• No se han encontrado resultados

ADDICTION AS AN ANSWER FOR THE EMPTINESS OF IDENTITY

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2020

Share "ADDICTION AS AN ANSWER FOR THE EMPTINESS OF IDENTITY"

Copied!
11
0
0

Texto completo

(1)

La ciudad de Tijuana, Baja California, ubicada en la frontera norte de México, se enfrenta a problemá-ticas psicosociales que requieren de abordajes pro-pios del contexto. En esta ciudad fronteriza se suscita un alto tránsito de sustancias psicoactivas, por lo que el conflicto de la adicción a las drogas es una de las mayores dificultades para el Estado, al presentar una alta incidencia de consumo de drogas ilegales. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones (ENA) en Baja California se reportaron ci-fras por arriba del promedio del consumo nacional en metanfetaminas, marihuana y cocaína (ENA, 2008; González, 2003; Souza y Machorro, 2005). Además, se ha reportado que la farmacodependen-cia y el alcoholismo están asofarmacodependen-ciados con la inseguri-dad pública, siendo el 80% de los reos adictos a alguna droga (Plan Estatal de Desarrollo del Estado

de Baja California 2002-2007).

En la actualización del Plan Estatal de Desarrollo del Estado de Baja California (PEDBC) 2014-2019, co-mentan que, si bien se observa una ligera disminu-ción del consumo entre los periodos del 2010 al 2013, en Baja California, ocho de cada diez organi-zaciones de la sociedad civil dedican su razón social al tratamiento de las adicciones. Dentro de este con-texto, las políticas de salud pública cada vez más, contemplan en su agenda de trabajo iniciativas para la recuperación de la persona que presenta algún trastorno relacionado con el consumo de sustancias. Como producto de estos esfuerzos, Tijuana cuenta actualmente con cinco Centros de Integración Juvenil (CIJ), 12 centros de Apoyo Ambulatorio Nar-cóticos Anónimos y el Instituto Municipal Contra las Adicciones (IMCAD) que cuenta con la Comunidad Terapéutica de Rehabilitación y Reinserción Social (COTRRSA). Asimismo, se cuenta con 8 clínicas es-pecializadas en el tratamiento de la adicción (reco-nocidas por la Comisión Nacional contra las Adicciones en 2017), las cuales trabajan con

progra-A

DDICTION AS AN ANSWER FOR THE EMPTINESS OF IDENTITY

Julieta Yadira Islas-Limón, María Celina Aguirre-Ibarra,

Bertha Margarita Viñas-Velázquez, Ahmed Ali Asadi-González

y Deysy Margarita Tovar-Hernández

Resumen

El propósito del presente trabajo fue explorar la forma en que las adicciones se convierten en una respuesta al vacío de identidad, desde un enfoque psicoanalítico. La investigación se realizó en centros dedicados al tratamiento de las adicciones en Tijuana, México. El estudio fue de corte cualitativo e interpretativo; se realizaron 10 entrevistas a profundidad a personas diagnosticadas con trastornos relacionados con el consumo de sustancias, siete hombres y tres mujeres, las edades oscilaron entre los 20 y 47 años. El análisis cualitativo de contenido de la información arrojó que los sujetos se encuentran “sujetados a la droga”, debido a que la adicción aparece en respuesta al vacío de identidad. Además, se observó que los tratamientos en los centros asistenciales de reha-bilitación no permiten la substitución y/o construcción de una identidad propia.

Palabras clave:Adicción, centros de rehabilitación, identidad, psicoanálisis, Tijuana.

Abstract

The purpose of this study was to explore the way in which addictions become a response to the emptiness of identity, from a psychoanalytical approach. The research was conducted in centers dedicated to the treatment of addictions in Tijuana, Mexico. The study was qualitative and inter-pretative; 10 in-depth interviews with people diagnosed with disorders related to the consumption of substances, seven men and three women were conducted, ages ranged between 20 and 47 years old. The qualitative analysis of the information content showed that subjects are fastened to the drug, since addiction is in response to the emptiness of identity. Moreover, it was observed that the care rehabilitation centers do not allow substitution and/or construction of an identity.

Key words:Addictions, rehabilitation centers, identity, psychoanalysis, Tijuana.

Recibido: 21-11-17 | Aceptado: 24-08-18

Universidad Autónoma de Baja California, México. E-Mail: [email protected]

REVISTA ARGENTINA DE CLÍNICA PSICOLÓGICA XXVIII p.p. 522-532 © 2019 Fundación AIGLÉ.

(2)

mas de desintoxicación y abordaje psiquiátrico com-binado con manejo conductual del paciente (Gonzá-lez, 2006). No obstante, prevalece la oferta de tratamientos no profesionales, encontrándose que existen aproximadamente 150 centros de este tipo, fundados en los principios de la autoayuda a partir del tratamiento de los doce pasos de Alcohólicos Anónimos (AA).

Como denominador común, estos tratamientos “demonizan una sustancia inerte” y evitan que el su-jeto que padece de una conducta adictiva adquiera compromiso y responsabilidad con su rehabilitación (Korman, 2009, p. 18). En los centros, que implemen-tan el tratamiento de doce pasos, se tiene como ob-jetivo reconocer en la droga la problemática central de la conducta de la persona “adicta” pasando por alto la subjetividad del caso por caso, en la bús-queda de respuestas ante la propia enfermedad.

Al ser uno de sus objetivos centrales que las per-sonas que padecen un trastorno relacionado con el consumo de sustancias se identifiquen como “adic-tas”, se va generando una porosidad en la identidad personal, donde los pacientes, en el mejor de los casos, sustituyen el “soy un adicto” por el “soy un adicto en recuperación”, lema que representa a los grupos de rehabilitación de tipo AA. Tal parece que sigue siendo necesario para el comportamiento y es-tructura de personalidad del sujeto, aferrarse a un soporte que dé contención, ya que el comporta-miento adictivo es en sí mismo la búsqueda de una identidad (Valderrama, Sánchez, Cárcamo y Mazo, 2016; Ovejero, 2000), sustituido en los centros por una nueva dependencia al grupo de AA.

De esta forma, la adicción dota de sentido a la persona que experimenta el vacío, la soledad, la in-felicidad. “Ser adicto a…” significa para el sujeto la adquisición de una identidad definida frente a las vi-vencias de no ser, que la antecedían. Por lo tanto, los objetos de consumo tienen la siniestra ventaja de ser donadores de identidad (Fischbein, 2009).

Así, la subjetividad adictiva está enmarcada de forma innegable por un contexto social determinado (Bower, 2014; Lewcowicz, 1999) donde la adicción se desarrolla en la persona que empieza a repetir la misma actividad y construye el concepto de sí mismo (identidad) alrededor del consumo de sustancias (Molla, 2011; Millé, 1998).

