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Tema 3. Aspectos que evaluar en los procedimientos de familia

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La Actuación Pericial en Procedimientos de Familia y en Menores

Tema 3. Aspectos que

evaluar en los

procedimientos de familia

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Esquema

Ideas clave

3.1. Introducción y objetivos

3.2. Evaluación de los progenitores y pruebas psicológicas habituales

3.3. Aspectos que evaluar en los hijos y pruebas psicológicas habituales

3.4. Referencias bibliográficas A fondo

Tema del mes: las pruebas más utilizadas en psicología forense

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3.1. Introducción y objetivos

Tal como señalan la APA (2010), el COPM (2009) y el COPC (2016), la situación ideal en procedimientos de familia es aquella en la que el psicólogo perito pueda valorar a toda la unidad familiar, de forma que utilice los mismos instrumentos y técnicas con cada progenitor y que pueda observar y entrevistarse con todos los miembros de la unidad familiar.

Desafortunadamente, en el contexto privado no siempre tenemos acceso a ello, lo que lógicamente limita el alcance del informe que luego se derivará de nuestra labor pericial. No obstante, siempre debemos aspirar a hacer nuestro trabajo con los mayores estándares de profesionalidad.

Cuando planeamos la realización de una pericial sobre guarda y custodia de los niños, niñas y adolescentes (NNA) debemos tener en cuenta los aspectos relevantes que valorar contemplados en la Tabla 1.

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Tabla 1. Aspectos por valorar en periciales de guarda y custodia. Fuente: elaboración propia.

Los diferentes manuales y protocolos de actuación en contexto forense han venido a recoger los diversos instrumentos con los que podemos explorar cada uno de ellos para que la evaluación de los casos sea lo más amplia, detallada y objetiva posible.

Haremos una revisión de estos, agrupando, según evaluemos, a los progenitores o a los NNA.

Los objetivos que se pretenden conseguir en este tema son:

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Ofrecer una imagen global de un proceso de evaluación completo y sólido que es la base de una buena pericial.

Conocer los aspectos más relevantes por evaluar de los progenitores y los instrumentos disponibles para hacerlo en la actualidad.

Conocer también los aspectos más relevantes a evaluar de los hijos e hijas y los instrumentos disponibles para hacerlo en la actualidad.

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3.2. Evaluación de los progenitores y pruebas psicológicas habituales

Existen algunos manuales que revisan las diferentes herramientas de evaluación de las que disponemos para el contexto forense (Psicología Forense. Manual de técnicas y aplicaciones de Sierra, J.; Manual de Psicología Forense de Urra, J.; Tratado de Psicología Forense de Urra, J.; Psicología Jurídica de la familia:

Intervención de casos de separación y divorcio de Fariña; Evaluación, psicopatología y tratamiento en psicología forense de Rodríguez, M.).

Un libro muy consultado para las periciales de familia es el de Marta Ramírez (2015) ya que propone un modelo de entrevista estructurada y recoge algunas escalas y cuestionarios de manera íntegra en los anexos.

La secuencia lógica de aplicación de las técnicas para la evaluación forense en el ámbito de familia se inicia con las entrevistas a los adultos. Estas permiten una evaluación transversal de todos los aspectos relevantes en las periciales forenses, por ello es una herramienta indispensable para recoger información que permita conocer la situación familiar actual y pasada, así como los aspectos más significativos del funcionamiento psicológico de la persona.

En nuestra opinión, el tipo de entrevista más fructífero es el semiestructurado, donde se empieza con preguntas generales sobre la situación actual, para pasar a preguntas focales sobre los aspectos de interés para la pericial.

Las áreas que abordar durante la entrevista de orientación forense en el ámbito de familia están recogidas en la Tabla 2.

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Tabla 2. Áreas que abordar durante la entrevista de orientación forense en el ámbito de familia. Fuente:

elaboración propia.

De acuerdo con Abel et al. (2019), el uso de test psicológicos resulta muy atrayente para los juristas que consideran que la evaluación cobra objetividad científica si se encuentra apoyada por los resultados de estos, a pesar de que los profesionales les otorguemos un valor moderado frente a otras técnicas, como la entrevista o la observación de la interacción parentofilial.

Según Sierra et al. (2006), los psicólogos sabemos que la evaluación es un proceso complejo que va más allá de simple aplicación de test. Además, debemos tener en cuenta hacer un uso ajustado y racional de ellos, ya que un exceso de pruebas

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administradas es un error técnico. A pesar de la relativa escasez de instrumentos psicométricos específicos para la evaluación forense y los problemas de validez que puede representar utilizar técnicas de evaluación clínica en contexto forense, se acepta de forma generalizada su uso.

Es opinión compartida plantearse si es realmente necesario crear un test específico para uso forense cuando tenemos instrumentos para valorar la personalidad en la población general, ¿acaso las personas que se separan no pueden ser consideradas parte de la población general? Eso sí, requiere que se tenga en especial consideración los sesgos que mayoritariamente pueden afectar a la hora de responderlos: la deseabilidad social, la simulación o la disimulación.

Así pues, el o la perito puede usar aquellas técnicas que, como psicólogo, tenga a disposición por ser propias de la disciplina y sobre la que tenga conocimiento y destreza en su aplicación, corrección e interpretación. Su uso es perfectamente válido si son pertinentes para evaluar las características oportunas y si se tienen en cuenta los aspectos contextuales, como por ejemplo: las ganancias secundarias que los sujetos pueden pretender.

El debate sobre los instrumentos también plantea si la valoración de la personalidad o posible psicopatología aporta información relevante sobre su desempeño como progenitores. Evidentemente, esta inferencia técnica es la que realiza el psicólogo al poner la información obtenida en relación con el objeto de la pericial.

En los últimos años, como fruto de estos debates, se han ido baremando pruebas para su uso forense o creando instrumentos específicos, como veremos a continuación. Además, contamos con un amplio abanico de cuestionarios no estandarizados y escalas que valoran aspectos específicos y que aportan información que también es relevante a la hora de realizar un informe de custodia.

Mencionar por último la importancia de la observación, que permite conocer la vinculación afectiva y captar en la práctica las capacidades parentales y los estilos

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educativos.

Personalidad y ajuste psicológico

Respecto del ajuste psicológico —a lo largo de todo el proceso de evaluación, pero con más intensidad durante el desarrollo de las entrevistas— podemos observar el estado mental. Debemos estar atentos a todo aquello que indique la presencia (o ausencia) de aspectos clínicos: el proceso y la calidad del pensamiento, la estabilidad emocional, el control de impulsos, la tolerancia a la frustración, el manejo de los afectos, etcétera.

También es importante prestar atención a las posibles conductas de riesgo que puedan afectar a las competencias y habilidades para desempeñar las tareas de atención y cuidado que conlleva el ejercicio de la guarda.

