Memoria de Investigación.
Master Interuniversitario en Historia Contemporánea. Universidad de Santiago de Compostela
Política educativa
y
prácticas represivas
del
Proceso de Reorganización Nacional.
Argentina 1976-1983.
Una aproximación desde la nueva historia social.Política educativa y prácticas
represivas del Proceso de
Reorganización Nacional. Argentina
1976-1983.
Resumen/Abstract
El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que gobernó la República Argentina entre marzo de 1976 y diciembre de 1983 se propuso un ambicioso plan de gobierno: reorganizar la nación, renovar sus estructuras económicas, reformar las instituciones políticas y dar nuevos contenidos a los valores establecidos en el preámbulo constitucional. El régimen militar trabajó para implementar un modelo político tendiente a evitar la organización y los reclamos sociales, mediante el desmantelamiento de las organizaciones políticas y gremiales. En el ámbito educativo implementó una política educativa autoritaria y la represión del movimiento estudiantil, para quebrar las prácticas de solidaridad existentes en la sociedad argentina, y conformar un nuevo modelo identitario de ciudadanía.
Reconstruyendo las estrategias de dominación de la dictadura militar, intentaremos observar el impacto y las consecuencias de la instalación del terror en los actores sociales involucrados en el proceso de enseñanza - aprendizaje que ven modificadas sus relaciones y prácticas sociales.
Palabras clave: Argentina, Proceso de Reorganización Nacional, política educativa, movimiento estudiantil, represión, identidades, resistencia.
The self-called National Reorganization Process that ruled the Argentine Republic from March 1976 to December 1983, intended to carry out an ambitious government plan: reorganize the nation, renew its economical structures, reform the political institutions and bring new content to the values already stated in the constitutional preamble. The military regime worked hard in order to implement a political model aiming to avoid organization and social demands, through the dismantling of political and union organizations. As for education, the government applied not only an authoritarian educational policy, but also the repression of the student movement, to break the practice of solidarity in Argentina society, and form a new model of citizenship identity.
By rebuilding the strategies of domination of the military dictatorship, we shall try to observe the impact and consequences of the installation of terror in the social actors involved in the process of teaching - learning that see modified their social relations and practices.
Keywords: Argentine, Process of National Reorganization, educational policy, student movement, repression, identities, resistance.
Argumentación
En el presente trabajo nos proponemos observar algunas de las políticas y prácticas represivas1 del Proceso de Reorganización Nacional2 aplicadas al ámbito de la educación escolar infantil, primaria y secundaria argentina a partir de 1976. La dictadura militar que gobernó la República Argentina entre marzo de 1976 y diciembre de 1983, empleó la represión orgánica sistemática y estatal, y como tal practicó el terrorismo de Estado, buscando el disciplinamiento y la reorganización de la sociedad en el plano político, económico, social y cultural. Parte de esa estrategia lo condujo al desmantelamiento del sistema educativo vigente hasta entonces, orientado por una política autoritaria y la represión del movimiento estudiantil, tendiente a quebrar las prácticas de solidaridad existentes en la sociedad, y conformar un nuevo modelo identitario de ciudadanía. A tales efectos accionó los mecanismos para convertir a la escuela en un blanco prioritario de la represión y en un dispositivo de ésta. Además la escuela fue el espacio que el Proceso de Reorganización Nacional priorizó para la difusión de su ideología y donde procuró hilvanar la legitimidad y el apoyo indispensables para lograr su cometido.
El objetivo de nuestro trabajo se desarrolla en torno a una fase del proceso de construcción de hegemonía3 por parte de un actor implicado en el desenvolvimiento de un orden social caracterizado por su apelación al orden, como contraposición al supuesto desorden en que vivía Argentina desde el ascenso del peronismo. Los veinte años transcurridos entre el derrocamiento de Perón (1955) y el golpe de Estado de 1976 fueron testigos de un proceso de creciente politización en la sociedad argentina. Un proceso destinado a ensanchar los márgenes del territorio político, y pudiéndoselo observar en tanto una transformación cultural, plasmada en las prácticas asociativas, en las publicaciones eminentemente políticas, y en la conformación de espacios para el debate. Este tipo de transformación tenía como fin comunicar una nueva serie de
1 Entendiendo las mismas como reorganizadoras de las relaciones sociales. Esta es la línea de análisis
desarrollada por el sociólogo argentino Daniel Feierstein, quien intenta explicar la capacidad para destruir y reorganizar relaciones sociales en aquellas sociedades donde se han implementado prácticas de aniquilamiento Feierstein, Daniel. El genocidio como práctica social. Entre el nazismo y la experiencia
argentina. Fondo de Cultura Económica. Madrid. 2007.
2 Autodenominación del régimen militar establecido en Argentina a partir del golpe de Estado que
derroco al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón, el 24 de marzo de 1976.
3 Empleamos aquí la noción de hegemonía pensada por Antonio Gramsci, primigeniamente concebida
como hegemonía cultural y luego expandida para observar otros fenómenos. Cfr. Gramsci, Antonio.
concepciones respecto de la sociedad tanto a sectores que intervenían de forma activa en la política como a aquellos a quienes la inserción en el campo político no les era primordial. La dictadura clausuró ese proceso e inauguró un período de aniquilación de personas y de prácticas, destinada a poner coto a los intentos transformadores de la sociedad. Es así como desde mediados del siglo XX en Argentina se viven momentos de suma tensión en las relaciones entre los distintos grupos sociales, donde la toma de conciencia de lo que se es y lo que se quiere, adquiere vital significancia por la índole de los cambios que se propician.
El tema al cual nos dedicamos se encuentra inmerso dentro de un período histórico sobre el cual los libros y artículos referidos al mismo son por demás abundantes, principalmente preocupados por la militarización de los Estados en América. Ante lo cual cabría preguntar ¿qué podemos aportar desde esta investigación?, quizá lo más pertinente sería vincularlo a nuestra hipótesis central respecto de que la fragmentación social4 y el desarrollo de las políticas y prácticas represivas del Proceso de Reorganización Nacional, son parte de un mismo proceso. Puntualmente nuestra hipótesis sería comprender el proyecto del Proceso de Reorganización Nacional, como génesis de un acto transformador de la realidad. Reconstruyendo las estrategias represivas de la dictadura militar, intentaremos observar el impacto y las consecuencias de la instalación del terror en los actores sociales involucrados en el proceso de enseñanza/aprendizaje que ven modificadas sus relaciones y prácticas sociales.
Nos planteamos como pregunta orientadora si la voluntad de las víctimas del terrorismo de estado de la dictadura puede contribuir a evitar la realización simbólica del Proceso de Reorganización Nacional.5. Particularmente nos centraremos en un grupo de estudiantes secundarios de Concepción del Uruguay, que producido el golpe
4 Hemos partido de las reflexiones de Alain Touraine. Respecto de Argentina como país inexistente,
vertidas en una conferencia en la Casa de América Latina de París el 3 de abril de 2002. Y que luego diera lugar a una serie de entrevistas referidas al particular, donde plantearía que: Los argentinos existen,
la Argentina no. Porque un argentino no actúa como argentino, sino como persona privada. (Cfr, Clarín
4/04/2002 (Argentina); La República 5/04/2002 (Uruguay); La Nación 18/2/2004 (Argentina); Perfil 25/9/2009 (Argentina)). Lo cual evidentemente contrasta con el nosotros colectivo, propio de la mentalidad de los jóvenes de los tempranos años setenta. Esa juventud se mostraba convencida de su capacidad para influir sobre el conjunto social. Existía la idea de responsabilidad respecto del futuro, a diferencia de la autopercepción actual de los jóvenes según expresa el antropólogo Néstor García Canclini. Primera Parte: Jóvenes, autonomía y modernidad. Los jóvenes no se ven como el futuro ¿serán
el presente? , en: Pensamiento Iberoamericano, Nº 3, 2ª época, Madrid, Universidad Complutense de
Madrid, 2008/2.
