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El problema de la plantación boscosa en la República Argentina: elección de esencias

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A C A D E M I A N A C I O N A L D E A G R O N O M I A Y V E T E R I N A R I A

El Problem a de la Plantación Boscosa

e n la

R e p ú b l i c a A r g e n t i n a

E lección de E sencias

P O R

P H I L I B E R T

G U I N I E R

C o rr e s p o n d ie n te d el In s tit u t o

y M ie m b r o de la A c a d e m ia N a c io n a l de A g r ic u lt u r a

de F ra n cia . D ir e c t o r de la E s c u e la

N a c io n a l de A g u a s y B o sq u e s de N a n c y

iïll

3

B U E N O S A IR E S

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A cad em ia N acional de A gron om ía

y V eterinaria.

Presidente... D r. Leopoldo G iusti

V ice-Presidente.. . . In g . A g r . E m ilio A . Coni

Secretario general. .

.

In g . A g r . A le ja n d ro B otto

Secretario de actas.

.

D r. D aniel In chau sti

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E L P R O B L E M A D E L A P L A N T A C IO N B O SC O SA E N L A R E ­

P U B L IC A A R G E N T IN A : E L E C C IO N D E E S E N C IA S

C om unicación leída en la Sesión del 12 de Ju n io de 1939.

T r a d u c c ió n y le ctu r a a c a r g o d e l S e c r e ta r io G e n e r a l d e la A c a d e m i a ,

In g . A g r . A le ja n d r o Botto

Una m edida que será cada vez más necesaria para la prospe­ ridad de la R epú blica A rgentina, es la de la plantación de árbo- le s : 110 solamente le es indispensable a ésta m antener y com pletar

las forestaciones existentes, sinó que tendrá que crear nuevos m a­ cizos forestales.

E sta m edida le es necesaria p o r m últiples razones. E s in dis­ pensable, en prim er lugar, por que debe p rod u cir m ayor cantidad de maderas, desde que su consumo aumentará con la población y con las actividades económicas que sobrevendrán.

Adem ás, la creación de nuevos núcleos forestales será sum a­ mente útil, en razón del efecto m origerador que producen éstos sobre los climas locales y sobre el régim en de las aguas. E n las lla­ nuras extensas expuestas a los vientos, pequeños islotes arbolados son indispensables para asegu rar el bienestar de los hom bres y com o resguardo de los anim ales: — es una condición de progreso en la crianza del ga nad o— . Sobre los fla n cos desnudos de todas las r e g io ­ nes de los A ndes, en los lechos de los ríos obstruidos p o r el casqui­ jo , la instalación de árboles puede detener la erosión y regularizar el curso de las aguas.

E n los ambientes tan variados de la A rgentina, ba jo los d i­ versos clim as, el problem a de la plantación a rb orícola es com p le ­ jo. Se tiene que encarar, ya la creación de macizos forestales en terrenos naturalm ente despoblados, ya la instalación de árboles nuevos en superficies más o menos ocupadas p or poblaciones bos­ cosas antiguas.

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rescente, los A n d es secos del N orte y la depresión sub-andina, don­ de la vegetación foresta l natu ral es nula o m uy insuficien te.

P e ro las plantacion es artificiales pueden ser útiles aún cuan­ d o naturalm ente el suelo y a está cubierto de árboles, pues la foresta, tal com o esté constituida, puede resultar insuficientem ente p rod u c

t i v a : un ejem plo nos lo p rop orcion a n las poblaciones del D elta del P aran á, d on d e los n ú cleos de “ C e ib o ” (E ry th rin a crista -g a llis), han sido ventajosam ente reem plazados p o r plantaciones de A la ­ tli os y Sauces.

P ero aun en los bosques densos com o los que se encuentran en en los te rrito rio s de M isiones y C ha co, o en lo s A n d es m eridionales, se pu ede tener v e n ta ja en m o d ifica r la com p osición d e sus nú cleos, con la in tr o d u cc ió n a r tific ia l de especies nu evas, y p a ra p e rp e ­ tuar d ich os bosques, es n ecesario, algu n as veces, no con ta r ú n ica ­ m ente co n la natu ra leza.

