LA EVALUACION EN LA EDUCACION INFANTIL Por:
Virginia Quintero, [email protected]
Estudiante de Maestría en Educación, Universidad del Norte
Ingrid Reyes, [email protected]
Licenciada en educación infantil, Universidad del Norte Estudiante de Maestría en Educación, Universidad del Norte
RESUMEN
La evaluación está presente en todos los ámbitos de la vida y en la educación infantil debe ser concebida como un proceso integral, puesto que evidencia los intereses, los hábitos, destrezas, habilidades, competencias y desarrollo general de los niños, además permite la posibilidad de prever lo relacionado con los procesos académicos para hacer la reestructuración pertinente en aras de mejorar o alcanzar los estándares de calidad. El proceso de evaluación debe responder a unas funciones que pueden ser de tipo formativo o sumativo y en el contexto global, ésta apunta hacia unos enfoques: el técnico, enmarcado en los resultados, el práctico que se enfoca en la comprensión de los procesos y el emancipador que implica la transformación personal y social.
PALABRAS CLAVE:
ABSTRACT
The evaluation is present in all ambits of life and in the education must be conceived like a integral process, since evidence the interests, habits, skills, habilities, competence and kid´s general development, besides let the possibility to foresee all academics process to make the restructuring relevent for make better or reach the qualities standard. The process of must answer to some functions that can be formative or summative kind and in the global context. this pointing to some approach: the technical, frame the results, the practical that frame the comprehension to the process y the emancipatory that implicate the personal and social tranformation.
KEY WORDS:
Evaluation, formative process, evaluation approach
La evaluación es un proceso formativo e integral, que posibilita el desarrollo de destrezas de pensamiento, éstas son de tipo complejo e involucran la capacidad que el estudiante desarrolla para analizar, razonar de forma lógica, solucionar problemas y tomar decisiones, atendiendo a la visión de mundo por parte del evaluador.
Malagón (2005) afirma que la evaluación en el nivel preescolar tiene un enfoque de tipo cualitativo con algunos elementos cuantitativos, específicamente, desde los procesos de medición, por lo tanto, la evaluación debe estar inmersa en todo proceso de planeación y además, debe estar presente en la didáctica del quehacer pedagógico.
Lemer y Palacios, (1992, citado en Malagón, 2005) señalan que la evaluación nos ayuda a conocer el punto de partida de los niños en relación con los aprendizajes esperados y, de este modo, anticipar el trabajo futuro en clase, así como, mirar retrospectivamente la actuación de los estudiantes y la labor de los docentes.
La evaluación está constituida por unos criterios que de antemano deben ser conocidos por los involucrados, es decir, por aquellos que estarán sometidos a este proceso con el fin de que haya claridad acerca de lo que será evaluado. Ellos nos permiten describir cualitativamente los distintos niveles de logros o ideales que se deben alcanzar (Díaz, 2005). También se debe analizar los enfoques de la evaluación para así determinar la intención que busca cada uno de ellos.
En el enfoque técnico se resalta una visión positivista, la cual apunta a la perspectiva de la objetividad, específicamente, al hacer uso del conocimiento, por su parte, el enfoque práctico, referencia una visión comprensiva, distinguiendo que el comprender está por encima de medir, y la visión emancipadora, invita a la autorreflexión, a la toma de conciencia del mundo y a la autonomía individual.
Un aspecto muy importante de la evaluación es que al iniciarla, se debe partir de la siguiente inquietud ¿Para qué evaluar? Esto se relaciona al paradigma que se tenga, el cual varía de acuerdo a las pretensiones acerca del ser humano que se quiere formar.
En los años preescolares, la evaluación se enmarca con la necesidad de aplicarla al inicio del proceso, durante y al final del mismo. Esto conlleva afirmar que más que evaluar, se debe gestionar, por parte de los que trabajamos a favor de la Primera Infancia, una cultura de evaluación, lo cual incita a una aplicación de carácter permanente, continuo y participativo, donde las acciones de los niños, pueden dar pistas alrededor del que hacer formador del docente.
