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OBISPO DE BARCELONA.

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SERMONE.S

DEL

ILUSTRISIMO SEÑOR

DON .JOSEPH CLIMENT

OBISPO DE BARCELONA.

TO M O 1.

Se dan á luz, como las pláticas dominicales, de

cu~ta

y ábeneficio del Colegio ó Casa de Huérfanos de Castellon de la Plana, fundado

.por S. S. l.

CON PRIVILEGIO.

BARCELONA: EN LA OFICINA DE BERNARDO PLA.

MDCee.

(3)

. INDICE

DE LOS SERMONES.

T o M O l.

Sermon1. DE SAN VICENTE MÁRTIR: Dios obraba en el martirio de Vicente, cuya fortaleza vence ála bárba~

ra fiereza de Daci~lllo. Pago 1.

n.

Del mismo:Gran beneficio que hizo el Santo á Va- lencia con ir á padecer y morir en ella:deb~n los valencianos imitar á sus mayores en la correspon- dencia, 15.

III. DE SAN PRANCISCO DE SALES: Quan liberal fué Dios con Francisco, y quan obsequioso el Santo para con Dios, 28.

IV. DE SAN PEDRO NOLASCO: Fervor con que amó á Dios: ternura con que amó á los próximos, 42.

V:

DE SANTO TOMAS DE AQUINO: Tomas con las lüces de la razon venció la cegüedad del apetito,y Diosle concedió en premio de la victoria la gloria del ma..

yor triunfo, 57.

VI. Del 'mismo: Ardió en caridad) y alumbró_al mun- do con su sabiduría, 76.

VII. Del mismo: La recta intencion con que dirigió to- das sus obras á la mayor gloria de Dios se descubre en su· penitencia, humildad y caridad, 97.

VIII. Del mismQ: Fué modelo de mansedumbre y de hu mildad, 1 1 6 . ' .

IX. DE SAN BENITO:Fué fiel en seguir al Señor: solícito en que otros le siguieran: y feliz en que Christo le premiara, 13~.

X. DE LOS DOLORES DE MARÍA SEÑORA NUESTRA: Fineza fidelidad y firmeza con que amóáJesus perseguido'

crucificado y muerto, 1,53. '

XI. DE SAN VICE"~TEPERRER:Fué un humilde Jl1agnáni- mo, YUIl pelUtente afable, 169.

XII.

(4)

XII.

Del mismo: Oérigo perfecto, fué con sus buenas obras la edificacion de los fieles, 187.

XIII. D..:l mismQ: Heróica piedad con que Vicente hon.

1'ó y benefició ásu patria, 206.

XIV. DE SAN FRANCISCO DE P./JULA: Inmensidad de su gracia en el último instante de su vida: elevacion de su gloria en el primer instante de su muerte, 272. .

XV. DE LA VÍRGEN DE LA BUENA GUÍA: María santísima es por especiales razones madre y abogada de los Pescadores, 241.

XVI. DE SANTA CATALINA DE SENA: Hizo la Santa las mismas obras que

J

esu-Christo ,y mas de 10 que hizo Jesu-Christo, 256. .

XVII. DE LA IN"'ENCION DE LA SANTA CRUZ:La cruz glo- riosa á]esu-Christo , y provechosaá los hombres, XVIII.274·DE SAN FELIPE NERI:El Espíritu Santo hizo en.

Felipe lo que en los apóstoles; y Felipe hizo con la . gracia del Espíritu Santo lo que hiciéron los após-

toles, 293.

XIX. Del ¡nismo:De la humildad del Santo, 311.

XX. DE SAN PIO P.: Fué templo del Espíritu 'Santo por la pureza del alma, por la rectitud de sus inten- -ciones.7 y por la fortaleza de sus obras, 328.

XXI. Dk ~AN BASILIO: Fué luz del mundo, en compe- tencia de lás sombras, disipándolas; y en concurso de otras luces excediéndolas, 353.

XXiI. D'E S6NJU~1N BAUTISTA: Debemos admirarnos al oir las maravillas que obró Dios en su nacimie'nto:

debemos regocijarnos al oir las gracias que para bíen del mundole-comunicó el cielo, 371.

XXIII.

DE SAN PEDROy SAN P.tlBLO: Mérito y premio de la cOl~fesionde 10.5 dos apóstoles.

SER-

(5)

S E R M O N IX.

D E S A N B E N 1 T O. (*)

Ecce nas . .• secuti sumus te: ¿quid ergo erit nobis

'?

Matth. c.

XIX.

v. 27.

1 Quien camina sin guia por una áspera é intrin- cada s€l1da está expuesto al riesgo de perderse. Por mas que le hayan instruido, encontrando á cada paso con encrucixadas y dificultades no previstas, ó temero- so retrocede, ó impaciente registra con la vista , y aguarqa algun pastor ó pasagero que le encamine.

Pero si entre estas dudas y esperanzas se cierra la no- che ique ansia! que congoja ¡que desesperacion!' Re- niega d~ su temeridad, fatigado se reclina sobre las piedras, hastaque con la luz del dia puede volverse á su posada. Así, Señores) caminaban los hombres en este mundo ántes de la venida de Chrino Señor nues- tro. Casi todos ciegos entre las tinieblas de la gentili- dad, se iban sin pensarlo al camino del infierno; Ó para decirlo con el Espíritu Santo, por un oculto pero justo juicio, abandonó Dios á todas las- gentes, y las dexó sin remedio en el camino de la perdicion: Dimi- sit gentes omnes ingredi vías suas l . Solo en los estre- chos términos de la Judea era conocido el Dios verda- dero: solos los Israelitas tuviéron en el dee:álogo un como itinerario para el cielo.Yaun con esto casi siem- pre Ó llevados de su perversa inclinacion, ó atraidos dd mal exemplo de los pueblos vecinos, entregándose á los viciosy ála idolatría se déSviaban del camino de la virtud. Sentía Dios ver descarriadas las oyejas del

reba- (*) Predicado en el convento de la Zaidia á 15 de abril del año J736.

1 Act. c. Xlr. 'V. J~.

(6)

>

DE SAN BENlTO. J33

rebaño de su querido Jacob, y de tiempo en tiempo enviaba al mundo algunos pastores Ó profetas, para que las advirtieran sus errores y extravíos. Cuidado, cuidado, clamaba Tsaías, deteneos, volved al camino, no declineis á la diestra, ni á la siniestra 1: Htee est vía, ambula te in ea, & non deelinetis ad dexterarn ne- que ad sinistram. Pero eran poco atendidas sus voces 1 porque las luces proféticas de que iban acompañadas no bastaban á alumbrar la ceguedad de aquellos en- tendimientos. Eran estas luces precursoras de aquellas, cuya claridad, dice el evangelista san Juan, llenarüb todo el mundo. Solo el corazon mas fino que el iman podria seguir el norte, Óla estrella de Jaeob, ántes de nacer. Vivian los justos de Israel en el crepúsculo de la mañana, y conociendo que eran aquellas luces del sol de Judá, suspiraban y anhelaban que se dexara ver resplandeciente.. Ya es hora, deCian %Ó Gran Dios de Abrahan, de Isaac y de J acob , ya es hora que ama-

ne~cael sol, lluevan las nubes al Justo, ábrase la tier- . 1'a, y brote al señor Salvador, un fruto tan saludable, que sea triaca al veneno de la fruta del paraiso. AC<ibe- se ya, Señor, la guerra que desde el pecado de Adan por espacio de quatro mil años ·hacen los hombres re- beldes á vuestra soberanía.

2 A estas súplicas de los justos israelitas añadió el profeta Daniel 3 ayunos, cilicios, ásperas penitencias, lágrimas y gemidos, para alcanzar de Dios se anticipa- ra el tiempo de la venida del Mesías. Y con efecto.:

pues desde el principio de sus ruegos, como le dixo el ángel expidió el senado de la beatísima Trinidad el de..

creto de que en breve se diera cumplimiento á las pro- fecías, se ungiera el santo de los santos, y viniera al mundo el rey pacífico, que mediara y _ajustara la paz entre Dios y los hombres. Y así como los reyes de la tiena despues de singrientas guerras ,para mayor fir-

meza

1 1 ' %1 8 l D .

