PSICOTERAPIA AUTÓGENA
Prof. JL Gonzalez de Rivera
Instituto de Psicoterapia de Madrid
Avenida de Filipinas, 52 28003 Madrid
© 1999 Jose Luis Gonzalez de Rivera y Revuelta Avenida de Filipinas, 52 – 28003 Madrid
EL AUTOR: Jose Luis Gonzalez de Rivera y Revuelta, doctor en medicina, psicoterapeuta, psicoanalista, catedrático de universidad. Se especializó en Montreal, trabajando con Wolfgang Luthe, discipulo directo de JH Schultz, llegando a ser su principal colaborador. Estudió además Psicoterapia Breve (“Short Term Dynamic Anxiety Provoking Psychotherapy”) con Habib Davanloo y Peter Sifneos. Está considerado como uno de los pioneros en la búsqueda del paradigma común a todas las psicoterapias. Preside en la actualidad el “Multilogue Working Group” Grupo de Trabajo Multidisciplinar, en el World Council for Psychotherapy. Es Miembro Númerario -"Fellow"- del Royal College of Physicians de Canada, de la American Academy of Psychoanalysis, de la Royal Society of Medicine de Londres, del Collegium Internationale NeuroPsychoPharmacologicum (CINP) y del International College of Psychosomatic Medicine. Es autor de 12 libros, 300 articulos y más de 200 conferencias, ponencias y comunicaciones en congresos. Dirige Psiquis, Revista de Psiquiatria, Psicologia y Psicosomática, y es presidente de la Sociedad Española de Psicoterapia y ex presidente de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática.
Prof. Jose L. G. de Rivera, Licenciado en Medicina por la Universidad de Navarra. Doctor en Medicina por la Universidad del Pais Vasco. Especialista en Psiquiatria por el Royal College of Physicians de Canada, formado en la Universidad McGill, de Montreal. Fue Presidente de la Asociacion de Médicos Residentes de Psiquiatria, y representante de los Residentes en el Consejo de Docencia de la Universidad McGill. Fundó la Unidad Psicosomática del Hospital General de Montreal y fue Profesor Asociado en McGill University, y Full Professor en McMaster University, en Hamilton, Ontario. Ganó por oposición en España la plaza de Médico Adjunto de Psiquiatria en la Clinica Puerta de Hierro de Madrid y, en 1986, por unanimidad, la Cátedra de Psiquiatria y Psicologia Médica de la Universidad de La Laguna en Tenerife. En 1994 se trasladó a Madrid como Jefe del Servicio de Psiquiatria y Medicina Psicosomática de la Fundación Jimenez Diaz y Profesor de Psiquiatria y Psicología Médica de la Universidad Autónoma de Madrid.
Dirección: Avenida de Filipinas, 52, 28003 Madrid , España. tel. 91 534 2941 fax 91 554 8995 email [email protected]
INDICE
Página
Introducción y desarrollo histórico...8
Principios Generales...13
- Homeostasis y autoregulación...13
- Autogenicidad...19
- Inducción estados de conciencia (ASCI)...23
- Entrenamiento de la atención...27
Neurobiología del Estado Autógeno...31
- Conmutación trofotrópica. ...32
- Hemisferios cerebrales...34
Fisiológia del Estado Autógeno...40
- Tono muscular...41 - Función cardíaca...41 - Función respiratoria...42 - Circulación periférica...42 - Presión arterial...43 - Actividad Electrodermal...44
- Actividad eléctrica cerebral...44
- Actividad neuroendocrina...45
- Metabolismo general...47
Fenómenos subjetivos del Estado Autógeno...49
- Tono afectivo básico...49
- Hiperestesia propioceptiva...50
- Descargas autógenas...52
Los Métodos de Psicoterapia Autógena...53
Formación en Psicoterapia Autógena...56
La Técnica Básica...63 -Reducción de la estimulación...63 -Contacto mental...64 -Concentración pasiva...65 -Fórmulas autógenas...65 -Terminación...67
-Duración del ejercicio...68
-Evaluación del tono afectivo básico...69
-Evaluación de la reactividad...71
Estadíos del Estado Autógeno...74
-Estadío Reflejo ( R )...74
-Estadío de Concentración Pasiva ( PC )...74
-Estadío Neutro ( N )...75
-Estadío de Desintegración ( D )...75
-Estadío de Aceptación Pasiva ( PA )...76
Las posturas de entrenamiento...78
-Postura sentada normal...79
-Postura del cochero...81
-Postura tumbado...84
-Errores posturales frecuentes...86
Actividad Mental durante el ejercicio...87
-Relacionada con la tarea...88
-Concomitante y reactiva...89
-Distracciones...92
-Concentración activa...93
Instrucción Clínica del Entrenamiento Autógeno...95
-Primer ejercicio...95 -Segundo ejercicio...99 -Tercer ejercicio...103 -Cuarto ejercicio...106 -Quinto ejercicio...108 -Sexto ejercicio...109 Ejercicios adicionales...110
-La fórmula del espacio...111
-El ejercicio de recuerdo...112
La Evaluación Clínica...118
-Evaluación general...118
-Historia traumática...119
-Formulación Patogenética...121
-Objetivos terapéuticos...124
Relación con el paciente...126
Indicaciones y contraindicaciones...131
Bibliografía Seleccionada...142
Cuestionario de Alteraciones Homeostáticas...146
1. Introducción y desarrollo histórico
La psicoterapia autógena es un tratamiento psicológico de orientación psicofisiológica, cuya acción se ejerce mediante la activación de procesos naturales de autorregulación y de neutralización de experiencias traumáticas. Desde sus inicios, la psicoterapia autógena viene desarrollándose por aposición progresiva de nuevos métodos y técnicas, que se integran fácilmente con los conocimientos previos a través de la aplicación práctica de una serie de principios generales que comentaré más adelante.
Inicialmente aplicado al tratamiento de trastornos psicosomáticos y de ansiedad, pronto se descubrió además su indicación en síndromes de estrés, incluyendo el trastorno de estrés postraumático, trastornos severos de la personalidad y cuadros depresivos relacionados con experiencias de duelo y pérdida. Sus aplicaciones extraclinicas derivan de su efecto potenciador de las capacidades homeostáticas del organismo, e incluyen sujetos sometidos a estrés laboral, deportes de competición, entrenamiento de astronautas y personas que actúan en situaciones extremas y como simple profilaxis o tratamiento preventivo de las tensiones de la vida cotidiana. Desde el punto de vista intelectual, como casi todos los métodos psicológicos de inducción repetida de estados inhabituales de conciencia, la psicoterapia autógena facilita la conciencia de si mismo y el
autoconocimiento, y promueve el desarrollo armónico de la personalidad y la adaptación creativa al medio ambiente.
Sus orígenes históricos se remontan a los estudios del fisiólogo alemán Oskar Vogt sobre el sueño y la hipnosis a finales del siglo pasado, mediante los que llegó a describir una técnica de relajación denominada “reposo auto-hipnótico psicoprofiláctico”, basada en la concentración en sensaciones de peso y calor en las extremidades. Años más tarde, otro médico alemán, Johannes Heinrich Schultz, demostró que el estado inducido por la técnica de Vogt difería del estado hipnótico en dos variables importantes:
1. El estado especial de conciencia inducido por estos ejercicios se caracteriza por aumento de la amplitud mental, mientras que la hipnosis produce un estrechamiento de la conciencia, y
2. La práctica del método autógeno conlleva una creciente sensación de autonomía e independencia del terapeuta, que contrasta con la conocida dependencia que constituye uno de los mayores inconvenientes clínicos de la hipnosis.
Schultz perfeccionó notablemente el método, al que denominó “entrenamiento autógeno”, por dos razones:
a) El estado especial de conciencia es autogenerado por el propio sujeto mediante la práctica personal de una técnica de concentración especifica, de donde le viene el nombre de “estado autógeno”
b) La eficacia terapéutica depende de la inducción regular y repetida (aproximadamente tres veces al día) del estado autógeno de manera sistemática durante un periodo de tiempo (entre tres y doce meses), de donde viene el término de “entrenamiento”.
