Conmemorar un pasado, celebrar un presente : la organización oficial del centenario de la Independencia de Chile : 1904 1910
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(2) © 2014 Daniela Serra Anguita.
(3) INDICE RESUMEN. 4. AGRADECIMIENTOS. 6. INTRODUCCIÓN. 8. 1. Bicentenario y Centenario. El presente como principio para escudriñar el pasado. 8. 2. Experimentar el pasado y consagrar el presente. El Centenario como objeto de estudio. 14. 2.1. Conmemoraciones, memoria y centenarios. 14. 2.2. Apuntes sobre la historiografía del Centenario chileno. 20. 2.3. Origen, forma y sentido. Una nueva lectura sobre el Centenario Nacional. 25. 3. Fuentes para una celebración oficial. 28. CAPITULO I: EL CENTENARIO. DIÁLOGOS CON OTROS Y REPRESENTACIÓN DE LO PROPIO. 32. 1. Las revoluciones hispanoamericanas. Una historia compartida. 33. 2. Los centenarios latinoamericanos y la consagración de un orden en declive. 36. 3. El Centenario chileno. Escenario del debate. 43. 3.1. El parlamentarismo y sus prácticas políticas. 43. 3.2. Alianzas y coaliciones. 46. 3.3. Funcionamiento del Congreso Nacional. 48. 4. El sistema parlamentario. Un régimen desprestigiado CAPITULO II: ¿CELEBRAR O NO CELEBRAR?. . 51 56. 1. Fiestas patrias en Chile. El 18 de septiembre como proceso histórico. 57. 2. Centenario chileno inserto en tradición conmemorativa. 61. 3. Primeras iniciativas. Inicio del debate legislativo, 1904-1906. 65. 3.1. Proyecto del senador Ramón Rozas. 65. 3.2. Contraproyecto de la Comisión de Industria y Obras Públicas del Senado. 68. 3.3. Comisión del Centenario organizada por el Ejecutivo. 71. 2 .
(4) 4. El parlamento propone y el gobierno responde, 1908-1909. 77. 4.1. Proyecto del senador Ramón Subercaseaux. 77. 4.2. Nueva Comisión del Centenario. 80. 5. 1910: tiempo de definiciones. 86. 5.1. Proyecto del Ejecutivo. 87. 5.2. La celebración en duda ante la muerte de dos presidentes. 91. CAPITULO III: ¿CÓMO Y DÓNDE CELEBRAR? 1. La fiesta cívica oficial decimonónica. 96 97. 2. El Centenario: una fiesta urbana 3. Celebraciones posibles. La invención de una conmemoración 3.1 Propuestas iniciales: ¿exposición u obras públicas?. 99 105 107. 3.2. Festejos efímeros y perdurables. Proyecto del senador Ramón Subercaseaux. 114. 3.3. Reutilizar ideas y proponer otras nuevas. 121. 3.4. El Centenario. Fiesta y conmemoración CAPITULO IV: ¿QUÉ CELEBRAR?. 130 140. 1. Conmemorar un pasado. Saldar viejos dilemas. 141. 1.1. La fecha. Un relato sobre el pasado. 142. 1.2. Reencuentro con España y parte de su herencia. 149. 1.3. Lo indígena: excluido de la fiesta. 152. 2. Celebrar el progreso. 154. 2.1. Exhibiciones del adelanto material. 157. 2.2. Poderío militar. 159. 2.3. Desarrollo urbano. 161. 2.4. Progreso solo para algunos. 165. CONCLUSIONES. 172. BIBLIOGRAFÍA. 178. ANEXOS. 190. . 3 .
(5) RESUMEN La siguiente investigación aborda el proceso de organización de la celebración oficial del Centenario Nacional de la Independencia por parte del Estado de Chile, entre 1904 y 1910. Si bien, en general, el Centenario ha sido estudiado dándose por sentada su existencia, en realidad la posibilidad de celebrar este acontecimiento surgió en un momento particular –a comienzos del siglo XX– y como respuesta a los intereses y expectativas de un determinado grupo de la sociedad–la elite nacional–.Y dado que el país estaba organizado en un régimen parlamentario, caracterizado por la predominancia del poder Legislativo por sobre el Ejecutivo, la posibilidad de festejar el Centenario dependió casi exclusivamente de la iniciativa y voluntad de los parlamentarios. Este trabajo se articula en base a tres interrogantes que dieron forma y contenido al debate parlamentario: ¿celebrar o no celebrar? ¿dónde y cómo celebrar? y, finalmente ¿qué celebrar? Y las posibles respuestas se desarrollan a partir del análisis de fuentes, correspondientes al Boletín de Sesiones del Congreso Nacional principalmente, las cuales permitieron la reconstrucción de la historia tras la organización de esta celebración oficial, historia que no había sido contada hasta ahora. A través del estudio del proceso de la organización de los festejos oficiales del Centenario se busca comprender, en definitiva, la forma en que la clase dirigente, encarnada fundamentalmente en los parlamentarios e integrada en su mayoría por miembros de la elite, elaboró una determinada versión de la nación que respondía a la representación que ese grupo hizo de la trayectoria de Chile y del presente en 1910. Esta versión de lo nacional se articuló en base a los propios intereses de ese grupo y dejando de lado a gran parte de los chilenos que, a su manera, también festejarían el Centenario. Centenario fue, en definitiva, una conmemoración transversal, que no se centró solamente en los eventos de 1810, sino en la trayectoria histórica del país desde 1810hasta 1910, e incluso antes, pero sin seguir necesariamente un orden cronológico. A esta dimensión conmemorativa se incorporarían también elementos festivos, dando como resultado una celebración sin precedentes en la historia nacional y que, cien años más tarde, serviría de referente para lo que fue el festejo del Bicentenario Nacional el año 2010.. . 4 .
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(7) AGRADECIMIENTOS. Agradezco sinceramente Olaya Sanfuentes por acompañarme en este camino. Gracias por sus lecturas cuidadosas y sus comentarios siempre iluminadores. Su guía fue un elemento esencial de este trabajo, así como su generosa amistad y su cariñoso apoyo. Gracias también a Claudio Rolle por su amistad y su insaciable recomendación de temas y lecturas. Gracias a Javiera Müller por su respaldo constante y a Marisol Vidal, por estar siempre dispuesta a ayudarme. Agradezco también al Instituto de Historia UC, a sus profesores y administrativos. Finalmente quiero agradecer a mi familia por su soporte incondicional. Su amor, comprensión y apoyo fueron fundamentales para llevar a cabo esta investigación. A Lucas, Jorge, Beatriz, Rosario, Trinidad y María Paz. Esta tesis fue financiada por CONICYT a través de la Beca Magíster Nacional, convocatoria 2011.. . 6 .
