UNIVERSIDAD NACIONAL DE QUILMES Rector
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Vicerrector de Investigaciones
Julián Echave
Vicerrector de Posgrado
Ernesto López
De probetas,
computadoras y ratones
La construcción de una mirada
sociológica sobre la ciencia
Pablo Kreimer
Prólogo
Terry Shinn
La sociología de la ciencia, en sus sesenta años de rica y a menudo tur-bulenta historia, se ocupó de tres áreas fundamentales de problemas: los orígenes de la comunidad científica en el siglo xvn, la organización y actuación de un conjunto de instituciones científicas, tales como institu-tos de investigación, disciplinas y revistas científicas, y la dinámica de las relaciones entre la formulación del conocimiento científico y su contexto social de producción.1 A esta ya impresionante agenda deben agregarse,
además, tres esferas de investigación sociológica subordinadas a la ciencia: la política científica, la interacción entre la industria y la ciencia y la tecnología, y la educación científica. Aunque hasta ahora esos últimos temas no han sido la preocupación central de las corrientes principales de la sociología de la ciencia, en la actualidad se les concede cada vez mayor atención. Tres perspectivas fundamentales caracterizan los estu-dios consagrados a los orígenes de la ciencia, las instituciones científicas y el contexto social de la producción de conocimiento.
La primera perspectiva (a la que denomino "enfoque clásico") surgió en los años treinta y cuarenta. Describe a la ciencia como una esfera de
1 Este tratamiento de la evolución de la sociología de la ciencia comienza
actividad social y cognitivamente diferenciada, distinta de otras catego-rías de creencia y organización humanas. Al subrayar la distinción entre la ciencia y otras formas de conocimiento e interacción social, los estu-dios se concentraron principalmente en el clima social, los sistemas de creencia y de razonamiento y las necesidades técnicas que dieron ori-gen a la ciencia moderna. La noción implícita de la visión clásica es que una vez establecida, la ciencia constituye un sistema autosostenido de pensamiento y de organización, capaz de resistir las influencias externas que se oponen al principio de independencia, rigurosidad, criticidad (de racionalidad pura) autoproclamado por la ciencia, así como a sus proce-dimientos preferidos de evaluación de la validez de las propuestas for-muladas por los científicos. Robert Merton propició y desarrolló la moda-lidad clásica de la sociología de la ciencia y, para muchos sociólogos, Merton continúa siendo una de las referencias clave de la disciplina.
El brillante estudio de Merton sobre la emergencia, en el siglo xvn, de la comunidad científica en Inglaterra establece la causalidad entre dos acontecimientos históricos y la institucionalización de la ciencia moderna. Merton documenta cuidadosamente, en primer lugar, el notable creci-miento en la cantidad y el espectro de influencia del conocicreci-miento tecno-lógico, las habilidades y el equipamiento producido aproximadamente en-tre 1620 y 1700 en el terreno de la minería, la metalurgia, la construcción de embarcaciones y la tecnología militar. De acuerdo con su análisis so-ciológico, el gobierno y las empresas habrían experimentado necesida-des cualitativa y cuantitativamente nuevas de artefactos, necesida-destrezas y aprendizaje. Al margen de esta aparición de nuevos requerimientos, Mer-ton revela que los valores asociados con el puritanismo inglés, dominante por entonces, convergieron con la ideología de la naciente filosofía natu-ral. Los puritanos creían en la existencia de una conexión entre la devo-ción y la misión de perfeccionar el destino del hombre; que éste podía mejorarse mediante una mejor comprensión y control de la naturaleza. Centrado en el orden divino, para el puritanismo ninguna manifestación de ese orden podía estar mejor encarnada que en la naturaleza. Por lo tanto la ciencia (la apreciación de las regularidades físicas y el orden) se asoció con la virtud y, por la fuerza de esta asociación, con una profesión valiosa y con el ejercicio de la conducta moral más encomiable.
