Gestor incansable de empresas sociales, industriales y comerciales que perduran y aportan al desarrollo del Tolima
Santiago Meñaca Castillo
Sesenta años de fundada
cum-plió SIDA S.a, el 19 de mayo del 2014. Es la empresa creada por Santiago Meñaca Castillo y tres amigos más. Nació pequeña para representar en Ibagué una marca de automotores importados y creció en forma conti-nuada. Hoy incorpora ocho marcas; cuenta con 210 empleados de planta y 25 contratistas; además de la oficina de Ibagué, tiene sucursales en Espi-nal, Girardot y Neiva. Según la Su-perintendencia de Sociedades, es una de las empresas con mayores ventas y patrimonio en el Tolima.
Para Santiago, la oportunidad de
crear empresa surgió mientras laboraba en la sucursal del Banco de Bogotá en Honda, a donde había llegado en 1949 sin conocimiento alguno del sector bancario. Su experiencia en labores administrativas la obtuvo durante tres años en la fábrica de muebles sim de Socoloff y Moreno, que traía los diseños de moda de Europa y los fabricaba en Bogotá, entre otras actividades, porque por aquellos años de la postguerra no se podía importar ese tipo de elementos. Eran muebles muy finos, costosos y sus clientes, personas importantes. Por razones de su trabajo, conoció políticos como Alberto Lleras Camargo, em-presarios y numerosos extranjeros.
Mientras trabajaba en dicha fábrica, alguien lo postuló para reemplazar a un funcionario del Banco de Bogotá en Honda. Terminado el reemplazo, lo contrataron como secretario de la oficina. Su mudanza a Honda se presentó en la época en que esa bella e histórica ciudad aún se destacaba como un
centro comercial de gran importancia en Colombia, debido al dinamismo de su puerto sobre el río Magdalena, por el cual circulaba una gran parte de la mercancía de importación y exportación. Era, además, un lugar muy grato para vivir y al cual llegaban muchas gentes, tanto nacionales como extranje-ros, en busca de oportunidades de negocios.
Por razones de su trabajo en el Banco, conoció a los empresarios Elías, Mario y Emilio Urrea (hermanos los primeros y primos del último), quienes lo invitaron a asumir la gerencia de Tolima Motors: una empresa concesio-naria de vehículos Lincoln Mercury en Honda, con una línea de automóvi-les de lujo perteneciente a Ford Motor Company. La opción de trabajo que le proponían no dejaba de causarle cierta inquietud porque era consciente de su desconocimiento del sector de automotores, pero estaba dispuesto a aprender. Además, ya tenía experiencia como administrador y sabía la pro-blemática financiera de la zona y de los empresarios, a través de los nume-rosos clientes del Banco que llegaban a compartir sus historias de éxitos y fracasos y, con frecuencia, para solicitar préstamos o ampliación de plazos para los créditos que no podían cumplir.
Un sueño que se cumple
Ellos le ayudaron a lograr muy buenos resultados para la concesionaria que ahora gerenciaba. Tres años más tarde, en asocio con los Urrea, obtuvieron la representación para Ibagué de los autos Lincoln Mercury. Así, surgió la necesidad de crear una empresa que funcionara en esa ciudad y decidie-ron denominarla sida ltda., cuya escritura de constitución fue suscrita en Honda el 19 de mayo de 1954, con un capital total aportado de seiscientos mil pesos. Los socios principales fueron los empresarios Urrea, y Santiago Meñaca Castillo participó con un pequeño porcentaje (8.3%).
En relación con el nombre de la empresa, sida, se presentaron dos hechos curiosos: el primero se refiere a que después de largas deliberacio-nes con sus socios, acordaron que se denominaría Sociedad Importadora de Automotores Ltda. Frente a esta decisión, Santiago se dirigió a una pe-queña tipografía en Honda para ordenar la impresión de papelería para la empresa. Al recogerlos, encontró que el tipógrafo imprimió estos con el nombre de sida ltda. Ante el reclamo por el cambio inconsulto, respon-dió que en su opinión era mejor usar una sigla, porque el nombre resulta-ba muy largo y no cabía en el espacio disponible. Dada esta explicación y por la urgencia de contar con el material, lo recibió con la idea de que luego lo haría cambiar, pero no fue así. A esta circunstancia se agregó que, al suscribir la escritura de constitución en la notaría de Honda, allí tomaron el papel que traían de la tipografía y copiaron el mismo nombre. Razón por la cual no aparece en dicha escritura el calificativo que con tanto cuidado habían escogido. De ese modo, sida quedó registrado como nombre y no como una sigla.
conclu-sión de que debían conservar el nombre porque eran muchos años de arraigo y reconocimiento que se ponían en riesgo con el cambio.
Con la constitución de sida se cumplía el sueño largamente acariciado de crear su propia empresa. Si bien su función como gerente la ejercía como empleado, también era socio, así su participación fuera pequeña, puesto que en aquel momento su único activo lo constituía la imagen que había forjado como persona honesta, disciplinada, y responsable.
Santiago asumió la gerencia de la empresa y por ello se trasladó el 1º de agosto de 1954 a Ibagué con su esposa y su primogénita, nacida en Hon-da. En este viaje también lo acompañó un personaje, a quien después llama-ría “mi fiel escudero”: Guillermo Giraldo Leyva. Amigo oriundo de Fresno, Tolima, y colaborador de varios años en la empresa Tolima Motor, quien aceptó, junto con su esposa Ruth, el reto de irse con él para abrir camino en Ibagué. Desde entonces, y en forma ininterrumpida, Guillermo ha es-tado vinculado a la empresa, aún hoy, después de obtener su pensión. Por ello, él está de acuerdo con quienes le dicen en broma que “hace parte del activo fijo”, de lo cual agrega que es cierto y que quiere permanecer allí hasta el final de sus días.
Durante los primeros seis meses de operaciones de sida, Santiago y Guillermo se encargaron de todas las tareas. Santiago, de la contabilidad, facturas y recibos; Guillermo, de la cartera, cobros y recaudos. Los dos ven-dían en Ibagué y en los pueblos vecinos; las ventas las realizaban a crédito y recibían carros usados en parte de pago de los nuevos; los clientes iban cada mes a pagar sus cuotas. Los carros llegaban en caravana desde Buenaventura.
año a año y le permitieron, poco a poco, comprar la parte de los Urrea. Así, a finales de 1982, esto es, 28 años después de su fundación, ya era dueño del 100%, y su empresa era reconocida como líder de la mecanización y moder-nización de la agricultura en el Tolima y Huila. Su intervención fue definitiva para avanzar en la industrialización del arroz y el algodón.
sida empezó a funcionar en un espacio arrendado, ubicado en el Parque Andrés López de Galarza (Calle 18 entre carreras 2ª y 3ª). En 1960 adquirió el local de la Carrera 5ª entre calles 40 y 41, donde funciona desde entonces. Para la época en que adquirió dicho local, se decía que quedaba muy lejos del cen-tro, pero en muy pocos años la ciudad creció y hoy en día su ubicación y ta-maño han permitido que la empresa continúe con su funcionamiento en el mismo sitio, sin problemas y ofreciendo todas las marcas que representan. Sin duda, la visión de futuro estuvo presente en esta decisión de inversión.
Primera sede de SIDA. Sede actual.
