Participación política de la
ciudadanía y voto obligatorio
Paloma Torres Miranda*1
Recibido: 19 de noviembre de 2015 · Aceptado: 22 de diciembre de 2015
Resumen
Dentro de la democracia y todo lo que se deriva de ella, existen en las sociedades modernas distintas formas en que la ciudada-nía ejerce sus deberes y exijen sus derechos. Entre estas, la más clara y evidente es la participación política, en donde la forma más común de demostrar dicha participación es a través del su-fragio. Recientemente, en Chile se ha modificado la naturaleza del voto, pasando de ser obligatorio a voluntario. Este artículo presenta una breve recopilación de la teoría en torno a lo que se entiende por ciudadanía, la importancia de la participación y representación política y una comparación entre ambos tipos de votos, señalando que es el voto obligatorio la mejor manera de mantener la legitimidad institucional de la democracia.
Palabras clave: Ciudadanía; Derecho poíticos; Participación po-lítica; Derecho a sufragio; Voto obligatorio.
Participação política da cidadania e voto obrigatório
Resumo
Dentro da Democracia e tudo o que dela deriva, existem nas sociedades modernas diferentes formas onde a cidadania exer-ce seu dever e exige seus direitos. Entre estas, a mais clara e evidente é a participação política, onde a forma mais comum de mostrar dita participação é através do sufrágio.
Recentemen-*1 Cientista política (Universidad Gabriela Mistral, 2012), Licenciada en
te, no Chile se modificou a natureza do voto, passando de ser obrigatório a voluntário. Este artigo apresenta um breve com-pilado da teoria em torno do que se entende por cidadania, a importância da participação e representação política, e uma comparação entre os dois tipos de votos, sinalando que é o voto obrigatório a melhor maneira de manter a legitimidade institu-cional da Democracia.
Palavras chave: Cidadania; Direito Político; Participação políti-ca; Direito a sufrágio; Voto obrigatório.
Political citizen participation and compulsory voting
Abstract
In democracy and all included in it, there are different ways in modern societies for citizens exercise their duties and demand their rights. Among these, the clearest and most obvious is po-litical participation, where the most common way to prove such participation is through the vote. Recently, Chile has changed the nature of the vote, from mandatory to voluntary. This article presents a brief summary around the theory about what citizen-ship means, the importance of political participation and rep-resentation, and a comparison between the two types of votes, noting that compulsory voting is the best way to maintain institu-tional legitimacy of Democracy.
Keywords: Citizenship, political rights, political participation, right to vote, compulsory voting.
Introducción
momento de ejercer el derecho y/o deber de participar en la vida política de la sociedad, como es el caso de participar de las elec-ciones a partir del derecho a sufragio.
En este artículo se analizará la relación que existe desde la creación de la sociedad y la ciudadanía, la radical importancia que tienen las elecciones y la representación ciudadana en los cargos que son elegidos por la participación electoral popular, y cómo esas variables influyen respecto de la modalidad del sufra-gio, es decir, si este debe ser obligatorio o voluntario. Lo anterior, a partir del caso chileno y el cambio de la obligatoriedad del voto, en 2010, a la voluntariedad del mismo.
De acuerdo con lo señalado, no es posible comenzar a discutir con respecto del ejercicio de los deberes y derechos de los ciuda-danos, sin antes entregar una revisión de las distintas teorías que han surgido, en la historia de Occidente, con respecto a lo que se ha entendido por ciudadanía. Por lo tanto, cabe preguntarse ¿cómo surge la ciudadanía?, ¿cuál es el valor de ser ciudadano?, ¿qué involucra ser ciudadano? De estas preguntas se podrá ob-tener una idea general de lo que se entiende por ciudadanía y lo que las sociedades civiles modernas han establecido al respec-to de esrespec-to y del conceprespec-to de sociedad moderna. Además, dentro de la importancia de las elecciones y la participación, también se ve la importancia que tiene el derecho y/o deber del voto de quienes conforman una sociedad –y cumplen con los requisitos para poder sufragar– pero sobre todo, se enunciará que el voto obligatorio es, de alguna manera, más efectivo en materia de par-ticipación y legitimidad del sistema que el voto voluntario en la actualidad.