Durante los años cincuenta y sesenta, la sociología clásica de la cien-cia fue más allá del análisis de las condiciones que explicaban la géne-sis de la ciencia moderna. Los estudios de la ciencia como géne-sistema social 14
e intelectual diferenciado se diversificaron en varias direcciones: el flore-cimiento de nuevas disciplinas (bacteriología, fisiología, psicología, físico-química, biología molecular, física de altas energías, radioastronomía), la profesionalización de la ciencia, la emergencia de sistemas científicos na-cionales, la productividad y la reputación científica. Nuevamente, la socio-logía enfatizó la importancia de la separación de la ciencia de otras esfe-ras, como la política y la economía, consideradas fuerzas disruptoras de las tareas rutinarias y serenas de la ciencia. El impactante crecimiento de la comunidad científica y el desarrollo de nuevas disciplinas científi-cas fueron atribuidos a las fuerzas dinámicientífi-cas internas de la ciencia. Aun-que la ciencia podía beneficiarse de las circunstancias políticas, econó-micas o institucionales favorables, los estudios sociológicos clásicos siguieron retratando con frecuencia a la comunidad científica como de-sinteresada respecto de los recursos resultantes de esos beneficios, uti-lizados en estricta conformidad con los requerimientos particulares y la lógica propiamente científica. Los conceptos de "negociación" y "compro-miso" en ciencia eran ajenos a esta corriente sociológica. En algunos es-tudios, se mostraba cómo la ciencia se desarrollaba diversamente y en diversas proporciones, en diferentes países. Se evaluaba el diferencial de crecimiento de la ciencia en términos de la historia nacional (la ideo-logía, la política del gobierno, los modelos educativos) o en términos de los modos de organización, la competencia por los recursos y el conoci-miento y la resolución de los problemas del cambio y la innovación que establecían los practicantes de la ciencia mismos. El concepto de que la investigación y el conocimiento científico constituyen una esfera separa-da, privilegiada y relativamente autónoma respecto de las interferencias externas es común a toda la sociología clásica. Joseph Ben-David es un típico exponente de esta línea de investigación.
El análisis de las carreras y las reputaciones constituye otro tema de la corriente clásica de la sociología de la ciencia clásica. La reputación es descripta y evaluada en relación con la publicación en journals, las promo-ciones en las carreras y la recepción de premios y otros reconocimientos. La investigación es básicamente cuantitativa y ha adoptado un giro ciento-métrico. También se examinan las carreras en relación con cuestiones universitarias, de jerarquía y expansión disciplinarias.
trabajos, se describe una especialidad científica particular como una mez-cla única de un nuevo conjunto de problemas y formas de operaciones cognitivas con nuevas configuraciones sociales. Aquí, es justo decir que la sociología ha establecido con éxito métodos y categorías descriptivas para diferenciar los perfiles disciplinarios. La investigación de Richard Whitley marca un hito fundamental; sus investigaciones dan cuenta de la interdependencia y el intercambio sutil entre modelos de organización social y las dimensiones relevantes de los objetivos y estrategias cogniti-vos. La sociología clásica de Whitley explora las relaciones sociales de los científicos en términos de interdependencias funcionales y estratégi-cas y de los grados de incertidumbre de orden técnico y de procedimien-tos. La interdependencia estratégica y funcional tiene que ver con el gra-do de cooperación grupal que se requiere para formular las preguntas de investigación efectivas y con el grado de interacción requerido para de-sarrollar el trabajo de investigación dentro del laboratorio. Los grados de ¡ncertidumbre técnica y de procedimientos tienen que ver con la seguri-dad que los científicos pueden atribuir a sus métodos y equipos de inves-tigación, con la relación entre esfuerzo individual y esfuerzo colectivo y con la contabilidad de los resultados de investigación. Haciendo actuar en conjunto estas cuatro dimensiones -interdependencia estratégica, in-terdependencia funcional, incertidumbre técnica e ¡ncertidumbre funcional de los procedimientos- Whitley deriva dieciséis permutaciones, que le permiten caracterizar una variedad considerable de campos científicos. Estos campos van desde la química hasta la física, de la biología molecu-lar, la ingeniería, la economía, la antropología social, a la ciencia de la administración. Este enfoque promueve especialmente la exploración so-bre los modos de operar de la ciencia, en términos de construcción de re-putación, estructura intelectual y organización del trabajo. Estudios como los de Whitley muestran que la ciencia es altamente heterogénea pero que, a pesar de su pluralismo, también se caracteriza por una cohesión y una estabilidad que se alimentan internamente.
