06100, México, D.F. www.cij.gob.mx
PRESENTACIÓN
L
as tendencias actuales sobre el consumo de drogas en México muestran variaciones importantes tanto en la cantidad de personas que utilizan o han utilizado dro-gas alguna vez en su vida, como en las preferencias por el tipo de sustancia empleada. Destaca el aumento de consumo entre mujeres, la reducción de edad de inicio, el aumento de cocaína durante los 90 con una relativa baja en el consumo de inhala-bles y el aumento de metanfetaminas y crack a partir de 2000. Las diferentes fuentes de información epidemiológica en nues-tro país coinciden en señalar que la mariguana continúa sien-do la más consumida, particularmente entre los jóvenes. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones, de 2002 a 2008, se presentó un aumento significativo en la cantidad de consumidores que usaron mariguana alguna vez en la vida, ya que incrementó de 3.48 a 4.44 por ciento.La evidencia científica muestra que la mariguana es con-siderada como "la puerta de entrada" al consumo de otras sustancias, particularmente de metanfetaminas, cocaína y heroína. Además, muchos jóvenes la perciben como una sus-tancia poco o nada peligrosa, por lo que es alto el riesgo de que inicien o mantengan su consumo.
Al respecto, sabemos que el inicio del consumo de mari-guana suele relacionarse con la curiosidad, la invitación de los amigos, el desconocimiento de sus riesgos para la salud, la relativa facilidad para conseguirla, así como con los efectos positivos que esperan obtener los usuarios durante la expe-riencia de consumo, por ejemplo: cambios en el estado aními-co o emocional o la integración aními-con su grupo de pares.
El riesgo de iniciar el consumo de mariguana aumenta en función del nivel de vulnerabilidad en que se encuentren los adolescentes y los jóvenes, donde los factores de riesgo y
pro-tección de carácter familiar, escolar e individual juegan un papel determinante.
Aunque la mariguana es una droga que puede resultar atrac-tiva para algunos sectores poblacionales, está científicamen-te comprobada la relación que exiscientíficamen-te entre su consumo y la aparición de problemas y padecimientos de salud mental, con repercusiones biológicas y psicosociales, sobre todo cuando el consumo de mariguana se presenta a edades tempranas o cuando se utiliza de manera frecuente.
En los últimos años se ha venido tratando el tema de su legalización en diversos espacios públicos, políticos, acadé-micos, sociales y jurídicos. De esta forma, políticos, activistas sociales, organizaciones pro-legalización, incluso los propios consumidores, se han dado a la tarea de presentar argumen-tos que intentan promover la legalización de su producción, venta y consumo a partir de argumentaciones simplistas que aluden a razones económicas, de uso médico y de seguridad pública.
Como ha sucedido en países de Asia y Europa, entre ellos Indonesia, China, Japón y Suecia, la penalización de las dro-gas ha regulado su consumo y, por el contrario, la despenali-zación ha aumentado su uso, como es el caso de Alaska, Cana-dá, Reino Unido, Holanda, Suiza, España e Italia, en donde a mayor disponibilidad de la sustancia mayor aumento en el consumo de ésta, lo que se traduce invariablemente en el incremento de delitos y enfermedades, así como en el deterio-ro de los lazos sociales de la población. La evidencia científica de la que se dispone hasta el momento sobre las repercusiones que esta droga tiene en la salud de los individuos, permite fun-damentar una postura institucional que no aprueba la legali-zación de esta sustancia en México.
Este panorama nos motiva a elaborar la presente obra que busca, entre otras cosas, estimular la reflexión y el
pensamien-to crítico, así como orientar la pensamien-toma de decisiones fundamen-tadas, tanto en los profesionales del ámbito de la salud como en los legisladores, comunicólogos, padres de familia y socie-dad en general.
En los siguientes capítulos encontrará estadísticas actuales sobre el consumo de mariguana en México y en el mundo; el marco jurídico que regula el consumo de drogas en nuestro país; los antecedentes de la legalización del uso de mariguana en otros países; el impacto que ha tenido esta droga en la salud pública, así como algunos argumentos a favor y en contra de su legalización.
A partir de la experiencia que Centros de Integración Juve-nil ha adquirido en 40 años dedicados a la prevención, el trata-miento y la investigación del consumo de sustancias psicoacti-vas, estamos convencidos que la legalización de la mariguana no constituye la solución al narcotráfico o una condición que brinde estrategias efectivas para eliminar o disminuir los pro-blemas de salud, violencia e inseguridad pública.
Por el contrario, sabemos que a mayor disponibilidad de drogas se incrementa su uso, abuso o adicción y, por conse-cuencia, la aparición de múltiples problemáticas que afectarán la integridad física y mental, así como la calidad de vida de la sociedad en su conjunto, especialmente de los jóvenes.
Deseamos que este libro sea una herramienta importan-te que le permita emprender acciones personales y familia-res en pro del bienestar integral, así como unificar esfuerzos sociales para construir un presente y un futuro más saluda-bles para las nuevas generaciones.
Dr. Jesús Kumate Rodríguez
ÍNdICE
INTRoduCCIÓNCAPÍTuLo I
ASPECToS hISTÓRICoS y CuLTuRALES dE LA CANNAbIS
IntroduccIón
orIgendelacannabIs
antecedenteshIstórIcosypropagacIónenelmundo
lamarIguanaenlossIglos XIX y XX
consIderacIonesúltImas
CAPÍTuLo II
PANoRAmA EPIdEmIoLÓgICo dEL CoNSumo dE CANNAbIS EN méxICo y EL muNdo
produccIónytráfIco
consumo: conteXtomundIal
elconsumodemarIguanaen méXIco
tendencIasyformadelusodemarIguanaenusuarIosde drogasentratamIentoen centrosde IntegracIón JuvenIl
síntesIs
CAPÍTuLo III
PANoRAmA INTERNACIoNAL dE LAS PoLÍTICAS PúbLICAS EN mATERIA dE dRogAS
antecedentes
lapolítIcapúblIca
52 perIododesesIonesdela comIsIónde
estupefacIentesdelaonu (ungass 2009)
lapolítIcapúblIcaen méXIco
aneXo 1 . legalIzacIóndelamarIguanaporcontInente
aneXo 2 1 7 9 10 1 1 15 26 31 33 36 50 60 65 7 1 73 75 83 85 93 131
CAPÍTuLo IV
LA dICoTomÍA LEgALIzACIÓN-PRohIbICIÓN dE LA mARIguANA: LA ExPERIENCIA muNdIAL
globalIzacIónycohesIónJurídIca
elplanodela unIón europea (ue)
países baJos
reIno unIdo
suecIa
bélgIca
suIza
estados unIdosde norteamérIca
canadá
australIa
amérIca latIna
asIa
áfrIca
elmarcomundIaldelosderechoshumanosy elestatuslegaldelacannabIs
CAPÍTuLo V
EfECToS NoCIVoS dE LA CANNAbIS
basesquímIcasqueeXplIcanlaadIccIónacannabIs
sIgnosysíntomas
edaddeInIcIoenelconsumodecannabIsy efectosdañInos
trastornosdelestadodeánImoyconsumodecannabIs
conclusIones 135 137 140 148 154 156 157 158 160 164 166 168 1 7 1 172 173 179 184 191 193 206 216
CAPÍTuLo VI
REALIdAdES y CoNSECuENCIAS dEL uSo médICo dE LA CANNAbIS
sIstemaendocannabInoIde agonIstas IndIcacIonesterapéutIcas dolor enfermedadde parkInson enfermedadde huntIngton enfermedadde alzheImer esclerosIsmúltIple lesIonesmedulares náuseayvómIto cáncer
estImulantedelapetIto
esquIzofrenIa glaucoma epIlepsIa asmabronquIal conclusIones CAPÍTuLo VII
fACToRES PSICoSoCIALES ASoCIAdoS AL uSo dE mARIguANA y oTRAS dRogAS
estudIosrealIzadosen méXIco
estudIosrealIzadosen centrosde IntegracIón JuvenIl
2 2 1 223 225 226 228 229 232 233 234 235 236 237 238 239 240 24 1 242 245 249 253 257
CAPÍTuLo VIII
ARgumENToS A fAVoR y EN CoNTRA dE LA LEgALIzACIÓN dE LA mARIguANA EN méxICo
salud segurIdad públIca usosterapéutIcos economía CoNCLuSIoNES gLoSARIo 267 274 283 288 290 299 305
INTRoduCCIÓN
A
ctualmente el consumo de drogas constituye uno de los principales problemas sociales, de salud y de segu-ridad pública que existen en México y en el mundo. Han pasado muchos años de medidas educativas, sociales y sanitarias tendientes a evitar, disminuir y atender oportuna-mente las situaciones individuales, familiares y socioculturales que propician el consumo de drogas.La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a las drogas como cualquier sustancia psicoactiva que en el inte-rior de un cuerpo viviente actúa en el sistema nervioso central, afectando su percepción, estado de ánimo, cognición, conduc-ta o funciones motoras. En esconduc-ta definición se incluyen, por tanto, el alcohol, el tabaco y los solventes, así como las drogas ilegales (mariguana, cocaína, opio y sus derivados, etcétera), y las de prescripción médica.
