COMPENDIO
DE LA HISTORIA UNIVERSAL,
ó
P I N T U R A H I S T Ó R I C A
D E T O D A S L A S N A C I O N E S ,
S U O R I G E N , V I C I S I T U D E S Y P R O G R E S O S H A S T A N U E S T R O S D Í A S .
OBRA ESCRITA E N F R A N C É S
Por Mr. Anquetil, miembro de varias Academias literarias.
T R A D U C I D A
POR EL PADRE DON FRANCISCO VÁZQUEZ,
Clérigo Reglar de San Cayetano.
T O M O III.
M A D R I D EN L A IMPRENTA R E A L .
COMPENDIO
D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L .
ZAS ISLAS GRIEGAS.
L a s divisiones generales de las islas grie-gas son dos: las Cicladas, así llamadas de una palabra griega que significa círculo, le for-man al rededor de D é l o s isla de A p o l o . Las Esporadas tienen este nombre de otra pala-bra griega que significa sempala-brar, porque dis-tantes del círculo de D é l o s , están como sem-bradas confusamente por la superficie del mar. Algunas hay que no debian nombrarse si la historia griega no hiciera mención de ellas algunas veces.
Proconeso sobre la costa de T r a c i a , en-frente de C í c i c o , es conocida por sus bellos mármoles, que son los que reciben el p u l i -mento mas fino. N o quiso Constantino otros para hermosear su nueva ciudad de Cons-tantinopla.
Bésbisco, cerca de C í c i c o , se cuenta
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tre las islas que se ¿cuacaren de la tierra i r m e .
T é n e d o s , enfrente de la antigua Troya, tendrá nueve leguas de boxeo. D e esta is-la salieron is-las serpientes de is-largos y tortuo-sos enroscados, que tragaron á Laoconte y á sus hijos : djtras de ella se ocultáion los G r i e g o s , fingiendo levantar el sirio de T r o -ya : sus habitadores eran tan justicieros, que pasó á proverbio la justicia teñe di ana, para decir justicia severa. Produce el vino mos-catel mas delicioso de levante. Justiniano la hizo un pósito para los trigos que se lleva-ban á Constantinopla. Esta fue de los Per-sas , de los Atenienses, de los Lacedemonios, de los Romanos , y por último es de los Turcos.
mu-D E T.A H T S T O U I A U N I V E R S A L . $
chos. Tiempo hubo en que los Romanos, q u e se querían perfeccionar en la bella literatu-ra , se retiliteratu-raban á R o d a s , á Atenas o Mitile* n e , capital de Lesbos.
El vino de Lesbos sirvió un día á Aris-tóteles para apreciar el mérito de dos gran-des hombres. Le preguntaron á quien daba la preferencia entre Menedemo de R o d a s , y Teofrasto de Lesbos Hizo que le echasen vi-1 no de estas dos islas, le gustó, y dixo : „ A m -bos son excelentes; pero el vino de Les-bos es superior."
A esta isla la poblaron colonias como á otras; v los xefes que las conducian se ha-dan Reyes. Después se estableció la demo-cracia : con el tiempo todas las ciudades afec-taban superioridad sobre sus vecinas, y de aquí las guerras civiles que paraban en ti-ranía. A Pitaco, que habia echado fuera á un tirano de Mirilene , le- suplicaron los habita-dores que tomase el c e t r o : este gobernó con grande prudencia , y muchos de sus juicios fueron grabados en las paredes del templo de A p o l o en D e l f o s , como oráculos de justicia. U n a de sus leyes parecerá severa: en esta determinaba que todas las culpas cometidas en
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Los Lesbios entraron en todas las guer-ras de los Persas, en las de los Atenienses y Lacedemonios, y en las de Mitrídates y los Romanos. E n quanto á las costumbres tenian mala fama los hombres, y peor las mugeres. Para decir vida estragada se decia en gene-ral una • vida lesbia. A esta isla la llaman M e t i l e n a , y tiene al rededor muchas islitas
de poca importancia.
tiem-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 7
po escrúpulo de emplear en los sacrificios e l producto de aquella t i e r r a ; y así tenian los frutos y trigo que producía por profanos y por indignos de ser ofrecidos á los dioses; pe-ro no llegó el escrúpulo á no appe-rovecharse de aquel territorio. Q u i o es el centro de otras ocho ó diez islas pequeñas.
Icaria, cuyo nombre se deriva de Icaro, tiene buenos pastos. Patmos excelentes puer-tos : toda se compone de rocas , y servia para destinar los desterrados. Leros daba e l áloe. Fármaco y L u d o eran retiro de piratas. Estos hicieron allí prisionero á Julio César.
sa-8 C O M P E N D I O
liendo del mar. E l gobierno fue monárquico; democrático ó aristocrático hasta que fue de los Romanos. Se fabricaba en C o o una tela tan fina que era del todo transparente. Las damas romanas la estimaban mucho, y las her-mosas tenían el gusto de creerse vestidas sin estarlo. D i c e n que Nisnia , que es una pe-queña isla, es una separación que el mar hi-zo en C o o . Cárpato, que apenas es mas gran-d e , gran-dicen que tenia tres ciugran-dagran-des. Otras mu-chas que hay por allí mas deben contarse por su pequenez como rocas que como islas: no obstante , la benignidad del clima y la fer-tilidad de la poca tierra que tienen atraen habitadores.
execu-D E I A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 9
tase la sentencia pidieron las' mügeres per-miso para entrar á despedirse de sus mandos; y concedida esta gracia, entraron, cambiaron con ellos de vestido, y de este modo los sal-varon. U n R e y de Esparta , llamado Teras, que después de haber renunciado la corona se cansó de ser vasallo, pensó en reunir es-tos extrangeros y transportarlos fuera de las tierras de la república. Se hizo pues su ca-pitán , y desembarcó en una isla, á la que dio el nombre de Tera.
cer-I O C O M P E N D cer-I O
ca de C e o s , hay baños calientes.
Serifa está erizada de rocas y llena de minas de cobre, que son las que hacen mal sano el ayre. Su principal producción son ce-bollas, y así era el lugar adonde los Empe-radores enviaban á los que querían castigar con el mas penoso destierro. Preguntó uno de estos desterrados á un serifiano, qué delito era el que podia tener por pena ser dester-rado de Serifa; y le respondió, que el per-j u r i o : y así haz presto un per-juramento falso, y te desterrarán de un lugar tan execrable. A esta isla envió A u g u s t o á un orador que ha-blaba con demasiada libertad , porque diez y siete años de destierro en Creta no le habían curado de este mal.
Si hubiera ateístas, podría tener para ellos alguna estimación; porque fue patria de D i á -goras, el primero que negó la existencia de los dioses. L o que de esta isla se apreciaba era su alumbre , su miel y sus a g u a s , que curaban la sarna, bien que daban la hidropesía.
Olea-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . I I
to , mas conocida por el nombre de Antípa-ros. Parece que en su origen son canteras de mármol , y también las que han dado luces sobre la vegetación de las piedras.
F u e Naxós una isla floreciente, guerre-ra , fértil en excelentes vinos, y tuvo un so-berbio templo en honor de Baco. Sus frutas son deliciosas, y sus llanuras están cubiertas de naranjos, o l i v o s , viñas, higueras y mora-les: también tiene cedros. S u mármol mas es-timado es el verde , cortado con venas blan-cas. Los Atenienses la subyugaron , los echa-ron de ella, y aun volvieecha-ron. Por último, los Romanos la hicieron sufrir la misma suerte que á las demás.
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Esciros abundaba en v i n o , trigo y otros comestibles. Su ayre es muy sano. F u e patria de F e r é c i d e s , uno de los mas sabios filóso-fos de la antigüedad , maestro de Pitágoras, y discípulo de Pitaco. Dicen que fue el pri-mero que escribió en prosa , observo las re-voluciones de la luna , pronostico los eclip-ses , y enseño el dogma de la inmortalidad d í l alma con el disparate de la transmigra^ cion que aprendió de los Fenicios. Micon, A n d r o s , C i r o s , Teos y otras islas adyacentes no nos ofrecen mas que sus excelentes vinos y bellas ruinas.