5 Tomamos aquí como referencia el planteo de Todorov, respecto de su propuesta de declamar por una
condena del comunismo que impida la realización simbólica del régimen soviético Recordemos que Todorov iguala conceptualmente comunismo con el proceso de construcción del socialismo en la U.R.S.S. durante los años de gobierno de Stalin. Todorov, Tzvetan. Los abusos de la memoria. Barcelona, Paidos, 2000.
de estado intentaron articular una resistencia civil al mismo. Y treinta años después, y en virtud de las represalias a las que se vieron sometidos por su resistencia al golpe activaron los mecanismos judiciales para esclarecer un hecho desconocido o no recordado por la sociedad. ¿Quiénes eran aquellos jóvenes, que permanecieron callados por un largo período de tiempo?
En el presente trabajo nos proponemos estudiar lo que hasta el momento no se ha estudiado, y es saber lo que a decir de Bordieu evitó la reproducción del orden social. Pues la reproducción del orden social se consigue si se mantiene y llega a ser eficiente, y sólo se consigue con la participación efectiva de los propios dominados, esto es, por la violencia simbólica. Como tal, las razones y motivos últimos de los ejecutantes han de buscarse en el conjunto de argumentos, explicaciones, justificaciones, visiones e ideas que manejan, y que promueve el grupo, organización o institución en el que se insertan y dentro de los cuales operan. Todo este conjunto de argumentos forma parte de discursos sociales que en un momento dado atraviesan un grupo, organización, institución o sociedad y que responden a los modos de pensar que han ido cristalizando a través de procesos históricos, políticos y culturales. Tales discursos o formas de pensamiento social, se articulan en las representaciones sociales, a través de las cuales las personas comprenden, conocen y reproducen el sistema social.
Para hacerlo emplearemos la perspectiva identitaria Esto es que como herramienta analítica utilizaremos la definición de identidades y solidaridades de cada grupo, teniendo en cuenta el punto tripartito que interviene en la conformación de los mismos, a saber: una labor de reconocimiento, una de contraposición, y la integralidad. La labor de reconocimiento es la identificación establecida por el individuo entre su proceder y su pensamiento. Pero sólo a través de la práctica de relaciones sociales conflictivas es que el actor puede constituirse como tal; por lo tanto la labor de contraposición refiere a que un grupo solo se instituye si puede nombrar a su adversario. La integralidad, refiere a la necesidad de poder definir a su contrario en el marco global del sistema de acción histórica, es decir con respecto al conflicto social general. Por tanto consideramos más correcto decir que detendremos la mirada en uno de los grupos que se conformará a partir de un proyecto programático-ideológico, y su puesta en liza con otros proyectos. Por las características especiales del presente trabajo intentaremos una narración de síntesis, donde no buscaremos una causalidad determinante y eficiente de la lógica del proceso. De lo que se trata es de ensayar una reconstrucción histórica, en la que privilegiaremos el seguimiento analítico de lo concreto del proceso.
Entendiendo por ello la unidad de lo diverso, constituido por múltiples determinaciones, en su desarrollo diacrónico6, caracterizando lo social como totalidad, es decir como el conjunto de relaciones que los hombres establecen entre sí y a través de las cuales se intergeneran y generan las condiciones sociales de su existencia, recíproca e incesantemente7, inscribiendo también en ello, la riqueza de la diversidad y de lo singular.
Cuatro capítulos componen el entramado de esta memoria. El primero sirve de pórtico y marco referencial de todo el contenido; a lo largo de sus páginas desarrollaremos el estado de la cuestión, teniendo presente el marco general donde se circunscribe nuestro interés analítico, primero haremos una sucinta exposición de las obras preocupadas por el intervencionismo militar en general, para luego pasar a considerar los estudios referidos al Terrorismo de Estado en particular. En el mismo capítulo nos referimos a los elementos teóricos que nos permiten pensar el problema, y explicaremos al mismo tiempo por qué prescindimos de otras concepciones más novedosas, pero incompletas a nuestro entender para dar cuenta del problema en todas sus dimensiones. En el capítulo II teniendo presente al sujeto de nuestro estudio, el Estado Terrorista, realizaremos un estudio de los actores y elementos intervinientes en su conformación, intentando construir y reconstruir los elementos constitutivos del programa de la dictadura. El capítulo III lo emplearemos para intentar hacer observable la dimensión identitaria a través de los discursos y prácticas de los detentadores del poder durante la dictadura, ahondando en cómo se perciben a sí mismos los militares, y como a los otros. Finalmente el capítulo IV estará destinado al espacio educativo signado por el terror, tomando como eje vertebrador de nuestro análisis un caso de detención-secuestro-tortura, ocurrido en la provincia de Entre Ríos, en julio de 1976. Los hechos principales se concentran en una de las localidades históricamente más relevantes a nivel cultural y económico tanto de la provincia, como del país todo: Concepción del Uruguay. Quienes sufrieron el accionar de las fuerzas represivas eran, en aquel momento, estudiantes del ciclo medio; lo cual no constituye un hecho excepcional, sino el primer caso de un plan sistemático y organizado. El hecho que nos ocupa fue denunciado en febrero de 2006, treinta años después de haberse producido, siendo desconocido o no recordado por una parte importante de la comunidad 6 Cfr. Marx, Carlos. Introducción A La Critica De La Economía Política. Ediciones Estudio, Buenos Aires, 1973.
7 Hobsbawn, Eric J. Marxismo e historia social. Instituto de Ciencia de la Universidad Autónoma de Puebla, Méjico, 1983, pág. 89
uruguayense. La cual vivía en la creencia generalizada de la inexistencia en su ejido de actos perpetrados por el terrorismo de Estado.
La denuncia del Profesor César Manuel Román, ante los Tribunales Federales de Concepción del Uruguay, el 6 de febrero de 20068, constituyó la primera denuncia por violaciones a los derechos humanos en la ciudad de Concepción del Uruguay durante el Proceso de Reorganización Nacional. Entre las personas denunciadas por Román se encuentra un alto jefe de la Policía Federal el comisario general José Darío Mazzaferri (en 1976, un joven oficial), quién en noviembre de 2005 fue puesto al frente de la Superintendencia de Planificación y Desarrollo, por el entonces presidente Néstor Kirchner. Como consecuencia de la denuncia Mazzaferri fue desplazado de su cargo, y a día de hoy se encuentra prófugo de la justicia, con orden de búsqueda y captura internacional. La causa iniciada por la denuncia de Román involucró a otro alto cargo, pero en este caso del Ejército, Luis Federico Anschutz miembro del Estado Mayor y titular de la Inspección General del Ejército, una de las jefaturas de mayor jerarquía en la estructura orgánica de la fuerza. Ascendido a General de División, en diciembre de 2008, en un acto formal en el salón Blanco de la Casa Rosada, presidido por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Además quedaron como imputados en la misma causa, Albano Harguindeguy, y Ramón Genaro Díaz Bessone, dos de los militares con mayores responsabilidades durante el Proceso de Reorganización Nacional.
Una serie de amenazas al denunciante, y a otros de los jóvenes involucrados en el mismo hecho, y el atentado al estudio jurídico de la abogada querellante del caso, María Isabel Caccioppolis (8 de abril de 2010). Nos han impedido contar con una serie de entrevistas sobre las cuales prescindiremos explícitamente, aunque las tendremos en consideración al momento de reconstruir lo ocurrido, para lo cual también utilizaremos la causa judicial y las repercusiones recogidas en los medios de comunicación.
