• No se han encontrado resultados

ODIO Y AMOR. CÉSAR ROM4NO DRAMA EN CUATRO ACTOS Y EN PROSA, BARCELONA. Leopoldo LomknecHj Baska. 'jo,

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2022

Share "ODIO Y AMOR. CÉSAR ROM4NO DRAMA EN CUATRO ACTOS Y EN PROSA, BARCELONA. Leopoldo LomknecHj Baska. 'jo,"

Copied!
56
0
0

Texto completo

(1)

3^

ODIO Y AMOR.

DRAMA EN CUATRO ACTOS Y EN PROSA,

IMITACION i)E LA ESCUELA ITALIANA,

por

CÉSAR ROM4NO

Representado en el Teatro de Novedades^ á beneficio de la dis- tinguidaprimeraactriz, la señorita dona Gertrudis Casti'o»

en la noclie.deljueves 17 de Agostode 1871.

BARCELONA.

JaVIprenta J)k Leopoldo

LomknecHj

Baska. 'jO,

1871.

(2)
(3)

ODIO Y AMOR

DRAMA EN CUATRO ACTOS Y EN PROSA,

IMITACIONDELA ESCUELAITALIANA,

por

CÉSAR ROMANO.

Representado en elTeatro deNovedades, ábeneficio de la dis- tinguida primera actriz, la señorita doña Gertrudis Castro, en la noche deljueves17 deAgostode 1871»

BARCELONA,

Imprenta de LeopoldoDomenech, Basea,30.

1871.

(4)

1

REPARTO.

CterTRUDis,

marquesa

de Prades,. Srita. D.^ Gertrudis Cas

La marquesa

viuda de Prades. . D.^

Cármen

Fenoquio.

La

condesa de

Mérida

»

Ana

Sola.

Ricardo,

marqués

de Prades, , .

Don

AntonioVico.

El general Rajadell

» JulioParreño.

El

DUQUE DE TiNEO » José Izquierdo.

El

doctorArtigas » JoséAlisedo.

El

VIZCONDEDE MOSQUERA.

...

» JuauReig.

Don Pedro

Macías.

...

» N. Puga.

Un

lacayo.

La

escenapuedesuponerse á voluntaddel Director, áfinesdel glopasado, óenla épocaactualde

187L

Madrid.

Esta obraes propiedad de suautor,

y

nadiepodrásinsu pern Sü representarla en España, ensus posesiones de Ultramarni los paisescon quienessehaya celebradoó se celebren tratadosi ternacionalesde propiedadliteraria.

Loscomisionados delas galerías dramáticas

y

líricasdeloss

íiores Guitóné Hidalgo^son los encargados esclusivamente (

cobijodelos derechos derepresentacióny venta deejemplares.

Quedahechoel depósitoprevenido porla ley. i

(5)

A VICO.

Testimonio de amistad y simpatía

DE

CÉSAR ROMANO.

(6)
(7)

ACTO PRIMERO.

aloRde descanso con rompimiento que permitedivisar otros salones. Mue-

bles yadornosdeiujo.iluminación,üiicofidente, en primer término á la derecha delactor,decaraalpúblico.Puertaslaterales.

ESCENA

1.^

Al

levantarse eltelón se oye

música

dentro, JD.

Pedro

apa-- ecerá

por

elfondo^ dirigiéndoselentamente haciaelsofáque staráenel

primer

término^

donde

se sienta.

El

doctor le si-

me

ápocfiLdistancia observándole.

)0NPedro. Uf! Gracias áDios!

)ocTOR.

Tan

pronto abandona usted los salones, señor don Pedro?

). Pedro. Despuésdeveinte anos deinacción,nodebe usted es- trañar que rindalasarmas á laprimera escaramuza.

)ocTOR. Lástimagrande, porquela fiestaesdeslumbradora.

). Pedro,

Su

excesivobrillo justificamifatiga.

)ocTOR.

No

esdela

misma

opiniónlajovenmarquesaGertru- disde Prados, que parece estaren su elemento. {Se sienta?)

). Pedro. Juventud,fortuna, bellezay ungran título,abonanesa predisposición naturalde su ánimo.

)ocTOR.

De

laque no

me

parece participarelmarqués Ricar- do, en quien, sin embargo, militan iguales circuns- tancias.

). Pedro.

Tampoco

deberla ustedestrañarlo, doctor,conociendo

como

conoceelgéneroparticularde educaciónque

ha

recibido

mi

querido discípulo.

)ocTOR. Usted comprendeahora?...

(8)

D. Pedro.

Doctor.

D. Pedro.

Doctor.

D. Pedro.

Doctor.

D. Pedro.

Doctor.

D. Pedro.

-{ 6 )-

Lo

que tanto elGeneral Rajadell, tutor de Ricardc

como

yo, hemoscombatido siempre. Perotodosnúes tros esfuerzos se han estrellado contra la invencibl tenacidad dela marquesaviuda.

Y

usted provee?....

Una

catástrofe, si nolaimpide algún suceso proviloc' dencial.

Es bien posible!

Despuésde aquel desgraciado desafío quecostólavi-

daalpadre de Ricardo,la desconsoladaviudaseretij

ró á su viejopala*ciode Prados,jurando no volver ma;

áfrecuentarunasociedadquelearrebatabalaprend

mas

querida de su corazón.

En

aquel desierto se pro- puso educar a suhijo, y tuve elhonor deser elegidi para preceptordeljovenmarqués. Calculéqueeltiem' po, dandolugar álareflecsion, modificaría losimpru dentespropósitos dela marquetea: perodesatendiendo todas nuestrasobservaciones, seafirmó

mas y mas

ei

sus ideas, creyendo quelacienciaysuestremado ca- riño, bastaban para asegurarelporveniryla felicidac

de Ricardo.

Que

es, conefecto, uno delosjóvenes

mas

instruido;

que conozco.

En

cuanto ásaber, habrá pocos que le igualen;per(

todosleaventajan en la ciencia, conocimiento

y

uso

del mundo.

Contodo, noha sido tanignorante cuando hatratadc deelegirunacompañera.

Ese enlacehasidootro errordecálculo delamarque- sa.

Ricardo encontró á Gertrudis, porcasualidad, ei los alrededores de su morada,

y

se enamoró ciega- mente deella. Falto de experiencia,y acostumbrado ; reconcentrar en

mismo

todas sus sensaciones, no, ocultóaquella pasión naciente

y

untantoromancesca quesupoadivinarlapenetración deuna madre. Anhe^

(9)

Doctor.

B. Pedro.

-.(

7 )-

landosatisfacerlos ardientes deseosde sufijo, pidió, sindetenerse á reflexionar ni oir consejo alguno, la

mano

de Gertrudis, á su tutor el duque de Tineo, quien,

como

era deesperar, se apresuró á otorgarla sinconsultará su sobrina.

De modo

queGertrudis?...

Seencontró casadasin saberdarse cuenta de tan se- rio compromiso.

Empiezoá comprender.