Acerca de la Identidad

El planteamiento psicológico de la identidad su-braya el sentimiento de coherencia del sí mismo, producto de la interacción bio-psico-social del indi-viduo (Erikson, 1968), coexistiendo la identificación y la introyección como elementos centrales en la construcción de la identidad (Islas-Limón, 2011; Lacan, 1949).

La identidad se construye a partir de afrontar di-rectamente la pregunta ¿quién soy yo?, cuya clave radica en darse cuenta de quién se está siendo en

ese momento y si se es auténtico en el sentido del Dasein de Heidegger (1984), de llegar a ser lo que se es, poder ser sí mismo, guiado por el objeto del deseo lacaniano o por la intencionalidad existencial del querer salir del ser, de un modo peculiar que le da identidad. Sin embargo, cabe la aclaración de que “la identidad no reposa en el ser sino en el acaecer y que, además, la identidad puede derivarse del ob-jeto de deseo, ese que encamina los pasos” (Ta-mayo, 2006, p. 300).

La conformación de la identidad personal deja ganada para el sujeto una posibilidad de congruen-cia para relacionarse con los otros, siendo así, la identificación con el Otro, lo que da lugar a la cons-titución del Yo. La identidad se ve consumada pri-mero a partir de los padres, posteriormente de sus pares, posturas socioculturales y factores estructu-rales, como el lenguaje, las prácticas discursivas y los significados múltiples en las interacciones huma-nas (Alvis, Duque y Rodríguez, 2013), que influyen en la construcción de la identidad. Para Lacan lo de-finitorio para la identidad es el objeto inalcanzable del deseo, objeto que nos dirige en su aprehensión siempre renovada (Lacan, 1984). De aquí la natura-leza temporal y cambiante de la identidad, cuya construcción está basada en un objeto externo al su-jeto. Ante dicha variación, representa una “peli-grosa fantasía” el fijarla a un objeto, que, en el caso de las adicciones, es fijarla a la droga.

La crisis de la modernidad se concentra en la ruptura de la escisión de mente y cuerpo, dejando a Descartes de lado. Así, la posmodernidad intenta dejar atrás la lógica del discurso de la identidad, es decir, la subjetividad es una producción sociocul-tural, que vuelve dependientes a los sujetos con-sumidores de estos modos de ser. Se abre la posibilidad de “lo otro”, de lo excluido y el sujeto se pierde en la búsqueda de nuevas posiciones “di-solviendo identidades que siempre fueron imagina-rias” (Acevedo, 2010), o bien, genera nuevos conflictos de identidad.

En la sociedad posmoderna el objeto de deseo tiende a difuminarse tras la exposición de una gran muestra de deberes, normas y obligaciones que ofrecen ser cada una la mejor expresión de formas relativas de vivir la identidad desde afuera del propio sujeto. Lo anterior, proporciona elementos para comprender el éxito de los centros de rehabilitación que trabajan con dinámicas que atan la construcción de la identidad del sujeto a una serie de pasos pre-determinados e implementados desde fuera, sin considerar la historia de vida y la subjetividad de cada persona.

El Gran Otro Institucional

Analicemos primero la función social de las ins-tituciones, de las que se espera que cumplan un papel de mediación entre los individuos y la socie-dad. De alguna manera, las instituciones

(3)

represen-tan una forma de control, abordan los síntomas so-ciales, lo que no funciona dentro de la comunidad. Desde esta perspectiva se esperaría que las institu-ciones que dan atención a las personas que padecen de trastornos relacionados con el consumo de sus-tancias proporcionen un efecto curativo o de preven-ción (Staude, 2001).

Cuando el sujeto llega a la consulta con la eti-queta de “soy toxicómano”, sin ninguna incertidum-bre en su decir, está dándole a la dependencia a la droga una identidad en la cual se declara dentro de un estado dado por una relación que desea sea uní-voca entre un sujeto y un objeto. Socialmente esta situación se ve respaldada al considerar la existencia del “toxicómano” ligada a la presencia del objeto droga, olvidando al mismo tiempo, la posición sub-jetiva, es decir, la posición del sujeto en relación con el otro. Se puede observar que coinciden con este cuadro diagnóstico teóricos vinculados al pensa-miento psiquiátrico e instituciones derivadas (Be-coña, 2016).

La identificación con la etiqueta de “toxicómano” genera en el paciente un bloqueo del surgimiento de demanda, y de esta forma, paradójicamente, es me-nester esperar la caída de este significante para que se plantee la demanda y de esta manera poder tra-bajar con el sujeto en falta (Arnal, 1991). En la misma línea, Manzzeti (1995), afirma que para que el sujeto traiga una demanda de cambio, es preciso que el síntoma signifique una pérdida del goce, condición que obliga al sujeto a hablar, a dirigir su queja al otro sustrayéndose del silencio al que conduce la droga donde se experimenta lo inexplicable.

Siguiendo con esta línea discursiva, Korman (2009) señala las fallas evidentes en el intento de aislar al sujeto como parte del tratamiento, refiere que es necesario partir del reconocimiento de la in-fluencia mutua entre el ambiente y el individuo, si lo social está dentro de él mismo no habrá cambio si no hay transformación subjetiva. De esta manera, aislar en un centro de rehabilitación a un sujeto no asegura su rehabilitación; para vislumbrar un cam-bio es necesario dirigirse a la modificación interior, misma que es apoyada sobre un objeto de deseo subjetivo que da sentido a la existencia y por lo mismo identidad.

El grupo terapéutico puede constituir un mo-mento preliminar a la formulación de una demanda por parte del sujeto y una subsiguiente asistencia in-dividual. Es probable que la creencia del adicto que menciona Ríos (2000), acerca de que la única iden-tidad posible es la sectaria, sea la clave del buen fun-cionamiento de las terapias grupales de tipo AA, en donde se genera una identidad sustitutiva, que, si bien, no es lo más sano psicológicamente, tiene be-neficios desde el punto de vista humanitario.

Es viable plantear esta problemática como transi-toria, considerando la idealización institucional como algo equivalente al proceso de préstamo de Yo que el

analista realiza en determinadas circunstancias, en este caso sería un préstamo de identidad.

De esta forma, la toxicomanía tratada en los centros de rehabilitación organiza el discurso mismo de la institución, dejando de lado muchas veces, la idea que Freud (1912) planteó sobre con-ceptualizar cada caso como único; esta indicación queda desatendida si la droga se convierte en el re-ferente del discurso. En este sentido el paciente in-troduce en el tratamiento el saber del otro, permitiéndole no saber el saber del que es sujeto, con el cual, queda reducido al tomarse de una iden-tidad cristalizada que no es la propia y que, de al-guna manera, le genera hostilidad encubierta que es reprimida (Freud, 1923).

