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4 Editorial Mujeres apasionadas de Giuseppina Teruggi

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4

Editorial

Mujeres apasionadas

de Giuseppina Teruggi

5

Cenáculo abierto,

casa de las dudas y de los sueños

13

14

Las mujeres en la Palabra

Las mujeres de la pasión de Jesùs

16

Vida consagrada y…

Justicia social

Revista de las Hijas de María Auxiliadora

Via Ateneo Salesiano, 81 - 00139 Roma RM tel. 06/87.274.1 fax 06/87.13.23.06 e-mail: [email protected] www.cgfmanet.org Directora responsable Mariagrazia Curti Redacción Giuseppina Teruggi Anna Rita Cristaino

Colaboradoras

Tonny Aldana • Julia Arciniegas • Mara Borsi Piera Cavaglià • María Antonia Chinello

Emilia Di Massimo • Dora Eylenstein Laura Gaeta • Bruna Grassini María Pía Giudici • Palma Lionetti

Anna Mariani • Cristina Merli María Helena Moreira • Concepción Muñoz

Adriana Nepi • María Luisa Nicastro Louise Passero • María Perentaler Loli Ruiz Pérez • Rosella Raspanti

Lucía M. Roces • María Rossi Traductoras

francese • Anne Marie Baud giapponese • ispettoria giapponese

inglese • Louise Passero polacco • Janina Stankiewicz portoghese • Maria Aparecida Nunes spagnolo • Amparo Contreras Álvarez tedesco • ispettorie austriaca e tedesca

EDICIÓN EXTRACOMERCIAL Istituto Internazionale Maria Ausiliatrice

00139 Roma, Via Ateneo Salesiano, 81 c.c.p. 47272000

Reg. Trib. Di Roma n. 13125 del 16-1-1970 Poste Italiane S.p.A.

Spedizione in Abbonamento Postale D.L. 353/2003 (conv. in L. 27/02/2004 n° 46)

art.1, comma 2 - DCB Roma n. 3/4 Marzo Abril 2009 Tipografia Istituto Salesiano Pio XI

Via Umbertide 11, 00181 Roma

ASSOCIATA

ALLA UNIONE STAMPA PERIODICA ITALIANA

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18

Ecumenismo

La gran esperanza

20

Hilo de Ariadna

Más allá de la duda

27

28

Cooperación y desarrollo

El micro crédito

para la calidad de la vida

30

Pastoral-mente

Jóvenes: en el tiempo y en el espacio

32

Polis

Mujeres de negro

sumario

35

36

Jóvenes.com

Larga vida al rey de los “Videojuegos”

39

Vitrina Sitios

Recensión sitios Web

40

Vídeo

Bella

42

Vitrina

Recensión vídeos y libros

45

Libro

Vitrina

Mantenerse cuerdo

en un mundo de locos

46

Camila

(4)

sentido – las intuiciones maduradas durante

el Capítulo y entregadas a cada FMA. Ser

mu-jeres apasionadas puede ser una entre las

muchas respuestas. Mujeres que saben leer el Más Allá en sí mismas y en la realidad de todos los días. Sin resignarse a lo repetitivo, aún cuando las personas, los gestos, los ho-rarios, los eventos son siempre los mismos. Un corazón apasionado está literalmente in-vadido de amor, sabe esperar, sabe descubrir en las vicisitudes ordinarias el germen de lo

nuevo escondido que puede salir a la luz.

“¿Qué es lo que más os ha impresionado du-rante el Capítulo?”, se preguntó a algunas de las participantes. “Las 193 capitulares eran mujeres apasionadas – ésta una respuesta – que participaron en todo: reflexión, oración, debates, recreos, paseos. Demostraron un gran amor al Instituto también a través de ¡expresiones diferentes y discordantes!”. Quizás en nuestras comunidades necesita-mos introducir estremecimientos de pasión – pasión por Cristo y por los jóvenes – aún con nuestras diferencias, hacer de cada jor-nada una oportunidad de cosas inéditas y buenas, construyendo puentes de esperanza y de novedad. Esto, nadie lo decide por no-sotras; el disparo de salida viene únicamente de la libre opción de cada una.

Así hicieron las mujeres de Jerusalén si-guiendo a Jesús hasta el cumplimiento de su pasión. La primera entre todas María, que permaneció en pie junto a la cruz.

[email protected]

Mujeres apasionadas

Giuseppina Teruggi

editorial

en este número...

En la conclusión de las Líneas orientadoras

de la misión educativa se lee que “la casa

del sentido es la vida cotidiana”. En efecto, en lo cotidiano, más que en lo extraordinario se juega el compromiso por la vida, para construir el futuro, para realizarse como personas. Allí es el lugar en el que el signo puede traducirse en expresión concreta que hace visible un valor. Precisamente en lo cotidiano encontramos el sentido del ser, del hacer, de las opciones de cada momento. Normalmente nuestra vida se construye so-bre cosas sencillas, soso-bre el amor recibido y dado, sobre las relaciones, sobre la fatiga, a veces sobre la duda o sobre la esperanza. Quien tiene corazón y ojos límpidos descu-bre en el don de cada día motivos para reno-varse, para descubrir lo inédito en sus repliegues de sorpresa grata o de contrarie-dad amarga.

El Capítulo General XXII ha implicado de for-ma activa a cada FMA y ha creado expectati-va de novedad. Navegando por el sitio web del Instituto, entre las páginas del Forum, se leen expresiones que hablan de deseo de ai-re fai-resco para nuestras comunidades. Las mismas capitulares se han preguntado: ¿Qué novedad podemos ofrecer a las Hermanas, a los jóvenes, a los laicos que comparten nuestra misión? Éste queda como un reto para cada una, una provocación para abrir caminos de futuro a traducir en lo cotidiano. El presente número del DMA permite entver respuestas a este reto e introduce a la re-flexión sobre la responsabilidad de cada una de asumir y llevar a lo cotidiano – la casa del REVISTA DE LAS HIJAS DE MARÍA AUXILIADORA

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han parecido, a primera vista, inconcilia-bles.

Hemos temido que la expresión “más grande que todo es el amor” síntesis de la asamblea capitular se convirtiera en un eslogan, casi un vino nuevo en odres viejos. La serie de compromisos que se nos proponían era infinita. Quizás no lográbamos intuir detrás de las palabras transparentes, positivas de quien había estado en el Capítulo, el proceso de elabo-ración acontecido también a través de divergencias, discusiones, comparaciones. Alguna esperaba algo nuevo. Lo que nos decían parecía, en cambio, repetitivo. Lo habíamos oído otras veces.

¿Se trataba de una sencilla crónica o den-tro estaba la problemática de la existencia? Las capitulares ¿habían estado dentro de un cenáculo cerrado viviendo la comunión entre ellas o se habían dejado impresionar por la vida de la gente, por las problemáti-cas mundiales, por las crisis en acto? Cuando luego nos han llegado las Actas del Capítulo, a través de la presentación de la Madre, hemos empezado a identificar el hilo conductor que se nos daba, como el fuego nuevo del Espíritu, es decir, el amor, la dinámica, más grande que todas, que abre las puertas a la vida de las personas y de los eventos. Hemos entendido que el mensaje no estaba con la señal de la repeti-ción, sino de la continuidad y de la profun-dización. Y luego, en el cenáculo estaba María, que acompañaba a los Apóstoles en el camino difícil, después de la muerte de Jesús. Y Ella, nos lo aseguró Don Bosco, está todavía en nuestras casas, y nos ayuda.

dossier

cenáculo abier

to casa de las dudas y de los sueños

Después de la muerte de Jesús,

los Apóstoles, junto con María y

otros amigos, se reúnen en la

habitación del piso superior,

donde han celebrado, pocos días

antes, la Última Cena. La atmósfera

es más bien baja, en todos hay miedo,

se cierran las puertas.

Más tarde, no obstante la narración

de la aparición de Jesús, Tomás no

cree. Ante el mensaje de las mujeres,

que hablan de resurrección, la respuesta

de los Apóstoles es de duda.

Sólo el viento del Espíritu abrirá

de par en par las puertas del Cenáculo

e iniciará la Iglesia.

¿Será verdad?

