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EL DON DE ELUDIR
(TRABAJO DE GRADO EN MODALIDAD DE CREACIÓN)
LAURA VALENTINA SÁNCHEZ BARRAGÁN
UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS
FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN
PROYECTO CURRICULAR DE LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA
CON ÉNFASIS EN HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
BOGOTÁ D.C.
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TRABAJO DE GRADO EN MODALIDAD DE CREACIÓN
EL DON DE ELUDIR
LAURA VALENTINA SÁNCHEZ BARRAGÁN
Código: 20101160004
RUBEN MUÑOZ FERNÁNDEZ
Director de trabajo de grado
UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN
PROYECTO CURRICULAR DE LICENCIATURA EN EDUCACIÓN BÁSICA CON ÉNFASIS EN HUMANIDADES Y LENGUA CASTELLANA
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TRABAJO DE GRADO EN MODALIDAD DE CREACIÓN
EL DON DE ELUDIR
Rector de la Universidad
CARLOS JAVIER MOSQUERA SUÁREZ
Vicerrector Académico de la Universidad GIOVANNI RODRIGO BERMÚDEZ BOHÓRQUEZ
Decano Facultad de Ciencias y Educación MARIO MONTOYA CASTILLO
ADRIANA GORDILLO Coordinadora Proyecto Curricular
Licenciatura en Educación básica con Énfasis en Humanidades y Lengua Castellana
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Dedicatoria
A las mujeres de mi vida: mi abuela Yormán, mi madre Amalia y mi tía Patricia,
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Agradecimientos
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Resumen Analítico Especializado RAE
Aspectos Formales
Tipo de documento:
Informe trabajo de grado por creación.
Tipo de impresión:
Impresión digital formato A4.
Acceso al documento:
Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Facultad de Ciencias y Educación.
Título del documento:
El don de Eludir (Poemario); Poética del Abismo (Escrito teórico)
Autora:
SÁNCHEZ BARRAGÁN, Laura Valentina
Director:
MUÑOZ FERNÁNDEZ, Ruben.
Palabras claves:
Literatura, creación literaria, poesía, poética y estética literaria. Descripción:
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escenario de reflexión un ejercicio de exploración de la interioridad a través de la palabra poética, ubicado en temas como la feminidad, el deseo, la existencia, el tiempo, la soledad y la palabra como medio vital para la comprensión de los problemas humanos que nos circundan. Este escrito poético se encuentra acompañado una expresión a manera de poética, caracterizada por un estilo de escritura de orden ensayístico mediante el cual se busca ofrecer una comprensión de la creación poética a través de la sugerencia de un modelo de análisis caracterizado por tres elementos: contemplar, acontecer y enmudecer.
Bibliografía: Para el desarrollo de este trabajo se emplearon treinta y dos (32) fuentes relacionadas con los temas eje de la propuesta teórica y creativa, jerarquizados en el siguiente orden:
Bibliografía Citada:
BLANCHOT, M. (1969). El espacio literario. Buenos Aires: Paidós.
GARCÍA MAFFLA, J. (2001). ¿Qué es la poesía? Bogotá: Universidad Javeriana. Facultad de filosofía. CEJA.
JUARROZ, R. (1992). Poesía y Realidad. España: Pre-textos.
MAILLARD, C. (2014). La baba del cáracol. Cinco apuntes sobre el poema. España: Vaso Roto Ediciones .
MAILLARD, C. (1992). La creación por la metáfora: introducción a la razón poética.
Barcelona: Antrophos.
PFEIFFER, J. (1959). La poesía. México: Fondod de Cultura Económica.
RILKE, R. M. (1950). Cartas a un joven poeta (Segunda edición: Abril 1950. ed.). (A. Assa, Trad.) Barcelona: Torrel de Reus.
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Bibliografía Consultada:
ARISTÓTELES. (2004). Poética. Buenos Aires: Leviatán.
ARTAUD, Antonin. (2002). El Pesa-Nervios, Fragmento de un Diario del Infierno. Visor. Madrid.
BORGES, Jorge Luis. (1998). Obra Poética. Alianza. Madrid. BRETÓN, André. (1989). Magia Cotidiana. Fundamentos. Madrid.
CARRINGTON, Leonora. (1992) La Casa del Miedo: Memorias de Abajo. Siglo XXI. México.
GAMONEDA, Antonio. (2003) Descripción de la Mentira. Abada. Madrid.
HUERTA, Efraín. (2003). Antología Poética. Fondo de cultura Económica. México. JUARROZ, Roberto. (2001). Antología Esencial. Emecé. Buenos Aires.
LUQUE, Aurora. (2003). Camaradas de Ícaro. Visor. Madrid
MAILLARD, Chantal. (2005). Diarios Indios. Valencia: Pre-textos.
MAILLARD, Chantal. (2010). Decir el Hambre. Fundación Inquietudes. Madrid. MÁRQUEZ, Gonzálo. (2011). Ritual de Títeres. Común Presencia. Bogotá. MARAÍ, Sándor. (2005). La Mujer Justa. Salamandra. Barcelona.
MORO, César. (2002). La Tortuga Ecuestre. Biblioteca Nueva. Madrid.
OQUENDO DE AMAT, Carlos. (2007). Cinco Metros de Poema. Editorial Universitaria Ricardo Palma. Lima.
PIZARNIK, Alejandra. (2000). Obra Completa. Árbol de Diana. Medellín. PONIATOWSKA, Elena. (2011). Leonora. Seix Barral. Barcelona.
SAAB, Alfredo. (2001). Días de Sándalo. Azahar. Bogotá.
VARELA, Blanca. (1986). Canto Villano. Poesía Reunida. Fondo de cultura Económica. México.
- 9 - Contenidos:
Poética titulada “Poética del Abismo”; Poemario titulado “El don de Eludir”.