E n cada ca so p a rticu la r, la cu estión que se plan tea, es la de eleg ir las especies a p ro p a g a r.

G racias a los datos p rop orcion a d os p o r la G eografía botánica y la G en ética, ram as de la cien cia cu y o d esa rrollo es reciente, y gracias tam bién, a la experien cia adqu irida p o r los expertos foresta les d e los d iv ersos países d el g lo b o , h o y es p osib le dar

a estos p rop ósitos p rin cip io s generales y form u la r m étodos. E n S ilv icu ltu ra cu a n d o nos re fe rim o s a los árboles, inm e­ diatam ente a p arecen a nu estra m ente dos ca teg oría s de éstos: las

e & e n c ia s i n d í g e n a s , que crecen en el p ro p io país, y las e s e n c ia s

e x ó t i c a s , origin arias de países más o m enos alejados.

L a u tiliz a ció n de las esencias d el país, para la p lan tació n , aparece a p riori, com o una solu ción sim ple y s e g u r a : se tendrá com o v e n ta ja la a d a p ta ció n de especies con ven ien tes al clim a de la reg ión , y la o b s e rv a ció n sobre el terren o, p erm itirá , có m o d a ­ m ente, c o n o c e r las 'con d icion es d el suelo que éstas exig en . Se p o d rá así aum entar la su p erficie boscosa, plantan do esencias locales sobre los terrenos don de la foresta ha sido d e stru id a . P o r tales p la n ta cion es, ig u alm en te, se asegu ra la p erp etu id a d de los b osq u es som etid os a e x p lo ta ció n y se aum enta la p rod u cti- v id a d de los m ismos. E n S ilvicu ltura se trata de obtener la r e p i ' o

-d u c c i ó n n a t w r a l , p o r el solo ju e g o de las fuerzas naturales, orien­

tad o p o r la acción h u m an a; se está seguro de obtener así, con el m ínim u n de gastos, una selva próspera y bien adaptad a a las con ­ diciones naturales.

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a r t i f i c i a l , que perm ite ganar tiempo y asegurar el predom in io de esencias p a rticu larm en te útiles. L a p ro d u ctiv id a d de lo s b o s­ ques del Chaco, sometida a una explota ción que hace peligrar su existencia, p od ría ser m an ten ida con p lan tacion es de “ Q ue­ brach o c o lo r a d o ” , realizadas p o r la m ano d el hom bre.

E n los bosques sub-tropicales húmedos, donde se m ezclan una gran variedad de esencias, entre las cuales un pequeño núm ero tiene un real va lor económ ico, el e n r i q u e c i m i e n t o de ios núcleos p or plantaciones de esas esencias, es un m étodo experim entado con éxito en diversos países (A fr ic a occid en tal fran cesa, Indias

n eerla n d esa s). L os bosques de M isiones pod rían ser m ucho más prod uctivos y más regularizada su p rod u cción , si se plantaran “ C ed ro” y algunas otras especies lo cales valiosas.

E s posible, p o r otra pa rte, cu ltiva r una especie, un p o co fu era del área que ella ocu p a natu ralm ente — desterrarla a otras tierras, com o se diría v u lg arm en te — , p ero a con d ición que el c li­ ma del nu evo sitio, no sea m uy d iferen te al de los lugares de o r i­ gen de dicha especie. La T i p a (T ip u an a T ip u ), el ja caran dá (J a - caranda acu tifolia ), que crecen en los bosques de Tucum án y Sal­ ta, prosperan en B uenos A ires, d on d e se les utiliza para ornam en ­ tar las avenidas y los parques. E l P i n o (A ra u ca ria a n g u s tifo lia ), que al estado natural, 110 crece sino en el norte del T erritorio de

