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i el pueblo cristiano no vive aún como debiera el problema de su división interna, no es por falta de interés, sino por la escasez de doc-trina y de noticias que tiene acerca de los acontecimientos y logros obtenidos en ese tema llamado "Ecumenismo". Las "100 F I C H A S " ' d e esta obra, preparadas por especialistas, tratan de a y u -dar a que aprobemos todos (profesores, párrocos, catequistas, laicos c o m -prometidos, etc.) esta nuestra asigna-tura pendiente.» * f i
Vi'.**
JUAN BOSCH - CARMEN MÁRQUEZ
lOO FICHAS S O B R E
"ECUMENISMO"
I N T R O D U C C I Ó N
Aprender y enseñar. Seguramente estas dos palabras son de las
más dignas que hay en la lengua castellana. Porque ellas
signifi-can el comienzo y el final del largo proceso cognoscitivo del ser
humano. Palabras que tocan el centro de la condición humana.
Este libro sobre ecumenismo está dentro de una colección que
lleva por título, precisamente, "Para aprender y enseñar". El
ecu-menismo -se ha repetido hasta la saciedad- es todavía entre
nues-tro pueblo cristiano, una asignatura pendiente. Todo el empeño
que había puesto el Concilio Vaticano II en la cuestión de las
nue-vas relaciones eclesiales, todo el interés demostrado por Juan
XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II, en el acercamiento a los
cristia-nos de otras Iglesias, y todas las realizaciones y pasos ya dados en
el encuentro ecuménico, no han tenido, desgraciadamente, una
recepción total en el pueblo cristiano. Y no es por falta de interés,
o por despreocupación y, menos todavía, por rechazo frontal al
movimiento ecuménico. Si no ha habido total recepción de 'lo
ecu-ménico', se debe sin duda a la falta de mediaciones para que
tan-tos logros conseguidos sean conocidos por los grandes sectores del
pueblo cristiano. No es falta de interés, sino más bien dificultad
para lograr alcanzar el conocimiento de dichos logros. Yes que son
escasas las publicaciones en lengua castellana sobre esta
temáti-ca, y débil el eco que llega de los acontecimientos ecuménicos a los
medios de comunicación eclesiales en nuestro contexto.
De ahí que el propósito de este libro sea ofrecer a los docentes
un eficaz instrumento para transmitir lo más elemental del
movi-miento ecuménico a aquellos cristianos que todavía desconocen
ese don que el Señor ha suscitado en todas las Iglesias.
Las 100 fichas, agrupadas el diez capítulos, brindan un
conoci-miento suficiente a quienes deseen aprender los grandes temas de
las relaciones entre cristianos. De manera sintética y pedagógica,
el lector se irá introduciendo en los diferentes capítulos: qué es el
ecumenismo (1); el origen del ecumenismo (2); su desarrollo
poste-rior (3); y los grandes elementos que han hecho posible el 'milagro'
de las nuevas relaciones entre cristianos -el diálogo (4), la
bús-queda de la unidad (5), la plegaria ecuménica (6), la verdad (7),
los grandes problemas ecuménicos (8), la documentación
ecumé-nica (9), y algunas de las figuras más sobresalientes del
movi-miento ecuménico (10)-.
Un libro no dirigido a los teólogos ni a quienes ya poseen un
conocimiento suficientemente profundo de las relaciones
ecuméni-cas. Pero un libro absolutamente imprescindible para quienes
-párrocos, catequistas, profesores de religión, laicos
comprometi-dos- desean enseñar e iniciar a los cristianos en una de las tareas
eclesiales que, tras el vaticano II, se hace absolutamente necesaria
en la formación cristiana e integral de los fieles de hoy.
1
Ficha
en
ORIGEN GRIEGO DEL TÉRMINO "ECUMENISMO
1 . E C U M E N I S M O : U N A P A L A B R A E X T R A Ñ AA. Sentido g e o g r á f i c o , cultural.
El término castellano "ecumenismo" no es demasiado familiar para muchos de nues-tros conciudadanos. Es difícil saber a qué se refiere cuando es empleado en una con-versación. De origen griego, esta primera ficha intenta desentra-ñar sus raíces y su contenido actual.
La palabra griega Oikoumene, de la que proviene el término "ecumenismo", pertenece a una familia de términos relacionada con vocablos que tienen que ver con la vivienda, el
asen-tamiento, la permanencia. He aquí algunos términos-raíz de esta familia lingüística: Oikos:
casa, vivienda, habitación, pueblo; Oikeiotés: relación, emparentado, amistad; Oikeiow. habi-tar, cohabihabi-tar, reconciliarse, estar familiarizado; Oikonomeo: administración, encargado y res-ponsable de la casa; Oikoumene: tierra habitada, mundo conocido y civilizado, universo.
La raíz primera de la que provienen los otros términos es, pues, Oikos, casa, lugar donde se mora, espacio habitable y habitado. Oikoumene, de donde procede directamente
ecume-nismo será consecuentemente, el mundo habitado en el que coexisten diversos pueblos, con
diversidad de lenguas y culturas. Pero en su sentido primero y más obvio sería la "tierra habi-tada por los helenos", es decir, por un pueblo civilizado que ofrece una cultura abierta a todos dando esa unidad básica de cosmovisión que exige una civilización auténtica. De ahí que
Oikoumene llegará a entenderse como el "mundo habitado" hasta donde se extendía la
influencia griega, porque más allá está el mundo de los bárbaros.
Las perspectivas geográfica y cultural, entrelazadas, aparecen como el significado prime-ro de la palabra ecumenismo. Roma aportará, después, una perspectiva política y la "pax romana" será el símbolo de la Oikoumene, es decir, de todos los pueblos que aceptan vivir bajo la influencia del "mundo civilizado" que viene a identificarse con el Imperio Romano.
B. Sentido b í b l i c o . . .
El término Oikoumene aparece también en la literatura bíblica. En el Nuevo Testamento se emplea en quince ocasiones, en algunas de las cuales recupera el viejo sentido de mundo (Hec.11, 28), o de Imperio Romano [Le 2, 1). En la carta a los Hebreos (2, 5) se pone especial énfasis en el carácter transitorio de la presente Oikoumene, para afirmar con fuerza la inmi-nente llegada de una nueva y transformada Oikoumene regida directamente por Jesucristo.
Oikoumene, desde una perspectiva neotestamentaria debe entenderse como un proceso en continuo desarrollo que se inicia como la "tierra habitada", que va haciéndose "lugar
habi-table", la casa en la que cabe toda la familia humana y cuya realidad no se encierra en la fron-tera inmanente de la Historia. La respuesta del hombre en esta tierra, ante la llamada de Dios, es como el germen de una nueva Oikoumene, que viene como obra de Dios pero con la cola-boración humana.
2. EL DESARROLLO POSTERIOR DEL T É R M I N O E C U M E N I S M O
A. Sentido cristiano primitivo
En el cristianismo primitivo el término Oikoumene -siguiendo la trayectoria bíblica- es
usado en las acepciones ya conocidas: mundo, Imperio Romano, mundo civilizado, etc. Ya
desde el siglo II el término es empleado a veces con referencia a "la Iglesia Católica
extendi-da por la Oikoumene".
La palabra se introduce en el lenguaje eclesiástico oficial cuando el Concilio de Constantinopla [381} denomina al Concilio de Nicea -celebrado en el 325- como "Concilio ecuménico". Desde ese momento el término "ecuménico" va a designar aquellas doctrinas y usos eclesiales que son aceptados como norma autoritativa y con validez universal en toda la
Iglesia Católica.
B. Sentido cristiano clásico
Con la caída del Imperio Romano, el término deja de tener obviamente connotaciones políticas y pasa a tener ya un sentido exclusivamente eclesiástico: la Oikoumene es la Iglesia Universal. Tres grandes hombres de Iglesia serán designados "doctores ecuménicos": Basilio el Grande, Gregorio Nacianceno y Juan Crisóstomo. A partir de ahí se emplea para designar
los Concilios que hablan en nombre de toda la Iglesia.
Se ha recordado muchas veces que las condiciones para que un Concilio pueda ser deno-minado verdaderamente ecuménico varían según las Iglesias. Para la Iglesia Católica un cilio es ecuménico solamente cuando representa a toda la Iglesia y sus decisiones son con-firmadas por el obispo de Roma; en cambio para la Ortodoxia, solamente será ecuménico cuando toda la Iglesia extendida por el orbe haya aceptado sus decisiones. De ahí que estas Iglesias hablen de solo siete Concilio Ecuménicos porque en ellos está expuesta la "doctrina ortodoxa" aceptada por todas las Iglesias de Oriente y Occidente.
