En el espejo. Por Génesis Hernández

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En el espejo

Por Génesis Hernández

A los once años Rafael Martínez pasaba sus días en el campo, quemando su cuello y espalda bajo el sol ardiente. Fue en ese lugar donde entendió que ese no era el futuro que le esperaba, y fue ahí donde tomó una decisión que cambiaría el resto de su vida. En los años que pasó cruzando la frontera con su familia, reconoció que la labor no era para él y decidió tomar otro camino. Rafael continúo sus estudios en la ciudad de Piedras Negras y su primer logro fue graduarse de la preparatoria. Su hermano había conseguido la ciudadanía unos años atrás y le dio ese mismo privilegio a él y al resto de sus hermanos. Rafael veía a la educación como la única puerta para alcanzar su sueño, así que determinó emprender su carrera.

El migrar con sus padres cada año durante la época de cosecha, implicó que Rafael pasara unos cuantos semestres en escuelas de primaria y secundaria en el estado de Wisconsin. Estos semestres, que fueron intercalados a lo largo de los años, duraban menos de tres meses y no pudo adquirir el idioma inglés. En ese tiempo, sintió el peso de la ausencia de la fluidez del idioma, algo que nunca olvidó. Llegó a cierta edad en la que ya no tenía qué viajar con sus padres y se quedaba en México para continuar sus estudios. Después de graduarse de la preparatoria en Piedras Negras, Rafael decidió inscribirse en el colegio comunitario de un pueblo cerca de la frontera. Se graduó y su próximo paso en su educación era inscribirse en una Universidad. Durante estos años Rafael perseveró a pesar del idioma y de la añadida dificultad de la educación universitaria. The University of Texas at San Antonio fue donde encontró su llamado. Había entrado con una carrera en Criminal Justice, pero al conocer a sus profesores y explorar clases, se dio cuenta que lo que él amaba era enseñar. Se graduó de UTSA con una Maestría en Bicultural and Bilingual education. Tenía a su esposa e hijas en Piedras Negras, y decidió traer a su familia a San Antonio, donde comenzaría su nueva vida y su carrera.

Durante diez años, Rafael enseñó desde primero hasta tercer año de primaria en un distrito escolar en San Antonio. En el 2016 se le ofreció una oportunidad de trabajo en ese mismo distrito, en la cual su enfoque sería la administración de clases, maestros, e «English Language Learners». Ya no trabajaría día a día con los niños, pero seguía teniendo la oportunidad de impactar sus vidas de otra manera. Al recibir un ascenso, y llevar la posición de coordinador del departamento multilingüe del distrito, los días de Rafael ya no consistirían en un horario de

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siete de la mañana a cuatro de la tarde, ni pasaría tiempo con los niños haciendo actividades emocionantes que los preparaban para sus próximos años en primaria. Ahora sus días son distintos. El día de Rafael comienza al abrir los ojos, a las siete de la mañana, para poder llegar a las oficinas del distrito antes de que el reloj marque las ocho horas. Se asegura de llegar con tiempo ya que con el tráfico de San Antonio tarda un poco más de media hora en llegar. Hay dos tipos de jornadas que lleva a cabo, una es estar de ocho de la mañana a seis de la tarde en las oficinas del distrito, la otra es pasar la mitad del día en la oficina y luego visitando las escuelas.

El quedarse en las oficinas consiste en preparar o revisar planes de clase, contestar preguntas de maestros por correo, traducir documentos, analizar perfiles de estudiantes que se consideran

«English Language Learners», y contactar a padres de familia. Entre el tiempo trabajando en su computadora, se convoca a los miembros de su equipo para unirse a una junta en la cual se discuten temas sobre la evaluación de los maestro y estudiantes, y se proponen planes y metas que contribuyen al éxito de los estudiantes que forman parte del distrito escolar. Los individuos de este equipo, al cual pertenece Rafael, son profesionales expertos en diferentes áreas. Todos son hispanohablantes, con un perfil lingüístico diverso. Con tantas culturas distintas, un día en la oficina nunca es aburrido. Cuando el reloj se va acercando a las seis de la tarde, el día de Rafael va llegando a su fin. A esa hora el tráfico es pesado y termina llegando con su familia alrededor de las siete.

En la segunda jornada, su día comienza alrededor de las sieta de la mañana, llegando justo antes de las ocho. La mitad de su día se lleva a cabo en la oficina y la otra en las distintas escuelas del distrito. Al convertirse en coordinador del departamento multilingüe, Rafael ha tenido la oportunidad de proveer recursos de guía para los maestros, al igual que para niños migrantes que entran por primera vez al aula estadounidense. Esta parte de sus días son los que Rafael considera ser la razón para disfrutar tanto lo que hace, porque siente que está teniendo un gran impacto.