Fuente: Archivo Familia Meñaca Sabogal
Para Santiago, los años correspondientes al gobierno de Belisario Betancur Cuartas (1982-1986) fueron de especial preocupación. Fue una época en la que a raíz de la crisis cambiaria que vivió el país, también se restringieron las im-portaciones de maquinaria agrícola. Ello implicó que la empresa solo pudiera atender el negocio de repuestos Ford y Massey Ferguson. Para hacer frente a esta restricción, se obtuvo la distribución de automóviles Mazda para Espinal y Girardot, ensamblados en el país por la Compañía Colombiana Automotriz, cca. Este negocio funcionó hasta 1993 a través de la sociedad Simotor Ltda.
Con la política de apertura del comercio exterior en el gobierno de Cé-sar Gaviria (1990-1994), Colombia liberó la importación de vehículos y ma-quinaria. Esto permitió reactivar el negocio de vehículos Ford y de maquina-ria Massey Ferguson. Posteriormente, poco a poco, se logró la distribución de otras marcas. En esta nueva etapa, las marcas ya cuentan con represen-tantes en Colombia y las negociaciones se realizan localmente. La operación de maquinaria agrícola conserva hasta la fecha el esquema de importación directa por parte de sida.
Santiago ocupó la gerencia de sida durante 30 años, hasta el 15 de abril de 1984, cuando obtuvo su pensión. Siempre tuvo claro que ese sería el mo-mento oportuno para dar paso a las nuevas generaciones y, sin dejar de lide-rar la empresa, disponer de más tiempo para disfrutar de su familia y sus via-jes. Acordaron, entonces, modificar la estructura de dirección de la empresa al crear la Presidencia, que ejerció Santiago hasta el último día de su vida, y dos gerencias que se apoyaban y complementaban.
Como resultado de ese trabajo, con el aporte de todos los participantes en el ejercicio se redefinieron los esquemas de dirección y manejo de las empresas de la familia. En cuanto a sida, y como respuesta a su crecimiento, multiplicación y diversificación de sus operaciones, se acordó transformarla en sociedad anónima y crear una junta directiva, de la cual Santiago fue su presidente, y así entraron a participar su esposa y sus cinco hijas.
Creada la Presidencia, que ejerció Santiago hasta el último día de su vida, como primer gerente fue nombrado Leonidas López Herrán. En la segunda gerencia, Gladys Meñaca Sabogal. Después de diez años en sus cargos, los dos gerentes se retiraron y fueron relevados por Augusto León Galindo como primer gerente, y Marcela Meñaca Sabogal como segunda gerente. Años más tarde, Marcela se retiró de sida para asumir la dirección de otro negocio de la familia. En ese momento, otras dos hijas, María Clara y Constanza, fueron invitadas y aceptaron trabajar en la empresa. La idea consistía, básicamente, en familiarizarse con el manejo de esta y que cono-cieran las complejidades que implicaba su operación.
En el Plan de Diversificación de las Inversiones, además de la comer-cialización de automotores que se realizaba a través de sida, Santiago creó varias empresas con las cuales incursionó en el cultivo de algodón y arroz; en la actividad de molinería del arroz, a través del Molino Caribe y del Molino Espinal, y en la ganadería. Así mismo, en el negocio de la construcción de vivienda, que inició en la década del ochenta con sus amigos Antonio José Vergara Vivero y Roberto Mejía Caicedo. Hoy, treinta años después, aunque han enfrentado momentos difíciles, este negocio conformado por varias so-ciedades sigue vigente y exitoso, con el desarrollo de proyectos en Ibagué y Bogotá.
negocios surgieron de su propia iniciativa y otros fueron creados o ideados por otras personas que luego lo invitaron a participar.
No todo fue exitoso
No todos los negocios que emprendió Santiago fueron exitosos. Algunos fracasaron, pero ello no lo desanimó para continuar en la búsqueda de nue-vas alternatinue-vas. Él tenía claro que, especialmente, los negocios relacionados con el agro conllevaban un alto riesgo porque son muchos los factores que intervienen y sobre los cuales no se tiene control: las lluvias, sequías, los precios del dólar, de los insumos importados, la competencia en el mercado nacional e internacional, el precio de la gasolina, que incide fuertemente en el valor del transporte, el estado de las vías, la disponibilidad de mano de obra idónea, el contrabando, la violencia, la volatilidad de las políticas del Gobierno o de los ministros de turno, entre otras.
Por esa época, el Gobierno nacional adoptó la política de impulso a los grandes cultivos de palma, y Jaime Michelsen, cabeza del Grupo Financie-ro Grancolombiano estaba empeñado en la compra de grandes extensiones de tierra en la zona, para incrementar su siembra de palma africana. Así, después de una negociación más bien rápida, la Hacienda fue vendida en su totalidad a la Corporación Financiera Grancolombiana, que la integró a un predio de mayor extensión. Para el pago se pactó un plazo que más tarde Michelsen ofreció acortar. Sin embargo, Santiago con el argumento de que era muy satisfactorio ser acreedor del Grupo Grancolombiano, aunque fuese por unos pocos días, descartó la oferta y el negocio se cumplió dentro de los plazos pactados inicialmente.
Este proyecto fue liquidado antes de lo previsto, por razones de la na-turaleza que solo los agricultores pueden asimilar; fue una experiencia que inquietó a Santiago pero no redujo su entusiasmo por investigar nuevas al-ternativas de negocios. Puede afirmarse que era parte de su tarea cotidiana: explorar y reflexionar sobre oportunidades que dieran lugar a nuevos em-prendimientos.
Hoy tampoco existen empresas como los molinos de arroz Espinal y Caribe, de los cuales fue socio y que funcionaron por más de treinta años, la mayor parte del tiempo con resultados satisfactorios. Sin embargo, por su tamaño mediano y la imposibilidad de lograr que se conformara una asocia-ción fuerte de molineros, fueron liquidados porque no podían competir con aquellos molinos grandes que tenían la capacidad para fijar los precios del arroz y sacar a los pequeños empresarios del mercado.
de fruticultura, yuca industrial y reforestación. Posteriormente, sobrevino el fracaso de Fabricato y, por ello, otros negocios en los que participaba el grupo se vieron afectados en forma severa. Así, catsa, creada para producir arroz parborizado o precocido (que denominaron Doña Pepa) fue vendida y las otras empresas pasaron a nuevos propietarios.
Un emprendedor social
El interés de Santiago como emprendedor no se limitó a los negocios. Tam-bién era grande su compromiso con el quehacer cívico. Tenía clara su res-ponsabilidad ciudadana y su deuda social con el Tolima, puesto que era la tierra que lo acogió y le brindó oportunidades valiosas para su familia y empresa. En este contexto, se dio su vinculación entusiasta como miembro fundador, junto con otros amigos, de proyectos de corte social y servicio a la región, entre ellos: el Hogar para Huérfanos Sagrado Corazón, que ope-ró por cerca de treinta años; la Corporación para el Desarrollo Humano, el Jardín de los Abuelos, la Asociación para el Desarrollo del Tolima (adt), la Corporación Universitaria de Ibagué, Coruniversitaria, hoy Universidad de Ibagué; el Colegio San Bonifacio de las Lanzas y Actuar-Tolima.
