BIBLI
OTECA CLÁSICA
G
REDOS
,
93
PLATÓN
DIÁLOGO
S
111
FE Dt~:-O. BA N QUETE, FEDRO
TRADUCC\O SES. INTROOUCCIO N ESy "IOTAS
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C. GARCJA GUAL, M. MARrl NEZ ttER NÁ~ DEZ. E. LLED<) IÑ[CiO
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Asesor parala sección griega: CAUOS GAIlCIAGUAL.
Segunlas normas dela B. C.G., lastraduccione sdeestevolumenhan sidorevisadas,respectfva menre,por Lurs AlIJERTODECl:DlCAyPJADO, Jos~ LuIS NAVAItROyCAR1.OS GUciA GOAL.
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UlITOKIAI.GREDOS,S.A.Sénchez Pac beco, 81, Mad rid.España, 1988.
PIlIMU,A EDICIÓN,mayode 1986. l.' reimpresión, agostode1988.
Las truducclones, intro duccioncs y notas han sido lleva da s a cabo por Carlos García Gua!(Ff'dón) ,M.Mar tfnczHcmandez(Banquele)yE. lIcd ó[ñigc(Ff'dro).
Depósito i-egal:M.27836-1988.
ISBN 84-249-1036-2.
Impreso enEspaña . Prin tedin Spain .
GrUkas Cóndor, S. A., Sa nchez Pachecn,81, Mad rid,1988 ._ 6218.
FE D
6
N
-INTRODUCCIÓN
l. Lasituación del «Fedon» en el conjunt o de la obra platónica
Los tres diálogos reu nidos en este tomo:
Fe
áon,
Ban -quete y Fedro se sitúan , junto con el más extenso de la República, en la etapa que suele llamarse de «madurez» o de«plenitud» dela largaobra platón ica,esdecir, el pe-ríodo central enelqueel filósofo desarrolla su pensami en-to con un espléndido dominio de la expresión liter aria y desu teoría propia. Platón hallegado aconstruirun si ste-ma filosófico prop io, que se funda en la llamada «teoría de las ideas», con una ética y una política subordinadas a una concepción metafísica idealista del universo y del destino humano . Atrás quedan las discusiones socráticas con losgrandes ypequeños sofistas, el viajea Sicilia, con su amarga experiencia, y ya está fundada la Academia.L
a
figura del maestro Sócrates es ya portavoz de pensa -mientos y tesis de Platón.10 DlÁLOGOS FEDÓN 11
primero el Fedán, donde la exposición de la teoría de las ideas se hacecon un énfasisespecial,con una formulación más completa y explícita. Al gran tema de la inmortalidad delalma le sucede la discusión del impulsoerótico que mue
-ve el universo hacia lo etern o y divino l. Y el tema del amor retorna enelFedro, enuntono diverso al dela char-la ~el simposio, pero con la misma exaltación y poesía. Jun to con la madurez filosó fica destac a la prodigiosa factura literaria con la que Platón , que tiene ya entre los cuarenta o cua renta y cinco años, en lo que los griego s denominarían suakme, compone estostextoscon una pro-sa sutil yuna plasticidad dramática incompa rable. Inol vi-dablessonesasescenas: la de lasúltimas horas deSócrates en la prisión, la de un banq uete alque asiste n algunosde lospersonaj es intelectuales más brillantes de Atenas, o la del coloquio en un lugar idílico entre el irón ico Sócrates y el joven Fedro. No en vano son estos tres diálogo s - junto con la República, tan unida a ellos por sustemas y su ambiente- las obr as más leídas de Platón. Ningún otro filósofo podría rivalizar con élencuanto a la perfecta arquitecturaylaviveza prod igiosa de los coloq uios. El en-canto de la charla dirigida por Sócrates seduce al lector , arrastrándole en su argumentación apasio nad a y lúcida a la reflexión y al debate intelectual sob re temas tan decisi-vos como los que aquí se tratan. Pero también son éstos los diálogos en los que se inscriben los espléndidos mitos
1 Sobre la anterioridad del Fedán frente al Banque te, véase, p. ej., J. E. RAVEN, Plato's Thought in the Making, Cambridge, 1965, pá -ginas 105y slgs , Y so bre el contraste entre elascetismo delFedán y el tono jovial de la atmósferafestiva delBanquete, cf.G.M. A.{iRUBE, Plato's Thought (1935), Londres, 1970, págs. 129-30. Sobre elmismo ternade laanteri orida d deuno uotrodiálogo,véase W. K,C.GUTHRIE, A Hlstory of Greck Philosop hy, vol. (V, Cambridge, 1975, pág. 325.
platónicos, que acuden para favorecer elímpet ude los ra-zonam ientos ydarl es alas pa ra elevarse más allá de lo de-mostrab le racion alment e. Platón, que, según una anécdota antigua, había abando nadosuafánde componerobras dra-máticas para seguir a Sócrates en su crítica imp enitent e, esboza aquí unos relatos poéticos de estupe ndo dramatis -mo, entre lo cómico y lo trágico, según el momento yIa intención . Filosofíay poesíaentremezclan sus prestigiosen esto s'diálogos fulgurantes.
Algunos delostema strat ados en ellosya están enfoca-dosen obrasanter iores. Así,por ejemplo,el de la retórica, central en el Fedro , estaba ya discutido en el Gorgias y en elMenéxeno. Yel de laan ámnésiso «rememoraci ón», que esimportanteenelFedon, lo habíamos vistoya, desde otro contexto,enelMenon, algo anterior a la argumenta-ción que retoma la teoría para demostrar la inmortalidad del alma.'Es cierto, desde luego, que cada diálo go es una obra autónoma e inde pendie nte, pero la filosofía platóni-ca, consupeculiar estilo expositivo , gana mucho en com-prensión cuan do secontemp ladesde la perspectiva del de-sarrollo de la misma , atend iendo a la recuperación, supe-ración y ahondamiento en temas y motivos.
El subtít ulo o título alternativo del diálogo: Sobre el
12 DIÁLOGOS FEDÓN 13
visto merecedor de muert e, I mas había leído untratado, uno solo. de Plat ón : Sobre el atm a.v
El diálogo está presentado en un marco muy dramá ti-co. Sócrates. condenado a morir,entretienesusúltimash o-ras conversando consus amigos so bre la inmortalidad. Si su tesises cierta y queda probada , la terrible e inmediata circunstancia de su muerte, producida por elveneno ofre -cido porel verdugomientr as se pone el solen Atena s,es un episodio mucho menosdolor oso.Será tan sólo lasepa
-ración de un cuerpo ya envejecido. quees un fardo para
un auté ntico filósofo que, en verdad, se ha prepa rado du -rantetoda la vida pa ra esa muerte como para una libera -ción. La pérdida del maestro será un enor me pesar para todos sus amigos , los presentes en la prisión junto a él
en esaúltima jornada, ylos ausentes, co mo el mismo Pla -tón, que lo recordarán con inmensa nostalgia a lo lar go
de inconta bles aftosoPero el la recibe sin pena .
En laordenació n delosdiálogos platónicospor retrato
-glas Que hizo elplatonisra Trasilo,en tiempo sdelemper
a-dor Tiberio , elFed6n va despuésdelaApología, elCriton
y el Eutifron. como cua rto diálogo, entre los que trat an
delacondenaymuerte de Sócra tes. Sinemba rgo, está bien
claro que es en bastantes años post erior a los otro s tres,
más breves y de la primera etapa de la obra de Plat ón.
Mient ras que elSócrates de la Apología se expresaba con cierta ambigüedad acercadel dest inode su alma - y,
pro-bablemente, esa postura refleja bien la del Sócrates
histórico-e, en el Fedán defiende Sócrates con firmeza la
claraconvicción de que el alma es inmortal ydeque, tras una vida filosófica ,a ella le agua rda una eterna bienav
en-turanza.
Como la granmayoría de los comentaristas modern os
del diálogo - yencont rade quienes, como Bumet y Tay
-la r, sostuvieron la abso luta historicidad de las afirmacio
-nes de Sócrates enél-c-, pienso que Pla tón est á utilizando
la figura de su inol vidablemaestr o paraexponer su propia doctrinasobreeltema. Incluso el relatoautobiográfico en
elqueSócrateshabla de suprogresiónen busca deun me -todo filosó fico general,másallá deAnaxágoras ,está co
m-pleta docon untoqueplatónico.Es a Platón, y no aSó cra-tes,a quien pertenecela teoría delasideas, que ya.apunt a-ba en el Eutifrón y que en el Fed án, y los diálogos de
esteperíod odemadurez, recibesu formulación más expli
-cita. Ese relato de una experiencia intelectual - quese in -serta enFed ón 96a-lOlc- constituyeunodelossegmentos más comentados deeste texto, yno sin razón. Elesquema
de la evoluci ón intelect ual que ahí se dibuja (que podría corresponder, cierta mente. a Sócrates en sus primeras fa -ses. incluyendo la superación critica de los enfoques de Ana xágoras yla afirmación deuna teleología en la natura -leza)parece ajustarse muy bien al prop io proceso expe
ri-mentado por Platón, según cuen ta ensuCarta VIl 2. Esa «segundanavegación»,odeúterosploús, queaquí seacon -seja, tras el rechazo del método queconsistiría enobservar
la realidad en sí misma, es un método plat ónico, que se
funda en la conte mplación de las Ideas para llegar asl a «algosatisfactorio),queluego - en la República- senos
dirá que-es la Idea del Bien. unmétodo que avanza a tra -vésde ladialéctica , yqueimplica unaconcepción mera ñ si -ca que Sócra tes, pensa mos, no expuso a sus discípulos. En el Fedón aparecen las Ideas como causas de las cosas
reales. que son por una cierta «participación» o «com
u-nión» con ellas, o por la «presencia» de las Ideas en la
14 DIÁLOGOS FEDÓN 15
realidad.Más allá de los objetos reales ymutan tes existen esas Ideas. eternas y modélicas. como los pro totipos de las figuras matemáticas ylos idealesde las virt udeséticas; esas ideasson las realidades en sí, los fundamentosde to-do lo real. Ciertamente, en elFedón no serespondea los problemasquetalteoría suscita. (Platón vuelvesobreellos en el Parm énides. más a fondo.) Aquíse nos presenta la teoría en lo esencial.
