3^
ODIO Y AMOR.
DRAMA EN CUATRO ACTOS Y EN PROSA,
IMITACION i)E LA ESCUELA ITALIANA,
por
CÉSAR ROM4NO
Representado en el Teatro de Novedades^ á beneficio de la dis- tinguidaprimeraactriz, la señorita dona Gertrudis Casti'o»
en la noclie.deljueves 17 de Agostode 1871.
BARCELONA.
JaVIprenta J)k Leopoldo
LomknecHj
Baska. 'jO,1871.
ODIO Y AMOR
DRAMA EN CUATRO ACTOS Y EN PROSA,
IMITACIONDELA ESCUELAITALIANA,
por
CÉSAR ROMANO.
Representado en elTeatro deNovedades, ábeneficio de la dis- tinguida primera actriz, la señorita doña Gertrudis Castro, en la noche deljueves17 deAgostode 1871»
BARCELONA,
Imprenta de LeopoldoDomenech, Basea,30.
1871.
1
REPARTO.
CterTRUDis,
marquesa
de Prades,. Srita. D.^ Gertrudis CasLa marquesa
viuda de Prades. . D.^Cármen
Fenoquio.La
condesa deMérida
»Ana
Sola.Ricardo,
marqués
de Prades, , .Don
AntonioVico.El general Rajadell
» JulioParreño.El
DUQUE DE TiNEO » José Izquierdo.El
doctorArtigas » JoséAlisedo.El
VIZCONDEDE MOSQUERA....
» JuauReig.Don Pedro
Macías....
» N. Puga.Un
lacayo.La
escenapuedesuponerse á voluntaddel Director, áfinesdel glopasado, óenla épocaactualde187L
Madrid.Esta obraes propiedad de suautor,
y
nadiepodrásinsu pern Sü representarla en España, ensus posesiones de Ultramarni los paisescon quienessehaya celebradoó se celebren tratadosi ternacionalesde propiedadliteraria.Loscomisionados delas galerías dramáticas
y
líricasdelossíiores Guitóné Hidalgo^son los encargados esclusivamente (
cobijodelos derechos derepresentacióny venta deejemplares.
Quedahechoel depósitoprevenido porla ley. i
A VICO.
Testimonio de amistad y simpatía
DE
CÉSAR ROMANO.
ACTO PRIMERO.
aloRde descanso con rompimiento que permitedivisar otros salones. Mue-
bles yadornosdeiujo.iluminación,üiicofidente, en primer término á la derecha delactor,decaraalpúblico.Puertaslaterales.
ESCENA
1.^Al
levantarse eltelón se oyemúsica
dentro, JD.Pedro
apa-- ecerápor
elfondo^ dirigiéndoselentamente haciaelsofáque staráenelprimer
término^donde
se sienta.El
doctor le si-me
ápocfiLdistancia observándole.)0NPedro. Uf! Gracias áDios!
)ocTOR.
Tan
pronto abandona usted los salones, señor don Pedro?). Pedro. Despuésdeveinte anos deinacción,nodebe usted es- trañar que rindalasarmas á laprimera escaramuza.
)ocTOR. Lástimagrande, porquela fiestaesdeslumbradora.
). Pedro,
Su
excesivobrillo justificamifatiga.)ocTOR.
No
esdelamisma
opiniónlajovenmarquesaGertru- disde Prados, que parece estaren su elemento. {Se sienta?)). Pedro. Juventud,fortuna, bellezay ungran título,abonanesa predisposición naturalde su ánimo.
)ocTOR.
De
laque nome
parece participarelmarqués Ricar- do, en quien, sin embargo, militan iguales circuns- tancias.). Pedro.
Tampoco
deberla ustedestrañarlo, doctor,conociendocomo
conoceelgéneroparticularde educaciónqueha
recibido
mi
querido discípulo.)ocTOR. Usted comprendeahora?...
D. Pedro.
Doctor.
D. Pedro.
Doctor.
D. Pedro.
Doctor.
D. Pedro.
Doctor.
D. Pedro.
-{ 6 )-
Lo
que tanto elGeneral Rajadell, tutor de Ricardccomo
yo, hemoscombatido siempre. Perotodosnúes tros esfuerzos se han estrellado contra la invencibl tenacidad dela marquesaviuda.Y
usted provee?....Una
catástrofe, si nolaimpide algún suceso proviloc' dencial.Es bien posible!
Despuésde aquel desgraciado desafío quecostólavi-
daalpadre de Ricardo,la desconsoladaviudaseretij
ró á su viejopala*ciode Prados,jurando no volver ma;
áfrecuentarunasociedadquelearrebatabalaprend
mas
querida de su corazón.En
aquel desierto se pro- puso educar a suhijo, y tuve elhonor deser elegidi para preceptordeljovenmarqués. Calculéqueeltiem' po, dandolugar álareflecsion, modificaría losimpru dentespropósitos dela marquetea: perodesatendiendo todas nuestrasobservaciones, seafirmómas y mas
eisus ideas, creyendo quelacienciaysuestremado ca- riño, bastaban para asegurarelporveniryla felicidac
de Ricardo.
Que
es, conefecto, uno delosjóvenesmas
instruido;que conozco.
En
cuanto ásaber, habrá pocos que le igualen;per(todosleaventajan en la ciencia, conocimiento
y
usodel mundo.
Contodo, noha sido tanignorante cuando hatratadc deelegirunacompañera.
Ese enlacehasidootro errordecálculo delamarque- sa.
—
Ricardo encontró á Gertrudis, porcasualidad, ei los alrededores de su morada,y
se enamoró ciega- mente deella. Falto de experiencia,y acostumbrado ; reconcentrar ensímismo
todas sus sensaciones, no, ocultóaquella pasión nacientey
untantoromancesca quesupoadivinarlapenetración deuna madre. Anhe^Doctor.
B. Pedro.
-.(
7 )-
landosatisfacerlos ardientes deseosde sufijo, pidió, sindetenerse á reflexionar ni oir consejo alguno, la
mano
de Gertrudis, á su tutor el duque de Tineo, quien,como
era deesperar, se apresuró á otorgarla sinconsultará su sobrina.De modo
queGertrudis?...Seencontró casadasin saberdarse cuenta de tan se- rio compromiso.
Empiezoá comprender.
Ya
sabe usted queelduqueTineo,causólaruinade su hermano mayor, contrayendoenormesdeudas quesa- tisfizo aquelpara conservarileso elhonor de sunom-
bre. Muerto elduqueJuan, heredó sus títulos
y
losrestos de su fortuna elactual,jtio de Gertrudis, quien ha educado á su pupilasegún sus
máximas y
princi-pios, no
muy
ortodoxos.Usted supone queGertrudis?...
