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TítuloEl entender sociológico de la triada: movimiento social, cuerpo y sexo en contexto de mujer

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Academic year: 2020

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(1)Revista Latina de Sociología. Revista Latina de Sociología (RELASO) Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI:https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983 © UDC. El entender sociológico de la triada: movimiento social, cuerpo y sexo, en clave de mujer. Comprensiones desde el movimiento de piernas cruzadas The sociological understanding of the triad: social movement, body and sex, in terms of women. Understandings from the movement of legs crossed Claudia Mercedes Jiménez Garcés Universidad de Nariño. Institución Universitaria María Goretti – IUCESMAG, Colombia [email protected] Recibido/Received: 23/02/2017 Aceptado/Accepted: 01/08/2017. RESUMEN: El artículo presenta los resultados de investigación a través de un recorrido hermenéutico sobre la lectura del cuerpo a través de la organización y manifestación del Movimiento Social de Piernas Cruzadas en el municipio de Barbacoas, Nariño, Colombia. El artículo traduce los elementos simbólicos, discursivos, representativos e imaginarios de las y los participantes en el movimiento, en su relación con el contexto socio político de la región y las ilaciones culturales como comunidad afrocolombiana, en una articulación de tres elementos claves: movimiento social, cuerpo y sexo. Palabras clave: Movimiento social; cuerpo; sexo y mujer ABSTRACT: The article presents the results of research through a hermeneutic journey on the reading of the body through the organisation and manifestation of the Social movement of legs crossed in the municipality of Barbacoas, Nariño, Colombia. The article translates them elements symbolic, discursive, representative e imaginary of them and them participating in the movement, in its relationship with the context partner political of the region and the nations cultural as community Afro-Colombian, in a joint of three elements key: movement social, body and sex. Keywords: Movement social; body; sex and women. Introducción El Movimiento de las Piernas Cruzadas está organizado por mujeres afrodescendientes de la zona costera, al sur occidente de Colombia en la región del Pacífico. La primera descripción de su activismo es la negación del sexo por parte de las mujeres a sus parejas con el fin de generar procesos de presión social y comunitaria para la construcción de la carretera principal que comunica su región con el resto del país. Más aún, el cruzar las piernas denota una RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(2) 2. El entender sociológico de la triada: movimiento social, cuerpo y sexo, en clave de mujer. Comprensiones desde el movimiento de piernas cruzadas. significancia cultural que se inscribe al ubicar el cuerpo como un lugar político y de sentido comunitario. Las Piernas Cruzadas es una manifestación simbólica que prepara los criterios de identidad, moviliza la conciencia colectiva y hace del cuerpo de estas mujeres colombianas un entramado de significados que crean códigos culturales críticos de la modernidad. Como lo dice Verena Stolcke (citada por Femenías, 2004), los códigos son elementos que definen a las comunidades, porque recrean las construcciones frente a los lugares, los territorios, lo común y, con ello, también las relaciones de género. El cuerpo entonces se convierte en el objeto de defensa de lo propio, de la interpretación de la realidad y de la relación con el otro. El Movimiento tiene por objetivo la defensa de la dignidad del pueblo de Barbacoas, la búsqueda de una mirada de lo global hacia lo local y la posibilidad de convertir el cuerpo de las mujeres en un espacio para la toma de decisiones. Es por esta razón que el papel de las mujeres en los escenarios de la vida cotidiana les permite sostener elementos que moldean las miradas globales desde lo local y de su interpretación que, desde lo propio, involucra la comprensión de lo global. Las Piernas Cruzadas se convierten en el código de protesta social. Se cruzan para expresar disidencia.. Métodos La investigación es una hermenéutica que se basa en las miradas particulares de los y las participantes del movimiento que son sujetos-as de la investigación. Las fuentes son entrevistas a manera de charlas informales y notas periodísticas radiales, televisivas y escritas, que a lo largo del artículo en forma de relatos y se exponen directamente las opiniones y sentires directos de los actores de la huelga de sexo. Su tratamiento y análisis se realizo a partir de los niveles axiológicos expuestos por la teoría fundamentada. La lectura de los resultados es a partir de un escrutinio sobre subjetividades emergentes y la consolidación de un movimiento social en particular a través de la interpretación del sentido simbólico de mujer, hombre y comunidad y de sus relaciones con el lugar, el territorio y claro está con su cuerpo.. Resultados Estrategias discursivas: cuerpo, género, dignidad, identidad y subjetividad Soñamos desde que estamos en el vientre de la madre, pero cuando crecemos ya no son sueños sino realidad. Todas las mujeres, los hombres tenían un sueño y lo soñaron acá. (Luz Marina Castillo). Líder Movimiento Piernas Cruzadas Barbacoas) Para Escobar (2010) “La política de lugar puede verse como una forma emergente de política, un inusitado imaginario político en el cual se afirma una lógica de diferencia y posibilidad que construye sobre la multiplicidad de acciones en el plano de la vida cotidiana” (p.79). Esta política de lugar se presenta bajo la mirada del presente estudio sobre los elementos discursivos del cuerpo como lugar de lo político en la comunidad de Barbacoas que se descubren en las relaciones de género, en los significantes de mujer, de sexualidad y de identidad. Al presentar éstas relaciones, se descubre porque una mujer cruza las piernas. Lenguajes encontrados: Mujer, Hombre y Comunidad Pareciera que al categorizar al género pierde todo encanto de estudio pues no deja espacio para la incertidumbre de quienes somos. El género más que definido necesita ser comprendido RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(3) Claudia Mercedes Jiménez Garcés. 