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Al cumplirse el 50 aniversario del Instituto

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3 Ciencia Pesquera

Origen y remembranza histórica

del Instituto Nacional de Pesca

A

l cumplirse el 50 aniversario del Ins-tituto Nacional de Pesca (INAPESCA) quiero presentar una semblanza histó-rica del Instituto, pues a lo largo de los años han pasado varias generaciones de personal técnico, directivos y autoridades de la pesca, y el origen de éste se vuelve brumoso. Lamentablemente no existe un documento o referencia escrita que re-late sus inicios y sus objetivos primigenios. Por esta razón es oportuno elaborar el siguiente re-lato y recuperar la memoria histórica, y porque pueblo o institución sin historia es un sujeto sin identidad, sin orgullo y sin fortaleza para acome-ter el futuro.

Tuve la suerte de participar, junto con un re-ducido grupo de biólogos, en la fundación de lo que fue originalmente el Instituto Nacional de Investigaciones Biológico Pesqueras (INIBP), hoy Instituto Nacional de Pesca, y fui actor y testigo de su desarrollo durante los primeros 20 años de su existencia, donde laboré desde 1962 hasta 1981. ¿Cómo nació esta Institución?, ¿de quién fue la idea? Me parece justo hacer un recono-cimiento público a Rodolfo Ramírez Granados, biólogo pesquero con un profundo conocimiento de la pesca y de la acuicultura mexicana, pero, sobre todo, un visionario, que con una auténtica pasión y amor por México plantó la idea de esta Institución que por su pertinencia sigue estando presente al servicio del sector pesquero y dando apoyo invaluable a las autoridades encargadas de administrar y conservar los recursos pesque-ros del país.

Fue Rodolfo Ramírez quien sembró con su ejemplo, en todos los que tuvimos la fortuna de trabajar con él, la semilla de una mística de tra-bajo y de entrega desinteresada para construir

esta institución. Igualmente, sembró la semilla de la tenacidad para hacer crecer un árbol de conocimientos técnicos y científicos, que sigue dando sus frutos hasta la fecha.

En 1955 existía en la Secretaría de Marina una Oficina Técnica de la Dirección General de Pesca, donde laboraba un pequeño grupo de biólogos encabezados por Rodolfo Ramírez Granados, que en 1959 gestionara la creación de la Oficina de Estudios Biológicos adscrita a la Oficina Técnica de la Secretaría de Marina. Al pasar la Dirección General de Pesca a la Secre-taría de Industria y Comercio, en el sexenio del presidente Adolfo López Mateos, su director, el almirante Antonio Vásquez del Mercado, da a la oficina la categoría de Departamento de Es-tudios Biológicos y pone a Rodolfo Ramírez al frente del mismo.

El Departamento era una oficina de gestión y se apoyaba, para sus opiniones técnicas, en un pequeño laboratorio que también venía de la Se-cretaría de Marina. Aquí laborábamos una doce-na de biólogos y cinco químicos, ocupando tres departamentos adaptados como laboratorios y la biblioteca.

La Dirección General de Pesca, además de este pequeño laboratorio, contaba con dos esta-ciones, una piscícola en el Zarco, Edo. de México y la otra limnológica en Pátzcuaro, Michoacán. Dos biólogos, Roberto Mercado y Eduardo Be-llo estaban adscritos a las oficinas de pesca de Mazatlán y de Guaymas, respectivamente, don-de atendían consultas técnicas. Este laboratorio y este personal fueron la infraestructura física y humana con la que se fundó posteriormente el Instituto Nacional de Investigaciones Biológico Pesqueras.

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S. A. Guzmán del Próo En febrero 1962 se designó a Rodolfo

Ramí-rez como subdirector general de Pesca, puesto que en su época tuvo enorme relevancia política y administrativa. El que esta posición la ocupara por primera vez un biólogo fue un hito histórico en nuestra carrera y desde esta posición planteó la idea del INIBP.

Ahora bien, ¿Por qué crear precisamente un Instituto de Investigaciones Biológico Pesque-ras? Me remito a un artículo que sobre el parti-cular publicó Rodolfo Ramírez y que cito:

Esta decisión fue tomada como resultado de las peticiones unánimes en tal sentido formuladas por todos los sectores pesqueros ante el Gral. Abe-lardo Rodríguez y el Alm. Antonio Vásquez del Mercado, durante una gira realizada por todo el país en 1962, al inaugurarse el funcionamiento de Comisión Nacional Consultiva de Pesca (CNCP). Esto significaba el reconocimiento de que el desa-rrollo pesquero descansa esencialmente sobre el conocimiento de la materia prima, sus caracterís-ticas específicas, su distribución, y cantidad…

Después de esta gira, Rodolfo Ramírez encontró la coyuntura histórica y el apoyo político nece-sarios para impulsar su idea de un Instituto de Investigaciones Pesqueras nacional, hoy el Ins-tituto Nacional de Pesca, que a partir de 1962 se convirtió en el brazo científico y técnico de la administración pesquera mexicana. Los biólogos fundadores de esa institución fueron: Rodol-fo Ramírez Granados, Héctor Chapa Saldaña, María Luisa Sevilla, Aurelio Solórzano, Mauro Cárdenas, Ilhuicamina Mayes, Manuel Solís, Di-lio Fuentes Castellanos, Ernesto Ramírez, Fran-cisco de la Chica, Aurora Díaz Carrillo, Manuel Flores Villegas y yo. Hoy, estas personas son solamente nombres, pero cada quien dio, en su momento, un gran impulso y su entrega a la ins-titución que nacía.

Originalmente, el INIBP se conformó en di-visiones: Vertebrados Marinos, Vertebrados de agua dulce, Invertebrados, Piscicultura y otras biotecnias: Botánica, Pesca Exploratoria, Bio-logía Pesquera y las secciones de HistoBio-logía, Plancton y Biblioteca. Muy pronto, con el apoyo económico de la CNCP se inició la construcción de cuatro estaciones de biología pesquera: En-senada y Salina Cruz en el Pacífico; Tampico y Campeche en el Golfo de México. Se compraron

casas prefabricadas para crear subestaciones, una en Guaymas y otra en Isla Mujeres. A éstas se agregaron también una estación para pisci-cultura tropical en Temascal, Oaxaca, y otra más en Tezontepec, Hidalgo, para aguas templadas, que, sumadas a la del Zarco de aguas frías y a la de Pátzcuaro, completaron la infraestructura necesaria para investigaciones piscícolas. Se ren-taron, además, casas en Progreso, Yucatán, Al-varado, Veracruz, y La Paz, BCS, donde se adap-taron laboratorios; se invirtió en equipo óptico, de oficina, de laboratorio y, en breve tiempo, de 1962 a 1966, el Instituto contaba ya con la in-fraestructura material y estratégica con que se abarcó en pocos años el país y sus necesidades de investigación pesquera y piscícola.

Al crearse el INIBP surgieron oportunidades de empleo para biólogos, oceanólogos, técni-cos pesqueros, ingenieros bioquímitécni-cos; no úni-camente personal titulado, también pasantes y estudiantes que ahí encontraron fuente de em-pleo, proyectos y problemas concretos de inves-tigación, como taxónomos, para identificar y ca-talogar los recursos marinos del país, y después, como evaluadores de esta riqueza pesquera. En esta primera etapa de 1962 a 1967 se formaron grandes colecciones de peces marinos, peces de agua dulce, crustáceos, moluscos, algas marinas. La idea de Rodolfo era, en primer lugar, cono-cer e inventariar los recursos acuáticos del país y, posteriormente cuantificarlos. Esta iniciativa fue modificada por los cambios políticos y sólo cris-talizó años después parte de ella, en el Catálogo de Peces Marinos que Ernesto Ramírez empren-dió en 1964 con la ayuda de todo un grupo de estudiantes y pasantes de aquella época, como José Luis Castro Aguirre, Joaquín Arvizu, Ce-lia Guerra, Eugenia Moncayo, Victoria Marín, Esperanza Ramírez, Nicolás Vázquez Rosillo, Jesús Vásquez y otros más que escapan a mi me-moria. La tenacidad de Ernesto Ramírez lo llevó a culminar la obra 12 años después. Mientras, quedaron truncos en el camino, el catálogo de algas marinas y el de peces de agua dulce.