8 En virtud de la cual se instruye la causa judicial Román Cesar Manuel S/ Denuncia. Juzgado Federal de
Concepción del Uruguay. Expediente: 56.208, en tramite por ante el a Cargo del Dr. Gustavo Pimentel. .
Capítulo I: aldaba
1. Los antecedentes en la conformación del Estado Terrorista en Argentina, un breve estado de la cuestión.
Durante el siglo XX los sistemas políticos de veintisiete de los treinta y cuatro países existentes en el continente americano al sur del río Bravo, sufrieron interrupciones en el orden constitucional, generalmente quebrantados a causa de golpes de Estado propiciados o ejecutados por las Fuerzas Armadas de los respectivos países9.
En el campo de las ciencias sociales se formularon indagaciones sobre las relaciones existentes entre la sociedad civil y el ejército de los países latinoamericanos, a fin de desentrañar porque se imponía como norma la alteración del desenvolvimiento institucional. En los distintos estudios y debates, el denominado caso argentino emergía como el caso de excepción respecto de los análisis globales. Pues, como constataban los estudios, desde 193010 la hegemonía del poder militar en la vida política de Argentina aparecía como una constante y difícilmente explicable desde las teorías que asimilaban el militarismo con el subdesarrollo, toda vez que los índices estipulados para encuadrar a un determinado país como subdesarrollado no eran aplicables al caso argentino.
El interés por las relaciones de poder entre la sociedad civil y el ejército argentino, se traducen en obras referidas particularmente a la preponderancia del poder militar. Al respecto quizá el trabajo más importante es el de Alain Rouquié, quién años antes de producirse el golpe de estado de marzo de 1976 había comenzado sus indagaciones circunscriptas al proceso genético de lo que denominó la era militar. Esta última según Rouquié se caracteriza por las reiteradas intervenciones políticas del ejército y la estabilidad de la hegemonía militar como esquema de poder en el marco de un Estado, donde esos fenómenos constituyen el de la vida política argentina desde el golpe del general Uriburu11.
9 Durante el siglo XX se registraron golpes de Estado en: Bolivia, Guatemala, Perú, Panamá, Ecuador,
Cuba, Haití, Santo Domingo, Brasil, Chile, Argentina, México, Venezuela, Colombia, Surinam, Jamaica, Guyana, Trinidad & Tobago, Paraguay, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, República Dominicana, Granada, Haití, Honduras, Uruguay.
10 El 6 de septiembre de 1930 el general José Félix Uriburu encabezó un golpe de Estado que derrocó al
presidente constitucional Hipólito Yrigoyen. Fue reconocido como presidente por una Acordada de la Corte Suprema el 10 de septiembre de 1930; disolvió el Congreso, intervino todas las provincias y declaró el estado de sitio.
11 Cfr. Rouquié, Alain. Poder militar y sociedad política en la Argentina. II volúmenes, Buenos Aires,
Otros estudios cuya trascendencia no podemos ignorar son los de Guillermo O ´Donnell, quién desarrolló el modelo del estado burocrático-autoritario, después de estudiar las corrientes internas de las Fuerzas Armadas Argentinas y las distintas modalidades de intervención militar registradas en ellas. Dividiéndolas en cuatro categorías paternalista, nacionalista, liberal-autoritaria, y profesional12. Este mismo autor, en otra de sus obras, propuso otro modelo basado en establecer la relación entre el grado de modernización que un régimen autoritario pretende implantar y el grado de exclusión que impone a la participación política y social. Apoyándose en argumentos predominantemente económicos para explicar las realidades políticas, O´Donnel concluye que los regímenes militares burocrático-autoritarios de América Latina tienden a imponer la máxima exclusión de la participación democrática ciudadana precisamente cuando mayor modernización alegan querer conseguir, y que éste es el caso concreto de la Argentina en particular13.
En un profundo y extenso estudio Alain Touraine14, objeta los enfoques como los de O´Donnel por considerarlos inadecuados para el ámbito latinoamericano. Proponiendo, por su parte, el modelo del Estado antipopular. Sus reflexiones sobre las distintas formas de intervención militar, lo llevan a caracterizarlas como dictaduras antipopulares latinoamericanas15. Donde el ejercicio autoritario del poder, y a diferencia del fascismo, el control puramente represivo de la población, sustituye a la movilización ideológica y militar. Siendo “... la represión antipopular...”16, el denominador común que permite equiparar a todos los regímenes autoritarios latinoamericanos.
En uno de los esfuerzos de comprensión más clarificadores, pero quizá con menos desarrollo empírico, respecto de la emergencia de dictaduras en América Latina y su relación con las condiciones socioeconómicas, encontramos un trabajo de Perry Anderson17. Argumenta por lo que denomina una inflexión populista, producto de una relación diagonal entre capital agrario y trabajo industrial. Esto se debería al enfrentamiento de una clase obrera de concentración cuantitativa, combativa, y con conciencia de clase; y por otro los hacendados como valuarte del conservadurismo.
12 Cfr. O´Donnel, Guillermo. El Estado Burocrático Autritario. Triunfo, derrotas y crisis. Buenos Aires,
Editorial de Belgrano, 1982.
13 Cfr. O´Donnel, Guillermo. Modernización y Autoritarismo. Buenos Aires, Paidós, 1972. 14 Touraine, Alaine. América Latina: Política y Sociedad. Madrid, Espasa-Calpe, 1982.
15 Touraine, Alaine. América Latina: Política y Sociedad. Madrid, Espasa-Calpe, 1982, págs. 354-378. 16 Touraine, Alaine. América Latina: Política y Sociedad. Madrid, Espasa-Calpe, 1982, pág. 369.
17 Perry Anderson, “Democracia y dictadura en América Latina en la década del ´70”; en Cuadernos de
Según Anderson, la emergencia de las dictaduras se explicaría por su función la de traumatizar a la sociedad civil en su conjunto con una dosis de terror suficiente, para romper cualquier aspiración o idea de cambio social cualitativo desde abajo. Todas ellas, según este autor, fueron contrarrevolucionarias, y preventivas, cuya misión primordial fue decapitar y eliminar a una izquierda que no se resignaba al modo de producción capitalista. Todas ellas implementaron un programa económico destinado a detener el populismo y eliminarlo; todo ello es coincidente con los planteos de Alain Touraine. Sin embargo Anderson añade un elemento novedoso de estos regímenes militares, y es que programaron una reintroducción de una democracia capitalista controlada, como faceta de su obra de reconstrucción. En síntesis, del trabajo de Anderson podemos extraer su argumentación respecto de un doble objetivo de las dictaduras: traumatización subjetiva y transformación objetiva de la sociedad. El régimen argentino logró un máximo del primer elemento –el terror- y un mínimo del segundo –la modernización del país.