Schultz observó que la concentración sobre sensaciones de peso y calor en las extremidades llegaba a inducir un estado de relajación profunda de manera automática y espontánea, sin ningún esfuerzo ni intención consciente al respecto. La práctica repetida de los ejercicios aumentaba la habilidad del paciente para inducir por si mismo este estado peculiar, alcanzando niveles cada vez más profundos de relajación y acumulando beneficios terapéuticos. Por eso el propio nombre del método resalta la naturaleza autoinducida del fenómeno (esto es, independiente del terapeuta) y en la necesidad de una práctica regular para obtener beneficios terapéuticos.
Otro aspecto técnico importante descrito por Schultz es el de “concentración pasiva”, actitud mental imprescindible para la práctica del entrenamiento autógeno, que la mayoría de los
sujetos pueden desarrollar de manera casi intuitiva, si son debidamente guiados para ello. Este tipo de concentración es diferente de la concentración voluntarística o activa empleada a diario para la resolución de problemas, y sin embargo no tiene nada que ver con el abandono de la imaginación ni con la distractibilidad fácil de las mentes perezosas. Las características y el concepto de la concentración pasiva serán tratados más adelante. Otros refinamientos técnicos introducidos en este periodo fueron las diversas posturas de entrenamiento, y, sobre todo, las fórmulas autógenas.
El siguiente paso importante en el desarrollo de la psicoterapia autógena fue la descripción por W. Luthe en 1962 de las “descargas autógenas”, fenómenos paroxísticos de tipo motor, sensorial, visceral o psíquico, que se presentan durante el estado autógeno. Luthe demostró la relación de estos fenómenos con la historia traumática del individuo, y los interpretó como favorecedores de la eliminación de tensión psíquica acumulada o “neutralización”. Con objeto de aprovechar al máximo estos efectos terapéuticos, Luthe desarrolló los métodos de neutralización y abreacción autógena, que comentaremos después. Por otra parte, a partir de los ejercicios básicos, se crearon lo que se denominó “ejercicios específicos de órgano” y, posteriormente, las fórmulas intencionales o especificas, de orientación fisiológica o psicológica, especialmente diseñadas para cada paciente determinado.
El método de reconstrucción autógena fue creado por Gonzalez de Rivera en 1980, y tiene su origen en la observación de que las “fórmulas psicológicas especificas” potencian el desarrollo de dinámicas prohomeostáticas inhibidas por engramas traumáticos. Aunque el desarrollo espontáneo de estas dinámicas prohemeostáticas inhibidas es, en general, la norma una vez que los engramas traumáticos han sido neutralizados, el proceso puede ser lento o insuficiente en algunos casos. La reconstrucción autógena incluye las técnicas de redecisión, rejerarquización y potenciación, y requiere una evaluación cuidadosa de cada caso concreto, prestando especial atención a no interferir con el principio de homeostasis y autoregulación, ni con el de neutralización.
PRINCIPIOS GENERALES
Como todo método clínico, la psicoterapia autógena reposa en una serie de principios básicos, derivados de observación empírica e investigación experimental, a partir de los cuales se elaboran y definen las diferentes técnicas de intervención. La consideración de los principios básicos debe ser previa a toda instrucción técnica, porque aporta los fundamentos teóricos y la actitud terapéutica sobre las reposa todo el método.
I. Principio de Homeostasis y Autoregulación.
“Mi principal objetivo ha sido desarrollar un código de conducta sujeto a los principios de autorregulación, del que derivemos seguridad y sentido de propósito, de tal manera que, al final, podamos decir: ha merecido la pena”
Hans Selye, Institute of Stress Research, Montreal, 1974
“Constantemente afectado por las cambiantes circunstancias del mundo exterior y por su propio proceso vital, el organismo ha de adaptarse al medio ambiente, y adaptar el medio ambiente a si mismo, sin por ello modificar ciertas constantes vitales de su medio interno”.
Gonzalez de Rivera, Real Academia Nacional de Medicina, 1978.
La naturaleza ha dotado al ser humano de mecanismos automáticos, capaces de regular no sólo todas sus funciones fisiológicas (equilibrio hidroelectrolítico, presión arterial, el ritmo cardíaco, etc.), sino también procesos funcionales complejos de naturaleza mental. Por eso, en la literatura sobre psicoterapia autógena se emplea con frecuencia la expresión “Mecanismos cerebrales autoreguladores”, acuñada por Luthe
(1974) para significar que el cerebro humano posee y aplica de manera espontánea ciertos mecanismos naturales capaces de reducir los efectos nocivos de la sobreestimulación, tanto física como emocional. En psicoterapia autógena se considera siempre la mente y el cuerpo como una unidad indivisible, enfocando las funciones mentales y somáticas de manera simultánea.
Los orígenes del concepto de homeostasis proceden de Claude Bernard, fisiólogo francés del siglo XIX, y se pueden resumir en su famosa frase “La constancia del medio interno es la condición indispensable para la vida libre”. A principios del siglo XX, el médico norteamericano Walter Cannon definió homeostasis como “el conjunto coordinado de procesos fisiológicos encargados de mantener la constancia del medio interno, regulando las influencias del medio externo y las respuestas correspondientes del organismo”. Saliéndose del terreno estrictamente fisiológico, Cannon describió la “respuesta de lucha y huida” como una reacción prohomeostática conductual compleja, en la que se integran procesos internos reguladores del metabolismo y acciones externas de adaptación al medio.
El estrés se presenta cuando aumentan las exigencias del medio externo, hasta llegar a un punto de ruptura o “estrés critico”, que corresponde a niveles que superan la capacidad de los mecanismos homeostáticos, con lo que se altera de manera
persistente el equilibrio del medio interno, con consecuencia generalmente patológicas.
Hans Selye continuó en Montreal el estudio de los efectos patógenos del estrés, que definió como “una respuesta inespecífica del organismo a las demandas excesivas del medio”, y denominó síndrome general de adaptación a la patología somática producida por el mantenimiento de esta reacción de estrés.
La homeostasis es un equilibrio dinámico, un continuo cambio en busca de las condiciones más favorables para el mantenimiento de la vida autónoma y para el desarrollo del programa genético especifico de cada individuo. Las influencias del medio y los desequilibrios producidos por el propio desarrollo y la manifestación de las necesidades internas, modifican continuamente el valor de las denominadas “constantes” fisiológicas, lo cual es inmediatamente corregido por los mecanismos autorreguladores. El valor de las constantes experimenta así, de manera normal, una continua variación, -la oscilación o “temblor” de la constante-, en torno a un valor central idóneo.
La tolerancia a variaciones del valor idóneo de las constantes es característica de cada individuo, y determina su grado de resistencia o vulnerabilidad a la enfermedad. Gonzalez
de Rivera, en un trabajo premiado por la Real Academia Nacional de Medicina (1978), formuló de la siguiente manera la Ley General de la Homeostasis: “La probabilidad de que una variación en el valor idóneo de una constante fisiológica redunde en enfermedad, lesión o muerte, es directamente proporcional a la magnitud de la variación y al tiempo durante el cual se mantiene, e inversamente proporcional a la tolerancia del organismo a variaciones de esa constante”. Variaciones pequeñas, si son mantenidas en el mismo sentido durante mucho tiempo, pueden también ser patógenas. Esta relación puede expresarse esquemáticamente por la siguiente fórmula:
(N+ΔN)T H = --- Rg+Ra Salud: H < 1 Enfermedad: H > 1
Donde H representa el estado de equilibrio homeostático; N el valor idóneo de una constante fisiológica determinada; ΔN (incremento de N) el temblor de la constante o desviación media experimentada en el valor idóneo de esta constante; T el tiempo durante el cual se mantiene dicha variación; Rg, la resistencia o tolerancia genética innata del organismo a variaciones de su medio interno para la constante considerada; y Ra, la resistencia o tolerancia adquirida por el organismo a lo largo de su desarrollo. La tolerancia genética (Rg) a variaciones del medio
interno es constante en el individuo, y relativamente uniforme entre individuos de similares características; la tolerancia adquirida (Ra) varia enormemente entre individuos, e incluso en el mismo individuo de un momento a otro. Mientras el equilibrio homeostático sea menor que 1, se mantiene el estado de salud. En caso contrario, sobreviene el desequilibro homeostático que denominamos enfermedad. Un corolario de esta fórmula, de aplicación clínica y preventiva, es que pequeñas desviaciones de N, que parecen no alterar grandemente el equilibrio, pueden provocar enfermedad (entendida como un estado de organización homeostática menos efectivo y eficaz que el basal) si se mantienen durante largo tiempo. Por otra parte, variaciones que se mantienen durante un corto lapso de tiempo sólo tienen efectos patógenos si son de intensidad suficiente para superar la tolerancia del organismo a esas variaciones.
