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Mu(n)cho y sus variantes en el corpus PRESEEA Granada

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(Universidad de Granada)

MU(N)CHO

Y SUS VARIANTES EN EL CORPUS PRESEEA

GRANADA1

Fecha de recepción: 16.03.2018 Fecha de aceptación: 03.05.2018

Resumen: Este trabajo trata de  determinar el  rendimiento de  la n epentética en  el  término

muncho y sus variantes morfemáticas en el español de la ciudad de Granada (España) a través de  los  informantes del  Corpus PRESEEA Granada. Nuestro objetivo consiste en  estudiar la  dimensión sociolingüística de  la  aparición de  muncho frente a  la  forma normativa y prestigiosa mucho. La inserción de una n trabada a fi nal de sílaba es un fenómeno bastante antiguo en español y, aunque la forma muncho actualmente se considera vulgar y en desuso, tiene un porcentaje de aparición representativo en nuestros resultados en la ciudad de Granada. Las variables sociales que han resultado signifi cativas en la elección de una u otra forma han sido: el nivel de instrucción, la edad, el sexo y la categoría gramatical del término estudiado.

Palabras clave: mucho, muncho, n epentética, PRESEEA Granada, sociolingüística

Title: Mu(n)cho and its Variants at Corpus PRESEEA Granada

Abstract: Th is paper aims to determine the rendition of the epenthetic n in the term muncho and its morphematic variants in the Spanish of the city of Granada (Spain) through the informants of  the  Corpus PRESEEA Granada. Our purpose is to  study the  sociolinguistic dimension of  the  appearance of muncho as opposed to  the  normative and prestigious form mucho. Th e insertion of a stuck n at the end of the syllable is a quite old phenomenon in Spanish and although the form muncho is currently considered vulgar and in disuse, it has a representative percentage of occurrences in our results in the city of Granada. Th e social variables that have been signifi cant in the election of one form or another have been several: the level of education, age, sex and the grammatical category of the term studied.

Key words: mucho, muncho, epenthetic n, PRESEEA Granada, sociolinguistics

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INTRODUCCIÓN

El objetivo de este estudio es examinar la relación existente entre una serie de variables sociolingüísticas y la pronunciación del adverbio mu(n)cho2 –y sus variantes de género y número, así como la forma en grado superlativo mu(n)chísimo– en el español hablado en la ciudad de Granada (España), gracias a los materiales del Corpus PRESEEA (Pro-yecto para el Estudio Sociolingüístico del Español de España y América).

PRESEEA (Moreno Fernández 2006) es un proyecto para la creación de un corpus de lengua española hablada representativo del mundo hispánico en su variedad geo-gráfi ca y social. Los materiales se reúnen atendiendo a la diversidad sociolingüística de las comunidades de habla hispanohablantes, y agrupa a cerca de 40 equipos de inves-tigación sociolingüística3.

En este trabajo examinamos dos posibles opciones de uso: bien la pronunciación nor-mativa y académicamente aceptada, que sería la forma sin n trabada, o, por el contrario, la variante que presenta una n epentética al fi nal de la primera sílaba (muncho)4. Es decir, pretendemos conocer las dimensiones sociolingüísticas del funcionamiento de la dife-rencia entre la pronunciación o no de la n epentética en este término y su pervivencia actual en los hablantes de la ciudad de Granada, así como conocer sus dimensiones socio-lingüísticas respecto a su uso, teniendo en cuenta diversos factores sociales y lingüísticos que procederemos a especifi car más adelante en el apartado dedicado a la metodología. Antes de pasar al estudio propiamente dicho hemos de indicar que Granada se está asociando en los últimos tiempos a una comunidad de habla conservadora o convergente con el español estándar centropeninsular:

El español meridional de España se fragmenta en dos modalidades: una divergente del español estándar, que refuerza los rasgos innovadores y los acepta socialmente (andaluz innovador, occidental o sevillano), y otra convergente (andaluz oriental o gra-nadino), que se suma al proceso de desdialectalización del centro y sur de España en el sentido de la formación de una koiné en la que se nivelan los rasgos regionales (lla-mamos a esta variedad convergente español común). (Villena Ponsoda 2008: 212-213)

En líneas generales, esta convergencia con el español más normativo es lo que está lle-vando a esta comunidad a la “consiguiente estigmatización de la mayoría de las variantes vernáculas” (Manjón-Cabeza et al. 2016: 183). Veremos qué ocurre en el caso de la alter-nancia mucho/muncho,si aún pervive la forma más vulgar y en qué medida lo hace.

