• No se han encontrado resultados

Los Bárbaros del Norte

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2022

Share "Los Bárbaros del Norte"

Copied!
68
0
0

Texto completo

(1)

SlfíESlO DELGADO

Los Bárbaros del Norte

ZARZUELA FANTÁSTICA

EN

UN

ACTO DIVIDIDO EN

OCHO

CUADROS, EN PROSA YVERSO, ORIGINAL

MÚSICADELOSMAESTROS

CHAPl

VALVERDE

(padre elijo)

Representada por primera vez en el Teatro de Apolo

eldía 28deDiciembrede

MADRID

HIJOS DEM. G. HERNÁNDEZ

Libertad, 16 dup.°, bajo.

1907

(2)

Digitized

by the

Internet

Archive

in

2012 with funding from

University

of

North Carolina

at

Chapel

Hil

http://archive.org/detajls/losbrbarosdelnor1389chap

(3)

Í4 fa^

t%AAA<«~¿y^>

LOS BÁRBAROS DEL NORTE

(4)

V

¥

Esta obraespropiedaddesusautoresy nadie podrá,sinsu permiso,reimprimirla nirepresentarlaenEspañanienlospaíses conloscualeshayacelebradosó secelebren en adelante tratados internacionales de propiedadliteraria.

Losrepresentantes deD. SinesioDelgado ydelaSociedaddeAutoresEspañolesson los encargados exclusivamentede conce- derónegarelpermiso derepresentación, ydelcobro de losderechos de propiedad.

Queda hechoeldepósito que marca la ley.

(5)

Los Bárbaros del Norte

ZARZUELA FANTÁSTICA

EN

UN ACTO

DIVIDIDO EN

OCHO

CUADROS, EN PROSA Y VERSO

ORIGINALDE

SINESIO DELGADO

MÚSICADELOSMAESTROS

CHAPÍ

y

VALVERDE

(padre é hijo)

Representada

por primeravezenelTeatro deApoloeldía28de Diciembrede1906.

MADRID

IMPRENTA DELOSHIJOS

DE

M. G.

HERNÁNDEZ

Libertad, 16 duplicado, bajo.

I907

(6)

REPARTO

PERSONAJES

Galsuinda

D.

Osmunda

>

Lorenza

»

Matildita »

Agsberda

»

Josefina »

Hilberta... »

Ervigio >

Manolito »

Feliciano D.

Lucas

»

Pinilla »

Luis »

Egil »

Ramiro

»

Un

juglar >

Amoldo

>

Un comisario

. »

Un guardia

»

Un arquero

»

Un

centinela »

Un mozo de cuerda

»

ACTORES

aJoaquinaPino.

Isabel Brú.

PilarVidal.

FelisaTorres.

RosarioSoler.

AdelinaAmorós.

ElisaMoreu.

María Palou.

Paz Garrido.

Emilio Carreras.

JoséMesejo.

Pedro RuizdeArana.

LuisManzano.

VicenteCarrión.

Miguel Mihura.

José Ontiveros.

Vicente García Valero Diego Gordillo.

AntonioP.Soriano.

ManuelRodríguez.

ManuelSánchez.

Antonio González.

Pajes, doncellas, escuderos y

soldados

visigodos.

Cautivos, nobles,

damas

y

guerreros normandos.

DERECHA

É IZQUIERDA LAS DEL

ACTOR

(1) Véaselasadvertenciasimportantesal final.

(7)

ACTO ÚNICO

CUADRO PRIMERO

Estudio de

un

pintor.

En

lasparedes, cuadros, bocetos, armas, tapices, etc.

En

lasala, divanes, sillasvolantes, dos ó trescaballetes de distintos tamaños y

una

estufa.

Puerta grande primertérmino izquierda. Otra

más

chica segundoderecha.

ESCENA PRIMERA

JOSEFINA, entrajedevestaly posturaacadémica,figura avivarel fuegoquearde enuncacharro artístico.Estácolocada á ladere- cha.PlNILLA, sentado frenteá ella,á bastante distancia,pinta enun lienzosobre uncaballete,demodoqueelpúblicono veael dibujo. LüISITO,enun divánmásáladerecha, cerca deuname- sitabaja,fumayleeunperiódico.

A

pocode alzarseel telónem- piezaeldiálogo.

Pinilla. ¿Quétal hace desde ahí esto,Luis?

LülS. (Dejando deleer.) ¿Cllál?

Pinilla. El efecto de luzsobrela

mano.

Luis. ¡Ah! Maravilloso.

Pinilla.

¿No

resultarán

demasñdo

rojos losdedos?

Luis.

Desde

aquí no.

La

impresión esexacta.

Pinilla. Puedes descansar

un

poco, Josefina.

JOSEFINA; (Abandonandolapostura y acercándose áellos.) ¡Ay,

609551

(8)

PlNILLV.

Josefina.

Luis.

hijo, gracias á Dios! Estávisto

que

no he na- cido para vestal.

Me

canso en seguida.

¿Quieres

un

cigarrillo?

¿Esturco?Venga.

Déme

usté lacerilla, Lui-

sito.

No

lo ha de poner todo el maestro. (Se sienta sobrelamesita.)

Cuando me

digasáqué baile piensas iresta noche.

Josefina.

Josefina. ¿Yo?

A

ninguno.

Me

aburren los bailes de máscaras.

Luis.

Porque

te

empeñas

en no venirconmigo.

PlNILLA. (Dando unfósforoencendidoáJosefina.)

Y

hacebien.

eresde los que van al baileá bailar; ysi

(9)

tenerseen pie nicinco minutos.

Luis. ¡Ah, egoísta, explotador de la juventud!

De modo

que loquetú quieres esquelachicase acueste tempranito para que luego tu vestal resista

más

tiempo sin

mover un

músculo,

¿verdad?

Josefina.

Y

á propósito, maestro: ¿las vestales tenían que estar por fuerza de piepara cuidar el fuego sagrado? ¿Nolo podíancuidarlo

mismo

en

una

butaca?

Pinilla. Pero, hija, ¡sino había butacasen tiempo de losromanos!

Josefina. ¿Que no?¿Pues

dónde

sesentaban las

roma-

nas parahacer encajede bolillos? (Seoyengol- pesenlapuerta izquierda.)

ESCENA

II

Dichos.Feliciano. Después

Dos

mozos.

Felic. (Dentro.) ¿Se puede?

Pinilla.

Me

parece quees el portero.

Josefina.

No

vendrá solo.

Pinilla.

¿Porqué?

Josefina.

Porque

casisiempre sube conla cogorza.

Pinilla. Adelante, señor Feliciano. (Sale Feliciano, de zapateroremendón.)

Felic.

Buenas

las tenganustedestodos.

Pinilla.

Muy

buenas.

¿Qué

hay?

Felic

Pues

hay... que ahí están dos

mozos

con aquel cuadroque usté

mandó

el otro díaá poner marco.

Pinilla. ¡Hombre! ¡Cuánto

me

alegro!