Yo
nosupongo nada que pueda menoscabarenlomas
mínimo su reputación. Pero Tulaes ligera de carác- ter,y
le gustaluciryser obsequiada: sumarido, ca- reciendo de tactosocial^y apasionadocomo
toda natu- raleza primitiva, á los atractivosde sumuger, lucha enunterrenoresbaladizo donde puedesucumbir á lamenor
imprudencia.Me
hace usted temblar!No
exagero.—
Ricardo no se encuentra acorazado pa- ra combatir enunasociedaddesconocida;y como
eltrato nohapodidoamoldarsus sensaciones álos usos delmundo, el diaque su carácter altivo e impresio- nablereciba unchoque cualquiera, sedesarrollaráco-
mo
laerupciónde unvolcan, y cual lava ardientelo abrasará todo ásu paso.Tal vezno.
Ojalá
me
equivoque; pero tales deben ser los frutos deesamalhadadaeducación,áquelehansometidolos-( 8 )-
pueriles éinfundados temores de la marquesa viuda de Prades.
Buque.
Doctor.
Duque.
Doctor.
Duque.
Doctor.
D. Pedro.
Duque.
D. Pedro.
Doctor.
Duque.
ESCENA 2/
El
Doctor^ D. Pedro, el Duque.(Por
elfondo^ elegantemente vestidocon preten^sionesj,
— No
puedo espresar la satisfacciónqueme
produce este encuentro, señores.
Me
consideroaisla-do, enmedio deesasociedadnueva donde
me
presen- to alcabo dediez años deausencia.Es
natural.-—Pero dónde ha dejado usted álamar-
quesa Gertrudis de Prades?A
misobrina? Bailando. Elbaileessu pasión favorita.Y
quetal seencuentra enlaCorte? ^Contentísima. Cadapasoqueda enlasociedad, es un nuevotriunfoparasu
amor
propio, parasubelleza, jlasgraciasdesu talento: opimosfrutos de la educa- ción que
me
envanezco haber sabido darla.He
aqufmi
obra!La
provinciana,como
sela calificóá sullega- da áMadrid, sehaconvertido enelespaciodeunmes^enlareina de nuestrossalones.
Es
undobley
lisotigero triunfoparausted,que hasido sututory
sumaestro.Y
el marquésdePrades?Elmarques,en tanto que su
muger
bailay
fascina^sirve deadorno á lasgalerías. Se aburre
y
suspira porsu casa. Elqueconsiguierapulimentará esetron- cosilvestre, obraríaun verdaderomilagro.(ap,)
—
Valientementecato!Sinembargo, Ricardo no es tonto.
Precisamente, su talento es loque
mas
le perjudica.Convénzase V. amigomió;un sabio, no esun
hombre
demundo,y
hacemuy
tristepapel enmediodenues- trasociedad, á pesar de toda suciencia.ESCENA
3.^El
Duque, D. Pedro, elDoctor y
el General.(Alduque).
—
Graciasaldiabloque encuentroá usted.Que
ocurre, General?Ocurre... que noestoy contento.
Y
por qué?Porque Tula...
Mi
sobrina!Qué
hahecho?Nada
grave; pero no estoy satisfechodesu conducta.General!...
Vamos^
confieseusted que noama
áTula.No
solo laamo, sino quedesearía adorarla.Entonces ¿porqué se muestra usted tan severo con ella?
Porque
me
veo obligado á representar el papel que corresponde áusted.No
comprendo!...(El Doctor
toma
elbrazode
D.Pedro y ambos
se alejanpor
elfondo
^dando
á entender,por
ges-tos, quese
marchan por
dÁscrecion.)Gertru'dis esjoven, hermosa y llenade imaginación.
Ya
vé usted que séhacerla justicia. Peroalmismo
tiempo es ligera, inconsideraday
orgullosa,y
usteddebería aconsejarla.
Puesto que usted reconoce que
mi
sobrina tiene ta- lento,no necesita del delos demásparaconducirse,y
sebastaráá sípropia.
Su
sobrina de usted presta dem.asiadaatención álos galanteos del vizconde deMosquera,esejoven elegan- tey
pretencioso...Soyyo, por ventura, elmarquésdePrades, para ocu-
parme
deloqueleconcierne?Ricardo adorademasiadoá su mujerpara notar otra
lENE
-(
10)-
cosaqueloque halaga su pasión.
Nada
vé, nadaoje yno dudade nada.Duque.
Y
entonces, con que razónycon que derecho^semez- cla usted en ese asunto?General. Mildemonios!!...
Duque. Calma, General: nolia}^ motivo paraacalorarse. No- sotrossomospersonages deotro^iglo. DejemosqueL juventud deahora, disfrute deltiempo presente. Tul;
es virtuosa, ylas galanterías delvizcondedeMosque- ra, no traspasarán los límites de un entretenimiento permitido ytolerado por nuestrasociedad.
Mi
sobrinfc estácasada^y nada tengoya que ver con susasuntoil¡uidomésticos. Pues queexisteunmarido, áellecorres-
pondevelarporlo que le interesa. (Saluda
y
se vá.General. Yiejo estólido j egoísta! Pobre Ricardo!Será menes- terqueyovigile... queyoevite... Heloaquí!
ESCENA
4.^El
General, Ricardo.Ricardo. [aparté)
Por mas
que procuro desentenderme dees- teinoportuno pensamiento, Fiiasme
preocupay
ator- menta.General. Ricardo!
Ricardo. Ah! esusted General?
General. Estás pensativo... triste...
Ricardo.
Yo?
no... Recordabami
viejopalacio, los añosdem
juventud pasados en aquelapacible retiro, en aquelli soledad llenade encantos paramí, y
me
sentía con- movido.General. No! tú pensabas enGertrudis.
Ricardo.
En
Tula!General. Tratas deengañarme? Vaya, sé franco. Esplícate coi todalibertad. Oh! no puedes, no debes ocultarme ii
-(
11)-
que pasa en el fondodetu corazón.
Amas
átu muger,y
eseamor
es loqueconstituye tu suplicio.Por
qué?Porque estásceloso.
liCARDO. Celoso!
tEneral. Sí, celoso.
Lo
he visto con mispropios ojos. Soybas- tante fisonomistapara no engañarme. Hacepoco, elvizconde deMosquera, fijóunaardientemirada entu mujer,
y
tútepusistes pálido.Tiene ustedrazón. Sufro cruelmente.
Amo
á Tula, y Tulanome
ama.Acaso exajeras.
No, no
me
ama.Pero tú erespara ellael mejor de los esposos.