También para nosotras, en las comunida-des que hemos seguido el Capítulo comunida-desde lejos, ha habido momentos de incertidum-bre, de duda. No obstante que teníamos la satisfacción de captar fragmentos de vida por los vídeos, por las noticias en directo, cuando hemos oído a las Inspectoras y a las Delegadas que nos han comunicado la experiencia de aquellos dos meses vividos bajo la señal de la universalidad y en el co-razón del carisma, a veces hemos experi-mentado un sentimiento de desaliento. La comparación con lo que se nos transmitía y la realidad en que vivimos cada día, a veces, ha sido estridente. Las dos cosas nos

REVISTA DE LAS HIJAS DE MARÍA AUXILIADORA

Cenáculo abierto

casa de las dudas y de los sueños

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Una tarde, entre Hermanas

La Casa “Madre Ersilia Canta”, en Roma, es sede del curso de Espiritualidad y las Her-manas que la habitan tienen la suerte de tener contactos frecuentes con la Madre y las Consejeras Generales. Una vez al año, en particular, en seguida después de Navi-dad, las Superioras hacen el regalo de una visita más prolongada en la que es posible un intercambio de pensamientos, la ora-ción y una buena cenita juntas. Este año, el tema del compartir era de obligación y la pregunta a la Madre y a las Hermanas del Consejo bien pensada; ¿Qué es lo que más

os ha impresionado durante el Capítulo y qué esperanza tenéis para el futuro?

Las respuestas llegaron en cascada, sin pausas, declaraciones distintas, pero con-cordes.

Las 193 FMA capitulares eran mujeres apa-sionadas, que participaron en todo;

refle-xión, oración, debates, recreos, excursio-nes… Demostraron una gran adhesión al Instituto incluso a través de expresiones diferentes y discordantes.

Algo bueno era notar que, no obstante la diversidad de posturas durante el debate, ante la decisión tomada, no había réplica, se aceptaba plenamente. Las divergencias de opinión nunca cortaron las relaciones personales.

El hacer memoria del Instituto (a través de la mesa redonda del inicio y otras apor-taciones a continuación) dio tono al senti-do de pertenencia y ayudó a confrontarse sobre la realidad del amor preventivo, siempre según el orden del día en la histo-ria de las FMA.

La centralidad de la Palabra, expresada en particular en cada comienzo de semana con la entronización de la Biblia en la sala capitular, puso indicación en la búsqueda,

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la comparación, la reflexión, los debates, poniendo a cada una en sintonía con el Evangelio.

La voluntad precisa, en todas, de hacer de forma que el ser signo del amor preventivo se convirtiera en expresión, es decir, vida, en nuestra relación en comunidad y con los jóvenes, ha demostrado que es sobre todo en esta voluntad donde se basa la es-peranza de una realización del Capítulo en lo cotidiano.

La exigencia de llevar una vida sobria para compartir con los más pobres la crisis eco-nómica actual y la opción prioritaria por la educación de los jóvenes más necesitados ha sido el objeto de una Orientación centrada del todo en la promoción de una cultura solidaria, alternativa a la lógica capitalista. En este campo se ha ido mucho a lo concreto; conocer el coste de la vida; hacer opciones como pobres de verdad, solidarias con las otras Hermanas de la co-munidad y con los jóvenes que servimos. La primera Orientación ha expresado la exigencia de todas de que los documentos del Instituto (Constituciones; Proyecto

Formativo; Líneas de la misión educativa; Cooperación para el desarrollo), ya en

nuestras manos, pasen del papel a la vida. Ciertamente las intervenciones, en aquella tarde, fueron aún más numerosas y llenas de pasión. Nos dieron esperanza, aunque no todas las dudas, las incertidumbres de-saparecieron. La semilla echada tiene aún necesidad de tiempo y de paciencia para florecer. Sobre todo necesita una tierra buena que la acoja y la haga fructificar. Y pensamos que esto se está experimentan-do en todas las comunidades.

La tierra buena

“Después de la transmisión del Capítulo – dijo una Hermana – creo que el primer pa-so a dar es el de apropiarse del mensaje,

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dossier

cenáculo abier

to casa de las dudas y de los sueños

hacer síntesis en la propia vida e intentar integrarlo en el propio camino personal”. Y otra completó: “Hay un segundo paso igualmente importante. Se trata de com-partir, de reflexionar en comunidad para trazar el camino a hacer juntas de forma que las palabras: ‘más grande que todo es el amor’ se conviertan en pan para todos”. Es necesario preparar aquella buena tierra, disponible, sencilla que hace posible pasar

del ser signo a ser expresión.

Pero ¿cuándo es buena una tierra?

Cuando es permeable, se deja atravesar por la lluvia, por el rocío, por el sol, por todos aquellos agentes atmosféricos que hacen posible el crecimiento de la semilla. Se ha dicho que la identidad de una perso-na o de uperso-na institución no ha de imagiperso-nar- imaginar-se como una bola de billar, sino más bien como una esponja dentro de un barreño donde absorbe el agua e interactúa con otras esponjas. Es necesario pasar de la imagen de las bolas, que en su rigidez es-tán dispuestas al “choque”, a las esponjas, que en su blandura y porosidad están dis-puestas al “cambio”, a la relación.

Esto vale bajo todos los cielos de un mun-do ahora ya convertimun-do en intercultural, complejo. Y también vale en nuestras co-munidades donde se multiplica la diferen-cia, que exige sin embargo hacerse unidad. Una tierra es buena cuando acoge en

pro-fundidad, abre sus surcos, tiene cuidado

de la semilla, la acuna en su seno evitán-dole estar en la superficie donde quizás se dispersaría. Igualmente la tierra de nues-tro corazón es buena si sabe conservar la Palabra, las palabras sabias de quien está cerca de nosotros y cuya vida perfuma de Evangelio.

Una tierra es buena cuando reconoce su

minoría, es decir, acoge su ser tierra, que

posee la capacidad de hacer que crezca la semilla, pero sabe que el poder de hacer que fructifique es sólo de Dios.

Para nosotras minoría quiere decir cambiar el propio imaginario. Hace un tiempo había

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querer estar cerca de los pobres, sin garan-tías, entrar a pleno título en la línea de las Bienaventuranzas.

Aquí está el mensaje de un Capítulo que lo juega todo en el amor preventivo, es decir, en aquella mirada que no está centralizada sobre uno mismo, sino que con dulzura mira a quien tiene necesidad, abre los ojos demasiado protagonismo para las FMA en

la vida religiosa. El gran número de las Her-manas, las obras significativas, las fuerzas jóvenes, las grandes estructuras. Ahora es el tiempo de la poda, de la precariedad también económica, para alguna, de no poder hacer proyectos a largo plazo. Es precisamente aquí donde se juega nuestro

Han dicho

Hemos preguntado a dos Hermanas de Hong Kong, la Inspectora y la Secretaria Inspectorial (que no ha participado en el Capítulo) cuáles son las dudas y las espe-ranzas ante el mensaje de la gran asam-blea capitular.

Sor Elena Miravalle

Secretaria Inspectorial

Estando en casa, delante del ordenador tuve el encargo de transmitir cada día las noticias. Ante todo he de decir que, tanto yo como las Hermanas de la comunidad, nunca habíamos sentido un Capítulo General tan cercano, tan “nuestro”. Aún con la alegría de una participación “a dis-tancia” surgieron dudas e interrogantes. Sabíamos que no todas las Hermanas esparcidas por el mundo piensan de la misma manera, ¿cómo habrán hecho para unificar las respuestas, las decisio-nes? ¿Cómo habrán sido las discusiones en las comisiones? Estas preguntas han avivado nuestra curiosidad.

“Lo más grande de todo es el amor” – El amor no se sueña, se vive. El sueño desva-nece, la vida permanece. Y es ésta la que queremos realizar, gracias a la ayuda que

nos vendrá del CG XXII. Por ahora las traductoras están trabajando, nosotras estudiamos todavía el “Instrumento de trabajo” que nos permitirá entender mejor la transmisión. El sueño es que todo el Instituto entienda Quién es el Amor más grande.

Sor Monica Liu

inspectora

¿Qué dudas e interrogantes han apareci-do en tu corazón? …

La Inspectoría se encuentra en la situa-ción de gran parte del Instituto por la pérdida o falta de vocaciones, personal en edad avanzada, salud precaria de las Hermanas. Ante esta situación, se requie-re fe – certeza de que el Señor actúa también con elementos débiles.

Nos preguntamos cómo hacer surgir y potenciar los pocos recursos que tene-mos para poder responder a las exigen-cias de las nuevas pobrezas y peticiones de la sociedad, en la línea del carisma.

¿Qué sueños puedes tener aún...?

Que nuestra vida sea un signo visible, sea coherente con lo que proclamamos, es decir, capaces de amarnos recíproca-mente en la vida cotidiana para hacer que nazcan nuevas vocaciones.

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y los oídos a las preguntas tácitas de quien está cerca de uno o sencillamente pasa por su lado, en aquella tierra buena que hay en nosotros y quiere que crezca el amor.

