Literatura y artes, arte y vida
Lo que define los m ovim ientos de vanguardia europeos, incluso el surrealismo, es la convicción de sus protagonistas de que se precisa un cambio total: cambio no solam ente de la literatura sino de las artes en general, del hom bre, de la sociedad, del m undo. Esta convicción se nutre de fuentes diversas más o m enos conocidas: de la influencia enorm e del psicoanálisis de Freud, de los abrum adores progresos técni
cos (futurismo), de la apocalíptica Prim era G uerra M undial (dadaísmo), del odio a la sociedad burguesa (expresionismo) y de la reducción del hom bre a una entidad racional (surrealismo). Así, hubo diferentes m ovim ientos de vanguardia con características y tareas específicas, pero convergentes en la confianza de un cam bio radical inevitable e inm i
nente.
En este sentido, ya en 1974 O ctavio Paz llegó a la conclusión siguiente:
La más notable de las semejanzas entre el rom anticism o y la vanguardia, la semejanza central, es la pretensión de u n ir vida y arte. C om o el rom an
ticism o, la vanguardia no fue únicam ente u na estética y un lenguaje; fue u na erótica, una política, una visión del m undo, una acción: u n estilo de vida (Paz 1974: 146).
H ay que precisar, sin embargo, que Paz pensaba p o r entonces en la vanguardia en general y no específicamente en los m ovim ientos de vanguardia en el M undo Ibérico, de los cuales solam ente durante los dos últim os decenios se han revelado, si no la existencia, sí en m uchos casos la im portancia y la com plejidad.1 U na vez delineado el perfil del
E l perfil de los m ovim ientos de vanguardia en los países de lengua castellana y en el Brasil se puede desprender de F o rste r/Ja c k so n (1990) y W entzlaff-Eggebert (1991).
vanguardism o en los países de habla catalana, castellana y portuguesa, ha llegado ahora el m om ento de volver sobre la tesis de Paz. C on la diferencia de que más que la semejanza entre el rom anticism o y la vanguardia hay que hacer resaltar las características propias de los discursos vanguardistas que se manifestaban en la Península Ibérica y en A m érica Latina, sobre todo durante los años 20 y más allá. Hace falta verificar en qué medida es válido para el M undo Ibérico afirmar que la vanguardia era «una visión del m undo, una acción: un estilo de vida».
N o ha sido O ctavio Paz el único en poner de relieve com o rastro más destacado de la vanguardia este intento de un cambio global, de ninguna m anera restringido al área de la literatura. Así, en 1980, Juan Carlos Rodríguez, aunque dentro de otra óptica, insiste en que
la tendencia determ inante en las poéticas vanguardistas ha sido precisa
m ente la que se dirigió a esa incidencia de la poesía en la vida, a esa inter
vención de la producción poética en el nivel vital, en cualquiera de las variaciones en que ésta se presentara.
Estim a Juan Carlos Rodríguez
que p o r prim era vez en la historia se trata de ‘sujetos’ que se consideran única, exclusiva y esencialmente ‘poetas’. Y ello, precisam ente, en el deci
sivo m om ento histórico (los años 20 y 30) en que la función social del p oeta está ya herida definitivam ente de m uerte (Rodríguez 1980:370-371).
H ace hincapié en la influencia de N ietzsche y en textos teóricos de C ernuda, concretizando así su reflexión en relación a España.2
P o r supuesto que en tre N ietzsche y C ernuda no hu b o n ingún vacío, sino que se fo rm aro n los ya m encionados m ovim ientos vanguardistas, sobre to d o los que encabezaron, en París, A pollinaire y Picasso, protagonistas los dos de la fusión en tre arte y vida: «En A pollinaire -aclara C oncepción Félez L u b elza- la realidad y el arte n o se hallan enfrentados nunca. Su vitalism o estético es casi to tal, no en el sentido de vivir sólo en el arte sino en u n vivir a plena potencia estética cotidiana: la m etafísica sólo entra a través de la piel, dirán los surrealistas, y A polli
naire es en gran p arte el engarce en tre N ietzsche y ellos. [...] es el singular vitalism o de A pollinaire el que se prolonga en Picasso, en su especial visión de la vida y el arte, sólo que el p in to r se planteará el sentido y función del arte desde una perspec
tiva m uch o más p ro fu n d a que la del vanguardism o ‘m ondaine’ de A pollinaire»
(Félez L ubelza 1974: 206).
Siguiendo sus pasos, A ntonio Jim énez M illán habla de «la fusión total entre poesía y vida», que anhelaba Aleixandre, y aún más «Cernu- da, A lberti, Lorca y Prados, quienes, en m ayor o m enor grado, parti
cipan en un proyecto de transform ación de la sociedad en que viven».