No obstante, no debemos olvidar que con frecuencia podemos observar estados emocionales transitorios (ansiedad o tristeza) que se encuentran vinculados a la inmediatez de la ruptura y a otras circunstancias relacionadas, como pueden ser la incertidumbre sobre el futuro o los problemas económicos. Es importante estimar si realmente es algo situacional y reactivo o si puede representar un problema de mayor magnitud que precise apoyo profesional para que esta circunstancia no acabe comprometiendo su función parental.

Es relevante valorar la capacidad de afrontamiento y lo competente que pueda ser la persona en todos los aspectos para valorar su adaptación general y, específicamente, en los ámbitos laborales (estabilidad) y sociales (red de apoyo).

Es recomendable hacer una estimación de la capacidad intelectual y en caso de apreciarse alguna dificultad o limitación en ella, proceder a aplicar un instrumento psicométrico adecuado para evaluarla. Aunque no suele ser muy frecuente tener que realizar esta valoración, se puede elegir cualquier instrumento oportuno para ello.

Por ejemplo: el WAIS-IV, que es la Escala de inteligencia de Wechsler para

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adultos. Esta ofrece la estimación total del CI y la información sobre cuatro áreas más específicas:

La comprensión verbal.

El razonamiento perceptivo.

La memoria de trabajo.

La velocidad de procesamiento.

Aunque para valoraciones en el ámbito forense de familia se acostumbra a optar por instrumentos más rápidos de administrar y corregir, como el TONI-4, Test de inteligencia no verbal, que permite estimar el funcionamiento intelectual mediante la evaluación de la capacidad para resolver problemas abstractos de tipo gráfico.

Para evaluar psicométricamente la personalidad podemos elegir un cuestionario según el modelo teórico de nuestra preferencia. Todos ellos están disponibles en TEA ediciones, por ejemplo:

De los teóricos del rasgo: EPQ-R. Cuestionario de personalidad de Eysenck- Revisado de Eysenck.

Del modelo de los cinco grandes factores: NEO-PI-R. Inventario de personalidad neo revisado de Costa y McCrae. NEO-FFI: Inventario neo reducido de cinco factores de Costa y McCrae. Cuestionario Big Five de Caprara, Barbaranelli y Borgogni.

Arch y Jarne (2010), tal y como se puede ver en la Tabla 3, revisaron diversos estudios; incluido el que la propia Mila Arch había realizado en 2008, y señalan que e l test más utilizado en España para este tipo de evaluaciones es el 16PF-5 (Cuestionario factorial de personalidad, de Cattell).

El 16PF-5 proviene del modelo léxico y esta es la versión más reciente del

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instrumento original en el que se sustituyen los antiguos factores de segundo orden por cinco dimensiones globales que guardan un notable paralelismo con los cinco grandes factores de personalidad (extraversión, ansiedad, dureza, independencia y autocontrol).

Tiene ciento ochenta y cinco preguntas y además mide dieciséis escalas primarias: afabilidad, razonamiento, estabilidad, dominancia, animación, atención a las normas, atrevimiento, sensibilidad, vigilancia, abstracción, privacidad, aprensión, apertura al cambio, autosuficiencia, perfeccionismo y tensión. Cuenta con tres escalas de control de los posibles sesgos y de validez (manipulación de la imagen, infrecuencia y aquiescencia).

Tabla 3. Distribución por autores de los porcentajes de uso de instrumentos psicológicos en evaluación de la guarda y custodia. Fuente: Arch y Jarne, 2010.

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De los test psicométricos para valorar rasgos clínicos de la personalidad y aspectos psicopatológicos, como podemos ver en la tabla anterior, entre los más utilizados hasta el año 2010 estaban:

MCMI, Inventario clínico multiaxial de millón, actualmente va por la 4ta edición y lo ofrece Pearson.

Del originario MMPI de Hathaway y McKinley, tenemos actualmente vigente el MMPI-2: Inventario multifásico de personalidad de Minnesota-2 de Butcher, Graham, Ben-Porath, Tellegen, Dahlstrom, y Kaemmer. La más utilizada, en contexto forense, es la versión reducida: el MMPI-2-RF, Inventario multifásico de personalidad de minnesota-2 reestructurado de Ben-Porath y Tellegen.

Otros test de uso minoritario son el CAQ: Cuestionario de análisis clínico de Krug. El CTC: Cuestionario TEA clínico de Arribas, Corral y Pereña. El IA-TP: Inventario de adjetivos para la evaluación de los trastornos de la personalidad de Tous Pont y

Muiños. El SCL-90: Listado de 90 síntomas clínicos de Derogatis, que, al no

contener escalas de validez ha sido desbancado por el más reciente LSB-50 Listado de 50 síntomas breve de Rivera y Abuín. Con posterioridad a la publicación del artículo de Arch y Jarne, TEA adaptó y publicó un test teniendo en especial consideración que pudiera ser usado en un contexto forense: el PAI (Inventario de evaluación de la personalidad de Morey), que ha venido, en gran medida, a desplazar en su uso forense a todos los mencionados anteriormente, incluso al MMP-2-RF y al MCMI.

El PAI permite una evaluación comprehensiva de la psicopatología en adultos mediante: cuatro escalas de validez (Inconsistencia, Infrecuencia, Impresión negativa e Impresión positiva). Once escalas clínicas (Quejas somáticas, Ansiedad, Trastornos relacionados con la ansiedad, Depresión, Manía, Paranoia,

Esquizofrenia, Rasgos límites, Rasgos antisociales, Problemas con el alcohol y Problemas con las drogas). Cinco escalas de consideraciones para el

tratamiento (Agresión, Ideaciones suicidas, Estrés, Falta de apoyo social y Rechazo

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al tratamiento). Dos escalas de relaciones interpersonales (Dominancia y Afabilidad).

Además, el PAI incluye treinta subescalas que proporcionan una información más pormenorizada y otros índices en caso de aplicarse de forma completa, ya que una de sus ventajas es que también permite su uso abreviado con el mismo material simplemente deteniendo la evaluación en la pregunta ciento sesenta y cinco.

En el ámbito forense el PAI es utilizado tanto para el screening y diagnóstico como para la detección de grupos forenses específicos (por ejemplo, valoración de peligrosidad, custodia de menores, psicopatía, maltrato, entre otros). Destaca por su claridad en la interpretación y por la exhaustiva información que proporciona.

Alerta además de algunos ítems críticos que requieren la atención inmediata del profesional.

Otro tipo de instrumentos no psicométricos. No podemos olvidar que el contexto forense está especialmente afectado por intentos de manipulación, por lo que puede resultar de utilidad complementar le evaluación con el uso de algún instrumento proyectivo.

En el apartado A fondo encontraréis el enlace al catálogo actualizado de TEA de test psicométricos habitualmente usados en el contexto forense.

L a s ventajas de los test y de las técnicas proyectivas son básicamente la libertad de respuesta que tiene el sujeto ante la exposición del estímulo, material o consigna. No hay respuestas correctas o incorrectas de antemano. Los estímulos son poco estructurados, ambiguos y dan lugar a una gran cantidad de respuestas (aspecto que dificulta la estandarización).