2 Mu(n)cho puede incluirse en diferentes categorías gramaticales, que dependen, a veces, del autor que lo clasifique, pero generalmente se cita como adverbio.

3 Para mayor información consultar <http://preseea.linguas.net/>.

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ESTADO DE LA CUESTIÓN

Acerca de 

mu(n)cho

y la epéntesis de 

n

en español

Según Pascual Rodríguez y Blecua Perdices (2006), existen en español contextos fónicos que facilitan la adquisición de una n adventicia y, mientras que tradicionalmente la inser-ción de esta n ha triunfado en algunos vocablos donde se ha instaurado como norma-tiva, tal es el caso de invierno (del lat. HIBERNUM), no ha ocurrido así con otras formas como lenjos (<LAXIUS) o, como sucede en el término que estamos estudiando, muncho. De entrada, el término muncho aparece recogido en el DLE (s.v. muncho), pero acom-pañado de las marcas de vulgaren desuso, por lo que, de acuerdo a esto, cabría espe-rar poca aparición en nuestro corpus oral. Desde la edición de 1925 a la de 1950 el DLE

lo cataloga como propio de México (aunque sin marcarlo como vulgar), y es a partir de la edición de 1956 cuando adquiere esta apreciación, para dejar de aparecer, al mismo tiempo, como propio de México. Frente a esto, el DECH argumenta que sigue teniendo gran extensión en el habla vulgar.

Está claro que mucho viene del latín MULTU, lo que no sabemos con exactitud es cómo se introduce en su pronunciación esa n epentética y cuándo empieza a darse, ni cuál es su extensión geográfi ca. Pato Maldonado nos dice que este fenómeno es antiguo, que ya se da en el mismo latín y es característico del español clásico, y que se documenta también en otras lenguas y dialectos romances, como el asturiano, en algunos dialectos italianos y en francés (2013: 338-339).

Además, todo apunta a que su uso ha estado bastante extendido geográfi camente porque aparece descrito en estudios acerca del murciano (Zamora Vicente 1967: 361), del andaluz (Alcalá Venceslada 1951: 421) o del español de México y EEUU (Henríquez Ureña 1938: 374, Espinosa 1946: 34-39).

El DECH nos explica que esta n epentética es simplemente una extensión de la nasal inicial. De hecho, hoy en día tenemos términos plenamente aceptados como son mancha

(<MACULA) o manzana (<MATTIANA), que en su origen etimológico no presentan esa

n. Así lo recogen Pascual Rodríguez y Blecua Perdices, para los que se trata de un caso de nasalización progresiva “dentro de un proceso de lenición en que, por retraso en levan-tar el velo del paladar, una consonante nasaliza a la vocal que le sigue y esta a su vez dota de nasalidad a la primera parte de la consonante inicial de la sílaba siguiente, que termina convirtiéndose en n epentética” (2006: 1363). De igual modo lo argumenta Menéndez Pidal al decir que estos casos de nasalización son el refl ejo de otra nasal que hay en el mismo vocablo (1944: 189), teoría a la que también se suma Schuchardt (1911: 75). En un estudio realizado por Pato Maldonado en 2011 con estudiantes de ELE, este concluye que la apari-ción de la nasal /n/ ayuda a los informantes en la pronunciala apari-ción de la ch, ya que:

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Esto, además, ocurre en una lengua con tendencia a reforzar el fi nal de la sílaba por medio de una nasal (Blecua Perdices 2006: 1379). Y concuerda con lo expuesto por estos mismos autores, que nos recuerdan que en La lozana andaluza aparecen los términos

concho (cocho) y truncha (trucha), si bien en este caso no podemos recurrir a la teoría de la extensión de la nasalidad inicial. Parece claro entonces el porqué del paso de mucho

muncho pero no tanto el hecho de que mientras que algunas palabras han tomado esta

n y se han generalizado (ya sea en la lengua vulgar o de forma prestigiosa), otras no han aprovechado esta circunstancia (machomecha).

En cuanto a su consideración gramatical, hay acuerdo en el hecho de que mucho

expresa siempre cierta forma de cuantifi cación que corresponde a su naturaleza grama-tical como indefi nido (NGLE 2009: 2304). Así lo defi ne también la GDLE, si bien es cierto que luego señala que la cuantifi cación es un concepto de carácter sintáctico (1999: 1029). Si desde el punto de vista sintáctico queda clara su función (también el DLE lo defi ne así), ¿qué ocurre desde el punto de vista morfológico?