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(9) INTRODUCCIÓN. El presente es el punto de partida del análisis histórico y su punto de llegada. André Burgiere La historia en realidad está en relación con las necesidades actuales y la situación presente en que vibran aquellos hechos. Benedetto Croce. 1. Bicentenario y Centenario. El presente como principio para escudriñar el pasado El año 2010 Chile festejó el Bicentenario de su independencia, conmemorando los doscientos años desde la celebración del Cabildo Abierto de Santiago el 18 de septiembre de 1810, hecho considerado como aquél que daba inicio al proceso de emancipación con respecto a la corona española y a sus casi tres siglos de dominación colonial. Los preparativos oficiales para dicho acontecimiento se habían iniciado el año 2000 bajo el gobierno del Presidente Ricardo Lagos Escobar (2000-2006), con la creación de la Comisión Asesora Presidencial para el Bicentenario de la República de Chile, integrada por los representantes de las principales entidades del país1. La Comisión fue organizada con el objeto de “asesorar al presidente de la República en todo cuanto diga relación con el diseño, programación y coordinación de las políticas, planes, programas, proyectos y actividades que permitan al país alcanzar el máximo de sus posibilidades para la conmemoración de los 200 años de su independencia”2. Además, se estableció un Comité Asesor Bicentenario cuyas funciones eran conocer, estudiar y analizar las propuestas que la Comisión Bicentenario propusiera al Presidente de la República, así como participar con su conocimiento y experiencia en el impulso y apoyo de nuevas iniciativas y complementación 1. Decreto Supremo Nº 176, Ministerio Secretaría General de la Presidencia, Biblioteca del Congreso Nacional, Santiago, 2000. 2 Idem.. . 8 .
(10) de aquellas que nacieran de la Comisión3. Tanto la Comisión como el Comité Asesor debían recoger “los sueños y propuestas de todos los chilenos (…), diseñar actividades para estimular la participación activa de la ciudadanía y elaborar un programa para canalizar y coordinar los esfuerzos que todos los sectores de la sociedad desarrollaran en el marco de esta celebración” 4 . Los actores convocados eran múltiples y se esperaba una activa participación ciudadana en la organización y puesta en marcha de diferentes propuestas para esta conmemoración. En el decreto de creación de la Comisión, el Bicentenario se presentaba no solo como un hito histórico, sino como “la expresión concreta de nuestra vocación de nación libre, independiente, soberana y democrática”5. No era únicamente un acontecimiento, sino que encarnaba una determinada representación del Chile de 2010. Junto a esto, la madurez democrática y los niveles de desarrollo celebrados por la clase política permitirían al país enfrentar el Bicentenario como una nación plena, justamente desarrollada e integrada en su diversidad, lo que le otorgaba al Bicentenario una relevancia especial. Las expectativas eran altas, enfatizándose la trascendencia que tendría en el largo plazo. Si bien la Comisión debía canalizar múltiples iniciativas, impulsadas por diversos actores, lo cierto es que desde un comienzo prevaleció el énfasis en proyectos arquitectónicos y de infraestructura, como la construcción de centros culturales, mejoramiento de rutas y vías de acceso a ciudades y conexión de distintas localidades de Chile, entre muchas otras iniciativas. El impulso otorgado por el gobierno del presidente Lagos a los festejos del Bicentenario parecía ser significativo; de hecho, Chile fue el primer país Latinoamericano en conformar una comisión especial para celebrar este acontecimiento6, lo que no deja de ser representativo. A pesar de esto, con los años este ímpetu inicial fue cediendo frente a otras contingencias de la agenda pública. Quizás faltó manejo y voluntad política para que las propuestas impulsadas por el gobierno de Lagos tuvieran continuidad en los períodos presidenciales siguientes. 3. Idem. Idem. 5 Idem. 6 Verónica Luco, “Del claustro a la plaza. Proyectos conmemorativos en la celebración del Bicentenario y sus diversos agentes”, en Juan Blánquez [et alt.], Ensayos en torno al patrimonio cultural y desarrollo sostenible en Chile y España, Madrid, UAM Ediciones, 2012, 225. 4. . 9 .
(11) Durante el mandato de Michelle Bachelet Jeria (2006-2009) se le dio un nuevo impulso a los festejos del Bicentenario, pero con menor grandilocuencia que el gobierno anterior. La Comisión Bicentenario, reorganizada con el nuevo gobierno, impulsó más de doscientos proyectos, obras y programas, los cuales buscaban “conectarnos e integrarnos con el mundo y, al mismo tiempo, rescatar y poner en valor nuestras historias e identidades, recuperando nuestro patrimonio tangible e intangible”7. Por lo mismo, se introdujeron cambios en varios de los proyectos elaborados por la comisión del período de Lagos y se abortaron iniciativas como la construcción del Puente Bicentenario sobre el canal Chacao, proyecto que buscaba conectar por tierra la isla de Chiloé con el continente. Se mantuvo, eso sí, la aspiración a formar una red de centros culturales, poniéndose un mayor énfasis en la participación ciudadana como uno de los vectores principales de esta celebración8. De hecho, el mundo empresarial y agrupaciones ciudadanas construyeron un itinerario alternativo de festejos, obteniendo incluso mayor trascendencia que los proyectos gubernamentales9. Con el terremoto y posterior tsunami ocurridos el 27 de febrero de 2010, coincidentes con el inicio del gobierno de Sebastián Piñera Echeñique en marzo del mismo año, el panorama de celebración cambió drásticamente. Con solo un 23,5% disponible del presupuesto de seis cientos noventa y tres millones de pesos destinado para ese año, el presidente Piñera decidió optar por un festejo más bien austero, por lo que solo se utilizarían un millón y medio de pesos del total inicial destinado para este evento10. La secretaria ejecutiva de la Comisión Bicentenario del gobierno de Piñera, Pauline Kantor, no se cansó de proclamar al Bicentenario como una fiesta de unidad, ciudadana, con participación masiva, distinguiéndola de la conmemoración del Centenario, por cuanto “gran parte de lo que se celebró [entonces] fue para la elite, mientras que para el resto de los chilenos pasó sin pena ni gloria” 11 . ¿Pasaría algo diferente con el Bicentenario? 7. Informe del Bicentenario, Secretaría Ejecutiva de la Comisión Bicentenario Chile 2010, Santiago, 2010, 5. Ibid., 3. 9 Ángel Cabeza, “Nuestra deuda con el Bicentenario de Chile” en: http://colegioarquitectos.com/patrimonio/? page_id=141 (04/12/11). 10 Luco, op. cit., 229 11 María José Errázuriz, “Pauline Kantor: `Nos marca el orgullo de ser chilenos´”, Emol, en: http://www.emol.com/tendenciasymujer/Noticias/2010/09/15/20087/Pauline-Kantor-Nos-marca-el-orgullodeser-chilenos.aspx (30/11/11) 8. . 10 .