Vivir al confín

En estos últimos tiempos, las aportaciones de escritores religiosos y laicos son recorri-dos desde las imágenes del umbral, del confín, de la frontera. “El confín es el lugar propiamente fecundo del conocimiento” (Paul Tillich). La figura del confín nos pide ser indagada asiduamente. Tanto más hoy que sus rasgos parece que se nos escapan insistentemente, bajo la ola de una geogra-fía en movimiento que dibuja una y otra vez continuamente los mapas de las nacio-nes, de las inmensas periferias que engu-llen los centros” (Gabriela Caramore). Quien se sitúa en la línea de confín puede gozar de escenarios más amplios, puede asumir miradas distintas, puede distanciar-se de una atención demasiado localizada y percibir preguntas y gritos tácitos. El cená-culo era tierra de confín. Estaba en la ciudad, pero casi era extraño a sus pensa-mientos, a sus esperanzas. María y los Apóstoles tenían en el corazón la promesa de Cristo, que parecía, en aquel momento, inconcebible. Ellos apresuraban su realiza-ción con su esperanza. También nuestras comunidades tendrían que ser tierra de confín y cada una de nosotras tendría que vivir como está escrito en la carta a Diogne-to donde se diseña el estilo de existencia de los primeros cristianos: “Viven en su pa-tria, pero como forasteros; participan en todo como ciudadanos y de todo están desprendidos como extranjeros. Cada pa-tria extranjera es su papa-tria, y cada papa-tria es extranjera. Moran en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el cielo. Obedecen a las leyes establecidas, y con su vida superan las leyes. Son pobres, y hacen ricos a mu-chos; carecen de todo, y de todo tienen en abundancia. Haciendo el bien son castiga-dos como malhechores; condenacastiga-dos

REVISTA DE LAS HIJAS DE MARÍA AUXILIADORA

dossier

cenáculo abier

to casa de las dudas y de los sueños

Ya han pasado meses desde el final del Capítulo y, sin duda, se han tomado decisiones para algunas líneas a seguir en la Inspectoría y en comunidad. Es, sea como fuere, necesario confron-tarse con las Hermanas para identifi-car, cada vez, el camino a seguir a fin de que podamos ser de verdad

expre-sión del amor preventivo. El Cardenal

Newman, gran convertido del siglo, decía a menudo esta oración que pro-ponemos para cada una de nosotras. Es expresión de minoría, de confianza y de amor.

Condúceme tú, luz gentil, condúceme en la oscuridad que me abarca,

la noche es sombría, la casa está lejana, condúceme tú, luz gentil. Tú guía mis pasos, luz gentil, no pido ver bastante lejos,

me basta un paso, sólo el primer paso, condúceme hacia delante, luz gentil. Cardenal Newman

Después de la oración, que se ha con-vertido también en un canto, procu-ramos:

Narrarnos gestos de amor de los que hemos sido testigos o hasta hemos sido objeto en nuestra vida.

Preguntémonos: ¿Qué situaciones o personas de nuestra comunidad educativa o de nuestro territorio ve-mos más necesitadas de una atención de amor por nuestra parte? ¿Cómo expresar, de forma concreta, esta atención?

Para el compartir

comunitario

(11)

gozan como si recibieran la vida”. Aquí está la “diferencia cristiana” y en nuestro caso, la diferencia de cada Hija de María Auxilia-dora que quiere ser “expresión del amor preventivo de Dios”. Hace todo lo que pue-de no exigiendo recompensa, sino amando gratuitamente, según el Evangelio.

Entonces el lugar incómodo del confín puede ser “puente de esperanza y nove-dad”.

En el umbral

“Vale más estar en el Umbral de la Casa de mi Dios que habitar en las tiendas de im-piedad” (Salmo 84, 11). La expresión del Salmo presenta de forma plástica la actitud de quien vive la minoría, no busca apoyos fuertes, pero se fía de Dios. Está en el um-bral del Templo como el publicano, cons-ciente de su pequeñez. El confín nos per-mite mirar mejor fuera de la comunidad, el umbral nos consiente una atención a los vecinos, a aquellos con los que comparti-mos nuestros días. En efecto, como anota una escritora contemporánea, el umbral es una imagen “más mansa, más doméstica. Que designa un límite más familiar. Acon-tece que dentro de los muros se levantan barreras inabarcables. Porque, al final, más que las fronteras entre los estados, aquellas dentro de nosotros son las más invencibles, las más ásperas a superar, las más inflexibles a abrir. Pero, he aquí que, en el umbral, es posible quedarse y apren-der el ejercicio de la mirada y de la espera, de la comparación y de la paciencia, del soportar y del acoger”. Un grupo de laicos, interrogándose sobre la comunidad, nos regala una sugerencia que nos sirve para actuar el mensaje del Capítulo: “Hoy la comunidad es intrínsecamente plural y requiere opciones personales y conscien-tes por parte de todos sus participanconscien-tes. Ábrete corazón y sé gentil; hay que repetír-selo cada mañana apenas se pone el pie en el suelo al salir de la cama. Sino la comu-nidad no existirá”. Esta visión laica no está

lejana de cuanto nos estamos proponiendo para vivir la expresión del amor preventivo, para vivir la minoría evangélica que hace que aceptemos al otro por lo que es, como don. Entonces “estar en el umbral será como tener un pie en el Templo y un pie en la calle, es decir, buscar la unidad entre la liturgia cultual y la liturgia de la vida, la presencia a Dios y la presencia a los herma-nos” y a las hermanas.

Junto con María, la madre de Jesús

En el Capítulo, se ha señalado mucho la presencia de María. A este propósito, la Madre, en la Presentación de las Actas, escribe: “El Capítulo ha sido como un gran Cenáculo caracterizado por la atención al Espíritu y por la escucha de la realidad con el corazón creyente de María”.

Los exegetas hablando de esta presencia, que es la última referencia explícita maria-na de la Escritura, dicen que “revela el rea-lismo de una oración que acompaña la vida en la espera del cumplimiento de las pro-mesas del Hijo, en la perseverancia del día a día, en la comunión de los corazones y en la súplica ardiente por el descendimiento del Espíritu”.

María es la mujer que ha compuesto el cántico del Magníficat y cuya fe no la ha vencido la duda y el miedo, no obstante la muerte cruel del Hijo. Es la mujer que exul-ta al revelar el rostro de un Dios misericor-dioso, fuerte, inclinado a escuchar el grito de los pobres, de los que sufren. Es la ma-dre que tiene una mirada lúcida sobre la historia y sobre los acontecimientos. En el Cenáculo, como en Caná, cumple su servi-cio de mediadora. Disipa la incertidumbre, el miedo también nuestro y nos acompaña para vivir su “inédito”. Somos sus hijas, por lo tanto, de alguna manera hemos de pare-cernos a Ella.

(12)

REVISTA DE LAS HIJAS DE MARÍA AUXILIADORA

dossier

cenáculo abier

to casa de las dudas y de los sueños

viñeta

DESPUÉS DE SU MUER

TE,

LOS APÓSTOLES EST

ABAN

DESALENTADOS PERO A

L

TERCER DÍA LLEGÓ UN F

AX

Y ¿QUÉ DECÍA?

(13)

Profundizaciones pedagógicas

bíblicas y educativas

(14)

rán hacia mí. En cuanto a aquél a quien traspasaron, harán lamentación por él como lamentación por hijo único y le llo-rarán amargamente como se llora amar-gamente a un primogénito. Aquel día será grande la lamentación en Jerusalén” (Za 12, 10-11).

Jesús, aunque presa de atroces sufrimien-tos, tiene oídos, ojos y corazón para estas mujeres. Él ha oído entre muchas voces brutales, aquel coro femenino y se vuel-ve, las busca con la mirada anublada por la sangre y les dirige palabras de consue-lo. ¡Ay de mí! no son palabras que quisié-ramos oír. Dios no consuela con palabras tomadas en préstamo por nuestro cora-zón, sino que consuela con su Palabra, su promesa. En efecto, Jesús cita la escritura dirigiéndose a estas piadosas mujeres. La expresión “hijas de Jerusalén” se emplea sólo aquí en el Nuevo Testamento y parece evocar el Cantar de los cantares donde se repite varias veces. El Esposo, el Mesías, ahora está en camino hacia la prueba suprema y su pueblo reniega de él. Pero estas mujeres se disocian de la muchedumbre acusadora.