En estos casos las instituciones parten de la ne-cesidad de organizar algo para el otro, equivale a anticipar la demanda del sujeto no permitiendo, por un lado, la constitución del sujeto del supuesto saber, y por otro, implicando que el saber será ac-tuado por la institución a través de las diversas prácticas interpretativas, destinadas a atribuir el sentido en la construcción de la identidad. Dentro de la institución prevalece la tendencia a brindar constantemente explicaciones sobre el comporta-miento del sujeto y sobre las motivaciones que po-drían haberlo llevado a drogarse, esto se convierte en generalizaciones de significación, alejándose así de la cuestión subjetiva.

Esta postura sitúa al sujeto “sujetado a la droga,” término introducido por Korman (2009) para subrayar al objeto como algo externo al sujeto y no como parte inherente de su ser, en los primeros mo-mentos del desarrollo en la época del narcisismo pri-mario donde no existe la falta. Así, el yo de estos individuos parece instalarse de forma defectuosa al no permitir la censura, siendo el objeto adictógeno, lo que revive esta ilusión de completud.

Con base en lo anterior, el presente trabajo tuvo como propósito explorar la forma en que las adiccio-nes se convierten en una respuesta al vacío de iden-tidad, planteándose los siguientes objetivos:

Objetivo general. Explorar la conformación de la identidad en personas diagnosticadas con trastor-nos relacionados con el consumo de sustancias.

Objetivos específicos. a) Explorar el sentido y sig-nificado que personas diagnosticadas con trastornos relacionados con el consumo de sustancias tienen en torno a su enfermedad y a las relaciones objetales significativas que establecen a lo largo de su vida; b) Mostrar la pertinencia de las intervenciones clíni-cas en las adicciones a partir del marco de entendi-miento psicodinámico.

Para cumplir con cumplir con los objetivos men-cionados se realizaron entrevistas a profundidad acerca de la experiencia de personas diagnosticadas con trastornos relacionados con el consumo de sus-tancias insertas en un centro de rehabilitación en la Ciudad de Tijuana.

(4)

MÉTODO

Para la realización de este estudio se empleó el método cualitativo debido a que posibilita “buscar formas diferentes de producción de conocimiento que permitan la creación teórica acerca de la reali-dad plurideterminada, diferenciada, irregular, inter-activa e histórica, que representa la subjetividad humana” (González, 2000 pp.18). Así, la utilización de un método cualitativo permitirá construir cono-cimiento de la subjetividad humana en lo referente a la experiencia de las personas diagnosticadas con trastornos relacionados con el consumo de sustan-cias desde un enfoque psicoanalítico. Ricoeur (2009) propone que los hechos en psicoanálisis no se basan en comportamientos observables y su-braya “la experiencia susceptible de ser dicha” como objeto de estudio.

El estudio fue de corte interpretativo debido a que tiene la notable ventaja de dar cabida a la inter-subjetividad, dando vida incluso al texto escrito (o bien, al habla), favoreciendo distintas interpretacio-nes, confrontando la obra con los diversos puntos de vista que se integran en el acto mismo de diluci-dar, de conocer, de crear, de leer, de pensar. Dado que el habla fija al lenguaje expresado y de mo-mento resuelve la identidad definiéndola y cristali-zándola (Tamayo, 2006), es necesario el diálogo con la subjetividad de la persona, en relación con el ob-jeto de adicción.

Participantes

Uno de los criterios de inclusión de los partici-pantes fue estar diagnosticado con trastornos rela-cionados con el consumo de sustancias por centros que ofertan tratamientos de rehabilitación en Ti-juana. Se excluyeron del estudio a quienes se encon-traban bajo efectos del síndrome de abstinencia o con alguna condición psiquiátrica presente.

El grupo de participantes quedó conformado por diez personas, 7 hombres y 3 mujeres, diagnostica-das con trastornos relacionados con el consumo de sustancias, quienes de forma voluntaria aceptaron participar en el estudio firmando un consentimiento informado aprobado por la comisión de bioética de la Universidad Autónoma del Estado. La droga de im-pacto en todos los casos fueron las metanfetaminas, que es la droga de mayor impacto en la población de Baja California (Observatorio Estatal de Adicciones, 2015). En el momento del estudio se encontraban in-ternos en un centro de rehabilitación y refirieron ser cristianos. En la Tabla 1 se presenta la lista de los participantes con el código Caso, seguido del nú-mero de identificación. Asimismo, se describen los datos sociodemográficos de los entrevistados.

Las situaciones de vida de las personas que par-ticiparon fueron heterogéneas, siendo 4 personas originarias de la ciudad de Tijuana, una de otro mu-nicipio de Baja California y las otras cinco personas

habían nacido en otros Estados de la república me-xicana; también se observaron diferencias en cuanto al tiempo de residencia en la ciudad, que fluctuaron entre 3 meses y 35 años.

La Tabla 2 describe los perfiles de consumo de los participantes, se puntualizan la droga y edad de inicio, la droga de impacto, el tiempo de consumo, así como el número de tratamientos previos.

Instrumentos

Se diseñó un guión para llevar a cabo entrevistas a profundidad que permitiera explorar, mediante las experiencias de personas diagnosticadas con trastor-nos relacionados con el consumo de sustancias in-sertas en un centro de rehabilitación, la forma en que las adicciones se convierten en una respuesta al vacío de identidad. El guión de entrevista se elaboró con la finalidad de permitir una profundización de la experiencia de vida de las personas entrevistadas y dar cuenta del contexto social en que están insertos (Rodríguez, Gil y García, 1996; Ryan y Bernard, 2003). La entrevista indagó en los siguientes ejes:

Historia del desarrollo. En este rubro se exploró sobre la estructura familiar para identificar la confor-mación de la familia de origen, el movimiento de roles entre los familiares cercanos, la vivencia de las funciones materna y paterna, así como la percepción del ambiente familiar. Se indagaron los datos del desarrollo que los participantes recordaran, como enfermedades y accidentes, miedos en la infancia. Los antecedentes escolares se ubicaron en función de los logros académicos, la socialización y la rela-ción con las figuras de autoridad.

Identidad. Otra categoría se desarrolló alrededor del conocimiento que los entrevistados ubican de forma consciente sobre de sí mismos. El autocon-cepto, la conciencia sobre la adicción, las actitudes, los valores y las ideas vocacionales, son algunos de los puntos que se exploraron en esta área.

Uso de sustancias psicoactivas. Dentro de esta categoría se codificó el historial de consumo: el con-texto del primer consumo, la función social que juega la droga en la vida de los entrevistados y la vi-vencia del síndrome de abstinencia. Se exploró tam-bién si habían estado bajo otros tratamientos de rehabilitación de las adicciones y si identificaban a otros miembros de la familia como adictos; el con-texto social de los participantes se estudió a partir de su encuentro con la droga.