Se sabe que con motivo de la celebración de los veinte años de sida, esta donó un laboratorio a la Universidad del Tolima, institución oficial, y al observar que en el entorno de la empresa había muchos niños pobres que vagaban por el barrio porque no tenían dónde estudiar, se creó una escuela que sostuvo por cerca de diez años, hasta cuando la asumió la Alcaldía. Sus amigos señalan que existen otros proyectos en los cuales Santiago realizó aportes significativos, pero que por discreción no los comentó, porque siem-pre estaba dispuesto a apoyar iniciativas que con frecuencia le planteaban no solo sus amigos sino otras personas que solicitaban su ayuda.
torno a la pertinencia de muchos proyectos, sus implicaciones, estructuras y demás detalles. Por ello, su esposa, de manera jocosa afirmaba que su ofi-cina era “Una sala de partos”. Esto siempre sucedió en compañía de perso-nas que compartían su interés por contribuir al desarrollo del Tolima. En-tre ellas contó de manera especial con Roberto Mejía Caicedo, Eduardo De León Caicedo, José Ossorio Bedoya, Jaime Zorroza Landia, Gustavo Cano Rivera, Enrique García Gómez, Salomón Tobar Díaz, Gilberto Hurtado Car-dona, Leonidas López Herrán, Ernesto Navarro Troncoso, Alfonso Bueno Tafur, Néstor Hernando Parra Escobar y Rafael Caicedo Espinosa. También, en este contexto, no todos los proyectos salieron adelante, pero sí la mayoría; varios perduran y han cumplido una misión trascendente.
De todos los proyectos de carácter social, de los cuales fue cofundador, posiblemente el que más quiso Santiago fue la Universidad de Ibagué. Así se expresó sobre la idea de crear esta institución:
“Surgió a principios de los años setenta, época en la cual un grupo de amigos, empresarios e inversionistas tolimenses, gestionaban la constitu-ción de Texpinal, catsa, Aires y otras importantes empresas del Departa-mento. Fue entonces cuando se puso en evidencia la falta de profesionales tolimenses que pudieran asumir los cargos directivos. Recuerdo, por ejem-plo, el caso especial de Texpinal, en donde se crearon cerca de 400 empleos y solo la mano de obra no calificada fue contratada localmente, mientras que en la mayoría de los cargos ejecutivos fueron nombrados profesiona-les foráneos, principalmente antioqueños. Esta historia se repetía en casi todos los casos”.
ve-nían trabajando, no solo en el Tolima sino en el Huila, Cauca, Nariño y otras regiones del país. Al respecto, Santiago agregó:
“En esos días vino a mi oficina Néstor Hernando Parra Escobar, un amigo oriundo de Honda, que para entonces vivía en Bogotá, en donde se desempeñaba como rector de una institución universitaria. Comentamos sobre los temas legales y señaló que con el doctor Guillermo Angulo Gó-mez había iniciado las gestiones para crear un Instituto Tecnológico en El Espinal, y que él, Néstor Hernando Parra, iba a promover la creación de otro instituto en Honda sobre el cual se venía deliberando desde varios años an-tes. Me propuso, entonces, que yo liderara el tema en Ibagué. Medité varios días y me acerqué a Roberto Mejía Caicedo y a Eduardo De León Caicedo para compartir el asunto; les dije que si ellos dos me daban su respaldo per-sonal, yo haría el esfuerzo necesario para promover la idea. Recibí su apoyo y Eduardo De León, quien para entonces era presidente de la Asociación para el Desarrollo del Tolima, ofreció el apoyo de esa entidad. Seguí trabajando en la organización de un grupo de personas y entidades, que no fuera muy grande para que no se dificultara el manejo y así se llegó a la cifra de veinti-trés fundadores, entre personas naturales y jurídicas, quienes suscribieron el Acta de Fundación y entregaron su aporte económico”.
Al contar con este soporte, el 13 de septiembre de 1979, en los sa-lones de sida Ltda., se constituyó la Corporación Educativa del Tolima, Coreducativa, como una institución tecnológica que requería de per-sonería jurídica expedida por la Gobernación, con el compromiso de transformarla en institución universitaria cuando cumpliera cinco años de funcionamiento. Una vez se obtuvo la personería jurídica, se nombró rector y organizaron las oficinas de la Corporación en la sede de Texpinal en Ibagué, y se trabajó en la formulación detallada de todos los progra-mas de enseñanza.
“Compartimos con él sobre el proyecto educativo que estábamos de-sarrollando en Ibagué y después de hacer un elogio a los empresarios que lideraban el proyecto, planteó que la transformación futura de Coreducativa en institución universitaria no iba a ser fácil; sugirió que se cambiara la ruta y que se emprendiera desde un principio el proyecto como institución uni-versitaria, que él desde el Ministerio daría todo el apoyo necesario, y así fue”. Con estas recomendaciones trabajaron intensamente para introducir los ajustes necesarios al proyecto. Así, el 27 de agosto de 1980 surgió la insti-tución universitaria propuesta: la Corporación Universitaria de Ibagué, Co-runiversitaria, como una entidad sin ánimo de lucro. Su constitución se llevó a cabo en los salones de sida ltda., y sus fundadores fueron veintidós per-sonas naturales y dos perper-sonas jurídicas: la Asociación para el Desarrollo del Tolima y la Corporación para el Desarrollo Humano del Tolima. En febrero de 1981 el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación, icfes, otorgó la licencia de funcionamiento y se iniciaron labores académicas en agosto del mismo año. Una vez cumplidas las exigencias del Ministerio de Educación Nacional, por Resolución 3304 de 2003, se le reconoció el carác-ter académico de Universidad y, a partir de entonces, adoptó el nombre de Universidad de Ibagué.
Lo anterior refleja cómo, desde sus inicios, el tiempo y entusiasmo que Santiago dedicó a la Institución fue considerable, y la razón obedecía a que, al igual que Néstor Hernando Parra, tenían la profunda convicción de que la educación es el factor más poderoso para apalancar el desarrollo de una re-gión; y que brindar oportunidades a los jóvenes para educarse e impulsarlos para que se impongan metas altas y trabajen con empeño para conseguirlas, era una responsabilidad ineludible, no solo del Estado sino también de sus familias y la ciudadanía, y mucho más de quienes cuentan con mayores re-cursos económicos.
Quienes laboraban en la Institución en sus comienzos, recuerdan como anécdota que la generosidad y el compromiso de Santiago con ella eran tan profundos, que al principio –dice José Raúl Ossorio Ruiz, director adminis-trativo por esa época–, en una ocasión en que no lograron reunir lo sufi-ciente para pagar la nómina de la quincena, Santiago decidió cubrir la suma requerida con sus propios recursos. También por aquella época, agrega uno de los fundadores de la Universidad, cuando le pidieron que permitiera que su hija Gladys trabajara en la Universidad, donde serían muy útiles sus co-nocimientos en finanzas, lo descartó porque no quería que alguien fuera a pensar que se aprovechaba de la Institución en beneficio de su familia, pero ante la insistencia, finalmente aceptó con la condición de que su sueldo lo pagaría él y no la Universidad. Con esto confirmaba la ética que lo caracte-rizó toda su vida.
También recuerdan sus fundadores que en alguna ocasión, cuando la Universidad requería un crédito bancario que no podía obtener porque no cumplía los requisitos exigidos por el banco, Santiago llamó a varios de los fundadores para pedirles que, junto con él, firmaran a título personal el com-promiso con el banco, y así lo hicieron. Con Santiago las cosas eran así, agre-gan, “porque teníamos plena confianza en él”.
de estudios superiores, con el riesgo, como en efecto sucedía, de que muchos de ellos no quisieran regresar a trabajar por su tierra. La Universidad de Ibagué aportaba en forma significativa al logro de este cometido, y Santiago fue afortunado porque la vio crecer, consolidarse y ganar un espacio impor-tante no solo en Ibagué sino en el Departamento. En su campus transcu-rrieron muchas horas de su vida, ejerciendo activamente como miembro de su Consejo de Fundadores, del Consejo Superior y de diversos comités que requerían su presencia. Como afirmación de su amor por la Universidad y de su fe católica, en el Protocolo Familiar dejó expresa su voluntad de que a su muerte se donara un oratorio a la Universidad, el cual fue inaugurado el día del segundo aniversario de su fallecimiento.
