pensares y
quehaceres
REVISTA DE POLÍTICAS DE LA FILOSOFÍA
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2015 * La invención del saber * El oficio de la mirada
Director General: Horacio Cerutti-Guldberg Editor Responsable: Natanael García Ayala
Comité Editorial
Erick Rodolfo Cortés Peña, Sandra Escutia Díaz, Ramiro Gogna, David Gómez Arredondo, David Ruslam Sán-chez Pacheco, Alberto Neri García, Miguel Ángel Ordaz San Agustín, Laura Vargas Mendoza, César Popoca,
Daniel Montañez.
Comité de Apoyo Editorial
Favián Arroyo, Gustavo R. Cruz, Carlos Mondragón, Rosario Galo Moya, Gustavo Ogarrio, Cecilia Ortega, Carlos Salvador Ordoñez, Cecilia Pérez Medina, Jesús Serna Moreno, Silvia Soriano.
Consejo Consultivo
Dante Avaro, Distribuendum; Juan Carlos Ayala Barrón, UAS; Omer Buatu Batubengue, U. de C.; María Isabel Belausteguigoitia, UNAM; Berenice Carrera Testa, UNAM; Fernando Carrera Testa, UNAM; Manuel Corral,
UNAM; Arturo Chavolla, UdeG; Gustavo Escobar, UNAM; Miguel Ángel Esquivel, UNAM; Rubén García Clarck, UACM; Francesca Gargallo, UACM; Carlos Guevara, CNA; Alberto Híjar, INBA; Mario Magallón Anaya, UNAM; Ricardo Melgar, INAH; Dejan Mihailovic, ITESM; Norma Mogrovejo Aquise, UACM;
Rodri-go Páez, UNAM; Francisco Piñón, UAM-Iztapalapa; Áxel Ramírez, UNAM; María del Rayo Ramírez Fierro, UACM; Arturo Rico Bovio, UACH; Miguel Romero Griego, UNAM; María del Carmen Rovira, UNAM;
Roberto Sánchez Benítez, UMSNH; Manuel Velásquez, UAEM; Óscar Wingartz, UAQ.
Comité Internacional
José Luis Abellán, España; Yamandú Acosta, Uruguay; Fernando Aínsa, España; Hugo Biagini, Argentina; Carmen Bohórquez, Venezuela; Christos Evangeliou, EUA; Alberto Filippi, Italia; Alfredo Gómez Müller,
Fran-cia; Eugene Gogol, EUA; Pablo Guadarrama, Cuba; Joaquín Hernández Alvarado, Ecuador; Heinz Krumpel, Alemania; Franz Hinkelammert, Costa Rica; Günther Maihold, Alemania; Diego Jaramillo Salgado, Colombia;
Francisco José Martín, Italia; Tzvi Medin, Israel; Francisco Miró Quesada, Perú; Edgar Montiel, Francia; José Luis Mora, España; John Murungi, EUA; Damián Pachón Soto, Colombia; Jussi Pakkasvirta, Finlandia; Carlos
Paladines, Ecuador; Grace Prada, Costa Rica; Pedro Ribas, España; José Rafael Rosero Morales, Colombia; Mario Sáenz, EUA; Héctor Samour, El Salvador; Antolín Sánchez Cuervo, España; Manuel I. Santos, Argen-tina; Gregor Sauerwald, Uruguay; Ofelia Schutte, EUA; Alejandro Serrano Caldera, Nicaragua; Luis Tapia, Bolivia; Teivo Teivanen, Perú; Enrique Ubieta, Cuba; Urania Ungo, Panamá; Patrice Vermeren, Francia; Elina
Vuola, Finlandia.
Pensares y Quehaceres. Revista de políticas de la filosofía, año 1, número 0, Enero 2015, es una publicación cuatrimestral, Carrera 9 número 52ª-20 apartamento 406, Bogotá, Colombia; Tel. 7505544, http://www.desdea-bajo.info/images/docs/revistapensaresyquehaceres11.pdf Editor responsable: Natanael García Ayala.
ISSN: 2463-0985.
Las opiniones expresadas por los autores no necesariamente reflejan la postura del Equipo Editorial.
Se autoriza la reproducción de los materiales únicamente con el permiso de la dirección. Los textos aquí publi-cados son responsabilidad exclusiva de sus autores.
P
ensares y Quehaceres (P&Q) es una revista que hemos procurado mantener siempre con unavisión autónoma e independiente, lo cual ha conllevado serias dificultades de elaboración y edición de la misma. No nos arrepentimos y estamos procurando ahora, en esta Novísima Época, renovar todo lo actuado y consolidar lo logrado mediante el trabajo siempre en equipo y con la entrega generosa de todas y todos.
P&Q es una revista dedicada al pensamiento filosófico producido desde Nuestra América o nueva AbyaYala, sobre esta región desde otros lares o sobre cuestiones intrínsecamente relacionadas. No queremos ningún ‘aldeanismo’, como señalaba José Martí, sino –siguiendo al maestro cubano- un cosmopolitismo situado comprometido y fecundante.
Desde el comienzo en los once números de la revista Prometeo –antecedente de P&Q- editada con el apoyo de la Universidad de Guadalajara a partir de 1984, pensamos en organizar los trabajos a publicar de conformidad con ciertas conexiones disciplinarias convergentes. Por ejemplo, Filosofía e Historia y, particularmente, Historia de las Ideas (filosóficas) como ha sido desarrollada y ejercida en la región durante décadas, a su vez articulada a la Historia de las ciencias y las tecnologías. Esto nos exige prestar mucha atención a la dimensión Epistemológica y a los modos de proceder en este filosofar. Junto a estas dimensiones nodales, conviene distinguir rasgos (sub)disciplinarios de la Filosofía. Nos referimos a Filosofía de la Historia, de la Cultura, de la Ciencia y la Tecnología, de la Educación, del Derecho, Filosofía de la Religión, Filosofía Política, Antropología Filosófica, Estética, Ética, Axiología, Filosofía de Géneros, Feminismos, LGBTTTQ, Filosofías de Nuestros Pueblos Originarios, Filosofías Afroamericanas, etc. En P&Q procuramos organizar los trabajos que recibimos según estos ámbitos e intentamos ponerles denominaciones sugerentes para incentivar las lecturas. Esto no quiere decir que esas denominaciones deban permanecer ‘congeladas’. Algunas las seguiremos utilizando y otras las iremos renovando de conformidad con los contenidos. Por ello es tan importante que quienes envían sus trabajos especifiquen dónde los ubican dentro de estos ámbitos. Por recordar algunas denominaciones que hemos utilizado en diferentes momentos: “El oficio de la mirada”, “Laberintos del poder”, “Las rutas de la democracia”, “Invención del saber”, “Biografía del presente”, etc. Por supuesto, también seguiremos impulsando secciones monográficas y merecidos homenajes. En estos ámbitos cada quien se ubica donde prefiere –e incluso los transgrede-, pero resulta prerrequisito que lo comunique al presentar su artículo, como hemos señalado. Posteriormente, el equipo editor decidirá dónde y cómo agrupar los materiales recibidos de un modo fecundo y atractivo para quienes lean.
Vamos a aprovechar al máximo, también, las posibilidades que abren las vías virtuales de comunicación para intensificar el conocimiento e intercambio fraterno y sororario de producción desde las diversas zonas de Nuestra América o nueva AbyaYala, propiciando incrementar los trabajos colectivos, los debates, los aportes, las reflexiones, evaluación y proyección de todas estas tareas compartidas.
Editorial. Novisima Época ...
8
LA INVENCIÓN DEL SABER ...9
Lo indio ...10
Hilario Villa Abrille
Aproximación y fugacidad: las dimensiones de lo político en Heráclito y Nezahualcóyotl ...