Vínculos afectivos. Se exploró la calidad de los vínculos afectivos a partir de los testimonios de los participantes en cuanto a la forma de relacionarse con los padres, hermanos, parejas, hijos y amigos. La consistencia de las relaciones, las formas de dar y recibir afecto, así como las vivencias de rupturas y pérdidas fueron temas abordados en esta área.

Pulsión de muerte. Se destacó como un código independiente la valoración de la pulsión de muerte de los entrevistados por tener un estrecho lazo con

(5)

el tema de las adicciones. La ideación y los intentos suicidas, así como las conductas antisociales, las asociaciones delictivas y las conductas sexuales de riesgo se examinaron bajo la variable del control de impulsos de los participantes.

Procedimiento

Para explorar la conformación de la identidad en personas diagnosticadas con trastornos relaciona-dos con el consumo de sustancias, se trabajó en un centro de autoayuda de la ciudad de Tijuana con per-sonas en rehabilitación.

Se contactó a los sujetos por medio del centro y se extendió una invitación para participar en el estudio; las personas interesadas recibieron un consentimiento informado donde se especificaron los objetivos de la investigación, el procedimiento de participación, se explicó la necesidad de audio-grabar y tomar notas en las sesiones; se garantizó la confidencialidad en el manejo de la información proporcionada. Posteriormente, las entrevistas grabadas fueron transcritas literalmente, es decir, que las palabras idiosincráticas o modismos se es-cribieron en la forma en que fueron dichas por los/as participantes.

Análisis de la información

Para el procesamiento de la información obte-nida se utilizó el análisis cualitativo de contenido (Ruiz, 1996). El enfoque de la interpretación del con-tenido fue una estrategia utilizada para reconstruir las experiencias relatadas durante la entrevista (Martin, 2007). Para el tratamiento de los datos se utilizó el software ATLAS.ti (Versión 5), procesador cualitativo de información que permite la codifica-ción de los resultados, el aumento en la calidad de la investigación, la transparencia del proceso de aná-lisis y la comunicación de los resultados (Flick, 2007).

Se transcribieron de forma literal los fragmentos de discurso para fundamentar los resultados encon-trados en cada una de las categorías de análisis. Se indica con letra E la pregunta del entrevistador y con la sigla C (Caso) seguidas por el número de partici-pante (p.ej. C1), en algunos párrafos de los resulta-dos se señala entre paréntesis los casos que coincidieron en las categorías estudiadas.

RESULTADOS

Con base en el análisis cualitativo de la informa-ción desde un enfoque psicodinámico se obtuvieron diferentes categorías relacionadas a la adicción como una respuesta ante el vacío de identidad en las historias de vida de los sujetos. Asimismo, fue posible observar la percepción que tienen del centro de rehabilitación en donde estaban insertos al mo-mento del estudio. A continuación se presentan los

resultados obtenidos.

Se encontró de forma constante en las narracio-nes de los sujetos el proceso de parcialización en la percepción de sí mismos, lo cual podría entenderse como respuesta al dolor, a la división subjetiva o en general la evitación de un malestar subjetivo; bús-queda que al fin y al cabo llevan al sujeto al dolor mismo (Arias y Correa, 2016). Lo cual, conlleva a un autoconcepto con predominio de elementos positi-vos en el ideal de sí mismos asociadas con la bon-dad y “el ser bueno”, lo que se observó en el discurso de cinco de los 10 participantes (C1; C2; C3; C7; C8). En seguida se muestra un ejemplo de este proceso de parcialización identificado en las expe-riencias de los participantes:

Dos personalidades en mi persona. Cuando estoy drogado es una y cuando estoy bueno y sano es otra. Cuando estoy drogado soy una persona agresiva si me lastiman, ¿veá?, cuando hay dolor, pero si mientras no me las-tima la gente, no me digan nada, soy bien buena onda, soy bien amable. O sea, usted ni lo notaría, anduviera drogado yo, o sea, soy más… soy más buena gente cuando ando dro-gado, a lo mejor, ¿veá? Son dos cosas, son dos personalidades. Si hay dolor, hay enojo. Si no hay dolor, hay un ángel bien bonito adentro de mí, ¿eá? […] (Hombre, 39 años, se-parado, secundaria trunca, empleado, 15 años de consumo).

Asimismo, en los relatos de los sujetos se evi-denció una falta de conciencia de los elementos de la personalidad negativos, siendo estos atribuidos al consumo de las drogas y quedando sólo en el margen de conciencia características positivas de la personalidad.

O sea, tengo un corazón bien grande, ¿me en-tiendes? O sea, todo quiero, para todo quiero, para… o sea, si me estoy comiendo algo, si es cinco personas: las cinco, y yo no me quedo con nada de eso ¿me entiende? Ah, así yo soy. O sea, si una persona ocupa diez pesos pal taxi, si es una persona mayor, se los doy, aun-que no me aun-quede con nada. Así me pasaba en la calle a mí estando en la adicción, a mí es-tando mal. (Hombre, 39 años, separado, se-cundaria trunca, empleado, 15 años de consumo).

E -¿Qué otras características ubicas en tu perso-

nalidad?-Eh, o sea, soy una persona muy alegre, o sea, le caigo bien a todo mundo [risa]. O sea, tam-bién está preguntando, ¿veá? O sea, soy una persona carismática, o sea, todo. O sea, cuando yo llego a un lugar pues así sin usar, sano, a la gente le da gusto, tengo muchas amigas, muchos amigos, aunque, bueno, no me gusta que me visiten en la casa nomás. (Hombre, 39 años, separado, secundaria

(6)

trunca, empleado, 15 años de consumo). E -¿Y cosas negativas que ubiques en tu forma de

ser?-Nada, no hay. O sea, soy bien positivo en todo. O sea, una persona te pide un consejo y trato de, ¿veá?, de hacerle, de sentirla lo mejor. Por ejemplo, si tú me dices, si usted me dice: “Estoy triste”. “Pero ¿por qué? No estés triste. Aunque yo estoy triste por den-tro, ¿veá? No tiene por qué estar triste. Tienes tus ojos, tienes tus manos, estás sano, ¿veá?, eres una mujer muy buena onda”. O sea, trato de animarla en todo, aunque yo me esté mu-riendo por dentro. ¿Ve?, yo soy una persona que dices: “Estoy triste…” Yo nunca digo que estoy triste, pero como usted es la psicóloga, yo le tengo que decir cómo me siento, ¿veá? Usted me está preguntando, pero si otra per-sona me pregunta le digo que estoy bien. (Hombre, 39 años, separado, secundaria trunca, empleado, 15 años de consumo). Cuando se observaron aspectos de la personali-dad negativos ubicados en sí mismos, se identificó que estos son elementos discursivos que forman parte de la literatura y el discurso que se emplea en los centros de autoayuda (C1; C7; C9).

Sí, la autocompasión es mi defecto más destruc-tivo que tengo, autodestrucdestruc-tivo. (Mujer, 45 años, viuda, universidad, agente aduanal, 15 años de con-sumo).

