COME CON CONCIENCIA
Un análisis sobre la
moralidad del consumo de
animales
Gary L. Francione Anna Charlton Traducción: Joanna Porter Mariana C. GonzálezCopyright
Título original:
Eat Like You Care: An Examination of the Morality of Eating Animals
©2013 Gary L. Francione & Anna Charlton. Todos los derechos reservados
Primera edición
ISBN 13:978-1-4923865-1-3 ISBN 978-0-9896167-0-6 (ebook) Publicado por Editorial Exempla
Edición en español
©2014 Gary L. Francione & Anna Charlton.
una historia, la cual puede ser real o ficticia, utilizada para abordar un tema de relevancia moral. La literatura ejemplar es un género que fue popular en la literatura clásica, medieval y renacentista.
Página web del libro Eat Like You Care www.EatLikeYouCare.com
Página web del autor
www.AbolitionistApproach.com
Este libro tiene el propósito de proporcionar información precisa con respecto al tema en cuestión; sin embargo, en tiempos de cambios rápidos, no siempre es posible asegurar que toda la información proporcionada sea completamente exacta y
esté actualizada en todo momento. Por lo tanto, los autores y el editor no aceptan ninguna responsabilidad por inexactitudes u omisiones, y niegan específicamente cualquier responsabilidad, pérdida o riesgo, personal, profesional, u de otro tipo, en los cuales se pudiera incurrir como consecuencia, directa o indirecta, del uso y/o aplicación de cualquier contenido de este libro.
Dedicado a los aproximadamente 57 mil millones de animales terrestres y un billón de animales acuáticos que consumiremos en el próximo año.
Tanto sufrimiento. Tanta muerte. Tan innecesario. Tan mal.
Tabla de Contenido
Agradecimientos Introducción
Dos cosas antes de empezar
Todos somos Michael Vick: nuestra esquizofrenia moral
¿Te acuerdas de Michael Vick?
El problema: todos somos Michael Vick Pagándole a otro para que haga el trabajo sucio
No existe distinción moral entre la carne y otros productos animales
Más allá de los perros y gatos
“Pero…” Las excusas que utilizamos y por qué no funcionan
Pero… ¿De dónde obtienes tu proteína? Pero… ¿Obtendré suficiente hierro si no consumo carne?
Pero… ¿Obtendré suficiente calcio si no consumo leche ni otros productos lácteos? Pero… ¿Obtendrán mis hijos suficiente yodo?
Pero… Oí hablar de alguien que enfermó al dejar de comer productos animales.
Pero… ¿No quiere Dios que comamos animales?
Pero… ¿No es “natural” comer productos animales?
Pero… ¿Qué pasaría si todos sólo consumiésemos alimentos de origen
vegetal? ¡No habría suficiente terreno para cultivar la comida!
Pero… ¿Qué pasaría si estuviera en una isla desierta muriéndome de hambre? Pero… ¿Qué les pasaría a todos esos animales si no nos los comiéramos? Pero… Nosotros trajimos animales de consumo al mundo para comérnoslos; para eso están aquí.
Pero… Los animales utilizados como alimento no sufren tanto como los perros utilizados en peleas.
Pero… ¿Los animales sienten dolor de la misma manera que los humanos?
Pero… ¿Los peces realmente sienten dolor?
Pero… ¿No existen leyes que exigen el trato “humano” de los animales?
Pero… ¿Y si mejoramos el trato hacia los animales que comemos?
Pero… ¿Y si tratamos a los animales de consumo tal como tratamos a nuestras mascotas?
Pero… ¿No tenemos que resolver primero cuestiones de derechos humanos?
Pero… ¿Y Hitler? Él era vegetariano. Pero… ¿Y las plantas?
Pero… Consumir productos animales es una tradición.
Pero… Estamos en la cima de la cadena alimenticia.
Pero… Yo conozco personas que llevan una dieta vegana y sermonean (o son
hipócritas).
Pero… ¿No es lo que como una cuestión de mi elección?
Pero… Estoy ocupado/a e ir rápido a comer una hamburguesa es simplemente más conveniente.
Pero… Los animales comen otros animales. Pero… Jamás podría dejar de comer [mi comida favorita].
Pero… Mi familia y mis amigos se molestarían si dejase de consumir productos animales.
Pero… Mi pareja no quiere hacerlo aun cuando yo sí quiero.
Pero… ¿No es difícil y caro llevar una dieta vegana?
Pero… Soy demasiado viejo para cambiar. Pero… Soy demasiado joven para cambiar. Pero… ¿Qué pasa si no puedo dejar de comer todos los productos animales inmediatamente?
Pero… ¿No es un buen primer paso comer alimentos de origen animal que hayan sido producidos más “humanamente”?
Pero… ¿No es un buen primer paso volverse vegetariano/a?
Pero… Si acepto que no puedo continuar comiendo carne ni otros productos
animales, ¿eso me compromete a rechazar todo uso animal sin importar el propósito? Conclusión
Lecturas recomendadas Acerca de los autores Notas al final
Agradecimientos
Quiero agradecer enormemente a Sarah K. Woodcock por su excelente asistencia en la edición y producción de este libro. Sus contribuciones fueron de gran importancia y su dedicación a este proyecto fue firme de principio a fin.
Agradezco también a Aruna López y Melissa Resnick su asistencia y sugerencias en la edición.
Introducción
El número de animales utilizado para producir alimentos es abrumador. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, los seres humanos matan anualmente más de 57 mil millones de animales para producir comida. Esta cifra no incluye el número de peces y demás animales acuáticos que consumimos. Este número se estima que sea como mínimo otro billón. Un billón es un millón de millones. Es una cantidad de sufrimiento y muerte increíblemente impactante.
Si eres como la mayoría de las personas, te gustan los animales. De hecho, tal vez piensas que eres un amante de los animales. Pero probablemente también comas carne, lácteos,
huevos y otros productos animales.
Has pensado al respecto y esto te ha preocupado. Sospechas que el proceso de criar y matar animales es bastante brutal y no estás seguro de cómo deberías responder ante esto.
La mayoría de nosotros, cuando éramos niños, nos horrorizamos al saber que estábamos comiendo animales—seres a quienes, al menos en un sentido abstracto, amábamos. Para reconfortarnos, nuestros padres nos contaron alguna historia u otra, como por ejemplo que Dios quería que comiéramos animales o que nos pondríamos débiles y nos enfermaríamos si no consumíamos productos animales, así que nos acostumbramos tranquilamente a comérnoslos. Conforme fuimos creciendo, mantuvimos nuestra pasividad moral respecto a este asunto, convenciéndonos a nosotros mismos de
muchas de las excusas que se exploran a lo largo de este libro. La prevalencia de estas excusas, junto con el hecho de que realmente no nos satisfacen, establece claramente que sabemos que algo no está bien aquí.
Pero ahora existe un movimiento encargado de apaciguar nuestras preocupaciones ofreciéndonos productos provenientes de animales “criados en libertad” o “sin jaulas,” y todo un rango de productos de animales “felices.” ¿Es esta la respuesta? ¿Es la respuesta continuar consumiendo productos animales que son supuestamente producidos de forma “humana”? ¿O nuestra reacción de niños hacia toda esta iniciativa es la correcta? ¿Deberíamos dejar de consumir productos animales por completo?