Las palabras que Jesús dirige a estas muje-res generalmente son interpretadas como vaticinio de la destrucción de Jerusalén y suenan como una urgente invitación a la conversión. Él anuncia a las hijas de Jerusalén que, la ciudad por ellas repre-sentada no acogerá su llamada a la con-versión, otras y más amargas lágrimas ten-drán que derramar. En este sentido, su llanto reclama su mismo llanto por Jerusalén (cf. Lc 19, 41-44).

Las mujeres de la pasión de Jesús

Elena Bosetti

primerplano

las mujeres en la palabra

Las mujeres, diversamente

de los discípulos, no abandonaron

a Jesús en su pasión. A partir

de las hijas de Jerusalén que le

acompañan en la vía dolorosa

y se lamentan de ello, hasta

las mujeres bajo la cruz con su Madre,

las mismas que observan atentamente

el lugar de la sepultura.

No lloréis por mí

Estamos en la vía dolorosa y aquí es el evangelista Lucas que nos informa de un grupo de mujeres que se lamentan por el condenado: “Le seguía una gran multitud de pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, dijo: ‘Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no engendraron y los pechos que no criaron! Entonces se pon-drán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas: ¡Cubridnos! Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco, ¿qué se hará?” (Lc 23, 27-31). El lamento por el condenado forma parte de la costumbre del tiempo. Pero aquí hay más. Se percibe la resonancia de la escritura y en particular el lamento por el hijo único del que habla el profeta Zacarías: “Derramaré sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de oración; y

(15)

Estaban junto a la cruz

El último cuadro nos ambienta bajo la cruz, más allá de los detalles, los Evange-lios concuerdan sobre un dato funda-mental; la presencia de algunas mujeres venidas con Jesús desde Galilea.

Mateo recuerda en primer plano a María de Magdala, María madre de Santiago y de José y la madre de los hijos de Zebe-deo (cf. Mt 27, 56). Marcos dice también el nombre de Salomé (15, 40). Ellas son los testigos de la página más sublime y

dra-mática de la vida de Cristo, son ellas las que recogen sus úl-timas palabras. Pre-sencia silenciosa y desgarradora, como la de la Madre que ve al hijo torturado y no puede hacer algo en su favor. Se cumplen las pala-bras de Simeón: “¡Y a ti misma una espa-da te atravesará el alma!” (Lc.2, 35) ¿Hay quizás un do-lor más grande para una madre? ¿Cómo aguantar, tal marti-rio, sin morir? Y su misma presencia ¿no aumenta, qui-zás, la tortura del hijo? Él, que ha prestado atención a las piadosas muje-res, ¿tendrá pala-bras para la Madre? En la narración de Juan sus últimas pa-labras son precisa-mente para ella: “Mujer, ahí tienes a tu hijo” y al discípulo amado. “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27) Una doble entrega del discípulo a la Madre, de la Madre al discípulo amado. Ninguna palabra por parte de María. Ella, que a Gabriel le había puesto objeción, ahora sencillamente ca-lla. La hora del Hijo ha llegado y con ella la hora de la Mujer. Él asocia a la Madre en el parto de una nueva humanidad.

(16)

Bastaría leer algunos de los diez objetivos del IX FSM para descubrir las motivaciones que impulsan hoy a las personas consagra-das a gastar sus energías en lo social: “Para la construcción de un mundo de paz, justi-cia, ética y respeto de las distintas espiritua-lidades, libre de las armas, especialmente las nucleares; para el acceso universal y sostenible de los bienes comunes de la hu-manidad y de la naturaleza, para la conser-vación de nuestro planeta y de sus recursos, sobre todo el agua, los bosques y las energí-as renovables; para la democratización e independencia del conocimiento, la cultura y la comunicación”. Razones bien sintetiza-das por el Padre Alex Zanotelli, misionero comboniano con años de experiencia entre las barracas de Kenia: “Por lo cual nosotros, como creyentes, hemos de estar en primera fila para un cambio que no sólo es posible, sino que es necesario, si queremos permitir a todas las personas que vivan verdadera-mente como hijos de Dios”.

El nuevo orden social que los sucesivos FSM han invocado con el eslogan: “Otro mundo

es posible”, se convierte para los/las

Religio-sos/as, en la expresión laica de las palabras de Jesús: “Yo he venido para que tengan

vi-da y la tengan en abunvi-dancia”. Bien lo decía

también el misionero PIME antes citado: “Este pasaje del Evangelio de Juan (10,10) resume en sí toda nuestra misión. El servicio misionero con los pueblos indígenas pro-mueve el derecho a la vida, en todos sus as-pectos, el respeto de las culturas y de las re-ligiones tradicionales, el derecho a la salud, a la preservación del ambiente, a la valora-ción de los conocimientos de los nativos”. Los miembros de cada Instituto, según el propio carisma, se sienten llamados a

asu-Justicia social

Julia Arciniegas

primerplano

vida consagrada y

...

La creciente globalización ha dado

incremento al valor social

de la justicia. El grito de los pueblos

en los eventos organizados

por la sociedad civil asume cada vez

más el carácter de lo dramático.

El compromiso de las personas

consagradas en este campo

no se hace esperar.

“No estamos aquí para defender la tierra, ya hay quien la habita desde siempre y la defiende, aún con muchos sufrimientos y obstáculos. Estamos aquí para ofrecer res-puestas a las primeras necesidades de los pueblos nativos y, por lo tanto, naturalmen-te el derecho a la tierra, sin la cual no puede haber vida”. La voz del Padre Nello Rufaldi, misionero del Pime y miembro del Consejo indigenista misionero (Cimi), llega clara al teléfono de la redacción del ‘Mensageiro’, revista dedicada a los pueblos indígenas con sede en Brasil, en Belém, en el estado amazónico del Pará. Así nos explica la Agen-cia MISNA, en uno de sus servicios sobre el Forum Social Mundial (FSM), realizado en los últimos días del Enero pasado en el corazón de la Amazonia. Nos podemos pre-guntar ¿cómo es que entre los delegados de más de 4000 organizaciones de la sociedad civil y más de 3000 representantes de las poblaciones indígenas de 150 países del mundo, estaban también presentes Religio-sos y Religiosas procedentes de los más va-riados rincones del planeta? ¿Por qué han acudido a este acontecimiento Jesuitas, Combonianos, Javerianos, Misioneros de la Consolata, Salesianas…?

(17)

mir la causa de los más pobres, de las masas de personas cuyos derechos fundamentales están pisoteados o son desconocidos. En-tregadas radicalmente al amor, para seguir a Jesucristo más de cerca y colaborar en su misión de construir el Reino de Dios, las personas consagradas intentan conjugar en su vida y misión el binomio justicia

social-caridad, tan auspiciado por la

Doctri-na Social de la Iglesia.

Según su más clásica formulación, la justicia en general consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. Desde el punto de vista subjetivo la justicia se traduce en la actitud

determinada de la voluntad de reconocer al otro como persona, mientras que desde el punto de vista objetivo, ésta constituye el criterio determinante de la moralidad en el ámbito inter subjetivo y social.

En este sentido, además de las fórmulas clá-sicas de la justicia conmutativa, distributiva,

legal, un relieve cada vez mayor ha

adquiri-do la justicia social, que concierne los aspectos sociales, políticos y económicos y, sobre todo, la dimensión estructural de los problemas y de las correlativas soluciones. Ésta resulta particularmente importante en el contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, más allá de las proclamaciones de intentos, está seriamente amenazado por la difusa tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de la utilidad y del tener. También la justicia, en base a tales criterios, se consi-dera de modo reductivo, mientras adquiere un significado más pleno y auténtico en la antropología cristiana que saca a la luz la identidad profunda del ser humano. Se podría decir que la justicia social es la constante y firme voluntad de favorecer el bien común en cuanto es condición para desarrollar la dignidad integral de todas las personas.

Esta verdad permite abrir también para la justicia el horizonte de la solidaridad y del amor. Sola, la justicia no basta. Antes bien, puede llegar a negarse a sí misma, si no se abre a aquella fuerza más profunda que es el amor. Al valor de la justicia, la Doctrina Social de la Iglesia acerca el de la solidari-dad, en cuanto camino privilegiado de la paz. La meta de la paz ciertamente se alcan-zará con la actuación de la justicia social e internacional, pero también con aquellas actitudes que favorecen la convivencia y nos enseñan a vivir juntos, para construir unidos, dando y recibiendo, una sociedad nueva y un mundo mejor (Cf. Compendio

DSC, nºs 201-208).

[email protected] “Soy Kim Sung-hwan, jesuita de Corea.

A veces siento nostalgia por los días en que era un niño y la gente de mi pueblo se ayu-daba los unos a los otros y compartían la existencia aunque era pobre. Pero, con la industrialización muchos han empezado a pensar que el ‘dinero’ era el centro de la vida. Entonces el compartir tan valioso de hecho ha desaparecido.

