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Academic year: 2021

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EL SER JUDIO

American Jewish Comittee

DAVID M. ELCOTT

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EL SER JUDIO

Contenido

Kedusha: La búsqueda de lo sagrado ... 10

Mitzvá: La experiencia de la obligación en la vida ... 11

Emuna: Lo que creen los judíos ... 13

El Tanaj: La Biblia judía ... 19

La Torá ... 19 Nevi’im o Profetas ... 20 Ketuvim o Escritos ... 20 La Mishná ... 21 El Talmud ... 22 La Cábala y el Zohar ... 23 Rabinos y estudiosos ... 23 El idioma sagrado ... 24 La literatura judía ... 24 Espacios sagrados ... 25 La Sinagoga ... 25 Instituciones comunitarias ... 26 Tiempo sagrado ... 26 Shabat ... 26 Celebraciones de la libertad ... 27 Días de temor... 28

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Avodat Kodesh ... 30 Plegarias sagradas ... 30 Alimentos sagrados ... 30 Lenguaje sagrado ... 31 Estudio sagrado ... 31

Prácticas comerciales sagradas ... 32

Imitación sagrada ... 32

Práctica sagrada ... 33

Historia y tierra sagrada ... 33

Israel ... 34

La Shoa (Holocausto) ... 34

La Diáspora ... 35

La Tradición judía ... 36

Mipnei Darkei Shalom: siguiendo el sendero de la paz ... 36

El Mesías y la Era Mesiánica ... 37

Tikun Olam... 38

El Lenguaje Judío: Algunas palabras que debemos conocer ... 38

Historia ... 67

Misión ... 68

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Introducción

Conociéndonos

El Ser Judío es una introducción accesible para aquellos que desean saber más sobre lo que los judíos han heredado de su pasado milenario y cómo viven hoy dentro de la órbita de lo sagrado. La frase clave aquí, en hebreo, es kedusha, que significa “lo sagrado” la capacidad de convertir un pensamiento o actividad común en algo singular y significativo. Kedusha también involucra un sentido de separación y singularidad. Esto explica por qué la comunidad judía puede parecer etnocéntrica: la conciencia de pertenencia a un pueblo, quizás aún más que la vida religiosa, es el centro de la identidad judía. El significado de lo “judío” puede ser difícil de comprender para otros porque incluye la sociología, la geografía y la teología. Muchos aspectos involucrados en ser judío no tienen nada que ver con la fe. Ningún judío es capaz de cumplir todas las expresiones posibles del judaísmo. Y existen muchas maneras diferentes en que los judíos comprenden sus obligaciones.

Una pregunta de enormes proporciones que perturba a la comunidad judía es “¿Quién es judío?”. En la Biblia, un israelita es el hijo de un padre israelita. Posteriormente, alrededor de la época de Jesús, se definió a un judío como “el hijo de una madre judía” o “aquel que se convierte al judaísmo”. Hoy en día, la mayoría de los judíos sigue esta definición por línea materna; otros judíos creen que el hijo de un padre judío también es automáticamente judío (si bien algunos dirían que también se debe criar al niño como judío). Somos un pueblo pequeño, unos trece millones en el mundo, con un compromiso apasionado con nuestra herencia y los roles que los judíos deben desempeñar en el mundo. La vida judía se vive a través de la familia y la comunidad. Para garantizar nuestra continuidad y vitalidad, la comunidad judía exhorta a que los matrimonios se realicen entre los propios miembros de la comunidad, y la mayoría de los rabinos no

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realizan bodas interconfesionales. Se sabe que los judíos no evangelizan ni practican el proselitismo. El modelo de conversión deriva del Libro de Ruth en la Biblia. Ruth es una moabita que le dice a su suegra israelita: “Tu pueblo es mi pueblo, y tu Dios, mi Dios” (Ruth 1:16). Todos aquellos que adoptan la historia del pueblo judío como propia proclaman su fe en Dios, afirman su voluntad de vivir como judíos, y aceptan el destino y desean ser parte del futuro del pueblo judío, son bienvenidos como judíos.

Hoy en día, existe una variedad de expresiones religiosas judías, incluyendo las cuatro denominaciones Conservador, Ortodoxa, Reconstruccionista y Reformista. Cada una de estas denominaciones educa rabinos y mantiene sinagogas y escuelas. Existen otros grupos espirituales judíos, incluyendo New Age por una parte y Jasidim (los que vemos vistiendo largos abrigos y sombreros de ala ancha con el borde de piel) por la otra. Algunos judíos viven el judaísmo en forma apasionada a través de expresiones artísticas. Los judíos también se organizan de muchas maneras, creando instituciones de servicio social, federaciones filantrópicas, organismos de defensa judía, grupos de cabildeo a favor de Israel y una gran cantidad de grupos sociales y recreativos. Muchos ciudadanos judíos de Israel, cumpliendo el servicio militar, trabajando la tierra y siendo constructores productivos de la patria judía, ven su vida en Israel como el cumplimiento de su responsabilidad judía.

Hay judíos viviendo en todos los continentes, hablando docenas de idiomas. Hay judíos blancos y negros, marrones y chinos. Algunos judíos se cubren la cabeza, en tanto que otros no lo hacen; algunos respetan las leyes dietarias del kashrut, en tanto que otros las consideran anacrónicas. Los judíos son más “seculares” que la mayoría de los otros norteamericanos. En tanto que la abrumadora mayoría de judíos celebra una cantidad de festividades y eventos del ciclo de vida, sólo una minoría asiste a la sinagoga en forma habitual. Los judíos están en desacuerdo sobre muchas cosas, ya sean las políticas de gobierno del Estado de Israel, o cómo se debería manejar su sinagoga o institución judía. Sin embargo, la mayoría de los judíos sabe por lo menos algo de hebreo, y todos los judíos se dirigen hacia Jerusalén, en el centro de Israel, cuando rezan. Existe un sentido de que “todos los judíos son responsables uno por el otro”. Y también hay una enseñanza poderosa según la cual se espera que los

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herederos de Abraham y Sara sean socios de Di-s en hacer el bien, como Dios declaró: “Porque Yo lo he conocido (Abraham), a fin de que mande a sus hijos y a su casa después de él, que guarden el camino del Señor, haciendo rectitud y justicia; para que haga venir el Señor sobre Abraham lo que ha dicho acerca de él” (Génesis 18:19).

El judaísmo no se inscribe dentro de las categorías religiosas, étnicas o nacionales que habitualmente identifican a la gente. El judaísmo incorpora religión, cultura, historia, idioma, tierra y misión. Cualesquiera sean las circunstancias singulares en diferentes épocas de la historia, en Israel y en la Diáspora (que incluye a los judíos del mundo, de todos los continentes), la mayoría de los judíos estaban unidos por un sentido de pertenencia a un pueblo y la idea de que los judíos de todas partes están unidos por lazos inextricables de compromiso mutuo y obligación de familia ampliada, que deriva de milenios de experiencia judía, y la creencia de que comparten un destino común.

La pertenencia a un pueblo es más que un lema para los judíos. Expresa un profundo sentido de solidaridad entre los judíos de la Diáspora, y entre ellos y sus hermanos israelíes. Israel representa el retorno al hogar espiritual después de 2.000 años de errancia y de exilio. Así, los judíos norteamericanos sienten un apego fundamental a Israel más allá de una mera afinidad ideológica por un estado democrático hermano. Y dadas las condiciones históricas de la creación de Israel después del homicidio masivo de seis millones de judíos en la Segunda Guerra Mundial, la creación del Estado de Israel juega un rol casi de redención, una respuesta poderosa al sufrimiento del Holocausto.

La antigua enseñanza judía de que todos los judíos son responsables uno por el otro implica un fuerte imperativo para la acción. Israel, su tierra, cultura, idioma, instituciones y pueblo son un recurso primordial para los judíos del mundo, proporcionando a los judíos de todas partes un sentido vital de pertenencia a un pueblo y confianza en sí mismos. La Diáspora, en toda su diversidad y con todas sus capacidades materiales, culturales y políticas, es un recurso importante para Israel, mediante el cual Israel recibe sustento y ejerce una influencia sobre un plano mucho mayor que sus exiguas fronteras.

