Instrumentos de los que Se Vale el Científico de la Política - Sorauf

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CIENCIA POLÍTICA

UNA SENCILLA VISION GENERAL

Por

FRANCIS J. SORAUF

Universidad Nacional Federico Villarreal

Escuela profesional de Ciencia Política

Curso:Metodología de la Investigación política

Profesor responsable: Lic. Alberto Espinoza Castellares

Segunda Lectura del curso

Capítulo III del presente libro.

PRIMERA EDICIÓN EN ESPAÑOL

UNION TIPOGRÁFICA EDITORIAL HISPANO AMERICANA

Barcelona. Bogotá, Buenos Aires. Caracas. Guatemala, La Habana. Lima, Montevideo. Quito. Rio de Janeiro. San José de Costa Rica, San Salvador. Santiago.

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C A P I T U L O I I I

I N S T R U M E N T O S D E Q U E S E V A L E EL CIENTÍFICO DE LA POLÍTICA La ciencia política se ha dedicado inveteradamente a tomar prestado. De hecho, es probable que sea la gran ecléc-tica entre las ciencias sociales. La historia de su crecimiento y desarrollo es un relato de selección de aptitudes e ideas procedentes de las otras ciencias sociales, de integración de lo nuevo con lo viejo, de la revigorización de antiguas tra-diciones mediante nuevos préstamos y adaptaciones. Más recientemente, como ya vimos, la ciencia política ha recu-rrido en gran medida a los conceptos, las técnicas y las teorías de la sociología, la antropología y la psicología.

Así, pues, es inevitable que los científicos de la política introduzcan en sus trabajos diferentes métodos, técnicas y conocimientos. Tenemos, por ejemplo, peritos que exami-nan las muestras de votantes en relación con sus preferen-cias por tal o cual candidato a la Presidencia, en tanto que otros observan los organismos especializados de las Naciones Unidas en acción, o bien traducen e interpretan las obras políticas de Marsilio de Padua, y otros analizan las opinio-nes y fallos de los órganos de la judicatura. Los conoci-mientos que se requieren y aplican pueden ir desde la habilidad p a r a comprender los legalismos de un tribunal hasta la capacidad de programar el análisis de factores en una computadora.

Aparte de las diferencias en sus aptitudes y métodos, los científicos de la política tienen en común ciertos compromi-sos básicos con los métodos académicos. Aunque los "prac-tiquen" de muy diversas maneras, en general están

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dos por los principios fundamentales del empirismo. Es decir: en mayor o menor grado están ligados a la propo-sición de que el conocimiento de la conducta y las institu-ciones sociales debe nacer de la experiencia, de la percep-ción sensorial de los hechos ocurridos en el m u n d o real. Para el empírico, el conocimiento es u n a serie de generalizacio-nes basadas en la observación de casos y hechos concretos. Los científicos de la política pueden diferir en cuanto a lo sistemáticamente que juzgan las observaciones y el registro de las mismas; pero, a pesar de ello, está presente su acep-tación de los métodos empíricos.

T a l vez exista otra forma de expresar esta aceptación del empirismo: los peritos en ciencia política están de acuerdo, fundamentalmente, acerca de lo que es la realidad en el m u n d o de los acontecimientos, así como acerca de la ma-nera como se procede a derivar gema-neralizaciones de tales acontecimientos. Comparten la definición de prueba como aquello que puede ser observado, y se muestran reacios a aceptar un "hecho" si no cuentan con el peso de la prueba. Por consiguiente, procuran conseguir los informes o docu-mentos originales, o bien observan el comportamiento, o interrogan a otros observadores. Además, practican los rigu-rosos métodos del científico para poner a prueba hipótesis y proposiciones, valiéndose de pruebas empíricas. En otras palabras: no se fían de la contemplación ni de la excogi-tación como sistemas p a r a conocer lo relacionado con la política. Ni tampoco deducen explicación alguna de hechos concretos, ni acciones, de principios generales acerca de aquello que parece " n a t u r a l " o "razonable", o "lógico".

Si bien hay excepciones a estas generalizaciones, el mé-todo empírico sigue siendo la senda más importante dentro de la ciencia política, y el examen de los métodos empleados por el perito en la materia podría girar alrededor de los empleados por la tradición empírica. El análisis que viene

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a continuación tocará tres aspectos del trabajo académico:

los métodos de que se valen los científicos de la política

para adquirir y describir los datos; las técnicas de que

dis-ponen para analizarlos y la manera como atacan un

proble-ma académico.

OBTENCION DE DATOS

Los métodos y técnicas empleados por el científico de la

política para obtener datos dependen de la naturaleza de

los mismos. Un estudio relacionado con el sistema

interna-cional del siglo XIX, o el papel del gabinete norteamericano

en tiempo de guerra, tendría que depender principalmente

de los documentos, reportajes, relatos personales,

corres-pondencia, diarios, memorias y archivos oficiales que el

his-toriador suele examinar. El estudio de la socialización

polí-tica de los niños norteamericanos entre los seis y los diez

años es cuestión muy diferente. Sólo mediante la

observa-ción directa, la celebraobserva-ción de entrevistas y los cuestionarios

escritos se podrán adquirir los datos necesarios. Así, pues.

los datos que uno se propone reunir son lo que, en parte,

determinan los métodos a seguir para lograrlos. Y puesto

que los datos que una disciplina busca dependen en gran

medida de sus metas y de la imagen que de sí misma se

haya formado, volvemos al tema del fermento que obra en

las ciencias políticas acerca de las metas y tendencias de la

misma.

En los términos más amplios, las habilidades que

un perito en ciencia política posea dependerán en gran

medida de sus puntos de vista acerca de la disciplina y del

trabajo a realizar por el perito en dicha materia.