(12) ¿quedaría en la memoria como un acontecimiento significativo para la mayoría de los chilenos? La poca continuidad que tuvo la Comisión Bicentenario desde su creación en el año 2000 hasta el año 2010, en gran medida por la falta de miradas de mediano plazo que trascendieran los periodos presidenciales; la enorme dispersión y poca sintonía entre las múltiples actividades que se desarrollaron en todos los ámbitos; la deficiente comunicación que se hizo de gran parte de las iniciativas que se llevaron a cabo en el período 2000-2010; y, finalmente, los efectos económicos, sociales y anímicos dejados por eventos como el terremoto de febrero de 2010 y el derrumbe de la mina de San José, que dejó atrapado a 33 mineros por 70 días; condujeron a que los festejos del Bicentenario pasaran sin dejar muchas huellas. Y así se manifestó en un artículo publicado en el diario El Mercurio, titulado “Finalmente llegó el Bicentenario ¿y qué?”12, el cual daba cuenta de la sensación generalizada que se había instalado en torno a esta conmemoración. El texto comenzaba indicando que las expectativas en torno a este evento se habían ido desinflando cuando recién comenzaba el año y luego presentaba las opiniones de diferentes personajes, donde la idea común era la denuncia de la falta de sentido que pareció tener el Bicentenario. Y de hecho, una vez pasado septiembre de 2010, el Bicentenario pasó al olvido. Ya que los festejos de esta conmemoración habían comenzado a organizarse con una década de anticipación ¿cómo era posible que hubiesen pasado sin dejar marca en la mayoría de la población? ¿qué faltó para que este hito fuese realmente significativo y tuviese el alcance proclamado en el año 2000? A pesar de la existencia de eventos, publicaciones y acciones en torno a la reflexión del hecho mismo de la independencia y del período del Chile actual, el mayor énfasis se puso en los medios y en la mirada hacia el futuro, expresado en proyectos de infraestructura que alimentaron el imaginario de un país moderno y conectado con el mundo13. En este panorama, donde la crítica y la reflexión más profunda quedaron soslayadas frente a las expresiones materiales y concretas que se llevaron a cabo en nombre del Bicentenario, cristalizó un movimiento que le dio un renovado sentido a estos festejos: el llamado boom por el patrimonio. 12 13. . Nicolás Ocaranza, “Finalmente llegó el Bicentenario ¿y qué?”, en El Mercurio, 17 de enero de 2010. Cabeza, op. cit.. 11 .
(13) Si bien hacía varios años que la problemática del patrimonio asomaba a través de programas públicos y privados, mediante publicaciones y encuentros profesionales, con motivo del Bicentenario “lo patrimonial”, tanto a nivel de prácticas como en términos discursivos, se transformó en una de las principales claves de la reflexión en torno a nuestro pasado histórico y nuestra riqueza cultural. El patrimonio, entendido como un sistema de representación, es un conjunto de símbolos que condensan y encarnan emotivamente unos valores y una visión del mundo, presentados como intrínsecamente coherentes14. Como construcción social, está en permanente cambio y se define a partir de los valores, creencias y deseos de los imaginarios sociales. Pero, al mismo tiempo que es fuente de inspiración, sentido e identidad, es un recurso tangible e incluso comercializable. De esta forma el patrimonio sirve para la generación de ideas, pero es también objeto de prácticas que le otorgan valor mediante la conservación y difusión. En este sentido, hacia el año 2010 proliferaron las iniciativas Bicentenario que adquirieron el sello de “lo patrimonial”. Pero no solo eso, sino que en nombre del patrimonio se movilizaron también reflexiones sobre el pasado, el presente y las posibilidades de proyectarnos hacia el futuro como un país que reconoce su diversidad y riqueza cultural, integrando conceptos como historia, memoria e identidad. Pero más que un verdadero compromiso y acción sobre el patrimonio, lo que se evidenció fue la articulación de un discurso “políticamente correcto” en torno a la celebración bicentenaria, en el cual el término “patrimonio” adquirió especial relevancia. De esta manera, si bien “lo patrimonial” se posicionó como una noción útil para relacionar a la sociedad con el pasado y la trayectoria histórica del Chile republicano, esta preocupación quedó circunscrita al ámbito retórico, generando un discurso más bien vacío. Igualmente interesante es que el patrimonio se haya posicionado por sobre la historia como instrumento articulador de interpretaciones sobre el pasado. ¿Por qué el patrimonio y no la historia? Porque si en el pasado la historia fue usada para dar coherencia y legitimidad al proyecto nacional, hoy esos vínculos se han debilitado. Y, sobre este escenario, el patrimonio ha hecho que el pasado se vuelva nuevamente atractivo e incluso 14. Llorenç Prats, “Concepto y gestión del patrimonio local”, en Cuadernos de Antropología Social, Nº 21, 2005, 18-19.. . 12 .
(14) vendible15, generando nuevos y diversos relatos sobre lo nacional. Por lo mismo, y a diferencia de la importancia atribuida a lo material en el festejo del Centenario, el Bicentenario fue por sobre todo una celebración discursiva del Chile de 2010. A partir de la reflexión sobre el patrimonio y la historia como sistemas de representación, surgen las preguntas sobre la manera en que, con motivo de las conmemoraciones nacionales, los individuos se relacionan de forma colectiva con el pasado de la nación, se articulan diferentes representaciones16 del presente y se proyectan posibles futuros de la “comunidad imaginada”17. En este sentido, resulta interesante indagar en los vínculos que se establecen entre el pasado que se evoca y el presente desde el cual se celebra, con motivo de hitos particulares. Y al poner esta inquietud en perspectiva con respecto a la historia de Chile, el Centenario de la Independencia Nacional surge como una coyuntura relevante, digna de ser revisitada. Pero no cualquier aspecto de esta celebración, sino que el proceso de organización de los festejos oficiales del Centenario Nacional, proceso que estuvo a cargo de la clase dirigente del país y que se desarrolló entre los años 1904 y 1910. Además, el Centenario determinó la manera en que cien años después Chile celebraría el mismo acontecimiento, constituyendo el referente obligado al momento de pensar en los modos de solemnizar el Bicentenario. Reconociendo que la elección de un problema histórico a investigar está reforzada por nuestras creencias y que las preguntas que nos hacemos como historiadores están determinadas desde el presente18, las reflexiones en torno a la celebración del Bicentenario y el interés por la manera en que la sociedad se relaciona de forma colectiva con el pasado motivan la siguiente investigación, la cual propone revisitar los festejos del Centenario a partir del sentido y forma que se le dio a aquella conmemoración en 1910.. 15. Pierre Nora, Pierre Nora en Les lieux de mémoire, Santiago, LOM-Trilce Ediciones, 2009, 185. La “representación” se entiende como el proceso mediante el cual una imagen presente representa a un objeto ausente. Ver: Roger Chartier, El mundo como representación, Barcelona, Gedisa, 1995, 58. 17 Benedict Anderson, Comunidades Imaginadas, México, FCE, 1993. 18 Joyce Appleby, A restless past: history and the American public, Rowman & Littlefield Publishers, 2005, 134. 16. . 13 .
(15) 2. Experimentar el pasado y consagrar el presente. El Centenario como objeto de estudio A comienzos de 1900 la posibilidad de celebrar oficialmente el Centenario dependía casi exclusivamente del Congreso Nacional, dada la supremacía del poder Legislativo por sobre el Ejecutivo. Por lo mismo, la determinación de llevar a cabo esta festividad fue el resultado de un proceso largo y discontinuo que se resolvió a favor de la idea de celebrar tan solo unos meses antes de septiembre de 1910. Pero no bastó con establecer esta festividad, se determinó también su forma y su sentido, lo cual resultó de la presentación de diferentes proyectos de ley ante el Congreso Nacional y de los debates parlamentarios que éstos suscitaron. Así, se elaboró en definitiva un programa de festejos que, a pesar de que apelaba a toda la comunidad, en realidad daba cuenta de los intereses y visión de mundo de un reducido grupo de la sociedad. Un Centenario que se ajustaba a la visión de mundo y expectativas de la clase dirigente chilena de comienzos del siglo XX. 2.1. Conmemoraciones, memoria y centenarios El interés por las conmemoraciones se enmarca en la cuestión sobre las diferentes relaciones que las sociedades mantienen con el tiempo, lo que François Hartog denomina los “regímenes de historicidad”19. Y, así como existen diferentes maneras de experimentar el tiempo, también hay múltiples formas en que se materializa esta experiencia. Entre ellas está, por ejemplo, la historiografía que, de alguna manera, recoge la sensación del tiempo en determinados períodos históricos. Algo similar ocurre con las obras costumbristas, memorialistas y literarias, ya que si bien tienen una naturaleza diferente a los trabajos historiográficos, también dejan ver formas de conjugación de tiempos en épocas diversas. Junto a estas, están también la memoria, el arte y las conmemoraciones. Reconociendo que muchas de estas formas de exhibir la relación entre la sociedad y el tiempo –historiografía, obras literarias, ensayos, memorias, prensa, arte, festividades, etc.– hablan un lenguaje común, la siguiente investigación se centra en el estudio de una de estas maneras de experienciar el tiempo: las conmemoraciones. 19. Regímenes de historicidad es un concepto desarrollado por Françoise Hartog que se refiere a la manera en que una sociedad trata su pasado o cómo se refiere a él, pero también puede servir para designar la modalidad de conciencia de sí misma por parte de una comunidad. François Hartog, Regímenes de historicidad. Presentismo y experiencias del tiempo, Ciudad de México, Universidad Iberoamericana, 2007, 30.. . 14 .
