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CAMBIOS EN NUESTRA GEOGRAFÍA MORAL

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NOVIEMbrE 2013 • PrECIO $2.500 ISSN 0716-0062 • SANTIAGO — CHILE • Nº 624

Rte. : Revista Mensaje, Cienfuegos 21, Santiago, Chile · Cód. Postal: 6500620, Casilla: 10445 · Teléfono: (+56 2) 2696 0653

CAMBIOS EN NUESTRA GEOGRAFÍA

MORAL

La resiliencia en la Biblia

Una innovación integral en las leyes laborales Reforma tributaria para la equidad

Nuevas advertencias sobre calentamiento global

Alfonso Baeza y una Iglesia para los trabajadores

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NOVIEMBRE 2013 NO 624 VOl. lxII

Fundador San Alberto Hurtado, S.J.

• Director Antonio Delfau, S.J. • Editor Juan Rauld

• Consejo Directivo José Arteaga, S.J., Rubén Morgado, S.J., Roberto Saldías, S.J., Fernando Verdugo, S.J., José Francisco Yuraszeck, S.J., Andrés Mardones • Consejo Ampliado Claudio Agostini, Fernando Atria, Matías Bernier, Ricardo Capponi, Jorge Carey, Car- los Casale, Javier Couso, Eduardo Engel, Alber to Etcheg aray, Juan Eduardo García-Huidobro, Ma- nuel Antonio Garretón, Sebastián Kaufmann, Pedro Irureta, Felipe Larraín, Guillermo Larraín, Sergio Micco, Sergio Molina, Claudio Orrego, María Luisa Pérez, Magdalena Piñera, Haydée Rojas, Andrés Solimano, Susana Tonda, Diana Veneros • Portada Jorge Reyes Henríquez • Diseño Mercedes Lincoñir H. • Redacción y Administración Cienfuegos 21, Santiago, Chile - Cód.

Postal: 6500620, Casilla: 10445 / Teléfonos: (+56 2) 2696 0653 – (+56 2) 2698 0617 - Fax: 2671 7030 / E-mail: rrpp@

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MENSAJE

2 cartas

4 editorial. Votar bien informados 6 comentario nacional

6 Chile: Cambios en la geografía moral, Sebastián Kaufmann 10 comentario internacional

10 Calentamiento global: La hora de la voluntad política, Javier García Monge 15 iglesia

15 La resiliencia en la Biblia, Stefan Vanistendael

18 Monseñor Alfonso Baeza y los trabajadores: “Como Iglesia, no estamos aún a la altura de los desafíos actuales”, Juan Rauld

23 El Concilio Vaticano II en la Teología de la Liberación, Sergio Silva, ss.cc.

24 La comunidad de los discípulos, p. Marcos Buvinic M.

29 sociedad

29 Reformas laborales (I): Un desafío central en la agenda de gobierno, Cecilia Cifuentes

31 Reformas laborales (II): En busca de una innovación integral, Ricardo Solari 33 Reformas tributarias (I): ¿Una puerta abierta a reformas más radicales?, Francisco Klapp

35 Reformas tributarias (II): Un paso hacia la equidad y la eficiencia, Andrea Repetto

38 Elecciones 2013: Expectativas, participación y doblajes, Mauricio Morales 42 ciencia

42 Ante la música y la literatura: Por qué el placer, Cristián Fierro C.

48 cultura

48 Fotografía. La misteriosa Maillen va a la ciudad, Jazmín Lolas 50 Pintura. “Objeto-sujeto”: Un Génesis privado, Camila Pistacchio 51 Cine. La cacería. Un inocente en la mira, Victoria Dannemann 53 Teatro. Trovarsi: Una posibilidad de encontrarse, Sebastián Ramírez 54 Teatro. Atentado: el pueblo contraataca, Sebastián Ramírez

55 Literatura. Lo rural y lo urbano en la narrativa de Óscar Bustamante, Eduardo Guerrero del Río

58 Libros, Rodrigo Pablo, Rosa Cruchaga de Walker, Mons. Carlos Pellegrin, Jorge Larraín y Adriana Valdés

64 Discos. Cómo no haberlos escuchado antes..., Fernando Berríos

“Un mensaje cristiano para el mundo de hoy”

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ca rta s

Sr. Director:

Académicos de la Universidad Alberto Hurtado han reflexionado en la prensa acerca del carácter de la uni- versidad pública y la necesidad de un nuevo sistema de educación superior que garantice calidad educativa y financiamiento a universidades privadas.

El carácter público de las universidades estatales es indiscutible, pues ellas reflejan una historia de pac- tos sociales y desarrollos académicos que garantizan el pluralismo, historia fundamentada en la autonomía universitaria, vulnerada ampliamente durante la dicta- dura y también hoy. La incorporación de universidades privadas al financiamiento estatal implicó acuerdos es- tructurales que hoy no existen para las universidades constreñidas por un Estado neoliberal y organismos que vulneran la norma constitucional que define a las universidades como entes sin fines de lucro.

El fin del lucro en la educación, por sí solo, no ga- rantiza que las entidades académicas sean espacios pluralistas que favorezcan el desarrollo democráti- co del país. La existencia de proyectos confesionales u oligárquicos que actúan como empresas privadas que externalizan servicios públicos requiere de un nuevo pacto social. Este debiera garantizar que se constituyan en entes pluralistas, de excelencia aca- démica y, por supuesto, gocen de autonomía univer- sitaria. Mientras esto no ocurra y ante la demanda de gratuidad en la educación, sería conveniente que El estado no desvíe recursos a las universidades priva- das y priorice la reconstrucción de las universidades esencialmente públicas, hoy condenadas al autofi- nanciamiento.

Rodrigo Sepúlveda

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Sr. Director,

Permítanme reaccionar al artícu- lo de Francisco Taborda, S.J., sobre el Concilio Vaticano II y el “nuevo estatus” del sacerdocio (Mensaje 622, septiembre).

Concedo al autor que se puede descubrir un cierto desplazamiento de la idea de sacerdocio: desde la visión de un poder sagrado hacia un sentido más funcional, más “mi- nisterial”. Pero la historia posconci- liar ha demostrado, cincuenta años después, la particular dificultad de la Iglesia (y no solamente de la Je- rarquía) para abrirse a perspectivas mucho más evangélicas del estatus de los “presbíteros”.

En realidad, no importan tanto estas interpretaciones históricas del sacerdocio. El problema medu- lar es la generación y reproducción de este poder sagrado o de este mi- nisterio. Es valioso “que se vea que sea de Dios y no de los hombres”.

¿Cómo debe operar el encargo de Jesús de promover el pueblo de Dios y de trabajar para la salvación del mundo? ¿Cómo se transmite este encargo?

Los esfuerzos para rescatar apor- tes del Concilio que no han tenido mucha concreción hasta la fecha, no me parecen tan importantes como la tarea de volver a abrir el Nuevo

Testamento para descubrir las “no- vas et veteras”. Primero, es posible hacerlo abriendo la Carta a los gála- tas. Podemos escuchar a san Pablo relativizar la importancia de la ley y, concretamente, de “nuestra ley

“católica de hoy. ¿No vivimos, aca- so, bajo la ley cuando nos obligan a pensar y actuar de un modo deter- minado? Las normas históricas que se imponen no cuadran siempre con la verdadera “tradición de la libertad cristiana” que da la fe.

Con esta libertad me permito reflexionar sobre cómo impulsar la misión evangelizadora y salva- dora (“resguardar la Verdad”, di- rían algunos).

Merece ser recordada la elección del reemplazo de Judas en el grupo de los doce en los Hechos de los Apóstoles, episodio en el que “se presentó a dos” y se recurrió “a la inspiración de la oración para des- pués tirar a la suerte”, que cayó en Matías. Por otra parte, en los viajes misioneros de san Pablo, la creación de nuevas comunidades concluye a menudo con una “designación” de los presbíteros después de oración y ayuno comunitarios. Asimismo, el caso más relevante de la gran liber- tad del Espíritu Santo para inspirar autoridad o determinar su rol para la evangelización es precisamente

el de san Pablo. Él mismo se de- fiende de su investidura de após- tol, atribuyéndola a su experiencia de conversión, a su encuentro con el Señor en el camino de Damasco.