Metodología:
Poemario desarrollado en el marco del semillero Poetikós: estética y poética literarias, a cargo del docente Ruben Muñoz Fernández, miembro de la Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Humanidades y Lengua castellana.
Enfoque Metodológico:
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INTRODUCCIÓN
Este trabajo se encuentra dividido en dos partes fundamentalmente, la primera de ellas consiste en la presentación de un trabajo de creación poética titulado: “El don de eludir”,
donde a través de la poesía como un viaje entre palabra e imagen, la obra escenifica un juego de máscaras, donde la voz transita por una serie de estados en la búsqueda de un rostro propio. En segundo lugar una poética denominada “Poética del Abismo” mediante la cual se desarrolla una reflexión teórica en la que tiene lugar la pregunta por la poesía y la creación poética.
Por medio de dicho escrito teórico se explora la sugerencia de una modelo de comprensión que busca categorizar la experiencia de la creación poética, compuesto de tres momentos esenciales: contemplar, acontecer y enmudecer, principios mediante los cuales se reflexiona sobre el lugar que ocupan la actitud atenta frente al mundo, al vivencia de los acontecimientos, el silencio y la soledad en el origen y construcción de la palabra poética.
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Valentina
Sánchez
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El mundo está en mí.
No me apartaré.
Acojo todos los colores, el
estío dentro de mi otoño,
porque sé que no
hay fin, que no habrá término.
Todo comienza y termina en mí.
Yo soy el infinito proyecto de mí misma
por encima de mí
me sobrevuelo”
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Quien contempla escribe
quien escribe espera
quien pronuncia Yo: habita
con los ojos desatados
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EXILIO
Habitación en Budapest -18- Fragmentaciones -21- Extravío -22- Rapto -23- Espejar -24- Amanecer -25- Figuraciones -26- Intermitencia -29- Don de Eludir -30- Crónica de un secreto -31-
CENIZA
-33- De la Devastación
-34- Ella/ a la danza que es vuelo y caída -35- Él/ Flagelos de tiempo
-36- Ella/ Los ojos del latido -37-Él/ Isla de Lluvia
-38- Ella/ Deshabitar los sentidos -39- Él/ Silencio
-40- Ella/ Las mujeres antes de mí -43- Él/ Naufragar
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DESIERTO
Memoria
Memoria del desierto - 46- Delirio -48- Al margen de los husos -49- Las mujeres que habitan en mí -50- Corteza-51-
Reflejos
Del decir -52- Leonora Carrington -53- Ser desierto -55- Labios de ceniza -56- Pertenecer -57-
SILENCIO
-59- Los días de Sándalo -61- Ofrenda de Silencio -62- Enmudecer
-63- Temblor -64- Tiempo
-65- Abismo y origen -66- Mujer que atardece -67-Palabra Ciega -68-El Hilo
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POÉTICA DEL ABISMO
Poética del Abismo
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- 18 - HABITACIÓN EN BUDAPEST
“Hasta aquí amor, en la séptima habitación quiero estar solo” Sándor Marai
Mientras mi cuerpo sea una fractura, me comparto.
Entra, pinta de cielo la primera habitación,
contemplaremos el derrumbe.
Ponle un temblor al cielo, haz de los bordes de la piel la segunda habitación.
Sigue, toma asiento, háblame: ASÍ, con tus palabras cicatrices,
tejiendo en los muros las enredaderas del preso.
LA TERCERA HABITACIÓN Mírame
- 19 - con mis marcas naturales.
Lejos, las mentiras del vestido, tantos hilos negros
¡Tantos! como si de la lluvia se tratase.
Ven, llévame a la CUARTA HABITACIÓN abandona tus cansados ojos,
tu rostro todo, bebido por el tiempo.
DE LA QUINTA
A LA SEXTA HABITACIÓN intuye
sumas de amor juegos de azar
trapos viejos:
- 20 - Pero hasta aquí, amor,
- 21 - FRAGMENTACIONES
“Je suis la doublé femme que aime avec son doublé cœur”
Capas de mí ser se dislocan cayendo van, en la aproximación
de cada paso.
Dispersa, en el humo
de un movimiento escurridizo, la mano libera lo que ha tomado,
deja correr sobre los dedos
el fino impulso que me deshace.
La mirada impersonal
igual externa hacía ese débil tacto,
se niega a observar en su obstinada respuesta,
las desapariciones innombrables. Formas concretas de mi ser dislocándose,
en pensamientos, signos sellados
bajo la fragmentación, la huella del latido
en el contorno de la sombra es ahora el vértice de un cuerpo laberíntico.
Un gesto de espera, es la señal,
- 22 - EXTRAVÍO
Perderse no es cuestión de detenerse sobre el límite.
Es dejar andar, arrastrar la corriente
por la piel de una historia movediza.
Desprenderse, dejar de acumular razones.
Como un cuerpo tragado por el viento,
- 23 - RAPTO
UN TEMOR ACUNADO detrás de todo nacimiento, deshila el rostro de mujer que conocí en mí y la forma suspendida entre el hilo se detiene en el vacío; las manos de ese antiguo sustantivo femenino han retornado el hilo a la madeja.
- 24 - ESPEJAR
Sola, como estoy,
como el vaso que reposa sobre la mesa VACÍO
como la mirada que se agota, de este cuerpo destrozado de raíces,
- 25 - AMANECER
La lluvia despierta la flor enmudecida en su primer respiro.
Una raíz –cicatriz de pavimento recibe la vida.
Entre todo ello, algo más inicia un latido…
El cuerpo que habito circunda lo primitivo.
- 26 - FIGURACIONES
I.
No estuve allí
mi voz ha sido usurpadora del testigo:
una niña, corriendo, para atravesar la plaza de un pueblo cualquiera,
hereda a mis ojos sus muertos.
¿Es la mirada o los cuerpos balanceándose en el aire lo que sobrevive en la palabra?