Una de las más importantes manifestaciones de la nueva

ciencia política ha sido su deseo de explorar nuevos

pro-blemas. Ha tratado de aprender más del comportamiento

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y de los procesos políticos, acerca de lo cual existen pocos datos registrados o publicados: ampliar sus conocimientos de los líderes y sus conexiones, de las estructuras de poder e influencia, de las actitudes y preferencias políticas, de los procedimientos seguidos extraoficialmente p a r a llegar a una decisión. Por cierto, gran parte de la crítica a la ciencia política tradicional gira alrededor de su secular preocupa-ción por las instituciones políticas y la relapreocupa-ción oficial y documentaría de sus actividades. Aparentemente, en otros tiempos, a la ciencia política le interesaban más los datos empleados por el historiador que los usados por otros científicos sociales. En resumen: con frecuencia estaba ata-da a la biblioteca. Los modernos peritos en la materia han tenido que salir a la calle, al igual que los demás cientí-ficos de las disciplinas de la conducta, a fin de ampliar su acervo de información.

T a l vez un ejemplo ayudaría a hacer más clara esta ex-pansión de los datos, y de los conocimientos y técnicas que se requieren p a r a reunidos. En los años treinta y cuarenta, la mayor parte de los estudios relativos a la actitud de los votantes norteamericanos dependían de las cifras totales pu-blicadas después de las votaciones, así como de los datos del censo. El perito relacionaba las variantes en los datos co-rrespondientes a distritos, ciudades y condados con las variantes en otras características de sus respectivos habitan-tes: religión, nivel de educación o ingreso personal. Con tales datos en la mano, el perito podía descubrir que los distritos de bajos ingresos votaban por los candidatos demó-cratas, o que los condados protestantes preferían a los repu-blicanos. Sin embargo, tales análisis tenían sus limitaciones: no resolvían la cuestión de cómo llegaban los individuos a una decisión, ni por qué decidían actuar de tal o cual mane-ra. Además, trabajaban a base de grandes agregados,, y sólo podían establecer relaciones para grandes grupos de votantes.

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La precisión resultaba virtualmente imposible en este tipo de análisis.

En los últimos veinte años, los peritos han adoptado el examen de muestras de votantes, para lo cual se entrevista varias veces a determinadas personas en el curso de una campaña, y u n a vez más al terminar ésta. Tales entrevistas no sólo sirven p a r a determinar sus características políticas concretas, sino también sus actitudes y conceptos políticos, sus preferencias en punto a partidos y a candidatos, sus fuentes de información y el proceso que siguen sus deci-siones políticas. Si se ha podido reunir esta clase de datos relativos a las votaciones, ello se debe exclusivamente a que los peritos en ciencia política han puesto en práctica nue-vas técnicas de muestreo de la población votante (uno de los

más reputados estudios de este tipo, que abarca la totalidad del electorado norteamericano, emplea una muestra de me-nos de dos mil personas), así como las de cuestionarios y análisis y tabulación de las respuestas. Por tanto, gracias a estos nuevos instrumentos académicos el científico

norteame-ricano de la política ha podido dar respuesta a muchas y desconcertantes preguntas acerca del elector norteameri-cano.1

A pesar del advenimiento del behaviorism, los tradiciona-les materiatradiciona-les y técnicas de biblioteca siguen siendo indis-pensables p a r a el perito en ciencia política. Depende, en gran medida, de la transcripción literal de los debates legis-lativos, de las actas de las comisiones, de las listas de vota-1 El más antiguo y típico análisis de las cifras totales arrojadas

por las votaciones, se encuentra en la obra de Arthur N. Holcombe,

New Party Polines (Nueva York: W. W. Norton & Company,

Inc., 1933). Para ejemplos de estudios más modernos, basados en el muestreo de datos, véase, de Bernard Berelson y colaboradores,

Voting (Chicago: University of Chicago Press, 1954) y The Amer-ican Voter, de Angus Campbell y colaboradores. (Nueva York:

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ción y de las leyes aprobadas por los cuerpos legislativos. Utiliza los discursos, informes y declaraciones del Presidente y de los funcionarios del Gobierno, ya se trate de documen-tos oficiales, como el Informe Anual sobre el, estado de la Unión, o los comentarios extraoficiales hechos durante u n a conferencia de prensa. Necesita los informes, actas y docu-mentos de las Naciones Unidas y organismos subsidiarios, así

como los totales de las votaciones, censos y documentos oficiales de los principales gobiernos. Para muchos de sus estudios —los poderes del primer ministro de la Gran Bre-taña dentro de su gabinete, o cómo se decide el Presidente a prestar ayuda a un, aliado víctima de u n a invasión, por ejemplo— deberá fundarse en fuentes más libres y particu-lares: memorias, diarios, cartas, documentos personales, me-morandos, informes periodísticos. Quienes estudian el des-arrollo de las ideas políticas pueden remontarse a los manuscritos de los grandes pensadores de lo pasado, para lo cual deberán tener los conocimientos del traductor y del calígrafo.

Es probable que el científico de la política familiarizado con las computadoras y la entrevista directa encuentre un tanto monótono y anticuado el trabajo que se realiza en la biblioteca. Y, sin embargo, no es tarea fácil dominar el conjunto de instrumentos bibliográficos que se requieren. Si bien es verdad que el perito en ciencia política no difiere mayormente de los restantes hombres de ciencia en el uso que hace de la biblioteca, existe u n a serie de instrumentos bibliográficos que son de particular utilidad para su trabajo. Probablemente no son muchas las disciplinas científicas que consideren tan útiles los completísimos índices del Times, de Nueva York; ni habrá muchas otras disciplinas que de-pendan en tan gran medida de las listas de libros y publi-caciones periódicas que por índice de materias aparecen en los volúmenes anuales del "Public Affairs Information

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vice". Ciertamente, ninguna otra ciencia puede sacar tanto provecho de los obscuros laberintos del archivo de documen-tos del Gobierno norteamericano; de hecho, son tandocumen-tos los conocimientos que se requieren, que la mayoría de los peri-tos en ciencia política optan por recurrir a los buenos oficios de un buen bibliotecario especializado en documentos, si es que su biblioteca tiene la suerte de contar con alguno.