En principio, mucho puede pertenecer a tres categorías: adjetivo, pronombre y adver-bio. En el DPD (s.v. mucho) encontramos un resumen muy concreto:

1) Adjetivo: signifi ca ‘abundante’ y, como ocurre con la mayoría de los cuantifi cado-res indefi nidos, va antepuesto al sustantivo, con el que debe concordar en género y número.

El carácter adjetival lo encontramos en ejemplos como:

(1) la típica casa de campo sin muchos lujos. [GRAN-H11-01]5; (2) venía a mi casa muchas veces a cenar. [GRAN-H22-26].

2) Pronombre: referido a un sintagma nominal mencionado o sobrentendido. Algunos ejemplos de la forma pronominal serían:

(3) que quiero ir al cine, puedo elegir entre muchos. [GRAN-M32-11]; (4) y las expectativas que le quedan de vida no son muchas. [GRAN-M31-17].

3) Adverbio: con el signifi cado de ‘abundantemente o intensamente’: “Platicamos mucho y nos reímos mucho”

Podemos ver mucho funcionando como adverbio en los siguientes casos:

(5) era mucho mejor que el que tenemos hoy. [GRAN-H21-09];

(6) pero eso fue mucho más después de cuando yo me echara a frutero. [GRAN -H33-50].

Sin embargo, la  consideración gramatical de  la  forma masculina singular (mucho) resulta problemática porque en  algunos casos es complicado saber si estamos ante un adverbio o un pronombre. Por ejemplo, en el sintagma come mucho podríamos enten-der que se trata de a) come abundantemente (adverbio) o b) come mucha comida (pro-nombre). Lo mismo ocurre con los ejemplos llueve muchosabe mucho, pero ya no sería así en va mucho a casa de sus padres puesto que al ser ir un verbo intransitivo no admite

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la primera interpretación. Así, cuando el término aparece con alguna de sus variantes morfemáticas (muchos, mucha, etc.) queda clara la categoría gramatical, pero al encon-trarnos con la forma masculina singular mucho tenemos casos de muy difícil clasifi cación.

La NGLE lo aborda así:

no hay acuerdo entre los gramáticos sobre si son pronombres o adverbios (o admi-ten las dos interpretaciones) cuando modifi can a ciertos verbos transitivos. Apoya la opción pronominal el que, con algunos de ellos, estas formas alternen con grupos nominales, como en lee mucho (mucho-muchos libros) y también el que los comple-mentos partitivos se puedan omitir y recuperar en función del contexto previo, como en tiene mucho (es decir, mucho de eso). (2009: 2303)

Por otro lado, se ha aducido como argumento a favor del análisis adverbial (frente al pronominal) el hecho de que las expresiones que proporcionan las paráfrasis adecua-das no son, en muchos contextos, grupos nominales, sino adverbios o locuciones adver-biales: la quiere mucho (intensamente) (NGLE 2009: 2304). En general, la interpretación intensiva es característica de los verbos intransitivos (2305).

Vimos arriba que el DPD ponía como ejemplo de mucho como adverbio la frase Pla-ticamos mucho y nos reímos mucho (Vargas Pasado [Méx. 2002], apud DPD 2005, s. v.

mucho), ya que entiende mucho como ‘abundantemente’, pero, ¿y si en vez de esto nos planteáramos “platicamos mucho (tiempo)” o “nos reímos mucho (rato)?” En este último caso mucho actuaría como forma pronominal. Volvemos en estos casos a no estar segu-ros de su categoría, aunque el DPD los clasifi que como adverbios.

Debe ser esta la  razón por la  que la GDLE huya de  la  categorización gramatical de lo que llama “cuantifi cadores indefi nidos”, aduciendo simplemente que pueden per-tenecer a varias categorías gramaticales:

habría que considerarlos como una clase sincategoremática a la que pertenecen deter-minantes, adverbios y adjetivos, con el agravante de que un mismo elemento puede pertenecer a todas las clases a la vez. Por ello es mejor dejar de lado esta cuestión y ceñirse a lo que los cuantifi cadores tienen en común, que es su signifi cado y sus mecanismos interpretativos. (1999: 1035)

Sin embargo, en el capítulo dedicado a los adverbios, mucho es clasifi cado como “adverbio pronominal” sin hacer más distinciones. Eso sí, el ejemplo que se ofrece a con-tinuación corresponde a una construcción intransitiva: tú has madrugado mucho hoy

(1999: 733). Además, se especifi ca que los adverbios no poseen rasgos fl exivos, luego su forma no se ve alterada por las propiedades morfológicas de los adjetivos (1999: 226), por lo que, según esto, solo mucho en su forma masculina singular podría ser un adverbio. Más adelante, cuando describamos las variables seleccionadas en nuestro estudio, explicaremos la  manera en  la  que hemos decidido resolver esta cuestión con  vistas a la clasifi cación requerida.