Teoría de la ciudadanía
leyes y sin justicia” (Aristóteles, 2007, p. 41). Plantea además, que la familia es el núcleo de la sociedad, pues es necesario el otro para la conservación de la especie (Aristóteles, 2007, p. 38). Dentro de esta misma idea, el discípulo de Aristóteles, Platón, va a desarrollar algo similar frente al tema de la ciudadanía, en donde postula: “Es casi imposible que un Estado encuentre un punto de la tierra, en el que pueda sacar todo lo necesario para su subsistencia. Tendrá necesidad, por consiguiente, de que vayan algunas personas a los Estados vecinos a buscar lo que les falta.” (Platón, 1999, p. 14). La idea es similar a la que postulaba Aristó-teles, es demostrar la necesidad que presenta el hombre de tener una relación con el otro; su subsistencia es en relación a otro, lo que queda en evidencia de forma clara en términos de vivir en este mundo y perpetuarse.
Una vez claro el hecho de que el hombre solo se puede de-sarrollar en relación a otro, podemos pasar a mencionar la re-lación de la calidad de ciudadanos. Siguiendo con lo planteado por Aristóteles, para él el ser ciudadano implicaba tener un rasgo distintivo: poder gozar de las funciones de Magistrado y de juez, y estas son características propias de los ciudadanos dentro de la democracia. Además de tener la virtud cívica y que es, en defini-tiva, un título que merece el hombre político, pues no todas las personas que viven en la polis tendrán el estatus de ciudadano (Aristóteles, 2007).
Siglos más tarde, irrumpirán en el escenario de la filosofía po-lítica pensadores que intentarán explicar, bajo sus distintos pos-tulados, el surgimiento de la sociedad moderna y el poder político de esta; estos son los llamados contractualistas: Hobbes, Locke y Rousseau, quienes, como se mencionó con anterioridad, buscan entregar una nueva justificación para la ciudadanía y para que los hombres vivan en sociedad, alejándose de la tradicional justifica-ción de la Edad Media.
co-mún a la persona y a los bienes de cada asociado, y por virtud de la cual cada uno, uniéndose a todos, no obedezca sino a sí mismo y quede tan libre como antes” (Rousseau, 2007, p. 46). Agrega que al sumirse las personas en este pacto, se someten a la voluntad ge-neral, lo que produce un cambio, la creación de un cuerpo moral y colectivo, “compuesto de tantos miembros como votos tiene la asamblea… esta persona pública que así se forma, por la unión de todos los demás, tomaba en otro tiempo el nombre de ciudad y toma ahora el de república o de cuerpo político, que es llamado por sus miembros Estado” (Rousseau, 2007, pp. 46-47).
Locke, por su parte, escribe también sobre un estado de natu-raleza donde se encuentra el hombre que, a diferencia de lo pos-tulado por Hobbes, no es malo, pero no es capaz de proteger sus bienes materiales ni sus pertenencias, por lo que debe unirse con el resto en pos de la protección de sus bienes. Señala, al igual que Rousseau y Aristóteles, que la primera forma de sociedad civil es la familia, aunque él lo advierte como la sociedad conyugal y dice: “La sociedad conyugal se establece mediante un pacto voluntario entre el hombre y la mujer, y aunque consiste principalmente en ayuntamiento carnal y un derecho de cada uno al cuerpo del otro, según conviene a su fin principal, que es la procreación, también conlleva apoyo y asistencia mutuos, así como unos intereses co-munes, necesarios tanto para unir sus preocupaciones y afectos, como también para su descendencia común, la cual tiene derecho a ser alimentada y mantenida por ellos, hasta que sean capaces de hacerlo por sí mismos” (Locke, 1991, p. 77). Aquí coincide con el planteamiento de los anteriores pensadores en ver a la fa-milia como el núcleo y sustento de la sociedad civil.