¿Qué hay que pensar sobre la cuestión de consumir productos animales? Todo es tan desconcertante.
El propósito de este libro es tratar de hacer que este asunto sea menos desconcertante.
Vamos a defender una simple proposición: Si los animales importan moralmente en lo más mínimo, no podemos consumirlos a
ellos ni productos fabricados con ellos y estamos comprometidos a adoptar una dieta vegana, o una dieta basada en vegetales, frutas, cereales, legumbres, frutos secos y semillas, excluyendo todo tipo de carnes, pescado, leche, queso, otros productos lácteos y huevos.
No vamos a presentar un argumento general
sobre derechos de animales.
No vamos a defender la noción de que los
animales y los humanos tienen igual valor moral.
tú y todos los demás ya aceptan y esperamos demostrar que, basándonos simple y únicamente en estos dos principios, no podemos justificar el consumo de productos animales. Estos principios nos comprometen a una dieta vegana.
Estos principios, los cuales son intuiciones morales ampliamente compartidas y constituyen nuestra sabiduría convencional sobre ética animal, se describen a continuación:
El primer principio es que tenemos la obligación moral de no imponer sufrimiento innecesario a los animales.
Esto es algo que nadie duda.
Podríamos, por supuesto, llevar a cabo una discusión larga e interesante sobre qué significa la “necesidad” y sobre cuándo el
sufrimiento o daño es necesario. Pero determinar el significado de necesidad como una cuestión absoluta no es necesario para nuestros propósitos.
Lo único que es necesario es que todos estemos de acuerdo en lo que no es necesario: todos estamos de acuerdo en que no es necesario infligir sufrimiento a animales por motivos de placer, entretenimiento o conveniencia.
Así que, aunque podríamos estar en desacuerdo con respecto a si ciertos casos particulares de sufrimiento animal son necesarios, todos estaríamos de acuerdo que el sufrimiento impuesto a animales sólo porque nos brinda placer, o porque nos resulta divertido o conveniente, no es necesario.
El segundo principio es que si bien los animales importan moralmente, los humanos
importan más.
Algunos piensan que los humanos importan más ya que fueron creados a imagen de Dios y tienen alma. Otros no creen en Dios en absoluto, pero aún así piensan que los humanos importan más en general o porque tienen ciertas habilidades—pueden escribir sinfonías o poesía, pintar cuadros, o diseñar edificios o bombas.
En realidad no importa por qué la mayoría de nosotros creemos que los humanos importan más y no importa si esta idea puede ser defendida. Aunque nosotros pensamos que hay razones de peso para cuestionar y rechazar esta noción—y lo hemos hecho en otros escritos planteando y defendiendo una teoría amplia sobre los derechos de animales—vamos a asumir, dados los propósitos actuales, que es verdad.
Un corolario de este segundo principio es que si hay un conflicto donde se necesite decidir entre un humano y un no humano, debemos favorecer los intereses del humano. Por ejemplo, si nos encontramos en un bote salvavidas con otro humano y un perro, y nos enfrentamos a una emergencia que nos obliga a arrojar a uno de ellos por la borda, el perro pierde. El perro importa pero el humano importa más.
Nosotros propondríamos que prácticamente nadie estaría en desacuerdo con estos dos principios ni dudaría que son intuiciones morales ampliamente compartidas. Sí, hay algunas personas que no tienen preocupación moral por los animales. Pero, ¿qué importa? Hay algunas personas que no tienen preocupación moral por otros humanos. Al igual que este hecho no niega nuestra preocupación moral por otros humanos, el
hecho de que algunas personas no tengan preocupación moral por los animales no niega el hecho de que la mayoría de las personas sí la tienen; y aquellos que no tienen esa preocupación representan el punto de vista de una minoría. Casi todos consideran que los animales tienen algún valor moral y no los consideran meramente como cosas.
Así que vamos a recapitular. Nosotros mantenemos que nuestra sabiduría convencional respecto a los animales es la siguiente:
1. Tenemos la obligación moral de no imponer sufrimiento innecesario a los animales; el sufrimiento impuesto por mero placer, entretenimiento, o conveniencia es, por definición, innecesario.
2. Los animales tienen cierto valor moral pero los humanos importan más que los no
humanos; en una situación de conflicto entre un humano y un animal, el animal pierde.
No vamos a cuestionar estas intuiciones morales ampliamente compartidas. Las dejaremos en su lugar y te demostraremos que si tú estás de acuerdo con ellas, estas te compelan a dejar de consumir productos animales sin ni siquiera pensar en los derechos animales, y mucho menos aceptar esa noción.
En suma, esperamos persuadirte de que lo
que tú ya crees te compromete a una dieta
Dos cosas antes de empezar
En primer lugar, si actualmente consumes productos animales, puede que te sientas como si te estuviéramos atacando. No estamos haciendo eso y no queremos que te sientas como si así fuera.
Consumir productos animales ha sido considerado normal por la mayoría de nosotros durante toda nuestra vida. Todos tenemos buenos recuerdos de la familia y amigos durante las celebraciones tradicionales y en otras ocasiones especiales, y siempre se servían comidas de varios tipos que contenían animales.
El propósito de este libro no es condenarte. No se trata de juzgar. Más bien, se trata de ayudarte a pensar claramente sobre algo que tú
consideras una cuestión moral que te ha estado inquietando. En la medida en que algo de lo que decimos pueda provocarte o molestarte, te pedimos que por favor dejes a un lado esa reacción para que puedas ver si crees que lo que estamos diciendo tiene sentido.
En segundo lugar, para que este libro sea ameno en términos tanto de estilo como de extensión, hemos evitado las largas exposiciones que encontramos en los ensayos académicos tradicionales. Tampoco hemos incluido muchas notas al pie de página. Pero las aseveraciones factuales que normalmente tendrían citas no son, en su mayor parte, controvertidas y pueden ser verificadas fácilmente.
Todos somos Michael Vick:
nuestra esquizofrenia moral
¿Te acuerdas de Michael Vick?
¿Te acuerdas de toda la conmoción alrededor del jugador de fútbol americano Michael Vick, quien era entonces mariscal de campo de los Halcones de Atlanta, y su participación en una operación de peleas de perros en una propiedad que le pertenecía en Virginia?
Por supuesto que te acuerdas. El caso tuvo una cobertura mediática incesante durante semanas cuando salió a la luz por primera vez en 2007 y una vez más cuando Vick salió de prisión en 2009 y firmó contrato con las Águilas de Filadelfia. Vick financió, participó en, y se benefició de las peleas de perros. No sólo estaba involucrado en las peleas de perros, sino que él mismo mató personalmente a varios perros que no se comportaban como él quería.
La gente no sólo estaba molesta; estaba
furiosa con Vick y muchos aún lo están. Hay
fanáticos de fútbol americano—fanáticos de las Águilas—que ahora boicotean a las Águilas debido a Vick. Él sigue disculpándose pero la gente simplemente no le quiere perdonar. Y aún continúa apareciendo en las noticias.
¿Por qué es nuestra reacción hacia Vick tan fuerte?
¿Será porque los perros tienen derechos y no podemos hacer que los perros sufran por ninguna razón?