Si bien la sociología clásica de la ciencia continuó desarrollando abundante investigación, la publicación de La estructura de las
revolu-ciones científicas de Thomas Kuhn, a comienzos de la década del
se-senta, preparó el terreno, aunque tal vez no se lo advirtiera en el mo-mento, para el despliegue de una línea totalmente novedosa de análisis sociológico. Y, al finalizar la década siguiente, una nueva forma de so-ciología comenzaba a volverse dominante -o muy cerca de ello-. Una
interpretación extremista de Kuhn sugeriría que existe una relación de-terminista entre la filosofía social dominante y la percepción de cada época histórica y los modos específicos por los cuales los científicos ob-servan y analizan la naturaleza. Inspirados en Kuhn, en efecto, algunos sociólogos e historiadores postularon el carácter ¡somorfo de la relación. Kuhn mismo sostiene que las diferentes categorías del análisis científico, y los descubrimientos que resultan de la investigación de períodos histó-ricos diferentes, son recíprocamente incomparables. De acuerdo con Kuhn, no hay mecanismo intelectual válido para evaluar los descubri-mientos a lo largo de diferentes épocas, culturas y campos intelectuales. Cada época y sistema de ciencia produce "verdades", pero exclusiva-mente en el interior de ciertos límites históricaexclusiva-mente establecidos. El tra-bajo de Kuhn dio rápido origen a una avalancha de estudios sociológicos que subrayaron la determinación social de las prácticas científicas y de los resultados de investigación y que establecen el carácter contingente, relativista y local de la ciencia.
La nueva sociología de la ciencia comenzó a incorporar gradualmente numerosas subdenominaciones: relativismo, constructivismo, teoría de las redes de actor, para mencionar los subenfoques más importantes. A causa de esta considerable diversidad, estas corrientes de sociología son difíciles de describir en unas pocas líneas. Sin embargo, es cierto que la mayor parte de estos estudios, explícita o implícitamente, niega la existencia de la ciencia per se. Son abundantes los argumentos que di-cen "la ciencia es un campo de lucha", "la ciencia no es más que políti-ca", "la ciencia es retóripolíti-ca", "la ciencia son sólo transacciones". Por razo-nes de conveniencia, me referiré de aquí en adelante a esta corriente sociológica multifacética como "constructivismo". El constructivismo se sustenta sobre dos supuestos básicos: primero, la ciencia no constituye una esfera autónoma de operaciones intelectuales. Este presupuesto contradice fuertemente el análisis de la sociología clásica de la ciencia. En la sociología constructivista, se presenta a la ciencia como no dife-rente de (reductible a) otras formas alternativas de esfuerzos sociales y cognitivos. En pocas palabras, la ciencia es descripta y comprendida to-talmente como una actividad socialmente determinada.
científicas específicas. Así, la sociología constructivista apunta directa-mente al contenido de la investigación.