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hostilidad hicieron por respeto al lugar en que se hallaban. Todos los Griegos concurrieron á la construcción de este templo y de sus mag-nificas galerías, en cuyas ruinas se le n aun los nombres de muchos Reyes que contribuye-ron. Enviaban sus ofrendas y dones muchas veces con personas solamente diputadas para este solo fin. En el dia van muchos cuiiosos á buscar vestigios de los antiguos monumen-tos : y tan cubierta está la tierra de escombros, ruinas y espinas que no es posible cultivarla, ni hay en ella un habitador. V e aquí lo que es Délos antigua y moderna.
Después de ver á Esciros, en donde es-tuvo Aquiles disfrazado en trage de muger en la corte de Licómedes, se pasan quatro is-las pequeñas para llegar á Lemnos consagra-da á V u l c a n o , y habitación de los pi ¡meros herreros. También invocaban á Juno madre de este dios , y todos los años la sacrificaban una muger joven. Una tierra, que llaman si-gilata por el sello de los sacos en que la
traen, se ha tenido siempre por excelente re-medio contra la ponzoña, mordeduras de ser-pientes , heridas y fluxo de sangre; y es una especie de calizo que iban á buscar con
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G r i e g o s modernos quando la recogen. Una grande parte de esta tierra se envia al G r a n S e ñ o r , y la restante se vende por su c u e n t a : no pueden los habitadores reservar-se nada de ella sopeña de muerte. También habia en Lemnos un laberinto, edificio mag-nífico. Imbros y T a x ó s tenian minas de oro.
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Por demás seria buscar hoy en Corcira los jardines del R e y A l c i n o o ; pero á un la-do de una tierra arenisca y estéril se ve otra abundante en árboles frutales, olivos, higue-ras y viñas, con bellas casas, y estos son los bellos jardines. L o mismo hay en Leucada y Citéra. E n quanto á las Estrofadas, Equina-das y una multitud de islas parece que la naturaleza, quando las repartió sus mas pre-ciosos adornos, quiso hacerlas asilos de la fe-licidad y la p a z , y no obstante casi siempre han sido los teatros de las guerras extrange-r a s , ó de las tuextrange-rbaciones domésticas, ó
inva-didas por los piratas.
Era Egina una tierra pedregosa; pero la industria de los habitadores la hizo fértil, por haber conseguido á fuerza del trabajo, y moviendo mucho la tierra, fecundizarla. F i n g i e -ron los poetas que después de una peste q u e desoló el pais, hicieron los dioses unos h o m -bres conocidos con el nombre de Mirmido-nes (hormigas) , esto e s , que á los holgaza-nes sucedieron los laboriosos. Solón era de Salamina.
intesti-1 6 C O M P E N D I O ñas y exteriores. Todas estas islas han sufri-do horribles desolaciones, incendios y subver-siones totales de las ciudades mas florecientes. Estos isleños, alternativamente opresores y opri-midos, se arrancaban la palma de la libertad cjue regaban con sangre , así de sus vecinos, como de sus mismos ciudadanos. En la actua-lidad con el sello de la servidumbre baxo el gobierno t u r c o , en pagando el tributo pasan una vida dulce y tranquila. Los viajantes, que los han examinado mas de cerca, han halla-do en ellos la delicadeza y urbanidad de los
antiguos G r i e g o s , y en las mugeres las gra-cias atractivas de sus mayores : en sus fies-tas la decencia y la alegría ; y si se ha de juzgar por la historia, mejor están en la de-pendencia presente que en aquella libertad siempre agitada y sangrienta.
MACEDONIOS.
D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . IJ prevaleció el de Macedonios, ni si viene de un R e y llamado Macedo , descendiente de D e u c a l i o n ; o de M i g d o n i a , provincia de la que se derivó Macedonia.
En este reyno son muy comunes las mon-tañas y el monte Atos pasa por uno de los mas altos de la tierra. E n él habia antigua-mente muchos altares consagrados á diferentes dioses, y ahora tiene muchos monasterios. E l monte Pangeo encierra en sus entrañas minas de oro y de plata. N o solamente los montes, toda la Macedonia produce maderas de cons-trucción , y muy estimadas para carpintería. E n otro tiempo no se conocian en este pais de-siertos : ahora por estar menos poblado faltan algunas veces los víveres. N o se ha aprove-chado como pudiera para el comercio de los mares que bañan sus costas, ni para la nave-gación y transporte de los rios que le riegan. N o se conocen allí animales extraordinarios,
ni otras cosas raras naturales ó artificiales; pe-ro su ayre es muy sano, y se ven muchos an-cianos vigorosos. Las llanuras cercanas al mar dan trigo y aceyte, y son mas fértiles que el resto del pais, el que generalmente es mon-tuoso y lleno de selvas; pero criaba muchos y excelentes caballos,
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Los antepasados de estos hombres, que lle-garon poco á poco á ser dueños de la Grecia y después del Asia, eran los Argivos. Llegando á este pais baxo la conducta de un xefe des-cendiente de H é r c u l e s , extendieron sucesiva-mente su dominación, así con la prudencia co-mo con el v a l o r , sin erigir trofeos de sus vic-torias , y tratando como hermanos á los que subyugaban. Todos aquellos pueblos se fun-dieron en u n o , por decirlo así, haciendo una sola nación, cuyo carácter y distintivo era la valentía, y el desvío del luxo y la pereza.
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Eran los Monarcas de Macedonia muy mo-destos en los ornamentos que significaban su dignidad. Unas armas magnificas y una silla de respeto era todo lo que los distinguia de los vasallos. Su educación era severa ; y tem-plaban la magestad del trono con una benig-na familiaridad: comian con sus a m i g o s , ad-mitían los vasallos á su presencia, y juzgaban sus causas, aun las que no eran de la mayor importancia. Estas no fueron costumbres de un solo R e y , sino unas virtudes perpetuadas en el trono de Macedonia por muchos siglos.
Los Macedonios profesaban la misma re-ligión que los Griegos. Sus principales dioses eran Júpiter , á quien honraban como protec-tor : Hércules como dios tutelar de los hom-bres valientes ; y Diana como diosa de la ca-z a , que era su ocupación favorita. Eran m u y supersticiosos: los mismos R e y e s eran los que exercian las funciones sacerdotales: erigían es-tatuas y altares, é inmolaban víctimas. Solo en los grandes convites se apartaban de las re-glas de la sociedad, y en estos no eran ad-mitidas las mugeres: los jóvenes no tenían asiento hasta haber muerto un jabalí en bue-na g u e r r a , esto e s , con la lanza, y sin haberle armado redes. ISo solamente les gusta
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ba la caza, sino sus peligros. En presencia de sus capitanes se les daba en los campos lec-ción de fortaleza y destreza; y ex-ícutaban una danza militar que no dexaba de tener gus-t o ; mas siendo soldados agus-trevidos eran gus- tími-dos marineros.
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E l valor era una prenda natural en los Macedonios, y aun añadieron á esta una ex-celente disciplina , con la mezcla feliz de es-píritu y docilidad que al fin los hizo invenci-bles. N o obstante, algunas veces no fueron tan poderosos como sus vecinos , aunque siem-pre tan valientes como ellos; pero desde q u e el genio de sus Príncipes les abrió el cami-no á grandes conquistas, le siguieron con un ardor sin i g u a l ; y para que saliesen bien sus proyectes se sujetaron á la mas severa disci-plina. Desde entonces fue para ellos la guerra una ocupación nacional : todos nacían soldados, y no tenían otra educación sino la de los exércitos.
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dad y presteza en sus movimientos quando ha-cia alguno , y por la solidez de su masa quan-do se fixaba.
Aunque la mayor parte de la caballería era de extrargercs , también habia algunos "cuerpos de Macedonios. Quando un soldado
perdia su caballo en el combate, tenia el ca-pitan obligación de darle otro de su caballe-riza , por la máxima de que la utilidad pú-blica es primero que el fausto del particular; Hrbia premios establecidos para los enfermos y los veteranos.
Todas las armas ofensivas y defensivas de los Macedonios consistian en escudos y capar cetes de cuero c r u d o , espadas, estoques, p u -ñales y picas. Quando mandaba el R e y , lo que casi siempre sucedia, no se distinguía por la 'magnificencia del equipage ó del vestido, ni por la níesa espléndida y suntuosa, porque vivia como un simple soldado; y no era'esta la frugalidad dé uno ú otro, sino la de todos los R e y e s desde el primero al último.
