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ATSCHULER, B — Las teorias de desarrollo y sus criticas

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Academic year: 2020

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“Las teorías del desarrollo y sus críticas. El surgimiento de las teorías

sobre desarrollo local y endógeno”1

Bárbara Altschuler FLACSO, 2007.

Presentación

Desde hace algunas décadas han aumentado las voces críticas en relación al concepto de desarrollo y las prácticas y políticas que se han asociado al mismo en América Latina. Luego de las visiones más críticas de la década del ´70 asociadas a la teoría de la dependencia, las críticas más radicales desde la antropología, y el posterior abandono de la categoría, especialmente en la década de los ´90, bajo la impronta del modelo neo liberal; en la actualidad, y ante la crisis de este modelo, se plantea como interrogante “la vuelta del desarrollo” y la pregunta por el nuevo modelo de desarrollo e inclusión socio-económica y cultural que puede configurarse.

El objetivo de este trabajo es presentar y analizar críticamente algunas teorías del desarrollo a la luz de los procesos y resultados actuales en el contexto latinoamericano y especialmente argentino, así como debatir brevemente desde la perspectiva propia, especialmente con aquellas teorías y corrientes que han sido y son aún dominantes o de uso muy corriente en la interpretación de la realidad latinoamericana, especialmente la teoría de la modernización y las teorías desarrollistas de la CEPAL. En un tercer apartado se presenta el contexto de surgimiento de nuevas teorías y corrientes sobre el desarrollo, con el objeto de marcar el punto de surgimiento de las teorías de desarrollo local y endógeno, especialmente en Europa en los 80, y en América Latina en los ´90. Analizamos también estos nuevos enfoques en el

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contexto de la globalización, pero no indagamos aquí sobre las teorías del desarrollo local en Argentina así como su desenvolvimiento, lo cual se

encuentra analizado en profundidad en otros trabajos2.

1- Las teorías del desarrollo: la teoría de la “modernización” y el estructuralismo latinoamericano.

En primer lugar realizaré algunas consideraciones generales sobre la corriente que puede denominarse de manera general como “teoría de la modernización”, cuya fuente proviene de la teoría Estructural Funcionalista, principalmente

representada por el sociólogo norteamericano Talcot Parsons3. Esta teoría

plantea, en términos generales una diferenciación de las sociedades según las

categorías de “modernas”, cuyo referente serían los Estados Unidos y los

países del primer mundo, y “tradicionales” que serían los países

subdesarrollados4, y también aquellas sociedades en transición entre lo

tradicional y lo moderno, como podría ser el caso de Argentina, Brasil o

México, y que serían las “sociedades en vías de desarrollo”. Esta transición

se llevaría a cabo por un “proceso de modernización” social, política, económica, tecnológica, etc., por lo que el subdesarrollo sería entendido

entonces como el incumplimiento de determinadas etapasmodernizadoras.

Al respecto, Octavio Rodríguez5, refiriéndose a la interpretación del

subdesarrollo por parte de lo que denomina la “economía convencional”, señala que “Es frecuente que estas últimas encaren el fenómeno aludido por contraste con un patrón de referencia que en general permanece implícito: la imagen de la evolución económica a largo plazo contenida, a grandes rasgos, en los modelos de crecimiento de corte neoclásico y poskeynesiano. Al basarse en esos fundamentos conceptuales, dichas interpretaciones se ven llevadas a explicar el subdesarrollo en función del factor o grupo de factores que detienen o retardan el crecimiento, y por ende, a juzgarlo como un estado o situación de atraso, signado por la debilidad de las fuerzas que impulsan el progreso

económico y el cambio social”6.

2

Altschuler, Bárbara, “Situación actual de los Municipios argentinos en cuanto al desarrollo económico local y la economía social” Abril de 2004; Altschuler, Bárbara y Casalis, Alejandro “Aportes del Desarrollo local y la Economía Social a una estrategia nacional de desarrollo” en El Desarrollo en un contexto postneoliberal. Hacia una sociedad para todos, Editorial Ciccus, Buenos Aires, 2006.

3

Parsons, Talcot. "El sistema social" 1951, varias ediciones.

4 Ver Cardoso, F. H. y Faletto, E., “Dependencia y Desarrollo en América Latina”. Siglo XXI

Editores, México, 1969.

5 Rodríguez, Octavio, “La teoría del subdesarrollo de la CEPAL”, Siglo XXI Editores, México 1980.

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La teoría de la “modernización”, que es ya criticada por Raúl Prebisch7 desde fines de los años `50, suponía que los países subdesarrollados debían seguir el proceso de desarrollo experimentado por los países centrales tanto en lo económico como en lo político a fin de llegar a resultados semejantes en cuanto a sociedades modernas, industriales, democráticas y desarrolladas. La importancia en la postulación de esta tesis, que implica una concepción estática y no estructural del mundo capitalista, reside en que la misma ha seguido vigente, a pesar de las críticas recibidas, en la práctica y la ideología de los gobiernos latinoamericanos.

Como complemento de lo anterior, en el plano económico y hasta la década

del ‘30, la perspectiva dominante es la “Teoría ortodoxa del comercio

internacional” cuyo principio fundamental es el de las ventajas comparativas. Según este principio cada país debe especializarse en la producción de aquellos bienes respecto de los cuales es más eficiente o productivo. Estos bienes, deben luego intercambiarse libremente en el mercado internacional, que se supone funciona según las leyes de la competencia perfecta. Históricamente esta perspectiva fundamenta la división internacional del trabajo desde finales del siglo XIX y hasta la crisis de 1929, período en que los países subdesarrollados se incorporan al mercado mundial

como productores de materia prima y que se denomina de “crecimiento

hacia afuera”. En realidad, es este modelo de crecimiento económico, la estructura socio económica y el tipo de inserción mundial que implican, lo que determinará en esta instancia el carácter del subdesarrollo de la argentina y la mayoría de las economías latinoamericanas -una economía desintegrada y de capitalismo dependiente- situación que se verá agudizada más adelante, entre

otros factores, por lo que se denomina el deterioro en los términos del

intercambio.