Tres ejemplos breves son suficientes para mostrar el eje sustantivo que subyace en el movimiento constructivista. Algunos sociólogos utili-zaron ciertas variedades de "interés" social (interés personal, económi-co, profesional, institucional o interés de clase) no sólo para explicar la dirección intelectual general de cierto trabajo científico, sino también pa-ra dar cuenta del contenido de enunciados específicos y detallados. Aquí, racionalidad y prueba son traducidas como dispositivos sociológi-cos, empleados por los individuos y los grupos que trabajan en la ciencia para satisfacer los fines particulares o colectivos. El "programa fuerte" de David Bloor funciona en un registro en cierto modo diferente. La sociolo-gía clásica de la ciencia explicaba generalmente los errores en la ciencia en términos de la intromisión de fuerzas sociales nefastas en el reino de lo cognitivo, mientras que el espacio social solía ser minimizado en las cuidadosas operaciones intelectuales capaces de producir verdades. El programa fuerte exige simetría; puesto que los factores sociales pueden dar cuenta del error de un modo convincente, esos factores también de-ben ser utilizados en la explicación de los resultados válidos de la inves-tigación científica. La regla de simetría de Bloor se basa en el uso de elementos sociales tales como tradición, cultura, y de consideraciones políticas e institucionales para explicar cómo se aceptan los descubri-mientos científicos y cómo alcanzan el estatuto de ortodoxia.
A menudo, la sociología de los "intereses" y el Programa Fuerte impul-saron que se privilegiara el "conocimiento local" y promovieron la idea de un relativismo cognitivo. Las proposiciones científicas son percibidas co-mo la consecuencia restringida de un contexto social acotado y local. Entornos ideológicos, políticos, económicos, institucionales y psicológi-cos producen verdades diferentes, y a veces contradictorias, siendo ca-da una de ellas el fruto de un dispositivo social específico, dentro del cual son válidas. Esta tendencia sociológica rompe definitivamente con el universalismo de la ciencia, tan caro a la sociología clásica de la cien-cia. La sociología constructivista concibe la difusión y aceptación de los conocimientos en términos de los recursos materiales, institucionales y políticos con que se cuenta para defenderlos, mientras que la sociología clásica concibe la aceptación universal de los resultados de la investiga-ción como la encarnainvestiga-ción de la lógica pura y del trabajo experimental so-bre el cual se basan esos resultados.
Uno de los postulados más celebrados de la sociología constructivista es la hipótesis de Bruno Latour de que no existe una distinción legítima entre cultura y naturaleza; la naturaleza es la expresión de la cultura. El trabajo de Latour se desplegó en una variedad de áreas, pero sólo una de sus ideas será comentada aquí. La teoría de las redes de actor atribuye volición, objetivos y estrategias a entidades físicas tales como electrones, formaciones geológicas, elementos meteorológicos y formas elementales de la vida animal. De acuerdo con esta teoría, el trabajo científico consiste en el establecimiento de alianzas entre investigadores y componentes de la naturaleza, "actantes". Los actores científicos "recluían" "actantes", por ejemplo poniéndolos de su lado en una controversia científica a cambio de alguna ventaja, de modo tal que los investigadores son capaces de impo-ner su verdad en la comunidad científica y obteimpo-ner así una recompensa. De acuerdo con esto y con otras tesis sociológicas emparentadas, la vali-dez de una afirmación científica depende únicamente de la extensión y la profundidad de la red de actores y actantes del científico. Los descubri-mientos válidos son una cuestión de poder. El poder es alcanzado a tra-vés de la persuasión; la persuasión depende de las alianzas efectivas. El punto clave en todo este asunto es que la ciencia debe ser comprendida fundamentalmente a partir de factores que están fuera de ella. La natura-leza es reductible a la cultura, y la cultura es reductible al poder. De allí, la ciencia es política y la lucha es llevada hacia una multitud de arenas.
institucional determinado-. La transferencia de un resultado científico "fa-bricado" (ocalmente hacia un estadio global no es una consecuencia de su capacidad para describir el mundo físico con exactitud y para escudriñar la naturaleza, sino que es más bien la consecuencia, únicamente, de la habi-lidad de los practicantes para imponerle su punto de vista a otros actores. En esta sociología, "universalidad" es la universalidad de la dominación del producto en la competencia en un mercado capitalista global.