Además de la Universidad de Ibagué, también fueron especialmen-te significativas para Santiago, la Asociación para el Desarrollo del Tolima (adt) creada el 16 de octubre de 1964, en respuesta a la necesidad de unir esfuerzos individuales para impulsar el progreso del Tolima. En su reseña, se anota que fue “un puñado de idealistas”, entre los cuales se encontraba Santiago, quienes crearon esa institución a la cual le dieron como Misión: “Promover el desarrollo integral de la comunidad tolimense, especialmente en los órdenes social, económico, educativo, cultural y ambiental”. Así, tam-bién se consolidó su Visión: “promover un desarrollo regional sostenible, centrado en las personas, equilibrado entre los territorios rural-urbanos y orientado a superar la pobreza y la exclusión social”.
este esquema de trabajo que luego se consolidó en modelo replicado en otras zonas del país.
Para contribuir con sus gastos de funcionamiento, que suelen consti-tuir un gran problema para este tipo de instituciones, un pequeño grupo de ciudadanos que incluía a Santiago, consiguieron que la cervecera Bavaria donara unas bodegas en la zona de Chapetón, donde funcionaba la planta que dicha empresa decidió cerrar en aquella época.
La adt cumplió cincuenta años de fundación y son numerosas las empresas creadas a partir de las deliberaciones, planes y proyectos formu-lados en su seno. Su trabajo ha aglutinado muy diversos estamentos de la comunidad y, siempre que ha sido posible, se ha articulado en forma estre-cha con los gobiernos regionales y locales; así mismo, ha aplicado ingentes esfuerzos para gestionar ante el Gobierno nacional, decisiones políticas y recursos para sacar adelante proyectos que aporten al desarrollo integral de la región.
El periódico regional El Nuevo Día fue un proyecto que Santiago valo-ró de modo especial, por su convicción de que un medio de comunicación independiente, que permita mantener informada a la ciudadanía, es un im-perativo si se quiere propiciar el desarrollo de una región. Su participación y liderazgo para movilizar a un grupo de tolimenses fue definitivo en su crea-ción; así lo afirma Antonio Melo Salazar, quien fuera director del periódico durante veinte años. La idea del periódico fue una iniciativa de un pequeño grupo de amigos que se vieron con la insuficiencia de recursos económicos y de respaldo institucional para sacarla adelante, hasta cuando en el marco de las deliberaciones que solían presentarse en la adt, llegó a oídos de Santiago la idea de crear el periódico.
cercana. Una vez escuchada su historia, Santiago le pidió a Antonio que reto-mara el contacto y que contara con él para todo cuanto fuese necesario, que él se encargaría de conseguir el apoyo de algunos amigos.
Instalaciones del periódico regional El Nuevo Día en Ibagué. Fuente: El Nuevo Día
Por otra parte, mantener un periódico de carácter regional exigía una buena dosis de altruismo y mucha convicción sobre la función social que cumple. Sobre estas bases, la primera edición de El Nuevo Día salió a luz el domingo 29 de noviembre de 1992. A la fecha, la participación del grupo Galvis asciende al 68.42%, debido a sucesivas capitalizaciones que no han sido asumidas por los inversionistas del Tolima.
Su origen y el hogar de sus padres
Santiago nació el 15 de abril de 1924 en Garzón, un pequeño pueblo de clima templado, situado al suroriente del departamento del Huila. Su padre fue San-tiago Meñaca Chávarro, nacido en El Pital (Huila)y su madre Mercedes Cas-tillo Falla, quienes tuvieron seis hijos: Luz (aún vive y tiene 98 años), Miguel Ángel, Ligia y Luis Carlos (fallecidos); Nohora (falleció a los 92 años) y San-tiago, el menor, a quien en casa llamaban Santiaguín. Era el niño consentido, muy activo, de gran carácter y buen estudiante, por ello no recordaba que lo castigaran.
Santiago Meñaca Chávarro se destacó como dirigente político y social. Fue Prefecto de Garzón cuando aún no había alcaldía. Trabajó para que Gar-zón fuera elevado a la categoría de municipio, del cual sería concejal. Fue diputado a la Asamblea del Huila y secretario de la Asamblea y del Juzgado Civil de Garzón, a donde solía llevar a Santiaguín para que le ayudara.
Animado por un médico y acucioso investigador francés que vivía en Garzón, de quien se hizo muy buen amigo, Santiago padre se interesó en el estudio de las plantas, con las cuales fabricaban glóbulos: un medicamen-to homeopático que suministraban a los enfermos que los consultaban; así ayudaban a los pobres y campesinos. Contribuyó a colonizar las tierras de las Mercedes, Huila, y sus alrededores. Fue cofundador del Colegio Antonio José de Sucre, de Garzón, donde estudió Santiago hijo y también el presiden-te Misael Pastrana Borrero.
de quien sabía que estaba enfermo pero no anticipaba que fuera a morir tan pronto. El impacto y la tristeza fueron muy grandes, y posiblemente allí sur-gió su rechazo a los avisos fúnebres. Tenía 15 años y se destacaba como buen estudiante, y por esa época concluía el tercer año de bachillerato. Con el fa-llecimiento de su padre y debido a las dificultades económicas de su familia, dejó el colegio y su sueño de ser abogado.
Inició, entonces, su vida laboral para apoyar el sostenimiento del hogar, porque uno de sus hermanos mayores estaba en el seminario y en aquellos años no era usual que las mujeres trabajaran fuera de casa. Su primer trabajo fue en los juzgados, con abogados amigos de su padre; para ello fue necesa-rio aprender mecanografía con la ayuda de una amiga de la familia, la señora Josefina Tamayo, quien también trabajaba en el juzgado.
Posteriormente, prestó el servicio militar en el Batallón Garavito, en Flo-rencia, Caquetá, con la fortuna de que por saber mecanografía le asignaron trabajos de oficina. En el Ejército sobresalió por su buen comportamiento y disciplina. Por ello, siendo solo un soldado raso, le destinaban algunas respon-sabilidades específicas. Al cumplir un año en el Ejército, su comandante le pidió que se quedara unos meses más porque requerían de sus servicios y así lo hizo.
De su tiempo en el Ejército recordaba que al principio lo afectó mucho la precaria calidad de la alimentación. Para completar, en una salida a terre-no por varias semanas, solo les daban fríjoles y lentejas, que además conte-nían pequeños gusanos, por lo cual se negó a comer. Pero luego de un par de días, acosado por el hambre, tuvo que hacerlo y asumió, como el resto de sus compañeros, que era la ración de proteína que acompañaba su comida. Al concluir su permanencia en el Ejército se trasladó a Bogotá, donde su madre y dos de sus hermanas se habían residenciado. Allí consiguió empleo en la fábrica de muebles ya mencionada.
tributaria, laboral y comercial; también en la contabilidad, finanzas y en muy diversos aspectos de la economía. Decía que los periódicos eran lectura obli-gada, como una forma de mantenerse actualizado. Esto le brindó una óptica amplia del devenir político regional y nacional, y lo convirtió en un buen consejero para sus amigos que, con frecuencia, pedían su opinión. Decía que mantenerse actualizado en esos campos era indispensable porque así lo exi-gía su trabajo cotidiano. Ello afirmó su convicción sobre la importancia de la educación, la necesidad de estudiar continuamente y fomentar el interés por el estudio en sus hijas y nietos, en su equipo de trabajo y, en general, en los jóvenes, y en la necesidad de crear condiciones propicias para ello.