Ya

sabe usted queelduqueTineo,causólaruinade su hermano mayor, contrayendoenormesdeudas quesa- tisfizo aquelpara conservarileso elhonor de su

nom-

bre. Muerto elduqueJuan, heredó sus títulos

y

los

restos de su fortuna elactual,jtio de Gertrudis, quien ha educado á su pupilasegún sus

máximas y

princi-

pios, no

muy

ortodoxos.

Usted supone queGertrudis?...

Yo

nosupongo nada que pueda menoscabarenlo

mas

mínimo su reputación. Pero Tulaes ligera de carác- ter,

y

le gustaluciryser obsequiada: sumarido, ca- reciendo de tactosocial^y apasionado

como

toda natu- raleza primitiva, á los atractivosde sumuger, lucha enunterrenoresbaladizo donde puedesucumbir á la

menor

imprudencia.

Me

hace usted temblar!

No

exagero.

Ricardo no se encuentra acorazado pa- ra combatir enunasociedaddesconocida;

y como

el

trato nohapodidoamoldarsus sensaciones álos usos delmundo, el diaque su carácter altivo e impresio- nablereciba unchoque cualquiera, sedesarrollaráco-

mo

laerupciónde unvolcan, y cual lava ardientelo abrasará todo ásu paso.

Tal vezno.

Ojalá

me

equivoque; pero tales deben ser los frutos deesamalhadadaeducación,áquelehansometidolos

(10)

-( 8 )-

pueriles éinfundados temores de la marquesa viuda de Prades.

Buque.

Doctor.

Duque.

Doctor.

Duque.

Doctor.

D. Pedro.

Duque.

D. Pedro.

Doctor.

Duque.

ESCENA 2/

El

Doctor^ D. Pedro, el Duque.

(Por

elfondo^ elegantemente vestidocon preten^

sionesj,

No

puedo espresar la satisfacciónque

me

produce este encuentro, señores.

Me

consideroaisla-

do, enmedio deesasociedadnueva donde

me

presen- to alcabo dediez años deausencia.

Es

natural.-—Pero dónde ha dejado usted ála

mar-

quesa Gertrudis de Prades?

A

misobrina? Bailando. Elbaileessu pasión favorita.

Y

quetal seencuentra enlaCorte? ^

Contentísima. Cadapasoqueda enlasociedad, es un nuevotriunfoparasu

amor

propio, parasubelleza, j

lasgraciasdesu talento: opimosfrutos de la educa- ción que

me

envanezco haber sabido darla.

He

aquf

mi

obra!

La

provinciana,

como

sela calificóá sullega- da áMadrid, sehaconvertido enelespaciodeunmes^

enlareina de nuestrossalones.

Es

undoble

y

lisotigero triunfoparausted,que hasido sututor

y

sumaestro.

Y

el marquésdePrades?

Elmarques,en tanto que su

muger

baila

y

fascina^

sirve deadorno á lasgalerías. Se aburre

y

suspira porsu casa. Elqueconsiguierapulimentará esetron- cosilvestre, obraríaun verdaderomilagro.

(ap,)

Valientementecato!

Sinembargo, Ricardo no es tonto.

Precisamente, su talento es loque

mas

le perjudica.

Convénzase V. amigomió;un sabio, no esun

hombre

demundo,

y

hace

muy

tristepapel enmediodenues- trasociedad, á pesar de toda suciencia.

(11)

ESCENA

3.^

El

Duque, D. Pedro, el

Doctor y

el General.

(Alduque).

Graciasaldiabloque encuentroá usted.

Que

ocurre, General?

Ocurre... que noestoy contento.

Y

por qué?

Porque Tula...

Mi

sobrina!

Qué

hahecho?

Nada

grave; pero no estoy satisfechodesu conducta.

General!...

Vamos^

confieseusted que no

ama

áTula.

No

solo laamo, sino quedesearía adorarla.

Entonces ¿porqué se muestra usted tan severo con ella?

Porque

me

veo obligado á representar el papel que corresponde áusted.

No

comprendo!...

(El Doctor

toma

elbrazo

de

D.

Pedro y ambos

se alejan

por

el

fondo

^

dando

á entender,

por

ges-

tos, quese

marchan por

dÁscrecion.)

Gertru'dis esjoven, hermosa y llenade imaginación.

Ya

vé usted que hacerla justicia. Peroal

mismo

tiempo es ligera, inconsiderada

y

orgullosa,

y

usted

debería aconsejarla.

Puesto que usted reconoce que

mi

sobrina tiene ta- lento,no necesita del delos demásparaconducirse,

y

sebastaráá propia.

Su

sobrina de usted presta dem.asiadaatención álos galanteos del vizconde deMosquera,esejoven elegan- te

y

pretencioso...

Soyyo, por ventura, elmarquésdePrades, para ocu-

parme

deloqueleconcierne?

Ricardo adorademasiadoá su mujerpara notar otra

(12)

lENE

-(

10

)-

cosaqueloque halaga su pasión.

Nada

vé, nadaoje yno dudade nada.

Duque.

Y

entonces, con que razónycon que derecho^semez- cla usted en ese asunto?

General. Mildemonios!!...

Duque. Calma, General: nolia}^ motivo paraacalorarse. No- sotrossomospersonages deotro^iglo. DejemosqueL juventud deahora, disfrute deltiempo presente. Tul;

es virtuosa, ylas galanterías delvizcondedeMosque- ra, no traspasarán los límites de un entretenimiento permitido ytolerado por nuestrasociedad.

Mi

sobrinfc estácasada^y nada tengoya que ver con susasuntoil¡ui

domésticos. Pues queexisteunmarido, áellecorres-

pondevelarporlo que le interesa. (Saluda

y

se vá.

General. Yiejo estólido j egoísta! Pobre Ricardo!Será menes- terqueyovigile... queyoevite... Heloaquí!

ESCENA

4.^

El

General, Ricardo.

Ricardo. [aparté)

Por mas

que procuro desentenderme dees- teinoportuno pensamiento, Fiias

me

preocupa

y

ator- menta.

General. Ricardo!

Ricardo. Ah! esusted General?

General. Estás pensativo... triste...

Ricardo.

Yo?

no... Recordaba

mi

viejopalacio, los añosde

m

juventud pasados en aquelapacible retiro, en aquelli soledad llenade encantos paramí, y

me

sentía con- movido.

General. No! tú pensabas enGertrudis.

Ricardo.

En

Tula!

General. Tratas deengañarme? Vaya, franco. Esplícate coi todalibertad. Oh! no puedes, no debes ocultarme ii

(13)

-(

11

)-

que pasa en el fondodetu corazón.

Amas

átu muger,

y

ese

amor

es loqueconstituye tu suplicio.

Por

qué?

Porque estásceloso.

liCARDO. Celoso!

tEneral. Sí, celoso.

Lo

he visto con mispropios ojos. Soybas- tante fisonomistapara no engañarme. Hacepoco, el

vizconde deMosquera, fijóunaardientemirada entu mujer,

y

tepusistes pálido.

Tiene ustedrazón. Sufro cruelmente.

