de que el mercado se va integrando conforme las diferencias se reducen. Sin embargo, los resultados obtenidos hicieron ver que el asunto era má^ complejo de lo que a simple vista pare- cía. Los precios, por sí solos, difícilmente aprehenden las es- tructuras cambiantes de la producción y el comercio. Por este hecho se incluye en el correspondiente punto un análisis deta- Ilado del producto y su distribución, mercados y usos diversos que, de seguro, ayudarán a clarificar la articulación del merca- do nacional del aceite de oliva. También se estudian las fluc- tuaciones temporales de los precios, y sus diferencias en el espa- cio y el tiempo. EI ciclo del aceite, vinculado al régimen pro- ductivo y a las peculiaridades del mercado, no se presentaba tan delimitado como en otros productos por lo que fue necesa- rio caracterizar, al menos, los aspectos más influyentes.
Así, pues, el estudio conjunto de mercados y precios com- pleta los trabajos, recientemente publicados, sobre los precios del aceite en España.
LOS PRECIOS DEL ACEITE DE OLIVA. TENDENCIAS Y NIVELES. 1861-1931
La curva de precios entre 1861 y 1931 del Gráfico 1 sintetiza el largo'movimiento seguido por las cotizaciones de dicho caldo en nuestro país, al tiempo que señala el nivel medio alcanzado pot las mismas. La trayectoria española oculta evoluciones y co- tas diversas como pone de manif'iesto^el Gráfico 3. Las diferen- cias observadas hacen poco representativo el precio nacional aunque en esta ocasión me sirva para el análisis de los distintos subperíodos elegidos.
Subperíodo 1 ° 1861-1879 Subperíodo 2° 1880-1896 Subperíodo 3° 1897-1906 Subperíodo 4° 1907-1916 Subperíodo 5° 1917-1931
GRAFICO 1
PrecioJ de! aceite de oliva en Prpa^ia. 1861-1931. (Ptr/h!)
250 240 230 220 210 200 190 180 170 160 150 140 130 120 110 100 90 D
1861 1870 1880 1890 1900 1910 1920 1931
Las fechas de 1879 y 1880 no son arbittarias. EI movimiento cíclico observado hasta entonces desapareció y los precios conti- nuaron a la baja cuando por el desenvolvimiento anterior co- rrespondía un nuevo alza. Con más o menos exactitud parece iniciarse aquí el período de crisis, pese a los comentarios de la época situando dicho inicio en los comienzos de los años setenta (3). De igual forma, las exportaciones de aceite se estancaron a
(3) Es cierto que los precios iniciaron su descenso a partir de 1869 a 1870, descenso habitual en las naturales oscilaciones del mercado oleícola. Lo que no resultó tan normal es que continuaran a la baja durante los años de 1880.
partir de estas fechas, tompiendo el titmo alcista de épocas an- teriores. Todo pazece indicar que alrededor de este bienio se produjo una inflexión de la economía olivarera manifestada por los precios y el comercio exterior.
El año 1896 es el punto mínimo en todas las cutvas de pre- cios anuales del aceite. También lo es en el íridice general euto- peo de precios con el que la coyunrura oleícola nacional se ha- Ilaba estrechamente vinculado. Además, desde entonces, los precios oftecieron nuevas oscilaciones determinadas, tal vez, por el relanzamiento de las ventas al exterior al calor de la de- preciación de la peseta y de los lentos cambios llevados a cabo en la economía olivarera.
El tercer y cuarto subperíodo fueron el resultado de un la- bórioso trabajo estadístico. EI Gtupo de Estudios de Historia Rural estableció, igualmente, dicha partición al comprobar que un primitivo tercer subperíodo (1897-1916) resultaba con más altos coeficientes de variación a través dél tiempo y ello porque en su interior se mezclaban dos niveles distintos: el de
1897-1906 y el de 1907-1916.