Es
verdad.Amo
áTulahasta el punto de no poder resistirá ninguno de sus caprichos. Todoloolvidoporella. Estoy resuelto ásacrificar
mi
vidaentera, si es necesario,á sufelicidad. Cuandome
encuentroásula- do^ temo que nome
considere digno de su amor.Pe-
rotodo esto nobasta.
Yo
no poseo eldon quesere- quiereparacautivará una muger, inspirándola ese orgulloque ser-efleja enel objeto amado.Como
pue- do 3'o, rústico campesino, alternar con esabrillante juventud queme
eclipsaconsusmodalesy me
poneenridículo á cadapaso?
Con mildemonios!
Tú
valesmucho mas
que ese en- jambre de abejorros, tanignorantecomo
estúpido.Tú
eres unsabio!
Quizá; pero unsabionoesun
hombre
demundo,y
to- domitalento, si es quelo tengo^ palideceanteeloro- peldetanto necio, que sabeocuparunpuestoyrepre- sentar un papelen esa sociedad áque soyestraño.Y
que deduces deesto?Que
Tulaama
lo quebrilla, aun cuando esebrillosea.falso; y
como
yonopuedo ofrecerásus ojos esaapa- riencia ficticia queladeslumhra, nunca podráamar-
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
-(
12)-
me como
yolaamo j
deseo seramado.He
aquí por- quesufro,j
quiero morir.Tú
sufres? Tii quieresmorir?Tú? Oh! Votoámil!!Procuraaplicarun bálsamo á tu herida, ó
me
harás salir dequicio sicontinuasmanifestando esa cobarde apatía.y
quequiereustedque haga?—
(Seoye dentrolaor- qioesta del baile,)
Abandonarla capital. Si nopuedes avenirte á alter- nar conesa sociedad, suplicaá Tula querenuncie, por su parte,á tanfrivolos placeres,
y
vuélvete átu casa de Prades.Tula no consentirá.
Acaso¿no eres dueño?
De
martirizarla?No!No
debo en provecho miósacri- ficarsuexistencia.La
vida en Prades, seriaparaellaunsuplicioigual alque esperimento yo en Madrid
¿Porquélahe deprivardesus placeres?
Debo
trans-formarme en unegoísta porque estoy enfermodelco- razón?
y
aun cuandome
transformara en egoísta, co- nozco que no tendría valor para luchar contra Ger-trudis.
Que
diablosme
estásrelatando?No
entiendo una jo- ta! Sufres, pones eldedo enla llaga,y
no tienes va-lorparaaplicar elremedio quehadecurarla!
NO;, lo confieso,no tengo ese valor.
No
puedo!Pues entonces ¿quées loquepiensashacer?
Procuraré conformarme, aceptandolaparte
queme
to- caensuerte: laabnegación.Que
Tulasea dichosa: que yola veasonreir siempre: queellame
devuelva una pequeña parte del afectoquela he consagrado,y
undia,quizá, serétambiéndichoso.
Tu
filosofía, llegaráhasta elpunto de...Que
quiereusted decir, General?Llevarástu abnegación hasta el punto de consentir, queel vizcondede Mosquerasepermita?...
m
)üci
loci
í'tílCARDO.
jENERAL.
lieARDO.
'^tENERAL,
r4
-(
13)-
General! usted no cree en eso queestá diciendo.
Puessilo creo... Votoaldemonio!
No...
No
lo cree usted! lorepito!Silencio!
ESCENA
5.'"'liGARDO,EL General, Gertrudis, la Condesa de Mérida, el Du- que DETiNEO, EL
Doctor
Artigas,y
el Vizconde deJN^osquera.Las
señorassesientanformando un grupo
ála derecha:elVizconde
ocupa
elpuesto detrás deGertrudis, Ricardoy
el General^ depié, frente á lasdamas. Los demás
personajes de piéósentadosformando
cuadro^.gertrudis.
Condesa.
)UQUE.
'Doctor.
Duque.
Doctor.
Duque.
jteneral, Duque.
Quiero respirarunpoco, condesa.
Ya
queestos caballerosson tanamables, que abando- nan elsalón para hacernos compañia, descansemos un rato enestasala.Saben ustedes,señores,loque
me
cansamas
estrañeza enla nueva sociedad madrileña?No
encontrar una persona con quien poderhablar.Cómo?
Secharla, se charla, pero nosehabla.
Y
á que atribuye ustedese cambio!A
tres causasprincipales: laBolsa, el piano ylos ca-sinos.
Protesto ennombredeloscasinos.
Precisamente elcasino, círculo ó club, es lainvención
mas
perjudicialdelostiemposmodernos.Los hombres seacostumbran ávi^^irapartados del bello sexo, ad- quieren modales poco convenientes y concluyen por considerar álasmugeres^como
unobjetode placer ócomo
unamercancía.En
lasociedadactual,seencuen- tranjugadores empedernidos, músicosy
danzantesiu-te
-(
14)-
fatiglablesy especuladores de oficio; pero
muy
poc2|^-"personasgalantes
y
deesmeradoy
finotrato social.Gertrudis. Vizconde, ¿tiene usted labondaddedecirme
como
5titula laúltima romanzade Rossini?
Vizconde.
La
Separación.Gertrudis. Esperoque nos lahará usted oirmañana,en nuestj círculo íntimo.
Vizconde. Con
mucho
gusto^ siesquemiescaso talentomúsica tienealgúnvalorálos ojosdeusted.Condesa. Es usted demasiadomodesto, vizconde;
y
cuandosf^^^^'^posee esa deliciosavoz de tenorque envidiaríaTam^
berlik...
Vizconde. Condesa...
General. {ap.)'Re aquí en queconsiste eltalentodeesoshéro€
degabinete. ^
Ricardo. (id.)
Ni
unamirada!Ni
una palabraparamí!Condesa.
A
propósito, doctor: ¿escierto quehasido usted liamado
á declarar enunacausa criminal?Doctor. Cierto,señora.
General.
Y
es verdadquesehacometido uncrimenhorrible?Doctor. Sí: un asesinato^ perpetrado poruna mujersobre si
propio marido.
Todos. Oh!
General.
Y
seconoce el motivo?Doctor. Sesupone, que por infidelidad.
General.
De
lamujer?Doctor. No: delmarido.
Duque. Cuandodigo yrepitoque la sociedadretrocedeenve:
deprogresar,
como
suponenlos filósofosmodernos! Uní mujer que mataásu maridoporinfidelidad! Sicon- tinúala moda, sevaá quedarelmundo
despoblado.Condesa. Está usted haciendo, duque, lacensura desu sexo.