(16) Así como los ritos, el uso de fechas o el establecimiento de hitos, las conmemoraciones son marcas en el tiempo que surgen producto de la necesidad del hombre por otorgarle un orden al gran tiempo, ese que supera la existencia humana20 y que puede agobiarlo. En ellas, el pasado se hace presente en rituales públicos, donde se expresan los diferentes sentidos del pasado, reforzando algunos, ampliando y cambiando otros21. El concepto de conmemoración ha sido objeto de numerosos estudios, sobre todo en el marco de lo que ha venido a denominarse ‘historia del presente’, interesada en comprender el pasado cercano y dar explicaciones a los hechos traumáticos y violentos que marcaron el pasado reciente de las sociedades occidentales, tanto en el ámbito europeo como en el escenario latinoamericano22. Esta investigación busca aportar al debate sobre el concepto de conmemoración, sus posibles sentidos y alcances, tomando distancia de las historias que se interesan por el tiempo reciente, para ir más atrás en el tiempo. La conmemoración del Centenario de la Independencia de Chile fue una fiesta de tipo cívica, las que se caracterizan porque miran hacia atrás, hacia el pasado, del que se sirven para consagrar el orden social presente23. Con motivo de la celebración oficial del Centenario chileno la clase dirigente propuso una manera de recordar en común, o sea, de conmemorar lo que para ellos era memorable, lo cual se inscribe en complejas. 20. El filósofo y antropólogo francés Paul Ricoeur propone que se puede diferenciar entre dos tiempos: el gran tiempo, del universo, del cosmos; y el tiempo pequeño, el de la criatura humana en su espacio vital. Paul Ricoeur, La Memoria, la Historia y el Olvido, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2000. 21 Elizabeth Jelin (comp.), Las conmemoraciones: Las disputas en las fechas “in-felices”, Madrid, Siglo Veintiuno, 2002, 245. 22 Para el ámbito europeo y estadounidense ver: Maurice Aghulon [et. al.], 1789. La conmmémoration, París, Éditions Gallimard, 1999; Paul Connerton, How societies remember, Cambridge, Cambridge University Press, 1996; John Gillis (ed.), Conmemorations. The politycs of national identity, Princeton University Press, 1996; Andreas Huyssen, Presents Pasts. Urban palimpsest and the polítics of memory, California, Standford University Press, 2003; George Mosse, La nacionalización de las masas. Simbolismo político y movimientos de masas en Alemania desde las guerras napoleónicas al Tercer Reich, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2007; PierreNora (dir.), Realms of memory. The construction of the French past, Vol. 3, New York, Columbia University Press, 1998; Zvetan Todorov, Los abusos de la memoria, Barcelona, Paidós, 2000. Para el caso latinoamericano ver: Jelin, op. cit.; Alfredo Joignant,Un día distinto: memorias festivas y batallas conmemorativas en torno al 11 de septiembre en Chile 1974-2006, Santiago, Editorial Universitaria, 2007;Steve Stern, The Memory Box of Pinochet’s Chile (Trilogy), Durham y Londres, Duke University Press, 2004, 2006 y 2010; Anne Pérotin-Dumon (dir.), Historizar el pasado vivo en América Latina, en: http://www.historizarelpasadovivo.cl/ (20/07/2013) 23 Mikhail Bakhtin, La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento. El contexto de François Rabelais, Madrid, Alianza, 2003, 11.. . 15 .
(17) negociaciones histórico-políticas sobre la memoria, como parte del proceso de construcción nacional y no solo como una conmemoración24. Pero el Centenario Nacional no solo remite a lo ocurrido en 1810, sino que también dice mucho sobre el devenir histórico de los cien años siguientes y, más aún, de 191025. Este tipo de manifestaciones se da en sociedades que se ven a sí mismas como históricas, las cuales se fundan en la libertad humana en oposición a aquellas gobernadas por la voluntad divina, de manera que han sustituido las conmemoraciones cristianas por las grandes fechas de su historia26. Así, las conmemoraciones son fechas en las que el pasado se hace presente a través de rituales públicos, donde se expresan los diferentes sentidos del pasado, reforzando algunos, ampliando y cambiando otros 27 . Al mismo tiempo, las conmemoraciones no están cristalizadas para siempre una vez que fueron instaladas. Su sentido es apropiado y resignificado por actores sociales diversos, de acuerdo a múltiples circunstancias28. Son una construcción histórica y, por lo mismo, responden a determinadas circunstancias que se articulan en base a los intereses de un grupo particular que, para el caso chileno, son aquellos que organizaron los festejos oficiales del Centenario: la clase dirigente. La actividad conmemorativa es por definición social y política, porque involucra la coordinación de memorias individuales y grupales, cuyos resultados pueden parecer consensuales cuando en realidad son el producto de un pequeño grupo social que delibera su forma y significado 29 . Por esto mismo, el estudio de la organización de la conmemoración del Centenario da cuenta de la manera en que la oligarquía concibe y proyecta el Chile de 1910 y su pasado histórico. Así, si bien las conmemoraciones son eventos que pretenden cohesionar a la nación mediante el recuerdo de hitos históricos, esconden una realidad mucho más compleja, lo que se manifiesta, por ejemplo en el caso chileno, en las denuncias hechas por varios ensayistas sobre la existencia de una crisis social, moral y económica que afectaba al país hacia 1910. De hecho, para el Centenario 24. Tomás Pérez, “Los centenarios en Hispanoamérica: la historia como representación”, en Historia Mexicana, Vol. 60, N° 1, 2010, 8. 25 Pérez (2010a), op. cit., 10. 26 Nora (1998), op. cit., 610. 27 Jelin, op. cit., 245. 28 Ibid., 2. 29 Gillis, op. cit., 5.. . 16 .