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á perseguirle: siempre se quedaba la falange en el campo de batalla para no permitir la reunión. Durante la acción los oficiales y el mismo R e y dirigían sus palabras á los solda-dos , y tenían cierto grito de guerra que to-dos levantaban al mismo tiempo al atacar.
N u n c a acampaban sin abrir al rededor el foso, y cada tienda solo tenia dos soldados: to-das eran de cuero que se podian coser y lle-nar de ayre para servir de barcas en caso de necesidad. E l R e y tenia dos tiendas, una para descansar, y otra para recibir. N o seguían al exército, mugeres, niños ni equipages de l u -xo. Los carros eran pocos, porque cada solda-do llevaba lo que necesitaba. Tales eran las tropas, que saliendo de un rincón de la E u -ropa sujetaron parte de e l l a , y dilataron su dominio hasta el África después de haber so-metido á su imperio toda el Asia conocida.
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lo tuvo por aviso de los dioses que no querían que irritase á sus vecinos eternizando su ver-güenza. Desde entonces estableció una regla, que pasó á sus sucesores, de no tratar á los pueblos conquistados como á enemigos, y mi-rarlos como á vasallos.
Precedieron á E ropas cinco R e y e s : ganó este una batalla estando todavía en la cuna. C o n ser los Macedonios tan valientes siempre los vencían los del Ilírico , y les asolaban el pais. Creyeron pues que pelearían con mejor fortuna animados con la presencia de su R e y , aunque era niño de pecho. L e hicieron los xefes traer á la batalla ; y bien fuese ardor nacional ó la honrosa vergüenza de abando-nar un niño, pelearon con tal obstinación que derrotaron á los Ilirios.
Reynando Aniintas sucedió la aventura ya referida de los jóvenes señores Persas , que precisaron á este Principe á introducir sus hi-jas con ellos en las libertades de un convite; y A l e x a n d r o , hijo del R e y , vengó la violen-cia hecha á su padre , y libró á sus herma-nas de la afrenta que las amenazaba.
repúbli-D E 1 A H I S T O R I A U N I V E R S A ! . 2 5
cas griegas. Estas le echaron muchas veces en cara que en las negociaciones obraba con do-blez. También le dixéron que procedería con mas nobleza y le convendría mas declararse por el partido que defendía la libertad de los G r i e g o s , que sujetarse al vergonzoso y u g o del Monarca Asiático ; pero su conducta equivoca le procuró la ventaja de libertar su reyno de las desolaciones de la guerra, y de enrique-cerle con el paso de las tropas. N o obstante se conjetura que estaba mas inclinado á favor de los G r i e g o s , pues hallándose en el exér-cito persiano les avisó que iban los Persas á atacarlos: noticia sin la qual los hubieran sor-prehendido y derrotado. „ Espero , les dice, que tendréis presente á un hombre que por amor á los Griegos da un paso tan peligro-so. E l interés que tengo en esto es la con-servación de la Grecia , como que y o soy-G r i e g o de origen."
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d o l o s , y ya abandonándolos. L e acusaban de perfidia , y él recriminaba con falsas impostu-ras , y todos tenían razón. N o hubo suerte de guerra que no experimentase , invasiones, ata-ques no previstos, campañas regulares, y guer-ras c i v i l e s ; pero se nota que siendo guerre-ro hábil y valiente , prefería la pluma á la espada, y la negociación á las armas.
N o se sabe á qué titulo le sucedió A r -q u e l a o , pero le dexó un reyno poderoso. Se aplico á fortificarle con plazas de defensa, y pasó una vida cómoda y tranquila en sociedad con los sabios , á quienes amaba. V i o morir en su corte á Eurípides, y le levantó un mag-nifico sepulcro. También pretendió la amistad de Sócrates ; y dicen que este filósofo no la admitió por causa de las crueldades cometidas en el principio de su rey nado para asegurarse en la usurpación del trono. C a y ó de é l , co-mo habia subido , por una conspiración en que perdió la vida. N o por esto dexó de pasar la
D E I A H I S T O R I A U N I V E R S A L . HJ R e y de Esparta, con un cuerpo de tropas, pi-dió permiso para pasar por la Macedonia: res-pondió Erope , que lo reflexionaría; y dixo el altivo Macedonio , que reflexione, pero no-sotros marchemos. Esta firmeza admiró al pro-tector , y envió órdenes para que le recibie-sen todos bien ; y con esta precaución libro a la Macedonia del pillage con que trataban los Esparjtanos á otros paises menos condescen-dientes.
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Consiguió este usurpador el favor del pueblo; pero Euridice, madre de los dos Principes, ha-l ha-l ó contra Pausanias eha-l recurso en eha-l afecto de Pe lapidas, General Ateniense. L e hicieron arbitro los pretendientes al cetro, y él se le adjudicó á Péidicas. Temiendo que se renovasen las inquietudes con su partida de M a -cedonia , pidió que los competidores diesen rehenes.
vir-D E X A H I S T O R I A U N I V E R S A ! . 2 9
tudes que eran favorables á sus designios. Mientras se formaba en la escuela de Epa-minondas ( 2 6 3 9 ) S UP ° ^a m ue r t e de su hermano Pérdicas en una batalla contra l o s T l i -rios, enemigos hereditarios de los Macedonios. Solo dexaba este Príncipe un hijo muy joven llamado Amintas. Filipo fue á Macedonia con el mayor secreto y diligencia, mas ya habia dos competidores sostenidos por los Ilirios y los Traces; y asi quando llegó se halló con un desorden horrible en el gobierno, un p u e -blo abatido y sin unión, dividido en opinio-nes sobre quién tenia el derecho de reynar: unas tropas extrangeras, llamadas por los ri-vales, y ningún exército que oponer á los ene-migos de su patria. ¡ Q u é circunstancias estas para un joven de veinte y dos años!
feli-JO COMPENDIO
ees sucesos l e ofreció la nación la plaza de su sobrino, ó se la dexó tomar, y á muy pocos años llegó Filipo á ser el Monarca mas po-deroso , y el mas envidiado en esLa parte del mundo.
ia-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 3 1
utilizasen durante el curso de la empresa. Uno de los principales motivos de su odio contra Demostenes fue que este orador l e adivinaba, le leia los pensamientos, y decia con tanta claridad á los Atenienses los moti-vos de las acciones de Filipo , y el fin á que se dirigían, que hubiera sido muchas veces po-sible arruinarlas si hubieran querido abrir los ojos á las luces que Demostenes les presen-taba. E l recurso de F i l i p o fue pagar orado-res contrarios; pero bien reconocía la superio-ridad de Demostenes, y aun decia: „ A ese no le doy y o sueldo ; pero si le quisiera recibir le señalaría de buena gana mas renta que la de todos los que componen mi casa." Para carac-terizar la eloqiiencia victoriosa de este orador solia decir: „Isócrates pelea con florete, y D e -mostenes con espada.''
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su cuerpo vivirá con honra y gloria. Este •! es F i l i p o , Atenienses." Es notable la circuns-tancia en que perdió un o j o , para que se vea que á nadie se debe despreciar, y que no hay enemigo pequeño. L e presentaron en el sitio de Meton á A s t e r i o , excelente tirador , que no erraba , d e c i a n , á un páxaro en el mas \ rápido vuelo. „ A í u y bien, respondió Filipo, \\ quando yo haga la guerra á los vencejos en- \ trará á servirme.'' Se retiró Asterio á la ciu- j dad picado de esta burla. Y estando Filipo algunos dias después en los trabajos avanzados, le hirió una flecha, en la que estaba escrito:
hi-L,im.^'.\ Ism..r.J:ii '
Í
Filipo v su vasalla.
.-///Л/Л/ í/r tvrnrr Ft/уг у/л//л/' Jtirrm/nr /l '
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; A l'ihpo en avunas / ; : у / л / < ' <т#/y/i>/M////<y//,v//
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ciéramos mal? Todavía se halla mayor grandeza en lo que dixo de los oradores de A t e -nas: „ Mucha obligación tengo á esos señores, que indicándome mis defectos, me dan ocasión para enmendar me.