De este Instituto surgieron especialistas y personajes que han trascendido no únicamente en la pesca sino en el ambiente académico. Sólo por mencionar algunos nombres: María Luisa Sevilla, Héctor Chapa, Aurelio Solórzano, Er-nesto Chávez, Daniel Lluch Belda, Dilio Fuentes,

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Sara de la Campa, Armando Morales, Alejandro Villamar, René Márquez, Mirna Cruz, Óscar Pe-drín, Concepción Rodríguez, Anatolio Hernán-dez, Sergio García, Francisco Arreguín, Manuel Solís, Margarita Lizárraga, Ma. de la Luz Díaz López, y muchos más. Cada uno con trayectorias relevantes en sus respectivas esferas de actua-ción, dejaron una honda huella de su paso por esta Institución.

Mauro Cárdenas fue nuestro primer direc-tor. Rodolfo Ramírez lo invitó a hacerse cargo del Instituto cuando Mauro regresaba de probar suerte como empresario en la industria camaro-nera de Campeche.

En su parte editorial, el INIBP publicaba mo-destos boletines de divulgación impresos en mi-meógrafo, y otros trabajos técnicos impresos en los Talleres Gráficos de la Nación. Así se pro-dujeron traducciones, manuales y las primeras monografías de las pesquerías más importantes. Entre 1962 y 1967 se publicaron 130 números de la serie Divulgación, sumados a 20 boletines im-presos en Talleres Gráficos de la Nación, junto con los Anales del Instituto Nacional de Investi-gaciones Biológico - Pesqueras. Otros artículos aparecieron en la revista El Pescador y Gaceta Cooperativa, dirigidas al sector pesquero y patro-cinado por la Dirección General de Pesca.

En 1967, el INIBP transitó por un periodo de reorientación en sus tareas. Se abandonaron los trabajos de catalogación. Las colecciones se re-galaron o se donaron a la UNAM y al Politécnico o, bien, a otras instituciones de enseñanza. La in-vestigación se orientó en otro sentido, se impul-saron los cruceros de prospección pesquera y se inició la evaluación de recursos, particularmente la de pelágicos.

La política editorial cambió radicalmente con la idea de producir, según la FAO, mejores publicaciones, de mayor nivel científico. Sin em-bargo, la producción fue escasa con la creación de cuatro series: Serie Informativa, Serie Técni-ca, Serie de Divulgación y Serie Científica.

México nace y muere cada seis años. Así, la historia se cuenta por sexenios. En el sexenio de 1970-1976 se crea la Subsecretaría de Pesca. El Instituto, en esta ocasión a cargo de Luis Kasu-ga Osaka, cambió nuevamente de orientación y el nombre de INIBP se transforma en el Instituto Nacional de la Pesca (INP). También se modificó

el logo, del pez tomado de códices prehispáni-cos, pasó al que actualmente tiene, idea de Luis Kasuga. Cambiaron el nombre y la orientación de las Estaciones de Biología Pesquera, a las que se les rebautizó como Centros de Promoción Pesquera.

Reorganizó al Instituto sobre la base de pro-gramas para cada recurso pesquero. El Instituto creció en cantidad de personal y se buscó la vin-culación con la industria, especialmente la cama-ronera y la sardinera, a través de la CANAIPES. Los cruceros de prospección pesquera en los bar-cos Alzate, Humboldt y Onjuku cobraron inten-sidad. La FAO operó en ese sexenio participando activamente en la evaluación y la prospección de recursos, como, pelágicos menores, de fondo y langostilla. Se instrumentaron los sistemas de muestreo de la captura comercial de las especies más importantes: abulón, langosta, camarón, mero y sardina. Todo este sistema constituyó la base de datos indispensable para los estudios de dinámica poblacional que más tarde se desarro-llaron. Estos sistemas de muestreo existen desde 1973, y son la más valiosa información histórica de series de tiempo sobre la demografía de es-pecies pesqueras con que cuenta el INAPESCA y el país.

En este sexenio el INP sufrió la pérdida de sus estaciones piscícolas, que pasaron a un orga-nismo de nueva creación, el Fideicomiso para el Fomento de la Acuicultura (FIDEFA).

El sexenio de Jorge Carranza Frazer (1977-1982) coincidió con la creación del Departamen-to de Pesca, y el InstituDepartamen-to cambió nuevamente de nombre a Dirección General del INP, es decir, reinsertado en la burocracia. En ese sexenio la biblioteca, el departamento de dibujo y fotogra-fía, las máquinas de impresión de offset y todo el equipo editorial que se había acumulado pasa-ron a formar parte del naciente Departamento de Pesca.

El INP cambió de estructura una vez más y ahora tuvo tres subdirecciones: Biología Pesque-ra, Tecnología y Acuicultura; un coordinador técnico y dos grandes divisiones: Pacífico y Golfo de México. Se mantuvo la organización por pro-gramas, pero las estaciones cambiaron de nom-bre por el de Centros de Investigación Pesquera.

Esta vez la FAO regresó con nuevos expertos y propio personal técnico. Se avanzó en forma

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S. A. Guzmán del Próo importante en la evaluación de recursos pelágicos,

en particular sardina y anchoveta. Se impulsaron cursos de capacitación en dinámica de poblacio-nes, y se vinculó el INP con investigadores de EU por medio de los programas CalCOFI y Mex-Us Golfo y Pacífico.

Se cancelaron las cuatro series editoriales, y en su lugar se creó la revista Ciencia Pesquera como único órgano de difusión. Pocos números se editaron durante ésa y épocas posteriores. La producción de 1981 a 2001 fue de sólo 15 núme-ros. Pero, partir de 2008 se reinició la edición y publicación de esta revista.

El Instituto ha cumplido una larga existen-cia, con altas y bajas, con vientos a favor pero también en contra. Su larga permanencia dentro de las Instituciones del Estado mexicano se debe a su pertinencia como órgano técnico científico de las autoridades que hoy administran los re-cursos pesqueros del país.

Hoy día, el INAPESCA es una fuente de infor-mación riquísima y un órgano de consulta obli-gado para la toma de decisiones de política pes-quera. Su principal fortaleza reside en su larga permanencia y en la gran experiencia acumulada de los integrantes de su cuerpo técnico, quienes han permanecido fieles a la Institución y a sus objetivos.

Estoy seguro de que, como en otras oca-siones, el INAPESCA vencerá las adversidades y estará a la altura de las circunstancias actuales, apoyando con la certeza y el profesionalismo que siempre ha caracterizado a sus integrantes, a las nuevas autoridades encargadas de administrar los recursos pesqueros del país.

Concluyo, con una frase tomada de la cultu-ra China: ¡Larga vida, al Instituto Nacional de Pesca!

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7 20(2): 3-7, noviembre de 2012 Ciencia Pesquera Origen y remembranza histórica del Instituto Nacional de Pesca

Directores del Instituto Nacional de Pesca y autoridades de pesca (1962-2012)

Directores del INIBP-INP

-INAPESCA

Periodo Autoridades de pesca Nivel dependencia

Mauro Cárdenas Figueroa 1962-1966 Alm. Alberto Vásquez del Mercado y Gral. Abelardo L. Rodríguez

Dirección General de Pesca y Comisión Nacional Consultiva de Pesca

Amín Zarur Menes 1967-1969 Lic. Jorge Echaniz R. Dirección General de Pesca

Luis Kasuga Osaka 1970-1976 Ing. E. Medina Neri Subsecretaría Pesca

Jorge Carranza Fraser 1977-1982 Lic. Fernando Rafful Miguel Departamento Pesca Jorge Carranza Fraser 1982-1984 Lic. Pedro Ojeda Paullada Secretaría de Pesca (SEPESCA) José Antonio Carranza

Palacios

1984-1986 Lic. Pedro Ojeda Paullada Secretaría de Pesca (SEPESCA)

Alfredo Laguarda Figueras 1986 Lic. Pedro Ojeda Paullada Secretaría de Pesca (SEPESCA)

José Luis Payró 1987 Lic. Pedro Ojeda Paullada Secretaría de Pesca (SEPESCA)