Pot último, una época de altos precios se inició con las re- percusiones del conflicto bélico europeo sobre la economía es- pañola en el año de 1917. Como señalé en el apartado referido a fuentes no me ha sido posible reconstruir los precios provin- ciales al por mayor desde 1919 a 1931, pues los que, en un principio, ofrecían tales catacterísticas resultaron ser precios al consumo, los cuales rompieron la uniformidad de las series an- teriores. Sin embargo, tales ptecios han permitido comprobar
De esta forma resulta lógico el proyecto de dictamen que presentó la subco- misión 3? acerca de las causas de la crisis olivarera donde se decía: <Es induda- ble que nos encontramos frente a una crisis cierta, conocida y profunda, crisis que data, según algunos, de medio siglo acá y que, según los más, se reveló por los años de 1869 a 1871, opinión con la cual coincidimos, a juzgar por los datos estadísticos de la producción y del consumo y de los precios de los acei- tesD (la cri.ri.r agricola y pecuaria, tomo I, 2? parte, pág. 399)•
los altos valores alcanzados por el caldo de la aceituna durante la década de 1920 (4).
EI Cuadro .1 informa sobre los niveles de los subperíodos elegidos y la dispersión espacial-temporal de los mismos. Di- chos aspectos sirven de base a los comentarios que siguen. De un lado, la diferencia de precios entre las distintas épocas seña- la las divetsas coyunturas pot las que pasó el olivar español. El acusado descenso de los niveles que propició la crisis y, lo que es mucho más importante, su mantenimiento posterior denota considerables cambios en las curvas de precios, ahora más pla- nas que, a su vez, remiten a transformaciones en la producción y comercialización del caldo. De igual forma, los altos niveles
CUADRO 1
Precio medio del aceite de oliva en Erpaña. (Ptr/Hl). 1861-1931. Coefrcienter de variación erpacia! (Ve) y tempora! (Vt). Númeror índicer (N.l.)
x Ve V t N.I
1861-1879 118,29 13,0 8,7 117,8
1880-1895 100,42 15,0 6,4 100,0
1897-1906 100,87 16,0 5,2 100,4
1907-1916 119,00 14,7 4,8 118,5
1917-1931 197,34 10,0 14,30 19G,5
Fuente: 1861-1890.^N. Sánchez-Albornoz(1981)
1891-1916. Grupo de Esrudios de Historia Rural (1981).
1917-1918. Boletiner Regionaler.
1919-1931. Boletín de Agricultura Técnica y Económica.
(4) A partit de Febrero de 1920 no se publicaron los ptecios al por mayor anotados, mensualmente, desde 1906 en los Boletine.r Regionale.c. Justo un año antes, apatecieron en el Boletín de Agricultura Técnica y Económica (BA- TEM) unas cotizaciones mensuales del aceite pero referidas:al consumo> con lo que se quebtó la continuidad de años atrás. Pese a ello los he utilizado pata conocer la tendencia y la integración del mercado durante la década de 1920.
Su trayectoria es similar a la del eacéite cortiente andaluzs en Barcelona cuyos valores fueron publicados pot la Dirección General de Estadística desde 1913 y su nivel, inferior, incluso, al de la úlcima fuente.
del decenio 1907-1916 indican una recuperación tardía, pero firme, llegando, incluso, a superar el precio medio de la prime- ra época. De otro, el descenso continuo del coeficiente tempo- ral, medida si se quiere un tanto heterodoxa, muestta impor- tantes novedades en la oferta y demanda del líquido en cues- tión, así como el alza del índice de ^variación espacial. Pero va- yamos a la caracterización de cada uno de lo^subperíodos antes de analizar, detenidamente, los puntos anteriores.
En el primero, 1861-1879, los precios presentan unos nive- les altos y las fluctuaciones temporaíes son las mayores de todos los años estudiados, exceptuando las de 1917-31. Igualmente, la dispersión espacial es baja lo que hace pensar en la temprana integración del mercado sin que el alza de 1907-1916 sign^- que la descomposición del mismo.
El segundo subperíodo, 1880-1896, fue el de la crisis. Los precios bajaron y las fluctuacionés temporales también. El mer- cado se encalmó y durante largo tiempo permaneció sin gran- des altibajos. La forma de las curvas deláta una continua so- breoferta pese a los naturales vaivenes de la cosecha aceitera.
Por otra parte, las diferencias de precios entre las provincias aumentó dando a eñtender una ciérta resistencia a la baja de los niveles.
Los promedios del tercero, 1897-1906, escasamente supera- ron a los anteriores y si no fuera por la trayectoria de otros indi- cadores como la políti•á monetaria, el comercio exterior o el nuevo comportamientó dé los misinos precios, pudiera pensar- se en una profunda y duradera deptesióri que no vería su final hasta bien entrado el si‚lo XX. El Gtupo de E^tudios de Histo- ria Rural calificó a esta épocá como «subperíodo de transi- ción (5).