N o debe omitirse esta preciosa carta es-crita á Aristóteles. „ Bien sabes que tengo un hijo, por lo que doy gracias á los dioses, no tanto de habérmele dado, como de haber dis-puesto que haya nacido tu contemporáneo. Cuento con que le harás digno de sucederme y de gobernar la Macedonia.'' Este hijo era el Grande Alexandro. E l discípulo de Epami-nondas, y de un filósofo de su elección acer-tada, conocía bien el precio de la educación. E l respeto de Filipo á la justicia se debe atribuir á los buenos principios grabados des-de la infancia en su corazón. Por este respe-to sufrió con paciencia la viva réplica de una muger á quien habia juzgado acabando de
comer. „ A p e l o , exclamó ella ; y dixo el R e y : ¿ A quién? A Filipo en ayunas." L a oyó de n u e v o , y la envió contenta. N u n c a hacia es-perar á los pleyteantes, persuadido de esta ver-dad , que el que se hace culpable de una di-lación de justicia, abdica por lo mismo su au-toridad. N i n g u n a atención humana le detenia.
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Intercedían sus cortesanos fuertemente por un hombre que habia de ser condenado, y le de-cían : Si el juicio sale contra él será deshon-rado. „ M u y bien, respondió : mas quiero que él sea deshonrado que no y o . "
Solia decir Filipo que no habia ciudad inexpugnable si podia entrar en ella un asno cargado de oro ; y así lo habia experimenta-do ; pero lo dexaba este soberano á sus enemi-gos , y no quería que se emplease para con él. Escribió á su h i j o , que derramaba pródi-gamente riquezas en sus cortesanos : ¿ C ó m o podrás, ó j o v e n , persuadirte á que te servirán con fidelidad los que cada dia corrompes con tu dinero ? C o n esa conducta te expones á que los Macedonios no te miren como á su R e y , sino como á su tesorero : créeme, que por bien que te manejes en este último empleo, no pasarás de un Príncipe mediano.
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que su hijo habia dado. N o obstante, reze-lando que el demasiado ardor le precipitase en alguna empresa temeraria, le l l a m ó , y l e tuvo á su lado en la batalla de Queronea, aquella famosa batalla que decidió la suerte de la Grecia.
Ciertas negociaciones entre Filipo y los Atenienses, en las que no presidia la buena f e , tenían suspensa por mucho tiempo una e x plosión peligrosa. A l principio querían los A t e -nienses el imperio de la G r e c i a ; y a después se reduxéron á no verle pasar á las manos de F i l i p o , y para esto se valieron, unas veces del ardid, y otras de la fuerza. Filipo siempre ca-minaba á su fin: este era que le considerasen los Griegos como protector de los débiles, y enemigo de la tiranía, aunque fuese la de las repúblicas. Siempre estaba dispuesto á sos-tener los intereses de los que le reclamaban: no faltó á entrar en la guerra sagrada: así llamaron la que incendió toda la Grecia por un poco de terreno quitado al templo de D e l -fos. Filipo se habia declarado contra los sacri-legos, pero no de modo que diese fuerzas á los falsos devotos.
N o quisieron los Atenienses que ignora-se el R e y de Macedonia que le conocían. Se
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habían escrito cartas muy agrias , y con un tono afectuoso. Los Atenienses se quejaban, F i -lipo respondía con reprehensiones. Quejas y reprehensiones eran bien fundadas; pero un R e y , que en su persona tenia al mismo tiempo su Secretario, G e n e r a l , Ministro y T e -sorero , llevaba muchas ventajas á una repú-blica , cuyas elecciones siempre están sujetas á la intriga. C o m o elegian todos los años diez G e n e r a l e s , decía F i l i p o : ¡ Q u é pueblo tan di-choso! ¡qué fortuna la de hallar diez Genera-les en cada a ñ o , quando y o en toda mi vi-da no he encontrado sino u n o ! Este era Par-menion. Pero una república tiene algunas ve-ces mas influencia para los de fuera por la multitud de sus a g e n t e s ; y así formó Atenas una liga formidable, cuyas fuerzas se desple-garon en los campos de Q u e r o n e a , cerca de la Tébas de Beocia.
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propia de G e n e r a l , que los Atenienses por haber conseguido alguna ventaja se entregaban á perseguir , y dixo : Estos no saben vencer; y
cargando sobre ellos los derrotó. Las primeras expresiones del contento fueron algo ridiculas. Pero un muchacho que ve su frente coronada con el primer laurel académico : un G e -neral , á quien sus soldados levantan en los pa-veses victoriosos, y una muger en el primer momento de su triunfo de un corazón que otras rivales la disputaban: todos estos expe-rimentan unas sensaciones que no dan lugar á la reflexión, y una especie de embriaguez c u -yas faltas merecen perdón.
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peleado por chanza? Y después les concedió lo que pedian. Se hallo Demostenes en Q u e -ronea: h u y ó y arrojó las armas para correr mas ligero : se le agarró del vestido una zar-za , y dio un grito diciendo dame la 'vida, creyendo que le cogia un enemigo. ¿Quántos oradores, muy valientes en la tribuna, le imi-tarían en el combate?
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F i l i p o ; pero él se hallaba á la cabeza de una confederación poderosa, y de un exército ex-celente con buenos C a p i t a n e s , y un grande General en su persona ¿que no debiera espe-rar? Una negación de justicia frustró todos es-tos proyeces-tos.
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y o bastardo ? gritó el hijo de Olimpia; y le arrojó á Átalo un vaso á la cabeza : este le correspondió con otro. Sacan las espadas: á F i l i p o se le olvidó que era coxo : quiere acu-dir á detener á su hijo, y cae. Y a tienen ahí, dixo Alexandro , un xefe en buen estado pa-ra pasar de Europa al A s i a , quando no puede de una mesa á otra sin riesgo de romperse la cabeza. Después de este dicho insolente se re-tiró á Epiro con su madre.
gol-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 4 1
pe destinado al culpado contra el que le ne-gaba la justicia.
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Otro objeto digno de notarse es el peli-gro que hay asi en dar consejos como en re-cibidos. T a l vez no pretende alguno sino que admiren su talento quando dice una cosa ex-traordinaria , y suele ser causa de un crimen por la disposición del que lo oye. Esta refle-xión se puede aplicar al sofista Hermócrates y á Pausanias. Este joven, atormentado con funestos pensamientos, teniéndose por deshon-rado mientras no se vengaba, preguntó á Her-mócrates: ¿ Q u é deberá hacer un hombre pa-ra hacerse famoso ? Y el sofista le respondió muy sentenciosamente : Quitar la vida á aquel que haya hecho cosas grandes; y añadió con mucha gravedad la razón; porque nunca po-drá menos de traer á la memoria al autor de su muerte la reputación de aquel á quien qui-tó la vida. ¡Horrible fama!
casa-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 43
ba con el R e y de E p i r o , hermano de O l i m -p i a , y el mismo Fili-po hacia -parte del es-pec- espec-táculo. Empezó pues por una magnífica pro-cesión , en la que llevaban las doce grandes divinidades de la G r e c i a : á estas se seguia la imagen del R e y como una tercera divinidad: presunción bien contraria á lo que por su or-den le decia todos los dias un R e y de armas:
Fili-po', acuérdate de que eres mortal. Por úl-timo , iba él solo vestido de blanco, y con la corona en la cabeza. Sus guardias se retiraban para dexarle ver , y para manifestar que mejor que ellos le guardaba el afecto del p u e -blo. Se aprovechó Pausanias de esta circuns-tancia, y adelantándose hacia el R e y sacó su puñal que llevaba debaxo de la túnica, le atra-vesó el costado izquierdo, y cayó muerto á sus pies. H u y e el asesino : y a llegaba á los caballos preparados para escaparse, quando tro-pezó en un vastago ó v i d , cayó y le mata-ron : su muerte ocultó el misterio del asesi-nato : hasta hoy se duda si su delito procedió de conjuración, ó fue el de un fanático del honor y la venganza.
te-4 te-4 COMPENDIO
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de una danzarina llamada Larisa.