'. sauec. xxx. '/J. 21. sa,C.')CLYI. '/J. •. ano e.IX. '/J.3~

(7)

134 SERMON' IX.

meza de las p,\ces tratan. mutuos recíprocos matrimo~

nios : así tambien la infinita bondad del rey de los cie- los, para reconciliarse para 'siempre con los hombres se dignó unir en estrecho indisoluble vínculo su Divi- na con la humana naturaleza; ó para. decirlo con el señor santo Tomas de Aquino

1,

se dignó contraer ma- trimonio con ella, A este fin no buscó en los palacios de los emperadores del mundo para esposa del Espíri- tu Santo y Madre del Divino Verbo alguna muger, cuyas riquezas, magestady hermosura pudieran llenar las medidas del mas ambicioso Ó desvanecido: ni mé- nos buscó alguna de aquellas deidades, que fingiéron los gentiles para esposas de sus falsos dioses. Eligió Dios entre todas las hijas de David la mas pobre de bie.lleS de fortuna, pero la mas rica de virtudes, la mas humilde, pero la mas magnánima, la mas hermosa, pero la mas recogida, la mas discreta, pero la mas modesta, en una palabra, á María Santísima señOi"a nuestra, asombro de la gracia y de la naturaleza.

3 Bien hubiera podido Dios, como supremo señor de lo criado, efectuar su designio, sin esperar el ca1\.- sentimiento de María; pero no quiso por las razones que alega el angélico Doctor. Era conveniente, dice el SantoZ , que se le anunciaraáMaría el misterio de la Encarnacion, para que fuera testigo de ella, para ma- yqr crédito de su humildad, y paraque interviniera María como apoderada de toda la naturaleza humana en este contratoÓespiritual matrimonio. Por eso envió el Altísimo desde la corte del cielo al arcángel S. Gabriel, con una solemne embaxada que llenó de admiracioll á María. No ignoraba, como tan versada en las Escritu- ras, que muchas veces habian baxado los ángeles á la tierra, pero á ser venerados de los mas insignes patriarcas; y viendo que Gabriel le manifestaba su in- ferioridad y su respeto, se halló confusa 3: Turbata est

in

J 3' p. q. xxx. a. l. 1n carpo Z Ib'd1 • 3 Lucrec. l. V. 2 ••L:

(8)

DE SAN BENITO. 135 in sermone eius. Y aun se turbó mucho mas, quando le oyó decir que concebiria en sus entrañas un hijo:

porque deseaba obedecer los órdenes del cielo; pero no queria quebrantar el voto de virginidad, que tenia hecho. No dudaba, segun el sentir de san Ambrosio, lo que el ángel le decia; pero ignoraba el modo: Quo- modo fiet ist[¡d. Y apénas le declaró el ángel que se efectuaria el misterio sin menoscabo de su virginidad, Erorumpió en aquellas palabras: Ecce anci/la Domini, fiat mihi secundttm verbwn tltUm: en mí tiene el Señor una esclava, hágase en todo su voluIl;tad.

4 Entónces se horrorizáron los demonios al sospe- char que aquel consentimiento era el fallo de la ruina de su imperio: entónces se regocijáron los cielos por ver que se abrian sus puertas, para admitir nuevos ciudadanos: entónces cantáron los ángeles alegres cán- ticos de alabanza de su nueva reyna: entónces se des- posó el Espíritu Santo con María: entónces el Hijo del Padre Eterno baxó sin dexar por su inmensidad los cielos, á hacerse hijo de María en sus entrañas. En el mismo instante que dió la Vírgen Santísima su consen- timiento, de una porcian de s,u preciosísima sangre se formó con el infiuxo solo del Espíritu Santo un hen:no~

so cuerpo, que animado con una perfectísima alma, se unió á la segunda persona de la Trinidad Beatísima.

De estas dos naturalezas Divina y humana realmente distinctas entre sí, unidas en una Persona Divina se constituyó, y de hecho se constituye Christo Señor nuestro, verdadero Dios y verdadero hombre. Verdad€- ro Dios, engendrado desde la eternidad) igual en todo y consubstancial al Padre Eterno. Verdadero hombre, compuesto de cuerpo y alma , semejante á nosotros no solo en las perfecciones, sino tambien en los defectos, á excepcion de aquellos , que Ó inclinan al pecado, 6 retardan de la virtud. Por mas que sean dos las natu- ralezas de Christo, por ser una sola la persona, se ve- lífica que Dios es hombre, y que el hombl'e es Dios:

se

(9)

6

e

r3 6 SERMOS IX.

se afir:nan con verdad del hombre todos los atributos de Dios) y de Dios todas lai propriedades del hombre.

S Aunque quisiera dilatúme mas, no podria daros :una perfecta noticia del misterio de la Encarnacion;

porque no solo es incomprehensible á nuestras capaci- dades, sino tambien álos sublimes entendimientos de los mayores padres de la Iglesia. Mejor puede perci- birse la dicha y el provecho que nos acarrea este mis- teriO, aunque no dexa de ser inefable: ¿porque quien Uega á comprehellder todas nuestras miserias y tOda la, infinita magestad de nuestro Dios, para poder explicar la fineza que nos hizo en unirse con nuestra naturale- za? Solo este símile podrá darnos alguna luz. Si un mo- narca absoluto de las quatro partes del mundo jóven, galan, entendido, partiera su tálamo y su imperio, ele- vara á su trono, eligiera por esposa entre todas Una mu- ger fea, loca, infame, tmpe, monstruosa y abominable en el alma y en el cuerpo; y no engañosa ó indelibe- radamente, sino con acuerdo,y despues de una madura reflexlon, ni por otro fin, que por librar aquella J~1U­

ger de la muerte: ¿no se pasmara el mundo? ¿No ex- clamaran todos: jO príncipe piadoso! iO feliz fealdad de muger! Siendo pues infinitamente mayor la distan- cia que hay entre Dios y los hombres, que la que pue- de haber entre dos criaturas, con mayor razon debe- mos exclamar agradecidos y admirados: iO infinita benignidad de nuestro gran Dios! jO feliz culpa de Adan! Que dió motivo ,á que el Omnipotente y Sobe- rano se aniquilara, como dice san Pablo', ó se hiciera nada, haciéndose hombre: Seipsum exinanívit, formam serví accipiens, habitu inventus l-tt hamo. Y no por librarnos de la muerte del cuerpo, sino para darnos la vida del alma: no solo por engrandecer á su madre María, sino para hacernos hijos suyos: no solo por coronarIa reyna en los cielos, sino tambien para dar- nos la corona

de

lagloria.

,1,PhiJip. c. 1I. V. 7.

(10)

DE SAN BENITO. '37 6 Tambien podréis conocer el beneficio que nos 1-1izo Dios en enviar á su hijo al mundo, si os acordais de su infeliz estado ántes de su venida. Ya habeis oido, Señores, que iban torcidas las sendas del mundo., que estaba cerrado el camino del cielo. Creian los hombres que las riquezas eran el único apoyo de la felicidad, que la soberbia era inseparable compañera de la fortu- na, que la humildad era baxeza indigna de un ánimo generoso. Pero apénas nuestro Gran Dios se hizo hom- bre, empezó á clamar, que segun el vaticinio de Isaías debian ya abatirse los montes mas soberbios, paraque los humildes valles se exa.lta.ran: que viéndole pobre y humilde debian los hombres imitarle: que él se ofrecia á enderezary áallanar el camino del cielo: Erunt prava in directa & aspera in vias planas. Ea seguidme, se- guidme, decíaá unos y á otros: Sequere me, sequere me: no malogreis el fruto de mi encarnacion. A estas voces del Señor se manifestó Pedro tan obediente, que sin alegar escusas, le dixo resueltamente: Ea bien, Señor, ya os seguimos: Ecce nos, secuti sumus te. Es de reparar, que no le dixo Pedro, ya os sigo, sino que le dixo, tomando la voz de sus compañeros, ya os segui- mos, dándonos á entender con esto, que por ser cabe- za y primer móbil del apostolado era el primer acree- dor á la fineza de todos. Este obsequio le juzgó Pedro tan agradable á la Magestad de Christo, que sin temer la nota de ambicioso, se atrevió á preguntarle:¿Y que premio tendrá nuestra obediencia? ¿Quid ergo erit

nobis?

7 Esta misma fineza se admira repetida en el Gran Benito, primer Patriarca del Occidente y principal objeto de esta festividad: pues no solo siguió á la Ma- gestad de Christo; sino que por su respecto le siguiéron

¡numerables, mereciendo igual recompensa que Pe- dro. Esta clát1sula del Evangelio dará el asunto á mi

Tom. l. S ora-

lIsa. c. XL. 'V. 4.