Algunos de los mecanismos de acción de la psicoterapia autógena en los trastornos psicosomáticos y en la promoción general de la salutogénesis están relacionados con el aumento de la Tolerancia Adquirida y con la disminución y reequilibrio de la oscilación de la constante, reduciendo así la intensidad y la duración de sus desviaciones.
Autoregulación y autocontrol son conceptos relacionados con el de homeostasis, y se derivan de la teoría cibernética de
sus efectos o ´output´ en su origen, o ´input´, actuando asi estos efectos como determinantes en la modulación de su continuidad. Se establece así un mecanismo circular de retroalimentación, positiva o negativa, gracias al cual los efectos producidos por una actividad actúan como causa, positiva o negativa, de la misma. La autorregulación es esencial para la homeostasis. El proceso completo de autorregulación de una función se puede dividir en tres etapas:
1) información sobre los efectos de la función,
2) integración de esta información con los demás determinantes de la actividad de la función,
3) modificación de la función en respuesta a los nuevos determinantes.
En psicoterapia autógena, la autorregulación y homeostasis se entienden no sólo en relación con variables fisiológicas (tales como el equilibrio hidroelectrolítico, la presión arterial, el ritmo cardiaco, la temperatura corporal, la cicatrización de las heridas, etc), sino también con respecto a procesos más complejos de naturaleza mental, como pueden ser la superación e integración de contradicciones y experiencias traumáticas, el desarrollo armónico de la personalidad y la adaptación creativa al medio ambiente. Es en este sentido en el que se utilizan expresiones tales como “mecanismos homeostáticos cerebrales de autorregulación”.
En resumen, en Psicoterapia Autógena se considera el funcionamiento del ser humano, en sus aspectos biológicos, psicológicos y conductuales, como autorregulado en función de tres grandes grupos de factores:
a) sus exigencias de desarrollo, b) las características de su entorno
c) el proyecto o propósito final de su existencia.
La autorregulación prohomeostática es independiente de la voluntad y puede, de hecho, alterarse por interferencia de procesos atencionales conscientes, ciertas dinámicas de tipo emocional, la programación educativa inadecuada o contradictoria, y el acumulo de experiencias traumáticas que sobrepasan la capacidad de neutralización del organismo.
II. Principio de Autogenicidad.
Formulado inicialmente por Schultz y desarrollado posteriormente por Luthe, el principio de autogenicidad se refiere a la capacidad natural del organismo para generar sus propios recursos de recuperación y auto-organización. Incluye varios aspectos relacionados:
1) El funcionamiento espontáneo o automático del organismo, cuya percepción a través de procesos de atención interna se denomina “experiencia de autogenicidad”.
2) Las funciones de recuperación y autoorganización psicofisiológica, que alcanzan sus niveles óptimos en el “estado autógeno”, un estado especial de conciencia inducido mediante técnicas atencionales especificas.
3) En un sentido más amplio, la toma de conciencia (“awareness”) del mundo interno, o percepción integrada del conjunto de representaciones, constructos y procesos mentales, cn sus experiencias emocionales y propioceptivas concomitantes.
Desde el punto de vista práctico, es posible experimentar la autogenicidad siguiendo los siguientes pasos:
1) El primer paso requiere la inhibición de la atención externa (desentenderse del entorno, cerrar los ojos, adoptar postura sin tensión) y su conmutación hacia la atención interna (observar los propios procesos mentales, sensaciones físicas, etc). 2) El segundo paso es la aceptación pasiva de todas las percepciones presentes, sin interferir ni tomar partido con criterios valorativos o de interés y rechazo. Algunas de las interferencias más frecuentes proceden del apego a la reacción emocional ante la experiencia, de intentar contrastarla con recuerdos, de buscarla explicación o intentar razonar sobre ella, de discutir consigo mismo sobre su significado y distintos aspectos, etc....
3) Finalmente, mantener durante unos minutos (entre cinco y treinta, óptimamente quince) el estado de mera percepción del funcionamiento del organismo en condiciones de mínima interferencia, tanto voluntaria como por otras dinámicas parciales.
De manera aislada, este procedimiento permite evaluar el estado general de la organización del mundo interno, tanto en sus aspectos de corporalidad o vivencia del cuerpo, como en los más psicológicos relacionados con los constructos y representaciones mentales. En sujetos sin experiencia previa, las respuestas iniciales tienden a ser de tipo cenestésico o somático. Una
graduación de posibles respuestas, que indica, de mejor a peor, el estado de esta organización del mundo interno, es la siguiente:
1. Relajado y tranquilo
2. Relajado, con una leve sensación como de mareo
3. Un poco mareado, necesidad de moverse o tocarse, sensación de que alguna parte del cuerpo parece estar cambiada, adormecida, cosquilleos, etc
4. Como estar flotando
5. Angustiado, no saber donde se está, sentirse fuera del cuerpo, etc.
Las varias formas de experimentar la autogenicidad ofrecen indicaciones valiosas sobre la salud psíquica y psicosomática. Los traumas o incoherencias que distorsionan el normal funcionamiento de los procesos mentales tienden a irrumpir súbitamente, con manifestaciones paroxísticas, más o menos fáciles de relacionar con el problema básico. Esta experiencia, repetida de manera graduada, permite valorar la capacidad del sujeto para realizar trabajo psicológico, poniendo en evidencia la riqueza de su mundo interno y sus habilidades de acceso al mismo. Algunos conceptos propios de la psicoterapia autógena relacionados con el principio de autogenicidad son los siguientes:
a) presión de descarga, tendencia que determinadas dinámicas, representaciones mentales o engramas psicofisiológicos tienen a manifestarse de manera brusca durante el estado autógeno.
b) neutralización, pérdida progresiva del potencial patógeno de registros cerebrales disfuncionales ó traumáticos.
c) encaje o coherencia, relación de correspondencia armónica entre las distintas representaciones y registros cerebrales, tanto de naturaleza cognitiva como emocional, motriz, propioceptiva o sensorial.
III. Principio ASCI .
ASCI: Altered State of Conciousness Induction Inducción de estado alterado de conciencia
Definimos la conciencia como un proceso activo y permanente que integra, almacena y modifica las percepciones sobre el entorno y el propio funcionamiento del organismo. La conciencia de si mismo o autoconciencia es el principal rasgo cualitativo diferencial de la conciencia humana. En una primera aproximación al estudio de la conciencia, debemos distinguir entre su nivel y su estado.
El nivel de conciencia, equiparable al nivel de alerta, determina el grado de nitidez y cohesión de los contenidos mentales, y tiene como base neurofisiológica la formación reticular ascendente, que a partir del tronco-encéfalo se proyecta hacia las partes más desarrolladas del cerebro. Podríamos definirlo como el grado de energía disponible para el funcionamiento de los procesos de percepción, integración y modificación característicos de la conciencia. Los niveles de conciencia pueden variar desde el estado de coma hasta la hipervigilancia más extrema, y han sido clásico objeto de interés por la neurología y la neuropsiquiatría. El estado de conciencia, que definimos como “el conjunto de constructos mentales operativos en un momento dado”, tiene su base neurofisiológica en los hemisferios de la corteza cerebral, o, más precisamente, en el predominio relativo de cada uno de ellos.
