• No se han encontrado resultados

Discursos y representaciones : la construcción social del consumo de drogas en el espacio comunitario

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "Discursos y representaciones : la construcción social del consumo de drogas en el espacio comunitario"

Copied!
49
0
0

Texto completo

(1)Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Trabajo Social. Discursos y Representaciones: La Construcción Social del Consumo de Drogas en el Espacio Comunitario. Seminario de Tesis Por. Diego Carvajal Guajardo. Profesor Guía: Beatriz Rodriguez-Milhomens 1.

(2) Tema de Investigación. Como tema para la investigación presentada, se establece las representaciones sociales construidas en torno al consumo de sustancias ilícitas. Esto se enmarca en la necesidad por aportar a la construcción compleja de la intervención realizada por la Corporación Caleta Sur. Lo que importa es indagar en la manera en cómo el sujeto con consumo de drogas se configura en las representaciones sociales desde los discursos dominantes que se emiten desde el Estado y otras instituciones, y cómo estos repercuten al interior de comunidades situadas en barrios marginales, como es el caso de la población Santo Tomás, sector en el cual se lleva a cabo el proceso de intervención.. Tabla de contenido. 2.

(3) INTRODUCCIÓN ....................................................................................................................4 1. FORMULACIÓN DEL PROBLEMA ........................................................................................5 1.1 Justificación.................................................................................................................9 2. PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN ....................................................................................... 12 2.1 Hipótesis ................................................................................................................... 12 3. MARCO TEÓRICO ............................................................................................................ 13 3.1 Las Drogas: Sobre Definiciones, Usos y Clasificaciones .............................................. 13 3.2 Drogas y Representaciones Sociales .......................................................................... 15 3.3 Discursos Institucionales del Consumo de Drogas ...................................................... 17 3.4 Drogas y Marginalidad Urbana .................................................................................. 21 4. OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN ................................................................................... 25 4.1 Objetivo General ....................................................................................................... 25 4.2 Objetivos Específicos ................................................................................................. 25 5. MARCO METODOLÓGICO ................................................................................................ 26 6. TESTEO DE INSTRUMENTOS ............................................................................................ 29 7. ANÁLISIS Y RESULTADOS ................................................................................................. 30 7.1 Los Discursos ............................................................................................................. 30 7.2 El Sujeto con consumo .............................................................................................. 34 7.3 Las Dimensiones del Problema .................................................................................. 40 7.4 El Contexto ................................................................................................................ 41 8. CONCLUSIONES ............................................................................................................... 46 BIBLIOGRAFÍA ..................................................................................................................... 48. 3.

(4) INTRODUCCIÓN. La presente investigación, tiene por propósito indagar en los procesos a través de los cuales se configuran las representaciones sociales y los discursos en torno al consumo de sustancias. Para el desarrollo del proceso investigativo, se consideró el espacio comunitario de la Población Santo Tomás de La Pintana, y estuvo enfocada específicamente a líderes territoriales del sector. La investigación fue de tipo cualitativa, con un modelo metodológico fundamentalmente inductivo. Para producción de información se recurrió a realizar entrevistas con los sujetos. Para el análisis de los datos se usó principalmente elementos del modelo de Análisis Estructural.. 4.

(5) 1. FORMULACIÓN DEL PROBLEMA El fenómeno del consumo de drogas se comprende posicionándolo como un constructo social, que es el resultado de la interacción de los factores históricos, y culturales que le van dando forma. En este sentido, las dinámicas en las cuales se inscribe el consumo de sustancias están determinadas por las características particulares del actual contexto de modernización. Este contexto es el que, en última instancia, termina por definir el carácter “problemático” del consumo de una determinada sustancia, y sus dimensiones en términos de cómo se percibe en las representaciones construidas socialmente. Indagando un poco en la temática, podremos darnos cuenta que esto trasciende lo que podrían considerarse como consecuencias objetivas del consumo de sustancias en nuestra sociedad, estén estas asociadas a derivaciones para la seguridad pública o de tipo sanitarias. Esto además tiene consecuencias particulares para los sujetos con consumo de drogas, los cuales se ven sometidos a la influencia de los discursos institucionales dominantes que influyen en la conformación de la opinión pública y las representaciones sociales. En relación a la trayectoria de la temática a lo largo de la historia, es posible constatar que la relación de la humanidad con las drogas ha tomado distintas formas, desde ya mucho antes de nuestra época. Es importante advertir que durante la mayor parte de ese tiempo, las drogas no fueron consideradas como un problema social. Como señalan los estudios al respecto, algunos de los primeros usos del consumo de sustancias psicoactivas se daban ya hace miles de años, al interior de ritos de índole religioso con fines médicos en tribus de cazadores y recolectores. Con el surgimiento de la civilización griega, surge el concepto de phármakon, que significa veneno y remedio a la vez, indicando que la connotación de peligrosidad de la sustancia está dada por la dosis definida por el propio consumidor. Con el desarrollo de los procesos de modernización y los avances y descubrimientos de disciplinas como la botánica y la química, comienza la producción y comercialización masiva de drogas con propósitos médico-terapéuticos. Para principios del siglo XX, todas las drogas conocidas se encuentran a la venta en farmacias de Europa, América y Asia, sin embargo su existencia no implica un problema social, ni sanitario, ni jurídico ni policial (Escohotado, citado en Slapak y Grigoravicius, 2006).. 5.

(6) Aclarando la importancia de los elementos históricos-contextuales, cabe preguntarse cuáles son los factores que han provocado un giro en la comprensión contemporánea del consumo de drogas, y de esta manera, establecer una genealogía del fenómeno. Para lograr responder a esta interrogante, es importante definir a partir de qué elementos se configura el fenómeno en nuestra sociedad. Este, entre otros factores, se encuentra definido por lo que son las construcciones discursivas de disciplinas como el saber jurídico, el médico y el farmacológico, los cuales se interrelacionan de distinta manera, dependiendo la situación concreta. Estos discursos se enmarcan en un contexto en el cual la droga ha pasado a convertirse en un objeto de cambio y acumulación de capital en el mercado (Baratta, 1991), y es presentada mediáticamente como un peligro para la seguridad pública y un problema sanitario de proporciones epidémicas (Gaete, 2007; Hopenhayn, 2002). Según algunas encuestas recientes sobre el sentir de la población general hacia el fenómeno del consumo de sustancias ilícitas en varios países América Latina, incluido Chile, es posible visibilizar que este se percibe como una problemática que va en escalada, que se propaga como una epidemia, y que se posiciona por sobre otros temas tales como la corrupción o la violencia política (Hopenhayn, 2002). En el caso de Chile, el consumo de drogas es considerado como un problema de interés público aproximadamente desde fines de la década del 70. Recién durante los años 80, se realizan los primeros estudios y registros de la temática, donde las ONGs inician las primeras intervenciones en los ámbitos de prevención y tratamiento de drogas (Baeza, Sandoval, & Herrera, 2008). Con la llegada de la democracia, en el país se da forma a las primeras iniciativas enfocadas específicamente a la problemática desde el Estado, a través de la creación, en 1990, del Consejo Nacional Para el Control de Estupefacientes (CONACE). En relación a lo señalado explícitamente por el actual Servicio Nacional de Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), ex CONACE se tiene que “dentro de los aspectos que han caracterizado el fenómeno del consumo de sustancias, las consecuencias en la seguridad pública son probablemente las que han tenido mayor notoriedad” (SENDA, 2011, pág. 25).Esta clase de afirmaciones se corresponden con la visión generalizada de la problemática del consumo de drogas en el resto de la población, en la que se instala una postura de alerta exacerbada, que se 6.