El dominio de la biblioteca y de sus materiales no sólo ayuda a la investigación, sino que inclusive puede dar a esta labor la emoción de la caza. Por supuesto, el secreto consiste en saber qué datos contiene u n a biblioteca y cuál es la manera más sencilla de explotarlos. Quien conozca las herramientas adecuadas no tendrá dificultad en encontrar información de los casos en que la Corte Suprema ha inter-pretado la Ley Taft-Hartley de 1947 sobre relaciones obre-ro-patronales. Quien no la conozca, jamás dará con ella, más que n a d a porque no sabrá que existe. En el trabajo de biblioteca, al igual que con las computadoras, lo esencial es saber "lo que puede hacerse" con ellas. El poder o no poder hacerlo uno mismo es algo secundario.

La biblioteca desempeña un papel importante, inclusive en el caso del perito acostumbrado a obtener sus datos? total

o parcialmente, sobre el terreno. Es en la biblioteca donde deberá buscar literatura relacionada con su disciplina, don-de don-deberá buscar lo que otros han don-descubierto antes que él. Ningún erudito o investigador puede descubrirlo todo de nuevo por sí solo, e inclusive en su propio campo de inves-tigación deberá ser capaz de aprovechar los trabajos ajenos. si es que la ciencia política ha de ser un cuerpo acumulativo de conocimientos comparados en materia de política. Hav otro tipo de contribución académica dentro de las ciencias políticas, que depende de los trabajos de otros eruditos: las obras teóricas complementarias. Se trata de obras que reúnen los descubrimientos realizados por los demás, sacan

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generalizaciones acerca de ellos, les dan orden y significado. Por ejemplo: en The Governmental Process2 David Tru-man recurrió a los escritos de numerosos peritos en política norteamericana, los situó dentro del marco de una teoría de grupo de la política y produjo un análisis sistemático y perspicaz del sistema político norteamericano. La aporta-ción de este autor consistió en proporcionar un marco de referencia organizado y explicativo.

A pesar de seguir dependiendo en tan gran medida de la biblioteca y de los métodos tradicionales, el perito en ciencia política realiza sobre el terreno parte creciente de su labor. Tal vez entreviste a partícipes u observadores del sistema político, para aprovechar así la información directa que pueden proporcionarle; o puede, por ejemplo, interrogar a los funcionarios de un organismo agrícola sobre el método que siguen para decidir sus metas y tácticas polí-ticas. También puede combinar las entrevistas con sus pro-pias observaciones; al estudiar un partido político, acudirá a las sesiones, cónclaves y convenciones, observará sus cam-panas, estará al tanto de las tribulaciones por que pasa para reunir fondos. O bien puede participar activamente en los grupos y procesos que desea estudiar; trabajar como funcio-nario del partido, presentar su candidatura para concejal o trabajar como auxiliar administrativo de algún goberna-dor o congresista. Además, su trabajo sobre el terreno puede abarcar más de una de estas formas, así como combinarlo con la investigación tradicional.

Pero si el objeto de su estudio es el hombre político toma-do individualmente, o pequeños grupos de hombres políti-cos, tal vez su trabajo tenga que ser más sistemático. Cuan-do se entrevista a individuos para obtener datos acerca de ellos mismos, más que acerca de otras personas, es decir,

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cuando se les trata como sujetos y no como informadores, sus labor deberá consistir en entrevistar a todo el m u n d o (por ejemplo, la totalidad del electorado norteamericano; o todos los miembros de tal o cual sindicato), o en abarcar u n a muestra representativa. Entonces, por medio de preguntas cuidadosamente preparadas, el investigador descubrirá los antecedentes del entrevistado y sus características sociales, sus valores políticos, sus actitudes hacia las cuestiones de

carácter público y las decisiones que, en su opinión, adopta-ría en determinadas circunstancias. Estos métodos de mues-treo se h a n empleado muy frecuentemente p a r a a h o n d a r en la conciencia política de los votantes, pero pueden aplicarse también p a r a probar la conciencia política de los niños, los sentimientos nacionalistas de los pueblos que habitan las regiones en proceso de desarrollo o el concepto que de su puesto y de sus responsabilidades tienen los funcionarios gubernamentales.

Los científicos de la política siguen afinando sus métodos de muchas formas. Por ejemplo: se vienen esforzando cada vez más en describir sus datos de manera más precisa. Muchas veces, esto significa limitarse a decir "82.3 por ciento del tiempo", en vez de emplear términos como "ge-neralmente" o "la mayor parte del tiempo". Con frecuen-cia, sin embargo, ello implica la elaboración de complicadas escalas e índices. En segundo lugar, han tratado de refinar las categorías y los conceptos —las unidades de medida— de que se valen para adquirir datos. Los científicos de la polí-tica h a n procurado afinar conceptos tales como el poder, de tal modo que se puedan medir: el problema consiste en determinar el poder de A sobre B en determinada situa-ción. Por último, al proseguir con la compilación de datos, algunos de estos peritos han penetrado en nuevos campos, en busca de información que les sea de utilidad. Los hay que han iniciado experimentos controlados, estudiando, p o r

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ejemplo, los métodos democráticos seguidos por un pequeño grupo en u n a situación estructurada, creada y observada por el científico, p a r a llegar al consenso general. Otros han empezado a valerse de la "simulación": la reconstrucción de situaciones reales en las que ha sido necesario adoptar una decisión. Estudiantes o adultos pueden representar el papel de naciones dentro del sistema internacional, por ejemplo, en la esperanza de que sus reacciones y decisiones dentro de esa situación simulada arrojen alguna luz sobre el comportamiento de las naciones y de los hombres que guían los destinos internacionales.3