La existencia de constructos y modos de conceptualización a los que sólo se accede en determinado estado de conciencia guarda relación con la especialización de cada hemisferio cerebral para cierto tipo de funciones. El estado de conciencia habitual es solamente uno de los muchos estados posibles, cada uno de ellos con sus propias características cognitivas y psicofisiológicas.
Los estados de conciencia contenidos en el primer tercio de la figura (inspiración, euforia y estado autógeno) son los que logran
el máximo equilibrio entre los dos hemisferios, facilitando el grado óptimo de activación y transmisión de información entre ambos. A partir de este punto, y ciertamente en el último tercio del esquema (éxtasis, nirvana), la actividad del hemisferio derecho supera a la del izquierdo, y puede efectuarse una desconexión en sentido opuesto, esto es, control por el hemisferio derecho de la conciencia y la actividad, y supresión del izquierdo. Es importante tener esto en cuenta, en prevención del riesgo que entrañan las técnicas de inducción de estados alterados de conciencia que sobrepasan el dintel de seguridad, y pueden conducir a estados de desconexión funcional con predominio derecho, considerados más patológicos en nuestra cultura por estar más desadaptados a las convenciones sociales. En los estados alterados de conciencia obtenidos por psicodislépticos, así como en los estadios iniciales de algunas psicosis, y en las experiencias místicas, es frecuente la vivencia de "verlo todo claro", sin que sea posible explicar esta vivencia o encontrarla aplicaciones creativas. En estos casos, la estimulación del hemisferio derecho ha tomado control total de la conciencia, y la sensación de novedad y plenitud es consecuencia del acceso a un modo cognitivo desacostumbrado, sin que sus contenidos puedan ser aplicados proactivamente en colaboración con el hemisferio izquierdo.
Diversos procedimientos de activación ergotrópica o trofotrópica han sido aplicados a la inducción de estados inhabituales de conciencia, incluyendo la ingestión de sustancias
entrenamiento y desarrollo de funciones atencionales especificas asegura la inducción sistemática y reproducible de estados de conciencia por estimulación trofotrópica, fenómeno conocido desde antiguo, y que está en la base de todos los métodos de meditación.
Benson, en 1975, describió la “Respuesta de Relajación”, o inducción de un estado hipometabólico por concentración pasiva en un estimulo determinado. Los estímulos pueden ser tan variados como formas de meditación, incluyendo la concentración en “ausencia de estimulo” o “vacío”. Las características fisiológicas principales de este estado corresponden a las que se obtienen experimentalmente por estimulación de las áreas trofotrópicas del hipotálamo, y consisten fundamentalmente en disminución del consumo de oxigeno, enlentecimiento del ritmo respiratorio y aumento de su amplitud, enlentecimiento del ritmo cardiaco, disminución de la presión arterial, aumento de actividad alfa en registros bioeléctricos cerebrales y disminución del tono muscular. Desde el punto de vista psíquico, el estado de relajación se acompaña de sentimientos generalizados y difusos de bienestar y seguridad, por lo que puede considerarse como opuesto al estado de ansiedad, entendido como “un estado de hiperactivación fisiológica, acompañado de sensación difusa y generalizada de peligro inminente o anticipado”.
Entrenamiento de la Atención:
Desde el punto de vista práctico, entendemos por atención un mecanismo central que regula y orienta la actividad consciente del organismo. Más que una facultad o actividad especifica, lo consideramos como un aspecto global de funcionamiento cognitivo, que condiciona y modula el rendimiento de otras funciones psíquicas.
Desde William James, la atención se clasifica, según el mundo al que se dirija, en sensorial o externa, cuando se aplica a estímulos ambientales, e intelectual o interna, cuando se aplica a los contenidos de la conciencia o mundo interno. Desde otro punto de vista, las características de la atención pueden definirse también según su objeto de concentración y según el modo en que se aplica.
foco modo Global Activa Focal Receptiva Difusa Dispersa
Según el objeto de concentración de la atención, esta puede ser focal, cuando está fijada en un estimulo determinado; global, cuando se mantiene abierta a todo el campo perceptual; y difusa, cuando se ejerce de manera focal sobre múltiples objetos. La atención dividida es una versión especial de la atención difusa, intermedia entre ésta y la atención focal.
Según el modo de ejercerse, la atención puede ser:
1. Activa, cuando se ejerce de manera voluntaria, regulada por el deseo consciente de un objetivo determinado que se pretende alcanzar. Se acompaña de sensación de esfuerzo, y, generalmente, de sentimientos de tensión y frustración cuando no se logra el objetivo predeterminado.
2. Pasiva, cuando no pretende ningún fin concreto. A su vez, puede subdividirse en receptiva, cuando se mantiene equitativamente abierta a todo objeto o estímulo que aparezca en su campo, sin dejarse arrastrar por ninguno en concreto, y dispersa, cuando es atraida de manera irregular por los diversos estimulos que se presentan en su campo.
A pesar de su nombre, el mantenimiento de la concentración pasiva en su versión receptiva necesita un cierto esfuerzo consciente, aunque de naturaleza diferente al propio de la atención activa. Más que en “hacer algo” este esfuerzo consiste en “dejar de hacer”, esto es, en mantener una actitud de observación receptiva sin rechazar ni participar en lo observado.
La “respuesta de relajación” se induce de manera regular y espontánea por diversas técnicas de entrenamiento de la atención, todas las cuales tienen en común el mantenimiento de un modo de atención pasiva-receptiva fijado en un foco de naturaleza
global. Los estados producidos por los diferentes métodos difieren de manera ligera en diversos aspectos, pero todos tienen en común la producción del mismo “tono afectivo básico”, que podemos definir como una sensación difusa de seguridad y bienestar, en todo opuesta a experiencia de ansiedad.
La regularidad y reproducibilidad con la que se produce el fenómeno ASCI al aplicar la técnica mental apropiada es lo que nos permite considerarlo como un principio general de funcionamiento del sistema nervioso. Se trata de una respuesta automática y estereotipada ante un proceso mental definido, el cual si que puede ser iniciado y mantenido de manera deliberada siguiendo el procedimiento apropiado. Es importante tener en cuenta que este “estado de relajación” no puede lograrse directamente de manera consciente ni voluntaria. Por el contrario, aparece por si mismo de manera inevitable, secundariamente al mantenimiento de la concentración pasiva. Las exigencias, pretensiones y esfuerzos activos para “conseguir relajarse” estropean la experiencia, ya que una de sus características esenciales es la despreocupación o “desapego” total de los resultados.
La experiencia ASCI por si sola favorece la estabilidad emocional y la resolución de conflictos internos, al aportar una visión más amplia de la realidad personal. Sin embargo, una vez adquirida la habilidad ASCI, es conveniente un método o sistema
en el que englobar las nuevas experiencias. Desde el punto de vista clínico, el estado autógeno es el que ofrece mayor interés, por numerosas razones, entre ellas las siguientes:
1. Proximidad a la experiencia cotidiana. 2. Actualización del esquema corporal. 3. Activación del principio homeostático.
NEUROBIOLOGÍA DEL ESTADO AUTOGENO
Como psicoterapia de orientación psicofisiológica que es, la psicoterapia autógena presta considerable atención a sus mecanismos neurobiológicos de acción, tanto como fundamento de su práctica que como herramienta de investigación para nuevos desarrollos. Desde los primeros momentos, fue evidente que la concentración pasiva en estímulos propioceptivos ejerce un potente efecto psicosomático, acompañado de marcados cambios objetivos en las funciones fisiológicas corporales. El perfil opuesto de estos cambios con los característicos de las reacciones de alerta y de estrés determinó, en primer lugar, una de las más importantes indicaciones terapéuticas del método, y, en segundo lugar, la principal línea de investigación de sus mecanismos básicos de acción.
Ya hemos visto que, setenta años después de que Claude Bernard estableciera sus famosos postulados sobre el “milieu interieur”, Cannon demostró las interrelaciones funcionales multidimensionales de este principio regulador, que el denominó homeostasis (Cannon, 1932, 1935). Los estudios experimentales del premio Nobel suizo Walter R. Hess, años más tarde, correlacionaron los mecanismos homeostáticos generales con la organización funcional del sistema nervioso autónomo y el diencéfalo (Hess, 1954). Según estos estudios, existen en el diencéfalo dos zonas anatómicas y funcionales, que regulan
diferentes y complementarios aspectos de la homeostasis del medio interno, y de cuyo equilibrio depende el buen funcionamiento del organismo y su adaptación frente al estrés.