En opinión del sociólogo Torcuato Di Tella, el proceso iniciado en 1976 constituyó una intervención transformativa, que tuvo la intención de construir una nueva Argentina. Asimismo, Marcelo Cavarozzi caracteriza este régimen como autoritario refundacional, por su propósito de transformar al conjunto de la sociedad argentina e imponer un orden económico y social ortodoxo que eliminara todo vestigio de las políticas populistas del peronismo.18
Por otra parte se han desarrollado un importante número de estudios preocupados en hallar el factor causal del intervencionismo castrense en Argentina decantándose por la denominada autonomía militar. Una línea argumental presente entre otros, en el trabajo de Marcos Kaplan19, quién señala tres niveles sucesivos a partir del golpe militar de 1930:
“... Las fuerzas armadas se van convirtiendo en corporación que define y promueve sus propios intereses y objetivos, y se interna cada vez más en un 18 Torcuato S. Di Tella, Sociología de los procesos políticos, Buenos Aires, EUDEBA, 1986, pp. 298-303; Marcelo Cavarozzi, “La política: clave del largo plazo latinoamericano”, versión revisada del trabajo presentado en el XVII Congreso de LASA (Latin American Studies Association), Los Angeles, 23-26 de septiembre de 1992, pág. 5, nota 5. Siguiendo la definición de Perry Anderson, denominamos políticas populistas a aquéllas que, en América latina, tuvieron por objetivo proponer reformas materiales para las masas urbanas y estimular el desarrollo económico, particularmente en el sector industrial. Véase Perry Anderson, “Democracia y dictadura en América Latina”, en Horacio Gaggero (compilador), Estructura
social y conflicto político en América Latina, Buenos Aires, Biblos, 1989, pág. 249.
19 Marcos Kaplan, “50 años de historia argentina (1925-75). El laberinto de la frustración”; en: Pablo
proceso de politización permanente. La aventura ocasional de la institución armada que tome el gobierno en las crisis, como interludio regulador entre dos regímenes civiles, va siendo reemplazada primero por la reivindicación de una función tutelar sobre la nación, y luego por el ejercicio de un poder autónomo fuera y por encima de la sociedad y del propio Estado...”20.
Y para marzo de 1976 el autor cree se podría hablar de un proceso de weimarización, semejante al de Alemania en 1920.
En la misma línea argumental se perfilan los planteos del sociólogo Gustavo Duretta, quién refiriéndose al proceso de autonomización de las Fuerzas Armadas, sostiene que en 1955 se trazarán un nuevo objetivo:
“... la conformación de un nuevo Estado bajo su tutela, para lo cual terminan en dos oportunidades (1966 y 1976) haciéndose cargo totalmente del mismo para rediseñarlo a su imagen y semejanza...”21.
En el mismo sentido se expresa Prudencio García, autor de una de las obras imprescindibles para abordar el particular que nos aboca. Para García la autonomía de las Fuerzas Armadas se funda en la certeza de algunos militares de que pueden y deben intervenir en las grandes cuestiones de la política nacional22. Años antes Jorge Tapia Valdés, se había expresado en términos similares: “... el militar asume clara, abierta y agresivamente una función que consiste no simplemente, como antaño, en intervenir en política, sino en apoderarse de la política...”23.
Una serie de estudios dedicados específicamente a la emergencia de la dictadura militar iniciada en 1976, (Jorge Tapia24, Adolfo Gilly25, Enrique Vázquez26, Eduardo Duhalde27, Alipio Paoletti28), centran sus explicaciones respecto de la misma en: la tendencia netamente reaccionaria, clasista, y conservadora, predominante en la mayor
20 Marcos Kaplan, “50 años de historia argentina (1925-75). El laberinto de la frustración”; en: Pablo
González Casanova (director); América Latina: Historia de medio siglo. México, Siglo XXI, 1977, pág. 43.
21 Gustavo Druetta, Eduardo Estévez, Ernesto López, y José Miguens, (coordinadores). Defensa y
Democracia. Un debate entre civiles y militares. Buenos Aires, Puntosur, 1990.
22 García, Prudencio. El drama de la autonomía militar. Madrid, Alianza, 1995, pág. 351.
23 Tapia Valdés, Jorge. El terrorismo de Estado: La Doctrina de la Seguridad Nacional en el Cono Sur.
México, Nueva Imagen, 1980, pág. 147.
24 Tapia Valdés, Jorge. El terrorismo de Estado: La Doctrina de la Seguridad Nacional en el Cono Sur.
México, Nueva Imagen, 1980.
25 Gilly, Adolfo. La década trágica. México, Editorial Tierra del Fuego, 1984.
26 Vázquez, Enrique. PRN. La última. Origen, apogeo y caída de la dictadura militar. Buenos Aires,
EUDEBA, 1985.
27 Duhalde, Eduardo Luis. El estado terrorista argentino. Buenos Aires, El Caballito, 1983.
28 Paoletti, Alipio. Como los nazis, como en Vietnam. Los campos de concentración en Argentina. Buenos
parte de los militares profesionales argentinos. Tendencia derivada inicialmente de las permanentes vinculaciones oligárquicas de las Fuerzas Armadas, y más tarde, de la asimilación y aplicación práctica de la Doctrina de la Seguridad Nacional con sus influencias teóricas y prácticas provenientes de instituciones armadas de Francia y Estados Unidos.
Un corpus de investigaciones más recientes enfocados en la violencia estatal y contra el estado, entre ellos Argentina, 1976: estudios en torno al golpe de Estado29, constituye una buena muestra. Los trabajos allí reunidos proponen un acercamiento a las circunstancias que condujeron a la violencia y represión durante los años de la dictadura (1976-1983). Esta obra colectiva da cuenta del golpe de Estado de 1976, buscando explicar sus raíces en los procesos históricos que condujeron a que los problemas políticos y sociales sólo pudieran dirimirse a través de la violencia. En este sentido, algunos de los estudios contenidos en la compilación intentan explicar la incapacidad de las instituciones estatales para contener y procesar la creciente conflictividad.
Si bien nuestro trabajo será menos ambicioso que las interpretaciones aquí expuestas, y tal como hemos referido al mencionar nuestros propósitos se circunscriben a un contexto restringido: el del Terrorismo de Estado y sus políticas y prácticas represivas. Debemos señalar ciertas consideraciones que nos llevan a no estar totalmente de acuerdo con estos esfuerzos explicativos .
Primeramente debemos señalar que todos los modelos analíticos aquí mencionados, para explicar el intervencionismo militar en general, y el Proceso de Reorganización Nacional en particular, presentan como común denominador referirse a los propósitos: erradicar la participación, excluir al sector popular, suprimir la ciudadanía y ejercer el control represivo. Sin embrago desde nuestra aproximación y a diferencia de lo argumentado, principalmente por Touraine, consideramos que la movilización ideológica y militar no es substituida sino subsidiaria del control represivo, pues creemos que en el caso del Proceso de Reorganización Nacional no sólo se exigía obediencia sino participación activa de la población en las medidas policiales del Estado. Tal como intentaremos argumentar en los apartados referidos a la educación, a los valores del Estado Terrorista, y las poleas de transmisión. Estos regímenes se caracterizaban por la exigencia no sólo de obediencia sino de participación activa en las medidas policiales del Estado
29 Clara E. Lida; Horacio Crespo; Pablo Yankelevich (compiladores). Argentina, 1976: estudios en torno
Por otra parte casi todos los estudios señalan como una de las características comunes de América Latina la existencia de tensiones y conflictos sociales generados por las desigualdades sociales entre los distintos sectores de la población; lo cual sumado al contexto internacional de guerra fría y al impacto político de la revolución cubana en la región habrían configurado una nueva visión del papel del Estado y de las Fuerzas Armadas en el continente. Respecto del primer aspecto, tal y como constatase Alain Rouquié, explicar la emergencia de dictaduras militares en Argentina por intermedio del razonamiento subdesarrollo igual a militarismo, es cuando menos insuficiente. En relación a la guerra fría y la revolución cubana, si bien son de importancia capital para entender lo ocurrido, no es menos cierto, como tendremos ocasión de exponer, que en Argentina el interés por la contrainsurgencia es previo a la revolución cubana e incluso muy anterior a la existencia de algún grupo político militar en Argentina. A dicha temática nos referiremos en los incisos correspondientes a la conformación del estado terrorista, y la sedimentación de las enseñanzas de la escuela francesa, y de la Doctrina de la Seguridad Nacional.