En tercer lugar, nos encontramos con Thomas Hobbes. Este pensador conservador considera que el hombre vive en un cons-tante estado de guerra de todos contra todos y, además, que los hombres tienden a la búsqueda de la paz. De ahí que se plantea la obediencia civil, pues los hombres buscan la tranquilidad. Esto hace que los hombres busquen un poder común al cual puedan obedecer, El temor a la muerte y a las heridas o a ser víctimas de otros, en definitiva el miedo es lo que los lleva a crear un pacto para asegurar la vida de cada uno de ellos y, por sobre todo, la buena vida sin temores (Hobbes, 1998).
En general, los tres contractualistas coinciden en que el con-trato social es la base de la sociedad, que los hombres nacen li-bres e iguales por naturaleza, además de plantear que la familia o la unión civil entre cónyuges es la forma más básica y natural de la formación de una sociedad. Coinciden en que el hecho de firmar un pacto, contrato o acuerdo va a mejorar la calidad de vida de los hombres, les va a asegurar sus bienes materiales y sus libertades. Esto hará que creen una sociedad que esté organizada civilmente, es decir, que dé lugar a la existencia de ciudadanos.
Para Rawls, la definición de ciudadanía democrática es tal que: el contenido de esta abarca lo que los ciudadanos libres e iguales, en tanto que personas razonables, pueden exigir unos de otros respecto de sus puntos de vista comprensivos razonables. En este caso, no pueden exigir nada contrario a lo que puedan otorgar las partes representantes suyas en la posición original. Además de plantear que la ciudadanía tiene la justicia como núcleo carac-terístico, pues los ciudadanos tienen la capacidad educacional, por su cultura pública y las tradiciones históricas, estos pueden proponer y acatar términos de cooperación, además de cumplir ciertos cánones de comportamientos dentro de la sociedad, como lo es el pertenecer y el participar (Rawls, 1995). La definición de Rawls hace alusión a este pasado en común que comparten las personas que pertenecen a un Estado; estos comparten un pasa-do histórico, político y cultural. Por otra parte, la justicia dentro de la sociedad es la piedra fundamental de la ciudadanía, pues es un elemento clave para la composición de esta.
Estado nacional de derecho. Agrega que el estatus de ciudadano es también una diferenciación y una semejanza, es decir, yo me diferencio de quienes son distintos a mí, a los pertenecientes a mi nación, y me asemejo a quienes sí pertenecen a la misma socie-dad; distingo, por tanto, a quienes son externos de los internos dentro de mi Estado (Cortina, 2001). Acá se podría esbozar la re-lación que hay entre la nación y la ciudadanía, pues hace alusión a la relación que existe a nivel cultural y social de las personas, pues a sabiendas que son distintos los unos de otros, se recono-cen como iguales en ciertos aspectos, como lo es ser parte de una Nación y de un Estado.
De lo expuesto, se puede relacionar con lo ya esbozado por Rawls y Cortina. Por tanto, es fundamental el tener un pasado común, una cultura común o un sentido de pertenencia a un algo mayor, a un Estado-Nación por parte de los ciudadanos, con lo cual se estime que los procesos de participación y decisión en el ámbito político son cruciales para el desarrollo de su vida y del bien común de la sociedad.
Para Marshall, la idea de sociedad se plantea “como una se-rie de diferentes especies humanas hereditarias: patricios, ple-beyos, esclavos, etc. La clase es, tal y como era, una institución por su propio derecho, y el conjunto de la estructura posee la na-turaleza de un plan en el sentido de que está dotada de significa-do y propósito y es aceptada como un orden natural” (Marshall, 1949, p. 17). Para Marshall, por tanto, la idea de ciudadanía es el tener un pasado en común que le es natural a los hombres, y que gracias a esto, se conforma la ciudadanía que los hace ser parte de un todo.