Que

entren.

FELIC Ya, ya SUben. (Avanzaunpoco,mirando fijamente áJosefina.)(Lo tiene puesto. ¡Qué precioso es!

De hoy

no pasa.)

Josefina. (Este tío

me

mira

como

si

me

quisiera co- mer.) ¡Quél ¿Sele ofrece á usté algo?

Felic No, nada; no, señora.

Es

el traje.

Me

gusta

mucho

el traje.

(10)

Josefina. ¡Ah, vamos! (Levantándose.) Maestro, ¿segui-

mos

trabajando esta tarde?

Finilla. No; ya no

hago

más. Desnúdatesiquieres.

(VaseJosefinaporlaizquierda.Entran lentamente por laderechadosmozosdecuerda conduciendo un cuadro grandecon marco,querepresentaloqueel diálogo in- dicaráluego.Luisrompeelperiódico yseentretieneen hacerpajaritas.)

Felic. (¡Lo deja, lodeja!

Y

latardeestádepistónde pavo.

Ahora

sólofaltaqueéstosnosequeden.)

Feliciano.—Cuadro 1.°

Mozo

1.°

¿Dónde

va esto?

Pinilla. Allí, apoyado enaquella pared. (Ladel foro.)

Mozo

1.° ¡Cámara,

qué

armatoste! (Lo colocan enelsuelo, apaisado,demodoquelafiguradelcuadro quedecomo

acostada.)

Arrima

otro poco.

¿Manda

usted algo

más?

Pinilla. (Dándole algunas monedas.) Nada; vayan ustedes con Dios.

MOZO

1.° Gracias, señorito. (Vanselosmozos por dondevi- nieron.)

(11)

ESCENA

III Pinilla. Luis. Feliciano.

LüI8. (Sin levantarse ymirandoalcuadro.) ¡Ah! ¿Es el del centinela?

¿Y

porqué has puesto

marco

á eso? ¿Le has vendido?

Pinilla No; esteno levendo. ¿Pero qué hace usté ahí, señor Feliciano?

Puede

usté retirarse.

Felic.

Es

que...

como

la tarde está tan hermosa, creí quelos señoritosse iríaná dar

un

paseo porla Castellana.Está aquello

despampanan-

te.

Han

salido este año

muchas

carrozas...

y

hay cada mujerque

tumba

de espaldas.

Pinilla.

Pues

sí; nos iremos en cuanto salga ésa.

Felic. (¡Los eché!)

Lms.

De modo

que ese cuadrologuardas.

Pinilla. Para mí.

Es

uncapricho.

Luis. ¡Vaya una tonteríal

Has

hecho algunos

mu-

cho mejores.

Pinilla. Mejorpintadostal vez; pero conla

miga

yla intenciónque tiene éste, ninguno.

Luis. ¿Intención? ¿Miga?

¿Dónde?

Pinilla.

¿Tú

te hasfijado bien?

Luis.

Ya

lo creo.

Como

que te lo hevisto pintar.

Pinilla. Señor Feliciano,

ayúdeme

usted.

Felic.

Mande.

Pinilla.

Vamos

áponerlo

como

es debido. (Colocanel cuadro arrimadoálapared en su posición natural.) Arriba.

Eso

es. (ÁLuis.) Míralo ahora. ¿Qué ves ahí?

Luis.

Lo mismo

de siempre.

Un

guerrero visigodo

que

hacecentinela medio dormidojunto á la poternade

un

castilloroquero.

¿No

esesolo

que has querido hacer?

Pinilla. Justamente. Pero tú no ves más, ¡infeliz!

Y

yo veo en ese soldado una porción de cosas.

Luis. ¿Sí?

Pinilla. ¡Muchas!

Veo

trasesapoterna

un

subterrá-

(12)

10

neo

donde

vigilan otros soldados

como

él, dispuestos á rechazar una embestida.

Más

allá, tras la puerta secreta, una escalera de piedra que conduceá loscamarines ysalones del castillo...

¿Qué

hay en esos salones yca- marines?

Todo

un

mundo

de

hombres

dehie- rro, de mujeres hermosas, pajes, escuderos, dueñas y esclavos que viven, se

aman

ó se odian cubiertosdericas telas, aceradascotas y deslumbradora pedrería...

Y

la vida y la felicidadde ese

mundo,

¿dequé depende?

De

que ese centinela divise á tiempo, entre la oscuridadde la noche, las naves de lospira- tas normandos, que pueden desembarcar de

un momento

á otro, trepar por las rocas, pasar á cuchillo á los

hombres

de armas, ahorcar á los pajes y llevarse eloro, la pe drería y las mujeres. ¡Todo eso veo yo en ese guerrero visigodo que hace centinelajunto á lapoterna!

Felic. (¡Cámara, qué vista!)

Luis. (Riendoácarcajadas.)¡Québarbaridad!¿Pues sa beslo que te digo?

Que

con esa fuerza de imaginación cualquiera es artista eminente.

Pinilla.

Eso

decualquiera...

Luis.

¿Que

no?

Yo mismo

si

me

apuras

un

poco.

¿Qué ves túen estapajaritadepapel?

Pinilla. Eso:

una

pajarita.

Luis.

Pues

yo veotodolo siguiente.

En

este trozo de periódico viene lanoticiadeladeclaración de guerradel Japón á Rusia. Detrás de ella están acorazadosgigantescos que sehunden, torpedos que estallan, ejércitosque chocan, plazas

que

serinden, trincherasquese

toman

porasalto, ríosde sangre ymillaresde

muer-

tos...

De modo

que tu visigodo es

un

caña-

món comparado

con

mi

pajarita.

Felic.

Como

que también debia usté ponerla en

un

marco.

PlNILLA. (ALuis.) Déjatedebromas. (Sale Josefina por la izquierdaentrajedecalle.)

(13)

11

ESCENA IV

Dichos. Josefina.

Josefina.

Pinilla.

Josefina.

Pinilla.

Luis.

Josefina.

Luis.

PlXILLA

Felig.

Pinilla.

Luis.

Felic.

¡Ah!

me

estaban ustedes esperando.

Efectivamente.

Gracias.

Mañana

¿á qué hora, maestro?

A

las diez,

como

de costumbre.

(AJosefina.)

Y

estanoche ¿dónde, por fln?

A

ninguna parte,hijo. Usté no hace

más que

bailar, y...ya ha oído usté al señor Pinilla.

Hasta

mañana.

(Vaseizquierda.)

Veremos

loqueadivinas enesa vestal cuan- dola acabes

Pues... probablemente el incendio de

Roma.

SeñorFeliciano, no seleolvide cerrarlotodo.

Descuideelseñorito.

¡Ah! ycubrausté ese cuadro, ¿en?(ALuis.)Va-

mos

cuandoquieras.

Buenas

tardes. (AFeliciano.)

¡Divertirse

mucho!

(Vanse Pinillay Luisporlaiz- quierda.)

ESCENA V

Feliciano.