Finalmente consideramos no del todo propicio el empleo del término violencia política porque engloba en un mismo registro la instalación de un sistema de terrorismo de Estado con las acciones de oposición armada, concepción íntimamente ligada a la Teoría de los dos demonios, y cuando supone un enfrentamiento armado inexistente en Argentina.
Todo lo antes expuesto nos llevara a ensayar una explicación distinta para tratar de entender el intervencionismo militar en la vida pública argentina, fundamentalmente a partir del golpe militar de 1955. De este modo nos adentraremos en un proceso de profundos cambios ocurridos en la sociedad Argentina que nos permita entender el Proceso de Reorganización Nacional. Porque como expresa Eric Hobsbawm30, no hay ni un ápice de verdad en la expresión francesa tout comprende c´est tout pardonner, comprender el Proceso de Reorganización Nacional y encajarlo en su contexto histórico no significa perdonar su proceder.
El nuevo papel atribuido al Estado y dentro de él a las Fuerzas de Seguridad, en Argentina, creemos, no ha sido producto de las diferencias socioeconómicas estructurantes de una sociedad, como si quizá se vincule con la prefiguración de una nueva matriz de poder político, y con la puesta en práctica de políticas económicas y sociales de corte regresivo articuladoras de un nuevo modelo de acumulación y de
reproducción del capital, todo ello en un ambiente de creciente derechización de los sectores conservadores argentinos. Lo cual contrastaba con la experiencia iniciada en la segunda mitad de la década de 1940, cuando Juan Domingo Perón desde su lugar como Secretario de Trabajo primero y Vicepresidente después, atendió algunas de las preocupaciones de la emergente fuerza laboral industrial31. Una vez alcanzada la presidencia (1943) Perón, puso en marcha un modelo signado por la complementariedad entre los procesos del mercado y del estado. Con marcada presencia estatal en el desarrollo de la sociedad civil32, donde destacan unos sindicatos íntimamente ligados al Estado, a través de una estructura sindical centralizada desde las ramas locales hasta una única central, la Confederación General de los Trabajadores. El Estado tenía la potestad de intervenir cualquier sindicato opositor y condicionaba la concesión de beneficios socio-económicos a los que renunciasen al derecho de huelga33. Un Estado activo en distintas esferas de la vida en sociedad, particularmente presente en el mundo del trabajo34. Y aún cuando el control estatal pesaba fuertemente sobre la participación popular, la política era considerada como el canal de expresión de las demandas sociales.
Interesa aquí destacar dos aspectos de éste período: por un lado, la trascendencia que adquiría el proceso de institucionalización social desde la política35. Por el otro, la
31 El sindicalismo por entonces se encontraba fragmentado en F.O.R.A, C.G.T. Nº 1, C.G.T. Nº 2, U.T.A.
Para conseguir la unificación de los sindicatos se proscribió a los comunistas, se persiguió a los sindicalistas, y se intervino la C.G.T.
32 Establecido constitucionalmente a partir de la reforma constitucional de 1949, con la inclusión de los derechos de segunda generación, la igualdad jurídica entre el hombre y la mujer y la intervención del estado en la economía.
33 El decreto 23.582/1945, que incorporó a los gremios a la legislación nacional, mediante la regulación
de las asociaciones profesionales de trabajadores. El decreto está inspirado en la Carta del Lavoro de Mussolini y estaba en sintonía con la preocupación oficial de colocar la organización de los intereses sociales bajo la supervisión del Estado. Cfr. Juan Carlos Torre y Enrique Tandeter. Nueva Historia
Argentina. Buenos Aires Sudamericana, 2002.
34 Perón profundizó la política de sustitución de importaciones mediante el desarrollo de la industria;
también invirtió fuertemente en la agricultura, especialmente en la siembra de trigo. Entre otras reformas sociales y políticas, se nacionalizó el comercio exterior mediante la creación del IAPI (Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio), se desarrolló un amplio plan de viviendas para trabajadores. En 1947 anunció un Plan Quinquenal para fortalecer las nuevas industrias creadas, y comenzar con la industria pesada (siderurgia y generación de energía eléctrica). Los ferrocarriles pasaron a manos del Estado, creando la empresa Ferrocarriles Argentinos. Se promulgaron los derechos de la Ancianidad a través del decreto 31.138. Se estableció por decreto (22/1949) la gratuidad de la enseñanza. Se creó el Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas (CONITYC) antecedente inmediato del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Se creó un sistema unificado de salud preventiva, curativa y de asistencia social de carácter universal garantizado por el Estado. Se promulgó la declaración de los derechos del trabajador. Se crearon las obras Sociales para los trabajadores, y se regularizo el sistema de accidentes Laborales.
35 La institucionalización social puede ser entendida como estrategia de poder. Implica una presencia
capilar de las instituciones dentro del tejido social. Su función consiste en dinamizar y dirigir las prácticas sociales y políticas en un clima de consenso muy generalizado.
importancia del mercado de trabajo como vía de acceso a las políticas sociales estatales. Esta articulación del mercado laboral y de la política, a través de la satisfacción de demandas y la instrumentación de políticas sociales universalistas, implicó la referencia al Estado como garante, no sólo del modelo en su conjunto sino también como la expresión política a favor de la protección social.
En 1955 Perón será derrocado por un golpe de estado, conocido como la “Revolución Libertadora”, asignándose como objetivo primario eliminar toda influencia del peronismo en la sociedad argentina. Para ello dispuso, entre otras medidas, la ilegalización del partido peronista, la intervención de la CGT, la persecución y arresto de dirigentes sindicales, y la derogación de la constitución de 1949. Derrocado Perón, partirá al exilio del cual no regresará sino hasta 1973. Durante esos años, la política de penetración de capital extranjero estuvo acompañada por el intento de las clases dominantes de restringir los beneficios adquiridos por la clase obrera durante el peronismo. Ante el avance de la clase dominante se puso en evidencia el peso de la clase obrera en la economía y en la sociedad; la experiencia, la conciencia, y la organización de los trabajadores, sumado al poder de las organizaciones sindicales estructuradas en los años previos, otorgo a la clase obrera una gran combatividad en estos años. Lo hará mediante organizaciones sindicales ligadas al partido peronista y bajo un planteo de regreso a las condiciones vividas durante el gobierno peronista, haciendo su principal objetivo de lucha la “vuelta de Perón”. Será en la segunda mitad de la década del ’60 cuando la agudización de los enfrentamientos planteé para sectores de la clase obrera los límites del peronismo abriendo la perspectiva de ruptura de los trabajadores con su dirección peronista36.
El fin del régimen peronista, y el consenso de los grupos de poder en torno a la idea de disciplinar a una sociedad para ellos permisiva y supuestamente amenazada por el comunismo, dio paso a un período marcado por la inestabilidad, donde se sucedían gobiernos golpistas y regimenes democráticos, acompañado por el bloqueo de la vía del diálogo para la resolución de los diferendos37.