Él aclara que no tuvo contacto con los apóstoles sino hasta después del éxito llamativo de su ministe- rio donde los “paganos”. Y cuando este ministerio lo lleva a enfrentar al mismo san Pedro y ambos logran conciliarse, se “tendieron las ma- nos en señal de comunión”.

Después de volver a leer así el Nuevo Testamento, el cuestiona- miento a la gestión de la autoridad en la Iglesia.

Si los nombramientos de obispos inadecuados a través de las nuncia- turas, si el centralismo negativo del Vaticano, si los escándalos morales de los clérigos no se prestaran para serias criticas, si no se pudiera acu- sar de la decadencia del Cristianis- mo a las mismas estructuras y ge- neración de poder en la Iglesia, se podría seguir confiando que estas estructuras y estas normas son ins- piración divina. De lo contrario, me parece legítimo imaginar que pue- dan surgir nuevas maneras para ge- nerar la conducción, el pastoreo y el ministerio de la evangelización.

Paul Buchet EL “NUEVO ESTATUS” DEL SACERDOCIO

EL FUTURO NEGOCIO DE LA GRATUIDAD

2 NOVIEMBRE 2013

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Mensaje se reserva el derecho de extractar cartas de más de veinte líneas. Escríbanos a: [email protected]

Sr. Director:

Una serie de preguntas suscita el artículo del teólogo Anto- nio Bentué titulado “La experiencia creyente ante la realidad de Dios”, recientemente publicado en Mensaje.

En él parece afirmarse la incapacidad de conocer lo que trascienda al espacio y al tiempo. El binomio espacio-tiempo asoma como muralla infranqueable —se lo menciona veinti- cuatro veces en el texto— y esto resulta aplastante para el saber humano. ¿Puede haber en esto algo de agnosticismo?

¿O de fideísmo con experiencias subjetivas? Son solo pregun- tas, no afirmaciones.

Surgen, asimismo, interrogantes en otros puntos que plan- tea el artículo. Junto con Heidegger, la “nada”, la experiencia existencial de la angustia, la presunta y ridícula superioridad de la ciencia, aparece un indicio de conocimiento trascendente, que podría incluso aportar alguna felicidad. Cuando se alude a Stephen Hawking y se menciona que él no sabe situar el “límite metafísico de la física”, se observa otro indicio de que existe la posibilidad de franquear el límite espacio-temporal. Y, en ese sentido, es como si la “nada” pudiera tener algún rol en la búsqueda de “trascendencia positiva”.

Son temas que nos plantean preguntas a los lectores de esta revista y que podrían explicarse más profundamente.

Carlos Antonio del Canto Estimado Director:

En su edición de septiembre, Mensaje recordó a Pablo Neru- da con motivo de los cuarenta años de su fallecimiento. Me pa- rece valioso citar estas líneas, de las Memorias del Cardenal Raúl Silva Henríquez:

“Nunca he podido explicarme por qué misterioso impulso decidí regresar de Punta de Tralca a Santiago el lunes 10 de septiembre de 1973. Había planeado pasar un fin de semana más largo que lo usual, retornando el martes. Incluso me había dado tiempo para visitar a mi vecino de Isla Negra, el poeta Pa- blo Neruda, que ya estaba gravemente enfermo. Fui a pie, solo, y me quedé varias horas con él, en un ambiente inesperado de recogimiento y espiritualidad. Me habló largamente de sus

‘relaciones con Dios’, que habían sido ‘conflictivas’, pero que quería mejorar en esos días, que presentía como los últimos.

Fue una mañana hermosa. Cuando me iba, como si quisiera rubricar esta inusual conversación, que a la vez había sido un examen de conciencia, me regaló un bellísimo poema sobre una iglesia en una pradera de Francia, que reflejaba exactamente sus sentimientos. Me emocionó este poema como pocas co- sas antes en mi vida. Tal vez porque vi en Neruda la cercanía de la muerte...”.

Jaime Ruiz-Tagle EL CARDENAL Y NERUDA

MISIóN TERRITORIAL 2014

LA EXPERIENCIA CREYENTE Sr. Director:

La Iglesia se apresta a vivir un tiempo de gracia: la Misión Territorial del año 2014, que venimos preparando a nivel nacio- nal y en las diócesis con gran esperanza, y cuyo signo formal de apertura daremos los obispos, Dios mediante, en la Asamblea Plenaria de abril próximo.

Salir a anunciar a Jesucristo, Buena Noticia, siempre es un desafío entusiasmante en la misión creyente. Mucho más si se hace en una perspectiva de encuentro con las personas y sus culturas, en su diversidad de realidades.

Desde la V Conferencia General del Episcopado Latinoame- ricano (Aparecida, 2007), la Iglesia ha tomado una conciencia más clara y activa de su identidad discipular, misionera y servi- dora, y ha situado el centro de esa identidad en la perspectiva del encuentro con Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. Por eso la Misión Continental consiste en un caminar hacia un “esta- do permanente de misión”, supone un proceso de conversión personal, pastoral y estructural, y nos interpela en el ejercicio de discernir los signos de los tiempos para reconocer el paso de Dios por nuestra vida y nuestra sociedad.

En este Año de la Fe, de la mano del papa Francisco hemos sido revitalizados con su invitación entusiasta a “hacer lío”, a salir a compartir con otros el rostro cercano y misericordioso de una Iglesia llamada a ser “hospital de campaña”. En nuestra Asamblea Eclesial Nacional la definimos como una “Iglesia que escucha, anuncia y sirve”.

En ese espíritu emprendemos la Misión Territorial del año 2014, inspirada en la invitación del Señor “Remen mar aden- tro y echen las redes” (Lc 5, 1-11). Nos anima la certeza de que en Cristo la vida es abundante y, como hemos manifestado los obispos en nuestra Carta Pastoral “Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile”: “A Cristo tenemos que escu- charlo, amarlo y seguirlo como verdaderos discípulos. Por Él debe recomenzar nuestro camino. En Él debemos reencontrar nuestra credibilidad más que en nosotros”.

Queremos ir al encuentro de las personas, de cada una, para anunciar y compartir con todos que Jesucristo es fuente de Vida en abundancia. Visitaremos los hogares para compartir con las familias de hoy en torno a su vida, sus anhelos, sus proble- mas y esperanzas. Visitaremos, además de los hogares, otros lugares de nuestro extenso Chile donde se congregan las per- sonas, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad y abandono.

Sin distinción, todos somos invitados a ser misioneros. No nos interesa copar territorios ni hacer proselitismo. Solo que- remos compartir, “por desborde de gratitud y alegría”, nuestro propio testimonio de habernos encontrado con Jesucristo, Ca- mino, Verdad y Vida. ¿Nuestro sueño? Que el Señor Resucitado encienda nuestro corazón y el de las personas que visitaremos, como lo hizo con los discípulos de Emaús en la fracción del pan.

+ Ignacio Ducasse Medina, Obispo de Valdivia, Secretario General de la Conferencia Episcopal

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Votar bien informados

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E

l proceso previo a las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales (CORES) se ha dado en un clima en el que predo- minan grandes expectativas. También, a la vez, una cierta desesperanza por cam- bios que no llegan. Se esperan reformas constitucionales, mayor democratización y correcciones al sistema económico. Se trata de expectativas fundadas en pro- puestas procedentes de casi todo el arco político y que permanecerán, cambie o no la coalición gobernante. Por eso, pode- mos afirmar que —después de innume- rables manifestaciones de diversos mo- vimientos sociales— en esta elección el sistema político es sometido a prueba y los chilenos vivimos un escenario donde es fundamental un voto ciudadano res- ponsable e informado.