Amo

á Tula, y Tulano

me

ama.

Acaso exajeras.

No, no

me

ama.

Pero tú erespara ellael mejor de los esposos.

Es

verdad.

Amo

áTulahasta el punto de no poder resistirá ninguno de sus caprichos. Todoloolvidopor

ella. Estoy resuelto ásacrificar

mi

vidaentera, si es necesario,á sufelicidad. Cuando

me

encuentroásula- do^ temo que no

me

considere digno de su amor.

Pe-

rotodo esto nobasta.

Yo

no poseo eldon quesere- quiereparacautivará una muger, inspirándola ese orgulloque ser-efleja enel objeto amado.

Como

pue- do 3'o, rústico campesino, alternar con esabrillante juventud que

me

eclipsaconsusmodales

y me

pone

enridículo á cadapaso?

Con mildemonios!

vales

mucho mas

que ese en- jambre de abejorros, tanignorante

como

estúpido.

eres unsabio!

Quizá; pero unsabionoesun

hombre

demundo,

y

to- domitalento, si es quelo tengo^ palideceanteeloro- peldetanto necio, que sabeocuparunpuestoyrepre- sentar un papelen esa sociedad áque soyestraño.

Y

que deduces deesto?

Que

Tula

ama

lo quebrilla, aun cuando esebrillosea.

falso; y

como

yonopuedo ofrecerásus ojos esaapa- riencia ficticia queladeslumhra, nunca podrá

amar-

(14)

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

-(

12

)-

me como

yola

amo j

deseo seramado.

He

aquí por- quesufro,

j

quiero morir.

sufres? Tii quieresmorir?Tú? Oh! Votoámil!!

Procuraaplicarun bálsamo á tu herida, ó

me

harás salir dequicio sicontinuasmanifestando esa cobarde apatía.

y

quequiereustedque haga?

(Seoye dentrolaor- qioesta del baile,)

Abandonarla capital. Si nopuedes avenirte á alter- nar conesa sociedad, suplicaá Tula querenuncie, por su parte,á tanfrivolos placeres,

y

vuélvete átu casa de Prades.

Tula no consentirá.

Acaso¿no eres dueño?

De

martirizarla?No!

No

debo en provecho miósacri- ficarsuexistencia.

La

vida en Prades, seriaparaella

unsuplicioigual alque esperimento yo en Madrid

¿Porquélahe deprivardesus placeres?

Debo

trans-

formarme en unegoísta porque estoy enfermodelco- razón?

y

aun cuando

me

transformara en egoísta, co- nozco que no tendría valor para luchar contra Ger-

trudis.

Que

diablos

me

estásrelatando?

No

entiendo una jo- ta! Sufres, pones eldedo enla llaga,

y

no tienes va-

lorparaaplicar elremedio quehadecurarla!

NO;, lo confieso,no tengo ese valor.

No

puedo!

Pues entonces ¿quées loquepiensashacer?

Procuraré conformarme, aceptandolaparte

queme

to- caensuerte: laabnegación.

Que

Tulasea dichosa: que yola veasonreir siempre: queella

me

devuelva una pequeña parte del afectoquela he consagrado,

y

un

dia,quizá, serétambiéndichoso.

Tu

filosofía, llegaráhasta elpunto de...

Que

quiereusted decir, General?

Llevarástu abnegación hasta el punto de consentir, queel vizcondede Mosquerasepermita?...

m

)üci

loci

(15)

í'tílCARDO.

jENERAL.

lieARDO.

'^tENERAL,

r4

-(

13

)-

General! usted no cree en eso queestá diciendo.

Puessilo creo... Votoaldemonio!

No...

No

lo cree usted! lorepito!

Silencio!

ESCENA

5.'"

'liGARDO,EL General, Gertrudis, la Condesa de Mérida, el Du- que DETiNEO, EL

Doctor

Artigas,

y

el Vizconde deJN^osquera.

Las

señorassesientan

formando un grupo

ála derecha:el

Vizconde

ocupa

elpuesto detrás deGertrudis, Ricardo

y

el General^ depié, frente á las

damas. Los demás

personajes de piéósentados

formando

cuadro^.

gertrudis.

Condesa.

)UQUE.

'Doctor.

Duque.

Doctor.

Duque.

jteneral, Duque.

Quiero respirarunpoco, condesa.

Ya

queestos caballerosson tanamables, que abando- nan elsalón para hacernos compañia, descansemos un rato enestasala.

Saben ustedes,señores,loque

me

cansa

mas

estrañeza enla nueva sociedad madrileña?

No

encontrar una persona con quien poderhablar.

Cómo?

Secharla, se charla, pero nosehabla.

Y

á que atribuye ustedese cambio!

A

tres causasprincipales: laBolsa, el piano ylos ca-

sinos.

Protesto ennombredeloscasinos.

Precisamente elcasino, círculo ó club, es lainvención

mas

perjudicialdelostiemposmodernos.Los hombres seacostumbran ávi^^irapartados del bello sexo, ad- quieren modales poco convenientes y concluyen por considerar álasmugeres^

como

unobjetode placer ó

como

unamercancía.

En

lasociedadactual,seencuen- tranjugadores empedernidos, músicos

y

danzantesiu-

(16)

te

-(

14

)-

fatiglablesy especuladores de oficio; pero

muy

poc2|^-"

personasgalantes

y

deesmerado

y

finotrato social.

Gertrudis. Vizconde, ¿tiene usted labondaddedecirme

como

5

titula laúltima romanzade Rossini?

Vizconde.

La

Separación.

Gertrudis. Esperoque nos lahará usted oirmañana,en nuestj círculo íntimo.

Vizconde. Con

mucho

gusto^ siesquemiescaso talentomúsica tienealgúnvalorálos ojosdeusted.

Condesa. Es usted demasiadomodesto, vizconde;

y

cuandosf^^^^'^

posee esa deliciosavoz de tenorque envidiaríaTam^

berlik...

Vizconde. Condesa...

General. {ap.)'Re aquí en queconsiste eltalentodeesoshéro€

degabinete. ^

Ricardo. (id.)

Ni

unamirada!

Ni

una palabraparamí!

Condesa.

A

propósito, doctor: ¿escierto quehasido usted lia

mado

á declarar enunacausa criminal?

Doctor. Cierto,señora.

General.

Y

es verdadquesehacometido uncrimenhorrible?

Doctor. Sí: un asesinato^ perpetrado poruna mujersobre si

propio marido.

Todos. Oh!

General.

Y

seconoce el motivo?

Doctor. Sesupone, que por infidelidad.

General.

De

lamujer?

Doctor. No: delmarido.

Duque. Cuandodigo yrepitoque la sociedadretrocedeenve:

deprogresar,

como

suponenlos filósofosmodernos! Uní mujer que mataásu maridoporinfidelidad! Sicon- tinúala moda, sevaá quedarel

mundo

despoblado.

Condesa. Está usted haciendo, duque, lacensura desu sexo.

Duque.

La

apología, querráusted decir, condesa.

Condesa. Cómo! la infidelidad en elhombre, seria unavirtud?