Cabe destacar que la mariguana es la droga ilegal de mayor consumo en nuestro país, la que se consume a edades cada vez más tempranas y sobre la que se entretejen, desde hace varias décadas, una serie de mitos, pero también de realidades que complejizan su abordaje preventivo y terapéutico.
A partir de los efectos que el consumo de mariguana provo-ca en la salud, la OMS emitió un informe en 1981 (que actualizó en 1997) en el que se concluye que su uso tiene consecuencias perjudiciales agudas y crónicas. Es una droga de alto riesgo para nuestra sociedad y especialmente para los jóvenes.
La sociedad en su conjunto, y de manera particular los padres de familia, educadores y profesionales de la salud, requiere trabajar para que gobierno, sociedad y los sectores productivos fortalezcan los conocimientos que les ayuden a comprender las implicaciones sociales, políticas, económi-cas, legales y sanitarias que la mariguana puede tener para
los individuos y las comunidades. Además, requieren infor-mación sobre el consumo de ésta y otras drogas y cómo buscar o brindar atención especializada de manera oportuna. En los capítulos que integran este libro el lector encontrará informa-ción abundante y científicamente respaldada que le ayudará a cumplir con tales objetivos.
En el capítulo uno "Aspectos Históricos y Culturales de la Cannabis" conocida popularmente como mariguana, se expli-ca cómo esta sustancia ha sido utilizada con fines industria-les, medicinales o recreativos que se remontan desde la anti-güedad, aunque la investigación sobre sus principios activos sea relativamente reciente. Se abordan entre otros temas los siguientes: cómo el uso de mariguana era conocido en China desde hace unos cinco mil años; que fue utilizada para la obtención de fibra y de aceite; que sus propiedades curativas aparecen reflejadas en varios tratados médicos de una notable antigüedad. Durante el siglo XX, su uso en la práctica médi-ca fue declinando ante la aparición de otros compuestos con mayor eficacia terapéutica.
La Epidemiología mundial y en México de la cannabis es el tema central del capítulo dos, donde se destaca que el consu-mo de esta droga se ha generalizado en todo el mundo, por lo que sus consecuencias para la salud son motivo de preocupa-ción para la OMS.
El capítulo tres referente al "Panorama internacional de las políticas públicas en materia de dogas", trata sobre el movi-miento de profesionales y operadores jurídicos que abogan por la normalización del consumo de algunas drogas. Ante este hecho, la "comunidad internacional" se mostró aparen-temente unánime al ratificar el enfoque prohibicionista sobre el control de drogas en la Sesión Especial efectuada en 1998 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS), pero lo cierto es que existe un largo conflicto en el seno de la
Organización de las Naciones Unidas que enfrenta a los países que desean mantener el régimen de la prohibición y a los que aspiran a adoptar un enfoque más programático. Referente a la situación jurídica nacional, menciona la iniciativa de la ley de modificaciones a la Ley General de Salud, al Código Penal General y al Código Federal de Procedimientos Penales en Materia de Narcomenudeo, publicada en el Diario Oficial de la Nación el 30 de abril de 2009.
En el capítulo cuatro titulado "La dicotomía legalización-prohibición de la mariguana: la experiencia mundial", se muestran evidencias de las consecuencias que han enfrentado en años recientes algunos países donde se ha intentado legali-zar y despenalilegali-zar el consumo de la cannabis y permitir su uso médico como el Reino Unido y Suiza; donde además, se han realizado serios esfuerzos para dotar a los pacientes de acceso directo a cannabis de alta calidad o sus derivados en forma de extractos estandarizados, como ha ocurrido en España y Canadá.
En este sentido, cabe señalar que a los médicos que traba-jan en los Países Bajos, desde septiembre de 2003, se les ha permitido realizar prescripción de cannabis para el tratamien-to de muchas enfermedades. Sin embargo, en este capítulo se pondera que tal prescripción médica sólo debería considerar-se, toda vez que se haya agotado el empleo de otros tratamien-tos médicos convencionales que resultaron ineficaces. De esta forma, el uso médico de la cannabis podrá ser empleado sola-mente como un último recurso, debido a los riesgos y daños a la salud integral y psicosocial que puede ocasionar.
Los "Efectos nocivos de la cannabis" en la salud de los indi-viduos son desarrollados en el capítulo cinco, donde se enfatiza que fumar mariguana se relaciona con síntomas de obstruc-ción respiratoria, tumores y cáncer de boca, lengua y pulmón; alteraciones permanentes en la memoria y el rendimiento
psicomotor. Además, que puede causar fetotoxicidad e indu-cir leucemia en hijos de madres fumadoras e incrementar la susceptibilidad a padecer enfermedades infecciosas, cáncer y
VIH. Se destaca en este apartado que desde 1997 la Orga-nización Mundial de la Salud considera que el consumo de cannabis incide negativamente en la salud mental porque es capaz de ocasionar un síndrome de dependencia, inducir psicosis, causar síndrome amotivacional así como precipitar el inicio y exacerbar el curso de la esquizofrenia.
El capítulo seis "Realidades y consecuencias del uso médi-co de la cannabis", precisa, por ejemplo, que el tratamiento del paciente consumidor de cannabis no debe limitarse a la aten-ción terapéutica de las secuelas medicas y psiquiátricas como la ansiedad y la psicosis, sino que debe incluir también, el tra-tamiento para lograr la abstinencia, considerando para ello la importancia de los controles de orina en el proceso terapéutico. En esta línea se destaca que además de ofrecer un tratamien-to psiquiátrico sintratamien-tomático, es necesario brindar tratamientratamien-to para abandonar el hábito, como la terapia psicológica desde una perspectiva cognitivo conductual o sistémica, que incluya los abordajes individual, grupal y familiar.
En el séptimo capítulo, "Factores psicosociales asociados al uso de maeiguana y otras drogas", se presenta evidencia que muestra cómo la mariguana es una sustancia que facilita la "escalada", es decir, el tránsito hacia el consumo de otras drogas como la heroína o la cocaína. También se destaca que en este proceso intervienen otros factores como la personali-dad, el estilo de vida y distintas situaciones ambientales, por ejemplo, la tolerancia social y relativa facilidad para conse-guir esta droga.