(7) construye de forma un tanto confusa e injustificada. Por otra parte, es posible visibilizar lo que se establece como prioritario al momento de abordar el fenómeno desde las políticas públicas. Si vamos a lo que constituye la situación objetiva del consumo de sustancias en el país, las cifras que existen al respecto no concuerdan necesariamente con el sentir de la población en general. En relación a los análisis estadísticos sobre consumo de drogas realizadas por el SENDA, tenemos que para el año 2010, la prevalencia del consumo de marihuana en la población general fue de un 4,6%; en el caso de la cocaína la cifra fue de un 0,7%; mientras que para la pasta base, el consumo se mantuvo en un 0,4%. Esto contrasta ampliamente con la prevalencia de sustancias lícitas, como es el caso del alcohol, que para el mismo año se mantiene en un 57,5%; y el tabaco, con un 39,5%. Considerando que estas últimas, no son percibidas por la población como sustancias tan problemáticas en materia de seguridad pública o consecuencias sanitarias. Cabe mencionar que en el caso de las tres sustancias ilícitas mencionadas, se muestra una disminución de la prevalencia en relación a años anteriores, lo que habla de una inconsistencia en relación a una supuesta escalada de la problemática (SENDA, Estudios de Población General, 2013) Se observa en este punto, que existe una divergencia en términos de las consecuencias reales del consumo de drogas para la población en general, y la resonancia simbólica de esta problemática en la sociedad. Como señala Hopenhayn, “hay algo de signo, de señal y de síntoma en la droga, o más bien en la proyección significante, que la sociedad hace sobre la sustanciadroga, que hace que su impacto desborde ampliamente su efecto o su daño medible” (Hopenhayn, 2002, pág. 5) De acuerdo con Hopenhayn (2002), elementos propios de la vida en las grandes ciudades, como el estrés laboral, las expectativas de consumo y la falta de espacios de tregua, nos inducen cada vez más a “depender de fármacos u otros satisfactores para re-inducirnos en aquello que ya no podemos generar con nuestras propias facultades: el entusiasmo festivo, la introspección, la euforia, la distensión, la inspiración, la expresividad, la capacidad comunicativa y otros” (pág. 5). Esto constituiría lo que el autor llama “la punta del iceberg”, es decir, el proceso a través del cual en la droga se traspasan y proyectan las secuelas de problemáticas sociales de mayor amplitud y trayectoria.. 7.

(8) Cuando estos factores se combinan con contextos de desprotección y segregación social, “la droga puede parecer un sucedáneo a la mano para olvidarse de la exclusión, (…) compensar la falta de movilidad social o real con mucha movilidad dentro de la propia cabeza, convertir el desarraigo existencial en ligereza para viajar vía porro o bazuco” (Hopenhayn, 2002, pág. 2). Como indica Bilbao (2003):. “la toxicomanía representa una reacción a una realidad social ansiógena. Nuestra sociedad ofrece hoy una manera de aliviar esta angustia sin enfrentar la realidad. Las drogas permiten una ilusión de independencia respecto a la realidad, produciendo estados de hiporeactividad ante el sufrimiento que produce nuestra sociedad, o bien, ante estados de exaltación que permiten encajar en medio de las presiones de los engranajes sociales, sin modificar en nada el plano de lo real. Vuelven lo vivido casi tolerable. Incluso cuando la realidad no se tolera, permiten el refugio en la alucinación” (pág. 48). Además de todos estos elementos contextuales, es importante relevar el lugar del sujeto con consumo de drogas en nuestra sociedad, y la forma en como se ve afectado por las representaciones sociales construidas en torno a su figura. Esto es particularmente significativo en el caso de aquellos individuos con consumo de sustancias ilegales, y más aún si estos se encuentran en una situación de segregación social. En relación a esto, se observa los efectos de dos discursos principales que configuran tanto las representaciones sociales del consumo de sustancias en sí, como las representaciones construidas en torno a los sujetos con consumo. Por un lado, los enfoques de corte punitivos y prohibicionistas, comprenden la problemática del consumo como un tema principalmente de seguridad pública, en el que el sujeto con consumo se aborda en tanto infractor de ley, que debe ser corregido, como forma de resguardar el orden social. Esta perspectiva se articula con otro conjunto de discursos de orientación normalizadora, como los provenientes de la psicología y psiquiatría, que caracterizan la dependencia a sustancias como un trastorno. 8.

(9) de comportamiento o personalidad, como es el caso de lo instaurado desde ciertas instituciones médicas (Aucía & Ragone, 2010; Gaete, 2007). Como señala Gaete (2007):. “si el consumidor es dependiente a una droga ilegal, este sujeto no sólo se desviará de una norma social y sanitaria, como un depresivo o un obeso, sino que también lo hará de una norma jurídica (…), lo que introduce la dificultad de conjugar un imperativo de cura, que podríamos asignarle a los dispositivos terapéuticos, con un imperativo de control, propio de los dispositivos legales” (pág. 55).. Esto pone al sujeto con consumo de sustancias en un lugar complejo, en el cual se conjugan conceptos con una fuerte carga social, como lo son los apelativos de “delincuente” y “enfermo”.. 1.1 Justificación Lo que surge como relevante para efectos de esta investigación, es indagar en la forma en cómo los discursos dominantes atraviesan la vida cotidiana y las relaciones sociales al interior del espacio comunitario en un barrio marginal o vulnerable. De esta manera se pretende visualizar como se posiciona el fenómeno de la droga en el espacio público de quienes conviven en este sector urbano, el cual surge como una problemática ineludible al interior de la población. En este sentido, surge otra dimensión relevante para la investigación, y que se relaciona con los efectos que tiene la problemática del consumo de sustancias en el vínculo comunitario de las personas de la población Santo Tomás. Al estar tan presente la problemática del consumo en el espacio público, y quedar a la vista su aspectos más nocivos, ésta puede convertirse en un factor de fragmentación del vínculo comunitario y del sentido de pertenencia al barrio. Con la criminalización del consumo de drogas, toda la responsabilidad recae sobre el individuo drogodependiente, por lo que resulta excluido, marginado y se rompe el vínculo social con él.. 9.

(10) Sobre la situación de la temática a nivel nacional, de acuerdo a un estudio del año 2003 en torno a las investigaciones realizadas por el CONACE, (actual SENDA), se observa que “los estudios cualitativos relacionados a investigaciones sobre representaciones sociales y discursos de consumidores sólo representan un 4,1%. (Quiroga & Villatoro, citado en Gaete, 2007, pág. 65). En su mayoría, las investigaciones realizadas por la institución estarían abocadas a estudios epidemiológicos sobre distintas poblaciones en Chile, y en una menor medida, a estudios cuantitativos sobre percepciones, actitudes y motivaciones ligadas al consumo de sustancias. Por otra parte, el estudio reflejó también que alrededor de un 51,1% de los encuestados (entre los que había un grupo seleccionado de expertos) expresaba una preferencia por los estudios cualitativos de drogas (Quiroga & Villatoro, citado en Gaete, 2007) Respecto de las motivaciones de la investigación, es importante considerar el contexto institucional en el que se realizó el proceso de práctica profesional, paralelo a esta investigación. Dicho espacio fue la Corporación Caleta Sur, enfocada al tratamiento y rehabilitación de sujetos con consumo problemático de drogas. Dentro de las necesidades institucionales visualizadas en Caleta Sur, se consideró de especial relevancia la carencia en materia de trabajo con la comunidad, en cuanto a formas de afrontamiento de la problemática. Así entonces se consideró pertinente realizar una investigación que pudiese producir conocimientos en este aspecto de la intervención de la institución, con el fin de aportar a la compleja construcción teórico-conceptual del fenómeno de intervención. A partir del proceso de práctica profesional en Caleta Sur, se fueron integrando progresivamente distintos elementos a la construcción del fenómeno de investigación/intervención. Por un lado, a través del trabajo con líderes territoriales del sector, fue posible constatar la actual situación del tejido comunitario en el sector, caracterizada por la fragmentación social y la conflictividad política. Esto aportó a la comprensión de las dinámicas de las relaciones comunitarias, particularmente en relación al rol de los líderes territoriales en el espacio. Por otra parte, en relación a los elementos contextuales propios de Santo Tomás, fue posible identificar la forma en como el hacinamiento y la precariedad habitacional, constituye un elemento relevante en términos de la conformación de las prácticas de consumo en el sector, y las percepciones del resto de la comunidad. En este sentido, se observa la existencia de un 10.