Una serie de variables ha dificulta- do el logro de dicho sufragio. Compiten nueve candidatos muy diversos a la Pre- sidencia de la República y se presentan numerosas listas de postulantes al Con- greso y CORES. La campaña electoral ha mostrado propuestas dispersas, predo- minando controversias al interior de las coaliciones o debates referidos a temas accesorios. No han faltado las ofertas po- pulistas y demagógicas. A este cuadro

tica y se adecue a los requerimientos ac- tuales del país. La ciudadanía exige más participación, lo que ha expresado des- de hace algunos años a través de cau- ces distintos a los tradicionales. Por otra parte, existe cierto consenso en atenuar el fuerte presidencialismo vigente. Asi- mismo, hay un creciente acuerdo para corregir el sistema electoral binominal, incluyendo a partidos que hasta ayer lo defendían. Además, el agotamiento del ciclo de crecimiento exige una nueva po- lítica de desarrollo nacional que mejore la productividad, agregue valor a la pro- ducción en áreas en las que Chile tiene ventajas comparativas, y enfrente el dé- ficit energético con visión de Estado y acuerdos de largo plazo. Hace años que son fuertemente reclamados cambios en educación y todas las candidaturas los contemplan, en mayor o menor grado, en sus programas. Las legislaciones laboral y tributaria también deben ser perfec- cionadas, por su directo impacto en el combate a la pobreza y en la reducción de las desigualdades.

Mensaje quiere informar. Por eso, del mismo modo como en números anterio- res ofreció distintas aproximaciones a las reformas previsional y de la Consti- tución, en esta edición aborda los temas debemos agregar las técnicas de mar-

keting político en boga, el desinterés de algunos dirigentes por abordar temas de fondo y cierta incapacidad de los medios de comunicación para recoger un debate sustancial.

Un sufragio que efectivamente pue- da responder a una seria deliberación encuentra, así, obstáculos objetivos en Chile. Y, a pocos días de las elecciones, no se observan suficientes esfuerzos por favorecer que los electores puedan de- cidir bien informados, libremente y en conciencia.

Necesidad de cambios

La idea de efectuar cambios se en- cuentra presente de manera bastante transversal, pues se reconoce que el mo- delo vigente, habiendo generado innega- bles avances, produce insatisfacciones y se muestra insuficiente para responder a las aspiraciones y necesidades de los chilenos.

La expectativa por esos cambios pue- de observarse en distintos ámbitos. Un sector importante de nuestra sociedad considera necesario efectuar gruesas modificaciones a la Carta Fundamental para que sea verdaderamente democrá-

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MSJ editorial

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tributarios y laborales. Creemos que la estructura de impuestos puede ser más justa y efectiva, dada su capacidad de redistribuir recursos dentro del país. La legislación laboral requiere cambios que favorezcan una verdadera interlocución entre los mundos de la empresa y del tra- bajo, un real diálogo social que permita que los frutos del crecimiento y la inver- sión beneficien a todos los chilenos.

espacios para iNformarse y debatir

Las condiciones en que se ha dado la campaña electoral confirman que queda un largo camino para que el debate polí- tico-electoral genere igualdad de opor- tunidades a todos quienes ofrezcan pro- gramas de gobierno.

Hoy los medios de comunicación otor- gan más espacio y tiempo a los candida- tos mejor posicionados —asumiendo sus eventuales perspectivas de triunfo—, lo que ha constituido un desequilibrio. Tam- bién, la franja televisiva destinada a di- fundir las ideas de los postulantes ofrece tiempos mínimos. Se limita así la posibili- dad de un voto responsable, debidamen- te informado. Esta es una meta deseable, aunque la exagerada cantidad de postu-

517 ben informarse de las opciones y decidir en conciencia el camino que más contri- buya al bien común. Para los cristianos este es un deber insoslayable. Más aún hoy, cuando están en discusión cam- bios significativos y de amplia repercu- sión para el futuro de Chile. Debemos promover la participación y el ejercicio responsable y solidario de la ciudadanía:

nos debe preocupar que en las pasadas elecciones municipales haya habido cin- co millones de ausentes. Un masivo com- promiso ciudadano, ejercido a través del voto, puede ayudar a legitimar y apremiar los cambios que tantos demandan para que, sin perder lo avanzado en las últi- mas décadas y corrigiendo los errores y carencias que afectan a muchos chilenos, se pueda caminar hacia un desarrollo in- tegral del país.

Mensaje Noviembre, 2013 Las condiciones en que se ha dado la campaña electoral confirman

que queda un largo camino para que el debate político-electoral genere igualdad de oportunidades a todos quienes ofrezcan progra-

mas de gobierno.

lantes a la presidencia la haga difícil. Son muchas las variables que atentan contra el ejercicio plenamente democrático. Los medios de comunicación en Chile están alarmantemente concentrados en su pro- piedad, ideológicamente sesgados, con escasa pluralidad de tendencias. Hay de- bilidad o ausencia de medios regionales y no contamos con una televisión o radio auténticamente públicas. Ante tales va- cíos, el intercambio de ideas está condi- cionado por las lógicas del rating, lectoría o audiencias, es decir, del resguardo de los intereses particulares de cada medio, tanto comerciales como ideológicos.

el deber de votar bieN iNformados

En varias oportunidades hemos insis- tido en la necesidad de que los chilenos tomen conciencia del valor que tiene su voto. Como individuos responsables, de-

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Chile: Cambios en la geografía moral

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P

ese a la apariencia, en materia de la interpretación de nuestra historia y dis- cusión sobre los valores nacionales no nos movemos en el puro desacuerdo.

Las sociedades van progresivamente encontrando consensos sobre lo bueno y lo malo. Paulatinamente, se van consolidando lo que quisiera llamar “fronteras morales”. Así como existen fronteras geográficas, existen fronteras morales que definen los límites de lo permitido, lo prohibido, lo demandado y lo sugerido, lo valioso y lo oprobioso, si bien siempre dentro del conflicto de interpretaciones las comunidades humanas van logrando ciertos consensos normativos. ¿Qué fijan las fronteras morales? Los seres humanos las establecemos, y así como las fronteras muchas veces siguen ciertos accidentes geográficos tales como ríos, montañas, océanos, existen ciertos eventos políticos que ayudan a fijar las fronteras morales de un país. Pero al igual que las fronteras geográficas, las fronteras morales no son estáticas.

Los últimos cuarenta años han sido un notable ejemplo del desplazamiento de las fronteras morales. Así fuimos pasando de la negación de las violaciones a los dere- Sebastián Kaufmann Salinas

Académico del Departamento de Filosofía, Universidad Alberto Hurtado

Hemos comenzado finalmente a hacernos preguntas éticas fun- damentales: ¿qué sociedad queremos construir?, ¿qué tipo de convivencia nos queremos dar?, ¿qué valores serán los determi- nantes…? Y nos damos cuenta de que muchos de los “consensos”

no son más que opciones que bien pueden cambiarse.

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MSJ comentario nacional

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chos humanos (los “presuntos desapa- recidos”, como hablaba un prestigioso diario de circulación nacional) a su jus- tificación (“no eran blancas palomas”, le gustaba decir a un importante sector vinculado a la dictadura), para luego a su condena más o menos unánime, aun- que siempre intentando relativizarla (“la historia de Chile no comienza en 1973”, escuchábamos).

Pero el último septiembre, aquel en que celebramos los cuarenta años del golpe, parece haber producido un terre- moto moral que modificó en muy poco tiempo lo que usualmente se modifica en muchos años. El “enjambre sísmico”, aquella seguidilla de eventos de mag- nitud menor que anticipa un gran movi- miento telúrico, lo produjo el inusitado interés que suscitó el recuerdo de esa fecha. Numerosos programas de televi- sión, abundantes publicaciones, semi- narios, coloquios, debates, hicieron que volviéramos nuestra mirada a nuestro pasado de una manera que hubiera sido difícil de preveer cuando celebramos los treinta años del mismo evento.