Según Adam Przeworski, la ciudadanía moderna implica un haz de derechos y obligaciones predecibles y válidos para cada miembro de la comunidad política. Democracia y ciudadanía fue-ron coextensivas en varios países europeos del siglo XIX porque la pertenencia a la comunidad política estaba restringida por ley a quienes eran independientemente capaces de ejercer sus dere-chos y obligaciones políticas (Przeworski, 1998).
sin embargo, solo tiene sentido en términos de una comunidad política particular, el Estado-Nación”. Agrega, además, que “un ciudadano es alguien que tiene la responsabilidad de participar activamente en la configuración de su propio gobierno, en el de-venir de su comunidad política” (Fierro, 2009, p. 5).
En general, los autores comparten ciertas ideas de lo que se entiende por ciudadanía. Las personas que componen un Estado compartirán un pasado histórico, político y cultural común, lo que dará la sensación de pertenecer a un algo más grande que ellos, esto es la sociedad. El hecho de ser ciudadano o tener ciu-dadanía le entrega a las personas derechos y deberes, les da la oportunidad de participar dentro de los diversos procesos políti-cos que se efectúen en la sociedad. Además, el ser ciudadano les da libertades, responsabilidades, y el hecho de que sean iguales frente a la ley, la justicia será imparcial para cada uno.
Importancia de las elecciones y representación
Como hemos visto en la primera parte, dentro del concep-to de cuidadanía se ha establecido que quienes ostentan esta condición, tienen deberes y derechos que se deben respetar y hacer cumplir. De aquí recae la importancia de las elecciones y la representación en las sociedades modernas y contempo-ráneas. Las elecciones son radicalmente importantes y es in-negable dicha caracterísitca, pues es a través de esta forma de participación que los ciudadanos eligen a quienes serán los que representen sus intereses en la sociedad y velen por el respeto de estos, por lo que la importancia de la representación viene de la mano de lo anterior.
Siguiendo la postura de la profesora Hill, plantea el profesor Chuaqui, “la participación electoral debe ser considerada como una manifestación fundamental de la participación política. En otras palabras, la participación electoral es una de las expresio-nes más elementales de nuestra condición ciudadana puesto que, en una democracia representativa, provee la oportunidad para indicar nítidamente nuestras preferencias y voluntades políticas” (Chuaqui, 2007, p. 187). Es decir, es fundamental para que una democracia sea legítima y resguarde los intereses y bienestar de sus ciudadanos, estos deben participar de ella. Por tanto, se esta-blece una relación de reciprocidad, entre más participación ciu-dadana exista en un Estado, mayor y mejor será la democracia en este.
Dentro de la misma línea de pensamiento con respecto a la im-portancia que tienen las elecciones, el politólogo Dieter Nohlen, por su parte, establecerá que “la importancia de las elecciones se refleja, aproximadamente, en la definición siguiente: las elecciones representan el método democrático para designar a los represen-tantes del pueblo” (Nohlen, 1994, p. 9). Más adelante, agrega que: Entre los principios que procuran la capacidad legitimadora de las elecciones, y que gozan al mismo tiempo de una impor-tancia normativa para las democracias liberales-pluralistas, podemos citar: 1) la propuesta electoral, que, por un lado, está sometida a los mismos requisitos de la elección (debe ser libre, competitiva) y por otro, no puede sustituir a la decisión selectiva del electorado; 2) la competencia entre candidatos, los cuales se vinculan en una competencia entre posiciones y programas políticos; 3) la igualdad de oportunidades en el ám-bito de la candidatura (candidatura y campaña electoral); 4) la libertad de elección que se asegura por la emisión secreta del voto; 5) el sistema electoral (reglas para la conversión de votos en escaños) no debe provocar resultados electorales peligrosos para la democracia o que obstaculicen la dinámica política, etc. (Nohlen, 1994, pp. 10-11).
Por tanto, se establece una similitud en el pensamiento de los autores tratados con anterioridad en relación a la partici-pación electoral. Dentro de esto, la importancia que tiene este proceso es indudable, puesto que es a través de la participación electoral que la democracia se va nutriendo, enriqueciendo y perfeccionando, logrando, además, la legitimación de ella y de las instituciones que la componen, como de quienes ostentan cargos de elección popular, los que cuentan y deben contar con el apoyo de la ciudadanía para resolver su quehacer político en la sociedad.
