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BARROCO EUROPEO FRANCIA.

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BARROCO EUROPEO

FRANCIA.

1-. Arquitectura

Las motivaciones y los condicionantes con los que parten los artistas del barroco francés son muy diferentes a los del barroco italiano. A pesar de mantenerse católica, Francia tiene que superar graves divisiones internas, que llegan a afectar a la estabilidad de la monarquía, lo que motivará que la necesidad del Estado sea la de garantizar su propia existencia,

fortificar sus instituciones y proyectar una imagen de la realeza poderosa y absoluta. Estos condiciones imprimen al barroco francés un carácter cortesano, palaciego, vinculado además al hecho de que se convierte en la

potencia europea después del hundimiento definitivo del imperio de los Austrias.

El arte religioso queda en un segundo plano, y el ideal contrarreformista siempre aparece muy atenuado, por la importancia de los movimientos protestantes, y la

necesidad de cierto acuerdo entre ambas partes depuse del Edicto de Nantes. Los grandes encargos son siempre de la nobleza y de la monarquía, grandes conjuntos palaciegos, rodeados de jardines, que constituyen una de las principales aportaciones del barroco francés al arte europeo. Palacios en los que la fachada principal mira hacia el jardín, manteniendo en los patios cierto clasicismo, que estará presente como corriente en todo el barroco francés. La decoración se reserva para el interior, en la que se despliega una gran suntuosidad, techos pintados con frescos, espejos, molduras doradas. Las techumbres son de gran altura, formando cuerpos prismáticos en los que se abren ventanas abuhardilladas, llamadas habitualmente mansardas.

El urbanismo tiene gran desarrollo, se abren grandes avenidas en eje de los palacios y de las plazas, en las que se incluyen arcos de triunfo y monumentos

conmemorativos.

El Francia y por el patrocinio real se crea muy pronto una Academia, que impone el gusto clasicismo en los arquitectos y les orienta en su producción hacia los fines políticos.

Podemos dividir la evolución de la arquitectura en dos periodos esenciales.

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1-1-. Primera mitad del siglo XVII.

Nos encontramos con una gran actividad constructiva, con iglesias de gran austeridad, aunque sigan en planta el modelo jesuítico de Il Gesú. A pesar de la abundancia de obras, no son muchos los proyectos de gran entidad que se realizan, mas bien se trata de mansiones nobles en las afueras de París. En el urbanismo se crean las llamadas plazas reales, en las que las

construcciones se someten a un mismo diseño común, como la Plaza de los Vosgos, con la estatua central de Luis XIII.

1- 2-. Segunda mitad del siglo XVII.

Bajo el reinado de Luis XIV, el rey Sol, la arquitectura acentua ese carácter monárquico y cortesano. El rey controla toda la actividad a través de la Academia. La reales fábricas, se dedican a la producción de artículos suntuosos, tapices, cerámica, para la decoración de los palacios reales. Emprende grandes proyectos constructivos que reflejen el concepto de monarquía

absoluta. Uno de esos primeros proyecto de Luis XIV es completar las obras del palacio parisino del Louvre, llamando incluso para ello a Bernini, aunque su diseño finalmente fue descartado y se eligió el del francés Claude Perrault.

El palacio mas importante es el de Versalles, que pasa de ser un modesto pabellón de caza, a ser la residencia del rey y donde se fija la corte. De este hecho surge la necesidad de ampliarlo para dar cabida al rey, la numerosa corte y las sedes de los

ministerios y despachos. En 1678 ya es sede del gobierno, momento en que se

emprende la gran ampliación encargada a Luis Hardouin Mansart (1646-1708), añade dos alas muy prolongadas, que dan al edificio una enorme extensión; terminó el núcleo central del palacio, con la fachada hacia el jardín. En la fachada se observa el modelo constructivo que se fija en Versalles y se será el común para todos los palacios cortesanos barrocos del resto de Europa, formado por tres pisos, un basamento sólido y de aspecto

compacto, una planta noble con amplios vanos y un tercer piso de remate mucho mas decorado. De la zona cortesana destaca el Salón de los Espejos, ejemplo del fastuoso despliegue decorativo de los

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interiores palaciegos franceses. En cuanto a la capilla Mansart se inspira en los modelos góticos franceses especialmente en la Sainte-Chapelle. El diseño de los jardines, que, como hemos dicho, es algo esencial en los conjuntos palaciegos franceses corresponde a André le Nôtre, son jardines de fuerte inspiración arquitectónica, ya que los arbustos y árboles se recortan formando setos, calles, plazas, que limitan la decoración y sirven de escenario y de perspeciva para las fuentes monumentales, decoradas con

gran numero de estatuas, como si se tratara del diseño urbanístico de una ciudad.

Otro de los proyectos de Mansart fuera de Versalles es la iglesia de los Invalidos en París de 1691, en la que combina los elementos clasicistas de inspiración romana en el cuerpo de la iglesia con el remate en una gran cúpula, típicamente francesa

2-. Escultura.

