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Liderazgo Influyente - Pedro Fuentes

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LIDERAZGO

INFLUYENTE

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Liderazgo influyente: dilemas que todo líder debe enfrentar. - 1a ed.

Buenos Aires : Sembrar Ediciones Cristianas, 2011. 128 p. ; 20x14 cm.

ISBN 978-987-24864-5-7 1. Liderazgo Cristiano. I. Título. CDD 262.1

Fecha de catalogación: 19/09/2011

© 2011 Pedro Fuentes

Todos los derechos reservados. Prohibida la reproducción parcial o total de esta obra sin autorización previa de los editores.

Editorial

Sembrar Ediciones Cristianas

www.sembrarediciones.com.ar Impreso en Argentina

Diseño de cubierta e interior: Lucas Fuentes www.lucasfuentes.com

Impreso en Octubre de 2011 por Grancharoff impresores

Tapalqué 5868, Ciudad Autónoma de Buenos Aires [email protected]

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Dedicado a la memoria de:

Don José Bongarrá, un líder indiscutido. Don Agusto Todó, un enseñador magistral. Don José Ciccone, un amoroso pastor .

Y de Harry Winter, un amigo y líder de influencia. Y a quien merece toda la honra y el honor, Jesucristo, nuestro Dios y Señor.

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Índice

.00 Prólogo

.01 Influencia en el Liderazgo

.02 Condición de Jesús para liderar

.03 Condición de la gente para liderar

.04 Poder o Autoridad

.05 Impactar o Influenciar

.06 Mandar o Gobernar

.07 Proyectos o Personas

.08 Fama o Prestigio

.09 Entusiasmar o Motivar

.10 Discurso o Modelo

.11 Carisma o Integridad

.12 Líderes Influyentes

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Hablar de liderazgo en nuestro contexto no es fácil. El término se puso de moda en la década del ’50 para designar a los dirigentes pro-letarios y sindicales. Era un anglicismo que importamos innecesaria-mente porque en nuestro idioma castellano tenemos términos como dirigente, jefe, cabeza, conductor y tantos otros que podían reempla-zarlo con mayor precisión pero el uso constante obligó a la Real Aca-demia Española a aceptar su castellanización e incluirlo en la edición de 1970 de su diccionario con la acepción: Persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora.

Desde allí el vocablo se transformó en un comodín con el cual se de-signa indistintamente al cabecilla de una banda de delincuentes, al militante de un movimiento de derechos humanos, al caudillo auto-ritario o al dirigente democrático. Esta utilización indiscriminada lo convierte en ambiguo y la palabra “líder”, en nuestra hablar diario, se halla desprendida del concepto de servicio.

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El gran vacío ético en el cual nos debatimos le dio una peligrosa au-tonomía y el liderazgo se transformó en la meta de quienes codician poder y fama.

Por eso es importante el enfoque que Pedro Fuentes hace en Lide-razgo Influyente, porque parte del vocablo de moda pero lo encuadra en las Sagradas Escrituras donde los hombres llamados por el Señor siempre están sujetos a su autoridad y ejercen un ministerio eficaz cuando se subordinan a la voluntad divina convirtiendo su liderazgo en una forma de servicio.

Muy interesante es la perspectiva con que el autor, luego de analizar las condiciones que Jesús puso para servirle, presenta una serie de antinomias valorando cada uno de los términos en su justa acepción y mostrando cómo se complementan o excluyen.

La influencia del líder, un tema central muchas veces postergado, está presente en el primer y último capítulo. Al concluir, en forma magistral, Fuentes cede imaginariamente la palabra a Josué, el lí-der de la conquista, quien refiere la influencia que tuvo en su vida el ejemplo de Moisés. El libro finaliza permitiéndonos conocer una tierna carta personal del escritor en la que expresa su admiración por un siervo de Dios que dejó huellas en su vida.

Cada libro sale de la esperanzada pluma del autor buscando al lector que sepa valorarlo. Esperamos que Liderazgo Influyente de Pedro Fuentes encuentre la acogida que merece no solo por el esfuerzo de su autor sino sobre todo por su edificante contenido.

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LIDERAZGO

INFLUYENTE

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¿Es posible ejercer el liderazgo sin tener ninguna influencia sobre la gente que lideramos? Lamentablemente la respuesta es sí. Porque muchas personas están ubicadas en posiciones de liderazgo (algunas de ellas sin siquiera desearlo), pero no son líderes, no tienen carácter ni dones para hacerlo y como consecuencia no pueden ni quieren ejercer influencia. Esta es una triste realidad que viven muchas or-ganizaciones, ministerios e iglesias. Tienen “autoridades” formales, legalmente bien constituidas, pero con un vacío de liderazgo real y una escasez absoluta de influencia. Las consecuencias son tristes y en algunos casos trágicas.

Para entender qué es un liderazgo que consigue buenos resultados debemos reflexionar sobre la influencia y la manera de ejercerla, por-que liderazgo es influencia. ¿Qué es entonces influencia?

Por influencia se entiende la conquista de la confianza de la gente para que esta realice, voluntariamente, acciones que el líder sugiere.

Capítulo 1

INFLUENCIA

EN EL LIDERAZGO

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Raúl Zaldivar nos dice que: “La influencia es el poder que un líder ejerce sobre otra persona para modificar su conducta en su afán de conseguir el éxito de una empresa”.

Cuando las personas actúan por obligación, temor o sometidas a ma-nipulación, no podemos hablar de un liderazgo bíblico, porque Dios no puso líderes en su obra para que actuaran de esta manera.

La influencia que se ejerce en otras personas es en realidad el éxito del buen liderazgo. Si repasamos la vida de los grandes líderes de la Biblia nos daremos cuenta que fueron personas de gran influencia, que lograron que otros los siguieran e imitaran sus conductas. La pregunta que surge inmediatamente es: ¿Qué hace que un líder sea influyente? Las respuestas pueden ser muchas, aunque no todas nos hablarán de una influencia duradera y con criterio espiritual, es decir, una influencia en la que Dios apruebe sus métodos.

Influencia por carisma

Una de las razones por las que un líder ejerce influencia es por su carisma; esta es una cualidad importante en el liderazgo, pero no la única. Los líderes con carisma ejercen un atractivo muy fuerte sobre las personas. Alguien comentaba, refiriéndose a un líder con esta ca-racterística lo siguiente: “Tiene como un imán en su personalidad, donde va siempre está rodeado de personas”. Esto realmente es ad-mirable y hasta envidiado por muchos, pero si esta característica no está acompañada por una conducta consecuente entre lo que dice y lo que hace, su atractivo durará poco.

Influencia por conocimiento

Otra razón por la que un líder ejerce influencia puede ser su gran conocimiento y preparación, suele ser muy valorado en la mayoría de las organizaciones e inclusive dentro de las iglesias. El conocimiento genera en la mayoría de las personas un gran atractivo, pero se

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re-quiere que esa teoría bien sabida tenga su correlato con la capacidad de aplicarla en la práctica es decir, en la realidad cotidiana.

Influencia por capacidad de comunicación

Una tercera razón por la que un líder ejerce influencia puede ser por su gran capacidad de comunicación, los grandes oradores de la histo-ria fueron líderes reconocidos y seguidos por miles. Esta característica que suelen tener los líderes atrae y despierta un enamoramiento difí-cil de explicar que arrastra a multitudes detrás de sí. Pero tampoco es suficiente para lograr influencia permanente en los liderados.

La influencia puede ser positiva o negativa, dependerá de cómo es la personalidad del líder. Hay un ejemplo muy interesante en el Anti-guo Testamento que ilustra la forma como las personas pueden ser influenciadas. Es el caso de los doce espías que fueron enviados por Moisés a inspeccionar la tierra de Canaán. Todos ellos ocupaban car-gos jerárquicos en el equipo del gran legislador, pero solo dos ejercie-ron influencia positiva en el pueblo. Los diez restantes contagiaejercie-ron a casi toda la comunidad con su incredulidad y su desconfianza, tan grande fue que el ánimo de todo el pueblo decayó y pusieron en ries-go el proyecto de conquista. Esta fue una influencia negativa.