Un país qUe cambió

Es que en diez años cambió la geo- grafía moral del país. De pronto nos en- contramos con una juventud extraordi- nariamente politizada. Los que algu- na vez pensaron que la política era un asunto que solo interesaba a “los vie- jos” y que iba a ser progresivamente reemplazada por un cierto consenso de fin de la historia (a lo “Fukuyama”), donde la democracia liberal y el capi- talismo ya habían dicho la última pala- bra y solo nos quedaba contemplar la profundización de esas dos tendencias, se equivocaron rotundamente. Apareció

“el malestar”, es decir, esa paradoja de un país que, pese a que crece y progre- sa, experimenta una fuerte molestia y frustración. Los jóvenes salieron a las calles y de a poco fueron impregnando la agenda de los políticos, e “izquier- dizando” las propuestas de todos los sectores.

Comenzamos a hablar de lo “público”

sin ruborizarnos y descubrimos que las modernizaciones a las que el país había

519 Desplazamientos morales

Si en septiembre experimentamos un terremoto que cambió las fronteras mo- rales del país, como todo gran sismo fue precedido por un movimiento de capas y de una gran energía acumulada que finalmente se cristalizó. ¿Qué desplaza- mientos morales produjo este terremo- to de septiembre? Quisiera proponer al menos cuatro:

1. La condena irrestricta y unánime de las violaciones a los derechos huma- nos: Las fronteras morales del país se han desplazado hasta un punto donde unánimemente estas son rechazadas.

Como todo consenso normativo social, existen algunos miembros del cuerpo que no se adhieren a tal consenso. Pero, con el desplazamiento de las fronteras, esas personas o grupos experimentan un creciente aislamiento y marginación.

Aquellas posturas que alguna vez fue- ron parte de la “historia oficial” hoy aparecen en los extramuros de nuestra sociedad. Se vuelven posturas extran- jeras en el sentido literal de la palabra:

extrañas. La entrevista a Manuel Con- treras es un buen botón de muestra. In- cluso los más cercanos partidarios del régimen de Pinochet expresaron su re- chazo a las posturas del general y llevó a que un Presidente de la República de derecha revirtiera los beneficios que la izquierda le había otorgado a un grupo de militares condenados por la justicia.

2. La conciencia de la brutalidad y ar- bitrariedad de la dictadura: por mucho tiempo existió el relato de que la dicta- dura de Pinochet había sido en parte una excepción a otras brutales dictaduras.

El mismo Pinochet gustaba de autoca- lificar su régimen de “dictablanda”. El saldo de las violaciones a los derechos humanos no parecía tan abultado como el de otros regímenes. Se valoraba que el poder hubiera sido entregado pacífi- camente por un itinerario fijado por el mismo régimen y que se haya tolerado una oposición a partir de la década del ochenta. El último septiembre, en parte ayudados por las imágenes de la tele- visión, nos ayudó a terminar de tomar conciencia de que la dictadura de Pino- chet fue simplemente brutal y alcanzó sido expuesto en las últimas décadas te-

nían muchas sombras, que no habíamos visto o no habíamos querido ver. Quizás la principal lucidez que obtuvimos fue caer en la cuenta de que hemos estado viviendo en un régimen político que ha inhibido la expresión de las mayorías en forma considerable y en un régimen eco-

nómico que, si bien ha traído bienestar, ha sido diseñado para segregar y para otorgar bienes y servicios de primera y de segunda, al entregar mayormente al mercado la provisión de los bienes so- ciales de importancia.

El principal efecto que han tenido los últimos años marcados por movimien- tos sociales es una repolitización del país. Si la política tiene que ver con la constitución de un sujeto colectivo que se experimenta como actor, estos años han sido años de intensa politización, en la medida en que nos han permitido volver a sentirnos colectivamente au- tores de nuestra historia. El transcurrir político ha dejado de ser un destino que tenemos que experimentar pasivamen- te para pasar a ser algo que tenemos que construir por nosotros mismos. En- tonces, preguntas éticas fundamenta- les tales como qué sociedad queremos construir, qué tipo de convivencia nos queremos dar, qué valores serán los de- terminantes, pasan a ocupar un lugar central. El modelo político y económico que habíamos naturalizado como lo más razonable, como lo obvio, comienza a ser objeto de escrutinio y nos damos cuenta de que otros futuros son posi- bles y que muchos de los “consensos”

no son más que opciones que bien pue- den cambiarse.

Comenzamos a hablar de lo

“público” sin ruborizarnos y descubrimos que las moderniza- ciones a las que el país había sido

expuesto en las últimas décadas tenían muchas sombras que no

habíamos visto o no habíamos querido ver.

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niveles de crueldad que se asemejan a las dictaduras más tiránicas que conoció el siglo XX. Así, el mito de la excepcio- nalidad chilena en materia de dictadura, que ya se había comenzado a derrumbar cuando se descubrieron las millonarias cuentas bancarias de Pinochet en el ex- terior, se termina de caer al destruirse otros mitos, como el de la entrega pací- fica del poder (que hoy sabemos que fue por presión dentro del mismo régimen y en contra de la voluntad del dictador).

Incluso el mito de la inevitabilidad del golpe y del sacrificio de las Fuerzas Ar- madas por el bien de Chile se cae cuando constatamos que lo ocurrido ese 11 de septiembre fue parte de una maniobra política de alcances revolucionarios. El bombardeo a La Moneda, completamen- te innecesario desde el punto de vista militar, habla por sí solo de las motiva- ciones de los golpistas. El golpe no fue fruto de un callejón sin salida, sino del oportunismo y de una voluntad política clara de hacer una revolución de dere- cha perdurable, cuyos efectos aún los experimentamos en aquello que el abo- gado Fernando Atria ha resumido como

“la Constitución tramposa”.

3. Cómplices pasivos, la hora de los civiles: el presidente Sebastián Piñera, sin duda, fue un actor importante en el último septiembre. Particularmente re- levante fue la descripción que hizo de la responsabilidad moral de algunos civi- les al llamarlos “cómplices pasivos”, por no haber realizado todo lo que estaba en sus manos para impedir los abusos y atrocidades, por haber “mirado para el lado” o colaborado en el régimen sin cuestionar lo que estaba sucediendo.

Más allá de los esfuerzos que el Presi- dente hizo posteriormente por suavizar sus dichos para calmar la furia de su sec- tor, el concepto quedó lanzado con una importancia doble: fue dicho por el Pre- sidente de la República en un momento

simbólico y, más importante aún, por un Presidente que representa al sector que tiene entre algunos de sus más conspi- cuos miembros, precisamente, a perso- nas que podrían caer en la categoría de cómplices pasivos. Con esto se despla- za la mirada, desde la condena a algu- nos militares y a los violadores de los derechos humanos, a también a aque- llos civiles que instigaron, colaboraron y profitaron del régimen. Así, de pron- to comenzamos a hablar de la dictadu- ra cívico-militar, término más fiel con lo que efectivamente sucedió, y le comen- zamos a exigir a los civiles que se hagan cargo de su responsabilidad.