Su hogar
Fue su esposa Fabiola Sabogal Henao, una tolimense nacida en Fresno. Ella sa-lió de su pueblo para estudiar interna en el Colegio San Façon en Bogotá, du-rante cuatro años. Al terminar el Bachillerato Básico en 1949, contrariando la voluntad de sus padres, decidió que quería regresar a Fresno. Poco después, en junio de 1950, cuando acompañó a una de sus hermanas a Honda, donde ha-bían sido invitadas por una amiga para pasar un fin de semana, le presentaron a Santiago y fue amor a primera vista; a los ocho días ya estaban ennoviados.
Santiago a los 5 años. Santiago en el ejército año 1945. Santiago, su primera cédula.
A la pregunta sobre los rasgos que más le atrajeron de Santiago, Fabiola respondió sin titubear: “Su personalidad. Era todo un señor y, además, era inteligente, alegre, simpático y bien parecido”. Señala también que fue muy dedicado, que durante el año y medio que duró su noviazgo fue cincuenta veces a visitarla a Fresno; viajaba por una vía muy mala y con muchos de-rrumbes, que en ocasiones le tomaba más de dos horas transitarla; llegaban en el carro de un amigo que también tenía novia en Fresno. De esas visitas llevaban registro meticuloso en una agenda.
Contrajeron matrimonio en diciembre de 1951, unidos y felices durante 55 años, hasta que la muerte los separó. Tuvieron cinco hijas (Gladys, María Clara, Constanza, Alba Lucía y Marcela), y así se expresa de sus padres, su hija Gladys:
“Fuimos superprotegidas y consentidas, no nos daban muchos permisos pero eran muy cariñosos; a la vez, exigían a cada una dentro de su individua-lidad, y estaban pendientes de nuestras necesidades. En el marco de unos lí-mites muy claros, ellos nos daban gusto en nuestros antojos, inclusive después de casadas. No podría decirse que tuviera una hija preferida, pero cada una pensábamos que lo éramos. A pesar de que mi padre era tan sobreprotector, siempre tuvo claro que nos mandaría a estudiar al exterior y así lo hizo. Claro que al principio, a casa de mis tíos o a colegios con internado; luego, a univer-sidades. También apoyó a los nietos para que estudiaran en el exterior.
Quien se encargaba de reprendernos y sancionarnos era mi mamá y, a pesar de que ella insistía en que debía ser una tarea compartida, él replicaba que si hubieran sido hijos lo hubiera hecho, pero como eran niñas le corres-pondía a ella; una excusa para no hacerlo porque la realidad era que sufría solo de pensar en tener que sancionarnos. En casos excepcionales, cuando él se animaba a regañarnos, nos llamaba al estudio y nos hablaba muy serio, en voz suave y nos dejaba conmovidas. Mi hermana menor recuerda que el mayor castigo para ella, que la hacía llorar desconsolada, era que la llamara Marcela y no ‘Marcelita’, como lo hacía siempre.
siempre se hablaba de la niña que iba a nacer... El único comentario que recuer-do es el que yo le hice cuanrecuer-do nació Marcela, entonces yo tenía diez años, y le dije: tranquilo papi, te prometo que nunca te va a hacer falta el hijo hombre”.
Sobre los rasgos que en su opinión, mejor caracterizaban a Santiago, Fabiola señaló: “Era alegre, casero y entregado a sus hijas; a veces se exce-día en protegerlas porque le aterraba que algo malo les pasara. También era muy entregado a sus amigos; muy agradecido, reservado y necesitaba tener confianza para soltarse”. En cuanto a los defectos que identificaba en él y reconociera, indicó: “Alguna vez le dije que era rencoroso, a lo cual reac-cionó molesto y negó que lo fuera”; el comentario de su esposa obedecía a que él tenía muy buena memoria y recordaba con frecuencia alguna actitud o comportamiento que le hubiera molestado de alguien. Recuerda también que no era malgeniado, tenía una buena dosis de paciencia, pero cuando la situación lo requería se ponía muy serio. Le gustaba madrugar, leía en forma permanente sobre diversos temas, incluidas las novelas de espionaje; hacía dieta y cuidaba mucho su presentación personal, para lo cual contaba con la asesoría de su esposa y sus cinco hijas. Siempre seleccionaba ropa fina y también tenía afición por llevar esferos muy finos en su bolsillo.
Sus creencias y convicciones
Fue católico practicante, piadoso y cercano a la jerarquía eclesiástica. Muy de-voto de la Virgen de Guadalupe y del apóstol Santiago, razón por la cual viajó en repetidas ocasiones tanto a México como a Compostela a visitar sus san-tuarios y conservó su medalla de la Virgen de Guadalupe colgada en el cuello hasta el último día de su vida. También acompañó a su esposa en la devo-ción por la Virgen de Fátima. Cuando viajaron por primera vez a Europa, en 1968, en compañía de Gustavo Cano y su esposa Doris Sanz, el primer sitio que visitaron fue Fátima, Portugal. Como ofrenda llevaron una caja enorme llena de orquídeas. Para conseguir permiso para transportarlas tuvieron que cumplir múltiples trámites con las autoridades sanitarias de aquí y allá.
Juan Pablo II, el papa que murió un año antes que él. En sus días de enferme-dad, Santiago y su esposa lideraron el proyecto de la imagen de bronce que se entronizó en la fachada de la Iglesia Catedral de Ibagué, el 2 de abril de 2006, cuando se conmemoró con una misa solemne el primer aniversario de la muerte del papa. Esa fue la última salida que hizo Santiago.
Posiblemente, por su vivencia en el Ejército, Santiago sentía gran res-peto por la difícil tarea que cumplían las Fuerzas Militares. Mantuvo muy buenas relaciones con la mayoría de los comandantes del Ejército y de la Policía del Tolima, y les ayudó siempre que le fue posible. Esto, sin embargo, no le impedía que fuera en extremo crítico de los abusos y errores en que incurrían algunos militares que desdibujaban a la Institución.
Tuvo un fuerte sentido de familia y a ella le dedicaba mucho tiempo y atención; decía que era su primera prioridad y hacía cualquier cosa por verla unida y feliz. En cuanto a su madre, ella permaneció en Garzón, excepto por unos pocos años que vivió en Bogotá; la visitaba con frecuencia y murió en Ibagué en 1971, cuando pasaba una temporada en casa de su hijo. Con sus hermanos mantuvo permanente comunicación. Lo sobrevive una hermana, la mayor, que hoy tiene 98 años de edad y reside en Villavicencio; ellos se visitan y hablan con mucha frecuencia.
La importancia de la amistad
Santiago cultivó lazos de amistad profunda y duradera, y todos sus proyectos los inició y desarrolló rodeado de buenos amigos. Tenía la convicción, y así lo predicaba, de que la posibilidad de éxito de cualquier proyecto sería mu-cho mayor si se acompañaba de buenos amigos que además supieran mumu-cho más que él sobre los proyectos; reconocía con modestia que él “no se las sabía todas” y reiteraba su rechazo al individualismo, que en su opinión era causa de muchos males.