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La relación entre los judíos norteamericanos e israelíes ejemplifica el concepto judío de pertenencia a un pueblo. Más allá del concepto de la responsabilidad mutua por el bienestar del otro, los judíos norteamericanos e Israel forman entidades interdependientes como parte de un pueblo judío unido. La enorme mayoría de los judíos norteamericanos no nació en Israel y nunca vivió allí; muchos, ni siquiera han ido de visita. Sin embargo, ambas comunidades están unidas por una red de lazos sociales, económicos, filantrópicos, religiosos y culturales.

En particular, la comunidad judía organizada de Estados Unidos ha usado su poder político para defender a Israel a través de grupos de influencia, los medios y esfuerzos de recaudación de fondos, de maneras que han servido de modelo para otros grupos étnicos y de origen nacional. Esto no significa que todos los judíos apoyen todas las políticas del Estado de Israel. Como democracia, Israel tolera—incluso alienta—el disenso político. Los israelíes expresan una amplia gama de opiniones sobre temas como políticas de paz, estrategias militares, el rol de las minorías, y la definición de quién es judío. Los judíos norteamericanos también reflejan dicha diversidad y discuten extensa y acaloradamente sobre políticas específicas que afectan a los judíos y a Israel.

Sin embargo, siempre se establece una cuidadosa diferencia entre la crítica a las políticas israelíes y el cuestionamiento al lugar de Israel en la comunidad de las naciones; cuando se trata de la seguridad de Israel, el compromiso de la comunidad judía es abrumador.

Algunos judíos se considerarían religiosos, otros, seculares; algunos son creyentes y otros, agnósticos o ateos. Para otras comunidades de fe, un ateo judío parece ser una clara contradicción, pero tiene sentido para la mayoría de los judíos. Todos somos parte del pueblo judío, y herederos de textos, tradiciones y valores ricos en significado. Ser judío se refiere a tener una memoria que es tanto colectiva como personal. Cada Pascua, la festividad de la liberación de Egipto, se les dice a los judíos que, ahora mismo, en este preciso momento, cada uno está obligado a recordar que él o ella fue esclavo en Egipto y que acaba de ser liberado. Compartir un pasado judío y un destino judío une a todos los judíos. Para muchos, la esencia de lo que significa ser judío es la historia e identidad común más que la creencia.

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Bendecidos por vivir en una era de creciente libertad, en la cual el pluralismo, los derechos humanos y la democracia son valiosos, los judíos contemporáneos están totalmente incorporados a la vida civil y política de los países en los que viven. Esta participación es resultado de muchos factores, tanto religiosos como históricos. Los judíos son una minoría, y se identifican con otras minorías. Como la democracia y una sociedad pluralista son el entorno más sano para los judíos y otras minorías, nuestra comunidad continúa promoviendo dichos valores y luchando contra cualquier mayoría que busque imponer su voluntad sobre otros. Y debido a la opresión que vivimos bajo la dominación de otras religiones, los judíos tendemos a ser fuertes partidarios de la separación entre iglesia y estado que proteja a todas las comunidades de la coerción religiosa. La mayoría de los judíos llegó a Estados Unidos como inmigrantes pobres. El recuerdo de la dolorosa inmigración y la pobreza permanece vigente entre los judíos, por lo que tendemos a apoyar legislación que proteja a los inmigrantes y a los pobres. De hecho, la tradición judía nos ordena cuidar al extranjero, a la viuda, al huérfano y al desamparado porque recordamos que una vez fuimos esclavos en Egipto (Éxodo 22:20-21, 23:9).

Lo que es más importante, una sola generación separa a los judíos del Holocausto, la destrucción a manos de los nazis de seis millones de judíos. Por lo tanto, la frase más poderosa que se escucha en la comunidad judía es: “¡Nunca más!”. Nunca más sufriremos como lo hicimos durante la Segunda Guerra Mundial, y lucharemos por proteger a nuestro pueblo, dondequiera que esté, al tiempo que defendemos al Estado de Israel. “Nunca más” también nos ordena servir como testigos del sufrimiento de otros, para que nunca más un pueblo sufra como lo hicimos nosotros a manos de los nazis.

Todo esto ayuda a explicar por qué las organizaciones judías trabajan arduamente luchando contra el prejuicio y la crueldad, y en pos de una propagación aún mayor de libertad para todos los pueblos, aquí y en el exterior. El American Jewish Committee es una de las organizaciones judías más antiguas comprometida con la defensa de los derechos de los judíos y la seguridad del Estado de Israel, a la vez que busca abrir canales de comunicación con socios de diversas etnias, nacionalidades y religiones

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para trabajar juntos y crear una Norteamérica mejor. Esperamos que

quienes lean esta publicación aprendan sobre nosotros y se nos unan como conciudadanos comprometidos con las palabras del profeta Amós:

¡Buscad el bien, y no el mal, para que viváis!… Brote el juicio como aguas (de manantial)…Y la justicia como corriente poderosa.

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Lo sagrado en el Centro

Obligaciones sagradas

Kedusha: La búsqueda de lo sagrado

A los judíos se les exhorta a ser como Dios, kadosh/ sagrado: “Seréis santos, porque Yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo.” (Levítico 19:2). No sólo un grupo o una clase, sino se espera que todo judío sea parte de “un reino de sacerdotes y una nación santa” (Éxodo 19:6). Existe una distinción democrática en estos textos, especialmente sorprendente en una comunidad antigua. Se espera que todos los miembros de la sociedad luchen por asemejarse a Dios a través de la forma en que viven sus vidas cotidianas. Kedusha— lo sagrado—ofrece un sendero, un nuevo rango de significados para comprender las acciones humanas.

Los rabinos del periodo talmúdico (200-500 EC), también conocidos como los Sabios, enseñan:

“Ve y sigue a otro Dios.” ¿Qué puede significar? ¿Es posible que un mortal pueda practicar la Presencia de Dios? Este verso nos enseña que debemos practicar los atributos del Santísimo, alabado sea Dios. Así como Dios vistió al desnudo, también tú deberás vestirlo. La Biblia nos enseña que el Santísimo se preocupaba por los enfermos, por ende también tú deberás preocuparte por ellos. El Santísimo consolaba a los dolientes, tú deberás consolarlos. El Santísimo enterraba a los muertos, por lo tanto tú deberás enterrarlos. (Talmud de Babilonia, Sotah 14a).

Kedusha, la capacidad de convertir en sagrados todos los aspectos de la vida, no es un sentimiento. El judaísmo ve a la sacralidad como un proceso que va de lo común a lo singular. “Común”, en este sentido, no significa

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profano o malo sino que se refiere a lo que es normal, regular, esperado. Común es la cultura en la que viven los norteamericanos gran parte de sus vidas haciendo compras y yendo al cine y a los restaurantes de comidas rápidas. Lo común no tiene nada de malo, pero su producto es la complacencia.

La vida común busca la satisfacción más que la conciencia del destino del mundo o el rol que uno pueda desempeñar para transformarlo...

Los judíos reciben la directiva de alcanzar kedusha, se los exhorta a luchar por diferentes objetivos. Kedusha se centra en las acciones comunes, cotidianas, que se pueden elevar a lo sagrado. No es esotérico ni misterioso. No asocia la santidad con sentimientos especiales o experiencias sólo al alcance de personas místicas o lo suficientemente dedicadas para descubrirlo.

Hacer que nuestra vida sea kadosh significa que cada acción, intercambio, decisión y palabra puede ser común o se puede elevar para asemejarse más a Dios: más hermosa, más significativa, constructiva, afirmativa de la vida y aportando sustancia. Si tomáramos los principios de kedusha seriamente, el mundo entero sería diferente, y sería posible tikún olam, que significa “la reparación real del mundo”. Kedusha es una manera de ver el mundo, rechazando los senderos comunes y fáciles, y buscando asemejarse más a Dios. Incluso los judíos que no creen en Dios tienden a respetar los principios de kedusha, de percibir nuestra obligación de trabajar con miras a un mundo mejor.