Más tarde la palabra se aplica también a los grandes Credos de la antigua Iglesia, y así son llamados "credos ecuménicos" los de los Apóstoles, el de Nicea y el de San Atanasio.
SIGNIFICADO MODERNO DEL TÉRMINO "ECUMENISMO"
1 . D U R A N T E E L S I G L O X I XA. El e c u m e n i s m o c o m o actitud fraterna
Durante el siglo XIX aparece un nuevo significado que con el tiempo tendrá la acepción técnica moderna. En 1846 se constituye en Londres una Alianza Evangélica, con el fin de pre-parar un "Concilio ecuménico evangélico universal". Sus participantes pertenecen a diferen-tes denominaciones. En la clausura de aquel encuentro, el pastor calvinista francés Adolphe Monod agradecía a los organizadores británicos "el fervor de su piedad" y el "espíritu verda-deramente ecuménico" que habían demostrado. Visser't Hooft ha recordado que aquella expresión del pastor francés "parece haber sido la primera cita consignada respecto del uso de la palabra para indicar una actitud más que un hecho...".
Igualmente Henry Dunant, el fundador de la Cruz Roja y uno de los pioneros del YMCA, escribió ampliamente sobre la necesidad de que esta Asociación fuese "ecuménica" en el sentido de "propagar aquel espíritu ecuménico que trasciende la nacionalidad y la lengua, las denominaciones y las cuestiones eclesiásticas, la clase y la profesión...".
B. H a c i a un sentido de c o o p e r a c i ó n eclesiástica
Pero el uso del término en la acepción recordada no goza todavía de una aceptación uni-versal. Hay posiciones encontradas. Algunos piensan que esas reuniones de eclesiásticos no pueden ser llamadas, en rigor, "ecuménicas" pues no entran en ellas eclesiásticos de las tra-diciones ortodoxa y católico romana. No reprsentan al cristianismo universal. Por eso mismo el calificativo de "ecuménico" estaría tomado con mucha ambigüedad. Sin embargo, hay otras posiciones que dando más énfasis al sentido geográfico de universalidad, piensan que el tér-mino puede aplicarse con toda propiedad. Así, por ejemplo, en 1900 se celebra en la ciudad de Nueva York una "Conferencia Ecuménica Misionera". Los organizadores dejan muy claro que han aceptado ese calificativo porque se han propuesto un plan de expansión misionera que "abarque toda la tierra". Y a ello contribuirán las Sociedades Misioneras protestantes que con enormes posibilidades están presentes en todos los continentes.
2. D U R A N T E EL S I G L O XX
A. Primeros titubeos a la hora de aplicar el término ecumenismo
La acepción común continúa siendo la del primitivo sentido geográfico, universal. Poco después, en la famosa "Conferencia Misionera Mundial" de Edimburgo (1910), el título de "ecuménica" es eliminado pues la ausencia de las Iglesias Ortodoxas y Católica -según sus organizadores- hace inapropiado su uso.
Los movimientos Fe y Constitución y Vida y Acción -de los que se hablará en las Fichas 18 y 19- van a suponer un drástico cambio en el significado del término "ecumenismo". El arzo-bispo luterano Nathan Sóderblom durante la Primera Guerra Mundial sugiere la creación de una "reunión internacional de Iglesias" con el apelativo de "ecuménica" para intentar resolver el problema de la paz. Y propone la puesta en marcha de una especie de "Consejo Ecuménico de las Iglesias".
B. Hacia la a c e p t a c i ó n del t é r m i n o c o n t o d o rigor.
La idea de Nathan Sóderblom sólo tomará cuerpo varios decenios después. Pero la pala-bra adquiere ya una nueva acepción: la relación amistosa entre Iglesias con la finalidad de promover la paz internacional, de tratar de la unión de varias Iglesias, o incluso de generar el espíritu de acercamiento entre cristianos de diversas confesiones.
La Conferencia de Estocolmo [1925) unlversaliza todavía más el nuevo uso del término "ecuménico". El vocablo es aceptado sin reticencias por parte de los alemanes, suecos y fran-ceses. Más dificultades hallan los cristianos de lengua inglesa que prefieren emplear los tér-minos "mundial" o "universal". La razón es obvia: en la tradición inglesa la palabra "ecuméni-co" se asocia muy fuertemente a los clásicos "Concilios Ecuménicos" de la antigüedad, lo que dificulta su empleo para designar cualquier otro significado.
A partir de la Conferencia de Oxford [1937), el término "ecuménico" designa ya con toda claridad las relaciones amistosas entre las diferentes Iglesias con el expreso deseo de realH zar la Una Sancta y de estrechar la comunión entre todos los creyentes en Jesucristo. Por eso, tras la fundación del 'Consejo Ecuménico de las Iglesias' -en el mundo anglosajón prefieren referirse a él como 'Consejo Mundial de Iglesias'- en Amsterdam [1948), el término "ecumé-nico" expresa ya sin duda alguna el intento de reconciliación de las Iglesias cristianas como expresión visible de la "universalidad del cristianismo" y como signo "para que el mundo crea". A las primeras acepciones de tipo geográfico, cultural y político, se añade después la refe-rencia a la Iglesia, tanto la Iglesia Universal extendida por todo el universo, como más tarde al interés por la tarea misionera y al deseo inequívoco de unidad cristiana que se extiende por las distintas Iglesias separadas durante siglos.
TEÓLOGOS E IGLESIAS DESCRIBEN EL ECUMENISMO
1 . A L G U N A S D E S C R I P C I O N E S D E LOS T E Ó L O G O SSe hace imposible una "definición" -en el sentido clásico del tér-mino- que abarque la esencia del ecumenis-mo. Y ello fundamen-talmente porque el ecumenismo se sitúa en una dinámica, en un movimiento. Por eso es preferible recordar algunas des-cripciones que desde la teología y desde el magisterio de algunas Iglesias se han ofreci-do en estos últimos decenios. He aquí algunas más significa-tivas:
A. Las p r i m e r a s d e s c r i p c i o n e s del e c u m e n i s m o
Las tres están tomadas del teólogo Yves Congar:
"Es un movimiento constituido por un conjunto de sentimientos, de ideas, de obras e ins-tituciones, de reuniones o de conferencias, de ceremonias, de manifestaciones y de publica-ciones que tienden a preparar la reunión no solamente de los cristianos, sino de las diferen-tes Iglesias actualmente existendiferen-tes, en una nueva unidad".
"El ecumenismo comienza cuando se admite que los otros -y no solamente los individuos, sino los grupos eclesiásticos como tales- tienen también razón, aunque afirmen cosas distin-tas que nosotros; que poseen también verdad, santidad, dones de Dios, aunque no pertenez-can a nuestra cristiandad. Hay ecumenismo... cuando se admite que otro es cristiano no a
pesar de su confesión, sino en ella y por ella".
"El ecumenismo no es, en modo alguno, el resultado sincretista de una suma de Lutero o de Calvino a Santo Tomás de Aquino, o de Gregorio Palamas a San Agustín. Pero, enfocado desde la vertiente teológica que nos interesa, implica un esfuerzo hacia dos cualidades de la vida cristiana, que, a veces, parecen opuestas una a otra, pero que deben alcanzarse y con-servarse conjuntamente: la plenitud y la pureza".
B. A l g u n a s d e s c r i p c i o n e s m á s recientes
"Movimiento suscitado por el Espíritu Santo con vistas a restablecer la unidad de todos los cristianos a fin de que el mundo crea en Jesucristo. En este movimiento participan quie-nes invocan el Dios Trino y confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador, y que en las comu-nidades donde han oído el evangelio, aspiran a una Iglesia de Dios, Una y visible, verdadera-mente universal, enviada al mundo entero para que se convierta al evangelio y sea salvado para la gloria de Dios" (J. E. Desseaux).
"El ecumenismo es una actitud de la mente y del corazón que nos mueve a mirar a nues-tros hermanos cristianos separados con respeto, comprensión y esperanza. Con respeto por-que los reconocemos como hermanos en Cristo y los miramos como amigos más por-que como oponentes; con comprensión, porque buscamos las verdades divinas que compartimos en común, aunque reconozcamos honestamente las diferencias en la fe que hay entre nosotros; con esperanza, que nos hará crecer juntos en un más perfecto conocimiento y amor de Dios y de Cristo..." (C. Meyer).