No, es la ciudad.
Ésta ciudad insomne, que duele,
suma de silencio y hambre súplica
hálito de horror. II.
Soy el huérfano
desposeído de mí mismo el solitario.
- 27 - sobre la plegaría inconstante.
Duermo en lo profundo de la alucinación.
Cuando intenta despertarme la pregunta:
¿POR QUÉ SOBREVIVIR? luego recuerdo: es VIVIR SOBRE
como la ceniza,
quizá la arena de esta ciudad abierta lágrima.
Soy el pasajero
el que encarna lo indeseable.
Frente a mí la vida se suspende en el enigma.
Busco un rostro ajeno para recobrarme
imposible de lanzar una mirada propia el hombre en la pupila es un desconocido
-apoderado de mí- acrecentador de la sed,
- 28 - Acuno lo terrible:
hace tanto de mi lenguaje
fue borrada la pregunta que otro cielo inhóspito habrá de reclamarme
y el alba estallará en mis ojos como una presencia desvalida de memoria.
III.
Ciudad habitante:
- 29 - INTERMITENCIA
SOY UN LIBRO al que se le han ido
cayendo las hojas poco a poco extravío palabras con el paso de la página.
- 30 - CRÓNICA DE UN SECRETO
Nadie sopesa la sombra de la palabra. El primero en decir fue víctima del tiempo:
-yo soy- se convirtió pronto en renuncia,
la advertencia de la lejanía.
Esperamos bajo el secreto. Uno a uno buscamos el destino
-raíz de despedidas- Fuimos encarnando lo terrible.
El juego se suplanta mejor
cuando eres centro, punto irascible
contorno en que recaen las aristas.
Todo se tendió en un doblez,
- 31 - DON DE ELUDIR
Caen sobre los días como alud
imágenes que figuran personajes extraviados entre pasajeros y andantes, buscando una sola boca que me nombre.
Esa boca mía y tan ajena, en las bocas que desea, oculta tras la máscara del tiempo, para dibujar mi carne.
Extravío silencios entre los dedos,
dejo que vuelen hechos poema, una y otra vez. Desde entonces se ha hecho un misterio la presencia, levemente, un vacilar de sombras tras el incendio
adivinan los escombros, cubren con abismos, el límite de luz de los instantes.
Advierto una palabra a punto de caer al precipicio a punto de ser un destino en la penumbra
y estos ojos vuelven lejos de la orfandad de mi cuerpo al horizonte.
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- 33 -
DE LA DEVASTACIÓN
Previenes el incendio con tus manos, lánguidas manos sentenciosas que intentan sosegar el latido. La noche encendiendo la hoguera y las sombras apenas intuyen el destino de nuestros cuerpos. En el fondo pensamos demasiado y este río de palabras se descuelga haciendo inútil el movimiento del decir. Al final, transitamos en el destino, como un par de viejos, asombrados con las luces de una ciudad cualquiera, desconocida. Habitamos un espacio plagiado de otras sombras, aprendemos su lenguaje, hemos negociado las palabras, apostándolas todas a su voz. Siempre que anida un deseo existe una posibilidad; arrojas un fósforo en busca del incendio.
ELLA
Intento recrear un latido. Para recuperar el aliento, la esperanza en el rito y la confabulación de la sangre, hace falta dominar los abismos.
ÉL
- 34 - ELLA
A la danza que es vuelo y caída…
HE VISTO el abismo
bajo los pies de un hombre, descendiendo peldaños en mi memoria.
GOTAS, cuerpos que ceden al derrumbe.
No es el desliz de la sombra que lo anuncia sino el espejo,
desnudo en el aire, perfilando el trazo inolvidable,
de su DANZA.
CAER
no es precisamente balancearse en el vacío,
es un movimiento más sutil,
- 35 - ÉL
ES QUE SOMOS MÍNIMOS,
flagelos del tiempo hilos secos a punto de quebrarse;
el grito sordo que se cree melodía. Es que somos vanos
¡tan pocos!
tan precarios ante la palabra; propagadores del latido
punto ciego entre los cuerpos
-ignominiosos- incitadores del fulgor
dos pasos abiertos preparando la pérdida manos que se juntan
como labios que callan secretos susurros sostenidos en el asombro espectador.
Tan juzgados.
Tan oscuros.
- 36 - ELLA
Hace un tiempo, transformada,
apagaba mis ojos para el latido. Aprendí a contemplarme con el sentir
ajeno, otro.
Hace tanto,
abandonada al declive de la respiración, asistía esa forma antigua que acuna la palabra desnudez.
Volví hacia ella mi sombra.
Absorta en la intermitencia
- 37 - ÉL
Elegí el deseo para ser raíz y regresar a tus labios. Cuerpo,
donde mi sombra semeja
- 38 - ELLA
EN OCASIONES QUISIERAdeshabitarme los sentidos. Borrar la presencia de las huellas en mi tacto,
saborear la delicia de lo indefinible, vaciar la gota que se posa en mis labios.
- 39 - ÉL
Preferible
el
SILENCIO
- 40 - ELLA
Aún soy yo, la mujer que indaga
en el itinerario de su búsqueda.
Me siento aquí: vivo,
como arena impulsada por el viento, ¡tan leve! así, errante, en las siluetas del silencio.
Aún soy yo, me digo.
Pienso en las mujeres antes de mí;
aquellas que cedieron a la fuga anticipando la hora de mi perdida.
Todas ellas
mujeres agua, el ímpetu de la corriente
- 41 - El presente que habito me interroga
¿Cuál de ellas se acuna en el fondo de mis ojos?
Y en estos ojos grieta
un erotismo ensombrecido nos absorbe.
Mi imagen oscila, la mujer se balancea. Lo que somos se edifica con la máscara
sutil y desbordada.
Pero la sombra…
la sombra nos invade se hace más pesada en tanto cubre.