(11)

! 38 SERMO IX.

oracion. Intentaré manifestaros en su primera parte, que Benito fué fiel en seguir al Señor: en la segunda que fué solícito en que otros le siguieran, y en la ter- cera que fué feliz en que Christo le premiara. Los ad~

mirables exemplos de su heróica virtud deben provo- caros á la imitacion , los saludables documentos de su doctrina deben alumbrar vuestros entendimientos; la felicidad de su gloria debe alentar vuestras esperanzas.

y él veo que no son mis palabras eficaces para producir en vosotros estos efectos; per~ confio que el Espíritu Santo por la intercesion de María su esposa suplirá con su asistencia mi tibieza. Os hallais, ó soberana Reyna, empeñada á favorecer mis súplicas, ya que acuerda en este dia la piedad una de vuestras mayores glorias jun~

tamente con las de .Benito, ya que por haberme dete- nido en admiraros Madre de nuestro Gran Dios, no puedo dilatarme en elogio de Benito, no desmerezca por corto, supue.sto que vuestro gran poder no se mi- de con el tiempo, sino con el cúmulo de gracias de que os. llenó el ángel , quando os dixo: A V E M A R 1 A.

Primera parte.

8

.1.~_unque

el destino de la venida de Christo al mundo rué dirigir á los hombres en el camino de la verdad, tratando y comerciando con ellos, con todo nos dió áentender) que este camino guia hácia al de- sierto y la soledad, y nos aparta del comercio y com- pañía de los hombres; pues quantas veces 10 permitió el ministerio de su predicacion, disgustado, como dice el angélico doctor

1,

del bullicio y vanidad del mundo, tomó la retirada del monte ó del desierto. ¿Que alaban- zas no dió Christo á su primo el Bautista al verle ana- coreta en los desiertos de Judea? Le pareció poco lla-

mar-

1 3.p. q. XL. a. r.

(12)

~SAN BENITO. 13"9

¡narle profeta; le eligió su precursor y le hizo en el Jardan primer testigo de vista de su divinidad. Igual elogio al del Bautista se merece Benito,. por haberle con tanta perfeccion imitado. Desde sus primeros. años quiso percibir el fruto de la encarnacion del hijo de Dios, que en sentir de san Pablo se halla reducido al retiro del siglo I : Qui dedit se1Y'.etipswn pro peccatis nostris ut eriperet nos de prtesenti sceculo nequam. Siglo en verdad malvado para todos; pero tanto m:;lS enga- ñoso pa-ra Benito, quanto mas alhagüeño. La. nobleza de sus ascendientei senadores y cónsules romanos ala- gaba su vanidad: la viveza y perspicacia de su enten- dimiento era infalible pronóstico de su fortuna: brin- daban su apetito los placeres sostenidos. del poder, de las riquezas,. y del mal exemplo de tantos jóvenes diso- lutos: delante de sus ojos se l~ abría un camino todo sembrado de flores,. que guiaba al precipicio.

9 ¿Quien creyera, Señores,. que no habia de caer Benito en estos lazos? ¿Quien creyera que habia de vol~

ver la espálda á la fortuna, quando se le manifestaba mas risueña? ¿ Quien creyera que en tan tierna edad, á pesar de todos sus sentidos, habia de conocer COIl

Isaías,. que todas las delicias yglorias de este mundo son flores del campo que se marchitan? Z Et omnis gloria eius quasi fios agrio ¿Quien creyera que ála pri- mera inspiracion del cielo, habia Benito de salirse del mundo? Quanto mas me detengo en este primer paso de la vida de Benito tanto mas me admiro: Perpendo plane, diré con S. Gregorio 3 el Grande, & veheme1lter stHpeo :porque advierto que nuestro Santo no fué co- mo aquellos que se apartan del mundo áfuerza de de- sengaños,. ó á violencias de la necesidad,. 6 de una ad- versa fortuna,. de quienes no tanto puede decirse que dexan al mundo, como que el mundo eúojado con e110s

S z los

1 Ad Galar. C.I.V.I. Z Isaire c.xL.v.6. J In vita S.Bened..

lib. 2. dialogo

(13)

140 SERMO n:.

los arroja de sí. Jamas vió Benito ayrado el rostro de la fortuna, se miraba circuido de opulencia, de fausto y de magestad: ni fué como aqUellos que salen del siglo con tal tropel y tumulto, que su retiro tiene mas visos de ser áimpulsos de un espíritu precipitado, que á be- nignas apacibles influencias del cielo. Siguió Benito la voz de Dios, que manda por Isaías se execute con pre- meditacion y con el mayor acuerdo. Non in tumultu exibitis, nec in fiega properabitis; prcecedet enim vos DJmlnus •. No fué como aquellos, que huyen de los.

trabajos y buscan los regalos del mundo, que se aco- gen á los. claustros como á un puerto de deseansq y.

de comodfdad, que conservando con el amor propio el afectoá todo lo que es conforme ásu genio, sola- mente sacrifican á Dios como aquel hermano de Abel"

lo que no les agrada. Benito dexó en el mund0·todos los afectos del mundo, buscó en una inaccesible roca una cueva" para constituirse superior á los consuelos·

y á las necesidades de la naturaleza, alimentándose de un poco de pan, que le subministraba con pena, y de quando en quando, el único confidente de su peni-

tencia.

10 Vehementer stupr:o) vuelvo á decir con Grego- .ri6, me pasmo, Señores) al representárseme Benito,.

todo su nermos'O cuerpo denegrido, vestido decerdas~

cuyas puntas, cuyos ásperos ñudos, mas le atormen- tan que le cubren. Reparo que para otros solitarios filé honesto desahogo la blanda corriente de los arroyos>

eldulce canto de las aves, y el verdor de los campos;

vuelvo la vista) y veo que de la horrible funesta cueva de Benito solo se percibe un pedazo de cielo. Ve he- mentir stupeo, me pasmo al: considerar á Benito dentro de aquel sepulcro tan muerto al mundo, que no acier,- ta á distinguir los dias ylas noches) sirviéndole como de luces las mismas tinieblas. ~ Sicut tenebrce eius , ita

& turnen ez"tes. Ocupado todo su pensamiento en la eter-

I lsaire c. LII. 'V. 12. 2. Ps. CXXXYIlI. OV. 12 ..

(14)

>

DE SAN IrENITO. 14r

eternidad, pierde la sucesion de los tiempos, ni aun sabe quando se celebra el dia de pascua. Poseído de todo el espíritu de Christo, y adorándole á un mismo tiempo en todos sus misterios, no quiere separár ni la solemnidad, ni el órden. Cree que para un pecador no debe haber ni alegría ni fiesta, que todos los días de- ben ser dias de lágrimas y penitencia. Así Benito sin tiempo) sin pais, sin comercio, anticipadamente ciu- dadano del cielo, vive solo en Dios, con Dios) y para Dios. Ni se acuerda Benito de los hombres, ni los hombres se acuerdan de Benito; sola la divina provi- dencia vela sobre Benito. Parece que oygo aquella voz celestial, que perturbando el regocijo di! U11 sacerdote vecino le acusa su impiedad: Tú, le dice Dios, te pre- paras un banquete, y mi siervo desfallece en esas gru- tas vecinas: T¿t tibi delicias paras, & servus meus Jame torquetur. Va corriendo el sacerdote entre valles y riscos, y á costa de mucho trabajo encuentra la cueva., en donde Benito acosado de hambre apénas respira los últimos alientos de su vida. Convídale el nuevo hues- ped con el regalo, y nuestro Santo estaba tan bien ha- llado con el desfallecimiento, que se resistió por tres veces, hasta que advertido, de que iba enviado del cielo, tomó con el alimento algunas fuerzas, para volverlas á perder al rigor de las penitencias.

1 1 Por tres áños estuvo nuestro Santo anacoreta en aquella gruta. Una oracion continua y fervorosa le hizo perder el afecto, y aun la memoria de las COSél'S terrenas. Cien veces todos los dias con la penitencia purificaba su corazon, nada manchado con la culpa, .para ofrecerle á Dios un sacrificio agradable. De las mismas rocas formó como un terrapleno ó baluarte contra los asaltos del siglo; con todo estuvo á pique de rendirse á una tentacion, y perder en el desierto la inocencia, -que habia conservado en medio del mundo.

El demonio de la impureza, como refiere san Grego- rio, esparce un no sé qual veneno en aquella gruta.

Un

(15)

'42 SERMON IX.