El que se va á divertir de ordago es este cura. ¡Mecachis, qué bien

me

están saliendo lascosas!

Desde

hace quince díasle teníayo echaoel ojoal trajecito ese.

A

ver si lo

ha

dejao á mano...(Entra por laderechay sale en se- guidaconeltrajede vestalhechounenvoltorio.)

Aquí

está.

Con

esto voy á parecer

un

ángel y

no me

va áconocer ni Cristo. (Mediomutis.) ¡Ah!

que hay quetapar el

muñpco

éste. (Lohaceco-

(14)

12

rriendo sobreél una cortina preparadaalefecto.)

LO

primero que voy áhacer en cuanto

me ponga

la caretaes buscaren el despacho de vinos del

Andaluz

al señor Joaquínelchurrero.

Me

acerco (dirigiéndosealguerrero pintado), le doy

UU

cosquis sobre la parte y le digo:

¡Hola, Joaquín!

¿Me

conoces?— Ni ganas, contesta

él.— Me

alegro, pa decirte que

más

valíaque

en lugar de tomar unos chatos pagaras lo

quedebes.

¿Qué debo

yo?— Las

mediassue

lasy taconesdel

mes

pasao.

¡Mentiral— ¡Que

no!—

¡Que si!

¡Que no!... ¡Pum! Otro cos- quis. (Dandootro puñetazo al guerreroen lacara.)

¡Ay! usté dispense. Por poco escacharro al centinela ypor mi culpa entran los piratas

normandos

á llevarse las chicas. (Acabandode cubrirelcuadro conlacortina.) ¡Aj3já!

Que

USté descanse.

Y

ahora al PraO.(Recogiendoel líode laropa.) Pero que tengo lasuerte por arrobas.

(Vase.Empiezalamúsica.)

ai ación.

(15)

Un

pasilloen lacomisaria de cualquierdistrito. Entra-

da

y salidalibres por

ambos

ladosy

una

puerta peque-

ña

con cortinaenelfondo.

ESCENA

VI

Un GUARDIAentrapor laizquierda guiandokMATILDITAy

Ma-

N0L1T0. Ambos sondos niños vestidos demáscara con trajesde caprichoricosyvistosos.

Guardia. Esperad aquí.

Voy

á avisar al señor comisa-

rio. (VaseelGuardiaporelfondo.)

Música.

Matilde. Manolito.

Manolo. Matildita.

Matilde.

Me

da

mucha

vergüenzaestar aquí.

Manolo.

También

á mí.

Matilde. Si losabe

mí mamita

creerá que noesverdad que

me

perdí Manolo.

Puede

quesí.

Matilde. ¿Nos llevarán atados codoconcodo?

Manolo. ¡Claro!

Todos

lospresos van de ese modo.

Matilde. ¡No

me

lodigas, Manolín,

que me

entran ganas dellorar!

Manolo.

Yo

también tengo un

nudo

aquí que no lo puedo desatar.

Matilde.

Cuando

en nuestras casas nos echen de menos, á mí mi

mamita

(16)

14 -

Manolo.

Matilde.

Manolo.

Matilde.

Manolo.

Matilde.

Manolo.

Matilde.

Manolo.

Matilde.

Manolo.

Matilde.

Manolo.

y á ti tu papá, yeljuez averigüe nuestrasrelaciones,

¿dóndeteparece que nos

mandará?

Pues, ¡cl«ro está!

á míá Melilla yá tiá Alcalá.

¡No

me

lodigas, Manolín, que

me

entran ganas dellorar!

También

yo siento un

nudo

aquí que nolo puedo desatar.

Y

por si no nos

vemos más

en la vida, debías

darme

el beso de despedida.

¡Quítateallá!

Siluego eljuez lo sabe te azotará.

Dámele, Matildita,

¡miraque lloro!

No

quiero.

Yo

siquiero, porqueteadoro.

Que

te lo quito.

¡Que no!

¡Que sí!

¡Mira quegrito!

(Huye.Manolínlapersigue,laalcanza ylabesa.)

¡Ya te lo di!

¡Ay, Manolito, qué malo eres!

¡Peroquéricas soislas mujeres!

(Sigue besándola.Aparecenenlapuerta delforoelCo- misario yelGuardia.)

(17)

ESCENA

Vil

Dichos.

El

Comisario.

El

Guardia.

Hablado.

COMIS. ¡Muy bien, niñOS! (Snsto yatolondramiento delos chicos, ai Guardia.)¿Por qué

han

traído á estos bebés?

Guardia.

Porque

seha

movido un

barullo enlaCaste-

Matildita.

llanay por lovisto sehanextraviao de la fa- milia. El473 los ha eneontrao llorando junto al Obelisco.

¡Cosasdeestos días! ¡DichosoCarnaval!

¿Hay

alguna otra cosa?

Guardia. Sí, señor; un borracho

que

seha dao de eos- Comis.

(18)

16

coirones con un amigo, yhan

armao

la gran trifulca en la Cibeles.

Comis.

¿Han

traído á losdos?

Guardia. No, señor; al otro no sele ha podido coger, porque estaba

menos

borracho que éste.

Comis. Bueno; pues queledespabilen

un

pocoy

que

le

hagan

entrar en seguida. (VaseelGuardia.)

Vamos

á ver, angelitos: ¿vosotros sois her-

manos?

^r:¡No.senor.

Comis. ¡Hola, hola, hola!

Matilde. Si lo dice ustéporque

me

besaba éste, esque estábamos

muy

tristesy llorábamos mucho...

Manolo.

Y como

creíamosque nos íbamos á morir...

Comis. Ya, sí.

¿cuántos añostienes, nena?

Matilde.

¿Yo?

Catorce.

Comis.

¿Y

tú, perillán?

Manolo. Quince.

Comis.

Pues cuando

tengas veinticinco vas ácreer quete

mueres

á cada paso. Bueno,¿y qué ha sido eso?

Matilde. ¿Lodelbeso?

Comis. No; eso ya lo sé.

Lo

otro.

Lo

queos ha pa- sado.

Matilde. ¡Ah! Pues... veráusté:estábamos en el paseo viéndolas máscaras, cuando... Cuéntalo tú,

Manolín.

Manolo.

No,

no; cuéntalotú,

que

yo

me

corto.

Matilde. Bueno; pues... estábamos enel paseo espe- rando á

que

pasara mi

mamá, que

va vestida de berenjena en una carroza

muy

elegante...

Comis. ¡Ah!

¿Tú

no ibascon tu

mamá?

Matilde. No, señor; iba con el

ama

decría quetiene

mi

hermanito el de seis meses.

Comis. Adelante.

Matilde.

Y como

á

mí me

habían puesto este trajetan bonito, se paraban

muchas

personasá ver- me.

En

esto vino una máscara

muy

sucia y

la hizo asi alama.

Comis.

¿Cómo?

Matilde. Así,

como

dándola

un

pellizco nosé dónde.

(19)

COMIS.

Manolo.