En el cuarto,,.1907-1916, sé alçanzó él nivel del primero.
Superada la crisis nó se volvió á l^ situáción de partida. ,Los pre- cios ptovinciales no convergíari más que al principio, dando a
(5) Gtupo de Estudios de Histotia Rural (1981), pág. 49.
entender que lo ganado por un lado se perdió por otro. Es de- cir, la mayor seguridad en la oferta y distribución del aceite fue contrarrestada por la pérdida de homogeneidad del ptoducto.
La salida de la crisis se arbitró a través de la mejor calidad del caldo y es un hecho, como se verá más adelante, que no todas las provincias respondieron con la misma celeridad ni en todos los años fue posible ofrecer un artículo de parecida naturaleza.
El que sí se redujo fue el coeficiente de variación temporal que sustiruyó la fluctuaciones de antaño por otras más suaves.
El nivel del quinto subperíodo, 1917-1931, estuvo muy por encima del anterior. La coyunrura propiciada por la Primera Guerra Mundial y la mejora cualitativa del producto facilitaron el alza espectaculat dé los precios: Los años de 1920 y 1927 se- ñalan los máximos del período en el que destacaron la baja postbélica de 1921-1923 y la más tardía y duradera de 1928- 1931. La primera resultó de la «vuelta a la normalidadp del co- mercio mundial por la que se restableció la tradicional concu- rrencia de diversos caldos tanto de la aceituna como de semillas oleaginosas. La segunda enlazó, sin solución de continuidad, el mínimo de 1928 ocasionado por la sobreproducción de ese año, con la baja general de precios del siguiente quinquenio. Dicha baja no se conoció en el interior con la intensidad real dada la política devaluatoria de aquellos años.
La crisis agricola y pecuaria
Por el Cuadro 2 puede afirmarse que la crisis se tradujo, en lo que se refiere a los precios del aceite, en una deptesión me- dia, próxima al 18 por ciento. Esta baja se originó en los merca- dos exteriores y se debió, sobre todo, a la escasa calidad del cal-•
do que se consumía, mayoritariamente, en usos industriales, ámbito en el que enconttó dura competencia por parte de ottas grasas y aceites vegetales.
Como se sabe, el de oliva tenía, por aquel entonces, diver- sos usos, además del alimenticio. En primet lugar, servía para
CUADRO 2
Precior medior del aceite. Número índicer. Por tubperiodot y zonar
Ao A B C D
1861-1879 125,9 123,2 117,9 113,1 117,0
1880-1896 100,0 100,0 100,0 100,0 100,0
1897-1906 10G,3 99,7 102,3 104,1 102,G
1907-191G 135,8 121,9 120,5 123,3 117,1
1917-1931 174,4 182,3 185,9 208,2 -
Fuence: la misma del Cuadto 1.
el alumbrado en muchos pueblos y lugares de España. Toda- vía, en la década de 1870, se anotaba detalladamente su consu- mo en los faros de las costas españolas (6). Un segundo uso era el industrial. Tanto fuera como dentro de nuestras fronteras, el aceite de oliva tenía un importante consumo como materia lu- bricante. En 1888, el cónsul español en Londres informaba so- bre la preeminencia del caldo italiano en los puertos británicos y cómo gran parte del mismo se distribuía entre las comarcas fabriles del Jalford, Leeds, Birminghan y muchas otras (7). Por último, se empleaba en la fabricación de jabón, aunque los aceites de semillas le hacían una gran competencia (8).
(6) Memoria relativa a! conrumo de aceite y duración dél alumbrado en lo.r faror de lar co.rtat de Erpaña durante lo.r añor económicor de 1873-74 y 1874-75. Madrid, 1875. Sin embatgo, la competencia establecida por el pe- ttóleo, el gas y la electricidad relegó al aceite a un lugar secundario. No extra- ñan, por ello, contestaciones como la del Consejo Provincial de Agricultura, Industria y Comercio de Baleares al interrogatorio sobre la crisis agrícola y pe- cuaria: ^Perdió el aceite el monopolio de alumbrar y su luz triste y antihigié- nica cederá siempre ante el brillo y claridad del petróleo, del gas y del fluido eléctrico. Queda relegado a la vivienda del pobre, prestando sólo servicios se- cundarios en las restantesD (Ia criJir agrzcola y pecuaria, tomo V, pág. 759).
