LOS HOMBRES
Y LO S DÍA
Abril 196 S
97 2
LAS OPINIONES
EUROPEAS
CONTRARIAS AL
MERCADO COMÚN
El Mercad o Comú
n —com o n
o podí a meno s d e sucede r despué
s d e cuatr o año s d e éxito
— tien e buen
a clase a creí A h toda s a L ESPAÑOL o habituado r ell n po N COMERCIA s está . INFORMACIÓ nuestros lectore o Común , y l Mercad a e a excepción s un o e a n favorables par s y Europa. Españ en artículos elogioso prensa de
---a e e o Co , qul Merca Económi- a reducid s a l Mercad s a n qued l contrario r e Comunidad s contraria la , po o Comú s contrariaa a s europea l Mercad e consider e consideran s opinione n a , que la , qus opinione o d * la a oposició a d< , l a británico a europe s neoliberales l am n panoram o Laborist o u e teórico l panos comunistas o d l partid e númer n grup .n de impone: e los partido n est a u se o a r e a fracció liberal, y a un s recientemente e presenta . Excluyend puntuali/,ación Europa en y limitado , interesant excesivamente primera Una r ello es mu Común, manifestada Europea prácticamente do, po úo mún ca
l e a n l los , hat-. s co de , y .r Meade s ingleses s tendencia a británico l Profeso s do s periódico a neo-liberal e lo e esta s da d o Laborist liberal de a crític o l o d l Partid posición s europeíst la s de e últim l má de s manifestacione , e o est también s última s destacado , y e máxim s la e Ecoiiomist" . m Pickles e "Th , exponent s qu Castle, miembro e liberal r Willia nuestros lectore s po s a s crítica líárbara Wilhelni Ríípke o y s expresada n ofrecemo es suficientement Pickles y incluímos la no . Mead . E William s laborista Común de A continuació Igualmente las tesi Merendó opinión Profesores J de
La o po si ci ón l ab or is ta al Me
rc ad o Co mú n
"CON EUROPA. NO
"
LA OPINIÓN
DE
WILLIAM PICKLES
Si e l Gobiern o firm
a e l Tratad
o e habr a s n Bretañ , Gra de Roma
á o remoto n despotism a u rendido
,---e s o a e e e u n n , y e s e l o e with l lais- l hae qu n «Fa , publia d a entr la qu s impor a Londo o d n u o Not que s n a l métodon últim a cua , no)d Económic e l , e, Catedrátic —escribe—. e fuer a má a e a alianz u fi a d o tácit algo » e s , o e un exponentes de n Europa político l fin.m Pickles a conclusió o d a Polític mediante l a Comunida a totalment faire serí f Economics es qu s l al acuerd de l l frut recientemente. pamphlet», titulad Tal e «La característic School o que qued control. llega Willia de Cienci cado Europea bián Europe (Co tante enteramente Es e federalistas y llegado el laissez el federalismo sez {aire, aproxime, e
Industrias de l Estado .
Los Gobierno s qu
e firme n e
l la re también firmarán Tratado
-s e su e d e planifica s d n part a gra a un nuncia actuales facultade
- a Pickles , afirm e control y d ción
. n del Tribunal ejercer ningú no juicio n a , a Se obliga poder que ,
WILUAM PICKLES
Profesor de Ciencia Política
de la of Economics London School
cir lo s mismo s efecto
s qu e u
n de im contingente un arancel o
- r a a afecta que pued portación, y
l s miem s Estado entre lo comercio
-- se o o inter- a com a Comu r o e l e l o d r objet o d , limita a po e jueg l sen n e l libr n e que teng bros, y proponga impedir venir e petencia e
- , es e aplica n s Esa renunciació nidad.
-
tria nacionalizada
como a l a pri
--a a n o , a , l e l s im n bie o d o u , mán efecto considerar o empleo , e s a estratégica a com l máxim e todos a o l plena consideración... n a o obliga s miembro que e a elevació El Tratad vada. los paíse libre competenci preferente sobr portante a l política estátic cualquiera otr ,----rs n lo a au n res o mís n pode e u s interna r un e u a d y d a diciend e crea a d habérselas co . los monopolio para central dotad democrático se olvid pero toridad paldo efectivo cartels y cionales, continú ter Pickles
El pape l d e lo s cartels .
«Por es o h a sid o po r l o que
,--l--r--- a e a a a o a , e n l e l e l s eu a du e Su s paí a pro l dinel Mer , hamn e i s a sobe n favo a contr , ey d a h dirigida , s n Bretañ e l a debid , desdo de a e o mismo s cartel s demá, ganada Le e d sido a luch n pr se h n Gra o mismo n lo e Roma n europe a e s empresas r e e dur á part hasta l u participació haya s grande o d l principi o arbitrario e s a propagand e e también europea.» l comienz s grande de lo a campañ Magna funciona e del Parlamento siglos d Común a integració El Tratad para l desde e rocedido ropeos, y eso, desd que l como de l cado por la brientas d rebatiña hace funciona ses, arrebatar ranía rante el gobiern Carta
98 Abril 1962 LOS HOMBRES Y LOS DÍAS
Si el Parlamento aprueba una Ley haciendo vigentes en Gran Bretaña las «decisiones» y los
«reglamentos», pasados y futuros, del Consejo de la Comunidad y de sus Comisiones, el Parlamento en- tonces tendrá que desear respetar dicha Ley y tratar de evitar en- trar en conflicto con ella.
Sin embargo, si lo hicieran, ha- brían rendido con ello no sólo su soberanía, sino también otro de- recho, al cual el Parlamento ha venido concediendo una impor- tancia cada vez mayor desde hace treinta años, sigue diciendo Pi- ckles.
Si Gran Bretaña firma el Tra- tado de Roma, no dispondrá el Parlamento de salvaguarda algu- na por cuanto respecta a los re- glamentos y decisiones con fuer- za de Ley en este país, dictados bien por un Consejo de Ministros en Bruselas, de los cuales sólo uno será responsable ante el Par- lamento, o bien por una Comisión de funcionarios designados al efecto, ninguno de los cuales será responsable ante nadie.
«La Comisión es, que yo sepa, el único organismo que constitu- ye, en el sentido literal de la pa- labra, una burocracia: es un cuerpo de funcionarios con el de- recho y el deber de ejercer mu- chos de los poderes de gobierno.»
Dos gabinetes.
Para ver algo equivalente en nuestro país, tendríamos que ima- ginarnos como teniendo dos Ga- binetes, cada uno con sus propios poderes, el segundo de los cuales estaría constituido enteramente por funcionarios permanentes.
Ninguno de éstos sería responsa- ble ante ningún Ministro; por el contrario, harían muchas cosas sin referirse para nada a los Mi- nistros; serían ellos, y no los Mi- nistros, quienes nombrasen todos los demás funcionarios y quienes decidiesen acerca del orden del día del primer Gabinete.
Nadie podría librarse del se- gundo Gabinete mientras contase con el apoyo de tan sólo un ter- cio de los miembros del Parla- mento, y ninguno de los dos Ga- binetes estaría sujeto a ninguna otra forma de control parlamen- tario de ninguna clase.
«Una propuesta directa y sin- cera en el sentido de suprimir
nuestro Gabinete y nuestro Parla- mento actuales y sustituirlo por la organización citada más arriba, sería tratada con desprecio. Sin embargo, la propuesta de meter a Gran Bretaña dentro de la CEE es, de hecho, una propuesta de dejar una parte considerable y cada vez mayor de nuestros asun- tos fuera del control de nuestros Gabinete y Parlamento actuales y colocarlos precisamente bajo el tipo de gobierno que acabo de definir.»
Por otra parte, Pickles no acep- ta la teoría que sostiene que el ingreso de Inglaterra en el Mer- cado Común permitirá a ésta, a través de su influencia desde den- tro, modificar la trayectoria y los fundamentos de la Comunidad.