Duque.
La
apología, querráusted decir, condesa.Condesa. Cómo! la infidelidad en elhombre, seria unavirtud?
Duque. Señora, no hay peor marido que aquel queobserva escrupulosamentela feconyugal.
Doc
La.
11
-( 15
j(3j^ASDOS SEÑORAS.
—
Oh!Me
esplicaré. Ustedes se alarman porque su orgullo hablamas
alto quelarazón;perosisedignanreflexio- narun momento, serán todas demimisma
opinión.Nunca!
Me
permitiré observarálaseñora Condesa del Salto, que lasmujeres no tienen voto enesta materia, sino después de cincoaños de matrimonio; ytanto ustedcomo mi
sobrina Gertrudis, soncasadasde ajer.Protesto ennombre de
mi
amiga^ j en elmiópropio!Ustedes no protestan nada: hacenla oposición por la íorma, pero enelfondo opinan lo
mismo
queyo.Según, usted para poder
amar
álamujer propia, se necesitahaber cometidomuchas
infidehdades?Indudablemente!
Y
si lasmujeresadoptásemos igualesmáximas?En
midob^e calidad deviejo solterón, y amante apa- sionado del bello sexo, aplaudirla con entrambasma-
nos.
(á Ricm^do
y
alGeneral^ ap.)—
Asistimos áun cur- sodeinfidelidad conyugal,en partida doble.La
opinión deldoctor, atendida su profesióny
su es-periencia, seriade
mucho
pesoen eldebate.Yo me
permitiré asegurar únicamente, que en todos ios casosdeinfidelidad cometidos por la muger, las faltasdel m.arido entranporun ochentay
nueveporciento.
Lasdosseñoras.
—
Bravo!General. Ustedtambién, doctor^, defiendelas debilidadesde la
muger?
Yo
nodefiendonada. Esplicaruna causa no es hacerelpanegírico de sus efectos.
Por
mil!!.. Doctor: ¿considera usted el deber como unapalabravana?Cuando unhombre
haconfiadoauna muger
su propio honor, desde luego la constituyede- ÜONDESA.pUQüE.
Condesa.
).l|3uQUE.
Condesa.
Duque.
Condesa.
llalDuQUE.
Doctor.
Duque.
DOGTOE
Doctor.
General.
Vizconde.
General.
Vizconde.
General.
Vizconde.
General.
Vizconde.
General.
Condesa.
Vizconde,
Gertrudis.
feCTO
-(
16)-
positariade unobjeto sagrado, que, niaunáellamisA^EB ma,le esdadotocar.
En
ese caso,lamuger
noes siquieraunindividuoSu
individualidaddesaparece anteladel marido.Y
que hace usted delas pasiones?Opongolahonradez
como
correctivo.La
honradez, consiste,pues, en petrificar el corazón'Amar
alpropiomarido niegaesapetrificación.Y
siellanoleama?Entonces nodebió casarse.
—
(Seoye
música
dentro.íkm Señores, bastadediscursos, quelaorquesta nos Ua-jma
alsalón delbaile.(a Gertrudis,)
— Me
lisongeo, señora marquesa, que!nohabrá usted olvidado habermeprometidoelprimerL wals?
Jamás olvido mis promesas,y sabrécumplir esta con
mucho
placer. «{Al tornarIctmano deGertrudis^ desliza
un
billete^ diciéndo- la amedia
voz.)Vizconde,
Por
favor,nolarechace usted.(El General y Ricardo
han
observado laacción delVizconde,Movimiento
deaynhos.)General. Ah, demo!
Doctor.
Qué
tiene usted?General. Nada.
La
picaragota queme
ha jugado una de las suyas.Y
túquetienes, Ricardo?Yo?
Te
ponespálidocomo
un muerto. Tus manos están heladas.Pues leaseguroá ustedque no esperimento malestar alguno. Absolutamente nada.
Todos se
han
retiradopor
elfondo y Ricardo lessigue.El
Ge- neral detiene alDoctor al tiempo queesteva
áseguiráRi-^cardo.
General. Doctor:
mañana me
bato en desafío. ¿Quiere usted servirme detestigo?Ricardo.
General.
Ricardo.
loCT
lOCT
lENí
-( n )-
Eh?
Que mañana me
bato en desafío.Me
parece que no hablo en griego.Y
conquien?Conel vizconde deMosquera.
Usted?
Si^ yo mismo.
Cómo?
Como,... cómo?...
Como
se acostumbra batirse. Con espada, conpistola...ásu
elección.Pero en quelehaofendidoáusted? .
En
nada,y
porlomismo,mañana
en el club le dará unpisotón: nome
escusaré,y
sireplica añadiré unabofetada.
Siyono leconocieraá usted á fondo, le declararía atacadode enagenacipn mental.
¿Y
cuál es la causa deese duelo?La
causa?..; Porque... porque elmarquésde Prades, mipupilo, es unanimal, unpalurdo. Porque el viz- conde de Mosquera acaba de entregar á la marquesa unacarta, queellaharecibido sin escrúpulo, lo cuai pruebaque sehallanen íntimas relaciones.Y
Ricardo!...Colocado
como
estaba, debe haberlo visto todo.Escúcheme usted conatención. General.
A mí
nome
corresponde juzgar la conductadelmarques de Pra- dos; pero el pasoque ustedpiensa dar, es imposible.
No! Ustedno sebatirá conel vizcondedeMosquera.
¿Porqué?
Porquetodo Madrid hanotadola asiduidad del viz- conde háciaGertrudis: porque todos saben queusted es el tutor de Ricardo,
y
batiéndosecon el vizconde parasalvarelamenazado honorde supupilo^ dará us- ted públicamente un diploma de deshonor, almar-
qués de Prados.'2
General.
KlCARDO,
Vizconde.
Ricardo.
Vizconde.
Ricardo.
Vizconde.
Ricardo.
Vizconde.
-(
18)-
-Tiene ustedrazón. Perotodaesa historiaacabará p proporcionarme unataque deapoplegía.Acompáfíer usted, doctor. Necesitotomar elaire, y algunaco que mitigueesta sofocación. Tengola gargantacon;
un hornoardiendo. {Vánse por elfondo,)
ESCENA
6.^Ricardo,
El
Vizconde.Dispenseusted,señor vizconde,siledistraigopor i
momento
delos placeres delbaile. Pero deseo co;sultarsu opinión, sobre un objeto que he compraí esta mañana. Es reconocida,
como
delmejor gus respectoábellasartes,yporesome
tomola libertí de incomodarle. Si en este pasonome
atengo á Ife usosestablecidos, sírvame dedisculpa, mi ignorancia delas costumbressociales.He
aquí elobjeto deqithablo á usted. ¿Qué le parece? {El vizconde
exam na una
cajitadorada
quelepresenta Ricardo,)Es
unaobraartísticade granmérito.Seatribuye áBenvenutoCellini.