La zona ergotrópica o dinamógena comprende la parte posterior del hipotálamo y núcleos de materia gris en el mesencéfalo y romboencéfalo anterior, y está relacionada con la excitación en general, y con aquellos mecanismos que acompañan fisiológicamente a la actividad motora del organismo y al trabajo físico, correspondiendo en gran medida con las actividades del sistema nervioso simpático.
La zona trofotrópica o endofiláctica comprende principalmente la porción rostral del hipotálamo, el área preóptica y supraóptica, parte del septum, y está en íntima relación con mecanismos protectores, de recuperación y de eliminación (defecación, vómito). Hess considera el sueño como un medio de preservar y restaurar las energías nerviosas, y como una expresión típica de la actividad trofotrópica. Los cambios fisiológicos observados en humanos durante el estado autógeno son similares a los observados por Hess en sus animales de experimentación después de estimular la región trofotrópica del hipotálamo.
Fenómenos fisiológicos similares parecen obtenerse mediante la práctica de otros métodos de concentración pasiva, y
Benson propone denominar al fenómeno “respuesta de relajación”, considerándolo como una respuesta de integración hipotalámica, de signo opuesto a la respuesta de alerta o “fight and flight response” de Cannon. El estado autógeno corresponde a la experiencia subjetiva de una “conmutación neurofisiológica”, con inversión de la activación relativa entre los sistemas ergotrópico y trofotrópico.
La acción trofotrópica del entrenamiento autógeno, y de otras formas de concentración pasiva, se ejerce mediante una reducción de estímulos aferentes, propioceptivos sobre todo, lo cual disminuye la actividad retículo-cortical, y por tanto la excitación del área ergotrópica. Desde Gellhorn (1974), es sabido que las señales propioceptivas enviadas por la musculatura estriada tienen un efecto activador de la porción posterior del hipotálamo, a través de estimulación de la formación reticular ascendente, y por lo tanto ejercen así su acción dinamógena o ergotrópica.
Sin embargo, aunque la relajación muscular es un fenómeno espontáneo habitualmente presente en el estado autógeno, las técnicas basadas en la relajación muscular (Jacobson) no siempre inducen el estado autógeno, o lo hacen de manera inconstante, por lo que hemos de concluir que otros factores independientes de la relajación muscular juegan un importante papel en la inducción del estado autógeno.
La concentración pasiva modifica los impulsos propioceptivos musculares, pero éste no es más que uno de los muchos fenómenos presentes durante el estado autógeno. La concentración pasiva se acompaña de una actitud de “libre aceptación”, esto es, de renuncia a la discriminación axiológica de los diversos estímulos, tanto internos como procedentes del exterior. Mediante esta suspensión del juicio crítico, todas las percepciones parecen tener el mismo significado, y nada es considerado como peligroso para la integridad de la supervivencia. Así, hay una inhibición de la reacción de estrés, con reducción generalizada de los impulsos corticales hacia el hipotálamo posterior, a través del sistema límbico, con la consiguiente desactivación relativa de la zona diencefálica ergotrópica. (ver Gonzalez de Rivera, Medicina Psicosomática, 1995).
El estudio de ciertos fenómenos subjetivos durante el estado autógeno, especialmente de naturaleza cognitiva, indica que existe también un “efecto conmutación” en la relación entre los hemisferios cerebrales. Como es bien sabido desde los trabajos de Sperry, Bogen y Gazzaniga, el hemisferio derecho (en la persona diestra normal) está particularmente especializado para procesar y almacenar información relativa a sonidos musicales, formas plásticas y relaciones espaciales, mientras que el izquierdo se especializa en procesos lingüísticos y aritméticos. Sin embargo,
no es éste el aspecto más importante en la especialización hemisférica, sino el uso por cada hemisferio de modos cognitivos diferentes: un modo analítico y lógico por el hemisferio izquierdo, para el que palabras y números constituyen excelentes instrumentos, y un modo holístico y sintético por el derecho, al que se adaptan mejor imágenes, sensaciones y melodías.
En su estado de funcionamiento óptimo, las conexiones interhemisféricas transmiten información de uno a otro hemisferio, tomando el hemisferio más apto para desarrollar la tarea del momento el control de las vías motoras, y enrolando al otro en su apoyo.
Teóricamente, cada hemisferio puede tener acceso a la totalidad de la información almacenada en el otro, pero en la práctica parece operarse una desconexión funcional más o menos intensa entre ellos. Las razones para ello son múltiples. En primer lugar, es preciso tener en cuenta que algunos constructos contenidos en un hemisferio no se traducen fácilmente al lenguaje del otro, como por ejemplo una sinfonía o una complicada operación matemática. En estos casos, puede que sólo se transmita la conclusión sobre la acción a tomar, y no los detalles operacionales en los que se basa tal decisión. El hemisferio derecho, con su capacidad de evaluar de manera convergente un gran número de datos dispersos y sin aparente relación lógica entre sí, nos ofrece muchas veces conclusiones intuitivas, con frecuencia acertadas, pero a las que sería imposible llegar por los procesos
racionales del hemisferio izquierdo. Recíprocamente, el hemisferio izquierdo es capaz de planear una pauta secuencial de acción, cuya lógica escapa a los procesos imaginativos del derecho.
Un segundo mecanismo de desconexión funcional, de significado patológico-defensivo, tiene lugar cuando cada hemisferio procesa el mismo acontecimiento de manera contradictoria o incompatible, a causa de sus diferentes modos de integración perceptual. Un ejemplo clásico de este mecanismo es el del niño al que su madre abofetea mientras le dice: "Hago esto por que te quiero y es por tu bien". El hemisferio izquierdo, que procesa información verbal, incorpora la declaración de afecto y ayuda, mientras que el derecho, poco hábil con el lenguaje, evalúa solamente la comunicación no verbal y sus efectos propioceptivos, que son agresividad y dolor. Ante la vivencia de la contradicción, sólo caben tres posibilidades: 1) El bloqueo total, o fracaso global en el procesamiento de la información contradictoria, la consecuencia más patológica, que se da en los estados de "shock" traumático, base de amnesias y reacciones disociativas. 2) La desconexión funcional, en la que cada hemisferio procesa independientemente un aspecto de la información, con bloqueo de las posibilidades de intercambio. Esta reacción es moderadamente patológica y bastante frecuente, y su consecuencia principal es la pérdida relativa de la cooperación ínter hemisférica y 3) la elaboración de un nuevo constructo que integra y supera la contradicción, solución sana óptima, esencial para las respuestas
proactivas y la creatividad. En el ejemplo anterior, este constructo podría formularse algo asi como: "Mamá en el fondo me quiere, pero hay que tener cuidado con ella porque a veces se pone peligrosa"
Debido a la particular organización de nuestra cultura occidental, la actividad del hemisferio izquierdo resulta más importante para el individuo como medio de supervivencia y obtención de gratificación. Por ello, es obvio que, en caso de conflicto, tomará el control absoluto de la respuesta, eliminando en lo posible al derecho. Sin embargo, la memoria de la situación conflictiva y el plan de acción elaborado como respuesta, persisten en el hemisferio derecho, y se manifiestan por ocasionales interferencias en el funcionamiento del izquierdo y como intromisión en ciertos estados de conciencia que favorecen su expresión y durante la fase onírica del sueño.
El hemisferio derecho es así el depositario, por una parte, de las funciones que podemos llamar "intuitivas", y por otra, de elaboraciones mentales reprimidas, incoherentes o incompatibles con la conciencia vigil habitual, de claro predominio izquierdo. La intuición, o conocimiento cuya adquisición no puede explicarse bien lógicamente, depende de la particular manera de procesar la información en el hemisferio derecho, y representa su aportación desinhibida al funcionamiento global. El inconsciente freudiano, en cambio, es consecuencia de la inhibición funcional de la actividad
hemisférica derecha, cuando la información que contiene resulta contradictoria o incompatible con la del hemisferio dominante izquierdo.