Encontramos en el Fedán, como se ha seña lado, «en una forma másviolenta y más tajante que en ningún airo texto platón ico,un excesivo dualismo, un divorciocasico m-pleto, entre el alma y el cuerpo» (O. M. A. Grube). Esa extremadacontraposiciónentrealma y cuerpo es,eneldi á-logo, más un punto de part ida que una elaboración pro
-pia. En efecto, Sócrates no se pregunta inicialmente qué
es el alma, sino que parte de una concepció n, admitida por sus interlocutores, de que elalma se separa o se «d e-sem bar aza» delcuerpo en elmomento dela muerte. Ha}', pues, una admisión infundamentada deuna ciertaconcep -ción delapsychécomo lo espiritual. loracionalylo vital. frente al cuerpo. sóma. recipiente sensorial y perecedero del conjunto que es el ser humano vivo. Al cuerpo se le adjudican las torpezas del conocimiento sensible y, ade -más, los apetitos y tensiones pasionales. mientras que el alma está concebida co mo la parte noble del organ ismo. Platón. por boca deSócrates. nosda una visión ascé ti-ca de la vida del filósofo .empeñado durante toda'sua cti-vidad en purificarsede lo corpóreo y en atender al bien de su alma. (En diálogos posteriores, como la Repúbli ca y el Fedro. Platón hablará de que también los deseos y las pasion es.epítnymtaiytñymos, estánenelalma. yque esa composición tripartita es fundamental en la estruct ura anímica. Pero aquíPlatón habla del alma como algo sim
-pie ypuro. como lo esuna Idea.) Porqu e le interesa esen -cialmente probar la inmort alidad de ésta, y no sólo de la parte racional, sino del alma como lo opuesto al cuerpo que se descomp on e y desaparece pronto .
Mientr as que en el Gorgias se había dejado claro que elfilósofo rechazaba la vidainauténticade un polit ico prác -tico. enelFedánsecomienza pordestacarcómoesla exi s-tencia que el auténtico filósofo elige. Ya antes (p. ej. en laApología 29d,30a ). Sócr ateshabíaexpuesto quelo fu n-damental era la tnerapeta(es psycñés«el cuidado del al
-ma»;pero aho ra intenta infundir al lema una mayor carga ética y aun metafísica l. En la última lección -que es. como siempre, un colo q uio--, Sócrates expone el funda -ment o último de su fe en la inmor talidad.
El alma no es una Idea; no esla idea de la vida. desde
luego. Pero guarda una afinidad especial con ese mundo deloensi, lo imperecedero. Poreso.una vezdesembara -zada de la prisión del cuerpo y de sus ligaduras con lo sensible, puede alcanzar la contemplación de ese mundo purodelasIdeas. Hay. enesta con cep ción platónica. una
cierta«t ra nsposición» delasdoctrinasdeciertos cultos mis-téricos, como los órfico s. al terreno de lo filosófico. El
feliz destino que se vislumbra para el alma del verda dero filósofo cs semejanteal que esoscredos religiosos prome
-tían a los iniciados en su secta. Esa «transposición», que A. Díes señaló certeram enje, está muy bien sugerida en elpropiotexto del Fedon. Laexistencia delfilóso fo esuna preparación para la muerte, ydurante su vida el filóso fo se purifica con vist a a su destino en el más allá, afirma
, La litera tura sobre el lema es muyamplia. Para el desarrollo del
16 DIÁlOGOS FEDÓ N 17
Sócrates. Sin necesida d de una iniciació n en cualquier ri
-tual mísrérlco. el que ama de verdad el saber está ya pre-. parado por su larga ascética para recib ir tras la muerte,
que es s610 separación del cuerpo, momentáneo trance, el premiodeuna acogidaventurosaenla moradadelo divino. «Platón transpone orfismo y misticismo no solamente en artificio literario , sino en doctrina . Enél todas las me
-táfo ras tomadas en préstamo a los misteriosconcluyen en la Idea; todas las espera nzas de los misterios se transfo r-manencertid umbrede inmorta lidad, fundada enel paren-tesco del alma con la Idea; tod aslas verosim ilitudes pasa-jeras de la leyenda y del mito no sirven sino como escalo-nes hacia la ciencia de la Dialéct ica, cuyo objetivo es la
intuición infalible de la Idea»". Hay, pues, como señala
Dies, una transposición de lo religioso a lo intelectual; y ese idealismo de Platón pretende fundarse en un métod o puramente intelectual, ya que el métod o dialéctico es una construcción porentero raciona l. (No esnada extra ño que el platon ismo, eneste sentido. haya sido tan aprovechad o por los teólogos cristia nos. en su afán por apuntalar el credo de una doctrina de la inmortalidad del alma .)
2. La estructura del diálogo
Lacomposicióndel Fedán, queofrecemosenbreve es-quema, es muyclara ymuyequ ilibr ada. El na rrador , Fe
-dón , testigo presencial de la larga conversación en el últ
i-mo día de Sócrates, cuentaelcoloquio a Bquécra tes,n atu-ral y vecino de Fliunte. Éste interrump e la narración en dos momentos, en 88c y 102a,manifestado sus emociones
• A. DJI';S, AutOllf de Ptaton. 2.' ed., París, t972, págs. 445·6.
ante lo narrado. En el diálogo propio intervienen'junto a Sócrates dos interlocutores, Simmias y Cebes. Este n
ü-mero de dialogantes, tres, es frecuente en los coloquios
plató nicos, como en las escenas de la traged ia ateniense. Al contar con un na rr ador, Platón puede ofrecernos un comentario delas escenasenla prisión, ydela emocio na-da actitud de los discíp ulos y amigos de Sócrates ante su
serenidad en la despedida final. En un fácil esquema, la composición del diálogo es así:
O. Encuentro de Fedón y Bquécratcs. Comienzo
del relato. (57a -60b.)
1. Tras unaconversación introductoria, en la que Sócrates alude a la conexión entreplacer y dolor, y a un sueño premonitorio, pasa a tratar de la actitud de un filósofo verdadero ante lamuert e,y seanuncia laconfianzaen
la inmor talidad del alma, que Sócrates va a expone r como una segunda apología. no ante jueces, sino ante amigos. (60b-6ge.)
JI. Pr imeros argumentos sobre lainmortalidad:A) compensaciónde los procesoscontrarios; B) argumento de lareminiscencia;C)combina
-cióndelosdos ;D) afinidad delalmaconlas
Ideas; E) el modo de vida cond iciona el destino futuro del alma. (69e-84b.) IIJ. Discusi óndelos argumentos precedentes:A) ob
-jeción de Simmias; B) objeción de Cebes;
C)'comentariodeSócratessobreelescepticis
-mooriginadoen una confianza precipitadae insegura. (84c-9 1c.)
18 DIÁLOGOS BiDÓN 19
causas de lo real (95a·102a): recapitu lació n
dela objeción de Cebes , insuficiencia de la explicació n mecanicista, insatis facció n y desengaño ante la postura de Anaxágoras, propuestadeun nuevo métodocomodeúte
-ros ptoüs:el aná lisis del lenguaje y la d
ia-léctica ;C) nueva argumentación, basada en la exclusión mutua de los contrarios en sí, yen que laidea del alma excluyela idea de muerte. (102a-107b).
V. Elmito escatológico(107c-1I 5a). Elviaje al Más Allá,la descripción de lafa bulosa geografía del ot ro mund o , y el destino de las almas
tras eljuicio, son los tres elem entos del mi-to que se propone como un complemento a la discusión anterior.
VI. Losúltimos gestos de Sócrates(115b-118c). Des -cripción de su actitud-ante la muerte. E s-tampa serena de la despedi da del filósofo y de cómo murió, por efecto de la cicuta, «el mejor hombre ... de los que... c onocí-mas, y, en modo muy desta cado , el más in-teligente y más justo».
Pod ría verse todo el relato com o un drama en cinco
actos, enm arcado por un prólogo (O) , y un epüogo (VI), dondela ten sión dra m ática está sustituida po r la discusión de los arg umentos. (En el inte rior del diálogo, alguna vez se per son ifica el lógos, como si el argumento fuera una perso na quelucha ra por su supe rvivencia.)Hay una int en-sa em oción baj o la aparente frialdad de los ra zonamien -tos, porque el tema tra tado es crucial para todos, y de modo singu lar para Sócrates, en esta segun da apología,
que tiene algo de trágica. Tanto 1, la conversación intro -ductoria, como V, el mito, enm arcan los argumentos fun-dam entales, que están en 11y en IV, mientras que la s ec-ció n m, con las objeciones de Slm mias y Cebes, y el co ment ario de Sócrates, en elcentromismo dcla com posi-ció n, marca un momento de inten so dramatismo lógico , si vale la expres ión.
El entramado de la discusión es admirablemente sutil, yla habilidad dePlatón para enlazarla argumentació n con los maticesde la escenografía ylas finas alusionespsicol ó-gicasasus personajes podríanllevarnos asubrayardc nu e-voeltalento literario de este gran filósofo. Pero,para ab re-viar, quiero citar unas líneas de A. Dies, que recogen lo esencial de lo que conviene resaltar:
20 DIÁLOGOS
FEDÓN 21
misterios o de lasleyendasórficas, as¡elmito traduce en leyendas y en visionesla doctrina científica : losbiena ven -turados ven a los diosesy conversan con los dioses, ven el sol. la luna ylos astros en su realidad verdadera, yeste espectáculo dichoso del mundo real no es más que una de('SaStransposiciones inversas quesirven para mat
eriali-zar, con grados diversos, lo inmaterial. pararefractar, en losplanos sucesivosdela intuiciónsensible, la contempla -ción de las Ideasj.