(7) Archivo Ministerio de Agricultura, Legajo 259. `Despacho númer6 207 del Cónsul General de España en Londres a la sección de Cometcio del Ministerio de Estadoa, año de 1888.
(8) En 1878, los fabticantes de jabón de Barcelona, se dirigieron a las Cor- tes pidiendo protección para sus industrias. Afumaban estar pagando 33
La distribución de la cosecha entre los distintos consumos es difícil de conocer. Sánchez-Albornoz, en su reciente publica- ción sobre los precios del aceite de oliva, calcula, a partir del in- tetrogatotio sobre la crisis agrícola y pecuaria, un consumo ali- menticio por habitante y año de 12 Kgs, que supone el 77 por ciento de la cosecha tipo (9). Más tarde, en la década de 1910, Flores de Lemus dio la cifra de 9,18 kgs (10) mientras, en 1934, J. Ruiz Almansa la situó en 8,6 (11). Los datos anteriores pare- cen indicar una reducción durante el período estudiado. Sin embargo, creo excesiva la cantidad ofrecida por el primero de los autores y considero más cercana a la realidad la de 6,5, calcu- lada por Díaz del Pino en 1892 (12). Este autor, a su vez, esta- bleció un cuadro general de todos los usos del aceite de oliva en las 49 provincias de España. EI los distribuyó así:
Alimentación ... .... ... .... . 37,2 % Conservas ... 1,8 % Alumbrado ... 15,7 % Fábricas de Jabón y otras industrias . . . 22,7 % Maquinaria y Talleres, etc . . . 15,1 % Exportación ... 7,5 % EI bajo porcentaje dedicado a alimentación, pienso, se debe a la alta producción del año común de 1888, muy cercana a los
pts/Qm de arancel por la importación de aceites vegetales, mientras el jabón sólo pagaba 21,55 pts/qm, cuando con un quintal métrico de aceite se hacían 140 kgs de jabón. Esto evidencia un cierto uso de caldos procedentes de semi- llas oleaginosas en las jabonerías del último cuarto de siglo XIX.
(9) La cosecha tipo era de 274.000 toneladas según la Asociación de Agri- cultores. N. Sánchez-Albornoz las distribuye de la siguiente forma: alimenta- ción, 210.000; comercio extetiot, 21.000 y el resto, unas 43.000 toneladas etan para consumos diversos. N. Sánchez-Albotnoz (1981) pág. 113.
(10) A. Flores de Lemus (1914). sEl consumo interiot es muy gtande, pto- bablemente el mayot de Europa, consumo que yo calculo en 9,18 kilogramos en lugar de 3,45 kilogramos pot habitante en Italia^. Pág. 451 (ed. 1976).
(11) J. Ruiz Almansa (1934). La cifra de 8,6 kgs se refiete a la disponibili- dad per cápita y no al consumo real.
(12) M. Díaz del Pino (1892).
tres millones de hectólitros, cosecha impropia de aquellos años.
Una campaña de mediana ó escasa importancia reduciría los usos no alimenticios con lo que el porcentaje de aquel se eleva- tía.
Por lo anterior deduzco que una parte de la cosecha olivare- ra se dedicaba a usos no culinarios; incluso en nuestro país, lo que nos habla de una amplia oferta de aceites de mala calidad.
En efecto, salvo algunos núcleos donde se lograban caldos ade- cuados para alimentación, la mayoría de las provincias olivare- ras españolas obtenían aceites que los contemporáneos cal^ca- ban de «fétidos y pestilentes^.
Supuesta una producción de la calidad reflejada en líneas arriba, no es difícil comprender el origen de lo que se ha veni- do en Ilamar crisis agrícola y pecuatia. Esta se inició en los mer- cados exteriores, donde el caldo de la aceituna encontró una dura competencia, primero, pot la generalización del petroleo y, después, pot la Ilegada masiva de aceites vegetales y semillas oleaginosas, sustitutivos más baratos y en plena expansión. De ahí, se transmitió al interior de cada uno de los países produc- tores de aceite de oliva. La fase depresiva estuvo motivada,
^ pues, por los efectos de dos crisis de características distintas aun- que de similar origen. Ségún la primera de ellas, la generaliza- ción del petróleo testringió la demanda de aceite, rompiendo así el equilibrio del mercado aceitero. Esta fase apenas repercú- tió en la economía olivarera española que, como respuesta a la introducción de petróleos en nuestro país, dedicó más caldos a los mercados exteriores (13). Más tarde, otras materias oleagi- nosas desplazaron al aceite de los usos no alimenticios, con lo que la depteciación no se hizo espetat, y con ella, la sobtepro-
(13) ^Según datos muy aproximados, por estas fechas (1860-1869) empe- zó a tomar desarrollo la introducción de petroleos..., notándose esta influen- cia en el exceso de aumento de exportación de aceite en relación d^ecta con el desarrollo de inuoducción del petróleo btutoD (de la contestación al interro- gatorio de la Asociación de Agricultores de la prov. de Sevilla). I^r cri.rú agrí- cola y pecua^ia, tomo N, pág, 232. Por mi parte, he confirmado la veracidad de la cita en la (s) Ertad'utica(r) de! Comercio Ezterior de Erpaña.