22
Jaime Castillo
La irrupción de la memoria. La configuración subversiva de los pueblos ...
31
Carlos Montalvo
Los estudios sobre el amor a principios del siglo XX en la Argentina ...
42
Marisa A. Muñoz
EL OFICIO DE LA MIRADA.,,,,,,...
52
Despatriarcalización: una propuesta de lectura de las ideas, escritos y actos de las mujeres en los procesos de Independencia ...53
Francesca Gargallo Celentani
Entre la cosmovisión y la filosofía: una reflexión desde los movimientos político-sociales
indígenas de América Latina. El caso zapatista en el siglo XXI ...
64
Odín Ávila Rojas
Diálogo epistemológico sobre el estudio del indígena desplazado en nuestra América ...
75
Katherine Isabel Herazo González
HOMENAJE A
CARLOS LENKERSDORF ...
91
Etapas en la vida de Carlos Lenkersdorf ...
91
Gudrun Lohmeyer de Lenkersdorf
Peregrinaje al nos-otros ...
95
María Rosa Palazón Mayoral
Homenaje a Carlos Lenkersdorf ...
101
Fernanda Navarro
Aprender a hablar desde el corazón ...
108
Manuel Ponce Rascón
MEMORIA ESCRITA ...
114
Pensando após 200 anos. Ensaios em torno do bicentenário das independências da América Latina, de Horacio Cerutti Guldberg ...114
Laura Vargas Mendoza
Resistencia, democracia y actores sociales en América Latina, de Horacio Cerutti Guldberg, Carlos Mondragón, Jesus J. Serna (coords)..
115
Hazahel Hernández Peralta
Testigo de Cargo, de J. Calvimontes ...
117
Mario Magallón Anaya
Microgobiernos barriales. Levantamiento de la ciudad de El Alto, de Pablo Mammani ...
119
Zwuany Castro Vaca.
I trattatisti spagnoli del diritto delle genti, de R. Campa ...
122
Guillermo Martínez Parra
Batallas por la memoria. Los usos políticos del pasado reciente en Uruguay, de E. Allier ...
124
Laura Vargas Mendoza
Criterios de colaboración ...
126
Colaboran en este número ...127
NOVÍSIMA ÉPOCA
P
ensar, como ha sido constante en la reflexión más abundante de la región, el énfasis en la dimensión práctica no implica, para nada, desatender las cuestiones teóricas. Muy por el contrario, exige inmensa responsabilidad. Sobre todo, porque estas dos dimensiones van inherentemente unidas y articuladas.Hemos decidido renovarnos e iniciar un nuevo tramo, como en otras ocasiones hemos efectuado, de Pensares y Quehaceres. Con una reorganización interna y aprovechando el potencial de las nuevas tic’s, las posibilidades que nos abren los nuevos medios de comunicación digital, no podemos dejar de solicitar, muy amable y respetuosamente, una sentida disculpa a quienes nos han aportado sus trabajos en estos algo más de tres años de búsquedas de alternativas para la revista. Es nuestra intención compartir estos avances tan generosos cuanto antes, con toda celeridad.
El novísimo plan es hacer tres números por año. Con este número 0 y los 3 del año 2015 nos pondríamos al día con todo el material dictaminado favorablemente para su publicación.
Desde ya seguimos recibiendo sus valiosos aportes y les rogamos enviarlos, de conformidad con las normas de publicación, a la siguiente dirección: [email protected]. El tomar en cuenta estas normas nos ayuda muchísimo, dado que no contamos con financiamiento para la revista y esto lo seguimos haciendo a puro pulmón. No tener que darle formato a cada trabajo nos ahorra muchísimo esfuerzo.
Horacio Cerutti-Guldberg
2014-E
n esta ocasión, en La invención del saber presentamos diversas temáticas, que le abren paso a la reflexión crítica y a la historia de las ideas de nuestra América. Se trata de textos que desde diferentes perspectivas y con objetos diferenciados abordan aspectos de relevancia para el pensamiento de la región.En “Lo indio”, Hilario Villa Abrille nos presenta un panorama histórico del despojo y dominación sufrido por las poblaciones indígenas en distintos momentos. Y realiza esta tarea sin renunciar a los dispositivos analíticos necesarios para comprender de manera compleja y dinámica a las identidades “indias”. Villa postula un doble marco de referencia para comprender estos procesos: “desde arriba”, para captar las lógicas del Estado y de los sectores dominantes “blancos”, y “desde abajo”, para dar cuenta de la emergencia de un “para sí”, de un momento de afirmación del sujeto indio.
Por su parte, en “Aproximación y fugacidad: las dimensiones de lo político en Heráclito y Nezahualcóyotl”, Jaime Castillo realiza un interesante ejercicio de lectura cruzada. Situando a Heráclito y Nezahualcóyotl en el marco de una “sabiduría arcaica”, Castillo procede a realizar una exégesis del encuentro y de la referencia mutua entre lo cósmico y lo humano, lo social-político. Temáticas como la fugacidad o el cambio perpetuo no sólo aluden a un horizonte cósmico y natural, sino remiten también al orden social y político. En los fragmentos de Heráclito y en la poesía de Nezahualcóyotl, Castillo encuentra ricas y densas reflexiones en diversos niveles.
En “La irrupción de la memoria. La configuración subversiva de los pueblos”, Carlos Montalvo nos ofrece una reflexión que parte de la realidad mexicana. Al esclarecer el sentido de lo subversivo como negatividad frente a un orden de dominación, el cual se reproduce también por medio de la coerción y la violencia, Montalvo pone sobre la mesa las “gramáticas morales” que dan pie a los diversos movimientos que cuestionan el status quo de quienes “mandan mandando”. Estas “gramáticas morales” surgen de las colectividades y comunidades que han visto su dignidad ultrajada por los mecanismos de dominación y exclusión, y serán las catalizadoras de las movilizaciones, de la “configuración subversiva de los pueblos.”
Por último, en “Los estudios sobre el amor a principios del siglo XX en Argentina” Marisa A. Muñoz elabora un agudo y documentado análisis, en el marco de la tradición de la Historia de las Ideas en Nuestra América. Al estudiar las repercusiones en Argentina de las obras sobre la afectividad y los sentimientos del filósofo y psicólogo francés Theodule Ribot, se presentan tres visiones diversas sobre el amor en Carlos Baires, José Ingenieros y Macedonio Fernández. Al exponer Marisa Muñoz el núcleo de estas tres propuestas de acercamiento a la afectividad y el amor, alcanzamos a encontrar un terreno común, aquel abierto por las nuevas vertientes filosóficas de comienzos del siglo XX que cuestionan la primacía de lo “consciente” y lo “racional” en el sujeto, pero a la vez vemos en Baires, Ingenieros y Fernández matices divergentes y énfasis particulares.
Como podemos constatar, se trata de textos que abren vetas y perspectivas para acercarse a diversas cuestiones del filosofar en nuestra región.
Lo indio
Hilario Villa Abrille Resumen
En la miscelánea resultante de los procesos históricos que manipularon lo indio, la conquista, la colonia (externa e interna), la asimilación, el mestizaje y la nacionalización (podríamos agregar varios etcéteras), no resulta claro qué es el indio, el otro. Es que la historia atroz nos sitúa en la actualidad ante una lógica del quién es quién. Pero hablar del tema en cuestión resultará vacuo si no lo operativizamos con el proceso histórico y el contexto socioeconómico, político y discursivo, y en las relaciones e interacciones que se forjan con el Estado y dentro del mismo colectivo étnico.
Palabras clave: Identidad, Estado, discurso, globalización, adscripción, pertenencia. Abstract
In the combination of historical processes that manipulated “lo indio”, the conquest, the colony (external and internal), the assimilation, and the nationalization (we could add several etc.), it is not clear what “indio” —the otherness— means. That is because the atrocity of one specific kind of history puts us nowadays in the logical problem of knowing who is who. However, it would become vacuous to speak about the main theme if we do not link it to the historical process and the socio economical context, both political and discursive, and also to the relationships and interactions that were created among the State and inside the ethnical collective.