Decía, además, que en los negocios con los amigos había que extremar la pulcritud en el manejo de las cuentas y mantener claros los límites de la amistad y los negocios, de otro modo estos se malograban. Algunos señalan que Santiago tenía entre sus amigos a los representantes de los más influ-yentes sectores económicos en todo el país. Condición que supo cultivar y le ayudó a tomar decisiones acertadas en el manejo de sus inversiones.
En alusión a ese profundo sentido de la amistad que caracterizó a San-tiago, con acierto, Manuel José Álvarez, en una nota publicada en El Nuevo Día en febrero 19 de 2006, con ocasión de su fallecimiento, destaca:
“[…] no sé por qué vienen a mi memoria los personajes de la inmortal obra de Alejandro Dumas, Los tres mosqueteros que, como se sabe realmente eran cuatro, entre los cuales Santiago se me representa como el vigoroso e hidalgo D´artagnan que llevaba a cabo todas sus empresas, exitosas o no, en asocio de sus tres inseparables compañeros Athos, Portos y Aramiz, en los cuales veo encarnados a esos otros capitanes de las nobles causas regionales: el fallecido Eduardo De León, Roberto Mejía y José Ossorio”.
Sus gustos y preferencias
Por algunos años, Santiago practicó el billar y el tejo, y llegó a hacerlo muy bien; participaba en campeonatos y logró ganar algunos de ellos. No jugaba fútbol pero disfrutaba su asistencia al estadio para animar a su equi-po favorito, acompañado de algunas de sus hijas. Cuando llegó la televisión a color, en 1978, compró el suyo e invitaba a sus amigos a ver los partidos del mundial de fútbol. Se aficionó a las películas del Oeste que disfrutaba mucho; en general, fue un buen televidente, hasta de películas en distintos idiomas que no entendía, porque decía que una buena actuación resolvía el problema.
Contaba con modernos equipos de sonido que le permitían disfrutar por largas horas de buena música. Sobre este aspecto un amigo cercano re-cuerda que, en su época, fue la primera persona a quien le vio un reproduc-tor de discos láser de gran formato, tipo longplay, que le permitía disfrutar de la música clásica de muy exquisita selección.
Amaba el campo, y desde joven se propuso ahorrar para algún día com-prar una casita de campo; sueño que logró cumplir en el año 1975 y que lla-mó Calicá. Y, en la hacienda Calicanto, una sociedad que constituyó con dos amigos, tuvo cultivos, ganado y plantó árboles frutales que cuidó con esmero. Acompañó a Fabiola en sus labores de jardinería, las que ella puso en prácti-ca, dada su experiencia, como miembro del Club de Jardinería de Ibagué, en el cual ella participó en forma activa por muchos años. Calicá también fue el escenario preferido para agasajar a sus amigos y celebrar fechas especiales con su familia. Garzón y Collazos, Silva y Villalba y reconocidos músicos de la región amenizaban sus reuniones. Santiago disfrutaba muchos géneros musicales, pero cuando estaba con amigos prefería la música colombiana y los boleros: Al sur, Río Neiva; Pescador, lucero y río; Pueblito viejo y Obsesión, canciones que le gustaban especialmente.
an-fitriones, y se lucían con buena música, amena charla, estupenda comida y bebida. Santiago disfrutaba especialmente la comida internacional, así como los platos típicos colombianos: lechona, fríjoles, sancocho y, sobre todo, el asado huilense que Fabiola le preparaba “con todas las de la ley”, en la fiesta tradicional de San Pedro.
Algunas delicias opitas de su predilección, eran la morcilla de choclo (tí-pica de Garzón) y el jugo de gulupa1. También le gustaban los chontaduros que
él llamaba cachipaes. Solía tomar mucho tinto, pese a que en sus últimos años redujo su consumo. De joven le gustaba el aguardiente; después, prefirió el buen whisky, que siempre estaba disponible en casa para atender a sus amigos.
Cuando contó con recursos suficientes, Santiago pudo satisfacer su gran afición por viajar por numerosos países de los cinco continentes. Él se ocupaba de planificar con minucioso detalle cada uno de sus viajes, y a ello le concedía mucho tiempo. Siempre que era posible viajaba en compañía de su familia y de algunas parejas de amigos, lo cual hacía doblemente gratos sus recorridos. Los viajes los tomaba con calma, iban despacio; cada vez prefería visitar pocas ciu-dades con estadías de varios días en cada una. Realizaba su programa turístico para conocer los sitios importantes y el programa cultural, para visitar mu-seos, asistir al teatro y conciertos. Degustaban la buena cocina en los mejores restaurantes. En algunos países recorría el campo para conocer el desarrollo agropecuario. Viajó mucho a ferias de tecnología agrícola y automotriz. “Eso sí –afirma Fabiola– el día del viaje se ofuscaba y quería salir para el aeropuerto con mucho más tiempo de anticipación de lo establecido por las aerolíneas”.
Sus numerosos viajes no eran solo de placer, siempre estaba alerta de las cosas novedosas que observaba y que pudieran transferirse y adaptarse al Tolima para mejorar prácticas en múltiples aspectos. Observaba de manera especial las innovaciones en el campo agrícola, porque consideraba impe-rativo lograr mayor eficiencia en las labores del campo y con ello posibilitar mejores ingresos para los campesinos. También viajaba con frecuencia para participar en eventos gremiales, tanto del sector agropecuario, de
comer-1La gulupa es un maracuyá verde, redondo, pequeño y menos ácido; solo se produce en el Huila y es poco
ciantes e industriales; gremios de los cuales fue miembro activo y entusiasta colaborador, en coherencia con su convicción de que solo el trabajo unido y solidario logra éxito.
Uno de sus usuales compañeros de viaje anota que era excelente via-jar con Santiago porque tenían la certeza de que todo estaría programado y resuelto de la mejor manera. Al regreso disfrutaba relatando todas las expe-riencias, mostrando películas y fotos. Con frecuencia, en medio de esos via-jes, reiteraba que una de sus grandes frustraciones era no haber aprendido a hablar inglés, razón por la cual se impuso la meta de que sus hijas y nietos no iban a sufrir igual falencia. Para asegurar que así sería, creó las condicio-nes para que todos estudiaran algunos años en países angloparlantes. Así mismo, como no había logrado cursar educación universitaria, se propuso la meta de que sus hijas sí lo harían y lo logró; tuvo, entonces, una hija gra-duada en Economía, otra en Diseño Gráfico, otra en Gestión Empresarial, la cuarta en Arquitectura y la menor en Derecho.
Santiago tuvo la satisfacción de conocer doce nietos y dos bisnietos; con ellos compartía buena parte de su tiempo libre, jugando damas chinas, parqués y cartas. A ellos les dejó un importante legado de valores y forma-ción, que hoy reconocen con afecto. Sus dos primeros nietos fueron varones y ello significó para él una gran alegría, puesto que en su hogar solo hubo niñas. No obstante, parece que este hecho nunca le inquietó, o al menos no lo expresó, dice Fabiola, quien cuidó para que sus hijas fueran especialmente cariñosas con Santiago y, posiblemente, ello determinó que no sintiera la falta de un hijo varón.
Santiago con sus nietos y bisnietos. Fuente: Archivo Familia Meñaca Sabogal
Su afiliación política
Misael Pastrana Borrero; apoyó su candidatura presidencial y las de Beli-sario Betancur Cuartas, Álvaro Gómez Hurtado y Andrés Pastrana Aran-go. No obstante, no le interesó vincularse formalmente al Partido, posible-mente porque rechazaba todo tipo de fanatismo.