4. La discusión moral sobre el golpe:

una vez que parece conquistado definiti- vamente el terreno que nos permite con- denar sin vacilaciones las violaciones a los derechos humanos, la discusión se desplaza al golpe mismo y su justifica- ción moral. Las declaraciones de la Corte Suprema, del Congreso y de otros acto- res, llamando la atención sobre ilegali- dades en el régimen de Allende, no pa- recen convencernos tan fácilmente de la necesidad del golpe de Estado. La teo- ría del empate y de la distribución moral de las responsabilidades (“todos somos responsables del clima político que llevó al golpe”) parece insostenible. El golpe de Estado fue un quiebre de la institucio- nalidad, urdido y planificado fríamente, que permitió que un sector del país (mi- noritario) impusiera su agenda política y económica hasta el día de hoy. Por lo mismo, la discusión sobre la responsa- bilidad moral sobre el golpe es justa y necesaria. No se pueden equiparar las responsabilidades de, por ejemplo, el Partido Socialista, que en uno de sus congresos validó la vía armada, con la de un grupo que toma el poder por diecisie- te años con gravísimas violaciones a los derechos humanos, y torciendo la volun- tad democrática en forma perdurable.

extranjeros morales

Los desplazamientos morales pro- ducen que, de pronto, quienes se sen- tían en la propia tierra se sienten como extranjeros. Es la desazón que a veces experimenta la “familia militar” o gru- pos de ex oficiales. Son personas que, súbitamente, no se reconocen en su país, pues las gramáticas morales han cambiado de tal manera que no pue- den comprender los nuevos idiomas y sus propios lenguajes se vuelven ex- traños para la mayoría. No estamos en condiciones de juzgar la conciencia de aquellos que actuaron en otras cir- cunstancias y que hoy experimentan el repudio nacional. Los cambios en los consensos normativos dejan perdedo- res y ganadores. El tiempo transcurrido va separando las aguas. El juicio de la historia permite que algunos persona- jes denostados crezcan de estatura, al mismo tiempo que va hundiendo en la ignominia a otros.

Los consensos normativos no nece- sariamente son justos. Es posible que sociedades enteras se vuelquen en de- rroteros morales equivocados (como sucedió en la Alemania nazi), pero en general los juicios de largo plazo, como el que se va produciendo en Chile a cua- renta años del golpe, parecen ir cristali- zando las mejores convicciones morales de una sociedad.

más qUe reconciliación:

recUperación De los acUerDos normativos

Por mucho tiempo se habló de la re- conciliación. Hoy la sociedad chilena, es- pecialmente en sus bases, parece recon- ciliada. La mayoría de nosotros tenemos amigos con distintas posturas políticas y no nos sentimos divididos por ellas. La clase política es capaz de trabajar junta sin que el pasado establezca un muro infranqueable.

Por lo mismo, la discusión moral que tuvimos en forma intensa en septiem- bre, y que probablemente seguiremos teniendo en los meses venideros, más que estar orientada a la reconciliación me parece que debe dirigirse hacia la Si la política tiene que ver con la constitución de un sujeto colectivo que

se experimenta como actor, los últimos años han sido años de politi- zación, en la medida en que nos han permitido volver a sentirnos colecti-

vamente autores de nuestra historia.

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reconstrucción de nuestros consensos normativos fundamentales. Las socie- dades tienen disenso, lo que es saluda- ble, pero necesitan tener acuerdos mí- nimos que asienten confianzas y per- mitan construir un futuro común. Las crisis institucionales de la magnitud que experimentamos tienen como con- secuencia un quiebre fundamental del consenso normativo. ¿Si a mi compa- triota le pareció bien imponer su volun- tad contra la voluntad mayoritaria, qué me garantiza que no lo vuelva a hacer?

¿Si un grupo estuvo dispuesto a apoyar la vía armada, qué garantías tengo de que aquello no se repita? ¿Si un grupo de civiles estuvo dispuesto a colaborar con entusiasmo con un régimen que tor- turaba y mataba a los míos, cómo puedo volver a confiar en ellos? La única mane- ra de responder a estas preguntas es a través de una refundación de nuestros acuerdos normativos. Ese es el valor de los “nunca más” y de las peticiones de perdón. Más allá de la sinceridad de las expresiones y del uso abusivo de una institución de índole más bien personal que política, me parece que tienen el valor de ir fortaleciendo un nuevo con- senso normativo que nos permita tener un futuro común.

repatriar a los extranjeros El peligro que se produce cuando se desplazan las fronteras morales es que un grupo de conciudadanos se van

sintiendo crecientemente alienados en su propio país. Un país saludable debe siempre estar dispuesto a acoger a aque- llos que, por uno u otro motivo, comien- zan a sentirse extraños en su propia tie- rra por un cambio en las convicciones dominantes. Pero la manera para que ello sea posible no puede ser el relativi- zar las propias fronteras morales, pues ellas constituyen la comunidad política, como bien lo afirma Aristóteles. Más bien, se trata de que sean fronteras ami- gables, es decir, que puedan ser traspa- sadas por todo aquel que está dispuesto a sumarse a esos nuevos consensos. Las

“conversiones morales” no solo deben ser acogidas, sino alentadas.

Así, parece saludable que la concien- cia moral de Chile vaya evolucionando.

Ello significa que muchos actores van cambiando sus posturas. Es verdad que a veces puede estar motivado por opor- tunismo político (hoy aparecen muchos votantes por el “No” e incluso insospe- chadas víctimas de la tortura). Pero más importante es ser capaz de acoger a to- dos aquellos que quieran ayudar a forta- lecer los nuevos consensos normativos.

Quienes por diversas circunstancias han tenido la fortuna de haber apoyado pos- turas políticas sobre el pasado reciente de Chile que finalmente se han ido impo- niendo, no deben actuar con soberbia y pasar constantemente viejas facturas a aquellos que sostuvieron posturas hoy muy desprestigiadas.

Muchas razones existen para que al-

Parece saludable que la con- ciencia moral de Chile vaya evolucionando. Ello significa que muchos actores van cam-

biando sus posturas.

guien haya tomado determinadas posi- ciones. Pero esas razones, de índole más bien sicológica o sociológica, no deben usarse como excusa para haber abraza- do posturas morales que hoy aparecen como inaceptables. El juicio moral no debe relativizarse por las circunstan- cias personales. Cualquier adulto que ha actuado en la plenitud de sus facul- tades debe ser capaz de dar cuenta de sus actos, aunque esos actos hayan sido influidos por una atmósfera moral desfi- gurada. De lo contrario, tendremos que excusar a los criminales de la Alemania nazi y a tantos otros, con lo cual no ha- bría progreso moral. El que algunos de buena fe hayan adoptado actitudes mo- rales repudiables no los libra del juicio moral. Aquello tiene que ver con la trage- dia de la historia. Pero precisamente por- que la historia tiene algo de trágico de- bemos tener la capacidad de acoger de buena gana a quienes, después de haber reflexionado, se dan cuenta de que han tomado actitudes morales equivocadas.

Esa acogida, no excluye, sino supone, la justicia y la verdad. MSJ

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ace unos años, en estas mismas páginas escribíamos advirtiendo acerca de los inquietantes datos y perspec- tivas que se leían en el Cuarto Informe de síntesis del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés)1. Seis años después, el 27 de septiembre, el IPCC publicó el capítulo sobre ciencia del clima, del quinto infor- me de síntesis2. Es importante recordar que esta organización no genera ciencia. Su labor consiste en recopilar la literatura científica que ha sido publicada bajo el sistema de revisión por pares, evaluarla y elaborar la síntesis del conocimiento cientí- fico sobre los temas relacionados al cambio climático: ciencia del clima, adaptación y mitigación.

El mensaje de fondo es el mismo que hace seis años: el calentamiento del sistema climático es inequívoco; es extrem- adamente probable que la causa dominante de este calenta- miento, desde la mitad del siglo XX, sea de origen humano, y muchos de los cambios observados no tienen precedentes3. La diferencia con el anterior informe radica en el menor nivel de incertidumbre y en el mayor peso de las pruebas o testigos que soportan estas conclusiones.

nuevo informe sobre calentamiento global:

La hora de la voluntad política

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Javier García Monge Ingeniero Civil Industrial

El Panel Intergubernamental de Cambio Climáti- co de la ONU entregó a fines de septiembre un informe que refleja con claridad la necesidad de que las grandes potencias implementen pronto una solución sostenible en el largo plazo para afrontar este reto.

Se ha hecho ya innegable que ha surgido un patrón de cambio en las temperaturas, que es posible de discernir más allá de la variabilidad natural y que apunta a un calentamiento soste- nido a escala planetaria.