Hay algunas características que son comunes a los líderes que logran influenciar positivamente en sus liderados, mencionaremos algunas: SABEN ESCUCHAR

Escuchar significa dar un espacio al otro para que se exprese con libertad. Escuchar es hacer sentir importante al otro y no significa necesariamente estar de acuerdo con lo que dice. Escuchar es hacer lo que hacía Jesús con sus seguidores. Su modelo es extraordinario mos-trando cómo escuchar a las personas. Quiero mencionarte un ejemplo de su forma de hacerlo:

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“Jesús les preguntó: ¿De qué están hablando por el camino? Los dos hombres se detuvieron; sus caras se veían tristes.” Lucas 24:17

Vivimos en una sociedad y en una época en donde nadie quiere dedi-car tiempo para escuchar al otro, todos estamos corriendo, atendiendo nuestros asuntos. Lo nuestro parece ser tan importante que no pode-mos detenernos a escuchar a los demás, no nos queda tiempo para pensar en nadie más que en nosotros.

En el relato que estoy citando de Lucas 24:13-35, podemos ver que, aunque Jesús conocía perfectamente a sus discípulos y sabía muy bien lo que estaban viviendo en ese momento, dedicó un tiempo a escu-charlos. Él conocía de la confusión mental en la que se encontraban como grupo, del estado de ánimo por el que atravesaban y cuánta tristeza los embargaba. De todas maneras cuando se acercó a dos de sus discípulos en el camino a Emaús quiso oírles hablar, dedicándoles un tiempo para preguntarles y dejarlos expresarse.

Los dejó hablar. Dejar hablar al otro es saber guardar silencio, es escu-char con atención, es permitirle expresarse con sus propias palabras. ¡Cuánto nos cuesta hacerlo! Pero Jesús dedicó el tiempo necesario para permitir que estas personas se expresaran. Les dio lugar para contar su versión de la realidad, que además era la versión “verdade-ra” para ellos. Una versión teñida de tristeza y muy parcial, ya que no habían tomado en cuenta ni la profecía sobre el Mesías, repetida tantas veces por el Señor, ni la tumba que ya estaba vacía. Jesús esperó hasta que ellos terminaran su relato. Sabía escuchar.

Los dejó expresar sus sentimientos. La desilusión y la carga de frus-tración que estaban viviendo no los dejaba en paz. La tristeza llenaba sus corazones y no podían ver otra cosa que un cielo muy oscuro y un camino lleno de sombras. En ocasiones, cuando nos encontramos con personas tristes, solemos llenarlos de palabras y de historias que nos

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sucedieron a nosotros, de modo que hacemos que la persona cierre su corazón y no logre sacar su tristeza de adentro. No fue esto lo que hizo Jesús. Él sí los dejó manifestar su estado de ánimo preguntándo-les: ¿Por qué están tristes? Si dedicamos tiempo a escuchar a nuestros liderados nos habremos ganado su confianza y podremos ejercer in-fluencia real en sus vidas.

SON MODELOS DE VIDA

Las personas que nos siguen no lo harán por el atractivo de nuestro discurso, sino por el ejemplo de vida que les demos. Ellos harán lo que nosotros hacemos, no lo que les decimos. Jesús sabía perfectamente esta exigencia de la gente que lo seguía y por eso les declaró: “Porque

el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” Marcos 10:45

Jesús es único como modelo de entrega y dedicación a los intereses y necesidades de los demás. En cada acto de su vida estaba dejando un ejemplo para que podamos tomar como modelo en el estilo de liderazgo.

El Maestro les da una gran lección a sus discípulos acerca de la es-trecha relación que hay entre liderazgo y servicio. El concepto de liderazgo para los seguidores de Jesús no debe ser como en el sistema de este mundo. Los parámetros son totalmente distintos porque la economía de Dios es distinta a la nuestra. Bajo el criterio del mundo, la grandeza del liderazgo está directamente relacionada con el poder, mientras que en el reino de Dios, la grandeza está relacionada con el servicio. El mayor entre los seguidores de Jesús es el número uno en servir a los demás, es eso lo que habilita a una persona para el liderazgo.

La búsqueda de mayor liderazgo no está mal. Jesús lo dio como algo natural al declarar: “El que quiera hacerse grande entre vosotros…”.

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No tiene nada de malo tener ese deseo. Lo que sucede es que debe cumplirse la condición para lograrlo: “… será vuestro servidor”. Realmente pocos son los que están dispuestos a vivir como Jesús vivió. Jesús marcó otra diferencia. Mientras aquí abajo una persona es im-portante en la medida en que mayor cantidad de personas estén bajo su mando, en su reino una persona será importante y tendrá un gran liderazgo en la medida en que esté sirviendo a mayor cantidad de personas.

La mejor manera de influenciar a otros es con el modelo de vida que presentamos para que los liderados imiten. Nunca debiéramos pedir nada que nosotros no estemos dispuesto a realizar.

GENERAN CONFIANZA

La confianza siempre es recíproca y la forma de relacionarnos sana-mente es a través de la confianza que nos concedemos unos a otros. Cuando el que lidera no confía realmente en sus liderados difícilmen-te podrá influenciar en otros, porque ellos tampoco confiarán en él. La forma de mostrar que confiamos en las personas es creer a su pala-bra, es no reprochar cuando se equivocan, sino ayudarles a reflexionar sobre lo ocurrido. Es señalar sus virtudes en lugar de sus defectos, es hacerles ver los dones que poseen y lo útil que son cuando los ponen en práctica. Es ayudarles a elevar su autoestima. Es confiarles tareas importantes y dejarlos que las realicen a su manera. Es reconocer su tarea públicamente y agradecerles por lo realizado. Es pedirles opi-nión en relación a decisiones que debemos tomar, es hacerlos parte del proyecto y de las acciones que realizamos.

La confianza genera una serie de consecuencias extraordinarias para mantener una relación sana entre líderes y liderados, potenciando a ambos para mejorar la capacidad de trabajo. Cuando confiamos en las personas les estamos diciendo que valoramos sus capacidades, sus talentos y sus posibilidades dentro del equipo. Aprender a depositar

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confianza abre nuevas posibilidades y expande el concepto que los integrantes tienen de sí mismos.

Cuando una persona vive desconfiando de sus líderes, no se sentirá seguro y su producción será menor que la de quien se siente confiado. Por ello debemos aprender a confiar y a generar confianza en nuestro liderazgo.

AMAN A SUS LIDERADOS

Nada cautiva más a una persona que sentirse amado. Dios nos ha creado con dos grandes necesidades: ser amados y tener alguien a quien amar. Si realmente queremos influenciar a las personas que es-tamos liderando debemos aprender a amarlas de verdad. El amor no es solo un hermoso sentimiento, sino que debemos entenderlo como lo enseña la Biblia: “De tal manera amó Dios al mundo que dio a su

Hijo…” Cuando decimos que amamos a alguien debemos mostrarlo con nuestra conducta. Debemos expresarlo con nuestro interés en lo que la persona amada necesita, desea y la hace feliz.

Los líderes que aman a sus liderados se preocupan por ellos, no solo conocen lo que hacen, sino que se preocupan en conocer cómo viven, cuál es su situación familiar, cómo es su historia, qué expectativas tienen, qué proyectos personales y familiares los desafían. Cuando un líder muestra interés verdadero y se preocupa en suplir la necesidad de su liderado, está mostrando que ama de verdad, esto no se olvida fácilmente.

DAN LIBERTAD

Dios nos ha creado en libertad y para vivir en libertad y nadie tiene derecho a cercenarla de ninguna manera. La libertad es la capacidad que Dios nos ha dado de poder pensar libremente, sentir libremente y decidir libremente. Lo único que debe respetarse a la hora de pen-sar, sentir y decidir es lo que piensa, siente y decide Dios, expresado en su Palabra.