(11) límite difuso entre el espacio privado y el espacio público, en relación a como las problemáticas relacionadas al consumo de sustancias se instalan en la vida cotidiana de los sujetos que habitan el espacio comunitario. Por último, la posibilidad de intervenir desde un centro de tratamiento de consumo problemático de drogas, permitió observar las diferentes tensiones ético-políticas y metodológicas que surgen al momento de intervenir la problemática desde estos espacios. Esto se constata principalmente en relación a la persistencia de elementos propios de enfoques de intervención basados en el control y la normalización, en una intervención que pone énfasis en el aspecto terapéutico individualizado. Todo esto se tensiona con la necesidad de intervenir desde lo comunitario, lo que implica romper con las lógicas de los modelos tradicionales de tratamiento y rehabilitación del consumo de drogas. A partir de esto es posible incorporar nuevas perspectivas en relación a los aspectos metodológicos de la intervención, que surjan de una reconceptualización crítica del fenómeno, tarea para la cual la presente investigación pretende ser un aporte. ,. 11.

(12) 2. PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN A partir todo lo señalado anteriormente, se establecerá la siguiente Pregunta de Investigación:. ¿Cómo se configuran y reproducen las representaciones sociales en torno al consumo de drogas ilícitas en líderes territoriales de la población Santo Tomas de La Pintana?. 2.1 Hipótesis Las representaciones sociales de los líderes territoriales de la población Santo Tomás están claramente atravesadas por los discursos institucionales existentes sobre el consumo de sustancias ilícitas. En este sentido, se espera observar la importancia de los discursos dominantes sobre la conformación de las percepciones sociales a nivel de la vida cotidiana en un espacio urbano marginal.. 12.

(13) 3. MARCO TEÓRICO 3.1 Las Drogas: Sobre Definiciones, Usos y Clasificaciones Como se había señalado en el apartado anterior, para esta investigación se comprenderá el fenómeno del consumo de sustancias a partir de los elementos contextuales que definen su lugar dentro de la sociedad. Clarificando que la orientación del enfoque escogido busca reposicionar al consumo problemático de drogas como una problemática social y política, que debe comprenderse desde una perspectiva histórica que contemple los cambios en los aspectos culturales dentro de cada comunidad particular. En general, la definición y clasificación de las drogas en nuestra sociedad es compleja, a causa de la intersección de los distintos saberes e intereses desde los que se nombra el fenómeno. Así entonces, definiciones estrictamente farmacológicas se ven sobrepuestas a definiciones provenientes de perspectivas médicas y jurídicas, que a su vez, terminan teñidas por sus connotaciones morales de lo que es “maligno” o “benigno” en una sociedad (Gaete, 2007; Slapak & Grigoravicius, 2006). Para una definición más adecuada a los propósitos de esta investigación, se considerará como sustancias psicoactivas a aquellas que “una vez introducidas por diversas vías en el organismo, actúan directa o indirectamente sobre el sistema nervioso central, produciendo cambios en la actividad mental, como modificaciones en la percepción, el comportamiento o el estado de ánimo” (Slapak & Grigoravicius, 2006) Antes de poder plantear construcción conceptual sobre las drogas, Escohotado (2010) señala que se deben tener en cuenta al menos tres variables principales, las cuales serían: la toxicidad, el marco cultural y los empleos. El primer factor tiene relación con la dosis empleada de una determinada sustancia, o el llamado “margen de seguridad”, en términos de su potencialidad para curar o envenenar. La segunda variable, tiene relación con los atributos simbólicos de una sustancia en una comunidad específica, los cuales se desarrollan con relativa independencia de sus cualidades químicas. Por último, el tercer aspecto mencionado por el autor, tiene que ver con los usos que se dan a una droga, dentro de los que podrían identificarse los empleos festivos, los empleos recreativos y los empleos terapéuticos.. 13.

(14) También es relevante indicar algunas aclaraciones sobre ideas asociadas al concepto de adicción o dependencia a ciertas drogas. Escohotado (2010) señala que no debe formarse una idea simplista del hábito, en relación al consumo de sustancias: “gracias a una propaganda banal, tendemos a creer que las personas caen en dependencias farmacológicas, por razones distintas de las que llevan a contraer dependencias sociales, higiénicas o sentimentales. Pero eso no es cierto” (pág. 28). Para elaborar una clasificación de las sustancias psicoactivas desde una perspectiva libre de connotaciones normativas, Escohotado (2010) plantea una categorización a partir, precisamente, de sus efectos psicoactivos, esto es, lo que proporciona o promete cada sustancia a través de su uso. De esta manera estarían, en primer lugar, aquellas sustancias que prometen un alivio frente al sufrimiento y el desasosiego. En segundo lugar, se ubicarían aquellas drogas que ofrecen brindar nuevas energías o acabar con el aburrimiento o la pereza. Finalmente, estarían aquellas sustancias que facilitarían la introspección y la exploración nuevos estados de la conciencia. Partiendo de lo que establece esta definición, podríamos incluir a la marihuana dentro del tercer grupo, mientras que la cocaína se encontraría en el segundo grupo mencionado. Para complementar las definiciones anteriores, en relación a cuestiones más pragmáticas, Pons (2008) propone otro tipo de clasificación de los actuales tipos de drogas, en tres principales: institucionalizadas, es decir, aquellas que tienen un estatus de legalidad controlada; no institucionalizadas, o aquellas que se consideran ilegales y tienen una connotación valórica negativa para la sociedad y por último; institucionalizadas con posibilidad de uso desviado, o aquellas drogas para uso médico, pero que pueden ser desviadas de su propósito hacia otros fines. En el caso particular de Chile, la clasificación de las drogas como lícitas o ilícitas, está establecida en la Ley 20.000, que sustituye a la Ley 19.366 que sanciona el tráfico ilícito de sustancias psicotrópicas. Dentro de las sustancias ilícitas más emblemáticas, se incluye la Cannabis Sativa, la cocaína y la pasta base, teniendo esta última mayor prevalencia en la población de menor nivel socioeconómico (SENDA, 2010).. 14.

(15) 3.2 Drogas y Representaciones Sociales En este punto es necesario profundizar en lo que se comprende por representaciones sociales. Según Abric (2001):. “toda realidad es representada, apropiada por el individuo o el grupo y reconstruida en su sistema cognitivo, integrada en su sistema de valores que depende de su historia y contexto social e ideológico que le circunda. Y es esa realidad apropiada y restructurada que para el individuo o el grupo constituye la realidad misma. Toda representación es así una forma de visión global y unitaria de un objeto, pero también de un sujeto. Esta representación reestructura la realidad para a la vez permitir una integración de las características objetivas del objeto, de las experiencias anteriores del sujeto y de su sistema de normas y actitudes” (pág. 12).. Las representaciones sociales están compuestas en primer lugar, por un componente cognitivo y luego, por un componente social, es decir, la puesta en práctica de dichos procesos cognitivos. Las representaciones sociales mantienen la estructura de la vida social, en tanto un conjunto de interacciones entre individuos, y en la medida que estos construyen sus propias interpretaciones de la realidad en esas interacciones. Estas construcciones simbólicas ayudan a mantener la cohesión entre los miembros de una determinada comunidad, a la vez permiten establecer diferenciaciones entre individuos y grupos. Las representaciones sociales “constituyen elementos relativamente estables, y permiten por lo tanto, la predictibilidad de los sucesos, a la vez que son lo suficientemente abiertas como para posibilitar a los actores ir más allá y saber cómo actuar en situaciones nuevas” (Girola, 2012, pág. 444). Según lo señalado por Abric (2001), las representaciones sociales cumplen un rol fundamental en la dinámica de las relaciones sociales, el cual se expresa en cuatro funciones principales. Por una parte permiten entender y explicar la realidad, por lo que tiene una función de saber; en segundo lugar cumplen una función identitaria, al permitir preservar la especificidad de los grupos; en tercer lugar tienen funciones de orientación, en la medida en que 15.