Misiones, puede prosperar más al su d ; en las inm ediaciones de la E stación E xperim ental de Loreto, algu nos pies v ie jo s, plantad os por los jesuítas en el siglo X V I I I , han dado numerosos descendien­ tes que se han desarrollado en la foresta del lu g a r. E s una prueba del p a rtid o que se puede sacar de este árbol, que p ro d u ce una m a­ dera interesante, pa ra enriquecer el b o s q u e ; este hech o es tam bién un eje m p lo de que una especie in trod u cid a artificia lm en te, pu ed e instalarse con carácter defin itivo en una foresta y reproducirse naturalm ente; — es lo que se llama una s u b s t i t u c i ó n d e e s e n c i a s .

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E ste recu rrim ien to a las esencias exóticas, es necesario. P or lo general las esencias indígenas no proveen en la cantidad nece­ saria, con el v a lo r in d u stria l que se requiere y con la rap id ez que se exig e, la m adera que el co m e rcio y la e v o lu ció n del país re cla ­ ma. Eiii cam bio, ciertas esencias e x ó tica s pu eden p r o p o r c io n a r m aderas del m e jo r tip o y del más alto v a lo r com ercia l, la m a yoi p a rte de las veces, en p o c o s años.

P o r otra pa rte, la flo r a de un país no co m p re n d e siem pre a especies capaces de crecer en ciertas condicion es de clim a o en determ in ad os s u e lo s ; de ahí la ex istencia de region es o lu gares n a­ turalm ente desprovistos de árboles. E stos hechos se e x p lica n : no es p osib le que existan en un p u n to dado d el g lob o, todas las espe­ cies que, desde el p u n to de vista del clim a y d el suelo pu edan prosperar;. F en óm en os g e o ló g ic o s a con tecid os en el decu rso de p e ­ r ío d o s an teriores, circu n sta n cia s g e o g rá fica s, etc., han lim itad o y lim itan la exten sión n a tu ra l de las especies. Se ha e x p lica d o , p or ejem p lo, p o r qué la flo r a de la E u ro p a sep ten trion a l es p o b re en esencias, m ien tras que en ig u a ld a d de con d icion es y de clim as, la A m érica del N orte posee una gran varied ad de tipos.

A este respecto la A rg en tin a se destaca p or la pobreza rela­ tiva, y, sobre todo, p o r la fa lta de especialización de su flo ra fo re sta l. Se sabe que en las regiones australes el desarrollo ds la flo r a se ha h ech o a tra vés de los p e río d o s g e o ló g ico s, en c o n d i­ cion es p a rticu lares. T ip os especiales com o las “ A ra u ca ria s” y “ N o th o fa g u s ” , se lian d e sa rro lla d o y m antenido, p ero los géneros variados que con stitu yen la riqueza de los bosques de las regiones tem p la das y su b -trop ica les d el h em isferio n orte, tales com o los

P i n o s y Q u e r c u s , n o han p od id o desarrollarse.

Si existen en la A rgen tin a regiones despobladas de árboles, se debe pensar que ello no es p orq u e el clim a o suelo hagan im posi­ ble la vegetación fo r e s ta l; es p orqu e no se encuentran natural­ mente especies capaces de crecer en esos lu gares. L a flo ra es insu­ ficien te para asegurar la foresta ción del p a ís. E s a otros países con flo ra s más v a ria d as que h a y que ir a b u sca r esencias pa ra la form a ción de bosques. E sto y a se ha com enzado a hacer desde h a ce m ucho tiem p o, p e ro la tarea deb e p roseg u irse em peñosam en­ te, y, sob re to d o , d ebe ser c o n d u cid a m etód ica m en te, en base a los p rin cip io s técn icos esta b lecid os y a las exp erien cias realizadas.