En un artículo publicado recien- temente en The Statist, con el tí- tulo «¿Puede Gran Bretaña in- fluir sobre Europa?», ha expuesto, con evidente habilidad dialéctica, los argumentos que, a su juicio, demuestran la imposibilidad de la influencia inglesa dentro del Mercado Común.
¿Puede Gran Bretaña influir sobre Europa?
Las modalidades de la propa- ganda pro Mercado Común cam- bian rápidamente. La más en bo- ga actualmente es la teoría de la
«influencia» británica en el seno de la CEE. El grado de la impu- tación varía desde la moderada, como cuando Bruce-Gardyne afu- ma que «haría sentir nuestro pe- so» (The Statist, 16 de febrero de 1962), hasta la ridicula como la de J. Hennesy, que asegura que Gran Bretaña se convertiría rá- pidamente en «Primus ínter pa- res» en Europa (The Statist, 1 de diciembre de 1962). La base en que se funda más corrientemente esa opinión es la creencia de que las incertidumbres y ambigüeda- des del Tratado de Roma, junta- mente con las largas y ruidosas discusiones suscitadas en el seno de la CEE sobre las muchas cues- tiones en las que han de adop- tarse aún decisiones vitales, ofre- ce un ancho campo a la diploma- cia inteligente por parte de un nuevo miembro tan importante y experimentado como Gran Breta- ña. O bien podremos hacer uso de nuestros votos, o bien podremos usar de la presentación de los he-
chos de la vida de Gran Bretaña y de la Commonwealth, junta- mente con las persuasivas facul- tades de los funcionarios y Minis- tros británicos, para dar a la Co- munidad una forma más aproxi- mada a nuestro cordial deseo.
El veto sigue existiendo.
La teoría de la influencia me- diante el voto se basa en la hipó- tesis insular de que las decisiones de la CEE se adoptan, como las del Parlamento o las de un club de jugadores de rana, por mayo- ría de votos. Esa hipótesis es fal- sa. Pese a las muchas afirmacio- nes en contrario formuladas du- rante las últimas semanas, el veto sigue siendo un instrumento po- deroso en el proceso de las deci- siones de la CEE. En realidad, la única cuestión primordial en la que dejó de ser importante, como resultado del paso de la Comu- nidad, en enero, de la primera a la segunda etapa del período de transición, es la decisión de pasar a la tercera etapa, que puede ser adoptada ahora por «mayoría ab- soluta». Son muchas las cuestio- nes que continúan sujetas al veto de uno cualquiera de los países miembros, contándose entre ellas la fijación de precios-meta agrí- colas comunes, la coordinación de las políticas de cambios, la auto- rización de determinadas formas de ayuda estatal a la industria, la política común acerca del ciclo económico, los acuerdos con paí- ses extraños a la Comunidad so- bre reducciones arancelarias recí- procas, la aceptación de nuevos miembros o asociados y la reno- vación del tratado de asociación con territorios ultramarinos. En todas esas cuestiones podría Gran Bretaña hacer uso de su veto, si quisiese hacerlo y fuese miembro de la CEE, hasta el fin del pe- ríodo de transición y, en algunos casos, más adelante. Lo mismo es aplicable a todas las muchas po- sibilidades que se ofrecen a tenor del encabezamiento del Tratado, entre las cuales se cuenta cual- quier intento de pasar de la uni- dad económica a la unidad polí- tica. Así, pues, si el uso del «ve- to» significa «influencia», parece, a primera vista, que Gran Breta- ña, una vez miembro, tendría una inmensa influencia potencial.
dría gozar de más de su porcen- taje normal de ese tipo de in- fluencia parece ser sustentada por bastantes funcionarios britá- nicos, así como por políticos afi- liados a ambos partidos. La teo- ría parece ser que nuestros con- ciudadanos son tan hábiles en las artes de la persuasión, de la ne- gociación y de la conciliación que manejarían a su antojo a los eu- ropeos con la punta de los dedos.
Suponer que algo de eso pudie- ra aplicarse a nuestros Ministros actuales, es pura tontería. La en- tera historia de la forma en que han tratado a la CEE —al prin- cipio, ignorándola; después, tra- tando, en dos ocasiones, de imi- tarla desmañadamente, y en me- dio, tratando, aún más inhábil- mente, de hacer que los alemanes la matasen por nosotros— mues- tra claramente que jamás han en- tendido lo que hacían y buscaban los europeos, y su débil preten- sión de que el federalismo no es problema porque no se le men- ciona en el Tratado de Roma, po- ne de manifiesto que siguen sin enterarse. Mr. Heath ha mostrado ya una capacidad para reñir con M. Wormser que iguala casi a la de Mr. Maudling, y sus equi- vocaciones en cuanto a la fina- lidad de la Comunidad («políti- ca», cuando habla a los europeos, y «económica», para la Conferen- cia Tory) no han pasado inadver- tidas. No cabe duda de que la
«influencia» de nuestro actual equipo gobernante puede ser bo- rrada de un trazo.
Los funcionarios públicos se encuadran en una categoría dife- rente. Su capacidad es incuestio- nable, pero tienen que ser muy buenos de veras para vencer al funcionario-técnico francés (o, mejor, «especialista», que es lo que technicien significa). Tiene éste la resistencia de un atleta entrenado (y lo es, con frecuen- cia), y esto constituye para él una valiosa cualidad en las frecuen- tes sesiones «maratónicas» que los continentales se imponen a tenor de sus innecesarias rigide- ces de procedimiento. Es un ló- gico bien adiestrado, un pragmá- tico por experiencia, dotado de una mente despierta y asombro- samente bien preparada y orde- nada. Muchos de los funcionarios de las otras cinco naciones al- canzan el mismo nivel, y todos cuantos han ido a Bruselas re-
únen también las cualidades pro- cedentes de la dedicación a la causa.
Ventajas de los continentales.
Todos los funcionarios conti- nentales tienen también una gran ventaja sobre los británicos. La CEE es una institución continen- tal arraigada en conceptos conti- nentales del derecho, la política, el procedimiento y los hábitos de pensamiento, cada uno de los cua- les es (por supuesto) tan respeta- ble como los de Gran Bretaña, aunque diferentes en muchos as- pectos. El Tratado de Roma, que es, en fin de cuentas, un docu- mento legal, está lleno de térmi- nos que resultan literalmente va- cíos de sentido a tenor del dere- cho inglés o del procedimiento legal de Inglaterra. Exactamente, del mismo modo, debido a que han sido creados en un ambiente político formado por constitucio- nes rígidas y por ingeniosos arti- lugios necesarios para darles elas- ticidad, por conflictos religiosos y políticos de un tipo que Gran Bretaña no ha conocido desde ha- ce un siglo, por un trasfondo, re- lativamente reciente, de Estado- policía o revolución o autocracia, y por sistemas de multiplicidad de partidos y sus hipótesis y con- secuencias, los continentales apor- tan a su labor una serie de su- puestos, inarticulados e instinti- vos, que comparten unos con los otros y que no se parecen nada a los nuestros.
Esas reacciones instintivas pue- den ser adquiridas, y no cabe duda de que los funcionarios bri- tánicos «que van a Europa» las adquirirán, si les damos tiempo bastante para ello. Ese aprendi- zaje, sin embargo, tomará más tiempo de lo que supone la ma- yoría. Después de una vida ente- ra ocupada en tratar de la po- lítica y las instituciones france- sas, yo mismo sigo siendo abso- lutamente incapaz de prever o de explicar los puntos en los cuales los franceses aceptan la dictadu- ra de las normas rígidas ni aque- llos en los que bucean gozosa- mente en el vasto arsenal de «los principios de la justicia natural»,
«los principios generales de la ley», los precedentes creados por instituciones muertas, y así su- cesivamente, con el fin de abrir
respiraderos a través de las nor- mas que ellos mismos han inven- tado. Para comenzar a compren- der esas cosas, para aprender a nadar en esas extrañas aguas in- telectuales y psicológicas, tal co- mo uno nada instintivamente en sus propias aguas nativas, será preciso, con toda seguridad, más de una generación.