En lo futuro deberán quedar resueltos algunos otros pro-blemas relacionados con la compilación de datos. La página impresa y la biblioteca han sido, por tradición^ depositarios de datos y conocimientos p a r a los investigadores. En la biblioteca están asegurados la acumulación, el intercambio y la fácil disponibilidad de información básica. Sin embar-go, es cada vez mayor el volumen de datos relacionados con esta disciplina que no se exponen, publican ni acumulan sistemáticamente. Puede ser que un perito posea informa-ción de los antecedentes de los legisladores de su estado, y que otro cuente con datos relativos a entrevistas celebradas con líderes sindicales indonesios. ¿Cómo, pues, poner estos datos a disposición de otros investigadores? Esforzándose por resolver el problema, el "Survey Research Center", de la Universidad de Michigan, ha fundado u n a especie de cá-mara interuniversitaria de compensación, no sólo para los datos obtenidos en sus propias investigaciones relativas a la totalidad del electorado norteamericano, sino también para otros estudios e informaciones. Ahora, cualquiera de los

in-3 Las posibilidades de estímulo en las ciencias sociales son

explo-radas por Harold Guetzkow y colaboradores en Simulation in

In-ternational Relations: Developments for Research and Teaching

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vestigadores que trabajan en las instituciones miembros de dicha cámara de compensación puede escribir al Centro. y en tarjetas I B M recibirá los principales datos relativos a un estudio realizado cinco años atrás, a tres mil kilómetros. o más, de distancia.

Así} pues, las ciencias políticas abarcan una extensa gama de conocimientos y métodos para la compilación, lo bastante extensa como para alcanzar una serie de particularidades que van desde las actitudes políticas de los trabajadores jubilados hasta la estrategia que rige el empleo de las armas nucleares como medio de disuasión. Y los peritos se perca-tan, en medida creciente, de lo difícil que es obtener tales datos.

Con frecuencia, se trata de información compleja: tan compleja como la justificación razonada de un dirigen-te político. En otras ocasiones, son esquivos o inasequibles: tan inasequibles como los debates de los magistrados de la Corte Suprema. A veces, es imposible controlarlos o repe-tirlos: nadie, por ejemplo, reconstruye unas elecciones ge-nerales celebradas en la Gran Bretaña con objeto de man-tener un factor constante; y frecuentemente los datos están ligados al entusiasmo y a los sentimientos del erudito que los reúne, pues los peritos en ciencia política son hombres conscientes de su época y de la sociedad, y sensibles a sus problemas y situaciones.

A N A L I S I S D E L O S D A T O S

Después de reunidos los datos, se procede a analizarlos. Si la investigación que realiza el científico de la política ha sido bien planeada, habrá formulado las preguntas que se propone plantear, las relaciones que se propone demostrar. No se limita a manosear sus datos sin un propósito definido, sólo para ver qué resulta, aunque es un hecho probado que

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todo perito ha visto surgir relaciones inesperadas en el curso de su trabajo.

Básicamente, la meta que persigue la ciencia política es la exposición de generalizaciones y teorías acerca del com-portamiento político, así como de los sistemas políticos. Dado que hace poco tiempo que empezó a ampliarse su conocimiento de lo político, la ciencia política está todavía formulando sus generalizaciones descriptivas. Quienes prac-tican esta ciencia no saben mucho acerca del manejo de los sistemas políticos de África, o de Asia, o de la América del Sur. Son muy incompletos sus conocimientos acerca de las autoridades norteamericanas. Por ejemplo: con excepción de la Corte Suprema, es muy poco lo que se ha escrito acerca del funcionamiento y papel de los tribunales norte-americanos. La tarea de esta etapa descriptiva es responder a los "cómo", identificar los sistemas y procedimientos que rigen el funcionamiento de los sistemas políticos.

De este intento de generalización descriptiva a la demos-tración de relaciones, hay un trecho brevísimo: el paso del "cómo" al "por qué". T a n pronto como las generalizacio-nes descriptivas empiezan a poner de manifiesto las varia-ciones, buscamos variaciones en otros factores relacionados con aquellos que tenemos en la m a n o . Los peritos perciben la inestabilidad del gabinete en determinados sistemas par-lamentarios, como los de la Tercera y Cuarta Repúblicas en Francia; en otros, observan una estabilidad impresionante: en casi sesenta años no ha ocurrido en la Gran Bretaña la caída de un gabinete por falta de un voto de confianza. Esta diferencia exige u n a explicación: los científicos de la política han observado variaciones paralelas en los sistemas de partidos; el sistema francés de partidos múltiples y el de dos partidos que existe en la Gran Bretaña. Las variaciones concomitantes señalan cierta relación, y la probabilidad de dicha relación se ve acentuada debido a que los

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dores pueden ver el mecanismo causal: las maneras como un sistema multipartidista produce coaliciones inestables en la formación del gabinete; y al percatarse de dicha relación, pasan del análisis del "cómo" relativo al Gobierno de gabi-nete, al correspondiente "por qué".

En su avance hacia estas teorías y generalizaciones, el pe-rito en ciencia política depende en última instancia, como todos los científicos sociales, de algo muy cercano a la intui-ción o "visión". Observa determinados sucesos o acciones, y encuentra que entre ellos hay ciertas relaciones que tienen algo en común. De su observación de hechos concretos de-berá deducir principios generales o relaciones fundamenta-les. No resulta fácil definir los conocimientos y habilidades que debe poseer para percibir conjuntos, pautas y relaciones, pero no están muy lejos de la esencia del talento creador. Sin embargo^ no es un proceso de ideas que se desarrollen den-tro de un vacío intelectual. Los conocimientos ya adquiridos y las investigaciones realizadas con anterioridad proporcio-nan indicios de posibles relaciones. La intuición, la percep-ción de las relaciones, de las causas de la inestabilidad de un gabinete, emergen con fácil lógica del conocimiento del Gobierno de gabinete tanto como del que se tenga de los partidos políticos.

