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12.1. LA NARRATIVA DEL EXILIO (RAMÓN J. SENDER, FRANCISCO AYALA.

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Academic year: 2022

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ÍNDICE:

12.1. La narrativa del exilio (Ramón J. Sender, Francisco Ayala...) y la novela en los años cuarenta:

novela nacionalista, novela fantástica, tremendismo (Camilo José Cela) y novela existencial (Carmen Laforet).

12.2. La novela de los cincuenta (Camilo José Cela): novela social y novela neorrealista (Rafael Sánchez Ferlosio).

12.3. La novela de los sesenta y principios de los setenta (Luis Martín-Santos, Miguel Delibes, Juan Benet, Juan Goytisolo, etc.).

LA POSGUERRA.

Situación socio-económica y cultural:

La Guerra Civil provoca un corte muy profundo con la tradición anterior: quedan rotas o abandonadas las tendencias renovadoras y experimentales impulsadas por Baroja, Unamuno o Valle-Inclán. Ni siquiera las propuestas más próximas de Pérez de Ayala, Miró o Jarnés tienen continuadores. Una serie de datos nos ayudan a configurar este panorama:

-Aislamiento cultural.

-Falta de maestros (muertos o en el exilio).

-Censura (incluso al 98, al 68...). Incluso "doble censura" (eclesial y política).

-Auge de las traducciones (W.S. Maugham, Pearl S. Buck...) para llenar el hueco editorial.

-Novela evasiva (Carmen de Icaza) o de Guerra: García Serrano escribe La fiel infantería (1943), exaltación de los vencedores, pero que fue censurada por motivos morales.

LA NOVELA DEL EXILIO.

Tras los intentos vanguardistas de los años treinta la novela se orienta hacia una novela social comprometida con los conflictos políticos que desembocarían en el conflicto del 36. Como consecuencia de la defensa de la causa republicana por parte de estos escritores, la mayoría se vieron forzados al exilio. Desde los países de Latinoamérica siguieron escribiendo y publicando, pero sus obras apenas fueron conocidas en España a causa de la censura.

Entre los exiliados figuran novelistas como RAMÓN J. SENDER (1901 - 1982), es el más representativo de la novela en el exilio. Su producción, caracterizada por el compromiso ideológico y de uso de una personal técnica realista, es muy extensa y variada, aunque de calidad desigual.

Escribió varias obras de tipo realista y social, entre las que destaca Mister Witt en el cantón con la que recibió el premio Nacional de Literatura. Durante el exilios su producción se amplió, Crónica del

12.1. LA NARRATIVA DEL EXILIO (RAMÓN J. SENDER, FRANCISCO AYALA...) Y LA NOVELA EN LOS AÑOS CUARENTA: NOVELA NACIONALISTA, NOVELA FANTÁSTICA, TREMENDISMO (CAMILO JOSÉ CELA) Y NOVELA EXISTENCIAL (CARMEN LAFORET).

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alba, en la que evoca su pasado, y Réquiem por un campesino español está considerada su obra maestra, retoma el tema de la guerra civil.; MAX AUB (1903 - 1972), desde el exilio escribe lo mejor de su obra, autor de novelas agrupadas en el ciclo El laberinto mágico; FRANCISCO AYALA (1906 - 2001), autor de Muertes de perro (1958) y El fondo del vaso. En su obra reflexiona sobre temas como el poder, la violencia, la degradación,… y ROSA CHACEL (1898 - 1984), en el exilio escribiría Memorias de Leticia Valle (sobre experiencias erótica de una adolescente), Barrio de maravillas, de carácter autobiográfico. En su obra no se aprecia el compromiso político de otros exiliados, sino que continúa el camino del intelectualismo que ya había iniciado antes del exilio.

LA NOVELA EN LOS AÑOS 40

1. La visión de los vencedores (NOVELA NACIONALISTA): se trata de novelistas que comulgaban con la ideología del régimen como Rafael García Serrano (1917 - 1988) con La fiel infantería (1943), Cecilio Benítez de Castro con Se ha ocupado el kilómetro seis (1939), Rafael Sánchez Mazas con La vida nueva de Pedrito de Andía (1942), Darío Fernández Flórez con Lola, espejo oscuro (1950). Todos estos autores se caracterizan por su tono idealista que trata de dar cuerpo a las ideas del Movimiento Nacional.