3. desde las lógicas inesperadas de las subjetividades y que nos permite relacionarnos y comprendernos como sujetos. Las formas como los sujetos y las comunidades construyen los imaginarios y las presentaciones sobre género, está relacionado con las construcciones culturales y la experiencia histórica, que define sus comportamiento, sus roles y las formas de manifestar su subjetividad. El género se va configurando entre las estructuras sociales y la subjetividad. En el caso de las mujeres Barbacoanas, las configuraciones de las relaciones entre hombres y mujeres se determina desde las fronteras de lo cotidiano a través de cortes culturales locales y que representan no solo las tensiones de lo público y lo privado sino que además habla de cómo se representan como hombres y como mujeres. En las relaciones de género, se comprende que como construcciones simbólicas, hombres y mujeres asumen, desde contextos particulares, ciertos comportamientos exigidos y delimitados por la sociedad y por el corte cultural histórico. Se ha comprendido que la subjetividad se hace rebelde en la medida en que se disparan los detonantes simbólicos que miden la capacidad de resistencia ante las dominaciones del otro. Uno de esos detonantes ha sido sobre las definiciones de roles, que aunque en primera instancia parecieran que lo hacen desde los discursos coloniales y patriarcales, hay significantes subjetivos particulares que se hacen manifiestos. No es claro comprender que las mujeres exigen el cumplimiento del rol asignado culturalmente, si así se lo quisiera tomar en primera instancia, porque la designación y la sumisión del rol depende además de la construcción cultural colectiva que como pueblo han mantenido. No es evidente la discusión para el caso de la investigación, el interés es descubrir cómo a partir de la asignación de roles, la comunidad despierta en las luchas colectivas. Finalmente el cuerpo hace lecturas de los roles de género asignados 1: Estamos cansados del nerviosismo, incompetencia y actitud sumisa de nuestros esposos que no son capaces de exigir del alcalde y del gobernador la construcción de una carretera digna para el pueblo. Ellos son muy varones para exigirnos en la casa, pero muy débiles para reclamar los derechos como sociedad Ha sido difícil porque muchas mujeres han tenido que mantenerse en el quiosco del parque y algunos hombres están enojados, mientras otros han dado valor para continuar. Cuando se lanza la huelga de sexo, el rechazo de los hombres no se hizo esperar. Pero los hombres en el pueblo van a reaccionar y eso es lo que se busca, a veces hay reacciones fuertes. Es importante aclarar que estas expresiones, son manifestadas en el comienzo del movimiento. Cuando las mujeres se organizan y toman la decisión de abstenerse de tener relaciones sexuales con sus parejas. Ésta evidencia una primera manifestación de la disposición cultural de los roles y como tal hablara de una masculinidad – varonil y de una feminidad de lo privado. Cuando las mujeres lanzan el panfleto de sus cuerpo, no solo estaban exigiendo desde los roles asignados sino que movilizaban los significados de los mismos. Para Lozano (2010), las mujeres negras del pacífico colombiano que han vivenciado “el patriarcado en sus comunidades y en las organizaciones, las fue llevando más que a un discurso de defensa de sus derechos como mujeres a prácticas que obligaban a los hombres a que las tomaran en cuenta” (p.19).. 1. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(4) 4. El entender sociológico de la triada: movimiento social, cuerpo y sexo, en clave de mujer. Comprensiones desde el movimiento de piernas cruzadas. Esta primera mirada habla de las tensiones culturales del género y para dar cumplimiento a la asignación tendrían que movilizar hasta los mismos significados. Tensionar los roles se convirtió en la primera significación simbólica del movimiento. Nuevos impulsos. Las fronteras de la asignación Hay unas fronteras que se rompen a pesar que se hablan desde las propias sujeciones. Desde el rol privado la mujer exige el cumplimiento de las funciones que se le ha asignado al hombre. Es decir el cumplimiento desde el escenario público que ha empujado a la masculinización de la política y de la participación ciudadana desde el desarrollo regional. Los sujetos que provocan la fisura en la tensión de lo público y lo privado entran en incertidumbre con sus roles y con los escenarios donde se deben movilizar. Cuando se tensionan las fronteras del significante del otro en una subversión subjetiva, se permea la idea de romper las fronteras de la asignación de roles. Las mujeres hablaron desde la asignación y transitaron hacia la transformación o por lo menos hacia la tensión de las definiciones de género: Decirles a los hombres que ellos también tienen que resolver los problemas que aquejan a la sociedad. Las mujeres nos dimos cuentan que al unirnos tuvimos fuerza y de igual manera los hombres se fueron cuenta de que estamos reclamando algo justo y dijeron las acompañamos. Ellos se han sumado a ésta lucha y han querido ser solidarios. Un grupo numeroso que se ha abstenido del sexo, pues ahora dicen que se van a sumar a la huelga de hambre. Si ustedes han sido capaces de no tener sexo como no vamos a hacer capaces de aguantar hambre para que así entonces todos poder luchar por la misma causa. Me uní porque era una justa lucha. Merecía la pena como barón unirme a los deseos de las mujeres. Que era un deseo sentido en Barbacoas que era cumplir necesidades insatisfechas. Mirar la vida de otra manera, una perspectiva de género, derecho a la participación 2. Es posible entonces pensar que el movimiento social de las Piernas Cruzadas es una lucha simbólica no solo por construir escenarios de autonomía y de rebeldía, sino además por el reconocimiento de los derechos colectivos, en una sociedad que se apropia del cuerpo de la mujer, que realiza una masculinización del sexo, como un ordenador desde lo patriarcal. Al negar tal premisa, las mujeres logran convertir los cuerpos en un escenario de lo político, que reivindica no solo la sexualidad como construcción social, sino también lo colectivo, las miradas particulares sobre el mundo, los papeles de las mujeres en las luchas culturales, pero sobre todo de la dignificación de los pueblos. Es claro, entonces, que no hay antagonismo entre sexo y género. El sexo enmarca al género y define el comportamiento colectivo y, por lo tanto, dinamiza los procesos identitarios. Las huelgas de sexo son una provocación con la que las mujeres ponen de manifiesto en su cuerpo una representación de una realidad excluyente. Esta provocación se ha hecho política, porque ha sido capaz de develar realidades ocultas por la masculinidad. El cuerpo es una voz que calla para ser escuchada, es un conjunto de dignidad que amerita ser manifestado contra los discursos de una sociedad que ha esquematizado y ha colocado fronteras a las mujeres, en sus condiciones y contexto. Pero ahora todas las Lisístrata han puesto el cuerpo en la conciencia colectiva de las regiones. 2. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(5) Claudia Mercedes Jiménez Garcés. 5. A partir de la negación del cuerpo de la mujer emergen nuevas concepciones, como la vinculación al campo de lo político, que logra, por ejemplo, ser mediador de las relaciones sociales y de las culturas compartidas en un pueblo de afrodescendientes. Las mujeres han logrado redefinir la política a través de la naturalización de sus cuerpos y de su sexo, en la necesidad de generar un movimiento para el cambio social de acuerdo con los espacios sociales y culturales particulares. Las relaciones de género en un territorio habitado por comunidades negras, dependen de las formas como se han ido apropiando de los espacios simbólicos como hombre y como mujeres y de los criterios sobres los cuales han conformado su identidad como pueblo. Para Escobar (2010): Si los hombres demarcan el territorio en su movilización para la producción, las mujeres lo consolidan a través de los procesos de socialización y la construcción de identidades mediante una serie de prácticas de comida, curación y producción. Cuando estas prácticas se rompen, los anclajes al territorio se empiezan a debilitar (p.73). En el caso del Movimiento de Piernas Cruzadas, los desanclajes se ubican en las posibilidades construcción como familia, los elementos constitutivos del hogar y la procreación y cuidado de los menores. Las mujeres lo saben porque es sobre el cuerpo de ellas donde se hacen lenguaje las exigencias colectivas. Al cruzar las piernas las mujeres ponen en evidencia la necesidad de una ruptura frente a los roles asignados pero también sobre ubicarse sobre espacios de lo público que han carecido de ejercicios políticos reales y que ha permeado los mundos de lo privado. Al trasegar por las esferas de lo público la mujer Barbacoana hace desanclajes culturales para generar reflexiones y conciencia como comunidad. Romper se hace necesario para entenderse o como bien lo rezan los lemas de su movimiento: “callamos, para ser escuchado”. Lecturas de la subjetividad femenina al cruzar las piernas El sexo se masculiniza y la reproducción se feminiza. El sexo se dibuja sobre lo varonil mientras que la reproducción es una sola dimensión del afecto. Más aún el sexo – poder se mantienen sobre la autoridad de hombres y de mujeres. En el contexto de las comunidades Afro, el imaginario de autoridad se traduce sobre la imposición varonil sobre la mujer sobre las relaciones sexuales y las decisiones de reproducción, así como lo expresaban al inicio del movimiento: Al principio se reían y algunos puritanos se daban bendiciones, pero hoy, al ver 300 mujeres protestando, se dan cuenta de que la cosa va en serio. 3 La sexualidad como apropiación simbólica colectiva, marca los lenguajes de un colonialismo que se incrusta en la subjetividad pero además aviva los discursos propios. Las definiciones de sexo que se evidencian a lo largo del caminar del movimiento, van decantando los imaginarios. En primera instancia la palabra secreta del sexo, escondido dentro del espacio del hogar. Cuando se hace manifiesto toca los imaginarios y provoca reacciones en contra de las palabras que deben hacerse silencio. En las huelgas de hambre llevadas a cabo en 8 de marzo de 2011, en la plaza principal de la capital del departamento de Nariño, muchas veces fueron insultadas con expresiones que recogen el miedo a romper los límites culturales de quienes somos: “sucias, cochinas, vayan a. 3. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(6) 6. El entender sociológico de la triada: movimiento social, cuerpo y sexo, en clave de mujer. Comprensiones desde el movimiento de piernas cruzadas. cuidar a sus hijos”, “solo piensan en el sexo”. Para las mujeres y hombres del movimiento, negar el sexo como condición de rebeldía y de irreverencia frente a unas dolencias colectivas, tuvo necesariamente que transformar las visiones sobre su cuerpo y sobre los legados culturales. Enfrentarse a los silencios del otro, les permitió hablar desde las nuevas líneas culturales que como colectivo comenzaron a encontrar y que no era más que la incidencia necesaria para transformar su propia sexualidad y los imaginarios sociales del colectivo. El diálogo posible entre feminidad, sexualidad y etnia. Lecturas simbólicas del cuerpo El otro escenario que se hace manifiesto en medio de las contingencias del movimiento es la mirada que tienen sobre la sexualidad y la etnia. En primer análisis diremos que hay una suerte de relación entre el colonialismo, el patriarcalismos y los estados de bienestar que se representa en los cuerpos que finalmente: “es una condición para nuestra existencia, una base de operaciones desde la que actuamos en el mundo, pero que a la vez, se encuentra colmado de significados” (Kogan, 2010. p.102). En el nacimiento del movimiento, se pusieron de manifiesto las relaciones de los discursos sociales frente a la relación de sexualidad, feminismos y sentido de ser mujer negra. Davis (2005) ya habían determinado que las configuraciones de la relación mujer y capacidad sexual, de promiscuidad y de procreación eran consecuencias de la necesidad de legitimar la violencia como elemento de dominación sobre las comunidades negras. La relación entre sexo y comunidades negras, condujeron al control de los cuerpos por medio de políticas para la fertilidad, la ilegalidad del aborto y por tanto la negación del derecho a la maternidad libre. Este discurso social se mantiene y se reproduce convirtiéndose en uno de los imaginarios sobre los cuales se justificó la necesidad de la organización. El Movimiento de Piernas Cruzadas nace por iniciativa del juez municipal de Barbacoas, quién refresca la idea: Y cuando miramos que todas las prioridades se daban para hablar del problema de la sexualidad en especial para las mujeres pues tendría un trabajo realizado, un campo abonado para transmitir la idea y con muchos fundamentos teóricos de derechos humanos que es posible lograr un objetivo cuando se trata de defender sus propios derechos. 4 Se evidencia en primera instancia que la feminidad se carga del sexo y se estratifica al sexo como tabla medidora de las decisiones para las comunidades afro. Al cerrar el sexo activo a través de la abstención, la feminidad hará conflicto con la masculinización y será el detonante para repensarse sobre el lugar de los derechos. En ése mismo ejercicio, cuando el movimiento ya había arrancado y ejecutado las acciones colectivas como la marcha del silencio y la huelga del hambre, la relación feminidad, sexo y etnia salen a relucir. Para una de las líderes, la relación se hace evidente: Las mujeres de barbacoas, de mal llamada raza negra, son unas verracas. Las mujeres tomamos la bandera y hoy empezamos con una marcha bien rara que para algunos que se van a reír 5. Hay una evidencia de raíz simbólica que se hicieron palabra a lo largo de la historia de conformación de las comunidades negras en Barbacoas y que se hicieron lectura del cuerpo. 4. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas.. 5. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(7) Claudia Mercedes Jiménez Garcés. 7. que movilizó las representaciones de su feminidad, de su identidad comunitaria y de la movilización. Por otra parte, las mujeres en el espacio de la marginalidad no tenía el poder de hablar de la masculinización de las ideas, porque hay cosas de mujeres y cosas de hombre, el sexo por ejemplo es placer de hombre obligación de las mujeres. Entonces cuando se trasgreden las cosas de mujeres hasta la marginalidad de la feminidad en asuntos colectivos, entonces no solo se disparan detonantes de lo imposible sino además se logra fracturar las fronteras culturales de quienes creemos ser: Era un llamado grande a mi corazón a mi presencia a mi existencia de mujer, se ser, de querer (…) Tiene palabra, toma la palabra. 6 Para Escobar (2010) las mujeres de las comunidades negras: “imaginan su lucha como mujeres como una tarea política diaria que ellas necesitan para avanzar tanto dentro del movimiento como dentro de la comunidad en general” (p.266). Que es una lectura a la hora de comprender el Movimiento de Piernas Cruzadas que no es una abstención física sino una resistencia simbólica como comunidad y que se describe en las ilustraciones de su subjetividad. Otros de las lecturas que se asoman en ésta hermenéutica es la forma como representan su sexualidad y que se encuentra en relación con el hecho de cruzar las piernas a través del erotismo. La sexualidad es para Giddens (1998): “un terreno fundamental de lucha política y también un medio de emancipación” (p.110). De la abstención hasta el Erotismo Para Michel Foucault (1977), “el estudio de la sexualidad fija como puntos de encuentro para la comprensión elementos como las relaciones de poder, las formas como los individuos se reconocen como sujeto de esa sexualidad” (p.8). Existe pues una relación entre erotismo y sexualidad, tal como lo plante Giddens (1998): “El erotismo es el cultivo del sentimiento, expresado por la sensación corporal, en un contexto de comunicación; un arte de dar y recibir placer” (p.122). Lo relativo del tema aplicado al Movimiento de las Piernas Cruzadas es descubrir, sin llegar al culmen de la verdad, el significado del placer y como los sujetos, hombre y mujeres, se relacionaron alrededor de ello. Sobre ello habrá que especular sobre la experiencia como sujeto de una sexualidad. No se trata de imponer una sola mirada a lo que las mujeres del movimiento social puedan entender como placer, sino de construir elementos para comprender las definiciones de cuerpo, que es el punto de estudio. Cuando se presentó el primer logro del movimiento, que fue la consecución del presupuesto para la construcción del primer tramo de la carretera en el año 2013, las mujeres expresaron el erotismo a través de comentarios, como el siguiente: “Estamos viendo cómo nuestra decisión de no dejarles disfrutar de las mieles del placer ya los está llevando a ser más audaces 7”. El logro se representaba en la libertad de expresión de su erotismo y lo hacían desde las formas como se comprenden en la sexualidad en el disfrute del sexo como satisfacción: Que el final “es lo más rico, lo más delicioso 8". Para Marcuse (1983) el erotismo significa satisfacción y se representa como los sujetos y las colectivas subjetivamente lo determinan. Para la comunidad de Barbacoas, la satisfacción se compara con la garantía de las delicias del placer – orgásmico. 6. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas.. 7. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas.. 8. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(8) 8. El entender sociológico de la triada: movimiento social, cuerpo y sexo, en clave de mujer. Comprensiones desde el movimiento de piernas cruzadas. pero también se representa como el logro de una abstinencia. Aunque el presente análisis tiene una inclinación más sociológico que psicoanalítico, se logra relacionar el logro de la abstinencia sexual sobre pasividad colectiva, pero además de ser detonante subjetivo para la movilización social. Por otro lado resulta interesante descubrir que dentro de las definiciones culturales de las comunidades Barbacoanas, la sexualidad moviliza al cuerpo desde la gratificación pública, más que privada, un reto de disidencia con los legados modernos de la sexualidad que según Marcuse (1983) las sociedades capitalistas reprimieron el erotismo para darle cabida a la gratificación desde el trabajo y convirtió el place como tabú. En las relaciones sociales, la reificación sería reducida conforme la división del trabajo llegara a estar orientada hacia la gratificación de las necesidades individuales libremente desarrolladas; mientras que, en las relaciones libidinales, el tabú sobre el uso total del cuerpo sería debilitado (p.186). La sexualidad traspasa la mera idea de las relaciones sexuales, la sexualidad habla de posturas simbólicas sobre el cuerpo, sobre las manifestaciones del erotismo, sobre los lenguajes que no son hablados, la sexualidad es la subjetividad manifiesta. La comprensión que las mujeres y los hombres del Movimiento de Piernas Cruzadas realizan sobre su sexualidad, pasa desde lo imaginario de lo viril a una representación colectivo mucho más significante que el sexo, que no se considera desde la identidad sexual sino desde el roce físico pero que es capaz de hablar. El sexo es para la sexualidad una manifestación individual que al colectivizarse se arroja sobre las concepciones del placer – orgásmico y de felicidad – realización. Pero que arrojan externalidades de discursos sociales sobre la subjetividad colectiva, es decir provocan corporalidades de lugar. El cuerpo dibuja no solo las definiciones subjetivas de quieres somos, nuestros campos de batalla interno y los deseos, sino además manifiestas contradicciones, tensiones y tramas de lo social. Para Michel Foucault (1977): La relación conyugal: a través de un proceso histórico-social de producción de una particular forma de subjetividad: la pasividad femenina, por la cual la mujer se aliena de la propiedad y exploración de su cuerpo, registro de sus deseos, búsqueda activa de sus placeres, etcétera Este mantenimiento de la pasivización del erotismo de las mujeres se inscribe en un circuito más amplio de producción histórica de su subjetividad, uno de cuyos anclajes principales es justamente la conyugalidad, lazo social para el cual tal subjetividad se configura –aun en la actualidad- sobre la premisa de otra desigualdad, ya que habrá de celebrarse entre un sujeto que despliega tanto su relación con el mundo como su relación consigo mismo, desde una posición: ser de sí, y otro sujeto que estructura sus relaciones desde otra posición: ser de otro (p.164). El despliegue subjetivo de las mujeres y hombres en las dinámicas del movimiento, rozaron con las definiciones culturales de esa conyugalidad y promovieron reflejos de una subjetividad hablante desde unas lógicas simbólicas de lo que comprenden como placer y las consecuencias de su abstención que son nuevas construcciones que sobre la feminidad se expresan sobre la reproducción y sobre las definiciones de sus relaciones sexuales. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(9) Claudia Mercedes Jiménez Garcés. 9. Cartografiar el erotismo en la esencia de cruzar las piernas es un provocante a reconfigurar desde sus propias relaciones conyugales hasta los significados del estar con el otro y consigo mismo. Después de cruzar las piernas es un después cambiante, una apertura placentera porque el silencio habló desde las fronteras del miedo de quienes somos. Al expresar el erotismo a partir de la relación sexual como representa lo masculino y lo femenino, las mujeres de las Piernas Cruzadas manifiestan de la siguiente manera: "El grupo está muy contento, las mujeres dicen: ya se descruzó de piernas, ya tuvo relaciones, cómo le fue, que yo me he olvidado, ya no sé cómo hacerlo 9". En esta expresión hay una relación de memoria y también de la construcción subjetiva de su erotismo, que es compartida. Para Bourdieu (1998): Si la relación sexual aparece como una relación social de dominación es porque se constituye a través del principio de división fundamental entre lo masculino, activo, y lo femenino, pasivo, y ese principio crea, organiza, expresa y dirige el deseo, el deseo masculino como deseo de posesión, como dominación erótica, y el deseo femenino como deseo de la dominación masculina, como subordinación erotizada, o incluso, en su límite, reconocimiento erotizado de la dominación (p.19). Las posibilidades de significación de su erotismo como de su sexualidad se abren camino sobre las disposiciones de dominación como lo expresa Bourdieu. Quién dirige el deseo es un acto compartido y cruzar las piernas lo representa sobre la consignación de nuevos construcciones sociales sexuales y eróticas, en éste punto el movimiento también ha ganado. Lenguajes del territorio y del lugar: Más allá de la abstención “Por la dignidad de un pueblo en el olvido, escúchenos” (Expresiones del Movimiento de Piernas Cruzadas) Quisiera acercar la condición del cuerpo de las piernas que se cruzan desde la posibilidad de hacer hablar el cuerpo que tendrá una relación con la vida cotidiana, los hemisferios de la globalización, las nociones de hogar, de ambiente, de espacio público social y político que seguramente encerrará la idea del cuerpo como lugar de lo político. En este sentido hay una relación del cuerpo con el territorio: “el cuerpo vivido es un cuerpo humano en tanto se le asigna sentido a partir de la experiencia intersubjetiva, en espacio físicos concretos” (Kogan, 2010. p.103). Las nociones de cuerpo como poder y como memoria, que permite confrontar el cuerpo con el otro. ¿Qué pasa entonces con el movimiento de las piernas cruzadas?, al comprender el cuerpo como poder, como memoria, como identidad, como subjetividad, permite reflexionar sobre el significado de cruzar las piernas. Pero por otro lado, las Piernas Cruzadas se relacionan con el mundo de lo cotidiano, con el mundo de la vida. Para Habermas (1993) los mundos de la vida están cargados de subjetividad que se comprende como la producción simbólica emocional que le da una cualidad constituyente a la cultura, si esto es posible entonces las reivindicaciones del sujeto tomaran nuevos rumbos y se comprenderán como el ejercicio del poder en torno a las definiciones de etnias, de discapacidad, genero, entre otras.. 9. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(10) 10. El entender sociológico de la triada: movimiento social, cuerpo y sexo, en clave de mujer. Comprensiones desde el movimiento de piernas cruzadas. El cuerpo entonces hace cartografía de los contextos donde se ubica simbólicamente y desde esa frontera denuncia el silencio al que tuvo que llegar en el extremo frágil de su dignidad. Las mujeres y hombres de Barbacoas, han cartografiado en su cuerpo las dolencias de un pueblo arrebatado de los beneficios de un estado y las violencias de vientre al ver morir a sus hijos y al no tener una penetración placentera de un tránsito deseable por una carretera principal. Una de las consideraciones del movimiento es que al cruzar las piernas las mujeres deberían enfrentarse a los tabús y a los imaginarios que sobre el sexo tenia no solo la comunidad sino lo que culturalmente cargaban ellas mismas: Las mujeres iban a cruzar sus piernas iban a negarse al tener el sexo. No solo con esa connotación morbosa con la que fue declarado al inicio. Sino con una connotación mucho más fuerte y profunda 10. Comprender la abstinencia como su arma de lucha las colocaba en los umbrales de las definiciones culturales más fuertes, que el sexo era cuestión de hombre. Con la abstinencia, las mujeres le dieron un giro cognitivo y afectivo a los imaginarios y lo tendrían que hacer si quería ganar la lucha. Sobre la abstinencia se sembraron las cohesiones que necesitaban para dar el giro y la consolidación de la acción colectiva. Los discursos de la abstinencia sexual, hablaban mucho más allá que del encuentro sexual, hablaban de la dignidad. Que era también la dignificación y la democratización del sexo. Una lucha contra los legados modernos del cuerpo. La relación entre abstinencia y dignidad, lo representan de la siguiente manera: (…) Caso las mujeres cruzar sus piernas diciendo, no más abandono de estado, a no tener un buen servicio de salud, no más a la falta de oportunidad en cuanto a la educación, el empleo. Nosotras las mujeres no solo cruzamos las piernas para abstenernos del placer de tener relaciones con nuestros esposos. Cruzamos por tanta abandono del gobierno nacional, tenemos problemas de salud, educación, desempleo, desplazamiento. Cruzamos las piernas por la dignidad de los Barbacoanos, porque nos sentimos alejados del gobierno nacional. La afectación de los cuerpos, que el Movimiento de las Piernas Cruzadas lo descubre a través de la abstinencia, ilumina los avatares históricos sobre