«U n profundo vitalismo», presente ya antes en O rtega y Gasset y su idea de la «razón vital», caracteriza las obras de estos poetas especial
m ente en los años 1929-31, debido al entonces más fuerte influjo del surrealism o.3
Q uisiera añadir otro ejemplo, esta vez del área hispanoamericana.
En cuanto al pensam iento de José Carlos M ariátegui escribe V icky U n ru h en 1989:
Agreeing w ith the surrealists, M ariátegui affirmed th at reinstating the fictitious, the irrational, and the fantastic w ould reintegrate art w ith life:
‘El arte se n u tre de la vida y la vida se n utre del arte’ (6: 186). H is vitalist declaration th a t art was a sym ptom of the ‘plentitude o f life’ (6: 186) was com parable in spirit to Berlin dada founder Richard H ü lsenbeck’s account o f his sim ultaneous poem s as no th in g m ore than a ‘hu rrah for life!’ (U nruh 1989: 52).
Para M ariátegui los cambios radicales que se producían dentro de la literatura y las artes eran indicadores de la revolución social y política inm inente. C reo que casi todos los vanguardistas com partían esta opi
n ió n ,4 aunque m uchos pensaban que para empezar, lo que hacía falta era po n er de acuerdo su propia vida con el «espíritu nuevo de la épo
ca». U n espíritu tan radicalm ente nuevo, que no les pareció un escalón más en la evolución histórica sino una señal del fin de la historia tal
3 Véase Jim énez M illán (1994: 256-257). - Fuentes (1989: 9) constata acerca de Benjam ín Jarnés, «que vida, ficción y escritura aperecen inextrincablem ente unidas en Jarnés, en la red del tejido textual que fue elaborando a lo largo de su vida».
4 P o r lo que se refiere a España, se p o d ría m encionar tan to a Luis B uñuel y los surrealistas canarios D om ingo López T o rres y Pedro G arcía C abrera com o a E rnesto G im énez Caballero y Francisco G uillén Salaya y m uchos otros, retratados todos p o r Bonet (1995). Así, en Parábola de la nueva literatura (M adrid: A tlán tico 1931) de G uillén Salaya, se puede leer el siguiente párrafo: «El arte nuevo tiene que ir u n id o a u n a p o lítica nueva y a u n nuevo sentido del cosmos. T iene que ser h um ano, pro fu n d am en te hum ano, y cooperar a la destrucción del viejo m u n d o b urgués, del que vive el h o m b re decadente, para crear u n m u n d o de nuevas y puras esencias proletarias» (Bonet 1995: 322).
com o la habían hecho posible un tipo de hom bre y de sociedad que odiaban profundam ente.
En cuanto a este «espíritu nuevo» dos aspectos parecen de p rim o r
dial im portancia. En prim er lugar, que n o era solam ente el resultado de los inventos técnicos sino de una disposición mental: «‘todo es nuevo bajo el sol’ si todo se m ira con unas pupilas actuales y se expresa con un acento contem poráneo», según la fórm ula de O liverio G iron- do.5 Esto explica el interés inusual de los vanguardistas p o r las cosas de la vida diaria, tan a la vista en G óm ez de la Serna, p o r ejem plo.6 T odo ello, y esto nos lleva al segundo aspecto, se com bina con una seguridad absoluta, una fe inquebrantable en ser ellos los protagonistas de la única m anera adecuada de ver el m undo y de vivir conform e a la natu raleza hum ana. Es esta convicción interior la que explicaría la actitud muchas veces polém ica y hasta m ilitante que se reflejó, claro está, en los manifiestos y proclam as,7 pero tam bién en manifestaciones especta
culares de todo tipo. H aciendo referencia a G óm ez de la Serna y su revista Prometeo dice A ndrew D ebicki, que es en la actitud iconoclasta e irreverente de los vanguardistas en donde hay que buscar «the seeds of the antisym bolist vision: literature expresses a will to perform , n o t a desire to em body transcendent meanings».8
5 «M anifiesto M artín Fierro» (1924), reproducido en Schw artz (1991: 113).