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región de orig en y en el de la nu eva estación o lu g a r d on de se le instale. Esta sim ilitud, con ciern e esencialm ente al clim a y al suelo. E l con ocim ien to ad q u irid o gracia s a la g e o g ra fía botán ica, del c li­ ma y de la v e g e ta ció n de los d iversos lugares, los datos cad a vez

más precisos que la ecología nos p rop orcion a sobre la v id a de los vegetales, p erm iten p re v e r la p osib ilid a d del cu ltiv o de una especie determ in ada. P ero p o r más gran de que sean las an alogía s d el c li­ ma y del suelo, éstas no llegan nu nca a la id en tid ad. O tros fa cto re s intervien en, además, pod erosam ente en la v id a de las p la n ta s; la co-e xisten cia en el país d on d e se les in trodu cen , de seres viv ien tes que le« son más o m enos p erju d icia les. A nim ales que les atacan •— (langostas y horm ig as son en la A rg e n tin a m uy con ocid a s a este resp ecto) — h on gos p a rá sito s; etc., pu eden com p rom eter su desa­ rrollo : la “ r o y a ” que enconadam ente ataca a los A la m os del D elta, es un eje m p lo .

Sin em bargo, las diversas esencia« son más o m enos capa ces de sop orta r m o d ifica cion es de clim a o de s u e lo ; están dotad as de una cierta plasticidad,. L o m ism o a con tece en lo que r;e re fie re a los ataques de sus enemigos animales o vegetales. P ero estos son hechos que no se pu eden p rev er con e x a c t it u d ; sólo la e x p erien ­ cia pu ede dar in dicacion es.

Tam bién para la elección de las esencias a plantar, se pu ede orientar utilizando los p rin cip ios de la g e o g ra fía botá n ica y de la e c o lo g ía ; la experim entación , no obstante, es indispensable, y de ella depende la u tilización p ráctica de las esencias exóticas.

D esde hace m ucho tiem po se han em pleado en la A rg en tin a esencias exóticas. E n las pam pas el “ P a ra íso” (M elia azed era ch ), los E ucaliptus, las Casuarinas, e tc ., prod ucen madera, abrigan a los animales, p roteg en del v ie n t o ; fa cilita n la h a bitació n y la cría del ganado. E n esos pa isajes naturalm ente despob la d os, estos á rb o­ les han sentado plaza y se han hecho indispensables. P ero aun que­ da m ucho p or hacer. P ara cada reg ión de la A rgen tin a , b a jo los clim as que se escalon an desde el su b trop ical al tem p la d o frío , con grados de hum edad variable, debe existir en alguna pa rte del glob o esencias susceptibles de prosperar, de form ar forestas y de da r p ro ­ ductos.

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Eil p rob lem a es segu ram en te árdu o para las p lanicies secas, fría s y ventosas de la P a ta g on ia , p ero no es un asunto que no p u e­ da tener solu ció n .

P ara los terrenos de naturaleza p articular, desguarnecidos orig in aria m en te de árboles o .p o b la d o s de esencias p o co in teresan­ tes, la p la n ta ción p o r esencias e x ó tica s se im pon e tam bién. E n los

terren os hú m ed os d el D e lta d el P araná, los A lam os han dado herm oso r e s u lta d o ; sin em b a rg o los isleños se in qu ieta n p or los dañ os que les cau san la “ R o y a ” . E s interesan te saber, a este res­

pecto, que el “ C iprés c a lv o ” (T a x od iu m distich u m ), de los p an­ tanos del sub-este de lo s E sta d os U n id os, p u ed e p ro sp e ra r y dar rápidam en te m u y bu ena m adera — la e x p erien cia lo ha p rob a d o.

S obre los rib a zos desn udos de lo s ríos que d esciend en de los A n d es, los A la m os, los Sauces y los A liso s (A ln u s ) eu ropeos, p o ­ drían ser u tiliza d os y, com o en E u r o p a m eridion al, gu arn ecer los suelos.