Esprecisamenteloque queríaespresar.
Es unaverdadera obra maestra¿no escierto?
Convengoenello.
No
lleva esculpidoel nombrede Cellini; pero ámí me
hacostadotrabajo reconocer lamarcadel afaim do artífice.Cierto, ciertísimo. Cuanto
mas
se la considera;, tañímas
sedescubrenlasbellezas. ¡Qué graciaenlos coi tornos! ¡Qué armonía enel conjunto! ¡Cuánta verj
morbidez enlas figuras! ¡Es maravilloso!Solousté es capaz dedescubriren Madrid un objeto semejant(|]y
esoque apenas conoceloslaberintos dela coronadvilla.
-(
19)~
jSeñorvizcondede Mosquera, es usteduninsolente!
{le arrebatala caja). Esta caja de plata sobredora- da, esuna miserableimitación^ yasíes
como
ustedlaha considerado desde luego. ¡Esas alabanzas
j
esoselogios, son otrostantosinsultos, de quepido á usted estrechacuenta
!
Estoyála disposición del señor Marqués.
Mañana,
mistestigos, seentenderán conlosdeusted.Debo
prevenirá usted con todalealtad^quejamás he manejado unaespada, nidisparado unapistola.Desdeluego acepto todaslascondiciones quepropon- ganlostestigos delseñor Marqués.
Voy
k disculpar-me
conlaseñora marquesa Gertrudis, anunciándola queunacircunstancia fortuitame
privadelplacer de bailar conellaelrestodela noche.licARDo.
No
dará ustedese paso./izcoNDE. ¡Cómo
!
liCARDO. Siendoelduelo unapartidaenla cual se juegaleal- mentela existencia, debe ser igualpara ambos.
Ora
bien: nuestrascondiciones sociales sondiferentes.
Us-
ted es solteroy yosoy casado.Su
honor de usted des- cansa en sípropio: elmiólocomparten dos personas.Nuestro desafío dará pábulo á mil géneros decomen-
tarios:seintentaráaveriguarlacausa,
y
esa causa,su-.ficientepara nosotros, no tendráigual pesoálos ojos delmundo, que
ama y
busca elescándalo. Cuando unhombre
casado sebate con unjoven soltero, la ca- lumniaseceba enlamujer. Elnombre
dela marque- sade Prados, no debe sonar enesteasunto. Esenom-
bre, que eselmió,hade conservarse puro éinmacu- lado de toda sospecha. Inventemos un medio quelas aleje,
y
desorientetodainvestigación.Ya
hetenido elhonor dedecir á usted, que aceptaré cuanto proponga. Inventey
decida, que á todo estoy pronto.Ricardo.
Vizconde.
Ricardo,
Vizconde.
Ricardo.
-( 20 )-
No
loperabanir- osde lacortesía del señor vizcon y leaquíj qjei/xe ocurre. Se están organizandotidas dewhist. Juguemos.
Yo
no conozcoeliue;V cometerétales torpezaís, que usted seincomodaré
fin, dirigiéndome algunasfrases que hagan inevita elduelo.
De
estemodo
se desvanecenlos comentary
So evitanlo^escollosde nuestra posición respecti porquecuandounapersonacomo
usted, insultaj
p voca públicamenteáunhombre
casado, lamuger
esteúltimo queda, á cubierto de los ataques de maledicencia.
¿Me
ha comprendido ustedbien ahcseñorvizconde?
Perfectamente,
y
se harácomo
usteddesea, (ajp decían quenoteniauso de mundo!Aun me
faltauna recomendación: será la última, marquesaGertrudis de Prados, debe ignorarestedlo. Procureustedque nuestraquerellanollegueá noticia.
Lo
prometo.Cuentocon su palabra de hoñor, y ledoylas grai por todas las concesiones que acaba de hacer]
(Se saludan.
El
vizcondesealejapor
elfond
Ricardolesigue después de esclamar)Oh! no tendrémisericordia!!
ICi
Findel acto primero.
¡comí
*1| ^
liarái
vital
J ACTO SEGUNDO.
2efibitacionparticularde Gertrudis.Unsecreter á la derecha. Mesa redonda contapete.Mueblesconfortables.
ESCENA
1.^Ricardo, despuésel General.
Voy
á cometeruna acciónindignadeuncaballero; lo reconozco. Sinembargo, unafuerza invencibleme
ar- rastra. Necesitoconocertodaiaveruau. Dontrodeese mueble guardasusmas
secretospensamientos...Qué
voyá hacer?... Valor!—
Salgamos deesta horriblein- certidumbre. (aJireelsecreter^ sacauna
caja con papeles^ losreconoce^ y después deleeruna
carta^
esclama:) Oh! no
me
engañaban mispresentimientos.Han
salido ciertas missospechas. (Lee alto.) «Qui- sieraposeer todosiostesorosdelaíl'erra^pararecom- pensaresas divinas p- 'abras, os amo! pronunciadas por vuestros hermosos labios. Alguien se acerca!....ah! esel general. {Segicardalacarta en elbolsi- llo, después decolocarlacaja en elsecreter,)
Doy
á ustedlasgracias, general, porsu exactitud.
ENERAL. Apenas
me
al'^^jabade casa delacondesa, de dondesalípararespirarel airelibre, cuandorecibí tucarta citándome paraestesitio antes delregresodeGertru-
dis. Estoy átus órdenes. ¿Qué quieres? Esplícate!
icARDO. General: debo batirme en desafió ycuenteconV. pa- ranue
me
sirva depadrino.ENERAL. Tú?tútebates endesafío?
qi,)
ÍCARDO.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
Ricardo.
General.
-( 22 )-
'Y
esolemaravilla áusted?Y
con quién?Con elvizconde deMosquera.
Ah!
— Y
cuándo?Hoy
mismo,álas sietede lamañana.Hazme
elfavorde repetirmelo que acabas de decir.Digo, que
me
bato en desafío,conelvizconde de Mos- quera, hoy mismo, dentrodeuna hora,y
he contad»con usted paraque
me
sirva de padrino.Has
provocado alvizconde?No: elvizconde hasidoelagresor.
Ah!—
Cuándo? Cómo?Esta noche, con motivo deunapartida de juego, enei
baile dela condesa de Mérida.