Antes de venir al FSM, conocía el lema: ‘otro mundo es posible’. Esta frase cautiva-dora me conmovía porque sugería que el ethos y los sueños de mi infancia habrían podido revivir. En el curso del Forum, muchas personas procedentes de todas las partes del mundo han compartido ale-grías y dolores. Personalmente he recibido gran consuelo y alegría al descubrir que no era el único, antes bien éramos muchos los que soñábamos ‘otro mundo nuevo’. Alguien dijo: ‘El sueño de una persona es sólo un sueño, pero los sueños de muchos ya son realidad’. Por lo tanto, he tenido la impresión de que ‘otro mundo’ ya ha naci-do entre nosotros aquí en el FSM”. (Extraído de: SJS Headlines, 2009-01 nº 4) La Jornada Mundial de la Justicia Social

se celebró por vez primera el 20 de febrero de 2009, después de su aprobación con la unanimidad por parte de los 192 Estados de Naciones Unidas.

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para realizar el “Ecumenismo de la Ver-dad” (Ecclesia in Europa, 31).

Esto exige una colaboración en la búsque-da del “bien común” y una sincera apertu-ra a acoger la diversidad como “riqueza”. La unidad es condición esencial para la paz; es una dimensión fundamental de la Iglesia, es una profunda exigencia.

Jesús nos confía esta tarea “como don y como compromiso”, y exige un testimonio de fe, de comunión, de estima recíproca. En la vigilia del año 2000, el Papa Juan Pablo II nos recordaba que el diálogo requiere respeto y reciprocidad en todos los cam-pos. “Éste constituye una de las preocupa-ciones principales de la Iglesia, sobre todo en Europa que, en el pasado, vio nacer de-masiadas divisiones entre los cristianos”. Y concluía: “Yo estoy profundamente con-vencido de que en el mundo de hoy, éste es el imperativo para todos los cristianos”. Y exhortaba a los jóvenes a reconocer y a valorar, con amor fraterno, la aportación de las Iglesias Cristianas de Oriente, con la riqueza de sus tradiciones para una verdadera comprensión. “El Papa está con vosotros; rechazad toda violencia, haceos promotores incansables de Paz, de armo-nía, de fraternidad”.

Palabra y testimonio

“En la Europa de hoy hay mucho que podemos compartir en el servicio del Evan-gelio”.

Lo recordó el Papa Benedicto XVI el 19 de enero de 2008, durante la tradicional au-diencia a la Delegación Ecuménica llegada

Sueño una Iglesia que lleva

en el corazón el fuego

del Espíritu Santo.

Una Iglesia apasionada con aquella

unidad que ha querido Jesús.

Que abre la Puerta Santa

de la Basílica de San Pablo

extramuros y en el umbral avanza

con un Metropolitano ortodoxo y con

el Arzobispo Anglicano de Canterbury.

Una iglesia en camino,

Pueblo de Dios, con el Papa que lleva

la cruz rezando y cantando y, en el

corazón, la fuerza del Espíritu Santo.

Benedicto XVI

Este es el camino hacia la unidad. No es una utopía; es una urgente responsabili-dad.

Es un reto que llama a “todos” los cristia-nos a abrirse al Espíritu de comunión, de una relación serena que nos implica en el compartir los valores de los que también son portadores los hermanos un tiempo “separados” de nosotros.

Así el Papa Benedicto XVI nos recuerda, con insistencia, que sólo el amor puede llevar al conocimiento mutuo, en el respe-to de las diferencias. No hay alternativa. El diálogo ecuménico es posible; hemos de seguir buscándolo y viviéndolo con la confianza, con la verdad, con la estima recíproca.

Hoy la Iglesia nos pide un estremecimien-to de caridad, en la colaboración fraterna

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La gran esperanza

Bruna Grassini

primerplano

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desde Finlandia, en coincidencia con el ini-cio de la “Semana de oración por la Unidad de los Cristianos” (Osservatore Romano). Exactamente hace cien años; un sacerdote americano, “episcopaliano”, Paul Wathson, que volvió a la comunión con la Iglesia Ca-tólica, después de un período difícil de su vida, celebró por vez primera, con sus fie-les, el “Octavario de oración por la Unidad de los Cristianos”. Era el día 18 de enero de 1908; una fecha que pasó casi inobservada. Pero desde entonces el compromiso de oración por la unidad de los cristianos se ha convertido en parte integrante de la vida de toda la Iglesia, en todo el mundo, en un abrazo fraterno, universal.

La oración de Jesús en el Cenáculo. “Que todos sean uno”, hoy reviste para cada

cris-tiano un valor esencial. “En cuanto Artesa-nos de la Paz y de la Justicia – Artesa-nos recuerda el Papa – sois presencia viva de Cristo veni-do a reconciliar al munveni-do con el Padre y a reunir a todos sus hijos dispersos por do-quiera”.

“Estoy contento – afirmaba aún el Papa – de saber que reserváis una gran importan-cia al testimonio en las relaciones fraternas con las otras iglesias y comunidades ecle-siales. Los obstáculos en el camino de la Unidad no deben apagar el entusiasmo, no obstante las dificultades para crear las con-diciones del diálogo cotidiano, preludio de la plena Unidad. El mismo hecho de dialo-gar demuestra una actitud disponible, abierta a la escucha para compartir los pro-blemas, las esperanzas, en el respeto de la verdad en la caridad”.

Leemos en un documento de la Conferen-cia de los Obispos Franceses: “Dialogar comporta un justo equilibrio entre escu-cha y palabra, humildad y valentía. La Igle-sia tiene una tarea privilegiada, promovien-do actitudes de apertura a las diferencias, en el enriquecimiento recíproco, en el encuentro que favorece comprensión y fidelidad, escucha y disponibilidad”.

Pero, Ecumenismo, escribe Andrea Riccar-di de la Comunidad de S. EgiRiccar-dio, no es só-lo esto: “El diásó-logo entre creyentes es uno de los retos fundamentales de este siglo”. El Ecumenismo es un camino: no sabemos cuán largo será. Un paso decisivo cierta-mente lo dio el Papa Benedicto XVI aquella tarde, en Estanbul; él se adentraba respe-tuosamente descalzo, bajo la espléndida cúpula de la Mezquita Azul, escuchando las palabras del Muftí que le hacía de guía y ofrecía al Papa una “caligrafía” turca en for-ma de palofor-ma, y al término de la Liturgia se abrazaron y juntos bendijeron a los fieles.

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cuentas con la oscuridad, no es sólo evi-dencia, es más bien un continuo avanzar y arriesgarse. Por esto, cuando el cielo se nubla no temamos ¡haber perdido la fe! En una entrevista reciente, el Cardenal Carlo María Martini confió: “Los pesos son miedos, carencia de confianza en Dios. Cuando El me ha confiado una tarea y he pensado que no estaba a la altura… a decir verdad a veces me ha faltado el ánimo. También los conflictos a veces han creado dificultades; no me he enfadado con Dios, pero le he preguntado: ¿Estoy en grado de hacerlo? ¿Por qué he de hacerlo? ¿Soy yo el acertado?... He interrogado a Dios como también hacen los Salmos: ¿Por qué ha de ser así? Luego se me ha concedido sentir todavía que de la duda nace algo nuevo y más profundo. En un primer momento, cuando aquello nuevo no era todavía visible, ha sido difícil. Naturalmente es ne-cesaria mucha confianza en Dios, pero a menudo se parte precisamente de las du-das, de preguntas”.

Hay un componente positivo de la duda, paso previo a una confianza más conscien-te y madura. Pero no siempre la duda es puerta abierta a la claridad.

La duda amarga

Un sabio daba este consejo: “Si enseñas, enseña a dudar de lo que enseñas”. En la didáctica, pero también en la experiencia cotidiana, es maestro quien sabe suscitar interrogantes, quien hace pensar, quien in-duce a ponerse en una actitud crítica; es el mejor camino para enraizar en sí, de forma

Más allá de la duda…

Giuseppina Teruggi

primerplano

hilo de ariadna

En la naturaleza existe, entre muchos, un fenómeno curioso; el de los ríos cársicos, cursos de agua que desaparecen de im-proviso, luego a distancia de decenas de kilómetros reaparecen en el valle y parece que brotan de la nada. El agua vuelve más abundante que antes, a menudo más clara y fresca, después de haber recorrido gru-tas profundas y obscuros subterráneos. Una metáfora para expresar la vivencia hu-mana cuando la duda y la incertidumbre hacen caer repentinamente en la oscuri-dad y en el vacío. Lo que antes era claro y evidente desaparece. Queda desconcierto y desgarro.

