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Tres cartas -dos de ellas inéditas- de Meléndez Valdés a D. Ramón Cáseda

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Tres cartas -dos de ellas inéditas- de Meléndez Valdés a D. Ramón Cáseda

A D. Jesús de MENA MATEOS.

El texto de las tres cartas que publicamos nos ha sido facilitado, con p<JCo frecuente generosidad y ejemplar compañerismo, por el distinguido escritor D. Felipe Ximénez de Sandoval cuando se en- teró de que habíamos consagrado un estudio al p<Jeta D. Juan Me- léndez Valdés. El, a su vez, había recibido estas cartas, con otras muchas que tiene ya publicadas (1), de D. Jesús de Mena Mateas, en cuyo poder obraban manuscritas. Este señor, como lo explica Xi- ménez de Sandoval, las encontró al final de un tomo de obras de Cadalso que llegó a su manos por herencia.· Son copias sacadas de los originales, acaso por el propio destinatario, D. Ramón Cáse- da (2), a quien perteneció el aludido volumen.

Se ignora el paradero del original de estas cartas. Pero la copia

(1) Véanse sus artículos: "Quince cartas inéditas del coronel Cadalso", ABC, Madrid, 8 de marzo de 1959; "Quince cartas inéditas del coronel Cadalso", Hispanófila., 1950, núm. IO, págs, 21-45; "Una carta desconocida de Meléndez Valdés", Revista de Estudios Extrenwiios, Badajoz, I9ÓO, II páginas. Me es grato e:x:presar aquí mi agradecimiento a D. Jesús de Mena Matees y a D. Felipe Xíménez de Sandoval.

(2) En contra del ejémplo del marqués de Valmar y de Felipe Xí- ménez de Sandoval, que escribieron C aseda, adoptaremos desde ahora la ortografía y pronunciaci.ón Cáseda, que justificaremos más adelante (véase nota 12).

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que poseernos es buena, legible, completa y no plantea problemas de comprensión. Dos de estas cartas son totalmente inéditas; en cambio, la más breve, fechada en 30 de abril, sin año, ha sido pubjicada por Xirnénez de Sandoval (3) corno apéndice a las I S cartas inéditas del coronel Cadalso que editó, pero sin comentarios.

Antes de copiar y comentar el texto de estas cartas es indis- pensable aclarar dos puntos:

¿ Quién era ese Cáseda a quien iban dirigidas?

¿En qué fecha y en qué circunstancias fueron escritas?

I

A la primera de estas preguntas --quién era Cáseda- el mar- qués de Valrnar, que tuvo la suerte de manejar una copiosa docu- mentación cuyo paradero actual se desconoce (o por lo menos me es desconocido) y reveló la existencia de ese amigo de los poetas de la escuela salmantina, sólo nos facilita algunos elementos para una respuesta parcial. De la biografía de Cáseda no nos dice nada, o casi nada. Sólo sabemos que era compañero de estudios de Me- léndez, Forner, Iglesias y demás, que conoció a Cadalso cuando éste estuvo en Salamanca, y que era aragonés. En cambio, nos informa con alguna prolijidad y precisión acerca del carácter y psi- cología del joven.

Altivo, Ramon Cáseda hacía del desdén y desprecio de los de- más un medio seguro de medrar. A Iglesias, que se quejaba de que su afabilidad natural le impedía llegar al recogimiento místico que pretendía conseguir, aconsejaba Cáseda "que se armase de una sequedad, altivez o fanatismo con que despreciar a Jos sujetos que no juzgase de carácter, .Y que con esto lograría que no estor- basen los vulgares su carrera" (4).

Por ese carácter apasionado y violento, al par que rígido e in- flexible, se emparentaba, al parecer, con Forner; y, en efecto, sintió gran afecto y admiración por el extremeño, que fue un momento

(3) Hi#anéfila, loe. cit.

(4) Iglesias, apud Cueto, B. A. E., t. LXI, pág. cxvr b. Todo lo que sigue se inspira en esa interesantísima página del marqués de Valmar.

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TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA Il9

condiscípulo suyo en Salamanca. Con frecuencia se carteaba con él; le "contaba sus cuitas y refería en sus cartas la chismografía literaria de Salamanca". En 1775 y 1776 no se llevaba muy bien, a juzgar por la correspondencia dirigida a Forner que conserva- mos, con Iglesias y Meléndez. Tacha al primero de pérfido, de charlatán y de murmurador. La razón profunda de estas desave- 11encias hay que buscarla en la diferencia de carácter que separaba

radicalmente a esos jóvenes: Meléndez e Iglesias eran de "genio humilde y blando", Cáseda "de genio altivo e inflexible". "Yo soy un mal cristiano" reconocía; y prometía a Forner: "aprenderé a vencerme a mí mismo".

Pero había algo más: acaso inconscientemente, Cáseda mostró envidia hacia Meléndez e Iglesias. Había concebido una profunda admiración por Cadalso cuando éste, en 1773-74, estuvo en Sala- manca: "Cadalso, a quien amo tiernísimamente", escribe. Parece ser que el oficial le correspondía: no dejaba de enviarle memorias en las varias cartas que escribía a Arcadio. "A Cáseda dará V d. mil abrazos y expresiones, y no menos a Arroyos. Ambos son muy estimables y me precio de estimar lo bueno" (5). En otra ocasión le llama: "muy apreciable amigo" (6). Pero las tres

carta~ particulares que le dirige Cadalso (7) son brevísimas (seis . u ochq renglones) y totalmente insignificantes. Las fórmulas con que encabeza estas esquelas son de las más triviales: "muy señor mío y mi apreciable amigo; amigo y señor; Sr. Ramón Cáseda, mi amigo y dueño". En otra carta (la w) habla en la postdata del "Sr. Cáseda", todo lo cual no demuestra gran intimidad entre los dos hombres. Ese "aprecio", inspirado por la personalidad de Cáseda más que por sus talentos literarios, pues era "poeta harto escaso de imaginación" (Valmar), "pésimo poeta" (Ximénez San- doval), no tenía punto de comparación con el verdadero afecto, tra- to familiar y colaboración literaria constante que existía entre Batilo, Arcadio y Dalmiro. Por envidia, Cáseda acusa a Iglesias de perderle en la opinión de Cadalso: "Cada día voy sintiendo más haber conocido a Iglesias, pues por éste, sin duda, he per-

(5) Felipe Ximénez de Sandoval, Quince cartas, pág. 33, carta

s.