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523 no y óxido nitroso son las más altas en al menos 800.000 años. El océano ha absorbido el 30% del CO2 de origen antro- pogénico, causando su acidificación. Otros efectos de las variaciones de los patrones climáticos se pueden leer en el Informe.

EFECTOS QUE PERSISTIRÁN POR SIGLOS

Como vemos, hay una coincidencia de varios testigos dife- rentes que son convergentes en relación con una modificación del sistema climático, consistente con su calentamiento.

En general, el clima varía desde la escala horaria a la cen- tenaria y lo que llamamos “clima” es un promedio de varias décadas de parámetros observables, como temperatura, hu- medad y precipitación. En medio de todo el “ruido” de varia- bilidad natural del clima, ya se hace innegable la emergencia de un patrón de cambio, que es posible de discernir más allá de esa variabilidad y que apunta a un calentamiento sostenido a escala planetaria.

Las proyecciones climáticas para este siglo son tanto o más preocupantes que los cambios constatados hasta ahora.

La temperatura a fin de siglo aumentará en al menos 1,5° C comparado con el período 1850 a 1900 en tres de los cuatro escenarios utilizados por el IPCC (Caminos de Concentración Representativos —Representative Concentration Pathways);

un aumento de 2° C es probable en al menos dos.

El nivel del mar puede aumentar entre 26 y 82 centímetros en el resto del siglo, dependiendo del escenario. Se prevén cambios en los patrones de viento y precipitación, con dese- camiento en zonas relativamente secas y aumentos de agua en zonas ya húmedas. Los efectos del cambio climático per- sistirán por varios siglos, debido a la inercia del clima, aún si las emisiones de gases de efecto invernadero se detuvieran por completo.

PREDOMINARÁN LAS CONSECUENCIAS NEGATIVAS Las consecuencias de este cambio pueden ser graves. Se esperan efectos en salud, agricultura, pesca, turismo, diver- sidad biológica, energía, infraestructura y agua, por nombrar algunos de los sectores vulnerables.

Nuestra sociedad moderna, que conserva una raigambre agrícola fuerte, depende en forma sustantiva de servicios am- bientales asociados a la estabilidad de largo plazo del clima. Si bien algunos efectos pueden ser positivos, como la extensión de áreas de cultivos a latitudes altas, la mayor parte tendría efectos perjudiciales.

La comunidad mundial ha intentado, a través de la Conven- ción de Cambio Climático, encontrar un acuerdo global que permita estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero y limitar el aumento de temperatura, con respec-

1 Ver “Noticias inquietantes sobre el calentamiento global”, Mensaje Nº 557, marzo-abril 2007.

2 El informe está disponible en inglés en www.ipcc.ch

3 IPCC, 2013, The Physical Science Basis. Summary for Policymakers, página 3.

En términos específicos, la atmósfera baja se ha calentado y las tres últimas décadas han sido, sucesivamente, más cáli- das que cualquiera precedente desde 1850, año en el que se considera que comenzaron los registros instrumentales.

Asimismo, el océano se ha calentado a diversas profun- didades, siendo esto virtualmente cierto hasta 700 metros desde 1970, y considerándose probable que se haya estado dando desde 1850. El océano ha absorbido el 90% del ex- ceso de calor en el sistema climático en los últimos cuarenta años. Tanto Groenlandia como la Antártica han perdido ma- sas de hielo y el retroceso de glaciares se verifica en prácti- camente todo el mundo. La extensión del hielo ártico sigue disminuyendo. El nivel del mar ha aumentado 19 centímetros en los últimos 110 años y la tasa de aumento ha crecido en las últimas décadas, desde 1,7 a 3,2 milímetros por año. Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, meta-

IPCC, Estocolmo, 27 de septiembre.

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to al promedio preindustrial, a solo 2° C, siendo el ya obser- vado de 0,85°C.

En el momento actual, no se necesita más información sobre el cambio en el clima ni sobre su origen. Se requiere voluntad política a nivel de las grandes poten-

cias para avanzar en una solución de largo plazo para este reto.

Una parte importante de las alter- nativas que permiten mantener el nivel de desarrollo reduciendo sustantiva- mente las emisiones, ya está disponi- ble. En algunos casos, como en la efi-

ciencia energética, traen aparejados beneficios económicos, en otros, tienen costos más altos, al menos en el corto plazo.

Se espera que para la reunión de la Conferencia de las partes de 2015, se logre un acuerdo global que entraría en vigor en 2020. Ya no se puede esperar más. Nuestros líderes tienen la responsabilidad de dar respuesta a este desafío.

CHILE: REDUCCIÓN DE 20% EN EMISIONES

En Chile ha habido avances importantes en los últimos años.

El país se comprometió voluntariamente a reducir un 20% sus emisiones con respecto al crecimiento esperado para 2020, sobre la base del año 2007.

Un proyecto liderado por el Ministerio de Medio Ambiente, MAPS (Mitigation Actions Projected Scenarios) evalúa diferen-

tes acciones y programas de mitigación tanto en su potencial de mitigación de emisiones como en sus costos y/o beneficios económicos, a nivel de medida y en su impacto sobre la eco- nomía nacional.

En 2011 se publicó la Segunda Co- municación Nacional de Cambio Cli- mático, que incluye el inventario de emisiones hasta 2006 e información relevante sobre impacto en varios sec- tores productivos4. Se está trabajando en planes de adaptación y el corres- pondiente al sector silvoagropecuario fue lanzado a comienzos de noviembre.

Las empresas se preocupan de medir su huella de carbono y, en muchos casos, de mitigarla o reducirla. Aún falta más conciencia, a nivel de ciudadanos y organizaciones, de las im- plicaciones que puede tener este fenómeno y de las acciones necesarias para hacerle frente. Se requiere mejorar aún más la base de información sobre el fenómeno a nivel de país y de sus consecuencias posibles.

Con todo, Chile ha asumido una actitud responsable y cons- tructiva, participando en las negociaciones en una postura que alienta y promueve un acuerdo global ambicioso, donde se espera que los grandes emisores estén a la altura de sus responsabilidades, lo que permitirá a países como el nues- tro, sumarse a un esfuerzo que permita abordar esta proble- mática. MSJ

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Se espera que para la reunión de la Con- ferencia de las partes de 2015, se logre un acuerdo global que entraría en vigor en 2020. Ya no se puede esperar más.

4 http://www.mma.gob.cl/1304/w3-article-50880.html

Las conclusiones del estudio del IPCC están contenidas en un informe de 36 páginas que fue entregado en Estocolmo y que constituye la primera parte de una trilogía de documentos que terminará de ser difundida a con- tar del próximo año.

Fue elaborado gracias a la cola- boración de unos 800 expertos y se convertirá en una referencia funda- mental para el trabajo que continua- rá realizándose, así como de las ne- gociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC), cuya expectativa es lograr el año 2015 un acuerdo inter- nacional sobre el clima.

El IPCC se conformó en 1988 sobre la base de la coordinación de dos insti-

tuciones de la Organización de Nacio- nes Unidas, la Organización Mundial Metereológica (OMM) y el Programa Medioambiental de las Naciones Uni- das (PNUMA). Su sitio web es www.

ipcc.ch

En él se señala que “la función del IPCC consiste en analizar, de forma exhaustiva, objetiva, abierta y trans- parente, la información científica, téc- nica y socioeconómica relevante para entender los elementos científicos del riesgo que supone el cambio climáti- co provocado por las actividades hu- manas, sus posibles repercusiones y las posibilidades de adaptación y ate- nuación del mismo. El IPCC no realiza investigaciones ni controla datos rela- tivos al clima u otros parámetros per-

tinentes, sino que basa su evaluación principalmente en la literatura cientí- fica y técnica revisada por homólogos y publicada”.