6 Véanse las indicaciones en W entzlaff-Eggebert (1998).
7 Para m ás detalles véase W entzlaff-Eggebert (1999).
8 D ebicki (1994: 31). - H ab lan d o de Luis B uñuel P ariente (1985: 29) cuenta lo siguiente: «Para que su perfil de activista del surrealism o sea más o rtodoxo, B uñuel p ro tag o n izó en M adrid varios escándalos en nada envidiables a los del gru p o de París. E n 1928 y después de escoger en tre varios destinatarios, escribe, con D alí, u n a carta insultante a Juan R am ó n Jim énez, al día siguiente de visitarle. El texto es el siguiente:
N u e stro distinguido amigo: N o s creem os en el deber de decirle -sí, desintere
sad am en te- que su ob ra nos repugna profundam ente p o r inm oral, p o r histé
rica, p o r arbitraria.
Especialm ente: ¡¡MERDEÜ para su Platero y yo, para su fácil y m alintencio
nado Platero y yo, el b u rro m enos b u rro , el b u rro más odioso con que nos hem os tropezado.
¡M IERD A! Luis Buñuel
Sinceram ente. Salvador D alí
Este «espíritu nuevo» o esta «nueva sensibilidad» tan elemental, de la que se ven dotados los vanguardistas, p o r así decirlo, se abre camino com o puede. P o r eso, tiene toda la razón Alfredo M artínez Expósito al presentar el cubism o parisino com o un m ovim iento polifacético y pluridisciplinar:
E l c u b is m o n a c e c o m o té c n ic a p ic tó r ic a d e la m a n o d e P ic a s so y de B ra q u e , q u e e n se g u id a e m p ie z a n a se r im ita d o s p o r G le iz e s, M e tz in - ger, L a u r e n c in , y se g u id o s p o r G ris , D e la u n a y y o tr o s . E l g r u p o q u e n a c e a lr e d e d o r d el B a te a u -L a v o ir in c lu y e a a rtis ta s p lá s tic o s , a p o e ta s y a e s c r ito r e s de d iv e rs o ta la n te q u e c o m ie n z a n a e s c r ib ir y a d iv a g a r s o b r e la n u e v a m a n e r a a rtís tic a . T a m b ié n p a r tic ip a n m a r c h a n te s y g a le rista s q u e c o n tr i b u y e n a su d if u s ió n . E l g r u p o , lid e ra d o p o r A p o llin a ir e h a s ta su m u e r te e n 1918, p r o d u c e f u n d a m e n ta lm e n te o b r a p lá s tic a , o b r a p o é ti
ca y o b r a e n sa y ístic a ; es lo q u e c o n o c e m o s c o m o e scu ela c u b is ta fra n c e sa . E n tr e su s in f in ita s v a ria c io n e s y d e s a r ro llo s se in c lu y e n el c u b is m o ó rf ic o de D e la u n a y , el c u b is m o d in á m ic o d e M a rc e l D u c h a m p , el n e o p la s tic is- m o d e M o n d r ia n , el s u p r e m a tis m o d e M a le v ic h , el c o n s tr u c tiv is m o de T a tl in , el p u r i s m o d e O z e n f a n t y L e C o r b u s ie r y m u c h o s o tr o s . E x is te a d e m á s u n a e s c u ltu r a c u b is ta c u y a im p o r ta n c ia , e n las o b ra s de A r c h ip e n k o o L ip c h itz , n o se p o n e e n d u d a ; e x is te la a r q u i te c t u r a de L e C o r b u s ie r y d e la e sc u e la de P ra g a ; y e x p e rie n c ia s m u sicales, c o m o las de S tr a v in s k y o S atie; y c u a d ro s c in e m a to g r á fic o s , c o m o el c é le b re B a lle t M éc a n iq u e (1923) de L ég er; y u n a p o e s ía y u n te a t r o a b ie r ta m e n te c u b is ta s , o q u e al m e n o s c o m o ta l f u e r o n re c ib id o s e n su d ía .9
Tam poco en el M undo Ibérico la «nueva sensibilidad» se deja com prim ir o canalizar en los moldes de los géneros tradicionales ni se m anifiesta únicam ente en textos literarios. Sabido es que tam bién ahí m uchos vanguardistas sentían una necesidad interior de expresarse en form as distintas, convencidos de que la creatividad no debería constre
ñirse a u n solo arte. Basta recordar la poesía visual de Tablada, Hidalgo, H u id o b ro , G im énez Caballero y los ultraístas, las pinturas y los dibu
9 M artín ez Expósito (1995: 60). - C astro Borrego (1995: 87) cita a A ndré B reton que afirm a en 1935: «‘no existe en la hora actual ninguna diferencia de am bición fundam ental en tre u n poem a de P au l E luard, de Benjam ín P éret, y una tela de M ax E rnst, de M iró, de T anguy’. O tra pru eb a de ‘la fusión de las dos artes’ es el hecho de que para algunos artistas, com o A rp o D alí, sea ‘indiferente expresarse en form a poética o plástica’».