Un páxaro infernal volando á su rededor, inficiúna 'el ayre que respira. Túrbase nuestro Santo, sien,te que' su fervor se enfria, que se obscurecen las luces de su ra- zon. Del fondo de sus sentidos mortificados se eleva á la superficie del alma un craso vapor, la memoria le representa ásu disgusto la imágen de una belleza vista ya tiempo ha en Roma. Este mortal pensamiento

fo-

menta un deseo importuno, de este deseo nace 1.111 se- creto disgusto de la soledad. Vos lo permitisteis, Ó

Dios mio, paraque con la experiencia de su flaqueza, y con el reconocimiento de vuestra piedad se uniera mas estrechamente con Vos, y para dexarnos un escar-

miento á nuestra facilidad. ' .

12 Una vista tal vez inevitable, sin designio ni malicia, pudo hacer templar una de las mas fuertes columnas del christianismo; y nosotros creemos que podemos exponer sin peligro nuestra débil virtud

á

tentaciones voluntarias. En vez de contener con una sabia y modesta circunspeccion nuestros ojos, les abandonamos continuamente á una vaga indiscreta curiosidad. Se c€lebra ya la viveza de aquellos, que con alguna superficial decencia de palabras encubren sen- tidos deshonestos. Todos los dias se emplean en comer- cios de complacencia ó de lisonja, con los quales se encienden recíprocamente, como dice Tertuliano, las cent€llas de la impureza. ¿No es esto un esconder el

f~ego en el propio seno, un caminar sobre las brasas, segun el lenguage de la Escritura, ypretender no que- marse? l . Numquid potest horno. ... ambulare super prunas, ut non cumburantur plantee eit~s?

13 Bien léjos está Benito de estos incendios, y has- . ta su cueva llegan las llamas; pero puede apagarlas, porque tiene bien mortificados los sentidos, y bien me- recida la asistencia del cielo. Apénas toca Dios con los auxilios de la gracia á su corazon, como que despierta de un sueño, vuelve en sí, segun dice S. Gregorio :Ad

se-

1 Prov. c. n. 'V. 28.

(16)

DE SAN .BENITO. 143 semetipsum reversus est: advierte rebeldeé inflamada su sangre, y resuelve curar la enfermedad con san- grías, arrójase entre unas zarsas, y revolviéndose en ellas castiga el asomo de un deleyte con una infinidad de dolores. Queda ya Benito no solo sin afectos, sino tambien sin carne y sin sangre. Ya este precioso licor derramado llena de fragancia todos los contornos: ya.

los huesos de nuestro Santo con el fuego de la caridad arden y lucen como una antorcha: ya perciben los pas- tores sus luces, y bublican que habia un nuevo Bautis- ta en el desierto: ya Benito despues de haberse osten- tado fiel en seguir á Chl'isto penitente en el desierto, sale á predicar penitencia álos hombres, y á solicitar que le sigan para poderle decir con san Pedro: Ecce nos secuti sumus te.

J \ '

. Segunda parte.

14 Persuadir la virtud sin practicarla, fué vano designio de los filósofos antiguos: practicar la virtud sin enseñarla, fué empresa propia de los primeros ana- coretas; gloriosa en verdad y muy útil para ellos, pe-:- . ro casi estéril, y de ningun provecho para los otros.

Por sí solos los anacoretas llegan áperfeccionarse tan- to enla virtud, que sin ayuda de otros con sus manos y brazos, como dice Benito en el cap. 1. de su regla, sola manu vel brachio, vencen al mundo, á la carne y al demonio; pero no tienen ni mas plaza ni mas grado, que de soldados en el exércitt> de Christo. Bueno fuera que salieran al mundo á enseñarálos hombres el arte de guerrear contra el infierno: sin competencia e les entregaria el baston de general, y atraidos todos del crédito de su valor ó de su virtud, se alistarian baxo sus banderas. Bien se vió comprobada esta ver ad en el Bautista', y se vió confirmada en Benito. N os dis- gusteis, Señores, al oir tantas veces repetida la com- paracion de nuestro Santo con el Bautista. Porque

¿acaso

(17)

I Mar. c. l. v. 5.

:r44 SERMON IX. I

¿acaso tiene Benito otra mayor gloria que ser semejante al mayor de los nacidos'? Los dos se retiráron á la sole- dad desde sus tiernos años: los dos predicáron el bau- tismo de penitencia con las obras y con las palabras:

los dos siguiéron unas huellas casi del todo borradas, el Bautista de los Elías y Eliseos, Benito de los Pablos y Antonios: los dos animados de un mismo espíritu, llamados á un mismo ministerio, adornados de unas mismas gracias, haciendo patente la inconstancia del mundo, atraxéron los hombres al desierto, preparáron el camino del Señor. Tambien· podemos preguntar á los que iban á la cueva de Benito: ¿que venis á ver?

¿Q¿tid existis videre? ¿Un profeta que descubre los mas secretos arcanos del corazon humano, y anticipa la noticia de los futuros mas contingentes? ¿ Un profeta, qué dócil ála voz del Señor cumple fielmente sus ór- denes? ¿Un profeta? Ma-s que profeta: Ptusquam prophe- tam: pues Benito no solo profetiza) sino que lleÍla del espíritu de santidad y profecía ásus discípulos. Si á la voz del Bautista se commovió la Judea, como dice san Marcos, y todos los Jerosolimitanos confesáron arrepen~

tidos sus pecados: Egredieban.tur ad eum omnis lt{.dea regio, & lerosolymitce confitentes peccata sua: tambien á la voz de Benito se conmovió toda la ItalÍa y se vié- ron los romanos arrepentidos.

15 y aun parece que fué mayor la gloria de Beni- to, que la del Bautista; pues en Judea entónces pacífi- ca no impedia el estrépito de las armas que se oyera su voz.¿Pero qual era el estado de la Italia al tiempo de Benito? La division la habia enflaquecido, la guerra la habia desolado, la heregía la habia corrompido, sus señores €ran tiranos, sus pontífices estaban oprimidos, la idolatría aun respiraba baxo sus ruinas, y si el cul- to de los dioses se habia abolido, quedaban todavía las costumbres de los paganos. Los Godos) los Hunnos, los Er\.llos, y los Vándalos habían llevado á aquel pais de

po-

(18)

DE SAN BENITO. 145 política y de religion la impiedad yla ignorancia. Ro- ma por un justo juicio de Dios era la presa y el despo- jo de tantas naciones bárbaras: aquella orgullosa ciu- dad, que en el tiempo de sus triunfos iba tomando, co- mo e3cribe Salustio, los vicios de los pueblos qúe iba venciendo, en el tiempo de su esclavitud tomaba los vicios no ménos que las leyes de los vencedores. La in_O justicia, la crueldad, la incontinencia reynaban en aquella capital del mundo christiano iO infeliz Italia!

iO infeliz Roma! Pero no, ió feliz provincia, que lo- graste que Benito te librara de la tiranía del Demonio, y ~e conquistara para el cielo! A los impulsos de su ze- 10se desaloja la idolatría, que estaba atrincherada ála falda de un monte, se derriban sus fortines Ó sus tem- plos, y se coloca en ellos el estandarte de la cruz. In- corpora en el rebaño de Jesu-Christo aquellas infelices ovejas, que, ó por la distancia del lugar, ó por el des- cuido de sus pastores, estaban abondonadas ála Vora- cidad de los infernales lobos.

16 Benito poseido del espíritu de Pedro y Pablo hizo segunda vez christiana la Italia y no solo chris- tiana, sino santa; porque arrancó de raiz todos los vicios, fecundó con la doctrina, cultivó con el exemplo aquella tierra ántes árida y seca, y sembrando en ella la semilla de todas las virtudes, la transformó en un amenísimo paraiso , poblado de inocentes. Se vió en Italia la imágen de la primitiva Iglesia, se admiráron el fervor y las heroicidades de los primeros christia- nos. Despobláronse las ciudades, pobláronse losdesier~,

tos. Desde los Alpes, hasta el Abruzo corriéron á por- fía á tomar de Benito liciones de piedad; unos para volverse ápracticarla ásus casas, otros para quedarse en el desierto. Unos y otros aunque por diferentes ca- minos, siguiéron á Christo, por influx-ó y respetos de ' Benito. De .esta universal comocion de la Italia en se- guir á Christo, se puede con facilidad inferir, el gran mé rito y solicitud de Benito, pero mejor se percibe si

Tom. l. T fi-

(19)

146 8ERMON IX.

fixamos la vista en aquellos, que llamados

á

mayor perfeccion se quedaban en su compañía.