Alexandro es buena prueba ( 2 6 0 5 ) de que se puede ser hombre grande á los vein-te años. Apenas vein-tenia mas quando su pa-dre le dexo el trono de Macedonia. T u v o por Gobernador á Leónidas , pariente de la Reyna , hombre de costumbres maduras y aus-teras. Lisímaco, recomendable por su mode-ración y dulzura , exerció las funciones de su preceptor. Aristóteles le infundió un gusto mas particular de las artes y las ciencias. Bebió en los poemas de Homero , que continuamente es-tudiaba , los elevados sentimientos que distin-guen á los héroes, de los grandes Príncipes; pero recibió de la naturaleza el ingenio que abraza lo mas vasto de un objeto : un en-tendimiento exacto que dirige una empresa, y aquel discernimiento con que se eligen los me-jores medios.
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Atenienses sobre todo habían formado esta idea, y la esparcían. Empezó el R e y joven por ha-cerse temer en su propia corte , persiguiendo vivamente á un conspirador , aunque le acon-sejaban que le sobrellevase. Admiró á los Ma-ce donios , y ganó la confianza de aquel pue-blo guerrero con victorias señaladas contra los habitadores de la Tracia , nación valerosa y tenaz. Los persiguió entre los mayoies peli-gros , hrcta que le pidieron la paz. Llegaron á hablarle en el campo los embaxadores; y el joven vencedor, lleno de la alta opinión que creía haber inspirado, les p r e g u n t ó , con-tando con que le darían una respuesta lisonjera: ¿ Q u é era lo q u e mas temían en el mundo ? Y ellos le respondieron : Nosotros solo tememos que se caygan el sol y los astros. Esta respues-ta valiente le agrado m u c h o , y los estimó mas , y los trato con honor.
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Tebanos, que en tiempo de Filipo se obliga-ron á recibir en su ciudadela guarnición de Macedonios, atrayendo á los dos comandantes á la plaza de la ciudad, los degollaron. C o n esta novedad marchó Alexandro á T e b a s , y d i x o : „Demóstenes en sus arengas me llamó niño quando y o pacificaba la Iliria, y joven mientras hacia la guerra en Tesalia; pero al pie de las murallas de Atenas y o le haré ver que soy hombre hecho."
Se defendió Tébas con tenacidad, y por lo mismo fue mas infeliz. L a ofreció Alexan-dro el perdón general si le entregaban los culpados. Los habitadores no lo consintieron, y como republicanos presuntuosos insultaron á los sitiadores. T o m ó la ciudad por asalto, hizo vender en pública subasta todos los que escaparon de la matanza, y mandó .que nadie diese hospitalidad ni socorro á los Tebanos que se hubiesen podido salvar por la fuga. Se di-ce que se arrepintió de este r i g o r , y que trató después con mucha humanidad á los fugitivos que cayeron en sus manos.
exigien-4 8 C O M P E N D I O
do que le entregasen á Demóstenes, y otros ocho oradores, como autores de todas las in-quietudes de la Grecia. N o obstante, sufrió que dexasen escapar á los o c h o ; pero persi-g u i ó á Demóstenes hasta que se vio reduci-do á envenenarse, que es la suerte ordinaria de los alborotadores, quando no perecen con muerte mas cruel. Recibió Alexandro el G e -neralato de la Grecia en Corinto , y allí vio á Diogenes , aquel Cínico que tal vez por la visita de este Príncipe se hizo mas famo-so que lo que merecía. Están divididos los pa-receres sobre la respuesta que dio al R e y de Macedonia, y sobre la reflexion de este Prín-cipe. Preguntó el R e y al filósofo, qué era lo que le pedia; y el Cínico le dixo: Que no me quites el sol. C h o c ó á los cortesanos, porque lo tenían por insolencia; pero Alexandro, mi-rándole gravemente , le dixo : Si yo no fuera Alexandro, quisiera ser Diógenes. ¡Pero era laudable indiferencia hacia las riquezas la de D i o g e n e s , ó era complacencia en la soberbia de no admitirlas? ¿ F u e en el Monarca admi-ración del desprecio de las vanidades, ó deseo de hacerse ilustre de qualquier modo que fuese ?
expedí-D E L A H I S T O R I A U N I V E R S A L . 4 9
cion, distribuyó á sus soldados y cortesanos to-dos los bienes patrimoniales, é hizo infinidad de liberalidades. Perdícas, á quien queria ha-cer un presente, le preguntó: ¿ Y qué reser-váis para vuestra persona ? Y él respondió: L a esperanza. D i x o Perdícas, no recibiendo su presente: Ahora bien, Señor, permitid que en-tre los que os acompañan en los peligros ha-ya uno que os acompañe en la esperanza. Pa-sando por Delfos quiso consultar al oráculo; y no queriendo la Pitia sentarse en el trípo-d e , se esforzaba Alexantrípo-dro á colocarla en él; y ella le dixo: Hijo m i ó , no se os puede re-sistir. Basta, replicó Alexandro, lo acepto por buen agüero. Todos saben la destreza con q u e se desembarazó del nudo Gordiano quando no pudiendo desatar cortó.
Llegando á las ruinas de T r o y a hizo Alexandro inmolar víctimas en honor de los héroes sepultados al rededor de Ilion , y en particular de A q u i l e s , de quien se tenia por descendiente. A q u i l e s , decia , fue dos veces dichoso, una por haber tenido un amigo como Patroclo ; otra por un poeta cocomo H o -mero , que le cantó sus hazañas. Efestion, fa-vorito de A l e x a n d r o , coronó de flores el se-pulcro de P a t r o c l o , aludiendo á la amistad
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del R e y . A imitación de A g a m e n ó n , que co-mo él habia sido Generalísico-mo de los Grie-gos , dio el Macedonio á su exército fiestas y juegos fúnebres, á los que presidió acompa-ñado de un Sacerdote ó Adivino , que tenia para con él la plaza de Calcante.
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á ellos se entregan! N o hallándose todavia Alexandro muy distante de su reyno envió á los Macedonios, que se habían casado aquel año, á quarteles de invierno con sus esposas. Y a entonces empezó á distribuir reynos, reem-plazando á una R e y n a de Caria llamada A d a en el trono que la habia quitado un prote-gido de Darío. Por no tener otros medios quiso reconocer este servicio enviándole pla-tos delicados, y aun ofreciéndole excelentes oficiales para su mesa; pero él la respondió: „ M i Gobernador me ha provisto de cocine-ros mas hábiles que quantos me puedan dar. Andar mucho desde que sale el sol, me pre-para buena comida: y comer con sobriedad, me dispone una cena también exquisita."
E l hombre que hubiera recorrido tantos países como Alexandro conquistó, podría pa-sar por gran viagero. Desde la Macedonia
costeó el Mediterráneo , se adelantó á E g i p -t o , se en-tró por los arenales de la L i b i a , vio el mar Roxo y el grande Océano Pérsico, penetró por la India, atacó á los Escitas, y
reconoció el mar Caspio y la laguna Meotis. Por ú l t i m o , recorrió por todas líneas lo in-terior de aquella vasta parte del m u n d o , to-mando ciudades, dando batallas, saltando
g 2 c o m p e n d i o
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 53 Después de la batalla de Iso pudo sos-pecharse que Alexandro perdería fácilmente las costumbres austeras de la Macedonia, y no seria insensible al regalo y luxo asiático. D u e ñ o del campo de Darío , se complació de verse rodeado del fausto de los vencidos. V a m o s , d i x o , á refrescarnos en los baños de Darío. Después del baño y un suntuoso con-vite le llevaron á una magnífica sala , y ad-mirado del esplendor y las riquezas, que en ella se habían prodigado, no pudo menos de decir con una especie de éxtasis : Esto se llama ser Rey. Semejante observación se pue-de hacer con el motivo pue-de su viage al tem-plo de Júpiter Amon. Expuso su exército á perecer en los abrasados arenales por so-la so-la satisfacción de hacerse decso-larar por hi-jo del dios que allí se adoraba. N o se ale-gró su madre Olimpia de que la vanidad de su hijo renovase las antiguas sospechas, que quisiera mas ver olvidadas, y así le es-cribió , que le suplicaba no la enemistase con Juno. V i v í a Olimpia en Macedonia muy re-galada, pero sin autoridad. Antípatro, á quien Alexandro habia dexado como Gobernador,
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muy segura del tierno afecto de su hijo. Un dia daba al R e y muchas quejas en una car-ta muy larga, y Alexandro, después de ha-berla leido, dixo: „Antípatro no sabe que una sola lágrima de mi madre borraría mil cartas como esta; pero siempre le mantuvo Gober-nador. "
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. $J la entretenida hasta tres dias, y este fue á verse con otro que se lo dixo al R e y . L a indiferencia de Filotas en oir la denuncia-ción , su diladenuncia-ción en hacerla saber, causaron inquietud en Alexandro. Preguntado Filotas, respondió, que le parecía el proyecto tan mal concertado, que le consideró impracticable, y no creyó que debia asustar al R e y . A l e -xandro tomó ó pareció que tomaba par bue-na la excusa de Filotas, y aun le convidó á su mesa.