Y

el ama, quetiene mal genio, hizoasí (acción de bofetada), yla máscara, quellevaba

una

es- coba, hizo así (acciónde garrotazo), y el

ama

hizo así, yse arremolinóla gente, se espan- taronunos caballos, yo

me

asusté y eché á correr sinsaber lo que hacía... (Gimoteando.)

¡Por eso

me

he perdido!

Vamos;

bueno, bueno.

No

hay que llorar ahora.

¿Y

tú,

buen

mozo?

Pues

yoestaba cerca de ésta con mi papá, que es

un

señor que usté debe conocerle.

Tiene patillas, sellama

don

Ciríacoy vato- das las nochesal Suizo.

Manolito.

Comis.

No

le conozco. Sigue.

Manolo.

Como

vique ésta seasustaba, eché ácorrer detrásde ella, y cuando quisimosrecordar, la gente nos fué empujando, empujando...

que

cuando quisimos irá casa no supimos por dónde, y nospusimos á llorarhastaquellegó

(20)

18

COMIS.

Manolo.

Comis.

Manolo.

Comis.

Matilde.

Comis.

Matilde.

Comjs Manolo.

Comis.

el guardia.

Nos

preguntó

dónde

vivíamos;

pero

como

estábamos tanasustados

no

selo

SUpimOS

decir... (Gimoteando también), ¡y nOS trajoaquí para llevarnos ápresidio!...

Pero ¿sabéiscuál es vuestra casa?

Sí, señor, ya locreo.

Bueno, pues en seguida seos llevará.

¿Apresidio?

Todavía no;álacainita con

un

parde azotes.

Ahora

entrad ahíyesperad hastaque

vengan

á buscaros.

¿Aquí? Pero¿está aquí eljuez?

No, hija; nohay nadie. (Medio mutisiosniños.)

Diga usted: ysi no haynadiey Manolín quie- re despedirse,¿qué hago?¿Grito?

Bueno, sí; grita lo quequieras.

Oigausted, que nosllevenprontoá casa, que

mañana

tengo que

madrugar

para ir alco- legio.

NO

te apures, hijo. (Vanse los niños por el foro.)

Hombre,

¡más pronto!...

Aquí

está el ama.

(SaleLorenzaporlaizquierdaconcollares,cintas y la- zos propiosde su profesión deama de cría. Trae en brazosunniñoataviadoconlujo.)

ESCENA

VIII

El

Comisario. Lorenza.

Lorenza. Señorcomisario... ¿Esusté el comisario?

Comis. Sí, señora, ¿qué hay?

Lorenza.

Que vengo

sofocada, furiosa, ¡que no

puedo

más!

Comis.

Pues

tranquilícese usté porque ha parecido.

Lorenza. ¿Quién?

Comis.

La

niña.

Lorenza.

¿Qué

niña?

Comis.

La

de usté.

¿No

ha salido usté de paseo con

una

niña?

(21)

Lorenza. ¡Ah, si!

No me

acordaba.

¡Como

tengo

una

rabia tangrande!

¿Y

ha parecido? ¿Está aquí?

¡Qué alegría! Dígala ustéque salga.

Comis.

Ahora mismo.

Lorenza.

Digo

no, espérese, que

además vengo

á otra cosa.

Vengo

á que se

me

hagajusticia ahora mismo.

Lorenza.

Comis.

Lorenza.

Comis.

Guardia.

Lorenza.

Comis.

¿Justicia?¿De qué?

De

que

me

ha faltao

un

tío granuja, sin ver- güenza, y ahí le

han

traído los guardias.

Quiero queleempalen, queleahorquen, por- que yo soy

una moza

soltera yá

nadie

me

pone la

mano

encima.

(Gritando.)

A

ver, Suárez. que entreése.

(Dentro, gritandomucho.) ¡VamOS, hombre!

No;

sino ledarála gana de entrar.

Es muy

bruto

¡Suárez! ¡Queentre, hedicho!

(22)

20

ESCENA IX

Dichos. El Guardia.

El

señor Lucas.

(El señorLacas esun peón de albañilentradoenaños y sordocomounatapia.Visteeldisfraz que llamande

«destrozona»: falda hecha un puro guiñapo, mantón raídocruzadoyatado álaespalda ypañuelosucioála cabeza. Pordebajo delmantón y la falda se venper- fectamente la chaqueta, el pantalón detrabajo y las alpargatas. Trae puestauna caretafeísima y vulgar, y alhombro unaescobalarga. ElGuardia leda un em- pellónque le obligaá penetraren escena,donde queda hecho un pasmarote. Guando habla lo hace siempre acompañando lapalabracon unarisaentre socarrona y estúpida.)

Comis.

¿Qué

es eso? ¡Quítese usté lacareta! (Pausa.)

Guardia.

Tendrá

ustéquegritar, señor comisario, por- que

me

parece quees

un

pocosordo. (Gritando aioídode Lucas.)¡Que sequite usté la careta!

Lucas. ¿Eh?

Guardia. ¡La careta!

Lucas.

Es

bonita, ¿verdad?

Guardia. ¡Quesela quiteusté!

Lucas. ¡Ah! (sV descubre.) ¡Je, je! ¡Qué

gana

de moler-

leáuno!

COMIS. (Haciéndoleseñas.) Acerqúese USté.

LUCAS. (Acercándoseáél.) ¿Qué pasa?

Comis. (Voceando.)

Queda

ustédetenido porhaber pro-

movido un

escándaloenla víapública.

Lucas. ¿Yo?

Comis. Usté.

Lucas. ¡Je, je!

La

del escándalo ha sido la señora.

Yo

no

me

he alborotaopoconi

mucho.

Comis. Diceque la ha

amenazado

ustécon laescoba.

(Indicándoselo porseñasalmismotiempo.)

Lucas.

Pué

ser. Pero fué porque ella dio un puñe- tazo enla careta.

Y

tenía yo la cara debajo.

Comis.

Porque

ustéla habiafaltadoal respeto.

(23)

Lucas.

COMIS.

Lucas

Lorenza.

Comis.

Lucas.

Lorenza.

Lucas.

¿Cómo?

Que

la faltó usté.

Digo que

cómo

fué el faltarla.

Yo

no hice

más

queasí (pretendiendo tocarlaelpecho)paaca- riciar al niño.

(Retirándoleelbrazobruscamente.)EstéseUStéqUÍe- to, morral. ¿Lo ve usté, señor comisario!

¡Esque eso nosepuede hacer!

¿Que no sepuede? ¡Anda! ¡Je, je!

Y me

había yo vestidode máscara pa eso!

¡Habráse vistodesvergüenza de hombre!

Sí, señor, sí; pa eso. Porque

como uno

es

un

í í

\ ''P 11 9

; \ '.mM-

*W*m 1

j

Lucas.

poco tardo, pues... no se pué

uno

divertir dando

bromas

de palabra y tié que valerse porseñas. Por eso

me

dije: Lucas, con el

«al higuí» no vasá hacernada, y coneltraje de cucuruchos tampoco... Vístete de

mujer

y ya

no

chocará que temetasentre las muje- res.