3. El milo final
, Dlils, íbíd., págs. 446-7.
, GUTHRIE,A Hislory .. ., vol. IV, págs. 36 1 y sigs.
1 C. EOOERS, Plat6n.
P
eaon.
Bueno s Aires, 1971, págs. 58 y sigs.importa nte en el mito es «su sentido, sentido ante lod o funcional», «Siempre en función de los intereses de sus
argumentaciones», los mitos escatológicos de Pla tón
pre-sentan una variedad de matices muy significa tiva. El del
Gorgiassubraya elvalor del verdadero vivirpara la filos
o-fia.El delFedón coincide en resalta r el premio a una ética
ya una ascética fundam entadas.Elde la República insiste enlajusticia yen la respo nsabilida d delhombre en laele
c-ción de su destino.
Hay enese recuento platónico una progresiva reela bo-ración de losdetalles. En el Gorgias elesque ma mítico es más simple, en la Rep ública se nos-o frece la forma más elaborada 8. Los mitos. como Plat ón sa be muy bien, ti e-nen un encant o propio y uno puedeadmitirlos así, como un hechizo seductor. y aceptarlos como una forma de en
-cantamiento (114d). A pun to de despedirse de la vida. el discutidor y escéptico Sócrates. a quien se co ndenó por impío en un terrible malentend ido de los atenienses, cu en-la un relato mítico va riopinto y piadoso. Sobre la discu
-sión dialéctica este ralato deja un tono poético. como un aroma o una ligera bru ma que so mbrea las aristas de un'
diálogo escueta mente racionalista. Tal vez esto sea otra muestra de la ironia sutil de Platón.
NOTA SOBRE LAS TRADUCC IO NES ESPA~OLAS
Ha y varias traduccion es españolas recomenda bles del Fedón. La más antigua entre las que aun se reedita n es
22 DIÁLOGOS FEDÓN 23
la de Patricio de Azcérate, una versión notablemente fiel. La de L. Gil, que se ha reeditado en va rias ocasiones (en compañ ía de sus versionesdel BanqueteydelFedro), me pa rece la mejor en estilo y elegancia de su prosa. La de
C. Eggers (Bueno s Aires, 1971) va acompa ñada por una excelente int roduccióny numerosas y cuidadas notas, pr e-sentá ndose como edición crftica. la de J. D. García Ba c-ca,que está incluida eneltomo 1de su versiónde Platón . Obras Completas. Caracas. 1980. es muy interesante por
su len guaje castizo y ajustado. de grat a lect ura.
Para miversión me hansidoespecialmenteútiles la v er-sió n de LuisGil y las notas de Co nrado Eggers , y me es grato recordarlo aquí.
COMENTARIOS. NOTA BIBLIOO RÁFICA
Me parece también muy interesante el estudio de W, C. K.Guthrie,ensuA Hístory 01 OreekPhilosop hy, vol. IV:Plato. TheMan and hisDialogues.
E
art
í
er
Period,Ca m-bridge, 1975, págs. 324-365.Loscomentariosy referencias bibliográfica s de Guthrie son siempre muy precisos y críticos.NOTA SOBRE EL TEXTO
Par a la traducción hemos seguido el texto publi cad o porJ. Burnet en PlatonisOpera, l. Oxford, 1900(reimpr. 1961). Sólo nos apartamos de su lectura en unos pocos pasajes, Que anotamos a cont inuació n.
C. GARcfA GUAL
Voya dar aquí tan sólo la lista delos comentarios so-breeldiálogo ,queen la mayoría de los casos acompañan a una edición del texto griego,
R, D.AR(; H EIl.-H II'"D, The Phaedo 01PIolO,landres, 1894;Nue
-va York, 1973.
R. S. BWCK, Pkno's Phaedo, Londres, 1955. J. 81.1kl'"IH, Ploto's Pnoedo , Oxford. 19 11.
C. EooF.RSl AN, Platán. Fedon, Buen os Aires , 1971. D. GALLOI', Plato. Pheedo, Oxford , 1975.
W. D. GEf)OES, The Phaedo o/Plato, Londres, 1863.
R. HACIO'O RTH, Ptoto's Phaedo, Cambr idge, 1955.
R. lORIAUX , Le Phedon de Platon (57a-84bj, Namur, 1% 9. L. ROIIIN, Ptaton, Phédon, Parfs, 1926.
W. J.VI;RD ENlI.'S, «Notes011 Pla to 'sPhcedo», Mnemosyne(1958), 133-2U
H. WrLL1AM~ON , The Pnaedo o/Plato, Londres, 1915 .
Lineas
66b 69b
69b 73,
",
10 8aLectura de Bumet
(Il&tQ tOO AÓ10U tv Tij ca::t",&i ) (Kai roéroo J,ltv névru ]
(WVOUIl Evó re xui mrcpaOI(ÓI1 Eva) (Koí)
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Lecturo adoptada
Sin corchetes.
Sin corchete s.
Sin corchetes.
Sin corchetes.
"U:rw6t ttva rpóeov t6v5f.: (VliRD E -NIUS).
toUTO,Óéon(MSS.)
FEDÓN 25
Fsnóx .- Yo mismo estuve allí, Equécrates.
EQu, - ¿Qué es, entonces , lo que dijo el hombre an -tes de su muerte? ¡,Y cómo murió ? 2. Que me gustaría mucho escuchártelo . Pues ninguno de los ciudadan os de Fliunte, por ahora, va de viaje a Atenas, ni ha llegado b de alliningún extranjero quenos pudiera dar noticias cla-ras acerca de esos hecho s. de no ser que él murió después de hab er bebido el veneno. De lo demás no hubo quien nos contara nada.
FED. - ¿Ni siquiera , pues, estáis informados sobre elS8a juicio, de qué manera se desa rrolló?
EQu. - Sí, de eso nos informó alguno, y nos queda -mos sorprendidos de que se celebrara con tanta anticipa -ción y que él muriera mucho más tarde. ¿Por qué pasó eso, Fedón?
FED.- Tuvouna ciertasuerte, Equécrates .Aconteció , pues, que la víspera del juicio quedó corona da la popa de la nave que los atenienses envían a Delos.
EQu. - ¿Y qué nave es ésa?
FED. - Ésa es la nave, según cuentan los atenienses, en la que zarpó Teseo antaño hacia Creta llevando a los famosos «dos veces siete), y los salvó y se salvó a sí
mismo 3. Asíque lehicieron a Apolo la promesaento nces, b
FEDÓN
EQU ÉC RATES, FEnÓN 1
57a EQUÉCRATES . - ¿Es tuviste tú mism o , Fed ón, junto a Sócrates el día aquel en que bebió el veneno en la cárcel
,
o se lo has oído contar a otro?J La escena inicial del diálogo, el encuentro entreEquécratesy Fe-don, tiene lugar en la patria del primero, Fliunte ,una pequeña ciudad
del Peloponcso. situad a al SO .de Codnto. Allí turito de Ta rento , un
dlsctpulo de FiloJao,habíafund ado un circulopitagór icoalquepertene
-cía Equócrates. Queéstesea un pitagórico ,como Simmias y Cebes, los interlocuto res de Sócrates eneldiálogo, resulta muy sign ificativo. Elt e-ma de la inmortalidad del alma les parecerla , sin duda, especialmen te atrac tivo a estos filósofosde una escuela bienconocida por sus afanes
trascendentes.e- Fedón, testigo de los últimos coloq uiosy momentosde Sócrates,está representado como unjoven al que el viejo maestro trata
con un cariñoso afecto. Tenemos pocos datos más sobre él. Se contaba
que era de noble fam ilia , pero que fue esclavizadoy rescatado por un socrático;pero estaanécdota entra dentro de untipo novelesco quehace dudosasu autenticid ad.Fund ó una escueta de filosofía en suciudad de ence,y se le atribuíaalgúndiálogo, según cuenta Diógenes Lactcio.c-.
Sc ha dicho queel mo tivo de Platón par a hacer de Fedón el narra dor de la s últimas conversaciones de Sócrates pudo ser que él se las refirió
al propio Platón, ausenteJ"e la escena . La narración se interrumpe en dos momentospor lo s comentadosdeEquécra tes-c-en 88c-89ay102a- , que subrayan con qué interés sigue la discusión relata da, y recuerdan
al lector el marco inicial del diá logo.
}
2 l.a tra ducción no recoge bien el matizdel texto ka)póseleleúla; que empleaelpretérit o imperf ecto y ese verbo ,quepropia mentesignifica
«acabar»,como un cierto eufemismo, para indica rque loqueleinteresa a Equécrates no esel hecho en sí, sino los pormenores yla con ducta
de Socraresalo largo de suencuentre con lamuerte:«¿Có mo se e nfren-ta ba a sufin?». Poco desp uésrepite, en 58c,con términos más precisos
lapregunta. El hechoensí es sabido,pero lascircuns tanci as, lo s gestos
y las palabras son lo impor tante. Recuérdes eque para los antiguos esa actitud fina lera muy indica tiva de la grandeza mor aldel personaje en
cuestión.
J El mito refiere que el poder oso Mino s, rey de Creta, obligaba a ,,' ·1
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FEDÓN. - Yo mismo estuve allí, Bq uéc rates.
EQu.- ¿Qué es, ento nces, lo que dijo el hombre an-tes de su muerte? ¿Y cómo murió?2. Que me gustaría
mucho escuchártelo . Pues ningu no de los ciudadanos de Fliunte, por ahora , va de viaje a Atenas, ni ha llegado b de allí ningún extranjero que nos pudiera dar noticias cla-ras acerca deesos hechos, deno ser que él murió después de ha ber bebido el venen o. De lo demás no hubo quien
nos contara nada.