No, no es por eso. Puede que no nos guste la idea de que algún perro sufra pero podrían darse las circunstancias en las cuales tendríamos una buena razón para hacerle daño a un perro. Por ejemplo, si vas caminando por la calle ocupándote de tus asuntos y un perro te ataca, puede que estés en una situación en la
cual debas hacerle daño al perro en defensa propia. Posiblemente estarías a favor de utilizar perros en experimentos biomédicos si pensaras que eso pudiera resultar en la cura de alguna enfermedad.
La clave de por qué estábamos y aún estamos muy enojados con Vick se halla en las palabras “una buena razón.” Vick cometió un acto barbárico; les causó sufrimiento y muerte a perros con el único motivo de que disfrutaba de ello; a él le daba placer ver a los perros pelear y participar en esta actividad.
Y nadie aceptaría el gozo que Vick tenía por las peleas de perros como una buena razón que pudiera servir para justificar lo que hizo.
¿Por qué no?
Otra vez, la respuesta es simple.
sufrimiento o daño innecesario a animales. Podríamos estar en desacuerdo con respecto a si la necesidad existe o no en una situación determinada. Quizá pienses que la posibilidad de obtener cierta información derivada de un experimento biomédico doloroso que utiliza un perro es justificado; otros (y nosotros nos incluimos aquí) estarían en desacuerdo.
Pero la inmensa mayoría de nosotros estaría de acuerdo que el gozo o el placer no puede constituir una necesidad ni servir como una buena razón para infligir sufrimiento a los perros.
Considera un ejemplo del contexto humano. Si una persona dijera que ella cree que estaría mal moralmente hablando el infligir sufrimiento innecesario a niños pero que pegarles a niños por placer sería moralmente aceptable, estaríamos comprensiblemente confundidos. Dejando de lado si creemos o no
que imponer sufrimiento en niños es siquiera una buena idea, si el disfrute puede ser una buena razón para pegarles a los niños, entonces no existe una mala razón para pegarles a niños.
Toda razón es una buena razón para pegarles a
los niños; todo el sufrimiento impuesto a los niños por palizas es, por definición, necesario. Si el placer o el disfrute pueden justificar imponer sufrimiento a niños, entonces el principio de que está mal infligir sufrimiento innecesario a niños no tendría ningún sentido.
El mismo análisis se podría aplicar si habláramos sobre alguien que le pega a un perro en lugar de pegarle a un niño. Nadie estaría en desacuerdo que golpear a un perro por placer está mal aun si creyeran, por ejemplo, que sería aceptable pegarle a un perro que orinó en la alfombra. Y esta es precisamente la razón por la cual todos objetamos lo que hizo Michael Vick; él no
tenía una buena razón para hacer lo que hizo. Así, el asunto de Vick implica las dos intuiciones morales que discutimos previamente. Vick impuso sufrimiento a animales y no tenía una razón suficiente. Y, si bien no creemos que los perros importan moralmente de la misma manera en la que importan los humanos—muchos de nosotros, por ejemplo, “sacrificaríamos” a un perro para encontrar la cura de alguna enfermedad—no existe ningún conflicto entre humanos y animales que nos requiriera “sacrificar” los intereses de los perros. El único “conflicto” que Vick tenía involucraba su deseo de utilizarlos para su propio placer, lo cual era inconsistente con el bienestar de los perros.
Y ese no es el tipo de conflicto que importa. El sufrimiento que Vick impuso fue completamente innecesario.
El problema: todos somos Michael
Vick
El problema es que comer animales y productos animales no es, en materia de análisis moral, diferente a las peleas de perros.
Matamos y comemos más de 57 mil millones de animales al año, sin contar peces y otros animales acuáticos, los cuales representan probablemente al menos otro billón. Un billón es un millón de millones. Así que cada año somos responsables de un número impactante de muertes.
Nadie duda que utilizar animales para producir alimentos causa un sufrimiento significativo bajo las mejores de las circunstancias y, como algo necesario en la matanza de los animales. Aunque muchos de nosotros creemos que la industria láctea y de
huevos no involucra la matanza de animales, esto es, como veremos más adelante en más detalle, incorrecto.
Ahora apliquemos el análisis sobre el cual todos estuvimos de acuerdo que era no controvertido al uso de animales como comida: ¿tenemos una buena razón? ¿Hay alguna necesidad de por medio?
La respuesta corta: no.
¡Pero espera! ¿No tenemos que comer animales y productos animales para estar sanos?
No.
Nadie sostiene que sea necesario desde un
punto de vista médico comer productos animales. La extremadamente conservadora Academia de Nutrición y Dietética, anteriormente llamada Asociación Dietética
Americana, ha establecido que:
“La postura de La Asociación Dietética Americana es que las dietas vegetarianas planeadas apropiadamente, incluyendo las dietas totalmente vegetarianas o veganas, son saludables, adecuadas nutricionalmente y pueden proveer beneficios de salud en la prevención y tratamiento de ciertas enfermedades. Las dietas vegetarianas bien planeadas son apropiadas para los individuos durante todas las etapas del ciclo de la vida, incluyendo embarazo, lactancia, infancia, niñez y adolescencia, y para los atletas.”[1]
Y los médicos convencionales están indicando, con creciente frecuencia, que los productos animales son en realidad perjudiciales para la salud humana.
Podríamos embarcarnos en una larga discusión sobre los muchos estudios que demuestran que los productos animales están dañando nuestra salud, pero no necesitamos hacer eso porque, estés o no de acuerdo en que consumir productos animales es perjudicial, definitivamente no hay argumento que diga que los productos animales son necesarios para una salud óptima. Esto es, aun si no creemos que estaremos más sanos si tenemos una alimentación vegana sensata, no podemos creer razonablemente que estaremos menos sanos.
Existe también un consenso general en cuanto a que la agricultura animal es un desastre ecológico. Aunque las estimaciones varían, no cabe duda de que los productos animales representan un uso ineficiente de la proteína vegetal en el sentido que los animales tienen que consumir muchas libras de cereal o forraje para producir una libra de carne. Por
ejemplo, según los profesores David Pimentel y Marcia Pimentel de la Universidad de Cornell,[2] se necesitan 13 kilogramos (un kilogramo equivale a 2,2 libras) [N. del T.: versión original en inglés utiliza el punto decimal – ej. 2.2 libras] de cereal y 30 kilogramos de forraje para producir un kilogramo de carne de res; 21 kilogramos de cereal y 30 kilogramos de forraje para producir un kilogramo de cordero; 5,9 kilogramos de cereal para producir un kilogramo de cerdo; 3,8 kilogramos de cereal para producir un kilogramo de pavo; 2,3 kilogramos de cereal para producir un kilogramo de pollo, y 11 kilogramos de cereal para producir un kilogramo de huevos. El ganado en Estados Unidos consume 7 veces más cereal que el que consume toda la población humana de EE.UU., y el cereal que se le da de comer al ganado podría alimentar a 840 millones de seres
humanos que tuvieran una dieta a base de plantas.