Porque

á

mí me

gustan las mujeres cod

(24)

22

locura, ¿sabe usté?y cuanto

más

metidas en carnes mejor. Así es

que

en cuanto vi ála

señorapensé:

Pues

voy á congraciarme con

ellahaciendo fiestas al chiquillo.

Y

fuécuan- dohice así. (Repiteelmovimiento.)

Lorenza. (Rechazándoleotravez.) ¡Y dale! ¡Que se esté quieto, ó le tiro lacriatura!

Comis. (aisordo.)

Pues

esasfiestas le

van

á costar á usté

unos

díasde cárcel.

Lucas. ¿Con ella?

Comis. Solo

.

Lucas. Tié

que

sercon ella, porque también ha ar-

mao

elescándalo.

Lorenza.

¿Unos

díasna más? ¡Un par de añossiquiera,

hombre!

Comis. Déjelo usté de

mi

cuenta. Entre usté ahí y recojalos niños.

Lorenza.

¿Cómo

losniños?

Comis. Sí; laniña de su casadeusté

y un

amiguito.

Lorenza. ¡Ahí el hijo delvecino delas patillas.

Y

¿por

dónde

nos

vamos?

Comis.

Por

laotra puerta de esa habitación,

dónde

habrá

un

guardia

que

lospondrááustedesen

la calle.

Lorenza.

Y

á esetíoya losabe usté: ¡dosaños lo

me-

nos! (Amenazandoalsordo.) ¡Si

me

valiera!...

LUCAS. (Intentando tocarla de nuevo.) AdiÓS, rica. (Vase Lorenzaporelforo.)

COMIS.

Y

UStéporaquí. (Señalando áladerecha.) LUCAS.

Donde

UStédiga.(Seechalaescobaalhombro,va

ádarmediavuelta y derriba la teresiana delGuardia queestabaásuizquierda.

Guardia. (Tirándoledelaropa.) ¡Eh! amigo; mire ustélo

que

hace

.

LUCAS.

¿Qué

pasa?(Sevuelvehaciaelguardia ytiracon la escobaelsombrerodelComisario que estaba á su de- recha.)

Comis. ¡Este bárbaro es

un

ciclón! ¡Por aquí!

Lucas. Sí, hombre, sí; porahí. ¡Je, je! ¡ya

muelen

estOStíOS, ya! (Vaseporladerecha conelGuardia.)

(25)

ESCENA X

El

Comisario. Feliciano, aifin

El

Guardia.

Felic.

COMIS.

Felic.

Comis.

Felic.

Comis.

(Dentro.) |Viva larepública!

¡Ehl ¿quéeseso?... ¡Ah, elborracho!

(Sale Feliciano porlaizquierda, conel trajede vestal hechoanalástima y ebriodel todo.)

¡Hola! Felices pascuas.

¿Qué

se

me

quiere aqui?

tt-'f

1

h

\/*":.

¡^^m

'

i >

1

1

1

'

vi 1

a

.

41.

S

y* !

Feliciano.—Cuadro2.°

¡Ehl Compadre, ¿qué vivasson esos? (Cogién- doledeunbrazoy zarandeándole.)

¡Chist!

No

sobe el amigo.

He

dicho ¡viva la república...romana! Soy

una

vestal. ¡Se ofre- cíaalgo?

Que

aquíá las vestales

eomo

tú, cuandotie-

(26)

24

nen

cuatrocopas de más, las

ponemos

á la

sombra.

Felic. ¡Mal hechol

Y

yono tengo cuatro copas de más;lo que tengo es cuatro copas demenos.

Comis. Justo; para escandalizar

más

todavía.

Felic. No, señor; si

me

dieran otras cuatro copas

me

caería redondo y no

me

metería con na- die. ¿Eh?

¿Y

ahora?

¿Qué

se diceahora?

Comis.

Ahora

vas áver lo que se dice. (Llamando.)

¡Suárez! (Aiborracho.) ¿Qué riña hasido esa de

la Cibeles?

Felic. ¿Riña? ¡No ha habido riña!

Yo

no he reñido con nadie... ¡Soy

una

vestal! (SaleelGuardia.) Comis.

Pues

aquí tienes

un

parde chichones.

Felic.

Porque

hasido el señorJoaquín el churrero

el que ha reñido conmigo, y así es

como me

ha pagao lasmediassuelas.

Comis. (Vaya, con este

hombre

no

hacemos

nada.)

¿Sabes

dónde

vives?

Felic. ¡Nolo he desaber! ¡En España!

Comis. (Es inútil.) Suárez, métele ahí dentro yle tenéis encerrado hasta la noche.

Luego

le lleváisá que le den el amoníaco, y en cuanto se despeje

un

poco y pueda decir

dónde

vive, le dejáis en SU Casa.(Vase porlaizquierda.) Felic. Eso; ácasa... ¡A casita, que llueve! ¡Viva la

repúb...!¡Viva la romana!

Tela

diñé... ¡Viva larepública! ¡Anda, ya lo he dicho!

(ElGuardia lecoge porun brazoyse lo lleva por la derecha. Elseva cantando)

Somos

chiquititos,

mañana

creceremos, y defenderemos

ia santa libertad...

nutación.

(27)

CUADRO TERCERO

La misma

decoracióndelprimero.

Es

de noche

ESCENA XI

(Mientras sehacela mutación no cesa de oirse lavoz de Felicianocantandodentro.)

Chito, silencio,

que

pasa laronda;

chito, silencio, que vuelveá pasar...

¡Que viva Garibaldi, la guardia nacional!

(Alacabar lacanciónseabrelapuerta delaizquierda y entra nuestrohombreconlatúnica recogida,sombre- ropuesto y elmantolínalbrazo. Traeunapalmatoria con vela encendida.)

Ya

estamos aquí todos.

¡Ahora á dejarestos trapos yal catre! (Coloca

lapalmatoriasobrelamesita, yempieza á quitarsela túnicaconeltrabajo consiguiente.) ¡MecachlS, qué tarde

más

rica! ¡Las cosas chuscas que

me han

pasao á

estatarde! Digo, ahora no

me

acuerdode nada; pero ¡lo que

me

voy ádi- vertiren cuanto

me

acuerde! (Porla túnica.)

Ya

salió.

A

la percha. Niel aire se enteradeque SehatOCaOá laropa... (Daalgunospasoshaciala puerta deladerecha; creequelaha pasadoy cuelgael trajeenlaatmósfera.) ¡Ajajá! ¡Útil!

TengO Una

ideade

que

lehe dao cuatro tortasal señor Joaquín... ¡Digo!

¿Ha

sidoal señor Joaquín ó á

un

soldao quehabía enesta paré? Tiéque habersido alsoldao, porque lehe hecho pol- vo... ¡Ab! No, que está tapao. (Tira violenta- mente dela tela ydescubre el cuadro.) ¡Hola,

amigo!