Era este Señor un oficial valiente, gene-roso, y aun pródigo con sus amigos. Se dice que llegando uno de estos á pedirle presta-da cierta cantipresta-dad, le dixo el mayordomo que no habia dinero en la casa, y él respondió: ¿No tienes mi vaxilla y mis vestidos? vénde-lo todo, antes que ver á mi amigo en la ne-cesidad. Por otra parte era soberbio , altivo, muy lleno de su mérito , é imprudente en sus palabras, si es cierto lo que de él se cuen-ta , pues dixo un dia : ¿ Sin Parmenion, qué hubiera sido Filipo ? Y su padre sintiendo la altivez con que se elevaba, y previendo su caída, le solia decir: Hijo mió, hazte pequeño.
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menos de ser el blanco de sus tiros. Aviva-ron pues las sospechas de A l e x a n d r o , y así l e hizo arrestar y aplicarle al tormento. C o n -fesó la conspiración, nombró los cómplices, y cargó á su mismo padre; pero entregado al tribunal del exército, según la costumbre de los Macedonios, retractó su confesión, di-ciendo , que se la habia arrancado la fuerza de los dolores: mas no por esto dexáron de quitarle la vida. Bien fuese que el R e y cre-y ó que Parmenion era culpable, ó bien que era arriesgado dexarle sobrevivir á su hijo, envió á asesinarle en su gobierno, en donde vivía retirado y tranquilo.
N o todos creyeron el delito de Filotas, y mucho menos perdonaron á Alexandro la muerte de su padre. Suponían que este Prín-cipe resuelto á que le diesen los honores que la altivez macedonia no podía sufrir, se ha-bia valido de la ocasión para deshacerse de aquellos que se podían oponer á sus intentos; y confirmó esta sospecha lo que después su» cedió.
enve-DE XA HISTORIA UNIVERSAL. $7 nenáron el espíritu del Monarca, encantado con sus excesivas alabanzas y adoraciones.
L l e v ó á mal que no le tratasen los M a -cedonios con las mismas demostraciones de res-peto ; porque estos, muy al contrario, quan-to mas le veían abandonado á la pereza per-siana , y dando oidos á unas adulaciones que le elevaban sobre la humana naturaleza, ha-cían mayores esfuerzos por reducirle á la aus-teridad de sus primeras costumbres, y sacar-le del corazón la sacar-levadura de orgullo que fermentaba en él. Dichosos hubieran sido si hubiesen sabido mezclar en sus advertencias los lenitivos propios para curar aquel espíri-tu herido de la vanidad.
pica-5 8 COMPENDIO
Sobera-DE XA HISTORIA UNIVERSAL. 59 no son siempre justas y legítimas?" ¡Oh li-sonjeros , veneno de los Príncipes, y azote del pueblo! exclama con justo sentimiento de
do-lor el Historiador de Alexandro.
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y aun se esperó á que la declarase el orá-culo de Delfos? A l e x a n d r o , no olvidéis la. Grecia. ¿Podréis por ventura quando allá vol-váis forzar á los hombres libres á que os ado-ren como á un dios ? Si me decis que Ciro fue adorado por sus vasallos, y que desde entonces se ha conservado esta costumbre en-tre los Monarcas Medos y Persas, cuyo tro-no ocupaba, traed á la memoria como los Es-citas , pueblo rústico y pobre, reprimieron su orgullo quimérico , y como otros Escitas hi-cieron conocer á Darío que no era mas que un hombre. X e r x e s , Artaxerxes, Reyes hon-rados de sus vasallos como dioses, no se les ha visto huir delante de los exércitos grie-gos como ahora nuevamente Darío de Ale-xandro."
DE L A HISTORIA UNIVERSAL. 6 l eludieron la ceremonia, otros abiertamente se burlaron. A un Persa que tocaba la tierra con la frente postrándose, le dixo un Mace-donio: Da mas fuerte. Y a llegó su turno á Calístenes; y como no se postró, le rechazó Alexandro con aspereza, y Calístenes se v o l -vió diciendo : Yo he perdido un beso ; mas pagó bien caro este chiste.
Los que pretenden excusar á Alexandro dicen que no era tan necio que se tuviese por dios, y aun citan estas palabras que le hizo decir el dolor curándole una herida:
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que la precipitación del guardia le quitase la ocasión de mostrar su valor y destreza, le hi-zo ahi-zotar públicamente, y ordenó que le qui-tasen su caballo. Sus compañeros, testigos de la afrenta, la sintieron con é l , y así fue fá-cil que abrazasen su resentimiento; y convinieron en matar al R e y mientras dormía. H u -bieran consumado el delito á no ser por una casualidad extraordinaria.
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sido amigo particular de Hermolao. Pero su delito fue la estimación y crédito que tenia entre la juventud macedonia, á la que sos-pechaban que inspiraba sentimientos contrarios á los deseos del R e y sobre los honores divi-nos. N o se sabe el género de su muerte, mas siempre fue c r u e l , pues la diferencia está en-tre haberle dado tormento y crucificado , ó en haberle cargado de hierro, llevándole tras del exército en un carro descubierto, donde murió.
magnanimi-DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 6$ dad, se admiran de P o r o , que se atrevió á re-sistir al ímpetu de Alexandro. Los que apre-cian las virtudes benignas, y la política sua^ ve y útil á los p u e b l o s , prefieren á T a x i l o , que abrió sus estados al torrente-, y le dexó correr con menos daño de su reyno. ,, Señor» le d i x o , ¿para qué permitiría y o destruir á mis vasallos, pues no intentáis llevarnos los fru-tos y el a g u a , que son las cosas necesarias pa^-ra conservar la v i d a , y por consiguiente las únicas que merecen que peleemos para q u e no nos las quiten? En quanto á lo que llaman riquezas, si y o tengo mas que v o s , me haréis el gusto de querer partir conmigo ; pero si vuestras riquezas exceden á las m i a s , no ten-dré la soberbia de negarme á estaros obliga-do , ni la baxeza de pagar vuestros beneficios con la ingratitud." Alexandro •, movido de la franqueza del Monarca indio, se hizo su ami-go , y dexó sus vasallos en paz. Poro desple^ g ó sus fuerzas, fue derrotado , perdió dos hi-jos en la batalla, él salió herido; y si no vio su reyno desolado, fue por generosidad del vence-dor, que se picó de corresponder á la noble entereza del vencido. L e preguntó Alexandro: ¿ C ó m o queréis que y o os trate ? C o m o á R e y , respondió Poro ; y no solamente le YQIVÍQ sus
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estados, sino que le añadió provincias, é hi-zo de él un fiel aliado.
A l e x a n d r o , á quien abrasaba el ardor de las conquistas, meditaba otras nuevas. Pare-ce que nó pretendía detenerse hasta los lí-mites del m u n d o ; pero no eran estas las dis-posiciones de sus soldados, los que en lugar de aspirar á otras victorias, solo pedían salir de aquellos climas extraños para volverse á su patria ; y conociendo las intenciones de Ale-xandro , rompió en e l exército el desconten-to , y decían : „ ¿ Somos acaso de hierro para sostener las fatigas que se nos preparan? Nos traían como á perros, mantenidos para soltar-los contra otros que se pretende despedazar. N o : ya no pasamos de a q u í ; y serán muy ne-cios los que quieran sacrificar su vida por el capricho de un hombre solo." Sabiendo el Mo-narca estas murmuraciones arengó al exército, presentándole los motivos de gloria que le de-bían animar, subyugada el A s i a , á no dexar las armas hasta haber conquistado el univer-so. Era Alexandro eloqüente, y m u y querido de los soldados; y no obstante, ninguna im-presión hizo en ellos su discurso, y se que- : dáron en un triste silencio.