Duque. Señora, no hay peor marido que aquel queobserva escrupulosamentela feconyugal.

Doc

La.

11

(17)

-( 15

j(3j^ASDOS SEÑORAS.

Oh!

Me

esplicaré. Ustedes se alarman porque su orgullo habla

mas

alto quelarazón;perosisedignanreflexio- narun momento, serán todas demi

misma

opinión.

Nunca!

Me

permitiré observarálaseñora Condesa del Salto, que lasmujeres no tienen voto enesta materia, sino después de cincoaños de matrimonio; ytanto usted

como mi

sobrina Gertrudis, soncasadasde ajer.

Protesto ennombre de

mi

amiga^ j en elmiópropio!

Ustedes no protestan nada: hacenla oposición por la íorma, pero enelfondo opinan lo

mismo

queyo.

Según, usted para poder

amar

álamujer propia, se necesitahaber cometido

muchas

infidehdades?

Indudablemente!

Y

si lasmujeresadoptásemos igualesmáximas?

En

midob^e calidad deviejo solterón, y amante apa- sionado del bello sexo, aplaudirla con entrambas

ma-

nos.

(á Ricm^do

y

alGeneral^ ap.)

Asistimos áun cur- sodeinfidelidad conyugal,en partida doble.

La

opinión deldoctor, atendida su profesión

y

su es-

periencia, seriade

mucho

pesoen eldebate.

Yo me

permitiré asegurar únicamente, que en todos ios casosdeinfidelidad cometidos por la muger, las faltasdel m.arido entranporun ochenta

y

nuevepor

ciento.

Lasdosseñoras.

Bravo!

General. Ustedtambién, doctor^, defiendelas debilidadesde la

muger?

Yo

nodefiendonada. Esplicaruna causa no es hacer

elpanegírico de sus efectos.

Por

mil!!.. Doctor: ¿considera usted el deber como unapalabravana?Cuando un

hombre

haconfiado

auna muger

su propio honor, desde luego la constituyede- ÜONDESA.

pUQüE.

Condesa.

).l|3uQUE.

Condesa.

Duque.

Condesa.

llalDuQUE.

Doctor.

Duque.

DOGTOE

Doctor.

General.

(18)

Vizconde.

General.

Vizconde.

General.

Vizconde.

General.

Vizconde.

General.

Condesa.

Vizconde,

Gertrudis.

feCTO

-(

16

)-

positariade unobjeto sagrado, que, niaunáellamisA^EB ma,le esdadotocar.

En

ese caso,la

muger

noes siquieraunindividuo

Su

individualidaddesaparece anteladel marido.

Y

que hace usted delas pasiones?

Opongolahonradez

como

correctivo.

La

honradez, consiste,pues, en petrificar el corazón'

Amar

alpropiomarido niegaesapetrificación.

Y

siellanoleama?

Entonces nodebió casarse.

(Seoye

música

dentro.íkm Señores, bastadediscursos, quelaorquesta nos Ua-j

ma

alsalón delbaile.

(a Gertrudis,)

— Me

lisongeo, señora marquesa, que!

nohabrá usted olvidado habermeprometidoelprimerL wals?

Jamás olvido mis promesas,y sabrécumplir esta con

mucho

placer. «

{Al tornarIctmano deGertrudis^ desliza

un

billete^ diciéndo- la a

media

voz.)

Vizconde,

Por

favor,nolarechace usted.

(El General y Ricardo

han

observado laacción delVizconde,

Movimiento

deaynhos.)

General. Ah, demo!

Doctor.

Qué

tiene usted?

General. Nada.

La

picaragota que

me

ha jugado una de las suyas.

Y

túquetienes, Ricardo?

Yo?

Te

ponespálido

como

un muerto. Tus manos están heladas.

Pues leaseguroá ustedque no esperimento malestar alguno. Absolutamente nada.

Todos se

han

retirado

por

elfondo y Ricardo lessigue.

El

Ge- neral detiene alDoctor al tiempo queeste

va

áseguiráRi-^

cardo.

General. Doctor:

mañana me

bato en desafío. ¿Quiere usted servirme detestigo?

Ricardo.

General.

Ricardo.

loCT

lOCT

lENí

(19)

-( n )-

Eh?

Que mañana me

bato en desafío.

Me

parece que no hablo en griego.

Y

conquien?

Conel vizconde deMosquera.

Usted?

Si^ yo mismo.

Cómo?

Como,... cómo?...

Como

se acostumbra batirse. Con espada, conpistola...

ásu

elección.

Pero en quelehaofendidoáusted? .

En

nada,

y

porlomismo,

mañana

en el club le dará unpisotón: no

me

escusaré,

y

sireplica añadiré una

bofetada.

Siyono leconocieraá usted á fondo, le declararía atacadode enagenacipn mental.

¿Y

cuál es la causa deese duelo?

La

causa?..; Porque... porque elmarquésde Prades, mipupilo, es unanimal, unpalurdo. Porque el viz- conde de Mosquera acaba de entregar á la marquesa unacarta, queellaharecibido sin escrúpulo, lo cuai pruebaque sehallanen íntimas relaciones.

Y

Ricardo!...

Colocado

como

estaba, debe haberlo visto todo.

Escúcheme usted conatención. General.

A mí

no

me

corresponde juzgar la conductadelmarques de Pra- dos; pero el pasoque ustedpiensa dar, es imposible.

No! Ustedno sebatirá conel vizcondedeMosquera.

¿Porqué?

Porquetodo Madrid hanotadola asiduidad del viz- conde háciaGertrudis: porque todos saben queusted es el tutor de Ricardo,

y

batiéndosecon el vizconde parasalvarelamenazado honorde supupilo^ dará us- ted públicamente un diploma de deshonor, al

mar-

qués de Prados.

'2

(20)

General.

KlCARDO,

Vizconde.

Ricardo.

Vizconde.

Ricardo.

Vizconde.

Ricardo.

Vizconde.

-(

18

)-

-

Tiene ustedrazón. Perotodaesa historiaacabará p proporcionarme unataque deapoplegía.Acompáfíer usted, doctor. Necesitotomar elaire, y algunaco que mitigueesta sofocación. Tengola gargantacon;

un hornoardiendo. {Vánse por elfondo,)

ESCENA

6.^

Ricardo,

El

Vizconde.

Dispenseusted,señor vizconde,siledistraigopor i

momento

delos placeres delbaile. Pero deseo co;

sultarsu opinión, sobre un objeto que he compraí esta mañana. Es reconocida,

como

delmejor gus respectoábellasartes,yporeso

me

tomola libertí de incomodarle. Si en este pasono

me

atengo á Ife usosestablecidos, sírvame dedisculpa, mi ignorancia delas costumbressociales.

He

aquí elobjeto deqit

hablo á usted. ¿Qué le parece? {El vizconde

exam na una

cajita

dorada

quelepresenta Ricardo,)

Es

unaobraartísticade granmérito.

Seatribuye áBenvenutoCellini.

Esprecisamenteloque queríaespresar.