¿Qué

talse está pasando la noche?

(28)

26

¿Te

acuerdasde los trompis deenantes?

¿Qué

Si?

¿Que

quiésOtro?(Elguerreromuevelacabeza.)

¡Mecachis! Estoy

como una

uva. ¡Pues no se

me

ha flguraoquese

menea

el tío éste! (otro movimientodel guerrero.) ¡Y queSe mueve,re- leña! ¡Eh, tú,

que

teestés quieto!

Los hom-

bres pintaos no se

mueven. A

ver... ¡Firmes!

¡Hola!¿Que no?

Pues

toma, ¡pormalo! (intenta darle un bofetón,pero pierde pie,le da en el airey vuelveunpocolaespaldaalcuadro.Eneste momento

el guerrero visigodo alarga el brazo yle sujeta con fuerzaporel cogote. Felicianoseespantalo quenoes decible y quieregritar,peronopuede. El soldadoapoya lalanzaenlapared,abrelapuertadelmuroyempuja áFeliciano,obligándole áentrar por lapoterna.Esta vuelve á quedarcerrada, el centinela recobra su pos- tura anterior,quedandoinmóvil,comosi nadahubiera ocurrido.Entretanto caeeltelónlentamenteyempieza lamúsica.)

51litación.

(29)

Un

subterráneo.

En

elfondo

una

puerta pequeña.

ESCENA XII

Feliciano.

(Seabrelapuertecitadelfondoy,empujadoporelgue- rrerovisigodo, saledando trompicones hastadarconsa cuerpoentierra.Lapuerta secierratrasél.)

¡Cámara,

qué

tío! Si llegoá tener

uu

grano en

el pescuezo raelo cura, (incorporándose.)

¿Que

seráesto? ¡Mecachis, qué

humedad! Menos

mal que con el fresquito se despeja uno...

¿En?

Me

páiceque oigo

un

ruido

como

de cadenas. ¡Contra!

¿A

que

me

ha

matao

ese animal y estoy en los infiernos por haber dicho ¡viva la república!? No, pues á

mí no

rae COgen.(Vaásalir por la derecha.) ¡Ah, no!, quees por aquí por

donde

vienen. ¡Lagarto, lagarto! (Vase corriendopor la izquierda. Pocodes- pues salen por el lado contrario Egil y Cautivos nor- mandos.)

ESCENA

XIII

EGIL. Cautivosnormandos.Luego OSMUNDA.

música.

Todos. Crujióla poterna;

seha abierto sinduda.

Alguno

de fuera llegóen nuestraayuda.

(30)

28

(Se dirigen rápidamenteá ía puerta y laencuentran cerrada.)

¡No! ¡Maldición!

Cerrada está.

De

estaprisión nadiesaldrá.

Egil. Pero nunca, valientes guerreros, perdáisla esperanza, y tomad, si podéis, algún día

terrible venganza.

Coro. Sisalirlogramos deesta

inmunda

cueva,

¡ay del que las

armas

á medir se atreva con los quenacieron para pelear,

dueñosde las costas, reyesde la mar!

Egil. Callad, queallí una

sombra

rápidamente llega.

Por

si es de

un enemigo

corred á detenerla.

(Se dirigenalgunoshaciala izquierda,donde aparece Osmunda.)

Osmunda. Teneos, soy yo.

Coro. ¡Es una mujer!

Egil.

En

nuestra prisión

¿qué vienes á hacer?

Osmunda.

Romper,

si puedo, vuestrascadenas;

¡sangre

normanda

corre en misvenas!

Como

á vosotros

me

entierran viva, también esclava, también cautiva.

Egil.

¿Cómo

venir pudiste á esta malditatierra?

Osmunda. Trajeron

me

al castillo

como

botín de guerra.

Al brillar en los

témpanos como

en limpiocristal los rojizos fulgores

delaaurora boreal, con audaces soldados nuestro barco salió

(31)

á buscar los tesoros déla tierradel sol.

Y

lo lograron nuestros guerreros, porquearrasaronpueblos enteros, y se podríacon el tesoro

forrarla nave de plata yoro Pero

un

día fatal se rindieronal fin,

ylogróel vencedor rescatar el botín.

Al

verme

esclava, sintió elseñor queleabrasaba fuego de amor;

y

defendida por mi altivez, nofuivencida segundavez.

Poresocon vosotros aquí

me

envía,

pero si elfuerte

muro

. caealgún día,

¡juremos porlosdioses de Escandinavia

enlos que nos vencieron saciarlarabia!

¡Juradlo pormí!

Coro. ¡Jurémoslo, sí!

Todos. ¡Ah,

cuando

salgamos de esta

inmunda

cueva!

¡ay del que las

armas

ámedir seatreva conlos que nacieron parapelear,

dueños delas costas, reyesde la mar!

Hablado.

Osmuwa

. ¿Caísteisprisioneros

como

yo?

Egil. Sí,

como

tú. Al asaltar estecastillo. Sus de- fensoresson

muchos

ybravos.

Osmunda. Peromorirán todos...

¿No

sabéis? Nuestros

(32)

30

hermanos

vuelven...Loscentinelasnolos

han

visto todavía, pero mis ojos, acostumbrados á laeterna noche de nuestras islas,

han

divi- sadolas teas desus barcazas allá lejos, entre las nieblas... ¡Vienen!

Son

ellos...¡serán

mu-

chos!Pronto deeste castillo

no

quedará pie- dra sobre piedra, y entonces. Pero ¡oíd!

Egil.

Egil. ¿Qué temes?

Osmünda.

¿Hay

soldadosen el subterráneo?

Egil. No; sólo en las puertas.

OSMUNDA

.

Pues

alguiennOSespía.(Señalando álaizquierda.)

Ved; allí hay

un hombre.

Egil. ¡Si! algo se

mueve.

OSMUNDA. (Enérgicamente.) Corred y ahogadle. (Algunos avanzanhaciala parte indicada, pero los detiene la voz deFeliciano.)

(33)

31

ESCENA XIV

Dichos. Feliciano.

Felic. (Dentro.) ¡No, no! ¡que no vengan!

Que

no se molesten.

Egil.

¿Qué

dice?

Felic. (Saliendoresueltamente.)

Que

aquí estoy yo.

De

perdidosal río

Guerreros normandos.

Osmunda. ¿Quiéneres? ¿Qué hacesaquí?

Felic. Eso es lo que yo quisiera saber, qué hage aquíá estas horas.

Osmunda.

¿Cómo

hasllegado alsubterráneo?

Felic. ¡Ahí¿Pero nolo saben ustedes?

Pues

porque

me han

metidoá la fuerza,y

dándome

cosco- rronesencima.

(34)

32

Osmunda.

Tu

trajeindica que te han hecho prisionero lejos deaquí, en la Aquitaniaacaso...

Felic. Sí

que me

prendieron; pero no ha sido enla Aquitania: ha sidoen la Cibeles.

Oatnuntía.

Osmunda.

