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Unidad 3. Sociología de la Educación

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Unidad 3

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Sociología de la educación

La sociología es una ciencia relativamente nueva. A. Comte utilizó por primera vez el término en 1843. Por añadidura, la mayor parte de los trabajos en sociología de la educación son relativamente recientes. Esto no significa que en el pasado no se tuviera conciencia de las relaciones entre sociedad y educación, sino que éstas no fueron formuladas ni exploradas en sus relaciones causa-efecto.

Hemos visto que para Platón estaba clara la relación entre educación y forma de Estado, pero también hemos visto cómo en la época moderna, filósofos, pedagogos y educadores se preocuparon más por el desarrollo de la personalidad y del individuo, y por el desarrollo de la inteligencia.

Este marcado interés por la inteligencia dejó en el olvido hechos tales como que el alumno pertenece a una familia y a un medio que tiene características sociales, económicas, políticas y religiosas particulares. De pronto, la centralidad del niño se enmarcó en otras coordenadas: la sociedad. Así aparece la sociología de la educación intercalada entre la psicología y la educación.

A partir de aquí se criticará la ideología de "las dotes" individuales y se demostrará que cualquier alumno tiene la posibilidad y la inteligencia que le concede el medio al que pertenece. El problema de la respuesta escolar se remitirá finalmente a la política, planteando que ésta es más determinante en el acceso, el rendimiento escolar y la permanencia de las características individuales.

Como en las otras disciplinas sociales, en la sociología existen varias perspectivas para interpretar el problema educativo. Reseñaremos someramente el trabajo de los fundadores de la sociología educativa actual, para posteriormente analizar las nuevas perspectivas desarrolladas en este campo.

Emile Durkheim

Durkheim estaba preocupado por la función de la educación como un medio para lograr la cohesión social. La visión que tiene del papel de la educación surge de sus ideas como sociólogo. Durkheim se preocupó por la naturaleza de la solidaridad social, aquello que mantiene unida a la sociedad. Sostuvo que existían dos tipos de solidaridad: la, mecánica y la orgánica. En el primer tipo de solidaridad, el comportamiento del individuo está fuertemente determinado por la conciencia colectiva, por la autoridad de la tradición y de las creencias de la sociedad; este tipo de solidaridad se corresponde más o menos con las sociedades llamada primitivas. A medida que la sociedad crece y que la división social de trabajo se hace más compleja, la naturaleza de la solidaridad cambia A las sociedades complejas corresponde el tipo

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de solidaridad, que Durkheim llamó orgánica. La solidaridad orgánica se basa en L dependencia de cada miembro de la sociedad respecto a los otro miembros. Esta interdependencia se construye con base en los diferentes roles que cada individuo desempeña en la sociedad. Sin embargo, la solidaridad mecánica no puede desaparecer totalmente de la sociedad, a reserva de que la sociedad se desintegre.

Para Durkheim, la educación es el mecanismo idóneo para mantener la solidaridad mecánica en la sociedad. La educación deberá reforzar los aspectos ritualísticos y simbólicos del orden social, destacando la autoridad del maestro, la lealtad de las instituciones, las formas tradicionales del orden y difundiendo de manera explícita los valore morales y sociales de la sociedad. La educación es, desde su punto d4 vista, un medio de socialización.

De ahí su definición de educación, tan opuesto a las ideas de 1: escuela activa: toda educación consiste en un esfuerzo continuado por imponer a un niño modos de ver, de pensar y de actuar que no alcanzaría espontáneamente y que son reclamados por la sociedad en si conjunto y por el medio social al que en particular está destinado.

Además de un medio de socialización, la educación es un mecanismo para garantizar la reproducción de la división social del trabajo, de esa manera la reproducción de la sociedad.

En un libro titulado Evolución del pensamiento educativo en Francia Durkheim realiza uno de los trabajos más acabados en el que muestra las relaciones entre educación y sociedad a lo largo de la historia di este país.

La orientación durkheimana, sobre todo en sus aspectos más liberales, fue retomada por el funcionalismo estadounidense en los año de la posguerra.