En las siguientes dos categorías obtenidas del análisis de la información, centralización del objeto droga y el grado de conciencia de la enfermedad, se puede observar que los sujetos ubican la droga como algo que está fuera de sí y que por lo tanto, está fuera de su control, lo que ocasiona que se si-túen como “sujetados a la droga” (Korman, 2009).

Dentro de las experiencias que los participantes relataron, se observó que existe una tendencia a la centralización del objeto droga, lo que se representó a través de la idealización del efecto de la droga y la disminución en la autopercepción de control (C1; C2; C6; C10).

Cuando empecé a consumir, que me fumé la primera dosis, recuerdo de cómo se me salie-ron las lágrimas, como que todo el mundo se me vino abajo. Me empezaron a llegar recuer-dos a la mente de que iba a perder a la fami-lia, de que me iba a hacer, este, desobligado, de que iba a empezar a tener problemas con mis padres, ¿verdad? Todos los días, porque, cuando yo empiezo a consumir, cambio total-mente, soy una persona muy agresiva, estaba revolviendo dos dosis diferentes, me daba por robar, por asaltar. Fue muy triste, tuve que hasta llegar a una clínica particular. (Hombre, 31 años, unión libre, preparatoria trunca, empleado, 16 años de consumo). Por otra parte, el grado de conciencia de la

enfer-medad se encontró vulnerado por los desfases entre los dos niveles de conciencia, es decir, se reconoció el deseo de no consumir, y a su vez, se identificó un desconocimiento interior ante el descontrol impul-sivo que lleva a buscar una dosis (C1; C2; C3; C5; C7).

…y sí, volví a consumir esa noche con foco, igual, volví a consumir otra vez. Y, cuando uno ya fuma que anda limpio se arrepiente uno. Empecé con remordimientos de concien-cia y “¿qué hice?, por qué fumé si andaba bien…”; pero al ratito volví a fumar, o sea, ya nomás ahorita y ya, pero de hecho uno sabe que una vez consumiendo ya no puede parar, ya no paré, seguí usando tres meses seguidos y me volvieron a traer para acá. Me volvieron a traer y duré aquí mes y medio, nada más duré mes y medio. (Hombre, 20 años, soltero, primaria trunca, herrero, 3 años de consumo). Siguiendo con el análisis de los relatos de los su-jetos en torno a su experiencia de adicción, se per-cibió que el papel central con el que los participantes se identifican es el de adicto, debido a que se encontró que dicho papel forma parte del “autoconocimiento” al que arriban a partir de los tratamientos de autoayuda y constituye el recono-cimiento de una rígida forma de enfrentarse al mundo a partir de la adicción, lo que posiblemente se constituye como respuesta al vacío de identidad (C1; C5; C6; C8; C9; C10).

El de yo soy adicto. Pues yo soy un adicto, por causa de mi primera dosis. De allí inicia una carrera, pues porque adicto lo seré. Estoy en abstinencia ahorita; aunque haya mucha droga, yo sé que soy un adicto y que no debo tocarla, pues bajo la influencia…. Puedo estar en posición, pero no se me antoja. No quiero decir: no pasa nada, porque ya no quiero ese malestar. Porque al hacer la primera se va a ocupar tiempo para sentir un malestar, no va hacer en la primera vez. Pero como soy com-pulsivo, o sea, no me voy a detener.

Pues cuando lo hice más de tres veces. Ya después de allí pues ya me hice un adicto. ¿Por qué? Porque desperté en mí lo descono-cido, en droga, cualquier sustancia que al-tere el estado en mi mente, que entre en esa… y como Picasso, como dibujantes así, que usan ahora sí que el peyote, los hongos, los alucinógenos pues, y se ponen a sacar de la mente pintura y cosas así. Y si a mí me haya dado por ese lado, quizás haya desper-tado algo. Como en el deporte. Volviendo a eso, lo mismo desperté… Me gustó el béis-bol, la pelota dura, sentir el impacto de la pe-lota y ya sentir. Y ya como que me ponía adrede y eso me hizo ser un mejor jugador, más que el grupito. Y las personas que esta-ban a cargo entrenando, pues vieron que a ese la faltaba la manchita, hasta llegar a ser

(7)

un seleccionado, en su momento pues, en esa generación. Ir a competir a nivel munici-pal, y después a nivel estado, y después a México, y ya se acabó mi deporte porque pues el tiempo, ¿no?, Estados Unidos… y ya se apagó la llamita, pero sí quedó plasmado, pues lo que se aprende no se olvida. Y me vi, empujado por el medio, la droga o seguir es-tudiando, pero ahora una persona titulada, que estuviera en algún escritorio la firma, como los que siguieron el camino bueno. Porque allí me miro, pero no estoy… la reali-dad es que soy un adicto. Los que quieren y los que no quieren y pues cada quien. (Hom-bre, 47 años, casado, secundaria trunca elec-tro-mecánico, 22 años de consumo).

Por otra parte, la identificación de las consecuen-cias negativas ante el consumo prolongado de una sustancia es común en los entrevistados; se ubica de forma consciente a partir de las problemáticas en los diferentes rubros de funcionamiento, sin em-bargo, lo que genera la motivación de abandonar el consumo es una preocupación por afectar a la fami-lia (C1; C3; C6; C7; C8).

Fíjate que sí lo identifico ahorita. Me ha cos-tado mucho trabajo identificarlo. Mira, desde que yo empecé a usar drogas tuve problemas, en todos los sentidos de mi vida, en todas las áreas, en mis trabajos, te digo, con mi familia, conmigo mismo, con mis parejas, hasta con mi sexualidad, en algunas etapas, porque así eran las reacciones que traían el diferente tipo de droga que usaba. Pero, este, pero en algu-nos momentos, yo decía, bueno…, tal vez sea que perdí mi trabajo, ¿verdad? Tal vez si aga-rraba un mejor empleo me va a ir mejor en mi vida, o tal vez, si conozco una pareja… Le echaba la culpa a veces a la pareja. Bueno, es que era fulana de tal. A lo mejor si conozco a una pareja me va a ir mejor o ¿sabes qué?, como cuando quise entrar a estudiar a la uni-versidad; yo decía: “Si Dios me ayudara a poder entrar a la universidad mi vida cambia-ría”, porque siempre fue lo que quise hacer. A mí me gustó mucho la grilla, la política, todo eso, por eso quise entrar primero a licenciado en derecho. Ya después, cuando más o menos acepté mi problema de las drogas y no entré a derecho, pues licenciado en psicología, sirve que me conozco yo y me ayudo. Pero nunca pensaba en dejar de usar, no identificaba que mi problema eran las drogas. Ya apenas hace como unos 4-5 años que fue cuando me di cuenta y acepté que son las...las drogas. (Hombre, 41 años, soltero, preparatoria, téc-nico de calidad, 11 años de consumo).