P ara f i ja r las arenas de las dunas, no le jo s d el m ar, el P in o m arítim o (P in o p in a ste r), que ha hecho sus pruebas en Francia, lia sido cu ltiv a d o con resultados en la A rgen tin a .

E l p ro b le m a de la p la n ta ció n de los suelos alcalin os, im p re g ­ n a dos de sales salu bles, ha sid o a b o rd a d o co n éx ito en H u n gría , y algu n os ensayos p o d ría n in icia rse aquí, in spirán dose en los resu ltad os o b te n id o ^

N o es suficiente elegir una esencia, un a especie de á rb o l: en una m ism a esp ecie se a g ru p a n m ú ltip le s razas. E sta idea, fa m i­ liar a los a g ricu lto re s p a ra qu ienes no escapan las d iferen cia s que

p r o p o r c io n a n los d iv ersos tip os de plantas cu ltiv a d as, ha sido p or m u ch o tie m p o d escu id a d a pa ra los árboles.

Sin em b a rgo, desde hace algu n os años se acepta en re co n o ­ cer que de la e le cció n de la raza, d ep en d e el resu ltad o de las p la n ­ taciones y que, de las d iferen tes razas, se exp lican los resultados con tra d ic to r io s que se con sta ta m uchas veces.

E sas d iferen tes razas se m an ifiestan , p o r otra pa rte, de d i­ feren tes m aneras. A lg u n a s veces, dich as razas se d istin guen p o r la fo r m a d el ta llo o p o r la ra p id éz d el c r e c im ie n to : pa ra p ro d u cir m adera n o es lo m ism o el c u ltiv o de árboles con tro n co más o m e­ nos c o r to y to rtu o so , qu e árboles de tro n co d erech o y eleva do. Se

ha estu d ia d o en E u ro p a , a estos p rop ósitos, las variacion es del P in o S ilv estre (P in u s S y lv e s tr is ).

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(P in u s P in a ster; la raza de las Landas, que crece en las llanuras del sudeste de F ra n cia , es de fo rm a m enos v e n ta jo sa pa ra la p r o ­

ducción de m adera que la raza que crece en los bordes del M edite­ rráneo : — en los alrededores de M ontevideo, al borde del m ar, Be pueden ver los dos tipos.

Otras diferencias existen generalm ente entre las razas, y éstas no solamente se m anifiestan sobre los caracteres exteriores, sino que sobre las particularidades fisiológicas. Se ha establecido que, p a ­ ra una misma especie, existen razas más resistentes al f r í o ; otras menos sensibles a la s e c a ; algunas pueden o frecer más resistencia al ataque de los hongos parásitos o al de los insectos.

Son estos hechos de gran im portancia, que se aplican al caso pa rticula r de los árboles, pero son m uy conocidos p or los ag ricu l­ tores.

Pai'a la elección de razas, por otra parte, más que para el de las especies, sólo la experim entación puede p rop orcion a r indicaciones precisas.

Al lado de las especies, existen h íb rid os; se sabe la im porta n­ cia que las form as híbridas han adqu irido en horticu ltura y en agricultura. Estas pueden tener idéntico interés para los árboles, m otivado ese interés p or la feliz com binación de ciertos caracteres de las especies padres, y, a causa también, de un m ayor v ig or que el habitual.

E l ejem plo más notable de utilización de híbridos para una plantación, lo proporcion an los A la m os; los tipos más variados que se utilizan en E u rop a para la p rod u cció n rápida de la madera, son los híbridos de “ Popu lu s n ig r a ” , europeo y el “ Pópu lu s d eltoid e” , de A m érica del Norte. L o m ism o pasa con los “ P lá ta n o s” (Platanus a cerifolia ), generalmente cultivado, es un híbrid o de “ Platanus orientalis” del oriente de E u rop a y de “ Platanus occidentalis” de los Estados U nidos de A m érica.