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Cuando las personas se sienten en libertad funcionan mejor, produ-cen más, viven seguras y confiadas. En todo equipo se percibe con facilidad el nivel de libertad con el que se mueve.

Una persona se maneja con libertad cundo no tiene miedo de expre-sar su opinión, cuando puede preguntar y pedir explicación sobre las razones por las que se ha tomado alguna decisión.

Cuando alguien se siente obligado, presionado o manipulado no acep-tará ser influenciado y sentirá un rechazo hacia su líder.

SE MUESTRAN TAL COMO SON

Una de las cosas que genera mayor influencia en los liderados es la autenticidad. Cuando la gente puede verte tal como sos, sin careta, sin sobreactuación, enfrentando situaciones con naturalidad, tendrás mejor repercusión que haciendo una puesta en escena, exagerando y dando mayor relevancia de la que tiene. Porque al común de la gente le interesa tener líderes auténticos y no actores.

Hay un ejemplo en el Nuevo Testamento que ilustra cómo los líderes pueden ser tentados a simular una posición, sin medir los riesgos que esto genera para su liderazgo:

“Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación par-ticipaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.” Gálatas 2:11-13

Pablo confronta a Pedro por la conducta incorrecta que está mostran-do. Comía con los gentiles, pero con la llegada de los judíos de Jeru-salén se apartó de ellos para no ser criticado o mal mirado por los

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creyentes legalistas de Jerusalén. Pablo juzgó esta simulación como una conducta hipócrita, esta forma de actuar de Pedro arrastró a otros creyentes, entre ellos a Bernabé.

Pablo reprendió públicamente a Pedro haciéndole tomar conciencia de su falta. Es importante que vivamos atentos a nuestra conducta para no caer en la trampa en la que cayó el gran apóstol Pedro. Posi-blemente comenzó creyendo que no alteraba ningún principio cuan-do comía con los gentiles, pero luego frente a los prejuiciosos de los creyentes de Jerusalén fue vencido por el miedo a ser mal visto por estos. Fue vencido por la actitud legalista de aquellos que tenían su mirada puesta en la formalidad y la tradición por encima del princi-pio del amor al prójimo y a los hermanos.

Es importante tener presente que una inconducta nuestra puede lle-var a otros a imitarnos y con ello desviar a quien estaba caminando rectamente. La influencia que ejercen los líderes sobre sus liderados es casi siempre algo natural. Aun cuando el líder no se proponga ser modelo ni el liderado imitar concientemente, de todas maneras siem-pre hay imitación.

Pablo identificó esta mala forma de proceder de Pedro no solo como una manera equivocada de actuar, sino también como un mal mo-delo de liderazgo que impediría a los creyentes de Antioquía dejarse influenciar por sus líderes. Antes de este suceso, Pedro comía con los creyentes gentiles como uno más de ellos, luego asumió que era un creyente judío que no se mezclaba con los demás. Esto alejaba a Pedro de los liderados, y la influencia se ejerce desde la cercanía.

El dueño de una prestigiosa editorial le dijo a uno de sus escritores: “tus libros son muy apreciados y leídos porque la gente se ve identifi-cada con vos, te ve como una persona auténtica y siente que eres uno de ellos diciendo lo que piensan y quisieran decir.”

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21 SON IGUALES PERO DISTINTOS

Los líderes de influencia son personas muy identificadas con sus lide-rados, por ello decimos que son iguales, porque viven las mismas ex-periencias, actúan en el mismo medio y enfrentan las mismas adver-sidades. Lo que les hace ser distintos es la forma de enfrentar la vida. El famoso deportista Manu Ginobili es considerado el jugador ar-gentino de básquet más importante de todos los tiempos. Juega ac-tualmente en San Antonio Spurs de la NBA. Fue campeón en las Olimpiadas de Básquet de 2004 con la Selección Argentina y está considerado entre los 24 mejores jugadores de la NBA. En un video publicado por Ingrid Toppelberg, Manu cuenta cómo llegó a ser un jugador distinto a los demás y por ello un hombre de tanta influencia en el básquet a nivel mundial. Quiero transcribirte sus conclusiones:

1. Ponerse un objetivo y no dejarse distraer. Buscarlo, identificarlo y hacer todo lo posible a tu alcance para conseguirlo.

2. Saber qué pasa a tu alrededor, qué necesita tu equipo. Identificarlo y ser capaz de proveerlo.

3. Saber relegar tu lucimiento personal para que tu equipo gane. 4. Disfrutar de jugar con tus compañeros. No estar siempre pendien-te de lo que hacés vos, sino disfrutar los triunfos de los demás. 5. Entender tus limitaciones. Hay simplemente momentos donde no se puede todo.

Manu Ginobili concluía diciendo:“Solo los que reúnen los 5 talentos son los que marcan la diferencia, no se queden con la sensación de que el talento es solo hacer la jugada linda, porque no lo es.”

Cuando Jesús estaba enseñando la forma en que sus seguidores de-bían orar, les deja una oración modelo. Con el Padre Nuestro les es-taba enseñando más que a orar. Les eses-taba enseñando cómo debían vivir. Antes de dejarles la conocida oración modelo, les advirtió como

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futuros líderes de la campaña evangelizadora más grande de todos los tiempos, que debían cuidarse de ser distintos a los líderes religiosos de su época, y les dijo: “No os hagáis semejantes a ellos.” Mateo 6:8. Liderar exige ser distintos, enfrentar la vida de manera diferente, asumir conductas que suelen ir contra la corriente y estar dispuestos a pagar el precio de no ir con la manada. Solo así se podrá ejercer verdadera influencia en los liderados.

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¿Qué características deben tener los líderes? Esta es una cuestión de grandes discusiones que lleva a la mayoría a poner altos estándares para quienes se postulan.

Cuando pensamos en reconocer nuevos líderes indiscutiblemente re-gresamos a la lista de requisitos que nos deja el apóstol San Pablo en su primera carta a Timoteo, en el capítulo 2. En ella señala una serie de condiciones muy puntuales sobre el perfil que deben reunir quie-nes deseen formar parte del liderazgo en la iglesia.

Si buscamos las condiciones del liderazgo en el discurso de Jesús estas no son tantas, en realidad creo que el Maestro las resumió en una sola. Y esta condición se la presentó al hombre que lideraría el naci-miento de su Iglesia. Pedro fue indiscutido y reconocido líder de la primera iglesia de Jerusalén, una congregación que a poco de comen-zar llegó a contar con más de ocho mil miembros. Leamos juntos el relato de Juan 21:15-17.

Capítulo 2

CONDICIÓN DE JESÚS

PARA LIDERAR

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“Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: ‘Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?’ Él le respondió: ‘Sí, Señor, tú sabes que te quiero’. Jesús le dijo: ‘Apacienta mis corderos’. Le volvió a decir por segunda vez: ‘Simón, hijo de Juan, ¿me amas?’ Él le respondió: ‘Sí, Señor, sabes que te quiero’. Jesús le dijo: ‘Apacienta mis ovejas’. Le preguntó por tercera vez: ‘Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?’ Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: ‘Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero’. Jesús le dijo: ‘Apacienta mis ovejas.’ ”

¿Me amas?

Las personas pueden cumplir las condiciones de conducta, tener bue-nos hábitos, buena preparación, una gran experiencia y no necesa-riamente estar en condiciones de liderar personas y mucho menos liderar a los seguidores de Jesús.

Cuando se contrata nuevo personal en una empresa se pide que pre-senten un currículum. Esto permite tener una primera aproximación para saber quién es la persona y si cumple con las acreditaciones co-rrespondientes que exige el cargo al que aspira. Jesús no le pidió a Pedro su currículum, no le solicitó sus títulos académicos (no estoy sugiriendo que no sean importantes), tampoco le solicitó una cons-tancia de sus antiguos puestos de trabajo. Es interesante que solo le pidió que le contestara una pregunta: ¿Me amas? Esta pregunta se la repitió tres veces. ¿Por qué insistió Jesús en preguntar tantas veces lo mismo? Jesús sabía que de la respuesta que Pedro diera a esta pregun-ta dependería el éxito de su liderazgo.