FED. - ¿Ni siquie ra, pues, estáis informados sobre el S8a
juicio, de qué man era se desa rroll ó?
EQu. - Sí, de eso nos informó alguno , y nos queda-mos sorp rendidos de que secelebrara con tanta anticipa-ción y que él muriera mucho más tarde. ¿Por qué pasó eso, Fedón?
FED. - Tuvo una ciert asuerte,Bqu écra tes. Aconteció, pues, que la víspera del juicio quedó coro nada la popa de la nave que los atenie nses envían a Delos.
EQu. - ¿Y qué nave es ésa?
FED. - Ésa es la nave, según cuentan los ate nienses, en la que zarpó Teseo antañ o hacia Creta llevando a los famosos «dos veces siete», y los salvó y se salvó a sí mismo 3. Así que le hicierona Apololapromesa entonc es, b
FEDÓN
EQUÉC RATES, FEVÓN I
na EQUÉCRATES. - ¿E st uviste tú mismo, Fed ón , junto a
Sóc ra tes el día aquel en que bebió el veneno en la cárcel, o se lo has oído contar a otro ?
I Laescena inicial del diálogo,el encue ntr o entre Equécrates yFe -dón, tiene Jugar en la patria delprimero, Fliunte , una pequeñaciu dad del Pcloponeso, situada al SO. de Corinto. Allí Éurita de Tarento, un
discípu lo deFilo la o,habíafundad o uncírcu lopitagórico al quepcrten e-cíaEquécrates.Que éste sea unpitagórico , co moSirnmias y Cebes, lo,
interlocutores de Sócrates en eldiálogo, re sulta muy significativo. Elte -ma de la inmort alidad del alma les parecerla, sin duda , especialmente atrac tivoa estos filósofos de una escuela bien conocida por sus afanes trascc nd cntes.c-. Fedón, testigode losúltimo sco loquio s y momentos de
Sócrates,está representadocomo unjoven alque el viej o maestro trata
con un cariñoso afecto.Tenem os pocos datos más sobreél.Se contaba
que era de noble familia, pero que fueesclavizado y rescatado por un
socrático; pero esta anécdotaentra dentro de un tiponovelescoquehace dudosasu autenticidad.Fun dó una escuela de filosofíaen su ciudad de Elide, y óe le atribuía algún diálogo, según cuenta Diógcnes Laerclo.c-. Se ha dicho queel motivo de Plató n para hacerde Fedón el narrador de las últimas conversaciones de Sócrates pudo serque élse las refirió al propio PInt ón, ausente de laescena. La nar ración se interrumpe en dos momentosporlos comentarlosdeEquécrates- en88 c~89ay102a- , que subrayan con qué interés sigue la discusión relata da, y recuerdan
al lector el marco inicial del diálogo.
2 La trad ucción no recoge bien el matiz deltexto ka) pós eteteuza; queempleaeipretéritoimperfecto y ese verbo,queprop ia mentesignifica
«acaban>, co mouncierto eufemismo , par aindica rque lo que le interesa
a Equécrates no es el hecho en si,sino los pormeno res y la conduct a
de Sócratesa lolargodesu encuentrocon la muerte:«¿C óm o se enf ren-tabaasuñn?». Poco después repite ,en SSc, con términos máspreciso s
la pregunta. El hecho ensí es sabido, perolas circunstan cias, los gestes
y las pala bra s son lo importante. Recuérd ese que paralosantiguos esa
actitud final era muy indicati va de la gran deza moral del person aje en cuestió n.
1El mito refiere que elpoderoso Minos, rey de Creta, obligaba a .,'1 1
26 mAWOü S FEDÓN 27
segúnse refiere, de que, sisesalva ban,cada año llevar ían una procesión a Dclos. Yla envían, en efecto, contin ua-mente, año tras año, hasta ahora, en hon or al dios. De
modo que, encua nto co mienza n la ceremonia, tienen por ley purifica rla ciudad durantetodoesetiempo y no matar a nad ie oficialmente hasta que la nave arribe a Ocios y de nuevo regresede allí. Algunasveces, esose demoramu
-cho tiempo, cua ndo encuentran vient os que la retienen .
<:El comienzo de la procesión es cuando el sac erdo te de
Apolocorona la popa de la nave. Eso ocurrió casualm
en-te,como digo. la víspera de celebrarse el juicio . Por eso,
justam ente, fue mucho el tiempo Queest uvo Sócra tes en la cárcel, el que hubo entre el juicio y su muerte.
EQu. - ¿Y qué de las circunstancias desu muerte, F
e-dón'? ¿Qué fue lo que se dijo y lo que se hizo, y quiénes los que estuvieron a su lad o de sus amigos íntimos? ¿Q
no permit iero n los magistrad os que estuviera n present es,
y murió abando nado de sus amigos?
losatenienses a enviarcad anueve añosen una navea siete muchachos ysiete muchac has para ser devorad os por el monstruo del Laberinto, y que 'reseo. elhijo delrey Egeo, logró, al fin, acabar con tan feroz mbutodandomuerteal Mlnc tauro, conla ayuda de Ariadna (véaseP LU-TARCO, Tcseo 15 1010.). La peregrinació n (/ht'lJn a) anual a netosesuna
rememoración ritualdelmito.Puede, quizás,resultarirónicoquelac iu-dad cuide de "purificarse»mediante tales rito s,mientras ha condenado a muerte a un hombre como Sócrates . También éste se ha cuida do de «purificar IoU vida». La alu!>iónal mito contiene, pues, ciertas con nota
-dones sugestivas, ya quetambié nSócrates se co nsidera un servidor de Apolo(en 60b,61c yS5b). La relación másíntimaentreese viaje salv a-dorde 'reseo .altrentede los catorce jóvenes, y elcoloquiode Sócrates con susamigos - de los que se nombra a cato rce-e, ta l como sugirió
K. Dorter,n05 parece forzarenexceso la alus ión. Quetheorfasignifique, tanto «viaje » y «peregrinación» como «teoría».y«contempla ción », es probeb lcruentemás sugeren te para nosotros queparaun hablant e griego.
FEO, - No, de ningún modo, sino que tuvo a algunos d a su lado , y muchos incluso.
EQu. - Esfuérzateen relat amostodoeso lomáspreci -samente posible. de no ser que tengas algún apremio de tiempo.
FEO.- Bueno ,tengo unrat o libre, e intenta ré haceros el relato. Porque el evoca r el recuerdo de Sócrates, sea
hablando oescuchando a otro,es paramílo másagrada ble. EQu.- En tal caso, Fedón, tienes en quienes va n a
escucha rtea otrossemejantes . Asíque intenta contarlo t o-do 10 más detalladamente que puedas.
FEO .- Pues bien .yo tuve una asombrosa experi encia~ al encon trarme allí. Pues no me inundaba un sentimiento deco mpasióncomo a quien asiste a la muertede un amigo ínt imo,ya quese le veía un hombrefeliz,Bqu écrat es, t
an-to por sucompo rtamiento como por suspalabras, con tan -ta serenidad y tanta nobleza murió. De manera que mc parecióque, almarcharalHades. no.se iba sinundestino
divino " y que, además, al llegar allí, gozaría de dicha
como nunca ningún otro. Por eso, pues, no me entra ba,S9ra
enabsoluto, compasió n,como pareceríaser nat ural enquien asiste a un acontecimiento fúnebre; pero tampoco placer
como cua rldo nosotros habláb amos de filosofía como te -nía mos por costumbre -porque, en efecto. los coloquios
eran de ese género-e, sino que simplemente tenía cn mí
• Acaso la dilación, queantes se considerócorno«unaciertasuerte"
(I.VchlJlis), puede ser vista como«un destinodivino »(lhr {Qmoira) .La ¡·,presiónthd Q moira, que apareceotras veces enPlat6n (ef .tros.322a, t-edr, 230a , Apol. He, Carta VlI 326b) alude al «lote» asignado por
28 DIÁLOGOS FEDÓN 29
i
Iun sentimiento extr año,como una cierta mezcla en la que hubierauna combinación de placer y,a la vez, depesar5, al reflexionar en que él estaba a punto de morir. Y todos los presentes nos enco ntrábamos en una dispos ición pare -cida, a ratos riendo , a veces llorando, y demanera desta-bcada uno de nosotros, Apolodoro - que ya conoces, sin
duda, al hombre y su caráct er. EQu. - Pues ¿cómo no?
FED. - Él, desde luego, estaba por completo en tales -tado de ánimo, y yo mismo estaba perturbado como los demás.
EQu.- ¿Quiénes era n, Fedón, los allí presentes? FED. - De los del país estaba ese Apolodoro, y Crito -bulo y su padre, y además Hermógenes, Epfgenes, Esqui.
nes y Antlstencs. También estaba Ctesipo el de Peania, yMcnéxcno y algunos más de sus paisanos. Platón esta ba enfe rmo. creo 6.
l Enesa «ciertamezcla... combin ació ndeplacery a lavez de pesan >,
aflo ra un tema crucialdel diá logo :la existencia y cruce delos co ntra rios. Pero no creem osqueaquí tenga otra funci ón que la representación de ese estado ambiguo sentimenta lque testimonia Fedón.
5 Entre los presente sestán algu nos de los más conocidosdiscíp ulos comoelapa sion ado Apolodoro, mencionadoenelBanquetey enlaAp o" log{a(34a),Esquines«el socr ático» , y Anustenes,el fundadorde la es
-cuela cínica. Epigenes estambién unadepto deSócratester. JEN OFONTE,
Mem,III 12),YHerm ógenes, hermanodelrico Callas, hijo deHipónicc,
esuno delos dlalogar ues delCrátilo ,Ctesipo estámencionado enel Euti-demoy en elLisis.Critón,compañero de demo ycasi dela misma edad que Sócrates ,es el personaje que conocemos por el diálogo de sunom
-bre. Está acompa ñado porsu hijo,elbello Crito bulo (q ue reaparece en el Banquete de Jenofonte).Menéxeno eseljoven que da su nombre a otro diálogo platónico.- Plató nsecit a a si mismotres vecesen los Did-logos. Dos en la Apologia (34a, 38b), para resanar su presencia enel
ju icio, yésta,pa raseñala r su ausencia en elmomento de la muertede Sócra tes .