(6) Jbid., pág. 35, qrta J.

(7) Número II, 1.2¡ 13 de las puhlicadas por Ximénez de Sandoval.

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120 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

elido mucho en el concepto de Cadalso ... " ... "Arroya!, Carbonen y ... iba a decir Cadalso, viven dominados por la perfidia y char- latanería del hijo de la Castañera ... Iglesias los tiene engañados con su perfidia" (8). Tiene razón el marqués de Valmar cuan- do, para explicar las "prevenciones personales" de Cáseda, las achaca "acaso a una inferioridad literaria o su cavilosa imagina- ción, que le hacían receloso o descontentadizo", añadiendo que

"Cáseda era de aquellos ánimos impresionables y apasionados que nada perdonan y todo lo abultan" (9). Ultimo rasgo notable: gran admirador de Cadalso, Cáseda coleccionaba las cartas y autógrafos de éste y, al parecer, no escrupulizaba demasiado sobre los medios de hacerse con ellos, pues cogía y se llevaba los que llegaban para sus compañeros ausentes, lo que no debía de mejorar las relaciones existentes entre los condiscípulos (10).

* * *

Por interesante que sea este retrato moral, no constituye una respuesta cabal a nuestra pregunta inicial. Así que volvemos a in- terrogarnos : ¿ Quién era D. Ramón Cáseda?

Conociendo la enorme riqueza documental que encierra el Ar- chivo de la Universidad de Salamanca, se nos ocurrió escarbar un poco por ese lado y, gracias a la ayuda de nuestro querido ami- go D. Ricardo Espinosa Maeso (II), reuniendo noticia tras no- ticia, hemos llegado a trazar, si no un retrato, por lo menos un esbozo biográfico bastante detallado del estudiante "aragonés".

Un aragonés que no era tal, sino navarro. Ésta es la primera rectificación a que nos obligan los libros salmantinos. Año tras año,

(8) Gtado por Valmar, B. A. E., LXI, pág. cxvr a, nota.

(9) B. A. E., t. LXI, pág. CXVI.

(IO) Ximénez de Sandoval, Una carta. desconocida, pág. 7.

(II) Agradecemos una vez más a nuestro entrañable amigo D. Ri- cardo Espinosa Maeso la ayuda insustituible que nos prestó. No sólo buscó y halló el expediente personal de· Cáseda, sino que se sirvió copiarlo y e11viarnos la copia.

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TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA 121

los registros de matrículas puntualizan: "D. Ramón Cáseda (12), na- tural de Pamplona, eiusdem• dioce.sis", o, en otro lugar: "Obispado de Navarra". ¿Su fecha de nacimiento o la de su bautismo? No la señala concretamente ningún documento. Pero el 15 de noviembre de 1772, cuando sufre el examen de ingreso, Cáseda afirma "ser de edad de diecinueve años", es decir, que. hubo de nacer en 1753·

Como es de suponer, buscamos la partida de bautismo correspon- diente en las cuatro parroquias que, en el siglo XVIII, existían en Pamplona, a saber, la Catedral, llamada también San Juan Bau- tista, San Nicolás, San Saturnino (o San Cernín), y San Lorenzo.

En el Archivo de San Nicolás hay constancia de que un tal Pedro Antonio Vicente Cáseda y Esparza, hijo de Francisco y Teresa, fue bautizado el 6 de abril de 1756 (13). Se trata con toda seguridad de un hermano menor de nuestro Ramón; pero la par- tida de éste sigue sin aparecer. De modo que lo único que sabe- mos de él y de su familia es que su padre era D. Francisco Ramón de Cáseda, escribano real, y su madre, Teresa de Esparza, natural de Miranda de Arga. Sus abuelos eran D. Joaquín de Cáseda, escribano, y María Francisca Trepeana, ambos difuntos ya en Í781. Todos ellos eran cristianos viejos, "sin mezcla ni nombre de moros, judíos, agotes (14), ni penitenciados por el Santo Oficio" (15). Pertenecía; pues, a una familia de oficiales y minis- tros subalternos de la ley y de la justicia. Veremos que el joven D. Ramón, a pesar de la independencia de carácter que en varias

(r2) Los libros salmantinos y el registro parroquial de Pamplona coin- ciden en escribir Cáseda, ortografía que corresponde al uso fonético en la pronunciación de este apellido, -bastante difundido en Navarra y regiones próximas al Pirineo occidental.

(13) Arch. parroquial de San Nicolás, libro de bautizados núme- ro VIII, fol. 195. Agradecemos esta información a D. ·P. Alfar o, cura párroco de San Nicolás.

(14) Agotes.- Dícese de una generación o gente que hay en el Valle de Baztán, de Navarra, y del individuo de esta raza (Dice. Acad. Espa- ñola); El Nouveau Larousse Universal puntualiza mucho más el sentido de la .palabra: Agot: sinónimo de Cago t. C agot: pala•bra ·bearnesa que significa: leproso. Los Cagots de Bearn, población de raza incierta, eran tra_

tados como parias y rechazados por el resto de la sociedad.

(rs) Expediente sobre filiación y limpieza de sangré de Cáseda, secc ción Filiaciones de Abogados, Archivo Real y General de Navarra

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ocasiones manifestó, seguirá buenamente la carrera de su abuelo y de su padre.

* * *

Nacido, pues, en Pamplona a fines de 1752 o en 1753, Cáseda empezó sus estudios en su ciudad natal. Esto no deja lugar a dudas. Para matricularse en la Universidad salmantina hubo de presentar un certificado atestiguando que había ganado los tres cursos de Arte prescritos por los Estatutos y la Reforma de 1771, y por este documento nos enteramos de que había estudiado "en el convento de Santiago, orden de Predicadores, y Universidad de h ciudad de Pamplona". Debidamente matriculado en ese convento a partir del año de 1769, aprobó en 1770 el primer curso de Filo- sofía, en 1771 el segundo, y el tercero en 1772. "De que resulta tener ganados, dicho D. Ramón de Cáseda, tres cursos de Artes.