En medida creciente, desde que se iniciara su tendencia de comportamiento, la ciencia política norteamericana se interesa por percibir y expresar estas relaciones de manera más precisa. Por ejemplo: la relación puede expresarse sen-cillamente en un cuadro de cifras de porcentajes:

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En este cuadro apreciamos con claridad meridiana la re-lación existente entre el nivel de los ingresos y el partido preferido por los votantes; y está igualmente claro que dicha relación no existiría si las cifras contenidas en las cuatro porciones del cuadro fueran de 45 a 5 5 % . Sin embargo, existen medidas más exactas que el cuadro de porcentajes para calibrar dicha relación. El coeficiente de correlación nos permite relacionar la variación de un grupo de datos (para seguir con el mismo ejemplo, el ingreso personal en los distintos distritos) con las variantes de otro grupo (el porcentaje de votos bipartidistas obtenidos por cada u n o de los partidos). Este sistema tiene numerosas ventajas sobre el cuadro de porcentajes: puede medir variantes más sutiles y puede valerse de datos precisos en vez de emplear las categorías más generales que se requieren p a r a el cuadro. Además, la relación puede expresarse de manera más exacta mediante una continua que va desde + 1.0 (correlación po-sitiva perfecta), pasando por 0 (correlación inexistente), hasta —1.0 (correlación inversa perfecta). Además de esta medida de correlatividad, el perito en ciencia política puede empezar a medir variaciones que impliquen más de una variable, valiéndose de diversas clases de técnicas de corre-lación múltiple.4

Recientemente se ha introducido en la ciencia política una nueva técnica de análisis: el ajuste de las actitudes según escala, perfeccionado por los socio-psicólogos durante la segunda Guerra Mundial. Los peritos en ciencia política descubrieron su utilidad en las décadas del cincuenta y del 4 Los científicos de la política encuentran de utilidad el

opúscu-lo de V. O. Key sobre medidas estadísticas uniformes, A Primer of

Statistics for Political Scientists (Nueva York: T h e Crowell-Collier

Publishing Co.3 1954). Un excelente y más completo tratado de

las técnicas del análisis estadístico social puede encontrarse en la obra de Hubert Blalock, Social Statistics, que es m i s amplia. (Nue-va York: McGraw-Hill Book Co., 1960.)

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sesenta. Gomo técnica, consiste en un intento de ordenar las actitudes individuales de acuerdo con su intensidad. He aquí un ejemplo que puede ayudarnos a comprenderla: básicamente, el ajuste según escala actúa en el supuesto de que hombres conscientes del contexto y consecuencias de las distintas actitudes reaccionarán de cierta manera a de-terminadas aseveraciones acerca de un tema. T o m a n d o como ejemplo las actitudes hacia los sindicatos obreros, cabría esperar que las respuestas siguieran estos patrones:

1. Todos los sindicatos deberán ser proscritos.

2. Deben proscribirse los sindi-catos de funcionarios públi-cos.

3. Deberían proscribirse deter-minados tipos de huelgas.

Patrón 1 sí sí sí Patrón 2 no si sí Patrón 3 no no sí Patrón 4 no no no

En otras palabras: no se puede esperar que alguien esté de acuerdo con la primera aseveración y en desacuerdo con las siguientes. No cabe esperar respuestas que sigan patro-nes sí-no-no, sí-no-sí, no-sí-no. Si las cuestiopatro-nes relacionadas con determinada actitud pueden ordenarse así (en el ejem-plo anterior, en el orden de 1, 2 y 3) para lograr un patrón escalonado de respuestas como el que vemos en el ejemplo precedente, serán "ajustables". Es decir: pueden ordenarse según el grado de intensidad de las reacciones por ellas producidas.

Los científicos de la política han aplicado esta técnica al análisis de los votos y decisiones de legisladores y jueces, así como a las actitudes de electores y ciudadanos. A fin de

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aplicarla a los legisladores, deberá darse por asentado que sus votos en p r o o en contra de alguna ley constituyen res-puestas negativas o afirmativas a declaraciones destinadas a medir la actitud. Prosiguiendo con el ejemplo anterior, nos ocuparemos de los proyectos de ley (o enmiendas a los pro-yectos de ley que se presentan al Congreso en relación con cuestiones laborales; luego ordenaremos las respuestas de los parlamentarios de acuerdo con cierto número de pro-puestas legislativas. A fin de lograr el patrón ordenado de la escala —en el supuesto de que los renglones pueden ser ajustados a escala—, los renglones de ambos ejes deberán barajarse y ordenarse de nuevo. El resultado final de la es-cala dirá muchas cosas al perito en ciencia política.

Votación de legisladores en relación con proyectos de ley Pro-yecto N92 N ' 6 N91 NM N*8 N95 N93 N*7 Smith sí SI SI SI SI SI sí sí Jones SÍ SI SI SI SI SI SI sí Black n o si si si si si si sí White n o n o n o si si SI SI SI Green n o n o n o n o n o si si si Grey n o n o n o n o n o n o si SI Miller n o n o n o n o n o n o si si

Este análisis ordena las actitudes (proyectos de ley par-tiendo de aquellos que lograron la mayor unanimidad a aquellos en que se llegó al máximo desacuerdo. También ordena a los legisladores de acuerdo con su posición rela-tiva en esta escala de actitudes; dicha ordenación puede servir también p a r a identificar grupos de legisladores que muestran idéntica actitud hacia las distintas cuestiones. D a d o que es muy raro lograr u n a escala perfecta, servirá para

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identificar a aquellos legisladores cuyos votos no encajan

dentro del patrón; luego, el perito podrá examinar las

ra-zones de que sus votos resulten incongruentes. Por último,

la información obtenida con esta escala podrá emplearse en

análisis siguientes. Por ejemplo: se podría relacionar las

diferencias de opinión de los legisladores, patentes en esta

escala, con las diferencias de partido, de los márgenes de

votación con que salieron elegidos o de la composición

de sus distritos.

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Por supuesto, existen muchas otras técnicas y métodos

analíticos a disposición del científico dotado de

imagina-ción. Algunos se valen de datos empíricos; pero, debido a

la tradición filosófica de esta disciplina, hay otros que no

lo hacen así. Por ejemplo: ciertas formas de análisis

filosó-fico someterían las ideas de un hombre o de un movimiento

a las pruebas más duras y rigurosas de su lógica y de su

consecuencia interna. Los estudios realizados en otras

tra-diciones examinarían la verdad fundamental de las

mani-festaciones relativas a su ética y su valor, mediante la

inves-tigación racional de los principios "naturales" y justos,

inherentes a la naturaleza del hombre racional y de una

sociedad correctamente ordenada. Otros, en cambio,

exa-minarían el significado y los usos del lenguaje. Y todavía

otros considerarían la eficacia de los medios empleados para

lograr los fines deseados, o las consecuencias prácticas de

perseguir la meta "A" en vez de la meta "B".