jos de los poetas G irondo, A lberti y García Lorca, los textos literarios de pintores com o Picasso, Dalí y del cineasta Buñuel, o los pintores- poetas M oreno Villa y Granell. (Sin m encionar a los músicos atraídos p o r otras artes o los poetas y pintores atraídos p o r la música). Al investigar el polifacetism o de un autor vanguardista será interesante observar hasta qué pu n to sus obras realizadas en diferentes medios se revelan ser generadas p o r una fuerza elemental y vital y que tiende a influir sin distinción en todas las actividades del hom bre, convirtiendo todo lo que em prende en actos de creación. Investigando la relación entre p in tu ra y poesía en el ám bito de la generación del 27, Eugenio C arm ona insiste en que hay que preguntarse
[...] si la relación establecida entre p in tu ra y poesía era fru to de una m nemosyne com partida. Y, si esta m nem osyne existió, ¿cómo hizo fluir la correspondencia entre las diversas prácticas artísticas?, ¿qué afinidad o identidad de planteam ientos estéticos m otivaron propuestas relaciona- bles?, ¿cómo se resolvió esta identidad en las sintaxis concretas de poem a y cuadro? (C arm ona 1993: 104).
Si bien siempre hubo y habrá artistas que practiquen varias artes,10 parece que el fenóm eno se producía con más frecuencia entre los vanguardistas y que entre ellos no es únicam ente una cuestión de vocación y talento. Parece haber adquirido una nueva calidad. Esto se deduce ya del simple hecho de que m uchos de ellos han logrado solam ente m ediocre fama com o artistas. Lo que les im portaba era vivir su creatividad, o sim plem ente su energía, sin ninguna restricción norm ativa, más que pensar en el supuesto valor artístico que se podía atribuir a los resultados según criterios tradicionales que ellos rechaza
ban francamente. Esto implica, no lo olvidemos, que tam bién nosotros, los críticos, correm os el peligro de juzgarlos con criterios inadecuados.
Los autores tratados a continuación, la m ayoría de los cuales se consideran m enores según un concepto de arte tradicional, posible
m ente tendríam os que considerarlos m ayores según un concepto de arte que dé im portancia esencial a la liberación de todo el potencial
10 La exposición titulada El poeta como artista en Las Palm as de G ran C anaria (1995) se centró en la época de las vanguardias históricas, pero al m ism o tiem po ofreció ejem plos de poetas-pintores tan to anteriores com o posteriores.
creador innato, anteriorm ente ligado po r las norm as estéticas vigen
tes.11 Ya en 1920 A ntonio Espina, después de hacer una dura crítica sobre la calidad poética de los textos ultraístas escribe acerca de H ui- dobro:
N i es nuevo, ni es original, ni escribe bien. D ecir que las estrellas son frutos celestes o que los aeroplanos parecen pájaros, sobre ser vulgar no ofrece ningún interés. En una palabra, con el ultraísm o literariam ente, no pasa nada. [...] Pero, si com o escuela literaria no es nada, com o ferm ento nihilista, subversivo, ácido, aunque de poca fuerza, nos parece admirable.
P o r m i parte [...] en este sentido soy del u ltra hasta la m édula de los hue
sos. [...] H ace falta anarquizar, oxigenar, liberalizar.12
¿Por qué A n to n io Espina se siente tan cerca de los ultraístas, aunque desprecie sus obras? Seguramente, porque le fascina esta postura intransigente de querer acabar una vez para siempre con el status quo, lo que perm itiría fundir literatura, artes y vida, dando a luz, final
m ente, al hom bre nuevo ...
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11 H a y que em prender el enfoque que p ro p o n e V icky U n ru h para los vanguardistas latinoam ericanos: «My approach to L atin A m erican V anguardism as a fo rm of activity ra th e r th a n sim ply a collection of experim ental texts exhibiting certain com m o n features underscores the fact th a t vanguardists them selves often con
ceptualized art and intellectual life as action o r doing» (U n ru h 1994: 3-4). La m anifestación más llam ativa de la creatividad vanguardista seguram ente es el m anifiesto. D el «perform ance m anifesto», com o lo apoda, dice U n ru h en o tra ocasión: «G enerally, how ever, these perform ative texts are artistically rich er th an the average m anifesto, and, resisting strict form al o r generic classification, th ey frequently com bine p o etry , music, dance, narrative o r ritual display» (U n ru h 1994: 43).
12 «A rte nuevo», en España (M adrid), 16 de octubre de 1920. R eproducido en Brihuega (1979: 197-202). Las citas se pueden leer en las pp. 200 y 202.
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