Del mismo modo consta haber asistido a las Conferencias así co- munes como particulares, arguiendo y respondiendo, como tam- bién a Jos demás exercicios escolásticos que los cursantes en dicha Universidad acostumbran tener". De todo Jo cual da fe el maes- tro de estudios y secretario del convento, D. Custodio Díaz, fir- mando el certificado a r6 de agosto de 1772 (r6).

Aun· cuando había ganado los imprescindibles tres cursos de Artes, el aprendiz de estudiante salmantino había de sufrir un exa- men de ingreso: el 15 de noviembre de 1772 se presenta ante los doctores Ocampo, Carpintero y Cuesta. Estos catedráticos ven acercarse a un joven de diecinueve años, "de pelo castaño y ojos castaños claros, encendido el rostro", tal vez por ser de natural tímido y estar un poco cohibido ; notaron que tenía "la cara algo picada de viruelas".

Después de hacerle varias preguntas, declararon que Cáseda

"pasa hábil a oír ciencia", es decir, que se le consideraba apto para asistir a las clases. A raíz de este examen, nuestro navarro se matricula en la Facultad de Leyes, a la cual pertenecían los

(16) Estos detalles, como todos los que siguen, se han sacado del expediente personal de Cáseda (A. U. S., núm. J.J6I).

1

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TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA 123 doctores Ocampo y Carpintero, y a partir de diciembre "yba pre- venido de la ·asistencia a la Universidad".

Recordemos un hecho que para el tema que nos ocupa no deja de tener algún interés: entre los alumnos de la primera matrícula de Leyes está también Meléndez Valdés, autor de las cartas que publicamos.

Durante el primer curso asisten los novatos a la Cátedra de Instituciones civiles, siguen las explicaciones de textos jurídicos que da un bachiller <;lurante tres meses con el nombre de expli- caciones de Extraordinario, y acuden en calidad de "menores oyen- tes" a las sesiones de la Academia de Leyes de la Universidad, que se celebraban los domingos por la tarde. La puntualidad y aprovechamiento de Cáseda fueron tales que los doctores Navarro y Blengua certifican que puede "pasar hábil a superior cátedra".

En 1773-74, con los mismos catedráticos, gana el segundo curso· de Instituciones civiles. En vez de los dos primeros libros de los Instituta de Justiniano, estudió entonces los libros III y IV de ·la misma obra~ sin dejar por eso de asistir a las explicaciones y a la Academia. Durante este curso se producen dos hechos de algún ·interés para nuestros estudiantes. Cadalso pasa a vivir una temporada en Salamanca, y posiblemente a iniciativa suya se forma la Arcadia Salmantina o Academia de Jos Bellos Ingenios del Tor- mes, en la que Meléndez toma el nombre poético de Batilo, Ca- dalso el de Dalmiro y Cáseda el de H ormesindo. Al parecer, el cultivo de la Poesía y los estudios serios podían compaginarse de modo satisfactorio, puesto que, en julio de 1775, y con los doc- tores Peña Morales y Carpintero, Cáseda gana el tercer curso, que versa sobre los Códigos.

Hasta aquí los estudios jurídicos de Cáseda y Meléndez co- rrieron paralelos, pero entonces se altera el paralelismo : el 23 de agosto de aquel año de 1775, Meléndez, que· había solicitado re- cibir el grado de bachiller en Leyes, fue examinado públicamente, y tras una "función muy brillante", salió aprobado. Tal vez este éxito de su compañero supiese un poco amargo a Cáseda.

Con todo, en noviembre de 1775, Cáseda emprende el cuarto curso (Cóáigo de Jushniano y Derecho público), que "gana legíti- mamente ... como lo manda el nuevo Plan de Estudios". Aunque

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se matricula también en el curso siguiente, no consta por su expe- diente que asistiese entonces a ninguna cátedra: sólo sabemos que el día 3 de agosto de r 777 "sustentó en las Escuelas [de la Uni- veridad] Acto mayor en Leyes, en el que, presidido por un profesor, y con puntos de ocho días defendió del Digesto "de Legati primo" el párrafo segundo de la Ley única "de Prebendo salario". Fue argüido de otros profesores, y replicado por doc- tores de la misma Universidad" (17).

Habiendo cumplido con otros requistios que exigía el Plan de Estudios, "D. Ramón Cáseda solicita recibir el grado de Bachiller en Leyes". Se le señala el viernes, 29 de agosto, a las siete y media para puntos, y el siguiente sábado, ¡yara examen, a las ocho de la mañana. Poco faltó para que nuestro estudiante puntual, aprovechado y todo, saliese cabizbajo y algo mohíno de la em- presa . . . "Se juntaron los tres DD., D. Ignacio Carpintero, D. Felipe Mangudo y D. Manuel Blengua, ante quienes pareció el citado D. Ramón de Cáseda . . . Sobre el punto de tres piques dados el día antes en el Digesto que eligió (18), leyó media hora, fue argüido otra media por dos de dichos exarcinadores y Juego respondió por un quarto de hora a las preguntas que le hizo el tercero, y, concluido el examen, ¡yasaron a votar secretamente en las urnas, dorada y negra, la aprobación o reprobación, para lo que, con propinas correspondientes, repartí -habla el secretario- las letras Aes y Erres,· y, fecho, descubierta la dorada, pareció ha- ver en ella dos Aes de aprobación y una R de reprobación, de modo que salió aprobado" (19).

Es esta relación el último documento referente a Cáseda que se conserva en el Archivo Universitario de Salamanca, que se¡yamos.

Ni en el expediente personal del interesado, ni en el libro de ma- trículas, ni en el de licenciamientos, aparece referencia a nuestro D. Ramón. Es de creer que Cáseda no siguió estudiando en Sala- manca. Satisfecho con su grado de Bachiller salmantino, Cáseda

(17) Certificación firmada por el oficial :Mayor de la Secretaria de la Universidad. Expediente personal de Cáseda, núm. 3.361.

(!8) "Fue de tercero ,piquete, li~. 18, título 1.", De 'C ontratendc emp-

tio~re, la ley 57 Domum".

(19) Ubro de bachilleramientos, 1777-82, fol. 271, A. U. S., núm. 761.