Documentación y extensión de 

muncho

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El primer caso en este corpus data de la Edad Media, en 1275, en la General Estoria de Alfonso X: “dizessaestoria de las prouincias que uiene muncho Açafran& muy bueno &demeior olor que otro &masamariello que oro” (Alfonso X, General Estoria II). Sin embargo, Sánchez Prieto (2008: 245, apud Pato Maldonado 2013: 332) recoge la forma “ni poco ni muncho” en 1236.

Por otra parte, su variante femenina muncha aparece en 988 casos en 68 documentos, por primera vez en 1479 en textos de un autor anónimo. Nos resulta curioso que el super-lativo munchísimo no aparezca en ningún caso en el CORDE, lo que parece apuntar a que esta forma no estaba tan extendida.

Pato Maldonado hace una comparativa de la evolución en la historia de la lengua española de las formas muncho/mucho a lo largo de los siglos tanto en el CORDE como en el Corpus del español. Nos tomamos la libertad de reproducirla aquí:

Cuadro 1 Distribución de munchomucho en la historia de la lengua (2013: 332)

XIII XIV XV XVI XVII XVIII XIX XX

Corpus del español

muncho 5% 0.3% 84% 9% 0.4% 1% 0.2% –

mucho 8% 5% 12% 27% 11% 10% 13% 14%

CORDE muncho 3% 4% 21% 71% 1% – – –

mucho 3% 5% 13% 29% 19% 6% 11% 14%

Se observa que la forma muncho vive su mayor esplendor en los siglos XV y XVI, aun-que depende del corpus aun-que manejemos. Pero, ni antes ni después, en ninguno de los dos casos ha sido una forma predominante frente a la forma mucho.

Por otra parte, en el CREA hallamos únicamente dos casos en un mismo documento de muncho mientras que, tanto para la forma en femenino como para el superlativo, no existe ningún caso. Esto no indica necesariamente que la forma se haya perdido, sino que la lengua española goza ya de unas normas defi nidas y una estandarización en la que

muncho (con sus variantes) queda relegado a lo no normativo. Recordemos que tanto el CORDE como el CREA son corpus de documentos escritos. Además, desde 1956 el DLE

lo cataloga como vulgar. Aun así, la forma muncho-a tiene su entrada independiente en todas las ediciones de esta obra, lo que también es muy signifi cativo.

Por otro lado, el CODEA lo localiza en ciudades como Écija y Granada, pero también en Madrid, Toledo y Burgos. El COSER, por su parte, recoge la forma muncho en Astu-rias, Albacete, Zaragoza y Murcia, aunque es cierto que donde más frecuencia de apari-ción posee es en las provincias más orientales de Andalucía. Esto unido a que en el ALPI

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distinción desde el punto de vista sociolingüístico, sino únicamente geográfi co, y esto nos parece un sesgo importante. Por otro lado, desde el punto de vista de los corpus consultados, no nos parece un rasgo característico del andaluz, dado que desde sus ini-cios hasta la actualidad aparece en otras regiones de España (aunque su frecuencia sea menor) e, incluso, como ya señalamos al principio, en otros países de habla española (recordemos que el DLE lo marcó durante mucho tiempo como característico de México). Para arrojar más luz a esta cuestión, sería muy útil la ayuda del ALEA pero, por desgra-cia, en todo el cuestionario no hay ninguna pregunta que corresponda al vocablo que estudiamos. Sin embargo, aunque no sea lo mismo, hemos visto interesante recurrir a los Textos andaluces en transcripción fonética que Manuel Alvar y sus colaboradores publicaron a partir de los cuestionarios del ALEA en 1995, transcribiendo narraciones de los informantes. De los 92 textos transcritos (cada uno correspondiente a un punto de encuesta del ALEA) la forma mu(n)cho o alguna de sus variantes (ya sea en género, número o grado) aparece en seis ocasiones6. De estas seis ocurrencias, tres se correspon-den con la forma femenina plural mu(n)chas (en la provincia de Sevilla, Cádiz y Cór-doba) y otras tres, con la masculina singular mu(n)cho (en las provincias de Sevilla, Jaén y Granada). De todas ellas, únicamente dos aparecen con n epentética: la forma munchas en Écija (Sevilla) y muncho en Gor (Granada), por lo que, de acuerdo a esto, no podría-mos generalizar que sea un fenómeno típico de la Andalucía rural en general, sino que, más bien, aparecería en ciertas zonas y en ciertos contextos o hablantes, que es lo que pretendemos ver en este estudio.

