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RELACIÓN CON EL PACIENTE

In document Psicoterapia Autogena 2a Edicion[1] - Copia (página 127-132)

La Psicoterapia Autógena parece paradójica en cuanto a la forma de actuar del terapeuta. Mientras que su función directiva es estricta en algunos aspectos, con un protocolo extremadamente consistente de instrucción técnica, la permisividad es total en cuanto a los contenidos y modo de expresión de la experiencia en la sesión terapéutica, lo que se conoce como el principio de no interferencia. La función del terapeuta es doble: 1) educación especifica en técnicas de acceso y control a estados de conciencia, entrenando y supervisando al paciente en la adquisición de la metodología precisa para percibirse sin engaños ni resistencias (principio de autogenicidad) y 2) mantenimiento de un contexto psicoterapéutico general de remotivación, contención de la angustia y actualización de las potencialidades, que fomenta de manera incidental e inespecífica la capacidad del paciente para reconstruir de manera creativa su relación consigo mismo y con su entorno.

Aunque la práctica de los métodos autógenos básicos parece bastante simple, suelen presentarse dificultades importantes si el tratamiento es aplicado de manera mecánica, sin tener en cuenta las necesidades y reactividades específicas de cada paciente. A diferencia de otros métodos de psicoterapia, el paciente asume, desde el primer momento, un papel activo y responsable en su tratamiento. La práctica de los ejercicios

básicos, al menos tres veces diarias, requiere un considerable compromiso, que sólo puede mantenerse mediante la supervisión cuidadosa del terapeuta. De manera abierta, éste asume un papel de técnico o experto, que transmite sus conocimientos sobre la práctica del método al paciente, resolviendo sus dudas e indicándole las técnicas apropiadas para hacer frente a problemas como los relacionados con las descargas autógenas y las distintas modalidades de resistencia que aparecen a lo largo del tratamiento. En otro nivel, aporta una necesaria relación de apoyo afectivo y asiste en la “remoralización” o recuperación de la necesaria confianza en si mismo y en el propio proyecto vital, principio básico esencial de toda psicoterapia eficaz.

El mantenimiento de la correcta actitud terapéutica es de gran importancia, y tiene dos aspectos aparentemente contradictorios: Por una parte, se utilizan intervenciones directivas, haciendo uso de todos los posibles enfoques que brindan los distintos tipos de psicoterapia, pero centrándose siempre en mantener al paciente en la práctica de sus ejercicios y asegurarse del correcto aprendizaje y cumplimiento de los requisitos técnicos. Esta actitud, educativo-directiva y algo rígida en las exigencias técnicas, contrasta con la actitud permisiva y no directiva del terapeuta en el resto de sus interacciones, destinada a crear una atmósfera desculpabilizante y validante que facilita el autodescubrimiento.

En la práctica, esto requiere una profunda comprensión de la personalidad del paciente, de su problemática y de la de su entorno. Los conceptos elementales sobre los que se apoyan los métodos autógenos deben ser comprendidos por el paciente desde el inicio el tratamiento, pues sin ello resulta difícil ganar su cooperación y participación activa. El significado de las descargas autógenas debe ser bien entendido, aunque el terapeuta debe evitar adelantar descripciones y explicaciones que puedan influir en pacientes sugestionables. Particular detalle debe prestarse a las explicaciones de porqué, desde un punto de vista homeostático, deben evitarse las situaciones que inducen acumulación de estímulos estresantes. Así, es oportuno recomendar a personas con sobrecarga de ansiedad y agresión, en las que ya se supone una deficiencia de los mecanismos neutralizadores de estas emociones, que eviten la práctica de deportes violentos, la asistencia a películas con contenido agresivo, etc.. Por otra parte, se les ofrece simultáneamente la oportunidad de verbalizar abiertamente sus reacciones en situaciones de este tipo.

Con frecuencia, la aparición de descargas de tipo emocional o ideativo, relacionadas con la conflictiva personal del paciente, constituyen la razón más importante de la resistencia que invariablemente se presenta tras un período de práctica feliz del entrenamiento autógeno básico. Muchos pacientes no logran explicarse por qué, después de alcanzar considerable alivio tras

algunas semanas de tratamiento, empiezan a encontrar los ejercicios cada vez más difíciles de practicar, la concentración se vuelve ineficaz, etc., etc. Si la clarificación simple de este proceso no resuelve la situación, puede estar indicado el paso a los métodos de verbalización o abreacción, pero no resulta adecuado aceptar, como pretenden algunos pacientes, que “los ejercicios ya no sirven”, o “que les sientan mal”, precisamente en el momento en que su eficacia se empieza a poner de manifiesto por la movilización de material traumático o contradictorio largo tiempo reprimido. Es en estas circunstancias cuando la actitud aceptante, validante y desculpabilizante del terapeuta rinde sus mayores frutos, apoyándose en la cooperación empática construida desde los primeros momentos del tratamiento para conducir progresivamente al paciente al enfrentamiento directo con sus recuerdos y fantasías más traumáticos.

Mientras que Luthe recomienda terminantemente evitar las interpretaciones de tipo psicoanalítico, algunos autores franceses, como Ranty, o austriacos, como Wallnöfer, encuentran útil este tipo de intervenciones. Personalmente, recurro a técnicas interpretativas solamente cuando la situación transferencial parece ser responsable de la inhibición o dificultad en la práctica de los ejercicios, generalmente durante la fase del tratamiento en la que se está estableciendo la relación terapéutica, y siempre referido a aspectos de la conducta en estado habitual de consciencia. La interpretación sistemática de los procesos

mentales desarrollados durante el estado autógeno complica innecesariamente la situación, y debe ser evitada. El terapeuta con formación o inclinaciones psicodinámicas debe decidir pronto en el tratamiento que enfoque quiere emplear, refrenándose de las fáciles interpretaciones que brinda el material aportado por algunos pacientes durante el estado autógeno.

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