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TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA 125

hubo de regresar a su provincia natal. Es probable que no llegara a licenciarse, pues en los escasos documentos anteriores que pu- dimos leer se le sigue llamando "bachiller Cáseda". Después de 1777 asistió, en calidad de pasante, o de oficial, al estudio de D. Ramón. de Ibarra, en Pamplona, hasta que en 10 de julio de

I 781 solicitó ser recibido como abogado de los Tribunales del Reino. A continuación de la instancia del interesado, se halla una propuesta de la Diputación a favor de los Licenciados Ferrer, Ro- dríguez de Arellano y Aroquia, para elegir al :.que d~ba informar sobre la pretensión de Cáseda (20).

Hasta aquí los documentos. Sería interesante ver si ejerció la abogacía en Pamplona, como es de suponer. Hasta la fecha, no ha sido posible comprobarlo (21). Poco después de su breve paso por Salamanca y la Academia del T?rmes, D. Ramón Cáseda se pierde en la niebla de lo desconocido o de lo olvidado.

* * *

Pero no se pierde en seguida. Las tres cartas que publicamos, posteriores las tres a su bachilleramiento, son como otros tantos jalones que nos permiten seguirle en la lontananza.

De las tres, sólo una tiene fecha: octubre de 1786; otra es de 30 de abril, sin año; la tercera no lleva indicación alguna de tiem- po. Pero, por el análisis interno, podemos llegar a fecharla. así como la anterior, lo que es indispensable para sacar de estos do- cumentos todas las informaciones que entrañan sobre las relaciones de Meléndez y Cáseda, así como sobre los gustos, la cultura y el carácter o psicología del que firmaba Batilo.

Empecemos por .Ja carta más larga, que no trae ninguna de las indicaciones de lugar, día, mes y año con que solía Meléndez encabezar su correspondencia. Pero, por el texto, podemos suplir esta falta. El firmante está en Segovia, hospedado en el Palacio

(20) Filiaciones de Abogados, Expediente de Cáseda. Archivo Real y General de Navarra.

(21) El Secretario del Ilustre Colegio qe Abogados de Pamplona nos contestó que no hallaba rastro en las nóminas que allí se consen·an de este D. Ramón Cáseda.

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Episcopal. Ocupaba a la sazón la sede segoviana el Dr. D. Alon- so de Llanes, cuyo secretario de cámara entre 1774 y 1777 no fue sino el propio hermano del estudiante, el abate D. Esteban Meléndez, amigo y confidente del obispo. Por la alusión a la muerte de ese hermano, se echa de ver que la carta es posterior al dia 4 de junio de 1777 en que ocurrió el fallecimiento de D. Esteban.

Pero otra alusión a la canción compuesta con motivo del sermón del Sacramento es mu~ho más precisa. Sabemos que Fray Diego González (Delia) predicó este sermón en 19 de junio de 1778 en la iglesia de San Martín de Salamanca. Sólo después de esta fecha pudo. trasladarse Batilo a Segovia, ya que estuvo entre los oyentes (22). El "día 14 que llegó a Segovia" no pudo ser más que 14 de julio. Sin embargo, es difícil admitir esta fecha, pues otra carta a }avellanos es de "Seg<?via y julio I I de 1778" (23), y por ella consta que Meléndez llevaba entonces algunos días en la ciudad:

"Notaré con piedra blanca", escribe, "estos mis primeros días de Segovia por haber hallado en una librería unas Pandectas elzevi- rianas ... " ¿ Se equivocaría Cáseda al copiar la letra de Meléndez que escribiría "llegué el día 4 a esta Segovia?

Cabe aquí otra explicación, que solucionaría este intrascendente problema: la carta de Meléndez a }avellanos publicada por el marqués de Valmar con fecha de I I de jullo de 1778, ¿no seria del 17 del mismo mes? No ~emos de descartar la posibilidad de una mala lectura. La confusión entre las cifras 1 y 7 es muy fácil, sobre todo dada la grafía española, y más aún, dada la letra de Batilo en aquellos años. Pero, para comprobar esta hi- pótesis. lo mismo que la primera que hemos propuesto, necesita- ríamos tener a la vista los originales, cuyo paradero, como queda sentado, desconocemos. De ser cierta esta_ sugerencia, quedaría todo resuelto : Meléndez llega a Segovia, como lo refiere a Cáseda, el día I4 de julio; el 17 escribe a Jovellanos, aludiendo a los pocos días que han transcurrido desde' su llegada. Y el mismo día (o muy poco después) dirige a Cáseda otra epístola en la que repite especies, fórmulas y giros de la que acababa de enviar a

J

ove- llanos. En este caso, la carta a Cáseda sería del 17 ó 18 de julio

.(zz) B. A. E., LXI, págs. 177-178, n.

f23) B_ A. E., LXIII, pág-. So.

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TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA 127

de I 778.

Lo

cierto e~ que esta última es indudablemente contem- poránea, día más, día menos, de la ya citada a }avellanos (24).

En ésta, como en la que estudiamos, hay alusiones a las Leyes Civiles de Domat, a su Flma. el Obispo de Segovia y, sobre todo, al sermón del Sacramento y a la falta de inspiración poética de que se queja el cantor de Filis (25).

La segunda carta (Salamanca, 30 de abril), relacionada con la publicación de algunos inéditos en prosa y verso del "desgraciado Cadalso", se sitúa poco tiempo después de la muerte del coronel literato. Con toda certeza, es de 1782, como lo conjeturó Ximénez

de Sandoval (26). -

La tercera es de octubre de 1786, y debe de haber sido escrita en Salamanca, pues el día IO de ese mes el catedrático-poeta asistía a un claustro (zj). Entonces-Méléndez tenía treinta y dos años, era catedrático desde el año 1781, licenciado desde 1782 y doctor desde 1783.

Estas tres cartas se escalonan, pues, en un período de ocho años, lo que explica la diferencia de temas o de tono que en ellas notará el lector.

* * *

CARTA l.

DE BATILO A SU HORMESINDO

Te doy mil gracias, amado amigo mío, por. el regalo de las dos es- tampas ; mi alma con ellas tomó un nuevo vigor, cansada de una tarea de más de diez horas sin casi interrupción; .yo me embeleso con la vista de los grandes hombres y me animo más al trabajo; su presencia me

(24) Se dan con frecuencia estas semejanzas en cartas de idéntica fe- cha escritas por Meléndez; véase, por ejemplo; las que van dirigidas a Fray Diego González y a Jovellanos en mayo en 1777 y en 8 de junio del mismo año, R~. Hisp., r8g7, págs. 305-307, y 312-313.