Están especialmente vinculados a la teoría psicoanalítica (estudio funcional de la personalidad, nociones de estructura psíquica, fases de desarrollo, mecanismos de defensa, análisis del contenido inconsciente, entre otras); en cierta medida a la

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Gestalt (análisis formal y visión holística) e incluso con aspectos de la psicología cognitiva (estudio de los procesos perceptivos y cognitivos).

En el citado artículo de Arch y Jarne podemos ver que se recogen como algunos de los instrumentos usados el HTP (dibujo de la casa-árbol-personas) o el test de Rorschach (conocido como el test de las manchas de tinta). Obviamente estos instrumentos no deben utilizarse si no se dispone de la formación adecuada para realizar una aplicación, corrección e interpretación adecuada.

Formarse es relativamente rápido y fácil en los test gráficos o en los temáticos, pero es complejo y largo para el test de Rorschach. El sistema comprehensivo de Exner ha permitido realizar cálculos y baremos, lo que lo ha convertido en el test proyectivo de mayor respaldo científico, que cuenta incluso con varias tesis doctorales realizadas en España con este instrumento.

En nuestro contexto actual, el uso de las técnicas proyectivas en adultos es frecuente en el ámbito penal, pero en periciales de familia es residual y se acostumbra a limitar a la evaluación de los hijos.

Competencias parentales y estilos educativos

La evaluación de estos aspectos en los progenitores, especialmente la de las competencias parentales, es la piedra angular sobre la que pivotan la mayoría de las periciales de familia.

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Figura 1. Composición de las competencias parentales. Fuente: Sallés y Ger, 2011.

Siguiendo a Barudy y Dantagnan (2010) las competencias parentales se componen de las capacidades parentales fundamentales y las habilidades parentales, desarrolladas en la Tabla 4.

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Tabla 4. Competencias parentales. Fuente: adaptado de Barudy y Dantagnan, 2010.

En la actualidad, el único instrumento psicométrico del que disponemos en España para evaluar los rasgos específicos de la personalidad que tienen relación con la competencia parental es el CUIDA: Cuestionario para la evaluación de adoptantes, cuidadores, tutores y mediadores. Este test ha sido creado para evaluar la capacidad de un sujeto para proporcionar atenciones y cuidados adecuados a una persona en situación de dependencia (hijo biológico, adoptado o en custodia, menor a cargo de una institución, mayores, enfermos, discapacitados).

CUIDA evalúa catorce variables (altruismo, apertura, asertividad, autoestima, capacidad de resolver problemas, empatía, equilibrio emocional, independencia,

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flexibilidad, reflexividad, sociabilidad, tolerancia a la frustración, capacidad de establecer vínculos afectivos y capacidad de resolución del duelo) y cuatro puntuaciones de segundo orden (cuidado responsable, cuidado afectivo, sensibilidad hacia los demás y agresividad). Tiene tres índices de validez y control de las respuestas (índice de invalidez, índice de inconsistencia de respuestas y deseabilidad social).

En cuanto a los estilos educativos, podemos definirlos como el conjunto de ideas, creencias, valores, actitudes y hábitos de comportamiento que los padres mantienen respecto a la educación de sus hijos. Todo ello puede potenciar o dificultar tanto el desempeño y rendimiento académico, como la autonomía, la autoconfianza e incluso la identidad de los hijos.

Para evaluarlos, Julia Alonso y José Mª Román crearon en 2003 el PEF: Prácticas educativas familiares. Estos autores recogen cuatro tipos de estilos educativos:

Estilo democrático: los padres hacen demandas y establecen límites razonables, los mantienen y hacen cumplir a la vez que expresan afecto y escuchan a sus hijos.

Estilo autoritario: los padres enfatizan la importancia de la obediencia sin discusión, son exigentes y cuando no se los obedece recurren al castigo.

Estilo permisivo: propio de padres que cuidan y aceptan a sus hijos, pero evitan

imponer cualquier tipo de control y los dejan que tomen decisiones para las que aún no están preparados por su edad o sobre cosas que no les corresponden.

Estilo de no-implicación: propio de padres que muestran poco compromiso con los aspectos educativos y con las normas de conducta.

Otros autores de referencia en el estudio de los estilos educativos son Ángela Magaz y Manuel García, que crearon el PEE: Perfil de estilos educativos, (actualizado en 2011). Donde describen cuatro estilos:

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Estilo sobreprotector: buscan proteger de cualquier riesgo a sus hijos, llegando a

castigar sus intentos de autonomía. Piensan que los padres son totalmente responsables de los hijos, les ofrecen consejos constantes y suelen dárselo todo hecho, pues creen que ya tendrán tiempo de enfrentarse con la adversidad cuando sean mayores. Potencian que sus hijos sean inseguros, sin iniciativa ni autonomía.

Estilo inhibicionista: propio de padres que creen que cuanto antes aprendan los

hijos cuán dura es la vida, mejor. Refuerzan poco la conducta adecuada de sus hijos y suelen castigar aquellos comportamientos que les molestan, con frecuencia, de forma incongruente y sin basarse en un criterio específico. Esta forma impredecible de educar da como resultado niños con altos niveles de ansiedad por la inseguridad que sienten.

Estilo punitivo: los padres se basan en las obligaciones y se sienten furiosos cuando sus hijos no están de acuerdo con sus indicaciones. Se fijan sobre todo en los «errores», castigan y amenazan. Sus hijos pueden tener muy poca iniciativa por miedo al castigo y pueden padecer altos niveles de ansiedad.

Estilo asertivo: los padres dejan que sus hijos vayan aprendiendo poco a poco y

permiten que cometan errores para que puedan aprender de ellos. Respetan que los gustos y deseos de sus hijos no siempre coincidan con lo esperado. Les ayudan a progresar con paciencia mientras los tutorizan con límites claros, pero relativamente flexibles. Transmiten satisfacción ante los buenos comportamientos, las iniciativas y la autonomía de sus hijos. Todo ello reporta beneficios psicoemocionales a los hijos.

Además de estos instrumentos, la observación de la interacción paternofilial permite apreciar las destrezas parentales en acción y si se adaptan a las necesidades de sus hijos. La información que se obtiene de este tipo de actividades es especialmente más relevante cuanto más pequeños sean los hijos. Encontraréis un detallado listado en el libro de Fariña (2002). En general hay que observar:

La capacidad para promover actividades adecuadas para la edad e intereses del

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hijo.

Si da espacio y fomenta su autonomía adecuando el nivel de exigencia.

El tipo de vínculo emocional que le ofrece.

La comunicación adecuada a las tareas y a la edad del niño, con especial interés en que no aproveche para hacer o solicitar al niño manifestaciones sobre la conflictiva familiar.

Si realiza un acompañamiento de la actividad de tipo facilitador. Si muestra capacidad de refuerzo, si celebra los éxitos y realiza el reconocimiento del hijo de forma apropiada (que no sean indiscriminados o sin fundamento).

La capacidad de contención emocional para reconducir adecuadamente las conductas disruptivas.

Si establece normas y límites, cómo lo hace y que estilo educativo desempeña con ello.