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 6 / C e n o , cuyo mérito conocía el exército y e l mismo R e y . E s t e , movido de la tristeza de los soldados, tuvo la generosidad de abogar por su causa. Hizo presente al R e y que los hombres no se determinaban á pasar grandes fatigas sino con la intención de gustar algún dia la dulzura del descanso. „ Y a el exército, Señor, no es tan numeroso, y todos los q u e le componen sostienen con pena el peso d e las armas: dignaos pues de mirarlos como á inválidos. Esperan de vuestra bondad que en consideración de sus antiguos servicios los l l e -véis á su patria : en ella hallareis una juven-t u d , que inflamada con el exemplo de vues-tras virtudes, estará pronta á seguiros en las lluevas expediciones que queráis emprender." Nada agradó este discurso á Alexandro, y así rompió la asamblea. E n otra que con-vocó al dia siguiente declaró su resolución de marchar adelante con los soldados que quisie-sen seguirle , y d i x o : „ Los que tanto desean
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sin querer recibir á sus mas íntimos amigos. A l tercer dia salió con ayre g r a v e , y dispu-so un sacrificio. Declaró el Arúspice que los augurios ó agüeros no eran favorables. „ ¿ Con que es preciso volvernos, dixo el R e y , pues los dioses y mi exército piden que no pase-mos de a q u í ? " D e una profunda tristeza pasó e l exército á los extremos del contento, y ex-clamaron los soldados: „ Bendito sea para siem-pre , pues siendo invencible para el resto del universo, se ha dexado vencer de nuestras sú-plicas." E l buen continente de un exército que »e muestra y a cansado, pero con respetuosa constancia, sin quejas*ni amenazas, aquella sen-sibilidad del soldado que siente verse precisa-do á desagradar á su G e n e r a l , y el gozo da haber recobrado su buena gracia, me parece; un suceso mas glorioso para Alexandro que '< sus mas bellas victorias.
DE ZA HISTORIA U N I V E R S A ! . 69 nosas, sufriendo los soldados ya la escasez de víveres, y y a la falta de a g u a , y tal vez uno y otro. Después de un día de calor, con un sol que abrasaba en una árida llanura, alam-pándose el exército de sed, llevaron al R e y en el hueco de un morrión un poco de agua cenagosa como un precioso presente ; la re-cibió agradecido, y la derramó á la vista de los soldados. Penosa extremidad; pero priva-ción que á todos alentó.
Volviendo á pasar por los parages en don-de habia estado quando los sujetó , examinó la conducta de los Gobernadores. Castigó á u n o s , premió á otros, se informó de la jus-ticia , de la hacienda, ordenó q u e se hermo-seasen las ciudades, trazó caminos, hizo cons-truir puentes, y en todo manifestó una su-perior inteligencia en punto de - gobierno.
Quanto mas se acercaba á Babilonia, en donde se cree quería fixar su habitación, hacia mas esfuerzos para incorporar á los Persas con los Macedonios, deseando hacer de las dos na-ciones una sola. C o n este fin se casó con dos Princesas de la sangre real. Estatira era hija de Darío ; y antes habia tomado por esposa una Persiana, llamada Roxana, de singular
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de D a r í o ; é imitando sus favoritos el exem-p l o se vieron hasta ochenta doncellas de las mas nobles familias de Persia casadas con ellos. T o d o s estos casamientos se celebraron en un mismo dia. Hizo el R e y muchos presentes á los esposos, y lo mismo executó con los sol-dados que tomaron mugeres Persianas en nú-mero de diez mil y aun mas. P a g ó el R e y todas sus deudas. Se pusieron contadurías, en donde se daba dinero sin preguntar de qué se d e b í a , para que la vergüenza que podia nacer de ciertos gastos no les impidiese para pedir. M a n d ó después de los votos generales repar-tir coronas de oro á los que mas se habían dis-t i n g u i d o , é hizo pasar en su presencia revis-ta á treinrevis-ta mil jóvenes Persas, que por su orden habían instruido en los exercicios mili-tares ; y quedó muy contento. A estos los lla-maron epígonos, que quiere decir sucesores.
DE L A HISTORIA UNIVERSAL. 7 1 sen servir por su e d a d , por sus heridas ó en-fermedades ó por otras razones, podían reti-rarse ; pero que recompensaría noblemente á los que continuasen en las armas. U n a grande parte del exército, zelosa de ver los favores que se dispensaban á los Persas, dixo que se quería volver. Supuesto, dixéron, que á so-los so-los bárbaros concedéis vuestras buenas gra-cias, sean ellos los que os ayuden á subyugar las naciones. Algunos añadieron con insolen-cia : Podéis hacer la guerra con vuestro padre Amon ; porque nosotros estamos resueltos á no servir mas.
Se arroja Alexandro precipitadamente de su trono, hace coger los principales del m o -tín , señalándolos él mismo, y manda arrastrar al suplicio, hasta t r e c e : los otros se queda ron mudos y consternados. L e s dixo dos pa-labras sobre su ingratitud, y se entró sofoca-do en la tienda, en la que se estuvo sofoca-dos días sin recibir á nadie: al tercero se presentó, y admitió á besarle la mano á los Persas ya por alianza sus parientes, y los elevó á los prin-cipales puestos de su exército: se esparció al
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acudid en tropel á la tienda del R e y , ofre-ciendo entregar los autores de la rebelión. V i e n d o que no les responden, arrojan las ar-mas , y protestan no retirarse hasta conseguir e l perdón. Sale en fin Alexandro de su tien-da ; y viendo su arrepentimiento, ni él pu-do contener las lágrimas, ni ellos tuvieron fuerzas para hablarle. Pasados algunos momen-t o s , E a momen-t i n o , Oficial dismomen-tinguido, momen-tomó la pa-labra en estos términos: „ Vuestros Macedo-jiios, ó R e y , se hallan penetrados del mas v i v o dolor; porque excluyéndolos á ellos, ha-béis permitido á los Persas llegar á besaros l a m a n o , y por haberlos tratado como á pa-cientes." „ Todos vosotros sois mis parientes, replicó el R e y , y quiero que en adelante m e miréis como tales." Entonces presentó su mano á los Macedonios, que fueron apresu-rados á besarla; y después dio un convite, al q u e asistieron ocho mil convidados. Hizo po-ner á su lado á los Macedonios, después los Persas, y al lado de estos los soldados de otras naciones. Toda esta numerosa asamblea brindó en una copa de oro á la salud de Alexandro, y á la prosperidad y unión de todos los pue-blos cuyo Soberano era.
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se acercaban á su cama con la timidez del respeto para ver á un Monarca tan grande y tan joven luchando con la m u e r t e , cuya som-bra ya le rodeaba. L a voz y la vista de sus compañeros de armas le animaron un poco. S e apoyó sobre el c o d o , y les dio á besar su mano desmayada , pegaban á ella sus labios con la ternura del d o l o r , y espiró casi en sus manos á la edad de treinta y dos años. S e dice que habia dispuesto que le sepulta-sen en el templo de Júpiter A m o n ; pero T o l o m e o L a g o , dueño del E g i p t o , por cuyos estados habia de pasar el convoy fúnebre, le d e t u v o ; y levantó después un magnífico se-pulcro en Alexandria, ciudad que él mismo fundó.
DE L A HISTORIA U N I V E R S A ! . 7 $ con lo verdadero ó lo verisímil, la misma pos-teridad ha echado el sello á su reputación, presentándole siempre como uno de los hom-bres mas asombrosos que han existido, y aun ha llegado á ser su nombre para los guerreros título de elogio.
N o se sabe qué disposición dexó Alexan-d r o , ni si la hizo ( 2 6 7 6 ) . E n caso que no, dudó que respetasen su última voluntad, pues d i x o : Mis funerales serán sangrientos. T u v o de fiarsina un hijo llamado H é r c u l e s , que vi-vió poco : de la hermosa Roxana nació un postumo que tuvo su mismo nombre. V i v í a un hermano s u y o , A r i d e o , hijo de la danzari-na F i l e n e , y otro que se llamaba T o l o m e o : este, aunque era verdaderamente hermano, no se escudó con este título, porque quando F i lipo dio á Arsinoe su madre por esposa á L a go , ya estaba en cinta. También era su h e r -mano C e r a u n o , hijo de C l e o p a t r a , la rival d e O l i m p i a ; y aun vivia su hermana T e r a , q u e casó después con Casandro. H e contado esta genealogía por ser necesaria para entender lo que se sigue.