(25) Daremos en nota al pie de la carta que publicamos más adelante los párrafos cuya semejanza con esta carta es más notable.

(26) Una carta desconocida de M. V., Revista de Estudios Extreme- ños, Badajoz, Ig6o, pág. 8.

(27) Li-bro de Claustros, 243 bis.

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128 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

muestra de una vez toda su historia y en su semblante leo su genio, sus inclinaciones y su literatura.

¡ Qué des varones los que representan ! Ambos son la gloria de la Fran- cia, cada uno en su especie, aunque Bossuet lo es en todo. Bellas Artes, Política, Historia, Teología, todo lo abrazó, y en todo fue excelente.

¡ Qué orador tan sublime y qué controversista tan consumado! Yo, cuando leo su Discurso sobre la Historia U11iversal, salgo fuera de mí. ¡ Con qué grandeza sale nuestra Religión del seno del mismo Dios, y muestra en todos tiempos su augusta Majestad! Si yo alguna vez dudara de su verdad, esta obra sola bastaría a conven<:erme. Sus reflexiones sobre los Imperios, wn al mismo modo (28) grandes y sólidas. Nada juzgo que tiene la an- tigüedad que pueda comparársele. Sus oraciones fúnebres son lo más su- blime de la lengua francesa; y aun sus negligencias son admirables. Te encargo que si acaso no tienes estas dos obritas las tomes al instante.

Pero no leas, por Dios, los Ensa·yos de La Montaigne, ni gustes el dulce veneno de su escepticismo, si no quieres tomar su indiferencia y su espí- ritu; por seguir sus huellas se perdió M. Bayle, sutil ingenio que tanto daño ha hecho, y ellos son los padres de todos los nuevos filósofos.

Es lastimoso que un tan grande hombre abusase así de su talento, em- pleándole en dudar de las cosas más sagradas; si no, sus ensayos mo- rales fueran dignos de los mayores elogios y de que no se dejasen de !a mano; pero su irreligión, su libertad y su poco pudor lés apartan de nos- otros muy justamente.

Te estimaré mucho veas ahí si hay Colección completa de los hombres grandes de Francia, y que me avises de ello, y de su precio; las es- tampas lo dan a entender, y yo no dudo del cuidado de esa amable Nación en aumentar su gloria. También te encargo me busques otro par de éstas del mismo tamaño, de buen gusto y del iburil más exquisito que halles, y me las remitas, no tan dobladas, aunque sea más grande la carta, luego que pueda ser. Ese buril es bueno, .pero aún creo que le ha- llarás mejor. Si pudieras hacerme con una docena o media de ellas, de un mismo tamaño o corte aunque fuesen mayores que las dos, y lo más delicado que se hallase, te lo estimaría mucho. Y o quisiera en ellas algo de historia o fábula o algunos países buenos para adornar el cuarto. En el precio no te detengas, pues como sean· de buen gusto y ·buril, en nada repararé.

Te encargo tomes las Leyes cimiles del Domad (29) si quieres sa:ber

(28) . Sic en la copia. ¿Cruce de dos fórmulas: "al mismo tiempo" y

"del n¡,is-mo modo"?

(29) . "¡Qué excelente obra la del Domad! Yo no me harto de leerla, cada día con más gusto y provecho. Heinecio y él serán los civilistas que yo nunca dejaré de mi lado; por una especie de inclinación y una noticia confusa de su mérito, tuve yo siempre (aunque sin efecto) des-eos de com- prarla, hasta que, con el aviso de. V. S., la hice venir de Madrid, que en

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TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA 129

Leyes. Y o las estoy leyendo por encargo especial del Sor. J avellanos, y estoy con ellas embelesado. Me gusta más que Heinecio; sus decisiones son todas sacadas ae las más .puras fuentes del derecho natural y todas prácticas.

Esa canción compuse en días pasados con motivo de un Sermón del Sacramento que predicó el Prior de los Agustinos en San Martín ; nada tiene de bueno, si no es los sentimientos de amistad que me la dictaron;

el Sermón sí que fue excelente, muy delicado y devotísimo; pero mi musa nada puede ya: hu,yóse avergonzada de mis desvíos, y por más que la llamo no hay forma de volver (30).

Hazme diligencia en esas Librerías de un Poema Francés cuyo título es Les quarres Saisons por Mr. le Marquis de Saint Alambert. Lo hay de dos ediciones, una muy exquisita, con láminas; de cualquiera me lo pue-

<les tomar, aunque yo lo quisiera de lo mejor, y avísame su .precio para remitírtelo y decirte cómo podrás mandármelo.

Yo te daré muchas impertinencias si las puede dar un amigo; pero ya sabes mi inclinación a los libros y la escasez que hay de ellos en este País; j dichoso mil veces que vives tan cerca de la fuente, y puedes J;leber cuando quieras en sus aguas más cristalinas!

Llegué el día 14 a esta Segovia y al Palacio de su Ilustrísima, donde me escribirás. Yo estoy llorando la muerte de mi hermano en una Elegía, que desde ahora te prometo para cuando la acabe; no hallarás en ella primores, pero sí pensamientos muy tristes )' que te sacarían las lágrimas por más que rehuses. A a lo menos así me sucede.

Mándame las estampas a "1lelta de correo y que sean las m:'ls delicadas que puedas hallar, y de algún buen país o retrato de Fénelon, Montes- quien, etc. Tu finísimo amigo

BATILO.

Otra vez haJblaremos de nuestras cosas más largamente. Tú no me es- cribas corto.

* * *

Salamanca aún no se conocía, y desde entonces casi que no la dejo de la mano ... " (A. Jovellanos, Segovia, y julio I I de 1778, B. A. E., LXIII, página 8o).

(30) "Nuestro dulce Delio predicó en estos días pasados un Sermón al Sacramento, cosa de su ingenio, muy delicada y muy devota ... ; yo le compuse con este motivo esa canción, que sólo tiene bueno el afecto que las dictó. Mi musa ha desmayado; las bellas letras quieren un alma des- ocupada; las Musas huyen de los sujetos entregados a las ciencias abstrac- tas; yo voy perdiendo el gusto, y las Musas me van dejando. (Id. ibíd., páginas 81-82.)