Factores económicos y políticos Incluso cuando se hayan apren- dido esas costumbres y esas téc- nicas, la capacidad de Gran Bre- taña para ejercer su porcentaje propio de influencia —y es indu- dable que no puede aspirar a más— dependerá, sin embargo, en grado considerable, de otros dos factores. El primero es eco- nómico. La influencia de un país que pide permiso continuamente para invocar cláusulas de escape o ayuda en momentos de crisis de balanza de pagos tenderá ha- cia cero. El otro factor es políti- co. La idea de «influencia», en el seno de una organización, tiene sentido para aquellos miembros que quieren viajar, poco más o menos, en la misma dirección que la mayoría, pero para los que de- sean viajar en dirección opuesta no es más que una estúpida pre- tensión engañosa. Nadando a fa- vor de la corriente, se puede es- perar influir sobre la velocidad y la dirección del tráfico. Nadando contra ella, resulta difícil, cuanto más, e imposible, si la corriente es demasiado fuerte. La CEE es variable; proteccionista, en cuan- to a sus relaciones exteriores, lais- sez faire por lo que respecta a la política industrial, federalista en cuanto a su última intención, pa- ternalista en cuanto a su actitud con respecto de las excolonias y burocrática o negativa (tal como se ha indicado antes) en su mé- todo político. Gran Bretaña no es ninguna de esas cosas. Pedirnos que influyamos sobre la CEE des- de dentro es como pedirnos que, desde una posición de debilidad política y económica, conquiste- mos el puente de mando y la cá- mara de máquinas, y que pilote- mos el buque en la dirección opuesta a la en que los demás quieren navegar. Esto no se pue- de hacer, y sería, a la vez, estú- pido y deshonesto el tratar de ha- cerlo.
EL V IN AG RE D E LO S PE PI NI LL OS
"
The Eronomist, pionero idea del de la ingreso de
In-
glaterra en el Mercado
Co- publicado una mún, ha
du- opiniones de las ra crítica
de Wüliam Pickles bajo
el sentido: E e doble titulo d
l s signifi- los pepinillo n inglés, de (pickies, e vinagre
ca «pepinillos) )). A 1
conti- nuación reproducimos
di- cho artículo.
El hech o d
e qu e e l meoll o d
e n po a aú s sig las negociacione
r
discutirse hace difíci l juzgar
, po
r s condi e la a d , acerc el momento
- h ob a Commonwealt e l ciones qu
- o comercial el terren en tendría
,
tal com o h a tratad o d
e hacerl
o , e n todo . Co r Meade el Profeso
n e lo s qu , mientra estos momentos
s en á n s precisa s est , e . Heath e Mr problemas económico manos d -
mente la ocasión
de coger a l tor o
político por lo s cuerno s y
discu- n l a co n polític a elecció tir l a qu
e o n lle- s e l com que , ta m Pickle Fabiano a nación a l Mr. Willia folleto nuevo hecho se enfrentha un va por títul o No
t with
Europe; staying out case for the political
—Fabián International Bureau—
.- e in o d , replet Excitante, furioso formación tanto como de
exage- s profund e má l ataqu s e ración, e o
y provocativ o contr
a e l Mercad
o e toda o d publicado haya . Imbuid se que la fecha Común hasta s o , salv , contri s intelectuales o equilibrado del juici las cualidade la -
buirá mucho
a pone r sobr e e l ta
- e , qu e político n debat el gra pete
es dond e l
e corresponde .
Embestir contra
todo.
No resulta
fácil resumi r e
l fo
- o de vez. Pa r cuant la , po o a tendencia a tod entusiasta Mr. Pickles la de lleto embestir contr tiene -
ra él, todo s lo s qu e quiere n qu
e l Mer n e ingrese e Bretaña Gran
- en , ta criterio a realidad su ; l basan Común cado sueños dorados l
como él l a pinta , e s má s bie n un
a e Pickles n d n opinió pesadilla. E
,
el Mercad o Comú
n n o facilit a n
i a planifica i l , n o libre el comerci
- o l estad a federación s de e l s d s ventaja i la i la nacional, n ción, n
. r s po , e por burócratas Regido
esencia un a institució n antidemo
- e «despótica» y realment crática
.
Con tod a su cesión
de podere
s por s miembros los Estado de parte ,
la Comunidad
Económica
Eu- r deci e toma z d es incapa ropea -
siones, porqu e lo
s miembro s d
e e otro s d n uno e fía o s a n la mism
s e sal o d u tratad o s n plagad y ha
- a in- a ide . L pueda Bretaña Gran que vaguardias nacionalistas de fluir sobr e l a Comunida d desd
e de falta o sensat como l misioner descarta la dentro sentido. «E
o e gui a d a oll n l e e se zambull no
-
sado de los caníbale s par
a reba
- o o po a Com- l Derech » E á devorad inglés —l — ser u temperatura. mon L&w jar s consuetudinario r
el Derech o romano
; l a justici
a s negocios s grande r lo social, po
. s a o se , dich Mr. Pickle n {y tiene o Comú que opinión La del Mercad de paso, d e Whitehal l y
de
los s británicos sucesivos gobierno ) e
s de e hom a qu n Timón s e e maravill e Apemantu la dAtenas: «M
-- s hom n otro r e n confia bres ose bres.»
La¡ incongruenci a d
e Mr . Pick -
les.
Un lector leg
o e n l a materi
a l discuti encontrar difíci puede
r a a misantropí a fier e l e d el detall
de Mr. Pickles
; per o s u incon -
llu- Honomíst
BEFQRE
No jam on Monday?
Surveyors
THE
with no plan
B U D G
E T
COMMON MARKET GINGER FROM PICKLES
STOCKT0N: WIN D O f CHANC E
SYR1A- COU P UNSTUC K
CARSiSALESMEN FEAR FREEP3M
AMERICA: AID' S PROGRtS S
"THE ECOXOMIST"
El más europeísta de
los periódi- cos ingleses
gruencia la hace vulnerable. E
n a Mr , indic s párrafos de lo uno
. e n d d i Gra n s y posibilida l comú o ha e n l arance Pickles qu rebajar e Bretaña ingresa
en la CEE, po
r e se n d s ha los cambio cuanto
r n e . E r unanimidad acordados po
le que, aunqu afirma siguiente
cualquier avanc e haci
a l a federa
- o i im á cas r acordad e se a d política h unánimemente, resultar ción -
posible par a cualquie r paí
s inter
- n des e u o d el camin en ponerse
- los naturaleza. ajusta a se esa no de político argumento Ese arrollo hechos. Lo s sei s miembro s d
e l
a acorda- han Europea Comunidad
do ya (por unanimidad ) rebaja
r s
u r 10 0 po n 2 n u r e arancel exterio
0
por l o qu e respect a a
la
mayoría s manufacturados los producto de ,-r a y po o par la abo a mu o y á y ; es l británic e est e qu s países del arance tal suert los tercero de debajo
lición de la mayoría
de las res
- e o a n dad s durant s ha s año s último tricciones cuantitativa los tre la comunidad
un aspecto
mucho e ofrecí l qu l de más libera a cuan
- e Roma o d l Tratad ó e se firm do
.
Es és a tambié n un
a d e la s rara
s . Pickle e Mr s qu n la ocasiones e
s
se refiere
al Tratad o aduciend
o ; un hechos equivocadamente
a
vez que el Mercad o Comú
n entr
e l arance etapa, e tercera su en
l
común puede
ser reducid o po
r o a , n s acerc n cambio n signo votos: E de existir aú mayoría parecen de un avance
hacia la
federación: sí parec que único lo e segur
o e
s s perfec ) e país (Francia un que
-
tamente capaz
de impedirla
. Y s respon las persona de ninguna
- e d sugier a Comunida e l sables d
que ese país deb a comprometer
- fe- futuro un o a por adelantad se
deral qu e lo s demá s miembro s n
o i siquier e n o qu aún aceptan
a
piensan en él.
Normas antbnonopolística s y
planificación.