Alicia Bárcenas Ibarra 1988-1990 Lic. Ma. de los Ángeles Moreno Uriegas

Secretaría de Pesca (SEPESCA)

Margarita Lizárraga Saucedo

1991-1992 Lic. Ma. de los Ángeles Moreno Uriegas

Lic. Guillermo Jiménez Morales

Secretaría de Pesca (SEPESCA)

Juan Luis Cifuentes Lemus 1993-1994 Lic. Guillermo Jiménez Morales Secretaría de Pesca (SEPESCA) Luis López Guerrero 1994 Lic. Guillermo Jiménez Morales Secretaría de Pesca (SEPESCA) José Antonio Díaz de León

Corral

1995-1999 M. en C. Julia Carabias Lillo Secretaria de Medio Ambiente Recursos Naturales y Pesca (SEMARNAP)

Guillermo Compeán Jiménez

2000-2006 Ing. Javier Usabiaga Arroyo Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA)

Miguel Ángel Cisneros Mata

2007-2010 Ing. Alberto Cárdenas Jiménez Lic. Francisco Javier Mayorga Castañeda

Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA)

Raúl Adán Romo Trujillo 2010- a la fecha

Lic. Francisco Javier Mayorga Castañeda

Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA)

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9 Ciencia Pesquera

0DUFDVGHFUHFLPLHQWRHQODVXSHU½FLH\HQHOLQWHULRU

GHORSpUFXORGH

Megastraea undosa

y

M. turbanica

de la

FRVWDRFFLGHQWDOGH%DMD&DOLIRUQLD6XU0p[LFR

María Georgina Gluyas-Millán*, María Berenice Cota**,

Dulce Zita Martínez-Quiroz** y Casimiro Quiñonez-Velázquez***

Se recolectaron 327 caracoles Megastraea turbanica y 366 caracoles M. undosa en la costa occidental de Baja California Sur para analizar sus opérculos y determinar si las marcas de crecimiento de la superficie se presentan en su estructura interna, y fortalecer el método para determinar edad. Se encontró una re-lación proporcional entre la longitud del opérculo (LO) y el diámetro basal (DB): DB = 1.31(LO)+48.58, r2 = 0.84 en M. turbanica, y DB = 1.93(LO)+21.71, r2 = 0.85 en M. undosa. La edad se determinó

contan-do el número de marcas de crecimiento en la superficie de los opérculos. Se encontraron edades de 0 a 10 años en M. turbanica, y de 0 a 7 años en M. undosa. La precisión de las lecturas de edad entre lectores tuvo un porcentaje de acuerdo de 92% en M. turbanica, y 96.5% en M. undosa. Para cada edad por especie se seleccionaron al azar hasta cuatro opérculos y se obtuvieron secciones longitudinales para exponer las marcas internas y contrastarlas con aquellas de la superficie del opérculo. Se encontró que el número de las marcas en la superficie no son significativamente diferentes de aquellas de la sección interna, con esto se confirma la validación de la temporalidad anual de formación de las marcas de crecimiento. La sección longitudinal es una superficie adecuada para determinar edad, especialmente en opérculos con poca cla-ridad en las marcas de la superficie. Estos resultados fortalecen la edad determinada en la superficie del opérculo como un método de bajo costo.

Palabras clave: Marcas de crecimiento, opérculos, costa occidental de Baja California Sur, Megastraea turbanica, Megastraea undosa.

Growth marks on the surface and inside of the operculum of Megastraea undosa and M. turbanicaIURPWKHRFFLGHQWDOFRDVWRI%DMD&DOLIRUQLD6XU0H[LFR

Three hundred and twenty seven snails Megastraea turbanica and 366 snails M. undosa were collected on the west coast of Baja California Sur to analyze their opercula and determine if the growth marks on the surface, are presented in their internal structure, and strengthen the method of determining age. The-re was a proportional The-relationship between the length of the operculum (LO) and basal diameter (DB): DB = 1.31 (LO)+48.58, r2 = 0.84 in M. turbanica, and DB = 1.93 (LO)+21.71, r2 = 0.85 M. undosa. Age was

determined by counting the number of growth marks on the surface of operculum. We found ages from 0 to 10 years in M. turbanica, and from 0 to 7 years in M. undosa. The precision of age readings between readers had a percentage agreement of 92% in M. turbanica, and 96.5% for M. undosa. For each age per species were randomly selected up to four opercula and longitudinal sections were obtained to expose in-ternal marks and compare them with those of the surface of the operculum. It was found that the number of marks on the surface are not significantly different from those of the inner section, with this validation confirms the formation timing of the annual growth marks. The longitudinal section is a suitable surface to determine age, especially in opercula unclear on the surface marks. These results strengthen the age determination at the surface of the operculum as a low cost method.

Key words: Growth marks, operculum, western coast of Baja California Sur, Megastraea turbanica,

Megastraea undosa.

* Centro Regional de Investigación Pesquera - La Paz. Instituto Nacional de Pesca. Carretera a Pichilingue km 1 s/n, La Paz, BCS, México. [email protected]

** Escuela de Ingeniería en Pesquerías, Universidad Autónoma de Baja California Sur, La Paz, BCS, México. *** Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas. Instituto Politécnico Nacional, La Paz, BCS, México.

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M. G. Gluyas-Millán, M. B. Cota, D. Z. Martínez-Quiroz y C. Quiñonez-Velázquez

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Introducción

Se presenta un estudio de las marcas de creci-miento del opérculo de los caracoles Megastraea turbanica1 (Dall 1910), sinónimo de Astraea turbanica, cuyos nombres comunes son caracol jumbo y caracol panocha; y M. undosa (W. Wood 1828), sinónimo de Astraea undosa y Lithopoma undosum, cuyo nombre común es caracol pano-cha. Ambas especies son objeto de una impor-tante pesquería en la zona central de la costa occidental de la Península de Baja California. El caracol jumbo se distribuye de California a Ba-hía Asunción, y la zona de mayor abundancia es Isla Natividad, en donde aporta hasta 30% de la producción de caracol de la isla. M. undosa se distribuye de California a Bahía Magdalena, es la especie más abundante y la que sostiene la pesquería (Talavera-Maya et al. 2001). Ambas especies poseen un opérculo de gran tamaño, la longitud máxima del eje mayor puede alcanzar 61 mm, medida que corresponde aproximada-mente a 60% del diámetro basal del caracol. La superficie interna del opérculo de este género presenta marcas de crecimiento que se han uti-lizado para determinar su edad; establecer la es-tructura de la población y hacer comparaciones entre poblaciones potencialmente diferentes; identificar propiedades particulares de una po-blación; y utilizar la edad en combinación con otros datos biológicos para inferir impactos del ambiente en la población (Gluyas-Millán et al. 1999, 2000, 2002). La temporalidad de las mar-cas de crecimiento en el género Megastraea fue documentada por primera vez por Cupul-Maga-ña y Torres-Moye (1996) en M. undosa de Bahía Todos Santos, BC, y encontraron que se forman anualmente. Para la misma especie en Bahía Tor-tugas, BCS, Gluyas-Millán et al. (1999) encontra-ron una periodicidad similar en la formación de las marcas del opérculo. En ambos trabajos uti-lizaron la prueba del incremento marginal. Para M. turbanica de Isla Natividad, Gluyas-Millán y Martínez-Quiroz (2010) recurrieron a la prueba de la característica del borde del opérculo para

1. http://www.itis.gov/servlet/SingleRpt/SingleRpt?search_ topic=TSN&search_value=567871. Página consultada el 5 de diciembre 2011.

determinar por primera vez que las marcas de crecimiento se forman anualmente, y recomen-daron como criterio para reconocer el primer an-nulus, la presencia de hasta tres anillos próximos a la espira del opérculo. Definida la temporali-dad de las marcas de crecimiento, en el presente trabajo se planteó como objetivo verificar si el número de marcas en la superficie del opérculo corresponde al número de marcas en el interior de esta estructura. Lo anterior, con el fin de for-talecer el método para determinar la edad en la superficie de los opérculos y evaluar una posible sobrestimación o subestimación de la edad. La hipótesis de trabajo fue que no existe diferencia entre el número de marcas de crecimiento en la superficie y en interior del opérculo.