ducción interior y el progresivo hundimiento de las cotizacio- nes (14).
La crisis, pues, vino a cuestionar la economía olivarera de aquellos años, basada, fundamentalmente, en la expansión del cultivo y en la oferta de caldos de escasa calidad: Mientras no se transformó el proceso de elaboración de la aceituna, con el ob- jeto de obtener aceites listos para la mesa, nuestro líquido mantuvo los precios bajos y sin apenas oscilaciones. De aquí, la larga fase depresiva que mostraron las cotizaciones del aceite de oliva, señal inequívoca de la lentitud con que se aplican los cambios en el mundo de la agricultura. Durante un cuarto de siglo, los valores permanecieron en niveles inferiores y, en la década de 1880, la quietud del mercado fue consid^rable.
Frente a las oscilaciones temporales del período 1861-1879, los años ochenta ofrecieron una reducción casi total de las mis- mas. En esta ocasión, los precios reflejaron bien la respuesta del mercado a la crisis finisecular. Como se sabe, el olivo tarda va- rios años en producir y goza de una larga vida; de ahí que la su- perf'icie no experimente los altibajos de los cultivos anuales, pues las modif'icaciones de la misma suponen inversiones o de- sinversiones considerables. Una superf`icie constante ofrece co-
(14) EI Consejo Piovincial de Agticultura, Industtia y Comercio de Sala- manca escribió acertadamente en 1888: REs innegable que el empleo del pe- tróleo en el alumbrado disminuyó notablemente el consumo de los aceites co- munes y desatrolló una de esas crisis inevitables, hijas del progreso y de los adelantos de la época... Súbitamente resultó un sobrante de producción acei- tera con gran depreciación y competencia en calidades... Después de esta re- volución económica vuelven a nivelarse la ptoducción y el consumo. Peto sin mejorar la calidad, sin disminuir los gastos de cultivo y sin perfeccionar los aparatos y sistemas de fabricación. ...Los aceites de colza, linaza, sésamo y ca- cahuete, por otra parte, encuentran útil y económico empleo en la cnnfección de jabones y otras industrias, sustituyendo a los de oliva, y^on ésto ya resul- tan invadidos todos los mercados y aplicaciones en nuestra rica producción olivarera. Vuelve, pues, a iniciarse una nueva crisis ...que ...puede paulati- namente acarrerat la total ruina de la olivicultura si no se paraliza la evolución comercial ini^iada para lo cual es necesario que nuestros olivicultores fabri- quen a la moderna.. Ia critú agrícola y pecuaria, tomo IV, pág., 136.
sechas regulares (la «regularidadp propia del olivo) que Ilegan a saturar el mercado ante la depreciación exterior y la menor de- manda peninsular (15).
Sin embargo, no todas las regiones sufrieron por igual las crisis. Como enseña el Cuadro 2, la zona C, formada por las provincias del levante y nordeste español, tuvo una caída infe- rior en un 50 por ciento a la registráda en Ao. Esta diferencia sugiere que la crisis se centró en un tipo de oleicultura, predo- minante en las demarcaciones andaluzas y, ptincipalmente, en las tres provincias productotas por excelencia. En efecto, co- mo he señalado en páginas atrás, los caldos del bajo Ebro se de- dicaron, tradicionalmente, a la exportación, por la alta cali.dad de los mismos. Si ésto fue así, es lógico que la depresión de los precios no le afectara con gran intensidad, al originarse aquella por el uso corriente de otras grasas industriales. De ahí, tam- bién, la salida airosa del referido conjunto zonal y, sobre todo, de las provincias de Teruel, Lérida, Tarragona y Barcelona.