2. Los novelistas FANTÁSTICA y de humor: son un grupo de novelistas que escriben una literatura evasiva que intenta hacer olvidar la dura realidad del momento. Destacamos a Wenceslao Fernández Flórez con El bosque animado (1943).

3.- Pronto aparecerá una corriente conocida como TREMENDISMO, cuyo título más significativo es La familia de Pascual Duarte (1942) de CAMILO JOSÉ CELA, novela que intenta poner de manifiesto los aspectos más duros de la realidad para servir de revulsivo y crítica a la misma; se trata de una obra de argumento truculento que transcurre en el atrasado mundo rural de la España negra y en el que el protagonista mata a varias personas por distintos motivos. Se trata de una novela contada de forma retrospectiva, en la que los instintos priman sobre la inteligencia y cuya lectura es sencilla debido a la utilización de un léxico de uso habitual. El tremendismo consiste en una renovación de los temas y las técnicas del naturalismo más radical, puesto que se produce una selección de los aspectos más duros de la vida y los personajes, seres perdidos y no exentos de fatalismo, están determinados genéticamente por su nacimiento y socialmente por el medio en el que viven; a través de ellos se presentan conflictos propios de la existencia humana, entre los que destaca la incertidumbre del destino; predominan los ambientes sórdidos y el argumento incluye todo tipo de miserias materiales y morales, palizas, asesinatos, etc. En estas obras aparecen tarados, prostitutas, anécdotas espeluznantes y situaciones repulsivas.

Los grandes temas de estas novelas son: la soledad, la inadaptación social, la frustración y la muerte.

4.- De forma simultánea, una serie de novelistas comienzan a escribir un conjunto de obras conocidas como NOVELAS EXISTENCIALISTAS (realistas), cultivadas por novelistas como Camilo

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José Cela, Carmen Laforet, Gonzalo Torrente Ballester, Miguel Delibes, etc. caracterizadas por su realismo y por centrar su marco argumental en la cercana guerra civil o en los años sombríos, grises y domésticos de la posguerra, durante los cuales los personajes, individuos marginales, desarraigados o angustiados, soportan a duras penas su intrincado mundo interior y su falta de esperanza y de expectativas ante la vida. Los títulos más representativos son: Nada (1944) de CARMEN LAFORET, es su principal novela: una joven estudiante de 23 años. Fue el primer premio Nadal. Presenta la novela a una muchacha que había ido a estudiar a Barcelona, donde vive con unos familiares en un ambiente sórdido de mezquindad, histeria, ilusiones fracasadas, vacío..., rodeada de personas desquiciadas por la guerra, y que al acabar el curso viaja a Madrid "sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor". Todo contado con un estilo desnudo y un tono desesperadamente triste.

Después escribirá obras como La isla y los demonios (1952), La mujer nueva (1955), La insolación (1963)... Otro título representativo es La sombra del ciprés es alargada (1948) de MIGUEL DELIBES.

Las dos son obras representativas de la novela existencial caracterizada por su protagonista individual, su narración en primera persona, su tratamiento lineal del tiempo y el predominio del monólogo interior.

Este decenio supone un enriquecimiento de nuestro panorama novelesco. Siguen publicando autores de la época anterior (los denominados novelistas de la "promoción de 36": Cela, Delibes...) pero se producen unos hechos significativos que nos permiten hablar de nueva etapa. En 1954 coinciden cinco títulos importantes: El fulgor y la sangre, de Aldecoa; Los bravos, de Fernández. Santos; El Trapecio de Dios, de Ferrer-Vidal, Juegos de manos, de J. Goytisolo y Pequeño teatro, de A.M. Matute. En 1956 aparece El Jarama, de Sánchez Ferlosio: la corriente está consolidada. La mayoría de los críticos retrasan el inicio de esta época a 1951, año de la publicación de La Colmena, de Camilo José Cela. y La noria, de Luis Romero. También se citan como iniciadoras dos obras de Delibes: El camino (1950) y Mi idolatrado hijo Sisí (1953). Asistimos a unos profundos intentos de renovación, favorecidos por las circunstancias históricas: progresiva incorporación de España a la órbita internacional tras el anterior aislamiento; tímida liberalización intelectual y primera apertura de diálogo con los exiliados; evolución socio-económica del país (migraciones campo-ciudad); entrada de un multitudinario turismo extranjero; posibilidad de viajar fuera y de conocer una literatura diferente...