En la oscuridad atraviesa el silencio de su éxtasis para recobrarme. Todas las formas de la piel retornan,
- 42 - Tengo miedo.
Este cuerpo es escenario del dolor;
todo se prepara en él para arder, para caer
hacia mis manos insomnes donde anida la raíz:
- 43 - ÉL
SE TRATA de mirar
de pasear con la mirada en cada línea, de intuir, de construir a tientas la forma.
Se trata de callar,
permitir que una palabra se deslice por tu cuerpo
hecha misterio.
Se trata en todo caso
de NAUFRAGAR
GOTA a gota
- 44 - ELLA
Caen los cuerpos antes del canto.
Después del amor, la perdidiza se abandona en sus raíces.
Después del amor, no sé nada de mí. El signo se borra,
gravito en la permanencia del vacío.
Asistida, ya no del lado equivocado
sino de la llama mi señal es un profundo ardor
que interroga su última forma.
No ME DIRÁS la llama
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Memoria
MEMORIA DEL DESIERTO
I
Transito territorios a oscuras sobre la presión de este suelo menos sólido que mi carne. He estado sumergida. Sé que me habita un desierto, todo mi ser recorre la danza de esa antigua era, impregnada de una continuidad que desconozco. Solitaria arena, en este extraño rostro que camina en círculos; dunas que me sepultan para luego florecer hostil y singular. Esta sonrisa silenciosa y vagabunda, oculta más que las palabras que se extienden en la búsqueda del otro, un horizonte en que perdida, se halla esa parte de mí que busco: extravío que se va dejando ir.
Todo lo que veo en este cuerpo deja de ser mío. Se figura la ausencia, mi concreta forma sin mí ser fundamental, sin la piedra angular. Entonces, la voz ha quedado extendida como un aullido, en ese vasto territorio que es memoria luego adviene la palabra.
Decir.
Deshabitar.
- 47 - II.
Todas las cicatrices del mundo se encuentran en mi cuerpo, todas las repeticiones, las invariantes, las mujeres ideales, los hombres adversos, la infinita posibilidad, ese otro extremo del desierto que me busca.
El colapso de dos fuerzas que se anulan para ser de nuevo, la hora del día o de la noche, el momento preciso del encuentro, la enorme física que nos convoca.
La inercia mutua, esos cuerpos que se forman uno contra otro, en solitarias esperas.
Este desierto tiene de arena lo que ocupa un reloj, tiene de tiempo lo que vacía una esfera, tiene de vacío el eterno desvanecer:
habitar deshabitar
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DELIRIO
a Melancolía/Giorgio de Chirico
ENTRADOS EN UN LABERINTO de sombras: espacio volátil que se aparta en la fuga del aire, el eco del sonido, que es búsqueda y espejo, me persigue. Espero silente, su dibujo en este lugar olvidado es el trazo del desierto que nadie ha visto.
¿Soy la sombra? ¿El cuerpo que da la sombra?
¿Soy quien habita el intersticio de la sombra y el reflejo?
Todas las formas se acunan en éste hilo de palabras. En el fluir de las arenas son otros los temblores de la imagen.
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a Chantal Maillard
AL MARGEN DE LOS HUSOS
Eres poeta, al fin y al cabo cuentas con la gracia de hacer cortes en el tiempo. Accedes a lo visible, desde dentro, fabricando desiertos que hipnotizan el dolor. Un pensamiento se detiene entre ti y el universo.
Olvidas nombrar.
En el fondo, las preguntas te devuelven la inocencia; como un don desciende hasta ti, esa palabra que permite conocer de nuevo.
- 50 - LAS MUJERES QUE HABITAN en mí
se han tendido al silencio y si acaso la noche, entre sus cuerpos pregunta, la huella del temblor aguarda, en la memoria de sus manos incendiadas.
Las mujeres que habitan, son como granos de arena que el tiempo descuelga en otra mirada –ajena en el cristal-
Vaho del desierto, que imprime una y otra vez el movimiento, la caída.
LAS MUJERES QUE HABITO
laten sumergidas en silencio como puertas que deciden no abrirse,
por el azar de la memoria. Puertas que suspenden la historia y la posibilidad,
aferradas al espejo de la vida.
- 51 - UNA VIDA no se toca
en ausencias. Una forma siendo más latido
que ahora. Como arrojada al azar,
en la mujer que no se es. Magia inútil del deseo.
Cuerpo ajeno que es herida. Voz que demanda la fuga.
Todo regresa a tí
aunque no te pertenezca. Incluso la mujer desconocida
en el fondo de tus ojos
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Reflejos
EL DECIR es para reedificarse nombrar lo existente
como un desafío a la presencia ¿Quién soy en diálogo con lo múltiple?
Lo que me habita irrumpe la lógica. Digo por ejemplo TOTALIDAD: cae la arena
sobre este cuerpo que arde diluyendo
el instante en lo infinito
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a Leonora Carrington “Y pensar que estás allí, que duermes en mi oscuridad de mujer”
PARA DIBUJARTE un sueño, junto a mis fantasmas en la noche. Llamo al deseo por su nombre,
dejo que repose frente a tus años grises.
Clamas a la juventud en la ventana. Eres una mujer que busca
su otra cara de mujer,
tras la oscuridad añeja de unas horas azules.
Acudo a nuestro encuentro.
Busco una imagen dónde disolver, ese óleo informe, que se posa
tras mis pasos.
Jugando cartas a la intemperie de tu mundo arderá en mis días esta soledad
- 54 - -¡Que no amanezca tan pronto!-dices
- 55 - LA POESÍA SIEMPRE inicia con la sentencia:
EL DESTINO DEL DESEO ES EDIFICAR LA SOLEDAD
¿Cuál artificio usaría para apartarla de mí?