Al igual que en la arquitectura, la escultura está condicionada por su función al servicio de la monarquía, debe glorificar al soberano, presentado a las súbditos su magnificencia, su esplendor y al mismo tiempo proporcionando los entornos palaciegos y refinados que el poder requiere para sus liturgia y sus ceremonias. Se prefieren por lo tanto los temas mitológicos y alegóricos, que enlazan a la monarquía con las glorias romanas. El influjo de Bernini es apreciable, aunque no consigue eliminar el peso clasicista impuesto por la academia.

Es la segunda mitad del siglo XVII cuando hay un mayor desarrollo escultórico, debido lógicamente a la fuerte demanda de obra en el reinado de Luis XIV, y la necesidad propagandística de la

monarquía. Versalles es además el edificio destinatario de la mayor parte de la obra . Como autores destacados de esta tendencia tenemos a Pierre Puget (1622-1694), formado en Italia, se inclina sobre todo por temas mitológicos de carácter alegórico, durante un tiempo trabaja fuera de la corte, pero consigue hacer un hueco entre los escultores reconocidos con su “Milón de Crotona”, derivado de los grupos escultóricos de Bernini, con recuerdos del

Laoconte, obra que le abre el camino a nuevos encargos de mayor entidad.

Los escultores propiamente cortesanos son los realmente reflejan el estilo del barroco francés, como François Girardon

(1620-1715) que realiza varias fuentes y grupos escultóricos para los jardines de Versalles, como “Apolo servido por las ninfas”, concebido como una escena al aire libre, inspirando para la figura de Apolo en el modelo helenístico del Belvedere. También realiza escultura funeraria, como el sepulcro

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del cardenal Richelieu, que introduce una teatralidad muy del estilo de Bernini.

Antoine Coysevox interviene en la decoración de los salones de Versalles, con más personalidad que Puget; gran retratista, recurre con frecuencia a representar al retratado como si fuese un personaje mitológico, como por ejemplo en el caso de Maria Adelaida de Saboya, como Diana Cazadora. Retrató a los personajes más importantes de la corte, sobre todo a Luis XIV y Luis XV

3-. Pintura.

De nuevo la tendencia es aquí también cortesana, aristocrática, como los

ampulosos retratos que hace Rigaud de Luis XIV, un estilo pomposo, en la vestimenta y en la composición. En esta línea cortesana la presencia del tenebrismo italiano es

mínima y predomina la tendencia clasicista que desde la Academia se viene marcando en todas las artes. El tenebrismo lo encontramos sólo en pintores que se inclinan por representar escenas más populares, como Le Tour y Le Nain, que huyen del tratamiento grandilocuente de la pintura cortesana, no sólo en temas sino también en técnica.

Es Georges Le Tour (1593-1652) quien introduce en Francia la estética caravaggista, siendo prácticamente el único que la sigue fielmente y que incluso la desarrollo aun más, sus cuadros aparecen completamente a oscuras y tan sólo un pequeño foco de luz, normalmente una vela

o un lámpara, permiten ver la realidad, minuciosamente reflejada. Esta iluminación tan característica le da a sus cuadros un aire especialmente intimista, una atmósfera misteriosa, que se presta muy bien a la temática religiosa que suele trabajar. Ejemplos de este estilo tan personal son “La Magdalena penitente” o “San José carpintero”.

Le Nain, no es tan extremo en el tratamiento de la luz, pero si mantiene el gusto por las escenas religiosas tratadas con naturalidad y reflejando las clases populares, casi con interés sociológicos.

El Clasicismo barroco francés está representado por dos pintores profundamente academicistas, Claudio Lorena y Nicolás Poussin. partidarios de conservar la esencia de la pintura vinculada al equilibro, las formas serenas, los temas mitológicos, introduciendo como ya habían hecho

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los s pintores de la escuela veneciana el paisaje, al que empiezan a dar una gran

importancia que le llevará a convertirse en un género autónomo, de forma simultánea a lo que se estaba haciendo en los Países Bajos

Nicolás Poussin (1594-1665), es el pintor de la serenidad, reacciona contra el

descarnado naturalismo de Caravaggio, y contra los escesos del barroco mas desmedido de Rubens o Rigaud, busca el orden, la iluminación serena, sin fuertes contrastes, que da al cuadro un atmósfera diáfana., en muchos casos las figuras parece más bien esculturas de aire clásico. Introduce frecuente en los cuadros escenas mitológicas o religiosas en ruinas clásicas, rodeadas de

vegetación. Cuida siempre que la composición se mantenga en los modelos clásicos. Podemos citar como obra representativas de su estilo, la escena pastoril “Et in Arcadia ego” o la representación de la “Sagrada Familia.” Claudio Lorena (1600-1682) , tiene para muchos críticos un mayor interés, por el empleo que hace del paisaje en sus cuadros, en el que intenta capta la luz del sol reflejándose a través de los árboles, sin caer en los efectos teatrales y

tormentosos de pintores como Rembrandt. Pinta escenas en puertos imaginarios, que evocan el esplendor de la antigua Alejandría, con pórticos monumentales en los que las figuras se reducen de tamaño hasa convertirse en algo secundario. En los países los árboles en gran variedad llenan la escena, con composiciones que tienden a la simetría. Como ejemplos cabe mencionar “El puerto de Ostia en el embarque de Santa Paula” o “Ezequiel en las ruinas de Tiro”

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