36 Rojo, Alicia, “La clase obrera y el peronismo”, La Verdad Obrera, Número 180, 9 de febrero de 2006.
37 En 1958, el gobierno militar de la Revolución Libertadora convoca a elecciones, Arturo Frondizi es electo presidente, y por un acuerdo previo con Perón, trabaja para levantar la proscripción del movimiento peronista. Tras varios pronunciamientos militares, y el triunfo electoral del peronismo en marzo de 1962, Frondizi es derrocado días después del triunfo peronista. Asume la presidencia el Presidente del Senado, José María Guido, quien por orden de las fuerzas golpistas, anula las elecciones, disuelve el parlamento e interviene las provincias. En 1963 se convocan elecciones, con el peronismo proscripto, siendo electo Arturo Umberto Illia, quien es derrocado en 1966 por la Revolución Argentina. Asume la jefatura del Estado el general Juan Carlos Onganía, quien gobernó en arreglo al Estatuto de la Revolución Libertadora, el poder ejecutivo y el legislativo eran ejercidos por el presidente. Onganía fue
Las divisiones al interior de las FF.AA. entre colorados y azules,38 la agudización de los conflictos gremiales39 y estudiantiles,40 y la represión41 como respuesta gubernamental, marcaron un clima de descontento y violencia a lo largo de todo el país. Junto a ello, y bajo el influjo de la revolución cubana, hacia la segunda mitad de los años sesenta comienza el desarrollo de movimientos guerrilleros,42 donde destacan Montoneros43 y el Ejército Republicano del Pueblo (ERP).44
En síntesis, ante las demandas y reclamos de una sociedad más justa, los sectores dominantes no apelarán al diálogo ni al consenso. Estructurarán una respuesta partiendo de una nueva concepción ideológica cimentada en base a la estrategia de la contrainsurgencia y la Doctrina de la Seguridad Nacional. A partir de ellas se preparará a las fuerzas de seguridad y principalmente a las Fuerzas Armadas en un nuevo tipo de represión, con métodos y técnicas, más eficaces y sistemáticos, para hacer frente a la seguridad interior y la preparación para la guerra contra un enemigo interno. Así cuando las distintas alternativas políticas provenientes de la izquierda, ya sea armadas o no, evidencien una importante aceptación en la sociedad argentina, los bloques de poder tendrán una percepción de peligro respecto de sus intereses. De este modo se estigmatizó como sujeto peligroso a todo aquel que impugnara el orden imperante, y las reemplazado por el General Roberto Marcelo Levingston
38 Azules y Colorados se enfrentaron duramente en 1962 y 1963. Azules (“fuerzas propias” en lenguaje
militar) nacieron como tales en septiembre de 1962 y llamaron Colorados a sus rivales. Según el historiador Alain Rouquié, para los colorados, el peronismo era un movimiento sectario y violento que daba lugar al comunismo. Para los azules, pese a su demagogia y sus abusos, el peronismo era una fuerza cristiana y nacional que había salvado a la clase obrera del comunismo y la subversión. El último choque, que dejó 24 muertos y 87 heridos, se inició con un alzamiento del bando Colorado que buscó derrocar al presidente José María Guido. En tres días los Azules se impusieron, lo que dio paso a purgas masivas en el Ejército y la Armada, y para 1966 encabezarán la Revolución Argentina que llevó al poder a Onganía.
39 A fines de 1968 se intensificaron los conflictos gremiales, particularmente los que tuvieron como
epicentro los ingenios tucumanos, y a los obreros industriales de Córdoba y Neuquén. El 29 de mayo de 1969, en la ciudad de Córdoba, el movimiento obrero junto a estudiantes, y empleados, protestaron durante tres días por el autoritarismo reinante. El denominado Cordobazo del cual se desprende un sindicalismo clasista y combativo.
40 Verbigracia la Noche de los Bastones Largos (julio de 1966), el asesinato de Santiago Pampillón
(septiembre de 1966), actuaron como catalizadores de la participación del estudiantado en el escenario de la protesta.
41 Comenzando por las medidas de la Revolución Libertadora; pasando por el plan Conintes, de Frondizi,
(destinado a reprimir a la oposición tanto peronista como izquierdista); hasta llegar al gobierno de Onganía, donde además de la represión paralela e ilegal, se estableció el estado de sitio, la censura de la prensa, la intervención de las Universidades, la prohibición de los partidos políticos y de la actividad gremial.
42 Es dable mencionar al Comando Peronista de Liberación, las Fuerzas Armadas Peronistas,
Descamisados, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y las Fuerzas Armadas de Liberación.
43 Movimiento guerrillero argentino creado en 1966 tras la llegada de los militares al poder. Grupo
escindido del peronismo. De ideología populista y antiimperialista, adquieren renombre en 1970 con el secuestro y muerte del expresidente Pedro Eugenio Aramburu. Inspirados en los métodos de lucha de los tupamaros uruguayos.
44 Estructura militar del Partido Revolucionario de los Trabajadores, surgido del Vº Congreso (1970) del
acciones de la contrainsurgencia abogaran por una política de aniquilación del enemigo interno, sindicado como subversivo. Se le confirió a las FF.AA. la erradicación de la subversión, con el objetivo de reorganizar una nación que por obra del comunismo había abandonado los valores occidentales y cristianos. La estrategia de aniquilación se desarrollo incluso a nivel supranacional con la llamada Operación Cóndor. Uno de los resultados de todos estos procesos fue la potenciación de nuevas funciones para las fuerzas de seguridad, siendo las más importantes:
La preparación militar centrada en posibles conflictos contra un enemigo interno.
Las situaciones de conflicto o guerra no serán asumidas exclusivamente en el plano militar. Se impone el combate en todos los frentes y con todas las formas de lucha, ya que la guerra es total.
Se incorpora como elemento substancial la guerra psicológica y la utilización del terror.
Desde la perspectiva de las fuerzas armadas erradicar la subversión significó eliminar todo pensamiento y toda acción tendiente al libre ejercicio de la crítica.
1.1. El terrorismo de Estado, el Estado Terrorista precisando definiciones
Una vez argumentado respecto de las características del intervencionismo militar en Argentina, y su última materialización en la toma del poder en 1976, debemos referirnos al terrorismo de Estado. Al respecto es importante señalar que los numerosos trabajos especializados en la cuestión evidencian las dificultades existentes para brindar una noción de consenso. Como comprueba Elías Padilla Ballesteros45 en los últimos años, a partir de las sistemáticas violaciones de derechos humanos a manos de los administradores estatales en diversos países del mundo se ha empleado la conceptualización de terrorismo de estado antes que su precisión conceptual permita unicidad de criterios. Entre otras cuestiones esas dificultades se han incrementado en la actualidad ante un discurso deslegitimador de todas aquellas fuerzas que puedan intentar oponerse a las actividades del Estado, agrupándolas bajo la denominación de terrorista. Por ello, y como ha analizado Alex Schmid, la mayor parte de las definiciones contienen múltiples elementos comunes que permiten hablar de terrorismo estatal y de un terrorismo contra el Estado46. Lo cual nos lleva a intentar precisar la noción de terrorismo de Estado sin implicarnos demasiado en la conceptualización de terrorismo sin más.
Adam Roberts ha hecho notar que la definición de terrorismo evoluciona desde la designación de dictaduras o gobiernos de terror, hasta su uso para referirse a los grupos que, a partir de finales de siglo XIX, se dedican a asesinar líderes políticos o jefes de Estado. Luego este significado se amplia hasta incluir a los grupos que asesinan o secuestran policías, funcionarios locales, toman rehenes, secuestran aeronaves o detonan explosivos en edificios públicos o privados47.
El uso generalizado del término terrorismo en la esfera política se consolida alrededor de 1795, como referencia a la historia constitucional de Francia en ese período, vinculando la idea de un régimen político a una forma particular que asume el Estado en el período de la Revolución. Una de las primeras apreciaciones respecto del gobierno del terror proviene de Edmund Burke, para quién los revolucionarios franceses gobiernan como tiranos por medio del terror48. Alexis de Tocqueville es quien trata en la
45 Cfr. Padilla Ballesteros, Elías. La memoria y el olvido. Detenidos Desaparecidos en Chile. Santiago de
Chile, Orígenes, 2001.
46 Cfr. Schmid, Alex. Political Terrorism. A research guide to Concepts, Theories, Data Bases and
Literature. Amsterdam, Nort-Holland Publishing Company, 1983.