los cuales estas comunidades del pacífico han tenido que trasegar. Es que desde los olvidos se provocó la abstinencia y desde la abstinencia se provocó los sentires colectivos, es decir se convirtió en conciencia de lucha política, así el mundo social haya construido el cuerpo “como realidad sexuada y como depositario de principios de visión y de divisiones sexuantes” (Bourdieu, 1998. p. 11). Pienso que el movimiento hace un giro interesante de - construye a pesar de la constricción social: “siempre queda lugar para una lucha cognitiva a propósito del sentido de las cosas del mundo y en especial de las realidades sexuales” (Bourdieu, p.14). Identidad: de las lecturas de la relación etnia y sexo Sobre los malestares de la comunidad, se hace presente otra próxima aparición sobre las lecturas del cuerpo de quién cruza las piernas: las representaciones sociales como comunidad negra y la sexualidad. La identidad y la subjetividad que es lo que construye a un sujeto y a un lugar y como nos permite diferenciarnos. Esta identidad que se reconoce a partir de las interacciones sociales se define también por la experiencia. 10. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(11) Claudia Mercedes Jiménez Garcés. 11. La primera representación que se asoma es la idea de la “calentura” es decir la habilidad de tener una capacidad activa para mantener relaciones sexuales en el tiempo y que es propia de las comunidades negras. Esto si bien representa una imaginario construido socialmente como legado histórico y colonizador si trajéramos los planteamiento de Davis (2005) sobre el salvajismo sexual del negro, permite hacer reflexión sobre las formas cómo políticamente las comunidades construyen sus formas de lucha y de representarse en sus relaciones de género sobre la sexualidad: Como esto es el Pacífico y se dice que las mujeres y los hombres son muy “calientes”, decidimos hacer algo que generara impacto y que tocara a los hombres, que siempre han sido muy pasivos ante la realidad de Barbacoas 11. Sobre este mismo contexto, la justificación de cruzar las piernas como formas de lucha se relaciona con el sexo como característica inherente a las comunidades negras del pacífico: Los elementos básicos de la felicidad se reducen, la comunidad tiene como medios de ser feliz, elementos básicos como el juego específicamente como el futbol, la danza como el baile, el nadar en el rio, compartir con los amigos y por supuesto el sexo (…) 12. El sexo para la comunidad por su cultura y su cosmovisión es muy importante y el hecho de que se limite esta felicidad y se abstenga de tener éste placer, pues obviamente ha causado estupor para unos y alegría para otros 13. Para Linda Mac Dowell (2000): “el cuerpo como la conducta sexual son construcciones sociales y, por tanto, susceptibles de variación, basadas en determinadas ideas (no menos susceptibles de cambio) sobre lo que es natural y normal. En otras palabras, posee una historia y una geografía” (p.62 – 63). Para la comunidad de Barbacoas, la actividad sexual se presenta como una relación natural y que edifica su identidad. Es decir que si se moviliza la actividad sexual se dinamizará la identidad y esto es posible sobre esas geografías particulares de los cuerpos de hombre y de mujeres. Desde otro punto, el lenguaje del cuerpo logra construir subjetividad en la relación social que incluye no solo el género sino también la clase y la etnia. En una apuesta que parte de lo femenino logra trasgredir los imaginarios de género, clase y etnia tal como lo plantea Nelly Richard (1992) a la “disidencia de identidad en el sentido del cuestionamiento de la cultura masculina paterna por la subjetividad fluida y no codificada de lo femenino” (p. 40). De tal forma, el movimiento de las mujeres en sus luchas va más allá de aquello que está en contra de la masculinidad. En cambio, se sirve de ella para re-significar y crear nuevas prácticas sociales, discursos y dispositivos culturales, que en sus contextos les ofrezcan nuevas invenciones para sus las reivindicaciones y para sus propuestas sobre la alteridad. Pasar de la concepción del cuerpo desde el sexo a concebirlo como una postura política que se logra con las piernas cruzadas, provoca escenarios para la dignificación del pueblo, el fortalecimiento de su identidad, la configuración de nuevas identidades, el reconocimiento del papel de las mujeres, de los límites y, principalmente, al comprender la política del cuerpo, como política de lugar.. 11. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas.. 12. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas.. 13. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(12) 12. El entender sociológico de la triada: movimiento social, cuerpo y sexo, en clave de mujer. Comprensiones desde el movimiento de piernas cruzadas. A manera de conclusión de éste aparte, retomaré la idea de MaxDowell (2000) quién plantea que: “la localización y la raza establecen diferencias entre las mujeres, cuya significación varía también en el espacio y el tiempo” (p.154). Esto para identificar que dentro de los ejercicios de acción del Movimiento de Piernas Cruzadas hay varias lecturas que emergen: En el principio de organización, las miradas de los pioneros del movimiento se proyectaban sobre los imaginarios que sobre las comunidades del pacífico se recogían: el sexo activo y la calentura como características culturales. En segunda instancia, la proyección cultural de los roles de hombres y de mujeres en relación a los espacios de lo público y de lo privado. Luego en el trasegar del movimiento hay una suerte de giros interesantes que les fueron permitiendo reconocerse como cuerpo y lugares políticos: la participación del hombre en el movimiento y la manifestación de una dignificación, fueron lecturas claves para la movilización. Sobre estas dinámicas se reconoce que sobre los significantes del cuerpo hay una suerte de acercamiento simbólicos: las formas de representar la feminidad de la mujer, las construcciones de étnica y de raza y la agrupación de varios circuitos culturales que no solo manifestaban la incomodidad sino además que fueron construyendo las formas de comprensión entre lugar, política y cuerpo. Una de las grandes conclusiones es que el cuerpo que es una construcción social que se tensa sobre los discursos sociales, sobre las influencias de una memoria histórica colonial, racista y de abandono del estado, es además un cuerpo comunitario, en el mismo sentido que lo comprendería Tonnies (1947) como una realidad dinámica y cambiante, que tiene que ver con las relaciones entre los seres humanos y de éstos con sus lugares, pero que además le agregaría como lugar de