El funcionalismo

El funcionalismo de cuño parsoniano situó su problemática sociológica en torno de los conceptos de normas, valores y roles, destacado; por Durkheim como elementos centrales para comprender la función educativa.

Para el funcionalismo, el problema de la educación se remite a los mecanismos de interiorización de esas normas y lenguajes que permiten la adecuación de los medios (individuos, sus ideas y sus valores con los fines sociales, la reproducción de los roles sociales y la movilidad social.

En el funcionalismo se acentúa de manera crítica la visión de Durkheim de educación como socialización y adaptación del medio.

El funcionalismo utiliza el concepto básico de educación expresado por Durkheim, que dicho en otras palabras es: educación es la trasmisión de la cultura (los valores, normas, conocimientos, patrones de conducta) por parte de la generación adulta a una generación joven, a fin de asegurar el mantenimiento de la tradición e incrementar la cohesión social.

Con marco en las preocupaciones prácticas de los gobiernos, los funcionalistas proponen que los sistemas educativos pueden satisfacer las necesidades de: a) la

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estructura económica, por medio de la asignación de roles, y b) de cohesión social, por medio de la interiorización de las normas y valores de la sociedad.

La satisfacción de estas necesidades es la justificación de la teoría funcionalista de los sistemas escolares. La incapacidad de un sistema educativo para satisfacer esas necesidades, lo haría altamente disfuncional.

Como puede observarse, el enfoque funcionalista es netamente conservador. En todo su discurso está ausente un cuestionamiento crítico de la sociedad y de la tradición cultural que trasmite la escuela. Estos temas son el centro de la discusión marxista, como veremos más adelante.

Teorías marxistas de la educación

Aunque menos preocupado directamente por la educación de lo que estuvo Durkheim, la influencia del pensamiento social de Karl Marx es central en el pensamiento educativo del siglo xx. De manera un poco simplista podemos decir que, a diferencia de Durkheim, Marx se preocupó más por explicar por qué cambian las sociedades y por qué se mantienen como son.

El pensamiento general de Marx abrió un espacio de crítica de la sociología y de la pedagogía basadas en el determinismo social, que pensaba en educar a cada quien para ser lo que su ambiente social y su clase le determinaban.

El enfoque marxista de la sociedad y la educación difiere radicalmente de los enfoques tradicionales funcionalistas. Para estos últimos, la educación tiene la función social de trasmitir normas y valores que se suponen consensuales, y modificar las características y la posición social de los individuos. El enfoque marxista parte de otro punto de vista: el análisis histórico de las clases sociales. En la sociedad no existe armonía sino dominación de una clase sobre otra, y el individuo adquiere su posición social por la organización social de la producción y por las relaciones sociales prevalecientes; es decir, los individuos tienen una posición de clase en la sociedad, independientemente de su voluntad.

Así, el concepto de formación social es central para el análisis marxista. El trabajo central de Marx fue justamente la crítica del modo de producción capitalista, y al hacerlo nos mostró que en este modo de producción los capitalistas acumulan capital reproduciendo las relaciones de explotación y dominación, y son capaces de moldear la sociedad y a la cultura de acuerdo con sus propios intereses. Y es si la sociedad es producto de la lucha de clases ¿cómo pueden lo capitalistas mantener el orden social?

Para Marx y para los marxistas, éste es un problema histórico. Algunos han sostenido que el problema es de alienación; otros afirman que es de fuerza, de la acción de los aparatos del Estado (sistema jurídico represivo) sobre la clase trabajadora. Los estudios más recientes se han preocupado por dar mayor peso a lo que Gramsci llamó la hegemonía en la sociedad; es decir, la dominación fundada sobre la base del consenso. En este contexto, la educación cobra un gran importancia para el marxismo, pues es la forma más organizada de trasmisión de ideología.

Para los marxistas, la educación ha estado subordinada al interés de la clase capitalista. En la escuela se inculcan, a los hijos de los trabajadores, habilidades,

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valores e ideología acordes con el desarrollo económico existente y con la continuación de la dominación capitalista mientras que la burguesía se reserva los privilegios de la cultura.