Es unaverdadera obra maestra¿no escierto?

Convengoenello.

No

lleva esculpidoel nombrede Cellini; pero á

mí me

hacostadotrabajo reconocer lamarcadel afaim do artífice.

Cierto, ciertísimo. Cuanto

mas

se la considera;, tañí

mas

sedescubrenlasbellezas. ¡Qué graciaenlos coi tornos! ¡Qué armonía enel conjunto! ¡Cuánta ver

j

morbidez enlas figuras! ¡Es maravilloso!Solousté es capaz dedescubriren Madrid un objeto semejant(|]

y

esoque apenas conoceloslaberintos dela coronad

villa.

(21)

-(

19

)~

jSeñorvizcondede Mosquera, es usteduninsolente!

{le arrebatala caja). Esta caja de plata sobredora- da, esuna miserableimitación^ yasíes

como

ustedla

ha considerado desde luego. ¡Esas alabanzas

j

esos

elogios, son otrostantosinsultos, de quepido á usted estrechacuenta

!

Estoyála disposición del señor Marqués.

Mañana,

mistestigos, seentenderán conlosdeusted.

Debo

prevenirá usted con todalealtad^quejamás he manejado unaespada, nidisparado unapistola.

Desdeluego acepto todaslascondiciones quepropon- ganlostestigos delseñor Marqués.

Voy

k disculpar-

me

conlaseñora marquesa Gertrudis, anunciándola queunacircunstancia fortuita

me

privadelplacer de bailar conellaelrestodela noche.

licARDo.

No

dará ustedese paso.

/izcoNDE. ¡Cómo

!

liCARDO. Siendoelduelo unapartidaenla cual se juegaleal- mentela existencia, debe ser igualpara ambos.

Ora

bien: nuestrascondiciones sociales sondiferentes.

Us-

ted es solteroy yosoy casado.

Su

honor de usted des- cansa en propio: elmiólocomparten dos personas.

Nuestro desafío dará pábulo á mil géneros decomen-

tarios:seintentaráaveriguarlacausa,

y

esa causa,su-

.ficientepara nosotros, no tendráigual pesoálos ojos delmundo, que

ama y

busca elescándalo. Cuando un

hombre

casado sebate con unjoven soltero, la ca- lumniaseceba enlamujer. El

nombre

dela marque- sade Prados, no debe sonar enesteasunto. Ese

nom-

bre, que eselmió,hade conservarse puro éinmacu- lado de toda sospecha. Inventemos un medio quelas aleje,

y

desorientetodainvestigación.

Ya

hetenido elhonor dedecir á usted, que aceptaré cuanto proponga. Invente

y

decida, que á todo estoy pronto.

(22)

Ricardo.

Vizconde.

Ricardo,

Vizconde.

Ricardo.

-( 20 )-

No

loperabanir- osde lacortesía del señor vizcon y leaquíj qjei/xe ocurre. Se están organizando

tidas dewhist. Juguemos.

Yo

no conozcoeliue;

V cometerétales torpezaís, que usted seincomodaré

fin, dirigiéndome algunasfrases que hagan inevita elduelo.

De

este

modo

se desvanecenlos comentar

y

So evitanlo^escollosde nuestra posición respecti porquecuandounapersona

como

usted, insulta

j

p voca públicamenteáun

hombre

casado, la

muger

esteúltimo queda, á cubierto de los ataques de maledicencia.

¿Me

ha comprendido ustedbien ahc

señorvizconde?

Perfectamente,

y

se hará

como

usteddesea, (ajp decían quenoteniauso de mundo!

Aun me

faltauna recomendación: será la última, marquesaGertrudis de Prados, debe ignorarested

lo. Procureustedque nuestraquerellanollegueá noticia.

Lo

prometo.

Cuentocon su palabra de hoñor, y ledoylas grai por todas las concesiones que acaba de hacer]

(Se saludan.

El

vizcondesealeja

por

el

fond

Ricardolesigue después de esclamar)

Oh! no tendrémisericordia!!

ICi

Findel acto primero.

(23)

¡comí

*1| ^

liarái

vital

J ACTO SEGUNDO.

2efibitacionparticularde Gertrudis.Unsecreter á la derecha. Mesa redonda contapete.Mueblesconfortables.

ESCENA

1.^

Ricardo, despuésel General.

Voy

á cometeruna acciónindignadeuncaballero; lo reconozco. Sinembargo, unafuerza invencible

me

ar- rastra. Necesitoconocertodaiaveruau. Dontrodeese mueble guardasus

mas

secretospensamientos...

Qué

voyá hacer?... Valor!

Salgamos deesta horriblein- certidumbre. (aJireelsecreter^ saca

una

caja con papeles^ losreconoce^ y después deleer

una

carta

^

esclama:) Oh! no

me

engañaban mispresentimientos.

Han

salido ciertas missospechas. (Lee alto.) «Qui- sieraposeer todosiostesorosdelaíl'erra^pararecom- pensaresas divinas p- 'abras, os amo! pronunciadas por vuestros hermosos labios. Alguien se acerca!....

ah! esel general. {Segicardalacarta en elbolsi- llo, después decolocarlacaja en elsecreter,)

Doy

á ustedlasgracias, general, porsu exactitud.

ENERAL. Apenas

me

al'^^jabade casa delacondesa, de donde

salípararespirarel airelibre, cuandorecibí tucarta citándome paraestesitio antes delregresodeGertru-

dis. Estoy átus órdenes. ¿Qué quieres? Esplícate!

icARDO. General: debo batirme en desafió ycuenteconV. pa- ranue

me

sirva depadrino.

ENERAL. Tú?tútebates endesafío?

qi,)

ÍCARDO.

(24)

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

Ricardo.

General.

-( 22 )-

'

Y

esolemaravilla áusted?

Y

con quién?

Con elvizconde deMosquera.

Ah!

— Y

cuándo?

Hoy

mismo,álas sietede lamañana.

Hazme

elfavorde repetirmelo que acabas de decir.

Digo, que

me

bato en desafío,conelvizconde de Mos- quera, hoy mismo, dentrodeuna hora,

y

he contad»

con usted paraque

me

sirva de padrino.

Has

provocado alvizconde?

No: elvizconde hasidoelagresor.

Ah!—

Cuándo? Cómo?

Esta noche, con motivo deunapartida de juego, enei

baile dela condesa de Mérida.

Y

tu muger?

Nada

sabe, y nada debesaber.

Escúchame, Ricardo: soyelamigosincero de tubue-

namadre: fui elmejor^ el

mas

constanteamigodeti

padre, quemurió en misbrazos... conqueasí, no de-' bestenersecreto alguno paramí.

Dame

tupalabra

d

honor, de queesa querellasobreeljuego, no tuvo si

origenen otraprecedente conelvizconde.

Ah!guar- dassilencio?

^^Luego observastesy decidistes batirte

— Y

fuistes tú,elqueprovocóalvizconde?(pausa

Señor marquesde Prades, ruego á usted queaceptí mi mano,

y me

perdonela sospechaquehabia conce bido contrausted!