El movimiento ecuménico no es el lugar de encuentro para el triunfo de una Iglesia sobre otra. Es la confrontación fraterna de los cristianos divididos pero hermanos... La finalidad del diálogo ecuménico no es hacer conversiones. Es un esfuerzo del amor cristiano para dar y recibir testimonio del evangelio" (WeigelJ.
2 . A L G U N A S D E S C R I P C I O N E S ECLESIÁSTICAS
A. Desde A s a m b l e a s oficiales
La Segunda Asamblea de Consejo Ecuménico de las Iglesias, reunida en Evanston 0954) se expresaba así: "Es cierto que la perfecta unidad de la Iglesia no será totalmente alcanza-da hasta que Dios resuma toalcanza-das las cosas en Cristo. Pero el Nuevo Testamento afirma que esta unidad está siendo realizada ya dentro del actual orden histórico. Por el poder de su resu-rrección, Cristo ha concedido esta gracia a su Iglesia aún ahora, y las señales de su obra son discernibles para aquel que tiene ojos para ver. En medio de los trastornos de la hora pre-sente, Jesucristo está reuniendo a su pueblo en una verdadera comunidad de fe y obedien-cia, a despecho de las divisiones existentes... En esta perspectiva escatológica, todas nues-tras divisiones humanas son provisionales".
Y en un Informe de la Comisión Fe y Constitución, y del Comité Central, reunido en St. Andrews [1969) se lee: "La Comisión de Fe y Constitución entiende que aquella unidad que es a la vez voluntad y don de Dios a su Iglesia es tal, que coloca a todos los que en un lugar dado confiesan a Jesucristo como Señor en una comunidad plenamente consagrada de unos con otros mediante un único bautismo en Él, el mantenimiento de una misma y única fe apostóli-ca, la predicación del único Evangelio y la fracción de un mismo pan, y una vida corporada que se ofrece en testimonio y servicio a todos; y que a la vez los une con toda la comunidad cristiana en todos los lugares y épocas, de tal manera que ministerio y miembros sean reco-nocidos por todos y que todos puedan hablar y obrar juntos, según lo requiere la ocasión, en aquellas tareas para las cuales Dios llama a la Iglesia".
B. Desde la d o c u m e n t a c i ó n de la Iglesia C a t ó l i c a
El Concilio Vaticano II se ha expresado así en el Decreto Unitatis Redintegratio:
"Con todo, el Señor de los tiempos, que sabia y pacientemente prosigue su voluntad de gracia para con nosotros los pecadores, en nuestros días ha empezado a infundir con mayor abundancia en los cristianos separados entre sí la compunción de espíritu y el anhelo de unión. Esta gracia ha llegado a muchas almas dispersas por todo el mundo e incluso entre nuestros hermanos separados ha surgido, por impulso del Espíritu Santo, un movimiento diri-gido a restaurar la unidad de todos los cristianos. En este movimiento de unidad, llamado ecu-ménico, participan los que invocan al Dios Trino y confiesan a Jesucristo como Señor y Salvador, y esto lo hacen no solamente por separado, sino también reunidos en asambleas en las que oyeron el Evangelio y a las que cada grupo llama Iglesia suya y de Dios" [n. 1).
TRES ELEMENTOS ESENCIALES PARA DESCRIBIR EL ECDMENISMO
1 . L A N O V E D A D DEL E C U M E N I S M OA . S u p e r a d a l a e t a p a d e l a p o l é m i c a . . .
Desde una visión es-trictamente religiosa y según las descripcio-nes expuestas en la Ficha 3, para describir correctamente el ecu-menismo deben ser resaltados tres ele-mentos esenciales: La originalidad, la-actitud y voluntad de diálogo, y la espiritualidad.
El ecumenismo constituye una experiencia inédita, original, sin precedentes en la historia del cristianismo. Su novedad radical estriba en que las Iglesias confrontadas en diálogo -superada ya la etapa de la polémica- mantienen viva la convicción de que en las relaciones entre las Iglesias cristianas divididas no se ha llegado a un callejón sin salida. El ecumenismo contradice de manera frontal la teoría de que todo está dicho y experimentado en la Iglesia.
La dimensión utópica del proyecto ecuménico soslaya, por una parte, el peligro de caer en el escepticismo o el relativismo ante la verdad que pueda desprenderse de las otras Iglesias, y, por otra, supera la dificultad que se antojaba insuperable de llegar a ver algún día la comunión de Iglesias separadas secularmente no sólo por una lectura distinta de la Buena Noticia de Jesús, sino también por unos condicionamientos sociales, geográficos y culturales que las moldearon de maneras tan radicalmente diversas.
B. Se h a c e n n e c e s a r i a s la actitud y la voluntad del diálogo
En las descripciones anteriores que se han dado del ecumenismo, y a pesar de su nota-ble variedad, aparece siempre como telón de fondo la actitud dialogal. Cabe decir que el ecu-menismo es fundamentalmente una actitud.
La historia de las relaciones entre los cristianos y las Iglesias separadas es la historia del eterno monólogo. Fue la larga noche de la polémica. Cada Iglesia daba su opinión sobre sí misma pero también sobre las demás. Por eso la condena era la forma habitual de las rela-ciones interconfesionales. Uno sólo era el agente que se interpretaba a sí mismo y que inter-pretaba a los demás. En la actitud dialogal, por el contrario, existen dos agentes. Cada uno da la propia interpretación de sí mismo, pero escucha la del otro.
La actitud y voluntad de diálogo llega, sin embargo, más pronto o más tarde a la convic-ción de las dificultades que supone franquear los límites de la comprensión de las otras Iglesias. Dificultades debidas al peso de la propia tradición, de las propias costumbres, de la manera propia de presentar y vivir la fe cristiana. Pero la actitud dialogante, precisamente por su conciencia de las limitaciones, produce una incesante movilidad en los planteamientos de la problemática de la desunión cristiana. Por ello es una actitud creativa. Es el ensayo conti-nuo de nuevos enfoques, ya que desde uno sólo las oposiciones son casi siempre irreducti-bles. El ecumenismo es rastreador de nuevas pistas, forjador de utopías.
2 . N O HAY E C U M E N I S M O S I N E S P I R I T U A L I D A D
A. Una convicción c o m ú n
El ecumenismo tiene una dimensión espiritual innegable. Los cristianos saben que en el fondo de la problemática ecuménica existe un acuerdo implícito y una conciencia muy viva de que las divisiones son humanamente insuperables, y que la unidad tendrá que ser obra de Dios. A partir de esa fundamental convicción surge espontáneamente una actitud orante.
A medida que han pasado los años se ha ido comprobando que la cuestión ecuménica no consiste solo en resolver problemas doctrinales aislados, y es que la fe cristiana es un cuer-po total -una cosmovisión- que implica también un determinado comcuer-portamiento ético y una manera de ver y afrontar la vida.
Sin embargo las Iglesias cristianas se desunieron también en esas cosmovisiones que trascienden los problemas meramente doctrinales. Y así cada Comunión cristiana fue encar-nándose de tal manera en una particularidad que la universalidad del evangelio sufrió dete-rioros irreparables generándose factores nuevos de división. Piénsese, por ejemplo, en la pre-sentación latina del catolicismo romano, en la germanidad del luteranismo, o en la britaniza-ción del anglicanismo. El problema se agrava cuando estas visiones -marcadamente euro-céntricas- fueron presentadas a los pueblos del Tercer Mundo como inseparablemente uni-das a la esencia del evangelio. La incapacidad humana para afrontar la cuestión ecuménica aparece así con todo su realismo.
B. La espiritualidad e c u m é n i c a
Por esa razón desde los comienzos mismos del movimiento ecuménico, las asambleas y reuniones ecuménicas han estado casi siempre precedidas por "cultos de apertura" y se han clausurado con plegarias interconfesionales. El Concilio Vaticano II llegará a afirmar que la "plegaria" es el alma del ecumenismo [UR 8).