Las críticas fundamentales que podemos hacer a esta concepción del desarrollo, al igual que a la teoría ortodoxa, coincidentes con la de los autores

Orlando Caputo y Roberto Pizarro y Octavio Rodríguez8 son las siguientes:

a) Estas teorías poseen un carácter formal en un doble sentido. Por un

lado porque operan a partir de supuestos abstractos de los que se deducen lógicamente consecuencias respecto de los fenómenos económicos. Es formal ya que no parte del análisis de la situación concreta e histórica de la realidad que analiza. Pero también porque introduce en el modelo supuestos normativos que indican el sentido que debería tomar el fenómeno

7 Gurrieri, Adolfo y Rodríguez, Octavio: “Desarrollo y democracia en el pensamiento de Raúl

Prebisch”. Revista Comercio Exterior, vol. 37 Nº 5, México, mayo de 1987. Prebisch, Raúl: “Hacia una dinámica del desarrollo latinoamericano”, Fondo de Cultura Económica, México, 1963.

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que se estudia, antes de comprender su carácter real. Esto hace que se constituyan más en preceptos ideológicos que en análisis concretos.

b) Poseen un carácter ahistórico, tienen como referente empírico el

sistema capitalista en su etapa competitiva (hasta fines del siglo XIX) y las categorías que utilizan pretenden ser válidas en todo tiempo y lugar, independientemente de los procesos históricos que operan, tales como la centralización y monopolización del capital.

c) Hay una preeminencia de las partes por sobre el todo. La

consideración de que los países se enfrentan en forma independiente en el mercado internacional ignora la existencia de un proceso histórico y

determinado de integración mundial así como la dinámica de las distintas

etapas históricas. Al comenzar su análisis por lo particular no puede comprender las relaciones que se estructuran en la totalidad y cae en análisis

parciales como la idea de modernización, la cual supone que todos los países

podrían ocupar el lugar de los países desarrollados sin vislumbrar que la existencia de éstos -en sus características históricas de conformación-supone necesariamente la existencia de países periféricos o subdesarrollados.

d) Finalmente, estas teorías son apologéticas y fuertemente

etnocentristas. Parten del supuesto implícito de las bondades del desarrollo

capitalista y de la cultura occidental dominante, no consideran o descalifican las particularidades históricas y culturales de las diversas sociedades.

Siguiendo a Caputo y Pizarro, en el marco de la denominada Teoría de la Dependencia, podemos decir que: “Entendemos el subdesarrollo como un elemento propio y consustancial a una estructura global, que es la economía capitalista mundial”. Esto significaría integrar en una misma historia la expansión capitalista en los países hoy desarrollados y sus efectos y

determinaciones en los países del llamado Tercer Mundo: “...la

interdependencia de las economías del sistema capitalista se traduce en el desarrollo y expansión de los países dominantes mediante un proceso de acumulación que se realiza a costa de la explotación de los países dependientes del sistema... La forma de participación de los países subdesarrollados en el sistema define el tipo de capitalismo que los

caracteriza: el capitalismo dependiente.”9

Con estas consideraciones no se pretende realizar un planteo que ponga todo el acento en la variable externa de la realidad histórica latinoamericana en cuanto al desarrollo, sino plantear, desde un principio una concepción holística del sistema capitalita a fin de ubicar en el lugar adecuando a la problemática que nos ocupa, es decir, el desarrollo de la periferia del sistema.

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El desarrollismo de la CEPAL y sus límites

A partir de 1930, la pronunciada caída de los precios de exportación y la recesión del comercio mundial van socavando el modelo agro- exportador hasta entonces implementado en los países de América Latina. A su vez, la teoría del comercio internacional comienza a ser criticada y reformulada,

principalmente a partir del pensamiento desarrollista, conformado desde

principios de los ´50 y cuyo referente fundamental va a estar dado por las

interpretaciones de la CEPAL10. A partir de entonces, se intenta explicar el

subdesarrollo desde una perspectiva nacional y estructural, lo cual se vincula

al surgimiento de las burguesías nacionales industriales de los países latinoamericanos y a la crisis del comercio exterior.

La crítica a la concepción tradicional, proponía una tesis contraria, según la cual, la periferia posee especificidades y características propias, que requieren interpretaciones autónomas y políticas no imitativas de los procesos y medidas aplicadas en los países centrales. De todos modos, en la práctica, la imposición de políticas “desde afuera” y la falta de diagnósticos independientes y autónomos, afines al logro del desarrollo de la periferia, y específicamente de América Latina, fue predominante, a pesar de las discontinuidades e intentos surgidos, desde la teoría y la práctica en sentido contrario.

A diferencia de los planteos de la teoría ortodoxa del comercio internacional, para la CEPAL, aun en sus diferentes matices, el motor del desarrollo estaría dado por el dinamismo de la industria. Al respecto se plantea una política que convierta el “desarrollo hacia afuera” en “desarrollo hacia adentro”. El nuevo

modelo de acumulación consistiría en la industrialización por sustitución de

importaciones (ISI) y el fomento a la expansión del mercado interno.

Las teorías “desarrollistas” o “estructuralistas” de la CEPAL realizan un conjunto de planteos sobre el subdesarrollo y el capitalismo periférico, cuyo núcleo central, desarrollado prácticamente ya en su totalidad hacia fines de los

`50, está dado por la concepción del sistema centro- periferia.

Según esta concepción, la estructura productiva de la periferia, presenta una especificidad estructural basada en dos aspectos fundamentales:

a) la heterogeneidad, es decir, la coexistencia entre un sector moderno de la economía, de alta productividad del trabajo y un sector atrasado y de baja productividad. A su vez, esta condición sería explicativa de otra peculiaridad del desarrollo de la periferia como es la persistencia del desempleo y subempleo estructural, y

10Comisión Económica para América Latina y el Caribe, conformada en la segunda

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b) la especialización, es decir, la concentración de la economía en la actividad agro exportadora, y, dentro de esta en unos pocos bienes. Esto tiene como resultado economías mono productoras o de monocultivo, características de las economías latinoamericanas. De esta característica estructural se deriva a su vez la tendencia funcional al desequilibrio externo de las economías periféricas.

Ambos elementos son considerados a su vez en el modelo sobre el deterioro

de la relación de intercambio11, que determina en última instancia la

diferenciación de ingresos medios entre las sociedades desarrolladas y subdesarrolladas, y esto como tendencia que perdura en el largo plazo. A diferencia de ello, las economías desarrolladas de los países centrales serían “homogéneas y diversificadas”, logrando un nivel de dinamismo, empleo e ingresos medios más armonioso y aceptable.