Keywords: Identity, State, discourse, globalization, adscription, ethnic identity.
Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante
George Orwell Introducción.
Dos motivaciones llevaron a quien suscribe a interesarse por las cuestiones de las que pretende dar cuenta el presente trabajo. La primera surgió del aula, un debate en torno a la terminología empleada para nominar a los otros (llámese indio, indígena, aborigen, originario), y la carga peyorativa que los términos incluyen. La segunda tiene que ver con la reflexión personal y la búsqueda conceptual en torno a las nociones y procesos de construcción identitaria a la luz de la visión eurocéntrica u occidental de los estados americanos.
Primeramente cuadra poner de manifiesto sucintamente la lógica desde lo dominante, desde
arriba, lo cual nos obliga a aventurarnos en la
mirada y acción estatal y su proceso histórico. Esto es, operativizar nociones como las de raza y ciudadanía, como formas de dominio y exclusión respectivamente de lo indio. Un mecanismo importante desde el punto de vista estatal está representado por el aparato jurídico, por lo cual podemos hablar de una construcción jurídica del indio o bien de una consagración legal de la percepción de las elites (políticas y económicas) respecto al otro; percepción que sin duda va mutando, así encontramos la idea de indio bravío
o salvaje e indio amigo, para pasar luego al indio
menor de edad o incapaz, al indio problema, indio invisible/campesino, al indio originario como
diferente.
Además se tiene por objeto dar cuenta, breve y esquemáticamente, del proceso de construcción identitaria que podríamos denominar “para sí” o bien desde abajo, esto es desde los propios sujetos implicados. Para lo cual se requiere indagar acerca de la autoadscripción y pertenencia étnica, con la certeza siempre presente que la etnia resulta un
constructo en movimiento, dinámico. Las etnias
no son algo estático congelado en el tiempo precolombino como pretenden algunos románticos esencialistas, las mismas suponen contactos, intercambios, recreaciones y resignificaciones con la mentalidad occidental, y también se hallan atravesadas por lógicas clientelares y de clase.
Precisamente por ello, y a raíz de los procesos de conquista y colonia, o mejor: matanza, explotación, opresión, mestizaje, evangelización, “ablancamiento”, “desindianización” e invisibilización llevados a cabo en los últimos quinientos años, definir al otro indígena resulta una tarea por demás complicada, dependerá “obviamente de los criterios de identificación, de quién identifica a quién y quién se identifica cómo” (Quijano, 2008, p. 14).
Desde las dos lógicas señaladas con anterioridad (la estatal/nacional y la étnica) se nos muestra con meridiana claridad la conformación de los movimientos indígenas, sus luchas y sus conquistas en el campo del derecho internacional público. Es más la autoadscripción étnica constituye cada vez más el sustrato de la estrategia política de los movimientos indígenas del continente, un discurso articulador de las demandas pluriétnicas y plurinacionales de los pueblos. No concibo la construcción identitaria como la causa de la conformación del Movimiento Indígena, sino más bien como un algo magmático que se dio, se da y se dará en el tiempo. Obviamente que en la actualidad el Movimiento ha pulido discursivamente su identidad como herramienta de lucha política en procura del reconocimiento de la igualdad en la diferencia.
Finalmente, cabe aclarar que el presente se realiza tomando generalidades, lo que no implica sostener que todos los procesos de construcción nacional y resistencia indígena se desarrollaron de igual modo, y mucho menos la capacidad propositiva y discursos de los distintos movimientos indígenas, por supuesto que hay particularidades que los
distinguen. Sin perjuicio de ello, se impone aclarar que el trabajo está pensado desde el extremo sur del continente americano, por ello las reflexiones remiten esencialmente a los procesos de Chile y Argentina, básicamente a este último caso; a pesar de lo anterior se mencionan para graficar la cuestión ejemplos y citas de otras realidades.
La Colonia.
En este período se establecieron los mecanismos de control y disciplinamiento de la mano de obra indígena, las autoridades coloniales adaptaron sistemas que ya existían en esos territorios; es decir, el tributo y la rotación forzosa. Con esas bases se organizó el trabajo en minas, obrajes, haciendas y hasta en el acueducto de la capital de Nueva España. Esclavitud, encomienda, repartimiento, mita y reducciones instrumentaron aquellas labores.
Maríategui (1979) al analizar la situación de su país consideraba que sobre la base de una economía comunista como la incaica se sentaron las bases de una economía feudal, es decir, que el comunismo agrario no fue sustituido por ningún régimen superior. Por tanto, si hablamos de latifundio hablamos de servidumbre, señalando categóricamente que para terminar con el problema
del indio, había que liquidar el latifundio.
Explica que la solución estaba en la revisión total de la estructura económica, y no en la forma del Estado. La opción es el gamonalismo o el
indio, como dos mentalidades.
En un intento de revalorizar lo autóctono —en tiempos de positivismo y de darwinismo social— el autor referido sostiene que “el indio no representa únicamente un tipo, un tema, un motivo, un personaje. Representa a un pueblo, a una raza, una tradición, un espíritu. No es posible, pues, valorarlo y considerarlo, desde puntos exclusivamente literarios, como un color o un aspecto nacional” (Quijano, 2008, p. 314).
Una vez llevados a cabo los planteos acerca de la
naturaleza jurídica del indio, es decir acerca de su
humanidad o pseudo humanidad -y la consagración jurídica posterior como menor incapaz- se separa la población hispana de la nativa, creando los llamados pueblos o repúblicas de indios, los que irán moldeando lo que conocemos actualmente como comunidades indígenas.
Durante la colonia se crea como medio simbólico de dominación de los indígenas, y que a la fecha perdura como mecanismo de psicología
social, la raza. Siguiendo a Quijano (2008) vemos que dicha categoría resulta un constructo mental de la modernidad, y que en función de aquél las relaciones entre conquistadores y conquistados se racializan reconfigurando las formas de dominación precedentes (como sexo y edad).
En tal sentido, la categoría de indio es creada y sólo tendrá sentido en referencia al patrón de
poder. El primero englobará en su seno a las
numerosas identidades históricas que habitaban el continente antes de la conquista, lo segundo estará representado por los que se autoidentifican respecto al indio -y mestizos y afroamericanos- como blancos y europeos.
La construcción nacional.
Este marco temporal obedece al inicio de la construcción de los Estados Nacionales americanos, como consecuencia de su reciente independencia; y a su malograda o parcial consolidación. Cabe señalar respecto a esto, que el proyecto decimonónico encarado, se ha concebido a medias; si bien nos encontramos frente a Estados Nacionales operativos (presencia territorial y cierta identidad nacional), no todos sus habitantes —a la luz de los derechos políticos— cuajan en la noción de ciudadano (mujeres, grupos étnicos), al tiempo que los grados de marginalidad, pobreza, analfabetismo nos dan cuenta de que muchos derechos constitucionales no son operativos.
En el período hay que resaltar la obra constitucional (verdadera obsesión de las élites criollas) y codificadora, como modeladoras de un proyecto nacional. A partir de la independencia nuestro suelo se impregnó de visiones liberales. Se recrean conceptos como soberanía popular, sistema representativo, igualdad ante la ley, ciudadanía. Moldeándose de un modo ecuménico Estados Abstencionistas.
La preocupación constitucional buscó limitar el poder gobernante y la declaración de un sinnúmero de derechos del individuo frente al Estado. Esto es, la garantía por ejemplo de la libertad, la igualdad, la inviolabilidad de la propiedad, dentro de la sociedad global, sin distinción alguna de género, clase y etnia; se posiciona a las personas en un plano de igualdad formal.