El capítulo final de este libro se enfoca a presentar los "Argu-mentos a favor y en contra de la legalización de la mariguana en México", donde se expone por ejemplo, que para algunos
médicos esta droga debe despenalizarse ya que tiene utilidad terapéutica: alivia la presión intraocular del glaucoma, com-bate el dolor crónico, aplaca los espasmos musculares de la epilepsia y la esclerosis múltiple; elimina vómitos causados por la quimioterapia y coadyuva en el tratamiento del asma y migraña. Contrariamente, hay quienes argumentan la existen-cia de medicamentos capaces de obtener cada uno de los efec-tos terapéuticos ya mencionados y que no presentan riesgo de adicción.
p
osIcIón InstItucIonalEsperamos que los contenidos de este libro exhorten al lec-tor a encontrar soluciones basadas en la responsabilidad y el compromiso social, lo que implica el reto de articular las diferentes ideologías socioculturales, los intereses políticos, los factores económicos, las experiencias internacionales, así como la evidencia científica actual sobre este tema. Tenga-mos presente que los grandes cambios se logran con grandes esfuerzos.
No es posible sacrificar la salud de niños y jóvenes por nin-gún proyecto que a los ojos de algunos, tal vez, podría contra-rrestar otros problemas sociales.
Lic. Carmen Fernández Cáceres
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L
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cannabIsuNo
C APÍTuLo uNo
ASPECToS hISTÓRICoS y CuLTuRALES
dE LA CANNAbIS
Luis Solís Rojas Alonso Robledo Carmona
I
ntroduccIónE
l consumo de drogas se encuentra inexorablemente liga-do con la cultura y el momento histórico en que ocurre, por ello el efecto que generan al interior de las socieda-des ha tenido un notable interés para el conocimiento cien-tífico. El carácter "transgresor" de los usuarios, así como las frecuentes asociaciones con problemas de salud y penales que se relacionan con el consumo de drogas son por ejemplo dos temas centrales en las investigaciones.Este primer capítulo tiene como objetivo hacer un recorrido histórico para analizar el papel que la cannabis ha tenido en algunas culturas del mundo. Se inicia con un análisis de las dimensiones utilitarias del cáñamo, así como del uso con fines rituales en las civilizaciones griega, romana y celta, hasta su llegada al continente americano, terminando con una reflexión respecto al uso que se ha tenido en México. Finalmente, se comenta la actual controversia que existe en relación con la propuesta para permitir la venta no penalizada de esta sustan-cia en nuestro país.
Así, y al conocer esos estadios históricos, será más fácil concebir la relación que existe entre la cannabis y la socie-dad contemporánea.
o
rIgen de la cannabIsUna tradición india sostiene que los dioses obsequiaron a la humanidad el cáñamo para que pudiera obtener deleite, valor y deseos sexuales potenciados. La cannabis brotó cuan-do el néctar o amrita, bebida de los dioses1, goteó desde los cielos. Fue consagrado a Shiva y constituyó la bebida favorita de Indra. Después de haber batido el océano, los demonios trataron de obtener el control sobre amrita, pero los dioses pudieron impedírselo, por lo que dieron a la cannabis el nom-bre de vijaya (victoria) para conmemorar su triunfo (Evans et
al., 2002).
El cáñamo o mariguana, como también se conoce a la can-nabis, tiene al parecer sus orígenes en Asia central; a través del tiempo los intercambios culturales diseminaron la planta por el mundo, esparciéndose por tres rutas: hacia el este de China, hacia el sur de la India y el sureste de Asia y hacia el oeste asiático, desde donde se difundió hacia África, Europa y, finalmente, América.
Existen tres especies de cannabis: índica, sativa y rudela-ria. Se cultiva prácticamente en cualquier clima, excepto en el desierto y en los ambientes extremadamente fríos. La plan-ta se conoce plan-también como mariguana, nombre que incluye a cualquier cannabácea, siendo Carlos Linneo, en 1753, quien clasificó a la planta que hoy conocemos como cannabis sativa (Brailowsky, 1994).
Aunque se desconoce el origen de la palabra cannabis, el cáñamo es el término castellano que reciben las plantas perte-necientes al género cannabis en cualquiera de sus variedades. Hace 2 mil 700 años la planta se usaba con fines mágicos y
1 En la tradición hinduista el amrita es la bebida de los dioses, la cual garantiza
adivinatorios, pero los más antiguos restos de fibra de cáña-mo hallados en Asia tienen una antigüedad de 6 mil años. Los caracteres chinos ma o cannabis significan insensibilidad o letargo, lo cual hace suponer que ya se conocían las propieda-des sedantes de la planta.
a
ntecedentes hIstórIcos ypropagacIón enel mundoEn el siglo VII a.C. la cultura celta ya cultivaba el cáñamo en Massilia, la actual Marsella; era utilizado para hacer cuerdas, velas y estopa que se distribuían en toda la región mediterrá-nea. Los celtas dejaron huella del uso del cáñamo desde Aus-tria hasta las Islas Británicas. En el caso de los griegos, ellos utilizaban, además del opio, el vino y la cerveza, algunas otras plantas con poderes psicoactivos como el beleño, la mandrá-gora y el cáñamo. Este último era hervido, se mezclaba con vino y mirra y era utilizado para animar algunas reuniones privadas. Los griegos utilizaban la planta en forma de coc-ción, mientras que los romanos ofrecían flores de cáñamo en reuniones sociales, costumbre propia de los celtas y aprendida en Roma. Por los pocos datos con los que se cuenta del uso de cáñamo en la cultura grecorromana, se sabe que éste debió haber tenido sobre todo un carácter lúdico en las clases aco-modadas (Escohotado, 1999).
En España se cultivó durante varios siglos sirviendo para la elaboración de vestimentas, velas navales, piezas de barcos, cordajes y papel. Desde el siglo V a. C. hasta finales del siglo
XIX, 90% de las cuerdas y las velas para navegación, así como la mayoría de las redes de pesca se hacían con cáñamo.
Durante la Edad Media el uso de plantas estuvo severa-mente castigado y perseguido, ya que se asociaba con cultos paganos y demoniacos. Por ejemplo, alrededor de quie-nes conocían el uso de las plantas y su poder psicoactivo se
construyó una imagen de brujas, quienes en la tradición de la baja Edad Media utilizaban ungüentos y pomadas (com-puestos principalmente de opio, cáñamo y ciertas solaná-ceas) para tener contacto con los demonios.
Entre los árabes esta planta era nombrada bangah y la uti-lizaban ya sea por fe religiosa o por condición social, siendo la droga predilecta de campesinos, jornaleros y siervos, por lo que se le conoció como haschisch al-haraftsh (hierba de los truhanes).
Las tropas de Napoleón I introdujeron el cáñamo a Euro-pa después de la camEuro-paña de Egipto, y Euro-para 1840 la intelec-tualidad de Francia e Inglaterra ya fumaba opio o hachís. En 1844, Alejandro Dumas mencionaba al hachís en su obra
El conde de Montecristo, al tiempo que participaba en las
reuniones del Club des Hachichins, junto con Charles Bau-delaire, Téophile Gautier y otros famosos intelectuales de la época. En 1850, psiquiatras franceses recomendaban a sus estudiantes el uso del hachís como modelo de altera-ciones mentales, y a finales del mismo siglo los psicólogos hablaban de esa droga como una herramienta para profun-dizar en los estados psíquicos y estudiarlos más ampliamente (Brailowski, 1994).
Para el caso del continente americano, el cáñamo fue traí-do por Cristóbal Colón y después de la conquista de México-Tenochtitlan, Hernán Cortés pidió a la Corona española que enviara cáñamo a la Nueva España, siendo Pedro Cuadrado de Alcalá quien trajo las primeras semillas de cáñamo a tie-rras americanas en 1530 y en ese mismo año fue introducido a otras colonias españolas. Dos años después, la segunda Real Audiencia autorizó la siembra de cáñamo en todo el territorio conquistado.