Se puede hablar de una evaluación de tipo global, cuando abarca el conjunto de competencias en el proceso enseñanza-aprendizaje, también si cumple con las características de que sea continua, reguladora, orientadora y autocorrectora del proceso educativo. En este sentido, permite la información constante para dar respuesta a los objetivos y a la intervención educativa. Es cualitativa, porque otorga información puntual para la toma de decisiones, frente a las instancias educativas, la cual debe ser contextualizada, es decir, referida al entorno en que se desenvuelven los niños, siempre desde la óptica individualizada, porque se reconoce el desarrollo y el ritmo de cada uno de los estudiantes.
Darle una mirada a esos momentos de la educación infantil, planteados por Gallego (1994), permite comprender que cuando se trata de evaluar procesos que involucran a los niños, la evaluación debe tomar un carácter permanente, más que en cualquier otro contexto evaluativo, es así, como la evaluación Inicial o diagnóstica, cobra importancia al momento de analizar todas esas acciones que involucran no solo, lo que sabe el niño, sino el conocimiento de su entorno familiar, estado de salud, psicológico, avances en su desarrollo, actitud del docente y todo lo que implica el proceso enseñanza-aprendizaje, al inicio de un ciclo o frente a un nuevo proceso de aprendizaje.
En Educación Infantil es determinante comprender que la evaluación es y debe ser formativa y no el interés calificador y de promoción lo que prima, sino la óptima mirada a los procesos enseñanza-aprendizaje, cuidado, atención, lúdica, participación, procesos evolutivos y la integralidad misma de los niños.
Gómez (1989) afirma que evaluar en esta etapa no significa “calificar” sino que evaluar, nos permite verificar la pertinencia de la acción educativa y contribuir a mejorar su calidad. Esto hace referencia a la visión comprensiva-Práctica, anteriormente, mencionada.
La evaluación procesual o formativa es aquella que se lleva a cabo a lo largo de todo el proceso, Peralta (2001) afirma que “se realiza de manera continua a lo largo de toda la práctica pedagógica, aportando nuevos elementos en relación con el aprendizaje de los niños y respecto de cómo se realiza el trabajo educativo en las distintas situaciones de enseñanza-aprendizaje” (p. 107), siempre para generar los ajustes pertinentes en la intervención pedagógica.
La evaluación final o sumativa, es por su parte, aquella que recoge momentos de reflexión frente a todo lo que se ha alcanzado en el desarrollo del niño, dentro de un ciclo, culminación de un temática, proyecto o una unidad pedagógica.
Esta evaluación sumativa suministra el grado de dificultad o las oportunidades que está manejando el estudiante, con lo cual enfrentará el siguiente ciclo formativo, además, conocer qué tipo de avances ha tenido el niño en el proceso de aprendizaje y desarrollo, desde la evaluación
inicial y durante la procesual, hasta llegar a la finalización de una temática o proceso y qué tan preparados están, para pasar a otro ciclo de mayor complejidad.
El compromiso por parte de aquellos que participamos en los procesos de enseñanza-aprendizaje de los niños, nos invita a reflexionar sobre la importancia de evaluar en Educación Infantil, especialmente, en todas las implicaciones y la claridad sobre el tipo de paradigma asumido para que le dé fundamento al enfoque, a los criterios y a las funciones de la evaluación.
Es necesario y obligatorio que se faciliten unos espacios evaluativos permanentes en las instituciones educativas para que los administrativos, docentes, y estudiantes, experimenten procesos de autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación, propiciando, así, una cultura de evaluación, que apunte hacia la calidad educativa para la Primera Infancia.
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA:
Díaz, F. (2005). Enseñanza situada: vínculo entre la escuela y la vida. México: McGraw- Hill. Gallego, J. (1994). Educación Infantil. Málaga: Aljibe.
Gómez, O., Carretero, M., Castillejo, J., Costa, A., Gairín, J., García, J., et al. (1989). Pedagogía de la escuela infantil. (pp 340). Madrid: Santillana.
Malagón, M. (2005). Las competencias y los métodos didácticos en el jardín de niños. (2ª ed.). México: Trillas.
Peralta, M. (2001). Ministerio de Educación Bases Curriculares de la Educación Parvularia. Santiago de Chile.