La crisis paralizó el mercado. Los ptecios, tras la baja, mos- traron una atonía sin precedentes. Las exportaciones se estabili- zaron. El aceite coiriente español resultaba caro en el mercado europeo y los de^ calidad no alcanzaban el sobreprecio de los de Francia e Italia. Todo parece indicar, que fue el final de una época, de^una expansión. Entonces arreciaron las críticas sobre los métodos de elaboración y se habló de «fabricar a la moder- na^, como única salida. Era lá búsqueda de nuevas áreas de consumo, típica respuesta capitálista a la crisis. Sin embargo, la depresión se mantuvo durante largos años, contrastando con el alza del trigo y la cebada, después de 1896. ^ Por qué el aceite de oliva permaneció con niveles bajos, hasta ya avanzado el
nuevo siglo? -
(15) La ctisis finisecular no supuso el descuaje de la arboleda, salvo en al- gunas zonas, más bien matginales. EI olivar andaluz permaneció casi en su totalidad y sólo se vió afectado por un paulatino abandono del cultivo que, como quedó esctito, no repercute de forma inmediata. De ahí, la quietud del mercado por una continua sobreoferta.
La tardía recuperación de los precios
En nuestro estudio poníamos de man^esto cómo los pre- cios del aceite no alcanzaron los niveles de recuperación hasta 1907, en contra de lo que ocurría con el trigo y la cebada (16).
Entonces, resaltamos la importancia del hecho, aunque, a decir verdad, no supimos darle una explicación coherente.
Hoy, sin embatgo, sugiero dos hipótesis que, desde mi punto de vista, tuvieron que ver con la salida tardía de la crisis.
La primera de ellas está relacionada con el mercado exterior. Si la depreciación del caldo se originó en él, no es muy desacer- tado pensar que la recuperación venga del mismo, máxime, cuando las exportaciones, nexo de unión, se mantuvieron e, in- cluso, aumentaron. La segunda se encuentra en el interior del país. El cambio de la calidad del producto fue una condición necesaria para un alza firme en las cotizaciones. Hasta que aquél no se dió, éste no fue firme.
Detengámosnos en la primera de las hipótesis: la influencia del mercado exterior en la recuperación tardía de los precios del aceite de oliva en España.
Por el Cuadro 3 se acierta a comprender algunos aspectos de la cuestión. De un lado, el aceite de oliva en Londres tuvo, en 1897-1906, precios más bajos que en el período inmediatamente anterior. Este descenso tal vez se originó por el estancamiento de las cotizaciones de los aceites vegetales, sus más directos competidores. Como vengo señalando, el caldo de la aceituna cotizado en la capital inglesa era un aceite de baja calidad y empleado en usos no culinarios. Por esta razón, no extraña constatar el descenso pronunciado de los ptecios (pesetas cons- tantes) de Ao, que siguen el camino abierto por las cotizaciones internacionales. Sin embargo, dicha baja no se dio en los «valo- res corrientes^ de la misma zona, por la depreciación de la pese- ta en aquellos años. En efecto, a partir de 1890, nuestra mone- da registró una fuette caída que, en este caso, sitvió para lanzat
(1G) Grupo de Esrudios de Historia Rural. (1980 y 1981)
CUADRO 3
Preciot de aceitet vegetalet y de oliva en Londre.r y aceite de oliva en Ao. 1861-1914.
Número.r índice.r por Jubperíodot.
Í1) Í2) (3) Í4)
1861-1879 149,4 142,6 125,9 130
1880-1896 100,0 100,0 100,0 100
1897-1906 100,2 95,0 10G,3 83
1907-1914 130,4 129,3 135,8 131
(1) Aceites vegetales (coco y palma).
(2) Aceite de oliva en Londres.
(3) Aceite de oliva en Ao.
(4) Aceite de oliva en Ao ( Pu. constantes)
Fuente: Columas (1) y(2): The Economist (1861-1914).