El llamado "ecumenismo espiritual" que tiene en Paul Couturier uno de sus grandes ins-piradores, y en la Semana de Oración por la Unidad (18-25 enero) su más fuerte expresión, es reflejo de la conciencia que existe respecto a la eficacia de la plegaria en orden a la reconci-liación cristiana. La unidad -bajo esta perspectiva- se revela entonces más como "misterio" que como "problema", y su acceso requiere una actitud orante, humilde, de súplica y oración. El ecumenismo, pues, implica una vida teologal. Dentro del "monasterio invisible" por la Unidad -la expresión es de Paul Couturier designando con ella la oración callada a través del mundo que se eleva al Padre por mediación de Jesús- hay unas vivencias en la fe y en la cari-dad que hacen al cristiano vivir en un clima espiritual como si ya se hubiese adelantado el tiempo definitivo del Reino, aunque en realidad todavía no ha llegado a su plenitud. Vivir en esa dialéctica es lo que da sentido teologal a la experiencia ecuménica. Se tratará más dete-nidamente este tema en la ficha 6 y en las 51-60.
2 . N O HAY E C U M E N I S M O S I N E S P I R I T U A L I D A D historia [i diálogo ¡elaciones bnenismo la Iglesia. ro de caer lias otras [algún día ¡la Buena culturales te su nota-que el ecu-historia del ón sobre sí e las rela-que Ínter-Dada uno da fe la convic-de las otras imbres, de la feamente por amientes de snsayo conti-pre irreducti-A. Una convicción c o m ú n
El ecumenismo tiene una dimensión espiritual innegable. Los cristianos saben que en el fondo de la problemática ecuménica existe un acuerdo implícito y una conciencia muy viva de que las divisiones son humanamente insuperables, y que la unidad tendrá que ser obra de Dios. A partir de esa fundamental convicción surge espontáneamente una actitud orante.
A medida que han pasado los años se ha ido comprobando que la cuestión ecuménica no consiste solo en resolver problemas doctrinales aislados, y es que la fe cristiana es un cuer-po total -una cosmovisión- que implica también un determinado comcuer-portamiento ético y una manera de ver y afrontar la vida.
Sin embargo las Iglesias cristianas se desunieron también en esas cosmovisiones que trascienden los problemas meramente doctrinales. Y así cada Comunión cristiana fue encar-nándose de tal manera en una particularidad que la universalidad del evangelio sufrió dete-rioros irreparables generándose factores nuevos de división. Piénsese, por ejemplo, en la pre-sentación latina del catolicismo romano, en la germanidad del luteranismo, o en la britaniza-ción del anglicanismo. El problema se agrava cuando estas visiones -marcadamente euro-céntricas- fueron presentadas a los pueblos del Tercer Mundo como inseparablemente uni-das a la esencia del evangelio. La incapacidad humana para afrontar la cuestión ecuménica aparece así con todo su realismo.
B. La espiritualidad e c u m é n i c a
Por esa razón desde los comienzos mismos del movimiento ecuménico, las asambleas y reuniones ecuménicas han estado casi siempre precedidas por "cultos de apertura" y se han clausurado con plegarias interconfesionales. El Concilio Vaticano II llegará a afirmar que la "plegaria" es el alma del ecumenismo [UR 8).
El llamado "ecumenismo espiritual" que tiene en Paul Couturier uno de sus grandes ins-piradores, y en la Semana de Oración por la Unidad (18-25 enero) su más fuerte expresión, es reflejo de la conciencia que existe respecto a la eficacia de la plegaria en orden a la reconci-liación cristiana. La unidad -bajo esta perspectiva- se revela entonces más como "misterio" que como "problema", y su acceso requiere una actitud orante, humilde, de súplica y oración. El ecumenismo, pues, implica una vida teologal. Dentro del "monasterio invisible" por la Unidad -la expresión es de Paul Couturier designando con ella la oración callada a través del mundo que se eleva al Padre por mediación de Jesús- hay unas vivencias en la fe y en la cari-dad que hacen al cristiano vivir en un clima espiritual como si ya se hubiese adelantado el tiempo definitivo del Reino, aunque en realidad todavía no ha llegado a su plenitud. Vivir en esa dialéctica es lo que da sentido teologal a la experiencia ecuménica. Se tratará más dete-nidamente este tema en la ficha 6 y en las 51-60.
EL ECUMENISMO INSTITUCIONAL
• •
1 . ¿ES P O S I B L E H A B L A R D E U N E C U M E N I S M O I N S T I T U C I O N A L ?
El ecumenismo es uno solo. No hay un ecu-menismo protestante, otro católico, otro ortodoxo. Es como un todo. Una vez el P. Congar escribió que es "como un órgano con cuatro teclados y con muchos registros. El ecumenismo está todo él dirigido hacia el futuro, hacia el Reino, pero mantiene su refe-rencia a la Escritura y la Tradición a la vez que revisa nuestras antiguas querellas to-madas desde sus raí-ces. Se centra en la unidad de la Iglesia y en la unidad de la Humanidad. Es teoló-gico y práctico, es doctrinal y secular, es espiritual y socio-polí-tico. No debe restrin-girse su ambición...". Sin embargo, por razo-nes pedagógicas nos permitimos hablar de diferentes ecumenis-mos. Las Fichas 5, 6, 7, 8, y 9 están dedicadas a reflexionar sobre estos diferentes ecu-menismos.
A. E c u m e n i s m o institucional
Quizá el primer interrogante que surge en quien se inicia en el movimiento ecuménico sea preguntarse por quién detenta la prioridad en este terreno: si la persona o la institución misma.
Y es que realmente existe una tensión entre ambos sujetos. La historia enseña, sin embar-go, que la primacía recae al principio sobre el individuo. Deberían recordarse aquellos hom-bres y mujeres carismáticos -los pioneros ecuménicos- que con una visión profética empren-dieron la andadura ecuménica antes de que éste tomase las formas propias de "lo institucio-nal". Pero la pertenencia eclesial de aquellos pioneros que nunca renunciaron a su propia identidad, los sencillos organismos surgidos a partir de la "Conferencia Misionera Mundial" de Edimburgo 0910), y de las Asambleas de Lausana y de Edimburgo que dieron vida a los Movimientos Fe y Constitución y Cristianismo Práctico, nos hablan de la imperiosa necesidad que hay en el mismo movimiento de apoyarse en la estructura, por sencilla que sea, para su misma supervivencia.
Por eso el ya citado P. Congar describía en 1937 el ecumenismo como "un movimiento constituido por un conjunto de sentimientos, de ideas, de obras e instituciones, de reuniones o de conferencias, de ceremonias, de manifestaciones y de publicaciones, que tienden a pre-parar la reunión no solamente de los cristianos, sino de las diferentes Iglesias actualmente existentes, en una nueva unidad".
B. A l g u n o s e j e m p l o s de instituciones e c u m é n i c a s
Parece que deberíamos estar de acuerdo en afirmar que sin cierto grado de organización no cabe la acción ecuménica. Desde la Iglesia Católica resulta impensable que la doctrina ecuménica emanada del Concilio hubiese podido ser "traducida" a la Iglesia Universal sin la mediación, por ejemplo, del "onsejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y sin algunos de los textos elaborados por esta institución, como el Directorio Ecuménico. Y la compleja y variada acción del "Consejo Ecuménico de las Iglesias" sería inconcebible sin los organismos y comisiones que desde la sede de Ginebra generan, sostienen y estimulan la acción ecuménica de sus Iglesias miembros.
Pero debe pensarse, además, en otras instituciones tales como los "Centros Ecuménicos"; las "Delegaciones Diocesanas de Ecumenismo", los "Centros ecuménicos de matrimonios mix-tos", los "Grupos bíblicos interconfesionales", etc.
2. LA N E C E S I D A D DE LA I N S T I T U C I Ó N
A La oficialidad del e c u m e n i s m o no es un m a l
El llamado "ecumenismo oficial", detentado por las autoridades jerárquicas o por los representantes nombrados directamente por ellas, marca de manera notable las relaciones existentes entre las diversas Iglesias cristianas. No podría ser de otra manera. Las Iglesias, todas ellas, tienen una constitución jerárquica, más acentuada en unas que en otras como es obvio.
El camino hacia la unidad, aunque no impulsado siempre y necesariamente por las jerar-quías, está supervisado por ellas. El futuro del caminar ecuménico está ligado, de alguna manera, a la capacidad de escucha, de discernimiento y de transformación que poseen los miembros de la jerarquía. No es, pues, indiferente para la causa ecuménica, el talante de apertura sincera de los hombres que rigen las Iglesias.
Dentro del "ecumenismo oficial" de la Iglesia católica cabría pensar en los Secretariados
Nacionales de Ecumenismo, directamente dependientes de las respectivas Conferencias
Episcopales, en las Delegaciones Diocesanas de Ecumenismo, así como en cualquier organis-mo directa o indirectamente vinculado con los obispos, o con el Secretariado Romano para la
Unidad de los Cristianos, recientemente llamado Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad. Por parte de las Iglesias reformadas y anglicanas existen igualmente organismos
ecu-ménicos oficiales que representan directamente a esas Iglesias en cualquier toma de posición vinculante para las mismas.