17 Alyer Benito que, favoreciendo Dios sus buenos

des~os,reconocian los hombres sus yerros, y al consi- derar al mismo tiempo que la corrupcion del siglo pro- venia de la relajacion de la disciplina monástica: que ya no quedaban discípulos de los Antonios y de los Hilariones: que aunque se habian multiplicado los so- litarios, se habia ya de las soledades alejado el fervor:

que los monges, como el mismo Santo dice en el exordio de su regla, vagos, ociosos, disolutos, eran el escándalo de los seculares, y que ya el cielo benig- no llovía sobre los montes de Italia los rocíos de la gracia, con que ántes se fecundarón tanto las campa- ñas del Egipto y de la Palestina: tomó á su cargo la ardua y plausible empresa de establecer una religion monástica , que reformara juntamente los desiertos y las ciudades. Erigió desde luego doce monasterios,y de entre todos sus discípulos eligió doce, paraque co- mo los doce patriarcas de Israel, se pusieran á la fren- te de aquellas doce tribus, siendo Benito el nuevo Moyses del christianismo. Ilustrado de Dios formó un lluevo decálogo, promulgó nuevas leyes, mas severas que las de Moyses, pero mas bien observadas. En ellas prescribe un ayuno sin intermision, un eterno silencio, una contemplacion continua, una pobreza apostólica una obediencia ciega, una humildad que se profundi- za hasta la nada por aquellas doce gradas, que señala en su regla.

18 Al leer la regla de Benito estaba casi para creer, que aquel compendio de severísimos estatutos mas pudo servir de asunto á la rneditacion que á la práctica;

pero a11eer el libro segundo de los diálogos de S. Gre- gorio, conocí que aun fué mas exacta la observancia de sus leyes que ellas mismas.¿Con que vehemencia reprendió Benito á aquel monge, que admitiendo un tan corto regalo como el de unos manteles, manifestó

al-

(20)

DB SAN BENITO. 147 algun apego ó dominio de las cosas~ ¿QuomoIlo , le di- xoJ ingressa est itliquitas in sinum ttlu:n~ ¿Como abrigas en tu pecho tan enorme maldad? ¿Con que gravedad despidió de su presencia al otro monge, que dió entra- da en su corazon á un pensamiento algo soberbio~

¿ Con que rigor castigó la ligereza del otro jovencito que salió del monasterio sin su licencia? Con la muer- te. ¿ Y os parece injusto este castigo? ¿Pues el cielo confirma sU sentencia, mandando á la tierra que arro- je aquel infeliz cadáver, hastaque tome la bendicion de

Benito.

19 Con esta exactitud se observaban las leyes de la pobrezaJ de la humildad y de la obediencia: así se practicaban todas las virtudes en los monasterios de Benito, sin que por esto se retrayerall los hombres de seguir á Christo baxo la conducta de Benito; porque dotado de una perfecta discrecion de espíritus, media la carga con las fuerzas de sus súbditos, reparria el ri- gor y la templanza segun las reglas de su prudencia, alentaba á unos, reprendia á otros; con sus gracias Y- consuelos endulzaba los acibares mismos de la peniten- cia; y porque finalmente el espíritu de Dios con una dichosa violencia arrebataba los hombres á los desier- tos. Desde las márgenes del Tíber enviáron los Euti- quios y los Tertulos, cónsules y senadores de Roma, á los Mauros y á los Placidosá la escuela de Benito.

De todas las ciudades del occidente, los príncipes mas soberanos emancipáron sus hijos, paraque adoptándo- los Benito en hijos suyos, qual otro Abraham sacrifica- ra á Dios aquellos inocentes Isaaques en el Monte-Ca- sino. Estas tiernas plantas creciéron tanto con el riego de la enseñanza de Benito, que trasplantadas c1espues en otros paises, llenáron toda la tierra de saludables frutos de peonitencia.

19 Aquellos monasterios de Benito fuéron las ofi~

cinas y la¡ armerías, en que se labráron y conserváron

T2r las

1 Gre. lib. ~. Dial. c. 71.

(21)

1-48 8ERMON IX.

las armas,de la Iglesia: fuéron las escuelas militares en que se instruyéron los mas insignes héroes y campeo- nes del christianismo. ¿En donde aprendió Gregorio el Grande la virtud y las letras? ¿De donde saliéron los Be- das, los Ildefonsos, los Damianos, los Rupertos, los Anselmos, los infinitos santos doctores que han defen- dido éilustrado la Iglesia con sus escritos, sino de los claustros de Benito 1 De tantos bárbaros enemigos de las letras y de la fe, que inundáron toda la europa, en donde se conserváron los libros sagrados, las obras de los Padres sino en las bibliotecas de Benito? Por el tra..

bajo de unos en copiar, y por el zelo de otros en es- conder, logra la Iglesia tener sagradas biblias.

20 A quien debió Inglaterra, ese reyno ántes tan católico, y ahora por sus pecados sentina de heregíay

á quien debió las primeras luces de la fe, sino á san Agustin monge Benito? ¿Quien fué el apóstol de Ale- mania sino san Boni['lcio? ¿A quien reconocen la Boe- mia, la Hungría y la Bolonia por su apóstol sino ásan Adalberto? ¿ Quien fué el universal apóstol de todo el septentrion sino san Anschario? ¿A quien debiéron España y Francia, ya que no la noticia de n,uestra fe, pero si la pureza de ella y de las costumbres, sino á los Ildefonsos y los Mauros, todos discípulos de la escuela de Benito? I ¡O segetem amplisi112am! exc1amáré con el santo Ilustrísimo de Valencia. ¡O miro.biltm frugem in uno tan~'[,tm Sancto! jO prodigioso santo, Ó maravillosos saludables frutos de tu instituto! Al modo que Christo, dividió Benito las provincias del orbe entre sus discípulos, paraque predicaran en ellas el evangelio. Todo el mundo es christiano por Benito.

Ya puedepues Benito decirle á Christo: Ecce nos sew- tisumus te. Ea, Señor, bien veis que no es sigo solo, sino que todos os siguen por mi respeto. Ya puede pre- guntarle sin arrojo: ¿Quid et'go erit nobis?¿Que premio

cor-

"Con. l. de S. Nicolao paulo ante finem.

(22)

D

DE SAN BENITO. 149

corresponde á mi trabajo? Que no se le

negará

la di- vina piedad, como veréis en mi

Tercera parte.

!.I

.l\

mas de la vida eterna ofrece la Magestad de Christo á los que le sigan en premio de la fidelidad y de iU ~lociento por uno de lo que dexan ,centuplum accipiet. Y aunque san Gerónimo entienda, que esta recompensa se hace en bienes espirituales, con todo, Casiano y otros santos padres se persuaden, que con una proporcion po~iblese hace la recompensa en bie- nes temporales. Segun esta doctrina, para conocer la liberalidad de Dios y la dicha de Benito, :no será me- nester subir á los cielos á medir los inmensos grados de gloria y dones espirituales con que está adornada su alma: bastará registrar no otros libros tal vez apócri- fos, sino el libro segundo de los diálogos del Gran Gre- gorio; porque si en solo este sagrado libro, aunqúe no siempre he alegado sus testimonios por no abultar y gravaros con latines, he encoll¡trado pruebas autén- ticas de la fidelidad y zelo de Bemto, aí mismo hallaré señas evidentes de su mayor gloria en este mundo.

22 La primera que se ofrece á la vista, es el haber formado el elogio de Benito el gran Gregario, aquel Gregario digo, primer lumbrera de la Iglesia, venera-' cíon de todos los siglos, vica.rio de Jesu - Christo, oráculo de la Divinidad. ¿La misma boca que pronun- cia los decretos del cielo, publica las alabanzas de Be- nito? jO dicha de Benito mayor sin comparacion que la que logró Aquíles en haber tenido un Homero que celebrara su~ hazañas: mucho mas digna de que la en- vidiara el gran Alex<j.ndro, porque las alabanzas de Aquíles en la boca de Homero quedan expuestas á la sospecha de mentira ó de lisonja;pero no las de Benito

en

(23)

1 Sapo c. XlP.

I~O SERMON IX.

en la ho~a de qregorio., que canoniza todo10 que ala~

ba'. Habiendo sido Belllto el asunto de l~ elogüencia de Gregario, quando parece que por su respeto debian enmudecer todos, veo que no ha habido padre en la Iglesia que no se haya hecho lenguas en alabanza de Benito. Contáron sus glorias un san Bernardo, un san Beda, un san Bruno, un san Pedro Damiano, un san Odon, un santo Tomas de Aquino, un sin número de santos y eloqüentes varones.