«Lo que hago me trae satisfacción, porque estoy ayudando a los niños a aprender el idioma y enseñándoles el valor de la educación y del esfuerzo. Yo me identifico mucho con ellos porque su situación es algo que yo viví. Un día yo estuve en su lugar luchando, pero ayudar a que salgan adelante es algo que me inspira a diario», afirma Rafael.

Al dirigirse hacia la escuela que le fue asignada para ese día, Rafael se prepara para escuchar testimonios impactantes, con los cuales él se puede identificar, u otros que jamás se pudo haber

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imaginado. Alrededor de la una de la tarde, se dirige a las escuelas, lleno de motivación, para ayudar a los niños que recién han llegado al país, niños que se parecen mucho al que él mismo un día fue.

El coordinador, Martínez, habló de una experiencia en particular con un niño salvadoreño de catorce años, quien no tenía familia con él, más que una hermanita en la primaria. El niño se llamaba Alejandro y le contaba a Martínez que al verlo se sentía aliviado, porque el estrés de no entender inglés y ser nuevo en su escuela era cansado. El niño hablaba de su experiencia al cruzar múltiples fronteras para llegar a Estados Unidos, y todo lo que había luchado. Martínez expresó que al ver a niños tan esforzados como Alejandro, con historias tan complejas, él desea que puedan salir adelante. En estas juntas con los niños, Martínez tiene la habilidad de otorgarles los créditos escolares necesarios que determinan su nivel escolar, esto se hace al procesar clases previas de su país de origen. Cuando los consejeros les negaban créditos a estos niños, por falta de experiencia, Martínez pudo dárselos gracias a su conocimiento en la profesión. Los niños en vez de graduarse a los veinte podrían graduarse a los dieciocho. Un dato que podría animar o desanimar a muchos, así que su trabajo es de gran impacto para muchos de estos estudiantes. Al terminar sus sesiones en las escuelas, Rafael regresa a las oficinas para terminar trabajos pendientes y una vez más llega alrededor de la siete de la noche a su casa.

Afortunadamente, Rafael ha podido ser testigo de los frutos de todas las horas que él ha invertido en su trabajo, y del esfuerzo que han hecho los niños que él ha ayudado. Un día, al hacer sus compras, se encontró con los padres de una niña a quien él había ayudado. Los padres de la niña se le acercaron con gran emoción diciendo:

«¿Maestro, cómo está? ¡Somos los padres de Angélica! Qué gusto verlo».

Después de enseñarle una foto de su hija, con su diploma universitario, a Rafael le contaron que se estaba preparando para la escuela de leyes. El joven profesor recordaba cuando ayudó a Angélica, cuando recién llegaba a Estados Unidos. Sintió un gran orgullo de lo que logró y hacia dónde se dirigía una estudiante que un día había llegado a él con poca fe y esperanza de sobresalir. Padres, y estudiantes cómo Angélica, que un día recibieron ayuda de Rafael Martínez, se han vuelto a encontrar con él y han recibido la dicha de compartir los diferentes logros de cada uno.

Los días de Rafael tienen aspectos rutinarios, como cualquier trabajo, pero él termina el día lleno de paz y satisfacción, sabiendo que cada detalle con que pudo contribuir a las vidas de los estudiantes del distrito escolar ha causado un impacto. La historia de Rafael comenzó como

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inmigrante al querer escaparse de la situación en la que estaba. Él logró superarse y encontró su llamado, pero lo que no sabía es que, al encontrarse con esos estudiantes se terminaría viendo en el espejo. Su niñez ha sido un gran motor y guía para Rafael, tanto, que logró llevarlo a su actual profesión.

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In the Mirror

By Génesis Hernández

At eleven years old Rafael Martínez spent his days in the fields, burning his neck and back in the blazing sun. It was in that place that he understood that this was not the future that awaited him, and it was there that he made a decision that would change the rest of his life. During the years he spent crossing the border with his family, he recognized that the job was not for him and decided to take another path. Rafael continued his studies in the city of Piedras Negras and his first achievement was graduating from high school. His brother had achieved citizenship a few years earlier and gave that same privilege to himself and the rest of his siblings. Rafael saw education as the only door to achieve his dream, so he decided to start his career.

Migrating with his parents each year during harvest time, Rafael Martínez spent a few semesters in elementary and middle schools in the state of Wisconsin. These semesters, which were interspersed over the years, lasted less than three months and he was unable to acquire the English language. In that time, he felt the weight of the absence of fluency in the language, something he never forgot. He reached a certain age when he no longer had to travel with his parents and stayed in Mexico to continue his studies. After graduating from high school in Piedras Negras, Rafael decided to enroll in a community college in a town near the border. He graduated and his next step in his education was to enroll in the university. During these years, Martínez persevered despite the language and the added difficulty of a university education.