CUESTIONES METODOLÓGICAS

Datos generales

Ya hemos explicado que para analizar los factores que infl uyen en la presencia o ausencia de la n epentética en la forma muncho y sus variantes morfemáticas nos basamos en el cor-pus PRESEEA (Proyecto para el Estudio Sociolingüístico del Español de España y Amé-rica) de Granada (España), publicado en Moya Corral et al. (2007, 2008, 2009), cuya meto-dología hemos seguido (Moreno Fernández 2006). Es un corpus oral obtenido en función de un muestreo por cuotas de afi jación uniforme. En cuanto a las entrevistas, la duración no es fi ja, pero oscilan entre los 40 minutos y una hora aproximadamente cada una. Son conversaciones semidirigidas en las que se propone un amplio catálogo de temas que per-miten el acceso a los diferentes tipos de discurso. Para este trabajo se ha analizado la tota-lidad de la muestra sonora, lo que supone unas 40 horas de escucha.

La variable fonética dependiente objeto de este estudio es la aparición o no de una n

epentética (se la ha llamado también “parásita” en varios estudios) en el término mucho

y sus variantes de género, número y grado superlativo; este último a su vez con sus varia-ciones de género y número correspondientes también.

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En total se estudian ocho voces: 1) mucho 2) mucha 3) muchos 4) muchas 5) muchí-simo 6) muchísima 7) muchímuchí-simos 8) muchísimas.

Por último, es importante mencionar que para obtener los datos específi cos acerca de  cuáles son las  variables independientes que resultan signifi cativas en  la  elección de las variables dependientes /n/ o no /n/, se lleva a cabo un análisis estadístico7 mediante la prueba de χ² de Pearson (cf. Hernández Campoy y Almeida Suárez 2005), que nos per-mitirá probar la dependencia o no de dos variables entre sí, así como un análisis de regre-sión logística de efectos fi jos8, que nos indicará el grado de infl uencia de cada variable sobre el resultado obtenido.

Muestra

La muestra-tipo (Moya Corral 2007, 2008, 2009), diseñada por el proyecto, contempla, en primer lugar, tres grupos generacionales: el primero está formado por sujetos de entre 19 y 34 años de edad (N = 18), el segundo por informantes de entre 35 y 54 años (N = 18) y el tercero por hablantes de más de 55 años (N = 18). En segundo lugar, la pobla-ción se divide por sexos: hombres (N = 27) y mujeres (N = 27). Finalmente, se distin-guen tres grados de instrucción: primaria (hasta 10 años aproximadamente de escola-rización), secundaria (de 10 a 14 años de estudios) y superior (15 años de escolarización aproximadamente).

En cuanto al tamaño de nuestra muestra, se han aplicado las sugerencias metodoló-gicas del proyecto PRESEEA y se han incluido tres informantes por cada una de las cel-das surgide las cel-das tras organizar el universo según las variables básicas. Ello suma un total de 54 informantes y supone, para una ciudad como Granada, cuya población en 2006 era de 237.929 habitantes, una representación de un informante por cada 4.406 habitan-tes (Moya Corral et al. 2014: 93).

En  total, contamos con  54 informantes, los  cuales se dividen en  estratos según las tres variables sociales básicas: sexo, edad y grado de instrucción. La distribución de los hablantes queda refl ejada en el cuadro 2:

Cuadro 2 Distribución de los hablantes del corpus PRESEEA (Granada)

54 informantes

Nivel de estudios

Primarios Secundarios Universitarios

Mujer Hombre Mujer Hombre Mujer Hombre

Edad

>19 y <34 3 3 3 3 3 3

>34 y > 54 3 3 3 3 3 3

≥ 55 3 3 3 3 3 3

Fuente: Moya Corral (2007)

7 Realizado con el programa IBM SPSS 20.

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Variables o factores de infl uencia

Con vistas a la investigación, ya hemos dicho que lo que nos interesa es el resultado de la variable dependiente descrita: la pronunciación o no de la n epentética en fi nal de sílaba en mucho/muncho, pero, con el fi n de profundizar en el estudio y poder arro-jar datos más concretos sobre el comportamiento de la diferencia de pronunciación en la oralidad de los informantes granadinos del PRESEEA, esta variable dependiente será puesta en relación con una serie de variables independientes (de carácter lingüís-tico y sociológico) tenidas en cuenta habitualmente en los estudios de corte variacio-nista (Molina Martos 1991, Moya Corral y García-Wiedemann 1995, Villena Ponsoda 1997), con el objeto de determinar si resultan signifi cativas o no en la elección de la forma

mucho/muncho por los hablantes. Hemos tenido en cuenta las siguientes:

a) Factores sociales:

1) El nivel de instrucción del hablante: bajo (estudios primarios o menores), medio (estudios secundarios) o alto (estudios universitarios).