Se produce el surgimiento de una nueva generación de narradores. Aunque entre ellos existan sustanciales diferencias, comparten unos comunes supuestos ideológicos y participan de preocupaciones temáticas y formales semejantes. Su propósito es ofrecer el testimonio de un estado social desde una conciencia ética y cívica. Además pretenden que la literatura sirva de revulsivo político (literatura como arma política), aunque son pocos los que adoptan una postura extrema y la mayoría insiste en los condicionamientos artísticos de la obra literaria. Ahora el arte debe ser una representación de la realidad; la literatura, un instrumento de transformación del mundo, de ahí que se planteen la necesidad de un arte de “urgencia”, orientado a una

12.2. LA NOVELA DE LOS CINCUENTA (CAMILO JOSÉ CELA): NOVELA SOCIAL Y NOVELA NEORREALISTA (RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO).

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reclamación acuciante de justicia. La creación artística debe ser “un acto moral útil”, y debe dirigirse a un público lo más amplio posible, “a la inmensa mayoría” dirá Blas de Otero, recordando por oposición “a la inmensa minoría” de Juan Ramón Jiménez.

Dentro de la generación (llamada generación del 55 o del medio siglo) es posible distinguir una tendencia neorrealista y otra social. En la primera la crítica es más velada; posee caracteres humanitarios y puede considerarse como una primera fase de la novela político social. A esta tendencia pertenecen Ignacio Aldecoa, Fernández Santos, Sánchez Ferlosio, Ana Mª Matute o Carmen Martín Gaite. Los escritores sociales son, entre otros, Caballero Bonald, García Hortelano, Juan Goytisolo, Luis Goytisolo, Alfonso Grosso, Juan Marsé...

las técnicas narrativas, dos son los procedimientos que se emplean:

- La sociedad como tema narrativo

- Estructura sencilla con predominio de la narración lineal.

- Acción concentrada en un corto espacio de tiempo, a veces en un solo día o menos como en El Jarama de Ferlosio.

- Preferencia por las novelas de personaje colectivo (La Colmena, La noria, Los bravos, Los días de septiembre…)

- Enfoque objetivista de la realidad: la mirada del novelista es como la de una cámara de cine, recoge diálogos, vida, paisajes, sin intervención del narrador. Es la desaparición del autor.

- el realismo crítico, que es una denuncia de desigualdades e injusticias desde posturas dialécticas. Por esta línea puede llegarse a una mayor o menor distorsión de la realidad, pues ya no se trata de reproducirla, sino de explicarla, poniendo al descubierto sus mecanismos más profundos, y no sólo reflejar lo aparente (objetivismo).

- Importancia del diálogo, con una apropiada variedad de registros

- El lenguaje es como el de una crónica periodística, denudo, sencillo y directo.

- Preocupación por el contenido más que por la forma de narrar.

Los temas capitales de estos novelistas son la infructuosidad, la soledad social y la guerra como recuerdo y sus consecuencias. Salen a la España de los caminos en busca del pueblo perdido (en el esfuerzo estéril y el aislamiento: J. Goytisolo en Campos de Níjar) y alguno vuelve a la ciudad para encontrar otra parte del pueblo perdido (en el apartamiento de grupos y clases). Los protagonistas viven su soledad no de un modo individual, sino social:

barrios, círculos, grupos... Es una soledad engendrada por la desconexión entre ricos y pobres, trabajo y capital, campo y ciudad, pueblo y Estado. La razón última de esa soledad está en la división de los españoles, recrudecida por la guerra.(Ninguno de los novelistas ha escrito novelas sobre la guerra, pero en sus obras aparece como referencia, como trasfondo lejano, recuerdo o antecedente determinador.) En la temática destaca un desplazamiento de lo individual a lo colectivo: la sociedad española se convierte en tema narrativo. Los principales campos temáticos son:

-La dura vida del campo: Los bravos, de Jesús Fernández Santos (1954), Dos días de setiembre, de Caballero Bonald (1962).