(16) conducen los comportamientos y las prácticas y; en cuarto lugar, tienen funciones justificadoras, ya que permiten justificar a posteriori las posturas y los comportamientos. La construcción de las representaciones sociales se basa en la relación dinámica entre dos procesos: la objetivación y el anclaje. El primer movimiento permite a las representaciones sociales tomar validez material, concreta. Aquí se seleccionan y descontextualizan elementos de la realidad, reteniendo sólo aquellos que son compatibles con determinados sistemas de valores o intereses. En el segundo proceso, el anclaje, las representaciones sociales se integran dentro de un pensamiento social preexistente, modificándolo (Slapak & Grigoravicius, 2006). Como otro elemento característico de las representaciones sociales, tenemos que estas “se materializan como reales a través del lenguaje; el lenguaje es el instrumento crucial a través del cual las ideas se hacen realmente concretas” (Slapak & Grigoravicius, 2006, pág. 246). En la medida en que las representaciones sociales son capaces de construir estereotipos y visiones socialmente aceptadas de la realidad, podríamos decir que éstas tienen un cierto carácter de institucionalidad, aunque este sea distinto de lo que se entiende tradicionalmente por institución:. “Si consideramos que el termino institución se refiere a un modo prevaleciente de pensar o de hacer (en un grupo, en una sociedad) aceptado convencionalmente como “normal”, a la vez que prescribe cómo debe actuarse, entonces podemos decir que las representaciones sociales, en grados diversos y por tiempos variables, pueden estar institucionalizadas”. (Girola, 2012, pág. 446). La construcción de las representaciones sociales en relación al tema del consumo de sustancias, es relevante en la medida en que a partir de estas se configura simbólicamente la forma en como la sociedad en su conjunto define su visión del fenómeno, determinando los alcances y dimensiones desde los que se percibe la problemática. A partir de estos procesos, se puede explicar por ejemplo, de qué manera se ha instalado el actual estado de alerta social frente al consumo de drogas. Todo esto trae a su vez 16.

(17) consecuencias concretas para los sujetos con consumo de drogas, en la medida de su exclusión o integración dentro de la sociedad. Como señalan Slapak & Grigoravicius (2006):. “La red de representaciones sociales sostenidas por determinada comunidad en relación al consumo de sustancias psicoactivas, condicionará asimismo lo que se ha denominado tolerancia social, que son los patrones de comportamiento que implican la indulgencia hacia el consumo o abuso de determinadas sustancias psicoactivas (…) Los consumos que son aceptados o tolerados, no justifican por lo tanto una actitud de censura o sanción severa por parte de la comunidad” (pág. 247). De esta misma manera, a través de estas construcciones simbólicas, se atribuyen distintas connotaciones al consumo de cada droga particular. Estas diferenciaciones surgen incluso entre sustancias que comparten su condición de drogas ilícitas, pero que aun así se asocian respectivamente a distintos estratos o grupos sociales. Como indica Ghiardo, “la imagen del usuario de marihuana habla de un sujeto “relajado”, “pensador”, a diferencia de la cocaína, droga del hiperactivo, del “trabajólico”, o de la pasta base, del sujeto perdido en la exclusión” (Ghiardo, citado en Baeza, Sandoval, & Herrera, 2008, pág. 192). Lo anterior, da cuenta de que las dinámicas y contextos del consumo son variables, definiendo sus propios códigos y prácticas, asi como las representaciones tanto de quien las consume, como del resto de la sociedad.. 3.3 Discursos Institucionales del Consumo de Drogas Es dable aquí incorporar el concepto de discurso como complementario al de representaciones sociales, en la lectura del fenómeno. Este se define como “un concepto de habla que se encontrará institucionalmente consolidado en la medida en que determine y consolide la acción, y de este modo sirva ya para ejercer el poder” (Link, citado en Jäger, 2003, pág. 61). Los discursos corresponden a acumulaciones históricas de conocimiento, 17.

(18) que se constituyen a partir de relaciones de poder. Los discursos son por tanto de carácter supraindividual, configurando verdades socialmente aceptadas. Es importante poner énfasis en la forma de los discursos sobre el consumo de sustancias, los que se construyen a partir de relaciones asimétricas de poder, dentro de las cuales, ciertos discursos se imponen y prevalecen, al precio de que otros sean sometidos e invisibilizados:. “como el consumidor de drogas es un enfermo, un loco, o un delincuente, en cualquiera de los casos, un desviado social, incapacitado para decidir u opinar (…) sus posibilidades de participación en la construcción de un discurso referente a las drogas son negadas o invalidadas, más allá de los sentidos que el uso de sustancias tiene para sus usuarios, o la forma en que éste se configura como un cuerpo de conocimientos y experiencias propios y constitutivos de una construcción de identidad” (Echeverría, citado en Baeza, Sandoval, & Herrera, 2008, pág. 173). Así, se construirá el concepto de discurso punitivo-criminalizante, para caracterizar a aquel discurso institucional que pretende establecer la vinculación causal directa del consumo de drogas con conductas delictivas y apelando al tratamiento represivo de la problemática. En 2011, la Directora del SENDA, Sra. Francisca Florenzano, anunció su campaña antidrogas, afirmando que el 70% de los delincuentes en Chile son consumidores de drogas. Esta aseveración provenía de un estudio realizado por la Fundación Paz Ciudadana, a partir de una muestra de individuos detenidos por Carabineros en la Región Metropolitana, cuya representatividad como muestra es, por lo demás, cuestionable (De Rementería, 2011). Sin embargo, lo importante de ser señalado, es como lo anterior está relacionado con la forma en que desde el discurso del Estado, se pretende establecer una relación directa entre el consumo de sustancias y la delincuencia en el país. No es de extrañar, que el organismo encargado de tratar este fenómeno (SENDA), se desprenda directamente del Ministerio del Interior, por lo que dicha problemática se entiende, antes que nada, como un asunto de seguridad pública. 18.

(19) Desde el enfoque jurídico, el consumo de drogas se asume a partir de la relación entre la sustancia y sus implicaciones legales y delictivas. Se busca proteger al individuo y a la sociedad de las drogas no institucionalizadas, subrayando “la responsabilidad penal en el acto delictivo, y la responsabilidad de intervención coercitiva que tiene el sistema judicial, que deberá responder mediante la sanción legal para garantizar (…) la salud pública y la seguridad colectiva” (Pons, 2008, pág. 161). De acuerdo a lo planteado por Slapak y Grigoravicius (2006), los enfoques prohibicionistas hacia el consumo de drogas surgen originalmente como una forma de identificar y estigmatizar a ciertas poblaciones consideradas como peligrosas o contrarias a los sistemas de valores imperantes. Dichos enfoques se consolidan internacionalmente durante la década de los 80, teniendo como consecuencia una “creciente alarma social hacia el consumo de drogas ilegales y hacia los usuarios de dichas sustancias, alimentando estigmas y estereotipos. Se destina de esta manera el grueso del presupuesto a actividades de control y represión, en lugar de planes sociales o sanitarios” (pág. 243). A pesar de sus pretensiones, el tratamiento punitivo al consumo de drogas ha tenido consecuencias contradictorias al interior de la sociedad, respecto del control sobre el uso y abuso de sustancias. Dentro de las consecuencias de este modelo están la marginación y exclusión social de los sujetos consumidores, la violación de algunos principios fundamentales del Estado de Derecho, problemas de salud asociados a la adulteración de sustancias en el mercado negro, la explotación de los consumidores problemáticos dentro de la cadena del tráfico ilícito, entre otras. Las consecuencias del prohibicionismo, tienen secuelas más duras para los sujetos provenientes de estratos sociales más empobrecidos, que a su vez pertenecen a los eslabones más bajos en la cadena de mercantilización de la droga (Baratta, 1991). Como exponen Slapak & Grigoravicius (2003), “cuando un hecho ilícito se eleva como causa principal y crece en lugar de disminuir con la prohibición y la represión, cabe pensar que encubre procesos de control social condicionados por la moral vigente” (pág. 244). El discurso punitivo-criminalizante suele articularse dentro de las representaciones sociales del consumo de drogas, con aquellas perspectivas que tratan la problemática como una “enfermedad”. Para referirnos a este tipo de discurso institucional, se utilizará el concepto de clínico-patologizante. Estos dos tipos de discursos se cruzan en la medida en que ambos 19.