Pero la existencia de una necesidad de dominación lleva implícita la existencia de los antagonismos de clase y por lo tanto las instituciones, en este caso la escuela, quedan insertadas en el proceso histórico de la lucha de clases en general. A explicar este fenómeno se dedicarás muchos estudios marxistas.

Gramsci y la educación

La preocupación de Gramsci por los problemas pedagógicos educativos debe entenderse relacionada con el conjunto de los problemas políticos y culturales que él mismo enfrentó en su militancia por una sociedad nueva, una sociedad socialista.

Los principales motivos educativos de la reflexión de Gramsci durante su encarcelamiento, del cual no saldría hasta su muerte, tienen antecedentes en toda su obra de militancia, pero se hacen explícitos y coherentes en los Cuadernos de la cárcel; éstos son: el problema de los intelectuales, la relación entre escuela y sociedad (entre educación e instrucción), y el contenido mismo de la instrucción.

El primer tema, el de los intelectuales, tiene relevancia para Gramsci en tanto

hace referencia a la relación político-pedagógica a través de la cual el Estado -entendido en un sentido amplio como sociedad política más sociedad civil, o en otras

palabras, aparato jurídico-coercitivo y aparato hegemónico educativo- educa en el consenso, difunde una concepción de la vida y elabora una conciencia colectiva homogénea. Los intelectuales son el instrumento de dominación de la clase dominante sobre las clases subalternas, o en términos típicamente gramscianos, los intelectuales son la relación básica de la hegemonía. Por hegemonía entiende todo el complejo de actividades prácticas y teóricas con las cuales la clase dirigente no sólo justifica y mantiene su dominio, sino también logra mantener el consenso activo de los gobernados; el Estado, entonces, no es sólo coerción sino consenso.

A partir de este concepto de Estado, coloca a la acción hegemónica como una noción central: la dirección ético-cultural de la dominación. De hecho, para Gramsci no existe dominación sin una dirección ético-política que le proporcione el consenso, como tampoco existe la posibilidad de subvertir el orden social si no existe una voluntad colectiva capaz de portar una nueva civilización. La discusión de este proceso fue el eje estratégico de Gramsci como dirigente revolucionario.

En este discurso todas las estructuras educativas, especialmente la escuela, cobran gran relevancia, no sólo por su importancia en relación con la vida cultural sino también con la vida productiva de la sociedad.

En este proceso de construcción teórica, Gramsci desarrolla una actitud crítica hacia el sistema escolar establecido: contra la escuela clásica, la instrucción profesional y la universidad por su incapacidad de formar al hombre "nuevo" que demanda la sociedad. A su vez inicia un proceso de exploración de nuevas vías para la educación de las clases populares: círculos, asociaciones coordinadas por las organizaciones de la clase obrera, sindicatos y partidos. La finalidad es lograr formar al nuevo intelectual

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"orgánico", capaz de fundar una nueva hegemonía en la sociedad: la hegemonía del proletariado.

A partir de aquí, podemos abordar la tercera preocupación de Gramsci; el contenido de la instrucción. Esta propuesta deberá basarse -dice Gramsci- en dos procesos de la vida real que constituyen la base del industrialismo:

1. la complejidad de las actividades productivas y su mayor vinculación con las ciencias,

2. la evolución de la ciencia misma hasta convertirse, en la actualidad en una fuerza productiva. Estas condiciones materiales obligan a la creación de una escuela técnica, pero de cultura; es decir, una escuela en la que la historia de la ciencia y de la técnica sean la base formativa y el motivo educativo central. Todos estos proyectos de Gramsci están sujetos hoy a discusión en lo que se refiere a sus contenidos concretos, en tanto que son propuestas históricas, no dogmas; pero su visión del Estado, el concepto de hegemonía y su análisis de las superestructuras constituyen actualmente un amplio horizonte para la indagación teórica y la acción práctica en el terreno educativo.