“Una de las principales activida- des del IPCC es hacer una evaluación periódica de los conocimientos sobre el cambio climático. El IPCC elabora, asimismo, Informes Especiales y Do- cumentos Técnicos sobre temas en los que se consideran necesarios la información y el asesoramiento cien- tíficos e independientes, y respalda la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMCC) mediante su labor sobre las metodologías relativas a los inven- tarios nacionales de gases de efecto invernadero”.

INFORMES CONTINUARÁN EL PRÓXIMO AÑO

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EN R EL IE VE

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Un interesante aporte ha hecho a nuestra revista la oficina de los Archivos de la Compañía de Jesús, en Santiago: una fotografía de un grupo de juniores en 1960, en Padre Hurtado, entre los que se encuentra el actual papa Francisco.

Él figura en la fila de atrás, tercero de izquierda a derecha.

En la imagen aparecen, en primera línea, Francisco López, Omar Acosta y Raúl Ariztía. Al medio, Miguel Moreno, Ricardo Filsecker, Miguel Cabrera, José Ma- cadam y Juan Damián. Más atrás, Rafael Martilotti, Juan Eduardo García-Huidobro –ex decano de la Fa- cultad de Educación de la Universidad Alberto Hurta- do–, Jorge Bergoglio, Raúl Vergara y José Macagno.

CRISTIÁN DEL CAMPO, S.J., NUEVO PROVINCIAL El sacerdote Cristián del Campo, S.J., fue nombra- do nuevo Provincial de la Compañía de Jesús en Chile.

Reemplaza a Eugenio Valenzuela, S.J., quien ocupó ese cargo por seis años.

Del Campo se desempeñaba como capellán de TE- CHO, organización surgida del proceso de cambio que vivieron Un Techo para Chile y Un Techo para mi País, en las que él era capellán desde mayo de 2010.

El nuevo provincial nació en Santiago en 1970. Es- tudió en el Colegio San Ignacio El Bosque, del cual egresó en 1987. Se tituló de Ingeniero Comercial en la Pontificia Universidad Católica y trabajó durante un año, hasta que en 1994 ingresó al Noviciado de la Compañía de Jesús.

Estudió Filosofía y Teología en la PUC, y administra- ción de empresas en el Boston College de Estados Unidos.

En 2005 se ordenó de sacerdote en la Iglesia San Ignacio de Santiago.

En 2008, en Los Teques, Venezuela, inició la etapa de Tercera Probación. Luego, en Cambridge, EEUU, se

licenció en Teología y en julio de 2009 terminó la Ter- cera Probación.

En la Orden ha desempeñado diversas labores apos- tólicas. Entre ellas, director de Pastoral en la Univer- sidad Alberto Hurtado, coordinador del Programa de Ética Empresarial, director de estudios del Juniorado y vicesuperior de la Casa San Francisco de Borja. Se desempeñaba además como capellán de la corpora- ción de dirigentes “Todos somos chilenos” y delegado del Provincial para el voluntariado de “En Todo Amar y Servir”.

JORGE MARIO BERGOGLIO EN CHILE, 1960

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N

o existe hasta ahora una definición universalmente re- conocida de la resiliencia, como no la hay tampoco para el tiempo, el amor, el humor ni incluso… para Dios. En el plano pragmático, sin pretensiones intelectuales podemos decir que la resiliencia humana es la capacidad de una perso- na o de un grupo de ellas de crecer en presencia de dificulta- des muy grande. Este crecimiento se observa a la larga, nunca es absoluto, siempre es variable y se construye en interacción con el entorno.

Por lo tanto, podemos explorar este tema a partir de la ex- periencia humana. Podemos hacerlo porque, a fin de cuentas, son las historias personales las que más nos enseñan sobre la resiliencia, aunque debemos considerarlas cuidándonos de generalizaciones fáciles. Se trata probablemente más de una noción de vida que de un concepto estrictamente científico.

El célebre Diario de Anna Frank ilustra bien la resiliencia, sin jamás mencionar esa palabra. Su camino de vida, en efecto, sorprende positivamente, y es un signo de resiliencia, según el psicólogo argentino Ramón Lascano1.

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La Biblia sugiere que la felicidad —comprendida como ausencia de preocupaciones— es ilusoria frente a la experiencia real de la vida. Propone una felicidad entendida como plenitud de vida, de toda la vida, introduciendo una dinámica transcendente. Abre así la puerta a la —a priori—

loca esperanza de la resurrección, en el ámbito humano habitual.

La resiliencia en la Biblia

Stefan Vanistendael1 Sociólogo, demógrafo, Oficina Internacional

Católica de la Infancia, Ginebra.

1 Artículo publicado en Choisir Nº 643-644, 2013, pp. 26-29..

biblia MSJ

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EN LA BIBLIA

La dinámica de la resiliencia está muy presente en la Biblia2. Es, en el fondo, eminentemente bíblica: el paso de un mal o de un bien menor hacia un bien mejor, de la noche a la mañana, es un tema inscrito tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamen- to. Por ejemplo, en la historia del pueblo judío que atraviesa el mar, el desierto, la ocupación y el exilio, o en muchas otras his- torias individuales, como en los milagros de Jesús, difíciles de interpretar, todas tienen esa dinámica hacia “un plus de vida”.

Los salmos reflexionan, por su parte, sobre múltiples situa- ciones de vida e incluyen la desesperanza profunda. Pero no se trata de una desesperanza aplastante que no deja espacio a ninguna chispa de esperanza o vida. Los salmos cantan una dinámica de vida, a menudo a través y en contra de todo, que tiene sus raíces en la presencia evidente o discreta del Señor.

Pocos relatos ilustran mejor los procesos complejos e ínti- mos de resiliencia que el de José y de su familia (Gn 37, 39-47).

José sufre injusticias, en primer lugar de sus hermanos, después en Egipto. Podemos compren- der la irritación inicial de sus hermanos ante lo que aparece como arrogancia en José, pero esto no justifica la traición bru- tal que le hacen. José se recupera gracias a sus propios recur- sos interiores y, sobre todo, gracias a su Dios. Su situación se transforma. Pasa de ser un excluido a ser una persona estima- da, primero por los egipcios, después por su propia familia. Él perdona a sus hermanos; es un acto muy fuerte de apertura a la vida para ellos, pero también para el mismo José.

Los procesos de resiliencia conciernen a la vez a José y su familia, y ellos se alegran tanto a nivel individual como colec- tivo. En paralelo, José prevé la hambruna catastrófica que ha- brá tanto para el pueblo de Egipto como para el de Canaán, lo que representa un compromiso efectivo, signo de resiliencia.

También la historia de Job parece tener una coherencia par- ticular y extrema con la resiliencia, entendida como articulación entre realismo y esperanza. Job es sometido a terribles sufri- mientos, físicos y de todo tipo. Él no ve salida. Sus amigos inten- tan convencerlo de su culpabilidad, apoyándose en un discur- so en apariencia religioso: reconocer esa culpabilidad le haría posible a Job mejorar su situación de Job. El propósito puede ser, quizás, bien intencionado, pero constituye una tentación y una trampa, porque le falta realismo espiritual profundo y puede suscitar falsas esperanzas.

Job prefiere enfrentar plenamente los males que lo tocan, con un realismo muy crudo, siempre respecto a la fe en Dios, aunque se trata de una fe que ya no le permite comprender lo

que le pasa. Job prefiere esa ignorancia, dura pero honesta, a una solución seudo-religiosa que engaña la vida. Finalmente, el realismo de Job conduce a una inesperada esperanza y a un mejoramiento de su situación. Encontramos allí el paso de un mal hacia un bien, pero en una dinámica muy extrema y que sucede en gran parte fuera del control de Job, en el abandono a Dios (una particularidad interesante en relación a la resiliencia).

HACIA LA PLENITUD

A veces la resiliencia también aparece en la Biblia de manera más implícita, bajo una forma reflexiva. Por ejemplo, en la carta de San Pablo a los Romanos que une esta dinámica al amor de Dios por nosotros, hasta el extremo (Rm 5, 1-11). El apóstol habla de la dinámica de transformación de un mal en un bien: “Más aún, nos sentimos seguros en nuestras tribulaciones sabien- do que la prueba produce la perseverancia, la perseverancia la fidelidad probada, y la esperanza no queda frustrada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5, 3-5).