EQu. - ¿Estaban algunos forasteros ?
FEO. - Sí, Simmias el de Tebas, y Cebesy Fedondas; <. y de Mégara, Euclides y Tcrpsión.
EQu. - ¿Qué más? ¿Estuvie ron Aristipo y Clcómbro
-to7?
FEO. - No, cierta mente. Se decíaqueestabanenEgina. EQu. - ¿Algún otro estaba presente?
FEO.- Creo que éstos fueron, más o menos, los que allí estaban.
EQu, - ¿Qué más? ¿Cuáles dices que fueron los coloquios?
FEO.- Yo voy a intentar contártelo todo desde el co-mienzo.Ya de un modo continuo tambiénenlos días ante-d fiares acostumbrábamos, ta nto los demás como yo,a acu -d~r a visitar a Sócrates, reuniénd onos al amanecer en la sala detribunales donde tuvo luga r el juicio. Porque está próxima alacárcel. Allíaguardábamoscada díahasta que se abríala puerta de la cárcel, conversando unos con otros,
7Cebes y Sirnmia s proceden de Tebas, del grupo de discípulosdel pitagór ico Filolac. De Fedo ndas y de Terpsión no se sabe nada más . De Euclidesde Mégara (quc vivió entre 450 y 380)sabemos algo más,
por lo que nos cuenta Dló(]ENESLAl;RCIO (en II 106) Yalgunas otra s
cuas antiguas , Fundó su pro pia escuela en Mégara , y cultivó especial
-mente la dialéctica yuna tcoria metafísica dccorte'pa rmenideo. Junto
con Antistenes, yconel ausent eArlstipo, esuno delosmiembroscesta -cados, ya de medianaedad y con una filosofía propia, entr e los socráti -cos.Aristipo de Cirene , el hedonista , es un personaje muy interesante, con su doctrina sobre el placer co mo bien supremo, tan opuesta a la deAntísteneso a la de Platón ,Cleómbroro de Ambracía sesuicidó,s e-gún una famosaanécdota,trasleerelFedán,no sabemossi convencido
dcla inmorta lidaddesu alma o por elremo rdi miento de haber faltado ;1tan hermoso coloquio.- Para más datos sobre estos persona jes, en especial sobre Esquines, Antistenes yArtstipo, remito a W.C. K. Gu -ruma,A Hisrory of Greek Phiíosophy, 1lI,Cambridge , 1969, págs.389
30 DIÁ WGOS FEDON 31
porque no estaba abierta muy de mañana. Y en cua nto
se abría, entrába mos a hacer compañia a Sócrates y co n él pasábamos la mayor parte del día.
Pero en aquella ocasión IIOShab íamos congregado aún ~más tempran o. Porque la víspera, cua ndo salíamos de la cárcelalanochecer,nosenteram osdequela navede Deles había regresad o .Asíque nos dimos aviso unos a otrosde acudir lo antes posibleallugar acostumbrado. Yllegamos y, saliéndonos al encuentro el portero que solía ate nder-nos, nos dijo que esperáramos yno nos presentásemos a n-tes de que él nos lo indicara.
Esque los Once ! -dijo- desal an (de"los grilletes) a Sócra tes y le comunican que hoy morirá .
En fin, no tar dó mucho rato en volver y nos invitó 60Il a entr ar. Al entrar . en efecto, encontra mos a Sócrates re-cién desencadenad o, y a Jamipa -que ya conoces- que llevaba en brazos a su hijito y estaba sentada a su lado. Conque,encuanto nosvioJanti pa ,sepuso agrita r,como acostumb ra n a hacer las mujeres:
- ¡Ay,Sócrates, porúltima veztehablarán tus amigos y tú a ellos!
Al punto Sócrates, dirigiendo una mirada a Critón le dijo:
- Critón, que alguien se la lleve a casa9.
• losOncesonlosmagistrado sque tienena su cuidadolasprisiones y~I cumplimiemc de las penas impuesta s enellas, de acuerdo co n la consutucíónateniense. Cf.Aa.ISTÓTELI;S,CO'lSt. plen.52,1.Estos. funci a-nariwcorresponden a uno por cada tribu y uno más como secreta rio. Entiem posdenememode Faterc selesdio~Inombredeno m op1ljlpkes «guardianes de la ley...
9 hntipa ha pesado . po seeríorm eme. 11Platón, como pro ro upo de
mujer del ñtcso rc , pendenciera y gru ño na . YaJIlNOYONTE , en Mem. 11
2, 7, dice que «nadie podl a sopor ta r su mal carácter», y la literatur a
y unos servidores de Critón se la llevaron, a ella que
gimoteaba y sedaba golpes de pecho.Sócrates, sentándose b en la cama, flexion ó la pierna y se la frotó con la mano, y mientras se daba el masaje, dijo:
- ¡Qué extraño, amigos, suele ser eso que loshom bres denominan «placentero» 1°1Cuánsorprendentementeestá dispuesto frentea lo que pare ce ser sucontrario, lo dolo -roso , por el no querer presentarse al ser humano los dos a la vez; pero si unopersigue a uno de los dos y lo ale an-za, siempre está obligad o, en cierto modo, a tomar tam -bién elotro, como siambosestuvieranligadosenuna sola cabeza. Y meparece,dijo,que siEsopo lo hubiera adver- e
rído, hab ría comp uesto una fábula It de cómo la d
ivini-dad, que quería separar a ambos contendientes, después de que no lo consiguió, lesemp almó en un mismo ser sus cabezas ,yporesemotivoal que obtieneelunolea compa-ña el otro ta mbién a continuación. En efecto , algo asfme ha sucedido también a mí. Después de que a causa de los
satíricaha acen tuado eltipo . Aqu í Sócratesmandaalejarlaparaque con susllanto s no desentone yperturhe una charla filosó fica entre amigos, que se quiere serena y sin patet ismos.
10 Hayunareservadelfilósofo en la expresión: loque "de nominan 'placente ro'» , como siélno aceptaralo que laopinión comente~t im a como pla(:er. No la hay, al parecer,sobre lodoloroso. aquialmenes.
Acerca del placer,~I auténtico ylos fa tsos,vo h'erá Platón a disculirlos principales puntosen Rep. 583b-5S5a, Tímeo 64cSS. ,YFilebo lld-32b . Ya algo lo habla trata do con el Proldgo'Q$ 351b-l6Oc.
32 DIÁLOGOS FEDÓN 33
grilletes estuvoenmipierna eldolor,ya parece que llega, sigu iéndolo, el placer.
Entonces dijo Cebes, tomando la palabra:
- ¡PorZeus,Sócrates,hicistebien recordándomelo!Que d acerca delospoemas quehas hecho versificando las fábu -las de Esopo y el proem io dedicado a Apolo ya me han preguntado otros, como tamb ién lohizo anteayerEveno 12, que con qué intención los hiciste, después de venir aquí. cuando antes no lo habías hecho nunca. Por tanto, si te impo rta algo que yo pueda responder a Evenocuando de nuevo me pregun te - porquesébien queme pregunt ará -dime qué he de decirle.
- Dile entonces a él -dijo- la verdad . Cebes. Que no los compuse pretendiendo ser rival de él nide sus poe
-rmas - pues ya sé Que no seria fácil-, sino por experi -ment ar qué significabanciertos sueños y por purificarme, por si acaso ésa era la música Il que muchas veces me o r-den ab an compo ner. Pues las cosas eran delmod o siguien -te. Visitán dom emuchas vecesel mismo sueño en mi vida pasada, que se mostraba, unas veces, en una apariencia y, otras, enotras, decía el mismo consejo,conestas pala -bras : «{Sócrates, haz música y aplícate a ello!» Y yo, en
11 Pla tó ncitaaaveno. como sofistaenApología20b yco moespec ia-lisia en elarte recórica enel Fedro 267a. Por lo que aquí dice, Eveno de Paros había compuesto, además, algunos poemas.
11 mou,~ik~~,desdeelpunto de vista griego,todo arte patrocinado
por las Musas.desdelapoesíaépica y ladramática aladanza yla propia música. Sócrates pensaba que. en tan ampl io concepto, cabía también
la filoso fía(a la que los griegos no le asignaron nunca una Musa) , pero
con unescrúpulo un tantotardíoacepta la versión trad icional. El verbo (JpllOsid~astho i, que trad uzco por «purifica r», significa, máspropiam
en-te, «cumplir una obligación piadosa o un precepto religioso», fren te a la purificació n comoeliminació n de una manchaounpecad o, quequeda expresad a por kdtharsis y derivado s.
mi vida pasad a,creíaque el sueño me exhorta ba y an ima-ba a lo que precisamente yo hacía, co mo los que animan61<1
a los corredo res,ya mítambiénelsueño meanimaba aeso que yo practicaba, hacer música, en la convicción de que la filosofía era la másalta música, yqueyo la pract ica ba . Peroahora, despuésdeque tuvo lugar el juicio y la fiesta del dios reta rdó mi muerte, me pareció que era preciso, porsi acaso elsueño me ordenaba repetidam ente ro mpo-ner esa música popular, no desobedecerlo , sino hacerla. Pueseramás seguro no partirantesde haber me purificado compo niendo poemas yobedeciendo al sueño¡ Asíque, enb primer lugar, lo hice en hon or deldiosdelQue era la fíes
-taoPero después del himno al dios. reflexionando Queel poeta debía, si es que quería ser poeta, componer mitos y no razona mientos t., y queyo no era diestro en mito lo-gia, por esa razón pensé en los mitos que tenia a mano, ymesa bía losde Esopo; de ésos hice poesíacon los prime-ros que me topé I.bi'. Explícale, pues, esto a Evenc, Ce-bes,yque le vayabien ,ydileque, sies sensato , mesigalo antesposible. Memarcho hoy, segúnparece. Pueslo orde-c: nan los atenienses.