Materiales y métodos

El material biológico proviene de nueve mues-treos mensuales realizados en los bancos silves-tres de M. turbanica de Isla Natividad y de M. undosa en Punta Eugenia, BCS, de octubre a no-viembre de 2006, y de enero a agosto de 2007. Se eligió Isla Natividad porque es la zona de mayor abundancia de M. turbanica, y Punta Eugenia porque es una zona de pesca importante, apor-ta aproximadamente 25% de la producción. La recolección de muestras en ambas zonas fue ma-nual, por medio de buceo semiautónomo, entre 4 m y 10 m de profundidad. Se aplicó el método de búsqueda abierta, sin transecto ni unidad de muestreo determinada. En ambas zonas, el ta-maño de la muestra varió entre 30 y 45 caracoles por mes. A todos los organismos recolectados se les midió el diámetro basal (DB±1 mm), se retiró el opérculo, se midió su longitud (LO±0.1 mm) (Fig. 1); se guardaron en seco para posterior-mente determinar la edad. El DB se relacionó con la LO por medio de una regresión lineal (DB = a + b LO), para conocer la proporciona-lidad del crecimiento entre ambas variables de acuerdo con el coeficiente de determinación (r2). Para exponer las marcas de crecimiento en la su-perficie interna de los opérculos, se retiró el pe-riostraco con un cepillo de cerdas de metal des-pués de mantenerlos en agua dulce durante 12 horas. Enseguida se sumergieron en una solución a 10% de hipoclorito de sodio durante 24 horas

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20(2): 9-16, noviembre de 2012 Ciencia Pesquera 0DUFDVGHFUHFLPLHQWRHQRSpUFXORVGHFDUDFROHVGHOJpQHURMegastraea

11 para eliminar los remanentes del periostraco y

blanquear la superficie.

De acuerdo con Gluyas-Millán et al. (1999) y Gluyas-Millán y Martínez-Quiroz (2010), las marcas de crecimiento representan incrementos anuales, y están definidas por dos bandas con-tinuas rodeando de manera concéntrica la espi-ra del opérculo, una banda blanca ancha y otespi-ra oscura delgada al observarse con luz reflejada. Las bandas representan zonas de rápido y lento crecimiento, respectivamente. La lectura de las marcas de crecimiento en la superficie del opér-culo se llevó a cabo por dos lectores de manera independiente, sin conocimiento de la talla del caracol. Para la observación se utilizó un micros-copio estereoscópico a 4x con luz reflejada.

Como medida para la precisión de las lectu-ras de edad, se estimó el porcentaje de acuer-do entre lectores. Cuanacuer-do la diferencia entre lectores fue mayor a una marca de crecimiento, el opérculo se leyó de nuevo hasta alcanzar un acuerdo (Pierce et al. 2001, Mejía-Rebollo et al. 2008). Una vez determinados los grupos de edad, se seleccionaron hasta cuatro opérculos por edad por especie, con la finalidad de eva-luar si el número de marcas de crecimiento en la superficie del opérculo coincide con aque-llas en su estructura interna. De cada opérculo

se obtuvo una sección por medio de un corte longitudinal paralelo al eje mayor (Fig. 2), uti-lizando una sierra de joyero. Para hacer más evi-dentes las marcas de crecimiento, la sección se lijó y pulió con lijas-3M de tamaño 1 000 y 2 000. Para evaluar la relación entre la edad en la su-perficie del opérculo y la edad en la sección, se consideró el porcentaje de acuerdo, así como la significancia de la pendiente de la regresión li-neal entre el número de marcas de crecimiento en la superficie y en la sección, utilizando una prueba t-Student (b = E = 1).

Resultados

En el periodo de estudio se recolectaron 693 ca-racoles (n = 327 de M. turbanica y n = 366 de M. undosa). En M. turbanica el DB varió de 47 a 147 mm y la LO de 3 a 65 mm; en M. undosa fue de 54 a 132 mm DB, y de 18 a 56 mm LO. La relación entre la LO y el DB en M. turbanica fue DB = 46.86 + 1.35(LO), r2 = 0.84; y en M. undosa DB = 21.71 + 1.93 (LO), r2 = 0.86, ambas alta-mente significativas (p<0.05) e indicaron que el tamaño de los caracoles (DB) se incrementa pro-porcionalmente conforme aumenta el del opér-culo (LO) (Fig. 3). )LJ9LVWDGHOFDUDFRO\ODVXSHUILFLHH[WHUQDGHORSpUFXOR6HPXHVWUDODPHGLGDGHO GLiPHWUREDVDOGHOFDUDFRO\ORQJLWXGGHORSpUFXOR Fig. 1.5HRS@CDKB@Q@BNKXK@RTODQjBHDDWSDQM@CDKNO®QBTKN2DLTDRSQ@K@LDCHC@CDKCHµLDSQN A@R@KCDKB@Q@BNKXKNMFHSTCCDKNO®QBTKN

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M. G. Gluyas-Millán, M. B. Cota, D. Z. Martínez-Quiroz y C. Quiñonez-Velázquez

Ciencia Pesquera 20(2): 9-16, noviembre de 2012

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Durante las lecturas de edad se destacó la forma de los opérculos como una de las características que distinguen a las dos especies. La cara

)LJ9LVWDGHODVFDUDVH[WHUQDHLQWHUQD\FRUWHORQJLWXGLQDOGHXQRSpUFXOR Fig. 2. 5HRS@CDK@RB@Q@RDWSDQM@DHMSDQM@XBNQSDKNMFHSTCHM@KCDTMNO®QBTKN Fig. 3.1DK@BH¤MDMSQDK@KNMFHSTCCDKNO®QBTKNLOXDKCHµ -LDSQNA@R@KDB+@KªMD@QDOQDRDMS@K@QDFQDRH¤MKHMD@KDMSQD K@RU@QH@AKDR

na del M. turbanica presentó tres crestas curvas, dos espinosas y una lisa; esta última muestra un doblez, mientras que en M. undosa las tres cres-tas son espinosas. La determinación de edad pre-sentó un porcentaje de acuerdo entre lectores de 92% en M. turbanica y 96.5% para M. undosa, que indica buena precisión. En M. turbanica se determinaron 11 grupos de edad (0 a 10 años), mientras que en M. undosa ocho grupos de edad (0 a 7 años) (Fig. 4). Sobresalen los grupos de 3 a 6 años de M. turbanica, que representaron 79% de la muestra; los más jóvenes, de 0 a 2 años, 14%; y los más viejos, de 7 a 10 años, 7%. De M. undosa sobresalen los grupos de 1 a 4 años de edad, que conforman 91% del total de la mues-tra; los más jóvenes, 0 años, 3%; y 6% los más viejos, 5 a 7 años.

Una vez conocido el intervalo de edades de cada especie, se seleccionaron 22 opérculos por especie de acuerdo con la importancia relativa de los grupos de edad (Fig. 4). Con estos opérculos se evaluó la relación entre el número de marcas de crecimiento en la superficie (SO) del opérculo, y en su estructura interna (CO). Los resultados in-dicaron que las marcas en la superficie y en la sec-ción del opérculo coincidieron en ambas especies (Fig. 5). Al evaluar la relación (CO = a+SO), ésta resultó altamente significativa (r2>0.94) en

ambas especies. Las pendientes de la relación en M. turbanica (b = 0.96; t = 1.16, p>0.05) y en M. undosa (b = 0.95; t = 1.03, p>0.05)

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13 no fueron diferentes de uno. Esto permite

acep-tar la hipótesis de que las marcas de crecimiento en la superficie coinciden con las de la sección del opérculo.