Los fenómenos que se presentan durante el estado autógeno indican un aumento funcional de la interconexión hemisférica, siendo el material del hemisferio derecho más fácilmente accesible al izquierdo, y viceversa. En esta situación, resulta posible emplear coordinadamente las funciones de los dos hemisferios, y desarrollar actividad creativa, que requiere la integración de ambos hemisferios de su grado máximo de actividad. Sin embargo, en otros casos, la vivencia puede ser desagradable, un "mal viaje" y, si el sujeto no está debidamente preparado y supervisado, su psicopatologia puede agravarse. Eventualmente, en condiciones apropiadas y siguiendo la técnica correcta, la reconexión terapéutica facilita la integración progresiva de las contradicciones, la superación del conflicto psíquico y el desarrollo de la personalidad. Estos fenómenos constituyen la base de la psicoterapia autógena, y explican no solamente sus efectos terapéuticos, sino también la frecuente movilización de la creatividad que tiene lugar incluso con los métodos básicos.
Desde este último punto de vista, se puede considerar la creatividad como un peculiar proceso de estructuración de la realidad, a través del cual llegan a formarse nuevas conexiones entre representaciones mentales habituales. La expresión completa
de este proceso comprende cuatro fases cognitivas y otras cuatro emocionales o afectivas. Las fases cognitivas son: 1) Descubrimiento de pautas básicas comunes que unen acontecimientos aparentemente dispares; 2) Formación de nuevas estructuras mentales en las que las "pautas ocultas" tienen una presencia obvia; 3) Construcción de una realidad interna diferente de la inicialmente recibida, y 4) exteriorización de esa realidad interna en el mundo externo socialmente consensuable. Los aspectos emocionales que acompañan las distintas fases cognitivas son: 1) sentimientos de curiosidad y asombro, predominantes en la primera fase cognitiva, 2) Entusiasmo, descubrimiento, insight, "experiencia eureka", predominantes en la segunda fase, 3) Una particular combinación de deseo, esfuerzo y frustración, la "tensión creadora", que impulsa el desarrollo de la tercera fase cognitiva y su transición hacia la cuarta, y 4) convicción, competitividad y lucha por superar la "prueba de la realidad", formulando las construcciones internas de manera operativa en el mundo externo y logrando su aceptación y reconocimiento.
FISIOLOGIA DEL ESTADO AUTÓGENO
FENOMENOS OBJETIVOS DEL ESTADO AUTOGENO
Numerosos cambios fisiológicos importantes tienen lugar durante el estado autógeno, todos ellos indicativos de un aumento del tono trofotrópico o parasimpático neurovegetativo, con la consiguiente reducción de la actividad ergotrópica o neurovegetativa simpática. En este campo, existen diferencias entre los sujetos que practican el entrenamiento autógeno básico de manera regular durante menos de 6 meses (entrenamiento a corto plazo) y aquellos cuya práctica del método es superior a los 6 meses (entrenamiento a largo plazo o veteranos). Las modificaciones estables de la reactividad neurovegetativa sólo tienen lugar después de un entrenamiento a largo plazo, incluyendo un mayor equilibrio, una mejor adecuación de la respuesta a las necesidades impuestas por las circunstancias, y una más rápida recuperación a valores basales una vez que cesa el estímulo. En general, es a partir de los 6 meses de entrenamiento regular cuando se eleva consistentemente el dintel de sintonía neurovegetativa, asegurando un buen equilibrio ergotrópico-trofotrópico, aún en situaciones de estrés. (La exposición detallada de los conceptos de “sintonía neurovegetativa” y equilibrio ergotrópico-trofotrópico puede encontrarse en la sección dedicada a los mecanismos intermedios neurofisiológicos, en Medicina Psicosomática de Glez de Rivera)
Hecha esta salvedad, podemos considerar las siguientes características fisiológicas como típicas del estado autógeno:
1. Tono muscular. Desde el comienzo de su aplicación clínica, se ha considerado el estado autógeno asociado con relajación muscular. Esta disminución del tono muscular no se limita a los miembros objeto de la fórmula autógena, sino que se extiende al resto de la musculatura. Sin embargo, en ocasiones pueden observarse reacciones paradójicas con hipertonía en algunos sujetos. Este fenómeno puede deberse a errores técnicos en la práctica del ejercicio, o presentarse en coincidencia con descargas autógenas, de las que se tratará más adelante. La relajación de la musculatura voluntaria no guarda relación con el contenido de las fórmulas autógenas, sino que parece depender más de la concentración pasiva. en sujetos bien entrenados, la relajación del tono muscular puede comenzar de manera refleja, nada más adoptar el individuo la postura de entrenamiento, antes de que comience la repetición mental de la fórmula.
2. Función cardiaca. En el estado autógeno se reduce de manera significativa la frecuencia cardiaca, en un valor medio de 5-10% la frecuencia de reposo. Durante la aplicación del tercer ejercicio básico puede llegarse a una reducción aun mayor, pudiendo llegar hasta un 25% . Se desaconseja, sin embargo, el empleo de fórmulas específicamente destinadas a reducir el ritmo cardíaco. La fórmula apropiada para el tercer ejercicio básico (“el
corazón late tranquilo y natural”) debe comunicar la idea de equilibrio y regularidad, y no la de lentitud. En las alteraciones del ritmo cardíaco, se observa también una marcada normalización del mismo durante este ejercicio. Recientemente, en practicantes veteranos del método se ha descubierto una disminución de la sensibilidad de los receptores beta-adrenérgicos, lo cual explica la normalización y enlentecimiento del ritmo cardiaco y su menor reactividad a situaciones de estrés emocional.
3. Función respiratoria. La frecuencia respiratoria disminuye, en un término medio de 15% sobre la frecuencia de reposo, con aumento de duración de la inspiración y de la expiración, y aumento de la proporción entre tiempo de inspiración y tiempo de expiración. La amplitud de expansión torácica también aumenta, indicando respiraciones más profundas. Ocasionalmente, sobre todo en sujetos poco entrenados, se presentan alternancias de breves periodos de apnea y respiraciones profundas con expiración forzada (suspiros). Los requerimientos metabólicos de oxígeno disminuyen durante el estado autógeno, así como los niveles circulantes de O2 y CO2.
4. Circulación periférica y temperatura de la piel. La sensación subjetiva de calor que acompaña a la práctica del segundo ejercicio básico corresponde con una elevación real de la temperatura, entre 1 - 3ºC en determinaciones realizadas en el
pulpejo de los dedos. Esta elevación térmica está asociada con el contenido de la segunda fórmula autógena, siendo su presentación inconsistente con las demás fórmulas. Su base fisiológica está en una vasodilatación capilar, con aumento de la circulación periférica en las extremidades,
5. Presión sanguínea arterial. En general, las variaciones de la presión arterial no son consistentes durante las 3-4 primeras semanas de entrenamiento. La mayoría de los sujetos experimentan una ligera reducción de la presión sistólica después de este período inicial y más adelante también de la diastólica. Esta reducción es más importante en los hipertensos, apareciendo antes en ellos las variaciones diastólicas. Como observación importante, debemos destacar que aproximadamente un 3% de los hipertensos experimentan elevaciones paradójicas de la tensión arterial durante el estado autógeno; cuando este fenómeno se prolonga durante más de dos semanas, puede constituir contraindicación absoluta para la práctica del método. Las medidas periódicas de la presión arterial antes, durante e inmediatamente después del estado autógeno resultan, por lo tanto, una precaución necesaria durante las primeras semanas de entrenamiento. En la mayoría de los sujetos que experimentan aumento paradójico de la presión arterial se puede poner en evidencia fenómenos de descargas de contenido agresivo, lo que constituye una buena indicación para iniciar el tratamiento con métodos de neutralización autógena.