B. Necesidad de superar los peligros de la institución
A pesar de la necesidad y bondad de la institución, es fácil entender, sin embargo, la crí-tica que desde diferentes medios se hace a las instituciones ecuménicas, cuando éstas han dejado la fluidez y la apertura a la novedad marginando las dimensiones utópicas del que-hacer ecuménico. Las grandes instituciones llevan consigo peligros que están en la base de muchas críticas: el gigantismo, la burocracia, la lentitud, las prudencias, el desnivel de sen-sibilidades ante problemas ecuménicos acuciantes, etc. Todos ellos dan pie a que muchos cristianos, incluso pastores y teólogos, hablen de la "crisis institucional" del ecumenismo moderno.
Pero esa "crisis institucional" puede y debe superarse. Se trata de hacer que la institución ecuménica, sea cual fuere, esté regida por la única finalidad que debe mover el movimiento ecuménico: la obediencia al deseo de Jesús, el Señor, de que sus discípulos sean uno. Toda otra motivación traicionaría el espíritu del ecumenismo. Por tanto, en este campo, la institu-ción está al servicio del evangelio.
EL ECUMENISMO ESPIRITUAL
1 . E L E C U M E N I S M O E S P I R I T U A L , " A L M A " DEL M O V I M I E N T O E C U M É N I C O
A . Oraciones q u e h a c e n p e n s a r e n e l " y a " d e l a unidad
Existe una larga tradición en todas las Iglesias cristianas de oración oficial por la unidad. Los textos litúrgicos oficiales de las Comunidades católicas, ortodoxas, anglicanas y protes-tantes poseen bellas plegarias para pedir al Espíritu preservar la unidad de la Iglesia.
Pero además de las expresiones litúrgicas oficiales por la unidad, aparece muy pronto entre los cristianos divididos una orientación marcadamente ecuménica que pone todo el énfasis en la plegaria por la unidad de las Iglesias divididas, que sin menoscabo de la tarea doctrinal se da cuenta que el camino real hacia la plenitud de la unidad pasa por la conver-gencia en la espiritualidad cristiana compartida por todos.
Si las Iglesias tienen sus fronteras bien definidas por ortodoxias y por reglamentaciones jurídicas, los pioneros encontraron muy pronto caminos legítimos para trascender las
barre-ras eclesiásticas que parecían infranqueables. La plegaria común aparece así como el pasa-porte válido para sentirse unidos al menos en una tensión dialéctica: la oración compartida permite sentirse ya unidos en el Señor de todos, aunque todavía no sea posible la proclama-ción de pertenencia plena a una Comunidad eclesial unida.
B. Las expresiones del Concilio V a t i c a n o II
El Concilio Vaticano II se ha expresado en este sentido de manera muy explícita, sin titu-beos, en el decreto Unitatis redintegratio, n. 8.
"La conversión de corazón y santidad de vida juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movi-miento ecuménico, y con razón puede llamarse ecumenismo espiritual" [8 a).
"Es frecuente entre los católicos el concurrir a la oración por la unidad de la Iglesia, con la cual el mismo Salvador oró ardientemente al Padre en vísperas de su muerte: 'Que todos sean uno' [8 bj.
"En ciertas circunstancias especiales, como sucede cuando se ordenan oraciones 'por la unidad', en las asambleas ecumenistas es lícito, más aún, es de desear que los católicos se unan en la oración con los hermanos separados" [8 c).
"Tales preces comunes son medio muy eficaz para conseguir la gracia de la unidad y expresión genuina de los vínculos con que aún están unidos los católicos con los hermanos separados: 'Pues donde hay dos o tres congregados en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos'" (8 d).
i unidad. ) protes-i. iy pronto B todo el i la tarea aconver-¡rivadas y i el movi-esia, con ue todos bnes 'por la católicos se •unidad y ¡B hermanos fen medio de 2 . E L C A M I N O M A S C O R T O H A C I A L A P L E N A U N I D A D D E LOS C R I S T I A N O S A.
A. Una larga tradición de " e s p i r i t u a l e s " del e c u m e n i s m o
Mucho antes de que el Concilio diese oficialidad al término ecumenismo espiritual, existía ya una larga tradición ecuménica de tipo espiritual que se remonta, al menos, a hombres como Spencer Jones y Paul Wattson, cardenal Mercier, Dom Lambert Beauduin, Antoine Martel, Paul Couturier, Maurice Villain, Gabriella de la Unidad, etc. que forman todos ellos un capítulo vital en la historia del ecumenismo. Algunas de estas figuras aparecen en las Fichas 91-100, del capítulo 10 de este libro.
A todos ellos une, sin embargo, un mismo deseo de fidelidad y obediencia al evangelio de Jesucristo. Y es interesante recordar que buena parte de comunidades religiosas, tanto del mundo católico, como ortodoxo, protestante y anglicano, han estado marcadas por la preo-cupación ecuménica. Solamente citamos algunos ejemplos de comunidades reformadas. Las comunidades protestantes de Grandchamp, Pomeyrol, Darmstadt, Taizé, tienen un sentido muy vivo respecto de la unidad de los cristianos. Así, en la Regla de Taizé se lee: "No te resig-nes ante el escándalo de la separación de los cristianos que, confesando todos fácilmente el amor al prójimo, permanecen sin embargo divididos. Apasiónate por la unidad del Cuerpo de Cristo".
B. Las dificultades de la c o m u n i ó n e n t r e cristianos divididos
La comunión entre cristianos de distintas Iglesias al nivel de las realidades espirituales es objeto del capítulo 6 [Fichas 51-60). Un tema de especial dificultad lo constituye el hecho de la participación en el culto eucarístico de las otras tradiciones eclesiales, llamado técnica-mente hospitalidad eucarística, intercomunión. (Véase la Ficha 78).
En este sentido el Vaticano II es muy explícito: "No es lícito considerar la comunicación en las funciones sagradas como medio que pueda usarse indiscriminadamente para resta-blecer la unidad de los cristianos. Esta comunicación depende, sobre todo, de dos principios: de la significación de la unidad de la Iglesia y de la participación en los medios de la gracia. La significación de la unidad prohibe de ordinario la comunicación. La consecución de la gra-cia algunas veces la recomienda. La autoridad episcopal local ha de determinar prudente-mente el modo de obrar en concreto, atenidas las circunstancias de tiempo, lugar y personas, a no ser que la Conferencia Episcopal, a tenor de sus propios estatutos, o la Santa Sede pro-vean de otro modo" ÍJJR 8 d).
EL ECUMENISMO DOCTRINAL
1. A PESAR DE LAS D I F I C U L T A D E S LA C U E S T I Ó N DE LA V E R D A D ES I M P R E S C I N D I B L E
A . Q u é e s e l e c u m e n i s m o doctrinal
Se entiende por "ecumenismo doctrinal" aquella dimensión del movimiento ecuménico que pone todo el énfasis en los problemas de tipo doctrinal, en orden a abandonar los malen-tendidos o superar las visiones antagónicas que desde el principio de las divisiones de las Iglesias separan a los cristianos. Y en esta tarea ocupan un puesto especial los teólogos de las diferentes Iglesias que tienen no solamente un adecuado conocimiento de las cuestiones disputadas, sino que poseen un talante reconciliador e irónico.
El "ecumenismo doctrinal" es una de las dimensiones en que más se ha avanzado entre las Iglesias hasta ahora divididas. La cuestión de la verdad, tan estrechamente unida a la pro-fesión de la fe verdadera (ortodoxia), ha estado presente tanto en las raíces de las separa-ciones eclesiales -recordamos a título de ejemplo que los reformadores del siglo XVI eran en su inmensa mayoría teólogos profesionales- como está ahora mismo en los intentos de alcan-zar convergencias en lo esencial.
B. A l g u n a s c u e s t i o n e s doctrinales q u e m e r e c e n ser profundizadas o resueltas
Numerosas cuestiones doctrinales, controvertidas todavía entre las diferentes Iglesias, suscitan ahora mismo innumerables coloquios, encuentros y diálogos a diferentes niveles que permiten hablar con propiedad del "ecumenismo doctrinal". De él dependen, para la mayoría de las jerarquías, los verdaderos pasos hacia la unidad cristiana en su plenitud. Es innegable que existen otras dimensiones ecuménicas no estrictamente doctrinales y que sin resolverse difícilmente cabe esperar una eventual unión cristiana. Pero es del todo incuestionable que el diálogo doctrinal está hoy en el núcleo del movimiento ecuménico.