El reto de la duda

En la vida personal, en las relaciones co-munitarias, en la misma vida de la Iglesia y del mundo, nos topamos con situaciones en las que parece que somos engullidos por la nada. El recorrido de la fe, en parti-cular, está marcado por pasos obscuros; hacen experiencia de ello hombres y mu-jeres de todos los tiempos, grandes figuras que han marcado una huella en la historia o gente común que construye con senci-llez lo cotidiano.

Louis Evely, teólogo francés, manifestó que “la fe es un cruce de luz y de tinieblas; posee bastante esplendor para admitir, bastante oscuridad para rechazar, bastan-tes razones para objetar, bastante luz para soportar la oscuridad que hay en ella, bastante esperanza para contrastar la desesperación, bastante amor para tolerar su soledad y sus mortificaciones”. Cada recorrido de fe hace inevitablemente las

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personal y profunda, ideas, conocimien-tos, convicciones. Es evidente que esto no significa dudar siempre y de todo, sino más bien asumir una actitud de reflexión consciente y de autonomía.

La actitud de duda o de confianza se asu-me ya desde los priasu-meros años de vida. Es del psicólogo Eric Erikson la intuición de que, en la evolución de la identidad de la persona, se han de atravesar algunos esta-dios precisos de desarrollo psicosocial. Describe ocho de ellos, a partir del naci-miento hasta el término de la vida. Cada estadio presenta específicas “crisis evoluti-vas” cuya superación es requisito para el paso a la fase sucesiva. Según Erikson, entre los dos y los tres años el niño realiza notables conquistas en las habilidades motoras y de relación y experimenta una actitud de autonomía si el ambiente que lo rodea es acogedor y animador. Pero si está obstaculizado y encuentra excesivos con-troles, en lugar de la autonomía el peque-ño puede incrementar en sí una actitud a la duda como predisposición negativa para el resto de la vida.

Ya desde la infancia se pueden crear o impedir las condiciones para la construc-ción de una personalidad orientada prefe-rentemente hacia la confianza, la capaci-dad de iniciativa y de ingenio, más bien que hacia la duda, el sentido de culpa o de inferioridad. La orientación a la duda tam-bién puede ser fruto de opciones poco perspicaces y de situaciones problemáti-cas no aceptadas y mal elaboradas.

La reflexión psicológica actual habla de una duda sabia que hace a la persona capaz de profundidad y de buen sentido, con el conocimiento de que nada está rígi-damente prefijado, sino que todo es muta-ble y a menudo imprevisimuta-ble. Pero analiza también la realidad de una duda amarga, aquella que “enrojece el alma, hiere el corazón, desorienta el pensamiento,

com-promete el equilibrio”. La mirada sobre la historia manifiesta también lo teórico de este tipo de duda, hasta hacerlo constituti-vo de la personalidad humana. La duda amarga es tormento, puede ser veneno para la propia vida y para la de los demás y, cuando penetra en el corazón y en la mente, ciega, impide ver las cosas como se veían antes, conduce a la depresión y al sinsentido de la vida.

Los psicólogos sugieren aprender a susti-tuir este tipo de duda con una sana incerti-dumbre, en conexión con la constatación de que “en este mundo nadie es perfecto, cualquiera puede equivocarse” y las situa-ciones tienen siempre la posibilidad de desarrollarse en sentido mejor.

De la duda a la esperanza

El contexto social en que vivimos, las op-ciones políticas, sociales, económicas que prevalecen, conducen a identificar líneas de tendencia poco confortantes para el futuro del mundo. Todo parece concurrir a remarcar la preferencia de lo incierto sobre lo seguro, de la sospecha sobre la confianza, del miedo sobre la esperanza. Las voces más frecuentes que nos llegan de los medios de comunicación, y también de las consideraciones de la gente, expre-san miedo en mérito al futuro del planeta tierra y de la vida humana.

Ya en los años 80, hablando de los jóvenes, Jean Vanier escribía. “Se sienten impoten-tes ante las enormes potencias que domi-nan el mundo. Hace veinte años los jóve-nes creían que podrían hacer cualquier co-sa, mientras que ahora están convencidos de que es imposible hacer ¡cosa alguna!”. Además, en la vida en común, como en nuestras comunidades, las diferencias individuales a menudo son acogidas con fatiga y no siempre se viven como oportu-nidad y motivo de enriquecimiento. En estos años, con el afirmarse de las ciencias

(22)

No obstante todo. Otros momentos histó-ricos han conocido situaciones trágicas. Y siempre ha habido hombres y mujeres que han elegido la esperanza, negándose a una resignación pasiva. Etty Hillesum, joven mujer hebrea que murió en el campo de concentración, escribió páginas de luz, en un tiempo de particular oscuridad. Extrae-mos de su diario: “Mi querido Dios, vivi-mos tiempos angustiosos. Esta noche por vez primera me encuentro tendida a oscu-ras con los ojos que me queman porque, una tras otra, me han pasado delante las escenas del sufrimiento humano. Quiero prometerte una cosa, ¡Oh Dios!; es preci-samente una cosa pequeñísima; no carga-ré nunca mi día de hoy con las preocupa-ciones por mi día de mañana, aunque esto requiera un cierto entrenamiento. A cada día le basta su pena… Puedes estar seguro de que, de cuando en cuando, pasaré ma-los momentos cuando mi fe vacile un po-co, pero créeme, siempre trabajaré por ti y te seré fiel y nunca te ahuyentaré de mi presencia… El jazmín que trepaba detrás de casa ha sido completamente derribado por las lluvias y por el viento estos últimos días, sus florecillas blancas flotan en char-cos negros y fangosos en el techo bajo del garaje. Pero en algún rinconcito, dentro de mí, aquel jazmín sigue floreciendo sin ser estorbado con la abundancia y la delicade-za de siempre. Y difunde su perfume en torno a la casa donde tú habitas, ¡Oh Dios!”.

Tiempos de oscuridad, de duda acompa-ñan toda existencia, la tuya, la mía; como los ríos cársicos parecen volver a chupar de improviso todo en la nada. Pero nuestra confianza está en el Más allá. Porque la Vi-da tiene la fuerza de estallar con renovaVi-da frescura y fecundidad.

[email protected] humanas y la valoración de la persona, nos

estamos repitiendo a menudo que “la diversidad es riqueza”. Y estamos conven-cidas de ello, considerando esto como un signo de futuro, en consideración del re-corrido de la historia cada vez más orienta-da a la multiculturaliorienta-dad, a la presencia juntos de lo distinto. Al mismo tiempo, las diferencias entre las personas se con-vierten a veces en ocasión de duda, hasta desembocar en actitudes de desconfianza que crean muros de separación y de inco-municabilidad. A alimentar esta espiral, concurre no pocas veces el miedo, el temor de afrontar lo imprevisto y lo no conocido. Es el miedo de enjaularnos en una tela de araña de dudas también sobre el futuro personal y vocacional de nuestro Instituto.

Una mirada límpida y libre sobre nosotros y sobre la realidad nos permite, sin embar-go, descubrir gérmenes buenos también en una tierra árida y aceptar las incertidum-bres con realismo, sin dejarnos enredar por la duda amarga. Y entrever abiertos horizontes de esperanza.

Es aún el Cardenal Martini, compartiendo su experiencia, el que sugiere esta óptica: “Precisamente porque soy temeroso, en la duda me digo a mí mismo: ¡ánimo! Abra-ham era un hombre valiente. Cuando fue llamado por Dios lo conocía apenas. Partió para ir lejos y dejó su patria, sus amigos y la casa de sus padres. Dios lo envió en la duda y Abraham partió. Tuvo el coraje de decidir. Junto a Abraham digo a mis ami-gos: ¡ánimo! Y deseo más a todos nosotros en la Iglesia” (Conversaciones nocturnas en Jerusalén, p. 42).

El nuestro es tiempo de retos y de grandes oportunidades, ha confirmado la asamblea capitular hace pocos meses. Los caminos a recorrer necesitan cada vez más, hoy, de espíritu emprendedor, audacia, confianza en Dios que sigue actuando en la historia.

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primerplano

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LOS ARCO IRIS

NUNCA

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me gusta estar con mis compañeros, sobre todo con Lucrecia,

mi amiga del alma. En la familia estoy serena,

tengo dos hermanos mayores. De mayor quisiera ser una pintora

porque sé dibujar, o actriz, hago reír a mis compañeros y podría también hacer la comediante cuando tenga veinte años, o ser cartero, porque me gusta dar vueltas por el barrio y un cartero conoce verdaderamente cada edificio, cada patio, cada casa,

debe divertirse la mar y hacer muchos descubrimientos y conocidos cuando va por el barrio y luego puede cambiar de barrio y volver a empezar.