En caso de existir más de un hijo ver cómo realiza el reparto de la atención y el tiempo de juego. Si es capaz de integrarlos en un mismo proyecto o, por lo menos;

de complementarlos, si resuelve de forma adecuada los conflictos entre ellos o cómo gestiona la rivalidad fraterna en caso de existir.

Roles y funcionamiento familiar habitual

Los progenitores realizan funciones que van a ir adquiriendo mayor o menor relevancia según el momento evolutivo de los hijos, pero que son imprescindibles para su crecimiento físico y psíquico. Tiene que ver con las funciones que vienen a cubrir las necesidades básicas de los menores, siguiendo a López (2008), estas son las que aparen en la Tabla 5:

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Tabla 5. Roles y funcionamiento familiar habitual. Fuente: adaptado de López, 2008.

Durante las entrevistas con los progenitores, como ya hemos señalado, obtendremos información variada y también aquella que nos permitirán inferir en el reparto de tareas (especialmente respecto de la atención y cuidado parar con los hijos) con anterioridad a la ruptura y en el momento actual.

Como era previsible, al llegar a este nivel de especificidad ya no disponemos de instrumentos estandarizados, por lo que la información sobre estos aspectos la obtendremos básicamente de las entrevistas y de la observación. También podemos utilizar el «Listado de tareas infantiles» recogido por Marta Ramírez en su libro y que funciona a modo de entrevista estructurada.

Para conocer de primera mano las dinámicas familiares y el desempeño de los progenitores es aconsejable emplear la observación de la interacción paternofilial, a poder ser, en el entorno natural. De esta manera podremos ver si los llevan y recogen de las actividades, cómo gestionan el ocio y las obligaciones (actividades

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extraescolares, deberes, amigos, citas médicas, etc.). Obtendremos información respecto de las comidas, meriendas, etc.

Además, si visitamos el domicilio donde viven o vivirán los hijos podemos apreciar si los padres han dispuesto un espacio propio para ellos con los útiles y enseres necesarios en función de la edad y necesidades. La observación en el entorno natural resulta especialmente importante cuando los hijos son pequeños y también adquiere interés si concurren situaciones de especial atención en alguno de los hijos (adopción; altas capacidades; trastorno de déficit de atención con hiperactividad, TDAH; trastornos del desarrollo intelectual; trastornos del espectro autista, TEA, etcétera).

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3.3. Aspectos que evaluar en los hijos y pruebas psicológicas habituales

Conviene señalar que no siempre es necesario realizar una evaluación completa de los hijos, por ejemplo, cuando son muy pequeños o cuando tienen características o necesidades especiales y tenemos informes y documentación suficiente que puedan sustituir una completa exploración por nuestra parte.

De acuerdo con EATC (2011), cuando tenemos la posibilidad de evaluar a toda la unidad familiar, puede ocurrir que la información facilitada por los progenitores sobre los hijos sea coincidente, por lo que, siguiendo el principio de mínima intervención tal y como suelen hacer y recomendar los equipos técnicos, podemos optar por evitar explorarlos directamente. Por desgracia, lo más frecuente es que la información que aporte cada progenitor sea suficientemente dispar como para hacer necesaria la evaluación de los menores.

Es lógico que para realizar adecuadas recomendaciones sobre lo que más le conviene a un menor, sea preciso conocerlo, observarlo y escucharlo. Además, debemos tener en cuenta el precepto deontológico de no realizar afirmaciones sobre una persona no explorada.

Especial atención merece cuando los menores han sido multiintervenidos, ya que el aprendizaje que hayan hecho en otros contextos puede interferir en la nueva exploración, también puede ocurrir que exploraciones anteriores puedan ocasionar resistencias y falta de colaboración. Con los menores en este contexto siempre hay que valorar los posibles pros y contras de la evaluación y, sobre todo, velar porque nuestra actuación no sea iatrogénica. Debemos intentar minimizar el impacto sobre ellos, evitando que nuestra actuación añada una nueva preocupación o aumente el sufrimiento emocional; ya que los hijos, frecuentemente, se sienten confusos y tensos.

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Conviene explicar a los progenitores que deben transmitirles a los hijos una explicación protectora y neutra sobre la evaluación que realizaremos. Debe ser ajustada a la edad y a la información que tenga el menor sobre el proceso judicial y el conflicto. Por pequeños que sean, los hijos tienen sus derechos y deben saber que no van a visitar o a conocer a alguna amistad de los padres.

Si por edad no conocen el concepto «psicólogo» puede explicarse que van a conocer a una persona cuyo trabajo es jugar, dibujar y hablar con los niños para conocerlos mejor y ayudar a los padres a tomar las mejores decisiones sobre lo que está pasando o sobre los posibles cambios que van a producirse. Una vez con ellos, también hay que explicarles el encuadre de una forma adaptada a su edad y madurez.

La forma y los instrumentos de la evaluación variarán en función de la edad, pero tiene similitud respecto de la de los adultos, pues con ellos también podemos mantener entrevistas, aplicarles cuestionarios y otros instrumentos de evaluación y utilizar la observación. Además, podemos contar con la información aportada por la escuela u otros profesionales. Debemos ser prudentes en la administración de pruebas, y en los menores es especialmente recomendable no extendernos en el uso de los test psicométricos.

No debemos olvidar realizar un buen cierre para que se vayan tranquilos, ya que con ellos no tendremos una entrevista de devolución de la información. Cuando se acerque el final de la exploración es recomendable ofrecernos a resolver, en la medida de lo posible, las dudas que pueda tener y agradecer su colaboración. Es importante dejarles claro que aquello que nos ha contado lo tendremos en cuenta junto con los otros datos y que lo transmitiremos a los adultos desde nuestro punto de vista como profesionales para, de esta forma, descargarlos de responsabilidad. Y finalmente despedirnos comentando algo lúdico o desenfadado.

Durante la evaluación de los hijos debemos estar atentos a la presencia de

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indicadores de malestar y sufrimiento emocional. Los más habituales en función de la edad, según recopilaron de diversas investigaciones Vázquez et al. (2018), son:

Tabla 6. Indicadores de malestar y sufrimiento en los hijos según las edades. Fuente: adaptado de Vázquez et al., 2018.

Características personales, ajuste psicoemocional y socioescolar

Antes de conocer a los hijos, es recomendable tener abundante información sobre ellos, ya que eso facilitará la conversación. El profesional debe ser natural en su trato y adaptar el lenguaje a la edad y características del menor. Desde el primer momento conviene observar cómo se sitúa el menor delante del profesional para adecuar la acogida y el inicio de la exploración. En caso de existir resistencias en el menor se pueden utilizar diversas estrategias para vencerlas, siempre que no supongan un elemento de presión añadida al menor.

A veces es recomendable realizar una entrevista más informal, por eso suele utilizarse como apoyo material de juego o el dibujo en su faceta lúdica. En alguna

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ocasión será necesario considerar la posibilidad de no continuar con preguntas sobre ese tema o renunciar a la aplicación de un test si aparece malestar en el menor.

