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CARTA "VOS ARGENTINA EPISCOPOS”^
(4-II-1930)
“CON SUMA SATISFACCION”
(4-II-1931)
CARTA AL EPISCOPADO ARGENTINO SOBRE LA ACCION CATOLICA
PIO PP. XI
Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica
AAS 1. Gozo dei P a p a p o r la constitución34 de !a Acción Católica en la A rgentina.
2hZ
Con sum a satisfacción N uestra hemos sabido que vosotros, los Obispos argen- tinos, siguiendo las insinuaciones de Nuestro Nuncio en esa noble nación, habéis determ inado prom over de nueva m anera y con sum a diligencia la así llam ada Acción Católica. Conocedores de vuestra exim ia prudencia, abrigam os la esperanza cierta de que por m edio de una decidida Acción Católica h ab rá n de recogerse en esa grande y floreciente R epública frutos opim os de bienestar, tanto m ás cuanto que os habéis p ro - puesto seguir las norm as que en m ás de un a ocasión hem os prescrito en este particular.2. N atu raleza y fin de la Acción Ca- tólica. Y puesto que en diversas oca- siones hem os tratad o ya acerca de la naturaleza, la finalidad y la necesidad de la Acción Católica, m ayorm ente en estos tiem pos, no Nos parece necesario insistir m ás en ese p articular, porque no ignoram os que todo ello es en tera- m ente conocido. Perm ítasenos, con to - do, recordar que la Acción Católica no es o tra cosa sino la ayuda que prestan los seglares a la je ra rq u ía eclesiástica en el ejercicio del apostolado, y que esa Acción Católica ha nacido junto con la Iglesia, y h a asum ido reciente- m ente nuevas m aneras y nuevas fo r- mas, a fin de satisfacer m ás cum plida- m ente a las necesidades de los tiem pos (*)
presentes. Y precisam ente porque es apostolado, no solam ente p ro cu ra la santificación propia, bien que ella es el fundam ento necesario, sino que atiende a la m ayor santificación de los dem ás por m edio de la acción organizada de los católicos, quienes, siguiendo en todo la dirección im puesta por la jerarquía, ayudan valiosam ente a d ilatar en las naciones el reinado de Cristo. N obilí- simo, pues, es el fin de la Acción Cató- lica, puesto que coincide con la fin ali- dad m ism a de la Iglesia:
La paz de Cristo en el reino de Cristo, “Pax Chri- sti in regno Christi”.
3. A sociaciones religiosas y econó- m ico - sociales. Y au n q u e la Acción Católica se extiende a todos los fieles y abarca todas las asociaciones tendientes a p ro cu rar el perfeccionam iento de las alm as, no se sigue que por ella hayan de suprim irse las asociaciones y con- gregaciones religiosas que en todos los tiem pos h an sido benem éritos adalides de la causa católica, principal!sim a- m ente las congregaciones que tra b a ja n intensam ente procurando la educación católica y cristiana de la juventud y su m ejoram iento espiritual. Y puesto que tales asociaciones sirven poderosam ente p a ra in fo rm ar el espíritu juvenil en los sanos principios de las doctrinas cató - licas, al p a r que lo revisten con las virtudes y perfecciones cristianas, la Acción Católica h a de rep o rta r de estas asociaciones valiosa ayuda y acrecenta-
(*) AAS 34 (1942) 242-246. Se publicó, por primera vez, integramente en el “ Boletín Oficial de la Acción Católica Argentina de junio de 1931 la traducción ofio-'al del autógrafo latino, que no se ha insertado en “AAS” en su lugar y a su tiempo; mas fue recogido en un “Apéndice” después de la muerte de Pío XI, junto con otras cartas sobre Acción Católica y publicado en latín. Incorporamos esta Carta a nuestra Colección porque es la base de nuestra Acción Católica Argentina. Más tarde fue publicado el texto latino en el apéndice de AAS de 1942, en que se recogieron, junto con ésta, las dos Cartas de Pío XI sobre la Acción Católica, la “ Observanlissimas Uñeras” (1934) al Arzobispo Primado de Colombia (pág. 1401) y la “ Con singular complacencia” (1939) al Episcopado Filipino, en español, pág. 1517-1526 de este tomo. (P. II.)