La única condición que puso el Maestro, que habilita a una persona para acceder al liderazgo, es si ama verdaderamente a su Señor. Esto no significa de ninguna manera, ni sugiere, que la persona no deba tener carácter, ser disciplinada, tener los dones que correspondan, o la preparación permanente que implica ejercer el liderazgo. Lo que está haciendo Jesús con esta pregunta única y definitiva es poner en

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la perspectiva correcta el fundamento del liderazgo cristiano. Es muy importante que lo tengamos claro. El liderazgo debe estar basado y sostenido por el amor al Señor. Todo lo demás es importante pero se-cundario. Siempre para Dios el amor es lo más importante, lo central, lo prioritario. “Si no tengo amor nada soy” y podríamos decir: “Si no

tengo amor nada soy en el liderazgo”.

¿Por que es importante el amor en el liderazgo? Porque sólo quienes aman verdaderamente al Señor podrán liderar, porque liderar es ser-vir, y servir es brindarse, es dar y darse. Pablo lo explica con mucha claridad cuando dice en 2ª Corintios 12:15: “Y yo con el mayor placer

gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vues-tras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.”

Cuando una persona ama realmente es capaz de entregarlo todo y no le importa otra cosa sino hacer todo lo que pueda, y mucho más, para lograr que los demás sean felices, se desarrollen y en el camino disfruten del proceso. Un líder que ama verdaderamente a su gente podrá influenciar en ellos porque lo único que conquista el corazón de las personas es el amor. Esto es lo que hizo Jesús con nosotros y por eso le seguimos. Luego de conquistar el corazón se conquista la voluntad. Enrique Rojas expresa: “La voluntad es el cauce por donde se afirman los objetivos, los propósitos y las mejores esperanzas, y sus dos ingredientes más importantes para ponerla en marcha son la motivación y la ilusión. ( Prólogo a “La conquista de la voluntad”, Enrique Rojas).

Solo un líder que ame al Señor estará en condiciones de motivar y generar verdadera ilusión en sus liderados. Por eso era importante oír de los labios de Pedro decir: “Tú sabes que te amo”.

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27 ¿Me amas más que éstos?

La pregunta completa para Pedro no era si lo amaba solamente, la pregunta era: ¿me amas más que estos? Un líder debe amar a su Se-ñor más que los liderados. No es posible pretender guiar a los demás a amar a Dios si nosotros no lo amamos por sobre todas las cosas. Si Jesús no es lo más importante en mi vida, nunca podré llevar a otros a que lo amen. Nunca llevamos a nadie más allá de donde nosotros llegamos. Tus liderados te estarán siguiendo y si tu techo es bajo, si tu visión es pobre y tu amor es poco para Jesús, nunca lograrás influen-ciar demasiado en ellos.

¿Qué significa amarle más que los demás? Significa estar dispuesto a dar más que los demás y a recibir menos, a sufrir más y disfrutar menos, a brindar todo y no esperar nada. Significa hacer la tarea me-nos deseada y a renunciar a los privilegios. Significa llegar primero y retirarse último, felicitar a todos y estar dispuesto a recibir críticas. Apacienta mis ovejas

Una de las grandes confusiones en las que podemos caer es pensar que somos líderes de proyectos, programas, eventos u organizaciones. Esto en realidad lo hacen los administradores, los gerentes, los que tienen capacidad de gestionar, y no necesariamente son personas que estén liderando ni ejerciendo ningún tipo de influencia en las perso-nas. Hablaremos en otro capítulo de la diferencia entre desarrollar proyectos y desarrollar personas, ahora solo mencionaremos el tema. Jesús estaba pensando en la tarea más importante que el apóstol de-bía desarrollar en su ministerio: cuidar las ovejas del Señor, es decir, ocuparse de las personas.

Por esta razón el amor es prioritario en la tarea de cuidar personas, porque solo lo hacen con pasión aquellos que aman verdaderamente. Cuando alguien ama a Dios, tiene una sola manera de expresarlo y esto es amando a los demás. Ese amor lleva al líder a realizar cosas

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puntuales en ayuda de sus liderados, y esta manifestación de amor genera cambios fantásticos en la vida de las personas.

EL AMOR ES PRIORITARIO El amor cura heridas profundas

Muchas personas sufren de heridas muy profundas en sus vidas. Al-gunas por tener un pasado trágico, otras porque no pudieron superar situaciones puntuales y otras porque sencillamente no maduraron y no han podido resolver cuestiones de su carácter. Esto les ocasiona problemas en las relaciones interpersonales. Todas ellas necesitan ser amadas y tratadas de manera especial. Las heridas del corazón no se curan solo con el paso del tiempo, aun cuando necesitan de un proceso que lo requiere. Las heridas se curan con amor expresado en acciones concretas, esto hace que las personas se sientan atendidas, abrazadas, cuidadas, amadas, y finalmente curadas.

La parábola que contó Jesús del buen samaritano en el evangelio de Lucas capítulo 10 nos ilustra cómo se curan las heridas: el hombre de esta parábola fue sorprendido por hombres malos y llenos de odio, que nada les importaba de la vida ajena. Tomaron al hombre de la historia, lo despojaron de sus pertenencias y lo lastimaron a tal punto que no pudo levantarse del suelo. Varios líderes religiosos pasaron por el camino, pero siguieron indiferentes sin detenerse a atenderlo. El sacerdote y el levita que pasaron eran líderes nominales, solo tenían un cargo en la jerarquía religiosa de la época, pero no tenían amor por las personas, por eso no pudieron curar las heridas de este deses-perado viajero. El samaritano que pasaba por allí, nos cuenta Jesús:

“fue movido a misericordia”, sintió amor por aquel hombre y curó sus heridas. Luego lo colocó sobre su propia cabalgadura y posiblemente él fue caminando, mientras el herido era llevado en su caballo. Al llegar a la ciudad, el samaritano buscó un hospedaje y pagó la estadía de su nuevo amigo y ofreció dinero para saldar futuras deudas por si gastaba algo de más.

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El verdadero amor siempre está dispuesto a curar heridas y para ello paga un precio, pero lo hace con gozo.

El amor da sentido de valor a las personas

El amor valoriza a las personas, porque cuando alguien se siente ama-do, siente también que vale, que su vida le importa a alguien. Esto eleva su autoestima y lo ayuda a afianzar su identidad. Una persona amada camina por el mundo segura de sí misma, al sentirse valorada puede valorar a los demás.

Nos sentimos valorados cuando somos bien atendidos, cuando alguien hace cosas para nosotros, cuando nos dedican tiempo, cuando nos es-cuchan, cuando toman en cuenta nuestra opinión. Nos sentimos valo-rados cuando nos hacen un llamado telefónico, cuando nos escriben, cuando se acuerdan de nuestro cumpleaños, cuando nos llaman por nuestro nombre, cuando se interesan en lo que nos pasa.

Los líderes de influencia saben esto y lo practican, aman a las perso-nas y se lo demuestran a cada paso.

El amor motiva a la gente

Cuando amamos a Jesucristo por sobre todas las cosas y nuestro amor a él es realmente la prioridad siempre, estaremos demostrándolo a los demás. Las personas receptoras de ese amor se verán conquistadas y se sentirán motivadas a dejarse influenciar. Las personas que no se sienten amadas se desmotivan con facilidad y hasta suelen caer en depresión. Lo que más motiva y desafía a la gente es la palabra dicha por alguien que los ama. Pablo dice que él se sintió cautivado por el amor de Jesucristo y esto lo motivó a entregarle su vida para su servicio:

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. Y él murió por todos, a fin

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de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” 2ª Corintios 5:14

El apóstol presenta una razón muy seria por la que un cristiano sirve a su Señor, y se refiere al amor que Cristo demostró por nosotros en la cruz. La expresión “nos constriñe” quiere decir que nos pone en estrecho, nos deja casi en la obligación voluntaria o más bien nos conquista y motiva.