Como en toda entrevista es importante mostrarse empáticos y prestar atención a los intereses y preocupaciones del menor. Conviene hacer uso de la escucha activa, adaptándonos al tempo y a los silencios de cada niño. Debemos respetar su discurso y no cuestionar sus afirmaciones, en todo caso podemos pedir aclaraciones, ampliaciones o preguntar el porqué de forma cortés. Debe evitarse formular preguntas que confronten las lealtades de los menores para con sus padres y familia extensa. También es importante evitar hacer preguntas sugerentes o directivas que faciliten respuestas inducidas o que puedan comprometerlos afectivamente.

Es recomendable realizar un acercamiento a través de áreas neutras y sin carga tensional que faciliten una interacción más cómoda y fluida para, posteriormente, irse aproximando a cuestiones relacionadas con la actual realidad familiar.

Así pues y de forma adaptada a su desarrollo cognitivo se le solicitará información sobre su vida habitual, su entorno, su comportamiento o relaciones, sus aficiones, sobre su tiempo libre, con quién juega, quién se ocupa de llevarlo y recogerlo, de su comida, de su aseo, de su vestimenta, etc. A quién acude cuando tiene un problema, debe tomar una decisión importante, para resolver dudas sobre los deberes escolares, si tiene una pesadilla y también cuando tiene una alegría o algo que celebrar. A través de sus respuestas podemos llegar a conocer las percepciones que tiene sobre los componentes de la familia, sus vínculos, sus temores y preferencias.

Con el objetivo de obtener este tipo de información, Ramírez (2015) propone el Listado de preferencias infantiles para usar con los niños más pequeños y para más mayores, el Inventario de percepción de los padres de Hazzard y Christensen.

Con niños de siete años o más, también se puede hacer uso de la elaboración conjunta del Genograma, ya que puede ayudar a explorar de una forma más

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atractiva las relaciones familiares del menor, así como sus vínculos y la intensidad de las relaciones familiares tal y como las perciben ellos.

Por ejemplo, se le puede pedir que nos diga si sabe quién se lleva mejor con quién, así como quien se lleva peor con quién. A quién le gusta ir a visitar, a quién invitaría a una fiesta, a quién le explicaría un problema, un secreto, una preocupación o una alegría. También se obtendrá información sobre el tipo de relación que tiene con cada uno de los miembros de la familia.

Esta forma de preguntar más casual permite obtener información especialmente interesante cuando existen otras personas en la familia que puedan estar teniendo un papel activo (ya sea de forma positiva o negativa) como abuelos, nuevas parejas de alguno de los progenitores (posibles hijos de estas), nuevos hermanos, etcétera.

El objetivo es obtener información sobre su aspecto, el nivel de higiene, si van vestidos de acuerdo con la estación del año y al contexto. Cómo es su actitud:

colaboradora, reticente, inhibida, defensiva… Qué estilo de interacción muestra:

espontáneo, coartado, limitado al uso de monosílabos. El tipo de comunicación verbal y no verbal que establece. Investigar sobre las diferentes áreas en las que está involucrado: social, escolar, personal, lúdica y familiar, lo que permitirá contrastar las informaciones obtenidas por otras fuentes.

También habrá que recabar información sobre sus rasgos de personalidad:

extraversión/introversión, timidez, ansiedad, impulsividad… Sobre sus necesidades:

fisiológicas, materiales, educativas, intelectuales, relacionales, afectivas y lúdicas.

Respecto de su desarrollo psicomadurativo: si ha adquirido los hitos evolutivos y de desarrollo que corresponderían por su edad.

Sobre el grado de adaptación general del menor y específicamente en:

Ámbito escolar: motivación por los aprendizajes. Rendimiento académico y sus

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posibles cambios recientes. Vivencia respecto del centro escolar y del grupo de clase (integración, relación con los compañeros, relación con los profesores, participación en las actividades propuestas desde la escuela, etcétera).

Ámbito social: valoración de sus relaciones con los iguales y percepción subjetiva

de posibles dificultades en cuanto a sus relaciones (grado de aceptación, etcétera).

Participación en actividades extraescolares y su satisfacción con las mismas.

Actividades de ocio compartido.

Ámbito familiar: autopercepción de su propio rol en su familia. Dinámicas familiares: rutinas, hábitos, pautas, normas, imposición de castigos, etcétera.

Será importante observar también los vínculos afectivos con los diferentes integrantes de la familia, tanto del núcleo de convivencia como de la familia extensa.

La vivencia de la separación: aceptación/rechazo, autoinculpación, cambio de lugar de residencia, dificultades para relacionarse con alguno de los progenitores u otros familiares (abuelos, hermanos y/o hermanastros), relación con las nuevas parejas (si las hay). Los efectos derivados de la ruptura con especial atención al posicionamiento del menor. El grado de implicación en el conflicto de la familia y posible inducción del discurso del menor. Cómo está el menor en cada contexto familiar concreto y averiguar las variables que explican por qué está como está.

En los siguientes manuales y guías podemos encontrar algunos instrumentos psicométricos para evaluar la personalidad de los menores, cuando la edad de estos lo permite:

16 PF-APQ: Cuestionario de personalidad para adolescentes de Shuerger (entre doce y diecinueve años).

CPQ: Cuestionario de personalidad para niños de Porter y Cattell (de ocho a doce años).

ESPQ: Cuestionario de personalidad para niños de Coan y Catell (seis a ocho años).

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En caso de sospechar afectación psicopatológica puede recurrirse a instrumentos específicos como:

MACI: Inventario clínico para adolescentes de Millon, (de trece a diecinueve años).

CAS: Cuestionario de ansiedad infantil de Gillis, (de seis a ocho años).

STAIC: Cuestionario de ansiedad estado/rasgo en niños de Spielberger, (de nueve a quince años).

CDI: Inventario de depresión infantil de Kovacs, (de siete a quince años).

CDS: Cuestionario de depresión para niños de Lang y Tisher (de ocho a dieciséis).

Como ya habíamos señalado, en la valoración de los menores adquiere mayor importancia el uso de los test proyectivos. Habitualmente, los más utilizados son lo test gráficos, ya que para ellos la producción gráfica es una actividad frecuente y suele ser satisfactoria.

En los test gráficos confluyen tres ejes importantes: la acción psicomotriz, la representación mental y el relato verbal. La secuencia de interpretación se inicia con el análisis de plano gráfico y de los aspectos expresivos. Se sigue con el análisis de los elementos formales de cada uno de los dibujos y se finaliza analizando los contenidos y el análisis simbólico de lo verbalizado sobre ellos. También se utilizan los test temáticos donde se solicita una narración verbal a modo de historieta.

Según nuestra experiencia, los test proyectivos habitualmente usados en este contexto son los siguientes:

El HTP

En este test se solicita que se dibuje una casa, después un árbol, una persona y, finalmente, otra del sexo contrario.