Fue cercano a parlamentarios y líderes, tanto conservadores como li-berales del Tolima y el Huila. Era admirador de políticos lili-berales notables como Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo, y en el ámbito regio-nal de Rafael Caicedo Espinosa. A sus hijas jamás trató de convencerlas para que se identificaran con partido político alguno; tampoco lo hizo su esposa, quien al igual que él, se reconoce como conservadora.
Su estilo de trabajo
Gladys, su hija mayor, a su regreso de los Estados Unidos, después de cursar una Maestría en Economía con énfasis en Economía Internacional, en la Universidad de Illinois, llegó con la expectativa de trabajar en el Ministerio de Desarrollo o en el Departamento de Planeación Nacional, “pero mi padre me pidió que trabajara un tiempo con él para que me familiarizara con sus negocios”. Ella, al aceptar sus razones, pensó que sería por poco tiempo. La instaló en la mesa de juntas de su oficina y su única tarea era observar qué hacía él, familiarizarse con las personas con quienes interactuaba y asistir como observadora a las reuniones de negocios que realizaba. “Inicialmente estuve tres años cumpliendo esas tareas, y luego de trabajar en otras empre-sas, regresé diez años después para asumir responsabilidades directivas”. En todo ese tiempo, continúa Gladys:
socios de la minoría estuvieran informados al detalle sobre los resultados de la empresa y de las decisiones que se tomaban.
Las reuniones de socios eran formales, incluida la presentación de in-formes detallados de gestión y financieros, planes por desarrollar, estrategias, actas, entre otras. La información financiera debía ser precisa y oportuna. Era la base para la toma de decisiones. Trataba los problemas sin rodeos, sin minimizarlos y dando a cada cosa su debida importancia, sin exagerar. Con sus socios y colaboradores siempre fue directo. Dejaba claro qué le gustaba o no, siempre por las buenas.
Sabía aprovechar las épocas de bonanza para fortalecer las empresas, de tal modo, que soportaran los tiempos difíciles porque reiteraba que ningún negocio es siempre bueno, y todos tienen altibajos. Apoyaba la formación de sus colaboradores, incluso en el aspecto económico. Respetaba el conoci-miento de los demás, especialmente el de sus subalternos.
Hasta el final de sus días fue muy activo en la dirección de las empresas de las que hizo parte. Los gerentes le consultaban y él se mantenía informado con mucho detalle sobre todo cuanto pasaba.
Era muy buen amigo de sus amigos, en las malas y las buenas. Era leal y solidario. La relación de amistad con sus amigos-socios las manejó con especial cuidado. Cuando un negocio o una empresa eran liquidadas por cualquier razón, seguía siendo amigo de sus exsocios.
Siempre se interesó en generar progreso colectivo, no solo para él y su familia. Era muy crítico de los empresarios que hacían su riqueza en la re-gión e invertían las ganancias fuera de ella; para él era un compromiso ético reinvertir en la región.
ni decir una mala palabra; más que explotar se quedaba callado y era difícil sacarle palabra. Siempre estaba dispuesto a aprender, enseñar y trabajar en equipo; su oficina fue ‘de puertas abiertas’. Su calidad humana y calidez, su simpatía y alegría, aportaban en forma notable para conservar un clima la-boral muy grato y así lo reconocían sus colaboradores.
Quienes trabajaron con él disfrutaron de gran estabilidad. Se preciaba de que en todos los años de vida de sus empresas solo había recibido una de-manda laboral de un trabajador que fue retirado, con la satisfacción de que la demanda fue ganada inclusive en proceso de casación ante la Corte Suprema de Justicia, porque el retiro había sido ajustado a la Ley y el procedimiento y la liquidación eran correctos.
Al iniciar cada año, en sida se desarrollaba un ejercicio de planificación en el que se pedía a los participantes que imaginaran y propusieran nuevas formas para mejorar y diversificar los servicios que se ofrecían y nuevos ne-gocios que se pudieran emprender. Este ejercicio era todo un reto para los participantes y, con frecuencia, surgían ideas valiosas. Solía reiterar que: ‘aún en tiempo de crisis, de vacas flacas’ surgían oportunidades; que el asunto era saber identificarlas y aprovecharlas, y que para ello había que estar alertas y muy bien informados, a un nivel muy amplio, sobre el quehacer de la econo-mía y el movimiento de los mercados.
que invirtieran y, con ello, en algunas ocasiones se pudieran ‘jalonar’ re-cursos nacionales o de otras regiones. Tal fue el caso de Texpinal, catsa, El Nuevo Día y varios más.
En suma, el tiempo que trabajé cerca de mi padre fue una gran escuela para mí. Y, a quienes me preguntan: ¿Cómo es que él logró ser un emprende-dor exitoso y ejercer un liderazgo tan destacado?, solo puedo responder que posiblemente fue el resultado del deseo ferviente de superar las carencias que enfrentó su familia y salir adelante; de su hábito de imponerse metas exigentes, buscar oportunidades y trabajar con honestidad y denuedo para alcanzarlas. Podría decirse que, cuando hacía falta, trabajaba de sol a sol”.
Algo más sobre su carácter
aceptó porque no hacía falta. Definitivamente era un gran amigo, creía en la palabra”.
No era hombre que aceptara involucrarse en controversias ni discusio-nes acaloradas y cuando ellas se avecinaban, prefería sustraerse del asunto; por eso, posiblemente, no se identifican malquerientes; por el contrario, pa-rece existir un consenso de que se trataba de un ser humano muy especial. Fue una persona discreta, que rehuía los escenarios y prefería mantener una baja figuración.
Nunca ejerció cargos públicos a pesar de que en repetidas ocasiones fue invitado para que aceptara posiciones como gobernador, alcalde, geren-te de la Beneficencia del Tolima, gerengeren-te de Rentas del Tolima, entre otros. Inclusive, en una ocasión, sin consulta previa, fue nombrado gerente de la Beneficencia por un gobernador amigo. Al día siguiente del anunciado el nombramiento, un cacique de la politiquería liberal en el Tolima publicó en el periódico local un artículo en un lenguaje agresivo y descalificador. En este argumentaba, entre otros aspectos, que Santiago no era tolimense. No obstante, para todos era claro que el rechazo se debía principalmente a que ese espacio burocrático lo quería para personas de su partido.
Como reacción a dicho editorial, un gran número de personas participó en un homenaje que se llevó a cabo en el Club Campestre de Ibagué, con el fin de desagraviar a Santiago. Su decisión de declinar el nombramiento es-taba tomada y no obedecía al evento señalado sino a su firme convicción de que no estaba hecho para ese tipo de actividades, y que cumplía mejor papel trabajando en el sector privado. Solía decir que él sabía para qué era bueno o no. No obstante, apoyó en forma decidida a los amigos que llegaron al sector público o a la actividad política; los acompañó, aconsejó y ayudó, siempre que fue pertinente.
ellas; esto le demandaba mucho tiempo y estudio, por lo cual su esposa le pidió en forma enfática que se retirara de algunas, para que pudiera compar-tir más tiempo en su hogar. Como reconocimiento a sus méritos y aportes recibió condecoraciones, tanto del orden nacional como regional y local, de entidades públicas, privadas, gremiales y académicas, entre ellas la Medalla el Mercurio de Oro, máxima condecoración de Fenalco; la Medalla Ciudad de Ibagué, la Medalla al Mérito Comercial y la Murillo Toro.