El amor acepta al otro tal como es

Lo más común es que aceptemos al otro bajo ciertas condiciones, que ponemos nosotros. Los líderes que aman a Dios por sobre todas las cosas no ponen condiciones para amar y aceptar a sus liderados, no es-peran que cambien para aceptarlos. Los aceptan y les ayudan a cam-biar aquellas cosas que les hacen daño a ellos y a los demás.

Aceptar al liderado no significa aprobar aquellas conductas que estén mal, no significa justificar lo que Dios no aprueba, ni disimular las faltas. Significa amar y aceptar a la persona aun cuando estamos en desacuerdo con su manera de proceder. Los líderes influyentes saben que cuando una persona se siente rechazada carga en su interior una pesada cruz, vive una experiencia de soledad muy intensa y su autoes-tima se viene a pique.

Jesucristo nos amó y por ello nos aceptó así como estábamos. Nos dice Juan: “Al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” Apocalipsis 1:5. Esto es lo que hizo Jesús con nosotros, nos amó así como estábamos, es decir sucios, por eso nos lavó. Imagina por un momento que hubiera puesto como condición para amarnos que pri-mero estuviéramos limpios, jamás nos hubiera podido amar.

“Recíbanse unos a los otros, como también Cristo los recibió para gloria de Dios.” Romanos 15:7

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El gran legislador, conductor, guía, pastor, líder y juez de Israel había sido llevado por Dios a la patria eterna. Moisés había cumplido su la-bor dejando huellas que nos desafían a quienes tenemos la responsa-bilidad de guiar personas. Este gran líder fue un hombre único en la historia. Sus ciento veinte años son una gran lección para cualquiera que quiera ocupar un lugar en el liderazgo entre los mortales. Su vida la podemos dividir en las tres etapas que debe atravesar cada uno de los que lideran:

La formación teórica del liderazgo

Fue estando en Egipto como príncipe donde aprendió las leyes del liderazgo, adquirió las habilidades para la guerra, las estrategias de la administración y tantas otras asignaturas que lo calificarían como un hombre preparado para dirigir.

Quienes aspiran a liderar tendrán que prepararse en la ciencia y el arte de conducir personas. Tendrán que ser buenos lectores de la teo-logía, la filosofía, y especialmente de la realidad que les toca vivir.

Capítulo 3

CONDICIÓN DE LA

GENTE PARA LIDERAR

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Quienes se consideren líderes no debiera ser un inculto. Se necesita preparación y mucho más en estos tiempos que vivimos. Es impor-tante aprovechar cada oportunidad para prepararse, asistir a centros de estudios y adquirir conocimiento para realizar mejor la exigente tarea de liderar. La acreditación académica nos habilita y nos po-siciona en mejores condiciones frente a una sociedad cada día más demandante.

La formación práctica del liderazgo

Fue obligado a ir al desierto a vivir como un forastero y transformar-se en un pastor de ovejas ajenas. Fue allí donde aprendió cómo viven quienes cuidan ovejas, para luego saber que cuidar personas tiene ca-racterísticas semejantes.

El libro de Hebreos en el capítulo 11:24-26 nos da cuenta de decisio-nes importantes que tuvo que tomar Moisés antes de transformarse en el líder que llegó a ser: “Por la fe Moisés, ya adulto, renunció a ser

llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió ser maltratado con el pueblo de Dios a disfrutar de los efímeros placeres del pecado. Consideró que el oprobio por causa del Mesías era una mayor riqueza que los tesoros de Egipto, porque tenía la mirada puesta en la recompensa.”

Moisés debió renunciar a cosas lícitas y que le correspondían como hijo de la hija del faraón. Quien desee liderar deberá aprender a re-nunciar a muchos privilegios, de lo contrario jamás llegará a ser el líder que Dios espera. Luego dice el texto que “prefirió” o como dice la versión 1960, “escogió”. Quien desee liderar deberá aprender a tomar decisiones fuertes, que le cambiarán el rumbo de su vida y que lo transformarán en el líder que debe ser.

La experiencia del liderazgo

A los ochenta años y luego de pasar por estas dos etapas, recién estaba en condiciones de asumir la conducción de un verdadero liderazgo

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influyente. Nadie como Moisés. Dios mismo lo llama “mi siervo” y lo califica como el hombre más manso de la tierra. Vivió en sus últi-mos cuarenta años de vida las experiencias más críticas que un líder pudiera atravesar. Tuvo enemigos afuera, enemigos entre sus lidera-dos, circunstancias adversas y la lucha constante contra sus propias debilidades. Pero de todas ellas salió victorioso porque aplicó la única fórmula que hace a un líder alcanzar el éxito completo en la obra de Dios. Éxodo capítulo 33 nos relata el gran secreto del éxito en el liderazgo, que con tanta facilidad nos olvidamos los líderes cristianos. Moisés le pidió una sola cosa a Dios, es lo único que nos transforma en líderes de influencia y personas que dejarán huellas de bendición para las futuras generaciones.

“Y dijo Moisés a Jehová: Mira, tú me dices a mí: Saca este pueblo; y tú no me has declarado a quién enviarás conmigo. Sin embargo, tú dices: Yo te he conocido por tu nombre, y has hallado también gracia en mis ojos.

Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo.

Y él dijo: Mi presencia irá contigo, y te daré descanso.

Y Moisés respondió: Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.

¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra? Y Jehová dijo a Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre.”

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Quiero pedirte que leas el capítulo 33 completo, porque allí encontra-rás el secreto de cómo tener un liderazgo influyente.

Lo que le pidió Moisés a Dios fue su presencia con él. Este es el gran secreto del éxito en el liderazgo. No importa cuánta preparación ten-gamos, ni las capacidades con las que contamos, ni los recursos de los que disponemos, si Dios no está con nosotros todo será inútil. Es por eso que debemos buscar de todo corazón la presencia de Dios en nuestras vidas y en el liderazgo. Esa debe ser no solo nuestra pasión, sino nuestra única pasión. Porque cuando Dios está con nosotros ac-túa a través nuestro. Él dirige, él abre puertas, él provee. Nosotros nos transformamos en instrumentos que él utiliza para liderar a su pueblo. Así fue la experiencia de Moisés, y por eso es que tuvo el éxito que conocemos.

Cuando Moisés dejó su lugar la historia del pueblo de Israel continuó con otro hombre, otro gran líder llamado Josué. Leamos el relato:

“Y aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Je-hová habló á Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo: Mi sier-vo Moisés ha muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.” Josué 1:1-2 Moisés terminó sus días y Dios se lo llevó. Al finalizar este liderazgo Dios levantó un nuevo líder, un hombre joven que había sido prepa-rado por Moisés y que había visto de cerca un gran modelo. Josué era un hombre con muchos dones, buena preparación y grandes posibi-lidades.

Sin embargo no es esto lo que lo calificaba para continuar el trabajo de Moisés. El pueblo sabía que el gran liderazgo de su antecesor tenía un secreto y ellos lo exigirían para el nuevo conductor.

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explicándoles cómo va a ser su liderazgo, cuál va a ser su perfil y cómo van a funcionar las cosas a partir de ahora. El pueblo escuchó con suma atención y luego alguien tomó la palabra en nombre de todos y le expresó con sencillez, pero con mucha firmeza, la única condición que le exigían para obedecerle, al igual que lo hicieron con Moisés. Repasemos el relato en Josué 1:10-17:

“Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preparaos comida, por-que dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión… Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Je-hová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés.”