Por un lado, consideramos que estos aportes, así como otros realizados por la

CEPAL que no he señalado aquí12, son fundamentales para la interpretación de

la realidad del subdesarrollo, ya que centran el debate en la base estructural del funcionamiento y conformación de las economías latinoamericanas y realizan contribuciones de gran valor para su comprensión, incluso en el período actual. Sin embargo podemos formular también aquí algunas críticas a

estas teorías basadas en las limitaciones que tales concepciones presentan:

a) Por un lado, al formular planteos sobre la esfera de la producción, no

realizan un adecuado análisis de clases y de las contradicciones internas que esta posee entre los intereses divergentes del capital y el trabajo. Por ello, el planteo termina siendo abstracto y desajustado a la realidad empírica.

b) Esta deficiencia a su vez repercute en lo que Octavio Rodríguez

denomina el “proyecto socio político” de la CEPAL, es decir, en las recomendaciones de política que realizan y en ultima instancia en su propuesta. Esta recae en la confianza en un Estado que, ubicado por fuera de la estructura económica y de los intereses particulares, debería regular los conflictos en pos del interés general, convirtiéndose además en garante de los “intereses de la nación” frente al capital extranjero, en suma, “asegurando el carácter nacional del desarrollo”. Este uso de categorías abstractas y, de alguna manera, ideológicas, lleva a planteos que, como veremos más adelante, se alejan fuertemente del curso de los acontecimientos en las décadas siguientes.

11 Formulada por Raúl Prebisch, hace alusión a la caída internacional de los precios de las

materias primas. La relación de intercambio se mide por el precio medio de las exportaciones sobre el de las importaciones.

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c) Lo antes señalado implica de modo más general una incomprensión del funcionamiento del sistema capitalista en su etapa global, ya que, al omitirse que existe explotación de la fuerza de trabajo, pobreza y concentración del capital tanto en el centro como en la periferia, tampoco se comprende de modo adecuado la “articulación” de intereses entre sectores del centro y la periferia, quedando el análisis dentro de las fronteras de lo nacional. Esto es de escasa utilidad interpretativa respecto de la creciente tras nacionalización y actual globalización de la economía.

En suma, si bien como antes señalamos, el pensamiento de la CEPAL realiza importantes aportes y “altera significativamente los supuestos de la economía

convencional, brindando una interpretación sui generis del subdesarrollo, no

supera los marcos de dicha economía, a los cuales en definitiva se

circunscribe”13. Tal como se había anticipado respecto de las críticas a la

teoría de la modernización, consideramos que son pertinentes también aquí las consideraciones de los puntos a), en cuanto al carácter formal de la teoría y d), en cuanto a su carácter apologético del sistema capitalista.

2- Los conceptos a la luz de los procesos históricos y los debates más recientes en torno al desarrollo.

Realizadas estas consideraciones generales sobre el pensamiento del estructuralismo latinoamericano, nos detendremos en el análisis de algunos

conceptos del pensamiento de Raúl Prebisch14, por la trascendencia e

importancia del mismo al interior de la CEPAL, al tiempo que lo relacionaremos con los planteos de otros autores mas actuales en torno al desarrollo y el

modelo de acumulación y con la propia perspectiva15.

La estructura socio- económica y el sujeto del desarrollo

Las ideas planteadas por Prebisch, como más adelante por los teóricos de la dependencia, ponían el acento en la necesidad de la industrialización y la modernización de las economías y sociedades latinoamericanas y argentina,

pero desde el estudio de la peculiaridad de la periferia, de la comprensión de

la estructura económica mundial como un todo, y por tanto, desde caminos diversos de los recorridos por los países centrales en su desarrollo.

13

Rodríguez, Octavio, 1980, op. cit. Pág. 12.

14 Economista argentino, 1901- 1986. Fue presidente del Banco Central de Argentina, en 1948

es nombrado Secretario General de la CEPAL. 15

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Un eje del debate sobre el desarrollo planteaba el dilema, tanto desde el plano

teórico- ideológico como de la práctica política, en la relación entre crecimiento

económico, modelo político y estructura social, cuya combinación diversa en las distintas etapas históricas llevó a configuraciones de tipo populistas, reformistas, autoritarias, dirigistas, neoliberales, que tuvieron como resultado sucesivas crisis, marchas y contramarchas en la historia de los países de la región.

En cuanto al modelo político, el argumento por excelencia que justificaba el autoritarismo en América Latina postulaba que en el proceso de transición hacia la modernidad y el desarrollo se plantean desajustes y desequilibrios que provienen principalmente de las excesivas y contrapuestas demandas de participación económica y social de los sectores populares, “de las masas movilizadas”, que llevan a los gobiernos reformistas y populistas a políticas demagógicamente “heterodoxas” abandonando los preceptos de mercado, y que finalmente, al no poder ser satisfechas, resultan en gobiernos débiles, ineficaces e inestables. De ahí la idea de lo “inevitable” del “restablecimiento” de las condiciones de mercado por medio del autoritarismo.

En el debate sobre el desarrollo, Prebisch centra la cuestión en la estructura

social y la distribución de la riqueza y el ingreso, como elemento

condicionante de las posibilidades de desarrollo. Dentro de este esquema, la

propiedad de la tierra, la apropiación del excedente económico y el tipo de consumo suntuario e imitativo de las clases dominantes respecto de los centros, serían factores explicativos estratégicos del devenir económico y social (Prebisch, 1981).

De hecho, las pujas distributivas son crecientes en la historia argentina, al menos hasta los años `70, no sólo entre capital y trabajo sino también entre los sectores agropecuarios e industriales al interior del capital (lo que algunos autores como Juan Carlos Portantiero denominan el “empate hegemónico”) y entre sectores mas o menos concentrados, medianas y pequeñas empresas. Esta puja distributiva posee un punto de inflexión con el último golpe de Estado militar -justamente denominado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976- 1983)-, que determina claramente ganadores y perdedores mediante la imposición de políticas de corte neoliberal y el mecanismo especulativo de la deuda externa, favoreciendo la constitución de una nueva fracción dominante del capital concentrado, asociada a las empresas trasnacionales y los grandes

grupos económicos nacionales, vinculados a la valorización financiera16.