Un lapso de intermitencia entre su acción y mi forma la conciencia de lo propio
en la que ella –la fragmentaria elabora su despedida.
Mi cuerpo detenido en la ilusión de su movimiento la distancia que permite la claridad.
Hay que disfrutar la lucidez, intuyo que a su regreso seré apariencia o disfraz y estaré de nuevo, más allá -deseable-
- 56 - CUENTA LA HISTORIA del tropiezo
de la diosa y el sabio de cuerpo tan seco como leña preparada para encender la hoguera1.
La diosa, habita en mí voz como un espejo terrible, se desliza pronto entre el reflejo y la página:
SUS LABIOS a los LABIOS DE CENIZA. El crujir de las hojas, secas en el beso.
A TIEMPO
justo a tiempo para la llama, el INCENDIO.
1
- 57 - PERTENECER
vocablo impronunciable
a nuestro lenguaje invisible.
Travesía, siempre inconclusa,
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a Alfredo Saab, por sus habitaciones de arte.
LOS DÍAS DE SÁNDALO
Escritorio de Cedro Libanés
En la noche, los sentidos sometidos a su gravedad danzan entre sí, a contra luz de quien escribe el poema.
I. Ventana
El río extiende la línea de mi reflejo.
II. Vuelo
Es el viento quien traza la silueta de mis manos.
III. Su voz
Palabras lejanas amantes de otro tiempo IV.
Yo
- 60 - V.
Lector
Mi boca impronta un silbido que aspira a canto.
Cicatriz
- 61 - NO HABLEMOS del tiempo,
lo que sabemos que hace con el rostro está demás dicho.
No hablemos del lugar común de la razón
que siempre perdemos en la proximidad del cuerpo.
No hablemos demás
que las palabras sobrepuestas nos habitan. Ofrendemos el silencio
- 62 - CADA PALABRA tiene una sombra
un ENMUDECER en que respira.
- 63 - ESCRIBO con el temblor de un arco
como quien está a punto de lanzar.
Mis dedos se tensan.
La cuerda se tensa.
Extendidas en mis manos, palabras como flechas
transitan en el aire.
- 64 - EL TIEMPO ES ASCENSO a lo infinito. La mano extendida que roza el horizonte. Vuelo de las horas
en que la mirada inventa el mundo en su continuo enmudecer.
EL INFINITO -a la inversa-
es el retroceso declinar a través del tiempo
- 65 - NADA DISMINUYE
el impulso de la caída. Ni el sueño
o los hilos. Porque es hambre
la pregunta que se afianza en el vacío.
ABISMO Y ORIGEN.
Nada, porque es preciso esperar.
La caza es in instante elegido en el ritual de la lluvia.
El impulso: un gesto.
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“Tiempo y silencio, voz y quebranto” Cesaría Évora
TIEMPO Y SILENCIO nos piden los pasos, extraviamos palabras en poemas huidizos
hechos lluvia.
El tiempo, necesita del silencio para saber que existe, tanto como necesito del espejo para esperar, en silencio mi propio rastro.
Todo lo que puede llevar este cuerpo en su olvido viajero: el ingrávido son de las palabras.
Silencio y tiempo:
ansias de huir al quebranto, del espejo donde habita el deseo de latir, que me hace ser esta MUJER
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SE EXTIENDE UNA PALABRA al horizonte desierto. Una palabra rodea el silencio, PALABRA CIEGA,
-un decir que no es imagen- sostenida en la infinitud de la noche.
Hace falta un camino,
la mano de un poeta sosteniendo una pluma para que la sombra sea vida, para jugar
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a mi abuela, que es más del cielo que mía.
EL HILO I.
El hacer
el deber
el querer se disputan el tejido a voluntad,
asentados sobre el cuerpo, como lazos
que sujetan lo que animaba la vida.
Ella se disuelve lentamente:
es el hilo de otros días perdiendo su forma. Es el hilo, resuena, ha decido convertirse en memoria, madre de todas las acciones que en mí reposan,
sagrado significante femenino.
El hilo se ha ido, es ahora una madeja
que sopesa la tarde en los recuerdos; descubre que no han inventado palabras
- 69 - INNOMBRABLE
con la que el tiempo pasa
y ahora no deja de latir.
II.
Estás en el hilo, siempre en el hilo,
golpeando las cuatro paredes que componen mi cabeza.
Mi asilo: cada instante
- 70 - ARQUITECTURA DEL SILENCIO
ÉSTA: es la casa de la soledad ésta su esencia:
las cuatro paredes que se disponen sobre el suelo ofrecen el don de no comunicar.
El silencio ha tomado forma, en el rito, la no-existencia. ¡Por fin la palabra
presa entre las bocas!
Ésta es la casa de la soledad:
estas sus marcas: el mutismo hecho bendición.
No es que no se piense, aquí todos oscilan a pensamiento y lenguaje sobre tantos kilómetros por hora
-velozmente- en la medida del silencio.
- 71 - de palmo a palmo,
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Heredo mis dones al vuelo
la mano que toma el aire
y en ella sobrevive la palabra.
Mi casa solitaria
la dono a una ciudad invisible
ciudad-reflejo
Los espejos que me contienen
destinados al azar
una mujer o diosa que busque eludir su corteza
como quien inventa la máscara.
Regalo mis temblores
para invertir relojes
tiempo de arena movediza
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POÉTICA DEL ABISMO
Traductor de la luz,
el ojo traduce también el pensamiento.
En el punto de encuentro de las dos traducciones se interrumpe un abismo y se inaugura otro.
También los abismos se traducen entre sí, como si fueran ojos todavía más abiertos.
Roberto Juarroz. Décimo tercera poesía vertical. (1992)
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Atravesar el sendero es entonces encender la luz y comprender el escenario en que todas las voces se dan cita: la voz del poema, la tradición, el presente y la propia experiencia. En esa medida sugiero como modelo de comprensión para percibir el ejercicio de la creación poética que se basa en tres momentos esenciales: contemplar, acontecer y enmudecer.