(18) chileno el llamado a la unión quedó circunscrito solo al plano discursivo, porque si bien se apeló al conjunto de la nación, participar de los festejos, en términos reales, simbólicos y discursivos, fue privilegio de unos pocos. Las conmemoraciones son actos de memoria, entendida esta última como un hecho social, donde la evocación del recuerdo se realiza mediante la interacción social, el lenguaje y las representaciones colectivas, elementos claves en las festividades de carácter conmemorativo. Si bien la historia es la manera en que se organiza el pasado, la memoria es materia para la historia y muchas veces se apela primero a ella para luego elaborar una historia oficial. Como señala Ricoeur, la memoria debe ser considerada como matriz de la historia en la medida en que es la guardiana de la problemática de la relación representativa del presente con el pasado30. La memoria es conducida por las exigencias existenciales de las comunidades para las que la presencia del pasado en el presente es un elemento esencial de la construcción de su ser colectivo31, mientras que la historia pertenece a todos y a nadie al mismo tiempo, de ahí su pretensión de autoridad universal32. La memoria es un elemento que ayuda a construir el sentido del mundo en que se vive. Y por lo mismo, el trabajo de la memoria está integrado en relaciones complejas de clase, de género y de poder, las cuales determinan lo que se recuerda u olvida, por quién y para quién33. La memoria designa tanto los recuerdos vividos y transmitidos como los ritos del recuerdo: conmemoraciones, asociaciones, monumentos y los relatos elaborados por los grupos y colectividades para explicar el pasado34, pero responde también siempre a una necesidad del presente desde el cual se recuerda y de ahí la importancia de este concepto para entender en función de qué intereses o necesidades de 1910 se articuló una determinada versión del pasado de la nación. Porque recordar, como cualquier otra actividad cognitiva, es atribuir significados: no solo del pasado al presente, a través de la tradición, sino también en dirección opuesta, cuando los procesos de significación confieren al pasado un sentido que concuerda con las necesidades presentes. Por esto la memoria contribuye a construir identidad social, aunque 30. Ricoeur, op. cit., 106. Chartier (2007), op. cit., 39. 32 Pierre Nora, “Between memory and history: Les lieux de mémoire”, en Representations, Nº 26, 1989, 9. 33 Ibid., 3. 34 Pérotin-Dumon, op. cit. 31. . 17 .
(19) sea solo de un grupo reducido dentro de la sociedad, como sucedió en Chile a comienzos del siglo XX. La memoria colectiva35, como constructo que no existe en la vida real, es la transmisión a una gran cantidad de individuos de los recuerdos de uno o algunos hombres, repetidos muchas veces, pero que por ser transmitidos son objeto de interpretación por cada individuo receptor, lo que impide suponer la existencia de una memoria realmente compartida 36 . Por lo mismo es necesario preguntarse si acaso con motivo de la conmemoración nacional del Centenario se puede hablar de un recuerdo compartido como nación o si solo pertenece a un grupo dentro de esta. En este sentido el siguiente trabajo se inscribe, en parte, dentro de lo que se denomina estudios de la memoria, los cuales son una forma de historia cultural que se pregunta por la manera en que una sociedad o un grupo de personas se relacionan con su pasado, así como también analiza los procesos y las relaciones de poder que condicionan lo que se recuerda y lo que se olvida, quiénes recuerdan y porqué37. Pero Chile no fue el único país que celebró el Centenario de su Independencia hacia1900; a lo largo del continente americano diferentes naciones festejaron los cien años que se cumplían desde que se habían librado del dominio español. Por lo mismo, al estudiar el Centenario de Chile se debe atender también a este escenario más amplio, ya que junto a las particularidades de cada caso, existieron también elementos comunes entre los festejos centenarios de países como Argentina y México, entre otros38. 35. El sociólogo francés Maurice Halbwachs planteó por primera vez el concepto de memoria colectiva. Para él, el recuerdo individual es sustentando y organizado por la memoria colectiva, que se forma a partir de datos o nociones comunes que se encuentran en cada individuo, así como en todos quienes forman parte de una misma sociedad. Maurice Halbwachs, La memoria colectiva, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004. 36 Joël Candau, Antropología de la memoria, Buenos Aires, Nueva Visión, 2006, 64-65. 37 Chiara Bianchini, Chile. Memorias de La Moneda. La (re)construcción de un símbolo político, Madrid, IEPALA Editorial, 2012, 15. 38 Sobre la celebración de los centenarios en Latinoamérica ver: Álvaro Fernández, “Celebraciones centenarias: nacionalismo y cosmopolitismo en las conmemoraciones de la Independencia. Buenos Aires, 1910 - Río de Janeiro, 1922”, en Beatriz González y Jens Andermann (coords.), Galerías del progreso. Museos, exposiciones y cultura visual en América Latina, Beatriz Viterbo Editora, 2006, 331-372; Michael J. Gonzáles, “Imagining Mexico in 1910: Visions of the Patria in the Centennial Celebration in México City”, en Journal of Latin American Studies, Vol. 39, N° 3, 2007, 495-533; Carla Lois, “El mapa del Centenario o un espectáculo de la modernidad argentina en 1910”, en Araucaria, Año 12, N° 24, 2010, 176-196; Laura Malosetti, “Arte e Historia en los festejos del Centenario de la revolución de mayo en Buenos Aires”, en Historia Mexicana, Vol. 60, N° 1, 2010, 439-471; Pérez (2010a), op. cit. y “Historia, política e ideología en la. . 18 .
(20) Los centenarios latinoamericanos se inscriben en una tradición conmemorativa que surgió en Europa y en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XIX. Pierre Nora propone la existencia de un modelo clásico de conmemoraciones nacionales inventadas por la revolución francesa y consolidada por la triunfante Tercera República. Este modelo clásico, en el cual se inserta el Centenario chileno, supone una soberanía impersonal y afirmadora -Chile, Estado, Nación- cuyo gran ordenador y oficiante es el Estado39. Pero no solo eso, sino que supone además la unidad de una historia que, por ser épica, combativa y orientada, tiene sus elegidos, sobre todo políticos y militares, y sus excluidos, reducidos al silencio. Este modelo descansa en un orden y una jerarquía, aunque en el plano discursivo se invoca al conjunto del país. Este modelo conmemorativo clásico se fue consolidando a lo largo del siglo XIX, con la celebración del Centenario de la Independencia Americana (1876) y el Centenario de la Revolución Francesa (1889), y fue adoptado por las naciones latinoamericanas del 1900. En general, los centenarios en Latinoamérica sirvieron para la cristalización de un pasado recientemente inventado y para generar los objetos materiales que otorgaran medios tangibles a esa tradición inventada40. Por lo tanto, los centenarios cumplieron una función significativa como vehículo transmisor del sentimiento patriótico y nacional y como herramienta de legitimación política, gracias al interés de las elites dirigentes por generar adhesión hacia el sistema político. En definitiva como una fiesta creadora de una idea de nación elaborada por la oligarquía. En este sentido, junto con pretender ser un aporte a la discusión sobre el concepto de conmemoración, este trabajo busca también contribuir a la discusión sobre la memoria festiva y la manera en que esta se vincula con el proyecto de nación de un determinado. celebración del centenario mexicano”, en Historia Mexicana, Vol. 60, N° 1, 2010, 31-83; Luis Romero, “La Argentina en el espejo de los Centenarios”, en Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Coloquios, en: http://nuevomundo.revues.org/57968 (20/04/1012); Diana Sorensen, “La construcción de los mitos nacionales en la Argentina del Centenario”, en Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, Año 24, Nº 47, 1998, 147166; Mauricio Tenorio, “1910 Mexico City: Space and Nation in the City of the Centenario”, en Journal of Latin American Studies, Vol. 28, N° 1, 1996, 75-104; Verónica Zárate, “Los hitos de la memoria o los monumentos en el Centenario de la Independencia de México. Ópera imaginaria en una obertura y tres actos”, en Historia Mexicana, Vol. 60, N° 1, 2010, 85-135. 39 Nora (2009), op. cit., 173-174. 40 Lois, op. cit., 180.. . 19 .
