiedad de la persona afectada de disfemia. Por eso la relajación es una manera de entrenamiento corporal que implica un dominio parcial y total del cuerpo. La mayoría de los autores consideran que la edad mínima para conseguir una relajación en el sentido real de la palabra oscila entre los ocho y los doce años. Sin embargo, con las niñas y los niños pequeños hay que ir consolidando progresivamente esta imagen corporal.
Educación Rítmica: Una de las características de las personas que presentan disfemia es que esta disfunción no se produce en actividades como el canto o la lectura coral, y esto, entre otras cosas, tiene que ver con el ritmo. En este sentido, es importante el tratamiento a partir del ritmo del lenguaje, tratando de combinar palabras, frases, pequeñas rimas y poemas sencillos y alternar las sílabas átonas con las tónicas. También ayuda en esta línea el acompañamiento a través de movimientos corporales.
3.3.3. Disfasias
¿Qué es la disfasias?
La disfasia es un trastorno generalizado de la lengua debido a una inadecuada adquisición de sus mecanismos.
Este trastorno se puede considerar un retraso del lenguaje, que puede recuperarse con una adecuada reeducación, aunque también puede suponer un trastorno profundo de los mecanismos de adquisición, y jamás supera un determinado nivel. El caso más extremo es la afasia congénita, o ausencia del lenguaje, sin que se presenten otros síndromes que puedan explicar dicha ausencia (como la sordera, el autismo, etc.).
Síntomas y Diagnóstico de la Disfasia
Se pueden catalogar diferentes grados de disfasia según la gravedad del retraso que se presente entre leve y grave (aunque sean conceptos subjetivos). A título indicativo, se pueden considerar los siguientes referentes:
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Aparición de las primeras palabras después de los tres años.
Aparición de las primeras combinaciones después de los cuatro años.
Persistencia de un lenguaje esquemático más allá de los seis años.
Lo más característico de todo problema disfásico es el inicio tardío de las primeras palabras (generalmente no aparecen antes de los dos años), incluso puede llegar a sospecharse que sea sordo, ya que el niño intenta compensar este retraso con una superproducción gestual y una mímica exagerada.
Se pueden encontrar niños y niñas de unos cinco años afectados de disfasia cuya expresión conserve los rasgos del lenguaje infantil (omisiones, sustituciones, simplificaciones de palabras) Una secuela inevitable será, de modo generalizado, el atraso escolar sin que por ello tenga que existir un retraso mental, aunque es difícil medir la inteligencia de una persona con disfasia, ya que la lengua es la expresión del pensamiento.
Reeducación y estrategias de Intervención
El objetivo último de todo programa de tratamiento de un niño o una niña con disfasia es el logro máximo del lenguaje que, en cada caso, sea posible adquirir y que le permita adaptarse y vivir en el mundo de sus iguales.
La reeducación es la puesta en práctica de un programa pensado y elaborado tras un estudio profundo de cada caso, que debe estar dirigido por un especialista en trastornos del lenguaje, aunque se debe llevar a cabo en la escuela.
Para poner en práctica la reeducación se debe tener claro cuáles son los objetivos finales así como las metas parciales, los materiales y métodos que se van a emplear en cada etapa y el sistema de evaluación de los resultados. Es también necesaria la colaboración de la familia, y a ésta se la debe asesorar y se le debe explicar claramente cómo y por qué debe actuar tal como se le indica.
Conviene precisar que, para el tratamiento de un niño o una niña con disfasia, es muy positivo iniciar cuanto antes el aprendizaje de la lectura y de la escritura, puesto que ambas actividades van a colaborar para lograr una correcta ordenación de sílabas en las palabras y de palabras en la frase. Es el único caso en que se aconseja este inicio precoz, ya que en una evolución normal puede resultar contraproducente.