(20) defienden visiones de orientación normativa y disciplinaria sobre el control del consumo de sustancias psicoactivas. Desde el enfoque médico tradicional, “la dependencia de las drogas es considerada un fenómeno vinculado exclusivamente a procesos internos del propio sujeto y para entenderla bastará apelar a la interacción entre biología humana y las características farmacológicas de las drogas” (Pons, 2008, pág. 163). Por su parte, los enfoques psicológicos individualistas no van demasiado lejos de la perspectiva médica, explicando el consumo a partir de determinados trastornos mentales, rasgos de personalidad y patrones de comportamiento que definen al sujeto con adicción (Pons, 2008). El problema principal con este discurso, en un sentido muy similar al discurso anterior, es que patologiza el consumo problemático de sustancias, cargando toda la responsabilidad sobre el individuo, sin considerar en profundidad los elementos sociales y estructurales que influyen sobre el fenómeno. Por otra parte, se da una relación compleja entre ciertos saberes disciplinarios y las sustancias psicoactivas, que muchas veces encubre el control social y administrativo que existe hacia el uso de la droga:. “el saber-poder médico regula su uso. Ella es buena contra el displacer de aquellos que la consumen en forma de medicamento o sustituto. Dentro del dominio médico, la droga es manipulada como agente de adaptación. Fuera de este dominio, su uso es clasificado como abuso” (Bilbao, 2003, pág. 48).. Según Szasz la noción de enfermedad mental, surge como una estrategia para excluir socialmente a ciertos grupos con conductas que violan determinadas normas éticas, políticas y sociales. A pesar de que desde la Psiquiatría se intenta demostrar dicho concepto como una verdad irrefutable, el autor plantea que esto atiende más bien a cuestiones ideológicas y morales (Szasz, citado en Aucía & Ragone, 2010). En este punto, Foucault señala la importancia de la articulación de los dispositivos jurídico y médico, en lo que identifica como “sociedades de normalización”. En este tipo de sociedades “los discursos nacidos de las disciplinas invaden el derecho, con sus técnicas y discursos específicamente médicos y generan procedimientos que tienden a normalizar a los sujetos, no 20.

(21) únicamente a castigarlos” (Foucault, citado en Aucía & Ragone, 2010, pág.102). Según Aucía y Ragone (2010):. (Estos enfoques) “aparecen vinculados a proyectos políticos, en alguna medida relacionados con los procesos de consolidación del Estado o con la necesidad de intervención estatal sobre poblaciones específicas consideradas peligrosas (…) El consumo de estupefacientes está asociado a una serie de peligros en razón de que, en el imaginario social, circulan ciertas ideas por las que una persona bajo los efectos de la droga puede delinquir. Estas ideas no quedan sólo como representaciones mentales, sino también se traducen en prácticas concretas de control y de sujetamiento” (pág. 108).. Según las autoras, estos discursos tienen una base en el positivismo criminológico y en el cruce de los dispositivos jurídico y médico, que están ligados al surgimiento de nociones tales como “enfermedades sociales”, “peligrosidad”, “defensa social”, “resocialización”, “desviación”, etc. (Aucía & Ragone, 2010). Puesto que los discursos mencionados se estructuran desde saberes disciplinarios e institucionales, cabe preguntarse de qué manera pueden influir o incorporarse dentro de las representaciones sociales que se construyen en espacios comunitarios no institucionalizados o donde la presencia de instituciones tradicionales es de carácter débil o difusa, como es el caso de los espacios urbanos marginales. Esto ya sea desde la práctica de quienes consumen, como desde las precepciones de quienes no lo hacen, pero habitan el mismo espacio.. 3.4 Drogas y Marginalidad Urbana Dado que la investigación se realizará en la población Santo Tomás de La Pintana, es necesario incluir un último elemento significativo para la 21.

(22) comprensión del fenómeno, es decir, el concepto de marginalidad urbana. Este elemento configura las dinámicas de las relaciones sociales en las que se instala el sentido de comunidad de las personas que habitan este espacio territorial, y que constituye un elemento relevante en la construcción del proceso de investigación. El territorio en la Modernidad está definido por la ciudad:. “lo que ella representa, lo que la constituye desde su construcción imaginaria, sus paisajes, construcciones, los usos sociales de estos, y el contenido simbólico de sus instituciones. El territorio en definitiva, un espacio habitado, donde la historia dialoga con el presente y permite a partir de reminiscencias de esta también construir una idea de futuro o incertidumbre” (Carballeda, 2012, pág. 10).. De esta manera se comprende a las ciudades y los barrios, como textos a ser leídos, construcciones simbólicas de quienes los habitan y de cómo estos construyen y enfrentan su vida cotidiana, sus problemáticas, etc. De acuerdo a lo planteado por Wacquant (2007), la marginalidad en los espacios urbanos contemporáneos está dada por la intersección de elementos históricos, económicos y sociales que han tenido fuertes repercusiones para las relaciones sociales y los modos de vida en la ciudad. En este contexto, el retraimiento y la desarticulación del Estado de Bienestar son causas fundamentales en el deterioro material y la indigencia social que se acumulan en los barrios de relegación de las ciudades, tan importantes como las trasformaciones macroeconómicas. Esto puesto que los Estados definen la estratificación social por medio de las políticas públicas, siendo determinantes en cuestiones como la educación, el empleo, la salud, la vivienda y la conformación de los espacios urbanos. Otra dimensión abordada por el autor, estaría definida por las dinámicas espaciales que existen en la ciudad. Lo que caracteriza a los barrios marginados en la actualidad es su concentración y aglomeración espacial, y su conformación en núcleos que llevan una fuerte carga social y estigmatización vinculada con su situación de exclusión social, encontrándose generalmente identificados, tanto desde fuera como desde 22.

(23) dentro, como espacios de perdición, asociados a la indigencia, la inmoralidad y la violencia. Según el autor:. “el barrio ya no ofrece protección contra las inseguridades o las presiones del mundo exterior: ya no es más ese paisaje familiar, unificado por una cultura común, que aseguraba y reafirmaba a los habitantes en sus significaciones colectivas y sus relaciones mutuas. Se ha transformado en un espacio de competencia y de conflictos, un campo de batalla repleto de peligros donde reina una dura lucha cotidiana por la supervivencia, los recursos colectivos escasos y, por encima de todo, para encontrar los medios para escapar de allí” (Wacquant, 2007, pág. 311).. Frente a esta realidad, los Estados han mostrado una tendencia hacia un tratamiento penal y policial de la marginalidad, o lo que el autor llama giro hacia el Estado penal (Wacquant, 2007). Esto quiere decir, que se ha dado una tendencia por criminalizar a aquellos barrios marginados y a sus habitantes, como parte de un discurso que se retroalimenta en paralelo con la actual desintegración del Estado social. Se reduce de esta manera la problemática, acomodándola a los intereses dominantes, justificando frente a la opinión publica el uso de la represión y el desarrollo y masificación de nuevas tecnologías de violencia y control social. Esto se visibiliza, por ejemplo, en los párrafos anteriores cuando nos referíamos al tratamiento punitivo al consumo de drogas no institucionalizadas. En concordancia con lo anterior, surge el concepto de gueto, como representación geográfica de la exclusión, espacio que pone el escenario para determinadas formas de consumo, distintas a las que se dan en otras zonas urbanas. Estos guetos, “consisten en zonas aisladas (…) zonas sin futuro, donde la droga permite poner el tiempo entre paréntesis y vivir el instante” (Bilbao, 2003:48). Las dinámicas territoriales influyen en el acceso a determinadas drogas, que tienen efectos psico-sociales, por lo general, mucho más nocivos que otro tipo de sustancias, como es el caso de la pasta base. Esto además influye sobre las representaciones sociales y connotaciones negativas con las que deben cargar aquellos sujetos con consumo problemático en áreas urbanas marginales.. 23.