E -¿Cómo te sentiste al darte cuenta que tenías una

adicción?-Con miedo ¿no?, me siento con miedo del

día mañana de salirme y volver a caer en las mismas, en el mismo error, caer en los mis-mos errores, ¿no?, más que nada, pues es eso ¿no?, sentir miedo ¿no?, le tengo miedo a la droga yo ¿no?, le tengo miedo y pues sé que voy a estar ahí ¿no?, y es algo que es ¿no?, y que afecta a la familia ¿no?, y eso es lo que no quiero ¿no?, seguir afectando a la familia, preocupándola.(Hombre, 22 años, soltero, preparatoria trunca, empleado, 2 años de consumo).

En cuanto a la percepción de los centros de au-toayuda y el proceso personal de rehabilitación, se apreció que es vivida de forma ambivalente, debido a que se expresan comentarios sobre los beneficios de permanecer internados y al mismo tiempo se ubica el deseo de salir como una respuesta nostál-gica ante el aislamiento (C1; C2; C7):

Yo soy como adicto. A mí me duele mucho estar mal, ¿verdad? O sea, aquí nada me gusta, aquí adentro es una pesadilla, ¿me en-tiende? Quisiera andar suelto, pero no, pero… , este (tartamudeo)…Como le quiera llamar yo, ¿no? Un tigre no puede andar en la calle ahorita, porque haría daño. Yo no puedo andar en la calle. Yo lo más bonito [es] que acepto mi enfermedad en este lugar. Yo aquí tengo que estar atornillado... (Hombre, 39 años, separado, secundaria trunca, emple-ado, 15 años de consumo).

Se dio cuenta mi amigo con el que me vine de allá, con el que vivía, y pues decidió traerme para acá porque sabía que si yo se-guía así no iba a acabar bien. Y llegué aquí. Fue cuando me trajo para acá, fueron por mí los de aquí, fueron por mí y nunca he puesto resistencia y dije: “pues vamos”, y me dejó un mes, pero ya pasaron cuatro meses y dice que me voy a quedar otros seis. Pero de an-temano yo sé que está bien, estoy bien aquí, no me hace falta nada, estoy tranquilo, no me quiero ir, oportunidades he tenido de irme, pero no quiero irme así… de fuga. […] Y me dijo: “no pues te voy a dejar más si quie-res quedarte”, y le dije: “no pues tampoco mucho tiempo, no, o sea, más, más, lo que es la neta, digo, pero un año no, no tampoco no, no es para tanto, digo quiero enfocarme en otra cosa, ¿qué voy a hacer cuando salga?, ver lo que hice mal para no volverlo a hacer, ¿no? Que: “Que si quieres te puedo dejar un año”. “No, no”, digo. “Es más, ¿quieres sa-carme? Pues sácame”, le digo, “y pues voy a echarle ganas”, digo, ¿no? “Me voy a com-prometer contigo, que no me voy a drogar”, le digo, “porque ya son tres veces que me en-cierran y pues te he quedado mal”, le digo. “No me quiero comprometer o decir: ¿sabes qué? ya no me voy a drogar’”, digo. “La

(8)

ver-dad no, porque no sé todavía las nociones que tenga allá afuera y tal vez me ganen y me vuelva a drogar otra vez, y entonces te vas a esperar un tiempo porque sí te…” “¿Allá te quieres drogar?”, pues la verdad todavía en ratos sí, no te lo niego, pues, pero nunca me han convencido por ese lado, no”. “Pero está bien lo que tú me dices: cuando te quieras ir o como cuando te sientas bien”. (Hombre, 20 años, soltero, primaria trunca, herrero, 3 años de consumo).

En los fragmentos anteriores, se puede observar que los sujetos enuncian cierta falta de control en el consumo de sustancias psicoactivas, de no ser por estar en el centro de rehabilitación. De esta forma, queda abierta la posibilidad de reactivarse la adicción, al salir del grupo de autoayuda que es el que sustituía el objeto droga, como respuesta al vacío de identidad.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

El psicoanálisis provee un marco de entendi-miento que intenta ir más allá de la descripción de las conductas para constituir una comprensión di-námico-estructural, es decir, separar el ser un “adicto”, del ser una persona que consume droga y que en un momento puede abandonar dicha prác-tica, desarticulando la noción de adicción del con-sumo visible afirmando que puede haber concon-sumo sin adicción y adicción sin consumo (Arias y Correa, 2016; Korman, 2009).

La idealización del objeto droga que hicieron los participantes a partir de la asociación del consumo con un “buen funcionamiento” sitúa a la droga en un lugar privilegiado por encima de la propia voluntad otorgándole poder sobre el desempeño y las mani-festaciones de la personalidad, siendo esta altera-ción en la percepaltera-ción del sí mismo un factor que disminuye la capacidad propia para controlar el con-sumo. Para contrarrestar lo anterior, la psicodinamia considera el lugar y el sentido de la droga en el dis-curso del paciente entendiendo como desintoxica-ción sacarle absolutamente todo el sentido que este objeto ha adquirido para el sujeto. Así, Gómez (1998), considera que la desintoxicación se lleva a cabo sobre el objeto de la droga. La droga debe ser desintoxicada en la medida en que da sentido al “yo soy toxicómano”.

El análisis de los testimonios permite afirmar que la identidad de los participantes queda mediatizada por el “soy adicto”, es decir, la identidad individual se supedita a la identidad grupal (Bleger, 1971; Ríos, 2000). Aunado a esto se genera un amplio descono-cimiento de sí mismo que lleva a rigidizar el autocon-cepto alrededor de la adicción e introyectar los rasgos de personalidad negativos imputados en los programas de doce pasos, cerrando así la

posibili-dad de encontrar las propias respuestas –o más grave aún- de formular las propias preguntas que le permitan crear un demanda, una búsqueda personal para entender lo que le sucede.

La inestabilidad laboral y el vacío vocacional en las elecciones de trabajo observados en los partici-pantes puede entenderse como una manifestación más de la dificultad en la construcción de la identi-dad, no hay espacio psíquico para conocerse y elegir a partir de quien se es, fuera del “soy adicto”.

La teoría psicoanalítica señala que el síntoma en el sujeto neurótico produce un sufrimiento, el yo sufre y no encuentra sentido a la manifestación que le produce este sufrimiento. Contrario a esto, en los pacientes toxicómanos no existe esta división subjetiva, más precisamente, la escisión viene dada por el exterior del sujeto, el toxicómano no sufre del acto de drogarse sino de las consecuen-cias de este acto, su sufrimiento viene dado por las respuestas ante su conducta de las personas que lo rodean (Manzetti, 1995).