Entonces Simmias dijo:
,. poi(>i" mYlh ous. ul/' ou fQgous. En esta época, tras los soñstas, la posición entre mfthos y lOgos se hace co rrítnle. y10 es en Platón.
Pero no estan taj ante como pudiera pareeer; aqulunas lineasSt'pa ran
la designación de las fábulas como 16gous, a la de mjthous. Ese tipo derelatos.tradicionaleseinverosímiles. pero lógicos,podían serdesigna -dI)! con ambos términos. Ycon el más propio y estricto de U"1O$.
1.1IO. No es raro que Sócrates, como casi todoslos ateniensesde su
tiempo ,como vemo s por los personajes de Arístó renes, sesupiera de memoria muchas fábulases ópicas. En cua nto a ponerlasen verso. no eraésa IHlpráctica inusual, a lo que vemospor algunascitas, y supo nía un recur sofácilpara componerunospocmillas para quien, como Scc ra-tes, no poseía una inspiración ni un temperamento lírico notables.
---
---,r---34 DIÁLOGOS FEDÓN 35
- ¡Vaya un consejo ese que le das, Sócrates, a Eveno ! Muchas veces ya meheencontrado con el hombre . Desde
luego que por lo que yo he captado de él no te obedecerá de buen grado de ningún modo.
- ¿Cómo? - dijo él- ¿No es filósofo Eveno?
- Me parece que sí -contestó Simmias.
- PuesentoncesBveno estar á dispu esto, como cualquier
otro quepar ticipe deesta pro fesión. Sin emba rgo , pro
ba-blementeno seharáviolencia.Puesafirman queno eslí
ci-to. Y, al tiempo que decía esto, bajaba sus piernas al
d suelo, y sentándose así sostuvo ya el resto del diálogo.
Le pregun tó entonces Cebes :
- ¿Có mo dices eso , Sócrates ,deque no es lícito
hacer-seviolencia así mismo, pero que estará dispu esto elfil
óso-fo a acompañar al que muere?
-¿Cómo, Cebes? ¿No habéis oído tú y Simmias ha -blar de tales temas, habiendo estudiado con Filolao? 15.
- Nad a preciso, Sócr ates .
-Claro que yo hablo también de oídas sobre esas
co-sas. Pero lo que he oído no tengo ningún repa ro en
edecirlo. Además, tal vez es de lo más conveniente para
quien va a emigrar hacia allí ponerse aexam inar ya rela-tar mitos t6 acerca del viaj e hacia ese luga r, de qué clase
1~ Filolao de Cre tona, filósofo pitagóri co que, tras la e",p ulsión de
lasecta del S, deItalia, habíafunda do una escuelaen Teba s. CIC E RÓN cuen ta. en Df'Orat. III 139,que fueelmaestro deArq uitas de Tarenro. D¡Ó{]EN ES LAERCIO, quetoma la noticiadel eru dito Sátiro,dice -c-enni
9- que Platón habfa comprado. por den minas, tres lib ros suyos de
doctrin aspita góricas, yque sesirvióde ellos para compone rel Ttmeo,
Senos hanconservadovarios fragmentosdesu,obras;pero la atribución es, en muchos casos, dudo sa .VéaseM.nMP AN AR O , CA RDl NI. Pitagorici.
Tes tima nianer e Frammenti, 11.Florencia. 1962.Entodo caso, respecto altema delalma, niSimmiasni Cebes lehabía noído nada preciso(saphm). 16 «Examinar y referir relatos»(diaskopefn kal my thotoeetn¡ acerca
.~lI pOIlCmOS que cs. ¿Pu es qué otra cosa pod ría hacer uno cu el tiempo que queda hasta la puesta del sol?
- ¡,COllqué fundamento,pues, afirm an que no es líci-(o muta rse a sí mismo, Sócrates? Pues yo, justo lo que
tú decías hace unmomento,ya se lo había oídoa Filolao, cuand o convivía connoso tros, y tambi én otr as veces a al -gunos otros, que no se debe hacer eso .Pero nada preciso he escuchado nunca acerca de esos asuntos .
- Bueno , hay que tener confianza - dijo-oPues tal62</ ve'/, enseguida vas a oírlo . Quizá, sin embargo, tepa recerá extraño que este asunto frente a todos losdemás sea sim
-pie, y que nunca le ocurra al hombre, como su cede con los demás seres, que se encuentreen ocasionesenque tam-biénaélIe sea mejor estar muert o que vivir, yen loscasos en que le es mejor estar muerto, quizá te parezca extrañ o que a esos hombres les sea impío darse muerte a sí mis -mos, sino que deba n aguardar a otro benefactor.
Entonces Cebes, sonriendo ligeramente, dijo expresá n -dose en su dialecto:
- ¡Sépalo Zeus! 17.
- Pues sí que puede parecer - dijo Sócrates- que asíb l'S absurdo. Pero no lo es, sino que, prob ablemente, tiene una explicación . El dicho que sobreesto sedecla ra en los misterios 18, de que los humanos esta mos en una especie
dd viaje alHades le parece a Sócrates apropiado pasatiempo de su últi-I1Hl día. Traducir my thologeín, que ya está en Homero con el sentido
,k «conta r», «narran>, por «relatarmitos» es, quizás, untantoenfáti co. Il(o~de luego . «mito» notiene aquíninguna connotación peyorativa ; no ,'~ ficción , sino «relato tradicional».
" Cebes utiliza una exclama ción reba na en su dialecto: tus Zeús. 111 Forma ática serta
t
sta
Zeüs (<<¡Q ue Zeus sea testigc! »}.lO Esos «misterios»son, conseguridad. doctri~asórficas.Dcacuerdo
,
36 DIÁLOGOS FEDÓN 37
deprisión y queno debe lino liber ars e así mismoniesca
-par de ésta, meparece un aserto solemney difícilde com
-pren der. No obstante, me par eceque, a mi al menos, Ce-bes, queno dicesino bien esto: que losdioses son losque cuidan de nosotros y que nosot ros, los humanos. somos una posesión de los dioses. ¿O no te parece a ti así?
- A mi si - dijo Cebes-o
e - Así pues -dijo él- , ¿tamb ién tú si alguno de los
seres de tu propi edad se diera muerte a sí mismo , sin h a-berloindicado tú que deseas que esté muert o, te irritarías
con él, Y. si pudieras darle algún castigo, se lo aplicarí as como pena?
-Desde luego -dijo.
-Tal vez, entonces, desde ese punto de vista. no es
absurdo que uno no deba darse muerte a sí mismo, hasta que el dios no envíe una ocasión forzosa, como ésta que ahora se nos presenta 19.
-Bien -dijoCebes-e,eso sí parece razonable.Sinem
-bargo, lo quedecías hace un momento, lo de quelos fil ó-d sofos fácilmente querrían morir, eso me parece absurdo,
Sócra tes, sies queestá bien razonado lo que decíamosh a-ce un momento: quela divinidad esquien se cuida de no
-sot ros ynosotros somos posesionesde ésta. Porque elque
no se irriten los más sensatos de dejar esa situación de
serv icio,en la que les dirigen quienes son los mejoresdiri -gentesqueexisten, los dioses, no tiene explicació n. Pues,
(ver laamplia notaud loe. deC. EOOEIl5 LAS , Platón, Fedán, Buenos Aires. 1971, págs. 97·100).- Traduzco phrourápor «prisión», ya que indica un lugar vigilado; en el Crdtilo se usa el término desmlll&lon «cárcel».
19 Sobre la consideración filosófica del suicidio, desde Platón a los estoicos, puede verse el capitulo de J. M. Rrsr , en Ssoic Phi/(J.,·oph y . Cambr idge, 1969, págs. 233-255.
sinduda, nadiecreequeél se cuidará mejorpor sí mismo ,
tllqueda rseen libertad . Sólo un individ uo necio se aprcsu
-ra ría a creerquedebeescapar de su amo, y no reflexiona-~
ría queno conviene, porcierto,escapardelbien, sino p er-manecer enél lo másposible, yporelloescaparía írreñ exl -vamente. Pero el que tenga inteligencia desea rá siem pre, sin duda, estarjunto a lo quees mejorqueél mismo. Así
que, Sócrates, con esto resulta que es lógico lo contrario delo que hacepoco decíamos, que es natura lque los sen
-satos seirriten al morir,yque los neciosse alegren deello.
Entonces, me pareció que Sócrates, al escucha rlo, se regocijó con la objeción de Cebes, y, mirando hacia naso-Iros, dijo:
- De co nti nu o, cierta mente, Cebes va a la rebusca de 6lof algun os argum ent os y no está dispue sto por las buenas a dejarse convencer con lo que uno le diga.
Entonces dijo Sirnmias:
- Pero me parece, Sócra tes, también a mí que, por lo menosahora,Cebes dice algocierto. Pues ¿con quéin
ten-ción tratarían de escapar hombres, de verdad sabios, de unosdueños mejores que ellos mismos yquerríanaparta r -sesin más de éstos ? Y me parece que Cebes apunta a ti Sil razona miento, porquetú tan fácilmente soportas elaban
-donarnos a nosotros y a unos buenos gobernantes , según tú mismo recon oces, los dioses.
-Es justo lo que decís -c-dijo-c-, Pues creo que voso-b IrOS decís que me es preciso defend er me 20 contra ese re
-proche como delante de un tribunal.
- Desde luego que sí - dijo Cebes.