Se encuentra n tambié
n punto
s e s qu e acuerdo s tema r d e otro difícil pone semejantes sobr resulta
.- n vehemen a co s insinú Mr. Pickle
cia qu e l a comunida d est
á regi
- . Y s negocios s grande r lo da po
hay que reconocer qu
e su s nue
- s cariéis a lo s contr vas norma
, n d o está , n a autorida r un n enero publicadas e respaldadas po política o po r u n espírit u d
e com
-s s fuerza a la comparable petencia
que respaldan las leyes antitrust de los Estados Unidos. Sin em- bargo, en comparación con el tono general de la ley británica contra las prácticas restrictivas o con el de las medidas de la Asociación Europea de Libre Cambio (me- ra consulta), dichas normas nue- vas constituyen un comienzo realmente formidable. Y nada hay en el Tratado de Roma que im- pida a cada uno de los países miembros tener sus propias nor- mas, todavía mucho más enérgi- cas. Sus temores para los poderes nacionales de planificación son igualmente exagerados. El Tra- tado prohibe, sin duda alguna, a los gobiernos restringir las impor- taciones y aplicar políticas de pre- cios discriminatorias en detrimen- to del Mercado Común, pero no hay nada en él que impida la pla- nificación de la inversión y las políticas de desarrollo regional sobre una base nacional. (En rea- lidad, la Comisión Europea pres- ta su aliento a todas esas cosas.) El papel de la Comisión:
Mr. Pickles, al tiempo que for- mula críticas pertinentes —que precisan una atención desapasio- nada y no polémica—, se las arre- gla de tal modo que es imposible que todas ellas sean acertadas y verdaderas a un mismo tiempo.
Nosotros, los británicos, dice,
«confiamos en no dar más que un paso cada vez y asegurarnos de que pisamos firme antes de dar el paso siguiente». Y, sin em- bargo, ataca a la Comunidad por ser una fea transacción constitu- cional, que no es ni carne racio- nal ni pescado federalista. ¡Cuan afortunado es, en realidad, para la política británica que la comu- nidad no encaje en ninguna de las categorías extremas de los
«artífices de una constitución», y que no sea más que un «primer paso». Los «frenos» de Mr. Pick- les, que tan difícil hacen para un bloque de países dominar a la minoría, estaban destinados ex- presamente a facilitar el progre- so gradual desde el estado nacio- nal hasta algo más amplio y an- cho. La Comisión europea, a la que ataca tildándola de burocrá- tica y «antidemocrática», desem- peña un papel especial con sus intentos graduales de unir a los seis países miembros más íntima- mente. Son muy pocas las ocasio-
EL ARANCEL EXTERIOR DE "IiOS SEIS"
Muy por debajo del británico para los productos manufacturados nes en las que puede dominar a
los gobiernos; sus tareas princi- pales son actuar como cataliza- dor de los pasos ulteriores hacia la unidad, mediar entre los dife- rentes puntos de vista guberna- mentales y buscar un terreno co- mún a todos los miembros. Ya ha resultado probadamente ser un útil mediador en las negociacio- nes entre Gran Bretaña y los Seis. En resumen, las institucio- nes de Bruselas se basan sobre un tipo nuevo de equilibrio entre los estados nacionales y el interés co- lectivo. Representan una novedad en cuanto a concepciones institu- cionales, y dan resultado.
Conclusiones asombrosas.
Después de haber vertido tan- tos sapos y culebras sobre los malhadados continentales, el lec- tor se quedará asombrado ante las conclusiones a que llega Mr.
Pickles. Esperar para ver, se li- mita a decir. Lo que Gran Bre- taña no debe hacer es ingresar ahora. Por el momento, la comu- nidad es «el grupo inconveniente»
para que Gran Bretaña se sume a él: se ha constituido en forma equivocada; sin embargo, en otras circunstancias, Mr. Pickles ve en él cierto mérito en cuanto a «la planificación de la agricul- tura en escala continental», en el libre movimiento de la mano de obra en Europa y en lo que parece ser incluso una mejor di- visión industrial del trabajo en
Europa. Gran Bretaña debe espe- rar hasta que «las partes abiertas del Tratado» se «rellenen». Si la suerte acompaña, las cosas pue- den encaminarse en una direc- ción más liberal. Mr. Pickles, en resumen, quisiera estar prepara- do para ingresar un buen día, pero no antes de que la comuni- dad haya tomado su forma defi- nitiva... sin Gran Bretaña, y so- bre la base de que esa forma pueda satisfacer el gusto britá- nico.
Diez años de historia sugieren la insensatez de esa opinión. Los problemas que Gran Bretaña en- cara actualmente en Bruselas hu- bieran sido más fáciles de resol- ver en 1952 e incluso en 1956 Incluso la pérdida de los dos úl- timos años ha sido costosa para nuestro país. Los arduos proble- mas de la agricultura templada hubieran sido mucho más fáciles de manejar si Gran Bretaña hu- biese sido miembro de la CEE antes de que se hubiese bosque- jado la política agrícola común.
Hoy día, en Bruselas, los britá- nicos pueden hacerse oír, por lo menos, mientras que se proyecta la política de la comunidad en materia de productos lácteos (aún en período de formación). La aso- ciación de la comunidad con Áfri- ca se está remoldeando teniendo en cuenta a la Commonwealth.
Todas esas oportunidades se per- derían si Gran Bretaña siguiese el consejo de Mr. Pickles y se mantuviese apartada. El contex-
to atlántico
que las propuesta
s e Ken l President comerciales de
- n pe estaría e abierto han nedy
- e a o o s d l mund a retirad . Picklee l a e l aislamient liberalizaría e qu a a z Mr s par s capa n Bretañ mejoraría y ligro. ¿E sugerir realment de Gra ahora las perspectiva occidental?
El pape l de
l Partid o Laborista
.
Y, si n embargo , Mr
. Pickle
s o Labo l Partid r a puede estimula
- a du a mism n l pensar co rista a
- , mi e Europa o d n respect reza co
-r- o s crí r apli o com n luga , se , e l pasad a e s destructora n realidad el futuro , e e su o haci a qu hacia rando de hacerl hace, y ticas pueden
- a Co positivo. L uso un cadas a
- e a Gran . Sería o cad , pued ; y z dentro s imperfecta a ve hacerla mejor Europea, com munidad institución, e Bretaña, un contribuir a ,- se a e e a r d e la e un a bas a cos a hicies a d e un n favo a planifica a sobr a buen o e . L e sobr n vigoros o Laborist s efectiv u pes a qu o s l Partid sería má evidentemente, un una aplicació que e sentir tod normas anticartel ción base europe
nacional. E s poderos o e
l alegat
o e u r d n favo s e . Pickle de Mr
n o so l parlamentari fuerte contro
- . S s instituciones s nueva bre la
is---s o o e a e o o d n s e n n a d a d , la. Ln di e sól n sid s cues n abso pronto a hech s Sei o puede a teórica s es y r la d qu e h s n a form e lo s podría o precis a elecció a Comunida o directo a s a d e l e l o hubiese , per s tecnócratase y a ciert r da maner s amplia e discuti a d s n a autorida s británico r lo a qu o constituida s qu e nada e un e necesit Desde fuer los cimiento puestos po comunidades europea haber sid luto. Ahor eso, s control democrátic presente Asamble mejor qu facultades má hacer má tiones d necesitará l puede procede recta. Europea, lo .--l-l e o r a r e a e o ha Bre- z qu a apun e Euro . Nn efect político o po la lu n h Gran n pone r u e a i as sobr o Laborist e cegad talento r n , pes z má , puede a obtene su . Macmilla s posibilidades l Partid n favo a ve e último i a a esa contribución Desde dentro nacional par práctico. Mr tado ría ningú taña n que est brilla cad pa, permanecies provincialismo.