¿En

el

campo

de batallaódentrodetu tienda?

Felic. ¡Si puede decirse que yo no tengo tienda!

Sacoal portal una silla yla cazuela delen- grudo, ylistos.

(35)

OSMUNDA, Felic.

OSMUNDA.

Felic.

OSMUNDA.

Felic.

Osmünda.

Felic.

Osmünda.

Felic.

Osmünda.

Egil.

Felic.

Osmünda.

Felic.

Osmünda.

Felic.

¿Quieressalirde aquí? ¿Quieres vengarte?

¡Pues no he dequerer!

Y

en cuanto pille al

zanguango

que

me

ha metido le despegodel cuadro.

(Aparteáély misteriosamente.)

Pues

abre el COra- zón á laesperanza. ¡Nuestros

hermanos

vaná llegar!

(Lomismo) ¿Sí?

¡Cómo

lodudo!

¡Qué! ¿Sabes algo?

¡Vaya! Sé que no tengo

más

familia que

un

sobrinosegundo.

¿Quédice? ¡Este

hombre

no esde los nues-

tros!

Sí, señora, sí; soy de los de usted. ¡No fal- tabamás! (¿A.

que me

escabechan estos ani- males?)

Pues

sieresde losnuestrosdebes ayudarnos.

Con

el alma ylavida.

Pues

oíd. (Todoslarodean.)

Los

bravos deJut- landia, los

normandos

invencibles, terror de

la Cantabria y de la Galicia, vienen sobre esta costa, ydentro de poco treparán sobre esasrocas,

como

los ososde laregión boreal, y clavaránen lasalmenaslos garfios dehie- rro desus escalas. Mientras ellos atacan la fortaleza,nosotros

debemos

minarloscimien- tos.

Yo

conozcotodaslas trampas, galerías y puertas secretas del castillo.

Seguidme

yos llevaré dondeestán lalibertad ylavenganza.

Guía

cuando

quieras.

¿Yo

tengo queir tambiéo?

El primero.

no eres escandinavo, ysi es preciso que haya alguna víctima, debes ser

el quecaiga.

¡Qué graciosa!

Silencio y anda. (Empujándolehacialaizquierda.)

Pues

si losé antes, enlugar de

hacerme

re- publicano federal,

me hago

escandinavo...

(Vansetodosporlaizquierda. Música.)

Mutación.

(36)

CUADRO QUINTO

Salóngótico.

Chimenea

de

campana

ála izquierda.

ESCENA XV

RAMIROyGALSUINDA sentados enaltos sillones,uno á cada lado dela chimenea.Formandogrupos en sitios distintos,doncellas, escuderos ypajes,depieó sentados.Algunas mujereshilanen rue- cas.Algúnsoldado limpia susarmas. Allevantarseeltelónentra ERVIGIOporelforoderecha.LuegoU.N JUGLAR.Alfin

ÜN

AR- QUERO.

Música.

Ervigio. (Entrando.) Albergue y cenaquiere

un

miserojuglar

que humildemente

pide licenciapara entrar.

Ramiro. Decidlo vos, señora,

si la

podemos

dar.

Gals.

Acaso

sus canciones alivien

mi

pesar.

Ramiro. Decidle queentre.

Ervigio.

Puedes

venir.

Coro. Cantigasnuevas

vamos

á oir.

(EntraelJuglar,con dos palosconvejigas,dando gol- pes ádiestro ysiniestro.)

Juglar. Apartad, apartad, apartad, doncellas y pajes,

Oidy Callad. (Saluda á GalsuindayRamiro.)

Ante

losseñores doblolarodilla.

Vengo

dela Galia,

vengo

deCastilla, y en pueblos y aldeas

(37)

35 acabo deoir consejasy cuentos queosvoyá decir.

Apartad, apartad, apartad, doncellas ypajes, oid ycallad.

Juglar.

Coro.

Menga

escapazde dormirse en lapunta de

un

venablo,

y

siemprequeestá

dormida

diceque latientael diablo.

¡Jesús!

(38)

36

JUGLAR. ¡OídyCallad! (Golpeaelsueloconlas vejigas.).

Como endemoniada

lapobre sufría;

pidiendo socorro sefué ála abadía.

Y

desde entonces

tampoco duerme

con tranquilidad.

Ya no

la tientaeldemonio.

Coro. ¡Jesús!

JUGLAR. ¡Oíd ycallad! (Nuevogolpeconlasvejigas.)

¡Pero la tientael abad!

Coro.

Audaz

y atrevido pareceelhistrión, ytiene donaire

la nueva canción.

Juglar.

En

laabadía.de Ozores entraba

un ánima

en pena á

comer

el pan y el queso que seguarda en la alacena.

Coro. ¡Jesús!

Juglar. ¡Oíd y callad!(Golpe.) El señorabade pensóqueera

bueno

con

ambas

viandas mezclar

un

veneno.

Y una

ponzoñatan fuerte puso enel queso

y

el pan,

que

los comióla fantasma...

Coro. ¡Jesús!

Juglar. Oídy callad. (Comoantes.)

Y

reventó elsacristán,

Coro.

Audaz

y atrevido, etc.,etc.

Hablado.

Ramiro.

Tu

canciónha gustadoá la condesa.

Juglar. Gracias.

Ramiro. Denle viandasy aposento

.

Juglar. (Al fin voyá cenar. ¡Ay!

Ya

era hora.) (Saleun arquero precipitadamenteporelforoderecha.)

(39)

Arquero. Señor.

Ramiro.

¿Qué

quieres?

Arqueho.

Que

acudáis, ypresto

Gente

de guerraviene hacia el castillo.

Ramiro. ¡Otravez losnormandos!

(Se ciñelaespadayseponeelcasco.)

Juglar. (¡Ya no ceno!)

Gals. ¡Diosmíol

Ramiro. Descuidad.

No

llega al

muro

ni

uno

solo. ¡Alastorres mis arqueros!

¡A lacapilla pajes ymujeres!

(ÁGalsuinda.)

Dama

y doncella castellana.

Vos, sola aquí, rezad mientras peleo, (Vansetodos pordistintossitios.)

Juglar. Yo, ála despensa.

(Vaso también.GalsuindadetieneáErvigio.)

Gals. Ervigio,no tevayas.

(40)

38

Ervigio. Elseñor

me

loordena

.

Gals.

Y

yo noquiero.

(Handesaparecidopajes,soldados y doncellas. Queda Ervigioá algunadistanciade Galsuinda.)

Ervigio.

ESCENA. XVI

Galsuinda.Ervigio.

Gals. Acércate.

Ervigio. Señora...

Gals. .

Yo

lo

mando.

Ven,sí;

que

tu presencia es elconsuelo

(41)

39

de este dolorqueelconde no adivina, y queestalla enel odioquele tengo Ervigio.

¿No

leamáis?

Gals. ¿Lo preguntas?El

me

ha dicho querece mientraslucha.

Pues

yo rezo porque esashordasque al asaltovienen

me

librencon lamuerte de esteencierro.