Mitzvá: La experiencia de la obligación en la vida

El judaísmo imagina un mundo en el que cada una y todas las acciones tienen el potencial de kedusha—si la gente sólo se detuviera a buscar. Cada acción u obligación que aporta más kedusha al mundo se llama mitzvá. Hacer una mitzvá es la llave que permite a cada persona acceder a la

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kedusha y experimentar lo sagrado. Los rabinos ofrecen la fórmula simple de una bendición para señalar el cumplimiento de un acto de kedusha: Bendito seas Tú, Fuente del Universo, que nos has hecho kadosh a través de las mitzvot, y nos obligas a...

Los sabios que redactaron estas bendiciones unos dos mil años atrás las consideraron una forma de centrar la atención de una persona en los milagros de la existencia. No hacerlo, en la opinión de algunos de los estudiosos de la Torá, sería una especie de desdén por los obsequios que hemos recibido:

Nuestros Rabinos nos han enseñado: Está prohibido disfrutar las cosas de este mundo sin una bendición, y si alguien disfruta algo de este mundo sin una bendición, esa persona comete un sacrilegio [una especie de robo]. (Talmud de Babilonia, Brajot 35 a)

Las obligaciones que exige un sistema de mitzvot son innumerables, desde la manera de encarar nuestros negocios hasta el encendido de las velas para iluminar el Shabat, desde comer matzá en Pascua como recuerdo de la liberación, a la forma en que hablamos sobre otros seres humanos. De acuerdo con la tradición judía, hay 613 mitzvot positivas y negativas. Existe considerable literatura que define exactamente cómo se deben cumplir estas mitzvot, pero entre los judíos existen muchas diferencias en la práctica concreta. No obstante, para todos los judíos, mitzvá es la manera de elevar lo común a lo sagrado, convirtiendo a la vida en algo nuevo, extraordinario y prodigioso. Mitzvá es también la parte humana de la renovación del Pacto con Dios. La palabra mitzvá también se usa de una manera menos religiosa para describir las actividades justas y buenas que hacemos. Hacer el bien es hacer una mitzvá, aun entre los judíos seculares. El vínculo entre una mitzvá y kedusha significa que cualquier acción es potencialmente sagrada. Esto se expresa mejor en una jerarquía de valores sorprendente analizada por los rabinos:

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Más grande es aquel que está obligado y cumple la obligación que aquel que no está obligado y aún así (voluntariamente) cumple la obligación (Talmud de Babilonia, Kidushm 31 a)

Para la mayoría de nosotros, esto parece exactamente al revés. Ciertamente, la persona que no tiene responsabilidad de hacer algo bueno pero lo hace de forma voluntaria, debería ser superior a la persona que se siente coaccionada a cumplir la ley. Pero kedusha, la sacralidad, no es meramente producto de una actividad particular en un momento determinado. Es la voluntad de comprometer la totalidad de la vida a una red de relaciones, obligaciones y finalidad.

Valorando el compromiso más que un capricho o una pasión, el judaísmo aprendió a considerar a la persona que acepta la responsabilidad permanente como al mayor héroe y modelo de vida. A veces, se hace una mitzvá de mala gana o sin gran significado. A veces uno puede desviarse, o incluso no respetar una obligación.

Pero debido a que cada acción es parte de un esquema más amplio, una respuesta a haber escuchado y aceptado el brit, que es el Pacto establecida entre Dios e Israel en el Monte Sinaí, la intención es elevar el rango de las conductas mundanas de la vida a lo sagrado.

Emuná: Lo que creen los judíos

El lugar que ocupa la fe, emuná, en el judaísmo es diferente al de otras religiones. El judaísmo tiende a centrarse más en las acciones de mitzvá que en la fe únicamente. Hay judíos con una fe profunda e irrenunciable en Dios; hay judíos que discuten con Dios (comenzando con la historia bíblica de Abraham); y hay humanistas y ateos judíos. No hay catequismo en el

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judaísmo. Por esta razón resulta muy complicado hablar sobre lo que creen los judíos.

La tradición judía incluye una variedad de creencias, muchas de ellas encuentran eco en otras religiones. Hablamos de un Dios incognoscible, infinito y, sin embargo, presente, Creador del universo y sobrenatural. Nuestras plegarias están plenas de expresiones del amor de Dios. Para el judaísmo, la creencia de que Dios actúa sobre la historia y afecta los eventos humanos es central.

El judaísmo rabínico contiene textos que hablan del cielo y del infierno, la eternidad del alma y la resurrección del cuerpo, y muchos de estos conceptos se encuentran en la liturgia. La plegaria central del servicio tradicional de adoración habla de Dios como “dando vida a los muertos”, y el decimotercer principio de fe del gran sabio Moisés Maimónides (1135-1204) es la creencia en la resurrección de los muertos al final de los días. En tanto existen muchas opiniones diferentes en la tradición respecto de la naturaleza de la vida después de la muerte, la imagen más fuerte no es personal sino comunitaria. El sueño mesiánico vislumbra un retorno de los judíos a su hogar en Israel, donde todos nos reuniremos, un tiempo de paz para toda la humanidad. Las conexiones entre gracia, karma, o fe y salvación o resurrección personal, que encontramos en el hinduismo, budismo y cristiandad, no son el foco del judaísmo. No se espera que los judíos realicen buenas acciones o ejerzan su fe, para poder alcanzar su sitio en el cielo. La tradición dice que “la recompensa por hacer una mitzvá es la oportunidad de hacer otra mitzvá” y que una buena acción genera otra. Debido a que el mundo no es aún perfecto, el judaísmo sostiene que el Mesías será el heraldo de dicha perfección, el pueblo judío no ve a Jesús como un ente divino ni como el Mesías; la mayoría lo ve como uno de muchos maestros, predicadores y rabinos que vivieron en el mundo judío de esa época. Irónicamente, si bien los cristianos y musulmanes recibieron la profunda influencia de las creencias judías en el más allá, la mayoría de los judíos tienden a ser agnósticos (inquisitivos) respecto de lo que ocurre después de la muerte.

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Si hablamos de la fe judía hoy, se destacan dos frases: “Le Jaim”—por la vida—que indica a los judíos la obligación de vivir la vida plenamente. Independientemente de lo que ocurra después, debemos sumergirnos profundamente en nuestros roles como socios con Dios en este mundo. Y la segunda frase, “Ani ma’amin,” proviene de Maimónides, quien declara: “Yo creo, con fe perfecta, en la llegada del Mesías. Y aun si se demora, sigo creyendo”. Se espera que los judíos crean apasionadamente en el futuro, en que se puede redimir el mundo y que somos parte del proceso de redención.

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Vida Sagrada: Ser la Imagen

de Di-s y Vivir el Pacto

En el judaísmo es central el concepto de que cada ser humano es creado a imagen de Dios (ver Génesis 1:27). Los rabinos de la Mishná (la versión escrita de la tradición oral milenaria) amplifican estas palabras cuando enseñan (en la Mishná del Sanedrín) que:

Salvar una vida es salvar la totalidad del mundo, porque cada vida tiene valor infinito. Debido a que todos los humanos descienden del mismo primer ser humano, cada ser humano es igual al prójimo.

El Santísimo imprime lo Divino en cada humano; sin embargo, cada uno es diferente. Dios se encuentra en la diversidad humana y en el valor infinito de la singularidad humana.

En una elevación ulterior de la vida humana, un gran maestro, Rabí Tanhuma (segunda mitad del cuarto siglo EC, Palestina), explica: Nuestros sabios nos enseñan que cualquier acto de irrespetuosidad por otro ser humano es, en realidad, un acto de irrespetuosidad a Dios.

Pero los seres humanos no están solos. Siempre estamos en una relación. Después del Diluvio, Dios ratifica el cuidado divino a Noé—y, a través de él, a toda la humanidad. El judaísmo considera a todos aquellos que aceptan los principios básicos del respeto por la vida y el compromiso de luchar por una sociedad justa como parte del Pacto eterno con Dios (simbolizado por el arco iris). El pacto con Noé, la promesa de Dios a la humanidad después del Diluvio, consiste en siete mandamientos entregados a Noé que son vinculantes tanto para los no judíos como para los judíos. El judaísmo ve este pacto como la ratificación de la preocupación de Dios por toda la humanidad. El respeto por el valor de cada ser humano singular, y la creencia de que todos los seres humanos establecieron un Pacto con Dios y con los demás son el núcleo de la fe judía. No es necesario ser judío para ser amado por y tener una relación con Dios.