En la figura6 se muestran dos opérculos de M. turbanica de dos y seis años de edad, donde se observa que las marcas de crecimiento en la superficie se presentaron también en la sección. En la figura 7 se muestran dos opérculos de M. undosa de cuatro y siete años, y de la misma manera se aprecia consistencia entre el número de marcas en la superficie y en la sección. Las marcas en la superficie consideradas como falsas por su discontinuidad, no siempre se observaron en la sección del corte, y cuando se presentaron fueron más gruesas que aquellas consideradas annulus. El ancho de las marcas de crecimiento parece ser el indicador principal para distinguir las marcas falsas en la sección. En M. turbanica mayor de 6 años de edad, se dificultó identificar las marcas de crecimientotanto en la superficie del borde del opérculo como en la sección, debi-do a la proximidad entre ellas. No obstante, las

marcas en el borde de la sección parecen ofrecer una mejor opción para diferenciarlas si se utiliza equipo que aumente la resolución. Adicional-mente, los opérculos de M. turbanica ofrecieron menor dificultad para determinar la edad que los de M. undosa, debido a que los annuli mostraron una coloración más oscura con una hendidura más pronunciada que en M. undosa, y la banda blanca se observó más ancha.

Discusión

La relación entre el DB y la LO en ambas especies in-dica que el opérculo crece a lo largo de su vida a una tasa perceptible, y que crece más en M. turbanica que en M. undosa. Este resultado cumple con una de las condiciones que debe tener una estructura esquelética para que sea utilizada en determina-ciones de edad (Fowler y Doherty 1992).

Fig. 4. Estructura de edad de Megastraea turbanica y Megastraea undosa DMK@BNRS@NBBHCDMS@KCD!@I@"@KHENQMH@2TQ

Fig. 5.-žLDQNCDL@QB@RCDBQDBHLHDMSNDMK@RTODQjBHDX DMK@RDBBH¤MCDKNO®QBTKN+NRU@KNQDRHMCHB@MDKMžLDQNCD NARDQU@BHNMDR+@DBT@BH¤MKHMD@KDRCOoSOQ2 = O@Q@Megastraea turbanica; COoSOQ2

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M. G. Gluyas-Millán, M. B. Cota, D. Z. Martínez-Quiroz y C. Quiñonez-Velázquez

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Fig. 7. .O®QBTKNRCDMegastraea undosa.$MK@O@QSDRTODQHNQTMNO®QBTKNCDLLCDLORD CDSDQLHM¤TM@DC@CCD@¦NR$KNO®QBTKNCDK@O@QSDHMEDQHNQLHCDLLLODC@C@¦NRBNM ANQCDAK@MBNaB@Q@DWSDQM@bB@Q@HMSDQM@cBNQSDKNMFHSTCHM@KCDKNO®QBTKNXdRTODQjBHD CDKBNQSDBNMDEDBSNCDRNK@QHY@BH¤M(LµFDMDRCHFHS@KDRSNL@C@RBNMBµL@Q@CHFHS@KHPCDLD -F@OHWDKDRXTMDRBµMDQ@TM@QDRNKTBH¤MCDWOªWDKDR/@Q@DKDEDBSNCDRNK@QHY@BH¤MRD utilizó el software/GNSN2GNOCSUDQRH¤M

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Fig. 6..O®QBTKNRCDMegastraea turbanica. $MK@O@QSDRTODQHNQTMNO®QBTKNCDLLCDLOCNR @¦NRCDDC@CBNMANQCDAK@MBN$KNO®QBTKNCDK@O@QSDHMEDQHNQLHCDLLCDLORDHR@¦NR CDDC@CaB@Q@DWSDQM@bB@Q@HMSDQM@cBNQSDKNMFHSTCHM@KCDKNO®QBTKNdRTODQjBHDDWOTDRS@ CD K@ RDBBH¤M CDK BNQSD KNMFHSTCHM@Ke RTODQjBHD CDK BNQSD BNM DEDBSN CD RNK@QHY@BH¤M (LµFD -MDRCHFHS@KDRSNL@C@RBNMBµL@Q@CHFHS@KHPCDLDF@OHWDKDRXTMDRBµMDQ@TM@QDRNKTBH¤MCD WOªWDKDR/@Q@DKDEDBSNCDRNK@QHY@BH¤MRDTSHKHY¤DKsoftware/GNSN2GNOCS4UDQRH¤M

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[ St[HOHV 3DUD HO HIHFWR GH VRODUL]DFLyQ VH XWLOL]y HOVRIWZDUH 3KRWR6KRS&6

YHUVLyQ

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20(2): 9-16, noviembre de 2012 Ciencia Pesquera 0DUFDVGHFUHFLPLHQWRHQRSpUFXORVGHFDUDFROHVGHOJpQHURMegastraea

15 La segunda condición es que la

estructu-ra exhiba incrementos de crecimiento (marcas) que puedan ser cuantificados por medio de ins-trumentos ópticos, o por otros medios. Esta condición se verificó, ya que los opérculos de ambas especies formaron marcas de crecimiento (macro incrementos), que con una técnica apro-piada fueron identificadas y enumeradas, lo que permitió determinar la edad. Adicionalmente, se constató que los incrementos de crecimiento que se pueden apreciar en la superficie del opérculo se presentaran también en su estructura interna. La tercera condición es que la formación de las marcas de crecimiento debe ser periódica y tener una unidad de tiempo determinable, que para los opérculos de M. turbanica y M. undosa se estable-ció que es anual (Cupul-Magaña y Torres-Moye 1996, Gluyas-Millán y Martínez-Quiroz 2010).

Los resultados de un alto porcentaje de acuerdo entre lectores, >90%, indica una medi-da de precisión aceptable, que fortalece el con-trol de calidad de las determinaciones de edad de acuerdo con la recomendación de Campana (2001), e indica también un alto grado de repro-ducibilidad de las determinaciones de edad. No obstante ese elevado porcentaje de acuerdo, en los casos donde hubo diferencias en el conteo se siguió la recomendación de Pierce et al. (2001) y Mejía-Rebollo et al. (2008), que es observar de nuevo la estructura hasta alcanzar un acuerdo. Las diferencias entre lectores en M. undosa se debió a la dificultad para reconocer las marcas de crecimiento en la superficie, una situación si-milar se observó en opérculos de M. undosa de Bahía Tortugas, BCS, y de La Bocana, BCS, esto último reportado por Saito-Quezada (2010), zo-nas situadas al sur de Punta Eugenia, BCS. Esto sugiere la posibilidad de un gradiente geográfico de la claridad de marcas, y la necesidad de pu-lir la superficie de los opérculos conforme más sureño sea el origen de los organismos, como lo recomendó Saito-Quezada (2010), o utilizar la sección del opérculo para determinar la edad. Esto también alude a que la macroestructura anual del opérculo podría variar en claridad e interpretación entre individuos de la misma po-blación y entre poblaciones de diferentes sitios, como se ha reportado en otolitos de peces de arrecife (Fowler 1995).

El despliegue de marcas de crecimiento (Figs. 6 y 7) se interpreta como evidencia de que la edad determinada en la sección representa en promedio la misma edad que en la superficie del opérculo. Con este hallazgo se complementa la segunda condición que indica que la estructura debiera mostrar incrementos cuantificables para determinar edad, tanto en la superficie como en la sección del opérculo. Así, entonces, los resul-tados permiten verificar y validar la correspon-dencia de las marcas de crecimiento en la super-ficie y la sección del opérculo, en individuos de 0 a 10 en M. turbanica y de 0 a 7 años de edad en M. undosa. En organismos mayores de seis años permanece la posibilidad de identificar marcas de crecimiento en el margen de la sección del opérculo usando instrumentos de gran resolu-ción óptica, técnicas de teñido o quemado y ace-tatos (peel) para grabar las marcas, procedimien-tos documentados por Stewart y Taylor (1965) y Thompson et al. (1980). Otra alternativa sería utilizar técnicas radiométricas o radioquímicas (Richardson 2001).

En el contexto de los estudios de valida-ción, cuya importancia es indicada en Beamish y McFarlane (1983) y Campana (2001), estos re-sultados constituyen una aportación al protocolo de determinación de edad en opérculos de gas-terópodos, un grupo de organismos escasamente estudiado.

Agradecimientos

Los autores agradecen el apoyo logístico en la recolección del material biológico a Juan Carlos Bonilla Gutiérrez y Antonio Espinoza Montes técnicos de las cooperativas La Purísima y Buzos y Pescadores de la Baja California, usuarias del recurso.