Desarrollándose en parte de un modo paralelo y en parte en contra de la sociología constructivista del conocimiento, durante la última década surgió en la escena algo así como una nueva generación de sociología relacionada con el modelo clásico. Considero apropiado denominar so-ciología de la ciencia "neoinstitucional" a este tipo de análisis. En alguna medida, el vigor de la corriente neoinstitucional se debe, de un modo in-negable, a las perspectivas introducidas por las escuelas constructivis-tas. Su sutileza, agudeza y fuerza son el producto de cuestiones clave avanzadas por el constructivismo, y son también el fruto de pensar la ciencia en términos de su carácter estable y translocal, tanto como de sus condiciones restringidas al perfil local. De este modo, la sociología neoinstitucional no ha rechazado el objetivo del constructivismo, sino que más bien ha redefinido frecuentemente ese objetivo, para extender la agenda y los horizontes propios del análisis neoinstitucional. Como en el caso de la sociología clásica, el concepto clave aquí es la posición di-ferenciada de la ciencia. Esta sociología reconoce que aunque la ciencia exhibe ciertos rasgos distintivos, no es totalmente diferente de otros ti-pos de actividades cognitivas y sociales.
Esta sociología toma en cuenta el papel de las restricciones en la práctica científica. Describe la investigación científica a lo largo de dos dimensiones: los condicionamientos cognitivos que están asociados al logro de la trayectoria intelectual (condicionamientos en las formas de razonamiento, las prácticas de trabajo, las pruebas, la evaluación y los criterios de publicación); y los condicionamientos socio-estratégicos que están asociados con el mantenimiento o el crecimiento de la reputación profesional. Este marco analítico a dos puntas permite analizar los facto-res económicos, políticos y posicionales, a la par de los factofacto-res intelec-tuales, como la selección de los tópicos de investigación, la instrumenta-ción, los procesos de razonamiento y los criterios de evaluación. Este enfoque hace referencia constante a las instituciones científicas, sus su-puestas normas operativas, las aspiraciones y realidades profesionales y 20
a la historia y tradiciones de la ciencia.2 En esta corriente sociológica,
to-dos estos elementos van tejiendo una trama que guía y limita las accio-nes de los practicantes. Las observacioaccio-nes de los científicos acerca del entorno físico son examinadas en función de los sentidos que les conce-den los propios actores. Este tratamiento de los resultados científicos contrasta con la interpretación constructivista, en la cual los hallazgos de la investigación y el entorno físico resultan subordinados simplemente al papel de recursos, movilizados por los practicantes en sus intentos por ascender en el espacio político, social, económico o profesional.
Para el enfoque sociológico neoinstitucional, la curiosidad intelectual y el compromiso genuino con aspectos estrechamente ligados con lo cog-nitivo constituyen posibles motivaciones que apuntalan las actividades cognitivas de los científicos. También se estudia la política de la profe-sión, pero en el enfoque de la sociología de la ciencia neoinstitucional és-ta sólo es un insumo entre otros —aunque sea un componente clave en un espectro de operaciones epistemológicas, psicológicas e instituciona-les-. Tenemos aquí, entonces, una sociología del conocimiento balan-ceada, multidimensional, en la cual el conocimiento y los enunciados de los científicos no son instrumentalizados y tratados sólo como el producto de fuerzas sociales sino que, en cambio, las actividades intelectuales se consideran y representan seriamente dentro de una totalidad de condicio-namientos y posibilidades.
Esta sociología refleja a menudo, explícita o implícitamente, el concep-to sociológico de "campo científico", tal como fuera formulado por Fierre Bourdieu.3 Bourdieu argumenta que la ciencia puede comprenderse
co-mo un coposicionamiento complejo y siempre en desarrollo de un amplio espectro de factores, que incluyen la curiosidad, el compromiso cognitivo, la educación, las tradiciones y normas disciplinarias, los condicionamien-tos institucionales y posicionales y otras cuestiones del mismo tipo. Las trayectorias de los científicos en el campo científico se hacen inteligibles a través del examen de la proximidad y la distancia relativa de los indivi-duos con respecto a todos esos factores y fuerzas complejos e igualmente
2 Para un afinado análisis del papel de la "tradición de investigación" en la
conforma-ción de las prácticas de investigaconforma-ción, véase el excelente tratamiento de Pablo Kreimer so-bre la emergencia de la investigación en biología molecular en Inglaterra, Francia y la Ar-gentina. Kreimer, Pablo (1997), "L'universel et le contexte dans la recherche scientifique", Tesis de doctorado, Centre STS, CNAM.