El mundo que sueño es un mundo

más rico de juegos, que se encuentran en todos los barrios de la ciudad, y también más lleno de lugares para los niños donde

pueden entrar sólo ellos.

Y luego tengo otro deseo, un gran sueño. Quisiera ver más a menudo el arco iris, con todos sus bellísimos colores. Yolanda B., 11 años

Y LUEGO TENGO

OTRO

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Yo pienso que soy afortunada porque vivo en una familia que considero

bastante perfecta, en cuanto que nos queremos (…). Pero cuando empiezo a mirar alrededor, me percato de que hay demasiadas cosas

que no van bien en el mundo. A mi modo de ver, todos deberíamos reflexionar y darnos cuenta de que no hay que pensar

sólo en nosotros mismos y en nuestro bienestar, sino que deberíamos pensar más en los demás

y ayudar a quien lo necesita. Quisiera tener una varita mágica para borrar

todas las injusticias que hay en el mundo. Roberta B.,10 años

El libro de Francesca Pansa, Un mundo perfecto,

Milán, Sperling & Kupfer 2008

QUISIERA

TENER

UNA VARITA

MÁGICA

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Anexo a gar

go de Mara Borsi

Cada año se convierten en madres 14 millones de adolescentes obligadas

a casamientos precoces,

según los datos contenidos en el informe 2008 sobre el estado de la población en el mundo, redactado por el Fondo de la ONU para la Población

(UNFPA) y presentado el 13 de noviembre pasado en distintas capitales del mundo.

El informe estima que hay 51 millones de adolescentes o niñas ya casadas,

con el 90% de casos en los Países en vías de desarrollo.

Según la UNFPA, los casamientos precoces exponen a niñas y muchachas a riesgos de explotaciones, enfermedades y pobreza. El informe – Puntos de convergencia: cultura, género,

derechos humanos – se concentra en los factores

culturales y sobre como inciden ellos en la violación de los derechos humanos, comprendidos los de género.Como consecuencia la UNFPA solicita

acciones de política cultural.En efecto,

son precisamente los factores culturales los que no permiten a las mujeres el acceso a los cuidados, a la información, a la instrucción,

a los servicios y a los recursos.

Entre las denuncias del informe, la condición

de las jovencísimasen los Países en vías de desarrollo se ha considerado grave y emblemática.

El informe subraya como quien se casa jovencísima no tiene poder alguno en casa y raramente está implicada en las decisiones.

Más en general, el informe de la agencia UNFPA confirma también este año la situación de alarma

en que las mujeres viven en el mundo.

NIÑAS

OBLIGADAS A CASAMIENTOS

PRECOCES

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Lectura evangélica

(28)

aprendizaje de varias profesiones, a través de la gestión de la cooperativa se provee a la auto sustentación de la misma obra. En África actividades de micro crédito es-tán encaminadas en Angola, Benin, Came-rún, Costa de Marfil, Etiopía, Madagascar, Mozambique, República Democrática del Congo, Zambia. Menos significativa, en el Instituto, es la presencia de micro econo-mías y micro créditos en Europa, donde existen algunas experiencias en Albania, en Italia y se está encaminando en Polonia.

El micro crédito en Tale (Albania)

Marjana Gjura es la cuarta de diez hijos, los

padres llegaron de Puka, el extremo norte de Albania para buscar un sitio más cerca-no a la ciudad, soñando un futuro diverso para los hijos. Una barraca de cartón en el terreno injusto y muchos hermanitos que atender, pero también la alegría de poder estudiar. El padre le había dado el permiso de estudiar en la casa de las Hermanas de Shenkoll, con una beca de estudios, pero luego por la falta de trabajo del padre tuvo que regresar a casa. Ahora acude al Centro de Formación Profesional del pueblo y es una de las más asiduas.

Palmira Çuni, tercera de seis hijos.

Huérfa-na de padre, ha fiHuérfa-nalizado la escuela de en-señanza media, ahora espera en casa el matrimonio. La familia, pobre pero digna; la madre no trabaja, una vaca lechera y al-gunas gallinas son su riqueza. Se escucha a las muchachas; ¡cuántos sueños! Se pien-sa en una pizzería-byrektore, en el horno para el pan, en la heladería, en la venta de

en búsqueda

cooperaciónydesarrollo

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El proceso de difusión

del micro crédito en el Instituto FMA,

actualmente, está unido

a los bienhechores, a fondos

de rotación instituidos

en las Inspectorías o al sostén

de Inspectorías solidarias más que a

Institutos de micro financiación.

El interés y la necesidad de hacer

frente a las llamadas de la pobreza

y de la educación, por parte

de las mujeres, de los jóvenes

y de las familias orienta micro

proyectos de producción

y de formación unidos sobre todo

a escuelas profesionales,

centros sociales, casas familia

para muchachas en peligro.

Formas de micro crédito y de micro econo-mía están difundidas un poco en todos los continentes. En Asia encontramos expe-riencias consolidadas en la India donde las distintas inspectorías FMA llegan a más de 35.000 mujeres, en Filipinas, en Camboya, en Vietnam. En estos Países a las activida-des de cultivo, cría de ganado, pequeños comercios informales se une la posibilidad de educación para los hijos y de una mejo-ra de las condiciones de vida de la familia entera, además de favorecer la capacita-ción de la misma mujer.

En Sudamérica existen micro cooperativas a menudo unidas a casas de acogida de muchachas en riesgo. En estas obras, mientras se favorece en las jóvenes el

El microcrédito

para la calidad devida

Mara Borsi

(29)

ción total. El préstamo se podrá volver a so-licitar o volver a invertir sólo cuando se ha restituido por completo. Los resultados es-perados son el trabajo seguro para las dos muchachas para mantener a la familia, la posibilidad de formarlas en la honradez y en la ciudadanía activa, crear oportunida-des de trabajo, estimular a las madres a me-jorar la cocina, aprender a hacer cosas sen-cillas y nutritivas para los niños. El sueño es el de llegar a tener un horno para suminis-trar el pan al pueblo y dar esta misma posi-bilidad a otras muchachas y madres jóve-nes porque son el grupo más débil y sin voz del pueblo, y porque las muchachas ofrecen mayor garantía de seriedad y con-tinuidad en el trabajo.

[email protected] detergentes y al final se decide por la

pro-ducción de pizza y byrek, también porque se la podrá ofrecer a los niños de la escue-la cercana obligatoria, a los alumnos del Centro y en el verano en la playa.

Marjana y Valmira son las dos muchachas elegidas por las FMA de Tale para encami-nar la actividad a través del micro crédito. El crédito de partida es de 4.200 euros que permite adquirir el horno para la pizza, la laminadora, una mesa, un fregadero, y el material de consumo: harina, aceite, toma-te, queso. Los objetivos que las FMA se pro-ponen alcanzar son educar a las jóvenes a la esperanza de tener éxito, acompañar y sostener la primera experiencia profesio-nal, procurar un alimento sano a los niños del lugar, crear oportunidades de trabajo en el pueblo y evitar los riesgos de la emi-gración clandestina.

Las muchachas han empezado la producción de pizza, byrek, dulces y la restitución del préstamo ha empezado des-pués de los cinco primeros meses, cada mes en los 10 primeros días y no se pide ningún interés. Las dificulta-des que hasta ahora se han manifestado son relativas a la fatiga de los padres en aceptar el riesgo de una cosa nueva, las resisten-cias del clan familiar, la fal-ta de luz, las calles no en buen estado que obsta-culizan el transporte de lo que las muchachas producen. Los encuen-tros de revisión en los primeros seis meses tie-nen lugar una vez por semana, luego una vez al mes hasta la

restitu-Los programas de micro crédit

o proveen pequeños

préstamos a micro empresarios o grupos de per-sonas que tienen fuer

te necesidad de recursos financieros para encaminar modestas actividades productivas rurales y urbanas en el ámbito de la que se ha definido

economía inf ormal.

La renta que deriva de ello tiene como finalidad la mejora de las condiciones de vida de las respecti-vas familias con una v

entaja difundida para toda la comunidad local.

El micro crédito, además de consentir a los ag entes informales el acceso a la financiación, promuev

e también un aumento de la potencialidad de creci-miento económico y de mejora de la calidad de vida.

(Cooperación al desar

rollo. Orientaciones par a el Instituto FMA, pág. 30-31).