La promesa del liberalismo en el plano económico era la siguiente: lograr una asignación eficiente de los recursos y una distribución equitativa de los

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beneficios; mientras que en el plano político, el establecimiento de sistemas liberal- democráticos. Ninguna de las dos promesas se cumplieron, la teoría del derrame, la mano invisible del mercado y la teoría de los “polos de

crecimiento”17 dieron como resultado grandes desequilibrios territoriales y

sociales, mientras que la democracia fue amenazada e interrumpida cada vez que fue necesario para asegurar los beneficios del sector de poder concentrado y el modelo de acumulación. Actualmente, y luego de un cuarto de siglo de implementación de políticas neoliberales, la distribución de la riqueza y el ingreso son los mas regresivos de la historia, tanto desde el punto de vista social como territorial, mientras que la democracia se encuentra fuertemente cuestionada, no ya por la amenaza de golpes de Estado sino por la falta de legitimidad de la clase política y los modelos socioeconómicos impuestos, y también por la falta de emergencia de un proyecto y liderazgo socio político claramente alternativos.

Tomando la centralidad de la estructura social en el desarrollo, señalada por Prebisch, podemos decir, como señalan Azpiazu y Nochteff, que en todo el período en el que los diagnósticos, recomendaciones y políticas que

predominaron fueron las neoliberales o neoconservadoras, lo que ocurrió fue el

subdesarrollo18. Además, la realidad respalda la tesis política central de Prebisch de que “los problemas de la democracia en la región no se pueden comprender si no se los vincula estrechamente con los mecanismos fundamentales que rigen la estructura y el funcionamiento del capitalismo

periférico”19. Ambos elementos, crisis económica- social y de legitimidad

política, refuerzan la adecuación potencial de los planteos de desarrollo local como se verá luego.

Sin embargo, las dimensiones de la crisis de 2001 y sus posibilidades de resolución actual plantean el resurgimiento del viejo problema, nunca bien resuelto, a mí entender, por las propias ideas de Prebisch en relación al papel

del Estado, sobre el sujeto social del desarrollo, el sujeto de la transformación.

Prebisch planteaba, en última instancia, la confianza en un Estado planificador, regulador y redistribuidor del excedente, pero sin explicitar el sujeto social que lo sustente.

17 Esta teoría fue presentada inicialmente por François Perroux (1955) y llevada al terreno

espacial por Jacques Boudeville (1961, 1968). Parte de la existencia de una unidad de producción fuerte dentro de una zona económicamente atrasada (polo). Según esta teoría, la existencia de esta gran unidad de producción genera una serie de efectos de desarrollo en torno al lugar donde se encuentra localizada. Sin embargo, a partir de diversas críticas, su uso por parte de la política regional ha caído en una gran ambigüedad, ya que, en la realidad, el efecto de la creación de un polo de desarrollo ha resultado a veces nulo o incluso negativo en términos de crecimiento y empleo, pasando a significar dicho concepto simplemente la concentración geográfica de las actividades económicas en general.

18 Azpiazu y Nochteff: “El desarrollo Ausente”, FLACSO, Editorial Norma, 2º edición, Buenos

Aires, 1995. Pág. 16. refiere a los 20 años transcurridos entre 1976 y 1995, año de la publicación.

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Del mismo modo, la centralidad del planteo desarrollista asociado a una burguesía nacional industrial es muy discutible en la actualidad después de la crisis del modelo de industrialización sustitutiva, de alto proteccionismo, poca innovación y el establecimiento de fuertes prebendas por parte del Estado. A partir de la alianza establecida entre los grupos económicos locales y las empresas trasnacionales -que comienza durante la dictadura militar y se consolida con el proceso de privatizaciones durante el menemismo, 1989-1999-, de la fuerte extranjerización actual de la economía y de la quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas, la idea de una burguesía, con un proyecto de desarrollo nacional en la actualidad es, al menos, discutible. Con

ello, el problema del sujeto social de la transformación y la misma finalidad del

desarrollo (desarrollo para quién) es un problema no resuelto y que está planteado, tanto para la teoría como para la propia práctica político- social.

Desarrollo, apropiación del excedente y distribución de la riqueza

La “tendencia a la concentración funcional” señalada por Prebisch, que determina que el excedente crece más que la masa de salarios, no implicaría

la existencia de una ley reguladora de la distribución del ingreso, al estilo de

las teorías de la economía clásica o neoclásica. Prebisch mas bien entiende que “la distribución no se resuelve sólo al nivel del funcionamiento de la economía: es decisivamente influida por fenómenos que ocurren en otros niveles del

sistema sociopolítico global”20. Y esto es especialmente importante para la

comprensión del fenómeno argentino, ya que, además de la presión ejercida en los distintos períodos históricos por la mencionada puja distributiva, existe un factor fundamental en la explicación del subdesarrollo y de la concentración de la riqueza, que son las ventajas “extraeconómicas” que la fracción dominante del capital ha logrado del Estado para su propio beneficio, en la

constitución de lo que Nochteff denomina “monopolios no innovadores ni

transitorios”21.

Este autor, señala que, paralelamente al Consenso de Washington (1989), se fue desarrollando, a partir de la década de los `80, una nueva corriente económica, formada por Neoshumpeterianos, Neoinstiucionalistas y la Nueva Teoría del Comercio Internacional, que identifica como rasgo central para el

dinamismo económico a la innovación y la difusión tecnológica22. Al respecto,

distingue entre economías “innovadoras”, dentro de las cuales estarían las economías dinámicas líderes; de “aprendizaje acelerado o imitación creativa, que serían las economías dinámicas competidoras como las del sudeste asiático; y economías de “adaptación tardía”, dentro de las que incluye a la Argentina y la mayoría de los países latinoamericanos.

20

Gurrieri, Adolfo y Rodríguez, Octavio, ob. cit., Pág. 401.

21 Nochteff, “Los senderos perdidos del desarrollo. Elite económica y restricciones al desarrollo

en la Argentina”. En Azpiazu y Nochteff: “El desarrollo Ausente”, FLACSO, Editorial Norma, 2º edición, Buenos Aires, 1995.

22

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La economía de adaptación, en oposición a la economía de desarrollo, funciona mediante ajustes de las elites locales a las oportunidades creadas por otras economías, constituyendo a lo largo de los distintos períodos históricos lo que

denomina “opciones blandas” que tienen como consecuencia el hecho de

“forzar” a toda la economía a ajustarse a esas oportunidades. De este modo, los períodos históricos del modelo agro- exportador, la sustitución de importaciones, el endeudamiento externo y la valorización financiera, serían “burbujas” expansivas –en oposición a un desarrollo sostenido- determinadas por “opciones blandas” de la elite económica que no generan aprendizaje, productividad, ni el resto de los factores que sostienen el crecimiento en el

largo plazo, representando más bien restricciones para el desarrollo y siendo

perjudiciales para el conjunto de la sociedad.