Sin embargo, la ciencia política sigue interesándose, en

alto grado, en el descubrimiento de relaciones entre los

datos empíricos reunidos. Y además del descubrimiento de

5 El uso reciente del análisis en escala en la ciencia política

nor-teamericana está ampliamente ilustrado en Dimensions of

Congres-sional Voting, de Duncan McRae (Berkeley: University of

Cali-fornia Press, 1958), y en Quantitative Analysis of Judicial

Beha-vior9 de Glendon Schubert (Nueva York: Free Press of Glencoe,

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tales relaciones, se preocupa por los problemas de causa y efecto. Como casi todos los sociólogos, los peritos en ciencia política se muestran un tanto reacios a introducirse en el territorio de la causalidad. Su vocabulario abunda en pala-bras que soslayan la cuestión de las causas; términos tales como factores, determinantes, influencias, fuerzas, nos su-gieren la causa, si bien eluden la responsabilidad de iden-tificarla. Sin embargo, el erudito sabe que una relación persistente no es necesariamente de naturaleza causal. Se puede demostrar que en el electorado norteamericano hay una relación entre la terminación de los estudios superiores y la preferencia por el partido republicano, pero no es probable que la formación universitaria sea lo que impulsa a gran número de ciudadanos a votar por dicho partido. Probablemente la explicación esté en la situación económica y social, relativamente elevada, que ocupan tanto las per-sonas cultas como los republicanos. A decir verdad, la re-lación entre dos variedades, cualesquiera que sean, puede tener tres explicaciones: la relación puede ser puramente casual; u n a puede ser causa de la otra, en todo o en p a r t e ; o bien pueden existir causas externas que produzcan la rela-ción entre ambas. La tarea más ardua que tiene ante sí el perito es la de dar con la explicación adecuada.

Si bien en su mayor parte, al menos implícitamente, el análisis de las ciencias sociales busca las causas, reciente-mente se ha popularizado otro tipo de análisis: el funcional, que es otra adaptación de los métodos de la sociología. El funcionalismo presupone la unidad del sistema político como un conjunto de instituciones y procesos en movimien-to, que contribuye al bienestar y al funcionamiento del sis-tema. Si los componentes —ciertas instituciones y ciertos procesos políticos —perturban ese funcionamiento en mar-cha, ese movimiento del sistema, se les considera "disfun-cionales". Por consiguiente, las preguntas que uno se plantea

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en el análisis funcional son de funcionamiento más que de causa. ¿ Q u é es lo que determinada parte del sistema aporta al bienestar del conjunto? Dado que la Cámara de los Lores no hace lo que hacía cien años atrás, ¿cuál es su actual función dentro del sistema político británico? ¿ R e a -lizan los partidos políticos las mismas funciones en los siste-mas de uno, dos o múltiples partidos? Si solamente existe un partido político viable, ¿desempeñan otros organismos o instituciones la función de expresar opiniones contrarias y presentar posibles alternativas a la política a seguir? Bási-camente, el instrumento del análisis funcional permite al perito partir de la función p a r a identificar a la entidad que la realiza, o bien partir de la entidad para identificar la función o funciones que realiza.6

E S T R A T E G I A D E L A I N V E S T I G A C I Ó N Tras de todo cuadro de investigación erudita existe una estrategia, un plan maestro que expone el problema y deli-nea las maneras de ordenar las pruebas. En primer lugar. el plan o proyecto define el alcance y los límites del estudio; deslinda una porción de terreno dentro del vasto ámbito de la política. Asimismo, localiza aquella parte del sistema político que proporciona convenientemente los datos que el perito necesita; porque, al igual que el astrónomo, tiene que recurrir, por necesidad, a la información disponible en el m u n d o real: no puede crear un ambiente de laboratorio. Al trazar la estrategia de su investigación, los científicos de la política han desarrollado ciertas categorías o clases ce 6 Un libro reciente, que alcanzó gran influencia y que emplea el análisis funcional, particularmente en su estructura analítica intro-ductoria, es The Politics of the Developing Áreas, de Gabriel Al-mond y James S. Coleman (Princeton, N. J.: Princeton Univer-sity Press, 1960).

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métodos p a r a atacar los problemas a que se enfrentan. Los cuatro que mencionan con mayor frecuencia son el histó-rico, el comparativo, el covariable y el monográfico. Por desgracia, no hay unanimidad entre los miembros de la profesión acerca del significado exacto de estas categorías; pero a pesar de la imprecisión del significado, a pesar de la imbricación entre estas categorías, a pesar del hecho de que existen otras tácticas p a r a tratar los problemas presentes en la ciencia política, sirven para ejemplificar los planes de investigación empleados por los peritos en la materia. Será útil e ilustrativo estudiarlos, siempre que se tengan presentes sus limitaciones.

Estudios históricos

Cuando hablan del método histórico, casi todos los cientí-ficos de la política se refieren a algo más que al estudio de lo pasado o al empleo de datos no contemporáneos. Se refieren a estudios relativos a determinado período, y or-ganizados según su secuencia. Así, pues, por estudios histó-ricos entendemos aquellos que organizan cronológicamente los datos, las descripciones o el análisis.