(30)

importancia del espacio interno entendi-do como la capacidad de aprender a hacer sitio también dentro de nosotros, para conocer, re-conocer, tener cuidado. Qui-zás, así, los dos espacios podrán animarse en su crecimiento, porque “el mundo es grande, pero dentro de nosotros es más profundo que el mar”, recita un verso de Rilke.

¿Y el tiempo? La existencia es ante todo un proceso en el tiempo, un estar en el tiem-po, y la educación, en este contexto puede transformarse en la metáfora de la vida, incesante devenir.

Esperar

Una relación educativa necesita una rela-ción con el tiempo, conjugado con el ver-bo “esperar”. Se espera el conocimiento de que lo que acontece en la relación educativa, no será nunca enteramente verificable en lo inmediato, sino que se transformará en un fruto de lenta madura-ción; “los seres humanos no han nacido para morir, sino para empezar”, nos re-cuerda Hannah Arendt.

Espacio y tiempo, para los jóvenes, tienen un único nombre: la noche. Una relativa y reciente investigación, al respecto, afirma: “Pasando del sentido de la noche a la va-loración acerca del efectivo protagonismo de los jóvenes en los recorridos de la no-che, se observa una extraña hibridación que nace del hecho de que muchos de los testimonios adultos entrevistados perci-ben a los jóvenes contemporáneamente

Jóvenes;

en el tiempo y en el espacio

Emilia Di Massimo

en búsqueda

pastoral-mente

“La gestión original y nueva del tiempo es uno de los elementos que caracteriza a gran parte del mundo juvenil… La creativi-dad, la expresión vital, se gastan en otro momento y en espacios distintos también de los tradicionales: las discotecas, los centros comerciales, la calle, los concier-tos… Son los nuevos areópagos que seña-lan la vigorosa creatividad juvenil… La vida paralela se desarrolla normalmente duran-te la noche…, lejos del mundo de los adul-tos…” (Líneas orientadoras de la misión educativa de las FMA, número 16).

¿Qué mirada se requiere a quien quiere educar y llegar a los jóvenes allí donde ellos viven?...

Es esencial en las relaciones, y con mayor razón en la relación educativa, reflexionar sobre las dos categorías fundamentales de espacio y tiempo, no tanto en sentido on-tológico y filosófico, sino en un sentido más de experiencia, para contribuir a la puesta en acto de aquel ojo sabio y auto-rreflexivo del que necesita la generación de adultos.

Heráclito afirmaba que “la verdadera natu-raleza de las cosas prefiere esconderse”. Precisamente parece que es así, la realidad de los jóvenes que prefieren vivir la noche y en ella encuentran su espacio auténtico. Quizás, más que un análisis sociológico al respecto, es necesario reflexionar sobre la metáfora que espacio y tiempo pueden significar, sobre todo para los educadores y las educadoras.

No podemos comprender el espacio habi-tado por los jóvenes sin hacer que surja la

(31)

como protagonistas y como consumido-res. En efecto, éstos afirman que los jóve-nes son protagonistas en cuanto son sujetos privilegiados a los que se desti-nan las variadas ofertas de consumo de la noche y en cuanto están plenamente im-plicados en el torbellino de las activida-des nocturnas. Este reconocimiento de protagonismo espurio por parte de los adultos es quizás la forma para evitar reconocer que los jóvenes, en la actual intemperie social, no tienen espacios rea-les de protagonismo en la vida social, sino como consumidores”.

La convergencia entre adultos y jóvenes, respecto a la noche, toca sólo los “hechos” y no su interpretación. Se puede decir que adultos y jóvenes, dentro de un espacio-tiempo común, habitan dos mundos que si por una parte son distintos, por la otra son complementarios y que uno no puede existir sin el otro.

Además de las breves consideraciones he-chas, permanece la realidad de que la noche es para muchos jóvenes un espacio existencial importante, de búsqueda a menudo fallida de una dimensión de sí mismo más auténtica, de una libertad, de una autonomía y de un protagonismo que la realidad social diurna de ordinario no les ofrece. Esta búsqueda, que en un gran número de casos se transforma en la bús-queda de lo desequilibrado y de la trasgre-sión, es el síntoma de una necesidad de significado existencial, de descubrimiento de sí mismo, de los propios límites y de las propias capacidades que los adultos no pueden ignorar.

Leer las vivencias

La responsabilidad educativa de los adul-tos requiere buscar lo que hay detrás de determinadas conductas. Hay que leer en las vivencias de los jóvenes sus demandas;

demandas tácitas de protagonismo y de realización de sí mismo, de comunicación auténtica con los demás, de significado de la vida y de futuro, aunque a menudo son vulgarizadas por los mismos jóvenes, a tra-vés de la respuesta que les dan y que está hecha en términos exclusivamente consu-mistas, o bien buscando en rituales, com-portamientos trasgresores o de riesgo y auxilios externos como el alcohol y las drogas, algo que está dentro de ellos y en su vida.

La educación tendría que materializarse en la oferta de lugares, espacios, encuen-tros con adultos significativos, de memoria y de proyectos en los que los jóvenes pue-dan volverse a apropiar de su proyecto y como protagonistas de la propia vida, expresando y desarrollando los recursos de los que son portadores. Portadores de semillas y de sueños de futuro.

La noche es uno de los lugares en los que hoy está aconteciendo una profunda transformación de la cultura social. Es por lo tanto un lugar de la crisis, un lugar abierto tanto a la regresión destructora co-mo a la evolución creadora.

Si ésta es abandonada en las manos de los mercaderes, la salida de su crisis aparece descontada en sentido negativo, mientras que se convierte en el lugar simbólico del que salir de nuevo para abrir la vida so-cial al futuro, ofreciendo a los jóvenes un nuevo protagonismo y una nueva respon-sabilidad, la crisis puede producir un salto evolutivo creador… Pero creemos que la belleza del carisma que se nos ha dado ya está realizando ¡el sueño de muchos jóvenes!

(32)

en búsqueda

polis

REVISTA DE LAS HIJAS DE MARÍA AUXILIADORA

La violencia sobre las mujeres

no conoce límites, crea víctimas

en los países industrializados como

en los que están en vías

de desarrollo. Y no conoce

diferencias sociales o culturales;

las víctimas y sus agresores

pertenecen a todas las clases y a

todos los rangos. Según la relación

del “Panos Institute” es la primera

causa de muerte, más que el cáncer

y la guerra; un luto continuo

que parece no encontrar solución.

La violencia es la primera causa de muerte para las mujeres entre 15 y 44 años. Este dato perturbador, procede de una investi-gación de la Universidad de Harvard, y forma parte de la relación preparada para la apertura de una sesión de Naciones Unidas sobre la condición femenina. Recoge estudios e investigaciones efec-tuados sobre el problema de la violencia sobre las mujeres en todas las partes del planeta por organismos e institutos nacio-nales e internacionacio-nales. De este docu-mento emerge la dramática fotografía de una realidad que no ahorra a ninguna nación y a ningún continente.

Violencia doméstica

Según la Organización mundial de la sa-lud, al menos una de cada cinco mujeres ha padecido abusos físicos o sexuales por parte de un hombre en el curso de su

vi-Mujeres de negro

Graziella Curti

da. Y, como se puede verificar aún sólo abriendo las páginas de crónica de los diarios, el peligro mayor son los familiares, maridos y padres, seguidos del entorno por los amigos; vecinos de casa, conocidos cer-canos y colegas de trabajo o de estudio. Por ejemplo, en Gran Bretaña, cada año una de cada diez mujeres es apaleada por la pa-reja que puede ser marido o amante, hasta derramar sangre. En Canadá y en Israel es más probable que una mujer sea asesinada por el propio compañero que por un extra-ño. En Rusia, un homicidio sobre cincuenta está realizado por el marido respecto a la mujer. La violencia contra las mujeres está difundida hasta en las avanzadas democra-cias escandinavas.

En muchos países en vías de desarrollo, pegar a la mujer forma parte del orden natural de las cosas, una prerrogativa mas-culina todavía indiscutible.

Las cifras de la vergüenza

También la pobreza siega víctimas en pri-mer lugar entre las mujeres; en Nepal, alre-dedor de diez mil muchachas son vendidas cada año por las familias para ser encarrila-das a la prostitución. En Asia sudoriental, los traficantes seleccionan las comunida-des más débiles, llegan a las aldeas durante un período de sequía o una carestía y con-vencen a las familias para que vendan a las hijas en cambio de poco dinero.

Un problema específico de algunas cultu-ras africanas es el de la mutilación genital, aún ampliamente practicada, y efectuada

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