Esto es reforzado con el principio de la
autonomía de la voluntad, por medio del cual
las partes podían pactar lo que sea, con la obvia limitación de la ley, la moral y las buenas costumbres. En consecuencia, se equilibran las
prestaciones de los individuos, sobre la base de una supuesta igualdad de los contratantes.1
El Constitucionalismo liberal se propuso organizar el Estado sobre la base de un fin específico muy concreto: proteger la libertad y
derechos del hombre. Pero el Estado representa
un obstáculo, debía ser limitado y “chico”.
La tónica general fue la obligación del Estado consistente, en cuanto sujeto pasivo, en la omisión de toda acción lesiva de aquellos derechos consagrados (laissez faire, laissez passer). Es pues, el Estado Abstencionista, portador del monopolio de la fuerza y de la legitimidad, pero, a su vez en tanto que agente que distorsiona el mercado, no debe imponer trabas a las transacciones privadas.
Se empiezan a organizar de modo “nacional” regímenes de justicia, de finanzas públicas, al tiempo que se “liberaliza” el régimen de propiedad (leyes de desamortización, supresión de censos y mayorazgos, intento de reemplazo de la propiedad comunal por la pequeña propiedad), y por supuesto la racionalización del derecho, aparece la figura central del Código, es decir la expresión clara y sucinta de las reglas del derecho en un ordenamiento sistemático, cerrado en sí mismo. Un “todo” lógico, que deroga un “todo” anterior, disperso y contradictorio. Con relación a la persona, su papel es central y está íntimamente relacionado con la visión individualista que caracteriza el período, y tendrá ese status todo sujeto de derecho, aquél susceptible de ejercer derechos y contraer obligaciones. Ficticia homogeneidad.
También el período se caracterizó por la expansión territorial (a su interior) por parte de los Estados, la consolidación de la soberanía nacional dentro de sus fronteras. Claro ejemplo del referido fenómeno resultan ser la “Conquista del Desierto” en Argentina y en Chile la “Pacificación de la Araucanía” por parte de los gobiernos de ambos países, en detrimento del pueblo mapuche, léase muerte, despojo territorial y reducciones. En Ecuador implicó la arremetida en la Amazonía en procura del caucho (más tarde el petróleo y los insumos madereros), frente a los pueblos siona-secoya, huaroni, záparo, etc. (Wray, 1995, p. 283). En la Argentina la necesidad de ejercer una verdadera presencia estatal en los territorios 1 El trabajo es un producto más, por el que se paga el precio que determinan las leyes del mercado, motivo por el cual patrones y obreros tienen libertad en la contratación y en las condiciones de la misma, pues existe una autorregulación de sus intereses, dada por la oferta y la demanda.
ganados a los pueblos originarios tuvo su motor productivo: consolidar el avance de la frontera agrícola para darle al país su perfil ganadero y agroexportador,2 lo que décadas más tarde será visto como el granero del mundo. De la Constitución de 1853 surge claramente esta relación entre frontera e indígena, al establecerse dentro de las atribuciones del Congreso Nacional el “proveer a la seguridad de las fronteras; conservar el trato pacífico con los indios, y promover la conversión de ellos al catolicismo”.
Mediante el despojo militar y fraudulento de los territorios ancestrales, situación amparada por mecanismos legales (por ejemplo: ley de desamortización y ley de baldíos en México), se empieza a concentrar la propiedad de las tierras, otrora indígenas, en cabeza de hacendados, militares y gobernantes;3siendo tan vasta que también fue incluida en los planes de colonización e inmigración, bajo el lema de “poblar el desierto”.4
El despojo militar necesitó de una herramienta legal para cumplir su obra, es decir la guetización de las comunidades (reducciones)5 y consagración del indio como menor incapaz y por tanto inhábil para todos los actos de la vida civil.6
2 El escritor devenido en comandante de frontera, Lucio V. Mansilla (1966) da cuenta del potencial: “Muchas leguas cuadradas se han conquistado…¡Qué hermosos campos para cría de ganados son los que se hallan encerrados entre el Río Cuarto y el Río Quinto!” (p. 23).
3 En Argentina se dictaron un sinnúmero de leyes de adjudicación de la tierra indígena a los nuevos conquistadores, por ejemplo mediante las Leyes núm. 1628 (1885) se dispuso la entrega de 15.000 has. a los herederos de Adolfo Alsina y 8.000 has. a los jefes y oficiales de la expedición al Río Negro; n° 1806 (1886) se entregaron 40.000 has. a la viuda e hijos del ex presidente Avellaneda; y núm. 2177 (1887) 15.000 has al entonces Ministro de Guerra Julio Argentino Roca
4 Los intelectuales del período consideraban desierto a la porción de territorio ocupada por gauchos e indígenas, y entendieron que esas tierras debían ser ofrecidas a la obra civilizatoria europea. Para una profundización de la cuestión se recomienda: Civilización y Barbarie (Domingo Faustino Sarmiento) y Bases y puntos de partida para la organización
política de la Republica Argentina (Juan Bautista Alberdi)
5 La Ley núm. 817 de Inmigración y Colonización (1876), dispuso en su artículo 100: “El Poder Ejecutivo procurará
por todos los medios posibles el establecimiento en las secciones, de las tribus indígenas, creando misiones para traerlas gradualmente a la vida civilizada…”.
6 Por Decreto de fecha 3 de mayo de1899, el presidente Roca estableció: “En lo sucesivo, los defensores de menores de
Con el tiempo lo indígena es percibido como un problema, ello a la luz del concepto de ciudadanía. La construcción del Estado implicaba la construcción y fomento del ser nacional, para ello el ejército y la escuela fueron los primeros establecimientos que procuraron fundir lo indio en lo nacional.
Constitucionalismo social y Estado interventor.
La “cuestión social”, el problema de la tierra, la explotación de los originarios, en especial en América Latina y el aporte doctrinal, dieron impulso a la corriente que conocemos con el nombre de Constitucionalismo Social, y éste al Estado Benefactor.
El rol monolítico, estático, vigilante y reconocedor de derechos del Estado decimonónico, se verá por aquello agravado, pues su única obligación no será ya no interferir, sino que por el contrario estará obligado a dar, a hacer, a prestar positivamente. A su vez, implicará la complementación de los derechos individuales con los sociales.
Considero que el Constitucionalismo Social resultó ser la solución institucional del Estado de Derecho a la amenaza obrera. Podríamos caracterizarlo —sin desmerecer su impronta— como un remedio del sistema, y a la vez, un dique al sueño revolucionario, e inició una etapa que se propuso ampliar el espectro de consumidores para apaliar la crisis de demanda mundial,7 que se profundizó con las políticas keynesianas y la los territorios nacionales, serán los defensores y protectores de los indígenas, en todo cuanto beneficie a éstos, debiendo proveer por cuenta del Estado a su alimentación, vestido y colocación y ejercer respecto de ellos en todo lo demás, su acción tutelar, mientras sea necesario”; dicha calidad de menor será ratificada por el más Alto Tribunal en la causa “Podestá” (Fallos de la Suprema Corte de Justicia Nacional, Tomo 81, 3 de octubre de 1899).
7 El historiador José Luis Romero (1997) explica de modo harto poético el mentado proceso, señalando “Otros más perspicaces —del tipo de Mr. Henry Ford— descubrieron andando el tiempo el círculo vicioso que entraña la gran industria. Para que deje una ganancia capaz de justificar el que un distinguido businessman le dedique su tiempo, es necesario que la producción se realice en gran escala; pero no puede producirse en gran escala sin que exista una correlativa demanda, y esa demanda no puede provenir solamente de los que pertenecen a la limitada clase de los
businessmen: no hay grandeza terrena que exija la posesión
consolidación del Estado de bienestar.