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En Éxodo 19, Dios amplía el Pacto imponiendo un reclamo especial a los hijos de Israel. En el Monte Sinaí, Di-s dice: “Y como os he llevado como en alas de águilas y os he traído a Mí.... Ahora, pues, si escuchareis atentamente Mi voz y guardareis mi pacto….y vosotros Me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa” (Éxodo19:4-6).

Israel, así, se convierte en el pueblo elegido, seleccionado como socio de Di-s. Si bien algunos judíos hoy rechazan el concepto de selección, todos los judíos aceptan el rol singular que Israel debe desempeñar en el mundo. Nuestra tradición es difundir, enseñar que, cuando encontramos a otro ser humano, panim el panim (cara a cara), estamos en presencia de lo Divino. Honrar y cuidar a nuestros congéneres es honrar a Di-s.

Tan fundamental es este principio judío de lo que significa ser humano, que cada acción individual, cada conducta y gesto debe ser juzgada precisamente a su luz... Nuestro pueblo lo ha comprendido desde sus comienzos. Abraham lucha con Dios por proteger a los residentes pecadores de Sodoma de la destrucción. La historia del Éxodo, que nos traslada de la esclavitud a la redención, instituye la verdad que ningún ser humano debe ser objeto de tal degradación. La experiencia histórica de los judíos como minoría oprimida, incluyendo los ataques genocidas en diferentes periodos de nuestra historia, ha fortalecido el valor de proteger la vida humana y luchar contra la injusticia. A través de los milenios, frecuentemente bajo condiciones intolerables, los judíos han mantenido vivo este valor central, ampliando constantemente su aplicación con la esperanza de que el Éxodo final libere a todos los seres humanos para que se perciban como imágenes de Di-s.

La idea de pacto significa que aceptamos una relación incondicional en la cual ninguna de las partes abandona a la otra, independientemente de cuán profundo sea el desengaño, a menos que la relación sea tan destructiva que le quite a uno o a ambos las cualidades relacionadas con tzelem elohim, imagen de Dios. Los socios de este Pacto deben estar dispuestos a escucharse, a respetar la diversidad y a tolerar profundos desengaños y a seguir comprometidos con la relación. El judaísmo valida el debate y el desacuerdo, según el axioma: “Si le preguntas a dos judíos, obtendrás tres opiniones”. La afirmación de la fe judía comienza con las palabras: “Shema Israel” (escucha, comunidad de Israel). Ser judío hoy significa que, aun en

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el desacuerdo, incondicionalmente amamos a nuestros hermanos judíos y aceptamos la responsabilidad uno por el otro. Y ahora, nos extendemos más allá, para incluir a las demás confesiones, etnicidades y orígenes nacionales, y crear una comunidad más amplia y buscar relaciones pactales con ellas.

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Textos Sagrados: Sifrei

Kodesh

En la tradición judía, la palabra es un vehículo de enorme poder. Al comienzo de la Torá, las palabras son el agente de la Creación: “Y dijo Dios: “Haya luz”, y luz hubo” (Génesis 1:3). El habla es un regalo divino único otorgado a los seres humanos. Más aún, la Torá misma es la revelación divina en palabras. Por eso los libros de nuestros ancestros se llaman las Sagradas Escrituras. Después de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén en 70 EC, el estudio de sifrei kodesh, los libros sagrados, adquirió un significado aun mayor como forma de servicio sagrado. Esto también explica la importancia para los judíos de la educación: uno debe saber leer y escribir, y ser educado para leer los libros sagrados y, en el mundo moderno, leer los libros que llevan a la universidad.

El Tanaj: La Biblia judía

Las tres secciones de la Biblia judía son: Torá, Nevi’im/ Profetas, y Ketuvim/ Escritos.

La Torá

También llamada “los Cinco Libros de Moisés”, o “el Pentateuco”, la Torá relata la historia de la creación del mundo y cómo se materializó el pueblo judío (esto se encuentra en el Libro del Génesis o Bereshit). El resto de la Torá relata la historia del gran movimiento de los descendientes de Abraham y Sara de la esclavitud a la libertad, el encuentro pactal de los

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israelitas en el Monte Sinaí, y su deambular por el desierto. Incluidas están las leyes y rituales que llevan a que el Israel bíblico comprenda lo que constituye Avodat Kodesh—cómo vivir una vida sagrada. Estos textos son familiares para muchos judíos, ya que en Shabat y en otros dos días de la semana se lee una porción de la Torá como parte del servicio religioso.

Nevi’im o Profetas

Esta sección comienza con la historia de Josué y cómo los israelitas llegaron a vivir en la Tierra de Israel y a construir la Primera Comunidad. Nos lleva hasta la destrucción del Templo y el exilio en Babilonia, e incluye los libros de Jueces, Samuel y Reyes. Algunas de las palabras más poderosas y hermosas de la Biblia provienen de Profetas, incluyendo la visión mesiánica de Isaías de un mundo perfecto en el cual toda la gente llegará a la montaña del Señor: “No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra” (Isaías 2:4). Y están las palabras de Ezequiel, hablando a los exiliados en Babilonia, diciéndoles que no deben perder la esperanza; Dios renovará el Pacto y los huesos secos y muertos retornarán a la vida y volverán a la Tierra de Israel. El himno nacional de Israel, Hatikva, recuerda esta profecía de esperanza. Tres profetas mayores (Isaías, Jeremías y Ezequiel) y doce profetas menores, incluyendo a Jonás y Miqueas, enfatizan que ser humano significa: “Sólo hacer justicia, y amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios” (Miqueas 6:8). Cuando un niño llega a la edad de la madurez religiosa y se convierte en bar o bat mitzvá, es costumbre que el bar/bat mitzvá sea honrado con la lectura de una sección de Profetas.

Ketuvim o Escritos

Esta colección de textos sagrados incluye la elevada poesía de Salmos y Proverbios, así como la poesía amorosa del Cantar de los Cantares y la fantástica historia de Ester. Esta sección incluye trece libros individuales, donde los últimos cuentan la historia notable de la destrucción y el exilio en

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Babilonia hasta la renovación del pueblo judío tanto fuera de la Tierra de Israel como en la Jerusalén reconstruida, donde se construyó el Segundo Templo. La primera vez que encontramos referencia al pueblo judío leyendo la Torá en público es en el Libro de Nehemías—una práctica que continúa hasta la actualidad en las sinagogas, en Shabat, días de semana y festividades.

La Mishná

Durante el periodo en que Roma conquistó la Tierra de Israel, y especialmente después de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén, los judíos lucharon por encontrar maneras de practicar Avodat Kodesh/ devoción sagrada. Las ofrendas de sacrificios animales en el Templo habían terminado, pero el pueblo judío estaba tan enamorado del brit/ pacto que buscaron en las fuentes de su herencia nuevas expresiones de vida judía. La oración institucional fue una de las formas principales de devoción que reemplazó al servicio en el Templo. El libro de oraciones judío se llama sidur. Los líderes judíos—los llamamos “rabinos”— continuaron enseñando los textos judíos y sus exigencias para la vida sagrada. También analizaron otras maneras posibles de expandir la sacralidad o kedusha en el mundo. Esas enseñanzas y discusiones, que tenían lugar en hebreo, en la Tierra de Israel, en los siglos iniciales de la Era Común, se editaron en un libro de seis partes llamado Mishná. Gran parte de la Mishná se refiere al ritual y los sacrificios del Templo, pero se encuentran en la Mishná las especificidades del judaísmo como forma de vida y enseñanza que tienen su fuente en la Torá—celebración del Shabat y las festividades, respeto por las leyes dietarias de kashrut, ayuda a los seres humanos para vivir honestamente, y respetando al prójimo. En las palabras de Rabí Hillel encontramos un enfoque judío de la vida: “Si no yo por mí, ¿quién es para mí?, y si yo sólo soy para mí, ¿qué soy?” (Ética de los Padres 1:14).