Cuando pensamos en la exigencia que puso Jesús a Simón el hijo de Jonás, quien lideraría el comienzo del movimiento de fe mas impor-tante de todos los tiempos, la podemos resumir en una sola palabra:

amor. Pero cuando pensamos en la condición que puso el pueblo de Israel a quien sería el sucesor de Moisés, del líder más sobresaliente de toda la historia, la podemos resumir también en una sola palabra:

presencia.

La única forma de realizar un buen liderazgo es dejando actuar a Dios. Así sucedió en la historia de los grandes líderes de la Biblia y también en los liderazgos de la historia de la iglesia. Basta con dar una mirada al liderazgo de Abraham, José, David, Elías, Eliseo, Da-niel, Pablo, Juan, y tantos otros en los que resalta de manera especial la presencia de Dios en ellos.

La manifestación de la presencia de Dios en la vida de un líder da sentido a su liderazgo y lo califica para ejercer verdadera influencia

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en sus liderados. Los israelitas conocían bien el tema, habían visto obrar a Dios a través de Moisés y querían asegurarse que sucedería lo mismo con su nuevo líder. Cuando Dios está con el líder todo es distinto:

Cuando Dios está con el líder las obras que hace muestran a Dios Observemos cómo se mostraba Dios en el obrar de Moisés a través de las plagas en Éxodo 6 al 10:

“Y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesa-das de Egipto.” Éxodo 6:7

“Y Faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios.Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando ex-tienda mi mano sobre Egipto, y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.” Éxodo 7:4-5

“Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre.” Éxodo 7:17

“Y él dijo: Mañana. Y Moisés respondió: Se hará conforme a tu pa-labra, para que conozcas que no hay como Jehová nuestro Dios.”

Éxodo 8:10

“Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pue-blo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra.” Éxodo 8:22

“Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra.” Éxodo 9:16

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“Y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que hice entre ellos; para que sepáis que yo soy Jehová.” Éxodo 10:2

Cuando Dios está con el líder las dificultades adquieren otra dimensión

Podemos ver que la situación con Moisés frente al Mar Rojo era a los ojos del pueblo una tragedia, todo parecía terminar allí. Sin duda si Dios no hubiera estado con Moisés la historia hubiera terminado distinta. Pero leamos cómo cambió el resultado de lo que parecía un camino sin salida. Todo cambió porque Dios estaba con el líder. Éxo-do 14:9-16:

“Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis. Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos. Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Dí a los hijos de Israel que marchen. Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco.”

Cuando Dios está con el líder las necesidades son provistas El pueblo comenzó a caminar por el desierto y allí no había super-mercados para aprovisionarse de alimentos. De pronto el pueblo ob-serva que no tenía comida y comenzó a preocuparse y a criticar a Moisés. Es allí cuando Dios se hace presente una vez más en la vida de Moisés, observemos lo que dice el relato de Éxodo 16:9-15:

“Y dijo Moisés a Aarón: Dí a toda la congregación de los hijos de Israel: Acercaos a la presencia de Jehová, porque él ha oído vuestras murmu-raciones. Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Is-rael, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube. Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo he oído las

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muraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios…(…) Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.”

Cuando Dios está con el líder las críticas no afectan demasiado En el ejercicio del liderazgo siempre habrá críticas, algunas con fun-damento y otras serán críticas hechas a la persona por el lugar que ocupa. En algunas ocasiones estas críticas se tornan en murmuracio-nes que intentan desprestigiar al líder y a su trabajo.

En el caso de Moisés sus críticos eran nada menos que sus propios hermanos, por lo que podríamos decir que debe haber causado un mayor dolor en Moisés. Sin embargo, este líder vive una relación muy estrecha con su Dios y las críticas no alteran su forma de actuar. Lea-mos el relato del libro de Números 12:1-8:

“María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿So-lamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.

Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres. Entonces Jehová descen-dió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le

apareceré en visión, en sueños hablaré con él.

No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de

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Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?”

Hay por lo menos tres lecciones que debiéramos aprender de esta ex-periencia de Moisés, tres actitudes y conductas que se deben asumir frente a la crítica:

La primera es guardar silencio. Cuando oímos que alguien ha ha-blado mal de nosotros reaccionamos con palabras que nos justifiquen y agregamos algunas que ataquen a nuestro difamador. Nada de esto hizo Moisés, él cerró su boca y Dios habló por él.

La segunda actitud es reflexionar. Es importante repensar lo que la persona criticó. Quizás tenga razón o quizás no la tenga, pero es mi responsabilidad mirar hacia adentro y revisar mis conductas. Aun cuando la crítica sea con mala intención puede ayudarnos a mejorar nuestro carácter y nuestra forma de actuar. Moisés sabía que lo que criticaban era sobre una decisión que había tomado en el pasado y que posiblemente debió ser distinta, por ello prefirió el camino de la reflexión.

En tercer lugar frente a la crítica debemos dejar que sea Dios el que se encargue del tema. Podemos cometer mayor injusticia si actuamos reaccionando con ira frente a alguien que nos criticó, el libro de Santiago 1:20 nos dice: “La ira del hombre no obra la justicia

de Dios.” Moisés prefirió que sea Dios el que interviniera y se ocupe de poner las cosas en su lugar.

Un líder muestra que Dios está con él cuando maneja correctamente la crítica y no reacciona como solemos verlo tristemente en muchos de nuestros ámbitos. Moisés no sintió que María y Aarón eran sus enemigos. Creo que prefirió tener compasión de ellos y al final del relato (que te invito a que leas completo) oró para que el castigo de la

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lepra que Dios les había mandado como disciplina les fuera quitado. Ese es un líder que muestra que Dios está con él.

Los israelitas conocían muy bien cómo había vivido este gran líder de Israel y es por eso que le exigían a Josué que viva esta misma ex-periencia que su antecesor:

“De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obe-deceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés.”

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Es importante que tengamos claridad a la hora de definir estos dos conceptos, que por momentos se entrecruzan. Reflexionaremos sobre distintos aspectos de cada uno de ellos.

Un liderazgo influyente será un liderazgo que haciendo uso del poder en forma correcta, y teniendo la autoridad dada por Dios, podrá lle-var a sus liderados a la realización del proyecto de Dios para sus vidas.

¿QUÉ ES EL PODER?

Cada persona tiene voluntad propia y toma sus decisiones, pero cuan-do estas se asocian formancuan-do una comunidad se genera un cúmulo de voluntades. Para que las personas encuentren un bienestar común se presenta la necesidad de la toma de decisiones que incluyan a toda la comunidad. Aristóteles decía que hay por lo menos tres formas de ejercer este poder de decisiones (llamado gobierno).

Capítulo 4

PODER O

AUTORIDAD

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En la primera forma uno gobierna. Esto es la monarquía. En la se-gunda forma algunos gobiernan. Esto se llama oligarquía. En la ter-cera forma todos gobiernan. Esto es la democracia. Pero nos guste o no, la democracia pura no es posible ya que todos no pueden decidir, por ello decimos que utilizamos la representación de la mayoría para que estos decidan por los demás. A la toma de decisiones por y para los demás la llamamos decisión política o poder de mando. Esto es lo que se entiende por “poder”, que la mayoría de la gente confunde con autoridad. Este poder es una delegación conferida por los pares y en general es temporal, es lo que autoriza a una o varias personas a tomar decisiones en nombre de la comunidad.

Cuando hablamos de poder de decisión nos estamos refiriendo a la posibilidad que tiene una o varias personas de dirigir y en ocasiones cambiar el rumbo de las decisiones. Esta es la razón mayor por la que a las personas les encanta el “poder”.

Hace algún tiempo, una maestra de la escuela en la que trabajo trajo a la oficina de la Dirección a un alumno de tercer grado, el niño no tenía más de ocho años. Luego de hablarle y hacerlo reflexionar so-bre la mala conducta que había tenido en la clase, el clima se había distendido y una vez que él aceptó pedir una disculpa a su señorita quedamos de “buenos amigos”. Fue interesante su ingenua, pero cer-tera opinión, antes de retirarse de la oficina. Casi como expresando un deseo hizo el siguiente comentario, que él daba por absolutamente cierto: “¡Qué lindo es ser Director!”. Yo, haciéndome el desentendi-do, le pregunté: “¿Por qué creés que es lindo ser Director?” Me miró, y con una sonrisa buscando complicidad dijo: “Y… Usted manda y todos obedecen”.