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130 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Esta carta nos proporciona valiosos informes sobre tres puntos : las relaciones entre Batilo y Hormesindo, los gustos artísticos de Meléndez y también sus inclinaciones o preferencias literarias.

Como hemos visto, el marqués de Valmar nos hace de D. Ra- món Cáseda un retrato poco favorable, mostrándole envidioso, des- contentadizo, suspicaz, colérico y, en suma, muchacho de mal ge- nio. Nos revela que, por una cuestión de libros prestados y no devueltos llegó con Meléndez a palabras mayores e, incluso, a un desafío (31 ). Estas cartas que publicamos tienen el interés de de- mostrar de modo palmario que las relaciones entre los dos jóvenes sólo en ocasiones extraordinarias llegaban a tales extremos y que, hechas las paces, reinaba entre ellos un espíritu cordial y hasta amistoso (32).

N o . damos especial importancia a las fórmulas como "amado amigo mío", o "tu finísimo amigo", de la carta de 1778. Pero el tono de la misma es señal de gran confianza. El regalo de las es- tampas le ha resultado muy agradable a Meléndez, que promete, por su parte, enviar copias de las obras en que está trabajando;

bace varios encargos ~stampas, libros-- a su compañero ; y es cierto que en aquella época Meléndez y Cáseda se carteaban con frecuencia: "Avísame su precio para remitírtelo y decirte cómo podrás mandármelo

I

el libro]" ; "Mándame las estampas a vuelta de correo", etc. Además, esas cartas no tienen un fin meramente práctico: los muchachos cambian impresiones sobre los puntos li- terarios que se les ofrecen, se recomiendan mutuamente lecturas, a veces, con juicios categóricos y tonos dogmáticos que sólo se explican por sus cortos años. Esta carta de 1778 se asemeja mu- cho, tanto por el fondo corno por la forma, a aquellas que desde dos años antes venía escribiendo Meléndez a Jovellanos. No hacían alarde de laconismo, ni mucho menos: "Otra vez hablaremos de

(JI) B. A. E., t. LXI, pág. CXVI, nota.

(32) La carta de Iglesias a Cáseda publicada por Felipe Ximénez de Sandoval (Quince cartas... Hispanófila, págs. 44-45), que la alusión al Llanto de Zaragoza de Iglesias permite fechar en 1779, prueba que "el es- caso afecto y la viva antipatía que· entre aquéllos y éste existían no eran ni tan marcados ni tan constantes como, en vista de algunos documentos,

ha· dicho el benemérito marqués de Valmar.

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TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA 131

nuestras cosas más largamente. Tú ·no escribas corto", recomien- da el poeta a su amigo, y así, al correr de la pluma, sin darse cuenta, se retratan los dos amigos, sobre todo, claro está, el que empuña la péñola. Parece ser que, en 1782, seguía este inter- cambio, si bien con alguna irregularidad, debido a la pereza o a los quehaceres de cada uno. Pero más tarde se interrumpió defini- tivamente.

Frente a un Hormesindo menos huraño, más atento y cordial de lo que suponíamos, Meléndez nos descubre, pues, sus gustos artísticos y sus simpatías literarias.

En cuanto a la psicología del poeta, evidencia esta carta el gusto que, durante toda su vida, sintió Meléndez por la pintura y el di- bujo: "Tenía mucha afición a las artes del dibujo, no así al canto", observa Quintana en su preciosa Noticia histórica y literaria de M eléndez (33). De esa afición había de dar, tres años después de redactar esta carta, inequívocas pruebas literarias, componiendo la sublime oda "La gloria de las artes", que recitó en sesión solemne de la Real Academia de San Fernando el día 14 de julio de 1781, poema que le mereció ser nombrado en el acto académico honora- rio, y luego otras dos odas: "Almas sublimes, cuyo afán dicho- so" (34), leída el 27 de julio de 1784, y otra, filosófica: "El deseo de gloria en los profesores de las Bellas Artes" (35), que envió desde Salamanca, y fue leída, en parecidas circunstancias, el año I787.

En otro artículo hemos señalado el destacado papel que le co- rresponde en la erección de la escuela de Bellas Artes de Zara- goza (36). Pero Meléndez siguió interesándose por las artes grá- ficas durante su destierro de la Corte, como se puede inferir del borrador autógrafo de una esquela inédita (sin lugar ni año, pero que por varios motivos dataríamos de Zamora, 1&:>3 ó 18o4), la cual reza así: "Mi caro socio: el dador de ésta trae la comisión de recoger suscripciones a varias colecciones de estampas que V m. verá; yo he suscrito a dos de las colecciones: V m. las verá

(33) B. A. E., XIX, pág. 120 a.

(34) Oda XXXV, B. A. E., LXIII, pág. 199.

(35) B. A. E., LXIII, pág. 231.

(36) Bt1lletin Hispmnque, 1954, pág. 258-260.

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132 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

así como las demás y hará lo que guste, ·mandando a su carí- simo e invariable socio, Juan Meléndez" (37). Pero ya en 17¡8, o sea veinticinco años antes, por los mismos términos que usa, por las exigencias técnicas que manifiesta y menudencias en que repara, Batilo daba muestras de ser coleccionista inteligente.

Más inteligente aún se mostraba en. cuanto a libros, pues ya se manifiestan en esta carta dos características que se seguirán encontrando a lo largo de toda su vida: Meléndez era lector asi- duo y bibliófilo consumado.

En otro lugar hemos estudiado prolijamente este punto, pu- blicando además el catálogo de la biblioteca del poeta, que, en 1782,. contaba 1.350 volúmenes (38). Todos los libros que cita aquí se encuentran en el inventario cuatro años más tarde.

De Bossuet, Meléndez poseía en su biblioteca el Discours swr fHistoi:re Uwiverselle, París, 1764, 2 vols., y Del t;onocrmiento de Dios y de sí m4smo ... , traducido por Alonso Ruiz de Piña, Ma- drid, 1781, I vol. en 4·" (núms. 337 y

289

del inventario).

En cuanto a Montaigne, nuestro poeta tenía los Essais de M on- sieur de Mm~lfaigne ... avec les notes de M. Coste, Londres, 1754,

IO vols. en 12" (núm. 346 del inventario). Posiblemente las crí- ticas que encierra el tercer párrafo de la carta reflejan más o menos el juicio de Malebranche acerca del autor de los Ensayos, pues sabemos por confesión propia que Batilo los había leído (39).