23 Con estas ventajas, con este ciento por uno recompensó Dios despues de la muerte de nuestro Santo la humildad con que en esta vida huyó de los aplausos;

y en todo lo demas fué igualmente liberal la divina Omnipotencia. Si dexó Benito en el mundo las digni- dades eclesiásticas y las honras seculares debidas á sus talentos, virtud é ilustre nacimiento, le constituyó Dios en recompensa superior, le hizo venerable á los mayores príncipes de la Iglesia y monarcas del mundo:

Glorificavit itlum in conspectu reguml . ¿ No se viéron ir los mas s,antos y. doctos prelados á tomar las instruc- ciones y consejos de este solitario? ¿No se vió aquel famoso rey de los Godos, azote del imperio romano, que puesto á la frente de un exército de dos cientos mil hQmbres ó fieras, llevaba por vanguardia el terror y el espanto, dexaba por retraguardia ladesolacion y la sangre, no se vió, digo Tótila, bárbaro, fiero, inhu- mano, postrado álos pies de Benito? ¿ Se atrevió á le- vantarse del suelo, hasta que nuestro Santo le tomó de la mano para reprenderle sus crueldades, y prefixarle el término á sus grandezasy tiranías?

24 Y si aun os parece corta gloria elser Benito ve- nerado de los hombres, os puedo añadir, que al'impe- rio de su voz brotan cristales las peñas, que son sus mensageros los cuervos, que se consolidan las aguas, que el vidrio es bronce·, que son peces los hierros, que le huyen los demonios, que ceden las enfermedades,

que

(24)

DI: SAN BENU'O. r5 [ ue le obedecen los muertos, que se trastornan los ele-

~entos y la naturaleza: puedo deciros, que Benito es elMoyses , el Elías, el Eliseo, el Pedro, el vice-Chris-

el santo de los santos; pues está poseido , como di- ee'Gregorio I , ~el espíritu de todos; Spi~i!u iustorum omníum pJenusfUlt. Ya parece que no pudieron recaer en Benito ni mas gracias, ni mas glorias: ya parece que tiene toda la recompensa debida á su fidelidad y á su zelo en seguir á Christo; pero no, que el Om~ipo­

tente, ingeniosamente liberal, haciéndose cargo que Benito por el voto de religion le sacrificó su voluntad, quiso en recompensa sujetarle la voluntad de millares

de religiosos, súbditos suyos. .

25 Para mayor gloria y dicha de su patriarca esco- gió Dios el órden de Benito para campo de su omnipo- tencia y liberalidad. Ya se me representa esta Religion esclarecida como la viña del Evangelio, cuyos vástagos se extienden de mar á mar. Ya parece que veo en cin- cuenta y un mil monasterios de re1igi"(;)sos, y quince mil de religiosas, igual número de hijos de Benito al de los descendientes de Abraham, esto es al de las es- trellas d<d cielo y arenas del mar 1:Sicut stellas cceli &

sícut arenam quce est in littore maris. Ya se me propone ála vista como un magestuoso palacio habitado de emperadores, emperatrices, reyes, reynas y de· los príncipes mas soberanos del mundo. Ya se me repre- senta como una sagrada fábrica que estriba sobre la piedra fundamental de Benito, tan excelsa, que llega á equivocarse con el suntuoso edificio de la Iglesia, fundado, como dice S. Pablo, sobre la piedra angular Christo; pues llegó tiempo en que fuéron unos mismos los sucesores del báculo de Benito y de las llaves de Pedro. Mas de quarenta pontífices, mas, de dos cientos cardenales, mas de seiscientos arzobispos, mas de gua- tro mil obispos, saliéron de los cla ustros, de Benito, no tanto á gobernar como á ilustrar la Iglesia de

Chris-

'1 Ibid. C. TlJI.

(25)

SERMON n:.

152

Christo..Llegó tiempo ,en que toda la santidad de la Iglesia estuvo casi reducida á los claustros de Benito.

Entre mártires, vírgenes y confesores se cuentan cincuenta y cinco mil santos, y se difundió tanto la santidad en los claustros de Benito, que hubo la. santa sede de promulgar un decreto, que no se tratara ya de canonizar á otros, como que declarándolos á todos por santos, y como que dando á entender, que si fuera agotable el infinito tesóro de la sangre deJesu·Chtisto, era de temer no le agotaran los hijos de Benito. Pueden estos con razon clamar: Filii sanctorum sumus somos hijos de los santos, se nos debe pqr herencia la san~

tidad.

26 No pudo Dios ser ménos misericordioso con los hijos de Benito á vista del mérito de su gran Padre: ni pueden dexar de ser santos los hijos de Benito, si no malogran los exemplos de virtud, los santos documen- tos que les dexó en su vida y en su estatuto. Hidrópico se confesaba Gregario' el Grande,y con una sed insacia- ble de contemplar las virtudes de Benito : Quanto plus.

bibo, eo sitio: porque en esta fuente encontraba el es- píritu la mayor dulzura. Tal vez habrán desmerecido estas aguas por haber .pasado 'por mi impura lengua:

tal vez, aunque he sido tan prolix6, no se habrán in- flamado vuestros corazones por la tibieza de mi espíri-.

tu. Pero no, no atendais, Señores, al conducto, aten- dedá las eficaces suaves voces de Benito, que nos lla- ma á su imitacion, nos exhorta á que sigamos la Ma- gestad de Christo, á que abiazemos la penitencia y la pureza, que mortifiquemos los sentidos, que huyga- mos las profanidades y las ocasiones, paraque de esta suerte merezcamos su patrocinio, y el premio de 121.

gloria, que os deseo. Amen.

SER-

...

(26)

-

153 S E R M O N X.

DE LOS DOLORES DE MARIA'

sE ÑO·K A N U E S T K A. (*)

Stabant iuxta crucem Iesu Matr:r elus, (5 soro,. Ma- tris eius. 10a1;1n. c. XIX. v. 25~

1

La

primera vez que suboá este púlpito, Seño- res, no puedo dexar de, alabar la piedad de los. que fre- qüentan este sagrado templo, persuadido que ha de ser con notable espiritual aprovechamiento vuestro.

Pues reparo, que si volveis la vista á los lienzos colo- cados en esos altares, os representan 10 que padeció nuestro Redentor Jesu-Christo por nosotros. Si la fixais en esa santísima imágen, se 0.5 propone el mismo Se- ñor de la magestad crucificado y m uerto por nuestra salud. Y como por otra parte ois ponderar todos los viérnes del año con zelo y energía unca áuno los tor- mentos de su sacrosanta pasion, llevais gran ventaja paraque la tengais siempre presente en vuestra'memoria, y os aprovecheis de su .meditacion. Porque al modo que en los palaciosr~ales se labran galerías, en cuyas pare- des se pintan las hazañas de los que conquistáron, ó en- grandeciéron la monarquía, paraque sirvan de escue- las en que los príncipes sus descendientes, ayudados de la vista y de la voz de hábiles maestro.s, aprendan lo que deben hacer á imitacion de sus progenitores: a~í

en este templo, como en una escuela christiana-,. se presentan delante de vuestros ojos las imágenes, y se introducen por vuestros oidos las noticias de lo que padeció Jesu-Christo, empeñado en ar~uinar elreYl~o

del pecado, paraque voS:otros armados con esa mism.3

Tom.1. .• . . V - me-

(*) Predicado en la iglesia Parroquial de san Salvador

de

Valencia dia28. de marzo de J749. .

(27)

1~4 SERMON X.

meditacionJ segun decia'san Pedro

1,

hagais la guerra alpecado, y establezcais en vuestra,s almas el reyno de la gracia. Christo igitur passo in carne, & 'Vos eddem cogitatione armamini.

2 y no he de creer, Señores, que se malogren en vosotros los desigi1ios de quien aclornó este sagrado templo, é instituyó estos_santos exercicios, ni que se frustren los deseos de tantos eloqüentes predicadores:

dirigiéndose aquellos designios, y estos deseos á que mediteis continuamente en la pasion del Señor. Pt'>r- que si pens¡ira que la mirais,y ois referir con. indife- rencia; y del níismo_ momo que miraiscomo ,el, sol na- ce y se pone, y ois contar como los soldados pelean y mueren en las batallas: habria de confesar, que estais mas ciegos y endurecidos que los israelitas, de quienes decia Moyses Z , que habiendo visto los prodigios que obró Dios por favorecerlos en la ~ierray en el mar de Egip to, no tuviéron ojos para verlos, ,de, suerfe que llegara su corazon á percibirlos. Y aun .atendido el exceso que llevjn los prodigios y beneficios del calva- rio á los de la campaña de Taneos y del mar bermejo, podria mejor deciros lo que san Pablo3álos de Galacia:

iOh insensatos!'¿Qui"ea 'os ha hechizado paraque resis- tais á la verdadJ habiendo visto con vues'tros propios ojos á Jesu-Christo crucificado?¿O insensati Galatte,

"luis vos fascinavit non obedire veritati, ante quorum (Jculos Christus crucifixus est? '. .