El estudio Pimentel afirma que un kilogramo de proteína animal requiere 100 veces más agua que 1 kilogramo de proteína de cereal. De acuerdo a otro estudio,[3] un kilogramo de res requiere 15.415 litros de agua [N. del T.: versión original en inglés utiliza la coma – ej. 15,415 litros] (un galón equivale a 3,78 litros); la carne de oveja (cordero y carnero) 10.412 litros; la de cerdo 5.988 litros; y la de pollo 4.325 litros. Un kilogramo de manzanas requiere 822 litros de agua; los plátanos 790 litros; los repollos 237 litros; los tomates 214 litros; las patatas 287 litros; y el arroz 2.497 litros. La mayoría de las estimaciones varían entre 1.000 y 2.000 galones de agua necesarios para producir un galón de leche.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura afirma que la agricultura animal contribuye más al aumento de los gases de efecto invernadero a la atmósfera, los cuales están directamente vinculados con el calentamiento global, que la quema de combustibles fósiles generada por el transporte.[4] De acuerdo con el Instituto Worldwatch, la agricultura animal produce aproximadamente 51% del total mundial de emisiones de gases de efecto invernadero derivadas de la actividad humana. Asimismo, una cantidad significativa de energía fósil se necesita para producir un producto de origen animal. La aportación media de energía fósil para todas las fuentes de proteína animal es 25 kcal de aportación de energía fósil por 1 kcal de proteína animal producida, la cual es más de 11 veces mayor que para la producción de proteína procedente de cereales.[5]
Las técnicas modernas de la agricultura animal intensiva, conocidas como “granjas industriales,” han evolucionado para producir un gran número de animales para el comercio a una velocidad mayor, con un menor costo, y utilizando mucho menos suelo. Esto, por supuesto, no toma en cuenta la tierra que debe ser utilizada para cultivar el cereal y la soja que se le debe dar de comer a estos animales, de modo que las granjas industriales representan cualquier cosa menos el uso eficiente de la tierra. Un acre de suelo puede proporcionar comida para mucha más gente que consume una dieta vegana que para aquellos que consumen productos animales.
Mientras estas prácticas producen comida más barata, las granjas industriales—u operaciones concentradas de alimentación de animales (CAFOs, por sus siglas en inglés), como la Agencia de Protección Ambiental de
los Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) se refiere a estas—tienen serias implicaciones ambientales. Por ejemplo, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos reporta que 1,37 mil millones de toneladas de excremento animal se producen anualmente en los Estados Unidos (130 veces mayor que la cantidad de excremento humano producido en este país). Las cantidades en exceso de nitrógeno encontradas en este estiércol pueden convertirse fácilmente en nitratos, los cuales, de acuerdo a la EPA, contaminan el agua potable de aproximadamente 4,5 millones de personas. Cuando existen nitratos en las aguas subterráneas, estos pueden ser fatales para los bebés.[6]
La escorrentía en el agua y el suelo proveniente de granjas industriales es también responsable de la polución de aguas
subterráneas y la diseminación generalizada de hormonas. Rutinariamente se le agregan antibióticos al alimento y al agua de aves, ganado, y cerdos para promover el crecimiento y prevenir infecciones causadas por el confinamiento insalubre e intensivo; aproximadamente 80% de los antibióticos que se producen son administrados a los animales de consumo.[7] El uso de antibióticos en la agricultura animal y su resultante diseminación pueden contribuir a la resistencia a antibióticos en los seres humanos.
La agricultura animal es también responsable por la contaminación de aguas, deforestación, erosión del suelo, y toda una clase de tristes consecuencias medioambientales. De nuevo, puedes cuestionar algunos de los detalles, pero nadie puede mantener de forma creíble que la agricultura animal no es un neto negativo en lo
que se refiere al medio ambiente.
Así que, al final, ¿cuál es la mejor justificación que tenemos para imponer sufrimiento y muerte a 57 mil millones de animales terrestres y al menos un billón de animales acuáticos, los cuales no necesitamos consumir por propósitos nutricionales y cuyo resultado es una devastación ecológica?
La comida de origen animal sabe bien. Disfrutamos el sabor de la carne animal y de productos animales.
Comer alimentos de origen animal nos resulta conveniente. Es un hábito.
Entonces, ¿en qué manera exactamente es nuestro consumo de productos animales diferente de la peleas de perros de Michael Vick?
La respuesta: no lo es.
No tenemos mayor conflicto con los animales que queremos comer o cuyos productos queremos comer, que el conflicto que Michael Vick tenía con los animales que quería usar en peleas.
A Vick le gustaba andar por ahí sentado alrededor de un ring, viendo a los animales pelear. Al resto de nosotros nos gusta andar por ahí sentados alrededor de una parrilla asando los cadáveres de animales quienes han sido tratados igual de mal, si no peor que los perros de Vick.
No hay ninguna diferencia entre el placer que obtenemos de las peleas de perros y el placer del paladar que obtenemos al comer productos animales. En ambos casos, existe un gran sufrimiento. En ambos casos, no hay necesidad.
Pagándole a otro para que haga el
trabajo sucio
Podrías, a esta altura, estar indignado y estar pensando, o incluso estar diciendo en voz alta, “¡Claro que hay una diferencia! Vick participó directamente en las peleas de perros y disfrutó del sufrimiento. Yo sólo compro productos animales en la tienda.” Por supuesto que disfrutamos los resultados del sufrimiento y muerte de animales pero, a diferencia de Vick, nosotros no disfrutamos del proceso mismo del sufrimiento y muerte.
Aunque eso pudiera ser cierto, es irrelevante desde un punto de vista moral.
Como cualquier estudiante de primer año de derecho te dirá, el derecho penal es claro en cuanto a que no importa si tú aprietas el gatillo o si contratas a alguien más para que apriete el
gatillo. Es asesinato en ambos casos. Puede ser cierto que la persona que aprieta el gatillo, clava el cuchillo o da el hachazo es una persona menos “agradable” en algún sentido que la que sólo paga un honorario. Después de todo, se necesita un cierto tipo de persona para realizar el acto físico de asesinar a otra. La persona que en efecto comete el acto puede que sea un sádico que disfruta viendo a otros humanos sufrir. Pero aun así sigue siendo asesinato tanto para la persona que comete el acto y disfruta sádicamente el hacerlo, como para la persona que paga por el homicidio. Los tratamos igual legalmente porque, desde un punto de vista moral, los dos son iguales.
De manera similar, la persona que disfruta matando animales o viendo cómo se matan entre sí puede ser una persona más brutal que aquella que le paga a otro para que mate. Así que pudiera haber una diferencia psicológica
entre la persona que le paga a otra para matar y la persona que mata, pero en lo que respecta a culpabilidad moral, no existe ninguna diferencia.
¿La manera en como juzgas a Vick tendría alguna diferencia si hubiese financiado la operación de peleas de perros pero nunca hubiese asistido a ellas personalmente? El hecho de que Vick disfrutaba viendo las peleas de perros y aparentemente participaba directamente en la matanza de perros lo hace una persona más despiadada, pero eso es una cuestión psicológica y no tiene relación con su culpabilidad moral. No hay ninguna diferencia entre la persona X, que mata al perro, y la persona Y, que le dice a X “mata al perro pero espera a que me vaya porque soy muy sensible.”
El hecho de que le paguemos a otros para que cause el sufrimiento y la muerte a animales
no nos saca del lío moral.
Hay algunas personas que dicen que la diferencia entre Vick y aquellos que sólo consumen productos animales es que estos últimos no son conscientes realmente sobre el sufrimiento que los productos animales conllevan.