(24) Respecto de la situación general de los guetos urbanos en Chile, estos están caracterizados como “unidades espaciales de gran tamaño, homogéneamente pobres, alejadas de los centros y con poca oferta de servicios, lo que genera fenómenos de exclusión y marginalidad” (ATISBA, 2010, pág. 6). De acuerdo con un estudio realizado el 2010, sobre la situación de los guetos en Chile, se indica que el 44% de la población total de estos se encuentra en el Gran Santiago. Dentro de las concentraciones urbanas consideradas por el estudio, la Población Santo Tomás aparece como el cuarto gueto con mayor población de la Región Metropolitana (ATISBA, 2010). En estos escenarios el consumo de drogas toma forma desde la precariedad material y social, el hacinamiento, las cadenas del narcotráfico y la violencia. Dentro de espacios marginales como Santo Tomás, se posiciona la prevalencia del consumo de pasta base, como una droga simbólicamente representativa de este tipo de espacios urbanos. El consumidor de pasta base queda en medio de todos estos factores mencionados, representando el eslabón más bajo en estos ciclos de reproducción de la miseria:. “Pasteros poseídos e infectados son aislados y recluidos, condenados a deambular como zombies por los pasillos de la periferia. En los barrios marginales, los lugares comunes que hablan de la amenaza de la droga se transforman, para madres y vecinos, en una obsesión por el control y la regulación de la vida cotidiana de los hijos, niños y jóvenes” (Sepúlveda, 1997, pág. 112). A partir de los elementos entregados y, a modo de cierre del apartado, se constata que la configuración del fenómeno del consumo de sustancias y sus representaciones, es de alta complejidad y engloba una gran cantidad de componentes que, por razonas obvias, no podrán ser abordados por esta investigación. En este sentido, el énfasis sobre los elementos teóricoconceptuales presentados hasta aquí, están determinados principalmente por las orientaciones epistémicas y ético-políticas que guiaron la investigación. Por otra parte, se espera que a partir de lo presentado en el análisis y resultados de esta tesis, se puedan aportar elementos a la problematización y desnaturalización social del fenómeno.. 24.

(25) 4. OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN 4.1 Objetivo General Indagar en las formas en cómo se configuran los discursos y representaciones sociales sobre el consumo de drogas ilícitas en líderes territoriales de la población Santo Tomás de La Pintana.. 4.2 Objetivos Específicos 1. Identificar los elementos de los discursos institucionales que influyen en la construcción de las representaciones sociales al interior de la población Santo Tomás. 2. Identificar qué tipo de discursos se dan entre los líderes territoriales del sector.. 25.

(26) 5. MARCO METODOLÓGICO La presente investigación es de tipo cualitativa, puesto que, como se había mencionado con anterioridad, está centrada en representaciones sociales del consumo de sustancias ilícitas. En este sentido, se considera que el diseño de la investigación cualitativa tiene un carácter flexible, el cual está sujeto a modificaciones a lo largo de todo el proceso, dependiendo de los resultados y observaciones que se vayan obteniendo conforme avanza la investigación. La observación de los datos fue de carácter principalmente inductivo, tomando a la hipótesis de investigación más que nada como un elemento de orientación general para el análisis. Como señala Ruiz (2003), la investigación cualitativa debe contar con dos característica importantes, las cuales se complementan mutuamente. En primer lugar, es el aspecto de totalidad, es decir, que todo objeto de investigación debe leerse como un texto dentro de un contexto, considerando de manera global el fenómeno a tratar. La segunda característica se refiere a la proximidad, o la capacidad del investigador a no perder conexión con la realidad inmediata en la que se enmarca su objeto de estudio. . Para la presente investigación se hizo uso de la metodología de Entrevista en Profundidad, entendiendo a ésta como “reiterados encuentros cara a cara entre el investigador y los informantes, encuentros estos dirigidos hacia la comprensión de las perspectivas que tienen los informantes respecto de sus vidas, experiencias o situaciones, tal como las expresan con sus propias palabras” (Taylor & Bogdan, 1987, pág. 101). Este método se basa en un proceso de comunicación entre el investigador y el entrevistado, con la finalidad de acceder a ciertos significados que sólo pueden darse a través de dicho proceso. Como señala Ruiz (2003), la entrevista está lejos ser un proceso fortuito o espontáneo, sino que se caracteriza por ser “un tanto artificial y artificioso, a través del cual el entrevistador crea una situación concreta -la entrevista- que, lejos de ser neutral, implica una situación única” (pág. 165). La utilización de este método está dada por las condiciones en las que se da la investigación, en términos de tiempo, recursos y disponibilidad del investigador y los sujetos a investigar. Esto impedía la realización de una técnica como la Observación Participante o similares. La Entrevista en Profundidad permite la recolección rigurosa de datos en un corto período de 26.

(27) tiempo y a través de pocas sesiones de trabajo. Por otra parte, es compatible con el enfoque de estudio de representaciones sociales. En esta investigación se hizo uso de una entrevista No Estructurada. Esto quiere decir que la entrevista se realizará a partir de preguntas sin un esquema fijo, el cual irá cambiando conforme al desarrollo de la interacción entre entrevistador y entrevistado. Esto permite individualizar cada entrevista de acuerdo a las características del entrevistado. Las preguntas son de tipo abiertas e irán desde lo más amplio a lo más particular, intentando no hacer juicios de valor respecto de la información entregada. Se busca relevar el significado en el discurso del entrevistado. En relación a la selección de la muestra, se establece como la unidad de análisis de la investigación, a líderes territoriales de la población Santo Tomás de La Pintana. Para ello, se tomó en cuenta distintos sujetos que tenían algún nivel de protagonismo en el sector, y que pudiesen influir en la conformación de discursos u opiniones en torno al consumo de sustancias. En este sentido se consideró elementos como la participación de los mismos en actividades orientadas a la comunidad, capacidad de liderazgo, tiempo de residencia en el sector, etc. Dentro de algunos líderes podríamos considerar aquellos pertenecientes a organizaciones sociales, tanto formales como informales; juntas de vecinos, fundaciones, etc. Se propone trabajar con líderes territoriales, porque estos son portadores de opiniones que de una forma u otra tienen algún nivel de trascendencia dentro del espacio comunitario, al contar con el respaldo o validación del resto de las personas del sector. En este sentido, los puntos de vista expresados por estos sujetos tienen una particular importancia en la construcción de las representaciones sociales del consumo de drogas en Santo Tomás. Los líderes territoriales en este sector cumplen un rol similar al que cumplen ciertas instituciones tradicionales, en la medida en que contribuyen a la construcción de la identidad colectiva de quienes habitan este espacio, de ahí la importancia de relevar sus discursos. De acuerdo con lo anterior, tenemos que el muestreo de la investigación es de tipo No-probabilístico o Intencional. La selección se hizo de acuerdo al modelo opinático formulado por Ruiz (2003): se seleccionó a aquellos sujetos que de acuerdo a los conocimientos del investigador en el fenómeno surgen como los más adecuados para la recolección de información. Esta técnica fue complementada con la de muestreo por bola de nieve, puesto que, dado 27.

(28) el perfil de los primeros sujetos contactados, estos pudieron ayudar a la identificación de nuevos sujetos. Para el análisis de los datos, se hizo uso de la metodología de Análisis Estructural del discurso, desarrollada por Martinic (1992). Esta metodología pone el énfasis en la importancia de los elementos contextuales e interaccionales dentro de los que se emite un discurso particular. De acuerdo al propio autor, “se conecta así el texto en su existencia semántica con las condiciones sociales que lo producen y lo transmiten. En otras palabras, se sostiene que el discurso no pude analizarse independientemente de una teoría sobre lo social y de las relaciones sociales en las cuales se origina” (Martinic, 1999, pág. 5). Esta metodología parte de la teoría de la lingüística estructural, en la que se establece que los conceptos no tienen un significado en sí mismos, sino que se construyen a partir de un principio de oposición, en la cual la significación presupone la existencia de una relación de términos, que se expresa en la conjunción de estos en un mismo eje semántico. Según Martinic (1999), “el propósito del análisis estructural es, en una primera fase, describir y construir las unidades elementales que organizan tales significados para comprender, en una segunda fase, sus relaciones y dinámica en una situación de interacción comunicativa” (pág. 6). A partir del uso de esta metodología, se buscará identificar aquellos elementos en el discurso de los entrevistados que den cuenta de los aspectos estructurales que definen una determinada representación social. Se yuxtapone los elementos que conforman los discursos institucionales presentados en el marco teórico, y la manera en como repercuten en las construcciones cognitivas y las prácticas sociales en la comunidad.. 28.