Estos híbridos se han desarrollado espontáneamente en la p ro­ xim idad de las especies padres. P ero, com o se hace en agricultu ra y ramas afines, se pueden p rod u cir hibridaciones de tipos nuevos de árboles, com binando ciertos caracteres útiles de los padres. E l método ha sido ya aplicado y puede ser el origen de tipos m uy in ­ teresantes de esencias para plantaciones.

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basada en p rin cip ios científicos, pero, necesariam ente debe ap oyar­ se en la experim entación.

L a determ inación de la esencia a plan tar en un lu gar dado, surgirá del conocim iento de las condiciones del lu gar con todos sus caracteres g eográficos y el de la vid a de la esencia en el lu gar de o rig en . N o es suficiente elegir una especie, es necesario disponer de una raza determ in ad a; de esta m anera aparece la delicada cues­ tión “ del orig en de las semillas a u tiliz a r ” , cuya im porta ncia es esencialísim a y sobre la cual, necesario es decirlo, la solución p rá c­ tica 110 es siem pre enteramente satisfactoria.

N o se debe con tar sino sobre la experiencia para saber con se­ gu rid ad qué resultados se p od rá n obtener. La experim entación im ­ porta, en p rim er lu gar, ensayar sobre los pies aislados; se puede así darse cuenta, en el lu gar considerado, de la posib ilidad de exis­ tencia del árbol y de su crecim ien to más o m enos bu en o. Se utiliza, a este efecto, las com probaciones hechas en los parques, en las p la n ­

taciones diversas del lu g a r y sobre los árboles in trodu cidos en la re­ gión desde algún tiem po.

P ero hay además que instalar “ A r b o r e tu m s ” , en los cuales se cultiva ran gran núm ero de tipos, sobre los que se estudiaran sus calidades relativas, tales com o la ad aptación al clima, la rapidez de crecim ien to, la resistencia a las enferm edades, etc. P ara las esen­ cias que se estimen interesantes, conven dría plantarlas en m ayor cantidad, en pequeños macizos, form a n d o “ plazas de en sa y o” , en las cuales se p od rá observar a los árboles, en las condiciones que se ap roxim an a aquellas que se v e rifica n en un bosque.

La ap licación de u n prog ram a sem ejante en la A rgen tin a es de desear. L a obra es vasta en razón de la extensión del p a ís. E s m uy d iferen te entre plantar en M isiones y ha cer otro tanto en la P a ta g o n ia !

T al com o sea el n ú m e r o de regiones, así será el núm ero de p r o ­

blemas, cu ya solu ción , deberá ser buscada, p o r com paración, en las regiones más va riadas del g lob o.

E n la A rg en tin a hay estaciones experim entales, viveros y p lan ­ taciones don de se han reunido interesantes in form acion es en base a los resultados registrad os. Sin em bargo, su núm ero, su extensión y su acción debe ser, im prescindiblem ente, aumentada.

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E n esos centros de estudio se concentra rán todas las in form a­ ciones recogidas com o resultado de los ensayos que se hayan reali­ zado y tod o otro dato relativo a la región que tenga más o menos im p orta n cia ; se tendrá en esa form a una orientación valiosa y una seguridad apreciable.

D e cada “ ce n tro ” dependerán, tam bién, los “ A r b o r e tu m s ", en los que se cultivarán, com o se ha dicho, el m ayor m im ero posible de tipos racionalm ente elegidos y se establecerán igualmente, el m ayor núm ero de “ p la za s’ ’ o “ sitios de en sayos” , en los que la e x p e ri­ m entación será realizada más en grande.

Tam bién, aprovechando la experien cia ad qu irid a en las d ife ­ rentes partes del globo, se evitarán muchos tanteos e incertidum - bre que acom pañan al comienzo de una tarea de esta im portancia, pero utilizando los ensayos realizados, em pleando m etódicam ente las in dicaciones actuales de la ciencia y los resultados de la exp eri­ m entación, se puede dotar a la R epú blica A rgentin a, en un plazo más o menos breve, de las plantaciones boscosas, indispensables a la

plena prosperida d del país.

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