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El Talmud

Exilados por los romanos de la Tierra de Israel en los primeros siglos de la Era Común, el pueblo judío trasladó el centro de la vida judía a Babilonia (aun cuando la vida judía continuó en la Tierra de Israel). Durante cientos de años, el judaísmo floreció y continuó la expansión de la kedusha. Emergieron nuevas escuelas de pensamiento, que estudiaron la tradición escrita judía (el Tanaj) y la tradición oral (la Mishná) y fuentes adicionales que no se habían incluido en la Mishná. Estos textos legales estaban acompañados por interpretaciones y comentarios sobre el Tanaj y una cantidad de leyendas y saber popular. Todas ellas sirvieron como material para la discusión de cómo los judíos podían mantener el brit/ pacto en la Diáspora.

Estas aclaraciones, comentarios, narrativas, conversaciones y debates adicionales conforman la Guemará, escrita principalmente en el lenguaje oral arameo y editado a lo largo de cientos de años.

Finalmente, la Mishná y la Guemará fueron codificadas en el quinto siglo EC, creando un manuscrito masivo de muchos tratados llamado el Talmud de Babilonia. (También existe un Talmud de Jerusalén, de menor tamaño). En el Talmud vemos la emergencia del judaísmo como una religión mundial y también como una forma de vida llena de rituales sagrados, oraciones, celebraciones del ciclo de vida y de festividades, filosofía y valores morales.

El Talmud no es el fin sino un comienzo. A lo largo de los siguientes 1.500 años, los judíos siguieron debatiendo y discutiendo las leyes y tradiciones, ampliando las formas en que los judíos cumplían el pacto. Existen muchos comentarios que aún se leen en la actualidad, escritos por rabinos en Alemania y Marruecos, Egipto y Constantinopla, Polonia y la Tierra de Israel. Incluso hoy, los estudiosos, los rabinos, y los judíos corrientes continúan el proceso judío de discusión y debate desarrollado originalmente en la Mishná y el Talmud.

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La Cábala y el Zohar

Después de la expulsión de España en 1492, se difundió en el mundo judío el misticismo judío, la Cábala. Estos místicos creían que, a través del estudio y la oración, y una comprensión más profunda de Dios, se repararía el vaso destruido de este mundo. La piedad profunda, la creencia en muchas emanaciones de Dios, recitados tipo mantra de palabras sagradas y danzas y canciones extáticas influenciaron a muchos judíos y a sus comunidades.

El libro central que inspira y expresa la Cábala hasta la actualidad es el Zohar, escrito en hebreo y arameo. Aparece como comentario a la Torá; sin embargo, su objetivo es revelar la sabiduría oculta y mística. Muchos judíos, actualmente responden a la Cábala y al Zohar con un nuevo interés en la comprensión mística del significado de sus propias vidas, en la vida después de la muerte, y en la conexión entre el cielo y la tierra.

Rabinos y estudiosos

En tanto que a todos los judíos se les ordena estudiar los textos sagrados, aquellos que se convierten en expertos se llaman “rabinos”. Los rabinos son los maestros educados y líderes del pueblo judío. A lo largo de los siglos, su liderazgo ha consistido en interpretar los textos, dirimir a través de juicios los casos legales entre judíos, enseñar y escribir sobre el judaísmo, dar sermones, dirigir los servicios de oración, y reconfortar y guiar a los miembros de la congregación. Algunos de estos roles —como dirigir las plegarias, ser testigo en una boda, y reconfortar a los dolientes— pueden ser cubiertos por cualquier judío; pero la profundidad del conocimiento de los rabinos los convierte en un recurso comunitario. Las diferentes denominaciones dentro del judaísmo tienen diferentes escuelas y exigencias de educación para sus rabinos, pero todas ellas involucran el estudio de los textos sagrados.

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El idioma sagrado

Los judíos han hablado muchos idiomas netamente judíos, como el arameo palestino, el ladino, el judío- árabe y el idish, pero el hebreo sigue siendo el idioma sagrado. Cuando los judíos que vivían en la Tierra de Israel comenzaron a imaginar un estado judío independiente, con escuelas, universidades y periódicos, decidieron que el idioma debía ser el hebreo— y así el idioma de la Biblia, de 3.000 años de antigüedad, se convirtió en el idioma vivo del Estado de Israel.

La literatura judía

Los autores judíos hablan un lenguaje “judío” en cierto sentido y aportan recursos para que los judíos se entiendan y expresen sus valores. Especialmente para aquellos que no se identifican con el aspecto tradicionalmente más religioso del judaísmo, los escritores, autores, y dramaturgos judíos frecuentemente expresan una profunda comprensión de aquello que constituye lo judío en la actualidad...También, los periódicos y diarios judíos ayudan a unir a la comunidad y proporcionar una voz para los temas y preocupaciones judíos.

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Espacio Sagrado: Tiempo

Sagrado

Espacios sagrados

Antaño, el espacio más sagrado para los judíos estaba en la Tierra de Israel, en Jerusalén, en el Beit Hamikdash, el Templo de Jerusalén, dentro del cual se encontraba lo Sagrado de lo Sagrado.

Hasta el día de hoy, la Tierra de Israel continúa siendo el centro sagrado del pueblo judío; sin embargo, después de la destrucción del Templo, fueron santificados tres espacios que se podían crear en cualquier sitio: la casa de oración, el salón de estudios y el hogar. De hecho, al hogar se le conoce como mikdash me’at, el pequeño santuario sagrado. Ésa es la razón por la que la familia se convirtió en el centro de la vida judía. Hoy buscamos otros espacios donde podamos generar santidad— campamentos judíos, peregrinajes a Israel, oficinas de organizaciones judías, actividades judías en campus universitarios, clubes de libros judíos, y otros. El territorio de kedusha se encuentra en permanente expansión.

La Sinagoga

Históricamente, los judíos se reunían en el Beit Kneset, que significa “casa de reunión”.

Actualmente llamamos a este lugar “sinagoga”, donde los judíos se reúnen para rezar, estudiar, relacionarse socialmente y celebrar eventos del ciclo de

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vida. La sinagoga tiene un rabino, quien tiene a su cargo la responsabilidad de oficiar, frecuentemente con un cantor que canta la liturgia.

Habrá una escuela con educadores unida a las sinagogas. También hay una comisión de líderes voluntarios que fijan políticas junto con los profesionales. La sinagoga sigue siendo el principal espacio sagrado del mundo judío.

Instituciones comunitarias

Los judíos han construido una red extraordinaria de instituciones de

servicios sociales y humanos, de salud y educativos. Existen federaciones y campañas de recaudación de fondos que recaban más de mil millones de dólares al año para cubrir servicios familiares, hospitales, centros juveniles y comunitarios, campamentos y escuelas (tanto escuelas parroquiales integrales como escuelas vespertinas o de fin de semana).

Tiempo sagrado

Shabat

Una clave para comprender el judaísmo es el Shabat, la festividad más importante, que se celebra todas las semanas. Shabat celebra la liberación—de las obligaciones de la semana y de una vida agobiada. Al recordar que una vez fuimos esclavos, nos damos cuenta de que aún hoy podemos ser esclavos de los objetos y necesidades materiales. El Shabat nos permite la libertad y nos recuerda su importancia. Un día por semana, los judíos pueden percibir cómo sería la vida en el “mundo perfecto”. El Shabat comienza al atardecer del viernes y termina al atardecer del sábado. Comidas familiares y comunitarias festivas, oraciones, canciones y estudio son parte del Shabat. El Shabat debe ser “diferente”. En Shabat, los judíos

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observantes evitan ir al trabajo, mirar televisión, hacer compras, o conectarse a Internet, para poder centrar su atención en el significado de nuestras vidas y en las relaciones que son tan importantes para nosotros. Un escritor judío llamado Ajad Ha’am (1856-1927) observó: “Más que haber preservado el Shabat los judíos, el Shabat ha preservado a los judíos”.