- ¡Vamos, pues!-c-dijo él-o Tratar édehacer mi apo-logía antevoso tros máspcrsua sivamenteque ante losjue
38 DIÁLOGOS FEDÓN 39
ces. En efecto , yo-dijo- ,Simmias y Cebes. si no creye
-ra quevoy a presentarme,en primer luga r, ante otrosdio
-ses sabios y buenos, y, luego, ante personas ya Fallecidas
mejoresquelasdeacá, cometería una injusticia no irri
tán-dome de mi muerte. Pero sabed bien ahora que espero
ellegar junto a hombres buenos, yeso no lo aseguraría del
lodo; pero quellegaréjunto a los dioses, amos muy exce
-Jem es,sabed bien que yo lo afirmaría por encima de cual-quier otra cosa. De modo que por eso no me irrito en
tal ma nera, sino que estoy bien espera nzado de Que hay algo para Jos muertos y que es, como se dice desdeanti -guo, mucho mejor para los buenos que para los malos.
- ¿Cóm o.Sócrates? -c-dijo Simmias-. ¿Ytúguardan
-dot eesa idea en tu ment e vas amar charte, o nosla puedes
comu nica r ta mb ién a nosotros? Porqu e me parece a mí
d que ésepodría ser un bien común, y a la vez te servirá
de apolo gía, si es que nos convences de lo que dices. - Bueno, lo intent a ré c-dijo-c-. Pero vea mos primero
qué es lo que aquí Critón pretende decirnos, me parece,
desde hace un rato .
- Qué otra cosa, Sócrat ess, va a ser -dijo Critón- , sinoque hace rato que medice elque va a darteel veneno que te advierta de que dialogues lo menos posib le. Pues
dice que los que hablan se acalo ra n masy que eso no es
rnadaconveniente paraadministra rel veneno. Encasocon
-trario, algunas veceses forzoso que quienes hacen algoasí
beban dos y hasta tres veces. y le contestó Sócrates:
-¡Ea, mándaloa paseo! Quese cuidesólo de su tarea,
para estar dispuesto a dá rmelo dos veces, si es preciso, y hasta tres.
- Bueno,algoasí sabía que dirías- dijo Critó n- . P e-ro me da la lata desde hace un rato .
- Déja lo -c-dijo-c-. Ahora ya quiero darosa vosotros,
misjueces, la razón de por qué me result a lógico que un
hombre que de verdad ha dedicado su vida a la filo sofía en trance de morir tenga va lor y esté bien esperanzado de 64D
quealláva a obtener losma yoresbienes, una vezquemu
e-ra. Cómo, pues, es esto así,Simmias yCebes, yo intentaré
explicároslo .
Porque corren el riesgo cuantos recta mente se dedican
a la filosofía de que les pase inadvertido a los demás Que
ellos no secuidan de ninguna otra cosa, sino de morir y
de estar muertos.Asíque,si eso es verdad, sin duda re
sul-tartaabsu rdoempeñarse durante todala vida en nada más que eso, y, llegando el momento, que se irritaran de lo que desde mucho antes pretendían y se ocupaba n.
Entonces Simmi as se echó a reir y dijo:
-¡Por Zeus, Sócrates, que, aunque no est ab a ahora e
con ga nas de reírme, me has hecho reír! Creo,desde l ue-go, que a la gente, de oírte decir eso mismo , le habría
parecido que está muy bien dicho respecto a los filóso fos
- y que recibiría la aprobación de nuestros co mpatriotas
completa mente11_ que losquefiloso fanandan moribun
-dos, y tampoco se les escapa a ellos que son digno s de
sufrir tal muert e.
- y dirían la verdad , Simmias, con excepció n de que
a ellos no les pasa inadvertido . Pues les pasa inad vertido
en qué sentido andan mori bundos y en qué sentido son
dignos de muerte ydeQué tipodemuert equienes son ver
-dade ra mente filósofos. Conversemos, pues-dijo- ,entre e
JI Losteba noscompatriotasde Stmmlas yCebes ten ía n fama de d
e-dicar se más a los pla ceres del cuerpo que a los del espíritu. como la mayoría de los beocios, considera dospo r los atenienses como groseros y za fios .
DlÁLOGOS "OON 41
nosotros sólo, mandándolosa losdemás a paseo. ¿Co ns i-deramos Que la muerte es algo?
- y mucho -dijo Simmias contesta ndo.
-¿Acaso es otra cosa Que la separación del alma del cuerpo 22? ¿Y el estar muerto es esto: que el cuerpo esté solo en si mismo, separado del alma, y el alma sequede sola en sí misma sepa rada de cuerpo? ¿Acaso la muerte no es otra cosa sino esto?
- No, sino eso - dijo.
- Examina ahora, amigo, si compartes mi opinión en
d lo siguien te. Pues con eso creo que sabremos más de la cuestión que estudia mos. ¿Te parece a ti que es pro pio de un filósofo andar dedicado a los que llaman placeres, tale s como los propios de comidas y de bebidas?
-En absolu to, Sócra tes - dijo Simmias. - ¿Qué de los placeres del sexo?
- En ningún modo.
:u Estaapollagt"apc'IO(¡sdmafos(apartamient odelcuerpo)serápront o considerada co mo una «ubcración» yuna "purificación» de 61ey sus impedimentos (67a-d).Tras laescisiónde cu erpo yalma, supo neyaPla -tón queéstasubsiste«ellaensímisma ».Pero , como han notado muchos co mentaristas , no se nos da entodoel diál ogouna definición de10 que se entiende por psycht, un concepto basta nte complejo. El alma es lo
rad o naly lo espiritualenel hombre, su autémíco yo, tremealcuerpo,
inst ru mentoyreceptc ncdelo sensible. Pero elarmaestambiénelpri
nci-pio de lavida , una noción que viene desde muy atrás, y quepermanece laten teo expresaenladiscusión. (Sob re la etimologíadepsycht,d.Cra·
liJo399d-400b.)Los apetitos y deseos parecen aquíqueda r asigna dos al
cuerpo, y hay en lodoeldiá log oun fervo r ascético sing ular .Seda por
firme la unidad delalma - sin lasdi ~uisiciont'S sobre S115partes que encontra mos enR~p. 435a-441y Fedro 246a·b, 25k-e-,quea Pla tó n leint eresa subra yar. SobreC$3amplitud del concepto depsyc~en Pla -Ió n.verE.R.I)()DD~,LosgriegosyJoirrt1<'io1ta':-trad.esp. M.AkAt:JO,
Madrid, 1960,cap.VII, yT.M.ROIlINSON, Pfalo'sPsychology,'rore n-ro. 1970 , cap. 11.
- ¿Y qué hayrespecto delosdemás cuidados delcuero pe?¿Te pa rece que tal persona los considera importantes? Por ejem plo, la adquisiciónde ma ntos y calzados elegan -tes, y los demás embellecimientos del cuerpo, ¿te parece quelos tiene enestima, o que losdesprecia, enla medida enQue no tiene una gran necesidad de ocuparse de ellos? ~
- A mí me pa rece que los desprecia - dijo-, por lo menos el que es de verdad filóso fo.
- Por lotanto, ¿note pareceque,porente ro - ·dijo-,
la ocupación de tal individuo no se centra en el cuerpo,
sino que, en cuanto puede. está apartado de éste, y, en ca mbio, está vuelto hacia el alma?
-A mí si.
-¿Es queno está claro,desde un principio,que el fil ó-sofo libera su alma al máximo de la vinculación con el 6s.r cuerpo , muy a diferencia de los demás hombres?
- Está claro.
- Y, por ciert o, que les parece,Simmias, a los demás hom br es quequienno halla placer entalescosas ni partici -pa de ellas no tiene un vivir digno, sino que se empeña en algo próximo al est ar muerto el que nada se cuida de
los placeres que están unidos al cuerpo . - Muy verdad es lo que dices, desde luego .
- ¿ Yqué hay respecto de la adquisición misma de la sabiduría? ¿Eselcuerpo un impedimento o no, si uno lo toma en la investigación como compañero? Quiero decir, b por ejemplo, lo siguiente:zacaso ga rantizanalguna verdad lavista y el oído a tos humanos,o sucede lo que incluso 2l
n Este «incluso» indica lapoca estima de Sécrates-P ja tón hacia los JXXI-llS co mo indagadore s de la verdad. En este caso se trata de algo tanobvioque "bas la»ellos load vierten yrepuen.Olimpiodoro pensaba queaquíaludía a ParménidesyEmpéd oc les; Burne t piensa en unaret
42 DIÁLOGOS FEDÓN 43
los poetas nos repiten de continuo, que no olmos nada
preciso ni lo vemos? Aun que, si estos sentidos del cuerpo no son exactos niclaros, malloserán los otros. Pues t
o-dos son inferiores a ésos. ¿O no te lo parecen a ti?
-c-Dcsde luego -dijo.
- ¿Cuándo , entonces -cdí¡o él- ,elalma aprehendela verdad? Porq ue cuando intenta examinar algo en compa -ñía delcuerpo,está claroque entonceses engañada porél.
C' / - Dices verdad.
- ¿No es,pues,al reflexionar. más que en ningún otro
momento, cuando se le hace evidente algo de 10 real lA? - Si.
- y reflexiona, sin duda, de manera óptima, cuando
no laperturbaningunade esas cosas,ni el oído ni la vista , ni dolor ni placer alguno , sino que ella se encuentra al
máximo en sí misma, mandando de paseo al cuerpo, y,
sincomunicarseniadherirse a él, tiendehacialoexistente. - Así es.
- Por lo ta nto , ¿también ahí elalma del filósofo des-d precia al máximoel cuerpo yescapa de éste,ybusca estar
a solas en sí ella misma? - Es evidente.
- ¿Qué hay ahora respecto de lo siguiente, Simmias?
¿Afirmamos que existe algo justo en si o nada?
- Lo afirma mos, desde luego, [por Zeus! -¿Y, a su vez, algo bello y bueno?
-¿Cómo no?
2. ti 1611 ÓIltlfll ..algo de lascosas existentes..o ..algode lo ('!lte...