3 Bourdieu, Pierre (1994), fíaison pratique. Surta théorie da l'action, París, Seuil.
decisivos. Bourdieu razona en términos de la acumulación de "capital". Es-te último está compuesto tanto por componenEs-tes simbólicos como maEs-te- mate-riales. La autorreferencia al conocimiento es considerada como uno de los componentes. En el esquema de Bourdieu, ninguna fuerza o factor posee un estatus hegemónico. Esta perspectiva sociológica de la ciencia toma en cuenta las oportunidades de los individuos y los grupos para actuar li-bremente en un sistema social y cognitivo caracterizado por determina-ciones estructurales apreciables. Bourdieu denomina "habitus" a algunas de esas determinaciones.
Los componentes y la dinámica que operan en el "campo científico" de Bourdieu se pueden entender de un modo más completo si se apre-cian en términos de "bloques socio/cognitivos". En el concepto de blo-ques socio/cognitivos, la sustancia de lo que se considera "cognitivo" y "social" en la actividad científica se establece respecto de dos referen-cias complementarias: 1) el discurso autorreferencial de los actores acerca de qué elementos deben ser incluidos en cada categoría, y qué sentido exacto se puede atribuir razonablemente a los elementos; y 2) los tópicos derivados de la observación de la interrelación de una trama histórica y contemporánea de pretensiones de conocimiento, metodolo-gía, artefactos materiales, entrenamiento, profesiones y política. Entre los componentes cognitivos y sociales se generan convergencias, moti-vo por el cual cada unidad goza de cierta autonomía, al tiempo que ejer-ce una influencia sobre la operación de los otros. En ciertas configura-ciones, existen correspondencias pronunciadas entre los componentes cognitivos y sociales, y es precisamente aquí donde la dinámica "de blo-que" del bloque socio/cognitivo se torna más evidente. Por ejemplo, para una cultura e historia nacional dada, un determinado sistema educativo y profesional, una institución nacional de investigación, uno puede identifi-car fuertes correspondencias entre los tópicos de estudio de los investi-gadores, los mecanismos de razonamiento, los criterios de evaluación, las formas de argumentación, la posición social en el interior del labora-torio y las estrategias de poder. El modelo conceptual de ciencia basado en el bloque socio/cognitivo es aplicable también a la formulación de co-nocimiento en la organización del laboratorio y al funcionamiento de la ciencia en la organización social más amplia a nivel nacional.4
4 Shinn, Terry (1982), "Scientifíc Disciplines and Organizational Specificity: the Social
and Cognitive Configurations of Laboratory Activities", en Elias, Martins y Whítley (eds.),
En este sentido, estudios de académicos como Marcel Fournier, Yves Gringras, llana Lówy, Patrice Pinell y Terry Shinn se orientaron hacia el posicionamiento cognitivo e institucional relativo de los científicos res-pecto de un campo científico que incorpora los rasgos institucionales, culturales, profesionales y puramente cognitivos. Por ejemplo, en alguno de esos estudios, se muestra que los elementos de la jerarquía social configuran y refuerzan las operaciones cognitivas, y se muestra también que el producto intelectual de la investigación científica va al encuentro de la acción social. La influencia aquí es multidimensional, recíproca y simultánea. El aprendizaje no es consecuencia de determinaciones so-ciales, ni las posiciones y la movilidad de los científicos están puramente determinadas por factores cerebrales. Ambos interactúan en un pie de igualdad. La sociología de la ciencia neoinstitucional revela que la inves-tigación científica y la comunidad científica no son marionetas de la esfe-ra social —el problema es, en efecto, más complicado—. El contenido y la estabilidad de los descubrimientos de la investigación se derivan de su posición en el campo científico, relativa a las restricciones de carácter in-telectual, tanto como a las de carácter social. Descubrimiento, prueba, validación, no son sólo entidades dirigidas socialmente.