Literatura citada

BEAMISH RJ y GA McFarlane. 1983. The forgotten requirement for age validation in fisheries biology. Transactions of the American Fisheries Society 112(6): 735-743. CAMPANA SE. 2001. Accuracy, precisión and

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M. G. Gluyas-Millán, M. B. Cota, D. Z. Martínez-Quiroz y C. Quiñonez-Velázquez

Ciencia Pesquera 20(2): 9-16, noviembre de 2012

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including a review of the use and abuse of age validation methods. Journal of Fish Biology 59: 197-242.

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Recibido: 15 de diciembre de 2011. Aceptado: 13 de agosto de 2012.

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17 Ciencia Pesquera

Fecundidad del camarón blanco Litopenaeus vannamei

GHODSODWDIRUPDFRQWLQHQWDOGH6LQDORD0p[LFR

Vicente Hernández-Covarrubias,* Horacio Alberto Muñoz-Rubí,*

Juan Madrid-Vera* y Darío Chávez-Herrera*

Se determinó la fecundidad del camarón blanco Litopenaeus vannamei en la plataforma continental de Sinaloa, México, a partir de muestreos realizados en julio de 2004. Para ello se utilizó el método de Holden y Raitt; además se corroboró el estado de madurez mediante análisis histológico de las gónadas femeni-nas. Se analizaron 30 organismos maduros sexualmente con un peso de 29.1 g a 77.2 g; se encontró una fecundidad absoluta mínima de 62 684 ovocitos y una máxima de 457 845 ovocitos. Se obtuvo una relación de fecundidad respecto al peso total con la siguiente ecuación: F = –29 354.33+(Wt) · 4 812.58 y un coefi-ciente de determinación (r2) de 0.615. Para la relación entre peso de la gónada y fecundidad, el modelo lineal fue F = 19 223.23+(Wg) · 63 960.15 con r2 = 0.854 y para la relación longitud total fecundidad fue F = 0.000708·(Lt)3.739 con r2 = 0.588.

Palabras clave: Madurez gonadal, Litopenaeus vannamei, fecundidad absoluta.

Fecundity of white shrimp Litopenaeus vannamei RIWKHFRDVWRI6LQDORD0H[LFR The fecundity of white shrimp Litopenaeus vannamei was determined in the area of the continental shelf of Sinaloa, Mexico, from samples taken in July 2004. To determine the fecundity, the Holden & Raitt method was used; the degree of maturity was corroborated by histological analysis. 30 sexually mature organisms were analyzed with weight from 29.1 g to 77.2 g. In the results it was found that the minimum absolute fecundity was 62 684 oocytes and with maximum of 457 845 oocytes. The relationship between fecundity and total weight was fitted by the following equation: F = –29 354.33+(Wt) · 4 812.58 and a coefficient determination (r2) of 0.615. The increase in fecundity according to weight of the gonad and total length were modeled by the linear and potential functions F = 19 223.23+(Wg) · 63 960.15 (r2 = 0.854), and F= 0.000708 · (Lt)3.739 (r2 = 0.588), respectively.

Key words: Gonadal maturity, Litopenaeus vannamei, absolute fecundity.

* Centro Regional de Investigación Pesquera - Mazatlán. Ins-tituto Nacional de Pesca. Av. Sábalo-Cerritos s/n A.P. 117, Mazatlán, C.P. 82010, Sinaloa, México. [email protected] Ciencia Pesquera (2012) 20(2): 17-21

Introducción

La pesquería de camarón blanco Litopenaeus

vannamei (Bonne 1931) contribuye con al menos

13% de la producción de camarón capturado por la flota comercial de Sinaloa y al parecer en las capturas se mantiene una tendencia a disminuir, por lo que es necesario conocer la situación de la población y el efecto de la pesca en términos cuantitativos y cualitativos precisos. Por esto es necesario conocer aspectos biológicos básicos para el adecuado estudio de su dinámica pobla-cional.

Existen trabajos sobre el periodo repro-ductivo de camarón donde se describe su ciclo

de maduración (Edwards 1978, Mathews 1981, Garduño-Argueta y Calderón-Pérez 1994, Ló-pez-Martínez et al. 2005), en los que se afirma que el camarón blanco presenta un ciclo de madurez gonádica de marzo a octubre con máximos de ocurrencia en junio y julio (Garduño-Argueta y Calderón-Pérez 1994). Sobre fecundidad existen estudios en las poblaciones silvestres de cama-rón azul Litopenaeus stylirostris (Stimpson 1874) y camarón café Farfantepenaeus californiensis

(Holmes 1900) (García-Gómez 19761, Mathews 1981, Rodríguez de la Cruz 1981), en donde se determinó que dependiendo del tamaño

1. GARCÍA-GÓMEZ M. 1976. Fecundidad del camarón café

Penaeuscaliforniensis y camarón azul Penaeus stylirostris de Puerto Peñasco y Guaymas, Sonora. Memorias del Simposio sobre Biología y Dinámica Poblacional de Camarones. Instituto Nacional de la Pesca. Guaymas Sonora, México, pp: 131-139.

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18 Ciencia Pesquera 20(2): 17-21, noviembre de 2012

V. Hernández-Covarrubias, H. A. Muñoz-Rubí, J. Madrid-Vera y D. Chávez-Herrera de la hembra, ésta puede producir entre 308 640

ovocitos y 1 268 120 ovocitos en la primera es-pecie y de 207 600 ovocitos a 1 135 550 ovoci-tos para la segunda. Hernández-Covarrubias

et al. (20032), en la zona de ribera de la Bahía Santa María-La Reforma, Sinaloa obtuvieron una fecundidad absoluta para L. stylirostris entre 52 842 ovocitos y 622 741 ovocitos. En este traba-jo, el objetivo es conocer la cantidad de huevos que se pueden producir en un desove y así ofre-cer la primera estimación de fecundidad para poblaciones silvestres de camarón blanco de las costas de Sinaloa, ya que éste es un paso

funda-2. HERNÁNDEZ-COVARRUBIAS V, FD Estrada-Navarrete, J Madrid-Vera, SM Abad-Rosales y RM Medina-Guerrero. 2003. Fecundidad del camarón azul (Litopenaeusstylirostris) de la ribera adyacente a la boca de Baradito de la Bahía Santa María La Reforma, Sinaloa México. 2° Foro de Investigación de Camarón del Pacífico: Evaluación y manejo, 12 al 13 de junio de 2003, Huatulco Oaxaca. Instituto Nacional de la Pesca. 17p.

mental en el conocimiento de la biología repro-ductiva y en la dinámica de estas poblaciones.

Materiales y métodos

El muestreo se realizó en el crucero de investiga-ción de camarón a bordo del BIPXII, las muestras

se recolectaron utilizando redes de arrastre con duración de 60 min a una velocidad promedio de dos nudos durante la temporada de veda en el mes de julio de 2004. Este crucero formó parte del Programa de Cruceros de Investigación que se realizan de forma rutinaria durante el periodo de veda de este recurso.

Se realizaron 34 estaciones de muestreo en el litoral de las zonas centro y norte del estado de Sinaloa, que comprenden desde la desembo-cadura del río San Lorenzo hasta Punta Ahome entre 24° 20’ y 26° 00’ N y 106° 50’ y 107° 40’ O, entre 7 m y 64 m de profundidad. Sólo se encon-traron hembras maduras en cuatro estaciones (Fig. 1).

Fig. 1. +NB@KHY@BH¤M CD K@R DRS@BHNMDR CD LTDRSQDN DM K@ BNRS@ CD 2HM@KN@ ,®WHBN +NR OTMSNR MDFQNR HMCHB@MK@RDRS@BHNMDRONRHSHU@RCDQDBNKDBS@CDGDLAQ@RL@CTQ@R

(17)

19

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)HFXQGLGDGGHOFDPDUyQEODQFRHQODVFRVWDVGH6LQDORD0p[LFR

Se recolectaron 30 hembras y se les identificó el estado de madurez gonádica in situ mediante la observación macroscópica; de acuerdo con el criterio descrito por Cárdenas-Figueroa (1950) y modificado por García-Gómez (1976), los or-ganismos fueron fijados en solución Davidson (Bell y Lightner 1988) para un posterior análisis histológico y para el conteo de ovocitos.