No obstante ello, hay que poner de manifiesto los cambios estructurales que implicó tal proceso y cómo se inserta el indio en el mismo. Con el advenimiento del Estado benefactor y el auge de los derechos económicos y sociales —y la idea de ciertas categorías que diferencian al ciudadano (obrero, anciano, niño, mujer)— el indio será inscripto como campesino.8
Este nuevo Estado es el que inicia el proceso de sustitución de importaciones que junto a la idea de modelo de desarrollo traerán consigo la reforma agraria.9 En la región sudamericana el indio modificó su posición servil de peón oprimido por la hacienda o la estancia, a la de formas de trabajo asalariado o, incluso, de pequeño propietario. Este proceso implicó un nuevo despojo en las comunidades indígenas, su división y liberalización al mercado.
En Chile implicó la restitución de miles de hectáreas a las comunidades mapuche, que finalmente fueran devueltas a los criollos (formalmente titulares de dominio), mediante lo que se dio en llamar “contrarreforma agraria” del dictador Augusto Pinochet (Decreto de Ley núm. 256810),proceso que trajo también un nuevo despojo en las comunidades indígenas, su división y liberalización de la tierra al mercado.
Si bien históricamente —o desde tiempo inmemorial— el indio resistió su asimilación 8 En Argentina, por Decreto núm. 9658 de 1945 se señaló: “… la atención del problema indígena, el cual deberá encararse bajo el aspecto social, siendo obligación del Estado adoptar las medidas necesarias tendientes a lograr, por medio de una educación integral, la asimilación y adaptación de
los indios a la vida civilizada, convirtiéndolos tan pronto
como sea posible y mediante instituciones adecuadas, en
agricultores estabilizados o propietarios, facilitándoles
tierras y elementos de labranza” (considerando quinto). 9 Wray (1995) sostiene, para el caso ecuatoriano, que la Reforma Agraria ligó las demandas indígenas con las campesinas, y que para la década del 70’, concluida la Reforma Agraria y sobre bases nuevas se inicia la etapa más alta de desarrollo del movimiento indio, que llevará a la lucha con planteamientos étnico nacionales (p. 282).
10 “…provocó la indignación y repulsa de los indígenas oriundos de Chile en virtud de que, por efecto legal, se desconocía a las etnias y por tanto sus tierras podían ser divididas. La misma norma establecía: ‘dejarán de llamarse tierras indígenas e indígenas’, en un intento por acabar con la identidad mapuche, desde una concepción integracionista homogeneizadora de las diferencias y pluralidades culturales” (Mirza, 2006, p. 109).
y explotación, vemos aquí cómo los reclamos aislados de antaño por cuestiones de dominio de las tierras o abusos, toman nuevos bríos. Esto se vio fomentado indirectamente por el propio Estado al procurar la organización del campesinado en cooperativas agrarias para el otorgamiento de créditos, semillas y servicios públicos.11
Todo lo dicho tiene sentido a la luz de un nuevo intento de los Estados nacionales de incorporar al indio al ámbito de la nación, y entendiéndolo en una etapa de desarrollo atrasada respecto al resto de sus “connacionales”, y la necesidad de atraerlo a la vida civilizada. En esta lógica se entiende al Convenio núm. 107 de la OIT de 1957. Categóricamente hay que señalar que el
integracionismo no integra, excluye.
La actualidad12y la identidad.
Lo dicho hasta aquí nos da la importantísima pauta del carácter histórico de las etnias y su relación con el Estado (o la mentalidad occidental), y que lo étnico no puede entenderse sólo por factores ideológicos (conciencia y autoafirmación étnica) sino por modificaciones de carácter estructural que incidieron en el proceso de desarrollo de las comunidades. (Díaz Polanco, 1995, p. 277).
Amén del brevísimo análisis precedente respecto al proceso que sufrieron muchos de los Estados en América Latina, cabe señalar claramente que elementos de las distintas etapas aún conviven, por cierto la idea de raza, la nacionalidad y la ciudadanía (como una expresión formal y estática, que no implica el pleno ejercicio de los derechos políticos, económicos y sociales, ni la activa incorporación de los sujetos a los procesos políticos), siguen siendo obstáculos esenciales de lo indio, pues por un lado no se le perdona su constitución como otro, al tiempo que 11 Este proceso se dio en varios países de la región. En la Argentina por ejemplo se sancionó la Ley núm. 12.636, mediante la cual se creó el Consejo Agrario Nacional, que dentro de sus funciones estaba el fomento del cooperativismo 12 Cabe señalar que nos hemos enfrentado a un sinnúmero de problemas en cuanto al rótulo de “actual”, no comparto la visión posmoderna, que sostiene el retiro del Estado y hasta su muerte. Entiendo que se asistió al proceso de cuño neoliberal que se iniciara en la década del 70 y se consolidaría veinte años más tarde. Proceso, que sin duda alguna, implicó la reestructuración del Estado mediante políticas “privatizadoras” y “desregulatorias” que llevaron a su achicamiento, o bien a la muerte del Estado Benefactor.
no se tiende a construir un nosotros.
Dicho ello resta indicar los cambios producidos en las últimas tres décadas, cambios que desde luego ocurrieron en la estructura capitalista de los Estados, en su organización jurídica y en la conquista del movimiento indígena con una plataforma original en procura de su autonomía.
Con relación a ello es dable poner de manifiesto que desde mediados de la década de 1970 asistimos a un periodo donde el Estado, sin configurar un quiebre tajante, toma nuevos rumbos. Al respecto, Svampa (2003) al examinar el caso argentino entiende que a partir de los años 70 comienza la etapa correspondiente a la agonía y disolución del modelo populista. Este modelo
nacional-popular es entendido por la autora,
como aquél que implicaba una determinada forma de intervención del Estado, regulador de los mecanismos de redistribución del ingreso nacional entre trabajadores y empresarios (pp. 2 y 10). Pues bien, ese modelo no es ni más ni menos, el que ha instrumentado en aquél país el Estado Benefactor, encarnado por el peronismo.
Esta nueva etapa desde la lógica constitucional reviste casi los mismos caracteres que los relativos al constitucionalismo social, pero reconoce en su seno los llamados derechos de tercera generación, cuya realización se encuentra íntimamente relacionada con la disponibilidad de bienes y recursos. El constitucionalista Segovialos llama post-industriales y los caracteriza como “las exigencias del ser alienado, las prestaciones de una sociedad insatisfecha en una economía de bienestar, el hálito vital de la democracia moderna” (cfr. Ábalos, 2004, p. 9).
Desde lo constitucional existe una apertura en cuanto a la legitimación para obtener reconocimiento de derechos específicos (grupo de consumidores), la creación de organismos específicos y nuevos bienes tutelados (medio ambiente).
Se insiste, este proceso de retiro estatal no implica su defunción sino una restructuración de sus competencias (como ya se adelantara, la ruptura con el modelo keynesiano), como señala Díaz Polanco (2006): la globalización necesita del Estado como interlocutor y hasta como fogonero (p. 205).13
13 “…en la práctica no se puede entender el papel siquiera el nacimiento de la globalización, mucho menos su reproducción, sin el papel de los Estados centrales y periféricos, y sin las nuevas relaciones que se establecen entre ellos… no se observa por ningún lado a la globalización
Algunos autores explican este proceso como la conformación de un Estado de Competencias, esto significa que los Estados compiten entre sí por mejorar sus condiciones para atraer al capital móvil global (Bebber, 2002, p. 327). Mas esto no es síntoma de desaparición del Estado, sigue siendo un actor principal.