Nos cuesta mucho aceptar esta postura. Después de todo, nadie mayor de cuatro años de edad piensa que la carne crece en los árboles. Aun si no conoces el proceso exacto que involucra y no conoces todas las cosas horribles que le suceden a los animales, sabes que a los animales hay que matarlos para obtener carne y nadie piensa que un matadero es algo más que un lugar de terror.
Muchos de nosotros hemos visto videos o fotografías o hemos leído descripciones escritas sobre los horrores involucrados en la
producción de carne, lácteos y huevos. Y la respuesta es generalmente mirar hacia otro lado con una respuesta tal como, “No, no me enseñes eso; me quitarás el apetito.”
La conclusión es clara: todos sabemos que nuestra carne involucra sufrimiento y muerte. Nadie duda eso. Entonces, no es ni siquiera que aquellos que consumen animales no saben sobre el sufrimiento. Por supuesto que lo saben. Sí, hay una diferencia psicológica entre Michael Vick y alguien que sólo consume productos animales y que nunca mataría a un animal ella misma, pero eso es una diferencia psicológica, no moral.
De acuerdo a todo lo que se sabe, Vick trataba a sus perros de una manera atroz. No cabe duda que muchos de ellos sufrieron bastante. Pero sinceramente, los animales cuyos cuerpos muchos de nosotros comeremos esta noche durante la cena
sufrieron en igual medida, o mucho más aún. Asimismo, mucha gente que consume carne se opone a la caza. Cuando les preguntamos por qué se oponen dado que consumen carne, lácteos, huevos, etc., con frecuencia responden “Porque hay algo peor en matar al animal uno mismo. Yo nunca podría mirar a un animal y simplemente dispararle con un arma o una flecha.”
Una vez más, esa respuesta identifica un hecho psicológico; pero nada que sea relevante moralmente. De hecho, el animal que se cría y se mata para hacer una hamburguesa probablemente tuvo, en balance, una vida muchísimo peor que el animal al que mata el cazador. Por eso, aunque matar el animal en ambas situaciones no es necesario, si hubiera alguna diferencia entre estas dos situaciones, sería que la primera es en realidad peor porque involucra más sufrimiento.
No existe distinción moral entre la
carne y otros productos animales
Algunos probablemente están pensando que están de acuerdo con nosotros con respecto al problema de la carne. Eres, o te inclinas, a ser vegetariano. Pero, te preguntas “¿Qué hay de malo con los lácteos (leche, queso, helado, yogur, etc.) o los huevos? No matan a los animales para hacer estos productos.”
La respuesta corta: esa es una idea equivocada muy común. Pero es errónea. Los animales utilizados para producir lácteos y huevos sí sufren, y a todos los matan tal y como matan a los animales utilizados sólo para la carne. La mayoría de los animales utilizados para producir lácteos y huevos son, como los animales utilizados exclusivamente para la carne, mantenidos en un confinamiento
intensivo y bajo las condiciones de cualquier forma horrendas de las granjas industriales.
La industria láctea moderna de Estados Unidos utiliza principalmente la técnica dry-lot o de lote seco. Estas instalaciones son similares a los feedlots o unidades de engorde de res, donde a las vacas utilizadas para la carne las engordan, y a las vacas lecheras las mantienen paradas o acostadas sobre su propio estiércol dentro de corrales insalubres. Contrario a la creencia popular, las vacas no producen leche “automáticamente” y no consideran que sea un gran favor que las ordeñemos. Tienen que estar preñadas primero. Son inseminadas artificialmente y a la fuerza cada año para que estén continuamente produciendo leche. Si tomamos leche de vaca, entonces los bebés para quienes esta fue concebida no la están tomando. Los terneros recién nacidos son arrebatados de sus madres
poco después—a veces inmediatamente y con frecuencia, como mucho, un día o dos después de nacer—y nadie disputa seriamente que esto cause angustia a la mamá y al bebé por igual. Muchas de las terneras se convertirán en vacas lecheras (se les alimenta con fórmula para que así no tomen la leche); el resto de las hembras, y todos los machos, se convertirán en animales “para carne,” con algunos siendo criados en condiciones de confinamiento (jaula) y degollados después de unos seis meses para ser vendidos como carne de ternera. Todas las vacas, ya sean criadas para producir carne o leche, terminarán en el matadero. Las vacas lecheras, quienes pueden vivir hasta 25 años, son degolladas normalmente después de cuatro o cinco años cuando su productividad comienza a declinar.
Como resultado de los métodos actuales en la producción láctea (la dieta, el alojamiento),
las vacas lecheras sufren de cojera, mastitis (una inflamación dolorosa de la ubre), problemas de reproducción, y diarrea severa viral y bacteriana. Con frecuencia se les dan medicamentos para hacer que produzcan más leche. Todo el ganado lechero termina su vida en los mismos mataderos miserables donde termina el ganado para la producción de carne, y muchas de las vacas lecheras están demasiado enfermas para poder caminar al matadero y son, por lo tanto, arrastradas. Además, el ganado lechero es mutilado; les cortan los cuernos y les amputan, o cortan, sus colas, sin anestesia para controlar el dolor. La amputación de la cola es una práctica estándar.
En cuanto a la industria del huevo, después de salir del cascarón, los pollitos son separados entre machos y hembras. Debido a que los pollitos machos no podrán producir huevos y, debido a que las gallinas ponedoras
son de una raza ponedora específica que no es apropiada para ser animal “para carne,” sólo en Estados Unidos matan a más de 100 millones de pollitos machos cada año, arrojándolos vivos a máquinas trituradoras, sofocándolos en bolsas de basura, o gaseándolos. Las gallinas ponedoras son confinadas en pequeñas jaulas en batería donde tienen, en promedio, 67 pulgadas cuadradas o 400 centímetros cuadrados de espacio, aproximadamente el tamaño de una sola hoja de papel tamaño carta, para vivir ahí toda su vida. La mayoría de las gallinas ponedoras son sometidas a la muda forzada, donde las aves no reciben alimento por un período de tiempo, ocasionando que pierdan sus plumas y forzando que sus procesos reproductivos se rejuvenezcan; y las someten a la amputación del pico para que no se hagan daño entre ellas. Aquellas gallinas que no son confinadas en jaulas en batería son criadas en circunstancias “libres de jaula” o “en libertad,”
que aún así resulta en un sufrimiento horrible. Y a todas las gallinas ponedoras las matan una vez que su capacidad para producir huevos decae, normalmente después de uno o dos ciclos de puesta. Entonces, si todo lo que comes son huevos, aún sigues siendo directamente responsable del sufrimiento y la muerte de muchas gallinas.
Conclusión: hay tanto sufrimiento en un vaso de leche o en un huevo como en un bistec.
¿Te acuerdas de Mary Bale?
Ejemplos como el de Michael Vick abundan. Vamos a centrarnos por un momento en Mary Bale, de Coventry, en el Reino Unido, quien arrojó a un gato a un contenedor de basura donde el desafortunado animal estuvo atrapado durante aproximadamente 15 horas antes de ser liberado. El acto desalmado fue grabado en video y difundido por Internet.
El resultado fue, como en el caso de Vick, no un mero enojo; fue un enfurecimiento.