Y
tu muger?Nada
sabe, y nada debesaber.Escúchame, Ricardo: soyelamigosincero de tubue-
namadre: fui elmejor^ el
mas
constanteamigodetipadre, quemurió en misbrazos... conqueasí, no de-' bestenersecreto alguno paramí.
Dame
tupalabrad
honor, de queesa querellasobreeljuego, no tuvo si
origenen otraprecedente conelvizconde.
—
Ah!guar- dassilencio?—
^^Luego observastesy decidistes batirte— Y
fuistes tú,túelqueprovocóalvizconde?(pausa—
Señor marquesde Prades, ruego á usted queaceptí mi mano,y me
perdonela sospechaquehabia conce bido contrausted!General!
Te
habia juzgado mal.— Te
habia acusado de cobardeY
ahora?Consiento, con todaelalma, ensertu padrino. Dispu taria esehonroso puesto á todo elUniverso! Perodi
me: túno has manejado nunca una espada.
—
¿Tirala pistola?
0 0
1%
Ricardo.
No
señor.ENERAL,
ICARDO,
ENERAL.
:iCARDO.
ENERAL.
I^IGARDO.
jENERAL.
Marquesa.
Ricardo.
Marquesa.
-( 23 )-
Y
entonces, ¿cómo tevas á batir? el vizconde es un duelista consumado.El vizconde esdemasiado caballero,para aceptar to- das las condicionesque neutralicen las ventajas que
me
llevaen el manejode lasarmas.Nos
batiremos á pistola, áveinte pasos,marchando defrente, y dispa-rando ávoluntad.
Pero eso esla muerteinfalibledeuno delos dos?
Infalible!
Muj
bien, Ricardo. Eresnobley
valeroso. Pero siel vizcondeselibradetus manos, tendrá que comenzar denuevolapartidacon este viejo lobo.Ahora,tregua álos suspiros. Nuestros semblantes,como
de verda- derosfilósofos, debenllevar lamarca delaindiferen- cia.Voy
ábuscarálostestigosdel vizconde,y
de pa-soal doctorArtigaspara que nos acompañe.
Te
es- peramosen laplazadeSanta María.—
¿ConveniSo?Convenido.
Apenaste quedatiempo para abrazar á tu madre.
—
Ahora, señormarques dePrados,
hagamos verá
esos leones dela corte, quelos ososdelasmontañastienen también dientesy
garras.ESCENA
2."Ricardo, despuésla
Marquesa.
Esjusto.
No
tengotiempomas
quepara abrazarámi
madre! Cuál no será su dolor si la suerteme
fuese contraria! Ah! ahoguemoseste pensamiento que pu- dieraquitarme el valor.— Mi madre
!-Señora!..Qué
tesorprende?Levantadatan temprano,y enelcuartodeGertrudis!
No
eslaprimera vez que esto sucede;perocomo
ha- béis adoptadolamoda
de tenerhabitación aparte, noes estranoqueloignores. Desde que,cediendo á tmfAi ruegos,
me
trasladé á Madrid, todas lasnochesy
to- daslasmañanas, miprimeroy
último pensamientoha sido abrazar á la esposa elegidapor tucorazón.Ricardo.
Mi
buena madre!Marquesa. Me
alegro encontrarteenelcuarto detumuger, Tula sehaacostado ya?Ricardo. Tula no havuelto todavía.
Marquesa. Ah!
Ricardo. Pero no tardará en volveracompañadade sutio. Tula
ama
los placeresy
jonopuedo resistir á sus deseosMe
sentiaunpocofatigadoy
poresome
vineá des- cansar.Marquesa.
Dejando solaátumujer?Ricardo.
Pude
hacerlosininconveniente,desdeelmomento
que, á faltadel marido, quedabaalladode la esposa un deudodelgradoy dela edaddelduque.Marquesa.
(Sentándose,) Siesaes lacostumbre, noinsisto. Ha- cetantotiempo queno voyá reuniones, que he olvi- dado lasprácticas. Pero, ahora que reparo: ¡Quépá-lidoestás!
Ricardo. Efectos del cansancio.
—
Vas á esperar á Tula?Marquesa.
Si.Ricardo. Deberíasdispensartepor ho}^ Tambiénnecesitasdes- cansar.
Marquesa.
Esya
casi de diay
Tula no debe tardar.No
pudiera recojerme contenta sinhaberla abrazadoantes.Ricardo. Entonces, permíteme que
me
retire á mi habitación.Conozco que estoy
muy
cansadoy
necesitodormir.(Quiereirse
y
titubea^ lamarquesa
lo observa,) Marquesa. (Ap,) Ah! (Alto,)Te
detienes? Comprendo!No
tedecidestampocoáabandonar esta estancia, sin haber vistoátuGertrudis.
Ricardo. No...
No
es esolo queme
detiene... Deseo queme
bendigas, yreces pormí.
ICAR
ICA
[aí
!1
-(25)-
[arquesA.
En
tu aspectoyentuspalabras,observo unaespresion tantristeque empieza á inspirarme inquietud.[CARDO. Tranquilízatej queridamadre: nadaacontecequepue- daturbartu tranquilidaddoméstica.
Me
siento algotriste: es unapreocupaciónesclusivade
mi
ánimo; por esobusco consuelo en tumaternal afecto,j
te digo:«bendíceme,
como
acostumbrabas áhacerlo enelpala- ciodemis padres.»[arquesa. Sí: tú
me
ocultasalgúnsecreto;yolosabréalün, por- quenada escapa ála penetración deuna madre. Pero ya quemi bendiciónpuedecontribuirá tu alegría, ¡yo tebendigo desdelomas
profundo de micorazón!JCARDO. (Inclinándose antelamai^quesa^quele
da
beso enlafrente,)Gracias!
mi
buena madre.—
Gracias!ESCENA
3."La Marquesa,
después Gertrudis.[arquesa. Quisieraconvencerme delocontrario;
mas
presienta que Ricardo no esfeliz. Después de tan+os afanes y angustias ¿habré contribuidoyo misma, á la infelici-daddemihijo?¿Quién podráiluminarme en ese obs- curolaberinto? Ah!... el General Rajadeil debe conocer todala verdad. El
me
la dirá,aun cuan- dodebacostarmelavida.Gertr%(jdi8aparece
por
elfondo:alpresentarse en escena se uitaelabrigo que arrojasobreun
mueble, asícomo
elrami-
ete.
rERTRUDis. Cómo!
Aun
estás levantada, mi queridamamá?
íarquesa. Deseabaabrazarte,
como
decostumbre, á turegreso delbaile.rERTRUDis. Cuáuto
me
amas!Marquesa.
(Sentándose.)No
podré nunca quererte bastante^- iencambiodela dicliaque procuras ámiliijo.