-El mundo del trabajo, con las relaciones laborales: Central eléctrica, de López Pacheco (1958).

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-El mundo urbano, abarcando un amplio panorama (La Colmena, de Cela, 1951) o presentando el mundo de los suburbios y mostrando solidaridad con los humildes.

-La burguesía: Juegos de manos, de J. Goytisolo (1954).

Espacios. En general predominan los ambientes de intemperie: campo, mar, aldeas, arrabales...

El tiempo de la acción de estas novelas suele ser la actualidad, como corresponde al común intento de iluminar el presente. El espacio y el tiempo suelen concentrarse para conseguir una historia modélica.

El estilo se caracteriza por una deliberada pobreza léxica y por una tendencia populista a recoger los aspectos más superficiales de los registros lingüísticos populares o coloquiales. Pero no podemos decir sin más que estemos ante un estilo descuidado, pues en bastantes obras se muestra un notable interés por lo formal. Estos autores aportaron novedades, pero el contenido en ellos adquiere prioridad y a él se subordinan las técnicas elegidas; se antepone la eficacia de las formas a su belleza; y, desde luego, se rechaza la pura experimentación o el virtuosismo.

AUTORES.

MIGUEL DELIBES. El camino (1950), Las Ratas (1962) o Mi idolatrado hijo Sisí (1953) son obras de este periodo; las dos primeras de ambiente rural; la tercera narra la vida de las costumbres y la mentalidad de la burguesía provinciana. Caracterizan a Delibes unas dotes excepcionales de narrador, una insuperable capacidad para reflejar tipos y ambientes y un seguro dominio del idioma, que le permite acertar en los más variados registros, sobre todo en la autenticidad del habla popular.

JUAN GOYTISOLO. Está considerado por la crítica como el escritor más importante de la generación nueva por la amplitud y significación de su obra (Sanz Villanueva); es el portaestandarte del realismo crítico, pero su evolución le ha llevado hasta una nueva vanguardia narrativa. -Tiene un primer periodo de interpretación poética de la realidad: Juegos de Manos, 1954 (despiadada visión de la juventud burguesa); Duelo en el Paraíso, 1955 (sobre unos niños que, influidos por las circunstancias bélicas, juegan a la guerra). En ella destacan unos evidentes impulsos líricos que el autor reprimirá para conseguir un realismo más estricto. -A continuación, una postura crítico-social (La Resaca, 1958, novela, o Campos de Níjar, libro de viaje.

CAMILO JOSÉ CELA. En La Colmena (1951), retrato fiel -aunque incompleto- de una tristísima realidad presidida por el sexo, el hambre y el miedo, como tres dioses implacables, comparece el Madrid de los cuarenta a través de un nutrido censo de personajes (160), sin que ninguno posea entidad de protagonista. Cela es el novelista omnisciente que crea y manipula a su antojo seres y situaciones; los personajes se retratan hablando, pero el autor contribuye con palabras propias: no es una actitud conductista; el humor y una ternura soterrada se lo impiden. La novela está en el límite entre lo existencial y lo social, pero como claro precursor de la novela social de los cincuenta, aporta "tres notas estructurales: la concentración del tiempo, la reducción del espacio y la protagonización colectiva"(Sobejano).

RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO. El Jarama está considerada como la más clara representante novela del conductismo (aunque esta opinión también es puesta en duda por algunos). La novela carece de

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protagonista; se cuenta un día de ocio de unos jóvenes. Posee escaso interés argumental: salvo el triste incidente final, apenas pasa nada: los personajes charlan, se divierten, comen, se aburren...;

carece incluso de tema. El autor se limita a transcribir los distintos momentos de aquel día con una precisión desusada. Y todo esto nos hace entrar en un penoso aunque no siempre bien advertido drama de nuestro tiempo: la alienación de la vida cotidiana, reflejada en la alegre insustancialidad de aquellos jóvenes; su vacío, su vulgaridad.

En la novela domina casi por completo el diálogo. En la parte descriptiva aflora un escritor muy cuidadoso que puebla el relato de imágenes, comparaciones... y que interpreta los hechos, por lo que desaparece el conductismo puro.

El Jarama presenta una acertada configuración del personaje colectivo, una técnica cinematográfica y una transcripción eficaz del lenguaje hablado coloquial, pero bastante elaborado.

También destaca la cuidadosa estructuración: alternancia de dos centros generacionales: orillas del Jarama y la venta; al final se funden en una (la venta) salvo el episodio de la muerte de Lucita.

La obra posee un significado simbólico: oposición mundo joven-mundo adulto, aburguesado y conformista. Los que no se acomodan pierden a uno de ellos (los jóvenes que se quedan en la orilla).También ha sido destacada la condensación del tiempo: toda la novela abarca dieciséis horas.

En la base de la renovación de las técnicas de nuestra narrativa está la obra de algunos de los novelistas más importantes de la literatura del siglo XX: James Joyce, Marcel Proust, Franz Kafka (La metamorfosis) y William Faulkner; así como el influjo del Nouveau Roman francés o la narrativa hispanoamericana, con el auge del Boom que conoce en los años sesenta y setenta.

Los nuevos procedimientos narrativos son:

El punto de vista o posición del autor. Hay una búsqueda del objetivismo, pero la perspectiva suele ser múltiple. Progresivamente irá reapareciendo el autor omnisciente.

El tratamiento del la anécdota, el argumento se reduce al mínimo, se da paso a lo imaginativo, lo alucinante o irracional.

Los procedimiento de estructuración son diversos, predominan las secuencias, separadas entre sí por espacios en blanco, sin numerar. En la estructura interna destaca el uso del contrapunto, la técnica caleidoscópica, el desorden cronológico y el flash-back.

Los personajes son más individuales que colectivos y suelen estar anulados por el entorno.

Las personas de la narración: se sigue utilizando la primera y tercera persona, pero es más novedoso el uso de la segunda persona, con un Tú autorreflexivo.

Se utiliza menos el diálogo y cobra mucha fuerza el estilo indirecto libre: que es una modalidad intermedia entre el estilo directo y el indirecto que se caracteriza por la ausencia 12.3. LA NOVELA DE LOS SESENTA Y PRINCIPIOS DE LOS SETENTA (LUIS MARTÍN-SANTOS,

MIGUEL DELIBES, JUAN BENET, JUAN GOYTISOLO, ETC.).

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de los verbos dicendi introductores del diálogo, por las transformaciones gramaticales propias del directo y por la pausa representada por los dos puntos, característica del directo.

Por medio de este recurso el punto de vista del narrador y del personaje se confunden y es difícil separar lo que corresponde a cada uno de ellos; y el monólogo interior que consiste en la reproducción en primera persona de los pensamientos de un personaje con el desorden lógico con el que brotarían de su conciencia. Cinco horas con Mario es un largo monólogo interior en el que Carmen nos muestra su pensamiento, con todos sus prejuicios y sus obsesiones. Es te recurso aparece de manera frecuente en Tiempo de silencio.

Se generaliza el lenguaje poético de sintaxis compleja donde cabe todo: prosa poética, fotos, dibujos, documentos históricos, textos periodísticos…

Desmitificación de héroe: el protagonista va a ser en muchas ocasiones un ser desvalido, arrastrado por las circunstancias, sin voluntad para oponerse a ellas es el caso de Tiempo de silencio. En otras ocasiones, aparece con una mentalidad estrecha y cerril, con caracteres del antagonista de la novela tradicional: Cinco horas con Mario. Son dos tipos de antihéroe. El héroe colectivo, sin protagonismo de personajes individuales aparece en La colmena.