Por otra parte, para Przeworski la importancia de las eleccio-nes y la representación tiene relación con que “la democracia y la representación se basa en que en democracia los gobiernos son representativos porque son electos: si las elecciones son li-bremente disputadas, si la participación es ilimitada, y si los ciudadanos gozan de libertades políticas, entonces los gobier-nos actuarán de acuerdo con el mejor interés del pueblo […] las elecciones sirven para elegir las buenas políticas y los po-líticos que apoyan tales políticas […] Agrega más adelante en relación a la elecciones que estas sirven para hacer a los gobier-nos responsables por los resultados de las acciones realizadas” (Przeworski, 1998, p. 3).
Por su parte, de acuerdo con Schlozman et al. (2004), la im-portancia de las elecciones recae en lo siguiente: “a través de su participación política, los ciudadanos buscan controlar quién ten-drá el control público e influir en qué harán los hacedores de políticas cuando estos gobiernen. Cuando toman parte política-mente, los ciudadanos comunican información acerca de sus pre-ferencias y necesidades y generan presión para que los sectores públicos respondan” (Scholzman et al., 2004, p. 2). En la misma línea de pensamiento, encontramos a Powell, quien señala que “la representación democrática significa que las acciones de los hacedores de política deben ser, supuestamente, respuesta a los deseos de las personas” (Powell, 2004, p. 274).
dimensión republicana de la democracia; la existencia y la obser-vancia de una meticulosa distinción entre los intereses públicos y privados de quienes ocupan cargos públicos” (O’Donnell, 1994, p. 9).
Por tanto, la representatividad también delega, según lo plan-teado por O’Donnell una responsabilidad de responder por los intereses de los ciudadanos que participaron dentro del proceso eleccionario y eligieron a los representantes que están en el Esta-do en un cargo de poder. La representatividad es una responsa-bilidad que asumen quienes ostentan un cargo público que han sido elegidos mediante elecciones, ya sean directas o indirectas, pues deben responder –en teoría– a las necesidades que han co-municado los electores.
Importancia del voto: voto obligatorio/voluntario
Dentro de la importancia de las elecciones, es necesario co-menzar a exponer respecto de la forma más concreta de partici-pación ciudadana en relación a las elecciones, esta es: el sufragio. Gracias a esta forma de participación se puede mantener un sis-tema de gobierno que represente las necesidades de los electores y de la ciudadanía, pues buscan que los represente una persona que comparta sus intereses y vele por la defensa de estos.
Dentro de los pensadores que se pronuncian en relación al voto, encontramos a Withehead. Para el autor Whitehead, los procedimientos democráticos son indispensables para la per-manencia de la democracia, aunque por sí solos no son condi-ciones suficientes para su existencia (Whitehead, 2011, p. 24). Esto quiere decir que la participación política, que es uno de los procedimientos democráticos, es indispensable para mantener la democracia como un sistema de gobierno.
Para el autor Jaime Fierro el derecho de voto viene de la mano de la condición de ciudadano, pues “ser ciudadano ciertamente significa el acceso a un conjunto de derechos garantizados por el Estado, pero también significa el cumplir con los deberes propios de la “ciudadanía”, lo que constituye una actividad o práctica, y no meramente un estatus. Solo así el individuo accedería a la condición de una ciudadanía plena, ya que ésta es una actividad que implica un fuerte compromiso moral. Ser ciudadano implica participar activamente en la configuración futura de la sociedad y comprometerse con la promoción del bien común por medio de la participación política” (Fierro, 2011, p. 3).
Schlozman, Page, Verba y Fiorina, agregan que mediante el voto, los ciudadanos, dentro de una democracia, eligen sus líde-res y, de esta manera, los hacen acreedolíde-res de las posibles ma-las prácticas que estos tengan. (Scholzman et al., 2004, p. 21). Para Manuel Aragón “el derecho de sufragio es un principio básico de la democracia o, en términos jurídicos, del ordenamien-to democrático. Visordenamien-to como principio, el sufragio tiene, enordenamien-tonces, una dimensión institucional indiscutible: sin el derecho de sufra-gio no hay democracia” (Aragón, 1998, p. 171).