Como fuera, las circunstancias actuales de expansión del capital han provocado un incremento de la desigualdad en todos los ámbitos y ha agravado las condiciones de reproducción socioeconómica y ecológica en el planeta, pero a su vez motoriza un fuerte renacimiento de las identidades, acompañado de luchas reivindicatorias en crecimiento. La globalización no intenta uniformar la diferencia, sino que se aprovecha de ella para consolidar el sistema y sus grandes negocios (Díaz Polanco, 2006, pp. 9-10).
Díaz Polanco (Ibid.) nos invita a ver la globalización como una bestia que procura el dominio de la diferencia, para universalizar la cultura; la cual tiene una gran boca: la idea no es asimilarte sino devorarte, romper con el núcleo más duro de la diversidad, buscando aislar y eventualmente eliminar las identidades que no le resulten domesticables. Señala — siguiendo a Bauman, sirviéndose de la distinción entre identidad e identificación— que algunas identidades pueden llegar a no serle nutritivas, éstas son por ejemplo las indígenas; es decir aquellas que se defienden de la voracidad mediante el reforzamiento de sus fronteras comunitarias, y en las cuales la construcción identitaria ha sido cribada en un proceso de mundialización anterior, manteniéndose como una esfera de resistencia molesta para el capital (p.137 y ss.).
Por su parte, esta lógica del capital global necesita recursos, muchos recursos, y aquí es donde aparece nuevamente el indio (ahora un nuevo indio fortalecido y seguro de sí14), ante el
salvajismo capital devorador de recursos naturales,
‘liberando a los mercados del Estado’, sino a los Estados interviniendo para sostener la globalización” (Díaz Polanco, 2006, p. 205).
14 Por supuesto que hay distintos grados de desarrollo de la organización étnica, hay colectivos mucho más fortalecidos y con plataformas políticas más acabadas que otros. No es igual el grado de organización mapuche que el toba, por poner sólo un ejemplo. Hay que agregar que el movimiento también es multiétnico, es decir han articulado sus demandas en organismos nacionales (Consejo Nacional Indígena en México) incluso internacionales (CISA, CMPI, COICA, CAOI por dar sólo algunos casos).
para la satisfacción del hiperconsumo actual, se levantan las banderas de los pueblos contra la devastación de sus territorios. Regiones que otrora eran lejanas e improductivas para el capital, hoy se hallan cerca y son realmente tentadoras, las minas de oro en la cordillera de los Andes, la expansión de la frontera agrícola, la arremetida sojera en la Argentina, las cuencas de los ríos y las fuentes madereras, la energía hidroeléctrica (el proyecto Ralco en Chile, por parte de la Empresa Nacional de Electricidad, de capitales españoles), por nombrar sólo algunos ejemplos, pusieron en contacto a la etnias con lo global.
Asimismo la globalización implicó dentro de las fronteras nacionales la desintegración de la estructura productiva, y con ello, un hondo proceso de pauperización laboral, desempleo, desmantelamiento estatal, lo cual sin duda causó una crisis de identidad social ante el derrumbe de las conquistas de antaño (sobre todo en el ámbito obrero y sindical), por lo que algunos autores ven en esta circunstancia el disparador de la búsqueda de nuevas identidades, sobre todo en aquellas personas en las cuales ya de por sí era ambigua o poco clara (Quijano, 2008, p. 31). Es por ello que la disminución del peso relativo de la clase obrera resulta un dato ineludible para entender el surgimiento de nuevos movimientos sociales. Además de los trabajadores otrora como sujetos privilegiados del conflicto, también se aprecia en el período que nos ocupa, un debilitamiento de la presencia de los movimientos estudiantiles, sin duda dos de los actores principales en décadas pasadas.
En lo que a la cultura refiere, el capital global ha puesto en jaque uno de los elementos centrales del Estado: la producción cultural (Bebber, 2002, p. 327), es decir se ha iniciado un proceso profundo de crisis en la idea de nación como un todo homogéneo. Consecuentemente, el movimiento indígena en la actualidad (por supuesto que con matices y diferencias) cuestiona esa homogeneidad nacional y se para como un
otro distinto, repotenciando la cuestión identitaria
como algo central de su discurso. Un Otro vigente
y válido en sí mismo, y desde esa otredad le
puede exigir al Estado todo lo necesario para su reproducción como otro (Ibid., pp. 338-339).
Los cambios puestos de manifiesto han favorecido el proceso de construcción y resignificación identitaria, proceso que va de la mano -como punto de partida, pero a la vez de llegada- con el auge de los movimientos
indígenas en toda América Latina, que gracias a la articulación de sus demandas han conquistado la escena jurídica nacional (obra constituyente que avanza, aunque no alcanza) e internacional (Convenio de la OIT núm. 169 y la reciente Declaración Universal de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas).15
Ahora bien —y como ya fue sugerido— cabe señalar brevemente los caracteres de la identidad, para lo cual seguimos a Díaz Polanco (2006), en tal sentido las identidades son: históricas, pues se conforman en complejos contextos que incluyen otras etnias y culturas con las cuales se interrelacionan y de las cuales se define la propia pertenencia. Y en esa lógica nacen, se transforman, mueren y renacen. Por ello decimos que son también dinámicas, no se hallan cristalizadas, mutan, se adaptan, fluctúan y se resignifican. A su vez, son a su interior heterogéneas, no resulta la idea de un todo sacralizado armonioso y sin tensiones. Las mismas contienen subgrupos en su seno. Por su parte, el mentado autor señala que la identidad básica se asocia con la comunidad, es decir lo que da cohesión como grupo, la pertenencia y lo que le da significación a la vida (p. 143, 146).
Consideraciones finales.
En esta miscelánea panorámica que pretendió dar cuenta de los procesos históricos que manipularon lo indio, es decir la conquista, la colonia (externa e interna), la asimilación, el mestizaje, la nacionalización y campesinización (podríamos agregar varios etcéteras), no resulta claro qué es el indio, el indígena, en fin el otro. Es que la historia atroz nos sitúa en la actualidad ante una lógica del quién es quién.
Como ya se ha puesto de manifiesto la etnicidad no se trata de un enunciado neutro, en su seno conviven discusiones y connotaciones políticas y juicios de valor, sobre procesos históricos (socioeconómicos y políticos).
Santoyo (1996, p. 224), al analizar el caso 15 En ese mismo sentido James Anaya (2005) sostiene que: “El tratamiento contemporáneo de los pueblos indígenas en el sistema internacional es el resultado de la intensa actividad desarrollada durante las últimas décadas, una actividad que ha involucrado a los propios pueblos indígenas y en la que ellos mismos han tomado la iniciativa. Los pueblos indígenas han dejado de ser simples objetos de la discusión sobre sus derechos y se han convertido de hecho en participantes de un amplio diálogo multilateral...” (pp. 91-92).
colombiano, señala que la identidad india, sus movimientos de reivindicación, las organizaciones que se han desarrollado en las últimas décadas, pueden verse como producto de reafirmación de identidades étnicas. Las sociedades indias han vivido un proceso reciente de construcción de nuevas representaciones político-culturales, como una manera de enfrentar fuerzas de asimilación. Estas representaciones crean y hacen operativa la noción de pertenencia étnica y de minoría cultural que reivindica sus derechos dentro del Estado Nacional. Toman cuerpo dentro de organizaciones y acciones políticas específicas: movimientos de toma de tierras, reivindicación de lengua, educación, representatividad política, derechos territoriales y económicos. Hay que agregar que los pueblos indígenas articularon una imagen de sí mismos diferente de la imagen que ha sido fabricada históricamente por los sectores sociales dominantes y que ha servido de pauta para su actuacióny conformación del movimiento indio (Anaya, 2005, p. 92).
Por eso hablar del tema en cuestión resultará vacuo si no lo operativizamos con el proceso histórico y el contexto socioeconómico, político y discursivo, y en las relaciones e interacciones que se forjan con el Estado y dentro del mismo colectivo étnico.