(21) grupo de la sociedad 41 . Al dar cuenta de la manera en que los actores sociales, específicamente la oligarquía capitalina de principios del siglo XX, otorgan sentido a sus prácticas y discursos mediante la conmemoración del Centenario, el concepto de representación permite vincular las posiciones y las relaciones sociales con la manera en que los individuos se perciben a sí mismos y perciben a lo demás, lo que será fundamental a la hora de establecer las características de la oligarquía santiaguina y la representación que hizo de la historia de Chile y de la realidad del país en 1910. Como indica Chartier, la autoridad de un poder o la dominación de un grupo dependen del crédito otorgado o denegado a las representaciones que éste proponga de sí mismo42. Y con motivo de los 100 años de la independencia de Chile la oligarquía formuló un relato de la nación, de la memoria histórica, que respondía a sus intereses como clase política y social dominante de comienzos del siglo XX. 2.2. Apuntes sobre la historiografía del Centenario chileno La celebración del Centenario chileno fue un acontecimiento que tuvo lugar en un espacio y tiempo determinados: en Santiago entre el 12 y el 30 de septiembre de 191043. Lo señero de este fenómeno le ha significado una importante atención por parte de la historiografía, no solo en cuanto a los festejos mismos, sino también en relación al contexto en el cual Chile celebró los cien primeros años de su historia republicana. En la última década este interés se vio acrecentado por los festejos del Bicentenario de la Independencia, los cuales tuvieron lugar en septiembre de 2010. Así, el Centenario es considerado como un hito que marca un momento particular de la historia nacional a nivel político, social, económico y cultural, fenómeno que se ha conocido como “época del Centenario”, “Chile en 1910”, entre otros.. 41. Bibliografía caso chileno: Bárbara Silva, Identidad y nación entre dos siglos. Patria Vieja, Centenario y Bicentenario, LOM Ediciones, Santiago, 2008; Paulina Peralta, ¡Chile tiene fiesta! El origen del 18 de septiembre (1810-1837), Santiago, LOM Ediciones, 2007 y Antonio Sáez-Arance, “Entre la autocomplacencia y la crisis: discursos de chilenidad en el primer Centenario”, en Historia Mexicana, Vol. 60, N° 1, 2010, 369-396. 42 Chartier, op. cit., 71. 43 Todos los números del programa oficial de festejos se realizaron en Santiago, salvo la Revista Naval que se llevó a cabo en Valparaíso el día 14 de septiembre. Programa de las festividades en conmemoración del Centenario de la Independencia Nacional, Santiago, Litografía y Encuadernación Barcelona, 1910.. . 20 .
(22) Dado el amplio interés que este acontecimiento ha despertado, las actividades de celebración que tuvieron lugar en el mes de septiembre han sido apropiadamente documentadas y descritas por varios autores en múltiples publicaciones44. En este sentido destaca la obra de Soledad Reyes El centenario de Chile (1910). Relato de una fiesta, publicado el año 2007 y que, por medio del estudio de la prensa, folletos y memorias de personajes de la época, muestra de forma dinámica y sucinta la manera en que se celebró el Centenario de Chile en la ciudad de Santiago. El detalle de los festejos, junto a la descripción de quienes tomaron parte de esta conmemoración, dialogan con los problemas generales que afectaban al Chile de 191045. Luis Muñoz, por su parte, realiza un recorrido similar al de Reyes, comenzando con la descripción del contexto social, político y económico en general del país, para luego centrarse en los eventos acaecidos durante el mes de septiembre46. En cambio, Rosario Ríos analiza el Chile de principios del siglo XX profundizando en tres dimensiones: el pensamiento de los intelectuales de la época que reflexionaron sobre los principales problemas que aquejaban al país, manifestando la existencia de una crisis generalizada; los debates parlamentarios en torno a la celebración del Centenario y otros problemas relevantes de la agenda legislativa; y finalmente, los medios de comunicación como vitrina de los procesos políticos, económicos, sociales y culturales que se dieron en el país al conmemorarse el Centenario. A partir de esto, Ríos manifiesta la existencia de dos Chiles: el de una elite enriquecida y ostentosa, indiferente a los problemas que afectaban al país, y el de las clases populares empobrecidas, las cuales vivían en condiciones deplorables47. Pero el Centenario chileno no se agota en su calidad de acontecimiento, sino que también abre una ventana a muchas otras problemáticas, convirtiéndose en una nomenclatura articuladora de historia, de discusiones de la realidad, de discursos y de la historiografía. Así, el Centenario ha devenido en una categoría que alberga múltiples posibilidades de análisis. En este sentido, el contexto de reflexión, crítica y agitación que 44. Alejandro San Francisco, “El Chile del Centenario, 1910. Historia, problemas, posibilidades”, en Bicentenario, Vol. 8, N° 1, Santiago, 2009, 99-124. 45 Soledad Reyes, El centenario de Chile (1910): relato de una fiesta, Globo Editores, Santiago, 2007. 46 Luis Patricio Muñoz, Los festejos del Centenario de la Independencia. Chile en 1910, Santiago, Tesis de Licenciatura en Historia, Pontificia Universidad Católica, 1999. 47 Rosario Ríos, El Chile del centenario: imagen y realidad en torno a su celebración, Santiago, Tesis de Licenciatura en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 2001.. . 21 .
(23) caracterizó al país en aquellos años permite mirar el Chile de 1910 desde diferentes ángulos, ampliando el foco a temas transversales o ajustando la mirada a temas particulares. Y una amplia gama de historiadores así lo ha interpretado. Son muchos los autores que han dedicado parte de sus investigaciones al Centenario, ya sea dedicándole capítulos completos o algunas páginas de sus libros, constituyendo así una referencia casi obligada para aquellos estudiosos que transitan por el 190048. Hay otros que han centrado su mirada exclusivamente en esa época, entre ellos, nuevamente, Soledad Reyes. En el libro Chile en 1910. Una mirada cultural en su Centenario, la autora presenta un panorama general de Chile a comienzos del siglo XX, trazando una visión bastante amplia sobre diversos aspectos de la realidad chilena de manera de poder establecer el escenario socio-cultural en el que se desarrollaron los festejos centenarios49 . Por su parte Cristián Gazmuri, en El Chile del centenario, los ensayistas de la crisis, muestra la otra cara de los festejos relacionada con la crisis general que, para muchos, afectaba a la República y a la clase dirigente. Esta antología recopila diez ensayos o testimonios escritos en un período de 18 años, entre 1899 y 1918, notable recopilación pues recoge las impresiones de figuras de distintas orientaciones cuyas críticas, en general, no eran producto de un compromiso político o doctrinario claro, sino que eran el resultado de sus observaciones de la realidad chilena50. Andrés Baeza, por su parte, en el artículo “Chile en 1910. El Centenario de la muerte” representa el estado de ánimo para el cambio de siglo a través del estudio del impacto que tuvo en la sociedad la venida del cometa Halley y las dos muertes presidenciales –Pedro Montt y Elías Fernández Albano– que ocurrieron semanas antes del inicio de las celebraciones de septiembre de 191051. 48. Entre ellos, Andrés Baeza [et al.], XX Historias del siglo veinte chileno, Santiago, Ediciones B, 2008; Sofía Correa [et al.], Historia del siglo XX chileno. Balance paradojal, Santiago, Editorial Sudamericana, 2001; Patrick Barr-Melej, Reforming Chile. Cultural Politics, Nationalism and the rise of the Middle Class, Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 2001; Bernardo Subercaseaux, Historia de las ideas y de la cultura en Chile, Santiago, Editorial Universitaria, 2011; Stefan Rinke, Cultura de masas: reforma y nacionalismo en Chile. 1910-1931, Santiago DIBAM, 2002 y Gonzalo Vial, Historia de Chile (1891-1973). La sociedad chilena en el cambio de siglo (1891-1929), Vol. 1, Tomo II, Santiago, Zig-Zag, 1996. 49 Soledad Reyes del Villar, Chileen el 1910. Una mirada cultural en su centenario, Santiago, Sudamericana, 2004. 50 Cristián Gazmuri, (ed.), El Chile del centenario, los ensayistas de la crisis, Pontificia Universidad Católica de Chile, Instituto de Historia, Santiago, 2001. 51 Andrés Baeza, “Chile en 1910. El Centenario de la muerte”, en Baeza [et al.], op. cit., 19-80.. . 22 .