Dentro del texto de Shepard, aparece la definición de Blunts-chli que dice que el voto en el Estado y por razones políticas no es un derecho natural del hombre, sino que un derecho derivado del Estado para servir a sus fines. No existe fuera del Estado ni en oposición a este. No como hombres, sino que como ciudadanos los electores ejercen este derecho. Ellos tienen este derecho no por ellos, no por su existencia y porque su desarrollo lo demande, sino que lo han recibido desde la constitución del Estado y del servicio dentro del Estado (Shepard, 1913, p. 133).
potencialmen-te, destruir la forma de gobierno por la cual el derecho a votar existe, que es la Democracia (Hill, 2010, p. 920).
Por su parte Nohlen señala que el sufragio corresponde a un derecho de participación política que está presente dentro de las democracias liberales. El hecho de que a lo largo del tiempo el derecho a voto se haya ido universalizando ha provocado, como consecuencia, el aumento de la participación política de los ciu-dadanos insertos en una democracia. Agrega, además, que “los principios fundamentales del derecho de sufragio universal, igual, directo y secreto, tienen por lo general rango constitucio-nal” (Nohlen, 1994, pp. 19-20).
Para Lipset el voto es el medio para determinar y medir el con-senso en una sociedad democrática (Lipset, 1960). Para Lijphart, para resolver el problema de la desigualdad en la participación democrática, es necesario lograr “que la forma más básica de participación, primariamente votar, sea lo más igualitaria posible […] y la forma más obvia para hacer el voto más igualitario es aumentar la participación electoral” (Lijphart, 1997, p. 3).
Norberto Bobbio, plantea que:
Es indispensable que aquellos que están llamados a decidir o a elegir a quienes deberán decidir, se planteen alternativas reales y que estén en condiciones de seleccionar entre una u otra. Con el objeto de que se realice esta condición es necesa-rio que a quienes deciden les sean garantizados los llamados derechos de libertad de opinión, de expresión de la propia opi-nión, de reuopi-nión, de asociación, etc., los derechos con base en los cuales nació el Estado liberal y se construyó la doctrina del Estado de derecho en sentido fuerte, es decir, del Estado que no sólo ejerce el poder sub lege, sino que lo ejerce dentro de los límites derivados del reconocimiento constitucional de los llamados derechos “inviolables” del individuo (Bobbio, 1986, p. 15).
es una forma de asegurar y mantener a lo largo del tiempo la representatividad y la legitimidad de las instituciones dentro de una democracia.
La literatura también señala que “el voto obligatorio es el que tiene mayor impacto en aumentar la participación, siempre y cuando la población perciba que la obligatoriedad está respalda-da por algún tipo de sanción” (Valenzuela, 2004, p. 3), ya que al requerir que las personas voten, se ha demostrado que el voto obligatorio es la única y decisiva solución para terminar con la baja participación electoral. Por tanto, el voto obligatorio es más un mecanismo de coordinación para la mezcla entre sociedad po-lítica y la igualdad democrática; en otras palabras, es una res-puesta legítima a un problema de acción colectiva causada por la incertidumbre informativa y una mala adaptación a las normas (Hill, 2010).
Para el profesor Carlos Huneeus, el voto “es un deber cívico al cual no se puede renunciar” (Huneeus, 2004, p. 4). Enuncia que “desde un comienzo del desarrollo de la democracia, se en-tendió que el sufragio debía ser no sólo libre, universal y secreto, sino también obligatorio, porque es un deber cívico, que todos tenemos para hacer posible un Estado democrático” (Huneeus, 2004, p. 4).
Para Lijphart, algunos mecanismos institucionales que po-drían aumentar la participación electoral, como reglas más ami-gables para el registro, las fórmulas de elección proporcional, las elecciones no frecuentes, y el voto obligatorio. Estudios de la dé-cada de 1930 han encontrado que el voto obligatorio es un méto-do particularmente efectivo para alcanzar una alta participación electoral (Lijphart, 1997, p. 3).