LA C OM UN ID AD A NT IS OC IA LI ST A
Bárbara Castle,
miembro en el Parlamento laborista del británico, expone
pre- al Mercado sws opinio- el punto sente artículo Común desde nes contrarias
de vista socialista,
¿Son la planificació n socialist
a a incompati d públic a propieda y l
- e a ? H a allí s par s estab o Común n Brusela o e l Mercad n e hace poc bles co estado averiguarlo. Mientra ,--- e e e o n n d n , aa a , d o d o Co a qu e pla a has y co l docu e plau . e plani e dijero e d r e s estaba o d l ingres e nunc l contrario. M n absoluto l Mercad o comenzab é clas l tip la Comunida r en frecuenci , e n qu fomentarse s e que e e un en ó co s británico que e esa tendencia , y parecía bastant o Común equivocados respect a qu va a ? ¿E e trataba contemplada po eso o s Bretaña e asegur incitaba, po a fecha Todo se mkiissez jaire; mún Gran sible hast los socialista totalmente al Mercad que n más planificació ta lrobustecería preguntarse: ¿Qu nificación qué fines ficación
mento de polític a de
l Partid o La
- e Sixties s «sesen a lo jor th (Indicadores par borista Signposts
- a a filo n l e tropiez , s r aquí l llega inmediatamente co tas»)? A uno
- a Comunidad e l e d sofía inherent
,-s e a n a s o se e lo s efi a e e qu e má r cuant a d e económicos a industri a bas e l e l , consideradn hace r qu a creenci , l es decir gobiernos debe posible po reorganice sobr ciente posible términos purament .-- ss rs a n no a e e la s prin e obr , tale, y o d o d s determi n lo e muev n predomina s económica l s l Tratado a man e acepta s político e l , debe s de e movimient e s de beneficios l capita s fine z qu el libr l capital que e Una ve cipios básico como mercancías, d para persecución y de las consideracione de cierto nados.
El Banc o Europe
o y el Fond o
Social.
Esta verdad
económica n o e
s r la a po seriamente modificad
s l Trata s de cláusulas ambulante
- s cama s nuestro s cuale n la do, e
-
radas europeo s hace
n tant o hin
- o Social l Fond o e capié. Tant
,s-e u r s o d , re los obrero a presta o Europe a racionaliza r a s deprimidas o par r l l Banc s zona o e para ayuda a la Inversión, idead creado ción, com desplazados po ayuda - r e e l d , qu d de , po o Social la mita r a a fundamenta. Descubrí l Fond e e la filosofí flejan la Comunidadejemplo, qu puede contribui l s e e e lo e qu o em o d o pued s d , n n estad e despué s haya l readiestramient más qu coste de obreros desplazados hacerlo .dichos obrero --s s e n lo s qu s e l propó a lo e readiestrar los gobierno s mese o par r a s d e sei e trabaj readicstrados. E sido es desalenta los patrono pleados durant puestos d han sito y a ,--;á e o e m e tra n obli . Se jueg e habr s d o está l libr n qu o disponibles s n s puesto a a e crea s económicas e dej e trabaj o s s qu crear eso s fuerza los gobierno a meno puestos d pero gados a bajo; es de la
reconoció, si n reservas , qu
e l a Co
-s r a n á dis , po s zona a tiene a polític o l s est n la e un n co de ello s gobiernos o tampoc n relació carece d ninguno munidad efectiva e atrasadas, com los respectivo cuanto
- . E la industria r a a forza puesto
l--re a o re , qu a defi o par e actua a financie de últim colmar es de Inversión e solament e incapacitad a ortodoxi o a e v por l e permit Europeo instrumento e l l llamad Banco ciencia, s hacerlo ra. S como es e -- a in l privado o un e capita inicial d curso, complementand versión ,s ti- o lo cuan- o a o y n sól s taa amortización e mercad o l s d garantizados tant o entonce e interé quedan e inclus pos d intereses com do .
En todos eso s puntos , l
a Co
- a de la zag y a va mu munidad
l o de social, inclus pensamiento
l Conservador británico Gobierno
.-,---l--ra o a n e o in , poe po a in a eri f Tra a nue , coo serí , si d o n cambio n respect a británic r un, nadi , e que l . Así n Bretañ a co e desarroll l Boar l Sur a a o d s Midlands n desarroll r e s de i Gra s e a establece e aplicar n lo e po una empres u polític a e n Gale s zona e persuadirl n certificad impedirle abrirla e negas Alemania. Realmente, s imposible d gresase, s de la ejemplo, a se lde u dustrial par fin d giese e en va fábric dría El libr e jueg o d e la competencia
Entretanto, e l proces o d
e des
- e l libr a e o par l terren brozar e
juego de la competencia se está desarrollando rápidamente. La Comisión ha creado un Departa- mento de Competencia, cuya ta- rea consiste en eliminar toda for- ma de «discriminación», sea por parte de empresas privadas, sea por parte del Estado, que pudiera impedir que la industria de cual- quiera de los Seis compitiese en igualdad de condiciones. Los car- tels y las subvenciones del Es- tado son ejemplos típicos de eso;
pero ese proceso se está llevando a un amplio campo de política fiscal, social y presupuestaria. El Tratado exige el «desarrollo ar- mónico de las actividades econó- micas» en la Comunidad «median- te el acercamiento progresivo de las políticas económicas de los Estados miembros». Contempla también «la íntima colaboración entre los Estados miembros en el terreno social»; todo ello, obede- ciendo a su filosofía fundamental.
La seguridfad social.
Es, con arreglo a ese concepto, como ha de ser juzgado el tipo de planificación permitido por el Tratado. Tal como un socialista me dijo en Bruselas: «El tema de discusión hoy día en Europa es:
¿Cuánto dirigisnw se necesita pa- ra hacer que funcione el libre co- mercio? La respuesta es que to- das las acciones del Estado que puedan afectar al coste de pro- ducción deben ser igualadas. Por eso es, por ejemplo, por lo que la Comisión está organizando una conferencia, en otoño, para estu- diar la manera de poner en línea las normas de seguridad social de los Estados miembros. Lo im- portante a ese respecto no es, simplemente, el alcance de esas normas, sino la forma en que son financiadas. La práctica corrien- te en el Continente ha sido siem- pre que la gran masa dei coste de los seguros sociales sea atendida por la aportación de los asegura dos, contribuyendo los patronos a la mayor parte y desempeñando los fondos del Estado un papel secundario. En Alemania, por ejemplo, la proporción de las aportaciones personales a la del Estado es de dos a uno, y en Francia, de casi cuatro a uno.
En Gran Bretaña, sin embargo, los servicios sociales se financian con cargo al presupuesto en una proporción mucho mayor, por
cuanto el Ministerio de Hacien- da contribuye con más del doble de la cuantía de las aportaciones individuales. Constituye esto par- te de la creencia, firmemente de- fendida por los laboristas, de que los servicios sociales deben ser redistributivos. Esa creencia en- cuentra su expresión más eleva- da en el Servicio de Sanidad Na- cional, del cual no existe paralelo alguno en los Seis. Los beneficios médicos, limitados, que facilitan estos países están financiados, ca- si enteramente, mediante cuotas, y la aportación do la Hacienda es insignificante o inexistente.
Por lo tanto, si Oran Bretaña in- gresase en la Comunidad, los Seis insistirían en que modificase su base financiera, con el fin de eli- minar lo que considerarían como un subsidio del Estado.
Ua politica fiscal.
El segundo paso a dar sería poner a la par las políticas fisca- les nacionales. El Departamento de Competencia está trabajando diligentemente en ese sentido.
Los Ministros de Hacienda de los Seis se reunirán en el curso del presente mes para estudiar la
«armonización» de los impuestos indirectos, tales como el que gra- va los beneficios. Otro grupo está laborando para la coordinación de las contribuciones directas. La tercera etapa será la de armoni- zar la política fiscal y presupues- taria general. Al adoptar sus re- soluciones en todas esas materias, el Consejo de Ministros decide por unanimidad. En teoría, tin em- bargo, Gran Bretaña podría opo- ner su veto a cualquier propues- ta con la que no estuviese de acuerdo. Con todo, al ingresar en la Comunidad quedaría ligada a la obligación definida en el artícu- lo 101 del Tratado de eliminar to- da «norma legislativa o adminis- trativa» que falsee las condicio- nes de competencia en el Merca- do Común,
La política monetaria.