2) La edad, dividida en tres tramos: generación joven (hasta 34 años), generación adulta (de 34 a 54 años) y generación mayor (más de 54 años).

3) Sexo: hombres o mujeres. b) Factores lingüísticos:

4) El número gramatical de la palabra: plural o singular. 5) El género gramatical de la palabra: masculino o femenino.

6) La categoría gramatical del término: ya explicamos que mucho puede corres-ponder a varias categorías gramaticales dependiendo de su función. Nosotros hemos decidido dividirlas en cuatro:

6.1. Adjetivo 6.2. Pronombre 6.3. Adverbio

6.4. Neutro: aunque esta categoría gramatical no exista de por sí, debemos recor-dar que en los casos en los que mucho aparece en masculino singular y, espe-cialmente en oraciones transitivas (come mucho), los gramáticos no se ponen de acuerdo entre si es pronombre o adverbio. Es por eso que nosotros hemos decidido incluir esta categoría para este tipo de ocasiones concretas. 7) Transitividad: este factor va asociado a la variable 6.4, ya que solamente

en aque-llos casos en los que mucho sea forma neutra (masculino singular) se marcará si se halla en contextos transitivos o intransitivos.

8) Grado: positivo o superlativo.

ANÁLISIS Y RESULTADOS

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Distribución de los resultados generales

Hay 1.978 resultados totales de  pronunciación de  mucho frente a  257 de muncho

de un total de 2.235 casos estudiados, lo que supone un 11,5 % del porcentaje total, como se puede apreciar en el gráfi co 1. Es un resultado importante ya que supone una gran diferencia entre una forma y otra y nos muestra que la preferencia por la solución nor-mativa es predominante con un porcentaje total de uso del 88,5 %.

Sin -n- 88,5 % Con -n-

11,5 %

Gráfico 1 Distribución general de mucho/muncho según los resultados generales.

Factores de infl uencia

De  los  ocho factores o  variables independientes estudiados, de  acuerdo a  las  prue-bas de signifi cación estadística, cuatro han resultado signifi cativos y otros cuatro no. Los mostramos en el cuadro 3:

Cuadro 3 Factores de infl uencia

Factores signifi cativos Factores no signifi cativos

Instrucción Número

Edad Género

Sexo Superlativo

Categoría gramatical Transitividad

A partir de ahora, nos centraremos únicamente en los factores de infl uencia que han resultado signifi cativos e intentaremos analizarlos uno a uno.

En lo referente a la variable “instrucción”, no es de extrañar que resulte signifi cativa. En los hablantes con instrucción superior, el resultado con n epentética, es decir, la forma

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elevado de la clase baja y, eligiendo por mayoría, la forma normativa mucho. En conclu-sión, vemos que la variable instrucción es muy importante y que el gran salto porcen-tual se encuentra entre la clase de instrucción media y la baja.

Cuadro 4 Distribución de mucho/muncho según el nivel de instrucción9 Casos/Porcentaje

Instrucción

Total

Alto Medio Bajo

Resultado Sin n 603/100 % 898/96,8 % 477/67,8 % 1.978/88,5 % Con n 0/0 % 30/3,2 % 227/32,2 % 257/11,5 % Total 603/100 % 928/100 % 704/100 % 2.235/100 % Sig = 0,000

Pasamos ahora a ocuparnos de la variable “edad”.

Cuadro 5 Distribución de mucho/muncho según la edad Casos/Porcentaje

Edad

Total

19-34 35-54 +54

Resultado Sin n 597/89 % 804/95,7 % 577/79,7 % 1.978/88,5 % Con n 74/11 % 36/4,3 % 147/20,3 % 257/11,5 % Total 671/100 % 840/100 % 724/100 % 2.235/100 % Sig=0,000