Celebraciones de la libertad

La historia central del pueblo judío es la siguiente: fuimos esclavos en Egipto, y fuimos liberados para ser socios de Dios en ratificar la dignidad humana y transformar al mundo. Pesaj/Pascua es la festividad de primavera que celebra esta historia. Dura siete u ocho días (dependiendo de las tradiciones que se respeten) comenzando con la celebración familiar del Seder alrededor de la mesa, que es lo primordial. El Seder involucra la narración y presentación de la historia del Éxodo “como si tú mismo hubieras salido de Egipto”. Uno de los rituales judíos más queridos, combina la narración, el canto, preguntas y alimentos especiales.

Shavuot se celebra siete semanas más tarde, un recordatorio de que la libertad nos lleva al Monte Sinaí y a un pacto con Dios para aceptar las obligaciones de vivir de acuerdo con el plan Divino como una nación de sacerdotes y un pueblo sagrado. Y Sukot se celebra en el otoño, cuando la tradición incluye vivir durante una semana en una frágil choza al aire libre, recordando el largo viaje por el desierto, la pobreza, vulnerabilidad y ansiedad, junto con la esperanza de llegar a la Tierra de Israel. (Muchos judíos no sólo comen en la suka, esta choza temporal, sino que también duermen y estudian allí, pero la mayoría de los judíos que en la actualidad celebran esta festividad sólo comen en la suka.)

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Días de temor

Dos días sagrados conectados entre sí no tienen una base histórica sino que están dirigidos sólo al interior de la persona. Rosh Hashana, el Año Nuevo judío, que se celebra en el otoño, comienza un proceso de renacimiento: es el nacimiento del mundo y la hora de reflexionar sobre quiénes somos y qué significan nuestras vidas. Los judíos participan en servicios religiosos intensos y prolongados en los cuales se nos insta a mirar hacia adentro y hacia nuestras acciones. Teshuvá (con frecuencia traducido erróneamente como “arrepentimiento”, pero que en realidad significa literalmente “retorno”, refleja la visión que de los seres humanos tiene el judaísmo considerándolos inherentemente buenos) es el proceso de “convertirnos” en nosotros mismos cambiando las partes negativas de nuestras vidas. Durante diez días, confirmamos esta auto-investigación. En Iom Kipur, el día final de este periodo de introspección de diez días, los judíos se abstienen de la comida, el sexo y el trabajo, y participan en prolongados servicios con pocas horas de sueño, hasta sentirse realmente en un nuevo lugar. Emergemos con un nuevo compromiso con la vida, con el cambio positivo, y con las acciones buenas en el mundo.

Conmemoraciones sagradas adicionales

Los judíos reflexionan mucho sobre la historia. En realidad, se nos ordena recordar nuestro pasado a fin de fortalecer el sentido de estar en un pacto con Dios, y de nuestra identidad común, y aprender las lecciones morales que provienen de nuestras experiencias.

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- Tisha Be Av (el nueve del mes de Av) nos permite revivir, en algún grado, la terrible destrucción del Templo de Jerusalén y el Estado Judío hace milenios—una tragedia que inició el camino de casi dos mil años de desamparo, dispersión y sufrimiento. La destrucción se describe en los Libros de Reyes y Crónicas, pero la experiencia de jurban, devastación, es capturada poéticamente en el Libro de los Lamentos, que se lee esa noche con una tonada signada por los lamentos, sentados en el piso como forma de duelo.

- Purim tiene su origen en una historia milagrosa, narrada en el Libro de Ester, de una amenaza genocida por parte de Haman, el gran visir de Persia, a los judíos de su Imperio, que puso evitar la reina judía Ester. Se celebra como una festividad divertida, de regocijo, aun cuando describe el tipo de amenaza de exterminio que los judíos enfrentaron muchas veces en su historia.

- Jánuca celebra la victoria a favor de la libertad religiosa y nacional de los macabeos contra los griegos sirios aproximadamente en 165 AE así como la re-dedicación del Templo de Jerusalén, que se celebra con ocho días de encendido de velas, canciones y celebraciones familiares.

- Yom HaShoah, para conmemorar el Holocausto en Europa bajo el régimen nazi en la década de 1940, se recuerda poco después de Pascua, para recordar el levantamiento del gueto de Varsovia que comenzó justamente en la Pascua de 1943.

- Iom Haatzmaut celebra la creación del Estado de Israel en mayo de 1948. - Iom Ierushalaim celebra la reunificación de la ciudad de Jerusalén en junio de 1967.

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El servicio sagrado a Dios:

Avodat Kodesh

En los días del Templo de Jerusalén, los sacerdotes realizaban la avodá—el servicio a Dios—con ofrendas animales o con la cosecha del pueblo. Cuando se destruyó el Templo, la importancia de la actividad sagrada, denominada mitzvot (mandamientos divinos) adquirió aún más importancia que antes. Aquí tenemos algunos de ellos:

Plegarias sagradas

La plegaria judía se reza tres veces por día, mirando hacia Jerusalén, ya sea como parte de un minian (grupo de oración) de diez personas o en forma individual. Muchos judíos se colocan las palabras de la Torá en cajitas (tefilin) sobre la frente y el brazo cuando oran para que les recuerden que son siervos de Dios. Los servicios de plegarias en la sinagoga también incluyen la lectura pública de la Torá todos los sábados, lunes y jueves, así como selecciones especiales en las festividades y días de ayuno.

Alimentos sagrados

El judaísmo tiene una extensa tradición de reverencia respecto a la comida, limitando lo que ingerimos, cuándo lo ingerimos, cómo lo cocinamos y qué alimentos se deben comer en conjunto. La dieta original de la humanidad, según la describe la Torá, era vegetariana. Después de la historia bíblica del

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Diluvio, se permitió como concesión la ingesta de carne, pero la Torá especifica que si se come un animal, los judíos deben elegir de entre un conjunto muy limitado de animales domésticos, aves y pescado. Por ejemplo, están prohibidos el cerdo y los mariscos. Además, no comemos alimentos provenientes de la caza, y se debe respetar una manera especial de faenar el animal, conocida como shejitá, cuyo propósito es garantizar que se mate al animal haciéndole sufrir el menor dolor posible. No comemos carne con leche (en virtud de la prohibición de cocinar un animal en la leche de su madre, ya que la leche es vida dada por un animal madre), y se debe drenar la sangre porque es una fuerza vital que pertenece a Dios—no la podemos consumir. Y antes de comer, es una mitzvá recitar una bendición, que refleje que el alimento es un regalo.

Lenguaje sagrado

Se reta a los judíos, en sus relaciones con los demás, a ver siempre a la persona o grupo que se encuentra frente a ellos como “imágenes de Dios”. Está prohibido usar lenguaje lesivo (lashon hara). Se ordena escuchar las voces singulares de los demás. Escuchar el dolor y responder con compasión es una mitzvá.

Estudio sagrado

El aprendizaje es el centro del ser judío. Saber leer y escribir es una mitzvá. El estudio de los textos sagrados sigue siendo un regalo precioso. Bar y bat mitzvá, la ceremonia que celebra el arribo a la madurez física y religiosa, generalmente incluye la lectura pública de la Biblia. En Estados Unidos, la pasión judía por aprender se ha extendido, incluyendo a la educación universitaria e incluso a la de posgrado. Muchos judíos aprenden sobre sus

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tradiciones tomando cursos de estudios judaicos en universidades, y lo ideal es el aprendizaje permanente.

Prácticas comerciales sagradas

Una tradición judía sostiene que cuando nos paremos delante de Dios, al final de nuestras vidas en este mundo, se nos preguntará cómo abordamos nuestras prácticas comerciales. No existe separación entre ganar dinero y hacer justicia, o entre cómo tratamos a los trabajadores y el respeto por la ley judía. Las prácticas comerciales judías correctas son éticas y sagradas.