General!

Te

habia juzgado mal.

— Te

habia acusado de cobarde

Y

ahora?

Consiento, con todaelalma, ensertu padrino. Dispu taria esehonroso puesto á todo elUniverso! Perodi

me: túno has manejado nunca una espada.

¿Tira

la pistola?

0 0

1%

Ricardo.

No

señor.

(25)

ENERAL,

ICARDO,

ENERAL.

:iCARDO.

ENERAL.

I^IGARDO.

jENERAL.

Marquesa.

Ricardo.

Marquesa.

-( 23 )-

Y

entonces, ¿cómo tevas á batir? el vizconde es un duelista consumado.

El vizconde esdemasiado caballero,para aceptar to- das las condicionesque neutralicen las ventajas que

me

llevaen el manejode lasarmas.

Nos

batiremos á pistola, áveinte pasos,marchando defrente, y dispa-

rando ávoluntad.

Pero eso esla muerteinfalibledeuno delos dos?

Infalible!

Muj

bien, Ricardo. Eresnoble

y

valeroso. Pero siel vizcondeselibradetus manos, tendrá que comenzar denuevolapartidacon este viejo lobo.Ahora,tregua álos suspiros. Nuestros semblantes,

como

de verda- derosfilósofos, debenllevar lamarca delaindiferen- cia.

Voy

ábuscarálostestigosdel vizconde,

y

de pa-

soal doctorArtigaspara que nos acompañe.

Te

es- peramosen laplazadeSanta María.

¿ConveniSo?

Convenido.

Apenaste quedatiempo para abrazar á tu madre.

Ahora, señormarques dePrados,

hagamos verá

esos leones dela corte, quelos ososdelasmontañastienen también dientes

y

garras.

ESCENA

2."

Ricardo, despuésla

Marquesa.

Esjusto.

No

tengotiempo

mas

quepara abrazará

mi

madre! Cuál no será su dolor si la suerte

me

fuese contraria! Ah! ahoguemoseste pensamiento que pu- dieraquitarme el valor.

Mi madre

!-Señora!..

Qué

tesorprende?

Levantadatan temprano,y enelcuartodeGertrudis!

No

eslaprimera vez que esto sucede;pero

como

ha- béis adoptadola

moda

de tenerhabitación aparte, no

(26)

es estranoqueloignores. Desde que,cediendo á tmfAi ruegos,

me

trasladé á Madrid, todas lasnoches

y

to- daslasmañanas, miprimero

y

último pensamientoha sido abrazar á la esposa elegidapor tucorazón.

Ricardo.

Mi

buena madre!

Marquesa. Me

alegro encontrarteenelcuarto detumuger, Tula sehaacostado ya?

Ricardo. Tula no havuelto todavía.

Marquesa. Ah!

Ricardo. Pero no tardará en volveracompañadade sutio. Tula

ama

los placeres

y

jonopuedo resistir á sus deseos

Me

sentiaunpocofatigado

y

poreso

me

vineá des- cansar.

Marquesa.

Dejando solaátumujer?

Ricardo.

Pude

hacerlosininconveniente,desdeel

momento

que, á faltadel marido, quedabaalladode la esposa un deudodelgradoy dela edaddelduque.

Marquesa.

(Sentándose,) Siesaes lacostumbre, noinsisto. Ha- cetantotiempo queno voyá reuniones, que he olvi- dado lasprácticas. Pero, ahora que reparo: ¡Quépá-

lidoestás!

Ricardo. Efectos del cansancio.

Vas á esperar á Tula?

Marquesa.

Si.

Ricardo. Deberíasdispensartepor ho}^ Tambiénnecesitasdes- cansar.

Marquesa.

Es

ya

casi de dia

y

Tula no debe tardar.

No

pudiera recojerme contenta sinhaberla abrazadoantes.

Ricardo. Entonces, permíteme que

me

retire á mi habitación.

Conozco que estoy

muy

cansado

y

necesitodormir.

(Quiereirse

y

titubea^ la

marquesa

lo observa,) Marquesa. (Ap,) Ah! (Alto,)

Te

detienes? Comprendo!

No

te

decidestampocoáabandonar esta estancia, sin haber vistoátuGertrudis.

Ricardo. No...

No

es esolo que

me

detiene... Deseo que

me

bendigas, yreces pormí.

ICAR

ICA

[aí

!1

(27)

-(25)-

[arquesA.

En

tu aspectoyentuspalabras,observo unaespresion tantristeque empieza á inspirarme inquietud.

[CARDO. Tranquilízatej queridamadre: nadaacontecequepue- daturbartu tranquilidaddoméstica.

Me

siento algo

triste: es unapreocupaciónesclusivade

mi

ánimo; por esobusco consuelo en tumaternal afecto,

j

te digo:

«bendíceme,

como

acostumbrabas áhacerlo enelpala- ciodemis padres.»

[arquesa. Sí:

me

ocultasalgúnsecreto;yolosabréalün, por- quenada escapa ála penetración deuna madre. Pero ya quemi bendiciónpuedecontribuirá tu alegría, ¡yo tebendigo desdelo

mas

profundo de micorazón!

JCARDO. (Inclinándose antelamai^quesa^quele

da

beso enlafrente,)

Gracias!

mi

buena madre.

Gracias!

ESCENA

3."

La Marquesa,

después Gertrudis.

[arquesa. Quisieraconvencerme delocontrario;

mas

presienta que Ricardo no esfeliz. Después de tan+os afanes y angustias ¿habré contribuidoyo misma, á la infelici-

daddemihijo?¿Quién podráiluminarme en ese obs- curolaberinto? Ah!... el General Rajadeil debe conocer todala verdad. El

me

la dirá,aun cuan- dodebacostarmelavida.

Gertr%(jdi8aparece

por

elfondo:alpresentarse en escena se uitaelabrigo que arrojasobre

un

mueble, así

como

el

rami-

ete.

rERTRUDis. Cómo!

Aun

estás levantada, mi querida

mamá?

íarquesa. Deseabaabrazarte,

como

decostumbre, á turegreso delbaile.

rERTRUDis. Cuáuto

me

amas!

(28)

Marquesa.

(Sentándose.)

No

podré nunca quererte bastante^- i

encambiodela dicliaque procuras ámiliijo.

Gertrudis.

{Idem

)

No

debes atribuirme una virtud que no po-|

seo.

Soy

porel contrario, digna devituperio, puesto!

que obligoáRicardo á sacrificarsus hábitos parasa- tisfacermis caprichos. Pero, quequieres!

No

puedo

resistir á laprivación del atractivodeciertosplaceres, que

me

seducenjhalaganla vanidad delamujer.

Marquesa.

Lo

comprendo, v notecondeno.

Mas

se

me

figuraque Ricardo no sehade haber divertido

mucho

en la úl- timafiesta.

Gertrudis. Sihe de confesartelaverdad, no hefijado la atención,jpj enél.

Me

he vistoliteralmente asediada. Ricardo,co-

mo

silohicieraá propósito^ ha permanecidolejos de

miladotodalanoche. i

^

Marquesa.