(24) Pero también han proliferado estudios que se detienen en aspectos particulares de los festejos y del escenario en que tuvieron lugar. Al respecto se ha perfilado una línea de investigación interesada en los procesos de construcción nacional y de identidad, dentro de la cual destaca la obra de Bárbara Silva, Identidad y nación entre dos siglos. Patria Vieja, Centenario y Bicentenario52. Silva se concentra en el problema histórico de la definición, crítica y revisión del concepto de nación con motivo de las conmemoraciones de la Independencia de Chile. Utilizando un estilo cercano al ensayo político, Silva nos introduce en los festejos del Centenario desde múltiples dimensiones, orientando su análisis a la dimensión socio-cultural y política y remarcando el carácter elitista de la celebración y la exclusión de la mayor parte de la población que no pertenecía a la oligarquía. De esta manera la autora levanta problemáticas que superan la contingencia, como la definición de la identidad nacional en un marco temporal que abarca dos siglos. Otros autores, como Antonio Sáez-Arance, analizan los discursos identitarios que se manifestaron con motivo del Centenario, entre ellos el de la chilenidad, articulando su estudio en base a la convivencia de dos conceptos: lo festivo y lo crítico53. De manera similar, Gerson Ledezma repasa los discursos nacionalistas de identidad presentes en los escritos de intelectuales que denunciaron la existencia de una crisis moral de la república, y los contrapone con los elementos de identidad hispana que se pusieron de relieve a nivel continental a comienzos del siglo XIX 54 . Manuel Álvarez también estudia la producción discursiva de los intelectuales chilenos de la época del Centenario, pero en relación con el horizonte de la modernidad, el cual prometía un desarrollo social, nacional y/o humano, todo lo anterior inscrito, en último término, en un balance del proyecto nacional55. Otro ámbito que ha sido abordado desde la historiografía es el que tiene relación con la ciudad y sus transformaciones como escenario de la modernidad y del progreso en la época del Centenario. El trabajo de Macarena Ibarra propone una mirada más amplia para entender los cambios que sufrió la capital en el cambio de siglo, situando en la década de 1880 el inicio del proyecto modernizador que transformó la ciudad. Con esto, la autora 52. Silva, op. cit. Sáez-Arance, op. cit. 54 Gerson Ledezma, “Chile en el primer Centenario de su Independencia en 1910: identidad y crisis moral”, en Historia y Espacio, N° 26, 2006, 5-20. 55 Manuel Álvarez, “Centenario de Chile: una época escrita desde la modernidad”, en Sociedad & Equidad, N° 2, 2011, 227-244. 53. . 23 .
(25) cuestiona la idea de que el principal motor de los avances experimentados en Santiago había sido el Centenario, reconociendo que, si bien éste fue un acontecimiento que propició cambios trascendentales, muchos de ellos eran anteriores56. Armando De Ramón, a su vez, bosqueja el panorama de Santiago hacia 1910 realizando un balance de los adelantos que sufrió la capital en términos de infraestructura urbana –edificios, monumentos, alcantarillado, luz eléctrica, pavimentación, etc.–57. René Martínez, en cambio, describe las transformaciones que experimentó la urbe como una forma de historia de la cultura, con especial atención a los cambios que se introdujeron con motivo del Centenario. El autor muestra cómo la influencia francesa quedó plasmada en la fisonomía de la ciudad, a través de la arquitectura, los parques y los paseos, siendo la Alameda el más importante58. En sintonía con los estudios de la ciudad, el espacio y el territorio, Gloria Cortés y Francisco Herrera analizan cómo la distribución espacial de los festejos del Centenario dejó en evidencia las relaciones desiguales de poder entre la oligarquía y las clases populares, lo que significó la exclusión de esta última en el programa oficial de festejos del Centenario, ya que las celebraciones se llevaron a cabo en espacios que tradicionalmente habían pertenecido a la elite capitalina. Además, estudian los discursos predominantes en la configuración de las celebraciones en el espacio público, principalmente de la estatuaria pública59. Aunque la celebración oficial del Centenario se llevó a cabo exclusivamente en Santiago, con excepción de un par de actos que se realizaron en Valparaíso, en varias ciudades del país se organizaron actividades para solemnizar este acontecimiento. Por lo mismo ha sido creciente la publicación de libros, artículos y tesis sobre la manera en que se celebró el Centenario en regiones, permitiendo ampliar la tradicional escala de estudio centrada exclusivamente en la capital hacia una mirada más global, de conjunto60. Pero el 56. Macarena Ibarra, “El Centenario: ¿Un mito urbano? Santiago de Chile 1887-1910”, en Bicentenario, Vol. 4, N° 1, Santiago, 2005, 141-162. 57 Armando De Ramón, “Camino al Bicentenario. El primer Centenario”, en Bicentenario, Vol. 2, N° 1, Santiago, 2003, 133-151. 58 René Martínez, “Santiago en 1910, París en América. Notas a propósito del primer centenario”, en Urbano, Vol. 10, N° 15, 2007, 74-83 59 Gloria Cortés y Francisco Herrera, “Geografías urbanas. Arte y memorias colectivas: el Centenario chileno y la definición del lugar”, en Historia Mexicana, Vol. 60, N° 1, 2010, 397-483. 60 Vicente Ossa [et al.], 1810-1910: Concepción en el centenario nacional, Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2006; Javiera Donoso, Celebración del Centenario Patrio en la ciudad de Santa Rosa de Los Andes, Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2007; Alfonso Díaz y Elías Pizarro, “Tacna y Arica en. . 24 .