En el laboratorio se registraron los datos morfométricos tales como longitud total (de la punta del rostrum a la punta del telson), así como el peso total, se les extrajo la gónada y se anotó su peso. El estado de madurez gonádica de las hembras se corroboró por medio de análisis his-tológico, para ello de cada gónada se obtuvo una muestra de tejido de aproximadamente de 1 cm3, se deshidrató en alcohol etílico, se transparentó con Hemo-De y finalmente se puso en parafina de punto de fusión alto. Más tarde se realizaron los cortes transversales de 7 µm de espesor con un microtomo de rotación manual y el tejido re-sultante se tiñó con hematoxilina-eosina (Bell y Lightner 1988).

Para el análisis de fecundidad se utilizó el método gravimétrico mediante el conteo de seis submuestras de aproximadamente 0.01 g; el nú-mero total de ovocitos en la gónada se obtuvo con la relación de Holden y Raitt (1974) con la siguiente ecuación:

F = n · G/g Ec. 1

Donde:

F = fecundidad

n = número de ovocitos en la submuestra G = peso total de la gónada

g = peso de la muestra

Las relaciones entre fecundidad-peso total y fecundidad-peso gonadal fueron estimadas por regresión lineal con las siguientes ecuaciones:

F = a+b · Wt y F = a+b · Wg Ec. (2) Donde:

F = fecundidad Wt = peso total

Wg = peso de la gónada a y b= constantes

La relación fecundidad-longitud total fue esti-mada ajustando los datos a un modelo potencial con la siguiente ecuación:

F = a*Ltb Ec. (3)

Donde:

F = fecundidad Lt = longitud total a y b= constantes

Los parámetros a y b de los modelos fueron esti-mados al maximizar la función de verosimilitud con la siguiente ecuación (Haddon 2001):

Ec. (4) Para la maximización se utilizó la función Solver de Excel, así como el algoritmo de búsqueda di-recta de Newton (Neter et al. 1996).

Resultados

El intervalo de longitud total de los organismos estuvo entre 156 mm y 210 mm, el peso total va-rió de 29.1 g a 77.2 g y el intervalo del peso de la gónada estuvo entre 0.8 g y 6.3 g. Los resultados de fecundidad absoluta o individual se muestran en la tabla 1, el valor mínimo de fecundidad co-rrespondió a una hembra de 158 mm de longitud total, 30.9 g de peso total y 0.79 g de peso gona-dal con 62 684 ovocitos. La fecundidad máxima fue de 457 845 ovocitos, correspondiendo a una hembra de 210 mm de longitud total, 77.2 g de peso total y peso gonadal de 6.3 g. La fecundidad total promedio fue de 212 982±83 775 ovocitos por hembra.

La fecundidad se modeló como variable de-pendiente del peso total, obteniendo un coefi-ciente de determinación (r2) de 0.615 con la ecuación

F = –29 354.33+Wt · 4 812.58

La fecundidad con respecto al peso de la gónada se relacionó mediante la ecuación

F = 19 223.23+Wg · 63 960.15 con un r2 = 0.615 y

la fecundidad con respecto a la longitud total con la ecuación F = 0.000708 · (Lt)3.739 con r2 = 0.588 (Fig. 2).

>

ˆ

@

ln ln(2 ) 2 ln( ) 1 2 n L S V

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V. Hernández-Covarrubias, H. A. Muñoz-Rubí, J. Madrid-Vera y D. Chávez-Herrera

En el análisis histológico se observaron cuerpos periféricos que, según King (1948) y Bell y Lig-thner (1988), constituyen el carácter de madurez (Fig. 3). Las tres porciones de la gónada ante-rior, media y posterior no presentaron diferen-cias en sus grados de madurez.

Discusión

Existen pocos estudios sobre fecundidad de las poblaciones silvestres de L. vannamei; Medina-Reyna et al. (1999) reportaron que las hembras de esta especie en la zona del Golfo de Tehuantepec producen entre 121 000 ovocitos y 243 000 ovoci-tos, intervalo que está dentro del registrado en el presente trabajo, donde la fecundidad se registró entre 62 684 ovocitos y 457 845 ovocitos. Com-parando los resultados obtenidos en este traba-jo con los realizados por García-Gómez (1976) y Hernández-Covarrubias et al. (2003), quienes obtuvieron una fecundidad de entre 207 600 ovocitos y 1 268 120 ovocitos para F. californiensis

y de 396 480 ovocitos a 1 135 550 ovocitos para L. stylirostris, los valores de fecundidad de este estu-dio también se encuentran en el intervalo antes señalado, aunque con valores de fecundidad más bajos de lo registrado por estos autores en otras especies de camarones del Pacífico. En condicio-nes de cautiverio, la fecundidad de L. vannamei

está entre 100 000 y 220 000 ovocitos (Guerra et al. 2010), intervalo por debajo del registrado en camarones silvestres.

La relación fecundidad con las variables in-dependientes (peso y longitud) fue de modelos

Tabla 1 %DBTMCHC@C@ARNKTS@CDKB@L@Q¤MAK@MBNLitopenaeus vannameiCTQ@MSDITKHNCDKDMK@RBNRS@RCD2HM@KN@ ,®WHBNM Estadísticos Longitud total (mm) Peso total (g) Peso de la gónada (g) Fecundidad (número de ovocitos) Mediana 185.0 49.1 2.9 201 575 Promedio 184.5 50.4 3.0 212 982 Desviación estándar 15.0 13.8 1.2 83 775 Mínimo 156.0 29.1 0.8 62 684 Máximo 210.0 77.2 6.3 457 845

lineales que presentaron los valores mayores de

r2 para la variable peso de la gónada, seguida de

la de peso total y por último en modelo poten-cial con la relación fecundidad longitud total. Estas variaciones pueden estar relacionadas con la existencia de hembras chicas con gónada pro-porcionalmente más grandes y hembras grandes con gónadas proporcionalmente más chicas, con

Fig. 2. 1DK@BH¤MCDK@EDBTMCHC@CMžLDQNCDNUNBHSNRBNMa) peso

SNS@Kb) peso de la gónada y c KNMFHSTC SNS@K CDK B@L@Q¤M AK@MBN

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21

20(2): 17-21, noviembre de 2012 Ciencia Pesquera

)HFXQGLGDGGHOFDPDUyQEODQFRHQODVFRVWDVGH6LQDORD0p[LFR

Fig. 3. "NQSD SQ@MRUDQR@K CDK NU@QHN CD B@L@Q¤M AK@MBN Litopenaeus vannameiCDK@RBNRS@RCD2HM@KN@,®WHBNDM DMCNMCDRDNARDQU@TM¤UTKNL@CTQNBNMKNRB@Q@BSDQªRSHBNR BTDQONRODQHE®QHBNR"O3HMBH¤M'DL@SNWHKHM@$NRHM@

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base en el supuesto de que la fecundidad pueda ser afectada por cambios en el proceso de madu-ración individual como la edad, la disponibilidad de recursos alimenticios y enfermedades. El co-nocimiento de la fecundidad y de la proporción de sexos de la población adulta es también nece-sario para calcular el tamaño de la población a partir de la estimación de la producción anual de huevos, y establecer mediante el análisis de los datos de captura, planes de regulación pesquera acordes con los procesos biológicos de la especie en el tiempo y en el espacio, para su óptima ex-plotación.

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Recibido: 23 de mayo de 2012. Aceptado: 24 de septiembre de 2012.