Columnas (3) y(4): la misma del Cuadto 1. ^
las exportaciones e incentivar el cultivo. Tal devaluación com- pensó con creces la pérdida de 17 puntos relativos de la última columna del Cuadro 3, aunque no lo suficiente para que el alza fuera igual a la del trigo y la cebada. La diferencia existente procedió del margen que el arancel proporcionó a los productos cerealísticos. El Gráfico 2 muestra, visualmente, lo escrito. Es decir, los precios españoles del aceite de oliva hubieran seguido cayendo, y de hecho lo hicieron en el mercado internacional, a no ser por la depreciación de la peseta de aquellos años. La co- yuntura propiciada por la endeblez de nuestra moneda no fue ajena a los contemporáneos, quienes, acertadamente, supieron ver los beneficios ocasionados al olivar. En un mitin de olivicul- tores, en la villa cordobesa de Lucena, se dijo en 1902:
a... la depreciacióci de la moneda nacional y el aumento de la circulación fiduciaria fueron motivo más adelane de que el mercader exttanjero demandase nuestro aceite como género más corriente y de más fácil salida. Así se explica el bienestar relativo de los últimos seis años. Lo que era origen de un mal nacional, constituyó para la región olivatera medida protecto- raD (17).
(17) Fl P^ngrelo Agrícola y Pecuario, Madtid, n° 281, (1902) pág. 114.
GRAF7C0 2
Precio.r de1 aceite de oliva en Ao 18G1-1916
Ptas. corrientes/HI.
Ptas. oro/HI.
1861 1870 1880 1890 1900 1910 1916
La segunda de las hipótesis resulta difícil de cuantificar (18). El cambio en la calidad del producto fue un proceso len- to, que requirió importantes transformaciones en el cultivo del olivo y en la elaboración del caldo. Las almazaras se moderniza- roñ y se perfeccionó el laboreo de la arboleda. Sin embargo, la generalización de tales cambios no fue realidad hasta bien en- trado el siglo XX. Por el contrario, muchas manifestaciones me
(18) La misma dificultad tuvo Eduardo Notiega (1901) en su Memoria acerca de !a fabricación de aceite.r en !a provincia de Sevilla. :Hoy, que ya se va generalizando algo el obtener dos clases, una procedente de ptensadas en frío y otra de escalde, es vetdad que puede hacerse esta distinción; pero es tan variable la producción de una y otra, que al consignar cifras tendría que ser entre límites tan extremos que no conctetatía la cuestión, no solamene por- que es casi imposible determinar los molinos en que se han modificado los antiguos procedimientos, como asimismo pot lo variable que es la cantidad de aceite de cada clase que en los divetsos años se obtiene en una misma fá- bricaa. Reedición a cargo de Juan Francisco Zambtana Pineda (1981), pág.
352.
inducen a pensar que, a finales del XIX y primeros del XX, predominaba aún la obtención de una sola clase de aceite y, por tal razón, de no muy buena calidad. Una de las más signifi- cativas es el real decreto de Diciembre de 1908 prohibiendo se dedicaran a la alimentación caldos con más de 5 grados de aci- dez oléica, señal clata de que hasta entonces se estaban aplican- do. Igual sucedió con la instalación de material moderno en los molinos aceiteros. Son muchos los olivicultores y fabricantes que no renovaron el utillaje, hasta ver bien clara la coyuntura alcista. La calidad pues, favoreció el alza de los precios y éstos a su vez actuaron de incentivo para los olivareros.
EL MERCADO INTERIOR. INTEGRACION Y FUNCIONAMIENTO
La formación del mercado interior ha sido objeto, en las úl- timaas décadas, de diversos estudios que resaltan la importancia del mismo en el desarrollo capitalista español. Desde que J.
Fontana abordara el problema hasta el reciente trabajo de Sán- chez Albornoz sobre los precios del vino y el aceite en la segun- da mitad del siglo XIX, han aparecido diversas publicaciones que, con fuentes y métodos diferentes, realizan una primera aproximación al tema (19).
Entre ellas conviene señalar las de Sánchez-Albornoz y el Grupo de Estudios de Historia Rural sobre el mercado oleícola.
Ambas utilizan los precios como instrumento de análisis. La primera, que abarca desde 1861 a 1890, pone de manifiesto la
(19) Por la fuente utilizada cabe señalar dos grupos en los que se integra- rían los estudios citados a continuación. De un lado, los que abordan el tema a través de los precios y de otro, los que lo hacen analizando el transporte de mercancías. Algunas obras son: J. Fontana Lázaro (1970); D.R. Rin- grosse (1972); J. García Lombatdero (1971); N. Sánchez-Albornoz (1975a), (1975b) y(1981); Servicio de Estudios del Banco de España (1978); Grupo de Estudios de Historia Rural (1980) y(1981); E. Frax (1981); A. Iglesias y J. Sanz (1980). A. Gómez Mendoza (1983).