Bajo una fotografía con una leyenda que declaraba que Mary Bale “se ha enfrentado con un vilipendio desde haber sido captada en cámara CCTV poniendo a un gato dentro de un contenedor de basura con ruedas,” un informativo describió la reacción pública de
esta manera:
La “mujer del gato en el contenedor” de Coventry fue denigrada a lo largo del mundo, recibiendo llamadas telefónicas ofensivas y amenazas de muerte desde tan lejos como Australia, después de lo que ella describió como “una fracción de segundo de mal juicio”—el cual fue grabado en CCTV y subido a YouTube.
Miles de personas firmaron páginas de Facebook declarando que Mary Bale es “peor que Hitler” y haciendo un llamado a “la pena de muerte para Mary Bale” mientras ella atraía titulares de periódicos que hacían juegos de palabras en inglés referentes al gato.
Bale fue llevada a juicio por la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad Animal (RSPCA, por sus siglas en inglés) por
causarle “sufrimiento innecesario” a un animal y fue multada con £250; también se le ordenó pagar un cargo adicional por la víctima y demás costos, un total de £1.436,04.[8]
Piensa en esto.
El público, quien en su mayoría consume productos animales y de este modo apoya y participa directamente en una conducta que de ninguna manera se distingue moralmente de lo que hizo Mary Bale, condenó a Mary Bale. Y nuevamente, ellos no solamente se molestaron con ella. Estaban, como en el caso de Vick,
furiosos por lo que hizo.
¿Por qué?
Por la misma razón que la gente se molestó con Vick. Bale le infligió sufrimiento al gato y eso simplemente no fue justificable. Ella lo hizo sin una buena razón.
La cuestión no es si lo que hizo Mary Bale fue moralmente aceptable; claramente no lo fue. El punto es que no se distingue de lo que el resto de nosotros hacemos. De hecho, si hay una distinción, es porque lo que apoyamos y en lo que participamos todos los días es peor que lo que hizo Bale.
Entonces lo que sacamos aquí de esto es bastante claro: nosotros condenamos—en términos muy fuertes—a personas como Vick y Bale por hacer cosas que son indistinguibles de lo que el resto de nosotros estamos haciendo.
Más allá de los perros y gatos
Y nuestra sabiduría convencional no se aplica sólo a perros y gatos. Se aplica a animales que usamos de entretenimiento y para producir alimentos.
Piensa en las corridas de toros. Si bien hay personas que disfrutan este “deporte” y apoyan su continuación, la mayoría de la gente piensa que es repulsivo y que debería estar prohibido. Cuando, en 2010, un toro atravesó con su cuerno al torero español Julio Aparicio por la garganta hasta salir por la boca, mucha gente, y no sólo los defensores de derechos de animales, expresaron el parecer de que Aparicio tuvo su merecido.[9]
¿Por qué?
violentos. Atormentan a un toro insertándole banderillas en los músculos del lomo y finalmente lo matan cuando le clavan una espada en el corazón. Y la única justificación para este evento tan espantoso es el placer, en la forma de entretenimiento.
Sí, algunos defensores afirman que el toreo es una forma de arte a la par con la pintura, escultura, danza, y música. Pero eso es sólo otra manera de decir que es una forma de entretenimiento. No hay necesidad; no es necesaria esta actividad. No hay ningún conflicto entre humanos y animales que haga necesario el sufrimiento de los toros.
Nos oponemos a las corridas de toros porque violan la sabiduría convencional; estas involucran imponerle sufrimiento innecesario a un animal.
entre las corridas de toros y el utilizar toros y otros animales para producir alimentos.
Ninguno de los dos usos es necesario. Ambos
usos sirven sólo para satisfacer el placer de los humanos. En efecto, los toros y las vacas que terminan en los mataderos tienen vidas y muertes igual de brutales que la vida y la muerte de un toro criado para la tauromaquia.
De hecho, en la mayoría de los casos, los toros que matan en las plazas son faenados y la carne se distribuye entre los pobres. La diferencia entre las dos situaciones es que, en una situación, la matanza no está coreografiada; en la otra, sí lo está.
Y esa es la única diferencia.
Irónicamente, cuando sí nos enfocamos en animales de “consumo” como individuos, particularmente en situaciones en las cuales están sufriendo o en peligro, respondemos a
ellos tal y como lo haríamos con un perro o un gato.
Todos hemos oído hablar de situaciones en las que animales que no son “mascotas” están en peligro y la gente hace hasta lo imposible para ayudar a aquellos animales. Por ejemplo, no muy lejos de donde vivimos, una vaca se cayó en un estanque y se atoró en el lodo. La policía y los bomberos pasaron el día siguiente, que era un día festivo, tratando de rescatar a la vaca. Lo lograron y tomaron medidas extraordinarias no sólo para rescatarla sino también para mantenerla fresca y cómoda durante y después del rescate.
Si estos bomberos y policías no hubieran estado involucrados en el rescate de la vaca ese día, muy probablemente habrían estado asistiendo a una parrillada en la cual estarían asando cadáveres de vaca. Pero cuando se vieron ante una situación en la cual vieron a la
vaca indefensa, respondieron tal y como hubieran respondido si el animal indefenso fuera un perro. Si alguien hubiera visto a la vaca y, en lugar de ayudarla, se hubiera aprovechado de su incapacidad para moverse y la hubiera torturado de alguna manera horrible, no cabe duda que habríamos visto una furia por parte del público similar a la del caso Vick, y una acusación criminal por violar las leyes contra la crueldad animal.
Piensa en lo enfadada que estaba mucha gente en Gran Bretaña cuando se enteraron que había carne de caballo en los productos procesados de carne de res. Objetaban el hecho de que la carne tenía carne.
Es algo tremendamente confuso cuando piensas en ello.
Entonces, ¿qué podemos deducir a partir de lo que hemos visto hasta ahora?
La mayoría de nosotros estamos de acuerdo que, si bien los animales no tienen el mismo valor moral que los humanos, sí tienen valor moral, y que tenemos una obligación moral de no imponerles sufrimiento innecesario. La mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que la imposición de sufrimiento a animales por razones de placer, diversión o conveniencia no constituye una necesidad. Vemos a personas como Michael Vick y Mary Bale, o prácticas como las corridas de toros, y las condenamos porque a los animales se les hizo sufrir sin una buena razón.
El problema es que cada vez que consumimos productos animales, estamos participando en infligir sufrimiento a animales
sin ninguna buena razón. Cuando se trata de animales, todos somos Michael Vick. Todos somos Mary Bale. Todos nosotros nos involucramos en conductas que no se distinguen de las corridas de toros.
Cuando se trata de animales, sufrimos de
esquizofrenia moral.
La esquizofrenia clínica conlleva pensamientos delirantes. Nuestro pensamiento moral acerca de los animales es literalmente delirante. Pensamos que los animales poseen valor moral; pensamos que nosotros estamos obligados a no imponer sufrimiento innecesario a animales. Nos oponemos a la imposición de sufrimiento en animales cuando no hay una razón de peso. Y luego procedemos a imponerles un sufrimiento horrible a miles de millones de animales sin ninguna razón más imperiosa que el placer, la diversión o la conveniencia.