Un poco despuésvuelvea emplea rse, eJI singular, esemismo participio sUMantivodelverb o«ser»,yhe trad ucido ortgituiIOU timospor "tiende
ha da loexistente», es decir, ..hacialoque es»(obien«aspira a alcanzar la realidad», como trad uce L. Gil).
-¿Es que ya has visto alguna de tales cosas con tus
ojos nunca? ".
- De ninguna ma nera - dijo él.
-¿Pe ro acaso los has percibido con algún otro de los
sentidosdelcuerpo? Merefiero atodoeso, como eltama -ño, la salud ,la fuerza, y, en una palabr a, a la realida d26
de todaslascosas, de lo quecada una es. ¿Acaso seco n-templa por medio del cuerpo lo más verdadero de éstas, 1
o sucede del mod o siguiente: que el que de nosotros se
prepa ra a pensa r mejor y más exactam ente cada cosa en sí de las que examina, éste llega ría lo más cerca posible
del conocer cada una?
- AsI es, en efecto .
- Entonces, ¿loharádel modo más puro quienen rigor máximo vaya con su pensa miento solo hacia cada cosa ,
sinservirse deningun avisión al reflexionar,ni arrastra ndo
ninguna otrapercepcióndelossentidosensu razonamiento, sinoque, usando sólodela inteligencia pura porsimisma,66a intente atra pa r cada objeto real puro , prescindiendo todo lo posible de los ojos, los oidos y, en una palabra, del
cuerpo entero , porque le con funde y no le deja al alma
2l Aquícomienzan lasreferencias a la «teoría de lasideas»que Pla
-tón desarrolla en estediálogo co n más amplitud que enlos anterior es. Es inte resante señala rque estas «Ideas», que no pueden verse con los ojosdelcuerpo,sedesignan mediantetérminosqueproced endela raíz
de""eu(F)id-;tantoeidascomoidhproceden de ella. Tienenunsigni· ficado muy similar y es dificil encont rar malicesdistintos ernreuno y otro.También morph1"(..forma..y«figu ru ) apareceen Plat ónparain
-dicar una ..id ea» oun ..tipo ideal», aunque esmenospropia para ello.
le!. la amplianoradeD.GALlOr eJIsu comentario, Piolo.Phal'do,Ox
-Iord , 197', págs. 93-97.)
26 «Realidad" corresponde aousia,quenoesapropiadotraducirpor
44 DIÁLOGOS FEDÓ N 45
adquir ir la verdad y el saber cuando se le asocia? ¿No es ése. Sirnmias,más Que ningúnotro ,elquealcanzará loreal? - ¡Cuán extraordinariamente cierto -dijo Simmias -es lo que dices. Sócrates!
b - Porconsiguientees forzoso- dijo- quedetodoeso seles produzca a losauténticamentefilóso fos una opinión tal, que sedigan entre síunaspalabras deesteestilo. poco más Omenos: «Puede ser que alguna senda nos conduzca
hastaelfin,juntoconel razonamiento, en nuestra Investí -gacíón , en cuant o a que, en tanto tengamos el cuerpo y
nuestr a alma esté cont aminada por la ruindad deéste, ja -másconseguiremossuficientementeaquello quedeseamos. Afirmamos desear lo que es verdad. Pues el cuerpo nos procura mil preocupacionesporla alimenta ción necesaria;y,
eademás. si nos afligen algunas enfermedades. nos impide
la caza de la verda d. Nos colma de amores ydeseos, de miedos yde fantasmasde todo tipo, yde una enorme t ri-vialidad. de modo que ¡cuán verdadero esel dicho de que en realidad con él no nos es posible meditar nunca nad a!
Porqu e,enefecto, guerras.revueltasybatallas ningún ot ro las origina sino el cuerpo y los deseos de este. Pues a causa de la adquisición de riquezas se origina n todas la guerras, ynosvemos forzadosa adqu irirlas por elcuerpo, d siendo esclavosde sus cuidados. Por esono tenemostie m-po librepara la filosofía .con todasesas cosas suyas. Pero
el colmo de todo es que, si nos queda algún tiempo libre desuscuidados y nosdedicam osa observar algo. inmiscu -yéndose de nuevoen nuestrasinvest igacionesnoscau sa al -boroto yconfusión . y nos perturba de tal modo que por él no somo s capaces de conte mpla r la verdad.
»Conque, en realidad. tenemos demostrado que, si al -guna vez va mos a saber algo limpiamente, hayque se pa-rarse de él y hay que observa r los objetos reales en sí
conel alma por sí misma. Yentonces. según parece, ob- e
tendremos loquedeseamosydelo quedecimosquesomos amantes, lasabiduría 27 , una vezquehayam osmuerto , se -gún indica nuestro razona miento, pero no mientras vivi -mos. Pues si no es posible por medio del cuerpo conocer nada limpiamente, una de dos: o no es posible adquirir nunca el sabe r. o sólo muert os. Porque entonces el alma67a esta rá consigomisma separada del cuerpo, pero antes no. y mientrasvivimos. como ahora, según parece,esta remos más cerca del saber en la medida en que no tratemos ni
nos asociemosconelcuerpo,a 110 ser enla estricta necesi
-dad. y no nos contaminemos de la naturaleza suya, sino que nospurifiquemosdeél. hasta que la divinidad misma noslibere. Y así. cuando nosdesprendamosde la insensa -tez del cuerpo, según 10 probableestaremos en comp añ ia delo semejante y conoceremos por nosotros mismos todob lo puro.que esoes seguramentelo verdadero. Puesalque noestépuro metemo queno le es lícitocaptar lo puro.» Creo que algosemejante. Simmias, es necesario que se
digan unos a otros y que mantengan tal creencia los que
rectamente aman el saber. ¿No te lo parece así'? - Del todo. Sócrates.
- Por lo tanto -dijo S6crates- , si eso es verdad, compañero, hay una gran esperanza, pa ra quien llega adonde yo me encam ino . de que allíde ma nera suficiente, más que en ningún otro luga r adquirirá eso que nos ha procurado la ma yor preocupación en la vida pasad a. Asi que el viaje que ahora me ha n ordenado hacer se pre-{' senta con una buena esperanza , como para cualquier otro
46 D1ÁU>OOS FEDÓN 47
hombreque considere quetiene preparadasu inteligencia,
como purificada .
- Muy bien - dijo Simmias.
- ¿Pero es que no viene a ser una purificación eso,
10 que desde antiguo se dice en la sentencia «el separar
al máximo el alma del cuerpo» 23 y elacostumb rarse ella
a recogerse y concentrarse en si misma fuera del cuerpo,
ya ha bitar enlo posible.tam o en eltiempo presentecomo
d en el futuro, sola en sí misma. liberada del cuerpo como
de unas cadenas? - Desde luego.
-¿Por tanto,eso eslo que sella mamuerte, lasepar a-ción y liberación del alma del cuerpo?
-Completa mente -c-d ijo él.
- Y en liberar la .como decimos,se esfuerzan continu
a-mente y ante tod o los filósofos de verdad , y ese em peño escaracterístico de losfilósofos, la liberación y la sepa
ra-ción del'alma del cuerpo. ¿O no?
- Parece que sí.
- Por lo tanto, lo que decíamos en un comienzo : ser ía ~ ridículo un hombre que se dispusiera a sí mism o durante su .vida a estar lo más cerca posible del estar muerto y a vivir de tal suerte, y que luego , al llega rle la muerte, se irrita ra de ello.
- Ridículo. ¿Cómo n07
- En realidad, por tanto - dijo-, los que de verdad
filoso fan, Símmias, se ejercitan en morir, yel esta r muer
-tos es para estos individuos mínima mente temible. Obs ér-valo a partir de lo siguiente. Si están, pues, enemistados
l8 Según algunoscomentaristas- Bur net, Bluck ,Loriau x-e-,hayaquí (en pd/ai.•. en 'oiló/C(J¡) una rererencía a una sentencia órfica. Según otros-J.V. Luce, HacH o r th ,verdemus, Gallcp-c-, Sócrates se refiere a lo ya dicho antes: «en el diálogo de hace un ralo: separar...».
-porcom pleto con elcuerpo. ydesean tenera su alma sola en sí misma, cuando eso se les presenta , inOseria una
enormeincoh erencia que no marcha ra n gozosos hacia allí68a
adondetienen esperanza de alcanzar lo quedura ntesu vi
-da desea ron amantemente - pues amaban el sa ber - yde verse apartadosdeaquello con lo queco nvivía n yestab an
enemistados? Ciertoque.al morir sus seresamados, o sus esposas. o sushijos. muchos por propiadecisiónquisiero n
ma rchar al Hades, guiados por la espera nza de ver ycon
-vivirallá con los queañoraba n.¿Y, en cambio, cualquier a
queame de verdad la sabid uría y que hayaalbergado esa esperanza de que no va a conseguirla de una manera válida en ningun a otra parte de no ser en el Hades. vab a irritarsedemorir yno seiráalligozoso? Preciso es creer· lo , al menos si de verdad. amigo mío , es Iilósofo. Pues él tendrá en firme esa opinión: que en ningún otro lugar
conseguirá de modo puro la sa biduría sino alli. Si eso es así, lo que justamente decía hace un momento, ¿no sería
una enorme incoherencia que tal individuo temiera lamu
er-te?
- En efecto. enorme, ¡por Zeu s! - dijo él.
- Por lo tanto. eso será un testimonio suficiente para ti -c-dijo-c-, de que un hombre a quien veas irritarse por
ir a morir, ése no es un filósofo, sino algún amigo del
cuerpo . y ese mismo será segura mente amigo también dee
las riquezas y de los honores29, sea de una de esas cosas
o de ambas.
- Desde luego -dijo-o es asi como tú dices. -¿Acaso, Simmias -dijo--, no se aplica muy espe-cialmente la llamad a valentía a los que presentan esa di s-posició n de ánimo?