Cuando Santiago estaba en un ambiente de confianza, era un buen con-versador y tenía sentido del humor. Por su visión de futuro, se imponía metas exigentes y trabajaba para conseguirlas. Era prudente en todos los aspectos de su vida y así lo expresaba con tres figuras de miquitos que mantenía sobre su escritorio: uno cubría su boca con las manos, otro tapaba sus ojos y el tercero, los oídos. Así re-iteraba la importancia de no hablar, oír ni ver, más de la cuenta. En consecuencia, no era extraño escucharlo decir: “Por prudencia no debo de-cir nada”.
Hay quienes señalan que posiblemente Santiago logró ser un empresario exitoso porque en la época en que creó sus empresas, la competencia y oferta eran menores y por ello se fa-cilitaban los negocios, mientras que hoy esta actividad es muy dura y casi todo está hecho. Al respecto, tanto José Ossorio como Augusto León, coinciden en afirmar que no están de acuerdo, que si bien hoy la competencia es muy dura, también se debe considerar que hay franjas más amplias de población con ma-yor capacidad adquisitiva y la tecnología facilita la comunicación de manera notable, así como el acceso a la información y conocimiento. En su opinión, “el éxito de Santiago tuvo que ver más con sus características personales,
mente con su capacidad para asociarse, generar confianza e identificar y crear oportunidades de negocios y su visión de futuro”.
Antonio Vergara, uno de sus socios en el negocio de la construcción, recuerda que una semana antes del fallecimiento de Santiago se celebró una junta de la empresa en su apartamento de Ibagué, en la cual él participó activamente y con mucha lucidez. Inclusive les sorprendió que hablara de la posibilidad de emprender nuevos negocios.
En su vida personal, familiar y en sus negocios, Santiago se sentía afor-tunado, pero tenía claro que el éxito es resultado del esfuerzo y no del azar. Podría afirmarse que sus logros en el trabajo y con su familia, respondieron a su perseverancia, organización, disciplina, tolerancia, ecuanimidad, pruden-cia, sentido de la solidaridad y respeto por la individualidad.
Cuando su salud falló
En general, Santiago gozó de muy buena salud. En su juventud solo lo aquejó en forma severa un problema hepático, por el cual estuvo incapacitado du-rante seis meses, del cual se recuperó. Era alérgico a las picaduras de abejas y en alguna ocasión puso en serios apuros a su familia cuando algunas lo picaron mientras estaba en su finca. Fue más tarde, después de cumplir 80 años, cuando lo aquejó una enfermedad poco usual y de difícil diagnóstico; finalmente, lograron establecer que se trataba de Esclerosis Lateral Amiotro-fia, más conocida como ela o Síndrome de Lou Gehrig. Supo que era una enfermedad progresiva y la asumió con serenidad y sin dramatizar la situa-ción, pero siempre buscó oportunidades para recuperarse.
Nunca habló de morir ni hizo recomendaciones ni despedidas, pare-ciera que ya todo estaba dicho y hecho. De común acuerdo con su esposa, otorgaron un poder general a nombre de su hija mayor, para que dirigiera la empresa matriz de la familia.
Como miembro de la Fundación por el Derecho a Morir Dignamen-te, dejó claro a su familia y a sus médicos que no quería vida artificial ni cuidados intensivos o esfuerzos extremos. El 18 de abril de 2006 murió en su casa, tranquilo, rodeado de su esposa e hijas y su hermana mayor. En cuanto a su funeral, se sabía que a él y a toda la familia no les gustan los velorios y tampoco los avisos fúnebres en los periódicos. En consecuencia, solo se celebró una misa con las cenizas, se pidió que no publicaran avisos en la prensa y que, en cambio de flores, enviaran bonos del Jardín de los Abuelos.
Con ocasión de su fallecimiento, fueron muchos los mensajes de so-lidaridad que recibió la familia, incluida una llamada del presidente de la República; en algunos de ellos, se destacan los rasgos más distintivos de él como persona y empresario. Antonio Melo, director del periódico regional El Nuevo Día, en su editorial del 19 de abril de 2006, señaló:
“Fue un empresario sin par. El más importante de su generación en el Tolima. De su imaginación y con su creatividad surgió un emporio comercial, agrícola e industrial… Compartió con muchos los frutos de su esfuerzo, inge-nio y trabajo, y los convirtió en fuente de oportunidades y apoyo para miles de sus conciudadanos dentro del mayor tacto y la más elegante discreción”.
Y en otro espacio también afirmó: “Fue una persona genuinamente comprometida con el progreso integral de la región, y reinvertir en ella era una postura ética, Santiago devolvió con creces lo que el Tolima le dio”. A su vez, Manuel José Álvarez destaca en su escrito:
a crear… sino como un ejemplo de vida moderada, pulcra y libre de escoria (El Nuevo Día, 19 de abril de 2006)”.
Jorge Álvarez Agudelo, afirmó: “Una vida fecunda, cargada de realiza-ciones, plena de ejemplos, merecedora de ser recordada, fue la de Santia-go… Este pionero indujo al cambio de una mentalidad en nuestra provincia, sacándola del aprisionamiento pastoril que imperaba, guiándola hasta con-seguir el surgimiento y posterior consolidación de la actividad industrial, cumplidas con una impresionante visión futurista que marcó un nuevo des-tino para la región (El Nuevo Día, 24 de abril de 2006)”.
Carlos E. Cepeda, el médico que lo acompañó durante las últimas se-manas, en comunicación dirigida a su familia, expresó: “Como su médico de cabecera tuve la fortuna de estar cerca de él, de conocerlo, de disfrutar de su amena conversación y acompañarlo en esos momentos de su vida cuando su cuerpo físico no podía mantenerse acorde con su gran fortaleza mental y es-piritual… Pueden ustedes sentirse felices de haber tenido a ese gran hombre, íntegro, todo un señor, todo un líder”.
Agradecimiento
Guía complementaria
Las siguientes son preguntas sugeridas para estimular el diálogo en el aula. Se recomienda complementarlas a criterio de docentes y estudiantes.
1. Escriba una reseña de no más de diez líneas para presentar el personaje a alguien que no ha leído el texto; destaque en su escrito los rasgos que a su juicio son más relevantes porque definen mejor al personaje y cons-tituyen un buen ejemplo para los jóvenes.
2. Santiago Meñaca, al comienzo de su vida laboral, tuvo que enfrentar retos y decisiones importantes. ¿Qué piensa de las personas que se ca-racterizan por ser emprendedoras y arriesgadas? ¿Qué piensa de las de-cisiones que lo llevaron a la fundación de sida Ltda?
3. Con el fin de conservar la solidez de las empresas, Santiago Meñaca invitó a sus hijas a participar activamente en ellas. ¿Usted cree que fue importante esta decisión? ¿Por qué? ¿Cree que esta decisión ayudó a fortalecer los lazos familiares?
4. Enumere algunas de las obras sociales en las que Santiago Meñaca par-ticipó. ¿Cuáles conoce y por qué cree que fueron importantes para el bienestar de nuestra región? ¿Por qué fueron tan importantes para él las obras relacionadas con la educación? ¿Cree que estas se relacionan con las dificultades que pasó en su adolescencia?
5. Luego de leer su historia, reflexione y escriba sobre los dos ejes funda-mentales alrededor de los cuales giró su vida: Su familia y sus amigos. ¿Qué sentimiento despertaban en él? ¿Por qué hicieron parte funda-mental del desarrollo de sus actividades sociales y empresariales? 6. Santiago Meñaca fue miembro de la fundación Derecho a morir