Imitación sagrada

La clave de la tradición judía es caminar por el sendero de Dios, emular la bondad de Dios. Al igual que Dios, se espera que alimentemos a los hambrientos, vistamos a los desnudos, levantemos el ánimo a los oprimidos, sanemos al enfermo, y llevemos la gloria al pueblo judío. Conducta sagrada también significa cuidar al huérfano, a la viuda y al extranjero, y ocuparse de los padres. Un estudiante una vez le preguntó al rabino: “Si todo tiene un objetivo, ¿por qué hay ateos en el mundo?”. El rabino respondió que si alguien tiene hambre o pasa necesidades, está prohibido decir que Dios proveerá. En lugar de eso, debemos actuar como si no hubiera un Dios y ayudar a los necesitados. Los judíos seculares toman este principio muy seriamente, y junto con los judíos observantes han construido una red notable de instituciones y organizaciones dedicadas a mejorar el mundo.

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Práctica sagrada

Los judíos están entrenándose permanentemente para ser socios de Dios en la transformación del mundo. La capacitación adquiere diversas formas. Puede incluir el encendido de velas en Shabat y en festividades, o comer matzá en Pascua según lo ordena la Torá, o poner las palabras de la Torá en una mezuza en el dintel de nuestra puerta. Incluso lo terrenal puede tornarse sagrado recitando bendiciones antes de ingerir comida, o incluso después de ir al baño.

Al nacer, los bebés judíos ingresan al Pacto, el varón a través de la circuncisión. En la pubertad, los niños judíos comienzan a ejercer activamente el Pacto como socios maduros, a través de la ceremonia de bat o bar mitzvá. Las bodas se llaman kidushin, un antiguo sacramento. Los grandes momentos de la vida frecuentemente se acompañan con una bendición, que expresa gratitud por haber sido “preservado con vida hasta este día”. Frecuentemente, se escucha en las ocasiones festivas la frase “Le Jaim”, que significa “¡Por la vida!”. Sin embargo la muerte también es parte de la práctica sagrada. Los funerales se realizan a la brevedad y con simpleza (un ataúd de madera sin clavos), luego les sigue un periodo en el cual los familiares inmediatos reciben el consuelo de su comunidad. Estos siete días de intenso duelo se denominan “shiva”. Durante los once meses posteriores al fallecimiento de un familiar cercano, y en el aniversario de la muerte, es costumbre recitar la oración Kadish, que es una ratificación de la soberanía de Dios, con un minian (quórum para orar).

Historia y tierra sagrada

El brit/ pacto entre Dios y el pueblo judío está sustentado en este mundo y en la historia misma.

La Torá contiene la promesa de que los judíos serán un pueblo noble en su propia tierra y una bendición para el mundo entero.

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Israel

Liberados de la esclavitud en Egipto, a lo que siguió un encuentro pactal en Sinaí, el pueblo judío arribó al hogar. La Tierra de Israel es donde el pueblo judío estableció su identidad y carácter nacional, con un gobierno judío y el Templo de Jerusalén. Los grandes conceptos del judaísmo — monoteísmo, responsabilidad humana, la búsqueda de lo sagrado como socio de Dios—surgieron de la experiencia judía en la Tierra de Israel. El exilio fue considerado un castigo por el pecado, pero la promesa del retorno en las voces de los profetas convenció a los judíos a rezar por su retorno a Israel a lo largo de 1.800 años de exilio. En 1948 se restableció el Estado de Israel como el gran milagro, el derecho del pueblo judío a lograr su liberación nacional y la construcción de su propio Estado.

Si bien existe un gran debate sobre las políticas específicas del gobierno del Estado de Israel, la abrumadora mayoría de los judíos del mundo se relaciona con el Estado de Israel como el componente central de la identidad judía y el cumplimiento de una antigua promesa al pueblo judío. Visitar Israel, ayudar a sustentar su crecimiento y vitalidad, abogar por su defensa—se consideran conductas sagradas en apoyo de la patria judía.

La Shoá (Holocausto)

Comprender a los judíos hoy significa incorporar el recuerdo sagrado de la Shoá (el Holocausto), el asesinato de seis millones de judíos en Europa y la destrucción de las comunidades judías europeas.

Un genocidio de tal magnitud, en el centro mismo de la civilización occidental, sigue siendo un ejemplo sin parangón de la brutalidad humana. Llegar a aceptar dicha pérdida sigue siendo una herida dolorosa y en carne viva para la comunidad judía.

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Las dos respuestas que más se escuchan con respecto al Holocausto son las siguientes:

1) Los judíos no se pueden permitir nunca más ser tan vulnerables. La defensa del Estado de Israel, la lucha contra el antisemitismo, y la defensa de los judíos en todo el mundo son prioridades primordiales para el pueblo judío.

2) Los judíos deben ser testimonio de la justicia y protestar contra la discriminación, el racismo, el prejuicio y los ataques injustos a cualquier pueblo, en cualquier lugar del mundo.

Los judíos sienten la obligación de participar en esfuerzos humanitarios para impedir que se produzca otro Holocausto contra cualquier grupo.

La Diáspora

El sueño del pueblo judío era retornar a la Tierra de Israel. Desde el primer exilio, en 586 AEC, han habido judíos viviendo en otros países. En la época de la destrucción del Segundo Templo, en el primer siglo de la Era Común, la mayoría de los judíos vivían en comunidades en todo el mundo. Durante algunas de las mejores épocas, los judíos fueron miembros activos de las sociedades en las que vivían, siendo líderes políticos, empresarios, maestros y artistas. Pero a lo largo de la mayor parte de su historia, vivieron en comunidades auto-contenidas y autogobernadas. En los últimos pocos cientos de años después del Iluminismo y la emancipación, los judíos se integraron en muchos de los países en los que vivieron mientras permanecían identificados como judíos, como parte de una comunidad diferente. Actualmente, hay tantos judíos en Israel como en Norteamérica. Y siguen habiendo vibrantes comunidades judías en todo el mundo, que representan aproximadamente 20 por ciento de los judíos del mundo. Los judíos de Estados Unidos desempeñan un rol vital como ciudadanos que trabajan para garantizar el pluralismo y la democracia en una sociedad que respeta la singularidad de todos los que viven dentro de sus fronteras.

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Un futuro sagrado

La Tradición judía

El judaísmo avizora con pasión un mundo perfecto donde todos los seres humanos vendrán a la montaña de Dios, donde las naciones no levantarán sus espadas unas contra otras, donde cada ser humano vivirá en paz y dignamente. El judaísmo tiene un sendero que lo conduce allí: Tzedaka: haciendo la justicia de Dios.

Existe un desequilibrio en el mundo, donde algunos seres humanos viven bien y otros sufren. Se debe cumplir a diario la mitzvá de tzedaka, que se traduce como “trabajar por un mundo justo y compasivo”. Realizar donaciones filantrópicas, ayudar a los necesitados, trabajar en pos de la justicia en nuestro país y en el resto del mundo son formas de cumplir la mitzvá de tzedaka. Los judíos son reconocidos como grandes recaudadores de fondos y donantes.

Mipnei Darkei Shalom: siguiendo el sendero de la paz

El Talmud (Gittin 59b) dice que “el propósito de la Torá es promover “darkei shalom”, los caminos de la paz, según está escrito en Proverbios 3:17: “Los caminos [de la Torá] son placenteros y en sus senderos hay paz.”

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Shalom, paz, es un valor central judío. Maimónides (en Hiljot Melajim 10, 12) explica que alcanzamos esta meta a través de nuestra preocupación por los vulnerables, los pobres y los necesitados, no sólo de nuestra propia comunidad sino de todos los pueblos. De hecho, la Torá nos ordena demostrar un amor especial por el extranjero. Cuidar al extranjero que vive entre nosotros nos recuerda que los judíos fueron extranjeros en la Tierra de Egipto. Se recuerda a los judíos que nuestra pasada experiencia de marginalización y sufrimiento no nos debe llevar al egocentrismo o al etnocentrismo sino a preocuparnos por todas las personas hambrientas y alimentarlas, vestir a todos los que estén desnudos, brindar protección a todos los seres humanos, mipnei darkei shalom— porque el judaísmo está comprometido con el camino de la paz.