Por tanto, el voto obligatorio no solo hace que la participación dentro del proceso eleccionario en un sistema democrático sea más efectiva, pues la participación electoral así lo demostrará, sino que también es parte de la justificación que el voto es un derecho que han ganado los ciudadanos y que solo se cumplirá una vez ejercido dicho derecho.
la participación política de los ciudadanos, sino que, todo lo con-trario. En las elecciones municipales anteriores la participación ciudadana en elecciones fue de un total de 6.362.130 votos
váli-damente emitidos,1 mientras que en las elecciones de 2012, el
to-tal de votos válidamente emitidos fue de 5.542.069, lo que podría indicar una baja considerable de la participación ciudadana en el proceso electoral. De lo anterior, lo que buscaba efectivamente incentivar la participación en los procesos de elección popular por medio del cambio de la obligatoriedad del voto a una parti-cipación voluntaria no logró su cometido, puesto que en estas elecciones hubo una baja de casi un millón de electores.
De lo anterior, la autora Marta Lagos indica que las elecciones presidenciales son aquellas que tienen y han tenido la mayor par-ticipación electoral en la historia chilena. Asimismo, señala que aquellas elecciones en donde se elegirán tanto parlamentarios como el futuro Presidente tienen más participación que cuando hay elecciones solo de parlamentarios (Lagos, 2007), por lo que esto viene a afirmar la postura de Lagos; lo que también se puede relacionar con la baja de participación de una elección municipal a otra.
Si bien lo que buscaba el voto voluntario era atraer a los jóve-nes a la vida política, el resultado fue opuesto. Además, es mejóve-nes- menes-ter señalar que la forma anmenes-terior de participación ciudadana no era del todo obligatoria, puesto que cada persona, al cumplir 18 años podía libremente ir al Registro Civil e inscribirse para poder sufragar; desde este acto libre y voluntario emergía una obliga-toriedad de participación, pero su origen era un acto voluntario. Por lo tanto, podemos concluir, a partir de la revisión bibliográ-fica realizada, que desde la concepción de la sociedad moderna, los deberes de los ciudadanos y sus derechos incluyen la participación política en las elecciones; puesto que es este proceso el que va a configurar la sociedad y responderá a las necesidades que presen-tan las personas, esto responde a una exigencia de la ciudadanía. Además, resulta un tanto paradójico que, a lo largo de la historia, se fueron ganando espacios de participación política inexistentes
en otros períodos y que en la actualidad no se ejerzan por diversos motivos. La ciudadanía chilena estuvo 17 años sin ejercer su dere-cho a elegir sus representantes, retornado este deredere-cho en 1990. De ahí parece un tanto confuso que no se quiera ejercer este dere-cho y/o deber, el cual antaño se luchó por alcanzar.
Por otra parte, cabe preguntarse por la legitimidad de las insti-tuciones del país, puesto que la baja participación política no va a representar del todo a la ciudadanía, sino que a un reducido gru-po que sí participa, dejando a un gran gru-porcentaje de la gru-población sin representación ni defensa de sus intereses.
Por tanto, de lo anterior es posible señalar que dentro de la sociedad moderna hoy organizada en torno a un Estado, que le otorga el carácter de ciudadano o el concepto de ciudadanía, los mismos poseen deberes y derechos. Uno de esos deberes es el de la participación política, mientras que uno de sus derechos es el sufragio a través del voto. Ahora bien, con el cambio de voto obli-gatorio a voluntario se ha mermado la participación, por lo que los deberes ciudadanos se han visto reducidos. La complejidad de esto recae en que al haber una menor participación política por parte de la ciudadanía, se está reduciendo, de alguna manera, la legitimidad de las instituciones y llevando a una crisis general del sistema político, por lo que retornar a la obligatoriedad del voto en nuestro país, es un imperativo para aumentar la legitimidad institucional, ello acompañado de medidas que refuercen la cali-dad de la democracia en Chile.
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