Tradicionalmente, los estudios históricos alcanzan su máximo valor, dentro de las ciencias políticas, en aquellos campos relacionados con el desarrollo de circunstancias y acontecimientos en el transcurso del tiempo. Gran parte del estudio del pensamiento filosófico de Occidente se ha reali-zado por medio de u n a estructura histórica: preferencia que refleja el supuesto de que las grandes ideas evolucionan hasta transformarse en otras que recurren al pasado intelec-tual, que reflejan los cambios ocurridos en la sociedad, y que la historia de las ideas políticas se distingue por su continuidad a lo largo del tiempo. Por tanto, quienes estu-dian las ideas señalan la influencia de Locke sobre los

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dadores de Estados Unidos; el desarrollo del derecho natu-ral, desde los estoicos hasta los modernos Padres de la Iglesia; la interpretación que M a r x hizo de la dialéctica hegeliana y de las doctrinas de los utilitaristas. De igual modo, las sendas de la Historia permiten seguir la pista al desarrollo de las doctrinas jurídicas. Pueden mostrar el des-envolvimiento del derecho internacional en materia de gue-rra, conforme va respondiendo a la aparición y perfecciona-miento de las armas modernas y de nuevos medios de destrucción.

No obstante, a medida que la ciencia política se ha ido acercando a u n a más estrecha alianza con las ciencias de la conducta, los estudios históricos h a n ido perdiendo la po-pularidad de que antes gozaban, lo que se debe, en parte, a que, extraoficialmente, se declaró independiente de la Historia; cada vez es menor el número de peritos en ciencia política (y, ciertamente, de historiadores) que la conciben como una disciplina que estudia la Historia contemporánea. Sin embargo, hay razones mucho más profundas. El siste-ma histórico sólo produce un análisis evolucionista; es decir: sólo puede proporcionar explicaciones y análisis en términos de secuencias temporales. Hay ocasiones en que semejante análisis es necesario y adecuado, pero frecuente-mente no lo es. Y cuando se emplea para realizar u n a es-pecie de análisis en proyección —"predicción"—, los peritos en ciencia política se muestran cada vez más desconfiados y precavidos. Ya no se sienten tan dispuestos a hacer predicciones electorales a base de datos históricos; prefieren hacerlas mediante el empleo de muestras estadísticas de población para conocer las preferencias políticas de los individuos.7

7 Los estudios históricos en ciencia política norteamericana tie-nen su ejemplo típico en la obra de Cari B. Swisher, American

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El estudio monográfico

El término estudio monográfico (estudio sociológico sobre individuos o grupos) se aplica al examen de determinadas unidades políticas. La unidad puede consistir en un solo hecho con todas sus ramificaciones (por ejemplo: las elec-ciones de 1964 en la Gran Bretaña) ; en u n a organización política (la Asociación Médica Norteamericana, o algún partido político l o c a l ) ; en u n a institución gubernamental (un comité u organismo de las Naciones Unidas, o de algún suburbio de la localidad), o en u n a decisión única (la apro-bación de un proyecto de ley por el Senado, o u n a causa juzgada por la Corte S u p r e m a ) . Además, el trabajo será necesariamente completo, hasta donde sea posible, y no selectivo; se ocupará de la unidad como un todo, en vez de abarcar ciertas partes de un número de casos semejantes. Por ejemplo: si versara sobre determinado comité del Con-greso, estudiará todas sus actividades y relaciones en vez de ocuparse de determinados aspectos (el funcionamiento del sistema de antigüedad, pongamos por caso) de los comi-tés en general.

Son muchos los atractivos del estudio monográfico. De-bido a que abarca la unidad completa, tiene el color y el interés intrínseco del periodismo político de calidad. Por ello, y por su capacidad para reproducir las realidades del proceso político, el estudio monográfico es muy popular como medio de enseñanza. En la preparación de su trabajo, el estudiante se sienta al lado del senador, del juez, del Pre-sidente o del embajador, adoptando de nuevo su decisión. Además, el estudio monográfico ofrece material descriptivo

1954) y en The Growth of Political Thought in the West, de Charles H. Mcllwain (Nueva York: T h e Macmillan Company,

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que sugiere las relaciones necesarias p a r a un análisis exacto. Señala el camino p a r a la realización de estudios más precisos en sus proposiciones teóricas, y para la com-probación de las mismas. Así, pues, encontramos en la ciencia política u n a serie de temas que pasan por la "etapa del estudio monográfico", y que suelen ser seguidos por estudios comparativos, teóricos y covariables.

Sin embargo, las ventajas del estudio monográfico cons-tituyen, al mismo tiempo, sus desventajas. Puesto qu-ocupa de u n a sola unidad, es imposible hacer generaliza-ciones, las que sólo son posibles si se cuenta con cierto número de monografías semejantes; y, por desgracia, los eruditos poseen un decepcionante individualismo que los impulsa a no tomar de modelo estudios realizados con

anterioridad. Además, aunque los detalles descriptivos re-sulten siempre fascinantes, el estudio monográfico es limita-do, precisamente debido a su carácter descriptivo. El estudio de un solo litigio ante los tribunales (con detalles acerca de las partes, hechos que motivaron el pleito, los abogados, las pruebas en el juicio, los informes o alegatos ante los tribu-nales de apelación y las consecuencias de la sentencia) pue-de enseñarnos mucho acerca pue-del funcionamiento pue-del sistema judicial en un caso determinado. Sin embargo, no nos permitirá sacar generalizaciones acerca del procedimiento judicial en un considerable número de causas; y mu-cho menos nos permitirá colegir las razones que los tri-bunales tienen para actuar y decidir de la manera como lo hacen.8

8 Dos conocidos y excelentes estudios monograficos, son: de

Stephen K. Bailey, Congress Makes a Lavo (Nueva York: Colum-bia University Press, 1950), y The Political Process and Foreign

Policy: The Making of the japonese Peace Settlement, de Bernard

C. Cohen (Princeton, New Jersey. Princeton University Press, 1957).

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Estudios comparativos

Hubo un tiempo, durante el desarrollo de la ciencia po-lítica en Norteamérica, en que los estudios comparativos eran poco más que descripciones de los gobiernos extran-jeros. Eran "comparativos" apenas en el sentido de u n a comparación implícita con el sistema político norteameri-cano. Pero las cosas han cambiado. En la actualidad, los científicos de la política comparan instituciones, tales como partidos políticos y legislaturas; procesos, como los de socia-lización o de solución de conflictos; e inclusive sistemas políticos en su totalidad. Además, los estudios comparativos difieren en cuanto a su alcance. Los hay que extienden su comparación hasta más allá de las fronteras nacionales, e inclusive trascienden las fronteras culturales; otros, como un reciente estudio del proceso legislativo de cuatro esta-dos de la Unión, son de carácter estrictamente nacional.