6. Actividad electrodermal. Durante el estado autógeno se observa un aumento progresivo de la resistencia eléctrica de la piel, que llega a un nivel estacionario a los 5-10 minutos del comienzo del ejercicio, y regresa lentamente a los valores habituales en un plazo de 10-30 minutos después de su terminación. Algunos sujetos presentan disminuciones variables e inconsistentes de la resistencia galvánica durante el estado autógeno, lo que se atribuye a descargas autógenas consistentes en la intromisión de pensamientos ansiógenos o manifestaciones neurovegetativas.
7. Actividad eléctrica cerebral. El primer fenómeno observable durante el comienzo del estado autógeno es un aumento de la cantidad de frecuencias alta, y una tendencia a una cierta constancia del ritmo dentro de la frecuencia alfa. Algunos sujetos presentan una progresiva disminución de la amplitud de las ondas alfa, con enlentecimiento del ritmo y tendencia a la preponderancia de ondas theta. El análisis computerizado de las frecuencias en ese último grupo muestra que la desaparición del ritmo alfa es más aparente que real, debido a la disminución de su amplitud, a las oscilaciones de la línea de base y a la superimposición de ondas lentas.
Ambos tipos de trazado EEG se acompañan de ocasionales interrupciones de ritmo beta, más o menos generalizadas. El hecho de que pueden coexistir en el mismo sujeto parece indicar
que no dependen de características propias del sujeto, sino de diferentes fases o estadios en el estado autógeno. Rohmer e Israel describen tres tipos de fenómenos paroxísticos presentados por algunos de sus sujetos normales durante la práctica del entrenamiento autógeno:
Tipo I: Puntas aisladas, con frecuencia generalizadas.
Tipo II: Mezclas complejas de ondas lentas (alfa y theta) y puntas.
Tipo III: Cortos trenes de ritmo lento, theta o delta, más o menos generalizados.
El interés de estos fenómenos paroxísticos radica en la posibilidad de que representen el sustrato neurofisiológico de las descargas autógenas, frecuentemente descritas como experiencia subjetiva, pero cuyas manifestaciones objetivas son raramente observadas.
8. Actividad neuroendocrina.- Paralelamente a los cambios mediados por el sistema nervioso neurovegetativo, tienen también lugar modificaciones en la actividad endocrina, mediados a través de las conexiones limbo-hipotálamo-hipofisarias. Particular interés tiene la marcada disminución de los niveles circulantes de las llamadas “hormonas de estrés” inmediatamente después del ejercicio básico, efecto más marcado y consistente en los sujetos veteranos, entrenados durante más de
seis meses. La hormona mejor estudiada es el cortisol, cuyos niveles descienden casi un 50% durante el estado autógeno, recuperando progresivamente sus niveles basales a lo largo de los 60 minutos subsecuentes. Este fenómeno correlaciona de manera interesante con las observaciones subjetivas sobre la persistencia de la respuesta de relajación durante un periodo de 20-60 minutos después de la terminación estándar (Estadio A). Estudios en sujetos veteranos con más de un año de práctica regular muestran también niveles basales en el limite inferior de lo normal, lo cual indica un efecto reductor del método básico sobre la reactividad neuroendocrina a largo plazo. Análoga modificación se observa en los niveles de prolactina, cuya disminución durante el ejercicio sigue un perfil en todo opuesto a las elevaciones constatadas en situaciones de estrés.
En cuanto al metabolismo tiroideo, los efectos del entrenamiento a largo plazo muestran una disminución del diferencial entre los niveles circulantes de yodo total y el yodo unido a proteínas (PBI), lo cual indica una creciente mejora en la eficacia metabólica de esta sustancia. Tanto en entrenados recientes como en veteranos, no se objetivan cambios importantes en la secreción de hormonas tiroideas; sin embargo, a lo largo del tiempo de práctica se pone en evidencia una disminución gradual de los niveles basales de TSH (hormona tirotropa hipofisaria, estimuladora del tiroides). Lo mismo que la mayor ligazón del yodo circulante con proteínas, la disminución
de TSH sin alteración de los niveles de tiroxina indica un más eficiente metabolismo del circuito hipofiso-tiroideo, con modificación del “set point” o metabolostato de sus mecanismos de retroalimentación.
9. Metabolismo general.- Aunque no hay cambios en las tasas de secreción de insulina en sujetos normales, los enfermos de diabetes muestran un aumento relativo de la actividad de esta hormona después de cierto tiempo de entrenamiento regular, con el consiguiente descenso de glucemia. Esta observación tiene importantes repercusiones clínicas, puesto que los sujetos diabéticos que practican entrenamiento autógeno, al tender a una cierta normalización de su alteración en el metabolismo del azúcar, necesitan menos aporte de insulina exógena, pudiendo sufrir crisis de hipoglucemia si continúan el tratamiento con las dosis habituales. De ahí que sea necesario el control periódico de sus tasas de glucemia, en previsión de posible necesidad de reducir la medicación. En sujetos normales, las tasas de glucemia circulantes permanecen estables, aunque tiende a disminuir localmente su metabolismo en el tejido muscular y a aumentar en el tejido cerebral.
El colesterol sanguíneo tiende a disminuir de manera estable hacia los niveles inferiores del rango normal después de cierto tiempo de práctica regular, estimado entre uno y tres meses, según los sujetos. A este respecto, es interesante destacar
que los niveles de colesterol correlacionan positivamente con la vulnerabilidad al estrés, medida por el cuestionario Índice de reactividad al estrés de Gonzalez de Rivera.
10. Actividad inmunitaria. Es una observación frecuente la mejor actividad inmunocompetente general de sujetos veteranos en la práctica del entrenamiento autógeno, como se pone en evidencia por su menor vulnerabilidad a padecer gripes, afecciones respiratorias y resfriados comunes. Medición directa de los niveles de inmunoglobulinas muestran aumento de Inmunoglobulina A en la saliva durante el estado autógeno, evidente ya en sujetos relativamente poco entrenados. La actividad linfocitaria también parece aumentada, así como la fibroblástica. Estudios experimentales en sujetos en entrenamiento autógeno en práctica regular muestran una reducción significativa del tiempo de cicatrización de una herida quirúrgica superficial, de longitud y profundidad estandarizada, en comparación con controles normales no en entrenamiento.
FENÓMENOS SUBJETIVOS DEL ESTADO AUTÓGENO
Uno de los aspectos más interesantes de los métodos ASCI, desde el punto de vista científico, es la consistente regularidad con que son descritos fenómenos subjetivos similares por sujetos distintos que practican la misma técnica. En el estado actual de conocimiento, las experiencias subjetivas en el estado autógeno pueden clasificarse en tres grandes grupos:
a) Tono afectivo básico. Habitualmente, los sujetos bien entrenados experimentan durante el estado autógeno una sensación de bienestar y satisfacción, difícil de describir. Esta vivencia de relajación parece ser el opuesto psicológico de la ansiedad. Mientras que en esta consiste en la experiencia de un temor, vago y difuso, algo impreciso indefinido, la vivencia de relajación consiste en la sensación, igualmente vaga y difusa, de seguridad y protección, de que todo está bien y en orden. A pesar de su importancia, el tono afectivo básico ha sido poco estudiado, y son raras las descripciones, incluso anecdóticas, en la literatura. En un estudio estadístico sobre las descripciones de la vivencia de relajación en grupos de sujetos normales y pacientes con trastornos neuróticos o psicosomáticos menores, no hemos encontrado correlación entre la intensidad general y las diversas facetas del todo afectivo básico, por un lado y el tipo o gravedad de psicopatología por otro. Existe una correlación entre grado de educación y riqueza de matices del tono afectivo básico, que
probablemente es un simple artefacto debido a las mayores habilidades verbales de los sujetos con alto nivel educativo. El 95% de los sujetos clasificaron la experiencia de bienestar durante el estado autógeno como “diferente” de la sensación de bienestar experimentada en el estado vigil habitual. Sin embargo, 72% de los sujetos afirmaron haber experimentado similar sensación con anterioridad. Muchos de ellos no pudieron precisar con detalle las circunstancias de tal ocasión, pero las respuestas predominantes la relacionaban con experiencias de contacto con la naturaleza. Un 52% de los sujetos manifestaron la experiencia de sensaciones de abandono, desinterés y libertad interior, no sintiéndose dominados o influenciados por los determinantes habituales de su conducta. Probablemente en relación con este último aspecto del tono afectivo en relación con este último aspecto del tono afectivo básico, es la sensación descrita por el 40% de los sujetos de que sus preocupaciones y temores habituales no tenían razón de ser. La sensación de estar en contacto con algo más grande que uno mismo, de participar de alguna manera en una dimensión desconocida de la existencia, de trascender la propia individualidad, etc., fue descrito por 28% de los sujetos, en su mayoría pertenecientes al grupo de mayor sofisticación intelectual.