No se trata de fuerza bruta, ni de perfeccionismo, sino de inteligencia de vida, de una sabiduría que integra también nuestras fragilidades, en una confianza fundada en la tras- cendencia.

Los primeros textos científicos sobre la resiliencia mencio- nan a veces la aceptación incondicional de la persona como un fundamento de la resiliencia3. ¿Es humanamente posible o es un asunto de Dios? En la Biblia, vemos emerger lentamente esta noción de reconocimiento incondicional de la persona humana por Dios, que culmina en Jesucristo, sin que esto implique la aceptación de cualquier comportamiento, lo que sería, de he- cho, más signo de indiferencia que de aceptación ¿Un ejemplo de realismo bíblico?

Veamos el texto del encuentro entre Jesús y Tomás (Jn 20, 24-29), sin tratar de adivinar los hechos históricos exactos sub- yacentes4. Parece traer un mensaje sobre el misterio de los acontecimientos. Jesús aparece en una suerte de plenitud, en una nueva etapa de vida, sin embargo y al mismo tiempo herido, con las marcas de la tortura recibida y de su paso por la muerte.

El paralelismo entre resiliencia y resurrección es sorprenden- te, sin pretender reducir una realidad a la otra. La sorpresa de reencontrar a Jesús, así, después de su muerte, ha sido total:

Jesús está en otra vida, que es a la vez para nosotros misterio y promesa de gracia.

Si hay coherencias, no faltan las diferencias: la nueva vida de Jesús comienza de alguna manera con su muerte desde la cual parece poder presentarse en el espacio tiempo sin estar limitado a las restricciones normales de esas dos dimensiones.

Y la perfección, en el sentido de una verdadera plenitud que no excluye las heridas, le gana la mano a un perfeccionismo hu-

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2 Este texto se basa en parte en un artículo de Stefan Vanistendael, “La résilience: à la recherche d’une espérance réaliste”, en Hokhma, Revue de réflexion théologique, n° 102, Agen 2012.

No es el estudio profundo de la Biblia lo que hace descubrir al autor la resiliencia sino, al contrario, es el estudio de la resiliencia el que ha llevado su atención a la Biblia, tanto en algunos de sus mensajes fundamentales, como en ciertos ejemplos concretos (Nota de la Redacción).

3 Cf. por ejemplo Emmy Werner, “Children of the Garden Island”, en Scientific American, abril 1989.

4 No las conocemos. A propósito se han dado todo tipo de interpretaciones, desde las más textuales a las más libres.

El paralelismo entre resiliencia y resurrección es sorprendente, sin pretender reducir una realidad a la otra.

MSJ biblia

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529 mano que no las admite. Pensar, en una plenitud así es menos

alienante, y en este sentido más realista, que la búsqueda de un paraíso sin fallas.

Esta forma de ver, vuelve obsoleto un viejo dilema de la espiritualidad cristiana, que opone la vida en la tierra a la vida en el más allá. Para algunos, de-

bemos concentrarnos totalmente en la vida terrestre sin pensar en el más allá, mientras que para otros, se tra- ta de lo contrario. Pero si la dinámica de vida frente a la muerte es, en el fondo, la misma que después de la muerte, bajo formas muy distintas,

esta oposición desaparece, y estamos llamados a contribuir plenamente a la vida aquí, en la tierra, en espera de una ple- nitud más allá de la muerte.

REALISMO Y ESPERANZA

En una discusión informal y en un contexto no religioso, pre- guntamos al profesor Friedrich Lösel5, especialista alemán en resiliencia, lo que ella aporta y si no se trata simplemente de una nueva técnica de intervención. Responde que ella entrega un sentimiento de esperanza y expectativas realistas6.Estas palabras, en efecto, muy a menudo se separan. La resiliencia nos invita a articularlas, porque la esperanza y las expectativas sin realismo conducen a las ilusiones, y el realismo sin esperan- za induce al cinismo que se presenta a menudo como realista, mientras ambas actitudes bloquean la vida.

El reto es difícil pero estimulante, y vive probablemente en el fondo de nuestros corazones, enterrad bajo gruesas capas

de preocupaciones, angustias, fatigas, desalientos, rigideces y hábitos.

Con la resurrección, esta articulación se lleva al máximo: las heridas de antes de la muerte permanecen, pero también la es- peranza, pues esas heridas son transformadas en nueva vida.

Así, la resurrección introduce un matiz suplementario, porque ella no es realista en el sentido habitual de la palabra. Ella lleva el realismo más lejos, en coherencia profunda y sorprendente con la vida. La esperanza mostrada por Jesús en su re- surrección abre los ojos sobre un realis- mo tan profundo como inesperado. Y es la coherencia sorprendente con la vida a través de la resiliencia que hace esta esperanza creíble, ante la ausencia de certezas norma- les. En fin, es la sorpresa la que distingue esta esperanza de una simple proyección psicológica lineal, en el fondo sin sorpresas.

Con la resurrección, es como si pudiéramos abrazar la vida en su totalidad, sin atajos, sin negaciones, como si las contra- dicciones se encontraran reconciliadas. No se trata de sueños irreales. Encontramos múltiples huellas de este dinamismo: la contemplación íntima que parece integrar sufrimiento y alegría, la expresión artística profunda, la gran generosidad que va más allá de todo cálculo, la reconciliación y el perdón que redime la vida, el humor fino y constructivo que hace llevaderas ciertas contradicciones positivas de la existencia7, el niño maltratado que se recupera y reencuentra la sonrisa…

Así, la experiencia de la resiliencia traducida de manera tras- cendental en la Biblia sugiere que, después de todo, la loca es- peranza de la resurrección es quizás más realista de lo que se piensa. MSJ

La resurrección introduce un matiz suplementario, porque ella no es realista

en el sentido habitual de la palabra. Ella lleva el realismo más lejos, en coherencia

profunda y sorprendente con la vida.

5 Universidades de Erlangen, Nürnberg (Alemania) y Cambridge (Inglaterra).

6 Hablando en inglés en ese momento, él utilizó la palabra hope, que juega entre expectativa (espera de un resultado deseado) y esperanza (espera de algo bueno de cara a un futuro des- conocido). En francés, este doble matiz puede estar presente en la resiliencia.

7 El clasicista inglés Terrot Reaveley Glover (1869-1943) había ya postulado un humor así en Jesús, en The Ancient World, University Press 1935, p. 388.

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“Como Iglesia, no estamos aún a la altura de los

desafíos actuales”

E

n medio de las crecientes inquietu- des sociales y políticas de los años sesenta, el padre Alfonso Baeza de- cidió asumir radicalmente su compromiso de servicio e irse a vivir a la población José María Caro. “Estimé indispensable estar cercano a las vivencias de los obreros y po- bladores; de sus condiciones de trabajo;

de sus dificultades y anhelos”, recuerda.

Eran tiempos de definiciones en el país y también en el plano personal para quie- nes se sentían tocados por la necesidad de resolver los problemas de la pobreza.

Además, este sacerdote estaba influido por un deseo que desde niño había cre- cido en su interior. La suya era una fami- Juan Rauld

El ex vicario de la Pastoral Obrera se refiere a la labor de esa institución con el mundo laboral: “Hoy debemos testi- moniar más a fondo los atisbos evangélicos que intentamos vi- vir en tiempos de la dictadura”.

Valora que la actividad desarro- llada desde hace cuarenta años con sindicatos y obreros significó que “el pueblo viera que la Iglesia -desde la Jerarquía hacia abajo- estaba verdaderamente compro- metida con los marginados”.

monseñor alfonso baeza y los trabajadores:

MSJ IGLESIA

18 NOVIEMBRE 2013

Referencias

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