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Más allá de los perros y gatos

In document Come-con-conciencia.pdf (página 72-82)

Y nuestra sabiduría convencional no se aplica sólo a perros y gatos. Se aplica a animales que usamos de entretenimiento y para producir alimentos.

Piensa en las corridas de toros. Si bien hay personas que disfrutan este “deporte” y apoyan su continuación, la mayoría de la gente piensa que es repulsivo y que debería estar prohibido. Cuando, en 2010, un toro atravesó con su cuerno al torero español Julio Aparicio por la garganta hasta salir por la boca, mucha gente, y no sólo los defensores de derechos de animales, expresaron el parecer de que Aparicio tuvo su merecido.[9]

¿Por qué?

violentos. Atormentan a un toro insertándole banderillas en los músculos del lomo y finalmente lo matan cuando le clavan una espada en el corazón. Y la única justificación para este evento tan espantoso es el placer, en la forma de entretenimiento.

Sí, algunos defensores afirman que el toreo es una forma de arte a la par con la pintura, escultura, danza, y música. Pero eso es sólo otra manera de decir que es una forma de entretenimiento. No hay necesidad; no es necesaria esta actividad. No hay ningún conflicto entre humanos y animales que haga necesario el sufrimiento de los toros.

Nos oponemos a las corridas de toros porque violan la sabiduría convencional; estas involucran imponerle sufrimiento innecesario a un animal.

entre las corridas de toros y el utilizar toros y otros animales para producir alimentos.

Ninguno de los dos usos es necesario. Ambos

usos sirven sólo para satisfacer el placer de los humanos. En efecto, los toros y las vacas que terminan en los mataderos tienen vidas y muertes igual de brutales que la vida y la muerte de un toro criado para la tauromaquia.

De hecho, en la mayoría de los casos, los toros que matan en las plazas son faenados y la carne se distribuye entre los pobres. La diferencia entre las dos situaciones es que, en una situación, la matanza no está coreografiada; en la otra, sí lo está.

Y esa es la única diferencia.

Irónicamente, cuando sí nos enfocamos en animales de “consumo” como individuos, particularmente en situaciones en las cuales están sufriendo o en peligro, respondemos a

ellos tal y como lo haríamos con un perro o un gato.

Todos hemos oído hablar de situaciones en las que animales que no son “mascotas” están en peligro y la gente hace hasta lo imposible para ayudar a aquellos animales. Por ejemplo, no muy lejos de donde vivimos, una vaca se cayó en un estanque y se atoró en el lodo. La policía y los bomberos pasaron el día siguiente, que era un día festivo, tratando de rescatar a la vaca. Lo lograron y tomaron medidas extraordinarias no sólo para rescatarla sino también para mantenerla fresca y cómoda durante y después del rescate.

Si estos bomberos y policías no hubieran estado involucrados en el rescate de la vaca ese día, muy probablemente habrían estado asistiendo a una parrillada en la cual estarían asando cadáveres de vaca. Pero cuando se vieron ante una situación en la cual vieron a la

vaca indefensa, respondieron tal y como hubieran respondido si el animal indefenso fuera un perro. Si alguien hubiera visto a la vaca y, en lugar de ayudarla, se hubiera aprovechado de su incapacidad para moverse y la hubiera torturado de alguna manera horrible, no cabe duda que habríamos visto una furia por parte del público similar a la del caso Vick, y una acusación criminal por violar las leyes contra la crueldad animal.

Piensa en lo enfadada que estaba mucha gente en Gran Bretaña cuando se enteraron que había carne de caballo en los productos procesados de carne de res. Objetaban el hecho de que la carne tenía carne.

Es algo tremendamente confuso cuando piensas en ello.

Entonces, ¿qué podemos deducir a partir de lo que hemos visto hasta ahora?

La mayoría de nosotros estamos de acuerdo que, si bien los animales no tienen el mismo valor moral que los humanos, sí tienen valor moral, y que tenemos una obligación moral de no imponerles sufrimiento innecesario. La mayoría de nosotros estamos de acuerdo en que la imposición de sufrimiento a animales por razones de placer, diversión o conveniencia no constituye una necesidad. Vemos a personas como Michael Vick y Mary Bale, o prácticas como las corridas de toros, y las condenamos porque a los animales se les hizo sufrir sin una buena razón.

El problema es que cada vez que consumimos productos animales, estamos participando en infligir sufrimiento a animales

sin ninguna buena razón. Cuando se trata de animales, todos somos Michael Vick. Todos somos Mary Bale. Todos nosotros nos involucramos en conductas que no se distinguen de las corridas de toros.

Cuando se trata de animales, sufrimos de

esquizofrenia moral.

La esquizofrenia clínica conlleva pensamientos delirantes. Nuestro pensamiento moral acerca de los animales es literalmente delirante. Pensamos que los animales poseen valor moral; pensamos que nosotros estamos obligados a no imponer sufrimiento innecesario a animales. Nos oponemos a la imposición de sufrimiento en animales cuando no hay una razón de peso. Y luego procedemos a imponerles un sufrimiento horrible a miles de millones de animales sin ninguna razón más imperiosa que el placer, la diversión o la conveniencia.

A estas alturas, tenemos sólo tres opciones. La primera opción es decidir que, aunque

decimos que está mal moralmente infligir

sufrimiento a animales sin una justificación suficiente, en realidad no lo decimos en serio. Está perfectamente bien infligir sufrimiento a animales sin ninguna razón, incluyendo placer, diversión o conveniencia. Nuestro enojo con Vick, Bale y las corridas de toros en realidad no es nada más que hipocresía que ahora reconocemos y aceptamos.

La segunda opción es que te hemos convencido a dejar de consumir productos animales o, al menos, a decidir dejar de hacerlo. Si es así, entonces puedes parar de leer ahora y comenzar simplemente a buscar recetas veganas, rápidas, fáciles, baratas y saludables, con miles de ellas disponibles fácilmente en Internet.

La tercera opción es que estás inquieto y piensas que hay algo de razón en nuestro argumento pero estás diciendo “Pero” y luego pensando en otras razones que te causarían retener la creencia de que los animales realmente sí importan pero que haría aceptable que continuaras consumiéndolos.

Examinaremos esos “Peros” en la sección siguiente.

“Pero…” Las excusas que

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