b) Mayor capacidad perceptiva de estados internos. Durante el estado autógeno se desarrolla una mayor sensibilidad propioceptiva, cognitiva y emocional. En las fases iniciales del
entrenamiento existe también mayor capacidad perceptiva de estímulos exteriores, resultando molestos ruidos, murmullos, etc., que normalmente pasarían desapercibidos. La hiperreactividad a los estímulos externos decrece con la práctica, mientras que la perceptibilidad interna aumenta. Algunos pacientes experimentan ocasionales accesos de ansiedad u otra emoción disfórica en los primeros minutos de ejercicio, que puede entenderse por este mecanismo. En ciertas neurosis existe un continuo estado latente de ansiedad, a veces oculto tras incesante actividad o búsqueda continua de distracciones y estímulos. El incremento de la capacidad perceptiva lo hace bien aparente, antes de que el tono afectivo básico haya tenido tiempo de desarrollarse. La continuación, manteniendo la técnica correcta, del ejercicio termina con estas manifestaciones aparentemente paradójicas, al producirse la conmutación psicofisiológica y aumentar la intensidad del tono afectivo básico. Sin embargo, si el paciente no comprende bien la naturaleza de este fenómeno, y el terapeuta no insiste debidamente en los aspectos técnicos de inducción del estado autógeno, existen serias posibilidades de que un tratamiento potencialmente beneficioso sea abandonado. Es sumamente importante, en este punto, repasar la técnica de la “aceptación pasiva”, y mantener la actitud de “ir a favor de la ansiedad”, en lugar de oponerse y luchar contra ella, como es la reacción habitual. Es precisamente la técnica correcta la que permite superar, eliminar y sustituir la ansiedad por la experiencia de relajación, mientras que actuar de la “manera
lógica” (esto es, asustándose, interrumpiendo el ejercicio, poniéndose a hablar o intentando distraerse y alejarse de la vivencia de autogenicidad) sólo prolonga el sufrimiento e impide el progreso terapéutico.
La contrapartida cognitiva del incremento perceptivo se manifiesta por ideas de actividades o circunstancias próximas al momento del ejercicio, y no es infrecuente que se recuerden súbitamente elementos de información olvidados, tales como donde dejó uno las llaves, o la llamada telefónica pendiente. Como aspectos propioceptivos de este apartado, cabe destacar la percepción de hambre, sueño y otras necesidades biológicas insatisfechas que el sujeto es capaz de ignorar en su estado vigil. Los dolores que aparecen en el estado autógeno deber ser investigados, sobre todo si son repetitivos y corresponden a posibles síntomas patológicos. Luthe refiere el caso de una de sus pacientes que sufría intensos pinchazos en el seno izquierdo durante el ejercicio, y en la que un examen cuidadoso reveló un pequeño nódulo tumoral, totalmente silencioso en circunstancias normales.
c) Descargas autógenas. La observación de ciertos fenómenos paroxísticos durante el estado autógeno, generalmente de carácter desagradable, es ya muy antigua. Denominados por Schultz “síntomas de entrenamiento”, estos fenómenos transitorios no recibían mayor atención, aunque en ocasiones
podían obligar a suspender el tratamiento. Convencido de que la acción terapéutica del entrenamiento autógeno radica en la activación de las capacidades autorreguladoras del organismo, Luthe investigó el significado de los síntomas de entrenamiento, descubriendo una relación entre ellos y la historia traumática del individuo. Las descargas autógenas, como se denominan desde entonces, pueden ser consideradas como expresión del reajuste homeostático que permite la eliminación de excitación neuronal asociada con engramas de traumas tanto físicos como psicológicos. Las descargas autógenas pueden manifestarse como fenómenos motores, sensoriales o psíquicos, y con objeto de utilizar al máximo su potencial terapéutico, Luthe desarrolló los métodos de neutralización, que son la verbalización y la abreacción autógenas, cuyo estudio corresponde a la formación en métodos avanzados.
PSICOTERAPIA AUTOGENA: LOS METODOS
En el esquema se presentan los diversos métodos que se emplean en la psicoterapia autógena. Todos ellos parten del entrenamiento autógeno de Schultz o “ejercicios autógenos básicos”, así llamados porque constituyen la entrada inicial al tratamiento. La variedad de métodos autógenos permite adaptar el programa terapéutico a las necesidades individuales, obteniéndose
resultados satisfactorios, en la mayoría de los casos, con los ejercicios básicos. Aproximadamente 30% de los pacientes requieren el empleo de métodos más elaborados o “métodos avanzados”, entre los que destaca, por su versatilidad y eficacia, la neutralización autógena.
Los ejercicios meditativos, la modificación autógena, y la hipnosis graduada activa son empleados con menor frecuencia, y se reservan para situaciones especiales. Su poder terapéutico es intermedio entre los ejercicios básicos y los métodos de neutralización. La asociación con técnicas de retroalimentación biológica (bio-feed-back) y con la terapia cognitivo-conductual representan algunos de los resultados de la interacción y colaboración interdisciplinaria, de gran potencialidad terapéutica.
El método de reconstrucción autógena es de creación reciente, y encuentra su mejor aplicación en los trastornos severos de la personalidad y en algunos trastornos psicosomáticos graves, como la anorexia nervosa, y, en general, en los casos en que la recuperación con los métodos de neutralización es lenta o incompleta.
La inducción repetida del estado autógeno desbloquea funciones cerebrales de autorregulación, facilitando el aumento de las interconexiones corticodiencefálicas e interhemisféricas, y optimizando la sintonía neurovegetativa. Por eso, el entrenamiento
autógeno básico es considerado como el núcleo central e inicial de todo el sistema, ya que durante su práctica se activan de manera automática e inespecífica procesos prohomeostáticos naturales, como la neutralización de registros cerebrales traumáticos y la normalización de desviaciones funcionales somáticas y mentales. En términos neurobiológicos, podemos decir que la eliminación de la excitación neuronal de origen traumático desactiva circuitos reverberantes, libera secuencias de acción mental interrumpida y permite la recuperación de dinámicas bloqueadas y la continuación de procesos evolutivos detenidos. Los métodos avanzados sólo incrementan la eficiencia de un proceso natural, que ya ha sido activado durante los ejercicios básicos.
La formación completa en los métodos de Psicoterapia Autógena comprende un programa de cuatro años, homologado con los requisitos para la acreditación de psicoterapeutas de la FEAP y de la Asociacion Europea de Psicoterapia. Consta de 5 módulos progresivos, cada uno de los cuales debe cumplir con objetivos específicos de enseñanza teórica, el desarrollo supervisado de habilidades clinicas, y la formación de actitudes terapéuticas.
NIVEL 1.- Desarrollo personal y autoconocimiento. Práctica personal de entrenamiento autógeno básico. Principios de funcionamiento humano. principios de autoevaluación.
NIVEL 2.- Introducción terapéutica. Titulación: licenciados en Medicina o Psicología graduados en el Nivel 1. Estructura y funciones mentales. Causas y mecanismos de psicopatología. Instrumentos de intervención terapéutica.
NIVEL 3.- Psicoterapia General. Tratamiento supervisado de pacientes complejos con métodos autógenos básicos y técnicas integradas. Inicio de tratamiento personal*.
NIVEL 4.- Métodos avanzados de Neutralización Autógena. Consolidación de pensamiento integrativo. Terminación de tratamiento personal.
NIVEL 5.- Métodos avanzados de Reconstrucción Autógena. Consolidación de pensamiento creativo. Preparación para actividad docente independiente.