The University of Texas at San Antonio was where he found his calling. He had entered into a career in Criminal Justice, but as he met his professors and explored classes, he realized that what he loved was teaching. He graduated from UTSA with a Master’s degree in Bicultural and Bilingual education. He had his wife and daughters in Piedras Negras, and decided to bring his family to San Antonio, where his new life and career would begin.

Rafael taught grades first through fourth in the same school district for ten years. In 2016 he was offered a job opportunity in that same district, in which his focus would be the administration of classes, teachers, and «English Language Learners». He would no longer work day to day with the children, but he still had the opportunity to impact their lives in another way. By receiving a promotion and taking the position of coordinator of the district’s multilingual department, Rafael’s days no longer consist of a seven to four schedule or spending

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time with children doing exciting activities that prepared them for their next elementary years.

Now his days are different. Rafael’s day begins by opening his eyes at seven in the morning, so that he can reach the district offices before the clock strikes eight. He makes sure to get there on time as with San Antonio traffic it takes a little over half an hour to get there. There are two types of days that he carries out, one is to be from eight to six in the afternoon in the district offices, the other is to spend half the day in the office and then visiting the schools.

Staying in the offices consists of preparing or reviewing classroom plans, answering questions from teachers by mail, translating documents, analyzing profiles of students who are considered «English Language Learners», and contacting parents. In addition to the time working on the computer, team members are summoned to join a meeting in which issues about the evaluation of teachers and students are discussed, and plans and goals are proposed that contribute to the success of the students who are part of the school district. The individuals on this team, to which Rafael belongs, are expert professionals in different areas. They are all Spanish speakers, with diverse linguistic profiles. With so many different cultures, a day at the office is never dull. As the clock approaches around six in the afternoon, Rafael’s day is coming to an end. At that time the traffic is heavy and ends up reaching his family around seven.

On the second type of day, he begins around seven in the morning, arriving just before eight.

Half of his day takes place in the office and the other half in the various schools in the district.

By becoming the coordinator of the multilingual department, Rafael has had the opportunity to provide guidance resources for teachers as well as migrant children entering the American classroom for the first time. This part of his days is what Martínez considers to be the reason for enjoying what he does, because he feels that it is having a great impact.

«What I do brings me satisfaction, because I am helping children to learn the language and teaching them the value of education and effort. I identify a lot with them because their situation is something that I experienced. One day I was in their place fighting, but helping them get ahead is something that inspires me on a daily basis», says Martínez.

As he heads to the school assigned to him for that day, Rafael prepares for shocking testimonies, with which he can identify, or others that he could never have imagined. Around one o’clock in the afternoon, Rafael heads to the schools full of motivation to help children who have just arrived in the country, children who look a lot like the one he once was.

The coordinator, Mr. Martínez, spoke of a particular experience with a fourteen-year-old Salvadoran boy, who had no family with him, other than a little sister in elementary school. The

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boy’s name was Alejandro and he told Martínez that when he saw him he felt relieved, because the stress of not understanding English and being new to his school was tiring. The boy spoke of his experience crossing multiple borders to reach the United States, and all that he had fought for. Martínez said that seeing children as hardworking as Alejandro, with such complex stories, he wants them to be able to get ahead. In these meetings with the children, Martínez has the ability to grant them the necessary school credits that determine their school level, this is done by processing previous classes in their country of origin. When counselors denied these children credit due to lack of experience, Martínez was able to give it to them thanks to his knowledge in his profession. Children instead of graduating at twenty could graduate at eighteen. A fact that could encourage or discourage many, so their work has a great impact on many of these students. At the end of his sessions in the schools, Rafael returns to the offices to finish pending work and once again arrives at around seven at night at his house.

Fortunately, Rafael has been able to witness the fruits of all the hours he has invested in his work, and the effort made by the children he has helped. One day while shopping, he came across the parents of a girl whom he had helped. The girl’s parents approached her with great emotion saying:

«Mr. Martínez, how are you? We are Angélica’s parents! Nice to see you».

After showing him a photo of his daughter with her college degree, Martínez was told that she was preparing for law school. The young professor remembered when he helped Angélica, when he had just arrived in the United States. He felt great pride in what she accomplished and where she was headed, a student who had one day come to him with little faith and hope to excel. Parents, and students like Angélica, who one day received help from Rafael Martínez, have met him again and have been blessed to share the different achievements of each one.

Rafael’s days have routine aspects, like any job, but he ends the day with peace and satisfaction, knowing that every detail that he was able to contribute to the lives of the students in the school district, has made an impact. Rafael’s story began as an immigrant by wanting to escape from the situation he was in. He managed to overcome himself and found his calling, but what he did not know is that when he met those students he would end up seeing himself in the mirror. His childhood has been a great driver and guide for Rafael, so much so that it managed to lead him to his current profession.

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