El tratamiento del tiempo se produce una reducción del los límites cronológicos: La colmena, dos días y medio y en Cinco horas con Mario la parte central se desarrolla en una sola noche, esto lleva consigo una reducción espacial en el caso de la Colmena los espacios son variados pero de una única ciudad, Madrid y en el caso de Cinco horas con Mario en el despacho del difunto.

 Autores.

JUAN MARSÉ. En 1966 publica Últimas tardes con Teresa. Es una obra aún de contenido social: crítica de la burguesía catalana, representada en este caso por la juventud universitaria. Con Si te dicen que caí (1973) completó su amarga visión de la posguerra barcelonesa, en los barrios pobres de la ciudad.

JUAN BENET se consagra como creador de un vasto ciclo novelesco localizado en el espacio mítico de Región. En opinión de Ángel Basanta, "desde Volverás a Región (1967) y Una meditación (1970) hasta Saúl ante Samuel (1980), que en muchos aspectos constituye la culminación de la saga regionata. La narrativa de Benet, considerada por algunos como paradigma de la modernidad, es un intento de comprender la ruina y la soledad de unos lugares y unas gentes perfilados como una alegoría de la España contemporánea y de su historia". Benet rechaza toda imitación de la realidad y se dedica, en su incesante renovación formal, a la destrucción de los elementos tradicionales del relato (acción, personajes, espacio, tiempo...).

MIGUEL DELIBES llega a la cumbre de su narrativa con Cinco horas con Mario (1966), obra formada por una introducción y una conclusión que enmarcan un largo monólogo interior de una mujer que vela a su marido recién fallecido. Dos sentimientos se debaten en su interior:

la culpabilidad por un adulterio (deseado pero no cometido) y la frustración, porque considera que su marido la ha postergado injustamente.

JUAN GOYTISOLO se une a este nuevo rumbo de la novela con Señas de identidad (1966).

Su estructura es muy compleja; en ella se dan todas las innovaciones posibles: cambios de punto de vista, disertaciones, monólogos interiores, textos periodísticos, de folletos turísticos, de informes policiales; frases en francés, alemán o inglés; ruptura de la línea y escritura en versículos; páginas enteras sin signos de puntuación; superposiciones y entrecruzamientos de planos temporales distintos... Todo ello posee una motivación clara: la

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búsqueda del personaje-autor de su propia identidad y, a la vez, revisión del pasado nacional: de su historia, su cultura, sus tradiciones. Esta línea continúa en Reivindicación del conde don Julián (1970) y Juan sin Tierra (1975), formando la trilogía de "La destrucción de la España sagrada".

GONZALO TORRENTE BALLESTER alcanza la fama con La saga/fuga de J.B. (1972), en la cual se lleva a cabo la parodia de la novela experimental y la recuperación del arte de contar historias en la novela

LUIS MARTÍN SANTOS. La principal novedad en Tiempo de Silencio no está en los temas (frecuentes en la narrativa de su época: la vida de los pobres y de las clases medias, la fisonomía de la ciudad, la abulia de las gentes), los personajes o el argumento. Está en el nuevo planteamiento discursivo propuesto por su autor, en el uso de técnicas narrativas innovadoras (frente a la escasez de recursos de la novela social), siempre puestas al servicio de una intencionalidad crítica. El relato se ofrece a un lector que debe interpretar los hechos y extraer sus conclusiones personales. Estamos ante un texto libre dirigido a un lector libre, activo. Martín Santos es deudor, en gran medida, de la obra de Joyce, Ulysses, punto de partida real para la composición de Tiempo de Silencio. Martín Santos continúa la evolución narrativa iniciada por Joyce, aunque con intención diferente, y por otros caminos. MARTÍN SANTOS acude al empleo de una variada gama de voces y puntos de vista. En el relato aparecen las tres personas narrativas; el enfoque objetivo alterna con el subjetivo. Son escasos los capítulos donde no se da la narración omnisciente que permite al narrador, además de contar, enjuiciar los hechos.

Referencias

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