De la grafía original del Diccionario de Francisco Icaza (1923) podemos citar:
Pedro Quadrado, dize en efecto, ques natural de la villa
de Alcalá del rrío, tierra de Sevilla, e hijo legítimo de Joan Colín y de Isabel Quadrada, su muger; y que ha que pasó a esta Nueva Spaña quinze años, y fué con el Marqués a la ysla de California, donde estovo con sus armas y cauallos hasta los postreros; y benydo a esta ciudad, dió a Terra-zas yndustria cómo senbrase y enuiase cáñamo, y él fué el primero que lo hizo.
El cronista clerical Francisco López de Gómara, en su histo-ria de la conquista de México, se refiere a la inexistencia del cáñamo en tierras novohispanas: "Muchas cosas les faltaban también de las que acá percibimos, que son más deleitosas que necesarias, como dezir seda, azúcar, lienzo y cáñamo." A los pocos años de su introducción en la Nueva España, el virrey Antonio de Mendoza limitó el cultivo del cáñamo porque los indios ya lo usaban para su consumo con fines tóxicos (López, 1997).
La propagación de los cultivos de cáñamo a toda la Nueva España corrió a cargo de la orden de los jesuitas, quienes usa-ban el hilo para la confección de sus hábitos y calzado. El his-toriador Silvio Zavala explica muy bien cómo se trajeron cam-pesinos españoles para el cultivo del cáñamo, con muy buenos salarios. "Hay que distinguir entre taller artesanal y obraje y la jerarquía de oficios que había en la Ciudad de México, no cual-quier gente, mestizo, indio o criollo podía trabajar el cáñamo u otros oficios" (Zavala, 1984). El obispo Fray Juan de Zumá-rraga hace lo propio en su rancho de Chalco. La primera de las leyes directamente relacionadas con el cáñamo se expidió en Ponferrada, España, el 13 de junio de 1545; en ella se ordenó que todos los virreyes fomenten el cultivo de cáñamo. Esta ley se encuentra en el "Libro III, Título Diez y Ocho, Del Comer-cio, Mantenimientos, y Frutos de las Indias":
Ley XX. Que los Virreyes, y Gobernadores hagan
sem-brar, y beneficiar lino y cáñamo. El Emperador D. Cárlos y el Príncipe Gobernador en Ponferrada á 13 de Junio de 1545. Encargamos á los Virreyes, y Gobernadores, que hagan sembrar, en la Indias lino, y cáñamo, y procuren, que los Indios se apliquen á esta grangería, y entiendan
en hilar, y texer lino.2
Durante el gobierno de los Borbones se inició en gran escala el cultivo de cáñamo en la Nueva España y en el siglo XVIII
el sacerdote Juan de Esteyneffer recomendó el uso de las semillas de cannabis para el tratamiento de la gonorrea y la disminución de la secreción láctea, prescripción que se consignó en su obra Florilegio de todas las enfermedades, tratado médico redactado con la finalidad de servir a los misioneros que practicaban la medicina en los lugares más remotos.
"Para mitigar efta abundancia de leche, Comer ruda,
o Comino, o femilla de Cañamo, ó de Curlatro, Saus, Llanten, que eftos amínoran la leche" (Esteyneffer, 1712).
En 1796 el marqués de Branciforte, virrey de México, emitió el documento "Instrucciones para sembrar lino y cáñamo en Nueva España". Un grupo de expertos españoles fue traído para promover su cultivo en California, Puebla y Sinaloa (De la Grúa, 1976).
2 Este documento puede ser consultado en la Recopilación de leyes de los reynos de las Indias (Madrid, 1791), tomo II, Consejo de la Hispanidad, Madrid, 1943, página 67.
l
a marIguana en los sIglosXIX y XXHacia 1800 se tomó una serie de medidas para impulsar su producción y proveer de forma preferente a la industria navie-ra española que compnavie-raba la fibnavie-ra en otnavie-ras naciones. Su cultivo se extendió por toda la Nueva España. Por ejemplo, las pri-meras hamacas de las costas mexicanas se tejieron con hilo de cáñamo. Con el paso del tiempo, el cáñamo dejó de ser sólo una planta de utilidad industrial y poco a poco se popularizó su uso para otros fines. Juan Pablo García Vallejo opina que "los lépe-ros, la primera contracultura de la Nueva España, tenían sus propios juegos y vicios y fueron quienes primero disfrutaron del uso recreativo" (García, 2007).
Según una versión, por ese tiempo el cáñamo fue bautizado como mariguana, ya que las curanderas, Marías o Juanas utiliza-ban frecuentemente la yerba con fines medicinales. Por su parte, Ricardo Sala ofrece una muy compleja interpretación en la que supone que el término "mariguana" proviene de una combina-ción de términos náhuatl: mayi (mano), por la forma de la hoja; malli (prisionero), porque la planta se apodera del individuo; ihuani (interesante) y tlahuana (embriagarse) (Sala, 2006).
En 1855 el gobernador del estado de Colima, Francisco Ponce de León, propuso una iniciativa para prohibir el culti-vo, la venta y el consumo de la mariguana, situación que fue rechazada por las autoridades del gobierno de Antonio López de Santa Anna. En las coplas de la época se asociaba a miem-bros del gobierno de Santa Anna con el consumo de la yerba: "Mariguana tuvo un hijito y le pusieron San Expedito, porque era abogado de los de Santa Anna por esa razón de la mari-guana."3 De acuerdo con las narrativas de Guillermo Prieto y Manuel Payno, el consumo de mariguana era frecuente entre
los grupos sociales menos privilegiados y tenía lugar durante las fiestas y bailes que se acompañaban con pulque y aguardien-te en los aguardien-tendajones, mesones y cantinas que proliferaban en las ciudades de mediano y gran tamaño (Pérez, 1995). Para finales del siglo, la mariguana estrechó su asociación con el mundo delincuencial y con los soldados rasos. La prensa de la época mostró que las referencias de la mariguana, asociada a conductas delictivas, aumentaban considerablemente. En esas notas se exacerbaban los crímenes de protagonistas urbanos, quienes bajo el influjo de la yerba eran capaces de cometer espantosas atrocidades.
En el siglo XVIII y XIX la mariguana formaba parte del grupo de drogas naturales consumidas por los estratos socia-les más bajos. Entre 1870 y 1920 las revistas sociasocia-les y de entretenimiento difundieron una extensa información acer-ca de versiones frívolas de lo que representaba el fenómeno de los narcóticos, a diferencia de los médicos y los boticarios, quienes recibían versiones de carácter técnico y especializado. Todo ello creó una percepción contradictoria que no favoreció un posicionamiento social con relación al uso de sustancias (Pérez, 1995).
En la década de 1870 los reglamentos sanitarios esta-blecieron limitaciones en el uso y la venta de algunas drogas consideradas nocivas para la salud pública, entre ellas la mari-guana, la tintura de opio, etcétera. Las limitaciones se conside-raban a partir de la venta mediante una receta médica, pero sin especificar las sanciones que implicaba no cumplir con el reglamento (Pérez, 1995).
La percepción social en torno al consumo de mariguana estaba fuertemente arraigada y tenía una importante influen-cia en las esferas soinfluen-ciales, de tal manera que en septiembre de 1882 la prensa festejó la captura de Bernardo Fernández, alias "El Mariguano" (Pérez 1995). En 1884 esta visión
dicotomi-zada se puso de manifiesto en las notas periodísticas cuando Alberto Guttman, un criminal detenido por actividades delicti-vas realizadas mientras se encontraba bajo efectos de la yerba, era calificado por una de las crónicas como "criminal, ladrón y asaltante", en tanto que la otra señalaba: "los delitos perpetra-dos se originaron como efecto de la excitación que produce el poderoso narcótico". En 1876, en un catálogo de drogas indí-genas presentado en la Sociedad Mexicana de Historia Natu-ral, se consignaba que el precio del kilo de mariguana era de 50 centavos (Pérez 1995).