47 Adam Roberts, Can We Define Terrorism? En: Oxford Today, volúmen 14 Nº 2, Hilary Issue, Oxford
University, 2002, págs. 18-19.
época de la revolución francesa de manera más sistemática y profunda la violencia, y da cuenta de cómo se impone en dicho sistema49. Durante el siglo XIX el significado del término terrorismo cambia su significado original asociado al régimen del terror en Francia para incluir la acción política de toda clase de grupos que buscan promover causas políticas, religiosas o sociales por medios violentos.
Ha sido el escritor Boaz Ganor, fundador del International Policy Institute for Counter-Terrorism (Instituto Internacional de Políticas para el Contra-Terrorismo), quién más ha insistido en los últimos años en la necesidad de dar con su significado. Proponiendo se defina al terrorismo como el uso premeditado de la violencia o la amenaza de usarla contra civiles u objetivos civiles para obtener beneficios políticos50. Su aplicación sería tanto para los casos de terrorismo de estado, como de terrorismo en general. Excluye todos aquellos actos políticos que no recurran a la violencia como manifestaciones y protestas, huelgas, o cualquier variedad de desobediencia civil. Excluye también aquellos actos violentos contra fuerzas militares y policiales; algunas actuaciones de determinadas guerrillas o revueltas urbanas. En el mismo sentido se orientan las definiciones o los intentos conceptualizadores de Peter Waldmann quien distingue entre la guerrilla y el terrorismo propiamente dicho, sin ignorar, por supuesto, los modos como dichos fenómenos se entremezclan:
“... por terrorismo se entienden atentados violentos escandalosos contra un orden político, preparados y organizados desde la clandestinidad. Su finalidad es difundir en primer lugar inseguridad y miedo, pero también simpatía y predisposición al apoyo...”51.
Esta aproximación operacional de Waldmann es complementada por su consideración del terrorismo como estrategia de comunicación.
Sin embargo para Waldman no existe el terrorismo de estado porque considera al terrorismo como un proceder contra un orden político. Sin embargo, reconoce, las elites estatales pueden establecer un régimen de terror. Entonces para Waldmann terrorismo es una forma de ataque contra el Estado y el orden establecido; y terror es la estrategia estatal para producir pánico y terror. La diferencia es entonces cualitativa: “...
49 Tocqueville señala “el contraste entre la benignidad de las teorías y a violencia de los actos”.
Tocqueville, Alexis. El antiguo régimen y la revolución. Madrid, Ediciones Istmo, 2004, págs. 255-256
50 Ganor, Boaz. Premisas fundamentales para combatir el terrorismo. Instituto Internacional de Políticas
para el Contra-Terrorismo. 16/11/2001.
51 Waldmann, Peter. Guerra civil, terrorismo y anomia social: el caso colombiano en un contexto
depende de si la violencia sirve para conservar el poder o para cambiar la situación de este...”52. Estas atinentes precisiones nos alejarían, sin embargo, de nuestro objeto de análisis y deberíamos continuar en las sendas reflexivas que se ven impedidas por la extensión del presente trabajo. No obstante debemos quedarnos con ciertos elementos presentes en la definición de Waldmann: la clandestinidad, el miedo y la inseguridad.
En la misma línea de Waldmann, excluyendo al terrorismo de Estado como forma de terrorismo, Hugo Frühling propone la siguiente definición:
“… Estrategia insurreccional de tipo militar, utilizada por grupos pequeños que atacan blancos civiles preferentemente, y cuyo objetivo fundamental es debilitar el Estado y prepara las condiciones para su colapso…”53.
Como ya lo hicimos al referirnos a los estudios más recientes respecto de la dictadura militar de 1976, reiteramos nuestro reparo para el empleo de la noción violencia política, en el caso de Argentina, pues según concluye Waldmann la misma se inserta en un marco de acción reacción; “... el terrorismo se basa en un complicado cálculo de escalada violenta...”54; en donde la acción violenta del grupo terrorista provoca una medida de represalia masiva. Si bien a diferencia de la filosofía moral o del derecho de gentes, la finalidad de nuestro análisis no es juzgar las cualidades morales o legales del fenómeno, sino como diría Max Weber, entenderlo como fenómeno social para poder explicarlo. Claro esta que al analizar las motivaciones de los terroristas también se discuten sus ideas legitimadoras.
Nos parece más apropiado como hace Rafael Calduch, distinguir entre terrorismo social y terrorismo de Estado, siendo para este autor lo que caracteriza al segundo de ellos su aplicación directa por parte de órganos estatales55. Sin embargo esta caracterización, nos resulta incompleta, pues deja fuera un amplio espectro de posibilidades como puede ser que el estado desarrolle fuerzas para-estatales para la aplicación de prácticas terroristas.
Un estudioso de la cuestión desde los primeros años ochenta, William Schulz, director ejecutivo de Amnistía Internacional sección EE.UU. entre 1994 y 2006, nos
52 Waldmann, Peter. Guerra civil, terrorismo y anomia social: el caso colombiano en un contexto
globalizado. Bogotá, Norma, 2007, pág. 69.
53 Frühling, Hugo. El Estado frente al terrorismo. Santiago de Chile, Editorial Atena, 1995, pág.7. 54 Waldmann, Peter. Guerra civil, terrorismo y anomia social: el caso colombiano en un contexto
globalizado. Bogotá, Norma, 2007, pág. 136.
55 Calduch, Rafael. Dinámica de la Sociedad Internacional. Madrid, Centro de Estudios Ramón Areces,
aclara que el terrorismo de estado no es un tópico nuevo y al igual que el terrorismo convencional ha sido una construcción histórica.
“... Las razones por las cuales una élite en el poder decide dar preferencia a determinadas formas de terror sobre otras (por ejemplo, la crucifixión en lugar de la lapidación, la ejecución pública en vez de la no pública, la “desaparición” de personas con mayor frecuencia que el “tradicional asesinato político”, el uso de clínicas psiquiátricas en sustitución de las cárceles) conduce a otro aspecto importante del tema, a saber: la psicología política del terrorismo de Estado...”56.
Este autor plantea que la represión ordinaria (sujeta a derecho) y el terrorismo de Estado (violación del derecho nacional e internacional) pueden utilizarse dentro de dos contextos diferentes; para la defensa de un sistema establecido de producción y apropiación; o bien para la expansión de determinadas relaciones de producción, o su creación en áreas donde no existían57.
De tal manera, según Schulz, la intensidad con que se utilizan las dos formas de represión sistémica depende de la naturaleza y dimensión de la amenaza a la cual se ve expuesto el sistema clasista establecido. Obviamente una élite en el poder recurre a métodos terroristas cuando su sistema de represión ordinario y, por supuesto, sus controles hegemónicos, son ineficaces para neutralizar la amenaza58. Finalmente el terrorismo de Estado puede operar de dos maneras: directamente, por medio de agencias del Estado mismo; indirectamente, mediante la utilización de entidades sustitutas (proxy entities) tales como otros Estados o grupos o individuos59.
Apreciaciones complementarias al punto de vista anterior las brinda Miguel Bonasso, periodista y escritor argentino, distinguiendo entre terrorismo y terrorismo de estado. Según Bonasso el terrorismo se caracterizaría por involucrar “... a grupos o individuos que carecen del poder represivo del Estado y utilizan la violencia indiscriminada para expresar su oposición a ese poder y tratar de desestabilizarlo...”60.
56 William Schulz, en: Noam Chomsky, William Schulz y Miguel Bonasso. Terrorismo de estado.
Navarra, Txalaparta, 1990, pág 33.