Guerreó conlos mios, y triunfante,

como

prenda de paz,

me

obtuvo en premio, yesposade

Ramiro

fui porfuerza,

y

el

amor

no se alcanzacon el hierro.

losabes, Ervigio, que viniste alcastillo

conmigo

prisionero;

y por esoenel brillode tusojos de

mi

perdidohogar hallo el reflejo.

Veo

en tinuestra casa, nuestra aldea...

¿Tú

note acuerdas?Habla.

Ervigio.

No me

atrevo.

Gals. ¿Por qué?

Ervigio. Vuestrapresencia

me

produce alegría ypesar al

mismo

tiempo, y sientojuntoseltemor de hablaros y elansia de decirosloquesiento.

Música.

Ervigio.

Como

vosenlos míos, yo en vuestros ojos veo, señora,el cielode mis montañas, y cuandoáDios en ellosrezo de hinojos sientodentrodel pecho cosas extrañas.

Vergüenza me

da Gals. ¡Vergüenza! ¿De qué?

Ervigio.

No

séquéserá.

Gals.

Pues

yolo diré.

Dicha inefable,suave ternura, dulcealegría, tierna emoción,

queá

un

tiempo esgozo yes

amargura

quesedisputanel corazón.

Ervigio. Tenéisrazón.

Yo

el

alma

entera por vos daría, y en

batallan ansiaydolor, porque este

miedo me

da alegría, yesta alegría

me

da terror.

(42)

40

-

Cuando

envuestrasmiradas abrasadorasveo

las

mismas

llamaradas de

mi

propio deseo, al ver que esa

hermosura

defiende vuestro honor, gozando deventura,

me muero

de dolor.

Gals.

Eso

es

amor.

Él sabe sinruido ganarlas batallas:

nilanzas ni flechasle pueden vencer;

salvando los fosos, derriba murallas yarrasa castilloscon sólo querer.

Ervigio. Benditavos, señora,

que

daisel cielo así.

Gals.

Ya

sabes desde ahora quésientesjuntoá mí.

Los dos. Dicha inefable, suave ternura, dulce alegría, tierna emoción,

queá

un

tiempo esgozo y es

amargura

quesedisputan el corazón.

(SaleRamiroyoyelaúltimaestrofa.)

ESCENA. XVII

DICHOS. RAMIRO. Luego JüGLAB, doncellas, escuderos ypajes.

Ramiro.

Ekvigio.

Gals.

Ramiro.

Gals.

Ramiro.

Gals.

Ramiro.

Seguid. ¡Atormentadme!

Á

lavenganza servirá de acicateeste tormento.

Señor...

(Altiva.)¿Os vengaréis?

¡Y lo pregunta!

Es

lo

que

pido.

Y

loqueá darosvengo.

Ya

ante misojos, que cegardebieran, devuestras penasseaclaró el misterio.

(Gritando.) ¡A.

losservidoresdel castillo!

¿Para quélosllamáis?

Vais á saberlo.

La muerte

es poco para tal ofensa

.

(Salen todos.)

(43)

41

Llevadálacondesa ásu aposento.

Gals. Solairé.Pero oíd:

pueden

robarse las tiendas, lasciudadesylostemplos;

lostesorosdelalma no se roban...

nunca

fuivuestra esposa. ¡Osaborrezco!

Galsuinda.

Ramiro. ¡Llevadlahedicho!

Gals. ¡Atrás! ¡Nadie

me

toque!(Vase.

Juglar. (¡Hola! Historiade amor...

Romance

nuevo.) Ramiro. Alzad la trampa delacueva. ¡Pronto!

Coged

alpaje yarrojadle dentro.

(Dos escuderos sujetanáErvigio,quenose resiste. El Arqueroy otrolevantanunatrampadelsuelo.)

(44)

42

Juglar.

Arquero.

Ramiro.

Arquero.

Ramiro.

¿Qué

hacestú aquí,juglar?

Hago...

una

trova paracantarla enlasaldeas luego.

(ElArquero,qae acabade levantarlatrampa,retrocede asustado )

¡Señor!

¿Tembláis?

Por

la escalerasuben.

¡Cobardes!

Lo

que sube es vuestro miedo.

(Apareceporlatrampamedio cuerpodelseñorFelicia- no. Asombroy susto generales.)

ESCENA XVIII

Dichos. Feliciano.

Felic.

Ramiro.

Felic.

Ramiro.

Felic.

Ramiro.

Felic.

Ramiro.

Felic.

Ramiro.

Felic.

Ramiro.

Felic.

Ramiro.

Felic.

Ramiro.

Peroque

muy

buenas.

¡Un hombre! (Avanzandofurioso.)

¡Eh, eh, amigo!

Que

si se

pone

usté así no salgo.

Salyhabla, pero pronto.

(Saliendopor completo y cerrandolatrampa.)ESO de pronto...yaseráalgomenos, porque

me

echao

alCUerpO dOSCientOS escalones. (Contemplando iosgrupos.) ¡Hombre! r

Qué

bonitol Esto parece cosadel cine.

¿Qué

hacías? ¿De

dónde

vienes?

De

ahícerca.

¿Ve

ustéla calle del Tribulete?

Pues

del

segundo

portal á

mano

derecha.

¡Contestalaverdad!

¡Sies el Evangelio!

¿Cómo

has penetrado enel subterráneo?

Me

hizo entrar

un

centinela.

¡Ah, traidor!¿Veníasal asalto?

No, señor, venía á dormir; pero ya está visto

que

no puedo.

Podrás, ypronto.

¿De

veras? ¡Qué gusto!

Sí; dormirás eternamente.

En

cuanto sepa

Referencias

Documento similar

En virtud del mismo se acordaron entre otros extremos: cesiones del IRPF a favor de las autonomías, supresión futura del servicio militar obligatorio, transferencia de los

Sobre la base de que son numerosas y consistentes inter-contextos jurídicos las críticas a la eficacia de los Tribunales de Jurados, nos hemos planteado un estudio comparativo de

Esas adaptaciones requerirán conciliar la regulación de actividades abiertas a una competencia plena o acotada con los llamados servicios uni- versales sin alterar el modelo de

Debido a la gran cantidad de tasas para distribuir los costos indirectos para cada actividad, las actividades se agrupan en conjuntos homogéneos tomando como

Para la obtención de los resultados estadísticos se realizaron y consideraron las medidas de frecuencia, tablas de contingencia y gráficos de barras, destacando

rios problemas de incompatibilidad con el propio Estado de Derecho (vid. «Concepto y esen- cia del Estado social de Derecho», en W. DOEHRING: El Esta- do social, cit., págs.

La vida real, no obstante, proporciona la certidumbre de que, en multitud de ocasiones, el interés de cada uno se satisface con el concurso propio y de otro u otros portadores

en una especie de «era pospartidos». Según este punto de vista, la cuestión de la estabilidad electoral de los sistemas de partidos de Europa occidental se convierte en