Gertrudis.
{Idem
)No
debes atribuirme una virtud que no po-|seo.
Soy
porel contrario, digna devituperio, puesto!que obligoáRicardo á sacrificarsus hábitos parasa- tisfacermis caprichos. Pero, quequieres!
No
puedoresistir á laprivación del atractivodeciertosplaceres, que
me
seducenjhalaganla vanidad delamujer.Marquesa.
Lo
comprendo, v notecondeno.Mas
seme
figuraque Ricardo no sehade haber divertidomucho
en la úl- timafiesta.Gertrudis. Sihe de confesartelaverdad, no hefijado la atención,jpj enél.
Me
he vistoliteralmente asediada. Ricardo,co-mo
silohicieraá propósito^ ha permanecidolejos demiladotodalanoche. i
^
Marquesa.
Abandonó el baileantes quetú.Gertrudis. Así
me
lo dijo mitio.Marquesa.
líehablado con tumarido. líaceunmomento
se lia- llabaeneste sitio.Gertrudis. iVh!
Marquesa.
Se sentiatancansado, que tuvo que retirarse á sr cuarto.Puede
que todavía no sehayarecojido: Quie*resquele
mande
államar?Gertrudis. Oh! no, no!..
No
leincomodemos. (Pausa.) Marquesa. Escucha, miqueridaTula: siyoreclamase detíunsa-crificio
—
un gran sacrificio—
para mi tranquilidad, porelamor
detumarido ¿mesatisfarías?Gertrudis.
Un
sacrificio!Y
cuál?Marquesa.
Abandonará Madrid, yvolvernos á Prados.Gertrudis. Si túlocrees necesario... Silo exije Ricardo!
Marquesa.
Ricardo noexije nada, peroyolojuzgo necesario.Gertrudis. Todoaquelloquetu decidas,
mi
queridamamá,
sen aceptado pormí de buenavoluntad, á pesar delo quí|acabo de decirte.
I[¡j.
Marquesa. (Levantándose
y
besando d Gertrudis.)Muy
biení
\
-( 27 )-
hijamia,
j
teloagradezco enelalma.Te
dejo,porquej también tendrás necesidad dedescanso.
Voy
á enriar- tetucamarera. Hastaluego.(La marquesa
se reti- ra después de besardenuevo
á Gertrudis^que
laacompaña
hastalapuerta,)ESCENA
4."Gertrudis, despuésRicardo,
SRTRUDis.
No
-respiramas
que por suhijo!¿Y cómo
correspondo yoá suafecto, ásus cuidados? ¿En este instante,no
he burladosusesperanzashaciendo traición á su fé?{pausa,)
Y
quién tiene laculpa?Podiaamar
yoáunhombre
con quienme
hicieron casarpor egoismo, y queno respondía á ninguno de mis ensueñosjuveniles?Partí deligero,
mas
nc» fui criminal.Y
esta ligereza sepresentacomo
unaculpa álosojos delhombre, cuyotítulo llevoy cuyo honordeborespetar. {Sacalacar- ta del vizconde,)Otra carta
mas
en que se espresa la pasión con caracteres de fuego,y
que en nadasediferenciadelas otras.
(Abre
elsecreter^sacaelco- frecillo delas cartasy
depositaenéllaúltimade-jándolo
sobrelamesa,) Pasiónfunesta, queapare- ció en unmomento
deinesplicable abandono: palabras que nunca debípronunciar! {Sesienta). Mas,fueron loslabiosóelcorazón, los que pronunciaron aquellas palabras?No
lo séf perome
parecequeunavozsecretame
repite: No; tunoamas
aun! cuandoamesdeveras, dejarás deser frivola é indiferente,porqueamaráscon pasióny
serásinfelizportuamor.liCARDO. Señora, vengoá anunciarosuna mala noticia!
GERTRUDIS.
(Levantándose
sobresaltada,) Ah!... erestú,Ricar- do?Qué
noticia es esa?I
-( 28 )-
Ricardo.
(Con
solemnidad,)Hace
pocosinstantes, el vizcond deMosquera ha muerto endesafío.(tertri'dis. Muerto!... endesafío!... tú!... ah!...
Ricardo. (
Con
frialdad.) Osaconsejoquearrojéisalfuegote das esas cartas, que probablemente estaríais lej^end antes demillegada.Una
mujer de vuestracalidad,n debe conservaresostestimoniosde sudeshonra.Gertrudis. [Indignada.) Ricardo!
Ricardo. (
Con
frialdad.)No
olvidéisqueestanoche recibimo á nuestrosamigos. Haréis los honorescomo
si nad hubiesesucedido.Gertrudis. {Aterrada.)Oh!
Ricardo.
{Con calma y animándose por
grados.)Aun
cuand<oshajadecostarlavida,esnecesarioque ningún cam- bio aparentesenote en nuestros hábitos. Despuésdej
acontecimiento de estamañana: después delo que S(!
hanatrevido á
murmurar
en nuestra sociedad,recibi-remos esta noche inmensaconcurrencia. Todosambi- cionaránobtenerla prueba deloque, hasta ahora, es solo unacalumnia. Nuestros rostros no deben ocultar nada, ni revelar cosa alguna. Existen dosobjetosma¡
importantes que vuestrosdolores,
y
áloscualesesne-cesariosacrificarlo todo: elhonor de
mi
nombre,y
latranquilidad de mimadre. Ninguna mancha,mientras yoviva, caerásobre el apellido de
mi
padre: ninguna nubedebe turbarlaserenatranquilidaddeaquella, que solo vive pormí
y paramí. ¿Queme
importan vues- trosdolores,vuestraslágrimas,vuestradesesperación.Tenia un corazóny
me
lohabéisarrancado del pecho.Aqui dentro soloresuenaya eleco de un granvacío.;
La
piedad hadesaparecido con elamor.Aun
cuandoI os viera espirante ámis pies, noos perdonarla. {Mo-^vimiento de tensor de Gertrudis. Pausa.) Escu-
chadme
bien!: Osevitaré elescándalo del escarniopú-blico: ninguna sospechaos mancillará.
Nunca
saldrállCA
?oto
jjrERTRUDIS Ricardo.
»
-( 29 )-
de mislabios unareconvención.
No
osestimo bastan- te paraformularla. Si solohubiese escuchado mi pa-sión, oshabriamatado, suicidándome después. Pero debovivirparami madre, para sostener el honorde mi nombre.
—
Elcastigoqueosimpongo,esel devivir dichosaálos ojos delmundo.Me
habéiscomprendido?{Aterrada.) Pero noesun sueño loqueestápasando?