Este funcionamiento, a su vez, consolidó el poder de los monopolios no innovadores ni transitorios (MNINT), a través, y esto es importante, de políticas públicas favorables y prebendas que estos obtuvieron de parte del Estado, lo cual determina su carácter de monopolios no transitorios, ya que no se basan en la competencia ni en la innovación. Como consecuencia, el autor plantea como hipótesis central que, “en la Argentina, y en la mayoría de América Latina, no hubo desarrollo sino ciclos de burbujas de expansión dadas

por la adaptación a los cambios externos”23.

Tanto Nochteff como Prebisch -salvando las distancias históricas de sus planteos- consideran que el tipo de comportamiento de la elite económica,

deforma la estructura productiva y tiene como resultado una restricción para el desarrollo, en detrimento del conjunto de la sociedad. Prebisch lo asocia

más bien a la existencia en la periferia de la “sociedad privilegiada de

consumo”, a partir del consumo imitativo de los estratos superiores e intermedios, en coexistencia con condiciones de infraconsumo, asociados a niveles de productividad e ingreso muy reducido del resto de la sociedad. Esta

situación constituiría la especificidad del desenvolvimiento de la periferia, ya

que “la expansión del capitalismo se produce en el ámbito de la sociedad

privilegiada de consumo, y sus resultados en términos de ingreso y bienestar, no se extienden a bastos sectores de la población... la estructura productiva se transforma en consonancia con las pautas de consumo imitativo... es decir, constituyen ramas de punta, las que se destinan a satisfacer las necesidades

de los estratos privilegiados...”24. El resultado es una estructura productiva y

económica heterogénea, de sectores modernos y atrasados, factor explicativo

del subempleo estructural25. Finalmente, el patrón de acumulación resulta

insatisfactorio, en menoscabo de la capacidad dinámica del sistema para absorber el subempleo y lograr un crecimiento sostenible.

23

Ibíd. Pág. 36. 24

Gurrieri, Adolfo y Rodríguez, Octavio, op. cit., Pág. 401. 25

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Consideramos que, si bien esto posee cierta veracidad, a la idea de la falta de ahorro e inversión apropiada, debida al consumo imitativo de las clases altas e intermedias que refiere principalmente al ámbito nacional, habría que agregar en la actualidad, un factor más determinante para las economías latinoamericanas, al menos desde la década del `70 y `80. A las tensiones ya incompatibles planteadas por las exigencias de la acumulación y la redistribución se suman, a partir de los `80, la tensión que representa la exigencia del pago de la deuda en los países latinoamericanos, la fuga de capitales asociada al endeudamiento externo y su crisis, las remesas de utilidades de las multinacionales hacia sus casas matrices, todo lo cual redunda en las posibilidades de plantear estrategias de desarrollo en el ámbito local y en los diversos territorios. La importante transferencia de capital y recursos desde la periferia hacia el centro, y desde los sectores populares y empresas pequeñas y medianas hacia el sector económico concentrado y monopólico asociado al capital financiero internacional, disminuye fuertemente las posibilidades de ahorro interno, inversión, crecimiento y, en última instancia desarrollo nacional, regional o local.

Los magros resultados alcanzados en términos de eficiencia, equilibrio y distribución económico- social y territorial, comprueban que las estructuras económicas y sociales fuertemente desiguales y dualizadas son un impedimento para el desarrollo y confirman el concepto afirmado en el marco

de las teorías de desarrollo endógeno, de que la competitividad es sistémica, a

lo que podría agregarse, que la calidad de vida, el bienestar y en suma, el desarrollo social, también son sistémicos, dado por ejemplo y por citar sólo un aspecto, la gran degradación de los medios urbanos latinoamericanos por el aumento de los márgenes de pobreza, exclusión, marginalidad y violencia.

La crítica Antropológica al concepto: el desarrollo como discurso de poder.

Como hemos visto, el concepto y las prácticas del desarrollo han sido objeto de un largo debate y crítica desde su surgimiento en la segunda posguerra, en el marco de los países centrales. Queremos puntualizar aquí, algunas de las

críticas más radicales al mismo, las cuales provienen de la antropología del

desarrollo. Autores como Wolfgang Sachs, en “Diccionario del desarrollo. Una guía del conocimiento como poder” 1992 y Arturo Escobar (antropólogo

colombiano) en “La invención del tercer mundo. Construcción ydeconstrucción

del desarrollo”, 1996, señalan que el discurso sobre el desarrollo y la visión de

dos terceras partes de la humanidad como subdesarrolladas, se convierten en

ideas hegemónicas a partir del discurso inaugural pronunciado por el

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culturales modernos” (Escobar, 1992:20). Según el autor, y como ya vimos, en el marco de la “Doctrina Truman”, los factores que harían posible semejante transformación serían “el capital, la ciencia y la tecnología”.

A principios de los años ´50 este discurso era ya hegemónico en los círculos de poder, no sólo de Estados Unidos sino también de los países de Europa. Como señala Escobar, se creó el Tercer Mundo a través de los discursos y prácticas del desarrollo, en el marco de una concepción que califica de “etnocéntrica, arrogante e ingenua” (Escobar, 1996:21). Así por ejemplo, en 1951, un documento de las Naciones Unidas “Para el desarrollo económico de los países subdesarrollados” señalaba que el progreso económico requiere sacrificios, ya que implica una reestructuración del total de las sociedades subdesarrolladas. Para lograrlo, había que terminar con el tradicionalismo, la ignorancia, la pobreza, los lazos de casta, credo y raza, etc. del, desde entonces, llamado Tercer Mundo, conformado por Asia, África y América Latina.

A partir de entonces, como vimos, las décadas del ´50 y ´60 estuvieron

dominadas por las teorías desarrollistas, dentro de las cuales señalamos como

principales a la Teoría de la Modernización y las concepciones estructuralistas de la CEPAL y también por prácticas intervencionistas desde organismos internacionales en países del Tercer Mundo, en post de producir los mencionados cambios.

Como señalan Escobar y Sachs en los ´90, luego de 50 años de lo que denominan “la era del desarrollo”, este sueño se convirtió en pesadilla, dados los resultados de sus prácticas en el mundo: mayores niveles de hambre,

crisis, pobreza, mayor desigualdad entre los países ricos y los países pobres26

o países avanzados y atrasados, en términos de la Teoría de la Modernización.

Esta comprobación implicaría el fracaso del desarrollo y requeriría el

desvelamiento de su discurso y del discurso modernizador como ideológicos y construidos desde los centros de poder de occidente.