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La casa: es concebida como el lugar de residencia y suele representar no solo su

propia casa, sino diferentes aspectos de la relación del sujeto con las otras personas, también es la imagen del self.

El árbol: evoca la imagen más inconsciente de sí mismo, transluce los sentimientos más profundos, genera menos defensividad y es el más consistente en el retest.

La persona: es el que se asocia más directamente al Yo, puede representar un

autoretrato, el yo ideal o una persona significativa y valorada por el sujeto. La segunda persona dibujada constituye una representación complementaria.

El test de la persona bajo la lluvia

Este utiliza la sencilla consigna de pedir que se dibuje una persona bajo la lluvia y permite valorar la imagen que el sujeto tiene de sí mismo bajo condiciones desagradables de estrés o de tensión ambiental (tipo de lluvia), qué tipo de estresores percibe del entorno y cómo pone en marcha sus mecanismos de afrontamiento y sus defensas y si estas resultan funcionales o no para protegerse.

Se analizan las características gráficas y formales generales de los proyectivos gráficos, se tiene en cuenta el paraguas (su omisión o alternativas), la lluvia y otros elementos añadidos.

Test de la familia

En este test, de L. Corman, la consigna es «Dibuja una familia» o bien «Imagina una familia y dibújala». Cuando acaba se le ofrece otra hoja y se le pide: «Ahora dibuja a tu familia». Conviene que nombre y describa a cada una de las figuras.

Posteriormente, se realizan unas preguntas de tipo afectivo:

¿Cuál es el más bueno de todos en esta familia?

¿Cuál es el menos bueno de todos?

¿Cuál es el más feliz?

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¿Cuál es el menos feliz?

Por último: ¿y tú, en esta familia, a quién prefieres?

Después de cada una de ellas preguntar «¿Por qué?». Finalmente, se le pide una identificación: «Si tú formases parte de esta familia, ¿quién serías?».

Test de la familia cinética

La consigna es: «Dibuja a tu familia haciendo algo». En ambos casos es preciso anotar la forma en que se construye el dibujo: en qué lugar de la página empieza a dibujar, por qué figura, el tiempo que tarda con cada una, si realiza algún comentario y las eventuales reacciones afectivas del niño.

Para finalizar convienen preguntarle al niño si está contento con lo que hizo y, sea cual sea su respuesta, preguntar si en el caso de que tuviera que volver a hacer el dibujo, lo haría igual o si le pondría o quitaría algo. Se puede detectar qué tipos de mecanismos de defensa pone en marcha, si valoriza o desvaloriza a algún personaje. Si existe rivalidad fraterna (eliminación del rival, desvalorización, reacciones agresivas a veces desplazadas), conflictos edípicos (desvalorización de uno de los progenitores, apego a uno de ellos, eliminación del progenitor, agresividad contra él). Si aparecen reacciones depresivas (eliminación del sí mismo), reacción regresiva, etc.

CAT-A y CAT-H

Estos son los test de Apercepción temática para niños de Murray. Está formado por diez láminas que representan escenas cotidianas y que intentan provocar respuestas relacionadas con las preocupaciones de los menores. El sujeto debe describir lo que ve en la lámina que se les muestra y contar una historia con lo que pudo ocurrir antes y lo que ocurrirá después. La prueba facilita la comprensión de las tendencias del niño en sus relaciones con las figuras más importantes que lo rodean.

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El CAT-A utiliza el dibujo de animales en sus láminas y es aplicable a niños de entre tres a diez años. CAT-H tiene las mismas escenas en las láminas, pero protagonizadas por humanos, por lo que permite elevar la edad de aplicación hasta los trece años.

Fábulas de Düss

Se puede aplicar a partir de los tres años. Está conformada por una serie de diez historias o fábulas de contenido simbólico donde se representa un estadio de desarrollo (estadio oral, edípico, etc.) en las que se espera que el sujeto se identifique con el «héroe» para expresar a través de él y de sus reacciones en la situación planteada sus propios conflictos inconscientes.

Test de pata negra

Este test de Corman se utiliza en personas a partir de los cuatro años. En esta prueba se emplea el uso de diecinueve láminas con escenas protagonizadas por el cerdito Pata negra, dos cerditos pequeños como él (pero de color blanco) y dos grandes, que recuerda a una organización familiar. En primer lugar el niño debe elegir las láminas que quiera para contar una historia. Después, a través del método de las preferencias-identificaciones, se ponen de manifiesto temas tan relevantes en el desarrollo infantil como: la oralidad, analidad, complejo de Edipo, agresividad y rivalidad fraterna, dependencia-independencia, culpabilidad, inversión de sexo, padre nutricio y madre ideal. También se realizan algunas preguntas más.

El TAMAI

Test Autoevaluativo multifactorial de adaptación infantil, de Hernández. Permite la aplicación a partir de los ocho años y está especialmente destinado a la apreciación del grado de adaptación del menor. Ofrece clústeres que permiten determinar las raíces de la inadaptación en las siguientes áreas:

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Inadaptación general.

Personal.

Escolar.

Social.

Insatisfacción familiar.

Insatisfacción con los hermanos.

Es muy usado en contenciosos de familia porque también incluye la evaluación de las actitudes educadoras de los padres tal y como las perciben los menores:

educación adecuada del padre, de la madre, y discrepancia educativa. Además, el TAMAI completa la información mediante diversas subescalas específicas tales como infravaloración, regresión, indisciplina, conflicto con las normas, desconfianza social, relaciones con los padres, insatisfacción con el ambiente familiar, hipomotivación, somatización, depresión, timidez, introversión. y tiene dos escalas de validez:

proimagen y contradicciones.

Se puede obtener información sobre las características de la personalidad y el ajuste de los hijos a través de adultos informadores. Disponemos de varios test psicométricos sobre conducta y adaptación de los hijos aplicados a los padres y a los tutores, (en general también tienen escalas autoaplicadas para los hijos), lo que permite contrastar la información y ver el punto de vista de cada uno de ellos. Por ejemplo:

El CBCL: Cuestionario de conductas infantiles para padres de Achenbach. Sirve

para obtener información de los niños a partir de sus padres. Se obtiene información de dos tipos: sobre las habilidades o competencias de los niños (Escala de

Competencia social) y acerca de sus comportamientos problemáticos (Escala de Problemas). No cuenta con autoaplicación.

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Las escalas BASC: Sistema de evaluación de la conducta del niño de Reynolds y

Kamphaus. Se compone de un autoinforme donde el niño o adolescente describe sus emociones y autopercepciones (aplicable a partir de los ocho años). Se hace a través de un cuestionario de valoración para padres y otro para tutores que recogen las descripciones del comportamiento observable del niño en ambos contextos. El BASC es multidimensional ya que mide diversos aspectos del comportamiento y la personalidad, incluyendo dimensiones tanto adaptativas como negativas. ofrece diversos índices de validez.

El autoinforme (S)

Proporciona información sobre escalas clínicas: actitud negativa hacia el colegio, actitud negativa hacia los profesores, búsqueda de sensaciones, atipicidad, locus de control, somatización, estrés social, ansiedad, depresión y sentido de incapacidad.