He aquí un breve listado de cuestiones abiertas: las relaciones entre Escritura y Tradición, que aunque se han superado numerosos puntos entre católicos y protestantes, todavía queda por explicar qué se entiende por Tradición; Justificación por la Fe, el primero de los debates entre católicos y luteranos, casi resuelto aunque quedan pendientes ciertos flecos;
apostolici-dad de la Iglesia y sucesión apostólica en el ministerio, temas que para algunas Iglesias de la
Reforma no constituyen notas esenciales; la cuestión de los sacramentos, y en especial el
sig-nificado del Bautismo y de la Eucaristía; la sacramentalidad del ministerio, y problemas afines
como son, por ejemplo, la ordenación de la mujer al presbiterado y episcopado; la cuestión
2. LA N E C E S I D A D DEL T R A B A J O S E R I O DE LOS TEÓLOGOS E C U M E N I S T A S
A. Las indicaciones del V a t i c a n o II
El Secretariado Romano para la Unidad de los Cristianos, organismo creado por Juan XXIII, fue el encargado de nombrar teólogos especialistas por parte católica para dialogar con teólogos de otras Iglesias las cuestiones que todavía separan a las Iglesias. El mismo Concilio Vaticano II ofreció algunas indicaciones que deberían ser tenidas en cuenta para que dichos diálogos fueran útiles. Recordamos dos en concreto que aparecen en el Decreto Unitatis
redin-tegratio: la correcta forma de expresar la doctrina católica y la jerarquía de verdades.
Necesidad de exponer bien la propia doctrina: "En ningún caso debe ser obstáculo para el
diálogo con los hermanos el sistema de exposición de la fe católica. Es totalmente necesario que se exponga con claridad toda la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como el falso irenismo, que pretendiera desvirtuar la pureza de la doctrina católica y oscurecer su genuino y verdadero sentido. La fe católica hay que exponerla al mismo tiempo con más profundidad y con más rectitud para que tanto por la forma como por las palabras pueda ser cabalmente comprendida también por los hermano separados" (11, a).
La jerarquía de verdades: "En el diálogo ecuménico los teólogos católicos (...), deben
pro-ceder con amor a la verdad, con caridad y con humildad. Al confrontar las doctrinas no olvi-den que hay un orolvi-den o 'jerarquía' de las verdades en la doctrina católica, por ser diversa su conexión con el fundamento de la fe cristiana..." (11, bj.
Lisa y llanamente el Concilio enseña que hay núcleos de la fe -la fe cristológica y trinita-ria- en la que los cristianos comulgan abiertamente, mientras que los desarrollos de esos núcleos han tomado caminos muy distintos sobre los que se está incidiendo en orden a supe-rar los malentendidos de sus formulaciones y en algunos casos su misma fundamentación bíblica.
B. Las Iglesias a p u e s t a n por o r g a n i s m o s e c u m é n i c o s a l t a m e n t e cualificados
La existencia de "Comisiones mixtas" compuestas por teólogos oficiales, representantes de las Iglesias divididas que han entrado en el diálogo doctrinal, es una de las más felices rea-lidades que hoy existen en el movimiento ecuménico.
Estas "Comisiones mixtas" constituyen la mejor prueba de que las comunidades cristia-nas están seriamente comprometidas en el movimiento ecuménico. A la hora de abordarse los problemas de tipo teológico deberán tenerse en cuenta al menos dos criterios que ya se han recordado: la necesidad de exponer bien la propia doctrina de fe, sin obviar las dificultades por difíciles que resulten; y la convicción de que no todas las verdades de la fe están al mismo nivel, ya que existe una jerarquía de verdades que el mismo Vaticano II reconoció abierta-mente.
Es evidente que el problema ecuménico no puede reducirse a resolver sólo cuestio-nes de tipo doctrinal. Hay cuestiones que afectan a la misma naturaleza de la fe; otras, a cuestiones de historia y sensibilidad cultural; finalmente, otras, se deben a temas modernos de ética que separan a las Iglesias de manera totalmente nueva. Ello no obsta para reafir-mar la tesis del papel imprescindible de los teólogos a la hora de esclarecer cuestiones doctrinales. Y para ello será necesario recor-dar algunas indicacio-nes del Vaticano II sobre la tarea de los teólogos, y el papel que las "Comisiones mixtas" vienen des-arrollando en este terreno.
EL ECUMENISMO DE LA BASE
1 . LOS C R I S T I A N O S D E L A BASE T A M B I É N T I E N E N U N A P A L A B R A D E C I S I -V A E N E L E C U M E N I S M O
A. Por u n a razón t e o l ó g i c a y otra de sentido c o m ú n
En una sana y rica eclesiología no cabe pensar ya sólo en las jerarquías. La Iglesia es todo el pueblo de Dios, y dentro de ese único pueblo, las distinciones se deben a los diferentes ser-vicios y oficios que cada uno desempeña; la dignidad, en cambio no viene por razón del ofi-cio, sino por razón del bautismo. Y el bautismo nos unifica a todos, por eso "radicalmente" todos los bautizados somos iguales. Todo lo que concierne a la Iglesia, pues, concierne lógi-camente a cada cristiano.
Por "ecumenismo de la base" entendemos la entrada, en el espacio ecuménico, de los lai-cos, de las parroquias, de las gentes que en una determinada terminología constituyen "la base"; y que en la terminología eclesial forman los grandes espacios del Pueblo de Dios. Si el ecumenismo puede haber dado impresión de ser un asunto de especialistas, de clérigos, de teólogos, de las jerarquías -un asunto, en definitiva "eclesiástico"-, el "ecumenismo de la base" viene a desmentir tal idea y a recuperar aquel legado de los pioneros en el que los lai-cos dieron el primer empujón a la acción ecuménica. La pregunta es obvia, ¿de qué serviría un ecumenismo protagonizado por las jerarquías, por los teólogos y peritos si no fuese tam-bién una experiencia cristiana "vivida" por todo el Pueblo de Dios?
Y es que el movimiento ecuménico no es un movimiento elitista, de minorías selectas, de sabios especialistas, es una obra del Espíritu que suscita el deseo de las Iglesias a recuperar visiblemente aquella unidad.
B. Algunas expresiones del ecumenismo de la base
Hemos optado por esta terminología -"ecumenismo de la base"- porque ella viene a devolver la idea de que todo el Pueblo de Dios y no sólo una parte, es protagonista del movi-miento ecuménico. Pero no olvidamos que se refiere también a la acción o tarea ecuménica que se realiza en un lugar determinado, desde un espacio concreto, y en unas circunstancias específicas, que no se dan quizá en otro lugar geográfico.
Las expresiones del ecumenismo lócalo de la base, aquí unimos los dos sentidos, son múl-tiples; desde aquellas con una cierta oficialidad como las "Delegaciones diocesanas de ecu-menismo", en las que debe haber laicos, y no solamente clérigos, los "Centros ecuménicos", muchas veces fundados y vitalizados por gentes que no han recibido ningún ministerio orde-nado, los pequeños grupos informales, reuniones de oración, discusiones de parroquia, gru-pos bíblicos ecuménicos, reuniones de "matrimonios mixtos" o de preparación para las Semanas de la Unidad, etc. Sin duda alguna, el ecumenismo de la base ha dado con fre-cuencia ese carácter de audacia, de "imprudencia" y de espontaneidad del que está tan nece-sitado siempre el movimiento ecuménico.
2. L O QUE D I C E N LAS M I S M A S I G L E S I A S O F I C I A L M E N T E
A. Las enseñanzas del Concilio V a t i c a n o II
"Puesto que hoy, en muchas partes del mundo, por inspiración del Espíritu Santo, se hacen muchos intentos, con la oración, la palabra y la acción para llegar a aquella plenitud de unidad que quiere Jesucristo, este Sacrosanto Concilio exhorta a todos los fieles católicos a que, reconociendo los signos de los tiempos, cooperen diligentemente en la empresa
ecumé-nica" [Unitatis redintegratio, 4)
"El empeño por el restablecimiento de la unión corresponde a la Iglesia entera, tanto a los fieles como a los pastores, a cada uno según su capacidad, ya en la vida cristiana, ya en las investigaciones teológicas e históricas. Este interés manifiesta la unión fraterna existente ya de alguna manera entre todos los cristianos y conduce a la plena y perfecta unidad, según designio de la voluntad de Dios" [Unitatis redintegratio, 5).