Sin embargo, lo más alarmante es que a pesar de la existencia de diversas tradiciones críticas durante los años ´60 y ´70 (dentro de las cuales se destacan la Pedagogía del Oprimido, Paulo Freire, 1970; la Teología de la Liberación, Conferencia Episcopal, Medellín, 1968; la Teoría de la Dependencia Económica, Cardoso y Faletto, 1979; entre otras), este discurso hace carne en el propio Tercer Mundo, alcanzando tanto a sectores de izquierda como de

derecha, como una verdadera episteme occidental que opera

inconcientemente a través de la dinámica del discurso y del poder, en términos de Michel Foucault. Así, hasta fines de los ´70 el eje del discurso y las preocupaciones para Asia, África y América Latina se centraban en la naturaleza del desarrollo. La pregunta por el tipo de desarrollo para resolver problemas sociales y económicos se convierte en omnipresente, no sólo en el

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Tercer Mundo, sino también en el mundo socialista. Como señala Escobar, la necesidad del desarrollo se instala, como certeza en el imaginario social.

Un ejemplo interesante de ello es, como ya vimos, el estructuralismo latinoamericano de la CEPAL, el cual, si bien avanza en una concepción diferente de la relación centro- periferia y de los procesos de desarrollo, claramente la problemática del desarrollo y el modelo industrial y occidental implícito del centro, siguen siendo preponderantes.

Hacia una concepción más integral del desarrollo

Como vimos, las críticas mas profundas a la concepción del desarrollo se

centran en su enfoque etnocéntrico, que mantiene importantes líneas de continuidad con el pensamiento colonial y que entronca con la propia dinámica de la sociedad moderna occidental y del desarrollo capitalista, que puede

sintetizarse en la idea occidental y moderna de progreso. Esta idea, central

desde el siglo XIX, implica una historicidad lineal desde sociedades primitivas a sociedades avanzadas, en el marco de una racionalización creciente que implicaría niveles y condiciones de vida “superiores”.

Sin embargo, las líneas centrales del debate sobre el desarrollo, se

concentraron en su carácter reduccionista y economiscista, más que en su

visión etnocéntrica. Así, se abogó por una noción de desarrollo

multidimensional e integral, que pudiera diferenciarse de la idea del mero

crecimiento económico, basado en la evolución del ingreso per capita, y que diera relevancia a los aspectos políticos, sociales, culturales y ambientales del mismo. Estas críticas dieron lugar a nuevas reformulaciones y adjetivaciones

del concepto de desarrollo tales como el concepto de desarrollo humano, a

partir de la publicación del primer Informe sobre el Desarrollo Humano, en

1990 por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la

introducción del Índice de Desarrollo Humano (IDH)27 para medirlo,

intentando contrarrestar el sesgo económico que implica la sola consideración

del crecimiento del PBI. También los conceptos de Desarrollo Social y

Desarrollo Integral de la CEPAL, especialmente a partir del enfoque de

Crecimiento Económico con Equidad de los años ´9028, introduciendo las

variables sociales y políticas como condiciones del desarrollo, y rompiendo con el secuencialismo de primero crecer para luego distribuir, al plantear la necesaria simultaneidad de crecimiento y equidad.

27 PNUD - Human Development Report 1990,

Concept and Measurement of humandevelopment. Ver: http://hdr.undp.org/reports/global/1990/en/ Esta concepción se basa en “el proceso de ampliación de las oportunidades de las personas”. Estas serían la oportunidad de vivir una vida larga y sana, la de recibir educación y la de disfrutar de condiciones de vida digna. “Oportunidades adicionales incluyen la libertad política, la garantía de los derechos humanos y el autorespeto”. El economista bengalí Amartya Sen con su trabajo en el campo del desarrollo económico tuvo influencia en la formulación de este Índice.

(15)

Por otra parte, y en el marco de la crisis ecológica que comienza a sentirse desde los años ´70, la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo creada por las Naciones Unidas en 1983, introduce el concepto de

desarrollo sostenible o sustentable (Informe Brundtland, 1987). Estos nuevos conceptos generan amplios debates y su línea fundamental sostiene que el

desarrollo sostenible “es el desarrollo que satisface las necesidades actuales

de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones

para satisfacer las suyas"29. Básicamente esta noción intenta incorporar al

concepto de desarrollo las preocupaciones y críticas ambientalistas que ya eran fuertes en los años ´80. Posteriormente se amplía el concepto de sustentabilidad para incorporar (al menos en el discurso) las dimensiones económica, social, política y cultural.

Así mismo, también desde la década del ´70 la consideración sobre la “dimensión cultural” del desarrollo y el reconocimiento de la “diversidad cultural” son incorporados paulatinamente a los debates sobre el desarrollo y los modelos vigentes en los organismos internacionales. Particularmente desde la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia

y la Cultura) se realizan una serie de Conferencias Internacionales30 donde se

aboga por la incorporación de la dimensión cultural en las acciones de

desarrollo y las políticas públicas al respecto. Entre otras cuestiones, se planteaba que “el modelo de desarrollo que prevalecía hasta ese momento comenzaba a analizarse como una amenaza potencial para la diversidad cultural y la independencia política de los pueblos…”, que “el crecimiento económico origina desequilibrios que se manifiestan sobre todo por una inadaptación cada vez mayor del hombre a su medio de vida” y que "sólo puede asegurarse un desarrollo equilibrado mediante la integración de los factores culturales en las estrategias para alcanzarlo" entre otras declaraciones

en este sentido31.

En síntesis, el desarrollo, como discurso y como práctica, tiene una larga y compleja evolución, en la cual básicamente se parte en la década del ´50 de un concepto fuertemente economiscista, comparable al de crecimiento económico, y etnocéntrico, que asimila toda idea de desarrollo a las formas de vida de las sociedades “modernas” capitalistas. En las décadas del ´70 y ´80 aumentan las voces críticas en relación a esta concepción dominante del desarrollo y a las prácticas y políticas que se han asociado al mismo en América Latina. Los nuevos contextos, debates, crisis y conflictos, fuerzan la construcción de una concepción más integral del desarrollo, que incluya los aspectos ambientales, culturales, humanos, políticos y sociales (aunque muchas veces esto no suceda más que en los discursos).