También poseía de Bayle (Pierre), el Dictionnaire historique et critique, Amsterdam-Paris, 1740, 4 vols., folio (núm. 219 del in- ventario).

El Domad, cuyas leyes civiles recomienda a su amigo, se lla- maba en realidad Domat (Jean), y, en efecto, por las fechas. que hemos indicado, ~eléndez manejaOO: constantemente las obras de este jurisconsulto francés, y singularmente Les lois civiles d'an-s leur or,dre natwrel, París, 1773, I vol. folio, que recoge el i!wen- tario con el núm. 166. Estas leyes ciVIles le merecieron siempre

(37) Propiedad de D. Antonio Rodríguez Moñino.

(38) G. Demerson, D. Juan Mel~uie:: Valdés et son temps (I754-I8r¡), París, !Klincksieck, 1962, 665 págs. in-8.

. (39) B. A. E.,

Lxiii,

pág. 76.

(17)

TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA 133

un juicio más que favorable, entusiasta, como ya pudo apreciar el lector (40). Se advertirá que en la carta que vamos comentando no titubea: prefiere Domat a Heinecio.

Muy divertido es el párrafo siguiente relativo al poema de "Les quatre saisons par M. le Marquis de Saint Alambert", obra que no había leído Batilo, lo que explica la deformación del apellido del autor, cruzado con el de d' Alembert. N o se encuentran Les SaisoniS de Saint-Lambert en el inventario de la biblioteca del sal- mantino. Sin embargo, cuando escribía estas palabras hacía tiem- po, casi un· año, que Batilo quería comprar esta obra: la habh pedido en Madrid, pero en balde (41). Por fin llegó a sus manos y sabemos que la trajo a Salamanca desde Segovia, adopde, tal vez, se la enviara Cáseda: "Delio, escribe Meléndez unos meses más tarde, está leyendo el poema de Las Estaciones de Saint-Lambert, que yo he traído de Segovia; a mí me ha gustado mucho" (seis ren- glones más) (42). Es indudable que "Las Cuatro Estaciones" agra- daron mucho a Batilo. En anterior estudio hemos ·señalado las fre- cuentes imitaciones que de él hace nuestro poeta (43).

A Fénelon y Montesquieu ya los conocía Meléndez en aquel año de 1778. Alude varias veces en su corres1xmdencia a Féne- lon (Aventuras de Telémaco) (44), y a Montesquieu (El amor ena- morado y El Templo de Gnido (45); El espíritu de l<1s Leyes (46);

Cartas pe·rsas) (47). Y en su biblioteca encontramos las Oewvres philosophique's ... par jet{ Messire ... Fénelon1 París. 1773, I vol.

en 12; y las Oewt-.Yes du Président M ontesquieu, París, s. a., 7 vols. en 8, núms. 163, 286, 133, respectivamente, del inventario.

(40) Véase lo que escribe a }avellanos el II de julio de 1778, nota 29 al presente estudio.

(41) Rev. Hisp-., 1897, pág. 310, carta de Salamanca, 6 de octubre de 1777 a J avellanos.

(42) ·Carta de Salamanca, nov. 3 de 1778, a Jovellanos, B. A. E., LXIII, pág. 83.

(43) G. Demerson, obra citada, cap. "De quclques sources frany¡ises de :Yieléndez", págs. 465-514.

(44) B. A. E., LXIII, pág. 83.

(45) !bid., pág. 74·

(46) Ibíd., pág. So.

(47) Rev. Hisp., 1897, pág. 3o8.

(18)

134 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Se notará que, salvo poquísimas excepciones, todas ellas acci- dentales, Meléndez no cita ni estudia en esta carta más que obras francesas. N o volveremos sobre esta manifestación del afrancesa- miento intelectual de Batilo, que queda prolijamente estudiado en el citado libro (48).

En cuanto a las otras obras españolas que va señalando Batilo, son obras suyas que acababa de componer o que tenía todavía entre manos por aquellas fechas.

La "canción" " [que] ~ompuse en días pasados con motivo de un Sermón del Sacramento que predicó el Prior de los Agus- tinos en San Martín" no es sino la oda filosófica "A Delia, por su excelente y devotísimo Sermón del Sacramento" (49) que prin- cipia:

"Tal más rico que el oro ... ".

La Elegía a la muerte de su hermano es, sin que haya lugar a dudas, una de las dos Elegías (o tal vez las dos nacidas de este proyecto) que publicó Serrano y Sanz con los correspondientes planes en prosa (So). Pero la alusión a esta composición no deja de ser interesante, porque permite situar en julio de 1778 la com- posición de estos poemas, que la crítica tradicional, valiéndose úni- camente del análisis interno, databa con un año de anteriori- dad. Advertencia que tiene su repercusión en el campo literario, pues nos lleva a meditar sobre la espontaneidad y sinceridad de estos gritos de dolor, ensayados a conciencia durante u~ año entero, lo que confirma lo que escribimos ya sobre los modelos y fuentes literarias de esta Elegía y la sensibilidad lacrimosa de Batilo (SI).

En resumen, esta carta, que es del verano de 1778 (mes de julio, tal vez día 14 ó 17), contn'buye de modo no desdeñable a delinear la silueta moral y completar la biografía de Batilo; tras nuevas pruebas de 'su afición a las artes plásticas, singularmente a los grabados y las estampas, patentiza el interés del bachiller en

(48) G. Demerson, obra citada, págs. 465-525.

(49) B. A. E., LXIII, pág. 248.

(so) Rev. Hisp., 189, págs. 267-i!73-

(S1) G. Demerson, obra citada, cap.: "Quelques sources frar.¡;aises de Meli!ndez", págs. 465-471, y passim.

(19)

TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA 135 h·yes por la cultura francesa y da a conocer algunos juicios lite- rarios o morales del estudiante, notables por su misma espontanei- dad; confirma lo que ya sabíamos sobre la psicología y gustos de Mel'éndez y sobre las estancias que hacía en Segovia aun des- pués del fallecimiento de su hermano ; permite rectificar la fecha de las Elegías a la muerte de Esteban ; muestra que los criterios del estudiante salmantino seguían siendo profundamente cristianos y que su afrancesamiento intelectual, incluso en aquel perío.do en que su mal formado carácter era todavía "blanda cera", no era total ni ciego, sino parcial, consciente y controlado. Por estos mo- tivos, nos parece esta carta digna de figurar al lado de las más interesantes publicadas por D. Leopoldo de Cuete, Serrano y Sanz, y otros eruditos.