El niño no estaba en lo cierto en su apreciación, pero sí en la sin-ceridad al expresar su deseo. Porque a todos los mortales nos gusta mandar y que se nos obedezca. Quizás por la necesidad de sentirnos

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importantes o sencillamente porque el poder tiene un atractivo de-masiado grande y la mayoría de las personas harían cualquier cosa por tenerlo.

En palabras de Max Weber: “Poder significa la probabilidad de im-poner la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera sea el fundamento de esa probabilidad”. La imposición de la voluntad de unos sobre otros es lo que más daño ha causado en toda la historia de la raza humana. En todo grupo hu-mano aparece el juego de dominación y dominados y este no escapa a la comunidad de fe, sea en la iglesia, en instituciones cristianas o en cualquier grupo ministerial, sin importar lo grande o pequeño que sea.

El mismo Weber define el concepto: “Por dominación debe entender-se la probabilidad de encontrar obediencia a un mandato de determi-nado contenido entre personas dadas”.

Debemos entender que la dominación de la voluntad de los demás es la manifestación más clara del ejercicio del poder y de allí se entiende que esta necesidad de dominación llegue a adquirir cualquier forma con tal de lograrse.

En el relato bíblico tenemos algunos ejemplos de personajes que ejer-cieron el poder de manera equivocada y causaron gran daño a los dirigidos y a consecuencia de esta forma de liderar fueron líderes fracasados. Así podemos hablar de Saúl, Roboam, Absalón y en el Nuevo Testamento el famoso, y nada apreciado, Diótrefes. Si el po-der es hacer que las personas obedezcan una indicación dada, debe ser ejercido con la autoridad de Dios. De esta forma la obediencia se realizará de manera voluntaria, en un clima de armonía, con alegría y será de bendición para quien obedezca y para todos los afectados.

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No sucedía esto en el caso del liderazgo de Diótrefes del que nos habla Juan en su tercera carta:

“Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia.” 3ª Juan 1:9-10 ¿QUÉ ES AUTORIDAD Y CÓMO SE DIFERENCIA DE PODER? Cuando las personas hablan de puestos jerárquicos suelen referirse a un lugar de autoridad y no está mal. Pero lo cierto es que se están refiriendo a personas que, en virtud de su cargo, tienen poder de de-cisión. Puede suceder que no tengan ninguna autoridad para ocupar ese lugar y ejercer el cargo que se les ha conferido, porque la autori-dad no está relacionada con el manejo de la voluntad de las personas, sino con otra cosa.

La autoridad no demanda ni exige al otro, mas bien tiene que ver con el carácter del que la posee. El poder sí, porque el poder tiene que ver con decisiones sobre los demás, mientras que la autoridad se relacio-na con el reconocimiento que los demás tienen del líder.

Hay algunos conceptos importantes que deben reconocerse en el po-der para encontrar la diferencia con la autoridad:

Poder es lo que una persona hace. Autoridad lo que una persona es Las decisiones son acciones que una persona realiza y una persona con poder toma muchas decisiones y de alto significado para los de-más. La autoridad está relacionada directamente con el ser de la per-sona, sus convicciones, su filosofía de vida, sus creencias y fundamen-talmente su relación lejana o cercana que mantenga con Dios.

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Poder tiene que ver con una función. Autoridad tiene que ver con el carácter

El poder es un rango jerárquico que habilita a una persona a ejer-cer el poder político, es decir la toma de decisiones sobre los demás, mientras que autoridad es una condición del carácter de la persona que lo posiciona en un nivel de reconocimiento y respeto aun cuando no tome ninguna decisión, siempre estará influenciando en ellas. Poder es limitado y debe repartirse. Autoridad es ilimitada y no se reparte

El poder de decisión otorgado por los hombres tiene límites muy es-trechos, como lo es el hombre mismo. Quizás podríamos graficarlo con una torta cortada en porciones; mientras más sean los comensales menos porciones les tocará a cada uno. Esto nos permite ver con ma-yor claridad por qué se da la pelea por el poder, todos quieren recibir la mayor cantidad de porciones y si fuera posible quedarse con toda la torta.

La autoridad deviene de Dios y por lo tanto es ilimitada como lo es Dios mismo, y a él no lo podemos dividir en porciones. Dios llena con su inagotable presencia a las personas y estas pueden reproducir su carácter y disfrutar de la autoridad real sin límites.

Poder es una delegación temporal. Autoridad puede mantenerse por toda la vida

El poder de decisión de una persona está limitado en el tiempo, dura-rá mientras dure su condición o lugar jedura-rárquico que ocupe en la co-munidad. Algunos se aferran al “sillón del jefe” y no quieren aban-donar el poder por nada del mundo. La autoridad no termina cuando dejamos una posición o un cargo jerárquico, porque no tiene que ver con lo que hacemos sino con lo que somos.

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Poder puede infundir miedo. Autoridad genera admiración y respeto

Cuando el poder se ejerce sin autoridad provoca en la gente miedos y falta de libertad, mientras que la autoridad genera un clima de confianza y seguridad, generando en los liderados un gran respeto por quien lidera.

Poder es dado por hombres. Autoridad viene de Dios

Esta es una de las verdades más claras del liderazgo cristiano y sin embargo una de las más olvidadas. Cuando nos confieren poder po-lítico debemos tener presente que es una decisión que tomaron los hombres. Cuando tenemos autoridad es por la abundante gracia de Dios que quiere manifestarse a través nuestro. Cuando un líder tiene claro este concepto jamás estará buscando ni luchando por conseguir poder, porque sabe que es un poder limitado, temporal y viene de abajo. La mayor preocupación de un líder de influencia será buscar de todo corazón la presencia de Dios y procurará siempre vivir en obe-diencia a las demandas de su Señor, sin importarle nada más que eso. La pasión de un líder de influencia es conocer cada día más a Dios porque sabe que la autoridad está en él.

PODER Y AUTORIDAD NO SE EXCLUYEN, SE COMPLEMENTAN

En muchas ocasiones las iglesias y las organizaciones cristianas su-fren porque quienes ejercen el poder carecen de la autoridad de Dios. Se puede tener mucha estrategia para liderar, abundantes dones, con-tar con muchos recursos y tener grandes oportunidades, pero si no se manifiesta la presencia de Dios en la vida de quienes lideran todo esto servirá poco.

También se sufre cuando quienes tienen autoridad no ejercen poder de decisión en beneficio de la comunidad. Los hombres suelen no

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conceder este poder a quienes aparentemente no están en condiciones de hacerlo, porque se mide la capacidad de liderazgo por sus acciones y no por su carácter.

En 2ª Corintios 10:8 el apóstol Pablo hace énfasis en su autoridad y dice:

“No me avergonzaré de jactarme de nuestra autoridad más de la cuen-ta, autoridad que el Señor nos ha dado para la edificación y no para la destrucción de ustedes. No quiero dar la impresión de que trato de asustarlos con mis cartas.”

Observemos que dice por lo menos cinco cosas en relación a la auto-ridad que él tiene:

Fue dada por el Señor

Nunca se debe olvidar este punto, la autoridad ha sido delegada por Dios. Esto fue lo que le dijo Jesús a Pilato: “Ninguna autoridad

ten-drías si no te hubiera sido dada de arriba.”

Fue dada con el propósito de edificar a la iglesia

Dios espera que las personas con autoridad delegada sean personas que la utilicen en beneficio de los liderados y para su edificación. No es para destrucción

Se debe tener mucho cuidado con la forma en que se utiliza la auto-ridad, porque si el uso de ella deja personas heridas, un día se tendrá que dar cuenta ante quien la delegó.