En el siglo XIX se hicieron cada vez más frecuentes las reseñas de los medios escritos mexicanos respecto a las sustancias psi-coactivas. Así, los diarios de la época se encargarían de popula-rizar a la mariguana a través de sus artículos de nota roja, hecho determinante en la conformación de un imaginario colectivo en el cual la droga era indefectiblemente asociada con el ámbito delincuencial. En esos escritos se narraban historias protagoni-zadas en su mayoría por personas de clases marginales.
La mariguana tenía un papel importante en las diferen-tes esferas sociales, por lo que los artistas de la época hicieron uso de su imagen en la construcción simbólica y representa-tiva de los propios usuarios. Por ello no es de extrañar que grandes artistas, como José Guadalupe Posadas, ironizaran la transgresión que implicaba el uso de la droga a través de un agudísimo personaje creado en 1890, "Don Chepito el Marigua-no", a quien Carlos Monsiváis describe de la siguiente manera: Don Chepito era una mezcla de viejo rabo verde, demagogo, cómico chusco, disparate a la moda, payaso de las bofetadas, alma de la fiesta y acosador sexual. Don Chepito, inermidad y locura, contempla con sonrisa depravada las ineptitudes de la inepta sociedad, que en su oportunidad lo vapulea.4
El personaje representaba una mixtura singular que mucho reflejaba la situación social de la época y de forma más directa la ambigua percepción del público con relación a la marigua-na: aunque de forma cómica, Don Chepito daba significado a situaciones sociales de la época y, a su vez, desmitificaba las atribuciones sociales que en ese entonces se habían dado a la mariguana, mediante la creación de un personaje "benigno" y alejado de las connotaciones criminales que se habían dado a los usuarios de la droga.
El término "darse las tres", que aún persiste en nuestros días, tuvo su origen en la cárcel de Belén de la Ciudad de México, en la cual diversos grupos de reclusos se reunían para dar tres fumadas de un tosco cigarro que contenía la yerba envuelta en papel de estraza; la mariguana circulaba por la cárcel casi normalmente, dos o tres cigarros hacían la felicidad efímera de algún grupo que, en jolgorio, se las tronaba. El uso de la mariguana generaba continuamente riñas y escándalos, sin que los guardias hicieran algo para evitarlos, pues solamente miraban con desdén a los rijosos y dejaban que el presidente, especie de cacique que gobernaba la cárcel con complicidad oficial, se encargara de controlar a los violentos mariguanos, a quienes sacudía un poco con el enorme garrote y hacía que fueran bañados a cubetazos de agua fría hasta conseguir que reaccionaran (Sánchez, 2006).
Pronto la mariguana fue identificada como la plaga de los presidios o el azote de nuestras tropas. Ricardo Pérez Monfort ha investigado cómo, entre 1895 y 1910, la mayoría de las refe-rencias hemerográficas sobre la mariguana se relaciona con el mundo carcelario. En 1898 un artículo de El Imparcial afirma: "La mariguana, nefanda yerba, funesta como Lucrecia Bor-gia, tentadora diabólica, de efectos más intensos que el alco-hol, veneno consumido clandestinamente por proletarios que creen realizar su paraíso en el infierno que la droga terrible les
produce." Otro encabezado es elocuente: "La mariguana sube. En la cárcel alcanza precios fabulosos" (de cinco centavos a un peso el cigarro) (Pérez 1995).
En México, la mariguana se volvió más conocida a partir del corrido "La cucaracha", que data de la revolución:
La Cucaracha Villista
La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar, porque no tiene, porque le falta,
mariguana que fumar. Con las barbas de Carranza
voy a hacer una toquilla pa´ ponérsela al sombrero
de su padre Pancho Villa Coro...
Canción de dominio popular
"A los mercados de la Merced, San Lucas, Loreto, etcétera, acude la gente de malas costumbres para proveerse de mari-guana, cantárida, sabina, ruda, esencia y otros ingredientes que mal empleados depravan a la sociedad", afirmaba el pro-fesor Enrique G. Puente en 1901. Sin embargo, por esas fechas aparecen en los periódicos ilustrados anuncios de la compañía Buen Tono, promocionando el consumo de cigarros de mari-guana sin ninguna restricción legal (Puente 1901).
El consumo de la mariguana fue impactando en cada esfera y muchos escritores y artistas no estuvieron exentos del uso y la necesidad particular de hablar de la droga. Por ejemplo, era bien sabido el gusto que el uruguayo Horacio Quiroga tenía por el hachís y en 1904 publicó su cuento "El crimen del otro" (Quiroga 1904), en el que además de narrar su experiencia
personal afirma que en la India "las gallinas que comen cáña-mo se tornan extravagantes". Historiadores cocáña-mo Antonio Escohotado, a su vez, comentan que los pájaros que comen la semilla de la mariguana "se prenden"; y finalmente se evi-dencia la vulnerabilidad de los seres que usan cáñamo cuando los ratones de Hawai, quienes son muy afectos a la semilla de los almacenes de cáñamo, aletargados, son presa fácil de las mangostas.5
En 1908, el empresario José del Moral defiende la venta de cigarrillos de cáñamo indio importados por la compañía fran-cesa Grimault y la policía cierra su fábrica cigarrera.
Ante la cada vez más evidente necesidad de controlar los pro-blemas asociados con el consumo de mariguana, se empezaron a establecer, no sólo a nivel nacional, medidas que favorecían la atención y el control de diferentes drogas, cuyos impactos en la salud comenzaban a ser notorios. Por ello, los fundamentos de las leyes para el control de los estupefacientes, los cuales aún son vigentes en la actualidad, fueron propuestos en la conferen-cia de La Haya de 1911.
El efecto inicial más sensible en el público generó reaccio-nes que hicieron que la gama de preparacioreaccio-nes medicina-les que contenían cannabis, opio o cocaína, al igual que las sustancias introducidas recientemente como la heroína, fue-ran sustituidas por fármacos sintéticos alternativos como la codeína o la efedrina, junto con los nuevos medicamentos como la aspirina. A pesar de su disponibilidad universal, el uso problemático de las drogas nuevamente ilícitas era más alto en ese punto de lo que había sido una generación antes. La prohibición conducía inicialmente sólo a un tráfico ilegal limitado y regional en sustancias puras y concentradas como la morfina, la cocaína y la heroína.
Si bien ya existían desde 1903, las prohibiciones y limita-ciones estatales respecto a las sustancias capaces de alterar los sentidos, no adquirieron forma sino hasta 1916, cuan-do el gobierno de Venustiano Carranza decretó la ilegalidad de su producción, comercio y consumo en todo el territorio mexicano.
En marzo de 1920, mientras el gobierno carrancista ago-nizaba, el secretario general del Departamento de Salubridad Pública, Edmundo G. Aragón, dispuso una serie de limitacio-nes "sobre el comercio de productos que pueden ser utilizados para fomentar los vicios que degeneran la raza y sobre el cul-tivo de plantas que pueden ser empleadas con el mismo fin" (Pérez 2001).
En enero de 1925, el presidente Plutarco Elías Calles apro-bó un decreto en el que se establecía que el Departamento de Salubridad Pública era la institución indicada para dar los permisos de importación de opio, morfina, cocaína y adormi-dera en sus múltiples formas, quedando "estrictamente pro-hibida la importación de opio preparado para fumar, de mari-guana en cualquiera de sus formas y de heroína, sus sales y derivados" (Pérez 2001).
A la par de estas disposiciones, el consumo de marigua-na se fue extendiendo hacia las fronteras de nuestro país. De ahí que por lo menos hacia la frontera norte, la mariguana empezó a tener presencia y se extendió en el sur de Estados Unidos a través del proceso de migración, no sólo de mexi-canos que se asentaron en la frontera con este país hace 60 años cuando se inició el cultivo a gran escala de mariguana en la zona en la que confluyen los estado de Sinaloa, Chihu-ahua y Durango, región equivalente a los llamados "triángulos dorados" en otros países.