La contemplación como un momento esencial en la creación constituye una exploración del mundo, es la representación de la quietud con la que detiene el tiempo y se sitúa en él, de un modo mucho más perceptivo, de manera que constituye una actitud frente a la vida; cuando el poeta va a escribir, cuando está dedicado a la creación, el tiempo corre más lentamente para descifrar el simulacro, la apariencia; la vida acontece en su parafernalia, pero cuando el poeta se dedica a la percepción atenta las cosas, se da cuenta que hay algo más que sucede y esto significa describir la realidad como aquello que en él acontece. En ese orden de ideas el segundo elemento presente en la creación está precisamente en lo que desborda la presencia de las cosas en el mundo, la manera en que existen con tanta fuerza que la experiencia personal se impregna y lleva al poeta también a acontecer en simultaneo con aquello que admira, es por ello que la palabra poética debe ser justa en lo que capta, en la manera que acuna lo percibido, de tal modo que permita recuperar la vivencia del mundo, por consiguiente la operación de traducción de llevar a la palabra a otro modo de lenguaje dicha experiencia.
El tercer y último momento es el enmudecer como la posibilidad de pensar en un lenguaje interior, momento en que el poeta se sitúa frente a la página en blanco y antes de expresar a otro, dice las palabras para sí. El lugar que ocupa aquí el silencio es el de ser un elemento que nos recuerda la soledad esencial2 del proceso creativo.
Claro que esto no lo explica todo, aún con el recorrido trazado nos enfrentamos a la creación y al poema, pero aun no hemos logrado definir en concreto la poesía. Enfrentarnos ahora con la complejidad de las definiciones ha puesto en el trayecto una pausa, el punto de un serio detenimiento.
2 La expresión es tomada de Maurice Blanchot en su texto “El espacio literario” en el cual designa una suerte
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El Erizo
Cuando uno pregunta qué es la poesía y cómo acontece la creación poética, a menudo encuentra respuestas que sitúan estos elementos en una dimensión casi impenetrable y no es para más, preguntar por estas cuestiones es un ejercicio que nos enfrenta a una suerte de estremecimiento; sobre todo si aquel que interroga es un creador que se ocupa de la labor poética, pues las preguntas en todo caso, se orientan hacia los cimientos más sólidos de una concepción de lo que es el arte literario. Así pues pensar en la elaboración de una poética, es ante todo una actitud que enfrenta dicho acontecimiento, con el fin de atreverse a describir el origen: el instante en que se dan cita el creador, la poesía y el poema.
Ante esta dimensión aparentemente impenetrable, que análogamente pareciera un erizo encriptado en sí mismo, el poeta transita acompañado de la palabra; para responder a las preguntas sencillamente ha de devolverse, desde aquello que sabe a la comprensión del cómo lo sabe; de este modo el creador tiene a su favor la experiencia del poema, para responderse qué es la poesía, en consecuencia ha de ocuparse de dicha vivencia para construir un acercamiento al concepto, porque en su manifestación halla la respuesta. Pues como lo expresa García Maffla “Sólo el lenguaje poético puede revelarnos lo que es la poesía” (GARCÍA MAFFLA, 2009, pág. 12)
¿Qué se dice de la poesía a través del poema? ¿Cómo sabemos que el objeto hecho un ovillo es un erizo? Para disipar este cuestionamiento es necesario percibir a través de, atravesar, cruzar, porque la voz del poema habla aconteciendo, de manera tal que la poesía está ofrendándose como aquello que produce el poema: esa manera distinta de percibir, de situarse frente a lo que nos rodea; de igual modo el objeto envuelto sobre sí mismo es conocido a través de su forma, de su composición, el erizo es tal por su modo de estar presente, nos dice de sí aquello que es para nosotros perceptible.
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la que se es participe de dicho movimiento. Por ahora es tiempo de volver al camino, aún no sabemos si el erizo continúa hecho un ovillo, pero en medio de su defensa dejamos una luz, una espacio para lo visible.
La Trayectoria
En el silencio hemos puesto la palabra, hemos confiado a la quietud el despertar de los sentidos y en el espacio de lo efímero buscamos la permanencia, la constancia de las formas; nuestra palabra se ha convertido así en una trayectoria que nos abisma hacía nosotros mismos; en el precipicio, justo en el borde emprendemos el viaje definitivo, el desprendimiento del límite.
El tránsito al que conlleva dicho movimiento es aquello que concibo como la experiencia de la creación poética: escribir poesía es abrir un abismo, construir una grieta en medio de lo real, de lo que acontece; el poema es ese cuerpo atravesando el precipicio, ese cuerpo compuesto de palabras, la presencia del lenguaje.
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Génesis del Abismo
La pregunta como origen
El instante creador que da lugar a la presencia del abismo, tiene su origen en la formulación de una pregunta, un interrogante dirigido hacia la experiencia sensible por la cual el mundo se filtra y en la que nos reconocemos; en este punto es preciso advertir que dicho interrogante se orienta a captar la esencia de lo humano de este modo adquiere una circularidad: preguntar qué son los objetos, qué es la poesía, nos devuelve del mismo modo un cuestionamiento, personal e íntimo: ¿Quién soy en diálogo con lo múltiple? Esta pregunta por la interioridad, cobra un sentido particular si comprendemos frente a la vertiginosidad con la que el tiempo transcurre, la necesaria presencia de una posibilidad de recogimiento, de quietud; así lo que el poeta vivencia en su soledad y silencio, le permite estar abierto frente a ese algo más que sucede y allí en este espacio se hace posible el surgimiento del abismo, esto es: “fracturar la realidad aparente o esperar a que se agriete para captar lo que se encuentra más allá del simulacro” (JUARROZ, 1992, pág. 24)
La creación poética logra una apertura en lo real y en ese momento el poeta habla el mundo; conviene aclarar que ello no significa que se esté fundando una realidad aparte, sino más bien nos permite comprender que el poeta no crea desde la nada al margen de lo que se encuentra a su alrededor, sino que tiene a su alcance la vivencia del mundo como parte de ese principio creador, así lo que lleva a la palabra es la manera de captar lo existente tal y como le afecta en su contemplación.