57 William Schulz, en: Noam Chomsky, William Schulz y Miguel Bonasso. Terrorismo de estado.
Navarra, Txalaparta, 1990, pág. 29.
58 William Schulz, en: Noam Chomsky, William Schulz y Miguel Bonasso. Terrorismo de estado.
Navarra, Txalaparta, 1990, pág. 29.
59 William Schulz, en:Noam Chomsky, William Schulz y Miguel Bonasso. Terrorismo de estado.
Navarra, Txalaparta, 1990, pág. 30.
60 Miguel Bonasso, en: Noam Chomsky, William Schulz y Miguel Bonasso. Terrorismo de estado.
Por su parte el terrorismo de Estado referiría a un tipo de estado contemporáneo que transgrede:
“...los marcos ideológicos y políticos de la represión “legal” y debe apelar a “métodos no convencionales”, a la vez extensivos e intensivos, para aniquilar a la oposición política y la protesta social, sea ésta armada o desarmada...”61. Desde una perspectiva distinta a las anteriores el jurista español, Ernesto Garzón, analiza el concepto de terrorismo de Estado atendiendo a su legitimidad fáctica y su ilegitimidad ética, tomando como eje ilustrativo de sus reflexiones del terror estatal a la experiencia del Proceso de Reorganización Nacional. Para Garzón hay una serie de elementos, que considera deben estar presentes en el ejercicio del poder estatal para poder considerarlo como terrorismo de Estado: La afirmación de la existencia de una guerra vertical con un enemigo infiltrado en todos los niveles de la sociedad, que suele actuar como agente de una confabulación internacional, cuya finalidad es la eliminación de valores aceptados como absolutos por quienes detentan el poder. La delimitación imprecisa de los hechos punibles y eliminación del proceso judicial para la determinación de la comisión de un delito. La imposición clandestina de medidas de sanción estatal prohibidas por el orden jurídico oficialmente proclamado (torturas y homicidios, entre otros). La aplicación difusa de medidas violentas de privación de la libertad, la propiedad o la vida, prescindiendo en muchos casos, de la identidad del o de los destinatarios de las mismas y de los actos u omisiones de los que pueden ser responsables; la aplicación de la violencia a víctimas inocentes contribuye precisamente a reforzar la eficacia del terror. Infundir en la población el temor fundado de que, en principio, nadie está a salvo de la coacción arbitraria por parte de los órganos gubernamentales62.
Esta idea elimina del ordenamiento jurídico el criterio de transgresión, por tanto cualquiera puede ser víctima. Esta vaguedad de la clase de los destinatarios de las medidas coactivas, y su consecuente carácter difuso de cuales eran los grupos perseguidos apunta a despertar el temor e imponer la intimidación.
La conjunción de estas características le permite formular la siguiente definición de terrorismo de Estado:
61 Miguel Bonasso, en: Noam Chomsky, William Schulz y Miguel Bonasso. Terrorismo de estado.
Navarra, Txalaparta, 1990, págs. 9-10.
62 Cfr. Garzón Valdés, Ernesto. Filosofía, política, derecho. Valencia, Universitat de Valencia, 2001, págs
“... El terrorismo de Estado es una forma del ejercicio del poder estatal cuya regla de reconocimiento permite y/o impone, con miras a crear el temor generalizado, la aplicación clandestina, impredecible y difusa, también a personas manifiestamente inocentes, de medidas coactivas prohibidas por el ordenamiento jurídico proclamado, obstaculiza o anula la actividad judicial y convierte al gobierno en agente activo de la lucha por el poder...”63. El mismo Garzón, completa la definición de terrorismo de Estado, haciendo referencia a sus elementos funcionales más importantes desde el punto de vista institucional. El terrorismo de Estado requiere:
a. Una cierta organización ideológica cuya base es un dogma, una idea que vale como pauta absoluta, incuestionable, y que sirve de excusa o justificación para la destrucción de todo aquello que se oponga a ella.
b. Un equipo eficaz de propaganda que justifique y argumente las medidas aplicadas y contrarreste y estigmatice posiciones contrarias.
c. el cultivo de la propia imagen como medio para la compensación de los actos de crueldad: eliminación de la capacidad de autocrítica a través de mecanismos de disciplina interna64.
Todos estos elementos expresados por Garzón, los podemos encontrar en las reflexiones afiligranadas con indudable esmero y originalidad intelectual, de Hannah Arendt:
“... El terror en el Gobierno totalitario ha dejado de ser un simple medio para la supresión de la oposición (...) su objetivo principal es hacer posible que la fuerza de la Naturaleza [nazismo] o la Historia [marxismo] corra libremente a través de la Humanidad sin tropezar con ninguna acción espontánea. (...) Es este movimiento el que singulariza a los enemigos de la Humanidad contra los cuales se desata el terror, y no puede permitirse que ninguna acción u oposición libres puedan obstaculizar la eliminación del “enemigo objetivo”de la Historia o de la Naturaleza, de la clase o de la raza. La culpa y la inocencia se convierten en nociones sin sentido; “culpable” es quien se alza en el camino del proceso natural o histórico. (...) El terror, como ejecución de una ley de un movimiento cuyo objetivo último no es el
63 Garzón Valdés, Ernesto. Filosofía, política, derecho. Valencia, Universitat de Valencia, 2001, pág 147. 64 Cfr. Garzón Valdés, Ernesto. Filosofía, política, derecho. Valencia, Universitat de Valencia, 2001, págs
bienestar de los hombres o el interés de un solo hombre, sino la fabricación de la Humanidad, elimina a los individuos en favor de la especie, sacrifica a las “partes” en favor del “todo”. (...) Tan pronto como la lógica, como un movimiento del pensamiento -y no como un necesario control del pensamiento-, es aplicada a una idea, esta idea se transforma en una premisa. (...) Como se necesita el terror para evitar que con el nacimiento de cada nuevo ser humano surja un nuevo comienzo y alce su voz en el mundo, así la fuerza coactiva de la lógica es movilizada para evitar que nadie comience a pensar -que como la más libre y la más pura de todas las actividades humanas, es lo verdaderamente opuesto al proceso obligatorio de deducción. (...) Qué género de experiencia básica en la vida en común de los hombres impregna una forma de gobierno cuya esencia es el terror y cuyo principio de acción es la lógica del pensamiento ideológico...”65.
En esta recapitulación respecto del caso particular del Proceso de Reorganización Nacional, es ineludible la referencia al clásico estudio del doctor Eduardo Luis Duhalde, quien ya en el año 1981 se adentraba en el estudio de una cuestión tan complicada como era develar la existencia de un plan sistemático y organizado, aplicado en todo el territorio de la República Argentina. Duhalde consiguió, por medio de testimonios diversos, poner al descubierto el modelo utilizado en los campos militares de concentración donde se perseguía la destrucción de la personalidad de los prisioneros, mediante la aplicación sistemática de la tortura física y moral. El establecimiento del terrorismo de Estado se consiguió, según este autor, mediante el uso sistemático de amenazas y represalias con el fin de imponer obediencia.
El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), al igual que otros organismos de derechos humanos, se propuso dar a conocer algunos de los aspectos del sistema represivo del Proceso de Reorganización Nacional, y del mismo modo que otras organizaciones de derechos humanos lo hizo mientras aún gobernaba en Argentina el gobierno dictatorial. El CELS adoptó como metodología la publicación de folletos donde recogía las declaraciones de víctimas, y testimonios de testigos a partir de lo cual estructuraba un cuadro de la doctrina y los métodos implementados por las fuerzas de seguridad argentinas. Los informes del CELS, nos acercan sino una definición, al menos a una serie de características presente en el terrorismo de Estado que incluye entre otros elementos, el uso indiscriminado de la tortura, el ocultamiento de la