3 Pero mas que reprehenderos quiero exhortaros con el mismo Apóstol á que, teniendo en este templo tan..

tos estímulos, que os excitan á contemplar en la 'pa- sion del Señor, y teniendo áMaría santísima al pie de la cruz, ocupada en meditar lo que padece su amado hijo Jesus, procureis acompañarla en la medi.tacion y en la pena. Pensad una·y muchas veces. quien' padeció, que padeció, y de parte de quien padeció. Re.cogüate eum, q¿¡i talem sustinuit adversús semetipsz,tm á pecca-

, I to-

I Epist.I. C.IV. Y.I. 2 D~.ut. c. IX. 'V. 2. ~, Ad Galat. e.IIl:

(28)

D~ LOS DOLORES DE MARIA SEÑORA NUESTRA., 155 toribas contradictionem. Pensad quien padeció. Pre- guntádselo al Apóstol, que se gloriaba no saber otl'a cosa que á Jestl-Christo crucificado, y os responderá:

Que padeció aquel, á quien Dios constituyó universal heredero de sus bienes, por quien hizolos siglos, quien sustenta con su poderosa palabra los orbes, el esplen- dor de la gloria, la imágen perfecta de la substancia del Padre. Y para deciros en una palabra lo que dixo el Apóstol, padeció Jesu-Christo., el Hijo de Dios hecho hombre. No en la naturaleza divina, sinq,en la huma- na, yen sus dos partes alma y cuerpo, .que la com- ponen. Porque sin embargo de estar entl'amba.s natu- ralezas unidas en la Persona del Verbo, no se confun- diéron, ni perdiéron sus propiedades, perseverando la Divina inmortal é impasible, y permaneciendo .la hu- mana mortal y pasible iOh misterio! Con razon te lla- mó Isaías profundo insondable abismo; y S. Pablo sa- biduría escondidaá nuestros entendimientos, y descu- bierta álos ojos de la fe, con que creeI;llOS, que pade- ció un Dios y hombre .verdadero. ,

~ 4 ¿Yi'que padeció por nosotros? Tal persecucion, que no' acertó el Apóstol á darla nombre:talem contr.a- dictionem. Pensadlo vosotros, ó digámoslo así, repen- sad, recogitate, como Dios atado con duros cordeles nos suelta de los lazos de la culpa: como condenado á muerte, nos absuelve de la pena de muerte que mere- ciamos: como afrentado y humillado, nos· honra yen..

grandece: como llagado, nos sana: como hecho en la·

apariencia. esclavo y pecador, nos redime de la esclavi- tud del demonio y del pecado: como muerto, nos da una vida iamortal; y conesteconocimiento de la gran costa que le. llevamos al Señor, cresca en vosotros, á medida de la estimacion del precio, el 2gradecil1:itl1tQ del beneficio. Y si quereis acabar de tomar_el con.sejo que nos da.s. Pablo, pensad de parte de quien padeció Jesu-Christo, y hallaréis, que de part.e de nosotros pe- cadores: A peccatoribus•.Porque nosotros somos los

V2. .ini-

(29)

,

156 8ERMON x.

iniquos jueces, que le condenamos ámuerte. Nosotros y nuestras culpas son los verdugos) crueles executores de la sentencia. Nuestra avaricia le prende, nuestra ira le azota, nuestra vanidad le corona de espinas, nues- tra sensualidad le clava en lacruz, nuestra gula le da á beber, hiel y vinagre, todos ,nuestros pecados le matan. ¿Yno nos irritamos contra los pecados? ¿Nos enfurecemos contra los que quitan la vida á nuestros padres ó amigos, y no hemos de hacer otro tanto contra los que se la quitan á nuestro mejor Padre, Amigo, Dios y'Señor?¿No hemos de declarar laguer~

ra á nuestros pecados hasta acabar con ellos? . 5 Este es el fruto, Señores, que debeis sacar de la meditacion de la pasion de ]esu-Christo, el arrepenti- miento y satisfaccion de vuestras culpas, coopeJ:"ando al designio del Señor en su Pasian", que no fué otro, que el de nuestra justificacian. Y con- este íliltento de que os aproveclIeis de semejante christiana meditacion para hacer penitencia de vuestras culpas, no he repa- rado detenerme en la explicacíon de a<q.ue1: t€stimoni<:»

de S. Pablo. Y por la: misma l'azon 'pienso;hablaros esta tarde de los dolores de María santísima de modo, que al oírme, concibais los mas verdaderos deseos de extir- par los vicios, y exercitaros en las virtudes. Porque bien que no seais como aquellos, que demasiadamente eontemplativos de sí misrrros, no quieren serlo de los dolores de Jesusy de María por no entristecerse: estan- do tan bien hallados con los pl.aceres y alegrías mun- danas, ó por mejor decir, siend0 tan inhumanos, que ni entrada dan eH su pecho á la compasion de la mas justa pena; tintes bien vengais á este templo á contem- plar lo que padeciéronJesusy María,y lastimados pro- rumpais en lloros, hasta reSOllar SUS bóvedas al eco de vuestros sollozos: con todo no me doy por satisfecho de vuestras lágrimas, á ménos que no sepa, que no son meros desahogos de vuestro corazon naturalmen- te tierno, sino efectos amargos del dolor de vuestras

culpas. 6

(30)

DI: LOS DOLORES DE MARIA SEÑORA NUESTRA. 1:57 6 Pues no muchos dias hace decía la Iglesia por boca de san Gregorio

J,

que algunos oyendo la divina palabra conpungidos lloran, y luego despues con gran serenidad vuelven á cometer los mismos pecado's que ántes. y lo que es mas, el mismo Jesu-Christo dixo á las hijas de Jerusalen, que no lloraran por verle herido de pies á cabeza caminar hácia el calvario con la cruz á cuestas, sino que lloraran sobre sí propias, y por sus pecados: FititJe; Ierusate111 notite fiere super me, sed su- per vos ipsas flete. Y asr aunque para entet:neceros y haceros derramar copiosas lágrimas, pudiera 'en e~ta

ocasion usurpar los sentimientos de las mugeres israe- litas, inconsolables en la temprana muerte de la hija de Jepté, ó tomar los argumentos de lasJerosolimitanas"

afligidas por la desgraciada muerte de su amado rey Jo- sias, ó pedir prestados á los santos padres los colores

y.

los 'pinceles con que haceros las mas vivas pinturas de María santísima adolorida: con todo no, no he de.

apartarme del fin provechoso que me propuse de ins- piraros el amor de Jesus que tanto os importa, y que tanto sobresalió en nuestra madre María al pie de la cruz. Debo pues mostraros en el discurso de mi ora- cion la fineza, fidelidad y fortaleza con que-amó Ma- . ría santísima áJesus perseguido, crucificado y muerto, paraque aprendais de esta gran Maestra á amar á Je- sus, y á padecer por Jesus. Estadme atentos, Señores, y ayudadmeá implorar la asistencia del Divino Espíri- tu por la intercesion de su amada esposa, nunca mas llena de gracia, que quando está a1 pie de la cruz, bañada de la sangre que derrama su unigénito hijo para merecerle la plenitud de la gracia. A V E M A RI A.

I S. Greg. Homil. 18. in•. Evnng. domo Pass.

7

(31)

SERMON X.

· 7 Estoy bien léjos, Señores, de lisongearme, que he de' manifestaros quanto amó l'IIaría santísima á su hijo Jesus. Porque ¿como puedo persuadirme que he de haceros patente un amor tan inmenso, que apénas bastan á comprehenderle las mas soberanas angélicas

¡nteligencias?¿Un amor tan admirable, que habiendo sido sumo desde el principio, siempre fué de aumento?

¿Un amor, segun se explica santo Tomas de Villanue- va 1 , triplicado: natural, adquirido, infuso;l Y eq qualquiera de estas tres diferenCias el mas fervoroso 'y excelente? Porque ¿quien ha tenido 'en sílos podero- sos naturales impulsos que tuvo María para amar á J esus? ¿Quien sobre los respetos de redimido ó bene- ficiado, tuvo como María el honor de Madre de Jesus?