Insistimos en la idea de que dependerá siempre de puntos de referencia, del dónde nos situemos, no todos los grupos indígenas se denominan de igual modo, algunos se reivindican como indígenas, otros como originarios, como naciones y hasta algunos lo han hecho como indios (Campaña Continental “América india, negra y popular”, frente al V centenario del “descubrimiento de América”). Por ello, lo indio —al igual que el pueblo, la nación, la paz— funciona, en términos de Laclau (2005), como significante vacío; en consecuencia los distintos movimientos indígenas se apropian y le dan sentido para articular sus discursos y reivindicar sus demandas, con el fin de que sea reconocida su otredad. Un grupo indiferenciado y heterogéneo que se articula a partir de un proceso equivalencial, permite la construcción de una identidad colectiva, conformando un lo indio (en el caso lo pluriétnico y lo plurinacional), que lo constituye en un significante vacío capaz de dar unidad a demandas preexistentes reunidas en una cadena de equivalencias. De este modo, existe
lo indio, en la medida que ese nombre se vacía
de contenido y se convierte en catalizador de demandas que, si bien antes eran heterogéneas,
ahora se reúnen y establecen entre sí una relación equivalencial (la heterogeneidad como la garantía de una identidad colectiva).
Por ello en el ámbito internacional los pueblos indígenas de América (es decir la matriz interétnica) lograron fraguar una identidad indígena transnacional que fue ampliada después para incluir a pueblos indígenas de otras partes del mundo (Anaya, 2005, p. 93).
El winka16, español, blanco o europeo, además de sojuzgar al indio intentó siempre invisibilizarlo como distinto, y esto choca con la identidad étnica que lucha por sobrevivir y recrearse.
Como señala Díaz Polanco (2006) al ser la identidad una cuestión móvil, no unívoca y que convive con otras identidades (múltiple), resulta un arma de doble filo para el reconocimiento de la etnicidad, es decir del otro como otro. En palabras del autor queda más claro:
…conviene tener cuidado, ya que en muchos casos se utiliza la noción de identidades múltiples no para ponderar su complejidad y profundidad, sino para limar sus aristas y restar importancia al fenómeno identitario… que la identidad no sea “unívoca” se menciona frecuentemente como la prueba de que toda invocación de la identidad, en tanto plataforma desde la que se reclaman ciertos derechos, es un criterio inaceptable o políticamente incorrecto, sea por la imposibilidad de definir los linderos identitarios, sea por el carácter secundario o de poco peso del ámbito invocado, dadas las “mezclas” culturales que siempre están presentes (pp. 145-146).
Por ello, desde los movimientos étnicos de muchos países latinoamericanos se denuncia una práctica de subregistro por parte de los Estados, lo que han denominado censoscidio, esto tiene que ver con los criterios de conteo censal de las
poblaciones indias y con los criterios de etnicidad
empleados y su metodología.
En mi país se incluyó por Ley nº 24.956 para 16 “Utilizaremos la categoría winka para identificar a las sociedades hispano-criollas (chilena y argentina) que se han relacionado con la sociedad mapuche de manera antagónica, generando una frontera étnica, a partir de la cual ambos actores se han categorizado ideológicamente…” (Canuiqueo, 2006, p. 129).
el Censo Nacional de Población y Vivienda a llevarse a cabo en el año 2001 la temática de
autoidentificación de identidad y pertenencia a
comunidades aborígenes (art. 1). La publicación de los resultados parciales fue motivo de reclamo por parte de los indios que habitan dentro de los límites del territorio argentino.
En un artículo publicado con fecha 23 de septiembre de 2004 en la página Web Aborigen
Argentino titulado “Censo tergiversa presencia indígena”, se denuncia al respecto que,
…miembros de esos pueblos habitando en otras regiones, por ejemplo, en Buenos Aires viven muchos mapuches. Aquellos que por discriminación y la vergüenza que deriva, ocultan su identidad. Los que no saben o no tienen clara su ascendencia, por el difundido uso de nombres latinos en las comunidades, que se ha continuado durante generaciones. Los que cuentan con uno de los ascendientes de nacionalidades oprimidas. Los que no saben que son oriundos de comunidades, desconocimiento que no se transforma en búsqueda de las raíces por la presión y represión histórica que existe sobre esas comunidades. Recordemos que una de las preguntas de los encuestadores se refiere a si alguien de la familia se reconoce como tal. Por todo ello no nos cabe duda de que la cantidad de miembros de las naciones oprimidas por el estado deben ser más de cuatro o cinco veces esa cantidad, lo que contando a los llamados mestizos, muchos de los cuales se están acercando a las luchas y reivindicaciones originarias, afirmamos que esa cantidad no debe bajar de uno y medio a dos millones. Lo mismo sucede en muchos otros países de la región, cuyos estados desde siempre han desarrollado diversas estrategias para ocultar datos y negar las bases objetivas de la identidad.17 (El
17 En el año 2004 y 2005 se realizó la Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas y se tomó como marco aquellos hogares en los que el Censo Nacional de 2001 registró al menos una persona perteneciente y/o descendiente de pueblos indígenas. Según las cifras de la ECPI existen 600.329 personas que se reconocen pertenecientes (76,2 %) y/o descendientes en primera generación (23,8%) de pueblos indígenas. Estas personas forman parte de una gran diversidad de pueblos indígenas y están distribuidas en todo
artículo sostiene que el resultado parcial del Censo dio un total de 286.510 indios argentinos).
Como es dable apreciar según el artículo referido, la estrategia censal fue dejar fuera a la región más poblada del país, es decir la Capital Federal y la Provincia de Buenos Aires,18 como negando una realidad innegable: que lo étnico también está en la ciudad, el indio no es ajeno al proceso de urbanización de los últimos tiempos, ha migrado como consecuencia de los cambios estructurales puestos de manifiesto en párrafos precedentes. Esto quizá se deba a la imagen esencialista que todavía se tiene, y que ve al indio con arco y flecha o como un campesino; y que la población argentina viene de los barcos. Si bien es una afirmación presente en el sentido común, importa un verdadero obstáculo epistemológico para visibilizar al indio.
En un artículo muy sugerente titulado “Contar a los Indígenas en Chile”(Gundermann, 2005) se repasan los criterios a través de los cuales se consideró perteneciente a una etnia. El Censo de 1907, utilizó criterios de identificación culturales y objetivos (lengua, vestimenta y modo de vida), mientras que en el Censo de 1930 la cédula dispuesta para los indígenas se aplicó a aquellos que conservaran sus costumbres y vivieran en reducciones al sur del BíoBío. En 1952, por primera vez se hace nacional. “La acción de ‘contar indígenas’ deja de ser un asunto de interés regional y ahora se hace extensivo a todo el país, pero limitado a los mapuches” (pp. 91-113).Por otra parte, como criterio de identificación se ocupa el de vivienda (vida en reducciones mapuche), agregándose uno de tipo subjetivo: aquellos que declaran ser “araucanos”. Se da inicio así al uso de un principio de autoadscripción para definir la pertenencia a la condición sociocultural de indígena.
Es en el Censo de 1992 que para contar indios a lo largo de Chile19 se introduce de manera decidida el país
18 Argentina tiene una población total de 36.260.130, de las cuales 16.603.341 personas viven en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en la Provincia de Buenos Aires, Fuente INDEC, www.indec.mecon.ar, consultada el 23 de noviembre del 2008.