Otra obligación prescrita por el Tratado es la de coordinar las po- líticas relativas a las «tendencias económicas». Esto lleva, eviden- temente, a una planificación de algún tipo. Los alemanes, por ejemplo, que se pronunciaban originalmente contra los presu-
puestos económicos de cualquier clase que fuesen, se van introdu- ciendo cada vez más en los estu- dios promovidos por el Comité Monetario con vistas a compartir y coordinar los presupuestos eco- nómicos anuales de los Estados miembros. También en este terre- no, el proceso es voluntario. Los miembros, sin embargo, se han comprometido, a tenor del artícu- lo 104, a practicar las políticas económicas necesarias para ase- gurar el equilibrio global de su balanza de pagos y mantener la confianza en su moneda. El Comi- té Monetario es el perro guardián encargado de velar por que así sea. Como quiera que sus miem- bros son representantes proceden- tes de los Bancos centrales y de los tesoros nacionales, la clase de presiones que ejercen es eviden- te. Cuando Francia se encontró en dificultades económicas en 1958, el Comité Monetario reco- mendó la política de economías que el gobierno de Pinay puso en práctica.
Si, como muchos prevén, el in- greso de Gran Bretaña incita una huida de capital o un exceso grande de importaciones, no se permitiría a nuestro gobierno que hiciera uso de los controles de cambios o de importaciones para defender la libra esterlina. Ten- dría que invocar las cláusulas de ayuda mutua del Tratado en las condiciones que decidiese el Con- sejo de Ministros por mayoría de votos. No cabe la menor duda de que el Consejo no aprobaría me- didas que el Comité Monetario considerase inflacionistas o dis- criminatorias.
Las normas anti-cartels.
Sin embargo, pese al hincapié sobre la competencia, el Comité no es opuesto a la reorganización de la industria en gran escala.
Antes bien, la fomenta. Ese en- foque ambivalente se refleja en las normas referentes a los car- tels y los monopolios. Las nor- mas anticartel son bastante du- ras. Se basan en los principios alemanes anticartel, que insisten en que todos los cartels deben prohibirse, a menos que hayan sido explícitamente aprobados.
Los alemanes, sin embargo, nun- ca han tenido leyes efectivas con- tra los monopolios. Y tampoco la Comunidad. El artículo 86, que rige esa materia, se limita a pro-
hibir «e l abuso
» po r un a empres
a n domi u «posició de s cualquiera
- e e afect incluso s miem , e a dond e Estado o hast o entr el mercado en nante» entonces sól al comerci
- o al o criteri a fijad e h o s bros. N
- e o a . Com o actual a enérgic e constituy , l o qu e ello e l á ejerciend n dominante» que est acerca d guno una «posició consecuencia d acción -re n d s car a acaba a lo e fijació n par l par s d n especia a Comisió los acuerdo mente l con precios, e - e o r a o ac s posibl fusionar- o Europe e induci s a , e s qu l Banc á fomentand , e a má s afectada n est e exportación o hag n realidad tels d que n las empresa se. E de Inversió -r- a e o a r l a va . Uno us se m , y s socieda e financia s par a d a fomenta á haciend s l s e d par e interese e est de grande s miembros» ese movimiento o qu s misionea faculta «proyectos d tivamente de su rios Estado ha dich constitución de es - o l argument . Ee entrelazamien e es es qu aducido des interestatales
- n irre o Comú l Mercad hará a to
- vocable.
Los monopolio s de
l Estado .
La actitu d co
n respect o d
e lo
s n em , si o es e Estad monopolios d
-s o e e explí . Ciert o prohib o n y diferente l Tratad bargo, mu que e -ss e e a 7 la a d o 3 e lo n pro e a , aunqu , qu d públic s público l artícula polític e opon . E i s s «ajustará a un l Estado a n e servicio n embargo d de s par la propieda a industri citamente existencia d de propieda dicta norma prescribe, si de l transportes común Estados miembro --e o d r co o ac mono- e carácte á revisand o d cualesquiera el Departament e Estad gresivamente polios d mercial», y Competencia est
- s monopolios de eso 14 tualmente
, los fós o y l tabac l de o e tales com
- a qui e l el d , y n Francia foros e
--s o e s so e Es o d a hipótesi á trabajand . L o monopoli l est e tod n Italia a cua e qu nina, e la dbre l ---- a na a far i l r ejemplo é s , discrimina a industri o pregunt de l r esencia británica, po es, po tado cionalización macéutica torio. Cuand
, o artículo e dich o d caería dentr
,re o d a con a qu s po l Tratad . r form . E a severida amenacen e sí s prestada n o ó qu n cualquie la mism , e s «ayudaa competencia e falsee e contest con se mtrata todas la el Estado sea», qu falsear l
r
UX
OBSTÁCULO EL PARA
LABORISMO
Las nacionalizaciones,
imposibles Mercado Común en el
Imposibilidad de aplicació n de
l
Programa laborista.
Sobre es a base , ¿cóm o podrí
a laborista cumplimen gobierno un
- n s e a po s contenida Sixties, par r the s propuesta Signposts fo tar la - ? o pa a británica o algun a economí e l n pi existiría obstácul No ner e
- o Na n Consej e u n d a creació ra l
- n Industria e Planificació cional d
l e lí fijar e a n sobr e limitas e s e producció e qu tal d con objetivos d --- n e en , si l estí a direc l gobier ; l n indicati e e alas, s n estará z qu darle n orden a ve dificultades. E a inversió en o un e planificació de l alguna, e ; per procediese a neas «d va» no contraría mulo duda ----s o o , e n des l Estado desea s instru l aludid r e a e n embargo n po del tip , si lograr u . Ye confí s principale para e lo n qu a inversió a cosa o d económico de l ción sería otr ése un mentos e documento arrollo
do. A ese fin , propon e l
a inver
- s presupues s superávit de lo sión
- e jubila s d s fondo de lo tarios y
- r con n mayo , u del Estado ción
-s n de la n y e seguros e inversió s d s d e pensió s d s política e la s fondo trol d de lo compañías privada ,---ss o a a a n o a a es- e l , l s fore im a in r ser Des- e ayu .a a e estu e esen a com o Labo o l e Junta n indus a indus o difícil e proyec o y aeronáu- : ayud s d e dirigism n d intentados, n d a un a reconstruid o financiado a part n diversa tolerable. a mediant a d n realidad l Partid no a l , ea establece l gobierno industrias d si obtuvies . Ee un e e s par é Monetari sospechosas sería aún a creació r a a form e par a de de Estudi n laborista o par o l ser considerad construcción s o de contrato s qu a industri nacional, com l Estado , un l pla la financiació de Nacional, destinad de desarroll consideraría l Estadol Comit mayor investigació podría Igualmente es decir mente las labore rista propon Corporación por e que e arrollo timular l colocación dios y ayuda de mas, constituy cial de una trial, a tos nuevo para protege portancia dustria tica. Inclus de desarroll vicios comune tria discriminatoria da financier Las empresta s públicas
.
No aparece nad
a claro , además
,- n n Sign- e empre s el Tratado s d se ajustase s de s forma e Sixties a contemplada r th s prescripcione las nueva que sa públicposts fo a la .-s s e la e «debe d d d pública o qu las restriccione la capacida e propieda l Laborism suprimirse Sugiere e rían impuestas a empresas d ,--l---l-- e e a a l d, l, pa o d l Eso de a Co a de e tan s per o par la ma s recur e l a indus r de n qu o y l imaginarr su e carbón e un e e o ant r encim o Naciona l pode nacional». In nacionalizada. s ds privada , d r competitivo e s ferrocarrilesl equip a difíci o po n empleand l ga plan r e necesitan, dentr l Servici y lo o com o e l pode un l futuro e e que podría obtene de n e las empresa se estaba farmacéutica resulta nad el diner tales com electricidad ra desarrollaquinaria marco sinúa qu Sanidad sos, e tria No se ajudicadas protestand misión, pasand Gobierno, fundándos totado socavar e
la industri a británica
.