La extensión de las tierras sembradas con mariguana en ese entonces era menor, pero suficiente para satisfacer las
necesidades del mercado regional y nacional. Sin embargo, ni en sus mejores momentos la producción se equipara a la que ocurre en la actualidad con las superficies sembradas en Michoacán y Guerrero que hoy en día son empleadas para la plantación de la yerba.
Con el tiempo, el cultivo de mariguana desplazó a los cul-tivos tradicionales en los que se empleaban los campesinos de la zona, en parte por los mayores beneficios económicos que derivaban de la renta de sus tierras con fines de explotación por terceros, y por otra, por el poder que ejercían los capos que en la década de los 70 del siglo pasado se habían consoli-dado ya en la región y en el país entero.
Por sus condiciones naturales y su clima de tipo sabana, el municipio de Badiraguato ofreció las condiciones idóneas para el cultivo de la mariguana, ya que su agreste localización serrana sirvió como un refugio a los cultivadores de plantas tóxicas. Por otra parte, los escasos subsidios que el gobierno ofrecía a los agricultores para la plantación de cultivos alter-nativos y la condición de marginación que a la fecha persiste, fueron causas que contribuyeron a la situación actual.
Es necesario recordar que durante la Segunda Guerra Mun-dial el gobierno mexicano permitió la siembra de amapola, que servía de base para la elaboración de morfina, analgési-co ampliamente utilizado analgési-con fines médianalgési-cos entre las tropas estadounidenses y aliadas. La otra versión es que los chinos que llegaron y trabajaron en la construcción de los ferrocarri-les fueron quienes inicialmente se encargaron de sembrar la amapola.
Junto a estos antecedentes surgió el narcotráfico. De ahí que desde aquellos años el creciente número de consumidores haga imperiosa la necesidad de contar con grandes extensio-nes de cultivo, generando así todo un sistema de producción, distribución y venta. El resultado de este complejo problema
ha sido que estados como Sinaloa, Chihuahua, Sonora y Durango sean los principales cultivadores de mariguana en la actualidad. Tan sólo para 2007 se alcanzó una producción de entre siete y ocho mil hectáreas de enervantes en todo el país, aunque otras estimaciones consideran que pueden ser hasta 30 mil. Lo anterior indica que una cantidad considerable de la mariguana que se produce en México es comercializada en el mercado local.
Durante la Segunda Guerra Mundial la gran necesidad de fibra para cuerdas y lonas hizo reanudar su cultivo en los Esta-dos UniEsta-dos, pero la posterior aparición de las fibras de tipo sintético volvió a eliminar su producción industrial.
En la segunda gran oleada migratoria de trabajadores mexi-canos a Estados Unidos (al terminar de la Segunda Guerra Mun-dial) muchos de los usuarios se encargaron de dar continuidad al consumo de la yerba y otros tantos se iniciaron. Al igual que ocurre en la actualidad, un subgrupo de migrantes mexicanos que viajaron a la unión americana, dejando atrás a su fami-lia y su comunidad, intentaron pafami-liar los efectos de la soledad y la aculturación mediante el uso de la yerba. Más tarde, en la década de 1950, el uso de mariguana común en la vida de los jóvenes varones de las comunidades suburbanas de origen hispano.
Los movimientos de la década de 1970 que tuvieron lugar a partir del desencuentro de los baby boomers con las nuevas generaciones, principalmente en Estados Unidos, produjeron una ruptura generacional que se sintetizó en una negación de los valores tradicionales por parte de los jóvenes, quienes enarbolaron el movimiento hippie. Esta manifestación contra-cultural rápidamente llegó a nuestro país, mediante ediciones mexicanas de la versión norteamericana del hippismo.
La búsqueda de nuevas formas de expresión por medio de la introspección y la alteración de los sentidos, así como la
"apertura de la mente" y del ser interno favorecieron la incor-poración de elementos de las culturas y filosofías orientales a los nuevos estilos de vida, el ejercicio de la mujer de una vida sexual autónoma al disponer de nuevos métodos anticoncep-tivos y el uso de sustancias psicodislépticas capaces de cam-biar la percepción y el pensamiento, entre las que desta-caron el LSD y la mariguana. Sin embargo, el consumo de la droga en México durante esa década fue más bien selectivo y ubicado en contextos intelectuales y de estudiantes de nivel superior y fue hasta una década después cuando la mariguana repuntó como la droga ilegal de consumo más frecuente, ya no solamente en sectores estudiantiles de clase media, sino en diversos grupos de la población, especialmente en el de las zonas urbanas, sin que necesariamente tenga una particular ocurrencia como formas de expresión social en determinados grupos.
Hoy en día la mariguana bien puede ser fumada por un "estudiante fresa", por un "punketo" o por cualquier otro afi-liado a una de estas subculturas urbanas, ya que el factor común parecería ser una versión de los tan antiguos inten-tos de llenar espacios vacíos, con los matices particulares que cada subcultura puede atribuir al consumo (Sánchez A, 2005). Muchos argumentos se esgrimen respecto a las razones para consumir: "me pone chido, me quita la ansiedad, me relaja". En otros casos los usuarios comentan acerca de sus motivos intelectualizados para consumir "me abre la mente, me hace más creativo". Por otra parte, el planteamiento más frecuente cuando se inquiere respecto a las capacidades adictivas de la sustancia o los potenciales daños a la salud son del orden de: "no daña porque es natural, no es adictiva, no es droga".
Pese a que en la actualidad el consumo de la mariguana se genera casi en su totalidad con componentes de experimenta-ción, uso y abuso, siguen existiendo permanentes excepciones
como los indígenas tepecanos establecidos en los estados de Jalisco, Nayarit y Durango, que utilizan el cáñamo (conocido por ellos con el nombre de Rosa María) con fines religiosos. Roberto Williams, ha descrito en un estudio etnográfico un ritual mediante el consumo de mariguana que se efectúa en comunidades indígenas del estado de Veracruz. En este tra-bajo el autor compara los significados y las vivencias de estas personas con usuarios de la droga que viven en áreas urbanas y encuentra que las manifestaciones subjetivas se encuentran sumamente matizadas por la cultura y las circunstancias en que se fuma la yerba (Williams-García, 1975). La marigua-na se emplea en ritos de samarigua-nación colectiva en los que repre-senta un elemento de vinculación e intercesión con la Virgen de Guadalupe (Evans et al., 2002) .Otros escenarios en los que culturalmente se ha manifestado la presencia de la mari-guana son aquellos en los que, tradicionalmente, se ha opta-do por utilizar la planta en la elaboración de "ungüentos" o soluciones que han sido de utilidad como "remedios" caseros para algunas dolencias. Así, hay quienes han mezclado a la mariguana con alcohol por dos o tres semanas para aliviar las reumas y los dolores musculares, y untándola en el pecho para curar la gripe.
En los últimos años han aparecido en los ámbitos legis-lativos propuestas que promueven que se permita el comer-cio regulado de la mariguana con fines "recreativos". Desde el punto de vista de quienes proponen la iniciativa, esta ley permitiría terminar con el narcotráfico y la violencia gene-rada por el mismo. Sin embargo, las experiencias interna-cionales, la opinión pública y especialmente los estudios especializados en materia de riesgos para el consumo de drogas nos indican que facilitar el acceso a los jóvenes incre-mentaría el consumo de la droga, y de otras sustancias ilí-citas.
c
onsIderacIones últImasEl recorrido que hemos realizado nos ha permitido observar cómo esta planta ha encontrado cobijo por todo el orbe. Hoy en día los valores que se atribuyen a la yerba pasan más por el sentido hedonístico que por el valor religioso, industrial o artesanal, en una sociedad sedienta de sucedáneos del pla-cer. Pero hoy, a diferencia de dos décadas atrás, disponemos de información objetiva y contundente sobre los efectos indi-viduales y sociales que causa la droga. Por ello, es importante que la población en general conozca los hechos y las realida-des en torno a la canabis.