Enfoque de la nueva sociología de la educación

La "nueva" sociología de la educación tiene su origen en los años setenta, como respuesta crítica a la selección y distribución de oportunidades escolares en los sistemas escolares europeos de la posguerra. Los primeros trabajos de carácter crítico mostraron la realidad desigual de las oportunidades educativas. Posteriormente pasaron de la crítica de la selección al análisis de las formas y de los contenidos escolares y sus repercusiones en las diferentes clases sociales.

Tradicionalmente preocupada por los problemas de la relación entre el sistema educativo y el sistema de estratificación social, la "vieja" sociología tenía muy poco que decir acerca del contenido de la educación. La nueva sociología de la educación se define por un nuevo objeto de estudio: la educación propiamente dicha.

Fuertemente influida por la fenomenología, la nueva sociología de la educación se propuso explorar principalmente tres temas: la interacción maestro-alumno, los significados que los educadores asignan al conocimiento trasmitido en la escuela, sean explícitos o implícitos, y el currículo.

Las más recientes investigaciones en la sociología han mostrado un mayor interés en la sociología del conocimiento, en la función del conocimiento como instrumento de control en la sociedad y en las implicaciones que esto tiene para la práctica educativa.

La dirección en la investigación para una sociología del conocimiento educativo fue explorar cómo y por qué persisten ciertas categorías dominantes y cuál es la naturaleza de sus posibles vínculos con ciertos grupos sociales, grupos de interés o grupos de actividad.

Esta nueva sociología de la educación es una tendencia viva y actual que ha tenido la capacidad de la autocrítica. Mientras reconoce la importancia de los aportes

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realizados en el campo de la práctica cotidiana en la construcción de los significados del proceso educativo, reconoce también que esta orientación ha tenido la limitación de abstraer a las escuelas y al conocimiento escolar de su contexto histórico, político y económico y, por lo mismo, ha centrado sus proyectos alternativos básicamente en la escuela (maestros, currículos, evaluaciones, etc.) sin considerar las relaciones externas que dominan en la sociedad, la acción de las ideologías y la presencia del Estado como principal educador.

La autocrítica la ha vuelto otra vez por el camino planteado por Gramsci, pero con un nuevo conocimiento para incorporar: los aspectos microsociales del proceso educativo, la dimensión epistemológica del conocimiento escolar y la necesidad de encontrar un puente entre estos procesos y las dimensiones macrosociales.

El inglés Basil Bernstein, sociólogo de la educación, es un ejemplo de los esfuerzos realizados por integrar esos dos niveles: el estructural y el interactivo. Para ello realiza dos tipos de investigación: una sobre, la reproducción de las clases sociales y la otra sobre la transmisión cultural, que destaca el efecto de las relaciones de clase en la institucionalización del código escolar.

Bernstein sostiene que el alumno de clase obrera se enfrenta a la institución escolar con una desventaja de carácter lingüístico que le da su pertenencia a las formas de vida obrera y a una familia obrera. La escuela es por definición, según Bernstein, una institución de clase media que reproduce, desde el maestro hasta el libro de texto, el código lingüístico de este sector social. Este código difiere sustancialmente del utilizado por la clase obrera. El segundo es un "código restringido" basado en identificaciones fuertemente compartidas, mientras que el primero es un "código elaborado", basado en significados fuertemente individualizados.

El modelo propuesto por Bernstein permite pensar en las diferencias en el rendimiento escolar entre miembros de distintas clases sociales. El niño de clase obrera se enfrenta en la escuela a un código elaborado, universal y abstracto que no tiene relación con su experiencia ni con su pasado cultural.

La lógica de este discurso ha llevado a la nueva sociología de la educación a incorporar el problema del poder en el análisis educativo. Es necesario analizar las relaciones de poder que subyacen a la organización, distribución y evaluación del conocimiento. Esta es una de sus principales aportaciones, y un campo nuevo y rico de investigación en la actualidad: el currículo, la pedagogía y la evaluación como nuevos objetos problematizados desde un enfoque marxista de la sociedad.

Referencias

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