Abandonó el baileantes quetú.

Gertrudis. Así

me

lo dijo mitio.

Marquesa.

líehablado con tumarido. líaceun

momento

se lia- llabaeneste sitio.

Gertrudis. iVh!

Marquesa.

Se sentiatancansado, que tuvo que retirarse á sr cuarto.

Puede

que todavía no sehayarecojido: Quie*

resquele

mande

államar?

Gertrudis. Oh! no, no!..

No

leincomodemos. (Pausa.) Marquesa. Escucha, miqueridaTula: siyoreclamase deunsa-

crificio

un gran sacrificio

para mi tranquilidad, porel

amor

detumarido ¿mesatisfarías?

Gertrudis.

Un

sacrificio!

Y

cuál?

Marquesa.

Abandonará Madrid, yvolvernos á Prados.

Gertrudis. Si túlocrees necesario... Silo exije Ricardo!

Marquesa.

Ricardo noexije nada, peroyolojuzgo necesario.

Gertrudis. Todoaquelloquetu decidas,

mi

querida

mamá,

sen aceptado pormí de buenavoluntad, á pesar delo quí|

acabo de decirte.

I[¡j.

Marquesa. (Levantándose

y

besando d Gertrudis.)

Muy

bien

(29)

í

\

-( 27 )-

hijamia,

j

teloagradezco enelalma.

Te

dejo,porque

j también tendrás necesidad dedescanso.

Voy

á enriar- tetucamarera. Hastaluego.

(La marquesa

se reti- ra después de besarde

nuevo

á Gertrudis^

que

la

acompaña

hastalapuerta,)

ESCENA

4."

Gertrudis, despuésRicardo,

SRTRUDis.

No

-respira

mas

que por suhijo!

¿Y cómo

correspondo yoá suafecto, ásus cuidados? ¿En este instante,

no

he burladosusesperanzashaciendo traición á su fé?

{pausa,)

Y

quién tiene laculpa?Podia

amar

yoáun

hombre

con quien

me

hicieron casarpor egoismo, y queno respondía á ninguno de mis ensueñosjuveniles?

Partí deligero,

mas

nc» fui criminal.

Y

esta ligereza sepresenta

como

unaculpa álosojos delhombre, cuyo

título llevoy cuyo honordeborespetar. {Sacalacar- ta del vizconde,)Otra carta

mas

en que se espresa la pasión con caracteres de fuego,

y

que en nadase

diferenciadelas otras.

(Abre

elsecreter^sacaelco- frecillo delas cartas

y

depositaenéllaúltimade-

jándolo

sobrelamesa,) Pasiónfunesta, queapare- ció en un

momento

deinesplicable abandono: palabras que nunca debípronunciar! {Sesienta). Mas,fueron loslabiosóelcorazón, los que pronunciaron aquellas palabras?

No

lo séf pero

me

parecequeunavozsecreta

me

repite: No; tuno

amas

aun! cuandoamesdeveras, dejarás deser frivola é indiferente,porqueamaráscon pasión

y

serásinfelizportuamor.

liCARDO. Señora, vengoá anunciarosuna mala noticia!

GERTRUDIS.

(Levantándose

sobresaltada,) Ah!... erestú,Ricar- do?

Qué

noticia es esa?

(30)

I

-( 28 )-

Ricardo.

(Con

solemnidad,)

Hace

pocosinstantes, el vizcond deMosquera ha muerto endesafío.

(tertri'dis. Muerto!... endesafío!... tú!... ah!...

Ricardo. (

Con

frialdad.) Osaconsejoquearrojéisalfuegote das esas cartas, que probablemente estaríais lej^end antes demillegada.

Una

mujer de vuestracalidad,n debe conservaresostestimoniosde sudeshonra.

Gertrudis. [Indignada.) Ricardo!

Ricardo. (

Con

frialdad.)

No

olvidéisqueestanoche recibimo á nuestrosamigos. Haréis los honores

como

si nad hubiesesucedido.

Gertrudis. {Aterrada.)Oh!

Ricardo.

{Con calma y animándose por

grados.)

Aun

cuand<

oshajadecostarlavida,esnecesarioque ningún cam- bio aparentesenote en nuestros hábitos. Despuésdej

acontecimiento de estamañana: después delo que S(!

hanatrevido á

murmurar

en nuestra sociedad,recibi-

remos esta noche inmensaconcurrencia. Todosambi- cionaránobtenerla prueba deloque, hasta ahora, es solo unacalumnia. Nuestros rostros no deben ocultar nada, ni revelar cosa alguna. Existen dosobjetosma¡

importantes que vuestrosdolores,

y

áloscualesesne-

cesariosacrificarlo todo: elhonor de

mi

nombre,

y

la

tranquilidad de mimadre. Ninguna mancha,mientras yoviva, caerásobre el apellido de

mi

padre: ninguna nubedebe turbarlaserenatranquilidaddeaquella, que solo vive por

y paramí. ¿Que

me

importan vues- trosdolores,vuestraslágrimas,vuestradesesperación.

Tenia un corazóny

me

lohabéisarrancado del pecho.

Aqui dentro soloresuenaya eleco de un granvacío.;

La

piedad hadesaparecido con elamor.

Aun

cuandoI os viera espirante ámis pies, noos perdonarla. {Mo-^

vimiento de tensor de Gertrudis. Pausa.) Escu-

chadme

bien!: Osevitaré elescándalo del escarniopú-

blico: ninguna sospechaos mancillará.

Nunca

saldrá

llCA

(31)

?oto

jjrERTRUDIS Ricardo.

»

-( 29 )-

de mislabios unareconvención.

No

osestimo bastan- te paraformularla. Si solohubiese escuchado mi pa-

sión, oshabriamatado, suicidándome después. Pero debovivirparami madre, para sostener el honorde mi nombre.

Elcastigoqueosimpongo,esel devivir dichosaálos ojos delmundo.

Me

habéiscomprendido?

{Aterrada.) Pero noesun sueño loqueestápasando?

Oh! Estáisasombrada?no

me

reconocéis hoy por el

hombre

de ayer?

No

loestraño:

Yo mismo

no

me

re- conozco.

No me

es fácilesplicar

como

se ha operado enmí este cambio.

He

vivido veinteañosen pocasho-

ras. ¿Qué vaáser demí?

Lo

ignoro! Pero

me

impor-

ta, queesa locamuchedumbre,ávida deescándalo, se convenza, dequejamáspudisteis

amar

á... aquel

hom-

bre.

No

habéis calculado cuantas iban áserlastortu- rasde

mi

corazón:yono tendré piedad delasdelvues- tro. Si miporvenirhamuerto, si ha desaparecido

mi

felicidad, almenos

mi

nombrevivirárespetado eter- namente, y mi

madre

disfrutará deunaexistenciasin lágrimas niamarguras. {Gertrudis cae de rodillas suplicante,)

{La

repele,)

Mi

resolupion es irrevocable!

Lo

que he dicho debeser.

Lo

quiero!