A partir de este estudio, podría inferirse que se presenta en estos pacientes un desplazamiento del orden de la responsabilidad, planteándose que el acto de consumir una droga es la consecuencia de la existencia de la droga. De aquí se desprende una concepción del sujeto “adicto” como irresponsable y poco apto para hacerse cargo de sí mismo.

En consecuencia, una de las prácticas comunes en los centros de rehabilitación es el internamiento, con fines de desintoxicación y con el propósito de aislar socialmente al sujeto en recuperación. Vera (1992), puntualiza al respecto que, prohibir la droga en términos de abstinencia es mantenerla lejos sin darle al sujeto la posibilidad de elaborar lo que esto significa en su psique, mostrando esta investigación cómo el aislamiento como recurso para la rehabili-tación fracasa ante la recurrencia de los sujetos a programas de este tipo una y otra vez a lo largo de su actividad de consumo. La demanda de ayuda surge siempre del otro no permitiendo al “adicto” tomar una decisión sobre sí mismo. La dependencia psicológica lleva al sujeto a recaer después de pe-riodos largos de abstinencia.

De esta manera, se sigue siendo “adicto” sin con-sumir debido a que no se participa en elaborar lo que el consumo representa en su psique, lo que para Freda (1992) es evacuar el problema sin resolver el por qué de su manifestación. El toxicómano irá de-jando la droga en tanto reemplace la dependencia a la misma por una dependencia transferencial. La construcción de un vínculo transferencial junto con el toxicómano, posibilita una demanda individuali-zada y no social (Gómez, 1998, Vera, 1992).

En conclusión, buscar elementos psíquicos más allá del síntoma, como se hace desde el psicoanáli-sis, posibilita considerar el consumo como sólo una parte dentro de las múltiples maneras en que se ma-nifiesta en la personalidad del “adicto” esta forma

(9)

tan particular de relacionarse, pudiendo de esta ma-nera incentivar en el paciente nuevos entendimien-tos de sí mismo, fuera del ámbito de los síntomas. Es decir, se trata de promover en el paciente el darse cuenta que, en la totalidad de su ser, existe una com-pleja y amplia diversidad de modos de ser y hacer, que le confieren identidad propia.

Como se pudo observar en esta investigación, los beneficios que ofrecen los servicios asistencia-les de rehabilitación no permiten la sustitución y/o construcción de una identidad propia, que permita a la persona dejar de encontrar la respuesta a ese vacío en la droga. Por lo tanto, es necesario tomar otro tipo de medidas psicoterapéuticas que respon-dan mejor a las necesidades de las personas en estas condiciones.

REFERENCIAS

Acevedo, J. (2010). Hermenéutica del sí. Identidad narrativa & Constructivismo en Psicología. Tesis Magíster en Psicología Clínica. Universidad Adolfo Ibáñez. Santiago de Chile. Alvis, A.; Duque, C. y Rodriguez, A. (2013). Entre la progresión y la

regresión: la configuración identitaria de los procesos de pér-dida. Revista Ces Psicología, 6 (2), 177-194. Recuperado de http://revistas.ces.edu.co/index.php/psicologia/article/vie w/2602/1976

Arias, F., y Correa, J. (2016). Hacia una perspectiva clínica psico-dinámica de la intervención de las adicciones. El Ágora USB, (1), 231-254. Recuperado de

http://www.scielo.org.co/pdf/agor/v16n1/v16n1a12.pdf Arnal, J. (1991). La demanda del toxicómano. España: IV Jornada

de formación de la plataforma internacional para una clínica del toxicómano.

Becoña, E. (2016). La adicción “no” es una enfermedad cerebral. Papeles del Psicólogo, 37(2) 118-125. Recuperado de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=77846055004 Bleger, J. (1971). El grupo como institución y el grupo en las

insti-tuciones. Buenos Aires: Nueva Visión.

Bower, L. (2014). Devenir adicto en la era del consumo generali-zado. VI Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XXI Jornadas de Investigación Dé-cimo Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCO-SUR. Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

Comisión nacional contra las adicciones (2017). Directorio de es-tablecimientos especializados en el tratamiento de las adic-ciones en modalidad residencial. Recuperado de

htttp://www.conadic.salud.gob.mx/pdfs/Directorio_recono-cidos_02_05_2017.pdf

Erikson, E. (1968). Identidad, Juventud y Crisis. Buenos Aires: Pai-dós.

Fischbein, J. (2009). El ángel, la adicción y la exclusión social. Con-troversias en Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, no. 5. Recuperado de http://www.controversiasonline.org.ar/ima-ges/stories/Controversias/n5_esp/fischbein.pdf

Freda, F.H. (1992). Algunas nociones generales sobre la drogode-pendencia y sus razones clínicas. En: Ponencias del seminario El diagnóstico psicopatológico en el campo de las drogode-pendencias. Grup Igia.

Freud, S. (1923). El yo y el Ello. En: Obras Completas. Buenos

Aires. Amorrotu. 2006.

Freud, S. (1912). Consejos al médico sobre el tratamiento psicoa-nalítico. En: Obras Completas. Buenos Aires. Amorrotu. 2006. Flick, U. (2007). Introducción a la investigación cualitativa.

Ma-drid: Morata.

González, P. (2006). La adicción a las drogas ilegales en el Estado de Baja California: ¿integración o rechazo social?Tesis de doc-torado para la obtención del título de Doctor en Ciencias So-ciales Aplicadas. El Colegio de la Frontera Norte, México. González, R. (2000). Investigación Cualitativa en psicología.

Mé-xico: Thomson Editores.

Heidegger, M. (1984). El ser y el tiempo. México: FCE.

Islas-Limón, J. (2011). Introyección de los simbolismos de Tijuana en la construcción de la identidad personal de las jóvenes fronterizas. En N. O. de la Peña y M. E. Zavala-Cosio, Jóvenes fronterizos – Border youth. Expectativas de vida familiar, edu-cación y trabajo hacia la adultez (pp. 171-191). México: El Co-legio de la Frontera Norte.

Korman, V. (2009). Y antes de la droga, ¿qué? Barcelona: Tri-burgo.

Lacan, J. (1984). Escritos. México: Ed. Siglo XXI.

Lacan, J. (1949). El estadío del espejo como formador de la función del yo.Comunicación presentada en el XVI Congreso Interna-cional de Psicoanálisis. Zurich.

Lewcowicz, I. (1999). Subjetividad adictiva: un tipo psico-social instituido. Condiciones históricas de posibilidad. En J. Dobon y G. Hurtado (comps) Las drogas en el siglo... ¿qué viene? Ar-gentina: FAC.

Martin, R. (2007). Estadística y metodología de la investigación. Ciudad Real: Casa RuízMorote.

Manzetti. R. (1995). ¿Cómo disolver la monotonía del objeto droga?En Sujeto, goce y modernidad. Buenos Aires: Atenuel. Millé, C. (1998). Identidad, dependencia e independencia.