El Mesías y la Era Mesiánica

Nos dirigimos a algún lugar, y se nos ordena ser socios de Dios para arribar allí. El judaísmo siempre ha creído que un mundo perfecto es posible, aun cuando ahora vivamos en un mundo fracturado. Algunos de los profetas hablaron sólo de una era mesiánica y otros, de una personalidad mesiánica de la Casa de David que restablecería un gobierno soberano y justo sobre la Tierra de Israel y daría cabida a una era de paz universal. Sin embargo, independientemente de cuán lejanos estemos de un mundo perfecto, todos tenemos la obligación de hacer lo que esté a nuestro alcance para acercar nuestro mundo a esa visión. Maimónides asevera que se debe a diario declarar la creencia en la llegada de una redención mesiánica, aun cuando se demore, y que abandonar el sueño de que el mundo puede resultar perfecto significa abandonar la fe. Irónicamente, en el mundo contemporáneo, los judíos seculares han actuado con fuerza para promover un cambio positivo.

Parecen no estar dispuestos a esperar la acción del Dios en el que no necesariamente creen, y por lo tanto se hacen cargo de la responsabilidad mesiánica de transformar al mundo.

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Tikún Olam

Tenemos un sueño en el que la norma es la paz y no la guerra, donde la salud supera a la enfermedad, donde los derechos humanos y la justicia social crean un mundo de igualdad más que de prejuicio. Los místicos judíos describieron esta idea de perfeccionar nuestro mundo con las palabras “tikún olam”, que literalmente significa “reparar el mundo”.

El judaísmo lleva esta creencia de los seres humanos a imagen de Dios a sus últimas consecuencias todos los seres humanos se deben asociar con Dios para alcanzar la redención, sabiendo que la manera en que vivimos nuestras vidas tiene realmente un significado cósmico. Algunos judíos, al ver que Dios no responde, han reemplazado la creencia con la acción, y han ingresado a la arena política, a los sindicatos, y a las organizaciones de derechos civiles y derechos humanos para acercar al mundo a la perfección. En esto, los judíos de toda índole— observantes o seculares, creyentes o ateos, culturales o nacionales— están comprometidos en la empresa de construir una Norteamérica más justa e inclusiva, y perfeccionar el mundo.

El Lenguaje Judío: Algunas palabras que debemos conocer

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El Lenguaje Judío: Algunas

palabras que debemos

conocer

Aliá

Hebreo: ascensión. 1) Leer de la Torá (o recitar una bendición en la lectura) durante los servicios, que se considera un honor (generalmente se dice “recibir o tener una aliá”). 2) Inmigrar a Israel (generalmente se dice “hacer aliá”).

Avodá

Hebreo: trabajo o adoración. En la Biblia, avodá es el servicio sacrificial realizado en el santuario sagrado por los sacerdotes. Posteriormente, avodá se refiere específicamente a la oración, y en términos más generales, al estudio y a los actos de amor y amabilidad. En la actualidad, ciertos judíos comprenden avodá como el servicio al pueblo judío en Israel o la defensa de los judíos en todo el mundo, y la participación en la reparación del mundo para todos los seres humanos.

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Bar Mitzvá

Hebreo: hijo del mandamiento. Cuando un varón judío cumple trece años, está obligado a respetar los mandamientos. También, la ceremonia que celebra la mayoría de edad religiosa de un varón.

Bat Mitzvá

Hebreo: hija del mandamiento. Una niña que cumple doce o trece años está obligada a respetar los mandamientos. También, la ceremonia que celebra la mayoría de edad religiosa de una niña.

Beit Knesset

Hebreo: casa de reunión. Una casa de oración. Un término hebreo para una sinagoga o templo.

Beit Midrash

Hebreo: casa de estudio. Un lugar reservado para el estudio de textos sagrados como la Torá y el Talmud, generalmente una parte de la sinagoga o de una escuela religiosa.

Beit Mikdash

El Templo Sagrado de Jerusalén. El Primer Templo fue construido por el Rey Salomón, según el registro del Libro de los Reyes. Fue destruido por los babilonios en 586 AEC. Después del retorno de los judíos de Persia, se construyó el Segundo Templo que posteriormente fue reconstruido por el Rey Herodes. Los romanos destruyeron el Segundo Templo en 70 EC. El

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Muro Occidental de Jerusalén es la única porción que quedó de dicho Templo y es un lugar sagrado para los judíos.

Brit

Hebreo: pacto. El primer pacto entre Dios y toda la humanidad es posterior al Diluvio. El brit singular para el pueblo judío comienza en el Monte Sinaí, y es reconfirmado en los momentos pactales a lo largo de la historia judía.

Brit Mila

Hebreo: pacto de circuncisión. La circuncisión ritual de un varón judío al octavo día de vida o de un varón convertido al judaísmo. Frecuentemente se le llama bris.

Cábala

De una raíz que significa “recibido”. La tradición mística judía y un cuerpo de trabajos esotéricos que datan del siglo XII sobre la interpretación de Dios, la creación y la Torá según una visión mística.

Conservador

Uno de los mayores movimientos del judaísmo. El judaísmo conservador acepta la naturaleza vinculante de la ley judía, pero cree que la ley puede cambiar. Existen varios seminarios rabínicos conservadores, incluyendo el Seminario Teológico Judío y la Universidad del Judaísmo, y muchas sinagogas conservadoras en Estados Unidos.

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Diáspora

La dispersión de los judíos fuera de la Tierra de Israel a partir del cautiverio en Babilonia (586 AEC.) o las tierras a las cuales se diseminaron. La dispersión principal de Israel se produjo después del último levantamiento judío contra los romanos en 135 EC. El término hebreo para esta dispersión/ exilio es “galut”.

Diez Mandamientos

El judaísmo sostiene que Dios dio a los judíos 613 mandamientos, no meramente diez. (Por supuesto, en la práctica, hay muchos más de 613 mandamientos judíos que cumplir). El pasaje bíblico conocido para la mayoría de la gente como los Diez Mandamientos es denominado por los judíos Aseret ha-Dibrot, diez frases. Si bien son muy importantes y significativas, estas palabras no se consideran más importantes que las otras palabras y textos sagrados de la tradición judía.

Emuná

Hebreo: fe o creencia. El sabio del siglo XII Moisés Maimónides formuló trece principios de fe, y otros filósofos judíos medievales crearon sus propias listas de creencias cardinales, pero el judaísmo no tiene un catecismo de fe.

Erev

Hebreo: atardecer (víspera). El atardecer, marcado por el ocaso, es la porción del ciclo de veinticuatro horas en que comienza el día judío, debido

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a la descripción de la creación en Génesis 1, “Y hubo atardecer y hubo mañana.” Así, si un calendario judío dice que Iom Kipur es el 25 de septiembre, la víspera de Iom Kipur, la primera parte de Iom Kipur, cae en la tarde del 24 de septiembre.

Guemará

Hebreo: la terminación. Un comentario a la Mishná, que registra los muchos debates y discusiones que tuvieron lugar entre los rabinos de Babilonia (y Palestina, para el Talmud de Jerusalén) en los siglos III a VI. La Guemará y la Mishná juntas componen el Talmud.

Haftara

Hebreo: conclusión. Una lectura de los Profetas, que se lee después de la porción de la Torá, todos los sábados por la mañana y en las festividades.

Hagada

Hebreo: el relato. El texto leído durante el Seder de Pascua, que relata la historia de la festividad y alaba a Dios por la liberación de la esclavitud.

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Halajá

Hebreo: el camino por el que uno anda. Las tradiciones o ley judía. El cuerpo completo de reglas y prácticas que respetan muchos judíos, incluyendo los mandamientos bíblicos, los mandamientos instituidos por los rabinos y las costumbres obligatorias. Existe una gran diversidad respecto de qué significa la halajá hoy.

Havdala

Hebreo: separación, división. Un ritual que marca el fin de Shabat o de una festividad.

Idish

El idioma internacional de los judíos asquenazí, basado principalmente en el alemán, con palabras tomadas del hebreo y de muchos otros idiomas, y escrito en el alfabeto hebreo. Existen muchos dialectos de idish.

Iom Haatzmaut

Día de la Independencia de Israel, que generalmente se celebra en mayo, conmemorando la declaración del Estado Judío en 1948.

Iom HaShoah

Día de Recordación del Holocausto, que generalmente se recuerda en abril, conmemorando el comienzo del levantamiento del gueto de Varsovia.

Referencias

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