{Gertrudis seinclina sin

desmayarse

y

abrumada

de dolor.

Ricardo lacontempla

un momento,

titubea^pero se rehace

y

repitecongesto imperativo:) Ricardo.

Lo

quiero!

Ricardo,

Fin del acto segundo.

(32)

ACTO TERCERO.

La mismadecoración del acto segundo.

Docr

La Marquesa^

Gertrudis,

La

Condesa de Mérida, elDoctoi Artigas, el

Duque

de Tineo

y

el

General

Rajadell.

DOCT

Duque.

Doctor.

(Aparecenlasseñoras sentadascerca dela mesa.

Los

cabe Ueros

formando

grupos

de

pié ósentados.

El

Doctor de pi enelcentro.)

Doctor.

Puede

usteddudarcuantoguste, señor duque; pero que acabo detenerel honor dereferir,no es inver cion. Eshistoriay verdadera.

Sostieneustedformalmente, queel

menor

movimieni quehagamos comprometenuestraexistencia?

Lo

sostengo con toda formalidad.

Un

estornudo, u suspiro, ungesto, unademan, un paso, elnaturale¡5

fuerzo para tragarel alimento, la acciónde beber u'

vaso de agua, elhablar, elllorar, elreir, el estard pié óderodillas, elmontar ácaballo, el ir en coch(

de todas maneras, enfin, ponemosen peligro nuesti

vida. '

Segúnesasmáximas, seránecesario estarseaseguran do continuamente, de que nosehamuertouno?

La

vida esun punto, que seborraconla

mayor

facili

dad.

Por

ejemplo: Supongamos

mi

querido duque, qu sele ocurreá usteddarun apretóndemanosáun ami go, ótomar un polvode rapé en

mi

caja. {Ofrecera

pe

alduque,)Puesbien:yoleaseguroqueambos

mo

vimientospuedenocasionarleunadislocación.

Duque.

Doctor.

Sen

Doc

Con

(je:

Cío

(33)

)UQUE.

)0CT0R.

)UQUE.

)0CT0R.

)UQUE.

)OGTOR.

jtENERAL.

jtENERAL.

-(

31-

)-

Cáspita! {Retira la

mano

sin

tomar

elpolvo.)

En

un viaje quehice áAlemania, conocíá un médico que estaba tan persuadido de que el

hombre

vasiem- pre en busca de unpeligro, que resolvió nomoverse desu poltrona, alimentándose con pan y agua.

Y

viveaunese prudente facultativo?

No

señor: hamuerto.

De

fastidio?

Ciertodia^ queriendo sacudir un átomode polvo dela

manga

desu bata, seleencogióuntendón, lo cual le produjouna inflamación: siguió el tétanos,

y

el pobre murió rabiando.

Y

deque manera pueden evitarsetodosesospercan- ces?

No

pensando enelloS;, yobrando

como

sinadapudiera suceder.

Y

entonces, para que sirvetoda la ciencia que usted posee?

Para

atormentaralprójimo,y despacharle enreglaal otro mundo.

Merecía usted una encomienda, por su sinceridad, Doctor.

Duque, ¿quienha ganadopor finelprimer premio en las carreras deayertarde?

La

3"eguaárabe de nuestro queridoamigoel marques de Prades, montadaporélmismo.

Eléxito no admitia duda.

Quien lohubieradicho, hace dos meses!

Y

si fuesesoloesa maravillosahabilidad queha des- plegado enel artedela equitación?

Es

un cazador intrépidoy arrojadocual ninguno.

La

últimaaventura delosmontesde Toledo, ha dado que deciren todala villa.

Es muy

natural. Esponersecasi áuna muerte segura por salvaráunode sus compañeros...

Y

con cuanta

(34)

-( 32 )-

modestia, con cuantagracia refiere el hecho! Pos untalentonada común, yhablamejor queunabogad Doctor. Tiene usted razón, condesa. Elmarquesde Prades

uno de losprimerostalentos de la época.

No

pare^

sinoque,

como

losavaros, hatenidoencerradoel c

pital, acumulandointereses sobre intereses, y resé vándoseloestrictamente necesario paravivir.

Marquesa.

Debenustedes conocer^

como

yo, la verdadera cau deesatransformación, y

como

yodarlasgraciasáe teángel debondad y de

amor

que ha sabido oper;

tangranmilagro. (Ab7'azaá Gertrudis,) Gertrudis.

Qué

estás diciendo?

Marquesa.

I^averdad.

Te

habiaentregando un rústico campesii

y me

devuelves un caballero perfecto. Jamás podi agradecertebastante, esta bella obra.

GrERTRUDIS. {Ap.)

Qué

SUplicio!

Doctor.

Y

añadan ustedes á esos conocimientos especialeí otros

mas

estraordinarios todavía.

En

el círculo 1:

hechocallaráunacadémico, y obligadoáser cortés unprofesorde gramática.

Marquesa. Ah

querido doctor! todos nuestros esfuerzos durani veinte años, nohanalcanzado loque

mi

G-ertrudis dos meses. Ellahaconseguido pulimentar esa piedr preciosa,dándonos á conocer todo su valor.

Gertrudis.

Mamá,

eso esyademasiado. {Apay^te.)

Me

estoyalio gando!

Condesa. Pero dondepasaeltiempoesepersonagetan seductoi

Marquesa. Nos

habiaprometidovenirtemprano,

y

son

mas

d las dos,

y

noparece.

Doctor.

No

haj^ que compadecerle. Tal vez obtenga en est

momento

un nuevotriunfo literario.

Duque. {Al Doctor

media

voz.)

Yo

di'^o^idividi k(\}xe en cuentraenca^^adela Diva.

Doctor.

No

esestraño!

Un

hombre de

mundo

á lamoda...

Gertrudis. (Aparte,) Kh\.,,

SER.'

mi

m

i íic'i

Referencias

Documento similar

Tras establecer un programa de trabajo (en el que se fijaban pre- visiones para las reuniones que se pretendían celebrar los posteriores 10 de julio —actual papel de los

Por PEDRO A. EUROPEIZACIÓN DEL DERECHO PRIVADO. Re- laciones entre el Derecho privado y el ordenamiento comunitario. Ca- racterización del Derecho privado comunitario. A) Mecanismos

En cuarto lugar, se establecen unos medios para la actuación de re- fuerzo de la Cohesión (conducción y coordinación de las políticas eco- nómicas nacionales, políticas y acciones

En el capítulo de desventajas o posibles inconvenientes que ofrece la forma del Organismo autónomo figura la rigidez de su régimen jurídico, absorbentemente de Derecho público por

D) El equipamiento constitucional para la recepción de las Comisiones Reguladoras: a) La estructura de la administración nacional, b) La su- prema autoridad administrativa

b) El Tribunal Constitucional se encuadra dentro de una organiza- ción jurídico constitucional que asume la supremacía de los dere- chos fundamentales y que reconoce la separación

El principio general mencionado antes implica, evidentemente, que si la competencia autonómica es exclusiva y plena, las Comunidades Autónomas adoptarán las medidas de