Observamos en el cuadro 5 algo curioso y es que, si bien la generación mayor es la que más patrocina la forma con n adventicia (con un resultado del 20,3 %), lo cual tiene sentido, ya que las generaciones mayores suelen apostar por formas menos norma-tivas (en España, por motivos histórico-sociales, suele ir ligado al factor de instrucción), resulta peculiar que después de que en la generación intermedia estas cifras desciendan considerablemente (4,3 %), los jóvenes recuperen la forma muncho en un porcentaje que dobla al de la generación inmediatamente anterior (11 %). Este resultado es conocido como patrón de estratifi cación en U y no es un resultado poco frecuente ya que, lingüís-ticamente, los hablantes jóvenes y los más mayores tienen los índices de uso más eleva-dos de formas no estándares, mientras que los de mediana edad presentan los más bajos y, consiguientemente, más estándares (Hernández-Campoy y Almeida Suárez 2005: 40). Esto es debido a que “los grupos de edades intermedias, inmersos en el mundo de la com-petencia profesional, económica y de ascenso en la escala social, son los que se espera que presenten perfi les más marcados de autocorrección” (Silva-Corvalán 2001: 102).

Los resultados de la variable “sexo”, que aparece mostrada en el cuadro 6, también resultan interesantes:

(12)

Cuadro 6 Distribución de mucho/muncho según el sexo Caso/Porcentaje

Sexo

Total

Hombre Mujer

Resultado Sin n 878/92 % 1.100/85,9 % 1.978/88,5 %

Con n 76/8 % 181/14,1 % 257/11,5 %

Total 954/100 % 1.281/100 % 2.235/100 %

Sig= 0,000

Resulta curiosa la diferencia porcentual (de un 6 %) que existe entre hombres y muje-res ya que, tradicionalmente, las mujey muje-res han apostado por las variables lingüísticas de mayor prestigio con más frecuencia que los hombres, decantándose por las formas lingüísticas más tradicionales y conservadoras (Silva-Corvalán 2001: 97-98).

Dado lo curioso de los datos, con el fi n de obtener resultados más precisos, hemos deci-dido combinar la variable sexo con la de nivel de instrucción para afi nar más en el análi-sis de la forma con n epentética. Al hacer esto comprobamos, como se puede ver en el grá-fi co 2, que no son las mujeres en general las que favorecen la forma muncho, sino que son específi camente las mujeres con nivel de instrucción bajo las que patrocinan la forma con n en gran medida, ya que en la generación media ocurre lo contrario y son los hom-bres los que más la eligen en un 23,68 % de los casos frente al 6,63 % de las mujeres.

0 %

23,68 %

76,32 %

0 %

6,63 %

93,37 %

0 10 20 30 40 50 60 70 80 90 100

Nivel 1 Nivel2 Nivel 3

Hombres

Mujeres

Gráfico 2 Variable sexo y nivel de instrucción de la forma con n epentética.

(13)

Cuadro 7 Distribución de mucho/muncho de acuerdo a la categoría gramatical Caso/Porcentaje

Categoría Gramatical

Total

Adjetivo Pronombre Adverbio Neutro

Resultado Sin n 1.021/90,3 % 97/82,2 % 80/94,1 % 780/86,6 % 1.978/88,5 % Con n 110/9,7 % 21/17,8 % 5/5,9 % 121/13,4 % 257/11,5 % Total 1.131/100 % 118/100 % 85/100 % 901/100 % 2.235/100 % Sig=0,003

Esta variable es la única de las de nivel lingüístico que ha resultado signifi cativa, las demás han sido todas de carácter sociológico.

En este caso observamos que las formas con n tienen tendencia a aparecer en los casos en que muncho funciona como pronombre o como neutro, especialmente en el caso del primero (17,8 %). Por otro lado, cuando muncho o alguna de sus formas se presenta como adjetivo o adverbio, su aparición es escasa: solamente de un 5,9 % cuando es un adverbio y de un 9,7 % cuando es adjetivo.

A continuación, mediante un análisis de regresión logística de efectos fi jos, mostra-mos los pesos probabilísticos de aquellos factores seleccionados como signifi cativos para explicar la variabilidad, así como su fuerza de factor. Los resultados son los aplicados a las cuatro variables que han resultado signifi cativas para la diferencia entre la forma

muchomuncho.