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152, 4-6 Ca r t a “ Vo s Ar g e n t i n a e E p i s c o p o s 1265 m iento. No m enor utilidad se ha de
seguir p ara ella de los sindicatos y aso- ciaciones económico-sociales, y p a ra qu itar todo m otivo de tergiversación y m ala inteligencia, en la m edida de lo posible, querem os d eclarar en este lu - gar, y m anifestar como en otras ocasio- nes ya lo hemos hecho, que es necesario que todas aquellas agrupaciones (que, a m ás de conform ar sus estatutos y fi- nalidades a los preceptos de la religión
y
las norm as particulares de la Acción Católica, tienden tam bién a ay u d ar a los asociados en los diversos problem as económicos y en la práctica de sus res- pectivas profesiones), en lo que se re la - ciona a los fines de la Acción Católica deben subordinarse a ella, coadyuvan- do al trab ajo del apostolado cristiano.En lo que se relaciona únicam ente con el problem a económico, sigan las aso- ciaciones su m odo de obrar, del cual ellas solas deben ser responsables.
4. La Acción C atólica y la política.
En gran m anera se h a de cuidar que la Acción Católica no se entrom eta en partidos políticos, dado que p or su m is- m a naturaleza ha de m antenerse ella ajen a del todo a las disensiones que originan los partidos civiles. Mas con esta norm a
y
prescripción no pretende- mos en m anera alguna c errar la vía a los católicos negándoles el derecho que ellos tienen de poder intervenir en los asuntos políticos, tanto m ás cuanto que los católicos están obligados por la le3T de la caridad social a p ro cu rar con to - dos sus esfuerzos que toda la vida de la República esté regulada p or principios cristianos. Nada les im pide a los cató- licos asociarse a partidos políticos con tal que ellos den legítim as y fundadas garantías de respetar los derechos y g u ard ar las leyes de la Iglesia católica.P or otra parte, aunque la Acción Cató- lica, como ya hem os m anifestado, deba m antenerse al m argen de partidism os
[1] El texto italiano dice de este modo: “ Pero si las cuestiones políticas lesionaren alguna vez los intereses católicos, la Acción Católica no sólo puede, sino que debe interponer su influjo sin dirigir sus esfuerzos en favor de intereses priva- dos o partidos políticos, sino para la mayor utili- dad de la Iglesia y de las almas, a cuya prospe-
políticos, con todo, interesa en gran m an era al bien com ún de la sociedad que los m iem bros de ella form en una hueste sagrada en razón de prom over y g u ard ar con los intereses de la Igle- sia los intereses de am bas sociedades dom éstica y civil. A fin de conseguir esto es m enester que se practiquen los preceptos de la religión católica que son fundam ento
y
sostén del progreso público y se perfeccionen cristianam en- te los espíritus de los asociados a la Acción Católica con la p ráctica de las virtudes propias de la vida cristiana. La Acción Católica puede y debe hacer sentir su influjo en los negocios políti- cos que tocan a la doctrina y las cos- tum bres católicas. Mas no se h an de dirigir y conducir las fuerzas católicas en bien de intereses privados de p a rti- culares, sino p ara la m ayor utilidad de la Iglesia y de las alm as, a cuya prospe- rid ad está íntim am ente ligado el acre- centam iento de los intereses públicos^1).5. P re p a ra c ió n y p articip ació n del clero. D espués de h a b e r tra ta d o b re - vem ente hasta aquí acerca de la n a tu - raleza
y
el fin de la Acción Católica, perm ítasenos h ab la r algo m ás deteni- dam ente sobre la necesidad de p re p a ra r convenientem ente al clero y a hom bres selectos de entre los católicos, quienes hagan que la Acción Católica alcance 244 un m ejoram iento tal que responda al noble comienzo con que la habéis ini- ciado^2).6. L a p a rte que corresponde al clero en el m ovim iento. La p a rte que cum - ple al clero en esta santísim a obra se desprende de la consideración de que la Acción Católica, aunque según su naturaleza m ism a es obra de los segla- res, con todo, sin el trab ajo asiduo y diligente de los sacerdotes no podrá ni iniciarse, ni m antenerse, ni re p o rta r sus frutos particulares. Los sacerdotes de-
ridad está íntimamente ligado el acrecentamiento de los intereses públicos” . ( “Bollettino Ufficiale della Azione Cattolica” , 15 de julio - 1 de agosto de 1931, págs. 379-380).
[2] Cfr. Ubi arcano Dei, exhortación al clero;
en esta Colecc.: Encícl. 128, 18, pág. 1013.
1266 En c í c l i c a s d e l P P . Pí o X I í 1931) 152, 7-10 hen dirigir a los seglares p ara que la
acción de éstos no se ap arte del recto sendero que debe seguir, y con la de- bida fidelidad acate siem pre las norm as y direcciones de la Jerarq u ía eclesiás- tica. Además, es m inisterio propio de los asociados a la Acción Católica en i a Argentina fo rm ar en los moldes cristianos, m ayorm ente las alm as de aquellos que han de ser algún día dirigentes de la m ism a Acción Cató- lica (puesto que sólo los que por las sagradas órdenes son
ministros de Cris- to y dispensadores de los misterios de Dios
*8 3) poseen, por el solo m andato di- vino recibido, los necesarios subsidios que deben d istribuir), ya que ninguno podrá ser apóstol si prim ero no es exi- mio por sus virtudes de cristiano, p o r- que es evidente que no pueden los h om - bres in fo rm ar a los dem ás en el espíritu cristiano que ellos no poseen, según aquello:Nadie da lo que no tiene, “Ne- nio dat quod non habet”.