* * *

CARTA II.

Salamanca, 30 abril [ 1782].

Mi querido Cáseda: estoy con sumo cuidado porque no me has respon- dido a una en que, después de darte parte de mis cosas e incluirte un ejem- plar de mi oda a la Academia de San Fernando (52), te suplicaba me re- mitieses las cartas que tuvieses del desgradado Cadalso, ya las escritas a tí, ya a Iglesias, para darlas a continuación de sus poesías y las que yo tengo con un elogio fúnebre, cuyo principio te incluyo también (53). Y o te suplico de nuevo lo hagas inmediatamente, porque la publicación de todo está .parada por esto sólo, bien entendido que tendrás Juego tus borradores del mismo modo y forma que me Jos remitas. Por Dios, mi querido Cáseda, que no [te] descuides en este punto importante ciertamente; y adiós, que hoy no puedo ser más largo. Tuyo siempre,

MELÉNDEZ V ALDÉS.

,¡.

* *

(52) Se trata de la oda titulada: "La gloria de las Artes", que recitó en dicha Academia el 14 de julio de 1781.

(53) Es la Elegía· en la muerte de Cadalso, B. A. E., LXIII, pági- na 239.

(20)

136 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Esta carta se relaciona estrechamente con la que dio motivo al interesante artículo de Felipe Ximénez de Sandoval: "Una carta desconocida de Meléndez Valdés" (54).

Es incuestionable que Meléndez tuvo la intención de publicar un volumen de obras de Cadalso poro tiempo después de muerto éste (aquí contestamos a una pregunta de Ximénez de Sandoval en su citado artículo, pág. 9). Nuestra convicción estriba en va- rios hechos. La existencia de dos cartas de Dalmiro, una latina (55) y la otra en castellano (la primera de las quince que Ximénez de Sandoval pulJlicó) (56), en las que el oficial legaba todo~ su~ pi!- peles a su querido Batilo, dejándole por su heredero y depositariq de sus manuscritos. Por otra parte, el proyecto de publicar alguna~

obras d(' Cadalso lo había anunciado ya J\Jeléndez a otro amigo suyo, D. Salvador de Mena, el 16 de marzo de 1782: "Tengu tam- bién algunos versos suyos, inéditos, mejores sin comparac10n que los publicados por él, como cosa de setecientos. Qusiera también darlos a luz'' (57).

Desconocemos por qué el bienintencionado albacea literario de Cadalso no pudo llevar a cabo la proyectada edición en aquel año.

Tal vez no le remitiese Cáseda los insinuados manuscritos ; tal vez :oe interpusiesen obstáculos de orden universitario o domés- tico: en ese mismo año de 1782, Meléndez obtuvo el grado de licenciado (28 ele septiembre) y poco después la mano de doña María Audrea de Ceca y Figueroa (24 de noviembre). Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que Meléndez no realizó su proyecto. Ai'íos más tarde, en 1788-r78g, estuvo a punto de dar a la im- prenta no ya los versos, sino las Cartas 1v1arrneras de su difunto amigo, añadidas con otras de su cosecha, para cuya edición no sólo tenía preparado y corregido el texto de Cadalso, sino que tenía concedida la imprescindible licencia (58).

* * *

rs4) Re7.~sta de Estll-dios E:rtremoios, Badajoz. I()ÓO, pág. 8.

(SS) RczJUe Hispaniqué, 1894, pág. 299.

(56) Ximénez Sandoval, Quince cartas . .. , Hispanófila, I9ÓO.

(57) Fragmento citado por Le~poldo de Cuete, B. A. E., t. LXT. pá- gina cvu b.

(58) G. Demerson, obra citada, págs. 447-450.

(21)

TRES CARTAS DE MELÉNDEZ VALDÉS A D. RAMÓN CÁSEDA 137

CARTA III.

De D. JuAN ANTONIO :\1ELÉNDEZ VALDÉS a D. RAMÓN CÁsEDA.

Octubre de 1786.

Mi querido Ramón :

¡Carta de Meléndez! j Letra suya! j Jesús, y qué milagro, des pué- de tres años de silendo!; pero tú no sabes mi pereza en escribir, mis pro.pósitos continuos y mi ninguna. enmienda, mis ocupaciones, mis ..

no acabaría; y, sin em·bargo, en medio de mi silencio y mis perezas, mi corazón es siempre el mismo. Mi querido Cáseda, siempre :\1elén- dez es tu fino amigo; siempre está pronto a cuanto le matJdes y dis- pongas de él; siempre preguntando por tu salud. El Sr. Piiarro, dador de ésta, te entregará un ejemplar de mis Poesías. Va a esa ciudad a prueba, y es mi amigo. Tú sabes que un forastero necesita una guía, ese forastero es hoy mi amigo, y yo te lo recomiendo muy particular- mente. Esto :basta para que lo acompañes y trates como merece y deseo.

Escrí:beme de tus fortunas y estado, que yo en retorno te prometo una razón exacta de todas las mías. Entre tanto, vive feliz y manda a tn fino amigo

BATILO.

* * *

Esta tercera carta no es tan enjundiosa como las anteriores.

Sólo nos confirma algunos extremos referentes a la biografía de Cáseda. Se conoce que éste no había vuelto a Salamanc3. y de 1783 a 1786 se había interrumpido toda correspondencia epistolar entre los dos antiguos compañeros. El salmantino lleva esta vez la responsabilidad de la interrupción, lo reconoce así y manifiesta una y otra vez a Cáseda que su corazón no ha .variado y que sigue sierido su "fino amigo".

Excusado es decir que el libro que le regala es el tomo de Poesías suyas que salió en 1785 de las prensas de Ibarra. En cuanto al Sr. Pizarra, nos es completamente desconocido. Tal vez sería algún extremeño que pasaba a vivir a Pamplona.

Lo más notable de esta carta es su carácter negativo. No alude en modo alguno a los sentimientos, cuidados y amarguras de Batilo en aquel mes y año. Y, sin embargo, el poeta atravies<1

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