Cuadro 8 Análisis de regresión logística de efectos fi jos

Factor

Peso

probabi-lístico

p-valor de factorFuerza % n/total

Nivel de instrucción 0,000 629

Medio-alto 0,731 98 % 1.501/1.531

Bajo 0,102 67,8 % 477/704

Edad 0,000 409

Jóvenes 0,463 89,0 % 597/671

Adultos 0,704 95,7 % 804/840

Mayores 0,295 79,7 % 577/724

Categoría gramatical 0,005 300

Adjetivo 0,541 90,3 % 1.021/1.131

Pronombre 0,370 82,2 % 97/118

Adverbio 0,670 94,1 % 80/85

Neutro 0,450 86,6 % 780/901

Sexo 0,000 159

Hombres 0,591 92 % 878/954

Mujeres 0,432 85,9 % 1.100/1.281

Input = 0,885

(14)

En la segunda columna se recoge el peso probabilístico de cada factor: se entiende que se favorece el valor de aplicación si es mayor que 0,50 y se desfavorece si es menor de 0,50. Por otra parte, este análisis presenta los factores ordenados según una jerarquía deter-minada por la fuerza de factor, que se obtiene comparando los respectivos rangos que resultan de la diferencia entre la probabilidad mayor y menor de cada grupo de factores. Antes de pasar a comentar los resultados, debemos detenernos en algunas cuestio-nes metodológicas del análisis refl ejado en el cuadro 8: hemos de decir que, en la pri-mera columna, dentro del apartado que refl eja el nivel de instrucción, nos hemos visto obligados a unir la categoría de nivel de instrucción alto y la de medio en una (la enten-demos como nivel medio-alto ahora), ya que al no haber ningún resultado de muncho

en el nivel de instrucción alto, el programa GoldVarb X, del que nos hemos servido para el cálculo, nos marcaba un “knock Out”, como el propio programa denomina, puesto que no trabaja con resultados únicos, por lo que nos hemos decidido unir estos dos fac-tores en uno.

En cuanto a los resultados arrojados, observamos como la fuerza de factor más alta (629) se encuentra en  la  variable “nivel de  instrucción”, donde claramente los  casos de mucho sin n epentética se dan en  su mayoría en  el  grado de  instrucción medio-alto, lo que coincide con lo refl ejado en el cuadro 4 y que signifi ca que esta es la varia-ble que más infl uye en  la  elección de  la  pronunciación de  una forma u otra. Como segundo factor de fuerza más infl uyente tenemos la edad (429), en la que observamos que la generación media/adulta es la que más se decanta por la forma normativa mien-tras que los jóvenes y, especialmente los mayores, usan mucho más la forma con n tra-bada. Tras esto encontramos que la “categoría gramatical” es el siguiente factor más infl uyente (300), resultando el adverbio el que más rechaza la forma con epéntesis mien-tras que el pronombre es el que más la favorece. Por último, el factor de fuerza más bajo lo encontramos en el sexo de los informantes (159) donde los hombres tienden más al uso de la forma prestigiosa que las mujeres, aunque ya explicamos anteriormente que esto hay que entenderlo en relación con el factor de instrucción, ya que son las féminas con formación baja las que más patrocinan la forma muncho, no ocurriendo lo mismo con las de nivel medio.

CONCLUSIONES

(15)

andaluces en transcripción fonética (1995). De igual modo, no pensamos que sea caracte-rístico de Andalucía de modo general: primero, porque su frecuencia es muy escasa si se compara con la forma normativa (incluso en los hablantes del nivel de instrucción bajo) y, segundo, porque está documentado en otras zonas de la Península (Asturias, Aragón, etc.), además de que parece estar demostrado que se trata de un fenómeno antiguo que ya se daba en el español clásico.

Las variables que han resultado signifi cativas en la elección de uno u otro término han sido cuatro: 1) el nivel de instrucción: a mayor instrucción, más uso de la forma académica, y viceversa; 2) la edad, en la que llama la atención un patrón de estratifi ca-ción en U en el que la generación más mayor y la más joven son las que más patroci-nan la forma muncho, mientras que esta desciende considerablemente en la generación adulta; 3) la categoría gramatical a la que se adscribe mucho, siendo curiosa la mínima aparición de la forma con n cuando se trata de un adverbio o adjetivo, mientras que tiene un gran rendimiento en las formas pronominales y en las que hemos denominado

neutras y, por último, 4) el sexo: son las mujeres las que prefi eren la forma con muncho

frente a los hombres (un 6 % más), pero solamente es así en aquellas con una instrucción baja, ya que el porcentaje de uso de muncho en las mujeres con formación media queda por debajo del de los hombre en un 17,5 %. Por otra parte, ni el género, número, tran-sitividad o grado superlativo han resultado variables signifi cativas en nuestro análisis. En conclusión, queda patente la preferencia por la solución académicamente aceptada, de mayor prestigio y más en sintonía con la norma en detrimento de la forma con n epen-tética, cuyo porcentaje, aun así, nos muestra que es una forma viva y en uso en la ciudad de Granada, especialmente en cierto perfi l de hablantes.

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Referencias

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