La mariguana, como toda sustancia psicoactiva, ha causa-do y seguirá causancausa-do polémicas. Al tratarse de una planta tan cercana a muchas culturas, su aparente inocuidad deberá ser tratada en la medida en que las evidencias disponibles gene-ren claridad para la toma cautelosa de decisiones. La histo-ria no ha demostrado que el control de la droga por parte del Estado, para su libre consumo, pueda controlar el mercado negro ni disminuir los índices de violencia; sí en cambio se ha observado un aumento en el uso con sus conocidas conse-cuencias. Lo que es cierto es que ahora la información basada en evidencias científicas permite establecer un debate integral y no solamente de orden filosófico, religioso o moral.
Lo que finalmente hemos encontrado y no podemos dejar de mencionar es que siempre han existido restricciones rela-cionadas con el uso de la mariguana. Esto con seguridad nos habla de la preocupación que cada sociedad ha tenido por los efectos (físicos y sociales) derivados de la intoxicación. Por ello, creemos que aun cuando no estamos tocando un tema novedoso, sí debemos asumir una postura responsable, res-paldando nuestras propuestas con evidencias científicas, y así presentar argumentos que permitan establecer posiciones
claras y convincentes ante discursos superfluos que no son equivalentes a la magnitud de un problema tan importante de salud.
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l consumo de mariguana constituye el principal proble-ma de uso de drogas ilícitas en el mundo. De hecho, la producción, el tráfico y la demanda de cannabis han constituido históricamente el mayor y más extendido de los mercados de drogas ilícitas a nivel global. Con base en lo ante-rior, se exponen brevemente, en primera instancia, a fin de contextualizar el panorama epidemiológico del uso de mari-guana incluido en la segunda parte de este capítulo, algunos indicadores de la producción y el tráfico de la sustancia en el mundo, proporcionados por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD, 2008).p
roduccIón y tráfIcoCon base en decomisos reportados, la ONUDD estima que la producción de cannabis en su presentación de hierba alcan-zaba en 2006 un nivel cercano a 41 mil 400 toneladas a nivel mundial. Pese a reflejar una alta producción, esta cifra repre-senta una reversión de la tendencia al aumento de la produc-ción observada desde inicios de los años 90 hasta los primeros años de este decenio y una disminución del 8% respecto a las 45 mil toneladas registradas en 2004. Según estas
estimacio-nes, las áreas de cultivo abarcarían, en promedio, 520 mil hec-táreas (en un rango que iría de 470 mil a 600 mil hechec-táreas), con una productividad calculada en 2.5 toneladas por hec-tárea, según promedio no ponderado, y con una mediana de 770 kg, en un rango amplio que iría de cinco a 40 mil kg por hectárea.
La producción de cannabis disminuyó en África y aumentó en Europa, Asia y Sudamérica, incluyendo a Centroamérica y el Caribe. En esta última región la producción ascendió a cerca de 10 mil toneladas, concentrada en mayor medida en Paraguay (que por sí solo produjo cerca de 5.9 mil toneladas), Colombia, Brasil, Guatemala, Jamaica, San Vicente y las Granadinas.
La producción de cannabis alcanza los más altos niveles a nivel mundial en la región norte del continente america-no, principalmente en México y Estados Unidos. En 2006, la
ONUDD estima que la producción en México ascendió a cerca
de 12.9 mil toneladas, concentrándose en los estados de la costa del Pacífico –Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Gue-rrero y Oaxaca, donde tuvo lugar 60% de las erradicaciones–, así como de la región norcentral –Chihuahua y Durango, con 36% de las erradicaciones.
Estimaciones oficiales del gobierno mexicano señalan que el área neta de cultivo pasó de 14.63 mil hectáreas en 2004 a 6.18 mil hectáreas en 2006, con una producción de cerca de 7.4 mil toneladas de hierba. Sin embargo, fuentes del gobier-no estadounidense señalan lo contrario, esto es, una disminu-ción de 7.2 mil hectáreas en 2002 a 5.6 mil hectáreas en 2005, pero con un aumento a 8.6 mil hectáreas en 2007. Si además se considera que las hectáreas erradicadas pasaron de 33.9 mil en 2004 a 30.2 mil en 2006, puede estimarse que el área bruta de cultivo (área neta estimada más hectáreas erradica-das) pasó de 45.5 mil hectáreas en 2004 a 36.3 mil hectáreas en 2006.
Por su parte, la disponibilidad y la venta de cannabis se ha mantenido básicamente estable; 65% de los decomisos de sustancias ilícitas registrados en el mundo corresponde a las distintas variedades de esta droga. Del total de incautaciones de cannabis reportadas (1.65 millones), 32% fueron de hierba (cerca de 5.3 mil toneladas), 21% de resina, 11% de plantas y 0.4% de aceite. Sin embargo, de 2005 a 2006 los decomisos de cannabis disminuyeron 20% (30% respecto a 2004), baja atri-buible, al menos en parte, a una caída de 41% del número de decomisos realizados en Europa occidental y central debido a la disminución de la producción de resina en Marruecos. Las confiscaciones reportadas en Sudamérica también muestran una caída, entre 2005 y 2006, de más del 24%, mientras que en el Caribe se mantuvieron estables.
En el caso de la resina de cannabis, segunda droga ilícita de mayor tráfico en el mundo, después de la cannabis en hierba, las incautaciones representaron 21% del total de decomisos efectuados en 2006 a nivel global, por un total de mil tonela-das. No obstante, a diferencia del tráfico de cannabis en hierba que presenta una distribución principalmente intra-regional, el tráfico de resina es marcadamente inter-regional, exten-diéndose de Marruecos a Europa occidental y central, de Asia central a Europa del este –principalmente la Federación Rusa– del Caribe y el cercano y lejano Oriente a América del Norte, principalmente Canadá. En el continente americano los países más importantes en distribución de resina son Jamaica (cinco por ciento de los reportes mundiales) y Paraguay (2.5%); América del Norte aportó tres por ciento de las incautaciones mundiales: 28 toneladas, de las cuales 27.7 correspondieron a Canadá, lo que representa un aumento importante en deco-misos de resina (de más de 60 veces), debido a la intercepción de grandes cargamentos provenientes de Pakistán y dirigidos principalmente a Canadá.
El 58% de las incautaciones de mariguana a nivel global (3.04 mil toneladas de un total de 5.23 mil toneladas) tuvieron lugar en América del Norte; 1.9 mil toneladas fueron decomi-sadas en México, 1.14 en Estados Unidos y 13 en Canadá, con una ligera disminución de ocho por ciento respecto a 2004. Según estas cifras, los decomisos de hierba en México repre-sentaron 36% del total mundial, mientras que los efectuados en Estados Unidos sumarían 26%. Aunque el tráfico regional se lleva a cabo principalmente entre México y Estados Unidos, en Canadá tiende a crecer la comercialización de cannabis con alto contenido de THC, aumentando las cantidades incautadas en la frontera con Estados Unidos.
Por último, en Sudamérica, incluyendo Centroamérica y el Caribe, se produjo 12% de los decomisos de cannabis en hier-ba (556 toneladas), principalmente en países como Brasil (167 toneladas), Bolivia (125 toneladas) y Colombia (110 toneladas).
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onsumo:
conteXto mundIalEn 2006, a nivel mundial, el consumo de cannabis afectaba –según estimaciones de la ONUDD (2008) en la categoría de uso en los últimos 12 meses– alrededor de 165.6 millones de personas entre 12 y 64 años, lo que viene a constituir el mayor y más extendido problema de uso de drogas ilícitas en el mundo.