Las nacionalizaciones imposi- bles.
Sin embargo, el obstáculo ma- yor de todos se basaría en el he- cho de que, una vez dentro del Mercado Común, las empresas privadas se desarrollarían, cada vez más, siguiendo líneas eu- ropeas, mediante fusiones y otros vínculos comerciales análogos. En una situación tal, la labor de na-
cionalización se haría totalmente imposible, debido a la dificultad de acabar con empresas que se hubiesen convertido en unidades internacionales. Uno de los obje- tivos del Tratado es, precisamen- te, fomentar eso.
El comentario más significati- vo que he oído en Bruselas, lo formuló una de las personalida- des más eminentes de la Comi- sión, quien afirmaba que lo único
que se le impediría hacer a Gran Bretaña, una vez ingresada en la Comunidad, sería practicar una
«política única». A tenor del es- píritu y de la letra de la filoso- fía económica que inspira la Co- munidad, esto quiere decir, en efecto, que se le impediría inclu- so aplicar la cautelosa y experi- mental política socialista a la que se ha comprometido el Partido Laborista en su totalidad.
La oposición de los neoliberales al Mercado Común
¿ A I S L A C I O N I S M O L I B E R A L ? Critica de The Economist
a las opiniones del Profe- sor Meade:
El Profesor James Meade, que sucedió a Dennis Robertson como catedrático de Economía Política en Cambridge, ha declarado, esta semana, no ser más que un tibio partidario del ingreso de Gran Bretaña en el Mercado Común.
En su escrito UK, Commonwealth and Common Market (El Reino Unido, la Comunidad Británica de Naciones y el Mercado Común), formula la conclusión de que «el Reino Unido puede y debe ingre- sar en la CEE si ésta ofrece una auténtica y real promesa de con- vertirse en una institución libe- ral con vistas al exterior; pero que no debe hacerlo si la CEE está destinada a ser un bloque eu- ropeo cerrado y con miras de campanario». Ante esta eventua- lidad, el Profesor Meade estima que Gran Bretaña «debe estar preparada, por el momento, para permanecer fuera de dicha orga- nización» y laborar en pro de la reducción mundial de las barre- ras opuestas al comercio exterior, sobre todo, las que afectan a los productos manufacturados, para evitar el surgimiento de nuevos
«Japones» entre los nuevos paí- ses en desarrollo de la Comuni- dad Británica de Naciones.
A pesar de su tono liberal, en
generalt el citado escrito habrá de
ser sacado a colación ampliamen- te por los contrarios al Mercado Común. Consideramos importan- te, por lo tanto, explicar por qué no estamos de acuerdo, funda-
mentalmente, con su premisa bá- sica. Si Gran Bretaña permanece fuera del Mercado Común, pare- ce muy poco probable que pueda mostrarse, paulatinamente, cada vez más liberal hacia los nuevos
«Japones». Es mucho más proba- ble que se muestre cada vez más restrictiva con respecto de los mismos, como ya lo es, al presen- te, en comparación con los Esta- dos Unidos, con respecto de las importaciones de manufacturas del propio Japón. La razón es sen- cilla. Un país en desarrollo se in- dustrializa, generalmente, en pri- mer lugar, sobre la base de fa- bricar las cosas que integran su
propia lista de importaciones. En tanto que Gran Bretaña continúe basando su fundamental esfuerzo exportativo sobre productos que puede vender dentro de la Comu- nidad británica sobre la base de las preferencias imperiales, es más que probable que continúe forzando su pauta de producción para darle una forma en la que gran parte de su industria siga concentrada en fabricar, precisa- mente, los productos que los paí- ses de la Commonwealth fabrica- rán el día de mañana. Y no es frecuente que nadie se sienta li- brecambista hacia las industrias nuevas de países en desarrollo, que compiten con sus propias in- dustrias en decadencia.
S U I Z A
Ha prestado un inmenso servicio a Europa
Si Gra n Bretañ a ingres
a e n e
le á a u a l , s s qu n podr , haci n cambio s adelantados z más a ve de mercancía Común, e los paíse de exportació esfuerzo orientarse, cad producción Mercado compran ,- las n Bre r a e Gra s d e contribui a d cual habrí lofuturas perspectiva
taña, as í com o a fomentar s
u li
- e e qu s opor a d a má cabe dud no Bretaña tendrí beralismo. Y Gran
- empu- r a e contribui tunidades d
jar a Europa
en el mism o sentid
o s «Japo s nuevo a lo liberal haci
- » eu l «club n e a e si ingres nes»
- l mis a de a fuer i qued e s ropeo, qu
- s argu a eso o acept si un mo. Y
-- a e l r ca e qu o hace a d a n e dud o cab principal par mentos, n razón so de l a cautelos a advertenci
a de
l , precisamente e es Profesor Mead
,-- s me s am e lo r su o d e alenta . á animad s d o est que un jores deseo plios objetivos
CONSIDERACIONES HETERODOXAS
SOBRE
EL MERCAD O COMÚ
N
En el artículo que
ofre- las criticas Profesor Ropke, continuación, ori- cemos a ginal del se exponen
que formula en el Profesor
re- de vis- funda- Mercado Co- un punto las ideas lación con mentales del mún desde ta neoliberal.
Hace poc o pud o leers e e n u
n a nostál a mirad n un periódico, co
- o Co l Mercad n e a e gica puest
- r n Mu a segui o «u o podrí a n s tiemp e Suiz por má mún, qu siendo --- e a n a y e u e debe r d e sorpren o qu s conocí e procedent o m a mentalidad , sin , pue l redobl , prometedo o xix» r a espléndido. N del sigl la afirmación seo ría acudi futuro sobradamente est del exterior dió ,- e e a obs n com . Hac o hac e l , co , d l estilo e hablaba haber leíd por e s sn amargura algo o co recordé pero tiempo dos decenio pasión
- n mu r u n se a e de Suiz tinación
-
seo del pasado , a
la ve z qu e u
n de intelectua círculo determinado
- n im a co a pedí e Suiz o d les dentr
- u e s e consi n d s s a incorporació que entonce lo paciencia l país a -- a a co r par , planifica a económic y prometedo n polític . Socialización moderno deraba e mo el futuro
- audaces progra económica y ción
-s a a e la , pro e est n «ol retró- s d o y a gra n l d económica a ridícul s defensore s era a lo s parecíe liberta e gasto sustentar tozudament mas d futura», y tesis le grado ideas d - s a moneta s grande de la la disciplin privada piedad empresas y
- ria.
Suiza ha prestólo
un servicio
inmenso. Las burla s sobr
e e l «muse o de
l a e mer a d que Suiz a economí evitaron no xix» considerase l siglo -
WILHKLM ROPKE
Crítica neoliberal del Mercado Común
cado, l a liberta d económic
a y
una a responsabl política monetari
e n los s e s a , centrado inflacionista. A n boga principios superiore colectivismo entonces e un como ll o . E a de a prestad a Europa , h s entusiast l mismo inmenso servicio oponerse a un panegirista má
l e re tendrá qu Común Mercado
-ss o a li e lo n la disci- a l o d o y s par ese mínim e supone l retorn s a , qu n e e mercad a d e si conocer qu premisas elementale respectivos paíse de economí plina monetaria
- o internaciona del tráfic beración
l a del bi a economí s y e l s d e cambio l d s ligadura de la de contro - e pen a posibl o serí lateralismo, n
- a n económic a integració n l sar e
de Europa . Y
fue Suiz a e
l únic
o o d o model ó com e qued país qu
e a convincen a económic una polític
- a o e un s res l futur o d n lo n e inflacionista. a e l fueg no a e e y o tomaro e impondrí e fueg e s e mantendrí te, qu y qu economía libr De est
- a intelectua a chisp s l tantes paíse
l a polí e l o d o rumb l nuev para e
- a s mé a ironí , cuyo , un monetaria. e país a y o tanto e est r l Es, po tica económic amarga qu
- o económi l renacimient n e ritos e
-s de Eu- a actuali r olvidado n l e e n se neointegración e enfrent o debería en la co y ropa n jamás, s
- , deri graves problemas con dad
- e l d a especia sea conside , y a form e un esta integración vados d - a espe n outsider o u a form i est o com de nuev rado recalcitrante. S
- e re a qu , l a integración e l cial d
- e s a , s , e e peli la esenci e Suiza n grav o Común a a s d a e s pong o opuest l Mercad e lo los principio presenta e revela com y a más, qu
- e s a sobr a pregunt e l gro, surg
i e a d n con e e n contr l qu s e a especia habla ante no ello esta form
- . e Suiza tra d
La Supremacía
de l o nuevo .