A estas alturas, tenemos sólo tres opciones. La primera opción es decidir que, aunque
decimos que está mal moralmente infligir
sufrimiento a animales sin una justificación suficiente, en realidad no lo decimos en serio. Está perfectamente bien infligir sufrimiento a animales sin ninguna razón, incluyendo placer, diversión o conveniencia. Nuestro enojo con Vick, Bale y las corridas de toros en realidad no es nada más que hipocresía que ahora reconocemos y aceptamos.
La segunda opción es que te hemos convencido a dejar de consumir productos animales o, al menos, a decidir dejar de hacerlo. Si es así, entonces puedes parar de leer ahora y comenzar simplemente a buscar recetas veganas, rápidas, fáciles, baratas y saludables, con miles de ellas disponibles fácilmente en Internet.
La tercera opción es que estás inquieto y piensas que hay algo de razón en nuestro argumento pero estás diciendo “Pero” y luego pensando en otras razones que te causarían retener la creencia de que los animales realmente sí importan pero que haría aceptable que continuaras consumiéndolos.
Examinaremos esos “Peros” en la sección siguiente.
“Pero…” Las excusas que
utilizamos y por qué no
funcionan
Sí, piensas que infligir sufrimiento a animales requiere de una buena razón—algún tipo de necesidad. No, el placer no es una buena razón. Sí, tú piensas que lo que hizo Michael Vick fue terrible. Sin duda.
Pero dices “Pero…”
Así que en esta sección, exploraremos los “Peros” que utilizamos para distinguir nuestro consumo de alimentos de origen animal de las peleas de perros y otras formas de “abuso” animal. Estos “Peros” son las excusas que utilizamos para fingir que lo que la mayoría de nosotros hacemos todos los días—sin siquiera
pensarlo dos veces— es diferente a lo que hizo Michael Vick.
Un avance: ninguno de estos “Peros” funciona.
Pero… ¿De dónde obtienes tu
proteína?
Este y otros “Peros” similares, tales como “¿Pero te sientes sano sin comer carne ni lácteos?” son parte de nuestro intento desesperado pero inútil de aferrarnos a la noción de que debemos continuar consumiendo carne y otros productos animales o correr el riesgo de morir por desnutrición. Es decir, estos “Peros” mantienen que en realidad sí hay cierta necesidad involucrada en comer animales.
Como mencionamos anteriormente, las principales autoridades médicas hoy en día reconocen que una dieta vegana es saludable. Mientras que una ingesta adecuada de proteína es una de las razones más comúnmente utilizadas para contra argumentar una dieta
vegana, numerosos estudios e informes a lo largo de los años en Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda, y Australia han confirmado que una dieta vegana proporciona abundante proteína. Adicionalmente, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) mantiene explícitamente que una dieta vegana es capaz de proveer cantidades adecuadas de proteína.
Seamos claros y concisos: no hay ninguna
evidencia creíble —ninguna—de que una dieta vegana no pueda suministrar la misma calidad de proteína que de aquella derivada de fuentes animales. La conclusión es clara:
“Los alimentos de origen vegetal contienen proteína en abundancia.”[10]
Pero… ¿Obtendré suficiente hierro si
no consumo carne?
Sí.
Necesitamos hierro para la formación de sangre. Las mujeres necesitan más hierro que los hombres y las mujeres premenopáusicas, y especialmente mujeres embarazadas, necesitan más que las mujeres postmenopáusicas. El hierro es una parte central de la hemoglobina, la cual transporta oxígeno desde los pulmones hasta nuestros tejidos. También es un constituyente de ciertas enzimas. El hierro se encuentra en dos formas, el hierro hemo, el cual representa alrededor del 40% del hierro encontrado en la carne, pollo y pescado; y el hierro no hemo, el cual comprende el 60% restante de hierro en tejido animal y el total del hierro encontrado en alimentos de origen
vegetal. El hierro hemo se absorbe con más facilidad que el hierro no hemo y esto lleva a algunas personas a temer que una dieta vegana no aportará suficiente hierro.
No temas.
Los estudios han demostrado que la anemia producida por una deficiencia de hierro no es más común en veganos que en la población en general. Muchos alimentos de origen vegetal tienen incluso un contenido de hierro más alto que los alimentos de origen animal. La espinaca tiene 15.5 mg de hierro por cada 100 calorías; un bistec tiene 0.9 mg por cada 100 calorías. Las lentejas tienen 2.9 mg por cada 100 calorías; una chuleta de cerdo tiene 0.4 mg por cada 100 calorías. Los cereales enteros, frutos secos, nueces, vegetales de hoja verde, semillas, y frijoles son también buenas fuentes vegetales de hierro. Asimismo, las dietas veganas tienden a ser más altas en vitamina C,
lo cual incrementa la absorción de hierro no hemo.
Es fácil obtener todo el hierro que necesitas bajo una dieta vegana, ya seas hombre, mujer (pre o postmenopáusica, o embarazada) o un niño. De hecho, es más fácil obtener todo el hierro que necesitas a partir de alimentos de origen vegetal que de aquellos de origen animal, y sin duda tendrás que consumir menos calorías de alimentos de origen vegetal para obtener el hierro que necesitas.
Pero… ¿Obtendré suficiente calcio si
no consumo leche ni otros productos
lácteos?
Sí. De hecho, si no consumes lácteos, y eres concienzudo con respecto a obtener calcio de alimentos de origen vegetal, podrías muy posiblemente reducir la probabilidad de padecer osteoporosis.
“¿Qué?”—preguntas. “Pero si nos dicen que necesitamos leche y otros productos lácteos para así tener huesos fuertes.” Sí, se nos dice eso—por parte de la industria láctea. Pero eso no significa que sea verdad. Nosotros no necesitamos beber leche producida por otra especie; de hecho, somos la única especie que lo hace. Para perpetuar la noción rentable de que necesitamos leche de vaca, estamos sometidos a una desinformación nutricional.
Necesitamos calcio para tener huesos fuertes. La industria láctea nos dice que la leche de vaca es la única o primordial fuente de calcio. Pero la leche de vaca no es la única, ni la mejor fuente de calcio. Muchos alimentos de origen vegetal son excelentes fuentes de calcio: melaza, almendras, higos, semillas de girasol germinadas, tofu procesado con sulfato de calcio, tofu fortificado con calcio, col china, brócoli, repollo chino, col rizada, hojas de mostaza verde, ocra, frijoles, y leche de soja fortificada, almendras, coco, cáñamo y leches de arroz fortificadas.
Además, no sólo la leche de vaca no es de ninguna manera la única fuente de calcio, sino que no es la mejor. El cuerpo necesita magnesio para absorber calcio y la leche de vaca no tiene suficiente magnesio para sustentar su nivel de calcio. Esto resulta en la acumulación de calcio excesivo en el cuerpo, y
puede llevar al desarrollo de depósitos de calcio en nuestras articulaciones y riñones.
El consumo de proteína animal, incluyendo la proteína encontrada en los productos lácteos, causa que nuestra sangre se acidifique, lo cual resulta en el desprendimiento de calcio de nuestros huesos y nuestra eventual excreción del mismo fuera del cuerpo. Así que el consumo de productos lácteos no sólo no previene la osteoporosis, ¡sino que en realidad la puede causar! En su libro The China Study, el Dr. T. Colin Campbell encontró que una proteína encontrada en la leche de vaca—la caseína—promovía el cáncer. El Dr. Joel Fuhrman también menciona en su libro Eat to
Live que existe una correlación fuerte entre la
lactosa de los lácteos y las enfermedades cardíacas.