(29) 6. TESTEO DE INSTRUMENTOS Para la recogida de información en terreno, se utilizó la técnica de entrevista No Estructurada. Cada entrevista constó de entre 9 y 12 preguntas dependiendo de cada caso particular. La pauta de preguntas sirvió como una guía general hacia dónde dirigir los temas que se irían tocando a lo largo de la entrevista. En total fueron realizadas seis entrevistas, a partir de las cuales se desarrolló la codificación de datos. La estructura de la entrevista fue relativamente flexible, en concordancia con la lógica de una entrevista No Estructurada, aunque para todos los casos se respetó el uso de una lógica que fuera de lo más general a lo particular, de manera de que fluyera más fácil el proceso. Los cambios que iban surgiendo a lo largo de las sesiones, se daban más que nada respecto de la capacidad de respuesta del entrevistado frente a cada pregunta. En relación a esto se evitaba caer en silencios prolongados o momentos en blanco. De acuerdo a las aptitudes del entrevistado se hacían preguntas de corte más denso o que exigieran mayor capacidad de crítica y análisis de parte del sujeto. En caso de que el entrevistado quedara en blanco, se hacían preguntas que estuvieran más relacionadas a sus experiencias cotidianas, o se iba desglosando cada pregunta con el fin de obtener más información. En general, no se presentaron mayores dificultades al momento de hacer la entrevista, y en la mayoría de los casos no se necesitó dar muchas explicaciones acerca de hacia dónde se dirigía cada pregunta. En promedio las entrevistas no se prolongaron más allá de 35 minutos, a excepción de una sola entrevista que superó la hora de duración. Por otra parte, el acceso a los entrevistados se dio de manera directa y sin mayores dificultades, aunque en el caso de ciertos líderes territoriales, se debía tener especial cuidado en el trato, a causa de la presencia de personalidades un tanto autoritarias.. 29.

(30) 7. ANÁLISIS Y RESULTADOS A continuación se presentarán los principales resultados obtenidos a partir del análisis de las entrevistas realizadas. En el desarrollo de la aplicación del modelo de Análisis Estructural, se esperaba poder dar ciertas luces acerca de la forma en cómo se estructuran los discursos en torno al consumo de sustancias, tomando en cuenta los antecedentes desarrollados en el Marco Teórico, en los cuales se identificaban ciertos discursos institucionales dominantes, desde los cuales se comprendía el fenómeno. Por otro lado, para efectos de la lógica de legibilidad del análisis, importante tener en cuenta algunos elementos entregados anteriormente relación a la estructura de las representaciones sociales, principalmente relación a sus funciones, las cuales tenían que ver con elementos construcción de saber, de identidad, de orientación y de justificación.. es en en de. A partir de lo analizado, se puede identificar la presencia de discursos en los que se configuran las representaciones del consumo de drogas desde la vida en el espacio de la población, un espacio comunitario complejo, desde el cual los sujetos construyen sus propios códigos y en el que la reproducción de las lógicas de los saberes institucionales no se da de forma pura o lineal.. 7.1 Los Discursos Es posible observar que la construcción de los discursos al interior del espacio comunitario, se encuentran ciertamente atravesados por las lógicas de aquellos que provienen desde los saberes institucionales. Sin embargo, estos rara vez se dan en una forma idéntica al de las instituciones, en el sentido de que los ejes desde los cuales construyen son distintos al interior del espacio comunitario. A partir de lo interpretado producto de las entrevistas, es posible hacer una reformulación de los discursos de los sujetos, en tensión con las elaboraciones teóricas planteadas, en una matriz que agrupe los principales ejes desde los que estos se construyen.. 30.

(31) Énfasis en lo Social (+). Excluyentes o Recriminadores (-). Demandas de medidas de control a favor de no los consumidores (+-). Búsqueda de integración comunitaria. Prevención (++). Demanda de medidas represivas individualizadas (--). Énfasis en el tratamiento y la rehabilitación (-+). Integradores o Tolerantes (+). Énfasis en lo Individual (-). Fuente: Elaboración propia, basada en la propuesta de Martinic (1999).. La utilidad de este tipo de esquemas es que ayudan a reconstruir las opiniones observadas, tomando en cuenta, que estas se dan dentro de un prisma relativamente heterogéneo de percepciones, pero que se estructuran en torno a ejes similares. Los ejes de estos discursos están definidos principalmente desde la forma en cómo se comprende o como se debería abordar el fenómeno del consumo de drogas en la comunidad. Por otro lado, cabe acotar que las valoraciones hechas están en función del horizonte transformador de la intervención, y no representan valoraciones manifestadas explícitamente en la visión de los miembros de la comunidad. Por un lado, es posible identificar discursos que muestran una perspectiva excluyente, propia de los discursos institucionales de tipo punitivocriminalizante o clínico-patologizante. Esto se expresa por ejemplo en las respuestas que se dan a las preguntas relacionadas a la forma que debería tomar la rehabilitación del consumo problemático de drogas.. (…) “lo que a mí me gustaría de los chiquillos que vayan a tratamiento, que fueran más. Que por ejemplo, que se internaran, que fueran más aprensivos con ellos y que tomaran remedios. No sé, tenerlos un año 31.

(32) que durmieran, que no se levantaran hasta que se curaran, tenerlos amarrados. (…) Claro que hay centros así, pero no es obligación, ahí les dicen “bueno, y si quieren se van”, entonces de repente, el que está más metido se va. Deberían amarrarlos igual que a los locos”. (Marcela) “yo creo que debería haber una isla, y llevárselos allá, y hacerlos trabajar, no sé jardinear, producir, yo creo que de esa forma la gente dejaría la droga. ¡Lejos, de todo el mundo! (risas)”. (Paula). En las citas presentadas, se pone énfasis sobre la importancia del control a partir del cual debe abordarse la problemática. Esto da cuenta de la influencia de los discursos institucionales mencionados. Existe la idea generalizada de que a mayor control del individuo con consumo, mejores serán los resultados de las intervenciones. Los sujetos deben estar además aislados del medio en el cual reproducen sus prácticas de consumo.. “No sé. Lo que pasa es que yo conozco personas que están internados y una vez que les dan como el alta pienso yo, (…) vuelven a haber instancias en que los chicos caen nuevamente en la droga. No sé de qué forma en realidad hay que salgan de ahí (del consumo). Entonces ese es el problema, es que son cuestiones abiertas y una vez que salen, vuelven a lo mismo. Debieran ser como estas cosas, cómo les llaman… como internados, como realmente internados, y que hicieran trabajar a los chiquillos, que les ofrecieran herramientas para hacer trabajos y eso… yo creo que sería la forma. Como tenerlos prisioneros, una cosa así. Esa debería ser la forma”. (Paula) “(…) a una persona que está enferma tu no la puedes dejar sola, porque recae. Y si lo tienes ahí (en rehabilitación) tiene que ser vigilado, lamentablemente, porque para ellos estar en una institución es como estar presos, voluntariamente”. (Rosa). Cabe destacar, que en estas afirmaciones no siempre se culpa de forma recriminadora al sujeto por sus actitudes, sino que, dentro de su misma condición de sujeto diferenciado, se lo comprende o se siente lástima por él. 32.