Pero hay otros pensamiento
s e esto s d , despué e asaltan que m
s a n cui n un r u e tene s significa a d recuerdos. Ello advertencia: l - e e e s a es o qu n política o e respecto con a cuand y progresism extremo dado futurismo nos present
, la eco en l y a cultura la vid en
- a e a d n au l saló a mod a supremací . Ls de a l s nuevo s modelo e reclam o má nomía s para l los último ---r e o n de r e d y o vo a eco , per, ya His e tras a técni e dars nuestra e l n l a s j d, a, e á pensa e verda por l e confus o pued o humano a d afirmaciones po l «relo o es e l e podr l Estado e Ginebr e «n e e o d n e acuñada toda ingenuidad n tod l qu . Nadia característica atrás», y con que e l camp planta el estilo serio tomovilista d de form mentalidad ca, a allí surge cabulario, mezcl mentira, sobr toria», a marcha ---e e n vol- o efi y qu s y a impo s equivoo indivi e ha n exame s deseabl ó com d se ; u e e a qu a cas puede sustituir e revel r caminoo qu no r correccione n cad o l la socieda s posible n problem que s en e e s u lo o qu cuidadoso sible abandona cados, adopta nomía y ver a caz. E considerar e dual, viend tan y l
se por medio de discursos progre- sistas. El retorno a la economía de mercado y a la disciplina mo- netaria demuestran sobradamen- te que no sólo puede darse mar- cha atrás al famoso «reloj», sino que se debe, y Suiza es el expo- nente principal de esta demostra- ción.
La asombrosa declaración de Hallsteín.
Desgraciadamente, el progresis- mo simplista sigue gozando de gran predicamento en aquellos círculos juramentados en pro de una integración de Europa «ins- titucional». Así, se atribuye al Presidente de la Comisión Eco- nómica Europea la asombrosa de- claración de que la integración económica europea no es posible por medio de la mera .supresión de las trabas económicas interna- cionales, porque en la Historia nunca se había dado la vuelta a una situación anterior. Debe ha- bérsele olvidado que una vuelta de este tipo —a la economía de mercado y a la disciplina mone- taria y, por consiguiente, a la li- beración del tráfico económico in- ternacional— es uno de los su- cesos más importantes de la His- toria reciente, y que sin él, no po- dría hablarse de la integración económica europea, como se vie- ne realizando de hecho durante los últimos diez años.
La integración económica «ins- titucional», que busca su realiza- ción en el Mercado Común, no puede justificarse, en modo algu- no, presentando al método «fun- cional», consistente en la supre- sión de las trabas al comercio sin instituciones supranacionales, a la que hay que agradecer la libe- ración del tráfico económico in- ternacional de después de la gue- rra, como una vuelta prohibida por la Historia. Lo que induda- blemente tiene sentido es plan- tearnos la pregunta de si el mé- todo institucional conducirá a un grado de integración mucho más alto que el método funcional.
Aunque falta todavía la demostra- ción práctica, puede aceptarse es- ta posibilidad. Hasta es probable que una desnacionalización total de las relaciones económicas, in- cluido el mercado de capital y de trabajo, pueda posibilitarse sólo a través de la correspondiente in- ternacionalización de la política
económica, que debería pasar en- tonces de los Gobiernos naciona- les a uno internacional.
El precio de la integración ins- tiluciomal.
Admitiendo esto, queda claro de inmediato el precio que ha- bría que pagar por un perfeccio- nismo de esta clase: el precio de la formación de bloques y gran- des áreas, con sus consecuen- cias todavía imprevisibles. Como una integración máxima de este tipo, a través de autoridades su- pranacionales, sólo puede abar- car geográficamente aquellas na- ciones y Gobiernos que estén dispuestos a la desnacionalización e internacionalización de su po- lítica económica, y presuponien- do esta postura una madurez po- lítica limitada a un área no muy extensa, tendrá que pagar la in- tegración institucional un posible
—que no seguro— aumento de la intensidad de la integración, con un seguro descenso en extensión, esto es, renunciando a una expan- sión territorial, y, además, con la posible tendencia de una mayor separación con respecto al exte- rior.
Un camino más sensato.
Y surge siempre la pregunta:
¿No sería mucho más sensato, en vez de emprender la integración institucional de Europa, con su carácter de gran área, iniciar el camino de una liberación general del comercio, prescindiendo de toda política económica suprana- cional, avanzando por esta vía cuanto sea posible? ¿No avanza- remos más con una reducción arancelaria de un 50 por 100, pero más general y no ligada a ningu- na autoridad internacional, que con una reducción del 100 por 100, pero limitada geográficamen- te, sin hablar del gigantesco tin- glado de autoridades internacio- nales, Instituciones, Parlamentos, Comités y Subcomités que exige su realización? El Profesor Ha- berler ha tenido el valor de tratar recientemente este problema (en la revista Aussenwirtschaft, sep- tiembre a diciembre 1961) como una cuestión actual, proponiendo como salida al actual atolladero en que se encuentra la integra- ción económica europea, que los países de la CEE y de la EFTA
detuviesen su reducción arance- laria en un 40 ó 50 por 100, se otorgasen recíprocamente la mis- ma y la ofreciesen a todos los restantes países a cambio de con- cesiones equivalentes. Apresuré- monos a añadir que no se hace ilusiones a este respecto, porque los obstáculos políticos contra una solución como ésta, razona- ble desde el punto de vista eco- nómico y sencilla desde el técni- co-administrativo, son demasiado numerosos, no siendo la razón más pequeña «la tenaz resisten- cia de las burocracias y de los funcionarios regionales y los nu- merosos aspirantes nacionales a puestos lucrativos en estas Orga- nizaciones».
En todo caso, no debe perderse de vista esta naturaleza del pro- blema, si quiere comprenderse la postura en que se encuentra un país como Suiza dentro de la his- toria de la integración económica de Europa. No porque permanez- ca senilmente a la zaga de «Eu- ropa», sino porque debe y está acostumbrada a pensar por enci- ma de «Europa», ha dado prefe- rencia a una integración económi- ca europea lo más universal posi- ble, sobre una integración en teo- ría perfecta, pero limitada geo- gráficamente, tendente a aflojar sus vínculos con la economía mundial. Lo que tenga esta pos- tura de retrógrado, «de Museo», es un misterio.
Que esta tendencia es la más sensata desde el punto de vista económico, no ofrece duda algu- na. Aboga también en su favor la regla establecida por el econo- mista inglés James Meade, en su libro fundamental sobre las unio- nes aduaneras, que las primeras etapas de una reducción arance- laria progresiva eran las más fructíferas económicamente, de donde se deduce que el indiscu- tible pasivo de una liberación co- mercial, posiblemente total, pero sólo en un marco regional y con todas las complicaciones político- administrativas, se compensa tan- to menos por el activo del aumen- to del bienestar. Si un país como Suiza tantea las posibilidades de compromiso entre la integración funcional y la institucional, no debería desconocer nadie que ello sucede bajo la presión de una dis- criminación amenazadora, pero que no representa el reconoci- miento de las ventajas de la in-