29 Banco Mundial. Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo

(Comisión Brundtland): Nuestro Futuro Común (Oxford: Oxford University Press, 1987).

http://www.worldbank.org/depweb/spanish/sd.html

30 Conferencias de 1966, 1970, 1972, 1973, 1975, 1978, 1982, 1987 entre otras.

http://portal.unesco.org/culture/es. 31

UNESCO, Documentos y Encuentros Internacionales sobre Cultura y Desarrollo

(16)

Por otra parte, también el enfoque de las prácticas y políticas del desarrollo se va transformando, desde enfoques y planificaciones mas centralizadas desde los gobiernos nacionales, hacia los enfoques del desarrollo local, territorial, regional y la inclusión de las ideas sobre la “planificación descentralizada” -en los ´80 y ´90, coincidiendo con los procesos de reforma estructural en América Latina, y los procesos de “descentralización”- a partir de la ingerencia de los gobiernos locales y la “participación de los actores” en los procesos de desarrollo. En este marco, se insertan los debates sobre el desarrollo local y territorial, como veremos a continuación.

3- El surgimiento de las teorías sobre desarrollo local y endógeno

En los años ´60 y ´70, la política de desarrollo económico de los países latinoamericanos, estaba guiada por una industrialización dirigista, orientada a la sustitución de importaciones en mercados altamente protegidos y poco

competitivos. Omar de León32 señala que hasta los años ´80, “desarrollo” en

América Latina era igual a industrialización, esto implicaba, de acuerdo al paradigma productivo dominante, grandes empresas, grandes instalaciones, grandes polos tecnológicos.

Este modelo no era adecuado ya que coexistía con pequeños mercados y economías trabajo intensivas y tuvo como resultado, la concentración territorial de inversiones industrializantes en los principales nodos de la red urbana, junto con la construcción de una infraestructura de apoyo e interconexión también centralizada. A ello habría que agregar, la predominancia de políticas económicas sectoriales, jerárquicas y centralistas.

Como señala José Luis Coraggio33, durante los ´60 y bajo la influencia del

desarrollismo Cepalino se institucionalizó de manera generalizada la

planificación en América Latina. Dentro de ella, la planificación del desarrollo regional era significativa, asociada a la industrialización sustitutiva de importaciones, comandada por el Estado nacional. Si bien pocas veces se lograba, su sentido apuntaba al impulso de un desarrollo industrial y rural integrado, compensando las falencias del mercado para lograr un desarrollo territorialmente equilibrado. Sin embargo, las políticas que de ella se derivaban, no eran diseñadas regionalmente sino, enmarcadas en “documentos- plan” escasamente efectivos, diseñadas por un Estado nacional interventor. “Justamente, uno de los argumentos a favor de la planificación regional era la necesidad de corregir la ineficiente asignación de recursos que

32 De León Naveiro, Omar: “El desarrollo desde abajo: de la economía informal al desarrollo

local”. En Harto de Vera, Fernando (comp.), “América Latina: desarrollo, democracia, y globalización”, Editorial Trama, Madrid, 2000.

33

(17)

resultaba de la excesiva concentración económica en las regiones más desarrolladas. Su principal bandera era la de la equidad interregional. En esta perspectiva, enfrentada a la planificación Nacional o Sectorial, la planificación regional agregaba restricciones al crecimiento económico, al sostener que

debía asegurarse un cierto grado de equidad ante las regiones”34.

Con la crisis del modelo industrialista hacia fines de los ´70, en el marco de una crisis económica internacional de grandes dimensiones y unida a la crisis de la deuda en los países latinoamericanos en los años ´80, comenzaron a aplicarse políticas neoliberales, luego plasmadas en el llamado “Consenso de Washington”, basadas en ajustes estructurales, liberalización y flexibilización de mercados, privatizaciones y apertura de la economía. Estas políticas produjeron una reducción del papel y presencia del Estado, produciendo además un retroceso en las políticas de fomento social y territorial, dejando desasistidas a las comunidades locales. Junto con la redefinición del Estado perdieron significación la planificación en general y la territorial en particular, en pos del libre juego del mercado.

Lo interesante es que en la misma década de los ´80, mientras se dejaba de lado en los países latinoamericanos el interés por lo regional, este comienza a resurgir en los países centrales, a partir de casos regionales exitosos cuyos agentes no eran las grandes empresas y el Estado nación sino un “entorno innovador” creado a partir de la interrelación entre pequeñas y medianas empresas (PyMes) y otras instituciones sociales locales, capaces de crear procesos de desarrollo endógeno sostenibles fuera de las grandes metrópolis. Antonio Vázquez Barquero señala, para el contexto europeo y situando en los años `80 el surgimiento de las corrientes de desarrollo endógeno, “en los últimos años ha comenzado a formarse una nueva generación de políticas regionales como consecuencias de los efectos que la globalización ha causado en la dinámica de los sectores productivos y espaciales y de los cambios de las

estrategias de las empresas y los territorios”35.

Según algunos autores36, la gran crisis económica y del Estado de bienestar

abre un espacio para que los agentes productivos y sociales del ámbito local y regional definan un nuevo marco para la creación de un entorno más favorable al crecimiento y la mejora de las condiciones de vida. A su vez, con el cambio del paradigma tecno- productivo del fordismo- taylorismo al posfordismo o de producción flexible (que implica entre otras cosas la fragmentación de la producción, la tercerización y externalización de partes del proceso productivo y laboral) se abre una etapa de “flexibilidad” que implicaría una ventaja competitiva para las PyMes.

34

Ibíd. Pág. 2.

35 Vázquez Barquero, Antonio: “Desarrollo, redes e innovación”. Ediciones Pirámide, Madrid,

1999. Cap. X: La nueva generación de políticas de desarrollo endógeno, Pág. 225. 36

(18)

La revalorización que se estaría produciendo hacia políticas regionales y

locales de “economía difusa”37 sería entonces resultado de tres dimensiones

convergentes: por un lado, a nivel micro económico, del quiebre del paradigma fordista y sus efectos en las reestructuraciones empresariales; un cambio en el nivel meso, en cuanto a los marcos de regulación y la gestión pública, que tienden a la descentralización, la concertación entre sectores públicos y privados y la revalorización de la gestión local; y el nivel macro, signado por los procesos de globalización, que básicamente implican una mayor exposición externa de los sistemas productivos locales y por lo tanto,

una mayor exigencia de competitividad entre ciudades y territorios38.