B. Las enseñanzas de o r g a n i s m o s d e p e n d i e n t e s de Iglesias
En la Séptima Asamblea del Consejo Ecuménico de las Iglesias, celebrada en Canberra se dijo solemnemente: "El ecumenismo es una realidad que se vive en la base, allí donde la gente vive y lucha unida".
Y años antes, en la Tercera Asamblea General del mismo Consejo, celebrada en Nueva Delhi (1961), al hablar de la descripción de la unidad se dice, entre otras cosas: "Ser uno en Cristo significa que hay que recuperar la unidad entre los cristianos en cada escuela en la que estudian, en cada fábrica u oficio en los que trabajan, y en cada congregación donde cele-bran el culto".
El Secretariado Romano por la Unidad, publica en 1975 un documento importante
titula-do: La colaboración ecuménica a nivel regional, nacional y local. En él se da mucho énfasis al
trabajo en lo local: "El ecumenismo a nivel local es un elemento básico de la situación ménica tomada en conjunto. No se trata de algo secundario o puramente derivado. El ecu-menismo a nivel local se enfrenta con necesidades específicas y con situaciones concretas, y posee sus propios recursos. Cierta parte de iniciativa le corresponde por derecho propio, y su papel es más original que el de una simple aplicación a pequeña escala de las directrices ecu-ménicas destinadas a todo el mundo" (n. 2)
Y en el mismo texto se lee: "En ciertos sitios, un número creciente de cristianos parece preferir comprometerse en una acción ecuménica local a través de grupos informales con carácter espontáneo... De ahí resultan gran número de grupos muy diversos: grupos de acción, grupos de oración, grupos de vida comunitaria, grupos de reflexión y de diálogo, gru-pos de testimonio o de evangelización" (n. 7).
De muchos modos se han expresado las Iglesias y organismos ecuménicos a la hora de resaltar la necesi-dad del trabajo hecho a niveles de la base. Sin la dimensión local de la actividad ecumé-nica todo podría que-darse en pura especu-lación. De ahí la nece-sidad de resaltar los aspectos del trabajo hecho por gentes de la base, y desde la base. Y resaltamos lo dicho en el mismo Concilio Vaticano II como en algunas Asambleas ecuméni-cas.
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EL ECUMENISMO SECOLAO
1 . C Ó M O D I V I D E N A L G U N O S A U T O R E S L A H I S T O R I A DEL E C U M E N I S M O
A. Las tres e t a p a s del e c u m e n i s m o
Algunos teólogos, entre ellos Marc Lienhardt, Per Lonning, Georges Casalis, etc., al refe-rirse a las grandes etapas del movimiento ecuménico no han dudado en enumerar tres muy claras:
En primer lugar, la era de los pioneros aquella que se inicia con la "Alianza Evangélica" 0846) y llega hasta la formación del YMCA y de la "Federación Mundial de Estudiantes Cristianos", a finales del siglo XIX. Sus protagonistas son en su mayoría laicos que militan en estos movimientos de carácter interconfesional cuya acción es un tanto marginal respecto a las jerarquías de las Iglesias.
Viene después, en segundo lugar, la etapa eclesiástica. Es el momento en que las Iglesias como tales toman la iniciativa ecuménica e inician un camino que ha dado enorme vigor a la búsqueda de la unión cristiana. Los agentes ecuménicos no son ahora cristianos aislados; se presentan como representantes de las respectivas Iglesias con toda la carga confesional. En esta fase -Edimburgo 0910), Amsterdam 0948), Roma 0962-1965)- se crean las grandes instituciones ecuménicas y se privilegia el diálogo doctrinal.
Por último -según estos autores- habríamos llegado a la etapa del ecumenismo secular.
B. C ó m o explican estos autores la razón del " e c u m e n i s m o secular".
El "ecumenismo secular" es resultado, por una parte, del estado de "callejón sin salida" en que ha quedado el "ecumenismo eclesiástico" tras las indecisiones y las prudencias de las jerarquías al no haber seguido los impulsos del Espíritu en una marcha incansablemente cre-ativa hacia la unidad.
Pero el "ecumenismo secular" se presenta también como fruto de una reflexión teológica elaborada partiendo del presupuesto de que es imposible avanzar en el diálogo entre Iglesias reproduciendo, comparando, intentando armonizar las posiciones tradicionales de las Iglesias. Sólo una hermenéutica que sea capaz de emplear el método inductivo -que parte de la his-toria concreta de nuestro tiempo y que toma la encarnación como tema central de la reflexión teológica- será capaz de reavivar un ecumenismo que se ha quedado paralizado entre los muros de las fronteras eclesiásticas.
Desde esa perspectiva G. Casalis lo define así: "El 'ecumenismo secular' es la conse-cuencia ecuménica de una teología y de una fe que ven en el compromiso total de la Iglesia con el mundo secular su punto de partida". Añade luego: "... el 'ecumenismo secular' no es tanto una moda, como una decisión fundamental".
2 . L A RESPUESTA S E R E N A DEL E C U M E N I S M O C O M O D I Á L O G O ENTRE IGLESIAS
A. El " e c u m e n i s m o s e c u l a r " c o m o desafío al e c u m e n i s m o intereclesial
Este tipo de ecumenismo no ha pasado inadvertido a los teólogos profesionales. Así el P. Congar en un artículo muy lúcido lo define como "la experiencia positiva hecha por los cris-tianos comprometidos efectivamente con otros en las actividades de liberación humana y que hacen, de este compromiso, una nueva y evangélica experiencia de su fe. El lugar de la viven-cia evangélica ya no es la Iglesia en tanto que sociedad sacral puesta aparte, sino la realidad humana o secular de la que sabemos que tiene referencia al Reino de Dios... Las Iglesias ofi-ciales... son juzgadas de querer entretener de hecho el status quo de las estructuras sociales que precisamente han de cambiarse".
El mismo Congar confesará abiertamente que el compromiso en la diaconía del mundo en nombre de la justicia es "una vía eficaz de unidad, incluso de unidad en el plano teológi-co" y admite "la referencia al Reino, que permita trascender un 'eclesiocentrismo', a condición de que no conduzca a una 'eliminación' creciente del tema de la Iglesia, en aquellos que hablan de una época post-eclesial".
B. El e c u m e n i s m o intereclesial no olvida los g r a n d e s p r o b l e m a s de la sociedad
Habría que añadir por razón a la verdad que la preocupación por la acción social, por el diálogo con el mundo e incluso por la cooperación por un mundo más justo -demandas del "ecumenismo secular"- han sido preocupaciones también del llamado "ecumenismo intere-clesial". Habría que recordar, por ejemplo, la tarea de aquel profeta llamado Nathan Sóderblom -iniciador del Movimiento "Vida y Acción"- para reconocer que la "acción conjunta" de los cristianos como servicio al mundo ha estado presente también a lo largo de la historia ecu-ménica, incluso cuando ha tenido desarrollos demasiado institucionalizados.
¿Qué decir respecto al "ecumenismo secular" del que hablaron hace años Georges Casalis, el obispo luterano de Noruega Per Lonning, y otros? La palabra que cabe decir es que ahora mismo -iniciado el nuevo milenio- coexisten, sin encontrar siempre una clara interrela-ción, dos tendencias evidentes: el "ecumenismo intereclesial" que prosigue a un ritmo algo lento sus diálogos teológicos y doctrinales reforzando fuertemente las identidades confesio-nales, y el "ecumenismo secular", que en sus expresiones más nobles trabaja en la perspecti-va de la justicia, de la paz, de la ecología, y sobre todo en comunión con las demandas de los cristianos de países más pobres expresadas en las diferentes "teologías de la liberación" y en colectivos como la "Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo".
OTROS M I S M O S
1 . E L D I Á L O G O I N T E R R E L I G I O S O O M A C R O E C U M E N I S M O
A. ¿En q u é consiste el diálogo interreligioso?
Se ha analizado ya el diálogo ecuménico entre cristianos. Pero el término "ecumenismo" tiene una ulterior acepción que hace referencia al diálogo entre las grandes religiones del mundo. Algunos han llamado a este ecumenismo, "macroecumenismo", y su referencia es el "diálogo interreligioso".