conversaciones subjetivas con lo que somos y lo que subjetivamente rebelde podemos volver discurso situado: El sexo es de dos, quienes se ven afectadas también las mujeres (…) La cultura Barbacoana por ser una cultura afrocolombiana, tiene una visión del mundo un tanto diferente hacia el interior del país 14. En los escenarios de crisis y de detonantes simbólicos, la comunidad de Barbacoas adquiere “conciencia” de su identidad racial y de encontrar creativamente en la expresión de una abstención social muchos más significantes de los que pudieron imaginar al comenzar el movimiento como por ejemplo la expresión de una alteridad manifiesta. Aún y en el contexto de que: “las asociaciones entre el género y el lugar o entre la identidad y los espacios concretos son complicadas y paradójicas, tanto para los hombres como para las mujeres” (Mac Dowell, 2000. p. 247). Conclusiones La huelga de sexo, no se determina por una “lucha de géneros” sino que evidencia las nociones de comunidad, en el encuentro del otro en su cuerpo. No es el cuerpo de la mujer quien habla, es el cuerpo en sí, el cuerpo comunitario el que se comunica. Pero también porque se mantiene la idea del cuerpo fantasmagórico, metamorfoseo, sujetado, presionado y en procesos de resistencia cultural de lo que ya se ha hablado. Para el caso de las piernas cruzadas, el cuerpo se representa, se define, se simboliza, se opera la ficción desde las subjetividades que se emergen en el contexto de su representación. Pareciera que en estos movimientos, el cuerpo es estructurado a partir de escenarios coyunturales de tensiones políticas pero es firme la idea de que si bien la influencia externa define las relaciones con el cuerpo, hay una liberación a manera de alteridad que las mujeres. 14. Narraciones participantes del movimiento social de piernas cruzadas. Barbacoas. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(13) Claudia Mercedes Jiménez Garcés. 13. provocan desde las construcciones simbólicas de sus cuerpo en la definición de comunidad que parte del reconocimiento de sí mismo, del otro en mí, de la comunidad. Otra de las discusiones que nos impone el cuerpo de las Piernas Cruzadas es en torno a la relación de sexo – cuerpo, que parte de la mirada de la materialización del cuerpo en el sexo, para ello recurrimos al texto de Verana Stolcke (2000): ¿Es el sexo para el género, lo que la raza es para la etnicidad y la naturaleza para la sociedad?, se relacionan las definiciones de sexo respecto a las aclaraciones de género. Sexo se referencia a las diferencias biológicas entre hombre y mujer y que se define por la presencia de órganos sexuales, mientras que el género es una condición cultural, social y psicológica que se impone sobre lo sexual. Pero antes que un antagonismo, es un discurso que relaciona representaciones de la cultura como comprensiones de la realidad, aún desde miradas de la sociedad occidental que se convierten es justificación para las desigualdades sociales y la exclusión entre los grupos sociales diversos. La idea de sexo es una construcción histórica que define a la familia y por ende a las comunidades, por su función reproductora y de enrolación cultural de hombres y mujeres respecto a las actividades dentro los grupos sociales y la sociedad. El sexo se convierte en un esfuerzo de dominación de hombres sobre mujeres; el hombre reproduce sus genes para construir un amplio tiempo futuro y las mujeres el cuidado y educación de los hijos que mantendrán los lineamientos culturales impuestos por el primero; una provocación de desigualdad social que debe darse continuidad. Es gracias a la revolución sexual, donde se rompen los paradigmas que hegemonizaron la diferencia sexual como diferencia de clases o de condición social entre hombres y mujeres, permitiendo de esta manera una nueva conceptualización de las mujeres, que Stolcke (2000) lo propone desde la afirmación de que la mujer no nace sino que se hace, y en este sentido, el descubrimiento del sexo como un elemento identificador del género, no implica un reconocimiento de las capacidades políticas de la mujer respecto a las del hombre sino un encuentro entre las necesidades de una y de otro en una realidad que se comparte y que se manifiesta. El sexo es un condicionante de la vida reproductiva de la familia y en este sentido, la negación al sexo por parte del Movimiento de las Piernas Cruzadas es un protesta simbólica que le dice a la comunidad la necesidad del cambio de paradigma y que el poder del sexo que se impone de hombre a la mujer, es ahora la expresión simbólica de la política que se descubre en el cuerpo que es reconocimiento del lugar y de las identidades colectivas que se tejen alrededor de la actividad sexual. Es decir, Harcourt & Escobar (2002) que el ejercicio del poder, desde una condición biológica del sexo, se convierte en una propuesta política de género. Cuerpo y sexo entonces se reflexiona sobre los efectos de las construcciones culturales y sociales que las sociedad disponen sea como a manera de condicionante y de ejercicio de dominación o dejar la posibilidad de ser sujeto – acción, transformador de sus realidades. Citó a Judy Butler (2002), quien dice que: “no es una realidad simple o una condición estática de un cuerpo, sino un proceso mediante el cual las normas reguladoras materializan el "sexo" y logran tal materialización en virtud de la reiteración forzada de esas normas” (p.18); que traduce como la materialización de los cuerpos desde la norma cultural. Si se comprende que el cuerpo es la consecuencia de una construcción social y colectiva, es posible aceptar la hipótesis de Le Breton (1992) que afirma que el cuerpo es una ficción: “En cuerpo es una ficción culturalmente operante, viva, con la comunidad de sentidos y de valores que dibuja su lugar, sus constituyentes, sus conductas, sus imaginarios, de manera cambiante y contradictoria de un lugar y de un tiempo a otros en las sociedades humanas” (p.53).. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(14) 14. El entender sociológico de la triada: movimiento social, cuerpo y sexo, en clave de mujer. Comprensiones desde el movimiento de piernas cruzadas. El sexo, la identidad y la política son elementos discursivos del cuerpo y del movimiento de las piernas cruzadas, el cual se convierte en una expresión simbólica del cuerpo como un lugar de lo político. Procurando los planteamiento de Harcourt & Escobar (2002), el cuerpo entendido como el lugar, que es el elemento de relación entre la articulación de lo local con lo global, se convierte en el imaginario de defensa de lo propio, como la interpretación de la realidad y de la vida, de la relación con el otro, que ha dejado de ser el otro como lo lejano. Reconociendo además que el cuerpo es el lugar donde comienza su lucha política, es el medio por el cual se definen la diversidad de identidades, las formas de pensar y de prácticas diarias. Las manifestaciones simbólicas de las piernas cruzadas, se estructuran por un lenguaje corporal. Por esta razón, el cuerpo de la mujer es un lugar de manifestación de las necesidades y de las alegrías que se hacen manifiestas en su vida cotidiana, la misma que se recrea en la crianza de los hijos, la búsqueda del sustento alimenticio diario, pero también en crear barreras para que la indiferencia, la exclusión, la marginalidad, transforme sus identidades locales. Cruzar las piernas trasciende la idea de la negación del sexo, es decir se convierte en una terapia social comunitaria. Los Movimientos de Piernas Cruzadas registrados hacen parte del siglo XXI, en ellos las mujeres han logrado ubicar su cuerpo como lugar de lo posible, de la descolonización de la política, descolonización de su saber y de su cuerpo. Las huelgas de sexo, han trascendido el concepto mecanicista del cuerpo y lo han convertido en una posibilidad de hacer hablar el cuerpo, aun siendo cuerpos – sujetos, sujetados. En un mundo contemporáneo que ha pasado de un cuerpo de razón y de lenguaje a un cuerpo de mundo, que se inscribe a partir del mundo y que el lenguaje es en sí mismo. Pabón (2002) dice que: “el cuerpo contemporáneo es un cuerpo fatigado que ya no tiene referentes divinos ni materiales. Es un cuerpo que está frente a su propia nada: no sabe lo que puede” (p.10). Esta realidad, y la negación de identidad por parte de los hombres que permitan asumir compromisos respecto a su región, las mujeres fundan el movimiento de las piernas cruzadas, que es una negación al sexo con sus parejas, que es una negación misma a la reproducción, que en las sociedad es la definición de la familia y de las comunidades, es un paro que define la masculinidad y la feminidad y que convierten el cuerpo en un ritual y en un circuito político que permite no solo el dialogo interno sino que además por su papel definitorio de lo colectivo, se convierte en el elemento identificador y por lo tanto manifestante de los intereses colectivos, es decir un referente de identidad cultural y política. Cruzar las piernas trasciende el hecho de la dominación biológica a manera de sexo por parte de las sociedades, cruzar las piernas es la envergadura de que algo es posible, hacer hablar el cuerpo se configura en el hecho simbólico de cruzar, que es la negación al contacto, ese mismo que nos hace humanos. Configurar el lenguaje del cuerpo, desde su poder intrínseco, inherente, inalienable, para generar colectivamente configuraciones culturales hacia lo comunitario, que es además las definiciones de identidad, de encontrar el otro en mí. Parafraseando a Pabón (2002), diremos que las nuevas subjetividades construidas por las mujeres de las piernas cruzadas, no habla de cuerpo como unidad básica, única, absoluta o sin fronteras, sino que son modos de existencia que afirmar las contradicciones de las sociedades pero que a la vez crea realidades diferentes. Los movimientos de piernas cruzadas, no solo han logrado acuerdos de paz y encuentros entre adversarios políticos sino que además han aportado a la creación de comunidad, Le Breton (2002) nos ayuda con esta afirmación: “dentro de la misma comunidad social, todas manifestaciones corporales de un actor son virtualmente significantes para sus miembros (p.9).. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

(15) Claudia Mercedes Jiménez Garcés. 15. El cuerpo de las piernas cruzadas, construye resistencia, existencias y transformaciones que devienen de procesos de presión caracterizados por la violencia, el terror, la dominación, la autoridad, la cultura y la política. El cuerpo de las mujeres de las piernas cruzadas, es el cuerpo del poder, de la ficción y de la afección. Referencias bibliográficas Bourdieu, P. (1998) La dominación Masculina. Barcelona: Anagrama. Butler, J. (2002) Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del "sexo". México: Paidós. Davis, A. (2005). Mujeres, Raza y Clase. Madrid: Ediciones Alcal. Davis, A. (2012). I Used To Be Your Sweet Mama. Ideología, sexualidad y domesticidad. En: Feminismos negros. Una antología. España: Traficantes de Sueños. Escobar, A. (2010). Territorios de diferencia: lugar, movimientos, vida, redes. Departamento de Antropología. Universidad Carolina del Norte. Bogotá: Editorial Envión. Femenías, M. & Ruíz, M. (2004). Rosi Braidotti: De La Diferencia Sexual a La Condición Nómade. Revista 3 Escuela de Historia, Vol. 1 (3), 30 – 46. Foucault, M (1992) El orden del discurso. Buenos Aires: Tusquets Editores. Foucault, M. (1977) Historia de la Sexualidad Vol.1. La voluntad del Saber. Paris: Siglo XXI Editores. Giddens, A. (1998) La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Cátedra Teorema. Habermans, J. (1993). El discurso filosófico de la modernidad. España: Taurus Humanidades. Harcourt, W. & Escobar, A. (2002). Mujeres y política de lugar. FLACSO. PRIGEPP: Argentina. Kogan, L. (2010) Hacia una teoría del cuerpo vivido y la identidad del yo. En: Sensibilidad en juego: Miradas Múltiples desde los estudios sociales de los cuerpos y las emociones. Argentina: CEA - CONICET. Le Breton, D. (1992) Sociología del Cuerpo. Buenos Aires: Ediciones Buena Visión. Le Breton, D. (2002) Antropología del Cuerpo y Modernidad. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión. Lozano, B. (2010) El feminismo no puede ser uno porque las mujeres somos diversas. Aportes a un feminismo negro decolonial desde la experiencia de las mujeres negras del Pacífico colombiano. Revista la manzana de la discordia. Vol. 5. No. 2. Pp. 7-24 MacDowell, L. (2000). Género, identidad y lugar Un estudio de las geografías feministas. Madrid: Linda McDowell. Marcuse, H. (1983). Eros y Civilización. España: Sarpe. negros. Una antología. España: Traficantes de Sueños Pabón, C. (2002) Construcciones de cuerpos” en: Grupo de derechos humanos (Comp.), Expresión y vida: prácticas en la diferencia, Bogotá, Escuela Superior de Administración Pública –ESAP, pp. 36-79. Richard, N. (1992) Masculino/Femenino: prácticas de la diferencia y cultura democrática, Chile: Francisco Zegers. Stolcke, S. (2000). ¿Es el sexo para el género lo que la raza para la etnicidad (…) y la naturaleza para la sociedad? Revista Política y Cultura, número 014. Universidad Autónoma Metropolitana – Xochimilco. México.. RELASO. Vol. 7(1) (2017) pp. 1-15. ISSN-e 2253-6469 DOI: https://doi.org/10.17979/relaso.2017.7.1.1983.

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