¿Los veganos tienen que asegurarse de comer suficientes alimentos de origen vegetal
ricos en calcio para garantizar que tengan suficiente calcio? Sí. Pero dado que más del 60% de los americanos que consumen leche tienen deficiencia de calcio, la diligencia no sólo es una cuestión de veganos. De hecho, dados los otros problemas asociados a la leche de vaca y a las proteínas que contiene, el vegano o la vegana, una vez más, tiene la ventaja nutricional.
Pero… ¿Obtendrán mis hijos
suficiente yodo?
La BBC de Londres hizo un reportaje sobre un estudio que aparentemente mostraba que las mujeres que consumían muy poco yodo durante el embarazo tenían hijos con un CI (Coeficiente Intelectual) y capacidad de lectura más bajos.[11]¿La solución? “Los académicos les recomiendan a las mujeres en edad de tener hijos que mantengan el yodo en sus dietas consumiendo productos lácteos y pescado. Se les advirtió a las mujeres no tomar pastillas de algas marinas, ya que estas contienen demasiado yodo.”
Antes que nada, las pastillas de algas marinas
puede que tengan demasiado yodo. Muchas no
pequeñas de algas marinas puede proporcionarnos todo el yodo que necesitamos. Otras fuentes de yodo de origen vegetal incluyen las patatas al horno y los frijoles blancos. La sal fortificada (o yodada) también es una fuente de yodo.
Las mujeres lactantes necesitan 250 microgramos de yodo al día; otros adultos necesitan 150 microgramos. Los alimentos de origen vegetal pueden proporcionar esta cantidad.
Pero… Oí hablar de alguien que
enfermó al dejar de comer productos
animales.
¿Y qué hay de toda la gente que conoces que comía productos animales y que ha desarrollado cáncer, enfermedades cardíacas, etc.?
Este “Pero” es todavía otro intento de caracterizar el consumir productos animales no como una cuestión de placer sino como una necesidad física. Como mencionamos anteriormente, aun organizaciones tradicionalmente conservadoras, tal como la Academia de Nutrición y Dietética —anteriormente la Asociación Dietética Americana—concuerdan que una dieta vegana “planeada apropiadamente” puede ser completamente saludable. Y no hay evidencia
de lo contrario.
Es, por supuesto, posible enfermar comiendo sólo plantas, tal y como es posible (y más probable, de hecho) enfermar comiendo productos animales. Aunque cierta cantidad de vitamina B12 es producida por bacterias en el cuerpo humano, no producimos suficiente de manera fiable para nuestras necesidades y los hábitos nada saludables que tienen los humanos previenen la máxima producción y absorción de la B12 endógena. Por lo tanto, es necesario suplementar B12 con fuentes externas ya sea que consumas una dieta vegana o una dieta de alimentos de origen animal. Así que todos los humanos necesitan obtener su B12 de algún lugar fuera de sus cuerpos. Nosotros obtenemos nuestra vitamina B12 de la levadura; los omnívoros obtienen la suya de la carne. Pero toda B12 tiene origen bacteriano—ya sea que se encuentre en la panza de animales
rumiantes, quienes la obtienen de material vegetal en fermentación en su intestino posterior, o en ciertas cepas de levadura nutricional. Entonces, si tú adoptas una dieta vegana pero no consumes una fuente alternativa de B12—tal como la levadura—sí, puede que enfermes. Pero hay bastantes personas que tienen deficiencias de B12 pese a su consumo de alimentos de origen animal.
¿Y qué hay de los DHA y los EPA, los ácidos grasos de cadena larga que no se encuentran en alimentos de origen vegetal y que la gente consume pescado para obtenerlos? La mayoría de las personas pueden convertir los ácidos grasos de cadena corta que se encuentran en semillas de chía, nueces de nogal, vegetales de hoja verde oscuro, y aceite de canola en ácidos grasos de cadena larga. O puedes obtener DHA y EPA de cadena larga directamente de la fuente de donde los peces la obtienen— las algas. Hoy
en día, existen muchos suplementos de DHA/EPA que son derivados de algas.
Ocasionalmente, uno escucha sobre aquel padre que fue condenado por homicidio involuntario porque su hijo murió al seguir una dieta “vegana.” Pero cuando se revelan los hechos, nos enteramos que los padres habían alimentado al niño solamente con lechuga
iceberg o repollada (o algo similar) y nada más,
durante un largo período de tiempo.
Si los padres le dieran de comer al niño nada más bistec tres veces al día por un largo período, el niño también se enfermaría. Pero nadie diría que el niño murió o se enfermó por comer carne. Dirían que los padres cometieron abuso al alimentar al niño con una dieta inadecuada. Lo mismo es cierto para una dieta que consiste sólo de lechuga. Eso no es una dieta vegana; es una dieta ridículamente inadecuada.
En los 30 años que hemos sido veganos, hemos escuchado de un número de personas que supuestamente se enfermaron al seguir una dieta vegana. Una dieta vegana inadecuada te va hacer enfermar porque es inadecuada y no porque esté basada en plantas. Come nada más que apio y yogur de soja y no te vas a sentir muy enérgico. Sorpresa, sorpresa.
También nos hemos encontrado con personas que dicen que sus cuerpos “les piden” que coman carne o pescado o pollo o lácteos o lo que sea. Pero dichas afirmaciones en realidad no son diferentes a decir “Me gusta el sabor de la carne (o lo que sea).” En otras palabras, son afirmaciones sobre el placer del paladar y nada más. Una cuestión relacionada es la “necesidad” de comer carne u otros productos animales basada en el tipo de sangre. La supuesta “dieta del tipo de sangre” ha sido desacreditada como pseudociencia.
Pero… ¿No quiere Dios que comamos
animales?
Un “Pero” que surge con frecuencia, particularmente en los Estados Unidos, es el que Dios quiere que comamos animales, o que Dios puso a los animales en esta Tierra para que nosotros nos los comiéramos.
La forma más usual de este “Pero” es que el
Génesis, el primer libro del Antiguo
Testamento, que comparten la tradición judía y cristiana, dice que Dios creó al mundo y le dio a los seres humanos dominio y control sobre los animales.
¿Acaso no nos dice eso que Dios quiere que comamos productos animales?
Espera sólo un minuto, es un poco más complicado que eso.
Lo primero que hay que hacer es ir y leer
Génesis. Simplemente no dice lo que todos los
que utilizan este “Pero” parecen pensar.
En Génesis, se nos dice que Dios creó el mundo y le dio a los seres humanos “dominio” sobre él pero—y aquí está la sorpresa—nadie
se estaba comiendo a nadie al principio. Dios
le dijo a los humanos “Yo les he dado cada semilla que da hierba, la cual está sobre toda la faz de la tierra, y cada árbol, en el cual está el fruto de una semilla; para ustedes les será como carne.”[12] Y luego Dios dijo a todos los animales y aves, “Yo les he dado cada hierba verde como carne. Y así fue.”[13]
Entonces en el comienzo, antes de que Adán y Eva desobedecieran a Dios al comer el fruto del árbol prohibido y fueran expulsados del Jardín del Edén, todos—seres humanos y