De este modo todo si tuviésemos que establecer una imagen concreta del lenguaje del poema, daríamos forma a esta a través de la sentencia, una afirmación que al nacer de una pregunta comunica lo que en apariencia es indecible; de esta circunstancia nace el hecho que despierta la creación, al nombrar definimos lo que acontece, descifrándole.
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el tiempo un nivel de atención profunda transmitida a través de la palabra, de ahí que “si el poema transmite algo universal es porque la palabra poética consiste en procurar que el oyente, el lector, puedan reconocer, recuperar y saborear una vivencia alejada en el tiempo y en el espacio” (MAILLARD, 2014, pág. 100)
Teniendo claro este marco de ideas, continuaremos con la exploración de tres principios que propongo como síntesis del proceso creador, he de advertir que la sucesión en la que se hallan organizados no implica una concepción jerárquica, sino que en el ejercicio de la comprensión misma del quehacer poético poseen un determinado posicionamiento, para expresar ciertos momentos o estados que el creador experimenta en la construcción del poema.
Contemplar
La mirada desde la orilla
La contemplación es en este punto la facultad de captar lo que el poeta tiene, tanto en aquello que le rodea, como en su interior, crear en ese orden de ideas, implica en esencia dar paso a la comprensión de la voz de sus sentidos. Una actitud contemplativa significa en ese marco estar en la capacidad de aquietarse sobre la corriente, hacer una pausa en el fluir de lo real y como lo suscita Roberto Juarroz:
“en esa relación entre la poesía y la realidad, la primera condición de cualquier poesía válida es una ruptura, abrir la escala de lo real. Asumir, a través de un inevitable dislocamiento de la vida y del lenguaje este infinito que empieza en cada cosa,” (JUARROZ, 1992, pág. 16)
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Añádase a lo anterior que el poeta ha de proveerse de fragmentos para preservar la creación, su labor será entonces mantener siempre abierta la grieta, fundar nuevos espacios entre ella para que la ruptura persista; el poeta no acepta el mundo como dado, sino que lo reconstruye. Así “la palabra poética abre relaciones entonces inexistentes, no en el sentido de la no existencia, sino ocultas a primera vista o existentes en el interior” (MAILLARD, 1992, pág. 51)
El contemplador necesita la intimidad de un espacio solitario para la creación, la soledad en este caso será el tamiz por el que todo lo percibido se filtra, lo que quiere decir que se hace el vigía silencioso de su propia respiración; del mundo debe captar todo cuanto es, siendo, pues como lo diría Rilke: “únicamente el hombre solitario (…) cuando sale al encuentro de la mañana naciente o con su mirada penetra la noche preñada de acontecimientos, sintiendo todo cuanto ahí acaece (…) se halla en medio del más puro vivir” (RILKE, 1950, pág. 46). Se trata desde luego de que a través de la actitud contemplativa el poeta desentraña o descompone lo usual y en tal labor, encuentra en la palabra un nuevo entendimiento: lo que las totalidades no pueden transmitir, sino a través del fragmento.
Acontecer
Continuidades entre poesía y poema
Al fracturarse lo real ha surgido el abismo, el poeta habrá de buscar la manera de situarse en ese nuevo espacio al que le conduce el viaje interior al que el ámbito de lo poético ha dado lugar como un modo de exploración de su sensibilidad. Esa vivencia puesta en el cuerpo del poema permite comprender que la realidad se percibe como tal en la conciencia del instante, lo que importa en esa relación es “cierta inclinación, un sesgo de la percepción, una oblicuidad que atraviesa lo real, superponiéndose así las líneas con las que acostumbramos a descifrar la existencia” (MAILLARD, 2014, pág. 12)
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El poeta, para describir este acontecimiento, haciendo uso de su actitud contemplativa habrá de atemperarse, reducir su tiempo y de repente, para él, en la construcción de su vivencia habrá de predominar la calma. El acontecer con el movimiento agitado de la calle será entonces una traza, una vía o acceso para hacerse uno con el evento; y así, de la calle en su transitar, le habrá quedado la impresión de algo más que pasajeros andantes: la impresión quizá del humo que interrumpe la mirada escapando de algún lugar impreciso, las notas de una música tenue en medio de las voces de la muchedumbre, la soledad de saberse el mismo envuelto en el caos de un atardecer citadino, lento, tan lento que acuna la intención de buscar la palabra para que aquello que ha pasado rápidamente, casi imperceptible, permanezca.
Acontecer en ese marco de ideas, hace referencia a la capacidad del poeta para observarse en relación con el horizonte, siendo uno con aquello que pasa, ahora, en ese instante, de tal modo que puede afirmarse siguiendo a Valery que el poeta: “ha buscado, ha encontrado, medios para fijar y resucitar a voluntad, los estados más bellos y más puros de sí mismo, para reproducir, transmitir y guardar durante siglos las fórmulas de su entusiasmo”.
(VALERY, 1990, pág. 90)
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Enmudecer
La palabra-grieta
Después de situarse en el mundo a través de una actitud contemplativa y comprender el modo en el sucedemos en conjunto con las cosas que allí habitan, hemos de concentrar la experiencia en la palabra. Toda palabra sopesa instantes de luz y sombra que el poeta modela, tal como sus sentidos se han comunicado entre sí para expresar las fórmulas de su pensamiento. La palabra aquí adquiere una condición especial y surge también de un momento que como el aquietarse, refiere a una íntima expresión que he de referir como
enmudecer, lo cual me lleva a enfrentar el siguiente cuestionamiento: ¿En qué sentido el poeta precisa del silencio para hacer poesía?