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Ciencia Pesquera

Estimación de la capacidad de carga en el cultivo

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Patricia M. Rojas-Carrillo* y Alonso Aguilar-Ibarra**

La conciliación de la producción de alimentos y el mantenimiento de la integridad física de los ecosiste-mas acuáticos requiere la estimación de la capacidad de carga que éstos pueden soportar en el cultivo de peces. En el presente trabajo se aplica, para el caso del Lago de Pátzcuaro, el método de Beveridge que define al fósforo como el factor limitante de la productividad para la estimación de la capacidad de carga. Se reunió la información morfométrica, hidrológica y limnológica necesaria para la estimación del índice de descarga del lago. La aplicación del método de Beveridge mostró que la capacidad de carga del lago de Pátzcuaro está excedida y es posible que presente histéresis ecológica, aun así, se realizó un ejercicio hipotético para concretar su aplicación. Los resultados muestran que el método resulta útil y factible de aplicar en los cuerpos de agua del país para normar criterio en la toma de decisiones sobre el desarrollo del cultivo de peces en jaulas. Se señala la urgencia de la restauración ecológica del Lago de Pátzcuaro por medio del saneamiento de sus aguas y del ordenamiento de las actividades pesqueras y acuícolas, entre otras medidas. Se concluye que es importante conocer la potencialidad real del cultivo de peces en jaulas en los embalses del país, lo cual es factible con el método probado. El estado de contaminación que sufre la mayoría de cuerpos de agua dulce del país limita seriamente la introducción de jaulas de cultivo y, por tanto, la generación de beneficios económicos de manera sustentable.

Palabras clave: Acuicultura, capacidad de carga, contaminación, agua dulce, fósforo, factores limitantes, Pátzcuaro.

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Reconciling food production and maintaining physical integrity of aquatic ecosystems implies the estima-tion of the carrying capacity for fish culture. This paper uses Beveridge’s method, which defines phospho-rous as the limiting factor of productivity to estimate the carrying capacity, in the case of Lake Patzcuaro. Information of morphometry, hydrology and limnology was gathered to estimate the flushing rate. The application of Beveridge’s method showed that the carrying capacity of the lake was already exceeded, implying a possible ecological hysteresis condition; nevertheless, a hypothetical exercise was performed to show its use. It was found that this method is useful and feasible to use in freshwater bodies of Mexico in order to regulate decisions on cage fish culture implementation. We pointed out that restoration of lake Patzcuaro is an urgent matter, by means of water impairments remediation and both aquaculture and fis-heries management, among other activities that take place in the lake’s basin. Knowing the real potential for the cage fish culture in the water bodies of México is imperative and could be done with this method. The pollution level of most freshwater bodies in Mexico, severely limit cage culture and therefore genera-tion of economic benefits in a sustainable way.

Key words: Aquaculture, carrying capacity, pollution, freshwater, phosphorus, limiting factors, Patzcuaro.

* Instituto Nacional de Pesca. Pitágoras 1320 Col. Santa Cruz Atoyac, México, D.F., C.P. 03310. [email protected] ** Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM. Circuito

Mario de la Cueva s/n. Ciudad Universitaria. México, D.F.

C.P. 04510. [email protected] Introducción

La acuicultura se ha considerado frecuentemen-te como un factor de desarrollo y de provisión de alimentos, así como una alternativa a la sobrepes-ca tanto marina como dulceacuícola. Sin

embar-go, presenta desventajas como la contaminación del entorno (e.g. Paez-Osuna 2001, David et al. 2009) o la sobreexplotación pesquera (Naylor et al. 2001, Tveteras y Tveteras 2010). En cualquier caso, la acuicultura es una actividad en expansión en el mundo, y México no es la excepción; así, la producción acuícola creció 78% durante el dece-nio 1998-2008 (SAGARPA 2008).

De aquí surge una pregunta importante: ¿hasta qué punto puede ser sustentable la acui-cultura? Es decir, para conciliar una producción de alimentos acuícolas con la preservación de

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24 Ciencia Pesquera 20(2): 23-34, noviembre de 2012

P. M. Rojas-Carrillo y A. Aguilar-Ibarra

la integridad ecológica de cuerpos de agua, se debe estimar el nivel de capacidad de carga de peces (u otros organismos) que puede soportar un ecosistema acuático. La capacidad de carga es un concepto que marca límites, ya sea al tama-ño de una población, dados los recursos escasos, o a la capacidad de los ecosistemas para asimilar los residuos de las actividades antropogénicas (Arrow et al. 1995).

Es un hecho que la mayor parte de los cuer-pos de agua dulce del país está contaminada. En el ámbito nacional, alrededor de 93% de las aguas superficiales tiene algún grado de minación, de éstas, 17.6% está levemente conta-minado, 58% está contaminado y alrededor de 10% está severamente contaminado. Las regio-nes administrativas con los mayores porcentajes de contaminación son el valle de México, el sis-tema Lerma-Santiago-Pacífico y la península de Baja California; por contaminación orgánica, en-tre las cuencas que generan 89% de la carga or-gánica total en términos de la DBO, destacan Pá-nuco, Lerma, Balsas, San Juan, Coatzacoalcos, Blanco, Papaloapan, valle de México, Conchos, Coahuayana, Culiacán, Fuerte, Yaqui, Mayo y bajo Bravo (López-Hernández 2007). En lo que se refiere a cuerpos de agua se pueden mencionar Chapala, Jal.-Mich., Pátzcuaro, Cuitzeo, y lagu-na de Zacapu, Mich.; Catemaco, Ver.; Zempoala y Coatetelco, Mor.; lagos cráter de Los Tuxtlas (Bernal-Brooks 2002, Torres-Orozco y Pérez-Rojas 2002, Ayala et al. 2007, Chacón et al. 2007, De la Lanza et al. 2007a, Gómez-Márquez et al. 2007a, Quiroz et al. 2007, Vázquez et al. 2007), por mencionar algunos cuerpos de agua natu-rales, y las presas Zimapán, Hgo.-Qro.; Agua-milpa, Nay.; Infiernillo, Mich.-Gro.; Emiliano Zapata, Mor.; Requena, Hgo.; El Salto y El Va-rejonal, Sin.; Oviachic, Son., entre los embalses artificiales (Orbe et al. 2002, Meléndez-Galicia et al. 20061, Beltrán y Sánchez 2007, De la Lan-za et al. 2007b, Gaspar-Dillanes et al. 2007a, b,

1. MELÉNDEZ-GALICIA C, C Zúñiga, C Romero-Acosta, E Arredondo, C Ozuna, N Hernández y L Cazares. 2006. Estudio socioeconómico y biológico-pesquero de la presa Lic. Adolfo López Mateos “El Infiernillo”. Centro Regional de la Investigación Pesquera - Pátzcuaro. Instituto Nacional de la Pesca. SAGARPA. 105p.

Gómez-Márquez et al. 2007b, López-Hernández et al. 2007a), todos ellos considerados contami-nados, eutroficados, o ambos.

Éste es un asunto que ha cobrado interés en los últimos años con respecto a los problemas en la producción acuícola en el mundo (e.g. Mc-Kindsey et al. 2006, Ferreira et al. 2008, David et al. 2009, Filgueira et al. 2010), pero ha sido poco discutido en México, a pesar de que la legislación lo requiere. En efecto, la Ley General de Pesca y Acuicultura Sustentables (LGPAS) (DOF 2007), específicamente en el Capítulo III, “De los instru-mentos de manejo para la acuicultura”, establece como requisito de los planes de Manejo para las actividades acuaculturales que se incluya “la capa-cidad de carga de los cuerpos de agua de donde se pretendan alimentar las unidades de producción acuícola” (art. 86). Debido a que no hay estudios probados para la adopción de una metodología aplicable para la determinación de la capacidad de carga para las aguas dulces en el país, el obje-tivo del presente trabajo es estimar la capacidad de carga del Lago de Pátzcuaro, Michoacán, con el cultivo de peces en jaulas, aplicando el método desarrollado por Beveridge (1986).

El método Beveridge para capacidad de carga en acuicultura

La actividad acuícola ha sido señalada como con-taminante de los sistemas acuáticos principal-mente por las descargas de nutrientes originadas por los residuos metabólicos del alimento consu-mido y por el alimento que se pierde durante las labores de alimentación de los emplazamientos acuícolas. El principal elemento que se libera es el fósforo (P), que es un nutriente que limita la productividad fitoplanctónica en muchos cuer-pos de agua templados; la concentración de este elemento en un cuerpo de agua puede definir su estado trófico.

La acuicultura en jaulas es una tecnología para aprovechar ciertas características de los ambientes acuáticos para la producción de ali-mentos para los humanos con la generación de beneficios monetarios. En el caso de este tipo de cultivo, la capacidad de carga se evalúa a través de los límites que representan los estados tróficos deseables del cuerpo de agua en cuestión. Así,

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