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DE L A HISTORIA UNIVERSAL. 7 7 servicio volvían con tranquilidad á su patria. L a quarta el asesinato de Cinane , hermana de A l e x a n d r o , que habia ido á proponer e l casamiento de su hija A d a ó Eurídice con Arid e o : bien que aun muerta la maAridre se v e -rificó el casamiento. Poco faltó para que Pér-dicas cometiese el quinto crimen quitando la vida á Antígono , cuyo crédito le ofuscaba; pero se salvó á tiempo en Macedonia con e l amparo de Antípatro. N o quedó al lado de Pérdicas ninguno de los que estimó A l e x a n -dro sino Eumenes su secretario , persona d e mucho m é r i t o , y tan experimentado en la guerra como hábil en el consejo; y si estaba con el protector era por haberle creído sin-ceramente afecto á la familia real. Para obli-garle mas fue el mismo Pérdicas á la cabe-za de un exército á poner á Eumenes en po-sesión de la Capadocia, dándole el título d e
Gobernador, después de haber quitado la v i -da á Ariarates que era el R e y .
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tra el todos los que tenían motivos para te-mer por su ambición; bien que él se resol-vió por su parte no dexarse sorprehender dando los primeros g o l p e s , y los dirigió á T o l o m e o , que era el rival mas poderoso, y nombrado Gobernador de E g i p t o por el mis-mo Alexandro : persuadiéndose á que abatido este caerían los otros por sí mismos. Era T o -lomeo un Príncipe que con su prudencia, cle-mencia y justicia tenia á Egipto en una pro-funda paz. Se habia fortificado tan bien, que quando fue Pérdicas á atacarle, le halló en u n estado de defensa temible. Habia entre los dos Generales esta diferencia : T o l o m e o , dul-ce y agradable, era adorado de sus soldados; y Pérdicas, fiero é imperioso, tenia los suyos descontentos con sus altiveces intempestivas. H u b o no obstante en E g i p t o y sobre las mis-mas riberas del rio una batalla sangrienta. L a falange macedonia quedó maltratada , y atri-b u y ó su desgracia á las malas disposiciones de Pérdicas; por lo qual fueron los soldados corriendo á su tienda y le mataron.
DE ! A HISTORIA UNIVERSA!.. 7 9 iba acreditándose en las tropas, la opusieron Antípatro, que reunió en sí solo la autoridad de protector. Repartió de nuevo las provincias , y E g i p t o se quedó con T o l o m e o : á S e -leuco el gobierno de Babilonia: Antípatro tu-vo la Susiana: Casandro la Caria : A n t í g o n o la grande F r i g i a , con el mando de las t r o -pas de la casa real. Estos fueron los princi-pales Generales que levantaron sus tronos d e las ruinas del de Alexandro.
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rano no necesita de grandes riquezas ni de títulos eminentes.
D o s campañas, en que estos dos excelen-tes Generales desplegaron sus talentos, y to-dos los recursos de la g u e r r a , se concluye-ron con una batalla decisiva. Antígono tenia seguridad de su exército: el de Eumenes, que se componía en grande parte de soldados cu-yos xefes solo se habían unido por una espe-cie de pundonor, no miraba con afecto su causa. Todos hacian justicia al mérito y ca-pacidad de Eumenes, por lo que juzgaban ne-cesaria su presencia mientras duraba el com-bate ; pero habia envidiosos que convinieron en deshacerse de él después de la batalla, como quiera que saliese el suceso, para dar fin á aquella g u e r r a , porque le tenían por el principal apoyo é incitador de ella. Supo Eu-menes estas horribles ideas; y aunque pudie-ra haberse retipudie-rado á C a p a d o c i a , reflexionó que dexar el mando de la tropa era aban-donar la familia de A l e x a n d r o ; y se
determi-nó á morir antes generosamente. t Tomada esta resolución, salió de su tien* I
DE LA HISTORIA UNIVERSAL. 8 l con aclamaciones de gozo. Se manifestó sen-sible á aquellos testimonios de benevolencia; mas no pudo menos de decir á los amigos que tenia al rededor, que vivía entre bestias feroces, que tarde ó temprano le habían de tragar. N o fue decisiva la batalla; pero tuvo un incidente mas funesto para Eumenes q u e la derrota. Durante la acción destacó A n t í -gono una parte de su caballería, la que to-mando un rodeo sorprehendió el campo ene-migo , y se llevó m u g e r e s , niños y botín. C a y ó la mayor pérdida en los Argiráspides, antiguos soldados de A l e x a n d r o , llamados así, porque les habia dado escudos de plata. Quan-do estos se vieron sin lo que mas querían, y sin el fruto de sus trabajos, se enfurecieron tanto, que quisieron matar los Generales. Ten-íame su comandante suspendió su furor ^ di-ciéndoles, que esperaba de su antigua amis-tad con Antigono reducirle á restituirles el botin. L e enviaron diputados, y respondió que con toda voluntad le restituiría, con la condición de que le entregasen la persona de E u -menes.
E u m e n e s , que hablaba bien, arengó á los soldados, les representó la injusticia de su pro-ceder, las funestas desgracias que se seguirían,
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y la infamia que iba á recaer sobre ellos. Quitadme la vida antes que entregarme á A n t í g o n o , mi antiguo enemigo y vuestro. Y a se iban moviendo quando los Argiráspides gri-taron : D e x e m o s aparte esos bonitos discursos, que nosotros no queremos perder nuestros hi-jos y mugeres ; y le llevaron al campo ene-migo. Aquellos á quienes le entregaron di-x é r o n , que cómo quería que le guardasen; y é l respondió : C o m o á un elefante , ó como á
un león. Sobre la suerte de este ilustre cautivo h u b o en el consejo de Antígono dos
PE LA HISTORIA UNIVERSAL, 83 enemigo, ni precisarme á ser su amigo dán-dome la libertad. Poco duró su incertidum-b r e , porque venció el partido menos generoso , y le dieron la muerte en la prisión. A n -tigono y todo su exército le hicieron un fu-neral magnífico, pusieron sus cenizas en una urna de p l a t a , y las enviaron á Capadocia á su muger y á sus hijos. Insigne testimonio de estimación y respeto á la fidelidad de u n hombre que pereció víctima de su afecto á la
familia de su bienhechor.
Era Antigono muy político y sombrio, q u e calculaba á sangre fria en su gabinete las ventajas de una muerte mandada á propósito. E l ardid, el disimulo y la mala fe nada le costaban quando queria atraer á sus lazos á aquellos que queria matar , y para esto em-pleaba todo el tiempo necesario. E n uno de sus exércitos, retirado en la frontera , habia un General llamado Pistor , de quien
sospe-chaba queria hacerse independiente. Otros mu-chos tenían de él la misma i d e a , y de esto se hablaba en la corte abiertamente. A n t i -gono defendía vivamente su partido : manda-ba que no se hablase mal de un hombre que él estimaba , y estaba tan lejos de dar fe á las calumnias, que le destinaba para el
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do de la alta A s i a , que era el mejor de sv gobiernos. Pistor, creyendo estas disposiciones obedeció gustoso á una orden del R e y , qu le llamaba á la corte ; y no bien habia lie gado quando le hizo Antígono acusar de a] ta traición en un consejo de g u e r r a , y en e mismo dia fue juzgado, condenado y execu tado. Otro rasgo veremos de execrable cruel dad. C l e o p a t r a , hermana de A l e x a n d r o , si habia puesto en camino determinada á dar 1; mano á Tolomeo. Temiendo Antígono quf con este matrimonio lograse algunos derecho e l Gobernador de E g i p t o , la hizo detener er Sardis, y dio orden de quitarla la vida. Es-te delito fue executado por las mismas da-mas que servían á la Princesa ; y dixo des-pués Antígono que le habían cometido sin su noticia: manda cortar la cabeza á las que habían sido instrumento de su barbarie, y ce-lebra los funerales de Cleopatra con la mayor magnificencia.