(Pri-mera de dos partes). Revista LiberAddictus25.

Molla, M. (2011). Identidad y abuso de drogas en adolescentes. Revista Avances de Psicología, 19(1), 51-66. Recuperado de http://www.unife.edu.pe/pub/revpsicologia/avances2011/ molla.pdf

Observatorio Estatal de Adicciones (2015). Secretaría de Salud del Estado de Baja California;Instituto de Psiquiatría del Estado de Baja California.

Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2003ª). La violencia en la pareja. Informe Mundial sobre la violencia y la salud (pp. 95-158). Washington, D.C.: OPS.

Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2010). Informe Mundial sobre la violencia y la salud. Washington, D.C.: OPS, 2010.

Ovejero, A. (2000). La adicción como búsqueda de identidad: una base teórica psicosocial para una intervención eficaz. Inter-vención psicosocial: Revista sobre igualdad y calidad de vida 9(2), 199-216. Recuperado de

http://www.copmadrid.org/webcopm/publicaciones/so-cial/63247.pdf

Plan Estatal de Desarrollo del Estado de Baja California 2002-2007. Recuperado de

http://www.bajacalifornia.gob.mx/ped/indice.htm Plan de Desarrollo del Estado de Baja California 2014-2019.

Recu-perado dehttp://www.copladebc.gob.mx/PED/documen-tos/Actualizacion%20del%20Plan%20Estatal%20de%20Des arrollo%202014-2019.pdf

(10)

psicoa-nálisis. México: Siglo XXI.

Ríos, C. (2000). El adicto y sus grupos. Un esquema explicativo. Psicoanálisis ApdeBA, 22(2), 483-507. Recuperado de http://biblioapdeba.no-ip.org/pgmedia/EDocs/2000-re-vista2-rios

Rodríguez, G., Gil, F. y García, J. (1996). Metodología de la inves-tigación cualitativa. Málaga: Aljibe.

Ruíz, J. (1996). Metodología de la investigación cualitativa. Bilbao: Universidad de Deusto.

Ryan, G. y Bernard, H. (2003). Techniques to identify themes. Field methods, 15(1), 85-109. Recuperadode http://qual- quant.org/wp-content/uploads/text/Ryan%20&%20Ber-nard%202003.pdf

Souza y Machorro, M. (2005). La deficiencia formativa del perso-nal de salud y la terapéutica de las adicciones. Revista Mexi-cana de Prevención y Readaptación Social, 6(4), 336-345. Recuperado de http://www.medigraphic.com/pdfs/revmex-neu/rmn-2005/rmn054h.pdf

Staude, S. (2001). La urgencia en la clínica de las adicciones. Acheronta. Revista de Psicoanálisis y Cultura, 14. Recuperado de http://www.acheronta.org/acheronta14/adicciones.htm Tamayo, L. (2006). Asuntos relevantes a la vida humana. En A.

Ortiz-Osés y P. Landeros (Dirs.), Diccionario de la existencia. Barcelona: Anthropos Editorial.

Valderrama, A., Sánchez, L., Cárcamo, M. y Mazo, A. (2016). Cul-tura e identidad sobre el consumo de drogas en los habitan-tes de la calle del municipio de Medellín. Drugs and Addictive Behavior. 1(2), 191-199. Recuperado de

http://www.funlam.edu.co/revistas/index.php/DAB/arti-cle/view/2057

Vera, E. (1992). De la pasión adictiva como patología del exceso. Ponencias del seminario El diagnóstico psicopatológico en el campo de las drogodependencias. Barcelona: Grup Igia.

(11)

Tabla 1. Perfiles sociodemográficos

Caso Sexo Edad Estado civil Lugar de nacimiento Tiempo de residir en Tijuana Escolaridad Ocupación

Caso 1 H 39 Separado Navojoa, Sonora 20 años Secundaria trunca Empleado

Caso 2 H 20 Soltero Acapulco, Guerrero 4 años Primaria trunca Herrero

Caso 3 M 36 Soltera Tijuana, B.C. 12 años Primaria trunca Empleada

Caso 4 M 20 Soltera Corona. CA. 3 meses Preparatoria trunca Empleada

Caso 5 H 33 Casado Tijuana, B.C. 1 años Secundaria trunca Cocinero

Caso 6 H 31 Unión libre Tijuana, B.C. 31 años Preparatoria trunca Empleado

Caso 7 H 22 Soltero Tijuana, B.C. 20 años Preparatoria trunca Empleado

Caso 8 H 41 Soltero Guadalajara, Jalisco 35 años Preparatoria Técnico de calidad

Caso 9 M 45 Viuda Acapulco, Guerrero 10 años Universidad Agente aduanal

Caso 10 H 47 Casado Mexicali, B.C. 5 años Secundaria trunca Electro-mecánico

Tabla 2. Perfiles de consumo

Caso Edadde inicio Drogade inicio Drogade impacto Tiempode consumo Número deTratamientos previos

Caso 1 24 Cocaína Metanfetaminas 15 años 2

Caso 2 15 Alcohol Metanfetaminas 3 años 3

Caso 3 15 Alcohol Metanfetaminas 11 años 0

Caso 4 16 Metanfetaminas Metanfetaminas 3 años 1

Caso 5 11 Inhalantes Metanfetaminas 18 años 3

Caso 6 14 Inhalantes Metanfetaminas 16 años 1

Caso 7 20 Metanfetaminas Metanfetaminas 2 años 1

Caso 8 18 Cocaína Metanfetaminas 11 años 10

Caso 9 25 Cocaína Metanfetaminas 15 años 0

Referencias

Documento similar

The part I assessment is coordinated involving all MSCs and led by the RMS who prepares a draft assessment report, sends the request for information (RFI) with considerations,

o Si dispone en su establecimiento de alguna silla de ruedas Jazz S50 o 708D cuyo nº de serie figura en el anexo 1 de esta nota informativa, consulte la nota de aviso de la

610. En una operación nacional la responsabilidad recae en el comandante opera- cional, quien desarrolla en ZO el marco logístico diseñado para la operación por el nivel

¿Cómo se traduce la incorporación de ésta en la idea de museo?; ¿Es útil un museo si no puede concebirse como un proyecto cultural colectivo?; ¿Cómo puede ayudar el procomún

Volviendo a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, conviene recor- dar que, con el tiempo, este órgano se vio en la necesidad de determinar si los actos de los Estados

Se ha diseñado y aplicado una encuesta en la que se incluyeron preguntas que permitiesen verificar las hipótesis. Se denomina “Virtualización de las actividades

Y esto es, en efecto, lo que practican, sobre todo desde fines de los años 70, algunos compositores del Minimalismo clásico como Steve Reich, Philip Glass, y a veces

Incluye resultados de siete entrevistas en profundidad a agentes de la comunidad educativa de la provincia de Barcelona para explorar qué opinan, cómo caracterizan y