Escalas adaptativas: relaciones interpersonales, relaciones con los padres, autoestima y confianza en sí mismo. Permite la obtención de cuatro dimensiones globales: desajuste escolar, desajuste clínico, ajuste personal y un índice general, el índice de síntomas emocionales.

Los cuestionarios de valoración para tutores (T) y para padres (P)

Miden conductas desadaptativas (escalas clínicas): Agresividad, Hiperactividad, Problemas de conducta, Problemas de atención, Problemas de aprendizaje, Atipicidad, Depresión, Ansiedad, Retraimiento y Somatización; y escalas adaptativas:

Adaptabilidad, Habilidades sociales, Liderazgo y Habilidades para el estudio. Como dimensiones globales nos permite calcular cinco valores: Exteriorizar problemas, Interiorizar problemas, Problemas escolares, Habilidades adaptativas y un índice de síntomas comportamentales.

SENA

E s t e test (Sistema de evaluación de niños y adolescentes), el más reciente

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publicado, es un instrumento dirigido a la detección de un amplio espectro de problemas emocionales y de conducta desde los tres hasta los dieciocho años (autoaplicación a partir de los seis años). Tiene en cuenta tanto problemas interiorizados: depresión, ansiedad, ansiedad social, quejas somáticas, obsesión‑compulsión y sintomatología postraumática; como problemas exteriorizados: hiperactividad e impulsividad, problemas de atención, agresividad, conducta desafiante, problemas de control de la ira, conducta antisocial.

También considera problemas específicos como retrasos en el desarrollo, problemas de la conducta alimentaria, problemas de aprendizaje, esquizotipia, consumo de sustancias. Permite detectar áreas de vulnerabilidad, dificultad para la regulación emocional, rigidez, aislamiento, búsqueda de sensaciones o las dificultades de apego; que predisponen a presentar problemas más severos.

En el polo positivo evalúa la presencia de recursos psicológicos que actúan como factores protectores ante diferentes problemas como son la autoestima, la integración y competencia social, la inteligencia emocional o la conciencia de los problemas.

Además proporciona tres escalas de control para valorar posibles sesgos en las respuestas, un sistema de ítems críticos que alerta ante la presencia de aspectos especialmente problemáticos y seis índices globales que permiten resumir en varias áreas generales las puntuaciones obtenidas en las distintas escalas (índice global de problemas, índice de problemas emocionales, de problemas conductuales, de problemas en las funciones ejecutivas, de problemas contextuales y de recursos personales). El SENA dispone de diferentes cuestionarios por franja de edad, que se pueden utilizar de forma aislada o conjunta, para aplicar al propio menor, a la familia y a la escuela.

Adaptación y ajuste familiar, vínculo y relaciones fraternas

Bowlby fue uno de los pioneros de la teoría del apego. Para garantizar su

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supervivencia los bebés están biológicamente preparados para vincularse con un adulto (impronta). Si el adulto le proporciona cuidados y es capaz de captar y satisfacer sus necesidades, el niño crecerá en gran medida sano. Por el contrario, unos cuidadores insensibles, negligentes, inconstantes o incoherentes, que no satisfacen apropiadamente las necesidades del bebé, traen como consecuencia un niño que no crecerá adecuadamente.

Otro autor relevante es Mary Ainsworth que estudió el apego en bebés mediante el Test de la situación del extraño. En él la madre y el niño de un año son

introducidos en una sala de juego, la madre deja la habitación dos veces durante tres minutos y se observan las reacciones del niño cuando esta sale de la habitación y cuando regresa.

Se postula que los modelos de apego persisten hasta la edad adulta ya que la interiorización de una figura estable y disponible, pero separada de sí mismos, le permite al niño tenerla de base para explorar el entorno y a los extraños. Esa seguridad es la que permitirá la diferenciación necesaria para convertirse en un adulto capaz de ofrecer una vinculación de apego sano a sus futuras crías.

En la Tabla 7 veremos los cuatro tipos de apego:

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Tabla 7. Los cuatro tipos de apego. Fuente: elaboración propia.

Podemos conocer el tipo de apego y de vínculo emocional a través de la observación de la interacción parentofilial. Para ello, lo más habitual es organizar una sesión de juego donde el profesional se queda en un segundo plano. La observación de la interacción, aparte de evaluar el estilo parental, permite conocer las respuestas del hijo, ya que la visión conjunta ayudará a determinar el ajuste entre los recursos disponibles del adulto y su aplicación práctica y realista a las necesidades del menor.

De esta manera, se podrán evaluar las características de la relación y vinculación

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emocional también respecto de los hermanos (cuando haya más de un hijo).

En la sesión la consigna es que jueguen libremente a lo que quieran. En la sala de juegos es recomendable tener material adecuado para las diferentes edades. Lo habitual es tener juegos de bloques y construcción, marionetas, puzles, figuras de animales, enseres de cocinita o de tienda, pelotas blandas, coches, diana de velcro o bolos de plástico. Y también disponer de materiales para manualidades como, plastilina, tijeras, pegamento, papel, lápices y colores.

Conocer de primera mano el repertorio conductual del niño en relación con el ambiente permite entender el papel de modelo que desempeñan cada uno de los progenitores para el hijo, así como la influencia de cada progenitor en su aprendizaje y en la corrección o mantenimiento de conductas.

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3.4. Referencias bibliográficas

Abel, X., Arch, M., Muñoz, J.M y Viñas, D. (2019). El informe pericial psicológico en los procedimientos de familia: indicaciones técnicas para facilitar su valoración judicial. Revista de Derecho de Familia, 80, 27-48.

Alonso, J. y Román, J. M. (2003). PEF. Prácticas Educativas Familiares. Escalas de identificación. Cepe editorial.

APA. (2010). Guidelines for Child Custody Evaluations in Family Law Proceedings.

American Psychological Association, 65(9), 863-867.

https://www.apa.org/pubs/journals/features/child-custody.pdf

Arch, M. y Jarne, A. (2010). Instrumentos de Evaluación Psicológica en las Peritaciones de Guarda y Custodia de los Niños: Uso y Admisibilidad. Anuario de Psicología Jurídica, 20, 59-70.

Barudy, J. y Dantagnan, M. (2010). Los desafíos invisibles de ser madre o padre.

Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Gedisa.

COPC. (2016). Guía de buenas prácticas para la evaluación psicológica forense y la práctica pericial. Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña.

COPC. http://www.infocop.es/pdf/guiaforense2014.pdf

COPM. (2009). Guía de buenas prácticas para la elaboración de informes psicológicos periciales sobre guarda y custodia de menores de separación y divorcio.

Colegio Oficial de Psicólogos de

Madrid. http://www.infocoponline.es/pdf/guia_buenas_practicas_informes_custodia_y _regimen_visitas_abril2009.pdf

EATC. (2011). Guía de intervención técnica en menores – Equipos de Asesoramiento

(40)

Técnico. Departamento de Justicia. Generalitat de Catalunya.