Oh! Estáisasombrada?no
me
reconocéis hoy por elhombre
de ayer?No
loestraño:Yo mismo
nome
re- conozco.No me
es fácilesplicarcomo
se ha operado enmí este cambio.He
vivido veinteañosen pocasho-ras. ¿Qué vaáser demí?
Lo
ignoro! Perome
impor-ta, queesa locamuchedumbre,ávida deescándalo, se convenza, dequejamáspudisteis
amar
á... aquelhom-
bre.
No
habéis calculado cuantas iban áserlastortu- rasdemi
corazón:yono tendré piedad delasdelvues- tro. Si miporvenirhamuerto, si ha desaparecidomi
felicidad, almenos
mi
nombrevivirárespetado eter- namente, y mimadre
disfrutará deunaexistenciasin lágrimas niamarguras. {Gertrudis cae de rodillas suplicante,){La
repele,)Mi
resolupion es irrevocable!Lo
que he dicho debeser.Lo
quiero!{Gertrudis seinclina sin
desmayarse
yabrumada
de dolor.Ricardo lacontempla
un momento,
titubea^pero se rehacey
repitecongesto imperativo:) Ricardo.
Lo
quiero!Ricardo,
Fin del acto segundo.
ACTO TERCERO.
La mismadecoración del acto segundo.
Docr
La Marquesa^
Gertrudis,La
Condesa de Mérida, elDoctoi Artigas, elDuque
de Tineoy
elGeneral
Rajadell.DOCT
Duque.
Doctor.
(Aparecenlasseñoras sentadascerca dela mesa.
Los
cabe Uerosformando
gruposde
pié ósentados.El
Doctor de pi enelcentro.)Doctor.
Puede
usteddudarcuantoguste, señor duque; pero que acabo detenerel honor dereferir,no es inver cion. Eshistoriay verdadera.Sostieneustedformalmente, queel
menor
movimieni quehagamos comprometenuestraexistencia?Lo
sostengo con toda formalidad.Un
estornudo, u suspiro, ungesto, unademan, un paso, elnaturale¡5fuerzo para tragarel alimento, la acciónde beber u'
vaso de agua, elhablar, elllorar, elreir, el estard pié óderodillas, elmontar ácaballo, el ir en coch(
de todas maneras, enfin, ponemosen peligro nuesti
vida. '
Segúnesasmáximas, seránecesario estarseaseguran do continuamente, de que nosehamuertouno?
La
vida esun punto, que seborraconlamayor
facilidad.
Por
ejemplo: Supongamosmi
querido duque, qu sele ocurreá usteddarun apretóndemanosáun ami go, ótomar un polvode rapé enmi
caja. {Ofrecerape
alduque,)Puesbien:yoleaseguroqueambosmo
vimientospuedenocasionarleunadislocación.
Duque.
Doctor.
Sen
Doc
Con
(je:
Cío
)UQUE.
)0CT0R.
)UQUE.
)0CT0R.
)UQUE.
)OGTOR.
jtENERAL.
jtENERAL.
-(
31-)-
Cáspita! {Retira la
mano
sintomar
elpolvo.)En
un viaje quehice áAlemania, conocíá un médico que estaba tan persuadido de que elhombre
vasiem- pre en busca de unpeligro, que resolvió nomoverse desu poltrona, alimentándose con pan y agua.Y
viveaunese prudente facultativo?No
señor: hamuerto.De
fastidio?Ciertodia^ queriendo sacudir un átomode polvo dela
manga
desu bata, seleencogióuntendón, lo cual le produjouna inflamación: siguió el tétanos,y
el pobre murió rabiando.Y
deque manera pueden evitarsetodosesospercan- ces?No
pensando enelloS;, yobrandocomo
sinadapudiera suceder.Y
entonces, para que sirvetoda la ciencia que usted posee?Para
atormentaralprójimo,y despacharle enreglaal otro mundo.Merecía usted una encomienda, por su sinceridad, Doctor.
Duque, ¿quienha ganadopor finelprimer premio en las carreras deayertarde?
La
3"eguaárabe de nuestro queridoamigoel marques de Prades, montadaporélmismo.Eléxito no admitia duda.
Quien lohubieradicho, hace dos meses!
Y
si fuesesoloesa maravillosahabilidad queha des- plegado enel artedela equitación?Es
un cazador intrépidoy arrojadocual ninguno.La
últimaaventura delosmontesde Toledo, ha dado que deciren todala villa.Es muy
natural. Esponersecasi áuna muerte segura por salvaráunode sus compañeros...Y
con cuanta-( 32 )-
modestia, con cuantagracia refiere el hecho! Pos untalentonada común, yhablamejor queunabogad Doctor. Tiene usted razón, condesa. Elmarquesde Prades
uno de losprimerostalentos de la época.
No
pare^sinoque,
como
losavaros, hatenidoencerradoel cpital, acumulandointereses sobre intereses, y resé vándoseloestrictamente necesario paravivir.
Marquesa.
Debenustedes conocer^como
yo, la verdadera cau deesatransformación, ycomo
yodarlasgraciasáe teángel debondad y deamor
que ha sabido oper;tangranmilagro. (Ab7'azaá Gertrudis,) Gertrudis.
Qué
estás diciendo?Marquesa.
I^averdad.Te
habiaentregando un rústico campesiiy me
devuelves un caballero perfecto. Jamás podi agradecertebastante, esta bella obra.GrERTRUDIS. {Ap.)
Qué
SUplicio!Doctor.
Y
añadan ustedes á esos conocimientos especialeí otrosmas
estraordinarios todavía.En
el círculo 1:hechocallaráunacadémico, y obligadoáser cortés unprofesorde gramática.
Marquesa. Ah
querido doctor! todos nuestros esfuerzos durani veinte años, nohanalcanzado loquemi
G-ertrudis dos meses. Ellahaconseguido pulimentar esa piedr preciosa,dándonos á conocer todo su valor.Gertrudis.
Mamá,
eso esyademasiado. {Apay^te.)Me
estoyalio gando!Condesa. Pero dondepasaeltiempoesepersonagetan seductoi
Marquesa. Nos
habiaprometidovenirtemprano,y
sonmas
d las dos,y
noparece.Doctor.
No
haj^ que compadecerle. Tal vez obtenga en estmomento
un nuevotriunfo literario.Duque. {Al Doctorcí
media
voz.)Yo
di'^o^idividi k(\}xe en cuentraenca^^adela Diva.Doctor.
No
esestraño!Un
hombre demundo
á lamoda...Gertrudis. (Aparte,) Kh\.,,
SER.'
mi
m
i íic'i