Existe una vocación de silencio en el ejercicio de escritura, pero este no ha de entenderse como una negación a comunicar, sino como un modo de primario del decir, una manera de
decir a uno mismo, que expresa la presencia del pensamiento en la construcción del poema, siguiendo a María Zambrano:
“Inmemorialmente se ha entendido pues que el lugar propio, “natural”, de la
palabra poética es el silencio y así su aparición es asunción del silencio donde yace nunca enteramente inerte, el silencio de los ínferos3 donde está aprisionada tal como un “ser” que pide manifestarse” (ZAMBRANO, 2007, pág. 49)
Enmudecer, que es desde mi perspectiva sinónimo de un decir interior, se complementa con la visión de la palabra poética en Zambrano, es así la manifestación de esa palabra que a pesar de no ser pronunciada, no pierde su condición comunicante sino todo lo contrario, se afirma y manifiesta primero en la interioridad del poeta; es entonces palabra-grieta, hoz fundadora del abismo. El silencio desde el que se modela la forma poema no ausenta al poeta de sí, sino todo lo contario, lo que se busca expresar a través de la palabra funda el espacio del ser, en la intimidad de quien escribe.
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La palabra poética evidencia la relación que el poeta establece con aquello que sucede, se presenta como el referente que permite visualizar la experiencia de la que se ocupa, de tal manera debe estar desprendida de su función denotativa, esto nos permite comprender que “la realidad se nos presenta en la experiencia como verdades vivas, totalidades complejas que se resisten a ser definidas y sin embargo piden ser expresadas” (MAILLARD, 1992, pág. 118)
Precisamente, esa forma de expresión debe estar pensada más allá del artificio lingüístico, porque en todo caso hace posible la reconstrucción de ese acontecer, pero ¿cómo es posible la percepción de esas verdades? ¿Qué hace presencia a la palabra poética? Para resolver estas cuestiones he de afirmar que la palabra no se limita a decir, porque lo que debe hacer está tanto en el modo de decir, como en aquello que despierta en quien la recibe, motivo por el cual va del lenguaje ordinario hacia lo connotativo que le permite hacerse presencia. Subyace en estos detalles una cuestión fundamental: la relación que guarda la palabra poética con la imagen, en tanto que “la imagen se convierte en continuación del objeto, lo que viene después de él, lo que queda y permite disponer de él aún cuando no queda nada”
(BLANCHOT, 1969, pág. 21) Por ello la construcción de la imagen es un proceso fundamental en el cual recae uno de los factores más complejos de la creación poética, dado que la convergencia de las palabras es el elemento por medio del cual se edifica de nuevo el acontecimiento; es a través de esta como se preserva de modo que al llegar al receptor pueda ser experimentado con la misma fuerza e impacto con la que ha sido escrito, en palabras de Johannes Pfeiffer: “la verdadera poesía dice algo que sólo puede ser experimentado en el alma a través de una configuración verbal determinada” (PFEIFFER,
1934, pág. 15)
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La imagen poética creada por él debe ser insustituible, garantizando que lo que dice sea tan absolutamente consistente de manera que no se pueda tener acceso a una determinada vivencia de no ser por la confluencia de sus palabras; por ello debe estar atento a lo que pierde o gana el poema en el efecto que produce a través de su manera de decir, de su construcción como lenguaje.
Para construir la imagen el poeta accede al ámbito de lo metafórico, construye a través de él un espacio simbólico, en cual mediante el relacionamiento de las palabras erige diversas formas de significación a través de las cuales plasma la confluencia de la contemplación y el acontecer. La metáfora será entonces ese cuerpo abierto dispuesto transformarse para expresar la totalidad a través del fragmento.
Tal es en síntesis del principio del enmudecer: “un lugar vacío donde el hombre en efímeros instantes logra descubrir el juego de las imágenes haciendo y deshaciendo su realidad” (MAILLARD, 1992, pág. 446) un espacio en el que se penetra a partir de la palabra-grieta.
La Otra Orilla
Ese lugar que siempre ocupó la mirada
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Por eso puede pensarse con certeza que todo poema verdadero se desliza en la piel del otro, hace una marca en su historia y se completa cuando se hace efecto, cuando finalmente vibra, manifestando allí la poesía. La esencia del poema estriba en el espacio en el que el hombre percibe el reflejo de lo sensible y en ello se reconoce; no sólo se trata de la articulación perfecta de la palabra, o de la expresión de un sentimiento simplemente en el decir, sino en la reflexión tejida sobre el mundo.
En suma esta comprensión de la poesía consolida en gran medida la relación que guarda con lo real y cómo esta se constituye a su vez en una posibilidad de conocimiento, al centrarse en los problemas humanos que nos circundan la expresión poética se convierte en “creadora de un espacio comprensivo, mediadora entre la realidad pre-sentida y su presencia expresa (…) es apertura para la visión, un camino para la visibilidad, estado de atención y posibilidad de conocimiento” (MAILLARD, 1992, pág. 181)
No parece haber hasta este punto espacio para una poesía que no entregue al hombre el mundo como presencia, convergencia entre la realidad, la mirada y el filtro que de ello realiza el pensamiento puesto en el lenguaje; poder impregnar nuestra existencia de esa posibilidad, nos permite recuperar e incluso elaborar un sentido frente aquello que vivenciamos; la experiencia poética será “revelación del hombre de sí mismo y para el mundo de su condición auténtica” (GARCÍA MAFFLA, 2009, pág. 24) Contemplar será entonces un estado de percepción abierta y profunda, acontecer el momento en que el poeta se integra a la vivencia y la apropia, para luego enmudecer: transformar la vivencia en creación a través de la palabra.
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