(33) Esto se visibiliza respecto del rol de los centros de tratamiento en su obligación de curar, rehabilitar o normalizar al sujeto con consumo. Estas perspectivas se contrastan con otras opiniones que acentúan el carácter social de la problemática:. “Bueno a los más conscientes les da pena, pero a los otros piensan que hay que reprimir nomás, que hay que meterlos presos, que hay que matarlos, que hay que deshacerse de ellos, como la lacra de la sociedad. Pero resulta que no es culpa de ellos, es un problema social. Pero desgraciadamente no toda la gente lo piensa así.” (Ema). Sobre cómo mejorar las intervenciones enfocadas a la problemática: “Si todos fuéramos capaces de dar un día de nuestras vidas, para mejorar esta sociedad sería diferente. Y mientras no hagamos eso, no va a disminuir, va a aumentar cada día más. En la medida en que nosotros no seamos capaces de decir ahora mismo “ya, que vamos a hacer por nuestros hijos, por nuestros nietos”. (…) Eso es responsabilidad de nosotros también, si es nuestra sociedad. Entonces eso es lo difícil, cómo disminuir. Programas. Ojalá en cada junta de vecinos hubiera un programa de prevención. Es que eso sería lo ideal”. (Ema) Sobre el aporte de Caleta Sur a la comunidad: “Nefasta para mí. Nefasta en ayuda comunitaria, porque yo pienso que una organización que viene con fines de prevención o de rehabilitación, lo primero que tiene que hacer es un trabajo comunitario. Esa es una institución a puertas cerradas”. (Rosa) “Yo creo que esos mismos centros deberían hacer un trabajo paralelo de prevención y de promoción. (…) Lo otro bueno sería que este centro saliera más a la comunidad. Cómo coordinamos por ejemplo, en este caso que los chiquillos de La Caleta, pudieran participar de la reunión de redes. Las redes son fundamentales en estas cosas”. (Ema). 33.

(34) Estas opiniones que hacen alusión al carácter social de la problemática, y al sentido de comunidad, son parte de las perspectivas propias de la condición de líderes territoriales de las entrevistadas. Esto muestra como los discursos van fluctuando desde las perspectivas excluyentes hacia las integradoras, dependiendo de la pregunta que se haga. En este sentido se justifica, por ejemplo, el uso de medidas represivas hacia el sujeto con consumo en el momento de la rehabilitación, pero se pone énfasis en lo comunitario al momento de hablar de prevención. 7.2 El Sujeto con consumo Respecto de la visión existente del sujeto con consumo de sustancias no institucionalizadas, es posible visibilizar ciertos patrones de diferenciación y estigmatización que se van construyendo desde lo normativo. A partir de esto se definen pautas a partir de la oposición de conceptos, entre aquello que se encuentra socialmente aceptado y aquello que transgrede esta norma, y por lo tanto, tiene una connotación negativa. Lo anterior, se puede expresar en el siguiente esquema:. Condición Según Consumo. Con Consumo. Sin Consumo. Anormal. Normal. Agresivo. Con Autocontrol. Enfermo. Sano. Capaz de lo que sea. Con capacidad de discernir. Sin fuerza de voluntad. Con fuerza de voluntad. Vago. Trabajador. 34.

(35) Fuente: Elaboración propia, basada en la propuesta de Martinic (1999).. Estas delimitaciones se construyen a partir de los discursos recogidos, a través de los cuales se van definiendo estas distinciones de exclusión, en los que el sujeto con consumo de sustancias aparece como un desviado social, un loco o un enfermo. Esto en oposición a aquellos que no son consumidores, y que se mantienen dentro de los límites de lo instaurado a partir de las representaciones sociales.. (…) “Porque yo pienso que la droga es tanto el daño que les hace, que los chiquillos ya no tienen sentimientos. Ya no piensan, actúan solamente. Actúan para drogarse.” (Marcia) (…) “Es decir, son atrevidos, no puedes colgar ropa en los balcones porque te la roban, se amanecen tomando, porque cuando están duros pueden estar tres o cuatro días y siguen en la misma jarana, como le llaman ellos, ¿me entiendes tú? Y uno no tiene vida. Y como no están en sus cinco sentidos, la falta de respeto hacia la comunidad”. (Rosa) (…) “Yo conozco mujeres de cuarenta o cincuenta años, acá en la plaza en el entorno que tenemos, y son calaveras andantes. Entiende que son capaces de prostituirse, de robar, de hacer lo que sea por la famosa moneda, para juntarla pa” la droga”. (Rosa) “Bueno los chiquillos que por ejemplo… en este pasaje, donde yo estoy, los únicos que yo veo que fuman, es mi hijo. Y ahora hay otro niño que está como esquizofrénico, está enfermo y él está consumiendo drogas así mismo, en la casa de él, afuera. Y yo el otro día hable con él, y como está enfermo entonces no es mucho lo que se puede decir”. (Marcela) (…) “Y además yo creo que no tienen fuerza de voluntad los cabros que fuman, porque ellos pueden decir “no yo no, nada más”, y llegando el momento, ya no llegan (a la casa) hasta mañana en la mañana nomás, y el fin de semana se desaparecen todo el fin de semana”. (Marcela). 35.

(36) “Yo creo que la gente ya está acostumbrada a verlos (a las personas con consumo). Yo creo que sienten indiferencia, la gente los mira y les da rabia yo creo. Y que les va a decirles, si son… de repente pueden ser agresivos, y pueden llegar a decirles cualquier cosa”. (Marcela). En relación a las citas presentadas, surgen nuevamente elementos discursivos pertenecientes a los saberes institucionales trabajados anteriormente. En este caso, es posible visibilizar elementos del discurso clínico-patologizante, en la medida en que el criterio de distinción entre el sujeto con consumo y aquel sin consumo, tiene una estrecha relación con sus capacidades psico-cognitivas. El sujeto consumidor de sustancias aparece como desprovisto de sus capacidades de raciocinio o discernimiento. En su condición de enfermo, el sujeto con consumo se muestra como un individuo que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de acceder a la sustancia, sin tomar en cuenta las consecuencias de sus acciones. Por otra parte, y en relación también a algunas de las citas de la categoría anterior, se muestra como un sujeto carente de voluntad o iniciativa propia, entregado totalmente a la influencia de la sustancia que consume. A partir de estas construcciones simbólicas del sujeto con consumo, se justifica socialmente la necesidad de intervenir la problemática, a través de mecanismos coercitivos e individualizados: puesto que el sujeto consumo no es capaz de tomar las riendas de su propias vida, en necesario que las instituciones tomen partido, ya sea a través del control policial, o través del control clínico-terapéutico. Estas representaciones de los sujetos con consumo, ayudan por un lado a la construcción de identidad a partir de la delimitación entre “ellos” y “nosotros”, en términos de quienes están bajo la influencia del consumo y quienes no. Por otro lado, como se había mencionado anteriormente, ayudan además a orientar determinadas acciones, y a brindar una justificación para actuar de dicha manera.. (…) “entonces ellos ocupan nuestro espacio, por decirte, el primer piso que ahí es donde están jugando los niños, ellos toman posesión de eso y se drogan delante de los niños. Entonces, cuando una ya es 36.

Referencias

Documento similar

"No porque las dos, que vinieron de Valencia, no merecieran ese favor, pues eran entrambas de tan grande espíritu […] La razón porque no vió Coronas para ellas, sería

Cedulario se inicia a mediados del siglo XVIL, por sus propias cédulas puede advertirse que no estaba totalmente conquistada la Nueva Gali- cia, ya que a fines del siglo xvn y en

En estos últimos años, he tenido el privilegio, durante varias prolongadas visitas al extranjero, de hacer investigaciones sobre el teatro, y muchas veces he tenido la ocasión

The part I assessment is coordinated involving all MSCs and led by the RMS who prepares a draft assessment report, sends the request for information (RFI) with considerations,

Ciaurriz quien, durante su primer arlo de estancia en Loyola 40 , catalogó sus fondos siguiendo la división previa a la que nos hemos referido; y si esta labor fue de

En cuarto lugar, se establecen unos medios para la actuación de re- fuerzo de la Cohesión (conducción y coordinación de las políticas eco- nómicas nacionales, políticas y acciones

D) El equipamiento constitucional para la recepción de las Comisiones Reguladoras: a) La estructura de la administración nacional, b) La su- prema autoridad administrativa

b) El Tribunal Constitucional se encuadra dentro de una organiza- ción jurídico constitucional que asume la supremacía de los dere- chos fundamentales y que reconoce la separación