E sta in stitu - ción e inform ación en el espíritu cris- tiano que ha de ser principalm ente obra de las labores sacerdotales, es condición tan necesaria, que si ella faltare no sólo no p odrá ser fructífero el apostolado, pero ni siquiera existir.7. Sin desalen tarse en las d ific u lta - des. Bien conocem os cuán grande debe ser la labor del clero p ara no decaer en la em presa que h a acom etido y lle- varla adelante. P ero ¿no exige de sí el m inisterio sacerdotal que el apóstol se resigne a su frir pacientem ente los trabajos y penalidades de la vida? T an - to m ás cuanto que estos sufrim ientos y penalidades suelen conseguir no pocos beneficios.
8. L a ay u d a que p re sta rá la A. C. y las vocaciones eclesiásticas que d ará.
Los sacerdotes h allarán en los asocia- dos a la Acción Católica colaboradores fieles y abnegados, que en gran m anera les ayuden en los trab ajo s apostólicos allí donde el sacerdote personalm ente no puede llegar.
Añádase a este beneficio de la x\cción Católica el no m enor de que no pocos
jóvenes pertenecientes a los cuadros de la Acción Católica se sentirán llam a- dos a la heredad del Señor, según se ha experim entado ya en otras partes. Con ello conseguiréis que se aum ente el núm ero de vuestro clero, tan exiguo en algunas diócesis vuestras.
9. P reo cu p ació n de ios Obispos por la A. C. No ignoram os, V enerables Herm anos, con cuánta solicitud pasto- ral procuráis vosotros que vuestro clero se haga cada día m ás apto p ara ejercer los encargos que de ellos requiere la Acción Católica. A esta solicitud vues- tra se debe el que algunos m iem bros de vuestro clero hayan sido enviados por vosotros a esta ciudad, sede de
Sa n Pe d r o, p ara que de m ás cerca conocieran N uestras direcciones en esta m ateria. Congratulándonos de ello, no podemos m enos de ap laudir vuestra determ inación.
10. P re p a ra c ió n de Sos seglares. El fu n d am en to de la obligación: la ca- rid ad y g ratitu d . P o r lo que toca a a la p rep a ra ció n de los seglares que h an de ser m iem bros de la Acción Católica, juzgam os que es m uy ú til reco rd aro s lo que m anifestábam os desde el m ism o com ienzo de N ues- tro P ontificado, a fin de que aq u é- llos coadyuven de la m anera m ejor y m ás digna en la Acción Católica*4). El apostolado de la Acción Católica obliga tanto a los sacerdotes como a los segla- res aunque no de la m ism a m an era a entram bos, puesto que estam os obliga- dos por precepto com ún a am ar a Dios sobre todas las cosas y al prójim o como a nosotros mismos. Quien am a a Dios no puede m enos de querer vehem ente- m ente que todos le am en, y quien am a verdaderam ente a su prójim o, no puede m enos de desear y tra b a ja r p or su eter- n a salud. E n este principio, como en su fundam ento, radica el apostolado, porque el apostolado no es m ás que el ejercicio de la caridad cristiana, que obliga a todos los hom bres. Pero, ade- m ás de la razón de caridad que en trañ a y sobre que descansa el apostolado, es
(3) I Corint. 4, 1.
[4] Ubi arcano Dci, exhortación a los fieles; en esta Oolecc.: Encícl. 128, pág. 1014.
152. 11-14 Ca r t a í;Vo s Ar g e n t i n a e E p i s c o p o s 1267 obligatorio como acción de gracias tr i-
butadas a Je s u c r i s t o. Porque, cierta- mente, cuando hacem os copartícipes a los dem ás de los dones espirituales que nosotros hem os recibido de la divina largueza, satisfacem os el deseo del Co- razón dulcísim o de Jesús, que no an h e- la otra cosa sino ser conocido y am ado, según El m ismo lo asevera en el E v an - g e lio ^ :
Ignem veni mittere in terram, v.t quid volo nisi ut accendatur? Fuego vine a traer a la tierra, y ¿qué otra cosa ansio que ella
ard a ? (6)11. O rganización de la Acción C ató- lica en la A rgentina. A m ás de ello, las necesidades de los tiem pos exigen que, según v arían las costum bres y las m a- neras de vivir, se ejerciten tam bién por el clero y los seglares nuevas form as de apostolado cristiano. De grado, pues, aprobam os la Acción Católica en la form a como la habéis iniciado. Que el apostolado ejercido por los seglares es la m anera de apostolado que m ás res- ponde a las necesidades de estos tiem - pos, lo hem os aprendido con u n a expe- riencia y práctica d iaria en el am plio m inisterio que tiem po h a ejercitam os.