En una sociedad plural, y en un mundo que es ya denominado como "aldea planetaria" parece normal que hombres y mujeres de diferentes culturas y credos se encuentren y con-vivan. Es un hecho que las religiones abandonaron hace tiempo sus "espléndidos aislamien-tos" y sus ofertas religiosas se dirijan a todos los rincones del planeta. Pero no siempre el encuentro entre culturas y religiones han tomado caminos pacíficos. La historia está llena de tristes lecciones de intransigencia, fanatismo religioso y "guerras de religión". Alguien ha hablado ya del posible "choque de civilizaciones" (S.P. Huntington).
La novedad que hoy se vislumbra es el afortunado intento de encuentro pacífico y amis-toso de las grandes religiones y que tiene ya una cierta historia. Comenzó con la celebración del Parlamento de las Religiones en Chicago [1893) y se ha continuado en Chicago 0993), Ciudad del Cabo 0999) y Barcelona (2004).
El diálogo interreligioso tiene varios niveles: el nivel de los estudiosos y expertos; el nivel de las jerarquías religiosas, y el nivel del diálogo y del encuentro de la vida. No son excluyen-tes. Los tres buscan -y esto es importante recordarlo- el respeto, el enriquecimiento mutuo y la construcción de un mundo más humano. En absoluto se intenta una fusión de religiones en la que cada una habría perdido su propia identidad.
B. I m p o r t a n c i a d e l diálogo interreligioso
El diálogo interreligioso no sólo es importante, sino que es urgente. Ante las dificultades que supone el encuentro de culturas y religiones cuyo desenlace podría ser caótico, el profe-sor H. Küng formuló una tesis en 1990: "No hay supervivencia sin una ética mundial, no hay paz mundial sin paz religiosa, no hay paz religiosa sin diálogo entre religiones".
Y Raimon Panikkar, reconociendo que buena parte de la historia del encuentro de las reli-giones se ha desenvuelto entre dos alternativas: o se conquista al otro para hacerlo de los nuestros y como nosotros somos; o se defiende de los otros, rechazándolo y anulándolo; pro-pone una tercera alternativa: acercarse al otro, no para conquistarlo, no para defenderse de él, sino para enriquecernos mutuamente, en nuestra diversidad, que es requisito necesario para una verdadera comunión en la Oikoumene salida de las manos del mismo Dios.
2. EL DIÁLOGO E C U M É N I C O Y EL D I Á L O G O I N T E R R E L I G I O S O
A. Coincidencias
Las coincidencias entre ambos diálogos radican primeramente en la noción misma de diá-logo. Tanto en el ecuménico como en el interreligioso se necesita una actitud abierta -el inten-to positivo de querer relacionarse con el interlocuinten-tor-, es decir, el talante de querer acercar-se al otro; y el uso del método dialogal que rechaza por principio cualquier tipo de monólogo. Implica consecuentemente la salvaguarda de la propia identidad -sin lo cual es imposible el diálogo-, pero a la vez supone el abrirse al diferente, ofreciendo acogida y confianza.
Coinciden ambos tipo de diálogo también en el uso del diálogo mismo. No se emplea nunca para vencer, triunfar o incluso para convertir al otro, viendo en el otro al interlocutor, no al enemigo o adversario.
Y, finalmente, en ambos diálogos deben aparecer varias condiciones mínimas: el saber colocarse en plano de igualdad [cualquier pretensión de superioridad por parte de un inter-locutor podría arruinar el diálogo); la convicción de que el mundo espiritual del otro puede enriquecernos (reconocimiento, por tanto, de que su mundo espiritual es portador de valores salvíficos); la aceptación de la diversidad como condición no como obstáculo; y, por último, exclusión de cualquier forma de proselitismo que pretendiese usar el diálogo como tapadera para obtener fines inconfesables.
B. Diferencias
Las diferencias estriban tanto en la finalidad como en las mediaciones para obtenerlas. La finalidad del diálogo ecuménico es la plena comunión de las Iglesias divididas actual-mente. Llegar a cumplir la voluntad de Cristo de que todos sus discípulos sean uno. Creyentes todos en Jesús, los cristianos lo confiesan como el hijo de Dios y el hijo de María, verdadero Dios y verdadero hombre. Sintiéndose ya unidos por lazos muy fuertes, aunque todavía imper-fectamente desde el punto de vista eclesiológico, buscan la plena unidad eclesial, aun sabe-dores que se mantendrán las ricas diversidades eclesiales.
La finalidad del diálogo interreligioso nunca podría pretender la formación de una sola religión mundial. Tras el diálogo cada una mantendrá sus propias creencias y convicciones, sus tradiciones multiseculares y sus culturas. En plan positivo cabría afirmar que con este tipo de diálogo se pretende no sólo conocer, apreciar y respetar las otras experiencias religiosas, sino cooperar junto a las otras religiones en la solución de los grandes problemas de la huma-nidad: paz, justicia, ecología, entendimiento entre los pueblos, etc.
La metodología en este diálogo interreligioso no puede partir, como en el diálogo ecumé-nico en una visión común de lo divino-humano centrada en el hombre Jesús de Nazaret, sino que tendrá que recurrir al horizonte teocéntrico, que reagrupa a los creyentes en la trascen-dencia. Incluso en este aspecto deberán dilucidarse muchas cuestiones para ponerse de acuerdo en la idea de trascendencia.
Ficha
en en
LA VOLUNTAD DE JESÚS
1 . Q U E T O D O S S E A N U N O "...Como tú me has enviado al mundo, yo también los he envia-do al munenvia-do. Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santifi-cados en la verdad. No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos -*que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre en mí y yo en ti, que ellostambién sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado..." (Jn 17,
18-21)
A. El d e s e o de Jesús....
La oración sacerdotal de Jesús narrada por el evangelista Juan constituye, sin duda, el texto de referencia del movimiento ecuménico. En él se expresa, quizás con más claridad que en ningún otro pasaje neotestamentario, el deseo expreso de Jesús: que sus discípulos se mantengan unidos y en comunión. Y no con cualquier unidad, sino con una unidad como la que existe entre el Padre y Jesús.
Deseo de Jesús que, como afirma el cardenal Decourtray, se torna exigencia para sus dis-cípulos: "El ecumenismo es una exigencia del Evangelio, radical, absoluta. Viene de Dios que quiere reunir en la unidad a sus hijos dispersados. Esta exigencia constituye hoy una priori-dad porque en nuestro siglo constituye una llamada (...J El ecumenismo es una llamada. No se trata únicamente de encuentros fraternales para dar gracias a Dios. Tampoco de una acción social común entre hermanos que se saben divididos en lo esencial. Ni adelantar un debate de ideas, por muy necesario que sea, sobre interpretaciones divergentes. Menos aún la búsqueda de un acuerdo sobre una posición común mínima. Sino una llamada del Espíritu de la Verdad".
B. ...frente a la realidad de u n a Iglesia dividida
La situación actual dista mucho, sin embargo, de parecerse a aquel hermoso deseo de Jesús. La realidad es que, hoy, los cristianos nacemos en Iglesias separadas. Y, como afirma-ba Congar, "el problema, al mismo tiempo que el escándalo, nace cuando se colocan estos hechos frente a la voluntad del Señor, expresada en su última oración y afirmada por toda la tradición cristiana".
Ante esta realidad, los cristianos hoy se ven confrontados con la necesidad de mantener una doble fidelidad, sin la cual no cabe auténtico ecumenismo. Fidelidad, en primer lugar, a la voluntad de Jesús, que nos llama a ser 'uno' por encima de toda división. Pero fidelidad tam-bién a la propia tradición eclesial, de la cual hemos recibido la fe porque, como decía tamtam-bién Congar, uno no es cristiano a pesar de ser ortodoxo, católico o luterano, sino precisamente, por pertenecer a esas tradiciones.
En el diálogo ecuménico no cabe, por tanto, renunciar a lo que se considera verdadero en la propia Iglesia. Se exige, por el contrario, fidelidad a la verdad confesional porque "la solu-ción de provenir no es salirse de su propia Iglesia para juntarse a la que más le guste a uno o una, o para crear una especie de secta ecuménica con los más ecuménicos, sino tomar en serio la Iglesia en la cual una ha sido bautizada o uno ha sido bautizado, y hacerla avanzar hacia la unidad" (T- Buss).
Pero tampoco cabe renunciar a la voluntad de Jesús, que se impone a su Iglesia como tarea. Ahí, en el mantenimiento de esa doble fidelidad, reside precisamente la dificultad, pero también la grandeza del movimiento ecuménico.