Este libro llena un vacío fundamental en la sociología de la ciencia. Constituye un trabajo importante por dos razones. Primero, como el lector atento ya habrá podido apreciar, las proposiciones y las teorías de la so-ciología posterior a la Segunda Guerra Mundial son numerosas, y a me-nudo también complejas y sutiles. El corpus es tan abundante que intimi-da, y enfrentarlo con éxito, como lo ha hecho Pablo Kreimer, representa un tour de forcé impresionante. Este trabajo ofrece tanto la más cuidado-sa como la más detallada descripción y categorización disponible en la actualidad. La lectura de Pablo Kreimer sobre la sociología de la ciencia es notablemente lúcida, y su análisis pone de relieve inesperados mati-ces de sentido. La exégesis revela también conexiones entre propuestas sociológicas que resultaban desconocidas hasta hoy.
La segunda cualidad notable de este libro radica en el tratamiento ba-lanceado que Kreimer da a las diferentes corrientes que se analizan. Existe hoy una cantidad considerable de manuales y compilaciones de estudios que pretenden describir la evolución del pensamiento y de las formulaciones en la sociología de la ciencia. En su mayor parte estos es-fuerzos carecen de equilibrio, puesto que desgraciadamente se sitúan en el interior de una u otra de las corrientes analíticas, a menudo de una manera turbulenta y partidista. Algunos exhiben una cierta clase de pen-samiento positivista, y entonces se representa a la sociología como si se moviera inexorablemente hacia el pináculo de las realizaciones y se des-precian o se ignoran los trabajos anteriores o contrarios respecto de quien los comenta. El libro de Kreimer evita estos riesgos. El autor anali-za exhaustivamente un amplio conjunto de escuelas, indicando sistemá-ticamente cómo y cuándo cada una de ellas contribuyó a la comprensión de la ciencia. Kreimer es impecable en otorgar el crédito cuando corres-ponde, y prudente y justo en sus críticas.
Este estudio de la sociología de la ciencia resultará esencial para la ma-durez profesional de la disciplina, gracias a las novedosas ideas que ofre-ce aofre-cerca de la evolución y la dinámica de la sociología. Ilumina aspectos a menudo tácitos, y sin embargo significativos, de los giros y rupturas inte-lectuales que han marcado a la profesión. Este libro resultará igualmente invalorable para los que se inician en la sociología de la ciencia. Su exposi-ción y análisis claro y sistemático de las corrientes sociológicas fundamen-tales brindará a los estudiantes un conocimiento agudo de los orígenes y trayectoria de la disciplina, y ofrecerá la información y los marcos concep-tuales alternativos para el desarrollo intelectual personal.
Agradecimientos
Parte de este libro tiene su origen en la tesis de doctorado, titulada "L'uni-versel et le contexte dans la recherche scientifique", que realicé en el Centre Science, Technologie et Société de París, bajo la dirección de Jean-Jacques Salomón. Es usual, en estos casos, agradecer el aporte de quien fuera el director del trabajo de tesis. Pero aquí quiero expresa-mente exceder la mera formalidad y manifestar mi profundo reconoci-miento, puesto que la experiencia de haber trabajado durante varios años bajo la dirección del profesor Salomón ha sido un aspecto sustan-cial de mi formación como investigador. De hecho, ha sido para mí un verdadero "maestro" en el campo académico, siempre dispuesto a alen-tarme en los momentos difíciles de mi investigación y, lo que es más im-portante, a estimularme permanentemente, aun cuando mis ideas -influi-das entonces por las nuevas corrientes en la sociología de la ciencia- no siempre coincidían con las suyas.