Contenido
Introducción ... 8
Antecedentes de un años crítico ... 12
Aparece el MAS (Muerte a Secuestradores) ... 14
Se expande la violencia ... 15
Llega un nuevo gobierno ... 18
El año del terror ... 21
Persiste la guerra sucia ... 23
La violencia golpea el poder político ... 24
Los primeros datos del narcoparamilitarismo ... 26
El narcoterrorismo en acción ... 28
Las conexiones de la mafia ... 30
La violencia ciega en Antioquia ... 32
Tres magnicidios en 48 horas ... 34
La amedrantación de los carros bomba ... 39
El periodismo y la justicia: los blancos predilectos ... 43
Sin campeón de fútbol y hasta un avión explotado ... 45
El ocaso del año del terror ... 47
Momentos críticos ... 50
Enero. La masacre de la Rochela ... 50
Febrero. El asesinato de Teófilo Forero Castro ... 54
Marzo. José Antequera Guzmán ... 56
Mayo. Álvaro González Santana ... 60
Julio. Antonio Roldan y María Helena Díaz ... 63
Agosto. Carlos Valencia, Valdemar Franklin y Luis Carlos Galán ... 67
Septiembre. Bombazo a El Espectador ... 73
Octubre. Vanguardia Liberal ... 76
Noviembre. El avión HK 1803 de Avianca ... 77
Diciembre. La explosión del DAS ... 80
Entrevistas ... 83
José Antequera Guzmán. “Los crímenes de Estado vinculan a los paramilitares” ... 83
Carlos Galán. “El Estado ni tenía la capacidad de brindar seguridad” ... 88
Fidel Cano. “No nos vamos a dejar” ... 93
Conclusiones ... 97
Bibliografía y referencias... 100
principalmente, las calles se convirtieron en zonas de enfrentamiento entre
manifestantes y la fuerza pública. Hubo saqueos, capturados, muertos y el sepelio del
joven dirigente de la Unión Patriótica hizo ver una vez más al gobierno que si no
tomaba cartas en el asunto, la situación iba a volverse peor. La violencia política no
daba tregua, como tampoco dejaban de moverse los asesinos para acallar sus crímenes,
como ocurrió en Santander, donde fue asesinado Luis María Sanabria, el único testigo
de la masacre de La Rochela, quien ya había aportado su testimonio a un investigador
de instrucción criminal. En medio de crímenes consecutivos y de acciones de violencia
política, pocas esperanzas tenían los ciudadanos para esperar que el Estado pudiera
reivindicar a la justicia.
El turno de la violencia le correspondió al periodismo. El 29 de marzo de 1989, dos
sicarios que se movilizaban en una motocicleta, asesinaron de seis disparos al periodista
y abogado del diario El Espectador, Héctor Giraldo Gálvez. Además de desempeñarse
como un acucioso periodista, ganador de varios premios por sus trabajos de
investigación, a partir del asesinato del director del diario, Guillermo Cano Isaza, se
convirtió en abogado de la parte civil en el proceso penal.(El Espectador, 1989, marzo 30, pp.
1-A-11-A) Su actuación logró que la justicia señalara con propiedad la autoría de Pablo
Escobar Gaviria en el cruento crimen. Con su asesinato, el cartel de Medellín demostró
que estaba dispuesto a las peores acciones con tal de lograr la impunidad de sus delitos.
Así lo reconoció El Espectador en su editorial del 30 de marzo: “Se ha recibido su
muerte como una advertencia más. El gobierno debe asumir una actitud seria, enérgica y
definitiva. Se trata de hacer cumplir las leyes, capturar y enjuiciar a quienes están
cometiendo estos actos violentos”.
Los primeros datos del narcoparamilitarismo
El jueves 6 de julio, hacia las once y cuarenta de la mañana, cuando viajaba en su
vehículo particular entre Bogotá y el vecino municipio de Chía (Cundinamarca), se
frustró un atentado contra el alcalde de Chía, Orlando Gaitán Maecha. Desde un
automóvil Renault 18 abrieron fuego contra el mandatario, quien fue alcanzado por
varios de los proyectiles pero pudo salvar su vida. No corrió con la misma suerte el
agente de la Policía de Cundinamarca, Gerardo Simeón, quien murió en la clínica Santa
Fe a donde fue conducido de urgencia. El alcalde Gaitán Mahecha acusó directamente al
capo Rodríguez Gacha de ser el autor intelectual del atentado y simultáneamente
trascendió que Gaitán era hombre cercano a Víctor Carranza y esa era la principal causa
de la acción. A las 24 horas, vino una nueva réplica de esta guerra aparte. La sede de la
empresa Tecminas Ltda, propiedad de Carranza, fue dinamitada al norte de Bogotá.
Tres días después fue asesinado de seis balazos un sobrino de Víctor Carranza.
El miércoles 26 de julio quedó en evidencia no sólo que esta guerra no tenía límites sino
que había terminado por involucrar al propio Estado. Ese día corrieron rumores de que
en la cuadra donde todavía se levanta la residencia privada del embajador de Estados
Unidos en Colombia, se había presentado una balacera. (El Espectador. 1989 julio 27. Pp.
13-A)Cuando las autoridades y los medios de comunicación llegaron al sitio de los hechos,
ubicado en el exclusivo sector de Los Rosales, se percataron que el tiroteo había tenido
lugar en el edificio Altos del Portal y que supuestamente unidades del Ejército habían
abatido a cuatro integrantes de grupos al margen de la ley. Sin embargo, cuando los
medios replicaban la versión de las autoridades, en una de las ventanas del apartamento
en que sucedieron los hechos, semidesnudo apareció gritando un individuo pidiendo
auxilio porque supuestamente lo iban a asesinar.