(26) tema no se agota ahí, puesto que existe un corpus diverso de monografías que analizan temas tan particulares como el rol que jugó la Iglesia Católica en el Centenario, y más específicamente la figura del Arzobispo de Santiago Juan Ignacio González 61 , la participación del Ejército de Chile en los festejos y su relación con la sociedad civil62, la incipiente cultura de consumo a través del estudio de la publicidad durante la celebración63 y las primeras prácticas patrimoniales asociadas a la organización de la Exposición Histórica del Centenario, inaugurada en septiembre de 191064. Como queda de manifiesto, el Centenario de Chile difícilmente agota sus posibilidades y quedan aún muchas otras dimensiones que valdría la pena explorar. 2.3. Origen, forma y sentido. Una nueva lectura sobre el Centenario Nacional A pesar de la amplia bibliografía que existe sobre el Centenario chileno, llama la atención que, en general, la historiografía relativa a este acontecimiento ha dado por sentada su existencia. Hasta ahora, ningún estudio ha planteado la posibilidad de que el Centenario no se hubiese realizado. La relevancia de esto radica en que el Centenario, como toda conmemoración nacional de carácter oficial, fue una celebración ideada, debatida, organizada y realizada por y para un grupo determinado de individuos –la clase dirigente–, quienes decidieron llevarla a cabo en septiembre de 1910. Por lo tanto, el Centenario no fue una festividad que formaba parte de la trayectoria natural de Chile, ni tampoco estaba inscrita en un calendario previamente concertado de festividades cívicas. En alguna medida el Centenario podría considerarse entonces como una fiesta “inventada”, ya que la idea de realizarla surgió en un momento dado y se concretó luego de una larga discusión en donde tiempos del Centenario (1910)”, en Diálogo Andino, N° 24, 2004, 29-38; Karina Espinoza y Oscar Galaz, Prensa regional y el centenario de la República. Chile 1910, Concepción, Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad Católica de la Santísima Concepción, 2008; Melissa Inostroza, Análisis de la prensa de Concepción ante el centenario de Chile, Concepción, Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad Católica de la Santísima Concepción, 2007; María Ignacia Matus, Una mirada a 1910. El Chile del Centenario a través del diario La Mañana de Talca, Santiago, Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de Los Andes, 2005. 61 Juan Ignacio González,El Arzobispo del Centenario. Juan Ignacio González Eyzaguirre, Santiago, Centro de Estudios Bicentenario, 2003. 62 Eduardo Arriagada, “La participación del Ejército de Chile en las festividades del Centenario, en Anuario de la Academia de Historia Militar, N° 24, 2010, 8-136. 63 Francisco Tagle, “Los anuncios publicitarios durante las fiestas del centenario”, en Bicentenario Vol. 8, N° 2, 2009, 97-119. 64 Luis Alegría y Gloria Núñez, “Patrimonio y modernización en Chile (1910): la exposición histórica del Centenario”, en Atenea, N° 495, 2007, 69-81.. . 25 .
(27) se puso en debate el contenido y la forma que debía tomar esta conmemoración nacional. Pese a esto, sería errado pensar que el Centenario chileno apareció de manera espontánea ya que se inserta en un contexto más amplio de celebraciones civiles realizadas en los principales países del mundo, donde luego de la conformación de los estados modernos occidentales las conmemoraciones de los hitos fundantes se consolidaron como ritos importantes de una nueva forma de hacer política65. ¿Cómo se gesta la idea de celebrar de manera oficial el Centenario? La siguiente investigación busca justamente responder a esta interrogante, para lo cual se dará cuenta del proceso que condujo a que finalmente si se solemnizara de manera oficial el Centenario de la Independencia Nacional. Por lo mismo, el estudio se centra en el período previo a la celebración del Centenario, ya que no se busca realizar una descripción en detalle de los festejos que finalmente se realizaron66, aunque se incluirá el estudio de eventos llevados a cabo en septiembre de 1910 en la medida en que se relacionen con el proceso antes mencionado. A su vez, el foco de este trabajo está puesto en la articulación de esta celebración desde la oficialidad, en su creación, y no en la manera en que fue percibida por la opinión pública, por intelectuales, por el pueblo o por los extranjeros, ámbitos que podrían ser abordados en futuras investigaciones. Al ahondar en el proceso de gestación de la idea de celebrar, van a aparecer otras preguntas: ¿cuál era la forma en que debía festejarse y qué sentido debía tener esta celebración? Así, la cuestión sobre la forma y el contenido también buscarán resolverse a lo largo de este trabajo. Al estar el país bajo un régimen parlamentario, la organización de la celebración oficial competía exclusivamente al poder Legislativo, por lo tanto este trabajo se enfoca en el estudio de las diferentes propuestas legislativas relacionadas con los festejos centenarios que fueron presentadas y/o debatidas en el Congreso Nacional. Así, en los primeros años del 1900, la clase dirigente que ejercía el poder principalmente a través del Congreso Nacional, tomó la determinación de realizar esta conmemoración y esta posibilidad, junto 65. Nora (2009), op. cit., 167. Para conocer el detalle de la celebración del Centenario Nacional en septiembre de 1910 revisar prensa y crónicas de la época. También consultar en: Reyes (2007), op. cit. y Muñoz, op. cit. Existen, además, registros fotográficos y audiovisuales sobre los festejos, los cuales no formaron parte de esta investigación. Ver: ZigZag, El Mercurio y el DVD Imágenes del Centenario 1903-1933. Documentos históricos II, Santiago, Cineteca Nacional del Centro Cultural Palacio La Moneda, 2011.. 66. . 26 .
(28) con la de no celebrar, fue debatida con diferentes grados de intensidad y continuidad, prevaleciendo finalmente la idea de celebrar. Por lo mismo, este recorrido se inicia en julio del año 1904, con la presentación ante el Senado del primer proyecto de ley relativo a la celebración oficial centenaria y culmina a finales de septiembre 1910, mes en que tuvo lugar el Centenario. Con respecto a la dimensión espacial, el siguiente estudio se centrará en la ciudad de Santiago porque fue el epicentro de las festividades oficiales. También se hará mención a Valparaíso, pero solo con respecto a los números del programa oficial que tuvieron lugar en la ciudad-puerto. Hasta ahora esta historia no ha sido escrita y en ella destaca el hecho de que son las fuentes las que guían el proceso de reconstrucción histórica, al tiempo que articulan el desarrollo de la investigación. La celebración oficial del Centenario se distingue de otro tipo de festejos que también se llevaron a cabo en el mes de septiembre de 1910, entre ellos habría que mencionar los del pueblo y los privados de la elite. Establecer las diferencias entre las celebraciones oficiales y las de tipo popular es tarea sencilla, en la medida en que el pueblo festejó este acontecimiento como lo hacía cada año para las “fiestas patrias”, con tradicionales chinganas, en las que no faltaba música, baile, comida ni alcohol67. En cambio, hacer la distinción entre la celebración oficial y los festejos de la elite es más complicado, porque al estar la clase dirigente compuesta casi exclusivamente por miembros de este grupo social, estas dos dimensiones se confundían frecuentemente. Muestra de esto está en el hecho de que varios parlamentarios hospedaron en sus casas particulares a las delegaciones extranjeras que viajaron al país; pero, más aún, en que en el programa de festejos que se puso a la venta en Santiago se detallaban actividades privadas de la elite, como recepciones, banquetes, garden parties, galas, lunches, funciones de ópera, entre otras68. A pesar de lo anterior, la siguiente investigación se centrará en el análisis de los festejos oficiales, que corresponden a las iniciativas que emanan de la autoridad derivada del Estado –excluyendo a las de las Fuerzas Armadas y de la Iglesia– y que fueron aprobados por ley en el Congreso Nacional y formaron el programa oficial de celebración, publicado en 191069. 67. Silva, op. cit., 86. Programa Oficial de las Fiestas Patrias en Santiago, Santiago, Municipalidad de Santiago, 1910. 69 Programa de las festividades…, op. cit. 68. . 27 .
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