19 Como rasgos generales cuadra aclarar que se trata de un Estado fuertemente centralizado, que reconoce la presencia étnica sólo legalmente (Ley núm. 19.253), que sostiene que todos sus ciudadanos son chilenos, que en su Constitución
y exclusiva un criterio subjetivo de identificación a través de la pregunta sobre la pertenencia a
culturas indígenas. Por su parte, en el censo
llevado a cabo en 2002 se preguntó sobre la pertenencia a pueblos indígenas. Llamativamente en el primero fue mayor la presencia india con respecto al segundo, los autores lo explican del modo en que sigue:
Muchos pueden sentir que participan de una cultura indígena, por tenue que este compartir sea en la práctica. Bastará con que se identifique con algunos símbolos o emblemas caracterizadores, lo que puede entonces darse de manera muy variada. De allí a suscribir una pertenencia hay un paso. Por el contrario, no es posible pertenecer a un pueblo de esa forma. Esto último es más restrictivo; exige un vínculo biográfico o su postulado al menos. La pertenencia a un pueblo tiene entonces algo de condición dada, de un estatus prescriptivo, del modo como se heredan/reciben los lazos de sangre (idem.).
Más allá de los problemas semánticos y discursivos que giran en torno a los términos, en el derecho internacional también se fue
evolucionando a criterios subjetivos para romper
con el quién es quién. El Convenio nº 169 de la OIT consagra que será aplicado
“…a los pueblos en países independientes, considerados indígenas por el hecho de descender de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país en la época de la conquista o la colonización o del establecimiento de las actuales fronteras estatales y que, cualquiera que sea su situación jurídica, conserven todas sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o
sólo reconoce el término pueblo para la nación chilena (art. 5), que criminaliza la protesta y juzga a los dirigentes mapuches como terroristas (aplicando la Ley nº 18.314, que fuera creada en la Dictadura), que pone las fuerzas de seguridad del lado del capital energético y forestal (que a la vez subsidia), que tardó 17 años para analizar la ratificación del Convenio núm. 169 de la OIT, y que teme sobremanera a las demandas de autonomía, como expresiones de secesión.
parte de ellas” (art. 1, ap. 1, inc. b).
Si bien reproduce la fórmula del viejo 107 e insiste con la existencia de patrones objetivos (instituciones), agrega que “la conciencia de su identidad deberá considerarse un criterio fundamental para determinar los grupos a los que se aplican las disposiciones del Convenio” (art. 1, ap. 2).
La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas establece en su articulado algunas cuestiones relativas a la temática en estudio, así el apartado 2 del artículo 16 declara —tras siglos de invisibilización— como obligación de los Estados la adopción de “medidas eficaces para asegurar que los medios de información públicos reflejen debidamente la diversidad cultural indígena”. Por supuesto que esto incluye la cuestión del conteo censal. Asimismo, dispone que “los pueblos y los individuos indígenas tienen derecho a pertenecer a una comunidad o nación indígena, de conformidad con las tradiciones y costumbres de la comunidad o nación de que se trate” (art. 9).
Sin duda la cláusula más importante para el objeto del presente la hallamos en la primera parte del artículo 33, que consagra el criterio de la autoadscripción y la pertenencia, y va más allá, al señalar que serán los propios indios quienes determinarán las condiciones de la misma. Así como un Estado decide sobre quiénes son sus miembros, es decir sus nacionales, serán los pueblos los que deben determinar quiénes son sus comunitarios.
El artículo en cuestión también nos ofrece la noción de que la identidad es múltiple al consagrar como derecho, que lo anterior no es óbice para “que las personas indígenas puedan obtener la ciudadanía de los Estados en que viven”.
En conclusión, mientras la lógica estatal nacionalizante siga indagando en la conciencia sumada a la existencia de pautas objetivas (como formas tradicionales de gobierno, lengua propia, costumbres), pero negando los procesos socioeconómicos acaecidos, el indio dentro de su etnia deberá llevar a cabo una redefinición
nacional (lo tarahumara, lo mapuche, lo aymara,
lo yanomami) para construir conciencia para sí, un trabajo constante de recuperación y reconquista de lo simbólico, de sus tradiciones y cosmovisiones.
Al mismo tiempo, lo indio resulta necesario como núcleo del movimiento, como el disparador que unifica lo pluriétnico y lo plurinacional a
efectos de seguir en la conquista de derechos y el reconocimiento estatal de la otredad.
Detrás de lo indio se esconde el orgullo y la vergüenza, la matanza y la resistencia, así como la manipulación de discursos tanto del Estado como por parte del propio movimiento, pero también se esconde una posibilidad, una bandera seria frente a la etnofagia, el etnocidio, el censocidio, y la punta de lanza para la construcción de una nación que acepte las diferencias y construya una ciudadanía inclusiva de ellas.
En tal sentido, si descolonizamos lo indio
(cuestión que tiene que involucrar necesariamente la subjetividad india y la sociedad toda), si lo impregnamos de una carga positiva, donde conviva el indígena, el originario, el nativo, sin raza y de igual a igual con el resto de los oprimidos, se podrá poner en jaque el patrón de poder (europeo,
occidental, blanco); para ello la elección en la toma de conciencia“para sí” es fundamental
como constitutiva de los distintos movimientos y a efectos de reconquistar un nosotros distinto en un marco de igualdad.
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Aproximación y fugacidad: las dimensiones de lo político en Heráclito y
Nezahualcóyotl
Jaime Castillo Resumen
En este artículo se tercia un análisis de las expresiones políticas contenidas en los fragmentos y tex-tos de Heráclito y Nezahualcóyotl para ubicar el fenómeno de lo político en la realidad del acontecer de los modos diversos de ser de la existencia humana. Se hace también una analogía interpretativa y explicativa de terminologías y de lenguajes de sentido fenomenológico en el uso y el valor de la praxis de formas de vida de las sociedades correspondientes a cada autor estudiado.
Palabras clave: aproximación, fugacidad, movimiento, Heráclito, Nezahualcóyotl, político. Abstract
This article intends to advance in an analysis of the political expressions contained in the fragments and texts from Heraclito and Nezahualcoyotl in order to locate the political question in the reality of human existence. There is also an analogy of terminologies and languages of phenomenological meaning in the practice of life’s forms in each of the author’s societies.
Keywords: closeness, fugacity, movement, Heraclitus, Nezahualcoyotl, political.
La sabiduría arcaica, aunque es constructiva, no constituye sistema alguno. Quizá una característi-ca muy importante de esta forma de pensamien-to es el que sin ser sistémica, sus observaciones sirvan para interpretar la realidad. Dichas formas sapienciales abundan en preceptos, máximas, con-sejos, prácticas, reflexiones dispersas, etc. Su esti-lo es enigmático, pero así es también la fuente de toda sabiduría primaria, cuya preponderancia se encuentra en la intuición que se concentra por en-tero en un problema, lo revisa y lo despliega arti-culándolo en sus diferentes aspectos. Se puede de-cir entonces que es la sabiduría antigua o arcaica una capacidad lógica que se revela en la conciencia profunda de la realidad muy viva y sentida y, en esa perfección, toda argumentación sobre lo humano se convierte en pensamiento vivo, orgánico y total.
El carácter fundamental de los fragmentos de Heráclito y de los textos de Nezahualcóyotl no
son el de ser tratados, sino expresiones vivientes, donde los fundamentos de lo político se conciben de forma imaginativa y artística, dejando que lo doctrinal y racional se presenten en forma prácti-ca y antropomórfiprácti-ca como símbolos de lo común. Muchos de los fragmentos de Heráclito hacen no-tar la cualidad de lo común y no son pocos los estudiosos que observan en ellos el uso de lo cos-mológico como referencia de los fenómenos so-ciales; más que un método de hermenéutica ana-lógica, es un uso de ejemplos y del lenguaje de lo cotidiano; en el pensamiento de Nezahualcóyotl existe también una abundante literatura que po-dríamos catalogar como naturalista. Así, en lugar de invocaciones de lo político, se encuentran en ambos casos alusiones de la naturaleza física, es decir términos e imágenes que ejemplifican los fenómenos de la organización y dominación po-lítica; en consecuencia, la cosmovisión de estos