Echeburúa, E., Muñoz, J.M., Loinaz, I. (2011). La evaluación psicológica forense frente a la evaluación clínica: propuestas y retos de futuro. International Journal of Clinical and Health Psychology, 11(1), 141-159.

Fariña, F., Seijo, D., Arce, R. y Novo, M. (2002). Psicología Jurídica de la familia:

Intervención de casos de separación y divorcio. Cedecs.

López, F. (2008). Necesidades de los niños y adolescentes. Respuesta familiar, escolar y social. Pirámide.

Ramírez, M. (2015). Cuando los padres se separan. Alternativas de custodia para los hijos. Biblioteca Nueva.

Sallés, C. y Ger, S. (2011). Las competencias parentales en la familia contemporánea: descripción, promoción y evaluación. Educación Social, 49, 25-47.

Sierra, J. C., Jiménez, E. M. y Buela-Casal, G. (2006). Psicología Forense. Manual de técnicas y aplicaciones. Biblioteca nueva.

Vázquez, N., Tejedor, A., Beltrán, O., Antón, M.P. y Delgado, J. (2018). Manual de Coordinación de Parentalidad. Abordaje de familias con hijos atrapados en rupturas conflictivas. EOS.

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Tema del mes: las pruebas más utilizadas en psicología forense

Página Web de TEA ediciones. (http://web.teaediciones.com/TemasDelMes/TM- WEB/2021/febrero2021.html).

En la página web de TEA ediciones podéis encontrar la mayoría de los test que solemos usar los psicólogos en nuestra práctica profesional en las diferentes áreas de especialización. También encontrareis la información, como la que os enlazamos con los test de su catálogo, que más se utiliza en el área forense. Además, si navegáis por su página web podéis encontrar webinares sobre la aplicación e interpretación de algunas de las citadas pruebas.

(42)

PsiJur: División de Psicología Jurídica. Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos

Página Web de PsiJur. (http://www.psijur.cop.es/).

Como futuros profesionales de la psicología jurídica y forense resulta interesante que os apuntéis a la División de Psicología Jurídica del Consejo de COPs de España. En su página web podéis encontrar información diversa en la pestaña Documentación guías y enlaces a revistas especializadas.

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1. ¿Por qué en los procedimientos de familia consideramos como situación ideal el poder valorar a toda la unidad familiar?

A. Porque necesitamos obtener información de todas las fuentes posibles y nuestro informe será más completo.

B. Porque el perito no puede hacer un informe si no valora a toda la unidad familiar.

C. Porque hay que aplicar las mismas pruebas a todos los miembros de la unidad familiar.

D. Porque el Código Deontológico obliga.

2. Cuando planeamos la realización de una pericial sobre guarda y custodia de los niños, niñas y adolescentes (NNA) debemos tener en cuenta ciertos aspectos relevantes a valorar, entre ellos:

A. Adaptación personal, laboral, social y familiar de los progenitores, características y aspectos de la personalidad de los progenitores, estilos educativos de los progenitores, actitud y motivación hacia el desempeño de la parentalidad.

B. Calidad de la relación paternofilial, sensibilidad de los progenitores hacia las necesidades de sus hijos, expectativas que tienen los progenitores, conocimiento de las características y necesidades de los hijos.

C. Rescate, por parte del progenitor, de los aspectos positivos del rol parental del otro.

D. Todas son correctas.

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3. Relaciona las áreas a abordar en las entrevistas con el contenido:

Rol parental 1 A Desarrollo propio y aspectos relevantes de las relaciones con su familia de origen

Proyecto inicial de parentalidad

2 B Desempeño cotidiano respecto del cuidado y atención a los hijos

Historia personal 3 C Capacidad de diferenciar el rol conyugal del parental Capacidad de

coparentalidad

4 D Circunstancias y deseos de ambos progenitores respecto al proyecto de tener hijos.

4. ¿Cuál de estos enunciados es incorrecto?

A. La secuencia lógica de aplicación de las técnicas para la evaluación forense en el ámbito de familia se inicia con las entrevistas a los adultos.

B. Las entrevistas permiten una evaluación transversal de todos los aspectos relevantes en las periciales forenses, pero no es una herramienta indispensable para recoger información.

C. El tipo de entrevista que se considera más fructífera es la semiestructurada.

D. Con las entrevistas obtenemos información sobre la situación familiar actual y pasada, así como los aspectos más significativos del funcionamiento psicológico de la persona.

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5. ¿Cómo resulta el uso de test psicológicos en la evaluación forense?

A. Poco atrayente para los juristas porque no comprenden los resultados de los test.

B. Valioso. Los profesionales le otorgamos el valor más alto, muy por encima de otras técnicas como la entrevista o la observación de la interacción parentofilial.

C. Los psicólogos sabemos que la evaluación es un proceso complejo que va más allá de la simple aplicación de unos test.

D. Sabemos que cuantos más test y pruebas administremos para evaluar el mismo aspecto, mejor, ya que obtendremos más información.

6. ¿Qué puedo utilizar para evaluar psicométricamente la personalidad de los progenitores?

A. Los test proyectivos gráficos.

B. La entrevista psicológica forense.

C. El Cuestionario factorial de Cattell (16 PF-5) o el Inventario de evaluación de la personalidad de Morey (PAI).

D. El test de Apreciación multifactorial de aspectos internos de la personalidad (TAMAI).

7. ¿Qué podemos usar para valorar las competencias parentales?

A. El Cuestionario para la evaluación de adoptantes, cuidadores, tutores y mediadores (CUIDA) y la observación de la interacción paternofilial.

B. El Sistema Baremado de Competencias de los Adultos (BASC).

C. Todas las opciones son correctas.

D. Ninguna opción es correcta.

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8. ¿Cuál de las siguientes afirmaciones sobre la evaluación de los hijos es correcta?

A. Lo mejor es no cansarlos ni perder el tiempo y preguntarles directamente con quién quieren vivir.

B. Para ganar su confianza es recomendable decirles que somos amigos de sus padres.

C. Con ellos, y en función de su edad y madurez, también podemos mantener entrevistas, aplicarles cuestionarios y utilizar la observación. Además, podemos contar con la información aportada por la escuela u otros profesionales.

D. Es importante garantizar su evaluación y en ningún caso podemos considerar no entrevistarlos y evaluarlos directamente.

9. ¿Qué información se pretende obtener en la evaluación de los hijos e hijas?

A. La adaptación a las diferentes áreas o facetas de su vida: social, escolar, personal, lúdica, familiar.

B. Los vínculos afectivos con los integrantes de la familia.

C. La vivencia que tienen sobre la separación.

D. Todas las opciones son correctas.

10. ¿Cuál de las siguientes opciones no corresponde a un instrumento válido para la valoración de los hijos en procedimientos de familia?:

A. Observación y sesión de juego.

B. Cuestionarios como el Sistema de evaluación de niños y adolescentes (SENA).

C. Los Test proyectivos.

D. Cuestionarios como el perfil de estilos educativos (PEE).

Referencias

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