12. L a o b ra de p árro co s y asesores.
La obra de los párrocos y dem ás sa- cerdotes, por m ás afanosa y constante que ella sea, es insuficiente p a ra res- ponder a las grandes necesidades que en los tiem pos actuales requiere el apostolado.
Conviene, pues, que el clero tenga varones escogidos, los m ás posibles, que sean com pañeros y ayudantes en los trabajos del sacerdote y esparzan por doquiera la sim iente fecunda de las enseñanzas cristianas. Estos colabo- radores son auxiliares poderosos de la Acción Católica. P or ello, con sum a alegría Nuestra, supim os que como re - sultado de las consultas que Nos hicis- teis habíais determ inado, en arm onía con Nuestros deseos, constituir en la
¿Argentina u n a vasta organización de católicos en form a tal que haya la con-
veniente separación entre las Ju n tas de 5
(5) Luc. 12, 49.
’6] Sobre el espíritu de apostolado, cfr. Mns rtoslra; en esta Colecc.: Encíci. 147, págs. 1151 ss.
hom bres
y
de señoras, como asim ism o entre am bas juventudes. E sta organi- zación in stau rará cum plidam ente entre vosotros el reino de Cristo, dirigidos los seglares p or los Obispos y los p á - rrocos, que son losprocuradores
de aquéllos, ejerciéndose en esta form a en todos los cam pos de las actividades ca- tólicas un fecundo apostolado.Í3. Las ju n ta s de A. C. y su a d h e - sión a la Je ra rq u ía . P a ra que m ás íntim am ente se aúnen entre sí las fu e r- zas de los católicos, habéis constituido las Ju n tas (según laudablem ente se ha hecho ya en otras partes), esto es, un a Ju n ta que ha de ser como centro
y
ca- beza de la nación, Ju n tas diocesanas y Ju n tas parroquiales, y todas conducen- tes a la unidad de toda la Acción Ca- tólica (en la cual unión está la fuerza de toda la sociedad) y a refo rzar la obediencia a la Jera rq u ía eclesiástica, lo que constituye m agnífico privilegio y g aran tía de u n a vida fecunday
d u ra - dera.14. A sociaciones au x iliares de la Acción Católica. Además de esta m ag- n a institución, que po d ría llam arse Acción Católica oficial, hay entre vos- otros, según lo hem os dicho ya, otras asociaciones cuyo fin es prom over la piedad y la form ación religiosa o la caridad y la beneficencia: asociaciones que Nos hemos apellidado no ha m u - cho, en cierta ocasión, valiosos auxilia- res de la Acción Católica, como quiera que responden con sus propósitos a no pocos de los fines de la Acción Cató- lica y pueden y deben darle elementos preparados y activos(7>.
Nos congratulam os, pues, vivam ente con vosotros, Venerables H erm anos, de que uséis de estas benem éritas in stitu - ciones p ara ayudar a la Acción Cató- lica. Lo cual sucederá m ás fácilm ente si, como esperam os, las asociáis a la Acción Católica, disponiendo o p o rtu n a- m ente las m odalidades de la adhesión de tal suerte que, conservando sus pro-
[7] Cfr. Ubi arcano Bei; en esta Colecc.: Encí- clica 128, 18, pág. 11)13.
1268 En c í c l i c a s d e l P P . Pí o XI (1931) 152, 15 píos fines y form as de organización,
cooperen eficazm ente en utilidad de la Acción Católica.
15. A gradecim iento y B endición Apostólica. F inalm ente, no Nos resta sino daros las gracias m ás cum plidas a vosotros p or todo lo que habéis hecho h asta ah o ra en razón de im p lan tar la Acción Católica. Y conociendo p erfecta- m ente que ningún bien pueden hacer los hom bres si Dios no bendice la obra
y ayuda, en señal de N uestra patern al benevolencia y auspiciando los dones celestes a vosotros, H erm anos V enera- bles,
y
a todos aquellos que prestan su ayuda a vuestros trabajos p or la Acción Católica, concedemos am antísim am entein Domino
la Apostólica Bendición.Dado en Roma, ju n to a San Pedro, el día 3 de F ebrero del año 1931, en el noveno de Nuestro Pontificado.
PIO PAPA XI