A lo largo de los años el número de usuarios de cannabis ha registrado un sostenido aumento, al pasar de 144.1 millo-nes en 1997 a los 165.6 millomillo-nes de 2006, un aumento de 21.5 millones de usuarios, esto es, de cerca del 15%, en 10 años. No obstante, en el Cuadro 1 puede observarse que la prevalen-cia anual del uso de cannabis se ha mantenido relativamente estable, con tasas de entre 3.7% y 3.9% a lo largo de los últi-mos años.
Como se aprecia en el cuadro siguiente, el mayor número de usuarios se sitúa en el continente asiático (más de 51 millones), seguido por África (41.6 millones) y América (40.5 millones), si bien las tasas más altas de prevalencia corresponden, de acuer-do con la población de cada región, a Oceanía, África y Améri-ca, principalmente en su zona norte (Cuadro 2).
cuadro 1. tendencIadelusodecannabIsenelmundo 1997-2006
Fuente: ONUDD, World Drug Report 2008.
1997 2001 2003 2004 2005 2006 Total de usuarios (millones) 144.1 146.2 160.1 162.4 158.9 165.6 Prevalencia anual (%) 3.9 3.7 3.9 3.9 3.8 3.9
cuadro 2. prevalencIadelconsumodecannabIsenlosúltImos 12 meses, porregIón (2006 oúltImoañodIsponIble).
Región Número estimado de usuarios (millones) % de la población de 15 a 64 años de cada región % de los usuarios de cannabis esti-mados en el nivel mundial Europa 29.2 5.3 18 América 40.5 6.9 24 América del Norte 30.6 10.5 18 Centro, Sudamérica y el Caribe 9.9 3.4 6
Fuente: ONUDD, World Drug Report 2008.
Asimismo, puede observarse que de los 165.6 millones de usuarios estimados en el mundo, 31% corresponde a casos localizados en Asia, mientras que dos cuartas partes se dis-tribuyen en partes similares entre África y el continente americano. De este modo, los tres continentes agrupan, en conjunto, al 80% de los casos estimados.
Estos datos regionales reflejan sólo parcialmente la situa-ción prevaleciente en el nivel de países, donde puede obser-varse que las más altas tasas de uso de cannabis se localizan en Estados Unidos y Canadá, en el continente americano; Australia y Nueva Zelanda, en Oceanía; la mayor parte de las naciones de Europa occidental y países africanos entre los que destacan Egipto y Sudáfrica. En América Latina sobresa-le también el caso, en el cono sur, de Argentina, Chisobresa-le y Uru-guay, con tasas de uso que los sitúan en un segundo grupo de naciones (Mapa 1). Región Número estimado de usuarios (millones) % de la población de 15 a 64 años de cada región % de los usuarios de cannabis esti-mados en el nivel mundial Asia 51.1 2.0 31 Oceanía 3.2 14.5 2 África 41.6 8.0 25 Global 165.6 3.9 100
F u en te : O N U D D , W or ld D ru g R ep or t 20 0 8 .
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ap a1.
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rev alenc Ia del c onsumo de c ann ab Is en los úl t Imos12
meses en el mundo, 2006-200
7 (
o úl t Imo año d Ispon Ible)
A pesar de estas diferencias, la cannabis representa la prime-ra droga en prevalencia prácticamente en todo el continente americano, con la única excepción de los países centroameri-canos, en África, en la mayor parte de Europa, incluyendo la Federación Rusa, en Oceanía y en Asia suroccidental (India, Pakistán y Afganistán).
En cuanto al lugar que ocupa la mariguana en la compo-sición de la demanda de tratamiento por uso de drogas ilíci-tas, deben destacarse los primeros sitios que le corresponden a África, Oceanía y, en proporción menor, América del Norte, región en la cual representó 35% de la demanda, ligeramente por arriba de la cocaína (Cuadro 3). Por el contrario, en Amé-rica Central, del Sur y el Caribe el consumo de cannabis se ve claramente rebasado por el de cocaína como motivo principal de la demanda de tratamiento, en tanto que en Europa y Asia el mayor porcentaje de la demanda se asocia con el uso de opiá-ceos y la mariguana pasa a un distante segundo o tercer sitio.
cuadro 3. proporcIóndelusodesustancIasenlacomposIcIón delademandadetratamIento (%)
Fuente: ONUDD, World Drug Report 2008.
Cannabis Cocaína anfetamínicos Estimulantes Opiáceos Otras América del Norte 35 31 13 10 11 Centro, Sudamérica y el Caribe 31 54 2 3 10 Europa 19 9 12 60 --África 64 9 5 16 6 Asia 13 -- 19 63 5 Oceanía 47 -- 18 33 2
Por países, manteniendo el mismo referente de la demanda de tratamiento, la mariguana constituye el principal pro-blema de drogas en la mayor parte de los países africanos, así como en Australia y en los países de la península ibérica, donde ocupa un sitio similar al de los opiáceos, y en México, Estados Unidos, Canadá y Argentina, donde comparte el pri-mer sitio con la cocaína.
De acuerdo con la percepción de expertos de las distin-tas regiones del mundo, pese al aumento de usuarios, a nivel global el uso de mariguana está tendiendo a estabilizarse o, en algunos casos, a mostrar un pequeño decremento. En el mapa siguiente puede apreciarse que, en términos generales, la tendencia es más o menos estable o incluso decreciente en los países industrializados de América del Norte, Oceanía, Europa occidental y central, los cuales mostraron en décadas pasadas un rápido crecimiento del consumo. Por el contrario, la tendencia es al alza y, en algunos casos acusadamente cre-ciente, en los países en vías de desarrollo de África, Sudamé-rica y Asia. Destacan, en particular, lo reportado por exper-tos de China, de varias naciones del África subsahariana y de la mayor parte de los países latinoamericanos, notoriamente Nicaragua, Perú, Bolivia y Paraguay.
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e n d e n c Ia s d e l c o n s u m o d e c a n n a b Is,
s e g ú n la p e r c e p c Ió n d e e X p e r t o s(2006
o úl t Imo año d Ispon Ible)
F u en te : O N U D D , W or ld D ru g R ep or t 2 0 0 8 .Un breve recorrido por los distintos continentes permite observar, primero, que si bien en África el uso de cannabis aumentó más acusadamente a nivel global, esta expansión parece estar perdiendo su momentum. Por el contrario, en Asía, donde se aprecia también una clara tendencia creciente, los incrementos anuales observados recientemente resultan –si se toma como base de comparación el año 2000– mayo-res que los registrados a nivel mundial.
Por su parte, en las regiones occidental y central de Europa se registró, en 2006, una relativa estabilización del consumo de cannabis y los datos recientes sugieren incluso que el con-sumo ha comenzado a declinar; entre otras causas se cita una menor accesibilidad asociada a una baja en la producción en Marruecos.
Después de haber experimentado varios años de incremen-to, el uso de cannabis en España mostró, entre 2003 y 2005, una estabilización; las más recientes encuestas en hogares, levantadas con población de 15 a 64 años, indican que el uso de cannabis en el último año pasó de 11.3% en 2003 a 11.2% en 2005. Más aún, encuestas levantadas con estudiantes de 14 a 18 años detectaron una baja de hasta 18% en el uso de can-nabis en el último año, al pasar de 36.6% en 2004 a 29.8% en 2006. En Francia se aprecia igualmente una situación de relativa estabilidad, con una caída de la prevalencia anual de 9.8% en 2002 a 8.6% en 2005, en población general de 15 a 64 años. Del mismo modo, la información proveniente de Ale-mania indica una fuerte disminución del consumo (una caída de más del 30%), al bajar de 6.8% en 2003 a 4.7% en 2006, en población de 18 a 59 años, y de 11.8% a 9.2% en la población de 18 a 39 años. De esta manera, España, Francia y Alemania observan, en conjunto, un retorno a tasas de uso registradas a principios del 2000. De manera similar, el uso de cannabis presenta una continua disminución en el Reino Unido; en la