La agrupación de estudios comparativos demuestra de muchas maneras nuestra incapacidad para controlar las variables políticas. Teniendo a m a n o un sistema político estable, con un elevado nivel de vida, el perito en ciencia política no puede crear otro en el que millones de seres vivan en la miseria. Es indispensable buscar otro sistema político que acuse u n a estabilidad semejante y un nivel de vida distinto. Así, pues, para establecer u n a comparación, busca semejanzas en aquellas variables que desea mantener constantes, y diferencias en aquellas en que busca variación. Cuanto mayor sea la semejanza entre los sistemas políticos —considerados total o parcialmente— que está comparan-do, mayor será el número de variables que logre mantener constantes, si bien ello disminuirá el de las generalizaciones que puede hacer. Conforme esa similitud disminuya —si toma, por ejemplo, los sistemas occidentales y los no

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dentales—, mayores serán las posibilidades de un margen más grande de diferencia y de u n a gama más amplia de posibles explicaciones; pero también correrá el riesgo de que las variables no identificadas por su estudio sean en reali-dad las que más contribuyan a las semejanzas y diferencias encontradas.

Sea cual sea la extensión de sus trabajos, quienes los rea-lizan son, por muchos conceptos, los nuevos teóricos de la ciencia política. Ellos han liberado la ciencia política nor-teamericana de su limitada y exclusiva preocupación por los gobiernos y sistemas políticos de Occidente; tratan de encontrar generalizaciones que abarquen todos los sistemas políticos, sin preocuparse por las fronteras nacionales y cul-turales; buscan patrones generales de política que trascien-dan los límites del tiempo y el espacio, y tratan de hallar elementos comunes a todos los sistemas políticos, así como los que varían con la cultura y la experiencia. Los inves-tigadores que se limitan al estudio de uno o varios gobier-nos occidentales se ocupan de sistemas políticos construidos sobre culturas y sociedades relativamente parecidas; pero quienes van más allá y se interesan por los sistemas no occidentales, pueden llegar con mayor facilidad a ciertos factores sociales fundamentales que se encuentran en el sis-tema político y sus variantes: el clan, la familia, la estruc-tura social básica y la naestruc-turaleza de la economía. La inclu-sión —en el método comparativo— de los sistemas políticos primitivos y de aquellos en proceso de desarrollo, es a las ciencias políticas lo que un nuevo y poderoso telescopio a la astronomía: amplía el alcance y el campo de la inves-tigación.9

9 John Wahlke, Heinz Eulau, "William Buchanan y LeRoy

Fer-guson, en The Legislative System (Nueva York: John Wiley & Sons, Inc., 1962), han comparado el proceso legislativo y el papel de los cuerpos legislativos en cuatro estados de la U n i ó n ; The

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Análisis co-variable

Si bien este término se emplea menos que los otros en la ciencia política, los peritos en la materia suelen pensar en u n a especie de estrategia de la investigación que tenga como centro la relación entre un corto número de variables dentro de un solo sistema político. Su literatura abunda en estudios que demuestran la relación entre los distintos tipos de gobierno local y las características de las ciudades en que tienen su asiento; entre las características de perso-nalidad y las actitudes políticas de los norteamericanos adultos; entre las tensiones socio-económicas y la incidencia de actos delictuosos en el país.

En estudios de este tipo, el trabajo del científico de la política se caracteriza por su seguridad teórica. Da por asentada la existencia de una relación probable y reúne sus datos de acuerdo con ese supuesto. En este caso, los límites del estudio no dependen del tiempo ni de los hechos ni de las instituciones, sino de variables dependientes e indepen-dientes; en otras palabras: de lo que el investigador espere encontrar. Tiene un presentimiento bastante firme de lo que hallará; por tanto, la estrategia de su investigación está dirigida hacia este objeto. De todos estos métodos de investigación, es el que más se aproxima a los tradicionales lineamentos del método científico. D a d o que sólo resulta posible en u n a disciplina bastante segura de su hipótesis, su aparición en la ciencia política es muy reciente; tanto, Civic Culture, de Gabriel Almond y Sidney Verba (Princeton

University Press, 1963), cruza las fronteras tanto nacionales como culturales, para estudiar la cultura política de México, Italia, Alemania, la Gran Bretaña y Estados Unidos. Finalmente, citare-mos Four Cities: A Study in Comparative Policy Making, de Oli-ver P. Williams y Charles R. Adrián (Filadelfia: UniOli-versity of Pennsylvania Press, 1963).

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que apenas empieza a cosechar sus primeras proposiciones teóricas.

A no ser q u e combinemos este método con el compara-tivo, quedará limitado a un solo sistema político, y sus ha-llazgos sólo podrán ser validados por otros estudios relati-vos a otros sistemas políticos. T a l es su mayor problema. O t r o problema lo constituye el compromiso que se adquiere al trazar el esquema básico: el jugarse todo, por adelan-tado, a la carta de un limitado campo de investigación. Si, contra lo esperado, la relación o causa no existe entre las supuestas o proyectadas, entonces no podrá decirse sino que las causas A, B, C y D no explican las F y G, con las que no tienen relación. C u a n d o se apunta a determinado blanco teórico, no puede correrse el riesgo de fallar el tiro. Es necesario estar seguro, en la medida de lo posible, de que nuestra puntería es buena.1 0

Tales son, pues, los conocimientos, los métodos y los compromisos de la ciencia política norteamericana. Los dos siguientes capítulos describen, de m a n e r a concisa, lo que con ello se ha logrado.

10 Estas obras, en todas sus variantes, pueden ser sugeridas por

Karl Deutsch en Nationalism and Social Communication (Cam-bridge, Mass: T h e M. I. T. Press, 1953) y por Julius Turner en

Party and Constituency (Baltimore: Johns Hopkins University

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