No le avergüenza el haber recibido tal autoridad, no lo incomoda Nadie debe incomodarse por la autoridad que Dios le ha conferido, sino que debe utilizarla en bendición de sus hermanos. El apóstol aclara que tampoco desea asustar a los corintios con su carta.

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Lo que Dios espera en un liderazgo influyente, es que ejerzan el po-der de decisión aquellos que tienen su autoridad, porque ellos son verdadera autoridad y tomarán las mejores decisiones.

Un liderazgo de influencia es aquél que teniendo autoridad en su vida ejerce el poder bajo el control y dominio del Espíritu Santo.

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Definimos como impacto a la impresión que nos causa una persona cuando la vemos por primera vez. Ese asombro y admiración que nos despierta el escucharlo hablar o verlo actuar sobre un escenario. Definimos como influencia a los cambios que provoca una persona sobre otra de tal modo que logra modificar su conducta. Esta influen-cia se logra por admiración, respeto o aprecio que se siente por la persona que nos influencia.

La influencia que una persona ejerce sobre otra puede ser positiva o negativa, dependerá del carácter del líder y de la capacidad de ab-sorción que tenga el liderado, pero siempre se da en una relación de cercanía.

Un líder tiene que SER para poder influenciar

Esto es lo que nos dijo Jesús cuando declaró: “Vosotros sois la sal de

la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve

Capítulo 5

IMPACTAR O

INFLUENCIAR

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más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.”

Mateo 5:13

La influencia que genera la sal sobre los alimentos es tremenda. Hay tres efectos que produce y que nos ayudan a entender qué nos quiso decir Jesús cuando comparó a sus seguidores, quienes liderarían el movimiento cristiano, con la sal:

CONSERVAR

En algunos lugares, ante la falta de heladera, aun hoy se utiliza la sal para conservar la carne de modo que ésta no entre en el proceso de descomposición. En la zona cordillerana de Argentina y Chile mu-chos campesinos utilizan este elemento para conservar carne durante varios meses que luego emplearán en sus comidas. Así como la sal evita la corrupción en los alimentos, Jesús espera que los líderes cum-plan una función semejante en un mundo donde la corrupción crece día a día. Si nuestros liderados no pueden ser influenciados a una vida de mayor santidad y a un desafío a apartarse del mal, no estaremos haciendo el trabajo de liderar de la forma que espera Jesús.

DAR SABOR

La sal permite que los alimentos tengan realmente sabor y así se pue-dan comer y disfrutar, Job expresa: “¿Se comerá lo desabrido sin sal?” Job 6:6. La vida de los líderes cristianos debe darle sabor a este mundo tan desabrido y lleno de sin sabores. Solo pueden ejercer esta influen-cia aquellos que disfrutan de la vida cristiana porque no se puede dar lo que no se tiene, y nadie podrá dar sabor si no lo tiene. Cuando las personas que lideran disfrutan la vida y lo que hacen podrán decir que están influenciando realmente.

PROVOCAR SED

Un efecto más que produce la sal es despertar sed en quien la ingiere. Los líderes cristianos deben ser personas que inquieten a los demás.

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Los no cristianos deberían sentir deseos de tener lo que nosotros te-nemos. Si realmente lo que tenemos nos hace ser personas verda-deramente felices, nuestros liderados sentirán sed de esta auténtica felicidad que solo puede venir de la cercanía del líder con Dios. El apóstol Pablo de alguna manera describe el camino de la influen-cia cuando dice: “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en

mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”. Filipenses 4:9 Una persona es influenciada cuando lo que aprende, lo que recibe, lo que oye y lo que ve en el líder cautivan su corazón. Posiblemente, y aunque no lo diga, pensará y sentirá deseos de seguir el mismo cami-no que su líder.

Como dice John Maxwell, todo líder tiene dos características: va a alguna parte y es capaz de persuadir a otros a acompañarlo. La in-fluencia se ve en la medida en que el líder logra conquistar decisiones para que lo acompañen en el camino que ha iniciado.

Reflexionemos sobre las formas que un líder tiene de influenciar a los demás:

SE INFLUENCIA CON LAS PALABRAS

Como líderes nuestra manera de hablar genera una gran influen-cia en las personas que nos rodean. La gente está escuchando lo que decimos y cómo lo decimos, ellos perciben de manera muy clara el mensaje que damos. En muchas ocasiones nos quedamos sorprendi-dos cuando alguien nos recuerda: “yo nunca me voy a olvidar lo que usted me dijo una vez…” y lo más probable es que no te acuerdes de lo que le dijiste, ni siquiera en qué circunstancias fue. Es posible que nunca hayas imaginado el efecto que tendrían tus palabras en esa persona. Será por esta razón que San Pablo nos dice: “Sea vuestra

pa-labra siempre con gracia sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” Colosenses 4:6

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53 SE INFLUENCIA CON LA CONDUCTA

Las conductas son las acciones que realizamos y que todos pueden ver. Las conductas son la puesta en escena de las decisiones que tomamos, son la muestra exterior de nuestro carácter. Podemos ocultar lo que pensamos, los sentimientos se pueden disimular, pero la conducta es la evidencia visible de nuestro carácter y es lo que la gente ve y puede evaluar en nosotros y esto genera influencia. Decía un reconocido político argentino: “La realidad es la única verdad”.

SE INFLUENCIA CON EL CARÁCTER

Las palabras pueden ejercer mucha influencia, la conducta ejerce aun más, pero las personas observan más nuestro carácter moral, nuestras convicciones, nuestra filosofía de vida, nuestra manera de ver y eva-luar la realidad, que nuestras palabras y conductas ocasionales. Eso es lo que genera mayor influencia en los liderados.

Podemos arrepentirnos de lo que decimos o cambiar de opinión, nuestra conducta puede ser circunstancial, pero nuestro carácter es lo que llevamos con nosotros por toda la vida, es lo que nos identifica como líderes. Esta es la razón por la que debemos cultivar permanen-temente nuestro carácter. El carácter se forma en la suma de hábitos buenos o malos que tengamos, y se desarrolla por conductas reitera-das. Dicho de otra manera: las conductas reiteradas generan hábitos que luego forman nuestro carácter.

SE INFLUENCIA CON LAS DECISIONES

Hace un tiempo escuché decir a una persona, hablando de uno de sus líderes: “Este parece de otro planeta”. Cuando le preguntaron por qué, respondió algo así: “Tomó decisiones que eran increíbles y ahora disfruta de los resultados”. Creo que esta persona estaba con una mirada correcta e incorrecta al mismo tiempo. Correcta porque disfrutar de las consecuencias es lo normal, es lo natural; a decisiones correctas resultados correctos. Pero estaba en lo incorrecto cuando pensaba que su líder era de otro planeta. En un tiempo en el que la

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mayoría quiere resultados sin esfuerzos, sin renuncias, sin sacrificios, pareciera que quien está dispuesto a pagar el precio fuera de otro planeta. Todos sabemos que no es así, pero es esta la razón por la que las personas aceptarán ser influenciadas por la forma de tomar deci-siones, viendo el resultado.

SE INFLUENCIA DESDE LA CERCANÍA

El pastor Rick Warren dice: “Una persona puede impactarnos a la distancia, pero solo puede influenciarnos desde la cercanía.”

Por esta razón es que los predicadores de las grandes campañas o los mediáticos generan tanto impacto en la gente y nos impresionan en gran manera, pero prácticamente no ejercen ninguna influencia en la conducta de nadie En cambio los pastores son personas de gran influencia, porque viven y desarrollan su vida cerca de la gente. Son personas conocidas, a quienes se les puede conocer sus familias, po-demos saber de su trabajo, de su responsabilidad, de sus esfuerzos, de sus luchas, de sus virtudes y de sus defectos. Como me decía un amigo refiriéndose a ellos: “son personas normales, como nosotros”.

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Referencias

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