Lo local y lo global

Cabe aquí realizar algunas consideraciones sobre el concepto de

globalización, por las controversias y debates que plantea y su significación

como marco general de los procesos actuales. Coincidiendo con Alburquerque, el proceso de globalización desarrollado en las dos últimas décadas, implica la intensificación de la interdependencia entre los Estados y las sociedades, a partir de la existencia de un núcleo global, conformado básicamente por los sectores más dinámicos y estratégicamente dominantes: el financiero, de la informática y de las telecomunicaciones. Estos, pueden operar a partir de las nuevas tecnologías de la información, a nivel planetario y en tiempo real. Sin embargo, esta globalización es muy desigual, en cuanto a los alcances y resultados que implica para los distintos países y territorios, siendo incluyente y fuertemente excluyente a la vez.

De ello se desprende, y existe cierto consenso al respecto, que existe un conjunto de economías y actividades que están globalizadas y otras que no lo están. Pero la pregunta es entonces hasta qué punto el núcleo global incide en la dinámica de conjunto y permite o dificulta los procesos de crecimiento y desarrollo de otras actividades y territorios. Algunos autores tienden a relativizar la gravitación de la economía global, al señalar que, “el sistema económico mundial está lejos de constituir un mercado único y globalizado… coexisten en él un núcleo globalizado de actividades dinámicas cuyo ámbito de mercado es, en efecto, el mercado mundial, junto al cual existe también un grupo mayoritario de actividades económicas que se desenvuelven en

mercados locales y nacionales”39. Al respecto se señala también que el 80%

de la producción mundial está dedicada a los mercados internos, el 95% de la inversión se financia con ahorro interno y 9 de cada 10 trabajadores trabajan

para los mercados nacionales40.

37 Alburquerque, Vázquez Barquero, op.cit. y otros, en referencia a los distritos industriales de

Italia y los sistemas locales de empresas en España.

38 Ver Alburquerque, F.: “Desarrollo económico local en Europa y América Latina”. Consejo

Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1999. 39

Alburquerque, F, 1999, op.cit. pág. 6. 40

(19)

Sin embargo, a pesar de ello, la cuestión está en el condicionamiento que este núcleo globalizado, de mercados desrregulados y empresas trasnacionales deslocalizadas, impone en su dinámica al conjunto de la economía mundial y los territorios. Es decir, si bien puede decirse que la gran mayoría de las

decisiones de producción tienen lugar en escenarios nacionales o

subnacionales, esto no significa que su lógica se oriente al desarrollo de esos territorios. Boisier, especialista chileno en desarrollo territorial y regional, señala que “Nuestra posición es que el crecimiento económico de un territorio, en el contexto de un sistema más y más globalizado, tiende a ser más y más exógenamente determinado. Una creciente proporción de los proyectos de inversión que se materializan en dicho territorio, reconocen como capital financiero recursos ajenos al territorio mismo, dada la creciente trasnacionalización del capital… Esta afirmación va de la mano con otra, que sostiene que el desarrollo de un territorio, en el mismo contexto globalizado,

debe ser el resultado de esfuerzos endógenos…”41. Para este autor, mientras

el crecimiento económico es cada vez más exógeno (en función de la lógica

global), el desarrollo es cada vez más endógeno, ya que depende de la

estrategia interna de cada país o región.

Para otros autores, como Vázquez Barquero, la globalización afecta a la propia forma de concebir y promover los procesos de desarrollo, estimula la formación de redes y demanda instituciones flexibles adaptadas a la nueva forma del mercado. Por ello, la globalización crearía mecanismos que

fortalecen los procesos de desarrollo endógeno, ya que, al promover la

competitividad entre las ciudades y los territorios, estos reaccionan a los

desafíos de la globalización estimulando sus propios procesos de desarrollo. Es

decir que, como señalan Jordi Borja y Manuel Castells42, la relación entre la

globalización y la localización no está predeterminada.

Respecto de este debate entendemos que la globalización, sobre todo desde el punto de vista de sus efectos en la concentración de la economía, la predominancia mundial de las multinacionales y el capital financiero internacional, la extranjerización de la economía de los países periféricos, vía procesos de fusiones y adquisiciones y que se vio potenciado en la Argentina por el proceso de reforma estructural en los ´90, ha sido, al menos hasta ahora, de alto costo sobre todo para el tejido de pequeñas y medianas empresas. El proceso de reprimarización, la reconversión de la industria hacia ramas capital intensivas, la virtual desaparición de sectores o eslabones completos dentro de la cadena productiva, muestran una estructura no sólo poco competitiva en el mercado externo, sino también incapaz de resolver las necesidades básicas de la población.

41 Boisier, Sergio: “El vuelo de una cometa. Una metáfora para una teoría del desarrollo

territorial”. ILPES, Santiago de Chile, 1997. 42

(20)

Esto implica que para que la globalización sea “una amenaza o una

oportunidad”, la estrategia que el país, la región o el territorio se fije al

respecto es fundamental. Con ello queremos señalar que no compartimos las visiones totalmente pesimistas u optimistas y que, como considera Boisier, en última instancia el desarrollo estará dado por los esfuerzos endógenos.

A modo de síntesis puede decirse que el desarrollo económico local no es

contradictorio con la globalización de la economía pero implica un intento de

ejercer un mayor control sobre sus efectos menos deseados. En efecto, la economía local debe comprenderse dentro del contexto global. En todo caso, ya no se trata de “desarrollo hacia fuera” –como fue durante el modelo agro exportador 1880/1930- ni de “desarrollo hacia adentro” –como se dio en el período de industrialización por sustitución de importaciones (ISI)

1930-45/1976- sino, como lo plantea Osvaldo Sunkel, desarrollo “desde dentro”43,

es decir, centrado en los recursos y capacidades propias, pero con una

perspectiva de inserción mundial. Este concepto de desarrollo endógeno o

desde adentro, se propone como una alternativa al concepto de desarrollo dominante, y a la implementación de modelos exógenos. Plantea el desarrollo del potencial de una comunidad o territorio, teniendo en cuenta sus propios recursos y características, pero no como algo autárquico sino desde una mirada de inserción global. Se resaltan aquí los aspectos propios de un territorio y la integralidad del desarrollo, tomando en cuenta el desarrollo de los aspectos sociales, culturales y políticos de las comunidades.

El desarrollo local y endógeno en el subdesarrollo y en el contexto global se presenta entonces, al menos como realidad potencial, como horizonte deseado, como un camino a recorrer en post de un mayor equilibrio socio-económico y territorial, pero su materialización tropieza con limitaciones estructurales y conlleva importantes desafíos y dificultades, como se verifica en la realidad latinoamericana en general y argentina, en particular.

43

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Referencias

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