¿Que hombre, ,que ángel pudo decirle á Jesus como María: Tu eres mi Hijo? Fitius meus es tu, y á mas de la amable calidad de Hijo, tienes la de hermosísimo, graciosísimo, sapientísimo, obedientísimo, perfectísi- mo sobre todos los hombres? Ni quien pudo como María decirle á Jesus: yo te he llevada nueve meses en mi útero virginal, te he alimentado á mis pechos:

yo sola sin concurso de varon te he engendrado. Ego hoclie gel1lti te. Luego solamente puede competirme en tu amor el mismo Dios que te engendró en la eterni- dad, y concurrió conmigo en la gran obra de tu tem- poral generacion.

8 y nadie, continua nuestro santo ilustrísimo de Valencia, tuvo la ocasion , ni puso la diligencia que María santísima para amar á Jesus. Porque jamas en el espacio de treinta y tres años se apartó de su lado.

EIl los treinta primeros le tuvo en su casa ,.tratándole á todas horas, y admirando los progresos que hacia en la virtud y en la sabiduría. En los tres últimos de su predicacion fué inseparable compañera de Jesus, sirviéndole, obsequiándole, viéndole obrar milagros,

~'. oyén- '

t Canco 4. de AsSttVJp" Pirg. :-

(32)

DE LOS DOLORES DE MARrA "SEÑORA NUESTRA, 159:

oyéndole enseñar arcanas verdades;" y meditándolo todo allá en su corazon, segun decia san Lúcas, como efecto de la infinita bondad de Jesus, se enardecía mas y mas la llama de su amor. Añadid pues ahora.á este amor adquirido el que las tres Personas de la Trinidad Beatísima infundiéron en su Hija, Madre y Espo- sa, y conoceréis' claramente, que su pecho fué el centro inescrutable del amor de Jésus, y lo mas recón- dito del santuario, en donde solo entra el mismo sumo sacerdote JESU-CHRISTO á registrar el mas sagrado amoroso fuego.

9 Pero sin embargo de que no puedo descubrir en

mismo el amor de ·María santísimará su Hijo, confio que he de mostraros su fidelidad y su firmeza. Y aun me prometo, que bastará que os diga con el Evange- lista, que se mantuvo constante junto á la cruzy á .los pies de su amado ¡hijo. -clavado en 'ella. Stabat iuxta crucem Iesu Mater eius.,¿Porque.110 es la mas eficaz prueva de las veras con que uno ama á otro el no desampararle en la tribulacion? ¿No es la desgracia agena la mejor piedra de toque de nuestra amistad?

iQué pocos corazones se acreditan finos, aplicados á esta rigurosa piedra<de toque! ,¡Que pocos amigos le quedan al infeliz,- .que ,tuvo muchos.en el tiempo de su prosperidad! i No huyen todos de él, como de un edi,:"

ficio que se desploma, por no sepultarse entre sus ruinas? ¿No se apartáron de Dario sus inumerables amigos y vasallos ,( luego que le viéron derrotado por Alexandro, y los pocos que.le acompañáron, perdido el respeto á la magesiad .de" su ánte.s ven~rado empe- radar, no le atáron y quitáron la vida? ¿ No han experimentado y experimentan.la misma fatal suerte los famosos desgraciados del mundo? ¿Y n,?

sucedió lo propio á nuestro Maestro y Redentor Jesu- Christo? ," ) ' , . "-

lO" Me, lleno de horror., Señores, al considerar la infame dese¡:cion" de los apóstoles. Puesnb obstante que

- el

(33)

160 SERMON x.

elSeñorprocur6;cohnarl~sde: beneficios, y enseñarles con lanueva ley de amor, á que le amaran y le siguie- ran, al tiempo de su pasion, unos huyéron, otros se escondiéron, y el que se arriesgó mas á seguirle, come- tió la vileza de negarle. Todos sus amigos, según vati- cinó el real Profeta (, todos sus próximos y conocidos se alejáron del Salvador en su miseria,'y trabajo. :elon- gasti á me amioum (5 proximum, (5 notos meas mise- ria. Pero no, no conteis entre ellos á M.aría Señora nuestra, en cuyo pecho se mantuvo vivo, ardiente el fuego del amor deJesus, á pesar (lel hielo y de la es..

carcha de la persecucion, que le apagó en el pecho d~

los apóstoles. Culpadlos, si os parece, de infieles, co~

bardes, ingratos. Afrentad á Tomas con el recuerdo de que poco ántes dixG: Ea, vamos muramos todos con nuestro buen Maestro. Reconvenid á Pedro con la pro- mesa que hizo de perder mil vidas ántes que le dexara, ni desconociera. Tratad con la mayor aspereza su vi- llano proceder ó lastimaos de su fragilidad , que de qualquier modo resaltará mas la fineza, y fortaleza del amor de María, puesta al pie de la cruz. Stabat &c.

11 A la verdad estaba su corazon hecho, segun la frase de David, á prueva de plata, examinado en mu- chas obscuras noches,y acrisolado en la fragua de la tribulacion. Pues apénas los Evangelistas hacen men- cion de María Santísima que no la hagan de sus pertas.

y sino decid me , ¿que no padeció en la noche del na- cimiento de su Hijo?¡Qué desabrigo, que incomodidad, que indecencia! Tanta, que obligó á Santo Tomas de Villanueva'á que exclamara: ¡Oh Jesus mio! ¿Uña gru- ta es el palacio, que teneis prevenido en Belen para hospedar ála reyna delos ángeles J y Madre vuestra?

¿Una jnmunda caballeriza es la pieza destinada para su parto? ¿Las telarañas han de. ser las colgaduras? ¿El estiércol la alfombra de sus pies? ¿El duro suelo su cama? ¿Un pesebre vuestra cIma? jO bue,n Jesus! jAh

mor-

·1 Ps. L»XXVIJ. 'V. J9.

(34)

DE LOS DOLORES DE MAR.IA SEÑORA NUEgTltA. 16-[

mortales vanos, delicados) mal sufridos, así comenzó á pad~cer Ma.ría por amor' de Jesus; y así continuó todo.el resto de su vida. Porque ¿ que brecha. abrió

en

su corazon aquel duro cuchiUo, que oircuncidó á su amado Jesus? ¿Que gusto pudo· tener de que en su presencia los santos reyes le presentaran á su hijo el

OTO.y el incienso, si al mismo tiempo le ofreciéron l~

mirra en 'señal 'de que había de morÍr? ¿Que satisfac- . cioñ pudo dadw el, .que Simeon le tomára en sus bra- zos,

y

le reconociera por· Mesías, si imediatamente vuelto hácia el1a le dixo, que en este dia- una pene- trante espada de dolor traspasaría su alma? ¿Quan destituida de consuelo debemos contemplarla,· huyen- do á Egypto por librar á Jesus de la crueldad de Heró- des? ¿Quan afligida dándole por perdido á los doce años de su edad? ¿Quan sorprendida de la pena, quando en las bodas de Caná de Galilea le oyó 'decir á Jesus: Mteger no ha llegado mihora, aludienoo en seIí~

tiv de san,A.gustin: I , á esta h0ra ;en que descl~la cruz la 'dixo: Muger ese es tu hijo: Mulier ecce Filiu$ tuus?

. 12. De suerte~ Señores, que aunque María santísi- ma sin duda se haUó presente á los estupendos mi- lagros que obró.Jesu-Chrísto, á los aplausos que

se

mereció lde las ,turbas, y á la pompa y magestad con que entr6 -trlÍunfante

en

Jerusalen~ con todo lo omitié- ron' los' Evangelistas, para. darnos á entender, que

no

Soh parte notaBle de la vida de María sucesos en que no se mezclen sus dolores, y que no la grangeen el apreciable renombre de VÍ1:gen y Madre ,de los Dolo- res·, que'.dió .IsaÍas :z.'á su.áinado hijo.: VirJAml.rloJorum,

& scientem infirmitatem: y,'en. su ,conseqUeilcia no leemos, ni creo, que ,María santísima señora nuestra asistiera' en el monte Tabor, en' donde J esu-Christo dexándose ver glorioso de Pedro, Juan y Diego, l~s

dió alguna' muestra de la inefable etern~ gloria; q:ue .I;rom .J., .. .í::"" - " 'í; ~

.Jh'J

ir : ' ! i . les

1~ '/":.;¡tf _,;; [!l1'fl _. / ~,. ~ "h, ,.: i' ~vj } ,1.1S. Aug. tracto JI9. in loan. Z Isaire c. LlII. V. 3.•

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